domingo, 29 de enero de 2017

México te agradece Donald Trump

Obvio no lo dijo él, pero es buen mensaje
            Sin duda alguna, Donald Trump va a figurar en los libros de historia del futuro, obviamente en los de Estados Unidos pero, estoy seguro, también en los de México, aunque no de la manera que se prevé en este momento.

            Han sido días muy agobiantes, escuchas hasta de los pedos que se echa Trump (dándote detalle de qué tan apestosos y tronados estuvieron); todo el mundo hace alharaca con ello, lo cual quiere decir que el señor está logrando su objetivo ya que, ciertamente, no es un político, sino un Showman, mismo que se alimenta de la atención, del rating y la publicidad.

            Lo único malo es que está tomando la presidencia de la (todavía) nación más poderosa del mundo como su escenario y a su (históricamente) madreado vecino del Sur (México) como el patiño con el cual se ensaña para llamar la atención.

            Es tanto el morbo que generan las declaraciones de este señor, tanto dentro de México como alrededor del mundo, que por más que uno intenta mantenerse positivo, al final en algo acaba afectando el estado de ánimo.

            Y es que el mexicano está tan bien domesticado a reaccionar con los medios de “comunicación” (yo los llamaría de manipulación), que ya es un acto reflejo tomar en automático lo que te dicen como cierto, sin informarte más al respecto y tirarte al suelo porque “otra vez” el mundo es injusto contigo y todos están contra ti, lo cual perpetúa la creencia de que el mexicano nunca puede ganar, que siempre somos los perdedores.


            En fin, aunque no elegí nacer en este país, sí he elegido seguir viviendo en él porque, a pesar de que la mayoría de mis compatriotas tienen mucho por desarrollar (incluyéndome), creo que es una gran nación. Obvio hay muchas cosas negativas pero me siento muy orgulloso por todo lo bueno que tenemos.

            Pero no es el momento de caer en patrioterismos baratos (esos salen a relucir en Septiembre). El caso es que, tratando de ser lo más objetivo posible (si es que alguna vez he logrado dicha hazaña), creo que todo lo que está haciendo Donald Trump en “contra” de México puede ser una gran oportunidad para el desarrollo de mi nación.

            Así que sólo me queda decir “Gracias Señor Trump, ¡Muchas Gracias!”


            Y no, no estoy (tan) pendejo ni me estoy burlando, en verdad le estoy agradeciendo a este señor todo lo que está haciendo “por” nosotros aunque, en el presente, se lee que lo está haciendo “contra” nosotros.

            Antes de que me linchen, déjenme desarrollar mi punto, les voy a enseñar todo lo que el Señor Trump está haciendo por este país.

Independencia

Trump la está “cortando” con nosotros, nos está sacando de su casa y, con ello vamos a dejar de ser (elija la analogía que mejor le acomode): la esposa maltratada, el hijo mal querido, el arrimado, la parte débil de la relación codependiente, el hermano pequeño sometido al mayor, el que no quiere ser abandonado, el que siempre está pidiendo chichi, el que pide limosna, clemencia o piedad.
 
El eterno chalán
Donald nos está negando todo eso y en verdad se lo agradezco porque, en el fondo, nos está dando la oportunidad de obtener nuestra dignidad de vuelta, esa que no hemos conocido durante muchas generaciones, pero en verdad DEMASIADAS.

No sé si adrede o no, pero nos está quitando las cadenas con su país, nos está librando del yugo, nos está dejando crecer, ahora sí podemos expandir nuestras alas, porque ya no quieren que seamos sus empleados.

Nos está haciendo recordar que somos una gran cultura, un gran país. Al quitarnos la etiqueta de “chalán”, nos está devolviendo dignidad como nación y eso es lo que más voy a agradecer.

Unidad
 
Hasta los malos ejemplos imponen modas
Con sus acciones, el Sr. Trump está logrando lo que casi ningún mexicano ha alcanzado: nos está unificando. Al mostrarse como un némesis poderoso y amenazante, nos está obligando a unirnos, nos guste o no, contra él, porque es nuestro enemigo en común, sin importar que seamos campesinos, ingenieros, narcotraficantes, curas, políticos, amas de casa, homosexuales, misóginos y demás, nos está dando una razón para olvidar nuestras diferencias y unirnos contra un mal común: Trump y sus afrentas contra nuestra tierra, esa misma que dañamos y no valoramos pero, cuando alguien la ataca de manera tan abierta y dolosa, nos recuerda que todos nacimos de ella.


            En mis 40 años de vida no recuerdo un enemigo tan evidente como el que ahora tenemos de frente, y es que en verdad nos está haciendo encabronar con los constantes insultos, llamándonos vividores, asaltantes, asesinos y violadores, entre otras cosas.

Por fortuna, al ser un pueblo terco o testarudo, el miedo inicial se está tornando en enojo y motivación para revirársela. Tristemente, debo admitir, somos demasiados pendejos para hacerlo por nuestro bien, por algo positivo. No, en realidad esa motivación no es por nuestro bien común, porque ya lo hubiésemos hecho desde hace mucho, sino por el placer de callarle la boca y demostrarle que está equivocado.
 
¿No que odiamos a México Mr. Trump?
Está mal que nuestra motivación sea el orgullo y no la plenitud pero, al final, el resultado nos puede ser muy beneficioso como nación y/o cultura. Lo que sí es casi poético es que él va a ser vital en nuestro desarrollo.

