martes, 27 de septiembre de 2016

Tarde lluviosa de Septiembre

           Hoy estaba corriendo en la pirámide de Cholula, era una tarde lluviosa y fría de Septiembre, por el mismo clima casi no había nadie y se postraba una neblina melancólica sobre el pueblo, lo que lo hacía parecer como abandonado, sobre todo porque ya eran las 7pm.

          Siempre me ha encantado este clima pero, por alguna razón, esa estampa me causó algo de tristeza y, extrañamente, en dicho sentimiento encontré alegría. Justo en ese momento me di cuenta que no había nadie alrededor, estaba completamente solo, lo cual potenció mi felicidad, así que cerré los ojos, abrí los brazos y seguí mi trayecto de bajada mientras me dejaba abrazar por la lluvia y el viento.

¿Por qué nació esa felicidad de mi tristeza? Tal vez porque he aprendido a vivir con ella, ya no le rehuyó, ya no me afecta profundamente, de hecho la arropo como parte de mí y la abrazo como una vieja amiga.

          La tristeza me ha dado muchos momentos memorables y aprendizajes valiosos además, para que haya sentido tristeza, es que antes tuve una felicidad previa. La felicidad y la tristeza siempre van de la mano, porque una viene después de la otra, sin importar cuál venga primero, llegará la otra después, de manera irremediable.


          Fui feliz por estar solo, por el clima y por tener la oportunidad de estar vivo. Fui feliz por tener ese momento de intimidad para mí solito. Mi momento duro como un minuto, hasta que apareció otro loco (como yo) que estaba corriendo en medio de la lluvia y, ante la ausencia de gente, nos saludamos cortésmente, como en una complicidad por ser diferentes, por estar zafados y, sobretodo, por no temerle a la naturaleza y salir a vivir con ella.


            Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Nada a la Fuerza

“En ocasiones vas a encontrar en situaciones en las que simplemente no logras lo que te propones (tareas, conversaciones, relaciones, juegos, lecturas, escritos, amistades, reuniones, etc.) y por más que te esfuerces, no se dan. Es una estupidez seguir desperdiciando recursos en ello, es mejor dejarlo por la paz, a veces por un tiempo o a veces de manera definitiva. Siempre habrá otra oportunidad para volverlo a intentar porque, cuando las cosas se dan, lo sabes porque fluyen de manera natural, sin la necesidad de forzar nada. No digo que se dé fácil, pero ves resultados acorde al esfuerzo. Hay que aprender a identificar los momentos correctos, para no desgastarte” – Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 20 de septiembre de 2016

domingo, 18 de septiembre de 2016

Enseñarle a vivir sin ti

“Uno de los actos más grandes de amor que puedes hacer por un ser querido es enseñarle a vivir sin ti” – Hebert Gutiérrez Morales.

Miedo a morirme

“No tengo miedo a la Muerte, sólo tengo miedo a morirme. La Muerte no existe, porque nunca dejamos de existir, lo que me da miedo es el doloroso proceso de cambio de una etapa a otra” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 17 de septiembre de 2016

La hermosa Isla de Miyajima (Itsukushima)

Con la O-Torii
Cuando empecé a visualizar el viaje a Japón, los únicos sitios seguros eran Kioto y Tokio pero, al tener dos semanas y un pase para usar el tren bala ilimitadamente, empecé a ampliar mis horizontes.

Originalmente no había planeado visitar Hiroshima, por lo menos no en este viaje, ya que estaba muy al sur pero, al ver que todos mis conocidos, que habían vivido o visitado Japón, me hablaban maravillas de tan hermoso sitio, decidí incluir en la agenda y me alegro de ello porque, el día que pase en este sitio ha sido de los más memorables de mi vida.

Tanto así que lo tuve que dividir en dos escritos.

La llegada

Salí muy de madrugada de Kioto, para aprovechar el día al máximo. Ame cada una de las veces que me subí al Shinkansen, tal vez suene tonto porque es un “simple” tren, pero la experiencia es única. Pero creo que amé aún más la puntualidad japonesa, ya que los horarios son muy exactos, así que casi no tuve tiempos de espera entre cada transbordo (entre el camión y el metro, el metro y el Shinkansen, el Shinkansen y el metro y el metro y el Ferry). No exagero al decir que me bajaba de uno y me subía simultáneamente al otro. Una realidad única esto de transportarse en Japón, tanto que tengo en proceso un escrito sobre el fascinante transporte nipón.
Abordando el Ferry

Decidí visitar primero Miyajima, ya que estaba en el punto sur de Hiroshima y, ya de regreso, pasar la tarde en el centro de la ciudad para no transbordar tanto para el tren de vuelta a Kioto.

El Ferry estaba lleno de turistas y eso que apenas eran las 9AM, pero la embarcación estaba tan amplia que podías disfrutar del hermoso paisaje. Lo primero que me llamó la atención fue una serie de pisos de madera flotando en el mar. Ya en la isla me enteré que servían  para “cultivar” almejas, y es que los isleños viven de dos Industrias: el turismo y las almejas.
Ahí cultivan las almejas

Ya cuando te acercas a la orilla te encuentras con la Torii del Santuario, una puerta en el mar que da una visión espectacular de la Isla y que es uno de los tesoros nacionales japonés.

