domingo, 27 de noviembre de 2016

El Zoológico y el Parque Balboa (San Diego: Parte 1/3)

En el Jardín Japonés del Parque Balboa
            Al ver por la ventanilla, el espectáculo resultaba extrañamente atractivo: el paisaje desértico antes de aterrizar en Tijuana era inexplicablemente bello, con una orografía que me hizo anhelar las Barrancas del Cobre. Sin embargo, al ver la zona urbana desde las alturas, recordé que alguna vez escuché: “Lo más bonito de Tijuana es San Diego”.

            Por $16 USD cruce por el puente internacional CBX mismo que, en teoría, te ahorra muchos trámites y, como mi tiempo era oro en este viaje, los pague con gusto. Aunque ya sabía que los norteños en México son educados y generosos, me sigue encantando que se mostraran amables, serviciales y atentos al orientarme de cómo llegar a San Diego, esto sin importar que no contratara su servicio de transporte. Hecho que no me imagino en el lugar en donde vivo, por la actitud egoísta que prevalece en el centro del país.
Un Canguro echando la hueva

            En la autopista que te lleva a San Diego, el paisaje árido continuaba, pero la sensación era otra ya que, conforme avanzas, las casas se tornan más fresas y la infraestructura de primer mundo te borraba el deprimente paisaje que ves unos kilómetros al sur. Ya en la ciudad, la encuentras tan bonita que se te dificulta entender que forme parte de ese ambiente tan árido.

            Llegué en friega al hotel, porque aún era buena hora para aprovechar el día (10AM), así que me puse las bermudas, por el intenso calor que hacía, y procedí a cumplir el cargado itinerario del sábado.
Un Koala que casi no se mostraba

            El Zoológico de San Diego

            Estaba muy preocupado por la extensión del zoológico (40 hectáreas), así que comí algo antes de empezar a recorrerlo a paso veloz. Era el día previo al partido de mis Delfines, así que me encontré con bastantes aficionados del equipo y, como llevaba mi gorra alusiva, intercambiamos palabras, saludos o expresiones de ánimo para el juego.

            Conforme avanzaba por el sitio, le fui bajando de intensidad a mi paso, por dos factores: primero llevaba tres días seguidos durmiendo poco (por la redacción del escrito de Trump y por la preparación del viaje) y en segundo lugar porque me fui desencantando del lugar.
Figura hecha de arena

            No me malinterpreten, este zoológico es de los más populares del mundo y ciertamente está muy bonito y no he estado en alguno mejor. Mi desencanto era más de índole personal, porque me dejé contagiar a la emoción de los comentarios previos de mis amistades sobre dicho lugar, tanto las que lo conocían como los que lo querían conocer. Así que me crearon muchas expectativas que no me pertenecían.

            Ahí me resultó claro el por qué llevaba más de 15 años sin ir a un zoológico, esto sin contar Animal Kingdom o Xcaret que no lo son al 100%. El último fue Africam Safari, que no es uno común, porque los animales están en espacios abiertos, con un poco más de libertad que en una jaula. Sin darme cuenta aquel niño que amaba los zoológicos con el tiempo los empezó a odiar o, corrijo, a desencantarse de ellos.

            Y es la misma razón por la que me desencanté con los Museos de Historia Natural, que eran los favoritos de mi infancia, sólo que esa impresión con los animales disecados, ahora fue más impactante al verlo con los reales que están “muertos” en vida.
El desesperado Serval

            Me empecé a deprimir cuando vi a un Serval dando vueltas en su prisión como loquito, con una clara angustia en su lenguaje corporal, ya que es una criatura muy activa y necesita amplios espacios para moverse. La gente estaba encantada con el pobre felino y le sacaba fotos sin cesar. Al inicio también le había sacado foto pero después me resultó triste cuando capté el sentimiento de desesperación de la pobre criatura. Y es que ésa es una de las metas de los zoológicos: encerrar animales para nuestro entretenimiento.
Flamingos

            Los siguientes que me llamaron la atención fueron los elefantes que, aunque se veían bien cuidados, también capté dicha desgana en sus gestos, como una especie de hartazgo, algo que también note en rinocerontes e hipopótamos. Y muchos dirán que son bestias grandes y por lo mismo no tan dinámicas, pero era muy evidente su hastío, por lo menos ante mis ojos, que captaron dicho sentimiento y empaticé con ellos.
Ya en el camión me relajé un poco

            El que me terminó de fulminar fue el pobre Oso Polar. Con calor intenso de San Diego (y eso que era Noviembre), el pobre animal se veía sofocado (por más clima artificial que tuviera). Además, por más que esté cuidado, aunque honestamente no se notaba, el desgano que tenía el pobre era notorio, me imagino por el agobio de tanta gente escandalosa que lo va a ver.

Pensé que me iba a echar todo el día en el zoológico, pero a las dos horas ya estaba fastidiado, así que me enfoqué en recorrerlo todo ya sin detenerme a contemplar el enclaustramiento de las víctimas.
La elegancia del pájaro secretario

            Obviamente había criaturas que se notaban muy cómodas con su estancia en prisión: comida, agua y un lugar seguro en el cual vivir sin gran esfuerzo, animales que no tienen un instinto salvaje tan pasional o que, con el tiempo, se acostumbraron a ser domados.

