miércoles, 29 de julio de 2015

Mis Tres Favoritos (Chicago: Parte 3 de 6)

Para leer la segunda entrega de esta saga, pueden darle click a este enlace.
El Acuario Shedd

Chicago tiene una diversidad de lugares tan especiales que es difícil definir favoritismos, pero al final pude elegir mis tres favoritos, lo cual es decir ya que, durante toda la semana, visite sitios extraordinarios en cada oportunidad.

PERO antes con ir con mis sitios favoritos, empecemos con los tres que NO lo fueron

Acuario Shedd, Planetario Adler y Museo de Arte Moderno.

Normalmente acostumbro comprar pases con entradas múltiples a museos y atracciones, ya que me ahorro un 50% de su costo, además de que me saltó las filas y me permite planificar mejor mis actividades. Estos tres lugares estaban dentro de ese pase, tal vez por ello me anime a visitarlos.
Mi coqueta amiga Mantarraya

El Acuario Shedd (el más grande bajo techo del Mundo) y el Planetario Adler, son de gran nivel pero, honestamente, nada que no puedan encontrar en opciones similares que ofrece cada país. Tal vez soy injusto, pero cuando vuelva a Chicago, no planeo volverlos a visitar y darle prioridad a otros sitios.

Posiblemente soy subjetivo con el Acuario, ya que llegué algo desgastado después de echarme el Museo Field, porque sin duda debe ser más espectacular que lo que estoy mencionando aquí, pero digamos que ya iba cansado y con ese sentimiento de que “Dejen a los animalitos en la naturaleza en lugar de tenerlos confinados”. La Belugas y los Delfines de este lugar te enamoran, eso sí, si estuvieran en libertad serían más felices. Pero la que más me hizo reír fue una mantarraya sonriente y muy vanidosa, a la que le encantaba ser fotografiada.
 
El Planetario Adler
Al Museo de Arte Moderno entré sin grandes expectativas y sí, efectivamente, no había mucho que valiera la pena. La verdad fui porque la entrada ya estaba incluida en mi pase y porque estaba cerca de la Torre de Agua, así que fue una visita rápida para corroborar que hay muy poco de Arte real en estos lugares (ya expuse mi punto cuando analice el MoMA de NY).

Estas visitas para mí fueron relativamente rápidas, así que no hubo algo que me haga decirles que es un “must” en una vista a Chicago.

Creo que lo que me gustó más de la zona del Planetario Adler era una “playita” cercana, misma que estaba muy solitaria y a donde terminaba mi trayecto todos los días corriendo. Aunque a veces los gansos la invadían y era un espectáculo sencillo pero muy lindo de ver (creo que me emocioné más con estas aves en la playa que con lo que vi en el Planetario o en el Acuario)
La Playita atrás del Planetario

Y ya que mencioné dicho lugar, me sorprendió lo limpio y esplendoroso que está el lago Michigan, y es que es tan gigantesco, que colinda con demasiadas ciudades y estados para mantenerlo pulcro ¡y lo está! Todos los que están a su alrededor son tan conscientes, solidarios y civilizados que entienden que es una fuente vital para el funcionamiento de sus poblaciones, y el agua está impecable, lo cual resulta impresionante al ver lo monumental del lago.

Museum of Science and Industry

Mi museo favorito de este viaje, y uno de los favoritos de mi existencia, fue el Museo de Ciencia e Industria, ubicado en el Parque Jackson muy cerca de la Universidad de Chicago.

El edificio es ENORME, en verdad MONSTRUOSO. La construcción tiene una arquitectura vieja pero sólida, con muchos detalles clásicos que te dan la idea de encontrar un museo más tradicional. Una vez dentro, la realidad es totalmente distinta.
El Museo de Ciencia e Industria

Dentro está diseñado para que los niños se diviertan, pero no sólo me refiero a los jóvenes cronológicamente, TODOS se la pasan de lujo ahí dentro, porque es bien fácil regresar a ser niño.

Y no es que las exposiciones sean infantiles del todo, sólo que están inteligentemente montadas para fascinar a cada visitante, tanto que el tiempo se te va volando. Lo vi casi todo gracias a que llegué desde que abrieron y me fui cuando ya estaban cerrando, y no resentí las ocho horas, porque fácilmente me hubiera quedado otras tres o cuatro.

Ves tantos artefactos del pasado que es imposible no sentirte pirata, motociclista, cirquero, granjero, marinero y demás. Las exposiciones son simplemente excelsas, con muchos aparatos impecablemente cuidados.
¡Ah! ¡En verdad amaba estas maquetas desde niño :'-)

A pesar de vivir en una era tan avanzada tecnológicamente, hay muchas exposiciones que están hechas con técnicas de hace décadas, y ese toque vintage es profundamente delicioso y cautivador porque hasta los más jóvenes (acostumbrados a tabletas, smartphones y plataformas de juegos) están fascinados e hipnotizados por algo tan sencillo pero creativo.

Los artefactos en exposición como autos, botes, bicicletas, aviones y demás te dilatan la pupila, y conste que no soy admirador de estos cachivaches, ya me imagino la impresión que deben provocar en amantes de lo mecánico.

Algo inimaginable es que ahí dentro tienen un submarino real, que había participado en la segunda guerra mundial. Un artefacto tan grande que te hace preguntarte “¿Cómo chingados hicieron para meter esta madre tan monstruosa dentro del museo?” ó_O. Claro que, ya dentro, te explican cómo le hicieron :-)
 
El "pequeño" Submarino ó_O
La exposición del submarino me fascinó por tantos recuerdos de la época: propaganda, documentos, medallas, torpedos, fotos, vídeos, banderas, periódicos y demás. Obviamente es una disposición más “comercial” y agringada a comparación de un Topographie des Terrors en Berlín, pero también tuvo sus detalles interesantes, aunque me gustó más la exposición alemana al respecto.

