domingo, 28 de agosto de 2016

El Castillo Ambulante

            Antes de empezar, si usted quiere leer sobre la película de Studio Ghibli, puede acceder mi reseña en este enlace.

            Amo la película “El Increíble Castillo Vagabundo”, tanto que está en el Top-3 de mis filmes favoritos de todos los tiempos. En su momento me enteré que era la adaptación de un libro, cuya autora se llamaba Diana Wynne Jones, así que me dije que algún día lo iba a leer. Durante la siguiente década disfrute la película otras tres o cuatro veces hasta que, recientemente, me di el tiempo para conocer la versión original.

            Este escrito no iba a ser propiamente una reseña ya que pensaba que, grosso modo, la esencia del argumento era la misma entre ambas versiones. Sin embargo, conforme avanzaba en la lectura me di cuenta que no sólo había enfoques diferentes entre los artistas (la autora original y el maestro Miyazaki), sino diferencias profundas y relevantes.

Aunque pensé que me iba a librar del fastidioso SPOILER ALERT, me equivoqué. Así que si quiere leer el libro, advertid@ está que no lea esta reseña, porque le voy a destripar la historia.

            De entrada te explican un poco más la situación familiar de Sophie, algo que no era esencial en la película, pero en el libro tiene su peso en el argumento y en algunas decisiones que se toman. Una de las novedades de dicha situación familiar es que, además de Sophie y Lettie hay una tercera hermana Hatter: Martha, misma que no aparece en el filme.

            Cuando ves las actitudes y decisiones de Fanny, la madrastra de Sophie, empiezas a notar que el tono es más real que la versión animada, porque sí te muestran manipulaciones, egoísmo, mentiras y demás hechos no tan “lindos” que hay en la relación de Sophie con su madrastra. Esos hechos políticamente incorrectos, pero reales, no van con el estilo de Ghibli, por eso se lo ahorraron. Personalmente, aunque a nadie le gusta ver eso en su vida pero, en el libro, lo tomé como un detalle que le da más realismo a la historia (e iba a ser el primero de muchos).


            Al igual que otros personajes, Fanny tiene un papel más extendido en el libro ya que, en la película, sólo veías como “vendía” a Sophie con la Bruja del Páramo, el único hecho en que Ghibli mostró algo de la verdadera esencia de la madrastra de Sophie, que al final no es mala, sólo “algo” ambiciosa.

            Hubo personajes que ganaron peso respecto al filme y hubo otros que lo perdieron. Uno de los “perjudicados” en exposición fue “Cabeza de Nabo”, que en ninguna parte del libro lo llaman así. En la obra de Ghibli es un personaje prácticamente omnipresente desde que Sophie le ayuda y, en el libro, no lo fue tanto. De hecho, cuando volvió a aparecer, te pintan su participación como macabra y hasta negativa. Eso me dolió un poquito porque el Cabeza de Nabo en mi corazón es amable, servicial y cálido. Que gran parte de la historia lo pintaran como terrorífico no me gustó en absoluto.

            Tal vez el que sufrió el cambió más radical fue Markl, el cotorro chamaco ayudante de Howl en el filme. En el libro se llama Michael, mismo que es todo un joven, con un carácter propio de su edad y que, además, es pretendiente de Martha (disfrazada de Lettie), la hermana de Sophie. De alguna forma extrañé a Markl, pero aprendí a tomarle mucho aprecio a la figura de Michael mismo que, en mi imaginación, era el propio Markl pero con unos años más.

            Howl en esencia es el mismo pero, acorde al resto de los cambios, se muestra más humano y eso se demuestra porque también tiene actitudes más incorrectas, más gandayas o desleales. El del libro es más cínico, inclusive malvado, pero esa personalidad me gustó mucho, fue más chida, más real, más creíble.

            Pero hubo otros detallitos que te demostraba la misma esencia generosa y limpia en el fondo de Howl. Por ejemplo, cuando Sophie estaba limpiando, el mago le dijo con determinación y amabilidad “¡No mate a las arañas! Ellas se comen a las moscas”. La anciana tomó a mal esa orden, pero a mí me encantó, porque demuestra el respeto de Howl por la vida de los inocentes, además de que también cuido a las arañas en mi casa por el mismo motivo (y porque me caen bien).

            Otra línea simple pero que dice mucho, fue cuando Michael le dice a Sophie: “Igual y te vas a poder quedar, pero no esperes que Howl te lo diga, porque nunca lo va a hacer. Eso implicaría compromiso y a él no le gusta comprometerse”. De hecho el aprendiz le confiesa que estuvo ahí por seis meses hasta que el mago reconoció su presencia.

            Y es que Howl es tan inmaduro como libre. Cuando quiere es generoso, pero nunca te va a pedir algo, y respeto esa postura, porque así como ejerce su libertad, deja que los demás también lo sean y, si deciden quedarse, será por voluntad propia, no porque él lo solicite. Por ello rehúye a los compromisos, porque prefiere las relaciones (de cualquier tipo) libres.

            Otra escena, y diálogo, que no fue incluida en la película, es cuando Sophie intenta limpiar el cuarto de Howl y éste se lo impide firme y amablemente: “No, aquí no vas a entrar”. Y se dio una discusión deliciosa de cómo ella tiene una obsesión por el orden y la limpieza que él no comparte.

            Cuando vi que la esencia de Calcifer también es un poco más malvada, termine de darme cuenta que Ghibli, cuando hizo su adaptación, supo mantener la esencia interesante de la obra, bajando el nivel de maldad, pero sin necesariamente volverla ñoña. Así que la película termino siendo linda, mientras que el libro era más denso, ambas siendo obras de muy buen gusto.