            Estaba a punto de irme con un mal sabor de boca, pero opté por subirme al autobús que daba tours alrededor del sitio, con el afán animarme un poco. Ciertamente la narración de la conductora resultó un bálsamo de alegría y en algo me endulzó la visita, así que a continuación les comparto lo bueno que capté en dicho lugar.
El perro está encerrado con los Chitas

            Uno de los animales que me encantó por su gallardía, personalidad y elegancia fue el Pájaro Secretario, un ave que no conocía y que me encantó su forma de moverse tan decidida, firme y extrañamente fascinante. Esta especie es única en su familia y se distingue por cazar serpientes.

            Algo que me enteré en el tour del autobús fue un programa del zoológico en que crían a chitas en compañía de perros, mismos tienen encerrados juntos para que convivan, por lo que se acaban formando lazos afectivos profundos. Esto ayuda a que los chitas sean más sociables y sean relativamente domesticados por el vínculo que existe con los perros (incluso les ponen sus correas y los sacan a pasear).
Ya en el Teleférico me sentía más animado

El zoológico tiene otros programas en los que apoyan a la conservación de especies en peligro de extinción dentro de su propio hábitat, aunque eso no me quitó la sensación de decepción por los animales encerrados. A pesar de dicho sentimiento reconozco que el lugar está muy bien montado, con instalaciones de primera, souvenirs de lo más padres y creativos, gente amable que está dispuesta a orientarte

            También he de decir que el atractivo visual me tuvo entretenido, porque con el glorioso día que hacía, había muchas chicas con shortsitos, tops y falditas me levantaron mucho el ánimo, sin ese apoyo moral creo que me hubiera ido desde la primera hora H_H.
Muchos turistas en el Parque Balboa

            Y para cerrar bien mi visita me subí al teleférico para ver el zoológico desde las alturas, y esa última parte fue la más divertida, así que pude dejar el lugar con un ánimo más alegre y hasta pase a comprar unos recuerdos para unas amistades.

            El Parque Balboa

            El Balboa Park es muy bonito y enorme, de esos parques que parecen bosques tipo Central Park, Golden Gate Park, Tier Garten, Hyde Park y demás. En él se albergan una buena cantidad de museos dentro de edificios históricos, todos estos a lo largo de la avenida El Prado.
El día estaba pletórico

            Mientras caminaba por la calle principal, veía gente correr y los envidiaba profundamente. Y es que había decidido que este viaje no iba a trotar por dos razones: tenía resentido el tobillo izquierdo y, como iba a caminar mucho, no quería agotarme, sobre todo porque continúo con el tratamiento por el Herpes Zoster :’-(

            También había mucha gente paseando a sus perros, mismos que jugaban entre sí, sin importar que fuesen de dueños diferentes. La verdad era un show bonito de apreciar y, de alguna manera, muy relajante.
Resulta curioso ver esa arquitectura con las palmeras

Al salir del zoológico, ya en la tarde del  sábado, el Parque Balboa estaba pletórico, por lo que había mucha gente, tanto turistas como locales. Abundaban los puestos de comida, stands de personas promoviendo sus creencias (musulmanes, ateos, budistas, veganos, etc.). También me tocó una exposición de artistas de cerámica y oleos, mismos que podías comprar, inclusive ahí cerca había una boda (con muchas invitadas muy atractivas H_H), finalmente alcancé a ver algunas figuras de yeso, de tamaño natural, que iban a servir para montar un  Meganacimiento, por las inminentes fiestas decembrinas.

            Ya con esa inyección de vida me dirigí al jardín japonés de la amistad: San Kei En, y creo que fue la mejor parte del Sábado.

            Me gustó mucho el diseño, me sentí transportado a mi amada Isla pero allá vi otros diez jardines y sabía que al de San Diego le faltaba algo: esa obsesión por el detalle que tienen los nipones. Es claro que el lugar estaba muy bello y cuidado, pero no excelente e impecable como los de allá, en donde parece que cada hoja fue puesta en su lugar con una intención en específico. Y es que eso pasa con los viajes: ya no vuelves a ser el mismo. Después de lo vivido en Japón, mis gustos respecto a dicha cultura se sofisticaron.
Esa tranquilidad que se respira en un jardín japonés

            Después del Jardín fui al Museo de Arte de San Diego, a unos metros de distancia. Al llegar se me acabó la pila del celular y, tontamente, no lleve la de repuesto (se me olvido en el hotel con las prisas -_-). Por fortuna sólo hubo tres pinturas que hubiesen ameritado una foto y, hasta eso, no eran las mejores de toda mi vida, así que puedo vivir con ello.

            El museo está bonito, pero MUY breve. Obviamente sería injusto de mi parte compararlo con los museos gigantescos de su tipo que hay en ciudades como Nueva York, Chicago, Washington, Londres, Berlín, San Francisco y demás urbes que he tenido la fortuna de visitar. Así que, continuando con el comentario del jardín japonés, de los tantos cambios que experimentas al viajar es que te vas volviendo (más) mamón en tus gustos y perspectivas.
Un momento de comunión con la naturaleza

            Para cerrar mi visita al Parque Balboa, fui al Museo del Hombre, dedicado a la antropología, mismo que se encontraba en una especie de edifico clásico que aparentaba ser una iglesia antigua pero, después me enteré, fue levantada a inicio del Siglo XX para una exposición.

