sábado, 30 de julio de 2016

Underground (y El Lugar que nos Prometieron)

“Los muertos, muertos están, obviamente, pero tiene que haber formas de morir con más sentido”

            Lo compré porque cuando veo algo que tiene el apellido “Murakami” impreso, lo llevaba sin chistar; eso hasta un libro infumable de un tal Ryu Murakami (llamado “Azul casi transparente”), y a partir de entonces ya “sólo” compro cosas de Haruki Murakami sin chistar ;-)

            De haber sabido lo que era "Underground" de antemano (una recopilación de entrevistas sobre el atentado en el Metro de Tokio del 20 de Marzo de 1995) creo que me lo hubiera pensado dos veces y no lo hubiera comprado, pero como ya lo tenía en casa, pues decidí darle una oportunidad.

            El inicio me pareció algo soso, los testimonios los encontraba repetitivos y no me capturaron en lo absoluto. Sólo dos veces he dejado un libro sin terminar, y vaya que debieron haber sido más, aunque Murakami nunca me ha dado motivos para hacerlo pero, de haber seguido la lectura en el mismo tono, creo que la hubiera dejado. Sin embargo persistí porque, como lector experimentado, sé que casi siempre hay punto de inflexión y ése me llegó con el relato de cierta mujer.


            Cuando llegó el testimonio de Shizuko Akashi fue el parteaguas que me cambió la sensación en el libro. El ver a esta mujer llena de energía, de amor, de hambre por vivir, que viajaba frecuentemente y se quería comer el mundo a puños; verla reducida a un remedo incapacitado de sí misma resultó en especial doloroso, me conmovió hasta las lágrimas porque, a pesar de su incapacidad, seguía mostrando esa pasión por recuperarse e intentar volver a la normalidad.

            Ése fue de los pocos casos particulares que me llegaron, pero el libro también te ofrece un panorama más general de la idiosincrasia nipona, ya que te evidencia algunos de sus aspectos culturales, por todas las coincidencias que notas a lo largo de las entrevistas.


            Para el nipón es MUY importante llegar temprano al trabajo, entre 30 minutos y una hora de anticipación, producto de su profundo sentimiento de responsabilidad y lealtad, en donde prefieren regalar su tiempo a la empresa que robárselo. Y los entiendo cabalmente, porque también me gusta llegar una hora más temprano a la oficina para avanzar y tener un día laboral más manejable.

            Ese compromiso exagerado queda cabalmente demostrado con lo trabajópatas (o Workaholics) que son los nipones. Aun sintiéndose mal, por los efectos del Sarín, la gran mayoría llegó al trabajo, incluso realizaron muchas de sus tareas matinales y fueron al hospital porque los enviaron, de lo contrario, hubieran seguido trabajando.

            Sobre ese mismo tema, me identifiqué plenamente con la frustración del Señor Ishihara Takahashi, mismo que se esforzó al máximo por llegar a su oficina y que no pudo por los efectos del gas. Cuando dijo “Nunca había faltado al trabajo por una enfermedad”, me dio en el centro de mi corazón, ya que apenas tuve que faltar al trabajo (por primera vez) debido a una enfermedad y eso me hirió mucho.

            Esa misma obsesión con el trabajo se vio reflejada en la edad de algunos de los entrevistados. Muchos se pueden jubilar a los 60 años y, de manera obligada a los 65, sin embargo, casi nadie considera la opción del retiro como real, y en sus planes no está el viajar después de los 65, sino seguir trabajando porque, de lo contrario, se aburrirían. Comparto la visión de seguir activo después del retiro pero ¿seguir trabajando? A menos que fuera por placer o por hobby, veo difícil hacerlo en lugar de viajar.

            Otro aspecto que queda patente en los testimonios es el orden y previsión de los japos: tienen muy claro los horarios, los trasbordos, las estaciones, en qué anden hay menos gente o qué vagón les queda más cerca para su salida. Siempre intentan la ruta óptima, por eso son metódicos y organizados para aprovechar su tiempo, espacio y demás recursos.

Para muchos no les parecerá gran cosa, pero les puedo asegurar que el Metro de Tokio es tan complejo como un laberinto, con líneas, estaciones y servicios tan diversos que hace ver otros (como NY, Berlín, San Francisco, Chicago, Londres o la Ciudad de México) como un juego de niños. Con dicho control los japos podrán parecer una cultura un tanto ñoña y/o neurótica ¡porque  lo son! Pero también ahí reside su orden y eficiencia.

            Otro hecho cultural muy marcado es que la gran mayoría de los entrevistados (Tanto de las víctimas como los de Aum) eran hombres, fácilmente había cinco entrevistados masculinos por cada fémina que daba su opinión. Este hecho nos deja en claro que el machismo japonés prevalece aún en nuestros días, y no es que Murakami no quisiera entrevistarlas en realidad, tanto hombres como mujeres, consideran que el punto de vista femenino no es tan valioso como el masculino. Así que a las mujeres no las dejaron hablar (su familia o pareja) o ellas solitas se autocensuraban al no considerar su testimonio tan valioso.

“Si no existe peligro inminente, muchas amenazas nos pasan desapercibidas”

            La japonesa es una sociedad sui géneris, ellos mismos se tachan de individualistas sin embargo, no es tan cierta esa percepción que tienen de sí mismos. Lo sé porque vivo en una sociedad, en verdad, individualista aunque lo más correcto sería decir egoísta, por no decir culera y desleal. Así que con ese antecedente cultural, cuando visite Japón, pude darme cuenta de su forma de respeto, mismo que llaman individualismo.

            Algunos de los entrevistados criticaron que había muchos afectados y que la gente seguía con su vida, pero es una percepción injusta. El japonés respeta tu espacio, por lo que respeta tu sufrimiento. Si ven a alguien en la calle sentado y lamentándose, lo dejan a solas, A MENOS que la persona solicite ayuda o en verdad esté en peligro, entonces el japonés es muy solidario y apoya sin chistar.

            Otro efecto palpable del atentado fue el impacto psicológico a los japoneses, el shock que experimentaron fue profundo, y es que Japón es un país TAN seguro que todos están muy relajados respecto a la seguridad. Cuando estuve ahí fácilmente pude haber entrado al metro con armas, bombas o bolsas de gas sarín y nadie se hubiera dado cuenta de ello.


            Los controles de seguridad son casi nulos, y los empleados en cada estación son relativamente pocos para la cantidad ingente de pasajeros que hacen uso del servicio a diario. Utilice el metro 21 años después del atentado y no vi ni un mecanismo de prevención o control de seguridad, por lo que hubiera resultado fácil que se repitiera dicho atentado.

            Y es que la seguridad (o su ausencia) pasa a ser del inconsciente colectivo. Uno de los entrevistados lo ejemplificó de manera clara, ya que estuvo una semana antes en Colombia en, donde según sus palabras, vives con la consciencia de que algo te puede pasar en un día cualquiera (una explosión, un asalto, un asesinato y demás), pero esos hechos no pasan en Japón, es por eso que la gente tardó en reaccionar en el momento del atentado y, aún después de él, seguían sin comprender el porqué del mismo.