            El cauce del filme es más idílico mientras que el del libro es más terrenal, un claro ejemplo de ello es que Sophie y el propio Calcifer, tenían sentimientos negativos hacia Howl en el libro. Ella sospechaba de él, mientras que el Demonio de fuego expresaba su repudio por el mago y, ambos querían sacar provecho de su estancia ahí para resolver sus respectivos hechizos.

Por su parte, a diferencia de la versión animada, Howl no era tan generoso (era más culero) y estaba viendo por sus intereses. Miyazaki hizo su versión más amable, con más clase, de otra categoría al quitarle los sentimientos viles de los protagonistas, lo que resulta en una alegría inexplicable que te hace explotar el pecho, casi infantil con una trama que gira en el amor. La cualidad de la historia original es lo real de sus personajes.

            Normalmente me gusta leer primero el libro para, posteriormente, destrozar la película, con sus contadas excepciones, cabe aclarar. Por otro lado, son pocas las ocasiones en que la película me gusta tanto como para animarme a leer el libro y, normalmente el libro me gusta más.

En el caso de “El Castillo Ambulante” me pasó algo curioso porque, conforme leía, sólo tenía en mi mente a los personajes diseñados por Miyazaki pero resultó refrescante verlos con una personalidad diferente. Es divertido revivir la historia que ya conoces pero desde otra perspectiva, por los argumentos distintos y personalidades más complejas. Es chido disfrutar la historia que ya conoces con otro aire fresco, como si fuese nueva para ti.

Un capítulo que me encantó fue cuando Howl viene a nuestra dimensión, de donde es originario. En dicho pasaje conoces a su hermana, a sus sobrinos, su casa, su pueblo y hasta su verdadero nombre (Howell). También te enteras que tiene 27 años recién cumplidos, que vive en Gales, que tiene una maestría en conjuros y hechizos, que maneja un auto, que a su sobrino le gustan los videojuegos y que Howl le gusta la maestra del niño.
Algún día visitaré Gales

Ésa es una faceta fascinante y que desconocía totalmente, porque no te lo muestran en la película. Es de esos regalos que te llevas al acceder al libro porque, aunque para mí es el mismo de la película, conocer más pasajes de la historia original es una maravilla. Ahí decidí comprarme los otros dos libros de la saga, para seguir disfrutando de más aventuras de Howl y Sophie.

A Miyazaki no le gusta poner “malos” en sus filmes, simplemente personas con distintos intereses. En el libro, la Bruja del Páramo sí es una Bitch, y eso le da un sentido diferente a la trama, con más intriga, más nervio, incluso más preocupación, por ese sentimiento de “¡No mames! Que no los encuentre esta pinche vieja”

Otro personaje que tuvo un cambio radical entre su versión literaria y la fílmica es el Perro de Madame Sulimán (en la película) que en el libro es un hombre perro que envío Lettie con Sophie. Ahí sí me quedo en definitiva con el personaje de Ghibli: el perro viejo de Sulimán.

El hombre perro de Lettie no tiene el carisma ni es tan entrañable como su contraparte fílmica. Es algo agresivo y un poco desconcertante, además la manera en que te lo pintan podría parecer incluso grotesca. El de la versión fílmica resulta más cagado, más chistoso (Sin tener que ser 100% amigable), además de que encajaba a la perfección en la casa, algo que no sentí con el del libro.

Y mucho de esa aversión es que el Hombre-Perro le deseaba el mal a Howl, y eso es algo “desleal” respecto a la versión bonita de Ghibli. El Perro de Sulimán sólo servía de espía y apoyo moral, pero no deseaba el mal a nadie. Con el Hombre Perro del libro sentí una personalidad más oscura.

Uno de los detalles que agradeces en el libro, es el detalle de Howl de vestir de negro para el funeral de Madame Pentstemmon (personaje que no apareció en la animación), a pesar de que se iba a disfrazar como perro. Pero lo hizo porque es lo que ella hubiera esperado de él. Además fue a pesar del riesgo que significaba para él que lo encontrara la Bruja Calamidad.

Otro hecho en que difieren ambas versiones es la razón de por qué los inquilinos del castillo se mudan a la sombrería en donde Sophie vivió toda su vida. Howl le compró la casa a Fanny y lo hace en un intento de evitar lo inevitable: que los encuentre la Bruja del Páramo.

Por la misma esencia de la película, uno entiende que se omitieron las profecías de la muerte de Howl que aparecen en el libro. Es por ello que, cuando leí al respecto, me sentí algo angustiado (A pesar de conocer el final).

Conforme avanzaba en la lectura, me dio la sensación de que el libro era propiamente uno adolescente, pero no por ello es malo o hueco. Se lee muy fácil, fluye rico, es atractivo y hasta enviciante, es literatura tal cual pero no esas novelas actuales que son muy comerciales pero tienen pocas herramientas literarias (Hunger Games, Crepúsculo, The Maze, Divergente, Harry Potter y demás).

Además de la fácil lectura, me dio la impresión que no era un libro para niños, porque hay muchos detalles que podrían resultar algo violentos para ellos. La película sí es para todo público sin tener que ser ñoña.

Sin embargo, aunque el libro es más rudo, aún tiene detalles bellos, como cuando Howl le da un lugar importante a Sophie y le pide su opinión sobre el negocio a tener, qué quiere y qué no cuando se muden. Y es que, aunque a veces la trate de manera fría, cruel y hasta grosera, Howl reconoce su importancia y su lugar vital en el Castillo.