            Este museo igualmente resultaba pequeño, sin embargo me resultó mucho más interesante. De entrada tenían una muestra breve pero completa de la evolución humana tema que, por más que veo, siempre me acaba interesando y, pareciera, cada que visito una de estas exposiciones acaban de descubrir otro familiar homínido nuestro.
Postales sencillas pero bellas

            Las exposiciones eran variadas, más democráticas (habrá quien diga más “vulgares”) pero igual de interesantes, y me refiero a la historia de la cerveza. Este tipo de temas atraen a más público al museo y, con algo de suerte, sabrán algo de un tema menos académico pero, con que aprendan algo ya vamos de ganancia.

            Una exposición llamativa estaba dedicada al mundo maya, con fotos y objetos originales, incluidas algunas estelas traídas de Guatemala. Y otra que resultaba una delicia, tanto para niños como para adultos, se  llama “Monstruos” que estaba muy entretenida, en la cual indicaba el origen de muchas criaturas alrededor del mundo, además visitabas sus “hábitats” así como conocías el origen de su leyenda. Ciertamente la disfrute mucho y, si hubiese venido en mi infancia, la hubiera disfrutado más.

            Había una exposición que me llamaba poderosamente la atención y, como mi tiempo era corto, decidí omitir los orígenes de las tribus nativas de California, así como una breve exposición dedicada a Egipto. Y es que, continuando con el tema de la mamonería, ¿Qué me iban a enseñar que no hubiera visto ya en museos de Londres, Berlín, Nueva York o Washington? Además la  cultura egipcia no es mi favorita.

            La exposición que sí deguste de principio a fin y con lujo de detalle se llama “Razas: ¿Somos tan diferentes?” en la cual se exploran los orígenes sociales, históricos y culturales de la percepción de las etnias humanas, a pesar de que la biología nos dicta que somos básicamente los mismos.

            Por ejemplo, los cambios de clima y de ambiente fueron modificando nuestra genética, ya que oscurecía la piel y quitaba vello corporal para los que habitaban zonas muy cálidas o, para los que vivían en zonas frías, les aumentaba el pelambre, así como se aclaraba la piel.

            También estaban los orígenes del racismo, cuando se empezó a considerar a los blancos como tal, lo cual dio origen a las ideas de superioridad, así que te comparten muchas de las medidas segregativas a lo largo de la historia. Algunas de éstas incluían la prohibición de otras razas para casarse con los “blancos” o las distintas clasificaciones étnicas según la época e intereses políticos; de ahí me resultaron curiosas las demandas legales de ciertas personas para ser considerados “blancos” por el color de su piel (especialmente asiáticos), por lo que se empezaron a nombrar a los blancos como caucásicos, también se habló de las acciones antichinas,  antijaponesas, el esclavismo y otras medidas discriminatorias a lo largo de la historia gabacha.
El Museo de Arte de San Diego

            En fin, dicho museo estuvo muy interesante y fue un buen cierre para el Parque Balboa que ofrece muchas cosas más, pero ya no tenía tiempo. Posiblemente, si vuelvo a visitar San Diego, le dedicaré un par de días a este hermoso lugar.

            Hasta aquí esta primera parte, en la siguiente hablaré del motivo principal que me llevó a dicha ciudad californiana. Ese escrito lo pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

La NFL, Gaslamp y USS Midway (San Diego: Parte 2/3)

Feliz en Qualcomm
            Continuamos con este viaje a la ciudad del sur de California. Si quieren leer el primer escrito de este viaje, lo pueden hacer en esta liga.

Gaslamp.

            Como no iba a correr y, de todas formas me levantaba temprano, me alisté y antes del partido fui a recorrer un poco del centro de San Diego así como su distrito más popular: Gaslamp.

            El lugar está bonito, con esas lámparas de gas, a las cuales debe su nombre. Con los edificios viejos, por momentos, te sientes transportado a otra época. Como fui muy temprano, tuve la oportunidad de ver el sitio sin tanto barullo y me sentí muy feliz y relajado.

            Ya en la noche, después del juego, volví a darme otra vuelta y aunque el lugar seguía bello, el escándalo de la multitud me hizo anhelar lo que sentí más temprano. No hay nada en particular que me haya encantado de Gaslamp, en realidad es el área en su conjunto lo que te llama. Tal vez no sea la zona más bella o clásica del mundo, pero amerita visitarla aunque sea una vez.
Parte de Gaslamp, de día y sin gente

USS Midway

Visité el USS Midway en la mañana de mi último día. Llegué tempranito para recorrer un poco los alrededores antes de ingresar el acorazado. De todo el mame clásico que tienen los gringos con sus fuerzas armadas, hubo dos homenajes al lado de la embarcación que me gustaron mucho, y es que traen un mensaje más importante y profundo que la guerra que representa dicho portaaviones.
La entrada a Gaslamp

Primero es la estatua del marinero que tomó desprevenida a una enfermera al regresar triunfante de la segunda guerra mundial, en una imagen icónica de aquella época, una representación de la cultura pop de aquellos años: a esa foto se le conoce como: V-J Day in Times Square.