Primeras impresiones de Miyajima

            Dentro de todos los lugares que quería conocer en Japón, Miyajima no estuvo dentro de ellos, es más, ni siquiera sabía de su existencia. Pero, cuando decidí incluir Hiroshima en el itinerario, investigue los lugares a visitar y, cada reseña que consultaba, me decía que la pequeña isla era un “must”. Esto de la investigación previa te permite encontrar joyas que resultan a veces más esplendorosas que los Highlights más populares.
La Torii al llegar

Justamente ése fue el caso de esta hermosa isla al sur de Hiroshima. Ciertamente fui muy feliz cada instante que estuve en territorio japonés, pero la visita a este lugar fue muy especial, sin duda de las que más disfrute. Miyajima es el pueblo principal de la Isla, cuyo nombre oficial es Itsukushima, pero popularmente se le conoce como Miyajima tanto a la isla como al Pueblo.
Los ciervos andan libremente

            Es una isla llena de naturaleza, con pocos signos de modernidad y un ambiente tranquilo, esto contrasta con la urbe que dejas atrás. Ves cómo te alejas de Hiroshima desde el Ferry y, al estar en Miyajima, es como escapar del mundo “avanzado” y llegar a lo que debería ser nuestro hábitat: una sociedad tranquila, en un ambiente lleno de árboles, sin ruido, sin autos, poca gente, sin todo ese frenesí de las urbes grandes.

            Al igual que en Nara, aquí también hay ciervos que rondan la isla de manera tranquila y libre, aunque no son tantos como la ciudad de Kansai, pero de igual manera se les considera mensajeros de Dios.
La Torii de Cemento por la cual accedes al Santuario

Otro factor que me encantó fue que las antigüedades están muy bien conservadas, de hecho te sientes transportado al pasado, porque son muchos detalles que están perfectamente cuidados y que difícilmente puedes creer que es un sitio histórico.

            El clima estuvo variando del frío al fresco en mis dos semanas en Japón, pero el día de Miyajima estaba pletórico y me imagino la delicia de meterse a su playa en verano, sobre todo que está limpia (como todo en este país).
Clásicas Lámparas Japonesas a la orilla del mar

            La Arinoura O-Torii y la japonesita amable

            La imagen es espectacular, ya había visto una Torii en el agua cuando visité Moto Hakone, pero la de Miyajima es enorme y el hecho de estar en medio del mar te da una estampa aún más llamativa. Oficialmente se llama Arinoura O-Torii, pero es tan grande (16 metros de altura) y tan icónica que todo el mundo la conoce como la Torii de Miyajima.
La Bella O-Torii

            Lo que más me llamó la atención es lo bien conservada que se encuentra para estar en medio de un ambiente tan agresivo para la madera y, aun así, se veía reluciente. Se ve que los monjes del Santuario o el ayuntamiento del lugar hacen un excelente trabajo al momento de cuidar su patrimonio cultural.

            Había demasiadas personas (y eso que era una mañana de miércoles), así que era difícil sacar una foto limpia con la Torii, pero me encontré con una chica nipona muy amable que accedió a sacarme una con la puerta y yo le saqué otra a ella. Después me pidió que nos sacáramos una juntos, lo cual me llamó la atención, porque el japonés no es tan sociable, pero ahí comprobé que los nipones sureños y, sobre todo, de las ciudades más pequeñas, suelen ser más receptivos con el extranjero. De hecho Paco me lo había advertido: “En Tokio y Kioto abundan los Gaijin por lo que nadie reparará en ti, pero cuando vayas al sur, vas a ver que llamas más la atención”
La nipona amable

            Y es verdad, ya que en este lugar fue donde más interacción tuve con los nipones, y se mostraban más abiertos, dispuestos a tomarme fotos para que no me sacara tanta Selfie y hasta a platicar brevemente conmigo, preguntarme de dónde venía y qué me parecía su país (tampoco les pidan una plática larga, ya con esas preguntas es bastante para el estándar japonés).

            Santuario Itsukushima

            La Torii forma parte del Santuario Itsukushima, ambos fueron inaugurados en el año 593 (hace más de 14 siglos). Obviamente ha sido destruido y reconstruido en varias ocasiones debido a desastres naturales y a conflictos armados. En 1950 fue declarado Patrimonio Mundial Cultural de la Unesco.
El bello Santuario encima del Mar

            Este Santuario tiene la peculiaridad que fue montado encima del mar, esto para venerar al Dios del mismo. Recordando que en el Sintoísmo las miles de deidades están basadas en los elementos de la naturaleza.

            Técnicamente no es el único lugar religioso de la Isla, pero sí el más llamativo e importante, sobre todo por  la Torii en medio del mar. Aunque me la pase visitando muchos templos y Santuarios en mi visita a Japón, éste fue de mis favoritos.
Hermosa estampa

            El estar sobre el mar le da un toque especial, por esa brisa marina hace que las cosas sean más disfrutables. Y es que, a donde quiera que volteaba había una toma que ameritaba ser fotografiada, el buen gusto japonés estaba por todos lados  y es que, a pesar de que pasaban los días, no te acabas de acostumbrar a estos lugares de gusto tan exquisito.