El capítulo de la mudanza fue interesante, bastante amplio por cierto, a comparación del filme que fue relativamente breve. Y es que, durante todo el ajetreo, a Sophie le cayó el veinte y a rajatabla le pregunta a Calcifer si era un estrella fugaz y, cual si hubiera apretado el botón correcto, el demonio le responde que sí y le cuenta la historia de cómo se relacionó con Howl y cómo inició su contrato. El propio Calcifer reconoce que fue una tontería porque ambos no sabían en qué se metían.

Y, para mí, la escena de la Estrella Fugaz en el filme es vital, cuando Calcifer y Howl se unen, siendo testigo Sophie de ello, traspasando el portal para llegar a ese momento en el pasado. Toda esa bella escena de la película, que en el libro sólo fue mencionada de paso, fue un acierto de Miyazaki Sensei, porque fue de las más memorables y supo exponerla de forma magistral y hacerla inolvidable cuando, en la versión original, se menciona como una mera anécdota.

Volviendo al proceso de mudanza, me gustó mucho que la autora desmenuzara el proceso mágico para trasladar el castillo a la casa de Sophie. También me agradó ese detalle en el que Howl le pregunta animosamente qué quería vender en la tienda, “¡Flores!” responde feliz.

Y es que, aunque Sophie aún no lo reconoce en este punto de la historia, Howl siempre la toma en cuenta y le da un lugar especial. En fin, con algo de dramatismo, por sacar a Calcifer de su lugar, el Castillo se adapta a su nueva morada, ese mismo lugar que puso tan feliz y, al mismo tiempo, triste a Sophie: el hogar en donde pasó casi toda su vida.

Considerando que traigo el sentimiento de la película, había detallitos del libro que no me gustaban tanto pero que, reconozco, le hacían bien a la historia, por el ya mencionado toque realista y humano. Uno de esos momentos es cuando Howl le mostraba la casa a Sophie y ésta, en su berrinche, no se mostraba sorprendida ni agradecida, a pesar del esfuerzo que el mago hizo por complacerla.

Ella se dio cuenta de su falta de amabilidad o empatía pero, cuando intentó serlo, el mago ya estaba molesto con ella (y con justa razón). Sophie se justificó internamente argumentando que nunca había alabado a Howl ni a Calcifer y que no tenía por qué empezar. ¡Esos son sentimientos reales! El revanchismo, los berrinches, las ofensas; no todo en la vida real es amistad, sentimientos nobles y amorosos, los humanos también tenemos partes ruines, sucias y malas y las expresamos constantemente. Y, aunque no es agradable, le reconozco a la autora por haber puesto esas expresiones que todos hemos experimentado.

Para compensar ese trago amargo, la autora nos lleva, a través de Howl, al jardín que el mago ha plantado fuera del castillo, justo detrás del Páramo en dónde vive la bruja. El esfuerzo del mago resulta en un paisaje muy bonito, mismo que hasta la berrinchuda de Sophie tuvo que reconocer y agradecerle por su esfuerzo.

Por eso mismo Howl tiene al Castillo dando vueltas alrededor de dichos jardines, para que puedan cultivar y vender flores frescas a diario. Adicionalmente, el mago también instaló una de sus puertas mágicas en una mansión abandonada con paisajes potencialmente hermosos, de los que el Mago si hizo cargo hasta más adelante, resaltando la belleza del lugar. Ahí añoré un poco la película por la capacidad de Ghibli de plasmar paisajes inolvidables, sin importar que sean animados; tanto que, al leerlos en el libro, me los imagine al estilo del Estudio de Animación Japonesa.

La película siempre la voy a amar y ya tiene un lugar en mi corazón hasta mi último suspiro, pero el libro se hizo de su lugar especial gracias a esta combinación de momentos reales, no tan bellos, con otros sublimes o tiernos, con el mismo toque de realismo. Creo que el libro puede ser superior a la película en ese aspecto: también es una historia bella pero con una esencia más acorde al mundo real.

Algo que me quedo claro es que la Sophie del libro es bastante fuerte, y no es que la de la película no lo sea, sólo es que se muestra más dulce y comprensiva. Sin embargo, en la versión literaria, me da la impresión que el resto de personajes le temen de alguna manera por su carácter. Ciertamente puede ser dulce y solidaria, pero también saca el temperamento a la primera oportunidad; así se vio con la señorita Angorian cuando vino a buscar a su prometido a casa de Howl. Sophie la trató con respeto pero también con firmeza al sacarla del Castillo.

Cabeza de Nabo vuelve a aparecer, ahora en Market Chipping, causando el terror de sus habitantes que huyen al verlo. El espantapájaros está buscando a Howl, a Sophie y a Calcifer. La autora manejo con maestría a este personaje para mostrarlo terrorífico y angustiante a lo largo de la historia. Aunque es una obra muy positiva y que puede leer cualquiera, las incursiones del espantapájaros pueden ser muy estresantes, porque ruegas que no los encuentre (a pesar de ya saber cómo termina todo). Me imagino que la angustia fue mayor para los que leyeron el libro sin aún conocer la animación de Ghibli.

Aquí el mérito se lo llevó Miyazaki en el filme, ya que tomó un personaje que se manejó de manera terrorífica en su versión original, y lo convirtió en alguien entrañable para los que lo conocimos a través de la película.

Me encanta esa capacidad que Diana Wynne Jones tiene para plasmar en su argumento situaciones que, de entrada, suenan terribles pero te lo plantea de tal manera que, aunque sean violentas, no te sientes consternado, afectado o dañado por la misma. Y me refiero cuando Howl convirtió a Perceval nuevamente en humano y éste contó cómo lo desmembraron y le cortaron la cabeza para nuevamente reformarlo. Te lo expresan con una tranquilidad que más que infundirte terror, sólo lo tomas como parte de la historia, sin visualizarlo tal cual.

