sábado, 24 de diciembre de 2016

Degustando Miami (Primera Parte)

Detrás de la Mansión Vizcaya
            Como todo el mundo, tengo carencias en la vida, pero no me quejo de mi existencia, ya que me considero muy afortunado de poder ver a mis Delfines en casa una vez al año desde hace cinco años (además de otro juego anual de visitante). Sin importar las veces que vaya a Miami, tengo la fortuna que las visitas, así como los partidos que me toca presenciar, tienen un sabor distinto cada año.
           
            Perspectivas del pasado

            Salí una hora más temprano de lo normal, ya que era el fin de semana previo al día de la Virgen de Guadalupe, el ícono más respetado y querido de la mayoría de los mexicanos. Obviamente, no estoy en ese grupo, pero debo de estar consciente de lo que es importante para mi país.
Una de las obras de arte en Wynwood

            Nuevamente me fui manejando a la Ciudad de México, así que en el trayecto  me encontré muchos peregrinos a lo largo de la autopista. Me sorprendía la fe que estas personas tienen, sobre todo para ponerse en riesgo al caminar junto al camino en medio de la oscuridad y la baja temperatura que hace en Río Frío a la 1 AM.

            La presencia de tanta gente me tenía algo nervioso, así que puse más atención a un trayecto que tiene su dificultad aunque, siendo honestos, con todo lo que lo han modernizado, ahora resulta muy fácil de manejar si la comparamos con lo que era hace tres décadas.
The Shops at the Midtown

Esta autopista la conozco muy bien porque la recorríamos, por lo menos, cada dos semanas durante los 80’s; mi papá Antonio la manejaba con maestría y me daba los tips necesarios para mi futura vida como conductor. Gracias a esos consejos es que manejo decentemente, un hecho notable en un país en donde lo común es manejar de manera ignorante y/o salvaje.

Cuando inicié el descenso de Río Frío hacia Chalco, vi un espectáculo que nunca me deja de sorprender: resulta monstruosa la insaciable mancha urbana de la Ciudad de México, no importa las veces que la vea desde el aire o desde tierra, la visión del DeFectuoso a la distancia no te deja indiferente.
Los Jardines de Vizcaya

Recuerdo de niño, cuando salíamos del DF, la ciudad no alcanzaba ni medio Zaragoza; ahora no sólo se ha tragado Chalco, incluso ha escalado un buen tramo hacía Río Frío, engullendo lo que solía ser una Cantera, que ahora está llena de casas.

            Volviendo al camino, con tanto peregrino era obvio que hubiera un accidente, siendo exactos, hubo unos cuatro choques entre Chalco y Zaragoza. Esto hizo que me atrasara media hora pero como (prudentemente) había salido con anticipación, no me estrese en lo absoluto.
En el Muelle trasero de la Mansión Vizcaya

Ya en Zaragoza, me es difícil recordar alguna época en la que no fuera la vía deplorable que ha sido desde siempre. Dicha avenida, una de las más transitadas de la urbe, es una auténtica porquería, con baches, desniveles, asentamientos, coladeras destapadas y demás. Cualquier camino rural está en condiciones más aceptables que esta vialidad tan importante.

Pero como no ha cambiado eso en años, simplemente te adaptas a manejarla con precaución, pericia y prudencia para que tu auto no salga (tan) dañado. Ya entrando a Puerto Aéreo me llegó el olor característico a cloaca que distingue a esta ciudad. Sin embargo, ese tufo no me recuerda a mi niñez (creo que la ciudad no era tan sucia en los 80’s), en realidad me acuerdo de los cuatro meses que viví en esta urbe antes de empezar a trabajar en VW (en el año 2000).
Wynwood Walls

En fin, el trayecto de mi casa al Aeropuerto siempre me representa muchos recuerdos que, aunque en su momento eran irrelevantes, ahora he aprendido a apreciar con el paso de los años.

La Gandayez gringa

            Es común que escriba de lo gandaya que es mi país, pero nuestros vecinos del norte, aunque no con nuestra alevosía, tampoco cantan mal las rancheras (como ya escribí sobre los Tiempos Compartidos).
The Shops at the Midtown

Parte de lo que me gusta de visitar ciudad con un buen sistema de transporte público es que no debo rentar auto, el problema es que en Florida, forzosamente necesitas uno.