            La atracción principal es la Torii, porque el altar a su Dios es en verdad algo austero pero, cuando te cansas de tomar decenas de fotos de la Puerta en el mar y recorres el lugar, ves que no hay otra cosa igual de espectacular, sin embargo, no dejas de tomar fotos individuales, porque el sitio es extremadamente bello por sí mismo.
La Pagoda al fondo da un toque muy clásico

            Seguramente sus caminos, puentes, construcciones y estatuas no son cosa del otro mundo, pero con el sol esplendoroso y el cristalino mar, la sensación de alegría es instantánea y te sientes muy feliz de estar ahí.

            La paz que ahí se respira es impresionante, lo noté porque, a pesar de haber tanta gente y sin ningún letrero que te pidiera silencio, el sitio te inspira mucha tranquilidad, pero no por cuestiones de creencias, sino por la convivencia con la naturaleza. Como el Santuario se adaptó a su ambiente, se nota esa comunión en el sentimiento que te transmite.
Lamparas y esculturas en medio del agua

Al final era parte de la esencia del Santuario, y ahí me di cuenta que cada lugar religioso que visite podría verse igual que el otro, con la salvedad que se adaptaban muy bien al medio en el que estaban, ya fuera en el bosque, en la montaña, en el lago, en la ciudad, en el mar, etc. El existir acorde a tu ámbito resalta la belleza de estos lugares, y por eso se sentí tan bien entrar a cada uno de estos hermosos Santuarios.
En la sencillez del lugar radica su belleza

            El Pueblo de Miyajima

            La zona turística abarca desde el muelle en donde llega el Ferry y gran parte de la costa. Ciertamente había mucha gente para ser miércoles por la mañana, pero todos se fueron al Santuario, a las tiendas, a las Pagodas, al Ferry y demás.

            Después de visitar el Santuario, me adentré un poco en el pueblo, ése en donde vive la gente, el mismo que no tiene nada de turístico ¡y me encantó! Obviamente no tenía nada de espectacular, un pueblo japonés cualquiera, pero la paz que ahí se respiraba era impresionante.
Una Garza caminando tranquila

            Creo que todos los pueblos a la orilla del mar deben experimentar ese ambiente sereno, fresco y despreocupado. Las calles limpias, angostas y tranquilas, las casas bonitas sin ser tan llamativas y los pequeños canales que llevaban el agua a través del pueblo.

            Los turistas no suelen detenerse a ver la población, ya que es un simple lugar de paso hacia el Monte Misen pero, como me sentí tan a gusto, opté por entrar a una pequeña cafetería que estaba vacía, para echarme un sándwich y conseguir tips de los lugareños sobre lo que debía conocer.
La Torii se encuentra frente al Santuario

No sólo conseguí los tips que buscaba, también me enteré del estilo de vida del lugar. Y es que en la Isla el tiempo parece que se había congelado, porque la gente no se la vive pegada al celular, a la computadora o al Internet, ya que aún salen a pasear en la naturaleza, se ponen a leer, están pescando o atendiendo turistas.

La población no rebasa las 2500 personas, así que todos se conocen los unos a los otros. Creo que por eso me enamoró tanto este lugar, porque es un oasis en esta vorágine que llamamos mundo moderno.
Los pasillos que conectan las estancias del Santuario

La dueña de la cafetería me comentó que el Pueblo recibe un subsidio del Gobierno, para mantenerlo limpio, aunque sospecho que no sería necesario, ya que el japonés es pulcro por naturaleza, ya que no vi gran diferencia entre la limpieza del pueblo con el resto de lugares que visité en Japón.

A pesar del subsidio, la gente trabaja con gusto, como buenos nipones, ya que su orgullo les impediría vivir sólo de ayudas gubernamentales. Así de importante es este paradisiaco lugar para Japón (me alegra que ellos sepan identificar sus tesoros y cuidarlos). Fue una plática muy provechosa de la cual comentaré más a fondo en otro escrito sobre este viaje.
Sientes que te transportas al pasado

            Al dejar la cafetería, empecé a avanzar hacia la cima del Monte Misen. Al Pueblo ya no regresé, porque bajé del otro lado del Monte, pero me lleve muy grata impresión de ese lugar cuyo mayor chiste era la vida tranquila y sencilla que respirabas a cada instante.

            El Templo Budista Daisho-In en el Monte Misen

            Inicie mi ascenso al Monte Misen pero antes hice una parada en el Templo Budista que queda junto al camino. Daisho-in es un templo hermoso, no tan grande como el Santuario Sintoísta de Itsukushima pero, para mi gusto, más bello.
Daisho-In

            En realidad siempre sentí una afinidad especial con los templos Budistas, los Santuarios Síntoistas también estaban bien, pero en los budistas había un ambiente más libre, más relajado, menos solemne y, por lo mismo, me sentía más a gusto.