Howl, además de astuto e inteligente, puede resultar muy manipulador y cínico. Sabía que Perceval no estaba soltando toda la sopa, por ello lo mando a pasear con una enojada Sophie, mientras aplicaban herbicida al jardín. El Perro hombre, con tal de contentar a la anciana, le contó todo, mientras el mago espiaba tranquilamente con un conjuro a la distancia. Ambos regresan a casa ante otra inesperada, y terrorífica, incursión del Espantapájaros.

De regreso, Sophie se encabrona al darse cuenta que ha sido espiada y, sobre todo, utilizada para sacarle la información a Perceval. Para su desgracia, su miedo por el espantapájaros (que está rondando fuera del Castillo) es mayor que su enojo, por eso no puede huir a pesar de lo indignada que está.

Dentro de todas las cosas que Sophie se enteró, mediante Perceval, es que mucha gente sabía de su embrujo, entre ellos Howl, y se lo echó en cara: “Sabías que estaba hechizada ¿y no hiciste nada para remediarlo?” pero el mago le da una respuesta contundente, “Sí, pero he llegado a la conclusión que te gusta estar disfrazada, ya que todos mis intentos han sido en vano”.

Y ésta es una de las partes más reveladoras y profundas de la historia ya que, a pesar de los esfuerzos de Howl y de la supuesta incomodidad de Sophie por su estado actual, ella está a gusto con esa situación. Habrá mucha gente que se queje de su realidad pero, en el fondo, así están conformes porque, si de verdad estuvieran sufriendo, ya hubieran hecho algo para cambiarla. Es factible que la resistencia al cambio sea inconsciente pero, al final, eso demuestra que lo que uno dice y lo que uno siente no siempre van de la mano.

La Profecía se sigue acercando: el día en que Howl y la Bruja del Páramo han de saldar cuentas se aproxima. Por un lado ya mero es el Solsticio de Verano, adicionalmente, y de manera accidental, Sophie acaba injertando una Mandrágora que es mencionada en dicha Profecía. Aunque Howl está por encontrarse con su destino, no parece estar muy preocupado por ello.

En cuando al manejo o, aunque se oiga cuadrado, la administración de la historia, Miyazaki fue superior en ese aspecto a la autora original. Y es que en el libro, las cosas iban interesantes pero, hasta cierto punto, lentas; todo para soltarte la mayoría de hechos importantes en los dos últimos capítulos, lo cual te da un sentimiento de agobio de que todo se resuelva tan abrupta y fácilmente. Es como haber tenido una introducción de decenas de capítulos y un desenlace en dos, lo cual sientes poco proporcionada la importancia de la historia.

En la versión animada la historia avanza a ese ritmo pausado, tomando algo de velocidad al final, pero nada desproporcionado. Aunque, tal vez, es factible que la autora ya tenía la visión de desarrollar esta historia en los tres libros que actualmente la conforman y Miyazaki sólo la viera como una historia única y, probablemente, por ello el diferente enfoque al momento de repartir los hechos relevantes.

El principio del final inicia con un Howl llegando alcoholizado después de una noche de fiesta con su club de Rugby. El que te presenten al mago borracho es otro detalle de realidad que lo hace más humano, más creíble, más real, más cercano que, por ser políticamente correcto, el realizador japonés omitió de su versión fílmica.

La reunión de toda la familia de Sophie se antoja irreal, por todas las coincidencias que se conjuntaron, pero lo disfrutas porque todas la apapachan en un momento en que ella se encontraba enojada y ofendida e incluso iba a largarse de ahí. Más adelante, Howl le confesaría que él fue el que ocasionó dicha reunión familiar.

Dentro de tantos abrazos y besos en la reunión de la Familia Hatter, Calcifer grita de buenas a primeras “¡Howl! La Bruja ya encontró a tu familia”. Entonces el mago deja la borrachera atrás y sale disparado de su cuarto hacia la casa de su hermana y sobrinos, sin importarle quien se cruce en su camino. El mago embiste a la Bruja con una determinación impresionante, nunca vista a lo largo del libro, hasta te emocionas con el valor y decisión que muestra “Sí Howl! ¡Acaba con esa perra!” Es lo que pensé con la emoción que sentí.

Mientras dicha pelea ocurre, el Espantapájaros se presenta ante la puerta del Castillo y le dice a Calcifer que no quiere hacer daño, que le deje pasar. Al ver la actitud civilizada y tranquila del Cabeza de Nabo, Sophie se da cuenta de que su miedo hacia él era ridículo, ya que él nunca la agredió ni hizo nada en contra de ella. Se dio cuenta que lo puso de pretexto para quedarse al lado de Howl (Que es lo que ella quería) sin tomar la responsabilidad de su decisión, sino culpando a un factor externo de ello.

Ésa es otra lección que aplica en el mundo real, y es que nos inventamos historias o creamos demonios de la nada para justificar acciones irracionales e incluso nocivas para nosotros, todo para no aceptar la responsabilidad de nuestros actos, en lugar de ser maduros de aceptar “Sí, es lo que quiero” sin importar que no “deberíamos” quererlo.

Así que Sophie deja entrar al Cabeza de Nabo al Castillo, con mucha tristeza en su ser. La chica estaba triste porque se ha dado cuenta que todo este tiempo ha amado a Howl, pero que disfrazaba sus sentimientos por el mago de animadversión y pretextos. Y la tristeza se ve potenciada porque Sophie está segura que el mago está enamorado de la Señorita Angorian.

Ahí conoces la historia del Cabeza de Nabo, misma que está entrelazada con Perceval, y ahí te das cuenta de sus verdaderas identidades: El Mago Sulimán y el Príncipe Justin, mismos a los que la Bruja hechizo, descuartizo y fusionó para que no tuvieran recuerdos claros de su pasado y fuese más difícil romper sus hechizos.