            Grandeza

            No sé si logrará a hacer a Estados Unidos grande otra vez, como decía su slogan de campaña, pero sí sé que nos está impulsando para que México sea Grande nuevamente, una grandeza que no conocemos desde que nos cayeron los españoles en el Siglo XVI.  Resulta irónico que un gringo va a lograr por México lo que ningún nacional ha alcanzado antes.

En teoría llevamos más de dos siglos como país independiente, pero eso es una mentira. Así que es factible que, por primera vez, podamos ser merecedores de esa etiqueta, justo la dependencia que EUA  nos tenía negada desde aquel golpe psicológico y cultural que significó que nos robaran la mitad del territorio nacional y, con todos esos estados, también se llevaron nuestra resistencia a su dominio a mediados del siglo XIX.
 
Tenemos miedo de todo
            Pero ahora es diferente, ahora nosotros no queremos independizarnos, son ellos los que nos están sacando y, me resulta increíble que nos resistamos ¿por qué? Por miedo, porque han nacido, crecido y muerto generaciones con el Status Quo de que somos sus chalanes, no hemos sabido ser otra cosa y ahora, en un acto “amoroso”, nos están mandando a la chingada lo cual es, aunque suene increíble, el regalo más maravilloso que nos pueden dar: nuestra libertad.

            Ciertamente vamos a sufrir en un inicio, porque dejar atrás una identidad, un modus vivendi de muchas décadas no es nada fácil. Sin embargo, con el tiempo, poco a poco va a despertar ese monstruo dormido, la bestia que fue sometida tantos años atrás.
 
No, pues ya me jodí :'-(
Mucho se habla del regreso de Quetzalcóatl, mismo que nos iba a devolver la grandeza. ¿Quién diría que la serpiente emplumada vendría en la forma de un político fanfarrón gringo? El leviatán dormido va a despertar y, una vez que hayamos salido del hoyo inicial en el que nos quieren sumir, ya no vamos a ver atrás.

            Irónicamente, y esto no me da gusto, porque sé que hay gente muy valiosa en el gabacho, Estados Unidos va a salir muy dañado. El daño no va a ser tan evidente a simple vista pero, cuando se den cuenta, ya estaremos muy lejos cuando pretendan recuperar su posición hegemónica sobre nosotros.
 
¡A huevo! ¡Es nuestro pendejo!
            Por otro lado, no puedo sentir tanta lástima por ellos porque, al final, permitieron que un sujeto de tal calaña llegara a ser presidente, tanto los que votaron por él, como los que no. Y así como Peña Nieto es el presidente que merece este triste país, Trump también es el presidente que merecen en los Estados Unidos, ¿por qué? Porque ambas naciones permitieron que dichos especímenes tuvieran acceso al poder, lo cual me lleva al siguiente punto.

Mejor Gobierno

            Gracias a que Trump se ha empecinado a humillar a nuestro presidente, nos ha abierto los ojos. Ciertamente, desde hace más de cuatro años, hemos estado chingue y chingue al pendejo de Peña Nieto, pero fue Donald el que nos demostró lo blando, lo tibio o débil que es en realidad.
 
Comprobado
            Todos sabíamos que fue una pendejada elegirlo, y no sólo a él, sino a otros tantos presidentes que le han dado en la madre a este gran país. Pero me atrevo a decir que el proceso electoral gringo en 2016 nos ha marcado más que nuestra propia elección en 2012 con el pendejo de nuestro presidente.

            Gracias esta elección gabacha, nos vemos obligados (espero) a elegir mejor a nuestros gobernantes, para seleccionar a alguien con personalidad, fuerza, huevos, visión e inteligencia para que le haga frente a Trump, para que impida que nos ningunee como lo ha estado haciendo con tanto ahínco. Un líder que canalice todo este sentimiento generado en nosotros, y que lo enfoque para que salgamos adelante y demostrar al final quién fue el verdadero pendejo.

            Pero la lección no sólo es para México.


            Contra la ultraderecha

            Esta situación también ha mandado un fuerte mensaje el mundo, alrededor del cual los partidos ultraderechistas están ganando terreno de manera silente. El hecho de que un megalómano haya llegado a la presidencia del país más poderoso del planeta, ha sido un foco de alerta para el resto del planeta.

            Resultaba impensable que en la “democracia perfecta” como se hacen llamar (en donde un candidato con tres millones menos de votos es presidente), en el país que se ha autoproclamado el policía mundial y que, sin que nadie se los pida, quieren poner orden en el orbe, haya llegado un ente tan rijoso, conflictivo y racista.
 
Al más puro estilo nacional
Un ejemplo perfecto de lo que puede pasar si las personas no se comprometen con el desarrollo de la vida política de cada nación. Ahora la gente se dará cuenta de las consecuencias que puede acarrear el no votar o abrir la puerta a que un pendejo sea, siquiera, candidato.

El buen Donald va a ser un parteaguas en la vida democrática mundial, va a servir de perfecta advertencia del peligro que corre el planeta si se siguen eligiendo a tales imbéciles para tomar puestos de poder. 

            Madurez

            Le agradezco al Sr. Trump por hacernos madurar porque, al poner el muro (que tiene todo el derecho en hacerlo) ahora nosotros vamos a tener que hacernos cargo de todos esos desempleados. Ahora vamos a tener que ingeniárnosla para salir adelante con tanta gente en la pobreza y sin trabajo, sin el apoyo de la economía gabacha.
 
Hay que ver el lado bueno
            Es como cuando el padre saca de la casa a su hijo desempleado, al inicio viviremos en la incertidumbre pero, al final, haremos lo que mejor sabemos: ser resilentes, sobrevivir y salir adelante, porque estamos acostumbrados a que nos pisoteen, pero nunca terminamos de morir porque somos muy necios para darnos por vencidos. Así que no nos va a quedar de otra que salir adelante, querámoslo o no.

