lunes, 31 de agosto de 2015

Es necesario pecar

“Desde chiquito te educan para no pecar pero, llega un punto en la vida, te das cuenta que no has pecado lo suficiente como para que valga la pena este viaje” – Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Amor Propio y redes sociales

“Nos gusta creer que somos relevantes basándonos en la aceptación que tenemos en las redes sociales” – Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 20 de agosto de 2015

sábado, 15 de agosto de 2015

Amate para que te amen

"No puedes amar a otros si no amas tu mism@, y si no te amas tu mism@ NADIE te va a amar, ni siquiera lo va a intentar. Y es que con esa actitud no mereces ser amado porque, si no te amas tú, ¿Por qué alguien más debería hacerlo por tí?" - Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 9 de agosto de 2015

La nostálgica Chicago (Parte 6 de 6)

Chicago y yo :'-)
             En este enlace pueden leer la quinta entrega de esta serie.

            Cerrando este maravilloso viaje, viene todo lo intangible que me regaló la ciudad, con un paisaje, un sonido, un olor, un recuerdo. Llegaba sensible y la ciudad me arropó con aquello que necesitaba pero que no sabía que buscaba. Es increíble como una mole citadina tan enorme e impersonal te puede consolar sentimentalmente.

            Solo

            Originalmente no estaba planeado que fuera a este viaje solo, el “Quechas” iba a venir conmigo pero, por gastos de su casa, me canceló y ya no busqué remplazo, que fue lo mejor.
La Torre de Agua y el John C. Hankock

            Esta ciudad es tan bonita, con una personalidad tan suya, que cada cual debería vivirla a su manera. Sus calles tan elegantes, con una esencia tan clásica, te invitan a recorrerlas a tu ritmo, perdido en tus pensamientos mientras disfrutas de su estética, dinámica ideal para que fluyan las reflexiones.

            Hay tanto en esta urbe que me hubiera encantado compartir, por lo que algún día volveré y guiaré a alguien por los sitios en los que estuve, mismos que recordaré por haber visitado a solas la primera vez, con un sentimiento distinto pero, sobre todo, necesario en ese momento. Una ciudad tan generosa que te sientes acompañado por ella en cada paso que das.

            Al no adaptarme a los intereses de nadie más ni llegar a una negociación intermedia, pude ver TODO lo que quise, sin tener que preocuparme por nadie ni que nadie se preocupara por mí, lo malo es que, al no ponerme límites, en verdad terminaba MUY cansado cada día, pero feliz en la misma proporción.
La Fuente Buckingham

            Sin compañía mi ritmo se torna más intenso. Sólo me hacía consciente de esa exigencia al regresar al hotel porque, al no tener a nadie que me frenara tantito, era un tirano con mi físico y lo llevaba más allá de lo normal. Al final, estuvo bien porque fue un viaje muy egoísta al hacer mi santa voluntad, al ritmo y en el orden que mejor me pareció lo cual resultó simplemente delicioso.

            En verdad necesitaba este viaje a solas ¿Cómo lo sé? Viendo las fotos que saqué y los recuerdos vinculados, se me salieron las lágrimas al redactar este escrito. Fui feliz de una manera extraña: Una felicidad diferente, emergente, nostálgica e íntima, producto de encontrarme en Chicago con el estado de ánimo en el que iba, el “rico” frío que hacía y el hermoso aspecto otoñal que lucía la ciudad en ese momento. Fui demasiado feliz en Chicago y me he prometido volver a un lugar que ahora me significa mucho.

Runner Mode y Tourist Mode
Los caminitos por los que corría

Me encanta el “Modo corredor” que vas adquiriendo con los años. El clima de Chicago más el itinerario brutal que me eché, hicieron mella en mí pero, a pesar de ello, al calzarme los tenis no importaba qué tanto me dolieron los tobillos o los pies, ignoraba lo cansado que estuviera, ya que ni siquiera la gripe de dos días que tuve me detuvo.

Salía muy temprano, antes del amanecer, y el frío era terrible, pero habíamos muchos que no nos detenía el clima y corríamos de todas formas. Recordé que muchos corredores somos muy “rudos”, que nos enfocamos en nuestro objetivo y dejamos del lado el resto de inclemencias. En todas mis visitas utilizaba suéter por el frío, la excepción era la madrugada cuando salía correr me iba destapado porque no me hacía falta, gracias al “Runner Mode”, que me hace sentir malote (Hell Yeah!)

Correr en Chicago es un privilegio: todos los días iniciaba por la avenida Michigan y luego me bajaba en un canal que tenía unos caminos que lo flanqueaban simplemente hermosos, con una vegetación y diseño muy sencillos pero estructurados de tal manera es inevitable recorrerlos con una sonrisa. Y después me echaba los tres parques del Loop embobado y extasiado con tan bello paisaje.
 
En el Observatio John C. Hankcock
De igual forma, amo entrar en el “Modo Turista”, porque hay tantas cosas que ver que ni tiempo te da de comer, por lo que solo te echas un buen desayuno y una comida fuerte alrededor de las 5pm, con una que otra golosina durante el día. Y es que te sientes tan lleno de tantas cosas bonitas y nuevas que se te olvida que llevas horas sin ingerir alimento.

Ciertamente te sabes cansado, pero con la voluntad y emoción de ver lugares nuevos ignoras el desgaste. Sólo hasta que llegas a un momento de relajación, recuerdas que tienes pies y que te están mentando la madre por las inhumanas jornadas a los que los has expuesto, además de que también te das cuenta que te estás muriendo de inanición.

Ya estaba tan acostumbrado a caminar largas distancias que, el penúltimo día, sentí que había caminado muy poco, así que me baje al inicio del Millenium Park para completar mi cuota de kilómetros diarios. Y es que me dije “¿Cómo? ¿Ya vamos a llegar y aún no me duelen los pies? Algo está mal” porque sentía que no había valido la pena el día si no llegaba muerto de cansancio (sip, sé que soy un masoquista -_-u)
 
Los únicos testigos de mi catarsis
En mi defensa debo decir que, en ocasiones, caminar en Chicago no es un gusto sino una necesidad, porque el tráfico se llega a poner pesado, inclusive hubo un par de ocasiones en que me bajaba de los camiones y avanzaba más rápido a pie.