            Y ahí viene la bronca al rentar auto, porque me caga tener que cuidarme de todos los cargos escondidos, en verdad me purga esa actitud de cobrarte algo, que no te informan de manera abierta, desde sus impuestos, seguros y cargos mágicos (porque aparecen de la nada).
Wynwood Doors

            A veces he logrado precios justos y en otras ocasiones, como ésta, me la dejan ircompletita, esto a pesar de que siempre intento asegurarme de pagar todos los cargos con anticipación, pero luego me salen con alguna mamada obligatoria por ley.

            Por más que me quejé y me opuse, era pagar los seguros o quedarme sin auto, algo que me iba a fastidiar todo el viaje, así que a regañadientes pagué y salí con un mal sabor de boca de Fox Rent a Car (les pongo el nombre para que tengan cuidado al momento de contratar).
Entrada lateral a los Jardines

            Como se tardaron mucho en entregarme la unidad, ya estaba muy molesto, así que decidí omitir mi visita a la pequeña Habana (que visitaré sin falta el otro año) y me fui directamente a los jardines de Vizcaya.

Los Jardines de Vizcaya

Este viaje a Miami era especial, no sólo por el partido de mis Fins (que siempre me emociona verlos en vivo), sino porque era mi primera vez a solas. Ya había venido a un partido de local por mi cuenta, la victoria contra Seattle en el 2012, pero había manejado desde Orlando y me regresé al terminar el juego.
´No te dejan sacar fotos dentro de esa Mansión

Las otras ocasiones había venido con grupos de amigos, mismos que siempre querían el mismo itinerario: Miami Beach, Ocean Drive y tanto Shopping como les fuera posible. Ahora, al venir solo, pude diseñar un itinerario más a mi estilo, porque Miami no será la capital cultural del mundo, pero algo debe de tener además del Shopping, los deportes y Miami Beach, que siempre serán atractivos pero, en mi caso, también se antoja conocer otras cosas.
Construcción con un toque de Nostalgia

            Así llegue al Museo y Jardines de Vizcaya, uno de los lugares más recomendados para visitar en la ciudad. Al entrar a la mansión, me dijeron que no podía sacar fotos, lo cual se aunó a mi molestia del auto e influyó para que no me encantara el lugar.

Tal vez de manera injusta, pero me sentía defraudado por la construcción. Sacando mi parte mamona, si he entrado a castillos y mansiones mucho más importantes que ésta, ¿por qué no me dejan sacar fotos de un sitio inferior? Lo que vi dentro estaba bonito PERO no era lo más bello en cuanto a mansiones que he visto. La decoración y mobiliario era una combinación entre castillo europeo y las antiguas haciendas españolas que había en México en la época de la Colonia. O sea, nada que me robara el aliento. Así que la recorrí relativamente rápido para pasar a los jardines.
Al estar lloviendo no había mucha gente en los jardines

Ya afuera de la mansión la historia fue diferente, no sólo porque ahí sí podías sacar fotos, sino porque el espectáculo ya era de otra calidad.

La llovizna no paraba, pero ya no quería pasar más tiempo dentro de una construcción tan sobrevalorada, además la lluvia nunca ha sido mi enemiga. Así que, a pesar de la precipitación o, corrigiendo, justamente por ella, los jardines me encantaron.
Jardines excelentemente cuidados

Y es que la lluvia le daba un toque diferente a los jardines, no sé cómo explicarlo, era un sentimiento más clásico, más nostálgico, más íntimo. Empecemos por el muelle y las construcciones detrás de la mansión ya que, aunque no están relacionadas de manera directa, me recordaron al fuerte de San Juan de Ulúa, en mi hermoso puerto de Veracruz, sensación que se potenció gracias a la llovizna con brisa pero que no te daba frío, sino que resultaba extrañamente agradable, aunque te estuvieras empapando.
Rincones bellos por doquier

A partir de ahí todo fue miel sobre hojuelas, porque vi los jardines y sus construcciones con otros ojos, con el amor que me había invadido al recordar mi lugar de origen. Ciertamente he visto jardines más bellos pero, la lluvia me hizo disfrutarlo más porque, en mi corazón, el aire que respiraba era el mismo que respiraba durante las visitas infantiles a mi querido Puerto.
Postales que inspiran tranquilidad

Así que, conforme recorría los jardines, mi enojo por el auto se fue disipando, me fui tranquilizando y enfoque mis energías en todo lo bueno que iba a pasar, para no arruinar mi fin de semana para una sola cosa que había salido mal.