            Daisho-In está lleno de hermosas estatuas, tanto de Buda como de otras imágenes folklóricas japonesas como los Mapaches, los Akuma, los Tengu, los Oni, los pequeños niños sonrientes, además de las de Kannon obviamente.
Figuras dentro del Templo

            Dentro del Templo pude ver una exposición de muñecas japonesas clásicas, lienzos de épocas antiguas, ofrendas a Buda, pinturas de la guerra, papiros y demás, sin costo alguno (en el Santuario de Itsukushima sí te cobran la entrada).

            El templo está rodeado de pequeños jardines y escaleras que te llevan a otros mini templos de oración. Todos estos flanqueados por bastantes estatuas, muchas de ellas “vestidas” para la ocasión. A diferencia de la sobriedad de Itsukushima, aquí sí había muchos detallitos que te atrapaban la atención hacia donde vieras, sin resultar agobiante, en realidad era muy agradable degustar cada estampa.
Estas escaleras eran una belleza

            Había muy poca gente (más adelante les digo la razón), y eso hizo mi visita más deliciosa a este templo tan colorido, tan agradable, tan amigable y tan cálido, en donde todo el mundo te sonríe y te sientes bienvenido todo el tiempo.

Monte Misen (Parque nacional Setonai-Kai)

            Saliendo del templo inicie el ascenso a la punta del Monte Misen, mismo que sólo tiene 535 metros de altura, aunque suenan más fáciles de subir que lo que en realidad resulta. El Monte alberga al Parque Nacional Setonai-Kai, una zona protegida en donde ciervos y monos rondan libremente.
Estampa muy japonesa

            Pude haber subido y bajado por teleférico y darme tiempo para ir a ver el jardín botánico que hay en esa zona pero me era más importante ver la belleza del Monte subiéndolo a pie. Sin duda el jardín botánico estaba hermoso, como todos los jardines que visite, pero subir el monte a través de su camino agreste era algo más divertido y/o emocionante para mí.

            Todavía no era época de lluvias, así que pase por una cascada con su respectivo río a muy bajos niveles, y por ahí pude fotografiar a un ciervo algo tímido. Debido a los deslaves del pasado, al río le colocaron una presa para hacer su cauce menos violento cuando llueve.

El camino inicia bien delimitado, con escalones y hasta barandales pero, conforme vas subiendo, los escalones están más desgastados y ya no hay barandales, lo cual va complicando el ascenso.
Subiendo al Monte Misen

            El trayecto es bastante accesible pero, si no tienes condición, puede resultar intenso. Para meterle emoción a la subida, te avisan que en el área puedes encontrarte con serpientes venenosas llamadas “Mamushi”, y te dan las recomendaciones en caso de que encuentres una.

            En el sendero hay puntos de descanso y también vas encontrando “Mones” con sus demonios guardianes, que te indican pequeños templos budistas en los que puedes orar para alcanzar pronto la cima (o por lo que quieras orar).
La subida estuvo intensa (al fondo Hiroshima)

            Ya en la punta, la vista es hermosa, y te das cuenta que la gran mayoría de gente que está ahí llegaron por el teleférico, porque estaban frescos como lechuga. Sin embargo, tienes un orgullo especial al haber llegado por el camino difícil, porque siempre que te cruzabas con alguien, además de desearle un buen día, había una sonrisa de complicidad de ser físicos e irnos por el camino rudo.

            La vista desde la cima te deja claro que, aunque no se ve tan grande, la mancha urbana de Hiroshima es bastante amplia, ocupando toda la bahía, y también me llamaba la atención que no invadía los montes de atrás, respetando la naturaleza que los rodea.
Figuras Budistas en el Templo de la Cima

            Al lado del mirador hay otro templo muy bien cuidado y llamativo, aunque no se comparaba con el Daisho-In, y ahí me hice consciente que la gran mayoría de gente, al subir por la ruta fácil, se había perdido aquel hermoso templo budista (otra ventaja de tomar las rutas menos transitadas). El camino de regreso fue más fácil, o así me pareció porque fue de bajada y fue bastante rápido.

            La Pagoda de la Zona Comercial
La Pagoda de Cinco Pisos

            Bajando del lado del Teleférico, llegué a la Pagoda de cinco pisos llamada Goju-No-To, que está muy bonita y está en medio de la zona comercial, en donde hay otras construcciones clásicas y está lleno de tiendas, restaurantes, tiendas de souvenirs, tentempiés y demás.

            Como todavía era temprano, no había tanta gente, por lo que pude disfrutar la belleza de este lugar sin multitudes. Ahí me compre una especie de empanada de almeja que sabía rica y unos Momijis, unos pastelillos rellenos muy monos, envueltos de manera artesanal y que sabían muy ricos, esto antes de subirme al ferry para que me regresara a Hiroshima.

            Mientras esperaba la embarcación, voltee a ver hacia el Santuario y la cantidad de gente ya era 10 veces mayor que cuando había llegado; ahí me alegre de haber venido tan temprano y tener la oportunidad de disfrutar tan bello lugar de manera pacífica.

