viernes, 6 de enero de 2017

Camino de Puebla a Yucatán (Mundo Maya: Parte 1 de 6)

            Según yo, me iba a quedar en casa en las vacaciones invernales para descansar, escribir, leer y relajarme. Por eso había cancelado mi viaje de este año a la Huasteca Potosina, así que no tenía nada más planeado.

            Sin embargo, al ver el calendario me dije “¿En verdad te vas a quedar dos semanas en casa sin hacer nada Hebert?”, dicho así suena muy dramático, porque en verdad tengo un montón de pendientes que alcanzarían para dos meses sin salir de mi hogar, así que dos semanas me venían bien.

A pesar de ello, hay una parte aventurera dentro de mí que desde que despertó, en mi primer viaje a Alemania, ya no sabe cómo detenerse, y que no concibe pasar tanto tiempo en casa. Así que, aunque me gusta planear todo con tiempo, me decidí a largarme al Sur y ver cómo se iba armando el itinerario. Por lo que, en lugar de descansar, me embarque en una travesía de más de 3000 kilómetros en seis días que, al final, me cansó más de lo planeado (pero valió la pena).


            La Previa

            Creo que el día que no me ponga nervioso por un viaje será el día que deje de viajar. Aunque, en esta ocasión, mi ansiedad era mayor a la normal. Como el Herpes Zóster me marcó más que la piel, he tenido que aprender a medirme y tratar de no agotarme.

            Iba a manejar de jalón los casi 1200 kilómetros que hay entre Puebla y Mérida, cuando lo más largo que había hecho eran 800 kilómetros (cuando manejo hacia la Huasteca Potosina). Así que me preocupaba el desgaste, el cansancio y, sobre todo, el calor.

            Aunque la fecha en que iba a manejar apaciguó en algo mi angustia: Uno de mis gustos de corredor es salir en días en los que normalmente la gente está desvelada (16 de Septiembre, 1º. De Enero o el 25 de Diciembre), porque así tengo la impresión que estoy solo en el mundo, al recorrer las calles sin un alma.

            El pasado 25 de Diciembre, ciertamente no me di el gusto de correr sin gente, aunque creí que iba a tener el gozo de manejar a solas. Ciertamente hubo muchos pasajes que estuve solo en el camino, pero casi siempre tenía la compañía de otros autos, así que no fue lo solitario que esperaba, pero sí fue muy fluido.


            Con el tiempo entiendes

Pase al baño en la caseta de Fortín; mientras estaba en mis asuntos, escuchaba a un par de vendedoras que platicaban de su vidacotidiana en la entrada. Escuchaba la animada charla con ese acento costeño, mismo que me tocaba al nacer y que nunca volví a recuperar, y me surgió la duda de cómo hubiera sido mi vida si mi madre no nos hubiera sacado de Veracruz.

Por alguna causa, no pude visualizar la hipotética existencia en mi lugar de origen, y no por falta de imaginación, sino por lo satisfecho que me encuentro con mi vida actual.

A pesar de ser imperfecto, estoy feliz con el trayecto que he recorrido, sin importar los amores no correspondidos, los fraudes, los golpes a mi amor propio, las enfermedades y sentidas pérdidas, porque creo que han sido más las cosas buenas que las malas y por eso estoy feliz como estoy.


Es factible que sería una persona totalmente diferente de habitar en mi puerto (tal vez más alegre y menos neurótico), o tal vez sería un holgazán frustrado, pero nada de eso importa porque, tal y cómo se ha dado mi camino, estoy satisfecho con él.

El calor apendeja

            Una de las causas por las que mi madre nos sacó de mi amado puerto fue lo que afecta el excesivo calor a tu calidad de vida, y por eso le estaré inmensamente agradecido. Mi madre me decía que cuando vas a la escuela o al trabajo con un calor tan intenso no pones atención, no te dan ganas de hacer las cosas y sólo piensas en tirarte a la sombra y refrescarte.