Las administraciones anteriores en Washington DC, se preocupaban por tener al chalan bien amarrado, con la complicidad de los gobernantes mexicanos, pero ahora están ninguneando a nuestro gobierno, así que cerraron la puerta para seguir explotándonos, han cerrado la llave de la mano de obra barata y, sin saberlo, se están dando en la madre solitos y nos están ayudando a crecer.


            Ahora, sin sus limosnas, debemos ver qué hacemos para salir adelante, hacernos cargo de nuestros problemas y de nuestra gente. Ciertamente van a ser cuatro años muy difíciles, pero las transformaciones duelen y crecer también. En ese período vamos a madurar de manera increíble como nación. No por lo que están haciendo al norte sino por lo que nos están orillando a hacer. Nos están sacando de esa zona de confort de “Papá Estados Unidos” y ahora voltearemos hacia el mundo.
 
Más fácil no se puede
Hoy en día le mentamos la madre a Trump pero, sin duda, los historiadores lo van a registrar como el gran generador del cambio en México. Tal vez vaya a trascender más por su influencia en nuestra tierra que en la suya. Qué ironía, va a acabar impulsando al país que tanto odia a expensas de su propia nación.

Cuatro años difíciles, pero necesarios para nuestra transformación y desarrollo. Al inicio nos dará mucho miedo, pero poco a poco iremos comprendiendo que el mundo no se acaba y que, aunque va a ser duro, no es nada que no podamos superar. Porque vamos a sobrevivir sin los Estados Unidos.

Dicen que el valiente vive hasta que el cobarde quiere. Lo que me llama la atención de su soberbia es que le está dando la libertad al masoquista, lo está alejando. Al final el masoquista va a encontrar otros caminos, y el sádico no va a tener a alguien tan a modo para bulear, como Estados Unidos ha hecho con nosotros desde siempre.
 
Aunque al final sí se pagó
            Turismo        

            Esta sección es más a título personal.

            Amo y seguiré amando a mis Delfines de Miami y, mientras me sea posible, seguiré viendo un par de sus partidos en vivo por temporada. Sin embargo, serán viajes más escuetos y sólo de fin de semana.

            Fuera de ello, ya no me interesa conocer más lugares de Estados Unidos si siguen con su política racista. Lo cual es una gran oportunidad, porque me impulsa a visitar otros países, así como seguir conociendo tantos lugares hermosos en mi país.

            Ciertamente EUA tiene lugares que me encantaron y que, por fortuna, tuve la oportunidad de visitar antes de que este tipo llegara al poder. Soy afortunado por haber conocido los sitios más importantes que anhelaba visitar en dicha nación.
 
Estos gringos, ¡de todo le encuentran negocio!
Apertura

            Al Sr. Trump le agradezco que nos va a obligar a abrirnos al mundo, a conocer otros mercados y tratar con otras culturas, no está empujando a los brazos de diversos socios comerciales y eso dejará atrás los días en que dependíamos de uno solo.

            Por fortuna no sólo existen México y Estados Unidos en el mundo como, erróneamente, parece que es la percepción de Trump; es una ventaja que hay muchos otros países que están interesados en hacer negocios con nosotros, y no es de ahora, sólo que nuestra relación simbiótica les impedía ingresar a nuestro mercado de la manera en que les hubiera gustado.

            Donald se ha ensañado tanto con nosotros que nos está dando notoriedad mundial, nos está convirtiendo en las víctimas y, sobraran países que ansíen hacer negocios con nosotros, ya sea por el sentimiento de solidaridad o para demostrarle a Estados Unidos que no somos la basura que pretende difamar. Países con los que vamos a tener una relación más sana, más equitativa, de socios y no de patrón-chalán.
 
Lo bueno que él pone el ejemplo
            México tiene muchos recursos, naturales, logísticos, humanos, climáticos y demás, lo cual lo hacen un destino muy atractivo de inversión, así que no vamos a quedar a la deriva.

            Una de las más grandes pendejadas que hizo Trump fue salirse del Tratado Transpacífico, acuerdo que Obama trabajó siete años para asegurar la presencia gringa en la región y detener un poco a los chinos. Ahora, con el acto de pendeja soberbia, es factible que se le haya puesto la mesa a los chinos para que se sirvan el banquete.


            ¿Les soy honesto? No me da gusto tratar con los chinos, es una cultura que me desagrada y me parecen muy desleales pero, va a ser más fácil aceptarlos si vamos a tener un enemigo común. Creo que ésa es la pendejada, de todas las que lleva hasta el momento Trump, que más me ha hecho encabronar: que nos aviente a los brazos chinos.

            Ese tipo de acciones pendejas de Trump van a lograr que el mundo se unifique en su contra, lo cual le va bien porque es lo que ha vendido a los imbéciles que votaron por él: “Estados Unidos contra el mundo”.
 
Ni al cual irle
            Pero esa visión del siglo pasado ya no es válida, y nos está quitando el velo de los ojos porque ahora el mundo es un lugar más globalizado que hace 23 años, ayudándonos a salir de nuestra zona de confort y obligándonos a ver hacia otros lados, y así salir adelante.

            No es personal, tan sólo es un pendejo.