            Dejando la Isla
Dejando Miyajima :'-(

            Cuando el Ferry partió de regresó, sentí una tristeza profunda. No me había dado cuenta lo bien que la había pasado en las cinco horas que estuve en la Isla. Sonará ridículo, pero estaba distraído por lo bien que estaba que no me hice consciente de mi felicidad.

            La belleza de Miyajima te acaba por envolver, una vez que conoces lo más popular, te pones a conocer con calma el resto del lugar, y te das cuenta que es inexplicablemente hermoso. A primera vista podría ser como el resto de Japón con sus templos, tiendas, pagodas, playitas y demás, pero Miyajima tiene una esencia propia, es como otro estilo de Japón.
Sólo 10 minutos separan Miyajima de Hiroshima en Ferry

            Ciertamente en mi viaje a Japón estuve en sitios más llamativos, más espirituales, más modernos, más famosos, más significativos, más atractivos y hasta más bellos; sin embargo, Miyajima fue en verdad especial, no sé cómo explicarlo fue como una visita a un hogar que no sabía que existía, un lugar cálido y divertido, un lugar íntimo, sin lujos pero en el cual viviría con mucho gusto.

            Como voy a escribir en el último ensayo del viaje, el país del Sol naciente robó mi corazón aunque, en realidad, la expresión correcta es terminó por robar mi corazón, porque desde niño ya lo amaba.
Daisho-In

            Pero, dentro de todo lo que viví, Miyajima me dio algo que ningún otro sitio me dio y, lo más curioso, es que aún no lo puedo definir con palabras, sólo es un sentimiento cálido que se mantendrá en mi corazón hasta el día de mi muerte.

            ¿Por qué Miyajima es tan especial? Porque fue inesperado. Había muchos sitios que anhelaba visitar por atracciones en particular como Nara, Kioto, Tokio, Kamakura, Moto Hakone y demás. De Miyajima no esperaba nada, no había nada que esperara con ansías y, sin embargo, al dejarla, mi corazón estaba pletórico de felicidad por visitarla y destrozado de tristeza por dejarla.
De los días más felices de mi vida

            Sin temor a sonar cursi debo admitir que amé a Miyajima con todo mi ser y prometo volver algún día y, con algo de suerte, quedarme a vivir ahí para terminar de ser feliz.

:’-)

Hebert Gutiérrez Morales.

Sentimientos y Reflexiones en Hiroshima

El Gembaku
            Después de dejar toda la felicidad que experimenté en Miyajima (que pueden leer en este enlace), me bajé del Ferry y me subí al metro para regresar al Centro de Hiroshima. Aunque creí ir preparado psicológica y sentimentalmente, no fue suficiente para resistir el impacto de lo que ahí encontré.

            El Camino del Prejuicio

            Ahora que viajo por otros países, estoy acostumbrado a que la gente tenga el prejuicio de que todos los mexicanos somos morenos, bigotudos, con machete a la espalda, montando burro, vestidos de manta, con sarape, huaraches, sombrero y recostados en un Cactus. Cuando platico con la gente, se dan cuenta que México es muy similar a otros países modernos.
Belleza en el Metro

            Pero estos prejuicios que le aplican a mi país, también los aplica mi gente. Antes y después de mi viaje a Japón, algunas personas me preguntaban si en la isla aún vestían de Kimono, sus puertas eran de papel, sólo comían arroz y demás imágenes preconcebidas, hechos que aclaraba ya que, ciertamente todavía existían muchos de los aspectos culturales clásicos del Japón antiguo, en realidad es un país mucho más moderno del que puedan imaginar.
´La Estructura icónica de Hiroshima

            Algo nuevo para mí, en esto de los prejuicios, cuando regrese a México y se enteraban que había ido a Hiroshima, fueron algunas personas que me preguntaban con preocupación “¿Y ya están bien? ¿Todavía se ve la destrucción?”

            No podía evitar carcajearme de la pregunta, ya fuera interna o abiertamente (de acuerdo al grado de confianza con mi interlocutor). Es increíble cómo la gente se queda con una imagen congelada y piensa que no pasa el tiempo. De acuerdo a la perspectiva de estas personas, la zona debía ser inhabitable y mantenerse en ruinas. Y bueno, es que muchos sólo habían escuchado Hiroshima en sus libros de Texto en primaria o en algún documental de la segunda guerra mundial.
La placa en inglés

            Menciono esto porque recuerdo, retroactivamente, tanto en el metro como en lo poco que estuve en la ciudad, Hiroshima me pareció una urbe ampliamente moderna, limpia y ordenada (como todo Japón), por lo cual me parecía increíble que hubiese sido destruida brutalmente siete décadas atrás.

            La Tristeza del Gembaku

            Sin duda alguna la visita a Hiroshima fue una extrema en cuanto emociones se refiere, por un lado fui inmensamente feliz en Miyajima, un lugar que me enamoró en lo más profundo. Por otro lado, cuando llegué al Gembaku, a unos cuantos metros del punto de detonación de la Bomba Atómica, la tristeza empezó a fluir en mis venas.
La Placa en japonés

            A pesar de todo lo que puedas leer, sin importar las películas, los documentales o fotos que conozcas, y aunque hayan pasado ya más de 70 años, estar en ese lugar te impacta de manera inesperada. Desde que me bajé del Tranvía vi el Gembaku y me impresionó, de entrada por esa sensación tan especial de ver cosas en vivo cuando sólo las has visto en fotos o vídeo.