Osaka Japanese Garden

Al ver la primera foto no pude contener el llanto.

Era Jueves por la mañana por lo que había poca gente en las calles. Antes de visitar al Museo de Ciencia e Industria, quería pasar a un jardín estilo nipón que había cerca de él: El Osaka Japanese Garden.

¿Han entrado alguna vez en una catarsis tan profunda que no pueden contenerse? Eso justamente me pasó en este lugar. No al nivel del Jardín Japonés de San Francisco (Que es uno de los más bellos en los que he estado), pero este sencillo Jardín cerca de la Universidad de Chicago tiene una belleza inexplicable.
La entrada al Jardín

Me encontraba completamente solo en dicho lugar, los únicos que me acompañaban eran unos gansos junto al río, el pasto estaba cubierto de hojas caídas de los árboles y, aunque había sol, estaba muy fresco.

En el jardín me encontraba tan tranquilo, tan seguro y tan aislado que sentí que podía soltarme, fue algo inconsciente, así que se desbordó mi tristeza acumulada. Desde México no había llorado tanto por mi amago de relación frustrada, era extraño pero aunque había estado triste, no había llorado con tanta intensidad.

Al recorrer este jardincito tan bello, tan silencioso, tan tranquilo y tan extrañamente acogedor, sentí como si me abrazara y me dijera “Ya pasó, anda, no te pongas triste”, y ese confort me hizo desahogarme. Aunque el lugar es pequeño, tome mi tiempo al recorrerlo lentamente en lo que purgaba mi tristeza.
El sentimiento ahí dentro era diferente

En los 20 minutos que estuve ahí, nadie llego a interrumpirme, me sentí eternamente agradecido por tener un momento a solas ahí, en verdad lo necesitaba. Obvio, en todo el viaje estuve solo, pero ese jardín tenía algo que me conmovió muy profundo.

Repito, era muy sencillo, pero los detallitos japoneses los agradecías. El Japanese Tea Garden de San Francisco es una maravilla pero este Osaka Japanese Garden se sentía más real, más urbano, menos idealizado, más alcanzable, más terrenal y eso lo hacía muy especial, porque su belleza era natural (por muy estúpido que eso suene), no era algo celosamente cuidado, es como una flor silvestre que crece sin precaución alguna.

Al terminar mi recorrido entraron unas personas, pero ya había terminado, así que salí e hice una pequeña reverencia a un lugar que me arropó y que me dio un regalo valioso. Un obsequio sencillo pero en extremo necesario. El Osaka Japanese Garden siempre habitará en mi corazón :’-)
Gracias Osaka Japanese Garden

El Señor Sonriente de Walgreen’s

            Cuando estoy en el Gabacho, soy tan asiduo al Walgreen’s que ya hasta tengo mi número de membresía. Y no lo hago por economía, sino por comodidad ya que, casi siempre, tengo uno cerca de los lugares en los que me hospedo, así que me sirve de base para comprar mis botanas, bebidas o cenas ligeras cuando voy de viaje a Estados Unidos, incluso llego a comprar ahí souvenirs que son buenos, bonitos y baratos.

            A lo largo del Loop pasaba al primer Walgreen’s que se me atravesara y, en cuatro distintas ocasiones, en cuatro distintos locales, me encontré a un Nito muy amable. El señor era una especie de supervisor, mismo que siempre me saludaba de manera muy educada y me reconocía en cada ocasión “Hey! Are you visiting all our Stores?” Y me sorprendía que me identificara cada vez que se cruzaban nuestros caminos.
 
Vista desde el John C. Hankock
            Aunque fuera un detalle insignificante, y que de todas formas iba a comprar ahí, fue un aliciente para que consumiera con gusto, me sentía bienvenido y hasta halagado de que me reconociera en cada ocasión. Inclusive me atrevería a decir que influyó para que llevara más cosas que las planeadas, por lo cómodo que me sentía, sobre todo en una tienda tan grande e impersonal.

Es más, ya cuando entraba a un Walgreen’s, ponía atención por si me encontraba a mi amigo (del cual nunca supe su nombre) y, el par de ocasiones en que no coincidí con él, hasta triste me puse :-(

Escape de la vida Cotidiana

Mientras corría durante las madrugadas de Chicago, veía como la gente se dirigía a sus trabajos o escuelas, se les notaba el frenético estrés de inicio de jornada. Ahí me hacía consciente de lo afortunado que soy al tomar vacaciones, porque rompes con ese ritmo. Obviamente, al darte identidad, lo acabas extrañando y hay un punto en donde anhelas regresar a él.

Sabiduría del Maestro Sagan (Museo de Ciencia e Industria)
También agradecí que el estrés que sentí esos días era distinto “Ya mero abren el museo”, “No quiero perder el camión”, “No me va alcanzar el día para ver todo lo planeado”, “Debo aprovechar mi tiempo” pero era una presión más gozosa, en pro de conocer una ciudad tan bonita. Naturalmente una semana después mi estrés iba a volver al de “Debo llegar a mi TEKO”, “Hay que entregar el reporte” “Tengo una junta”.

Agradeces verlo en alguien más para hacerlo consciente en ti, para ver lo ridículo que te ves en ese ritmo frenético que pocas veces cambia algo, en realidad te hace perderte de muchas cosas. Por ejemplo, en una de esas corridas, me toco un amanecer hermoso en el lago Michigan, mismo que era ignorado por toda la gente que iba rumbo a su trabajo. Me detuve un momento para disfrutar el espectáculo natural en todo su esplendor, lo cual se me facilitó ya que no era mi ciudad, no era mi vida cotidiana y estaba de vacaciones, parte de los placeres de romper con la rutina.

El Navy Pier
Pero tampoco estoy exento de ese efecto de ignorar la belleza por tener cosas “importantes” que hacer. Una vez, llegando al trabajo, una amiga me habló específicamente para decirme “Mira el hermoso amanecer en la Malinche”, la tiré a loca porque tenía una llamada “muy” importante con Alemania.