En varias salas encontré muchas frases que me encantaron, ya fuera por profundas o por chuscas. En particular me encantaron las “Peter’s Laws” una genialidad que me puso aún más feliz de lo que estaba. Y eso hace tan valioso este museo, porque en un pasillo estás aprendiendo para luego soltar una carcajada en el siguiente. Es el museo ideal :’-)
 
Las infalibles Peter's Laws
Obviamente había otras partes en donde te mostraban los últimos avances de la tecnología, y también era un delicia conocer esas exposiciones, sobre todo al haber visto lo que en el pasado se creía o usaba, resulta sorprendente cómo la humanidad ha avanzado a pasos gigantescos en cuestiones tecnológicas.

Pero, con su perdón, los Dioramas no tenían madre. Los había chuscos, los había románticos, los había clásicos y, sobre todo, los había imponentes. Por ejemplo, había un Castillo tipo casa de muñecas gigante, el sueño de cualquier escuincla (sin importar que tuviera 8 u 80 años).

Pero, mis favoritos, eran los Dioramas de la Ciudad de Chicago, que la reproducían fielmente y el de los trenecitos: unas maquetas gigantescas en donde el tren recorría una gran vía a través de distintos paisajes de Estados Unidos. Eran montajes majestuosos, ensamblados con lujo de detalles ¡y los trenecitos! :’-) Me mataban los trenecitos recorriendo las vías, en verdad eso me hizo estúpidamente feliz :’-).

En esa misma sala podíamos ver aviones reales y una locomotora de vapor preciosa, y lo que era mejor, te podías subir a ellos verlos por dentro. Más adelante había otra sección en donde te demostraban científica (y divertidamente) los fenómenos físicos del mundo: como los huracanes, los terremotos, los tsunamis, etc. Con artefactos tan grandes como ingeniosos y atractivos (una pecera, un pequeño desierto, un globo aerostático, burbujas, turbinas, etc.)
El Diorama de Chicago

Otra exposición que me encantó fue con una esfera enorme (creo que todo en este museo es enorme) en donde te explicaban claramente la creación del planeta, sus cambios en el clima, sus mareas, las características de nuestro sistema solar y demás. Una exposición en verdad interesante e interactiva.

No soy amante de las bicicletas, vamos, ni siquiera sé montar una, pero la exposición de estos artefactos de todo el mundo y de distintas épocas es algo que vale la pena en exceso. Nunca me hubiera imaginado tal diversidad de diseños  y accesorios (hasta se me antojo aprender, pero luego se me paso).

Este museo no tiene pierde, y vale cada dólar que paguen por ingresar a él, tienen mucha diversión, conocimiento y, sobre todo, recuerdan muchas de las ilusiones de lainfancia.

Museo de Historia de Chicago
El Gran Incendio de Chicago de 1871

Después del de Ciencia e Industria, el museo que más disfrute fue el de Historia de Chicago. Al inicio no me latía mucho visitarlo, por eso lo dejé para el último día, pero el ir ahí fue una gran decisión.

En realidad no sólo es la historia de Chicago, sino la del Mundo y de Estados Unidos a través de la vida del lugar. Obvio había hechos muy específicos como el Gran Incendio que sufrió la ciudad en 1871 (cuya exposición no tiene abuela) o el origen de la misma (por cierto, el nombre de Chicago venía de una planta de Cebolla que crecía cerca del Río homónimo, bautizado así por los indígenas)

Me resultó interesante ver cómo el racismo se expresaba en panfletos para diferenciar a un chino de un japonés en la segunda guerra mundial, lo cual fue curioso porque, en épocas de la ley “antichinos”, en San Francisco vi un documento similar pero para atrapar a los chinos (cómo cambian los “villanos” según las épocas).
El vídeo de MLK fue simplemente conmovedor :'-(

La parte de la inmigración es en extremo interesante, dándote los orígenes de cada grupo racial que llego a Estados Unidos, el rechazo que enfrentaban y cómo lograron establecerse dentro de la cultura gabacha. Esto fue válido para asiáticos, latinos, negros o europeos.

Pero no fueron los únicos grupos marginados, también se analizó el avance de los derechos de la mujer, así como el de los trabajadores. “Casualmente” el apartado de los mártires de Chicago no lo vi, tal vez fuera demasiado breve o inexistente, lo cual me recordó que en casi todo el mundo se celebra el 1º de Mayo como día del Trabajo, menos en Estados Unidos y Reino Unido ¿Por qué será? (pregunta retórica con tintes sarcásticos, por si no se habían dado cuenta).
 
El Saludos del Black Power en México 68
Los temas son variados y extensos: La guerra civil gringa, el movimiento de los Black Panther, el legado de Lincoln, la liberación sexual, artefactos de varias épocas relevantes para la ciudad, sus triunfos deportivos (con ese equipazo de los Osos del 85 y el gran Walter Payton), tranvías y trenes de épocas pasadas, así como una sección de vitrales muy bella.

Muchas de las exposiciones son interactivas, en donde puedes escuchar grabaciones o videos originales. Las pinturas, las fotos, las maquetas, la propaganda y demás evidencias históricas hacen de esta visita una muy nutritiva a nivel cultural.

La sección de los 60’s me cautivó al instante. Por ejemplo, el pequeño vídeo de Martín Luther King me conmovió hasta las lágrimas, la lucha de los inmigrantes mexicanos y su líder (César Chávez) por lograr mejores condiciones laborales me inspiró y me enorgulleció de alguna manera. La sección hippie estaba muy completa y comprendí mejor su movimiento (y uno que pensaba que sólo eran drogas y sexo libre (¡Qué lástima que no fue sólo eso! -_-)).