Ya con ese humor más positivo, me dirigí a Wynwood.

Arte urbano en Wynwood
Dentro de Wynwood Walls

            Cuando llegué a Wynwood reconocí mi “freses”, ya que el barrio se veía relativamente peligroso, por lo mismo no me latía estacionar el auto ahí cerca. Así que, para satisfacer a mi parte burguesa wannabe y a mi parte alternativa, decidí estacionar el auto en The Shops at the Midtown y caminar un par de kilómetros de regreso a Wynwood, para disfrutar del arte urbano sin la preocupación del coche.
No sólo había murales

Mientras caminaba de regreso hacia Wynwood, pasaba por calles nada turísticas, viendo un Miami más real, y ahí mi sentimiento a Veracruz se potenció, justamente por esas viviendas descuidadas pero, de una extraña manera, bonitas. Lo mismo pasaba con la gente que, aunque desaliñada o poco elegante, tenía una actitud relativamente bonachona, con el olor a humedad marina en el ambiente que hace especial a estos barrios, y no porque resulte desagradable sino porque, extrañamente me sentí en casa.
Las entradas a las galerías eran llamativas

            Ya en mi destino, he tenido la fortuna de visitar barrios alternativos como Kreuzberg (Berlín), Haight Ashbury (San Francisco), Camden (Londres), Harajuku (Tokio), SoHo (New York) o el Centro de  Reikiavik, así que no me son extraños este tipo de lugares, sin embargo el ambiente en Wynwood no era tan hípster como en los otros, porque aquí sí se sentía algo peligroso en el ambiente. Y es que este sitio, a diferencia de los que mencione antes, es una zona fea de Miami, un lugar auténticamente urbano, en donde la freses no ha incursionado por completo para hacerlo más comercial.
Caminar por estas calles es diferente

            Prueba de ello fue un negro que me detuvo en la zona menos concurrida del barrio, me explicó que era veterano de guerra (cosa que no le creí) pero que no tenía dinero para comer así que, amablemente, me pidió unos billetes. Le di un par de dólares argumentando que no traía más. Esto lo hice por mi bien ya que, como no había tanta gente en ese tramo, evite hacer enojar al tipo que estaba bastante mamado.

            A excepción de ese pequeño e inofensivo pasaje, la visita fue ampliamente interesante, con una serie de grafitis sin pierde, tanto en los negocios como en The Wynwood Walls, que es la sección estrella del barrio, con los murales más cuidados y producidos del lugar.
Con estilos de los más originales

            Los únicos que me faltaron, y que no pude encontrar, porque este lugar es relativamente grande, fueron dos murales: el primero dedicado a Don Shula, el entrenador mítico de mis Delfines, y el otro dedicado a la intolerancia de Donald Trump, mismo que vi al pasar en auto pero después ya no me pude ubicar para verlo a pie.

            Algo de lo que me gustó de Wynwood era la gente que lo visitaba y el ambiente que había en sus negocios, algo totalmente diferente a la frivolidad que se respira en lugares como Miami Beach, Ocean Drive, Coconut Drove, Sawgrass y demás sitios más llamativos, comerciales y populares, mismo que me permitió ver una cara más real de la ciudad, más auténtica y, de alguna manera, más atractiva por ser terrenal.
Tendencias y estilos diferentes y de buen gusto

            A pesar de ello, no tiene nada de malo disfrutar de los dos mundos.

El Shopping.

            Cuando empecé a visitar Estados Unidos me sorprendía el nivel de consumo de los gringos, de igual forma me asqueaba que yo cayera en lo mismo y enloqueciera con sus precios tan bajos. Con el paso de los viajes, he aprendido a no enloquecer o, probablemente, he comprado tanto que ya no me hacen falta tantas cosas.
Un rinconcito para degustar un Café en Vizcaya

            El caso es que compre en Miami pero, para mi sorpresa, ha de haber sido la visita a Florida en la que menos cosas he de haber adquirido. Con tal de decirles que entré al Ross de The Shops at the Midtown y no compre nada, algo impensable en mí, pero es que en verdad no encontré algo que me encantara.