Esta representación se llama “Rendición incondicional”, mide casi 8 metros y está muy bien hecha. Me gusta por el atrevimiento que representa, la astucia, el éxtasis, la felicidad, al gandayez y la alegría de estar vivos. Por eso me agrada esa imagen y cada representación que veo de ella.

Al ladito de esta estatua hay un homenaje a Bob Hope, actor que se hizo famoso por el apoyo que brindaba al ir a entretener a las fuerzas armadas durante los conflictos a los que asisten (que pareciera que son todos).

No puedo nombrar ni una película, programa o frase de Bob Hope, sólo puedo decir que ese hombre tuvo un carisma muy profundo y, las pocas veces que lo vi en la pantalla chica, de alguna manera me contagia su buena vibra. Sin duda su apellido fue el adecuado porque sin duda el “Hope” le queda a la perfección a una personalidad que te inyecta mucha confianza, alegría y, con ello, esperanza por la vida.

Ya en el acorazado, la verdad no me emocionaba mucho la visita pero al ser un “Must” de San Diego, me obligue a ir un poco a regañadientes, ya que esa fascinación gabacha por la guerra y sus fuerzas armadas no es algo que me interese.

Obviamente a los gabachos sí les interesaba mucho ya que, para ser la mañana de un Lunes, había fila para ingresar desde media hora antes de que abrieran. Y es que esto de la guerra es parte de su cultura, de su paradigma, de su status Quo, pero no del mío ni de mi cultura. Ese tema ya lo abordé en el escrito “Estados Unidos Bélico” de cuando visité Washington.

A pesar de todo fue una visita interesante, ya que no todos los días te puedes subir a un artefacto tan imponente, además de que te hace consciente la cantidad de recursos ridículos que se dedican a los conflictos armados y lo que se podría hacer con ese dinero por una mayor calidad de vida para el resto del mundo.
Con mi amigo Bob

Pero ésa es una utopía que nunca se realizará a pesar de los Lennon, Gandhis, Teresas de Calcuta y demás personajes pregonen. El destino del humano está atado a la guerra y ahí está la llave de su propio fin. Así que mejor ni me desgasto en ese tema.

Fue una visita entretenida por lo que vi pero, honestamente, al ser un tema que no me atrapa, sólo fui de pasadita. No me intereso conocer la historia del buque, sus batallas y demás, al final no iba a sentir empatía por ellos y no valía invertir mi tiempo en algo que iba a olvidar de todas formas. Así que sólo me quedé con las imágenes del artefacto, sus aviones y uno que otro detallito que llamaba mi atención por ahí.
Recreando una de sus presentaciones

            Así como desprecio su excesivo mame con las fuerzas armadas, hay un aspecto que en verdad amo de la cultura gringa. No se asuste, sí voy a hablar de NFL pero, si lee con atención, creo que trato más sentimientos, relaciones, alegrías y demás aspectos humanos que técnicos. Y, tal vez, eso amerite que le dé una oportunidad al resto del escrito.

El día del Juego

            Me gustan los viajes largos que hago a lugares que no conozco, especialmente los que están fuera de Estados Unidos. Sin embargo, los viajes que tienen como motivo principal la NFL resultan especiales. Y es que, por un lado trato de conocer una ciudad nueva y, por el otro, disfruto del gran amor que tengo por este deporte y por mis Delfines de Miami.
Metiéndome en su intimidad

            Como ya mencioné, salí muy temprano del Hotel, con mi jersey de Miami. Algunas personas me apoyaban, a pesar de ser locales, con un “Go Miami!” “Go Dolphins!” o simplemente un “Fins Up!”.

            También me encontraba con fans de los Cargadores, con su jersey de San Diego y, más que echarme mala vibra, se detenían un rato y sosteníamos una breve conversación amistosa “Va a ser un juego duro, va a ser divertido, qué envidia no puedo ir”. Nadie, en absoluto NADIE, fue agresivo ni violento conmigo, puro respeto y buena vibra.
Listo para el juego desde Gaslamp

Obviamente también me encontraba con fans de Miami y nos saludábamos y hasta uno que otro abrazo recibí, como si fuésemos conocidos de mucho tiempo y nos diera gusto volvernos a ver. Y es justamente por ese tipo de ambiente que me encanta asistir a partidos de mis Delfines.

Llegué en tranvía al estadio Qualcomm, lo cual resultó una maravilla por lo barato y eficiente, además me dio la oportunidad de ver más allá del centro de la ciudad, así que pude corroborar que San Diego es una urbe pequeña pero bonita y, con la gente tan amable que tiene, se torna aún más bella.
Hay lugar para más de 71000 aficionados

Ya en el juego, algo que me encanta es formar esas “pandillas virtuales” de forma esporádica: gente a tu alrededor que le va a tu equipo con la cual intercambias comentarios del juego y una buena cantidad de “Hi Five” cada vez que hay una buena jugada; esa complicidad padre e íntima que ignora de razas, creencias, preferencias, género y demás. En ese momento todos somos Dolphans, por tres horas somos una sola familia e incluso más allá porque, al caminar por Gaslamp, nos seguíamos cruzando y seguían los saludos con los puños, un High Five o una simple mirada de alegría.
A pesar de tanto calor, lo disfruté a cada momento

Dolphins 31 – Chargers 24

Resúmenes y comentarios del juego los pueden encontrar en Internet, así que voy a comentar aspectos más relevantes que tuvo para mí el partido. Esta sección sería la única en que habló con lenguaje técnico del juego, si esto le aburre, puede saltarse con toda confianza a la siguiente sección.