            Y no sólo para los japos resultó sorpresivo sino para el mundo en sí, porque estás acostumbrado a escuchar de atentados en diversos países (ricos y pobres) en todos los continentes, pero no te cabe en la cabeza escuchar de ello en naciones tan civilizadas como podrían ser un Japón, Suiza, Finlandia, Nueva Zelanda o Islandia. Así que estoy seguro que los ciudadanos de dichas naciones no están preparados para algo así (por lo menos mentalmente).

            Ese sentimiento también es reflejo de la falta de reacción oportuna de los servicios de emergencia (policía, bomberos, hospitales y demás) ante una situación tan caótica. Su vida tan tranquila, en un país tan civilizado y ordenado, les impidió estar preparados para una situación tan grave como la que se desató aquel Lunes.


            Pero esa falta de reacción de las autoridades dejó de manifiesto la solidaridad que el pueblo japonés tiene ya que, a falta de vehículos oficiales y/o de emergencia, la gente se organizó para llevar a los afectados en autos particulares, que circulaban frente a las estaciones, a los hospitales cercanos. Por eso no puedo tomar al japonés como un pueblo egoísta ya que dicha escena, en México, es impensable: nadie se detendría y pocos tendrían la voluntad de llevar a un desconocido a un hospital. Resultado de un pueblo desleal, culero y ojete.

            Algo de lo que me dejó este libro es que te concientizan de lo que significa un atentado, contantemente escuchamos en las noticas que murieron tantas decenas de personas por un coche bomba, un tiroteo y demás, en distintas partes del mundo.


            Y es que ya es algo tan común escucha que hubo 200 muertos en Irak o 100 en Somalia que sólo lo tomamos como una cifra, como si hubieran matado a un número, pero se nos dificulta verlos como humanos. Sin embargo, al ponerle nombre a las víctimas, conocer un poco de su rutina, sus ilusiones, sus preocupaciones y las secuelas del atentado, te das cuenta de que un inocente, inexplicablemente, debe sufrir las consecuencias de las ideas locas de alguien ajeno a su vida.

            Con tanto sufrimiento que ocasionó la secta de Shoko Asahara uno comprende el por qué existe la pena de muerte. Sé que muchos se oponen por razones humanitarias, sin embargo hay individuos o grupos que desprecian tanto la existencia ajena que no merecen retener la propia.

            Otro de los regalos que recibí de este libro fue el recordatorio que viajar es invaluable. Una de las ganancias permanentes de viajar son los recuerdos y que cuando lees de cierto lugar, lo visualizas de manera especial. Físicamente estuve en muchos lugares que mencionan en el libro, no sólo estaciones, sino barrios o lugares diversos. Y así es más fácil empatizar con la situación, al conocer los escenarios de los que te están hablando.

            Dentro de esos recuerdos, tengo nítida la imagen de estar en esos vagones repletos a la hora pico y me resulta sorprendente la cantidad tan baja de muertos para un lugar tan atascado y con una sustancia tan letal.

“Una prestigiosa medalla de guerra concedida a un soldado no tiene por qué ser de oro puro. Es suficiente con que esté respaldada por el reconocimiento público y compartido de que se trata de una medalla, para que no nos importe que sea de hojalata”

            Otro hecho que me quedó muy claro es que los medios de comunicación son igual de corruptos, inmorales y cínicos alrededor del mundo. Los medios japoneses se centraron en los hechos más escandalosos, más crudos, más chocantes, más llamativos sin importarles lo que estaban afectando a las víctimas, obviando y dejando atrás sus sentimientos. A los medios no les interesa respetar el sufrimiento ajeno, al contrario, si lo pueden explotar para vender más, aprovechándose de la tendencia humana al morbo, lo harán sin ningún reparo.

            Esa misma postura provoca esa desensibilización que tenemos como espectadores, porque leemos “200 muertos”, pero no somos conscientes del sufrimiento que pasó cada persona y el que están viviendo sus familias, y el que los medios lo exploten, hacen que eso se convierta en un espectáculo, y nos es difícil empatizar con el sufrimiento ajeno. Es hasta que pasamos por algo así que entendemos lo que siente esa gente.

            Dentro de sus reflexiones, Murakami menciona una ocasión en donde vio la grotesca campaña política de AUM, tan grotesco que tuvo que voltear. Él mismo reflexiona que por eso AUM pudo crecer tanto en Japón: porque la Sociedad se negaba a ver algo tan desagradable (para el buen gusto nipón).

Y por tal motivo se mantiene el ambiente óptimo para que algo así se vuelva a repetir, ya que la Sociedad prefiere ignorar aquello que le resulta desagradable en lugar de ver qué está reflejando de su personalidad: nuestros monstruos, nuestros lados oscuros.

Mucha gente optó por no ver a AUM, y de ahí que maniobraran en clandestinidad hasta que surgieron las muertes de sus atentados. Lo ideal hubiera sido preguntarse “¿Qué me desagrada de estos sujetos?” y así actuar en consecuencia.

Otra explicación muy sabia de Murakami fue esa postura de “nosotros” estamos bien y “ustedes” están mal, “Nosotros” somos los “buenos” y “ustedes” son los “malos”, “Nosotros” poseemos la verdad absoluta y “ustedes” están totalmente equivocados. Justamente estas posturas radicales que todo lo polarizan van generando un ambiente ideal para la creación de estos movimientos, estas sectas.

Al no haber una libertad de pensamiento o de accionar, se van gestionando alternativas fuera del “orden social”, gente que no le encuentra sentido a la Sociedad tan ridícula que hemos diseñado y, aunque sean cognitivamente inteligentes, sienten que la única salida es ese camino distinto que han encontrado.

La individualidad se va perdiendo, se va demonizando, si no actúas como la mayoría eres señalado y tachado de inadaptado. Este rechazo se hace sin más argumento que el ser distinto, sin preguntarnos qué busca, qué siente, cómo ve las cosas aquel “inadaptado”.

Simplemente uno se limita a decir “están mal” y sí, los atentados estuvieron mal, pero nadie se puso a ver qué hubo detrás de ellos. Como pregunta el autor “¿En qué momento empezamos a abotonar mal la camisa?” porque los atentados sólo fueron la consecuencia de años atrás de malas decisiones respecto a AUM. ¿En qué momento fueron surgiendo todas estas desviaciones sociales?

Pero se dice que todas las historias tienen dos versiones, incluso en atentados tan violentos en contra de la humanidad. En "Underground", el autor se dedicó a conocer las ideas y sentimientos de las víctimas de los atentados, pero hacía falta el sobrepeso de la otra parte involucrada: la secta AUM.


Un año después de que Murakami sacará "Undergound", empezó a entrevistar a miembros y exmiembros de AUM, dichas entrevistas empezaron a salir publicadas en una revista para, posteriormente ser recopiladas bajo el apropiado título “El Lugar que nos prometieron”. Para mi fortuna, esta continuación fue incluida en la versión en español.

“La memoria humana no es más que la interpretación personal de los hechos”

Personalmente no me esperaba estas entrevistas, pero me resultaron más llamativas que las de las propias víctimas, ya que te ofrece otra perspectiva de la situación. Ninguno de los entrevistados de AUM estuvo involucrado en los atentados, sin embargo su visión del mundo a través de la secta resulta en extremo interesante.