            Conforme me acercaba, una desolación impresionante empezó a invadirme, al grado que cuando estaba frente a la estructura, no podía contener las lágrimas. Y así, con los ojos acuosos leí la placa conmemorativa de aquel trágico 6 de Agosto de 1945, uno de los días más tristes y despreciables de la historia: el día que se lanzó la primera bomba atómica contra la humanidad.
Conmemorando a las víctimas

            El Gembaku era la Cámara de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima y es uno de los iconos de la ciudad ya que su estructura sobrevivió a pesar de estar en el epicentro del impacto. La bomba explotó en el aire, unos 600 metros arriba del edificio, siendo la única estructura que quedo en pie después de la detonación, misma que mató a 200000 personas al instante, en un radio de dos kilómetros, reduciéndolos a cenizas.
La estructura resistió impresionantemente

            El Gembaku es un recordatorio de aquel trágico día y, al mismo tiempo, de la fortaleza japonesa, porque el que esa estructura sobreviviera a la explosión es una alegoría a la resistencia de esta nación que es demasiado orgullosa y tenaz como para dejarse destruir por una tragedia como ésa.

            Normalmente me sacaba selfies en todos los lugares que visitaba, pero en el Gembaku (y el resto del Memorial) no me parecía correcto. Después de visitar el Museo y el resto de monumentos, me disponía a partir, pero volví a pasar por la estructura icónica y me anime a tomarme una foto con dicho Domo, pero sin sonrisa. Esta imagen iba a ser un recordatorio personal de lo que sentí, para no olvidarlo jamás.
Imágenes de los trabajadores que murieron ese día

            El Parque Memorial de la Paz

            El Gembaku es la estructura más importante, llamativa y reconocible del Parque Memorial de la paz, pero no es la única, ya que había distintos monumentos. Uno de ellos fue el de los soldados coreanos que estaban trabajando en la reconstrucción de la ciudad. Hablando claramente: prisioneros de guerra que eran utilizados para trabajos forzados, cual esclavos.
El Reloj de la Paz

            La Torre del Reloj de la Paz, está al otro lado del río, a la altura del Gembaku. Éste fue donado por el Club de Leones de Hiroshima para conmemorar la hora de tan fatal acontecimiento (8:15AM) y para unificar a todas las almas del mundo que comparten ese sentimiento de paz.

            También hay una fuente encima de una bóveda, llamada “Memorial de la paz”, un sitio subterráneo en donde se encuentran decenas de miles de plaquitas conmemorando a las víctimas instantáneas de la explosión, muchas compartiendo apellido, y fuera de la bóveda había algunas fotos, tanto del lugar devastado como de las víctimas. Este fue el monumento más sobrio, sin tanta carga sentimental y, de alguna extraña manera, el más elegante o el de menos chiste, según se quiera ver.

            Cada monumento que visitaba irradiaba un tristeza que me afectaba profundamente, pero el otro sitio en donde no pude contener las lágrimas fue en el monumento de los niños víctimas de la bomba.
El Monumento de los niños

            Aquella mañana de Agosto era día escolar, sin embargo, se habían suspendido las clases para que los alumnos ayudaran a limpiar y reconstruir la ciudad de los bombardeos previos, así que había miles de niños en la zona del impacto que fueron víctimas primarias de la explosión.

            El monumento de los niños es bonito pero, al mismo tiempo, trágico lo cual te deja un hueco en el pecho. Debido a ese ambiente, cuando tocas la campana de la paz, el sonido resuena profundo en tu corazón y te conmueve. Al lado de este monumento, hay muchos trabajos manuales de niños japoneses de la actualidad para rememorar aquel día, lo cual te acaba de partir el corazón.

            El Cenotafio Conmemorativo alberga la llama de la Paz, lo que resulta en un monumento muy bonito, flanqueado por árboles y complementado con una fuente y una especie de piscina. De no ser por la tristeza del sitio y lo que representa, sería un lugar que te inspiraría a correr, bailar y reír. Aun así, es un buen lugar para conmemorar a las víctimas de la bomba atómica, ya que es un sitio que te inyecta tranquilidad, aunque no por ello alegría. Es más bien una especie de resignación retroactiva.
Los niños japoneses actuales recordando a los del pasado

En general, el dolor crecía con cada monumento que veía, se acumulaba y resultaba insoportable. Cuando acababa con uno, tenía que tomarme un momento para sentarme y tranquilizarme un poco, porque era increíble la cantidad de tristeza en mi corazón.