Mientras eso ocurre, la Bruja les manda un mensaje en el castillo, advirtiéndoles que tenía atrapada a la Señorita Angorian, lo cual provoca la reacción de todos, pero la única que actuó de manera directa fue Sophie, que fue en búsqueda de la Hechicera, sin saber que era una trampa para ella.

Una vez en su poder, la interacción entre la Bruja y Sophie resulta interesante, y sirve como preámbulo a la pelea que tiene la Bruja con Howl y el Espantapájaros, que resultó espectacular pero, desde mi perspectiva, la autora le pudo exprimir más y hacerla aún más llamativa, y  no sólo a esta pelea, sino a la que previamente sostuvieron ambos después del funeral de la Señora Pentstemmon. La Bruja cae, en teoría muerta, pero aún no termina la historia.

Creo que el único “tuning point” que encontré en el libro fue cuando Howl le dice a Sophie, mientras vuelan de vuelta al Castillo: “¿Es que acaso no lo entiendes? La Señorita Angorian es el demonio de fuego de la Bruja del Páramo” ¡Madres! Esa sí no la vi venir, fue un hecho inesperado. Igual de chocante resulta que Calcifer supiera la verdadera identidad de la Señorita Angorian pero, al ser otro demonio de fuego, optó por no denunciarla.

La escena de Howl y Sophie volando de regreso al Castillo es muy valiosa. Lo más llamativo es la cantidad de verdades que el mago le va soltando mientras vuelan a máxima velocidad. Sin embargo, esa escena me resulto más relevante por otro aspecto: como la autora describe cómo van volando ambos, en el que el Mago le indica a la chica que haga como que corre en el aire.

Justo esa misma dinámica la toma Miyazaki al inicio de la película, el primer encuentro entre ambos, y la convirtió en una escena muy bella en la que Sophie va caminando tranquilamente por los cielos, acompañada de Howl, hasta llegar a la Pastelería donde trabaja su hermana (Lettie).

En el libro es una escena dinámica e incluso dramática por el toque de urgencia; en cambio, el realizador japonés, la convirtió en un momento bonito de la introducción, dando como resultado un recuerdo sutil, romántico, tierno, elegante, noble, inocente, íntimo y demás. Cuando alguien convierte una escena que, en teoría, no aporta nada y la vuelve inolvidable, quiere decir que es un artista con talento incomparable, como lo es el del Maestro Miyazaki.

Howl extermina a la Señorita Angorian o el Demonio de Fuego de la Bruja del Páramo, gracias a que Sophie le devolvió su corazón (que estaba en Calcifer), lo cual lo hizo más poderoso. Tras la muerte del Demonio se desencadena el final feliz tipo telenovela en donde todo se arregla al final. Howl y Sophie admiten el amor mutuo que se tienen.

Ahí es donde Sophie se entera que Howl le trajo a su Familia para hacerla feliz, y la chica se da cuenta que ha sido una grosera con el mago la mayoría del tiempo mientras que éste la había tratado muy bien (caso raro, CASI nunca se da en las relaciones, y a mí, menos ¬_¬).

Ejem . . . . volviendo al final.

Por cierto, a menos que haya leído mal, no vi que en ningún momento Sophie volviera a ser joven aunque, la lógica me indica que, con la muerte de la Bruja del Páramo, el hechizo debió quedar invalidado.

Calcifer se ve liberado, vuelve a ser una estrella fugaz, así que se va al cielo. Con su corazón de vuelta, Howl recupera un brillo naturalmente humano en los ojos (a diferencia de ese tono acristalado que tenía) y la pareja de tórtolos ignoran a todos hasta que regresa Calcifer de manera imprevista.

“No tienes que quedarte Calcifer” le dice Howl, “Mientras pueda ir y venir a dónde y cuándo yo desee, me quiero quedar. Además está lloviendo afuera” le responde el Demonio. Aunque es un final sencillo, clásico y menos llamativo que su versión cinematográfica, no deja de ser una conclusión bonita.

Al inicio de la lectura ambas versiones se parecían mucho pero, conforme fui avanzando me di cuenta que la historia es muy diferente, así como los personajes que, a veces, lo único que tenían en común era el nombre. Y ahí me alegré de haber leído este libro porque, aunque no deja de ser una historia que conozco, al mismo tiempo fue una obra diferente y nueva. Ahora los personajes en mi memoria son más completos, más humanos, más creíbles, alcanzables e incluso más entrañables de lo que ya eran.

Al terminar el libro y conocer ambas versiones, creo que no sería objetivo y me dejaría llevar por mis sentimientos, ya que la versión de Miyazaki es más cálida, más romántica, más hermosa, más inocente, con más clase incluso y, obviamente, más idílica.

Ahora, el que me guste más la  película no demerita en nada la historia original, que me parece más completa, más real e incluso más interesante por esos toques de humanidad no tan lindos que omitió Miyazaki en su filme. Si la autora hubiese administrado mejor la historia y repartido los momentos relevantes a lo largo del argumento, sin duda hubiese rebasado con creces a la película.

Así que lo dejaré en un empate ¿Por qué? Porque al final la esencia de la historia es la misma, tal vez una sea una versión más familiar y políticamente correcta, mientras que la otra es una versión más ruda y real pero, al terminar ambas, el sabor de boca es muy agradable. Lo curioso es que la versión del realizador masculino fue la romántica y linda, mientras que la de la fémina fue la ruda y humana.