            Algo que le reconozco al buen Trump es su congruencia, ya que ha hecho lo que prometió en campaña, lo cual demuestra que no es un político, sino un empresario. Supuse que su postura proselitista era una estrategia bien pensada para ganar la elección, con eso de que es un showman, sabe manipular bien a los medios y las masas. Ya una vez electo pensé que iba a ser inteligente, mesurado y con la visión política que necesita el presidente de cualquier nación, y más siendo el de Estados Unidos.
 
Nunca mintió
Tonto e iluso de mí supuse que se iba a dar cuenta de las reacciones contraproducentes que ocasionaría si cumplía las promesas de campaña pero veo, con tristeza, que no tiene esa visión de buen empresario que tanto presume.

            Es descorazonador ver que es el pendejo que se mostró durante toda la campaña (hay que reconocer su honestidad al presentarse como era en realidad). Pero en su ignorancia y estupidez va a matar a la gallina de los huevos de oro. Ya que la bonanza de Estados Unidos se basa en buena parte en aprovecharse de México.


            Ahora, de buenas a primeras, nos están sacando de su casa, nos corren como la chacha, el jardinero, el plomero o el lavaloza. Y está bien que nos corran para ver si eso nos motiva a construirnos algo por nuestra cuenta. Pero si nos sacan ¿a quién van a traer? ¿De dónde los van a traer? Porque, si los traen, debe ser (conforme a su política) de manera legal y, por ende, con los mismos derechos que un gabacho.

            ¿Acaso creen que van a entrar inmigrantes de Canadá? ¿De dónde los va a traer Donald? ¿Dónde va a traer esa mano de obra barata que sostiene su economía? En su ignorancia y soberbia, piensa que puede vivir sin nosotros, ¡y si se puede! Sólo que, al igual que nosotros, va a tener que cambiar su Status Quo.


            Tal vez no lo entienda Donald y no lo ve en este momento, pero tiene más que perder que lo que podría ganar sacándonos de su tierra. Y nosotros, aunque en este momento no lo veamos, nuestra potencial ganancia es infinita a comparación de lo que estamos perdiendo ahora.

            En verdad no lo tomo personal, sé que no es sólo en contra de nosotros (aunque sí somos de los principales chivos expiatorios de su cruzada), porque también está tomando más acciones contra otras naciones y razas, como los musulmanes que se ha dedicado a deportar o a no permitir el ingreso a su país.

            No es sólo contra México, en realidad es que es más pendejo de lo que me imaginaba. Y no por las acciones en contra de mi país, sino por la tumba que le está cavando a su nación.

            Ha caído en ese pecado que muchos gringos caen, en donde piensan que el mundo son ellos, que el resto del planeta vivimos en función a lo que ellos hacen o dejen de hacer. Tal vez, a un nivel, eso es cierto, pero deben de tener la decencia de no ser tan evidentes y fingir que no es así (aunque de facto así actúen y así lo crean).

Librándonos del TLCAN
 
Lo verdaderamente importante
Sus acciones nos están mostrando la verdad sobre muchos mitos, como que el NAFTA o TLCAN era nuestra veta máxima de riqueza y la piedra angular de nuestro desarrollo.

Admito que hace 23 años fue una decisión vital para el desarrollo de este país y, ciertamente, nuestra admiración y gratitud de dicho tratado fue real y justificada. Ahora agradezco que nos haga darnos cuenta que ya no lo necesitamos para salir adelante.


Trump nos está impulsando, porque dice que el NAFTA es desventajoso para su país, lo cual me da mucha risa, no porque no sea cierto sino porque hace a un lado hechos obvios como que nosotros fuimos la parte oprimida de dicho tratado desde su inicio y a lo largo de los años, lo que nos obligó a crecer y desarrollarnos. Ahora que ya no estamos tan jodidos, quieren renegociar para que nos vuelvan a coger. Vaya que en verdad creen que somos unos pendejos.

El NAFTA, que al inicio nos impulsó, ahora podría leerse como una losa que nos ata a la economía gringa, porque nos impedía (o nos daba hueva) buscar negocios en otros lares. Al inicio el TLCAN fue un hándicap para nosotros y luego nos impulsó, ahora quieren nuevamente colocarnos en posición desventajosa, por eso creen ilusamente que nos van a poner un 20% de arancel a nuestras exportaciones.


Claro que lo pueden hacer, previa autorización de las Cámaras, con la salvedad que nuestros países pertenecen a la Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization) y el arancel máximo que nos podríamos poner es el 2.5%. A menos que también quiera salirse de dicha organización, lo cual sería un auténtico suicidio para su economía.

Pero ésa es una de las pocas consecuencias que EstadosUnidos va a sufrir por elegir a un Showman como su presidente, tal vez la menos grave.

            El Costo para los Estados Unidos.

            Ahorita Trump se ríe pero, al final, los que reiremos seremos nosotros. Tal vez no le guste, pero Estados Unidos ha basado gran parte de su calidad de vida en la (barata) mano de obra mexicana.

            En un inicio el daño va a ser para ambas economías pero, con el tiempo, la herida va a ser más profunda en Estados Unidos. Nos están abriendo las puertas para que busquemos desarrollo en otras partes, pero ellos no tienen a más personas que hagan esos trabajos “indeseados” (intendencia, jardinería, plomería y demás).


Algo que me ha quedado claro es que el gringo es tan orgulloso que prefiere mendigar antes que hacer alguno de esos trabajos “indignos”. Algo que, desde mi perspectiva, es totalmente pendejo, porque me daría más pena mendigar que limpiar baños o lavar platos. Pero en fin, supongo que es una cuestión cultural.