Algo en común que tuvieron los de AUM es esa necesidad  de creer en algo, de pertenecer, de trascender y que no encontraban en esta sociedad consumista, materialista o secular. En pocas palabras, estaban hartos de una sociedad falsa en donde las apariencias importan más que los hechos, en donde se obvian las necesidades de pocos con tal de darles prioridad a los de la mayoría.

Desde mi perspectiva, estas personas carecían de bases sólidas, personalidad o fortaleza suficiente para hacerle frente a la sociedad, para defender sus diferencias ante los demás, para encontrar las respuestas por sí mismos. Fueron débiles y por ello se dejaron seducir por la trampa de AUM, cayendo rendidos ante el carisma de Shoko Asahara.

            Sé que es injusto de mi parte juzgarlos, porque apenas voy encontrando dicha fortaleza y personalidad ahora que me aproximo a los 40 y me animo a buscar mis propias respuestas, sin tener la necesidad de pertenecer a un grupo. Pero cuando estas en tus 20’s (o a veces en tus 30’s), lo que quieres es identificarte con algo, lo cual se potencia si estás vacío, no tienes ni idea y llega alguien y te habla bonito, pues es fácil caer en dichas sectas, sin importar la inteligencia cognitiva que tengas.

            No es tan raro o inexplicable que la gente caiga en dichas trampas. Si uno se pone a observar con detenimiento, la sociedad se ha tornado ridícula, destructiva, cínica, despreciable y nociva. Personalmente tengo unos años en terapia psicológica, pero leyendo lo que expresan los entrevistados de AUM lo encuentro lógico, lleno de sentido. Y ahí me di cuenta que, de haberse dado las circunstancias, fácilmente hubiera acabado en una secta. Por fortuna tuve bases, inteligencia, algo de cobardía y un trabajo terapéutico que me dio el debido soporte.

            Me pareció una aportación muy valiosa del autor tomar en cuenta las opiniones de AUM y evidenciar que, aunque fueron pocos los implicados en los atentados, la totalidad de sus integrantes son receptores de los prejuicios del resto de la Sociedad. Ya que, tiempo después del suceso, algunos querían salir adelante dando clases, vendiendo pan o trabajando en construcciones, pero eran abiertamente discriminados por la sociedad y hostigados por la policía. Dicho repudio les dificultaba salir adelante, aunque ellos no hubieran tenido nada que ver en las muertes del metro e intentaban ser productivos.


            Cuando leía la lealtad y ceguera con el que los miembros y exmiembros de la secta defendían a AUM, recordé a la primera persona que me empezó a tratar con Flores de Bach hace unos dos años. Dicha fémina estaba bastante ensimismada en el Budismo,  creencias esotéricas y espirituales.

            Aunque también comparto algunas de dichas creencias, el fanatismo de ella era tal que terminabas por no escucharla, por desecharla y alejarte tanto como te fuese posible. Porque aunque sea muy cierto o válido en lo que crees, si tomas una actitud fanática al respecto, a nadie le va a interesar si es verdad o no.

            Me parece que debes alcanzar un equilibrio entre el mundo real o, como ellos lo llaman, secular y tus creencias, de lo contrario no vas a despertar mucha confianza entre el resto ni vas a alcanzar la influencia positiva que quieres ser en los demás.


            No puedes vivir sólo de lo esotérico e idílico, porque este mundo materialista es total, y tienes que aprender a funcionar con el sistema y, al mismo tiempo, mantener tus creencias. Y precisamente por ello no funcionaría en una secta, en una religión y, a veces, ni en la sociedad misma, porque intento ver las cosas desde mi perspectiva y como casi no casa con la de cualquiera, prefiero seguir mi camino solo en lugar de forzar a alguien más en creer en lo que yo creo, y tampoco les voy a permitir a los demás el decirme qué hacer, qué pensar y cómo comportarme.

            En mi estancia en Japón, mi amigo Paco me compartía que el Japonés está adaptado para obedecer, para seguir a un líder, aunque creo que eso es una característica de la humanidad en sí. Ese defecto lo vi en ambos grupos entrevistados: los que iban al trabajo y, a pesar de la situación, estaban enfocados en llegar a él, y los de AUM que, a pesar de ver cosas que no cuadraban, le seguían siendo fieles a su secta y sus doctrinas.


            Me parece que la mayoría de los humanos tienen esa necesidad de pertenecer, y casi nadie se pone a cuestionar si lo que están haciendo está bien o mal, si es productivo o nocivo, si les ayuda a trascender o no. A casi todos les basta con saber que pertenecen a un lugar, sin importarles que alguien más tome las decisiones por ellos, sólo se dedican a hacer su parte y a no meterse en problemas.

“El amor puro y lo que la gente llama amor romántico son dos cosas distintas. El amor puro no manipula la relación en provecho propio, pero con el amor romántico es distinto. El amor romántico contiene otros elementos, por ejemplo, el deseo de ser amado. Si amar a otra persona fuera suficiente, nadie sufriría por el amor no correspondido. Mientras la persona amada fuera feliz, no habría que sufrir por no ser amado. Lo que nos hace sufrir es el deseo que nos amen. Así que concluí que el amor puro y el amor romántico son dos cosas distintas y que, si seguimos esta idea, podemos mitigar el dolor de no ser correspondidos”
WTF!


            Al final, dentro de las acertadas conclusiones de Murakami, es verdad que el enemigo no es AUM, sino el ambiente que permitió que un grupo así se generara porque, aunque desintegren a AUM, las condiciones para que grupos extremistas vuelvan a surgir siguen ahí.


            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 24 de julio de 2016

La Soledad de los Números Primos

“De camino a casa de su amigo, Alice puso la música alta pero, si al llegar, le hubieran preguntado qué escuchaba no habría sabido decirlo. De pronto estaba furiosa, sabía que iba a estropearlo todo, pero también que no había remedio. Al levantarse, hacía un rato, de la mesa había superado el invisible límite más allá del cual las cosas ocurren por sí solas”

            Producto de mis ensayos, hay personas que me escriben y me retroalimentan de lo que les dejan mis ideas. Dentro de esos mails, una chica chilena me dijo en una ocasión que mi manera de pensar le recordaba la esencia de “La Soledad de los Números Primos” de Paolo Giordano.

            Obviamente, para lo egocéntrico que soy, compré dicho libro para corroborar que tan cierta era aquella percepción y, mientras lo leía, entendí las similitudes que encontró esta mujer con mi manera de percibir el mundo.

            Antes de entrar en detalles de la historia, es mi compromiso moral poner el fastidioso SPOILER ALERT, ya que voy a platicar del argumento de forma abierta y despreocupada así que, si pretende leer este libro, no siga con este ensayo.

            El inicio me llamó mucho la atención, ya que te demuestran el suplicio de Alice por cumplir el sueño paterno. Ese anhelo que los progenitores tienen para que logres sus proyectos frustrados porque quieren triunfar a través de ti. El problema se presenta cuando no quieres seguir ese camino pero, como son tus papás, no quieres defraudarlos, así que sigues sus deseos lo cual, muchas veces trae consecuencias irremediables, como lo fue la cojera de Alice, aunque también pueden ser del índole moral, psicológico o sentimental.