Otro ejemplo. Recientemente, dándole un ride matutino a practicantes alemanes, una señaló al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl diciendo “¡Pero que paisaje más hermoso!”. Creo que me emocioné más por la reacción de la chica que por la imagen en sí ya que, al verlo todos los días, hasta normal me parece.

Es triste que la rutina nos haga insensibles a la belleza que nos regala a diario este hermoso planeta.

La última tarde

Esa última tarde en Chicago, me baje en el Museum Campus, era Viernes alrededor de las 6 pm y la mayoría de gente estaba en otros lugares más fancys. Volví a recorrer el Soldier Field y nuevamente quedé maravillado por su belleza pero, ahora que no había gente, pude disfrutarlo en total tranquilidad.
 
Un momento de intimidad junto al Lago Michigan
Una vez más me nació pasar cerca del Field Museum, ver una última vez la playita detrás del Planetario Adler y disfrutar del Skyline de la ciudad desde su mirador. Y no era el único, había algunas personas echadas en el pasto contemplando el atardecer sobre la ciudad, un espectáculo silencioso e íntimo.

Frente al mismo Planetario había una estatua de Nicolás Copérnico, así como doce cabezas de animales, representando al horóscopo chino mismas que, en mi visita a dicho lugar, no había podido ver por no perder el camión; ahora perdí el camión, pero fue adrede, ya que quería regresarme caminando una vez más, recordando la primera tarde noche que camine por el Millenium Park.
Este no es Copérnico, pero la postal está chida

Sólo habían pasado siete días pero sentía que había pasado toda una vida. Chicago había sido muy generoso conmigo y no tenía como pagarle, más que ir recorriendo el camino de regreso al hotel y agradecer a cada lugar que me regaló algo en esta maravillosa semana.

Un pensamiento seguía constante en mi mente “¡Pero qué hermosa es esta ciudad!” Y me refiero a todo: sus calles, sus edificios, sus museos, sus parques, sus negocios, su transporte y, sobre todo, su gente. Personas amables, educadas y con clase, dispuestas a orientarte si estás perdido o a darte un tip para hacer más completa tu visita.

Y así camine todo el Magnificent Mile despidiéndome de uno de los lugares más maravillosos e inolvidables en los que he estado. Chicago me recibió con los brazos abiertos y fui auténticamente feliz en los siete días que estuve en él.

Conclusión

Chicago debe ser una ciudad maravillosa, en primer lugar, porque la conocí poco después de visitar lugares como Berlín, Nueva York, San Francisco, Niagara o Las Vegas. Y a pesar de haber estado en sitios tan maravillosos en tan poco tiempo, Chicago fue un lugar que me fascinó de manera muy especial, con su propia esencia y personalidad.
Hermosos caminos de la Universidad de Chicago

Seguramente si la hubiera conocido primero, el impacto hubiera sido mayor pero, el haberla conocido al último me corrobora su valía porque nunca fue menos que los sitios tan importantes ya mencionados, y seguí encontrando lugares, situaciones o cosas que me hacían emocionarme y me conmovieron profundamente.

No saben cuántas sonrisas me sacó redactar esta serie de escritos. Y es que, al ver las fotos, recordaba sentimientos, momentos, situaciones o incluso reflexiones. Sonreía de manera auténtica, inclusive algunas lagrimillas se me salían.

Chicago siempre estará en mis recuerdos, fui muy feliz en esa semana en que me adoptó, sobre todo en un momento que en verdad necesitaba serlo, en un instante en que la vida me debía algo, y merecía que mi alma se sintiera llena. Qué bueno que este hermoso lugar me recibió en ese instante de mi existencia porque era justamente lo que necesitaba, porque llegué con una tristeza profunda en mi ser, y este sitio mágico tuvo la facultad de alegrarme a pesar de llevar el corazón roto.

¡Gracias por todo lo que me diste Chicago! :'-)
Ese hecho me corrobora lo especial y maravillosa que es esta ciudad: a pesar de haber ido en un estado sentimental bajo y bastante deprimido, me divertí, y encontré muchas razones para sonreír cuando tenía muchas razones para llorar.

¡Gracias Chicago! Siempre habitarás en mi corazón :’-)


Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 8 de agosto de 2015

Fresas con esencia

“Puedes ser fresa sin tener que ser superficial o hueco: se le llama Sofisticación” – Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Chicago citadino (Chicago: Parte 5 de 6)

Vista de la Ciudad desde la Torre Willis
            Sin duda alguna, siempre preferiré las vacaciones en la naturaleza, PERO en sitios como Chicago o San Francisco, es una auténtica delicia hacer turismo. Y es que, aunque son grandes urbes, la presencia natural es significativa. En verdad no entiendo esa necesidad de ambas por compararse con Nueva York cuando las dos son, y por mucho, más bellas e interesantes que la famosa Gran Manzana.

Arquitectura

            Si me preguntaran por qué sobresale Chicago, sin pensar contestaría que por su Arquitectura. Es muy curioso cómo los edificios modernos se complementan a la perfección con los históricos, brindándote la sensación de sofisticación que caracteriza a este lugar. Una elegancia distinta a la de San Francisco, porque en la ciudad de los vientos encuentras muchas edificaciones con una personalidad diferente; a primera vista se podría decir que es lo mismo que otras grandes metrópolis, pero la esencia de Chicago es otra.
Estación de Bomberos que parece de Juguete

            Sin ser admirador de la arquitectura, el venir a este lugar te deja maravillado, porque siempre encuentras una construcción que te hace decir “¡No manches! ¿Eso es real?” por lo imponentes, creativas, clásicas o hermosas que resultan. Y no es una sola vez, a mí me pasaba a diario y más de dos veces por día.

            Por ejemplo, aunque no es una atracción turística, la estación de Bomberos que se encuentra entre el Museo de Arte Moderno, la torre de Agua y el rascacielos John Hankock parece salida de cuentos de hadas, se ve demasiado bonita para ser real ¡pero sí lo era! Además era 100% funcional.