            Es más, ahora llevé más cosas en Marshall’s (que no es mi tienda favorita) que en otra visita que hice a Ross (ahora al de Sawgrass Mills), y me alegra que cada vez estoy comprando menos en Estados Unidos, o tal vez se deba a que ya sé que voy a visitarlos un par de veces por año, por eso ya me mido.
Wynwood

Hablando de Sawgrass, pase a comprarme unos perfumes, y me resultó curioso que, a pesar de mis rasgos latinos, me ofrecieran el de Trump. Ciertamente fue la esencia más rica que me dieron a oler, sin embargo, por ridículo que se escuche, mis principios impidieron que comprara algo de un señor que ha insultado mucho a mi país (justificada o injustificadamente). Ahí recordé que Trump ganó Florida, lo cual me sigue sorprendiendo para la cantidad de latinos que hay por acá.
Un adelanto del siguiente escrito (Hard Rock Stadium)

            Volviendo al Shopping, aunque mi favorito es Sawgrass Mills, debo reconocer que The Shops at the Midtown tiene un surtido respetable de tiendas, un estacionamiento con tarifas muy amigables (8USD por cuatro horas es una ganga en Estados Unidos), además de que está diseñado para dar empleo a gente de una zona poco afortunada de la ciudad, lo cual tiene su mérito.

            Pero hubo otra razón para volver a The Shops at the Midtown, misma con la que empezaré el segundo escrito, mismo que pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Degustando Miami (Segunda Parte)

Después de una gran victoria de mis Delfines
            En el escrito anterior, que pueden leer en esta liga, mencione que hubo un poderoso motivo para regresar a The Shops at the Midtown, y es que ahí conocí las hamburguesas más deliciosas que he probado en mi vida, por lo cual espere un año entero para volverlas a degustar.

Comida Gabacha

No podría vivir con la comida gabacha el resto de mi vida, pero degustarla durante algunos días es relativamente delicioso. Con la grata experiencia del año pasado, uno de mis highlights de este viaje era comer en Five Guys. Eso sí, a diferencia de la visita anterior, ahora sí me medí y preví la cantidad generosa de papás fritas con aceite de cacahuate que me iban a servir.
Dan Marino

Justamente las comí antes de ir a Wynwood, así iba a bajar la tragazón con la caminata. Sin duda, y hasta el momento, mis cadenas de restaurantes favoritas son Five Guys y Panera Bread por lo que, cada vez que pueda, los visitaré.

Ahora, como expliqué en el escrito de hace un año, no considero a ninguna de estas franquicias como comida rápida, porque en Five Guys se manejan diferente en cuanto a calidad y presentación de sus productos y locales. En el caso de Panera Bread porque es un lugar tan cálido con un tipo de cocina más casera. Así que ambos tienen mi eterna lealtad por lo feliz que me hacen en cada visita.

En este fin de semana en el sur de la Florida, comí dos veces en Panera Bread, y siempre que lo hago es una sensación muy agradable. En la cena del Domingo me atendió una negrita muy bonita, y eso que no suelen llamarme la atención las chicas de dicha raza pero, curioso el caso, en esta estancia en Miami vi a bastante chicas negras que me gustaron.
Mural dentro del Hard Rock Stadium

Independientemente de quien me atienda, siempre siento un calor hogareño cuando como en Panera Bread, algo totalmente opuesto a lo que sentí en la cena del Sábado en Dennys.

            Entré a Dennys en busca de cenar algo ligero, y la chica me sentó en una mesa que estaba directamente frente a un indigente que también estaba cenando. Ciertamente en mi país ves muchas cosas desagradables, pero eso no incluye ver a un indigente en un restaurant que, en teoría, te debe brindar un ambiente agradable.
Llegando al Estadio

            Llámenlo discriminación, porque lo es, aunque también lo pueden llamar sentido común: El sentimiento de un indigente frente a ti mientras cenas y se te queda viendo insistentemente torna la cena en algo incómodo, porque además expele una actitud agresiva que se siente en el ambiente (además del olor por falta de baño).