            Era como si el dolor, la desesperación, la angustia, la preocupación y demás sentimientos de las víctimas y sus familiares invadieran mi ser. Sensaciones tan intensas, tan básicas, tan nobles, tan desesperanzadas, casi como si yo hubiera estado ahí.
Heiwa (Paz)

            El Museo

            Obviamente debía de haber un Museo para que no se nos olvide dicho acontecimiento. Por un momento dude en entrar, puesto que ya estaba agobiado con tanta tristeza en mí ser, sin embargo, como siempre me digo en estas situaciones “¿Estás seguro que vas a tener otro oportunidad para visitarlo?”, así que me obligué a entrar.
El Cenotafio de la paz

            Creo que el Museo está muy bien diseñado, explicando los efectos de la bomba, el momento que estaba viviendo Hiroshima (y Japón) en aquella época, las consecuencias sociales y psicológicas después de la explosión, maquetas de cómo era la ciudad antes y después, dibujos y recortes de noticias que reportaban la situación, las repercusiones físicas en la ciudad y sus habitantes, además de hechos que te ejemplificaban el poder de tan terrible artefacto.
El poder de la Bomba

            De lo que más me impactó fueron algunas de las pertenencias de las víctimas que se preservaron después de la explosión, o como la sombra de un hombre quedó tatuada en una pared tras su fulminante muerte. Otra sección impresionante fueron las fotos antes del impacto, después de él y la actualidad.

            También había historias de los sobrevivientes o los que intentaron sobrevivir, ya que el envenenamiento les acortó la vida. Había relatos que en verdad te destrozaban el corazón y te hacían ver hasta dónde puede llegar la bajeza humana.

            No lo voy a negar, había algunas imágenes o exposiciones que opte por no ver, porque sabía que no las iba a soportar. A pesar de todo, creo que la exposición está bien montada y equilibrada para mostrarte lo terrible del acontecimiento sin caer en límites del mal gusto, que no querían explotar el sufrimiento para causar lástima, como fue el caso de lo que viví en el Museo del Holocausto en Washington, en donde sí abusaron de la víctimez.
:'-(

            También había secciones en donde abordaban el tema del desarme nuclear, los países que poseen dicho arsenal y formas de petición para solicitar que el mundo se limpie de dichas armas y así evitar que algo así vuelva a ocurrir. Obviamente los que NO han firmado los tratados para evitar las bombas nucleares son los mismos que las tienen.

            Al final hay unos libros con los visitantes distinguidos, entre los que estaban el expresidente de México Miguel de la Madrid; obviamente me hubiese gustado que hubiera aparecido una figura más decente o remarcable entre nuestros gobernantes pero, buscando opciones entre nuestros mandatarios, la verdad no sabría nombrar una opción decente y noble.
Fuente en la Bóveda del memorial de la Paz

Cavilaciones sobre la Bomba Atómica

            En otro escrito expliqué ampliamente mi postura hacia la segunda guerra mundial, incluido el tema de Japón, pero aquel ensayo estaba más enfocado al pueblo alemán. Sé que tengo un prejuicio muy positivo hacia la cultura japonesa, así que esta sección no va a ser del todo objetiva (como gran parte del Blog).
La Disposición del parque

            Aun así intentaré ser lo menos subjetivo, y polémico, posible.

            Independientemente de los hechos y de las razones de cada bando, lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki no tuvo madre. Una cosa es guerra en igualdad de condiciones, entre ejércitos armados y otra atacar a poblaciones civiles de un país casi en la lona.

            Y sí, los gringos van a argumentar que Pearl Harbor tampoco tuvo madre pero hay tres hechos que lo diferencian de la porquería que hicieron para responder:
Paises con armas nucleares

A)    El ataque a Pearl Harbor fue de ejército a ejército, nunca se tuvo la intención de involucrar a civiles. Traducción: era gente que estaba dispuesta y destinada a morir, no gente que estaba haciendo su vida normal.

B)    Siempre me ha parecido sospechoso que el ejército más poderoso del planeta (perteneciente al país más paranoico del mundo) no haya captado el avance de la flota japonesa a lo largo del océano pacífico y los atacaran “por sorpresa”. Eso es algo que sigo sin tragarme y que, desde mi muy personal perspectiva, fue el pretexto ideal para integrarse a la guerra contra Japón. Traducción: sacrificaron unos cuantos con tal de atacar libremente y sin culpa alguna.
Hiroshima destruido

C)    Hiroshima y Nagasaki, al igual que todo Japón,  estaban en condiciones deplorables, con un país a punto de rendirse, que ya estaba viendo cómo negociar su rendición. Así que los Estados Unidos vieron una oportunidad única para usar su arma letal y darle un mensaje al mundo. Si fueron capaces de sacrificar a los suyos en Pearl Harbor, ¿creen que se van a tentar el corazón al matar a unos cuantos famélicos y mugrosos japoneses?

Además el presidente Truman se expresaba de los japoneses como “Bestias” que no merecían trato humano después de lo de Pearl Harbor, así que con más dolo se les aventó el artefacto. Pero pudo haber sido peor.
Contemplando el Gembaku

Paco me comentaba que originalmente la Bomba iba a ser lanzada en Kioto (nada más de pensarlo se me eriza la piel), pero que un comandante de alto rango en el ejército, mismo que había pasado su luna de miel en dicha ciudad, los convenció de no hacerlo por todo el patrimonio cultural que tiene la antigua capital japonesa.