            Mientras veo las fotos para redactar esta serie de escritos, constantemente me repito “¡Pero que increíblemente bello es Chicago!” Aunque lo vi en persona y ya pasaron tantos meses, me sigo maravillando por un sitio tan hermoso y sus diversas edificaciones que dan un conjunto digno de contemplar tantas veces como sea posible.
La Torre Willis

            Ver construcciones viejas y clásicas como la Torre de Agua junto a un Rascacielos Moderno como el John Hankook es una sensación extrañamente padre, una dicotomía que te rompe paradigmas, porque ambas son bellas en su estilo y que una resida junto a la otra es algo que tienes que ver. Lo mismo te pasa al ver un edificio viejo y bello como el Wrigley Building cerca de una de la Torre Trump con toda su modernidad. Es algo irreal pero muy digno de presenciar.

            Es por ello que un Tour que deben tomar es el paseo arquitectónico que te dan por el canal. La explicación sobre la historia y datos curiosos sobre cada edificación es una delicia pero, aún sin dicha información, el contemplar construcciones tan diversas e imponentes, mientras viajas en bote es una experiencia muy rica, la cual se complementa a la perfección con el viento que te despeina en el camino (eso sí, llévense chamarra y guantes para que lo disfruten y no lo sufran).
 
El paisaje urbano desde la tranquilidad del agua
            Ves edificios nuevos y viejos, públicos y privados, grandes y más grandes (uno ocupaba una cuadra entera y en su época tenía su propio código postal), pasas por debajo de calles, antiguos puentes elevadizos, construcciones en proceso abandonadas y demás paisajes que disfrutas de la orilla.

Es precisamente toda la orilla que, sin quererlo le da un toque humano a todo este cuadro urbano que te llena el alma, por esa gente que camina despreocupadamente, las casas que no son famosas pero que están bonitas, los edificios comunes que, aunque menos espectaculares, no dejan de ser bellos o los árboles que se cuelan entre tantas construcciones, encuadran a la perfección en el panorama.
 
Pasas por debajo de las calles en tu travesía
            Por ejemplo el Civic Opera Building parece una Fortaleza salida de la imaginación de Tolkien, porque tiene una muralla tan imponente que es imposible no maravillarte. Creo que disfrute más los edificios viejos que los nuevos, tal vez porque estos últimos afloran más, y los viejos lucen por ese diseño clásico pero que aún se ven muy sólidos y, al salir del enfoque moderno de sus vecinos, lucen más.

Indigentes

Ya he visto a tantos indigentes en estos viajes a Estados Unidos que ya hasta me estoy haciendo especialista en ellos. De hecho los de Chicago son más “sofisticados” que los otros que había visto: Te dan los buenos días, tienen letreros con mayor producción, con razones más creativas para mendigar, están mejor cuidados (no tan sucios pues) y hasta algún servicio te ofrecen (darte indicaciones o ayudarte con tus maletas) con tal de ganarse una propina. No son TAN violentos como los de San Francisco, ni tan deprimentes como los de Las Vegas.

Sin embargo, aunque sean más “nice”, siguen siendo indigentes y ya expresé mis comentarios al respecto en escritos anteriores (hay demasiado trabajo en Estados Unidos como para andar mendigado).

El inicio del Tour

Dentro de las diferencias con sus contrapartes en otras ciudades, algo que vi en Chicago por primera vez fueron indigentes femeninas. Eso sí me impactó, me chocó y me deprimió un poco. Y no vi una sola, de hecho fueron bastantes, y tanto blancas como negras. Sé que el indigente puede ser de cualquier raza, pero no puedo negar que por cada indigente blanco veo tres negros. Por eso, el impacto de ver mujeres mendigando, fue mayor al ver a tanta tez blanca haciéndolo. Sé que debería ser igual de deprimente y que mis comentarios son muy prejuiciosos, pero digo lo que sentí.

            Arte callejero

            Con el paso de los viajes he aprendido a observar las expresiones urbanas de arte, esas que ves en el camino, que no necesitan un museo para mostrarse y que no cualquiera aprecia. Por ejemplo, me hizo mucha gracia ver la Bandera del Estado de Illinois con matitas de mariguana en lugar de las cuatro estrellas (fue bastante chusco).

La creatividad gabacha también se expresa a través de sus anuncios: en una tienda de Nike, me encantaron los anuncios motivaciones que ponían fuera de ella, en especial el que dice “En nuestros corazones siempre tendremos 12 años, y siempre somos el Quarterback” (Se me salió una lagrimita cuando leí eso).
¡Es verdad! :'-)

Frente al Art Institute había un anuncio que tenía el clásico “WTF” pero no era lo que comúnmente uno cree, sino que te vendían Falafel: “What The Falafel”. O en una parada de autobús cerca del Museo de Historia de Chicago había un anuncio de Android que decía “Be Together, not the same” con una imagen agradable.

            Pero también había otras obras de arte callejero más clásicas y establecidas, como las columnas, placas, los detalles en los puentes, algunas estatuas, bustos de gente importante y otras “cosas” que no sabría describir pero que estaban muy bonitas. El Gobierno de la ciudad hace bien en sacar el arte a la calle, lo cual te da un paisaje urbano más sofisticado, más colorido y más agradable, lo cual complementa tu experiencia en tan hermosa ciudad.

            Parques

            Todos los días corría (en las madrugadas) y caminaba (el resto de la jornada) por tres de los parques del Loop, mismos que están pegados, ya que me quedaban de paso para casi todos los lugares que visitaba.
 
La Bandera de Illinois versión Pacheca
El primero era Millenium Park, que es tan bonito como diferente, muy alargado y amplio, con una cantidad de obras de arte tan diversas, tan sui géneris y al mismo tiempo tan encantadoras e incluso enviciantes. Muchas son arte moderno pero con mucha personalidad, con mucho estilo y, sobre todo, creatividad.