            Eso lo corroboré durante toda mi estancia en el Sureste mexicano porque, casi siempre, los que ahí habitaban iban a una velocidad más lenta, sin importar el lugar o la situación (en la gasolinera, en los restaurantes, en los negocios, en los hoteles, al caminar y hasta en la forma de hablar).

            Muchos dirán que viven sin prisas (de ahí que tengamos fama de huevones los costeños) pero, siendo honestos, es comprensible la pasividad para no acalorarte ni agotarte más rápido. Eso lo entiendo al caminar ¿pero también al conducir? Cuando tenía la desgracia de encontrarme a un local manejando, era desesperante la parsimonia con la cual iban (¿o será que soy un neurótico impaciente y desesperado?)


En fin, ahí te das cuenta que no es coincidencia que la gran mayoría de los países avanzados tengan climas fríos; así como comprobar que entre más te aproximas al Ecuador, menos desarrollado estás.

            El camino en sí

A)    La Bendición de los obstáculos
Las carreteras en la península de Yucatán son una maravilla: casi todas son libres, no tienen baches, no tienen curvas, ni subidas ni bajadas, casi siempre vas flanqueado de naturaleza y siempre (¡SIEMPRE!) vas todo derecho.

¿En verdad son una maravilla?


He aprendido que en la vida las cosas fáciles no se valoran, aburren, cansan y desmotivan, y lo mismo es con la manejada. Independientemente de que sólo llevaba cuatro horas de sueño, cuando manejas tanto tiempo por un camino aburrido, a pesar del paisaje hermoso, te va a vencer el hastío.

Por eso, cuando venía una de las esporádicas curvas, algún tope o uno de los escasos baches, los “agradecía” y me ponía más alerta, por lo cual el camino se tornaba más divertido. Uno de los tramos que se pasó de “divertido” fue el campo minado entre Minatitlán y Agua Dulce, el cual era una porquería llena de baches pero, al final, agradecí el levantón de adrenalina que me dio.


Tengo un escrito más profundo sobre los obstáculos de la vida y del manejo: la primera vez que pasé por la Sierra Gorda Queretana, dicho escrito espero publicarlo un año de estos en el Blog (¬_¬).

B)    Lidiando con el hastío de manejar tanto tiempo
Mi reconocimiento a todos los conductores de Autobús que manejan tantas horas al día, ya que es una actividad bastante ingrata. Y es que, aunque es muy cansada (tanto física como mentalmente), irónicamente, no haces mucho movimiento, así que la tendencia es que engordes al hacerlo tan seguido ¿O acaso han visto a algún conductor mamado y en forma?


La primera mitad del camino estuvo nublado, lo cual resultó conveniente porque no experimente tanto desgaste. Pero la segunda estuvo bien complicada, porque el cielo se despejó y el calor empezó a hacer lo suyo. Sólo para que se den una idea en Mérida, aquel Domingo 25 de Diciembre la mínima estaba en 22 grados centígrados y la máxima en 33 (y eso que ya era Invierno).

Cuando manejas mucho hay dos tácticas que puedes seguir conforme avanzas y te desgastas: ir parando para despabilarte un poco, estirar las piernas y reponer fuerzas, o apretar el paso para llegar pronto a tu destino y descansar allí. Es una táctica parecida como cuando te estás haciendo del baño a media carrera: ya que no sabes si apretar el paso o apretar el “ése”. Sé que no tiene nada que ver el uno con el otro, pero esa analogía se me ocurrió en el camino y me hizo mucha gracia (Uno se pone muy simple al manejar tantas horas ¬_¬U)


Recuerdo que mi papá Antonio, durante mi niñez, era de los que hacían paradas a lo largo del camino. Y es que, cuando íbamos a Veracruz, tomábamos la federal porque había más cosas que ver y lugares que visitar. Por eso nos tardábamos 8 horas desde la ciudad de México pero, sin duda alguna, el camino era el más divertido, ya que era el inicio oficial de las vacaciones.