Un momento que siempre me ha impactado es el saludo del “Black Power” en los Juegos Olímpicos del 68. Es increíble como un simple detalle hecho en el instante correcto puede trascender la historia y resultar un icono de todo un movimiento por igualdad en una época “difícil”. Esa imagen me resulta tan poderosa y trascendente que me compré el poster para tenerlo en casa.
Vean la sonrisa tan hermosa del chamaco de en medio :-)

Por cierto, hay una sección dedicada a Playboy ya que, justamente en Chicago, inicio esta empresa tan relevante en la actualidad, pero la exposición no tiene morbo, está muy bien montada para que cualquiera se pueda cultivar sin tener que ver pornografía (¡Qué mal! -_-)

La Universidad de Chicago

Cuando visité el campus de la Universidad de Chicago quede embelesado. Ver los edificios tan bellos, la naturaleza, el ambiente tan jovial, las estudiantes (sí, LAS estudiantes estaban guapérrimas) y demás sentí mucha envidia. De niño soñaba con asistir a una universidad así.

Y era natural, ya que es la imagen que nos venden de vida universitaria a través de tantos programas y películas gringas, como que se te clava en el inconsciente que las escuelas deben ser así. Así se moldean nuestras expectativas: a través de la visión gabacha de las cosas.
Estudiar y vivir a diario en este sitio ha de ser especial

Por lo que uno crece con la idea de que las escuelas tienen lockers, que hay pasillos enormes y edificios históricos en los cuales tomas clases, con instalaciones del primer mundo, con gimnasio, estadios, actividades organizadas y todos son güeros. Con el paso de los años, aprendes a aceptar que tu país tiene otras condiciones. Pero, aunque hayas aceptado que tu realidad es otra, cuando finalmente ves en vivo esos modelos con los cuales te fuiste criando, no deja de ser especial.

La Universidad es como otra ciudad dentro del propio Chicago, ya que tiene una personalidad muy particular, y los edificios son más antiguos pero más hermosos, por lo que te sientes transportado a otra época e incluso a otro país (algo así como Inglaterra o Alemania). Y es que las lámparas, los jardines, las calles, las rejas, las fachadas, las banquetas y cada detalle de este lugar te hacen anhelar la época universitaria (pero en ÉSE lugar). Sé que soy redundante ¡pero qué lugar tan hermoso!
 
El Campus es una belleza inigualable
El Campus de la Universidad de Chicago es tan sublime que tuve que volver al día siguiente, porque había muchos pendientes y esa sensación de ambiente universitario valía 100% la pena vivirla toda una jornada.

Cuando fui el Jueves estaba nublado y quede fascinado por el lugar, pero el Viernes que regresé, había un sol radiante que me hizo enamorarme perdidamente del Campus. Todo estaba tan hermoso e irreal que parecía el montaje para alguna película. Aunque fui a visitas en específico, el simple hecho de caminar por esas calles me hizo inmensamente feliz.
La Capilla Rockefeller

El museo Smart está corto pero entretenido. The Oriental Institute Museum también es breve pero tiene cosas más impactantes (y ambos son gratis). La Casa Robie de Frank Lloyd Wright me gustó pero demasiado cara la entrada para lo que es. Y la Rockefeller Chappel es enorme y bonita, pero llama más la atención su exterior que su sobrio interior.

Cuando vas saliendo del Campus y vuelves a ver los rascacielos un “ahh” de decepción se te sale, porque estás dejando un universo paralelo en extremo hermoso, y recuerdas que el mundo ya ha dejado de ser así de colorido e inocente desde hace mucho tiempo.

            Hasta aquí esta tercera entrega, en la siguiente analizaré la delicias que resultan de hacer turismo en un clima frío y, aunque está muy al norte, las constantes y diversas evidencias de identidad mexicana en esta hermosa urbe junto al Lago Michigan (mismas que yo no busqué). 

En este enlace pueden leer la cuarta entrega de esta saga.


            Hebert Gutiérrez Morales

A veces te cansas de ver adelante

“Desde hace unos años, he aprendido a desplazarme derechito y con la cabeza en alto mirando hacia adelante. Pero, a veces, uno se cansa de mirar hacia adelante y, de pronto, te nace ver hacia abajo y, sólo en esas contadas ocasiones, está bien hacerlo” – Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 27 de julio de 2015

The Field and “Nighthawks” (Chicago: Parte 2 de 6)

El Museo Field de Historia Natural
Pueden leer la primera parte de esta saga en este enlace.

Chicago es una ciudad tan rica que te cautiva de diferentes maneras: con sus parques, su arquitectura, su gente, sus atracciones, sus deportes, su teatro o, una de mis favoritas, sus vastos museos.

La Ciudad de los Vientos tiene una amplia gama de museos, algunos más interesantes que otros pero, me parece, hay para todos los gustos. Empecemos con dos de los más populares y conocidos, cuya visita es casi obligada.

Ambos museos me regalaron momentos especiales.

The Art Institute

Por más ejemplos que me sigue poniendo la vida, sigo cayendo en la trampa de las expectativas o esperanzas. “Cuando aprendas a aceptar, en vez de esperar, te llevarás menos decepciones” frase sabia de Robert Fisher.
The Art Institute

Cuando hice las investigaciones previas de qué visitar en Chicago, el Instituto de Arte era omnipresente, TODAS las reseñas te recomiendan visitarlo. Mi expectativa creció al ver un letrero que ostentosamente presumen a la entrada del mismo “Votado como el mejor Museo del Mundo de acuerdo a Tripadvisor” ¡Wow! Si están arriba del Met, entonces debía conocerlo sin falta, me dije emocionado. Es un gran Museo, no lo voy a negar, pero no se llenaron mis expectativas, sobre todo en eso de que era el mejor Museo del mundo.