            Tiene una especie de recinto para conciertos semiabierto, con un diseño muy agradable y hasta divertido. Se llama el “Jay Pritzker Pavilion”. Ahí juntito esta “El Frijol” o “La Nube” que, en su década de existencia, sin duda es una de las obras de arte más emblemáticas de la ciudad.

            Uno de mis favoritos fue la “Crown Fountain”, dos torres enormes que proyectaban las caras de personas. A primera impresión suena algo bobo y sin gracia pero, cuando estás ahí, no puedes evitar pasarte un rato en este lugar y sentir una extraña fascinación por algo tan creativo, bizarro e incluso infantil.
 
El Frijol o La Nube en Millenium Park
            También había una especie de columnas romanas que después me entere que se llamaba el Wrigley Square, que aunque es una réplica de las originales, está muy bien hecha.

            Junto al Millenium Park, mismo que es muy fresa, encontramos el Grant Park, un parque más viejo y sereno, con una esencia más natural y no tan congestionado. De hecho Grant Park te brinda una paz profunda, tal vez no sea tan vistoso como su vecino Millenium pero, para almas tranquilas como la mía, es un lugar ideal para relajarse y meditar un momento.

            En el Parque Grant se encuentra la Buckingham Fountain, una fuente muy grande, muy llamativa y bastante clásica (forma bonita de decir vieja), pero agradeces el ver algo antiguo en buenas condiciones después de saciarte de todo el colorido y modernidad de Millenium Park.
 
La Crown Fountain de Noche
            Y finalmente acababa en el Museum Campus, uno lugar precioso, una zona tan hermosa en la que se encuentran edificaciones imponentes en dentro de la naturaleza, como el Soldier Field, el Acuario Shedd, el Planetario Adler y el Museo Field de Historia Natural. De todos esos lugares ya escribí en entregas pasadas.
            
            The Loop

            Chicago es tan vasto, sobre todo la zona del Loop, porque sientes que caminas y caminas grandes distancias, cuando en realidad ha sido una muy corta, pero es que hay tanto por ver que inconscientemente sientes que has avanzado un gran tramo. Algo así te pasa en The Strip en Las Vegas en donde todo es colorido y espectacular.

Pero Chicago es diferente. Aquí te llaman la atención cosas que deberían ser cotidianas pero que son en extremo bellas: Un letrero, una calle, un edificio, una estatua, un teatro, un restaurante y demás. A diferencia de la Ciudad del Pecado en donde todo está diseñado para llamar tu atención, en la Ciudad de los Vientos, las cosas son bellas por sí mismas, su esencia no necesita adornos extraordinarios, porque es bella de forma natural.
El Skydeck de la Torre Willis

            Chicago es una lugar ideal para caminar, es cuando entras en “Tourist Mode” o “Vacation Mode” y andas largos tramos por muchas horas, y sólo te das cuenta que tienes los pies destrozados y estás muerto de cansancio hasta que llegas al hotel. “¡Ay Cabrón! ¡Cómo caminé!” pero, al estar distraído con tantas cosas en tan bella ciudad, ni te acuerdas de los límites físicos, sólo cuando tienes un momento de pausa, te haces consciente del increíble esfuerzo que has hecho, mismo que ha valido la pena al ver tanta belleza.

Willis Tower (antes Sears Tower) y Observatorio John C. Hankook
Vista de la Ciudad desde el John C. Hankcock

El Observatorio de la antigua Torre Sears (ahora conocida como Torre Willis) está muy bonito, excelentemente diseñado y más alto que el del Empire State, pero  me quedo con el de Nueva York, ¿por qué? Por ser al aire libre. El de Willis Tower es más cómodo con sus cristales panorámicos, que te brindan mayor visión y pequeños compartimientos que te permiten estar parado en el vacío y sacarte fotos muy chidas, pero el hecho de sentir el aire en tu rostro, hace que la sensación de vértigo sea más real y la adrenalina corra más como lo sentí en el rascacielos neoyorkino.

El Edificio John C. Hankock te da una visión distinta de la ciudad. La verdad me sentí muy afortunado por subir a ambos edificios, ya que cada cual fue una experiencia diferente y me dio una visión más integral de esta hermosa urbe. Cada observatorio tiene su encanto y, definitivamente, les recomiendo ambas para que enriquezcan su experiencia.

Navy Pier

Desde la Rueda de la Fortuna del Navy Pier
Diferente a los muelles de San Francisco (en donde resalta el famoso Pier 39), el Navy Pier también es bello, netamente comercial, pero muy disfrutable. Es ENORME y con una cantidad de atracciones tan diversa y generosa que tienes para pasártela un día entero, sobre todo si vas en familia, aunque sí te va a salir en una lana ($_$).

Lo que más me gustó de este lugar es una especie de Domo/Invernadero en donde tienen muchas plantas tropicales y te la pasas bien a gusto por el calor que se siente dentro, además tienen unas “fuentes saltantes” sencillas pero que te divierten.

También tienen atracciones clásicas, como un Carrusel, un minigolfito o una Rueda de la fortuna, a la usanza de las antiguas ferias. Como iba solo, únicamente me nació subirme a la Rueda de la fortuna, y ahí disfrute mucho de la visión de la ciudad, de los muelles y del hermoso lago Michigan, que es tan enorme que a veces te sientes junto al mar.
Una Súper Bruja

Ah, y también hay un museo de niños, para el cual tenía la entrada en mi pase pero, por más infantil que sea mi alma, no me parecía correcto entrar sin un infante que me avalara. Pero se ve que está muy bueno.

Halloween

Fui a finales de Octubre a la Ciudad de los vientos, y ya se respiraba un ambiente de Noche de Brujas muy especial. En México ahora tenemos una amalgama entre el día de muertos y el Halloween, de lo que mucha gente se queja por perder identidad y raíces.

Tengo la fortuna de que en mi niñez la noche de Brujas gabacha no eran tan marcada, así que podía vivir el día de muertos de una manera más pura. Pero nunca había vivido el Halloween de manera directa ¡y es muy divertido!