            Con este pasaje, para mi Dennys ha caído a la altura de un McDonalds en cuanto a la calidad de sus comensales y el ambiente esperado, por lo que me hace valorar más un Panera Bread, en donde se me dificulta visualizar a un indigente entrando en él. Sí, soy una pésima persona, si usted es lector@ asidu@ a este blog, ya debería estar acostumbrad@. ¬_¬.

            Pero en fin, después de evidenciar toda mi superficialidad, discriminación y basura de esencia, pasemos al motivo principal de mi viaje.

Miami 26 – Arizona 23
La remodelación quedó muy padre

Me gustaba el Estadio de los Delfines pero ahora, con las remodelaciones, la verdad hasta parece uno diferente, y es que les quedó muy bonito. No sólo fue el Canopy o el cambio de asientos, hubo otros detallitos que tornan el lugar más especial, como los murales internos que están repartidos a lo largo de las entradas.

En esta ocasión me tocó acceder al Club House por primera vez en Miami (porque en Chicago ya había entrado), que resulta ser la zona fresa del mismo (los niveles 200).

Adentro está todo alfombrado, los baños son más nice y exclusivos, los negocios de comida están menos concurridos. Al ser la zona en donde están los palcos, las mujeres tenían más producción (traducción ¡estaban buenísimas! H_H).
Ya listo para el juego

También había distintas vitrinas mostrando trofeos, eventos históricos y demás recuerdos de los Delfines (NFL) y los Huracanes (NCAA). Incluso ahí dentro tienen un pequeño salón de la fama de los Dolphins con homenajes a los logros del equipo así como sus jugadores más históricos.

Pero no todo era miel sobre hojuelas al estar en la zona más fresa, porque la gente también era más mamona. Casi no se paraban a aplaudir o alentar al equipo, no hacían escandalo como en las secciones más democráticas y, en general, el ambiente era más snob, menos prendido, más aburrido.

Aunque yo tampoco canto mal las rancheras respecto a la mamonería porque, junto a mí, estaba sentado un aficionado de Arizona que me cagaba con sus comentarios tan “coloridos” y escandalosos, pero ahí recordé todas las veces que he sido visitante y la gente me ha respetado, así que hice gala de mi educación y decidí ignorarlo/respetarlo.
Los Dos Campeonatos de Miami

           A pesar de la poca energía de la zona mamona, el apoyo en general fue increíble, creo que es el primer partido en Miami que en verdad siento que somos locales. La energía del público, el ruido para aturdir al rival y la pasión mostrada no la había sentido en ninguno de los juegos anteriores. El Canopy y la racha ganadora contribuyeron en gran parte a esta sensación que sólo había sentido en Buffalo (obviamente apoyando a sus Bills). Esto en verdad fue sobresaliente con el público villamelón y/o convenenciero del sur de la Florida.
Muchos murales dentro del Estadio


         Pero la mayor sorpresa que me llevé fue la reacción generalizada con la lesión de Tannehill, porque fue descorazonadora para el equipo y la afición. Resulta curioso porque, durante los pasados cuatro años, estuvimos tirándole y exigiendo que lo banquearan o cortaran. Pero, ahora que lo perdimos, todos nos sentimos afectados: público, jugadores, periodistas y demás. Eso me hace notar que debemos aprender a valorar lo que tenemos. Parte de ello se reflejó en los aplausos que recibió al salir aunque, siendo honestos, no se comparó a la gran ovación que recibió Matt Moore cuando entró.
video

Fue la primera vez que me senté en una cabecera, lo cual resulta útil para tener una visión más táctica del juego ya que se ven de manera clara los patrones de bloqueo, las rutas de los receptores, los carriles para los corredores y demás. Sin embargo, como espectador, prefiero sentarme en las laterales a medio campo. Lo bueno es que las pantallas gigantes me fueron de mucha utilidad para seguir el juego.