Ya para terminar, desconozco la reacción de la autora al ver la adaptación de su libro que, por fortuna, la vio años antes de su muerte. Obviamente, ante los medios debió decir maravillas (y más por las regalías que recibió por ello), pero quiero pensar que se debió sentir feliz de ver una versión tan bonita de su obra, sin tener que ser ñoña. Y si no le gustó la obra del maestro Miyazaki, de todas formas debió de sentirse feliz, porque gracias a esa película, muchos conocimos su libro y nos animamos a leerlo.


Hebert Gutiérrez Morales.

Moto Hakone y Himeji

Allá, al fondo, está el Monte Fuji
            ¿Por qué escribir de estos lugares en particular? Porque fueron de las visitas más sencillas, tal vez porque tenían una atracción en específico que llamó mi atención y, por lo mismo, resulto más fácil escribir sobre estos sitios. Además así siento que avanzo en mis escritos sobre Japón.

¡Ah! Y otra cosa que tuvieron en común estos sitios es que los visite en Jueves: Moto Hakone y Odawara en la primera semana, y Himeji en la segunda semana.
Entrada al Santuario

Visitando al Monte Fuji

            Después de pasar mis primeros tres días en Tokio, quería ver el Monte Fuji, y uno de los mejores lugares para verlo es Moto Hakone, a un par de horas de la capital, así que fui muy tempranito hacia al sur.

Había cazado ese día con tiempo, por el clima ya que, por ridículo que suene, el Fuji es algo “tímido” y suele esconderse para que no lo veas (Algún día escribiré sobre una bella película que refleja dicho fenómeno: “Las Flores del Cerezo”). Por ello, cuando salí de casa de Paco y vi el día totalmente despejado me emocioné y dije “¡A Huevo! Hoy voy a ver al Fuji San”

Y eso de que se “esconde” no es mentira. Una semana después, cuando iba de Himeji a Tokio, el Tren iba a pasar cerca del Monte Fuji, el día estaba despejado y “sin duda” tenía que ver otra vez a tan famosa montaña. Justo en el tramo indicado, “casualmente” el día se nublo, por lo cual no pude volverlo a ver pero, a la altura de Yokohama, el cielo se despejó mágicamente. Un efecto muy curioso el que pasa con este volcán que no se muestra tan fácilmente.
La Torii a la orilla del LAgo

            Durante el camino, mientras iba saliendo de la mayor zona urbana del mundo, empecé a ver un Japón menos fancy, más rural y, de alguna manera, más real, con menos producción y con una belleza diferente. Las calles no estaban luminosas pero sí limpias, las estaciones de metro no estaban llenas y la gente se notaba más relajada.

Cuando llegué a Moto Hakone, me quedé embelesado con el hermoso paisaje, con un resplandeciente Lago Ashi rodeado de mucho árboles y el pueblito pintoresco pero, faltaba algo, el motivo en específico por el cual había ido a dicho lugar: no veía a mi anhelado Fuji San.

Dentro de mis “must” en este viaje era ver el hogar de Mazinger Z, la cumbre más alta de la Isla, aquella que es un referente cultural para el pueblo nipón. Dentro de las investigaciones que hice, resultaba que Moto Hakone era uno de los lugares en donde más bellas fotos se pueden sacar el Monte Fuji, sobre todo por el marco del lago.
Bella Postal del Lago Ashi por debajo del Puente

Así que me dirigí al Santuario, visité su Torii en el agua y subí por sus escaleras, con la esperanza de ver a mi anhelada montaña, pero tampoco se veía por ahí. Tomé las respectivas fotos del hermoso lugar pero había angustia en mi corazón, “¿Dónde demonios está?” Porque el Fuji es muy escurridizo y no es fácil que se deje ver. Además había cazado el día con toda premeditación para ir en uno despejado, uno perfecto para verlo.
 
La belleza del Monte Fujii, el lago Ashi y la Torii en el agua
“¿Me habré equivocado?” así que le pregunte a los Monjes del Santuario y me dijeron que tenía que ir al otro lado del Lago para verlo. Resulta increíble cómo un volcán tan grande puede esconderse detrás de unos cuantos Cerritos, así que empecé a caminar al otro lado del lago ¡Y lo ví!

Para mí fue una visión preciosa: estaba 100% nevado (producto del frío de los días anteriores), con el marco del Torii en el Agua y la laguna cristalina. Casi se me salen las lágrimas de la emoción porque desde chamaco quería conocer al Monte Fuji, y ahora estaba ahí, lo estaba viendo con mis propios ojos y me sentía estúpidamente feliz y agradecido de dicho momento.
 
Podías ir en el Barco grande o rentar pequeñas Balsas
Es un volcán hermoso y simétrico, mismo que enorgullece a los japoneses. A pesar de su baja altura y la facilidad de escalarlo, ha de ser una de las cimas más populares del mundo.

Recordé que la primera vez que oí del Fuji San fue por Mazinger Z, así que me imagine al buen Koji Kabuto saliendo de la cima del volcán conduciendo a dicho Robot. Fue una visión que me regresó un momento a mi infancia, un anhelo más cumplido en este maravilloso viaje.
 
Vista desde el Parque
A partir que vi al Fuji San me relajé y pude disfrutar a plenitud del paisaje, me di cuenta que en el lago podías rentar pequeñas balsas o subirte a un barco que te adentra  en el agua para tener mejores tomas de la montaña. Disfrute el camino que va del pueblo al Santuario, me saque fotos con la Torii en el agua que, aunque está muy bella, comprobaría días después que la Puerta de Miyajima es aún más impresionante.

La cantidad de turistas era enorme, sobre todo que era un Jueves por la mañana, pero me decían que en fin de semana eso está repleto. Aun así, para lo que iba a experimentar días después, resultó que iban a ser relativamente pocas personas.
 