Una Súper Araña
¿Cómo explicarlo? Es como una especie de Navidad en Otoño (y eso que me caga la Navidad), la ciudad se pone muy colorida, la gente está muy festiva con el tema, en todos lados ves detalles que te indican que se acerca la fecha, las casas estás adornadas muy ad hoc a la festividad, unas de manera muy discreta y otras que eran un auténtico espectáculo por todo lo que desplegaban. Me impactó ver una araña de tres metros y una bruja de la misma estatura (¡estaban bien perronas!), fuera de casas que, además de hermosas, tenían una personalidad victoriana que le quedaba muy bien al sentimiento “halloweenesco”.

            Un paso más para acabar con esta travesía, el cierre es todo lo que me significó esta ciudad a nivel emocional, el cierre de esta saga va a ser “algo” sentimental porque demuestra lo importante que fue esta hermosa ciudad para su servidor.


            Hebert Gutiérrez Morales

La vida no tiene sentido

“Corriendo por la calle solitaria me doy cuenta que, en realidad, la vida no tiene sentido que, sin importar lo que hagamos, al final no va a haber un gran cambio en la historia de la humanidad o, sin ir más lejos, en la existencia de los que nos rodean. Pero esto no es motivo de depresión, al contrario, es la excusa perfecta para atreverse a vivir, aunque no haya un gran cambio a nuestro alrededor o aunque la reguemos groseramente; al final, de lo que se trata es de aprovechar esta breve oportunidad que tenemos para experimentar” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 1 de agosto de 2015

México y el Clima Chicaguense (Chicago: Parte 4 de 6)

Sí, lo sé, soy un ser celestial
En este enlace podrán leer la tercera entrega de esta serie, en donde hable de mis tres lugares favoritos de Chicago.

Chicago tiene una fuerte presencia latina, especialmente de mexicanos, y aunque no era mi intención, casi a diario tenía recordatorios de mi cultura. Adicionalmente, en este ensayo también trato el tema del clima otoñal, el cual privó en la ciudad que, aunque no lo crean, en verdad te cambia la perspectiva del viaje. Voy a intercalar los temas.

La Chica del Café.

Después del partido que ganaron mis Dolphins, anduve rondado un rato por el Millenium Park, y después pase a echarme un chocolate caliente (porque sí, hacía mucho frío). De pronto, en la barra, se sentaron una señora y su hija que se pusieron a platicar en español. La mamá hablaba con claro acento mexicano, pero la chica lo hacía con un acento ibérico.
Museo de Ciencia e Industria visto desde el Osaka Garden

Pude haber dicho nada, y pasar como un gringo más con mi playera de los Delfines, pero decidí socializar un poco. Comentaron de algún lugar y les dije “Definitivamente deberían ir porque es muy bello”. A lo que la chica empezó a conversar conmigo del partido, ya que ella también había ido al estadio con su papá, aunque ella le iba a los Osos.

Charlamos un rato sobre el juego, la ciudad y la razón por la cual estaban ahí (un congreso del papá). También descubrí que vivíamos en la misma ciudad (Puebla), de hecho bastante cerca.

Y ahí es donde la vida resulta curiosa, viviendo a menos de 4 kilómetros de distancia, es necesario ir a una ciudad lejana de un país ajeno para tener contacto. La chica quería seguir platicando, pero la señora estaba en un plan muy mamón (además de que yo iba muy fachoso con mi playera de Miami), por lo que le dijo que ya se tenían que ir, así que nos despedimos amablemente y no nos volvimos a ver. Y no era necesario, fue un “Small Talk” lejos de casa entre dos mexicanos que, normalmente, en su país no lo tendrían pero que, al estar en el extranjero, resultó muy agradable.
Camino al Soldier Field

            Don Benito en Chicago
           
            Todos los días me la pasaba por la Avenida Michigan como todo un chicaguense, incluido un jardín con una estatua junto al edificio Wrigley. Aunque ya había caminado por ahí una decena de veces, en ese momento “tuve” que voltear porque algo de aquel lugar me llamaba, así que fui a ver quién era el personaje ahí enaltecido.

            No sé por qué razón o motivo, pero sentí una gran emoción al ver que el que ahí estaba era Don Benito Juárez, uno de los pocos gobernantes mexicanos que auténticamente ha hecho algo por el país (a pesar de toda la campaña de desprestigio encabezada por historiadores pagados por la Iglesia católica y el Gobierno mexicano).
Don Benito :'-)

            La estatua de Don Benito estaba grande, ubicada en una bella jardinera, rodeado de las banderas del continente americano, dándole su lugar como Benemérito de las Américas y eso, por alguna extraña razón, me conmovió por el profundo orgullo que sentí. No sé, creo que Don Benito es de lo pocos personajes en la historia de mi país que realmente vale la pena, y que estuviera reconocido en una tierra ajena fue de un gran valor en mi interior.

            El Otoño

            Tal vez porque nací en ella o tal vez por su carácter nostálgico, pero mi estación favorita del año es sin duda el Otoño.

Por primera vez, en mis 38 años de vida, contemple dicha estación en todo su esplendor y de manera muy definida, tanto en el clima como en la flora y en el ambiente. Desde el propio vuelo de llegada empezaba a ver los árboles naranjas y amarillos sólo me quedaba decir “¡Wow!”.
¡Miren el color de esos árboles!

Pero es más hermoso y especial verlo no sólo en los parques, sino en cada esquina o en cada casa, simplemente conmovedor. Es increíble cómo la naturaleza puede resultar espectacular con algo tan sutil como las hojas cayendo, cambiando de color y dando diferentes tonalidades.

Y lucía con viento, cuando las hojas caían, con mucho sol en donde el color era más intenso y te conmovía su profundidad, o en días nublados, en los que me inundaba algo cálido en el pecho por sentir que ese clima fresco me invadía y sentirme feliz de ser parte de un paisaje tan hermoso.