PARA MÍ, en sus respectivas ramas, son mejores la Alte National Galerie en Berlín o el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. Obviamente son museos más especializados. Pero ya hablando de museos de ligas mayores, de esos monstruos con varias salas de arte diverso, el Art Institute no le llega ni a los talones al Met neoyorkino. Ahora sí mordieron más de lo que podían masticar con su afirmación de ser el mejor del mundo.
"Ahora sí Cúpido ¡Toma lo que mereces!" ¬_¬

¿El Mejor del mundo? ¡Mis polainas! Una exageración tan grosera que, si fuera gringo, ya los hubiera demandado por causarme angustia y jugar con mis sentimientos con su propaganda fraudulenta.

También cabe la posibilidad de que, con cada visita a tan buenos Museos, uno se va volviendo más mamón, por lo que se va haciendo más difícil complacerme. Sean peras o manzanas, es un hecho, el Art Institute está muy abajo del Met.

Pero en fin, dejando las expectativas de lado, es un gran museo que deben visitar, sin duda la van a pasar muy bien, y los jardines que tiene al lado son sencillos pero muy bellos. Además, alberga una de mis pinturas favoritas (si no es que mi favorita) de todos los tiempos.

“Nighthawks”

La visita valió ampliamente la pena por tener la oportunidad de ver UN SOLO cuadro, porque en el Art Institute vi una de las pinturas que más me han conmovido en mi existencia: “Nighthawks”, desde mi perspectiva, la obra maestra de Edward Hopper.
"Nighthawks" del maestro Hopper

Desde la primera vez que vi dicho cuadro (por televisión) quedé impactado, me resultaba increíble como una escena tan cotidiana pudiera decir tanto de manera silente. La soledad, la intimidad, la complicidad, la desilusión, la tranquilidad y tanto que se puede captar en esta obra de arte.

Para mí, Nighthawks nos muestra mucho de la humanidad actual porque, aunque estamos juntos, estamos solos, cada cual tiene sus propias prioridades y, aunque acompañados, al final, seguimos tan a solas como llegamos.

De los momentos más felices de mi vida :'-)
En mi imaginación, la escena toma lugar alrededor de las 3AM, los comensales no tienen a donde ir, así que encuentran refugio en la cafetería, que es lo más cercano que encuentran a un hogar. La pareja está teniendo una plática, ésas que se dan ya entrados en la madrugada, platicas libres de máscaras, de prejuicios, de poses, de apariencias, pláticas honestas. Es tal la libertad que experimentan que no les importa que el otro comensal o el que atiende escuchen su conversación.

Soy alguien diurno, pero reconozco que la profundidad de la noche nos permite sacar gran parte de los sentimientos e ideas auténticas que llevamos con nosotros, es como si la oscuridad nos invitara a sincerarnos, como si nos sintiéramos menos culpables al hacerlo al cobijo de la noche, en lugar de confesarnos en la brillantez tan indiscreta del día.
Hasta van Gogh hubiera admirado a Hopper

Cuando tuve el cuadro de frente, me contuve para no ponerme a llorar pero, a pesar de ello, se me salió una lagrimita de la emoción. Nunca creí verlo tan cerca y en la realidad. Fue como contemplar un pedacito de historia, estar ante la obra maestra de uno de mis pintores favoritos (Si no es que “el” favorito). Hopper tuvo el don único de reflejar esa soledad endémica de la humanidad actual, en la cual estamos más conectados pero, irónicamente, eso no nos ha acercado más, al contrario.

Nunca había contemplado un cuadro durante tanto tiempo, fácilmente me quede idiotizado unos 15 minutos frente al lienzo. Ese momento en que presencie esta obra maestra me emergió ese sentimiento muy especial que surge en contadas ocasiones en la vida “Ahora sí puedo morir en paz” por lo profundo que me resultó ver una pintura tan soberbia, misma que me lleve a casa en forma de litografía, obvio en una versión tamaño natural que compré en la tienda del museo y que me hizo sentirme como chamaco con juguete nuevo: “Nighthawks” ahora iba a estar en mi casa :’-)

Museo Field de Historia Natural


Como ya comenté en el segundo escrito sobre NY, en mi niñez adoraba visitar el museo de historia natural de Puebla, ese mismo gozo lo recreé al visitar el Museo Americano de Historia Natural en Manhattan. Así que, aún con esa alegría, visite muy ilusionado el Museo Field de Historia Natural que, sin duda alguna, está al nivel de su contraparte neoyorkina. De hecho el Museo es imponente desde que lo ves por fuera, con muchos detalles arquitectónicos en su exterior que te invitan a conocerlo en el interior.

Creo que en este Museo es en el que más he aprendido de la naturaleza. Entiendo la utilidad de mostrar animales disecados para que las personas conozcamos a otros habitantes del planeta a los que, posiblemente, nunca veamos de frente. Y vaya que encontré muchas especies que no conocía.

Dentro de las cosas nuevas que aprendí es que, además de los caimanes y cocodrilos, hay otra especie de reptil similar a ellos llamado Gavial, del cual nunca había escuchado. Aprendí que hay hienas rayadas y punteadas, y que son muy diferentes entre sí en tamaño y costumbres, ya que las rayadas suelen ser más solitarias y las punteadas más sociables pero, lo que más me sorprendió de las hienas, es saber que están más relacionadas con los felinos que con los caninos (eso sí fue un shock). O me resultó nuevo saber que los venados y antílopes, antes de tener cuernos, tenían colmillos.
 
Junto a "Sue" la Tiranosaurio Rex mejor conservada
Conocí a un cetáceo cornudo llamado Narval, del cual nunca había visto imagen alguna. Me impactó un poco saber que hubo un Grizzlie mexicano u Oso plateado que, después entendí, que era el Oso pardo mexicano (con ese nombre sí lo conocía), y te explican cómo fue que se extinguió (por el ser humano, obviamente). Conocí al extinto Pájaro Carpintero Imperial, bastante mayor que su primo más popular. Otro hecho que me sorprendió fue que el cuerno del rinoceronte no es hueso, sino que está hecho de queratina (así como el cabello).

