sábado, 7 de enero de 2017

Decepciones en la Península (Mundo Maya: Parte 2 de 6)

En la Pirámide de Kukulcan
            Después del largo trayecto desde casa, que pueden leer en este enlace, dormí en Mérida, mi primer destino de este viaje.

Mérida no me encantó

            Estuve casi las mismas horas en la capital yucateca que las que manejé para llegar a dicha ciudad (unas 13 horas), así que es muy factible que mi valoración del sitio no sea del todo objetiva al sólo pasar una noche y parte de una mañana en ella. Aun así haré mi mejor esfuerzo.

A)    Los Foráneos
            Lo primero que noté fueron todos los foráneos, ¡Cómo había gente en el centro histórico! Había demasiados extranjeros y nacionales, lo cual me llamó la atención porque la ciudad no me pareció la gran cosa.

            No sólo sobresalían por la cantidad, o por sus facciones, también los distinguías por su manera de vestir. Por ejemplo, el atuendo común en los turistas masculinos eran las bermudas, tenis y calcetas y un sombrero tipo safari que seguramente estuvieron esperando todo el año para usar. ¡Ah! Y en lo hombres era característica la falta de color en las vestimentas, todas muy oscuras u opacas.
 
La Catedral de Mérida
            Las mujeres también se daban a notar ya que, a pesar del calor, las locales vestían normal, de mezclilla o de falda, puesto que ya están adaptadas al clima, mientras que las turistas iban todas de falditas o shortsitos, lo cual alegraba mucho la vista.

            Aunque eso sí, las mujeres lucían más cómodas que los hombres, porque los turistas masculinos se veían muy chistosos en bermudas, como una sensación mezclada entre libertad y pena, supongo que por no mostrar sus piernas con regularidad.
 
En el Zócalo de Mérida
B)    Los locales
            Pero no sólo es la vestimenta, la fisonomía de los locales también era muy peculiar, se podría decir que aquí no hubo un mestizaje tan marcado porque las facciones mayas siguen predominando.

            Y supongo que fue esa falta de mestizaje es la respuesta a una pregunta que he tenido desde hace tiempo: Si comen tanto cerdo y hace tanto calor ¿Por qué están tan chaparritos los yucatecos? En teoría esos dos factores hacen que la gente tienda a ser más alta y a desarrollar más volumen, sin embargo los yucatecos son chiquitos y menuditos.
 
La Presidencia municipal
            Supongo que también le podemos achacar a la falta de mestizaje ese acento tan chistoso con el cual se expresan, hasta parece que están bromeando contigo, pero no es el caso, porque efectivamente así hablan.

C)    La Comida
Ya que mencioné la comida, una gran ilusión que tenía al venir a Mérida era comer cochinita pibil, uno de mis platillos favoritos de toda la vida. No en vano considero a la comida yucateca como la mejor de México.
 
Exposición de esculturas junto a la catedral
Tal vez por las altas expectativas, pero comer en Mérida fue una decepción; obviamente estuvo rica la cochinita en los dos lugares muy populares que me recomendaron (La Chaya Maya y otro que no recuerdo el nombre), pero no fue algo maravilloso como esperaba del lugar que dio origen a dicho platillo. Es más, creo que en “El Montejito”, un pequeño negocio en Puebla de gente yucateca (que por desgracia ya cerró), he comido mejor cochinita que en Mérida. De hecho, en Valladolid y en Cobá comí mejor que en la capital yucateca.
 
Chichén Itzá
            La gente que me conoce sabe que no soy palero con mi madre, de hecho creen que soy bastante ojete con ella, así que esta afirmación que voy a hacer es muy honesta: Para mí, la mejor Cochinita Pibil que he probado en la vida, es la que hace mi madre.

D)    Nada especial
            Me di una vuelta por el centro, su Zocalito, la Catedral y la avenida Montejo, que en realidad me parecieron de lo más común, nada que me llamara la atención por lo que, al final, Mérida no me encantó, ciertamente tiene una arquitectura colonial diferente, pero ni eso sirvió para convencerme, así que me sentí muy feliz cuando inicié mi camino hacia Chichen Itzá.

            Chichén Itzá, las ruinas agringadas.
 
Una bonita postal de la pirámide
            Creo que no hay zona arqueológica mexicana más famosa alrededor del mundo que Chichen Itzá, que fue declarada una de las Siete Maravillas del Mundo moderno. Ya había venido hace más de tres años, pero estuvo lloviendo, así que no la pude disfrutar ni recorrer a gusto. Como tenía esa espinita clavada, tenía que regresar una segunda (y última) vez a este lugar.