            Estados Unidos tiene una combinación muy peligrosa de mano de obra cara y de un alto nivel de consumo (el país más consumista del orbe). Mucha de su abundancia la basan en la mano de obra barata que les damos al sur de la frontera. Y, con la nueva política migratoria de Trump, dudo que vaya a meter chinos, filipinos o hindúes para hacer la chamba que dejen de hacer los latinos.
 
A lo que hay que llegar por la Green Card
            Si los trae de manera legal, entonces les va a tener que dar los derechos que tanto se está empeñando en quitarles a los migrantes, y pagarles lo mismo que a un gringo. Y es que todos sabemos que toda la mano de obra ilegal le resulta conveniente al gabacho, porque le genera mucha riqueza a un precio cómodo. Esa fuerza laboral barata, que pendejamente quiere sacar del país, es en la que se basa su abundancia.

            Obviamente también pueden salir adelante, pero tendrían que adaptar su realidad a una versión más alemana o japonesa, en donde el nivel de consumo es poco, la austeridad es mucha y el nivel de vida es realmente caro. Y es que el gringo ya no va a poder comprar tantas cosas, va a ser más mesurado porque va a pagar más impuestos.


            Para poder consumir al ritmo que está acostumbrado, requiere de muchos servicios baratos que le den holgura económica y le de tiempo, costos accesibles para generar buenos rendimientos. Como buen sistema neoimperialista, necesitas una buena base de gente con recursos limitados y dispuesta a tomar sueldos bajos, para que mantengan un buen nivel productivo a expensas de su trabajo físico.

            ¿El gringo puede tener unos hábitos de vida como el alemán o el japonés? es factible, pero no de inmediato. También para ellos sería un golpe duro a su Status Quo, el cual está basado en el consumo y en una “buena vida” en el que se genera el mentado “American Dream”.

            Ciertamente hay una gran población desempleada en Estados Unidos, muchos de ellos vagabundos, pero esos no están dispuestos a trabajar, ya que están cómodos viviendo de la seguridad social o de la bondad del público, de las limosnas que reciben.

            El desenlace más probable.


            No hay mal que por bien no venga. Al inicio, igual que todos, estaba angustiado por las acciones que este señor está tomando con su país. Pero después empecé a analizar y llegue a la conclusión que ojalá cumpla con todo lo que ha prometido, que siga con ello, que nos empuje, que nos impulse y nos obligue a crecer.

Entonces ahora mi postura ha cambiado y es “¡Sale cabrón! ¡Hazlo! No nos vamos a morir”, al final te lo voy a agradecer mucho, tal vez no en este momento, pero al final del camino mi gratitud será profunda y honesta.

Pero creo que todo esto quedará en una utopía, un sueño guajiro, y no por nosotros, sino que los propios gabachos lo van a impedir.

            Lo más probable es que los propios gringos no dejen que este escenario se consume, y justamente serán los republicanos los que sean los “salvadores”. A esta altura es obvio que los demócratas van a ser los primeros en oponerse a Trump, pero la intervención republicana será la que salve a su país de dicho megalómano.
 
A pesar de todo, amo a mi país.
            Los representantes del partido que lo llevó a la cima van a estar observando y dejando que su presidente juegue con el poder un rato pero, antes de que cruce el límite final, van a empezar a amarrarle las manos y van a retomar el control del país.

Ya sólo queda ver hasta dónde lo dejan llegar y hasta dónde nos dejan volar y, sobre todo, si tenemos el suficiente valor como país para tomar esta oportunidad única de hacer realmente independientes y maduros.

La historia me dice que nos gusta ser el chalán de alguien más, sin embargo, me gustaría pensar que se nos ha insultado tanto que, tal vez, exista una pequeña oportunidad de emancipación al respecto.

Tal vez.


Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 25 de enero de 2017

(Casi) una década bailando

            El Lunes 5 de febrero del año 2007 entré, con algo de pena, a una sencilla escuela de baile a tomar una clase muestra. La persona que ingresó ese día ya no volvería a salir de la misma manera y, conforme pasaba el tiempo, su transformación se tornaba irreversible. Casi 10 años después veo el camino transitado y me parece increíble que la inercia inicial me haya durado tanto.

            Antecedentes

            “Ya no me gusta” le decía recientemente a mis compañeras, durante una fiesta de fin de año del trabajo, mientras insistían en que bailara con ellas, y mi intención es no volver a hacerlo. Al final, para no ser grosero, accedí a sus deseos, pero la verdad es que desde hace mucho tiempo deje de disfrutar el baile.

            Es chistoso, justamente en esas reuniones de fin de año me surgió la necesidad de bailar, aunado a la invitación de una chica (que me gustaba mucho por aquel entonces) y que desembocó en mi estancia en Rumba Mía.


            Al inicio lo hacía para acercarme más a las féminas pero, con el tiempo, en verdad disfruté hacerlo. El gusto puro y pleno me duró unos cuatro años hasta que llegué a ser hábil en ello, nunca un virtuoso porque no tengo ese don, pero sí me defendía.

Al aprender a bailar, definitivamente no encontré lo que estaba buscando en un inicio, aunque eso no fue malo, porque en su lugar recibí muchas cosas maravillosas que cambiaron mi esencia y mi forma de percibir el mundo.

            Un parteaguas en mi existencia

            Si aquel Lunes de Febrero de hace casi diez años alguien me hubiera dicho que iba a durar tanto tiempo tomando clase, me hubiera reído, porque mi visión de aquel entonces era tomar un par de cursos para aprender lo básico. No me esperaba que, a excepción de breves pasajes como corazones rotos, viajes o enfermedades, las clases de baile fueran una constante en mi rutina durante la última década.