En cuestión de Dinosaurios, también estaba muy bien dotado este lugar. Me dolió saber que el Brontosaurio nunca existió, sino que se llamaba Apatosaurio. En un inicio pensaron que eran dos diferentes pero, con el tiempo y los estudios, se dieron cuenta que sólo existía el Apatosaurio y que el Brontosaurio jamás camino sobre la tierra, lo cual es una lástima porque era de mis favoritos :’-(
 
El Apatosurio :'-(
Aprendí de otros animales nuevos para mí, como el “Avestruz” sudamericana o parientes lampiños del Oso hormiguero y tantas criaturas que hay en el planeta que, de no ser por estos museos, jamás hubiera sabido de su existencia. De hecho la exposición de animales extintos también es amplia y muy interesante; al verlos tan increíbles en verdad lamentas que ya no habiten en la Tierra.

A pesar de ser un súper Museo, en esta ocasión, no disfrute tanto la visita. Y no fue problema del museo, en realidad algo empezó a cambiar en mi interior: por primera vez me di cuenta que estaba viendo una cantidad impresionante de animales muertos.

No lo voy a negar, me emocionó conocer tanto ser extinto que, sin estas exposiciones, jamás hubiera visto, pero no deja de ser triste. Supongo que ése es uno de los objetivos de estos lugares: sensibilizarnos de lo nocivos que somos para este hermoso planeta. Pero justamente eso es lo que menos tiene la humanidad moderna: consciencia.
Amé esta foto: el cielo nublado pero el sol pegando al frente

Ciertamente aprendí mucho pero, personalmente, preferiría verlos en vídeo corriendo vivos en la naturaleza, en lugar de tener cerca al cadáver del animalito en cuestión. Lo ideal sería que todas estas criaturas se mantuvieran en su hábitat pero, como los estamos destruyendo, sólo nos queda disecar los cadáveres y dar a conocer al mundo lo que estamos arrasando en nuestra insaciable necesidad de consumir y reproducirnos más.

Este desencantó que sufrí con los Museos de Historia natural me recordó al que tuve con los circos. De niño adoraba ir al Circo, y sobre todo me encantaba ver a los animales. Conforme fui creciendo y me fui haciendo un poco menos egoísta, empecé a comprender el sufrimiento de esas pobres criaturas. Hoy en día me repugnan los circos por el maltrato y sometimiento que hacen con esos pobres animales.

Nunca olvidaré que, en su momento, fueron un alimento importante para desarrollar en mí la curiosidad sobre los animales, y ahora me alegro que cada vez haya menos y que sean prohibidos en más lugares. Transportando esta situación a los Museos con animales disecados, no tendría caso que los cierren o los prohíban, porque todas estas criaturas ya están muertas y de algo pueden servir sus cadáveres.
 
Proyecciones así te hacían la visita más rica
A pesar de todo el gozo e ilusión que recibí cada vez que visité uno de estos museos, posiblemente esta pueda ser la última ocasión que visite uno (aunque dicen que el de Londres es algo imperdible).

Pero aún hay más del Field Museum

Dejando a los animalitos de lado, también aprendí muchas otras cosas, incluso de mi propio país. Normalmente, cuando voy a museos en el extranjero, no me detengo en las secciones dedicadas a mi nación, sobre todo en la sección de vasijas y artesanías, porque ésas las veo en vivo y de manera cotidiana, pero ahora sí me detuve y aprendí. Por ejemplo, aunque hoy en día Tehuacán es muy árido, hace 3000 años fue una zona vital para la agricultura. También aprendí que el maíz se desarrolló en el sur de México de otra planta llamada Teosinte o Teocintle.

Seguramente estoy mal porque, quiero pensar, esta información está en nuestros propios museos y voy al gabacho a conocer de mi país. Tan avergonzando me sentí de que en el extranjero sepan más que yo de México que me propuse visitar el Museo de Antropología e Historia en el DF, lo cual realicé meses después, para ser un poco menos ignorante respecto a la tierra que me vio nacer.
 
Amo los Tótems :'-)
Me encanta cuando veo cosas del primer mundo que me sorprenden y que desearía ver pronto en mi país. Un detalle que me gustó mucho se presentó en algunas exposiciones que estaban a oscuras, cosa que me llamaba la atención pero, al acercarme, los sensores de movimiento me detectaban y encendían las luces “¡Ay Wey! Tecnología al servicio de la ecología” Además de ahorrar energía, se desgasta menos la exposición y te da un toque de importancia al prender las luces “sólo” por ti ;-).

Dentro de las exposiciones en las que se encendían las luces a tu llegada, estaba la de los Tótems, mismo efecto que les daba un toque especial. Desconozco la razón, pero desde pequeño he amado los Tótems, y es por eso que enloquezco cuando veo una sala llena de ellos y les saco multitud de fotos.

Otro detalle que me encantó es que en muchas exposiciones te ponen proyecciones que son parte del ornamento de la sala, que representan escenas del tema que estás viendo (prehistoria, aves citadinas, rituales de la cultura en cuestión, migraciones, etc.) Un detalle que podrá resultar insignificante pero que realza mucho la experiencia.

Una pintura de Bunky Echo Hawk
Un aspecto muy rico dentro de las exposiciones es el énfasis con el que te muestran estilos de vida de distintas culturas antiguas pero vigentes en distintas partes del planeta, con una cantidad enorme de objetos que te sorprendes de los usos y costumbres tan diversas que hay alrededor de la Tierra. Dentro de esas exposiciones hubo una de arte indígena muy original y diferente de un artista llamado “Bunky Echo Hawk” descendiente de los Indios del Oeste gringo (muy buenas pinturas).

Como también mencione antes, me encanta esa sensación de laberinto que te brindan distintos museos pero, después de algunas horas caminando, hay un punto en el que dices “Bueno, ya basta de tanta vuelta ¿Hacia dónde está la salida?” ¬_¬U . . . Y ahí agradeces los mapas que te dan a la entrada.