Primero, y sobre cualquier otra cosa, me da gusto que mis Delfines están dando vuelta a la hoja de tantos años de mediocridad y se nota un cambio de cultura, ya que se nota en la intensidad e inteligencia con la que están jugando.
Paracaidistas que fueron parte del Show antes del juego 

No sé cómo ni por qué, pero lo que siento por este equipo es auténtico amor porque, cada vez que juegan, me vale pepino el Fantasy, la quiniela, el resto de la liga y, para acabar pronto, el resto del mundo, porque en ese momento sólo quiero que ganen y jueguen bien.

Fue un juego muy entretenido, de toma y daca, en donde Miami cambió el tenor de juegos pasados que ganaron a base de juego terrestre y defensa. Como la defensiva por tierra de San Diego detuvo bien la corrida, ahora Tannehill tuvo que ganarlo y dio uno de sus mejores partidos.
La Patada inicial

Ahí recordé que empecé a irle a este equipo por el circo aéreo de Dan Marino pero ahora, con el paso del tiempo, me emociono más cuando mi equipo gana con juego duro y antiguo: defensa y juego terrestre. Pero nuestro mariscal de campo jugó tan bien en esta ocasión que no me puedo quejar.

Ahora, no me dejo cegar por la victoria, honestamente no jugaron excelente, porque hubo unos errores muy tontos. De hecho gran parte del triunfo se dio gracias a que Rivers lanzó cuatro intercepciones en el último cuarto, algo que dudo volver a ver. A pesar de ello no siento como nos lo hayan regalado, porque para compensar, los referís estuvieron muy cargados al local, además no se sintió como que el resultado haya sido injusto, porque Miami estuvo luchando todo el tiempo.
Una victoria muy reconfortante

Durante el partido comentaba, en el grupo de la NFL del Whatsapp, que no me importaba si ganaban o perdían mientras jugaran con tanta intensidad, entregando todo lo que tenían, no iba a tener motivo para reclamarles. Esa perspectiva también cambio de cuando era niño, que sólo me enfocaba en que si ganaban o perdían y no en la forma en que jugaban. Por eso  estaba furioso cuando ganaron contra Cleveland en la jornada 3 de esta temporada, porque fue un juego horrendo que merecíamos perder y que los Browns nos regalaron.
Hasta parece que trabajo en los despegues

Habíamos bastantes aficionados de Miami, entre un 35% y 40% del publico éramos Delfines, y nos hicimos escuchar con los “Let’s Go Dolphins”, con el “DeFense” o, cuando lanzaban el grito de guerra de San Diego (en el que dicen “Charge!”), nosotros gritábamos “Dolphins!”

Cada anotación la celebré hasta desgañitarme, pero la intercepción de Kiko Alonso fue la locura: en la tribuna nos pusimos a gritar, a abrazarnos, a brincar e incluso hasta las lágrimas salieron (no sólo las mías), fue una jugada impresionante y uno de los momentos más intensos, memorables y felices que voy a atesorar el resto de mi vida.
Vista de la pista desde la Torre

San Diego, una gran ciudad, digna de la NFL

Durante el juego extrañé el sol, y no porque no hubiera, de hecho hacía un calor impresionante pero, por los cuidados que aún debo de tener por el Herpes Zóster, tuve que ir de gorrita, lentes oscuros y con bloqueador solar. Ahí recordé que me encanta asolearme y no me había dado cuenta de ello hasta ahora que lo tengo restringido.
En la Torre de Control

¿Por qué menciono esto? Porque justamente una de las quejas de la afición de Miami era el intenso sol que hace a la hora de los partidos. Y ésa fue una de las razones por las que el Sr. Ross (dueño del equipo) invirtió 500 Millones de USD en modernizar el Hard Rock Stadium y, entre las mejoras, hay un techo parcial que da sombra a gran parte del público. Ya pronto visitaré el estadio remodelado :-)

¿Y por qué mencionó el Hard Rock Stadium? Porque el estadio Qualcomm es bonito, pero ya está viejo para lo que requiere la liga. Y no es un detalle, de hecho son bastantes: las pantallas son las más diminutas que he visto en todos los estadios que he visitado; dentro de estos, es el primero que visito y no tiene WiFi (por fortuna tenía mi paquete de Datos); en cuanto a amenidades, no hay tantas fuera del inmueble ni mucho espacio para montarlas.
"Go!"

Por tal motivo ya han pasado 13 años desde la última vez que ahí se celebró un Súper Tazón y, sin duda alguna, ya no va a haber algún otro en dicho inmueble. Esto a pesar de que es un estadio clásico e ideal para el fútbol americano, pero llega un punto en este mundo material en que la modernidad empieza a pesar más que lo clásico, que los valores. No estoy de acuerdo con ello, pero el que esté o no a favor de esa tendencia,  no le va a impedir al mundo que vaya en esa dirección. Y es que en estas épocas importa más lo que vendes que las tradiciones.