            Algo así pasó con Mattia, cuyos padres le compartieron una responsabilidad que resulta pesada para un adulto y que, en un niño, es una loza que va más allá de tu capacidad. Cuando Mattia deja atrás a Michaela (literalmente) es un pasaje difícil de definir, me ocasionó tristeza, enojo, horror, indignación, miedo, ternura, empatía y demás. Es de esas acciones que no puedes justificar pero puedes entender, sobre todo desde la perspectiva de un niño.

“No pedía mucho, sólo la normalidad que siempre había merecido”

            Aunque es una época feliz, el desarrollo como niño no es fácil, y hacerlo con una carga a cuestas que limita tu desarrollo social, hace que percibas la vida como injusta. No lo puedo juzgar porque no sé si hubiera hecho lo mismo, sobre todo cuando ves la pena en la escuela, el prejuicio de tener una hermana retardada y la actitud de tus padres para que la protejas en todo momento. La frustración e impotencia de ser alguien tan chico e inmaduro y se te pide que lleves una responsabilidad tan grande y pesada como tu hermana retrasada, ¿alguien lo puede culpar por querer ser libre un rato?

            De niño quieres divertirte, ser libre, reír y despreocuparte de todo. El hecho que desde tan pequeño te endilguen responsabilidades tan grandes y agobiantes es antinatural para una infancia plena.

            Me estrujó el corazón cuando dejó a Michaela en el parque y ésta expresó el sentimiento en su mirada con una sensación enorme de miedo. De haber vivido una escena así, creo que ahí hubiera vuelto por ella y hubiera regresado a casa. Justo el sentimiento con que Mattia la dejó hizo más cruel el momento en que no la encontró de regreso. Sentí todo el pavor, la preocupación y lo aterrorizado que se debe sentir un escuincle de primaria que acaba de extraviar a su hermana retrasada. Sentí pena por él, obvio también me angustió el destino de Michaela, pero no quería estar en los zapatos de Mattia en esa situación.

            Y con ese bagaje traumatizante, los protagonistas aprenden a vivir con sus demonios y avanzan por la vida.


“Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”

            Cuando lees toda la historia de Viola, con toda su pretensión y ves cómo todos a su alrededor se la creen y buscan igual ser igual de “cool” que ella, recordé mi época escolar y me doy cuenta de lo pendejo que era por pretender ser más o algo diferente a lo que era, todo por una falsa aceptación por el medio. Pero es necesario pasar por esas experiencias y por dicha época para dejar de ser tan pendejos en la adultez. Aunque, honestamente, hay gente que no deja de ser tan pendeja durante toda su vida.

            Me encantó cuando Viola, con toda su seguridad y prepotencia llega a invitar a Mattia a su fiesta y éste la rechaza con un cortante “No voy” y ella, herida en su orgullo, “¿Acaso estás muy ocupado?” y Mattia responde con toda honestidad “No, no voy porque no me gustan las fiestas” y la otra terminó más frustrada.

            Tal vez Mattia rechazó la invitación por las razones equivocadas (por el trauma que acarrea de Michaela) pero el que rechazara la invitación de la pedante Viola fue un momento que disfrutas mucho. Tal vez resulte un poco improbable a esa edad, pero me sentí identificado con él porque desde los ocho años he rechazado muchas fiestas por sentirme incómodo. Por esos breves detallitos me sentí plenamente enganchado con el protagonista.

            Cuando ves las estupideces que tiene que realizar Alice para ser aceptada, entendible dado a que la cojera resulta más lamentable en una mujer que en un hombre, es cuando ves que Mattia tiene más dignidad en su accionar, aunque sea por el trauma de Michaela, o así lo percibo yo, porque no busca la aceptación externa y, sin embargo, la recibe aunque no la quiera. También se podría interpretar que, junto con Michaela, mucha de su alegría y/o ganas de vivir se quedaron en aquel parquecito de su infancia.

            Pobre Viola, creo que el autor incluyó a un personaje así (que todos tuvimos una en la escuela) para ensañarse con ella y que sirviera de burla, ya que en su tiempo no percibimos la humillación de aquellos personajes tan pedantes. ¿Por qué digo esto? Por el escarmiento que recibió, inconscientemente, de Alice.


            Viola quería que Alice experimentara el vacío que ella vivió en su tiempo, por eso la emparejó con Mattia en su fiesta, para que tuvieron sexo sin sentimientos, frío o vacuo. Al ver la forma tan natural y bella que la pareja se veía, al estar agarrados de la mano, Viola experimentó algo de justicia poética, ya que vio algo que anhelaba y que, irónicamente, había conseguido para alguien más. Viola fue la primera en darse cuenta que Alice y Mattia eran el uno para el otro, incluso años antes de que ellos mismos lo sospecharan.

“Pasaba tanto tiempo solo que, de haber sido una persona normal, se habría vuelto loco en un mes”


            El hecho de que los protagonistas tuvieran mi edad, al nacer en el mismo año, y que tuvieran sus vivencias en las mismas épocas que las mías, fue un motivo más para que me enganchara con este libro. De alguna manera, aunque los hechos fueran totalmente distintos, me fui acordando de lo que sentía en las distintas edades en que te van presentando de sus trayectos.

            Dentro de esas coincidencias estuvo “Pictures of you” de The Cure, y es que el sentimiento de esa canción lo capto tan íntimo, un recuerdo muy profundo de mi juventud, y al ver que para ellos también sonaba en un momento relevante, me conmovió y recordé todo lo que esa hermosa melodía significa para mí: Es tan bonita como triste.

            Alice lleva a Mattia al mismo parque en donde abandonó a Michaela, y éste se destroza, por lo cual le abre a Alice su corazón y le comparte el secreto más oscuro de su pasado. Resulta fascinante cómo el autor te va dosificando lo que le pasó a Michaela, porque no te lo entrega de un solo golpe, ya que capítulo a capítulo te vas enterando de un nuevo detalle. Lo mismo hizo, en menor medida, con el accidente de Alice.

Como soy un atascado en todos los aspectos de mi existencia, aprecié esa dosificación, porque pude apreciar con mayor calma, el efecto que tuvo la desaparición de su hermana en Mattia y sus padres. Por eso te va desgarrando el corazón de a poco. Obviamente Mattia tuvo gran parte de la responsabilidad, pero era un niño, mismo que es juzgado por sus acciones desde la perspectiva de un adulto (por sus padres y por él mismo). Sólo era un niño en busca de aceptación, queriendo felicidad, en busca de libertad, de una infancia normal, sin cargas o responsabilidades, pero sus padres nunca le dieron ese chance al enjaretarle todo el tiempo a la hermana.

            Me gustó mucho cómo el autor tiene la habilidad de ir reflejando los sentimientos de los protagonistas en cada edad que van experimentando. En la niñez pasan cosas que no te perdonas, y que vas cargando el resto de tus días. En la adolescencia queremos ser aceptados, queremos ser populares, queremos ser igual que el resto, que no nos señalen por nuestras diferencias o, en el espectro contrario, ser invisibles y que nadie nos moleste. O, cuando salimos de la escuela, y nos damos cuenta que lo único que hemos hecho es estudiar, nos damos cuenta que no sabemos nada práctico para valernos por nuestros propios medios.