            A veces el trabajo me impedía ir, en otras ocasiones llegaba barriéndome; a partir del quinto año a las razones para faltar se aunaron la hueva y, muy de vez en cuando, alguna fémina que era capaz de corromperme para que dejara de lado la clase del día con tal tomarnos un café o ir al cine. A pesar de todos esos obstáculos, solía ser muy constante en mis clases.

            Nunca fui un profesional, ni pretendía serlo, en ocasiones fui bueno en ciertas coreografías o pasos pero, siendo honestos, lo poco que aprendí a bailar fue gracias a la constancia más que al talento.

            Cuando leí por primera vez el slogan de Rumba Mía, “Haz del baile parte de tu vida”, me pareció bastante pretencioso sin embargo, al final del camino, el baile efectivamente fue parte vital de mi esencia.


            Y es que me sumergí de lleno, ya que iba a clase los siete días de la semana, lo cual significó un desahogo y un desestrés importante. En su momento me llegó a ser tan vital como correr, nadar, escribir o leer, con la cualidad que era una actividad diferente y que me mantuvo un poco más cerca de la humanidad, al ser la única que no hacía solo, como las otras cuatro.

            Definitivamente, parte de mi calidad de vida se vio enriquecida por el baile, porque hacerlo me ayudó con la creatividad, a soltarme en muchos aspectos por el sentimiento de plenitud que me inundaba. Bailar era como el bajo en una canción: no será el instrumento más llamativo o popular, pero es vital para que el resto luzca. Eso me significó el baile, aunque ahora ya no sea importante, en su momento, me ayudó a sacarle provecho a otras actividades.


            Tanto me permeó que, cuando nació este blog, se llamaba “Reflexiones de un Salsero Misántropo” pero, con el tiempo, lo ‘misántropo’ acabó pesando más que lo de ‘salsero’. Y es que uno no puede negar la cruz de su parroquia, porque soy un solitario, esencia que salió a flote eventualmente, una vez pasado el éxtasis inicial.

El choque de esencias

            Durante años salí a bailar a antros, fiestas, eventos, congresos, presentaciones y demás ocasiones en la que estaba a la vista de los demás, gracias a ello aumentó mucho mi seguridad y amor propio, pero también me di cuenta de otra cosa: Me cagaba bailar en público.

            Me gustaban las clases, los ensayos, el sentimiento de trabajo en equipo, la convivencia antes, durante y después de cada sesión pero, a la hora de bailar en público, era algo que entre más pronto terminara iba a ser mejor. A un nivel siempre odie cada una de las presentaciones que, en mi caso, fueron relativamente pocas pero siempre me desagradaron.


Tal vez fuese el tema de la autoestima que, debo admitir, es un punto que aún me cuesta, porque a veces se me olvida creérmela, paso por alto todo lo que he trabajado y avanzado. Así que mis maestros solían regañarme “¡Hebert! ¡Créetela!” Y bueno, aún tengo la asignatura pendiente de aprender a creérmela.

            Y, aunque aún tengo puntos que debo de terminar de aterrizar, el cambio en los últimos diez años es innegable; porque recuerdo mi manera de percibir el mundo y mis prioridades en aquel Febrero del 2007 contra el día de hoy y no hay punto de comparación.

            Entre esos cambios está mi afición por viajar. Recuerdo que en mi primer viaje (a Alemania), sólo me avisaron con un par de días de anticipación. Tenía miedo y, entre lo pretextos que buscaba para no ir me dije “¿Pero cómo voy a faltar a mi clases de baile?” pero, en un ataque de sentido común, decidí ir y sacrificar una semana de clases.


Obviamente no me dejó de gustar el baile ni lo abandoné, pero a partir de entonces se me abrió un mundo nuevo y, silenciosamente, inicio el punto de partida. En ese viaje me di cuenta que podía dejar las clases por breves períodos y no pasaba nada. Desde entonces supe que podía vivir sin el baile pero opté por mantenerlo en mi ser.

Aunque el “daño” ya estaba hecho.

            El principio del fin

            A veces uno cree que el final de un ciclo se da justo en el momento en que lo damos por terminado, sin embargo, por dentro sabemos que ése sólo fue el punto final, porque el proceso de partida inicia mucho antes.

            Los primeros cinco años fueron muy divertidos pero, conforme pasaba la euforia, la emoción disminuía, pero lo continúe haciendo primero por costumbre y por identidad, luego por intereses románticos y finalmente por motivos más cognitivos que emocionales, porque así me convenía, no porque sintiera la emoción o amor del primer lustro haciéndolo.


            Alguna vez escribí un ensayo llamado “¿Por qué sigo bailando?” y, aunque el tema era otro, me lo seguía preguntando años después. Seguí haciéndolo porque me ayudó a superar traumas, a tomar confianza y a desarrollar el amor propio por lo que, en su momento concluí, que seguía con el baile por lo que me faltaba aprender en  esos rubros.

No es que ahora ya haya superado todos mis escollos personales, fue sólo que se me acabó la motivación para continuar. En realidad, desde el segundo semestre del 2012, sólo buscaba un pretexto para dejar el baile porque ya había dejado de amarlo.

Aprendí a bailar para hacerlo en las fiestas pero, siendo honestos, lo disfrute un rato; ya después, con el tiempo me empezó a molestar bailar en dichos festejos, tal vez motivado por mi desagrado por las reuniones multitudinarias. Y también por mi bloqueo inconsciente para abordar a las mujeres.