Yo opté por hacer tres paradas estratégicas, siempre con el pretexto de pasar al baño o cargar gasolina, me comía algo del lunch que llevaba para el camino, estiraba un poco las piernas y checaba el Twitter para distraerme un rato.


Pero no bastaba con eso, así que tuve otras dos herramientas que fueron básicas para sobrevivir tantas horas al volante.

C)    La vida (y la manejada) es mejor con música
La música fue una herramienta importante para aguantar tanto tiempo al volante, por eso cargué un USB con la crema y nata de mis canciones favoritas. Así que me eché 175 (de las 700) excelentes canciones en mi trayecto entre Puebla y Mérida.

            Sin duda la mente domina al cuerpo, por eso puedes explotar las ventajas de escuchar buena música en el camino, ya que disfrutas más el trayecto, se te hace más fácil, se te olvida el hastío o malestar corporal y hay postales que disfrutas más con el “soundtrack” que tienes en ese momento, ya sea que disfrutas más el paisaje por la música o viceversa.


Cuando la canción correcta está con el paisaje adecuado, son momentos en los que realmente agradeces estar vivo. En este trayecto, pasaba por lugares de mi estado natal (Veracruz) y cada uno me recordaba a alguien, lo cual resultó sentimentalmente especial.

También pasé por lugares desconocidos para mí, como Champotón, Campeche y Ciudad del Carmen, mismos que se veían muy padres, pero no quería detenerme, ya que mi objetivo era llegar de día a Mérida.

Ahí me hice la promesa que, para la siguiente ocasión, iba a planear el trayecto de forma más óptima, para darme el tiempo de visitar dichos lugares. Así justamente lo hice con la Sierra Gorda Queretana y la visite con más calma la segunda vez que fui (y fue una excelente decisión).


D)    Das Auto
            Otra cosa que me ayudó mucho en este viaje fue el auto que me renta la compañía. Tal vez pueda sonar a comercial barato pero no lo es: sin duda la diferencia de manejar un Volkswagen se nota.

            ¿Y cómo lo sé? Porque, en ocasiones, al rentar en el extranjero, me ha tocado manejar autos de otras compañías y, créanme, no se siente igual que uno de la marca alemana.

            Por ejemplo, mi Polito tenía una opción que rara vez uso y que ahora me hizo el paro bien cabrón: la velocidad crucero. Así que en esas interminables rectas fijaba el tacómetro y podía estirar las piernas durante el camino y, como no tenía que ejercer presión todo el tiempo, eso minimizó el desgaste.


            Pero no sólo fue esa opción, el auto en sí se siente más estable, más sólido, más seguro. Recién en Miami me tocó manejar un Corolla y, aunque es buen auto, la sensación de manejar el carro nipón es otra: como que lo sientes más endeble, más frágil, más barato (y de hecho lo es).

            En fin, a pesar de esto, la gente se va más por el precio que por la calidad, pero eso no le quita a los autos Volkswagen su confiabilidad.

E)    La llegada
            Finalmente llegue a Mérida tras trece horas manejando, arribé alrededor de las 6 pm al Hotel Colonial (muy buen alojamiento en el centro), así que salí a cenar y estirar las piernas. Pero sobretodo salí a disfrutar el momento, porque no ha de haber una situación con más alivio  satisfacción que llegar a tu destino tras un largo trayecto.

            De Mérida y otros lugares del estado de Yucatán les comentaré a más detalle en la segunda entrega de esta serie de cinco escritos, misma que pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

PD#1 ¡Sí! ¡Lo admito! El escrito estuvo de hueva, pero ya estaba redactado y no lo iba a desperdiciar ;-). Espero que los siguientes estén más interesantes. Ahora que si lo que usted está buscando es emoción excitante ¡vaya al Pornhub y deje de fregar! . . . . lo cual no es mala idea . . . . creo que también me daré una vuelta por allá antes de continuar con el siguiente escrito H_H.


PD#2 En la siguiente entrega ya voy a subir fotos de los lugares en los que estuve.

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