El Parque solían ser los Jardines de un Palacio de Gobierno
Me sorprende que la mayoría de los visitantes sean flojos y se conformen con las atracciones populares y no investigan más sobre lo que pueden ver en un lugar, sobre todo uno tan lejano. El Parque Onshi Hakone está justo al lado del lago, a un kilómetro caminando de la zona más popular de Moto Hakone, desde ahí tienes una visión extraordinaria del Fuji San y obtienes unas postales hermosas que se llevan de calle a las que sacas a la orilla del lago.

A pesar de ello, el parque tenía a pocos turistas en él, porque la mayoría se conformaba con la vista desde el lago o con Botes que te llevaban por él, casi nadie iba al parque (que era gratuito).
 
Foto desde el Palacio de Gobierno abandonado
En dicho lugar me encontré con un par de Gringos de Carolina del Norte, muy amables y acomedidos, platicamos unos momentos y hasta nos ayudamos a sacarnos fotos. Me resulta muy curioso cómo cambian las cosas de acuerdo al ámbito en que se desarrollen, ya que ellos se alegraron tanto de verme como si hubiesen visto un paisano suyo. Tal vez el estar lejos de casa te aumenta el gusto por encontrarte a alguien cerca de ella, aunque no sea del mismo país.
El Santuario Síntoista de Moto Hakone

Aunque Moto Hakone es hermoso, ya no voy a regresar a este sitio,  porque la próxima vez que vea el Fuji San va a ser “en persona”, ya que planeo regresar en algún Verano para subirlo. Adicionalmente tengo otro itinerario más creepy cuando eso suceda, porque quiero descender por Aokigahara, quiero ver los cuarteles de AUM y conocer el parque abandonado de Gulliver a faldas de tan famosa montaña. Y no necesitan recordármelo, sé que me falta un tornillo por tener ese plan futuro.
 
El Castillo de Odawara
Odawara

Cometí un error en este día por la ansiedad de llegar temprano a Moto Hakone, y es que dejé Odawara para el regreso, en lugar de pasear primero por el tranquilo pueblo y conocer su Castillo.

El camino de Odawara a Hakone más o menos toma una hora en camión, el cual está lleno de subidas, atraviesa bosques y bastantes pueblos pequeños, entrañables e inexplicablemente hermosos sin tener algo en particular que los haga resaltar.

De ida no puse tanta atención como me hubiera gustado, porque me la pase platicando con una señora que vivía en Hakone (charla que comentaré en otro escrito), así que de regreso estuve más atento al paisaje.

Según yo el camión de regreso, entre Hakone a Odawara, debía tomar la misma ruta pero me pareció ver paisajes distintos, porque pasamos por riachuelos y otros pueblos que no recuerdo en el tramo de ida y que, al igual que los otros, sin tener algo en particular, resultaban muy bellos, por tener ese buen gusto nipón para la arquitectura. Hay sido o no el mismo camino, nos tardamos los mismos 60 minutos en regresar.
Uno de los Mosaicos en el camino

Ya en Odawara no pude visitar su Castillo, ya que estaba cerrado por remodelación, lo cual no me molestó en absoluto, porque así podía regresar más temprano a Tokio y descansar un poco. Mientras caminaba del Castillo a la estación, me encontré con diferentes mosaicos en el piso, cada uno representaba algún alto señor de la época y era un detallito muy mono.

Mientras me comía un rico Ramen en la estación, estaba un tanto cuanto preocupado ¿por qué? Porque aún no llegaba a la mitad de mi viaje, y ya estaba molido. Este era el primer viaje de dos semanas que realizaba y es que, normalmente, con una semana de vacaciones a ritmo incansable, acabo agotado, así que debía encontrar cómo sobrevivir a dos semanas con la intensidad que acostumbro.

Himeji

El día que fui a Hiroshima, a bordo del Shinkansen, al pasar por la estación de Himeji, al fondo vi el hermoso castillo blanco del lugar. Hubo un punto de mi viaje que había considerado tachar a Himeji de la lista pero, ante la insistencia de Paco y con la visión a lo lejos del Castillo, reconsideré y acomodé la agenda para visitarlo.
La Avenida Principal de Himeji y al fondo el Castillo

De acuerdo a Paco, en días festivos o fines de semana, la cantidad de gente te hace imposible la visita, así que al ir Jueves en la mañana encontré relativamente pocos visitantes. El camino de la estación al Castillo es la avenida principal de esta población, una que resulta muy comercial pero llena de detallitos bonitos.

Cuando entras a la fortaleza, te sientes transportado al tiempo de los Shogunes, porque hay un puente, por la fosa que rodea la muralla, así que es un sentimiento especial. Creo que el de Himeji es el Castillo mejor conservado de los que visite. Conforme te vas acercando se ve más esplendoroso y tus ansías por entrar van creciendo.
Uno de lo pocos Sakura que encontré en mi viaje

Al tener el piso original, te quitas los zapatos en la entrada y te dan una bolsa para que los lleves contigo, hay quienes llevan sus sandalias especiales para duela y ésas sí las pueden usar dentro. Como todo el viaje, ese día hacía frío pero, con lo destrozados que estaban mis pies, fue una delicia caminar por el piso helado, ya que le daba algo de alivio a mis piecitos.
El Castillo de Himeji y su servidor

Resulta muy interesante la arquitectura de aquella época, ya que estar en su interior es exactamente igual como te lo muestran en esas películas de Ninjas o Samuráis. Aunque, para ser honestos, ya dentro del Castillo te decepcionas un poco, porque está vacío, y es que todo el mobiliario, adornos, accesorios y demás se lo llevaron al museo de la ciudad (Así pagas doble). En ese aspecto me la pasé mejor en el Castillo Nijo de Kioto, en donde podías ver mucho del mobiliario original.