Como pueden ver por lo mucho que escribí de él, el Museo Field es una maravilla, aprendes horrores y te la pasas muy entretenido. Una visita obligada cuando vas a Chicago, a pesar de los animalitos muertos -_-. Es más, de no ser por el tema de los Animales y porque hubo otro aún mejor, hubiera sido mi Museo favorito pero, para mi gozo y fortuna, hubo uno que disfrute mucho más, y que vendrá en la tercera entrega.

Mamonería berlinesa

Cuando visite el museo Oriental de la Universidad de Chicago, vi un fragmento de la puerta de Ishtar, UN fragmento, y lo cuidaban con especial celo. Y ahí me reí hacia mis adentros diciendo “Bitch, Please! ¿Eso es todo?”
 
"No Te aha oe riri" de Paul Gaugin
Recordé mi visita al Pergamón en Berlín, en donde tienen la puerta ENTERA (bueno, a excepción de ese pedacito que estaba en Chicago) y de pronto, me sentí extrañamente importante por haberla visto en todo su esplendor y no solo el trozo ese que te exhibían con tanto cuidado.

De hecho, en el Field Museum pasó algo similar, ya que al ver su exposición de Egipto, me surgió una sonrisa muy natural ¿Por qué? Por el orgullo con el que te lo presumen cuando no se acercan, ni tantito, a lo que presencié en el Neues Museum de Berlín en donde, cualquier amante de la cultura egipcia quedaría extasiado de la cantidad y calidad de exposiciones que hay ahí. A pesar de que no encuentro atractiva la historia de Egipto, quede fascinado con el museo berlinés, ahora imagínense a alguien que sí le interese. En fin, otro punto para Berlín ;-).
 
"Time Transfixed" de René Magritte
Continuando con las remembranzas berlinesas, recordé  cuando en Nueva York nos encontramos un trozo del Muro de Berlín cerca de la 5 Avenida, y mucha gente se sacaba fotos con él, menos yo, porque ya había visto el Muro directamente, además de varias secciones de él, no sólo una pequeña pared.

Qué afortunado soy de conocer muchos lugares y muchos museos.

En la siguiente entrega acabaremos con el tema de los Museos. Dentro de ese escrito vendrán tres de mis lugares favoritos: dos Museos y un lugar mágico.

Nos leemos en la tercera parte a la cual pueden accesar en este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 26 de julio de 2015

Sufrimiento y esperanza

“La Esperanza es el inicio de todo sufrimiento, aunque no toda esperanza termina en Sufrimiento” – Hebert Gutiérrez Morales.

La llegada y NFL (Chicago: Parte 1 de 6)

El hermoso Soldier Field
            Creo que nunca he oído una frase tan infalible como “La Vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” de Fritz Perls. Por alguna razón, me encontré volando solitariamente a Chicago, viaje que planeé con unos meses de anticipación. Cuando llegó el momento del mismo, en verdad agradecí haber ido sin compañía ¿Por qué? Necesitaba tiempo para estar conmigo, a solas y, sobre todo, distraído.

            Como me dijo Hans, si una ciudad es ideal para conocer por ti mismo, ésa es Chicago, y vaya que no se equivocaba. Me la pase de lujo en dicha urbe, yendo a tantos lugares como me fue posible, sorprendiéndome, conmoviéndome y emocionándome con tantas posibilidades que te brinda un lugar tan generoso por todo lo que te ofrece esta hermosa población junto al lago Michigan.
La Torre Trump junto al Edificio Wrigley

            Pero no sólo por lo que me dejó Chicago es especial, sino por lo que yo dejé en él. Tenía dos semanas de haber terminado mi amago de relación, ahora sí definitivamente, y Chicago me acompaño durante siete días en los que me olvide de dolor, de incertidumbre y demás pesares. Esta maravillosa ciudad me recordó que el mundo es grande y que hay mucha vida por delante. Chicago me devolvió algo de vitalidad al permitirme olvidarme de mi existencia por una semana y pretender que era alguien más.

            La llegada

            En la preparación previa del viaje, vi que el transporte público llegaba directamente al aeropuerto, así que tomé una decisión audaz: por primera vez no iba a tomar transporte privado al hotel, ¡me iba a ir en metro! Así que iba con mis dos maletas, mientras veía que el vagón se llenaba cada vez más “¡En la madre!” pensé “¿Ahora cómo chingados voy a salir de este lugar?”.

            Decidí que me preocuparía cuando mi parada llegara, así que me dedique a ver el paisaje urbano desde el tren elevado. Sabía que la mayoría de mi estancia iba a desarrollarse en la zona del “Loop”, así que aproveche para ver otro Chicago, uno menos turístico y más real. Me alegró ver primero la parte menos bonita de la ciudad, la más callejera, más grafiteada, y más terrenal. Fue bueno saber que la urbe también tenía zonas así ¿Por qué? Porque le da un toque más “democrático” (aunque pueda sonar estúpido el término).
El Fundador de Chicago (un haitiano)

            Ir en transporte público hace la aventura más interesante. Cuando me tocó bajar, conforme a mis miedos, ¡me perdí! Todo porque, por obras, me tocó una parada distinta. Al inicio me asusté un poco, pero eventualmente me tranquilicé y me dije “Vas a encontrar el hotel”, esto producto de tantas veces que me he extraviado en distintos lugares, así que ya no entro en pánico si me pierdo una vez más. Así que disfruto el paisaje en lo que encuentro el camino.