Aunque una gran ventaja de sentarme en la cabecera fue que me tocó el gol de campo definitorio. Ciertamente ya me habían tocado partidos definidos en la última patada, como la victoria contra Seattle en el 2012 o la derrota contra Baltimore en el 2013; pero este gol de campo fue especial al verlo de frente, lo cual resultó un momento muy emocionante.
Entrada a los Jardines de Vizcaya

            El Clima

            Algo que estuvo presente todo el partido fue la lluvia torrencial aunque, gracias al Canopy, no me mojé en absoluto (otra ventaja de sentarse en la zona fresa), algo que no pasó el año pasado en que acabé empapado.

El sol lo llegué a ver hasta el mediodía del Lunes, porque todo el Sábado y Domingo estuvo lloviendo. Esto fue algo raro, ya que cada vez que voy a sur de la Florida el sol es espectacular y a todo lo que da, lo que incrementa el ambiente festivo que ahí se vive.
Wynwood

Sin embargo este clima fue conveniente para mi enfermedad, porque así no tuve que usar bloqueador, cachucha o gafas de sol, por lo que pude ir libremente y olvidarme un poco de mi malestar. Además la lluvia resultó doblemente agradable, porque es de esas que te refresca, que no te da frío, que te moja pero no sientes escalofrío.

Manejar en Estados Unidos
La eterna discusión

Uno creería que manejar es lo mismo en todos lados del mundo, lo cual es una falacia, ya que conducir es una experiencia cultural en cada país que visitas, lo sé porque he tenido la fortuna de manejar en Alemania y en Estados Unidos.
           
Por ejemplo, en México estamos acostumbrados a que la luz verde en los semáforos empiezan a parpadear antes de proceder al ámbar, esto para que acabemos de “aprovechar” la preventiva antes del rojo (Espero que capten el sarcasmo). En Estados Unidos no hay aviso previo ya que allá, por alguna razón, el ámbar sí lo usan como luz preventiva, así que para el status quo mexicano, puede resultar violento que te quiten esa advertencia antes de la preventiva ;-)
Leyendas de mi equipo

De primera impresión, parece que en Estados Unidos manejan más rápido, pero sólo es la sensación de que así lo hacen, independientemente que casi no respetan los límites de velocidad. Analizando esa perspectiva, te das cuenta que esa rapidez te la da conducir con confianza de que no te vas a encontrar un tope, un bache, un perro, un asentamiento, una caja, un despojo de una llanta, un pendejo que se pasa el rojo, que rebasa por la derecha, etc. En México no es normal manejar con tanta libertad y confianza, ya que estás acostumbrado a manejar a la defensiva todo el tiempo.
Historia de mis Delfines

Por cierto, como visitante en Florida, el Google Maps es una herramienta indispensable para manejar por sus vías, ya que sin él te perderías todo el tiempo, con tantas incorporaciones, puentes elevados y demás.

A pesar de lo entretenido que sea manejar, es una verdadera lástima que el transporte público sea casi nulo, a comparación de las grandes urbes, porque siempre preferiré la practicidad y economía del autobús y del metro.

Fort Lauderdale

Después del susto del año pasado, en donde llegamos carrereados al aeropuerto, en esta ocasión decidí quedarme en Fort Lauderdale, ya que me resultó más práctico y cómodo para el regreso.

El aeropuerto de Fort Lauderdale está de buen tamaño, probablemente tan grande como el de Miami, con la diferencia que sentí a la gente de migración más amable, además de que el proceso fue más rápido
Murales coloridos dentro del Hard Rock Stadium

Mi hotel también estuvo ahí, el Days Inn Fort Lauderdale Airport North es de esos lugares buenos bonitos y baratos, con lo necesario para tener un alojamiento agradable y cómodo a buen precio.

Había mucho huésped extranjero, pero también bastantes gringos que tenían una pinta sencilla pero resultaban educados. By the way, en el estacionamiento del hotel llegue a ver garzas, patos y hasta una tortuga, lo cual te da una sensación muy agradable.
El Estadio es muy bello :-)

Te coopero pa’l Muro, Trump

Cuando tomé el vuelo de regreso recapacité y concluí que sí debí comprar el perfume de Trump (haciendo referencia a la primera parte de este escrito), no sólo porque era el que mejor olía, sino para cooperarle con el muro, ¿Por qué? Empecemos con los motivos.