“Despertaba con la cabeza llena de pensamientos incoherentes. No se levantaba hasta que no había más remedio y la confusión de su mente empezaba a disiparse, no sin dejarle una niebla lechosa, recuerdos de sus sueños interrumpidos, que se mezclaban con los reales y no parecían menos verdaderos. Entonces erraba en el departamento silencioso como fantasma de sí misma en lenta búsqueda de lucidez. Me estoy volviendo loca, pensaba a veces. Pero no le importaba, al contrario, sonreía satisfecha porque, por fin, lo elegía ella.”

            Comprendí plenamente la incapacidad social de Mattia porque, obviamente, sé lo que siente. Y es que hay tantas cosas que “debería” hacer a mi edad y que no sé cómo, cosas que hace la gente “normal” y que no me ha interesado aprender. ¿Por qué? Probablemente por esa decepción del mundo, la cadena de tristezas que desembocan en una adicción crónica a la soledad, misma que hace que esas cosas que “deberías” saber se vuelvan irrelevantes.

            El realismo con el cual el autor refleja las relaciones padre e hijos es notable. Por un lado el padre de Alice que la obligaba a tomar clases de ski que, eventualmente, la llevaron a quedar coja, aunque no fue propiamente culpa de nadie, pero queda esa sensación de reclamo de la hija hacia el padre por obligarla a algo que no quería. Es por ello que, cuando murió la mamá de Alice, el padre tenía miedo, ya que su esposa era el único vínculo con su hija.

            Por parte de Mattia, me resulta impensable que una madre pueda odiar a un hijo pero, cuando te cuesta la vida de la otra hija, has de tener sensaciones tan contradictorias que has de entrar en una especie de shock emocional, que marcó a la familia entera.

           Pero siempre será más fácil responsabilizar al actor material (Mattia) que reconocer la propia culpa por endilgarle a la hija retrasada a un niño, cuando la madre se deslindó de muchas de sus responsabilidades (y culpas) a través de sus engendros. Por eso, cuando Mattia recibió la propuesta del norte de Europa, la madre estaba tan empecinada en que aceptara, porque ya no lo quería ver, porque en él veía a un hijo, pero también al asesino indirecto de su hija retrasada, y ya no quería lidiar con dicho sentimiento.

Regresando a Alice, lo que hizo con la sesión de fotos de Viola podría parecer despreciable e incorrecto y, por mi personalidad, no lo hubiera hecho, aunque entiendo la necesidad de venganza de la coja. Todo por esos resentimientos escolares que no todos tenemos oportunidad de saldar.

“Y Alice sonrió, pensando que quizá aquella sería la primera media verdad de los esposos, la primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas por las que, tarde o temprano, la vida introduce su ganzúa y hace palanca”

El sentimiento de “Todo se acabó, ya nada tiene remedio” que experimentaron Alice y Fabio no es del nada lindo, pero resulta necesario en relaciones que no debieron ser, y lo sé porque ya me tocó vivirlo. Al igual que Alice, sabía que no me debía casar porque no había amor de por medio. Hasta que pasas por ello es que entiendes que no debes ceder a las presiones sociales por emparejarte, porque el casarse por ese motivo ocasiona más sufrimientos que si te dejan estar solo el resto de tu vida.

Uno de los tantos momentos en que me veía reflejado con Mattia fue cuando se sentía agobiado, después de tener relaciones con Nadia, ese sentir de falta de libertad, de espacio, de aire, se sentía atrapado y apretado por la presencia de esta mujer. Y comprendí perfectamente la necesidad de su espacio de su “nada” como muy bien lo define, y es que puede dormir tranquilo, a solas, sin que nadie invadiera su espacio.

Sé que para la mayoría de gente común y corriente, el dormir abrazados de alguien, de “cucharita” como normalmente dicen, es lo deseable, lo anhelado, pero habemos otros que en verdad disfrutamos dormir a nuestras anchas. Sólo los que tenemos tanto tiempo viviendo a solas entendemos esa necesidad imperante de estar solos, sin nadie que interfiera en nuestra existencia.

Hacia el final de la historia, en donde la gente anhela un reencuentro con final feliz nos topamos con un comportamiento netamente humano que, a pesar de ser estúpido, lo seguimos haciendo.

Cuántas cosas suponemos, pero no expresamos, sólo tomamos decisiones en lo que creemos que siente o piensa la otra persona pero no preguntamos ¿Por qué? Por una malentendida “pena” o un inútil pudor de lo que puedan pensar de nosotros, de nuestros sentimientos, así que preferimos callarnos para mantener una imagen de nosotros, que podrá resultar digna pero que no nos hace felices.

Ese “¿Qué va a pensar de mí si le digo esto?” ha matado tantas relaciones aún antes que nacieran, eso no quiere decir que iban a ser perfectas, pero sí anulas la posibilidad de intentarlo siquiera y ver que pudieron ser productivas. Lo sé porque yo soy experto en ello.

“Recordaba, sí, aquel momento, pero había olvidado muchos otros, porque el recuerdo de las personas que no amamos es superficial y se evapora pronto”

            El libro me gustó por su realismo, por las cosas que no decimos por diversas razones: por ser muy tarde, por parecer ridículos o porque creer que son tonterías; tanto Mattia como Alice cayeron en eso y, a veces, las situaciones nos parecen imposibles, así que nos autocensuramos porque “no tiene caso decirlo”. Algo que he aprendido, a punta de madrazos y de manera parcial, es que el “no” ya lo tenemos, y que no pierdes nada por preguntar, por buscar un “Sí”.


Alice tuvo la oportunidad de expresar su amor abierto a Mattia, sin importar que siguiera casada y con sólo tres semanas de separarse de Fabio pero no lo hizo por la forma en que se veía y lo que pudiera pensar Mattia de ella. Éste tampoco lo hizo porque sabía que ella estaba casada, y no se arriesgó a proponerle dejar su matrimonio por él, pero se contuvo por lo que pudiera pensar Alice de él.

Mucha gente se pudo haber enojado por el accionar de ambos, sin embargo no deja de ser verdad: la gran mayoría se deja llevar por las reglas sociales, tanto para relacionarse como para NO relacionarse; por lo que “deberíamos” hacer, lo políticamente correcto, llevarse con recato y buen gusto, aunque eso signifique sacrificar nuestra felicidad.

SIN EMBARGO, aunque sea tonto, comprendo plenamente por qué Alice no le confesó a Mattia que lo amaba y que ya se iba a divorciar de Fabio. Ciertamente llevaba tres semanas de separación, y su carta parecía muy repentina y desesperada. Es esa sensación de hacer lo justo porque, aunque nos convenga hacer algo, y sabemos que lo correcto es algo que no nos conviene. No se puede decir que sea una congruencia de sentimientos, pero sí una de ideas o valores.