A pesar de nunca haberla experimentado en todo su esplendor, ya era mi estación favorita, después de ver toda su belleza, el Otoño se reafirmó como la época de mis amores. Y es que en México, por lo menos en la zona centro y sur, esta estación no está muy definida, porque el clima es muy constante, sin esos cambios drásticos de temperatura, y es que nuestro Invierno dura como dos semanas y nuestro verano como cinco meses, por lo que el Otoño pasa relativamente desapercibido, sin una distinción muy notoria entre una estación y otra, algo que sí se notaba en Chicago.
Hermosura de árboles frente al Museo de Ciencia e Industria

No puedes negar la cruz de tu parroquia

Los primeros tres días fui a desayunar a un lugar muy clásico llamado “West Egg”, en donde te servían omelettes de todo tipo. Ahí se dio un pasaje que al inicio me desconcertó y que luego me hizo sentir orgulloso de mi origen.

Pedí el “Bandito” un Omelette con frijoles, chorizo, guacamole, salsa y una tortillota de harina (como para burrito). Después de pasar en par de ocasiones el mesero (gringo) se detiene y me pregunta “You are mexican, right?” le contesto afirmativamente un poco extrañado, porque casi siempre me dicen que soy brasileño, cubano, puertorriqueño o venezolano, pero nunca creen que haya alguien con mi apariencia en México.

El mesero me explica que al inicio le parecía extraña la elección de mi desayuno porque no parecía mexicano pero que, cuando me vio comer, le quedo clara mi nacionalidad. Al cuestionarle la razón me dijo que el 95% de los que piden el “Bandito” son mexicanos pero, adicionalmente, me explico que tendemos a cortar la tortilla en pedacitos, mismos que adaptamos como pequeñas cucharitas y que nos acabamos el desayuno en “minitacos”.
Jardines laterales del Art Institute

Nos reímos los dos pero, después de que se retiró, me quede un poco consternado, porque no sabía cómo sentirme: ¿Orgulloso por ser mexicano? U ¿Ofendido por llenar un estereotipo cultural de mi país? Por alguna razón me sentía como “Dora la Exploradora”, por ser una imagen prejuiciada latina (por lo menos para ese mesero).

Al final me volví a reír y opté por tomarlo como un aspecto de nuestra riqueza culinaria. Además me sentí extrañamente orgulloso porque, aunque soy mexicano, nunca me había sentido como un estandarte de mi país, aunque fuera por un desayuno.

            Clima

Era finales de Octubre, por lo que se me hacía natural llevar mis huaraches y bermudas al viaje, pero sólo los empaqué en balde, porque ni un solo día los utilicé ¡Ah! ¡Pero qué pinche frío hizo! No en vano se le conoce como la ciudad de los vientos. Ya en Berlín me vi obligado a utilizar suéter y guantes un par de días pero, en Chicago, los use TODA la semana, algo inaudito para mí.
La Tarde en el Skyline de esta hermosa ciudad

Ahí recordé a un compañero que había vivido en Alemania y que alguna vez me dijo: “Podrás estar a -5ºC, mientras no haya viento, te la pasas a todo dar, porque estando a 0 grados CON viento, el frío te cala hasta los huesos”.

Bien dicen que nadie experimenta en cabeza ajena. El comentario de mi amigo me parecía exagerado pero, cuando lo viví, lo comprendí y, a la distancia, le ofrecí una disculpa por dudar de él. En la semana, nominalmente, la temperatura fluctuaba entre los 6 y los 14 grados pero, gracias al viento, el frío calaba hondo y la sensación térmica estaba entre los 0 y los 7 grados. NUNCA había sentido tanto puto frío, por tantos días y a tan bajas temperaturas, es demasiado, incluso para alguien que se baña con agua fría.

Sin embargo, a pesar de tanto viento, me resulto curioso que me mantenía peinado casi todo el tiempo, a diferencia de San Francisco en donde siempre me la pasaba despeinado, lo que me indica que las ráfagas de la bahía eran mucho más fuertes que las del lago Michigan, pero el frío de Chicago era bastante considerable porque el viento sopla de manera constante.
El frío no disminuía la belleza de la ciudad

Raíces mexicanas

En mi visita al museo de Historia de Chicago, me encontré con un señor de Guadalajara, pero que vive en Chicago desde su niñez. Aunque no tardamos ni diez minutos platicando, resultó agradable la conversación. Por alguna extraña razón sentí nostalgia por mi amiga Tamara que, aunque nació en Chihuahua, ya lleva muchos años viviendo en Estados Unidos con su familia, misma que ya es gabacha (mexicanos todos pero con nacionalidad gringa).

Me acordé de ella porque al platicar con este señor, de pronto, me inundo un anhelo por regresar a mi país. No fue un Homesick ni el Síndrome del Jamaicón Villegas, porque tampoco me quería regresar en ese preciso momento. ¿Cómo explicarlo? Resoné con la nostalgia de este señor, él estaba feliz viviendo en Chicago (yo lo estaría), pero de alguna manera extrañaba México, aunque sólo había vivido ahí su infancia.

Creo que nunca había experimentado esa necesidad de estar cerca de las raíces. Si tengo la oportunidad, sin duda me iría a vivir al extranjero (al primer mundo, de preferencia). Pero, nuevamente, he aprendido a valorar a mi tierra al estar fuera de ella, sin que la idealice y omita todas las cosas malas que tiene. Pero hay tantas cosas tan ricas  en México que, aunque encuentres versiones más llamativas en el extranjero, jamás las podrás sustituir, sobre todo cuando aprendes lo que en realidad valen.
Hermosos caminitos junto al canal

Turismo con clima frío

Hacer turismo con frío tiene su encanto, porque te incrementa la sensación de aventura, te tapas y sientes cómo el viento mece tus cabellos mientras avanzas en tu cruzada por conocer más lugares. Además le da un sabor nostálgico y especial a tu visita ya que, cuando la recuerdas, el mismo clima le da un toque más carismático.

La ventaja del turismo con clima frío es que pones más atención en los detalles. Me explico, con el calor uno está naturalmente feliz, baboseando de manera estúpida y sin precaución, porque todo está muy luminoso y lindo. El frío te mantiene más alerta, porque te mantienes enfocado en algo para distraerte de la temperatura.