Aun así es interesante ir subiendo por el Castillo vacío, ya que ves cómo estaba conformado, sientes las paredes, los pisos, ves por las ventas y demás. Además la vista desde la cima de la construcción es muy bonita, ya que puedes ver todo Himeji alrededor.
 
Da para muchas bellas postales el Castillo
Dentro de la fortaleza, aún dentro del Castillo, hay un bello jardín y hay otra sección de las “oficinas administrativas” de aquella época. Ahí había una exposición más completa de la historia del lugar, la vida en aquellos años, la explicación de la arquitectura y demás. Esta sección ya te salva la visita, porque ver el Castillo vacío te deja una sensación de leve frustración.

Lo que más vale del sitio son las bellas imágenes que capturas, y eso que aún no florecían los Sakura. Sin duda, un par de semanas después, con los cerezos a todo lo que daban, obtenías unas postales aún más bellas de las que tomé.
 
Chulada de imagen
Kokoen

Saliendo de la fortaleza, caminé unos 300 metros hasta el Kokoen, un jardín MUY bonito, a pesar de que aún no estaban a plenitud las flores. Por estos bellos jardines me he prometido que la próxima vez que venga a Japón, vendré a media primavera o a inicios de Verano, aunque me salga más caro, porque me muero por ver la majestuosidad de estos lugares con las flores haciéndole segunda.
El Estanque lleno de Carpas Japonesas (Koi)

Los Jardines que visite eran diferentes pero compartían la esencia de paz, de belleza, de elegancia y de sutiles detalles que hacían la visita una delicia. El Kokoen era bastante amplio, con diferentes secciones en donde podías ingresar a una casa de té, recorrer caminillos tipo laberinto, en donde accedías a diversos minijardínes y te sentías dueño del lugar porque estabas solo en cada uno.

Las lámparas, las construcciones, los caminos de piedras, el musgo, los ríos y cada detalle fue puesto con una idea en mente: que te sintieras plenamente agradecido de estar en un lugar tan bello y perfecto. Difícil pensar en algo feo o desagradable durante tu estancia.

Esa característica tienen los japoneses, no sólo con sus jardines, sino con su visión del mundo en general: que las cosas sean agradables, elegantes, bonitas, pacificas, civilizadas y naturales. Si algo en el jardín es artificial no se nota, porque todo está tan bien diseñado que no puedes decir qué fue puesto ahí por la naturaleza y qué por la mano del hombre.

Hay puentes de madera y caminitos de piedra que cruzan la pequeña cascada y la poza en la cual se encuentras los serenos Koi. Esto rodeado de árboles excelsamente podados, luego los caminitos te llevan a pequeñas puertas que conectan los distintos minijardines y te sientes como en la época medieval y, al mismo tiempo, sientes un gusto infantil al ir cruzando cada puerta para encontrarte con otro hermoso jardín.
Estos Caminitos me fascinaron

Cada jardín tiene pequeñas pagodas o “kioskos” en donde te puedes sentar un momento y escuchar el agua fluir, los pájaros cantar o simplemente escuchar el susurro del viento meciendo las hojas y relajarte en tan bello lugar. Y eso es lo chido de este sitio que casi nadie habla y, de hacerlo, lo hace con una voz bastante tenue, para no romper con la profunda paz que se respira en el ambiente.

Incluso en los jardines me encontré a un par de gatos negros que reposaban de manera tranquila en los pastos. No me acerqué porque estaban descansando tan deliciosamente que no me parecía correcto interrumpir su reposo. También me encontré con un grupo de chicas, no sabría decir si de Secundaria o Prepa (el japonés nunca aparenta su verdadera edad) pero, a pesar de los risueñas que eran, sabían comportarse para no afectar la paz del resto de visitantes.

Finalmente había una sección de Bambúes que resultaba obligatorio recorrer, obviamente no era un bosque como el de Arashiyama en Kioto, pero era un buen placebo.

Mi visita al Kokoen me puso muy de buenas y, como aún tenía tiempo para mi Shinkansen, me compré una crepa de frutas en lo que recorría tranquilamente la avenida principal de Himeji.
Hermoso Jardín

Aun así llegué temprano a la estación y pude grabar un par de Shinkansen pasar a toda velocidad. Y es que, normalmente, cuando el tren bala se aproxima a una zona poblada, disminuye bastante su velocidad para evitar la contaminación auditiva pero, como la estación en Himeji está a la orilla de la población, es una de las pocas en donde puede grabar el tren pasando a su verdadera velocidad.

Regresando a Tokio
Naturaleza elegante y bella

Desde Himeji tomé mi Shinkansen de  regreso a Tokio y, de alguna manera inexplicable, sentía que regresaba a casa ¿Por qué? Porque ahí había iniciado el viaje y ahí iba a terminar. Fue una especie de nostalgia previa.

Creo que influyó que pasé mis primeros cinco días a solas en dicha ciudad. En realidad la gran mayoría del viaje estuve solo, a excepción de un par de días que me acompañaron Paco y su familia, pero casi siempre estuve por mi cuenta.

Ciertamente en el sur vi lugares maravillosos, experimente cosas muy intensas en la zona de Kanzai y en Hiroshima, pero Tokio tiene un carisma especial que me encantó. Seguramente, si viviera en Japón, no me gustaría vivir en la capital pero, para visitar, es un lugar espléndido.

Estos escritos sobre mi viaje a Japón se pueden clasificar en dos secciones: en los que hablo de los sitios que visité y en los que trato aspectos culturales por demás interesantes de esta fascinante nación. La siguiente entrega sobre el país del Sol naciente será sobre algún tema de su cultura.


Hebert Gutiérrez Morales.