Lo más seguro es que en el 2019 los Cargadores se muden al nuevo estadio de los Carneros en Los Ángeles, esto porque la ciudad rechazó gravar más impuestos para pagar un nuevo hogar para sus Chargers. Y en verdad es una lástima que San Diego corra el riesgo de quedarse sin su equipo.

¿Por qué menciono esto? Al finalizar el partido, las muestras de alegría y saludos continuaron entre los Dolphans sin embargo, curiosamente, platique más con los fanáticos de San Diego mientras hacíamos fila para el tranvía de regreso.
Viendo los homenajes desde la pista de despegues

La conversación fue para felicitarme por el triunfo de mi equipo pero yo reconocía que su equipo era más fuerte y que uno nunca ve cuatro intercepciones de Rivers. Creo que eso es caballerosidad en el deporte y se siente muy bien.

Criticaré a los gringos cada vez que me sea posible (admito que es parte de mis hobbies), PERO debo reconocer que, por lo menos en el deporte, suelen ser personas muy educadas, civilizadas, atentas y hasta amigables, sin importar el resultado, sin importar si eres local o visitante.

Y debo reconocer a la gente de San Diego que antes, durante y después del partido todos fueron muy amables conmigo, a pesar de traer mi jersey de Miami y que mi equipo venció al suyo. Siempre me abordaron con una sonrisa y con una educación que hace que me duela que la mudanza de su equipo.

            Hasta aquí esta segunda parte. En la tercera voy a hablar de esos momentos en los que te adaptas a la cultura gabacha con tus valores mexicanos, a veces por las buenas, a veces por las malas y a veces alcanzas una tregua. Ese tercer escrito lo pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Vivencias mexicanas agringadas (San Diego: Parte 3/3)

En el Teleférico del Zoológico de San Diego
            Vamos a cerrar este interesante y enriquecedor fin de semana en San Diego, con muchos de los aprendizajes personales que me traje en mi breve estancia. Para leer la segunda parte de este escrito, pueden pinchar esta liga.

Moralejas en Panera Bread.

            La tarde del sábado, después del parque Balboa, regresé al hotel para formalmente hacer el check-in, bañarme e ir por algo de comida. Llevaba siete horas desde que comí en el zoológico y estaba hambriento. Caminando hacia el centro me dije “Ya no quiero la comida gringa engordante, voy por algo más sano”. Así que puse el Google Maps y vi que había un Panera Bread unas cuadras adelante.
Junto a los Muelles

            Desde que lo conocí en Chicago, amé este sitio y, siempre que puedo, como ahí. “Sí, nada de hamburguesas, me voy a echar una sopita y un sándwich, así no engordo tanto” . . . . ¡Claro! ¬_¬U

            Todo se veía tan rico que pedí una sopa pequeña acompañada de un pan integral delicioso, un sándwich de pollo y aguacate acompañado de papas y una deliciosa limonada. Además, tenía una promoción y me dieron un postre a un dólar, oferta que no podía desperdiciar pero, como era pan de dulce, necesitaba una bebida caliente, así que me pedí un chocolatito espumoso.
En el Parque Balboa

            Moraleja #1: Para la otra vete a las hamburguesas.

            Al otro día, regresando del partido, lo volví a intentar, pero ahora sí me hice la promesa de sólo comer la sopa y el Sándwich, nada de postres por más baratos que estuvieran. Todo iba bien hasta que di mi número de cliente (que saqué desde Chicago) y, de pronto, tenía derecho a un postre gratis. Ahí me di cuenta que el Universo dictaba que no puedo comer poco en Estados Unidos, así que acepté mi destino y pedí un cappuccino (sin azúcar para sentirme menos gordo) para acompañar mi postre.
En el jardín japonés

            Moraleja #2: En Estados Unidos no te estreses por mantener la figura, así vayas a Panera Bread. Simplemente disfruta tu comida.

            El Shopping

            Regresando a la noche del Sábado, no estaba planeado que hiciera shopping en San Diego pero, cerca del Panera Bread, había un Hot Topic (una de mis tiendas favoritas en todo el mundo), así que no podía pasar de largo sin visitarlo.
En la zona deembarcaderos

            Antes de entrar a Hot Topic, siempre me invade una emoción infantil, porque sé que sigo siendo un niño por dentro, pero con la cartera de un adulto, así que mi emoción radica en que puedo comprarme todo lo que me enamore del lugar.

            Sin embargo, a pesar de pasármela de lujo en dicha tienda, en donde sonreí bastante con tantas cosas tan ocurrentes y creativas que tienen, por primera vez en mi vida, salí sin comprar nada, lo cual fue un verdadero shock.
Un momento de paz viendo la costa

            “Estás envejeciendo y/o estás madurando” me dije, mientras salía con un dejo de frustración por salir con las manos vacías, pero es que no hubo nada que me encantara. Ciertamente muchas cosas me gustaron, pero en Estados Unidos tengo la política de sólo comprar lo que en verdad me fascine. Igual y tuve mala suerte.