Por eso habemos tantas personas solas ya que, por un lado, está el miedo pero, por el otro, esta esa necesidad de serle fiel a las ideas, a los valores o lo que creemos. Poniendo siempre en segundo plano lo que sentimos, nuestros deseos, por una falsa sensación de hacer lo “correcto” en lugar de ese egoísmo de hacer lo que realmente deseamos. Por eso Alicie, Mattia y yo somos unos tontos, mi desventaja contra ellos es que ellos son ficticios y su historia acabó con el libro, la mía continúa.

La posibilidad de que Michaela esté viva es un regalo que tomas como lector porque, además, parece ser feliz. Igual y es un detalle que no aporta mucho al argumento, porque iba a ser el mismo final, pero lo agradeces. Incluso entiendo la decisión de Alice de no comunicarlo, porque no tenía caso reabrir una herida ya cicatrizada, porque su amado ya había aprendido a vivir con ello y, si le decía, sólo iba a incrementar su sufrimiento, no sólo de Mattia, sino de los padres y de la propia Michaela.

“Se levantó con toda naturalidad, sin preguntarse si estaba bien o no, si tenía o no derecho. Era sólo que el tiempo volaba, llevándose consigo más tiempo; eran sólo actos evidentes que nada sabían del futuro ni del pasado”


La analogía del autor sobre la soledad de los números primos no puede ser más adecuada al argumento, porque habemos personas que somos solitarias, tal vez no nacimos así, pero hubo hechos que dispararon esa característica. Creo que ninguno de los tres (Alice, Mattia y yo) nacimos para ser solitarios, pero la vida nos llevó por esa senda.

            Sin ser el mejor libro que he leído, sin duda me significó mucho, por distintos aspectos de mi esencia, hechos y sentimientos paralelos que los protagonistas (aunque ficticios) y yo compartimos. La manera de ver el mundo de ambos, la época que les tocó vivir y la manera de percibir su existencia. Todo eso hizo que este texto se me clavara en el corazón y se anidara ahí. Una historia de amor que no terminó como todos quieren, sino como normalmente concluyen, por lo menos para almas solitarias como las de Alice, Mattia y la mía.

            No voy a mentir, no es un libro que TODOS deban leer, tampoco va a ganar el Nobel de Literatura Paolo Giordano, ni creo que sea una publicación que cambie la vida de la humanidad. Pero sí es un texto que refleja plenamente el modus vivendi del ser solitario y lo complejo que resulta relacionarnos.

            Y es que habemos muchos solitarios viviendo ENTRE la sociedad, no viviendo EN sociedad. Debido a las dificultades que tenemos para adaptarnos al resto, optamos por aislarnos para tratar de estar en paz, de soportar el acoso del resto para que nos integremos, que compartamos su manera de ver el mundo. Me parece que a alguien sociable le sacaría de quicio el accionar de los protagonistas, porque normalmente el mundo no comprende nuestra manera de ver la vida.

            Es un buen libro pero no excelente, esto debido a que no está magistralmente escrito. La historia es muy buena pero el desarrollo pudo haber sido mejor. Sé que soy injusto cuando lo comparo con Murakami o Ruiz Zafón, porque ellos cuando escriben de escenas íntimas, de terror, de enojo, conmovedoras, de angustia y demás, en verdad lo sientes a flor de piel. El autor sí me cimbró por momentos, pero no logró afectarme tan profundamente y es que la historia daba para eso, pero el desarrollo estaba un poco verde, totalmente entendible si consideramos que fue su ópera prima.

“Pero tampoco se decidía a marcharse, porque a esas alturas dependía de aquel mundo, se había atado a él con la obstinación con que uno se ata a las cosas que lo perjudican”

            No sé si me gusta o lo aborrezco pero, cuando un libro me recuerda tanto a mí, es algo que definitivamente me deja pensando, porque tengo la posibilidad de verme a través de la historia de alguien más. Habrá veces en que pienso que la voy regando y otras ocasiones en la que confirmo que voy bien. En este libro en particular, al ver la existencia tan ordenada de Mattia, pues me quedó claro que cada vez estoy más cómodo con mi estilo de vida.


            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 23 de julio de 2016

El Recuerdo de Marnie (Omoide no Maanii)

            Y sigo poniéndome al corriente con Ghibli, que lo había tenido descuidado. En esta ocasión vi lo que técnicamente va a ser su último filme en algo de tiempo, ya que el futuro del Estudio aún no es claro.

            “Omoide no Maanii” que ahora sí fue traducida de forma literal al español (El Recuerdo de Marnie), no es del maestro Miyazaki, ni siquiera del maestro Takahata. Es de esas ocasiones en que le dan chance a los talentos que han ido desarrollando dentro del Estudio.

            Este es el segundo filme como director de Hiromasa Yonebayashi con el Estudio, su anterior obra había sido “El Mundo Secreto de Arriety”, que me gustó mucho pero no me encantó al grado de hacerle un escrito.

            Este filme está basado en la novela “When Marnie was there” (que así titularon al filme en inglés) de la fallecida novelista británica Joan G. Robinson, que espero que pronto esté disponible en español.


            Aunque no está al nivel de “Se levanta el Viento” o “La Princesa Kaguya”, ya ni mencionemos “El Castillo Vagabundo” o “El Viaje de Chihiro”, este filme me llegó muy profundo, me conmovió y cerró a tambor batiente una historia que al inicio me agradó pero no me apasionaba del todo.

            La película fue nominada en la última entrega de los Óscares pero, así como “Se Levanta el Viento” la tenía cañón contra “Frozen” o “La Princesa Kaguya” la tenía imposible contra “Big Hero 6”, la presente no tuvo oportunidad contra “Inside Out”. Y no porque hayan sido inferiores, en realidad son superiores a las que ganaron pero ya ven que, si es un madrazo comercial, los gringos no van a soltar esa estatuilla tan fácil.


Necesitas un verdadero Leviatán como “El Viaje de Chihiro” para que te lo cedan aunque a veces ni eso porque, tras diez años,  sigo indignado que no se lo hayan dado a “El Castillo Vagabundo” (¿Neta Señores Gringos? ¿Wallace & Groomit son mejores? ¡No mamen! ¬_¬).

            En fin, después de toda esta introducción, que se alargó de más, es hora del imperativo SPOILER ALERT: por favor, si no ha visto esta película, absténgase de seguir leyendo, no quiero que me culpe porque le destripé la historia. Gracias.


            De entrada me gustó que la protagonista viniera de Sapporo. Y es que, así como los gringos siempre usan Nueva York para la mayoría de sus protagonistas, los japos normalmente utilizan Tokio para los suyos.

            Me sentí tan identificado con Anna desde el inicio, sobre todo cuando explica que en el mundo hay un círculo invisible, y la gente se divide entre los que están dentro de él y fuera del mismo. Ella está afuera, y eso lo sabes cuándo te gusta pasar más tiempo contigo mismo que con el resto de humanos. Cuando admite que se odia a sí misma, lo dijo con tal sentimiento que me conmovió bastante.


            Toda la interacción con su madrastra, el doctor y sus compañeras te deja en claro que Anna es una solitaria, pero además del asma, hay algo más que la tiene sin ganas de vivir. Así que, por su enfermedad corporal, la mandan a un pueblito cerca de la costa en Kushiro. Por fortuna encontraría aire fresco no sólo para sus pulmones, también para su alma.