Bailar con una fémina es muy padre, sobre todo cuando entras en la misma sintonía y emoción, pero también puede ser muy estresante. Supongo que esta analogía refleja perfectamente la razón por la que no encontré pareja, le perdí el sentido a seguir bailando. Ya no me gustaba hacerlo porque comprendí que no tengo la obligación de satisfacer las expectativas de nadie, sobre todo cuando me siento a gusto estando solo y, créanme, no me quita el sueño si no vuelvo a bailar con alguien.


Justamente una mujer tuvo un efecto devastador en mi manera de percibir al baile y, en realidad, cimbró mi existencia entera.

            Mi desbordado amor mató a la Salsa

            Ya iba de salida del baile, mi partida estaba firmada hace cuatro años. Rumba Mía había empezado su declive, así que me quitaron mi clase de nivel avanzado, lo que me obligó a partir de mi hogar salsero.

            Durante un par de semanas estuve buscando escuela (esperando no encontrar) y, cuando ya iba a dar carpetazo al tema, vino una estocada  a mi corazón, justamente el 14 de Febrero del 2013.

            Por desgracia o por fortuna (según la perspectiva) me enamoré y todo valió madres. A partir de ahí bailé con un objetivo diferente al que lo había hecho. Empecé a bailar por alguien más y no por mí y traicioné a esta actividad que tanto gozo me dio. Ese sentimiento lo plasmé detalladamente en “Réquiem por la Salsa”.


Cuando me enamoré tan apasionadamente, lo que me quedaba de combustible por el baile, en específico de la Salsa, se consumió muy rápido. Por eso, cuando dejé el mundo salsero fue relativamente fácil, porque el amor por ella exterminó mi gusto por bailar.

Lo malo de eso es que cuando escucho alguno de los ritmos que ella bailaba (esencialmente Salsa y Bachata), su recuerdo es automático, así como la tristeza que conlleva. Pero uno se acostumbra a todo, incluso a incorporar esas pequeñas tristezas a su rutina.


            Cuando acepté que me estaba engañando con una relación que no iba a lograrse, nuevamente, intenté dejar el baile, debido a mi corazón roto. El intento se quedó en tres semanas porque, por más dolor que tenía, me di cuenta que aún necesitaba del baile, así que cambie de estilo y, de paso, también me servía alejarme de la Salsa.

Los deseos de bailar se mantuvieron, aunque ya no por ritmos tropicales o bailes de salón, por eso el Jazz se adaptó a la perfección a mis necesidades.

            Descubriendo el Jazz

Mi ingreso al mundo del Jazz fue totalmente distinto: para empezar lo hacía como un mercenario, ya que no lo hacía por gusto sino por conveniencia. En la Salsa inicié y me mantuve por las mujeres, el jazz lo hacía por los beneficios hacia mi persona: por coordinación, por flexibilidad, por el porte y hasta por la juventud. El buen Juan Betanzos me abrió la puerta de su academia “Center Stage”.


Entendí que el saber bailar me daba gracia, fluidez y libertad. Mis movimientos y estilo se tornaban, aunque suene mamón, elegantes, sobre todo en mi lenguaje corporal. En el Jazz comprendí que no porque tenga música debo bailar forzosamente sino que, esas clases de baile, se hacen presentes en mis movimientos rutinarios.

De las ventajas que me brindó el Jazz fue que el baile, aunque en grupo, es muy individual, así que no debía bailarlo en pareja, sino hacerlo con todos y, al mismo tiempo, en solitario.


            Otra gran virtud que encontré en el Jazz es que la gran mayoría son muy jóvenes (entre 14 y 25 años), así que me vi muy beneficiado porque, de tanto convivir con ellos, se me pegaba algo de esa jovialidad y manera tan fácil de ver el mundo.

El Jazz cambió mi manera de ver el baile, así que en cualquier presentación en que se involucrara dicho elemento, como presentaciones del Cirque Du Soleil o Le Reve en Las Vegas, o en los shows de Disney, ya veía las líneas, la interpretación, la fuerza, la limpieza de los movimientos y la coordinación de los mismos.

Cualquier cosa que tuviera que ver con baile, de inmediato podía ver actitudes, tendencias, sentimientos, niveles de energía, motivaciones y demás. Eso me ayudó a reafirmar que me es más interesante observar cómo bailan que bailar en sí.

Por esa visión que me dio el Jazz, al ver un vídeo viejito de mi infancia, comprendí que mi gusto por bailar venía de mucho tiempo atrás, desde los famosos “Chochentas”, en donde era famosa una artista que me enamoró desde la primera vez que la vi bailar: Kate Bush.


Uno de mis vídeos favoritos de todos los tiempos es “Running up that Hill”, cada vez que lo veo quedo encantado por la coreografía tan sencilla y, al mismo tiempo, tan compleja y profunda con la que la artista acompaña una canción tan bella. Desde la primera vez que vi ese vídeo anhele bailar así, y no me refiero a la coreografía en sí, sino a la libertad con la cual lo hacía.

Años después, aunque no fue el mismo impacto, con el vídeo de “Rubber Band Girl” (canción bastante malita, por cierto), me siguió encantando como Kate Bush podía moverse de manera diferente y ser tan cool, tan auténtica y tan única. No será la mujer más atractiva pero, tan sólo verla bailar, te enamora perdidamente. Gracias a la visión que me complementó el Jazz es que ahora, décadas después, disfruto dichos vídeos con unos ojos más expertos (y también creo que Kate Bush se fumaba algo para sus vídeos).