            Algo que pude ver con claridad, y que luego me confirmaron en Mahahual, es que Chichen Itzá es un producto diseñado para el turista gringo, de hecho lo están convirtiendo en una especie de Parque de Atracciones para que el lugar este adaptado al concepto gringo de entretenimiento.
 
El inmenso campo de pelota
            Y es que llegando ya te venden paquetes todo incluido (entrada, estacionamiento, comida, cenote, espectáculo multimedia, show nocturno, descuentos, etc.), reflejando esa necesidad de convertirlo en un parque temático tipo X-Caret o cualquiera de Disney; prueba de ello es el espectáculo de luces nocturno o las proyecciones multimedia en la zona de hoteles. Todo esto producto del acuerdo que tiene el gobierno con la familia del dueño original del terreno: un gringo que en su momento saqueo la zona y envío las reliquias al gabacho.
 
La zona hotelera está fresona
            Está tan adaptado este lugar al turista gabacho que incluso los artesanos ya han fusionado sus obras con logos de equipos deportivos de Estados Unidos. Esto resulta en una verdadera prostitución de nuestra cultura hacia la gabacha y, a pesar de ello, no lo pude evitar y compré una con el logo de mis Delfines (¡Lo siento México! ¡Soy una basura al servicio del Imperio! -_-) .

            Pero lo que más me consternó, y que un par de días después me iban a abrir los ojos en Mahahual, es que Chichen Itzá es un fraude (Sí, así como lo leen), porque la pirámide de Kukulcán está en perfecto estado, si ningún daño, demasiado perfecta para lo que uno normalmente ve en sitios arqueológicos.
 
Calaveras para intimidar a los invasores
            Todavía debo de investigar más al respecto, pero con las evidencias que me dieron, sentí que debía de haber algo de verdad tras aquellas palabras. Obviamente a nadie de los involucrados (Gobierno, administración, INAH, Operadores turísticos y demás) les conviene que esto se sepa, ya que la derrama económica de este lugar es bastante importante para el país.

            Lo triste de todo esto es que hay lugares mucho más espectaculares e importantes y que no reciben ni la décima parte de promoción que recibe Chichen Itzá. De eso me di cuenta la primera vez que visité Palenque, y eso que aún me faltaba conocer la maravilla que resulta ser Calakmul.
 
Dentro del Cenote de Ik-Kil
            Cenote de Ik-Kil

            Otra de las atracciones que te venden en el paquete, es la entrada al Cenote de Ik-Kil, el cual se encuentra a un par de kilómetros de Chichen Itzá. No he visitado más de una decena de cenotes en mi vida, pero no necesito ver muchos para ver que Ik-Kil sigue la misma tendencia de Chichén Itzá, al adaptarlo todo al gusto del turista Gabacho.

            El cenote es de fácil acceso, ya hasta hay escaleras para llegar a él, así como servicio de regaderas, vestidores y chalecos salvavidas. Está bonito ciertamente, pero no se siente como esa visita mágica y aventurera que tienes al visitar otros cenotes más “silvestres” o menos comerciales. Sólo sientes que estás en una gran alberca natural.
 
Vista desde abajo del cenote
            Así que ya que estaba ahí aproveché para echarme unos saltos de la plataforma de cinco metros que había. La gente estaba encantada o temerosa de saltar pero, después de mi entrenamiento exhaustivo en la Huasteca Potosina, cinco metros son nada.

            Los errores de este día.

            Mi plan original de este día era ir a Cobá después de Chichen Itzá e Ik-Kil, pero como compré el mentado paquete, regresé a ver el evento multimedia y todo pasó: la función se pospuso así que decidí irme y, por el cambio de horario con Quintana-Roo, ya no alcanzaba a llegar a Cobá.
 
Vista desde arriba del Cenote
            El error fue mío por haber comprado un evento al que no tenía intención de ir aunque, lo bueno de ir en auto, Cobá podía visitarlo al día siguiente. Así que me fui a Valladolid a comer.

            Tal vez sea muy Grinch, y sé que era temporada alta, pero vi demasiados extranjeros, no en Chichen Itzá ó Ik-Kil, que era de esperarse, sino en Mérida y Valladolid. Ciertamente lugares bonitos (a secas) pero que no ameritan tanta presencia extranjera, y aun así me alegro, porque eso significa buena entrada de divisas para el país (que buena falta nos hace).
 
Chichén Itzá
            El error de irme a Valladolid no lo iba a saber en ese momento, sino días después, ya que pude haber conocido Ek-Balam, un sitio arqueológico no tan popular, pero más auténtico y espectacular que Chichen Itzá, y que perfectamente hubiera alcanzado a ver con el tiempo que llevaba.