            Al final, cuando llegué al hotel, de inmediato me surgió un sentimiento de orgullo por haber llegado sin ayuda y en transporte público, en lugar de la comodidad y seguridad de un Shuttle por lo que, antes de entrar al edificio, me dije a mí mismo con voz ronca y juguetona “¡Ya soy niño grande! JA JA JA” :-)

            Hotel

            Una excelente costumbre que he agarrado en los últimos viajes es la de escoger hospedaje en zonas céntricas, que no son nada Fancy, pero que es limpio y barato. ¿Para qué quiero un hotel en vacaciones? Para tener un lugar tranquilo y cómodo al cual llegar a dormir, por lo que no me sirve que esté súper lindo si voy a estar fuera todo el día.
 
En el Millenium Park
            He aprendido a buscar en distintas páginas y encuentras buenos precios en lugares bien ubicados, con lo mínimo indispensable que, para mí, es suficiente. Es lo bueno de no ser (tan) fresa: mejor gastarte eso en otras cuestiones del viaje que en un lugar “lindo” en el que no vas a estar durante gran parte del día.

Mi hotel fue el Red Roof Inn, justo a una cuadra del Magnificent Mile, en la zona del Loop, por lo que no podía pedir mejor relación calidad/precio debido a la localización del mismo. Y es que he comprobado lo importante es la ubicación en San Francisco, Miami, Berlín, Orlando o Nueva York (aunque en la gran Manzana sí fue hotel fresa, pero a precio muy barato). En Chicago, alrededor de mi hotel estaban las grandes cadenas, y ahí me di cuenta que había acertado en mi elección, ya que estaba excelentemente ubicado, limpio y la gente era decente (tanto los huéspedes como el personal del lugar).

            Medicina

            Siempre me ha quedado claro que los gringos son tan, o incuso más, paranoicos que yo, y eso se refleja en su manía por consumir medicinas. Ha de llegar el punto de que son tan inmunes a los medicamentos normales, por lo hipocondríacos que resultan, que requieren de compuestos más potentes. También cabe la posibilidad que para esos cuerpesotes, requieran dosis más fuertes para que les haga efecto.
Chicago desde la Torre Willis (antes Sears)

            Debido al clima y al intenso trajín diario, a media semana me enfermé, lo cual no me iba a tumbar, pero tampoco podía darme el lujo de seguir en ese estado el resto del viaje. Así que, contrario a mi costumbre, tuve que tomar medicina en lugar de dejar que mi cuerpo sanara solo.

            ¡Vaya que son poderosas las medicinas gringas! Me tome una cosa llamada “Aleve” y ¡Pum! Me levantó en un santiamén y mis malestares sólo duraron un día, porque al otro estaba totalmente recuperado. Eso nunca me había pasado en México porque, en las contadas ocasiones en las que llego a tomar medicamento, el efecto no es tan potente ni tan inmediato.
           
            Franquicias y Compras

De entrada, en este viaje no visité a las grandes cadenas, así que no le di ni un dólar a Subway, Starbucks o Burger King. Igualmente sí le consumí a cadenas más pequeñas como Pot Belly o Panera Bread, pero siento que su comida no resultaba tan procesada, además de que eran cadenas desconocidas para mí. Pero también comía en negocios más locales como “West Egg” o “Peter O’toole”. Al final todos son eslabones del capitalismo, pero es bueno que puedas sobrevivir con opciones menos comerciales como las que te brindan las grandes marcas.
Lo que degustaba en Panera Bread :-P

Panera Bread fue mi favorito ¿Por qué? Por el clima. ¿Saben la delicia que es llegar y tomarte una sopa calientita que acompaña tu sándwich? O, de postre, no se imaginan la delicia de comerte un pastelillo con tu chocolate caliente. AME Panera Bread, sobre todo por ese toque cálido que tiene en su estilo, la decoración tan casera así como los utensilios y el sabor. Creo que es el restaurante perfecto para disfrutar un lugar como Chicago.

También me dio mucho gusto que no gaste tanto y el shopping fue casi nulo, porque no tenía que complacer a nadie que me dijera: “Es que es mi único viaje a Estados Unidos y quiero comprar”.

            Eso me frustraba bastante porque, cada viaje al Gabacho, acababa comprando madre y media que no necesitaba. Primera vez que visito Estados Unidos y prácticamente no compré nada, ya que no tenía que visitar tienda alguna. Obvio adquirí los clásicos recuerdos para mí y mis amistades, o sea lo de un viaje normal, pero ya no fue comprar juguetes, ropa o mercancías curiosas que llenaban mi maleta.
El distrito teatral

            Sólo hasta mi última noche, ya de camino al Hotel, me encontré con un Ross y, al notar que tenía mis últimos 80USD, me dije “¿Por qué no?” y entre a comprarme unos jeans y ropa interior, pero no más, sólo lo que me alcanzara con mi remanente, y porque ya no tenía más lugares por ver, de lo contrario hubiera omitido esta visita.

            Este viaje me regresó un poco de tranquilidad porque en cada una de las visitas anteriores del 2014 (Las Vegas, San Francisco, Nueva York y Buffalo), siempre regresaba preocupado por ser un pinche consumista de mierda. Y me di cuenta de que no era así, sino que fui víctima de las circunstancias.

            Todavía tenía unos 15 dólares en el aeropuerto, con lo que comí y compré chocolates hasta que, orgullosamente, termine con sólo 14 centavos. Pero mi orgullo fue breve porque, en la sala de espera, un chamaco le dijo a su mamá: “¡Lo logré! Sólo me quedaron tres centavos”. Ahí comprobé que es natural querer quemarte tus últimos dólares antes de emprender el vuelo de regreso.

            Miami Dolphins versus Chicago Bears
Game Day in Soldier Field

            Algo que he complementado a la perfección es mi amor por la NFL con mi gusto por viajar. Así que cumplo mi promesa de ver a mis Delfines en vivo, por lo menos una vez, cada temporada y aprovecho para conocer nuevos lugares. Llegue el Sábado para aclimatarme y estar listo para el juego del Domingo 19 de Octubre del 2014, entre el equipo local y mis amados Miami Dolphins.