A)    El vuelo de Ida
Vizcaya

Al momento de documentar, son pocas las personas que traen bolígrafo consigo, así que constantemente te lo están pidiendo (falta de preparación), esto cuando traen sus datos o papeles completos, ya que era común que el persona de Jet Blue los corrigiera a cada momento.

Cuando por fin lograban llenar sus formas de manera satisfactoria, era común que intentaran colarse a la fila, con el pretexto que llegaron antes (Claro, pero con los papeles incompletos).
Detalles de muy buen gusto en los jardines

Finalmente, antes de abordar, pase a desayunar en el food court del Aeropuerto pero, como eran las 4AM, había mucha gente durmiendo en las sillas y mesas destinadas para los comensales.

No critico que duerman en el aeropuerto, ya que hay quien tiene tiempos de conexión bastante largos o que simplemente vienen cansadas; lo que me molesta es que ocupen un espacio que está reservado para los comensales, dando una pésima imagen al lugar, además de que resulta incómodo comer junto a alguien que está roncando.
Wynwood

Pero lo menos grave es lo que hacen en casa mis compatriotas, sino que se van a lucir al extranjero con actitudes peores.

B)    El vuelo de regreso

Al momento del abordaje, como “buenos” mexicanos, todos al aperre en la entrada, sin importar que su grupo no fuera el llamado a abordar. De hecho el personal de Jet Blue tuvo que detener en un par de ocasiones el abordaje porque la muchedumbre impedía el paso los que sí les tocaba ingresar. Fue necesaria dicha acción porque la gente simplemente no se movía a petición del personal de la Aerolínea.
Wynwood

Ahora, algo que tiene culpa compartida Jet Blue fue el permitir a gente que subía equipaje mucho más voluminoso que el permitido, gente gandaya que subía dos maletas a la cabina, usando de pretexto el objeto de mano al que tienen derecho. Esta misma calaña que se apaña lugar en la cabina y la gente que sube al final ya no tiene espacio para poner su maleta. Ciertamente la aerolínea debió poner orden al momento de abordar, pero también es reprobable esta gentuza desleal que se apropia de espacios que no les corresponde.
Hard Rock Stadium

Ya en el vuelo, te ofrecen un refresco y una botana de cortesía, si gustas más lo puedes comprar, algo que me parece decente. Pero al mexicano le das la mano y se toma el pie, porque esta bola de corrientes tomaban de dos o tres botanas al momento de ofrecérselas. Lo mismo con los refrescos, que pedían otro adicional cuando claramente sólo se les ofrece uno. Nadie compró nada abordo, pero sí tenían la desfachatez de exigir más cortesías. Las aeromozas se mostraban contrariadas pero, por educación, atendían las peticiones de tan gandayas pasajeros. Esa falta de educación mexicana suele ser la regla y no la excepción.
Ya vendrán nuevos campeonatos

Las aeromozas parecieron más cuidadoras de kínder, porque siempre tenían que estar atendiendo peticiones ridículas de los pasajeros, además de invitarlos a sentarse, ponerse el cinturón y hacer uso correcto de los baños. Te dicen que te pares lo mínimo indispensable y esta gente se la pasaba de pie, y eso que fue un simple vuelo de tres horas, no me los imagino en uno intercontinental.
Chulada de Estadio

Ya sé qué nada cambia con mis quejas, y que ya debería estar acostumbrado a tanta corrientez de mis compatriotas. Por fortuna (o desgracia) no me acostumbro a la naquez mexicana que, en teoría, al ser de los más desarrollados, por tener la posibilidad de viajar al extranjero, debería ser nula pero, nuevamente compruebo, el dinero no compra la educación.

Me gusta Miami
Saliendo Feliz después de la victoria

En fin, tal vez nunca lo he dicho tan claramente en los escritos anteriores pero ahora lo quiero dejar en claro: me gusta mucho visitar Miami y, mientras pueda, regresaré cada año de mi vida. No en vano es el lugar que más he visitado en los últimos años junto con Jalcomulco.

Sé que hay ciudades más elegantes, sofisticadas, entrañables o turísticas que esta urbe al sur de la Florida, pero el toque latino, la amabilidad de la gente, el clima tropical y, obviamente, mis Dolphins, hacen que siempre me sea grato visitar este lugar que ya tiene un lugar en mi corazón.


Hebert Gutiérrez Morales.