            Ya no tenía muchas ganas de ver Gaslamp esa noche, por lo que volvería al día siguiente. Inicie mi camino de regreso por la Cuarta Avenida cuando algo en mi interior dijo “voltea” y ahí estaba un Ross. Traducción: Otra oportunidad para comprar.
Postal a bordo del USS Midway

            Ciertamente en Ross sí compre, pero tampoco a los niveles industriales de otras visitas, y ahí me di cuenta lo que sucedió en Hot Topic: Con el paso de los años te vas volviendo más exquisito.

            Las primeras veces, al conocer tan maravillosas tiendas, compraba a lo bruto, por los artículos tan originales de una y por los precios de regalo en mercancías de calidad de la otra. Ahora en Ross adquirí cosas específicas, que me hacían falta, así como privilegiaba a las de mayor calidad, así que compré un poco menos que visitas anteriores pero con un estándar más alto.
¿Unas Carnitas? :-P

            Retomando mi camino de regreso, una de las cosas que puedes disfrutar en este tipo de ciudades gabachas es la seguridad que sientes al ir caminando en una avenida solitaria, de noche, llevando una maleta llena de compras y saber que estás seguro. Seguramente no es así en todas las poblaciones estadounidenses pero, por lo menos en las que he visitado, siempre me he sentido seguro.

            ¿Jet Lag en San Diego?

            Sé que suena ridículo, pero así es: nunca me ha afectado un Jet Lag, ni las 15 horas de diferencia con Japón ni las 7 horas con Europa. Normalmente mi táctica en dichos viajes es no dormir en el vuelo de ida y llegar rendido a la primera noche, así que ya estoy al tiro a la mañana siguiente.

            A pesar de ya haber estado en California hace un par de años, no me adapté al horario de San Diego, aunque sólo eran dos horas de diferencia, por fortuna, sólo fueron tres días. No ayudaba que el sol empezara a ponerse antes de las 5pm, o que amaneciera antes de las 6am. Tal vez era la falta de sueño que arrastraba de los días anteriores, o tal vez fuera el calor que hacía e incomodaba el sueño.
El Museo de Arte de San Diego

El caso es que mi cuerpo no se terminaba de adaptar a las horas de sueño ni a las de comida, así que comía muy temprano o muy tarde, así como me dormía tarde y me levantaba temprano. En fin, un caso raro y ridículo de Jet lag que se resolvió al regresar a tierras mexicanas.

            Dándole su lugar a México

            Para nadie es un secreto que el gabacho suele ser muy egocentrista, al grado que muchos de ellos sólo se concentran en lo que pasa en su tierra e ignoran lo que acontece en el resto del mundo. Obviamente, como en todos lados, también hay gente muy informada de la realidad alrededor del orbe pero, en mi limitada experiencia yendo a Estados Unidos, a los gringos no les interesa que pasa fuera de sus fronteras si no les afecta.

            Aun sabiendo eso, el siguiente pasaje en verdad me sorprendió.
Asientos personalizados en el USS Midway

            Estaba comprando algunos souvenirs en una de las tiendas de Gaslamp, dentro de los cuales había muchos con toques marcadamente mexicanos. Le pregunte a la señorita si no tenía otro estilo de mercancía ya que, aunque estaban muy bonitos, pues yo venía de México y no iba a comprar algo en el extranjero que fácilmente encuentro en mi país.

            La chica que tenía obvias raíces mexicanas me dijo (en inglés): “Sí, a muchos les gusta pero no a los mexicanos, por lo mismo que usted menciona. Los que no son mexicanos nos preguntan la razón de dicha estética, a lo que les contestamos que porque somos vecinos muy cercanos”.
Esto de cruzar la frontera da un sentimiento raro

No pude quedarme callado ante tal barbaridad y le aclaré a la chica que, en realidad, todos esos souvenirs tenían un toque mexicano porque casi todo el sur de Estados Unidos, incluido California, originalmente le pertenecía a México. “¿Ah sí?” me contestó un poco extrañada “Alguna vez escuché algo de eso, pero no sabía si era verdad”, lo cual me ocasionó un indignación interna, pero ya no quise seguir con la plática, no tenía ningún caso.
Postal desde la pista de despegues del USS Midway

Me sorprendió la falta de cultura, no del gringo promedio (que ya la conocía), sino de la chica que, a pesar de sus claras raíces latinas (muy probable mexicanas), no sabía esa parte de la historia. Sin duda para México (el afectado) es más importante la pérdida de California, Texas, Arizona, Colorado y demás estados  que para los Gringos (beneficiados), pero historia es historia y, me parece, es importante conocer los hechos más relevantes.
Parque Balboa

No le pido a la chava que conozca los motivos, el año y demás, simplemente que sepa el hecho en general. Si tienes souvenirs en la tienda de la República de California y detalles alusivos al día de muertos mexicano, por lo menos entérate del por qué vendes eso.