Gracias a ello reparé en muchos detalles, edificios, algunas calles, monumentos, embarcaciones, puentes y demás que, de haber hecho calor, sin duda se me hubieran escapado.
Amé esta frase que refleja a la perfección el clima de Chicago

Pero, sobre todo, observaba a la gente con la que me cruzaba, cómo caminaban, hacia dónde iban, sus expresiones, su lenguaje corporal y cada detalle que me llamara la atención. A pesar de ser culturas diferentes, todos expresaban corporalmente actitudes muy similares a las de acá. Gente que caminaba más rápido, los que veían hacia abajo, los que no podían ocultar su felicidad o su tristeza. Los gestos son los mismos, sólo en una tez más güera de la que estoy acostumbrada.

Ahí comprendí que somos los mismos. Soy mucho de chistes racistas, pero ahí comprendí lo estúpidos que son, porque seguimos siendo humanos, con diferencias físicas, culturales, socioeconómicas, religiosas y demás pero, al final somos los mismos ridículos humanos que ilusamente creen que su existencia es vital para el universo, y no nos damos cuenta de lo irrelevantes que son nuestros problemas.

Cerrando el tema del clima, una cosa es estar de vacaciones en este frío y otra muy distinta vivir en él, porque soportarlo durante meses está muy cabrón. E independientemente del clima, vivir aquí también resulta muy pinche caro pero, siendo honestos, no es lo mismo ganar y gastar en dólares que ganar en mexican pesos y gastar en dólares $_$.
El Museo Field a la distancia

Naquez y mamonería mexicana.

Sin importar el dinero o status social que tenga, la gente sin educación es naca, sobre todo la que piensa que por tener dinero, en automático tiene clase, pero se equivocan. De igual forma no es obligatorio que el ser pobre te haga naco. Normalmente la educación y la cultura te dan cierta clase sin importar el dinero que tengas.

¿A qué viene todo esto?

En el aeropuerto escuche la conversación de un par de mexicanas que vivían en Chicago y que iban de visita a su tierra natal. Se veía que eran decentes pero su incultura era bastante notoria. Ahí entendí por qué no somos tan queridos en Estados Unidos porque, viendo el nivel cultural de estas mujeres, es fácil ver por qué creen que todos somos iguales. Digo, los gringos también son nacos por mucha de su ignorancia al creer que son los únicos en el planeta pero nuestro nivel de subdesarrollo personal tampoco se queda tan atrás.
Un Templo Protestante Frente a la Water Tower

Por otro lado, en la misma sala de espera, escuche personas MUY mamonas, que se creían hechas a mano por tener la posibilidad de viajar a Estados Unidos, pero despreciando abiertamente a quienes no pueden viajar allá.

Extremos marcados, por un lado personas honestas y decentes pero ignorantes, por el otro, gente con posibilidades pero con falta de humildad y sentido común. ¿Acaso no se puede ser auténtico sin tener que ser burdo? ¿Acaso no se puede ser culto sin tener que ser pedante?

No sólo los mexicanos son maleducados.

Soy de los que se quejan abiertamente de la ignorancia de mi país, y la señalo en cada oportunidad así como intento remediarla con mi propio ejemplo. También le tiro a los gringos cuando veo algo que no me parece. Pero es triste cuando encuentras gente peor.
Árboles que resaltan entre tanto edificio

Lo viví tanto en Buffalo como en San Francisco, y lo volví a vivir en Chicago: tanto los Chinos como los Hindúes son turistas nefastos, gente muy maleducada y nada considerada con el resto, son muy molestos, ya que piensan que tienen la atracción para ellos solos, que se pueden tomar todo el tiempo del mundo y que estás para servirles a los muy imbéciles ¬_¬U.

Más que sentirme aliviado de ver que hay gente peor que mis compatriotas, me indigna presenciar dichas muestras de ignorancia cuando voy al extranjero. Los chicaguenses son tan educados que no me dieron motivo para criticar a los gringos (y que conste que aprovecho cada oportunidad que tengo para hacerlo). Obvio también presencie actitudes irrespetuosas con italianos, españoles y argentinos, pero eran contadas contra la inmensa mayoría de hindúes y chinos.

¿Por qué menciono esto? Por los anuncios en partes específicas en donde se te indicaba que no debías sacar fotos con Flash (ya fuera a peces en el Acuario Shedd o a Pinturas en el Art Institute), y ¿Qué hacían? ¡Sacar foto con flash! Lo mismo con otro tipo de anuncios de “No toque el cristal” (y lo tocaban) “No pase de esta zona” (y se pasaban).
El Reflejo de un edificio sobre otro a la orilla del canal

Es increíble cómo gente que tiene los suficientes recursos para salir de su país, carezca del más mínimo sentido común para comportarse con educación en una tierra ajena porque, en teoría, deberían tener cierto nivel socioeconómico y cierto nivel educativo, “en teoría”. Sin embargo, para la estupidez y falta de respeto humana no hay límites.

El DF

Al aterrizar a la capital mexicana, el panorama es diferente a cuando uno llega a una ciudad gabacha. Y es que llegar al DF es ver muy poco verde, misma naturaleza que intenta hacerse presente, pero que cada vez sucumbe más al gris del concreto y del asfalto.

Aun así el verde lo intenta, a pesar de nosotros. Y es que nuestro país es tan rico que, a pesar de nuestra irresponsabilidad y egoísmo, aún nos da la oportunidad de reivindicarnos y se brinda generoso ante sus verdugos. Lo malo es que no sé cuánto tiempo más pueda soportarnos al mismo ritmo.
Uno de tantos paisajes de la Universidad de Chicago

Ahora tuve la oportunidad de regresar a México de día, y es imponente ver a este monstruo urbano con luz diurna. Cada vez es más grande, cada vez devora más espacio e invade las tierras aledañas. Avanza sin límites, sin pudor alguno, sin nadie que pueda detener su paso. No supe si sentirme asqueado o impresionado por su incansable ritmo de crecimiento.

En este enlace pueden leer la quinta entrega en donde abordaré más aspectos citadinos de esta hermosa urbe, incluyendo algunos de sus lugares icónicos.


Hebert Gutiérrez Morales.