A pesar de todo lo valioso que me dio el Jazz en poco más de dos años, mi sentimiento para dejar el baile volvió a surgir. Con mi enfermedad de Junio pasado, estuve a punto de dejarlo, pero regresé. Ya no fue lo mismo, porque esa enfermedad se llevó muchas de mis ganas y gustos por hacer muchas cosas, así que empecé a faltar frecuentemente.

Me di cuenta que ya no podía sostener la mentira del baile, y era obvio que el tema estaba agotado, así que era necesario que me fuera, y es que el ciclo se había cumplido, por más feliz que haya sido, era necesario partir, justamente por esa felicidad que tanto me dio, por respeto, debía retirarme. Al final acabé de encontrar un pretextito para acabarlo de dejar, aunque ya lo había empezado a dejar desde finales del 2012.


Pero no porque ya no sea importante para mí quiere decir que haya dejado de ser importante para la humanidad.

La importancia del baile.

            Algo que me he dado cuenta, en esta década, es que el baile es una necesidad humana, algo básico, instintivo. Es una expresión de libertad, de autenticidad; y no es necesario hacerlo bien para experimentarlo, simplemente vivirlo sin amarres.


            Una de las grandes bondades del baile es que te brinda bastante seguridad, esto producto de la consciencia de tus movimientos corporales, misma que adquieres para sacar los pasos o rutinas, lo cual trasciende a tu diario acontecer.

Otra ventaja de aprender a bailar, es que tu visión se amplia y puedes leer el lenguaje corporal de los demás. Por eso en las fiestas ya no bailaba y me dedicaba a observar cómo el resto lo hacía, lo cual resultaba en un experimento antropológico muy interesante.

Bailar es una actividad tan importante como elitista, porque no importa cuánto dinero tengas, lo guapo que estés, tu nacionalidad o tus influencias, al momento de bailar, todo eso queda atrás y el que mejor baile pasa a ser, por ese breve momento, alguien más valioso que tú.


Sin importar el rincón del mundo ni el estilo, bailar bien te da un status especial, mismo que es reconocido por los que te rodean. Bailar se ha relacionado con el sexo, tal vez por el dominio de tu cuerpo, por la expresión de tu libertad, el superar miedos y prejuicios al hacerlo en público.

Siendo honestos, la gran mayoría baila por vanidad, por ese poder que te da el reconocimiento ajeno, aunque otros han alcanzado un nivel superior en el que ya lo hacen por el placer de hacerlo, por el gusto que les da a sus vidas. Y ahí me alegra ver que también he trascendido esos niveles.

Cuando aprendí a bailar perfeccione un placer que tenía desde pequeño. Sonará tonto, pero sólo me gusta bailar, sin público, sin una razón, sólo porque sí. En clases fui feliz, me desahogué, me expresé y hasta me lucía cuando se podía, pero el verdadero gusto venía en casa.


Al escuchar alguna canción que me gusta, empiezo a bailar de manera inconsciente y, ventajas de vivir solo, dejo que mi cuerpo siga su movimiento, siga el ritmo y sea libre aunque sea un momento, sin miedo a equivocarse, sin vergüenza, sin temor a parecer ridículo, simplemente se mueve por gusto, de manera orgánica.

El bailar a solas me ha gustado desde niño, y lo mantendré así hasta el final de mis días porque es un gusto mucho más satisfactorio que hacerlo con alguien. Y es que lo relaciono con un acto de libertad, de personalidad, de alegría auténtica, no tienes que impresionar a nadie, no tienes que seguir ninguna técnica o regla, simplemente dejas que el cuerpo libere su alegría.


¿Pero acaso me conformo con eso? ¿Sólo con bailar en casa? ¿En verdad no regresaré a ninguna clase de baile? Para muchos neófitos, lo que hago ahora podría considerarse clase de baile, pero no es así.

¿Adiós definitivo o un ‘Hasta luego’?

Ahora estoy tomando clases de Zumba muy cerca de la casa, en la unidad deportiva de la empresa. Aunque toma muchos ritmos bailables (salsa, cumbia, bachata, norteña, reggaetón, merengue, samba y demás) la Zumba no es baile propiamente.


Decir que la Zumba es baile es como decir que el golf es un deporte o que lo que venden en Taco Bell es comida mexicana. O sea, a primera vista podrían considerarse así pero, en el fondo, las diferencias son abismales.

En la Zumba los movimientos tienden a ser sucios y las rutinas, aunque intensas, son bastante simples. Y es que, obviamente, el objetivo de esta actividad es que sudes, no que bailes con gracia o estilo. Aunque eso no me impide hacerlo con gracia y estilo ya que, al bailar cada ritmo en clase, lo hago con la misma seriedad y técnica con la que me los  enseñaron.


Por el momento soy feliz en Zumba, sudo bastante, el instructor le mete bastante intensidad y estoy haciendo buen ejercicio. Sin embargo, sé que me voy a acabar aburriendo, ¿por qué? Porque por más variedad de rutinas que pongan, no van a llegar al ritmo de creatividad que estaba acostumbrado en mis clases de baile (tanto Salsa como en Jazz).

¿Qué voy a hacer cuando me harte de la Zumba? Calculo que eso va a pasar en menos de seis meses. Tal vez me pase a Insanity o a Cross Fit, incluso es factible que me dejen nadar nuevamente.

Obviamente no puedo descartar volver a tomar clases de baile, por ser una actividad que tanto me ha dado y con la cual siempre estaré profundamente agradecido, junto con toda la gente maravillosa que conocí, literalmente, bailando.


Hebert Gutiérrez Morales.