            Los Oiwa son los anfitriones de Anna, y te caen a todas margaritas, ciertamente no son vitales para la historia, pero son muy cotorros, el ejemplo más claro es su “atajo”, el cual me fascinó. Su papel es de facilitadores, no reprenden a Anna y la apapachan. Obviamente resulta irreal que dejes salir a la niña todas las noches, por más que vivas en un pueblito tranquilo japonés, pero esos detalles pasan a segundo término cuando ves el desenlace de la historia.


            Un hecho que se me olvidó con el paso del argumento, es que Anna encontraba familiar la mansión al fondo del Pantano; detalle que, justo al final, recordé y me acabó de conmover más . . . pero ya llegaremos a eso.

            Anna se queda dormida en el patio de aquella Mansión que tanto le llamó la atención y, cuando se ve en problemas para regresar (porque subió la marea), es salvada por el buen Touichi. ¿Cómo supo que estaba ahí? Nunca te lo explican, como te explican casi nada del viejo pescador.


            Sin embargo, a pesar de ser poco comunicativo, tiene una esencia noble, es por eso que Anna está pensando en él como un Oso Polar, pero no para molestarlo, en realidad lo piensa con cariño. Es de esos personajes que te quedas prendado, aunque tengan escasa participación, por eso me encabronó cuando unos pinches chamacos lo estaban molestando, sólo por el hecho de ser callado.

            Me cagó que obligaran a Anna a ir al Tanabata, y es que este pinche mundo no comprende a los que quieren estar solos, no se respeta su espacio ni su tiempo. El hecho de que a la mayoría de humanos les encantan las reuniones grandes y las multitudes, no quiere decir que el 100% de los que habitamos en este planeta, queramos precisamente eso.


Es por ello que Anna reaccionó violentamente contra Nobuko, porque se sentía incómoda y presionada. Además, al no saber mucho de su familia biológica, le incomoda que le pregunten por sus ojos azules. Por un momento pensé que Marnie se estaba “posesionando” de Anna (por el detalle del color de las pupilas), pero después entendí que, indirectamente, sí eran los ojos de la güera de la Mansión.

La relación de Marnie y Anna es muy tierna y bella. Detalles como el Picnic nocturno, el enseñarle a bailar o a remar son muy bellos que, al final de la historia, adquieren un toque aún más relevante e íntimo. ¿Marnie sabía quién era Anna? Es la pregunta que me invadió al final aunque, sin importar la respuesta, el amor que se tenían ambas era real y limpio ¿El motivo? Se sentían solas, pero eso no era lo único que compartían.


La amistad de ambas chicas es hermosa, honesta y limpia, de esos vínculos puros en que no te importa quién es el otro, lo que tiene o lo que aparenta ser. De esas ocasiones en donde puedes verle el alma y eso es lo único que basta para que le entregues toda tu confianza. Y lo bello de todo es que no sabían el lazo que había entre ellas (por lo menos no conscientemente).

Un lindo detalle, después de la fiesta en la que Marnie bailó con Anna, es que al otro día le devolvió su zapato perdido. Momentos que no son vitales en el argumento pero que los agradeces como pequeños regalos de amor.


Tras una semana sin ver a Marnie, Anna conoce a dos mujeres que le van a ayudar a aclarar la relación con su rubia amiga: La primera es Hisako, una señora que, al igual que ella, dibuja la mansión y el pantano. Hisako será vital más adelante.

La segunda es Sayaka, quien se está mudando a la Mansión del pantano, y se está instalando en el cuarto de su güera amiga. Sayaka encuentra el diario de la habitante original de la casa.


Mediante el diario Anna se entera que Marnie fue castigada, y por eso no se han visto. Lo curioso de todo es que también va contando de sus escapadas nocturnas ¿eso ya lo había vivido Marnie? O ¿Es una conexión sentimental a través del tiempo? La historia se torna más pacheca a partir de ese punto pero es justamente cuando empieza a agarrar una esencia más profunda.

Marnie y Anna se reencuentran tras una semana sin verse y, cuando la rubia ve el retrato que le hizo su amiga, se emociona. Su reacción es tan alegre que te conmueve pero, tras conocer la conclusión de la historia, el valor de ese retrato es aún más fuerte de lo que ya era. Cuando vi esa imagen en la galería que viene en el Blu-Ray, no pude evitar ponerme a llorar por el significado tan especial.


La caminata en el bosque entre Marnie y Anna es un punto clave, ambas desnudan sus almas y se confiesan miedos o rencores terribles que vienen cargando desde hace tiempo. Anna con sus papas adoptivos que reciben dinero del gobierno por tenerla, en una escena soberbia, ya que cuando se entera de la ayuda se compagina con un regalo de magnificas pinturas que le dio su madre adoptiva. Un momento bellamente trágico.


Por otro lado, ante la ausencia de los padres de Marnie, ésta constantemente acosada por la Nana y las mucamas. Me sentí terriblemente afectado por el maltrato del que fue objeto la rubia chica, me dolía tanto abuso por parte de las otras tres arpías.

Ambas chicas lloran pero, al confesarse con otra alma en pena, se sienten un poco más aliviadas. Nuevamente me pregunto, cuando Marnie defiende a los papás adoptivos de su amiga, ¿sabe quién es Anna? O ¿Sólo lo hace porque es generosa? Lo cual será un misterio y, de alguna forma, está bien que así sea. En un mundo de tanta información, estamos malacostumbrados a conocer hasta el último detalle de todo.


Hubo un punto en donde Anna estaba empecinada en saber quién era Marnie pero, después de darse cuenta de lo importante que era para ella, y después de haberse abierto el alma, Anna se dice “No me importa quién sea, sólo la quiero ayudar”. Qué bonito sentimiento aceptar a alguien sin precauciones, solamente basándote en lo que tu corazón te dicta, porque sientes esa conexión sentimental tan auténtica que no tienes por qué mentir.


La escena del Silo resulta algo angustiante, sobre todo cuando Marnie se va poseída por su historia, y Anna va en ayuda a su rubia amiga pero, en un pestañeo, ésta la abandona por irse con Kazuhiko

Anna se siente traicionada, y sale corriendo furiosa y decepcionada en la lluvia, sin importarle nada. Su alma está lastimada, pero no es una herida reciente. Se visualiza a la pequeña Anna en un entierro: el de su abuela. Al final comprendes que el reclamo de Anna hacia Marnie, “¡Me abandonaste!”, tiene tintes mucho más profundos que el pasaje en el Silo.


Anna cae en cama, ardiendo en fiebre, y en sus sueños va a la mansión, a reclamarle a su amiga: “¡Me dejaste! ¡Me abandonaste! ¡Me traicionaste!”, reclamos que eran mucho más arcaicos de lo que Anna sabía. Marnie se muestra en verdad arrepentida, ya que nunca fue su intención abandonarla. La rubia le ofrece sentidas disculpas y pide el perdón de Anna, sobre todo porque ya no van a poder verse.

Es cuando Anna da un paso de grandeza, cuando hace a un lado el dolor y el orgullo y, generosamente, disculpa a su amiga, admitiendo que la quiere mucho. En una escena hermosa, sobre todo con la sonrisa de Marnie, que se va desvaneciendo conforme va difuminando el sueño.