Creo que nunca he estado un estadio tan bello como el Soldier Field, cuya arquitectura es bellísima e imponente, una construcción muy ad hoc a una urbe que resalta por sus construcciones tan llamativas y elegantes. Por fuera hay muchos detalles clásicos como columnas, estatuas, escudos, placas, una fuente en conmemoración a los soldados y demás.

El interior es igualmente muy bonito. Ahora me tocó la fortuna de estar en zona VIP (y vaya que la pague como tal), dentro había unos murales muy bellos sobre el antiguo Fútbol Americano, escenas que te conmueven aunque no le vayas a los Osos. La verdad es que este lugar rebosa categoría y, por lo mismo, la gente se comporta con mucha clase. Seguramente conozco muy pocos estadios pero, entre los que he estado, ninguno me ha encantado tanto en su estética como la casa de los Osos.
Uno de los bellos murales dentro del Estadio

Además su ubicación le ayuda mucho, ya que está en la zona de los Museos, una parte MUY bella de Chicago, así que el Estadio se complementa a la perfección con los Museos que tiene alrededor, rodeado por extensas y hermosas zonas verdes. Una delicia tan grande que hasta se te hace extraño ir a un evento deportivo en un ambiente tan natural y cultural.

Felizmente ganaron mis Delfines 27-14.

La ventaja de ver a tu equipo ganar de visitante es que, al ser tan poquitos, al final nos quedamos a aplaudirles y echarles porras a los jugadores en la entrada a los vestidores, mismos que se quedaron un ratito a interactuar con nosotros, lo cual fue MUY chido. Inclusive Louis Delmas nos bailó un poco antes de entrar al vestidor mientras coreábamos su nombre.

            Según mis cálculos, no llegábamos ni al 5% de la afición de Miami en el estadio, pero después del juego me encontré a bastantes por el Loop y todos nos saludábamos como grandes cuates “Hey Man! Big Game!”, mientras hacíamos un “High Five” o chocábamos los puños en señal de camaradería.
 
Una hora antes del Kick-Off
            Es padre cuando gana tu equipo de visita y estás ahí para vivirlo con el resto de la minoría, es como si fuésemos integrantes de un pequeño clan. Es chido que tu afición te conecte con un completo extraño, en una ciudad extraña y que ambos compartan una felicidad, como si fuesen conocidos de siempre.

La afición chicaguense.

            Como aún no ubicaba bien el Estadio, opté por tomar el autobús, lo cual fue un problema porque el tráfico era imposible por el partido, ya que se llenó el Soldier Field, pero mi viaje en el camión no fue del todo inútil.

Por un lado empecé a experimentar la civilidad gabacha en cuanto a deportes porque, a pesar de ir rodeado de muchos “Osos”, nadie se metió conmigo por mi atuendo “Delfín”. Adicionalmente, una parada antes del Estadio, hubo unos muchachitos que se bajaron del camión y uno de ellos me dijo con todo Fervor “Go Fins!”, algo que no cayó muy bien al resto de pasajeros, pero que le agradecí al jovenzuelo, además de reconocerle su valentía y personalidad al decirlo en donde lo dijo y como lo dijo.
Terminando el encuentro

            Los Chicaguenses (o Chicagoans, como se hacen llamar) son en extremo civilizados. Durante el partido me la pase rodeado de aficionados a los Osos, y sin problema alguno pude gritar, emocionarme, saltar, aplaudir, enojarme y demás expresiones sin que NADIE se metiera conmigo. Claro, también respeté y no hice nada inconveniente como señas obscenas o malas palabras. Así es un deleite asistir a un evento deportivo, con toda tranquilidad de enfocarte en la cancha sin preocuparte de ofender a alguien o que se te agreda por expresarte.

            Un mes después de haber conocido a la afición en Buffalo, me quedó claro que la afición de los Osos se parece más a la de los Delfines, ¿por qué? Porque en las ciudades grandes los aficionados no suelen ser leales, son bastante villamelones, porque si el equipo va bien, lo apoyan con toda pasión y, si va mal, lo abuchean o lo abandonan a media batalla. El abandono resulta lo más impactante, porque se van cuando consideran que el partido está decidido, cuando está lejos de estarlo.
 
Placas conmemorativas en una fuente en el Estadio
En Buffalo la gente apoya todo el tiempo, sin importar si van perdiendo, ganando o apaleando; lo cual me deja de conclusión que las aficiones de ciudades pequeñas valoran más a sus equipos al tener tan pocas opciones de franquicias profesionales (como en Buffalo o en Green Bay).

Pero, leales o desleales, algo que me sorprendió gratamente de la afición de Chicago es su extrema educación porque una cosa es que te respeten durante el partido y se traguen su enojo de ver perder a su equipo en casa; pero nada los obligaba a felicitarme después del encuentro ¡Y lo hicieron!

La verdad hasta en shock me quedé “¿Me están felicitando? ¡Wow! ¡Qué clase!” y no fueron uno o dos: prácticamente todos los que estaban sentados alrededor mío me felicitaron por la victoria de mi equipo. Eso sí no me lo esperaba, nunca lo había visto en ningún evento deportivo y, la verdad, es algo muy bonito experimentarlo en vivo. Casi me hacen llorar :’-)
El Estadio ya sin el barullo de tanta gente

            Los Chicaguenses son muy amables, lo cual te complementa esa sensación de disfrutar de una hermosa ciudad, creo que por ello encontré Chicago más bello que NY: por la gente.

            Hasta aquí esta primera entrega del viaje a Chicago pero aún faltan otras cinco que publicaré en los próximos días. Creo que nunca había escrito tanto de un solo viaje y en que en verdad fue muy vasto en experiencias.

           La siguiente entrega de esta saga la pueden leer en este enlace.


            Hebert Gutiérrez Morales