Investigué un poco más del asunto y, por un lado, ciertamente se preocupaban por la herencia cultural pero, por el otro, si hubiesen lanzado la bomba en Kioto, la reacción del pueblo japonés (rencoroso por naturaleza) no iba a ser favorable al Gobierno gringo, sobre todo en vistas de “domesticarlos” como ya tenían planeado después de devastarlos.

Por eso mismo tampoco bombardearon el Palacio Imperial en Tokio porque, donde mataran al Emperador, el pueblo japonés sin duda hubiera peleado hasta el final, ya sin importarles las consecuencias.
Alrededor crece una urbe moderna

Hiroshima y Nagasaki eran pueblos relativamente sacrificables, sin una gran importancia cultural o política pero con poblaciones suficientemente grandes para que se notara el impacto de la bomba. De hecho lo de Nagasaki fue mala suerte, porque se iban a ir sobre otra población, pero el mal clima los salvó y se fueron más al sur.

¡Ah! Pero hay más detrás de la Bomba.
Así era el Gembaku

El artefacto ya estaba listo desde antes que Alemania se rindiera, incluso la pudieron usar contra el pueblo germano, cuando aún Hitler estaba al mando ¿Por qué no la usaron entonces? Porque eran Caucásicos como ellos.

Para un pueblo sajón como el Gringo utilizar un arma tan mortífera contra otro pueblo de sus mismas características era una decisión difícil, pero usarla contra unos mugrosos asiáticos no representaba tanto problema.

Por eso en Europa se fueron mano a mano para acabar con los alemanes, aunque los rusos fueron los verdaderos vencedores sobre Hitler. Sin la ayuda de Stalin, el Führer no hubiera caído.

Y ahí estuvo otra razón para utilizar la bomba tan apresuradamente: los Gringos querían ganar en solitario en Japón, las tropas rusas no tardaban en llegar a Japón para terminar con la guerra, y Estados Unidos no quería compartir galardones con los Rusos también en el Pacifico.
Placa del Reloj de la Paz

En fin, entre tanta manipulación política militar, los gringos ganaron en Japón. Victoria tan contundente que adoctrinaron bien a los nipones, y se los acabaron ganando a tal grado que hoy en día, hay japoneses que creen que el uso de las bombas era necesario para terminar la guerra. Y eso es muy triste.

      No hay mal que por bien no venga

La Diosa de la Paz
Mucho se alaba actualmente la cultura de excelencia que caracteriza a Japón y, ciertamente, siempre han sido muy dedicados en todo lo que se proponen. Sin embargo, de no haber sido por la destrucción (a todos los niveles) que ocasionaron las Bombas atómicas, dudo que el pueblo nipón fuese lo que es hoy en día.

Ciertamente el golpe psicológico fue muy fuerte para el japonés porque, para empezar, desmitificaron a su “Dios” que era el Emperador. Hasta antes de la segunda guerra mundial el Emperador era todo poderoso, un ser celestial entre los mortales. La derrota tan contundente les demostró a los nipones que no era así pero, al estar tan acostumbrados de tener una figura paterna de la cual depender, los gabachos pasaron a tomar ese lugar.

Creo que el único país en el mundo en que realmente aman a los Gringos es Japón. Desde que empezaron la reconstrucción, el nipón empezó a admirar al gabacho, aprendiendo todo lo que le enseñaba y emulándolo lo mejor posible, esto creo una huella indeleble en el inconsciente colectivo japonés.

Ahí dentro está la Campana de la Paz
Un hecho palpable de esto son las historietas y animaciones japonesas, en donde los personajes tienen los ojos grandes ya que, según la lógica nipona, es que tienen una ventana más grande hacia el alma, mientras que los malvados tienen los ojos pequeños, porque demuestran la vileza de su alma. Aunque tampoco estamos en México para criticarlos, ya que el estándar de belleza deseado (tanto en persona como en los medios) son los blancos con rasgos sajones, cuando la mayoría de nosotros somos morenos y/o mestizos. Pero volvamos al tema.

 Tomando el conocimiento gringo con la disciplina japonesa, el pueblo nipón empezó a crecer, llegando a ser una potencia económica unas cuantas décadas después de que fueron destrozados en la guerra.

No estoy seguro si otro país se hubiera levantado de tan letal golpe (tal vez Alemania), porque hay que tener una mentalidad férrea y mucha disciplina para reponerse de algo así. Sin la bomba atómica el pueblo japonés sería bueno, lo admito, pero sin el apoyo que les brindó Estados Unidos (en parte por culpa y en parte por intereses económicos), no creo que hubieran desarrollado tanto como hoy.
El Memorial de la Paz

De alguna manera, sin la Bomba, Japón no sería esa cultura tan atractiva que es hoy en día. Es verdad que desde antes de la guerra ya era una cultura interesante para otros países pero su florecimiento y popularidad se impulsó después de 1945.

Y, a pesar de todo ello, no deja de ser un hecho despreciable lo que pasó en aquel Agosto de 1945. Tan fuerte fue que la esencia de tristeza y dolor sigue vigente hasta nuestros días.


Hebert Gutiérrez Morales.