Al despertar Anna de su fiebre, se encuentra con Sayaka, misma que le enseña las páginas pérdidas del Diario de Marnie y una pintura que le había hecho Hisako. Justo cuando ves ese nombre, recuerdas que la pintora le había dicho a Anna que reconocía a la chica en sus pinturas, es cuando dices “¡No mames! ¡Ahora sí vamos a saber qué pedo con Marnie!” . . . .  ejem . . . . .quise decir . . . . . “¡Wow! ¡Ahora sí vamos a resolver el misterio de Marnie!” ;-) 

Así que van con la artista que había conocido Anna en el pantano y ahí se enteran de la trágica vida de Marnie.

Pobre Marnie, ella sólo quería una familia a la cual destinar todo su amor, en la cual pudiera sentirse arropada y ella protegerlos al mismo tiempo. Pero el destino es cruel con ciertas personas que, en teoría, lo tienen todo, como es el caso de la güera.

No fue su culpa la muerte de Kazuhiko y no estaba en condiciones para cuidar a Emily. Así que resulta algo injusto (desde la perspectiva de Marnie) la reacción de su hija aunque, desde la postura de la chamaca, es humanamente comprensible. Después de eso Emily tiene una hija, a la que deja huérfana, junto con su esposo, en un accidente. Así que Marnie cuida de su nieta hasta donde le alcanzan las fuerzas, llegando al día en que por fin descansa, después de tanto maltrato emocional que sufrió a lo largo de su vida.

Todo esto lo ve Anna, tan claro como si le estuviera aconteciendo a ella, la desdicha de Marnie le parte más el corazón: sus papás casi no la ven, el esposo se le muere y la hija la desconoce. Cuando tiene una nieta, se le muere la hija y, es tanto el dolor que carga en su corazón, que no soporta y deja este mundo con la angustia de abandonar a un pequeño ser frágil sin nadie más en el mundo.

Al terminar la historia Sayaka está deshecha en lágrimas (y no es la única); Anna, aunque destrozada, está en shock, por saber todo lo que sufrió su amiga, esa chica tan dulce que le decía que agradeciera esos padres amorosos que la aceptaron en su casa.

Platicando con Sayaka sobre Marnie, en el bote de Touichi, el pescador dice sus únicas líneas en el filme, recordando a la bella Marnie, una chica triste y solitaria pero con un corazón noble, tanto tiempo encerrada en su cuarto. Ambas se quedan perplejas y conmovidas con las breves palabras del pescador que también conoció a la desdichada.

Llega la madre adoptiva de Anna con la intención de contarle del subsidio gubernamental, pero eso ya no es necesario. Todo el pasaje de Marnie, desde su amistad hasta su trágico fin, ha sanado el dolor y rencor dentro del corazón de la chica. Comprendí su humillación, pero también me alegró de que haya perdonado a sus papás (y a ella misma).

Claro, la historia hubiera acabado ahí y todos nos vamos felices a casa ¡Pero no! Viene el detalle que hace que este filme pase de bueno a (casi) excelente. La mamá le entrega una foto que Anna venía apretando contra su pecho cuando la dieron en adopción. La imagen es de la mansión (¡Por eso se le hacía conocida!) y atrás trae una dedicatoria de Marnie a su nieta: ¡Anna!
La abuela Marnie con su nieta Anna

Y ahí viene la escena que me acabó  de destrozar.

La abuela Marnie le cuenta a una pequeña Anna su aventura en el Silo con Kazuhiko, diciéndole a la pequeña iba a ser más valiente que su abuela, todo esto mientras le coloca el prendedor de cabello que sigue usando la chica hasta la actualidad. Justo en ese momento solté las lágrimas que me quedaban y hasta me endeude con las que no tenía.
Anna en el entierro de su abuela

Anna por fin sabe de dónde viene y, lo que es mejor, tuvo la oportunidad de acompañar a su abuela en parte de su soledad. Vivió mucho con ella que no tuvo oportunidad en el pasado y, la promesa que se hicieron de no olvidarse jamás, ahora tomaba un significado más bello y profundo.

Anna regresa con su mamá (por fin le nace decirle así) y, en el camino, se va despidiendo de Hisako, disculpándose con Nobuko (a quien insultó en el Tanabata), diciéndole adiós a Touichi y Sayaka. Todos muy felices y, de pronto, desde su ventana en el Mansión, una sonriente Marnie se despide de su futura nieta a la distancia, y Anna se queda perpleja y, al mismo tiempo, tranquila por ver a su amiga (y abuela) con una sonrisa en su rostro.

Y con escenas como esas te das cuenta que Ghibli no tiene piedad por nosotros: las almas sensibles de este mundo. Porque, para echarle más sal a la herida, cierran con una canción tan bella, tan profunda, tan honesta y tan triste que sólo te da más cuerda para seguir llorando: “Fine in the Outside” de Priscilla Ahn.

La cantante es fanática de Ghibli y, cuando leyó esta historia sobre la que el Estudio iba a hacer una película, se sintió tan identificada con Anna, que envió su canción para que la consideraran. Una obra de su propia inspiración, y que se había negado a sacar durante años, porque la mayoría de la gente no la hubiera entendido del todo. Esta película fue el escaparate ideal para sacarla a la luz. Una canción tan hermosa como triste, tan esperanzadora como cruel. Una delicia en verdad.
¡Pero qué guapa es Priscilla Ahn!

Podemos sacar muchas conclusiones sobre esta película: sobre las relaciones de padres a hijos, sobre la soledad, sobre la incomprensión de las almas solitarias, sobre las culpas, sobre las amistades verdaderas, sobre la intolerancia, y sobre tantas cosas que podría escribir el doble de cuartillas que ya llevo, pero ése no es el caso.

Creo que cada cual sacará de esta obra lo que más le ayude. Personalmente debo aprender a perdonar como Anna, ser más generoso como Marnie y más alivianado como los Oiwa.

De manera íntima les puedo compartir que el recuerdo de Anna cuando tenía un año junto a Marnie me afectó mucho ¿Por qué? En un trabajo terapéutico que tuve una regresión de cuando tenía un año: estaba en mi cuna y vino mi padre biológico a explicarme las razones por las que se divorciaba de mi madre.

Años después hablé con él al respecto y, con los ojos de un adulto, comprendí muchas cosas pero, en aquel entonces, sólo sentía una profunda tristeza de que mi papá se iba. Así que, de alguna manera, comprendí todo el dolor de Anna desde el inicio, independientemente de mi esencia solitaria.

La película es MUY buena, pero no me voy a dejar llevar por el momento, porque le falta un poquito para alcanzar al maestro Takahata, ya ni mencionemos los niveles celestiales del maestro Miyazaki. Sin embargo, estos artistas que han trabajado bajo la tutela de ambos, como Yonebayashi, tienen buenas bases y, aunque veo difícil que logren los niveles de excelencia a los que nos tiene acostumbrados Ghibli, creo que nos van a dar buenos productos en el futuro.

Sólo nos queda esperar qué nos depara el Porvenir.


Hebert Gutiérrez Morales.