Y para cerrar esta sección, un tema adyacente al mismo tópico.
Jardín Japonés

Había unos imanes muy padres con la bandera de la República de California pero, por tonto que suene, por lealtad a México, no los iba a comprar ¿Por qué? Aunque ya he dejado de culpar a los Gringos por “robarnos” más de la mitad del país y de todas nuestras desgracias (Como lo hace una gran parte de los mexicanos), eso no quiere decir que de pronto voy a celebrar cuando California o Texas se declararon independientes.
Entre Gaslamp y el Centro de Convenciones

Comprendo sus razones y, como alguna vez comenté en la visita a Las Vegas, me alegro por ellos porque con nosotros no hubieran avanzado lo que han desarrollado. Pero una cosa es aceptar el pasado y otra muy distinta celebrarlo y, aunque sea una estupidez, por amor a mi país, nunca voy a alegrarme que nos hayan dejado para que, eventualmente, se volvieran gringos, eso es algo que simplemente no va a pasar.
Vista de la ciudad desde los Muelles

Basura Gabacha

Dentro de todas las cosas que me traje de Japón, hay un aprendizaje que se me quedó muy marcado: generar la menor cantidad de basura posible. Sé que, por el ámbito en el cual vivo, va a ser difícil que llegue al nivel nipón de eficiencia con los residuos, pero intento ser mejor gracias a su ejemplo, al ver lo civilizados que pueden ser.
Gaslamp de noche

Es difícil lograrlo, y no pretendo que todos me imiten, porque en mi país se genera una cantidad impresionante de basura, aunque no tanto como en Estados Unidos. Es por ello que cada vez que compraba algo, evitaba una bolsa adicional o, en el caso de la comida, les devolvía lo que no había usado y que estaba limpio (Servilletas, cubiertos, platos, etc.) pero la gente me veía extraño y, no lo dudo, seguramente tiraban lo que les devolvía limpio en lugar de volverlo a usar “Este mexicano loco” han de haber pensado “¿Cómo cree que vamos a usar esto? ¿Qué tal si está sucio?”
USS Midway

De todas formas seguiré haciendo mi luchita. Supongo que es más fácil esa actitud de limpieza y ahorro en Japón, en donde la austeridad es una forma de vida, por tal motivo, cuando compras algo, te dan lo indispensable; obviamente si requieres más no te lo niegan pero, de entrada te dan lo que saben que es lo estrictamente necesario, nada de desperdicios. Qué diferente sería el mundo si fuésemos tan limpios y ordenados como los nipones.
Parque Balboa

Regresando a Tijuana

El camino de regreso por tranvía resultó ampliamente interesante. Contrario a lo que pasa cuando llegas, conforme te alejas de San Diego, el paisaje se tornaba más deprimente, porque las poblaciones fronterizas no tienen tanta producción y belleza como la ciudad que había dejado atrás.

Bajé para trasbordar en autobús pero por atento (o sea, por caliente) me subí en el camión equivocado porque una chica de Tijuana con unos enormes  . . . ojazos y unas enormes  . . . intenciones de ayudarme me dijo que también iba a cruzar, pero ella iba por el cruce “normal”, el democrático, en el cual se ponen más duros lo de aduana. Así que el sentido común se impuso a mi calentura (hecho raro en un hombre) y me regresé al puente internacional.

Tuve que caminar tres kilómetros, porque ahí me dejó la ruta más cercana ya que por ahí no pasan taxis al ser una zona industrial. De hechos los automovilistas se me quedaban viendo extrañados, creo que hace mucho que nadie apretaba los botones de cruce peatonal.

Cuando pase por el CBX comprobé que los 16 USD que pagas por cruzar el puente hacen maravillas porque, por primera vez en mi vida, me toco el rojo en aduana y, aunque llevaba la ropa que había comprado con otros souvenirs, no me la hicieron de jamón.

De acuerdo a la chica de Tijuana, cuando pasas por la frontera “democrática”, los de aduana se ponen perros con tus compras y si rebasas los 200 USD, te cobran impuestos. México lindo y querido.
Centro de Convenciones

Ahí me acordé algo que leí en la revista de Interjet, con Susana Zabaleta, una mujer que me encanta, no sólo de manera física sino por su forma de ser tan descarada y cito textualmente: “Me gusta ir a Estados Unidos para acordarme cuanto me gusta mi país. Es en la aduana cuando digo: ‘Bendito sea México, ¡Qué asco de país es este!’”

Y sí, la verdad a veces es difícil defender a mi patria cuando uno ve que, a pesar de que la gente tiene la posibilidad de pasar al otro lado y conocer otras cosas, se siguen comportando sin educación, lo cual demuestran al momento de abordar el vuelo, porque parece un guajolotero cualquiera.
En la zona de los muelles

Pero, como ya estoy tratando de no estresarme por pendejadas, lo acepto porque sé que no los voy a cambiar. Lo único que puedo hacer es evitar reproducirme para que mis pobres hijos no sufran con esta gente tan . . . .¿Cómo decirlo con elegancia? . . . . burda.

San Diego es bonito pero . . .

No sería justo comparar San Diego con San Francisco por dos razones: En San Pancho estuve una semana y todo el tiempo enfocado al turismo. En San Diego estuve de facto poco más de 50 horas y el objetivo principal era la NFL, así que no pude ver mucho.
Fui feliz en San Diego

A pesar de ello, hay algo que no se puede negar, aunque San Diego sea bonito, está en una liga diferente en donde están San Francisco, Chicago o Nueva York. Pero bueno, son pocas las ciudades que están en ese rango: Londres, Tokio, Berlín, Roma, etc.

En fin, a pesar de estar en otra liga, la ciudad me pareció  bonita y la gente en extremo amable, así que regresaría con gusto para conocerla más a fondo y no sólo las atracciones más populares.


Hebert Gutiérrez Morales.