            Esto lo supe cuando un chico de Valladolid me lo recomendó mientras estaba en las tirolesas de Aktun Chen, recomendación que me recalcaron en Mahahual. Pero ése no fue el único error que cometí ya que, en lugar de ir al cenote comercial de Ik-Kil, debí ir al llamado Dzitnup (ó X-Kekén), el cual es más bello, más natural, más silvestre y, por ende, con menos turistas.
 
Interior Catedral Mérida
            La ventaja de esos errores es que me dan pretexto para que, cuando vuelva a venir, hacer un itinerario más inteligente. Por ejemplo, ya no quedarme en Mérida, sino en Campeche, para después visitar Uxmal, y ya no volver a Chichen Itzá ni a Ik-Kil, sino a Ek-Balam y a Dzitnup. Pero para esos son los errores: para aprender de ellos. Y el lamentarme de ellos me hicieron darme cuenta que este viaje me estaba ayudando a esa transformación de turista a viajero.

            Pero aún no terminaba el día, y me faltaba un último error.

            El pésimo hospedaje en Tulum.

            Una de las características de cuando te vuelves viajero, es que ya no le prestas tanta atención a un hospedaje bonito, sino a uno conveniente. Este viaje estaba diseñado para no pasar por Cancún ni por Playa del Carmen, ya que iba a ser de índole alternativo, nada comercial.

            Sin embargo, hay momentos en la vida en que anhelas tener algo comercial y bonito.
 
Chichén Itzá
            Busqué hospedajes en Tulum y, al ser temporada alta, encontré muy pocos a precios muy caros. Por fortuna ya tengo experiencia buscando alojamiento, y ya sé más o menos qué rango busco y que servicios mínimos requiero, encontrando normalmente muy buenas opciones.

            La búsqueda me dio muy buenos alojamientos en relación calidad-precio tanto en Mérida como en Palenque pero, usando los mismos criterios, el “Hotel” de Tulum ha sido uno de los peores que he seleccionado.
 
Dentro de Ik-Kil
            Me quede a 20 kilómetros de Tulum, en una población llamada Macario Gómez, lo cual no me molestaba porque traía coche y la distancia era algo irrelevante, además de que aseguraba un ambiente más relajado.

            El Hotel Palma Real estaba a la orilla de la carretera y, al buscar el estacionamiento, resulta que no tenían, así que dejabas el auto con vista a la carretera. Le pregunté al encargado sobre la seguridad del auto: “Hay cámaras de video”, me respondió. “¿Y? ¿Acaso están equipadas con láser?” le pregunté; el chico se rio y me dijo que me tranquilizara, que ahí no pasaba nada, que era muy seguro. Sé que mi realidad es diferente y que ésta es una zona muy tranquila, pero no por ello dejo de ponerme nervioso por el coche (porque sé en qué país vivo).
 
Más de Chichén
            Pero más allá de la seguridad del vehículo, el “Hotel” parecía más un Motel de tercera (de hecho luego corroboré que solía ser uno). El lugar olía a humedad, no servía el cable, las cerraduras de los cuartos se abrían fácilmente, las instalaciones eran viejas y deplorables.

            Sonando cúlero, era como visitar a alguien humilde que te ofrece su casa, que en dichos casos lo entiendes pero, en esta situación, estás pagando por un servicio y lo desembolsado no correspondía a la realidad. Lo malo es que era temporada alta y, cuando hablé a Booking, me dijeron que no había algo mejor disponible, de hecho había opciones “más” sencillas.
 
Ya me veo madreado :-(
            Así que, muy a mi pesar, tuve que pasar dos noches en dicho lugar. Sé que me he vuelto más fresa y/o mamón, pero este lugar no amerita estar en un sitio prestigioso como Booking (y se los hice saber).

            Ya en una habitación fea y apestando a humedad me pregunte “¿Habrá sido un error venir?” porque hasta el momento así había sido: Mérida no me gustó, Chichén Itzá muy agringado, nada espectacular en Valladolid o Ik-Kil aunado al pésimo hospedaje en Tulum. Ahí extrañe mi casita, pero ya no podía volver, estaba muy lejos para arrepentirme, así que sólo me quedaba sacarle provecho a lo que restaba del camino.

            Para mi suerte, ése fue el punto más bajo del viaje, ya después las cosas fueron mejorando día con día, como podrán leer a partir de la tercera entrega, misma a la que pueden acceder en esta liga..


            Hebert Gutiérrez Morales.

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