domingo, 31 de mayo de 2015

Religión y ateísmo

“Tanto la religión como el ateísmo extremo son signos de inmadurez humana así como de su soberbia” – Hebert Gutiérrez Morales.

El ombligo del mundo (Nueva York, Parte II)

            Pueden leer la primera parte de estos escritos de NY, dedicada a Central Park, en esta liga.
Posando con Doña Libertad

           “La belleza europea siempre ha tenido un cariz intencional. Había un propósito estético y un plan a largo plazo según el cual la gente edificaba durante decenios una catedral gótica o una ciudad renacentista. La belleza de Nueva York tiene una base totalmente distinta. Es una belleza no intencional. Surgió sin una intención humana, algo así como una gruta con estalactitas. Formas, que en sí mismas son feas, se encuentran casualmente, sin planificación, en unas combinaciones tan increíbles que relucen con milagrosa poesía” – Milan Kundera (“La Insoportable Levedad del ser”)

El Origen del viaje

            ¿Quién no quiere ir a Nueva York? Supongo que es un anhelo presente en la mayoría del mundo occidentalizado. Aprovechando el Tiempo Compartido que tengo, reservé con diez meses de anticipación, por lo cual encontré precios increíbles tanto en el vuelo como en el hospedaje.

No recuerdo en qué momento decidí ir a Nueva York aunque era un sueño que tenía tatuado desde que tengo uso de razón, y es que uno no puede dejar de ver a la Gran Manzana en tantos medios impresos, musicales, visuales, electrónicos y demás, que se te forma un deseo inconsciente por conocer la ciudad más famosa del mundo y es que NY es sin duda el Ombligo del Mundo.
 
Una Megarosa encontrada en el MoMA
            Como el cuarto era para dos, tenía que elegir con cuidado a mi compañer@ de viaje, porque tenía que ser alguien con quien me entendiera bien, con gustos similares y, sobre todo, civilizado y con buena condición física, así que la elección fue fácil, y le dije a mi amigo Luis Fuentes, mismo que aceptó sin chistar.

La llegada

            Creo que nunca había pasado tan rápido migración como lo hice en Newark, por primera vez, ni preguntas me hicieron, sólo checaron mi pasaporte y me dejaron pasar, ni siquiera me sacaron la foto ni me tomaron las huellas digitales. Supongo que al haber hecho tantos viajes al Gabacho en tan poco tiempo les da una evidencia suficiente de que no me quiero quedar en su país ilegalmente. Lo irónico es que con Luis, que es güero y de ojo claro, sí se tomaron sus 15 ó 20 minutos en dejarlo pasar. Así que concluyo que si es tu primera vez se ponen muy perros y si ya llevas varías visitas, ya ni te pelan.

            En el trayecto del Aeropuerto al Hotel, sabía que me debía sentir emocionado por estar en NY, pero no lo estaba, en realidad estaba cansado de tanto viaje acumulado: A) cinco días antes recién había regresado de San Francisco B) Tres semanas antes de San Pancho había estado en Berlín y C) Tres semanas antes de la capital alemana había estado en Las Vegas. Estaba molesto conmigo mismo y me prometí ya no pegar tanto los viajes porque es cansado moralmente y le vas quitando gozo a cada nuevo lugar. Aunado a eso, había sido tan feliz en San Francisco que tenía miedo de llevarme una decepción grande con Nueva York algo que, llegando, efectivamente pasó.
 
Escaparate en una galería de la Quinta Avenida
            Hicimos el Check-in y nos hospedamos en el Piso 19, jamás había estado en un piso tan alto, ya no digamos hospedarme en uno. Además la habitación estaba MUY mamona con detalles lujosos por todos lados y un espejo enorme, de igual manera, jamás me había quedado en un cuarto tan bonito (honestamente me sentí como indito recién bajado del monte). Es de los pocos momentos en donde agradecí tener el tiempo compartido porque esa estancia en dicho hotel nunca los hubiera conseguido al precio que pagué por ellos. Hasta ahí todo iba bien, incluso creí que pronto podía experimentar la emoción de estar en NY.

            Este Hotel Hilton estaba en la avenida 57, justo a dos cuadras de Central Park, o sea que estábamos en pleno corazón de Manhattan. Veía la emoción en los ojos de Luis misma que, aún, no compartía. Empezamos a reconocer los alrededores ya que, normalmente, para el día de llegada y el de salida, no suelo programar visita o actividad alguna para darnos chance de relajarnos. El día estaba feo, algo nublado pero también contaminado, de hecho me sentía como en un DF grandote (por el tamaño de los edificios y los coches, no por el tamaño de la ciudad), ya que había mucho tráfico, un caos de gente en la calle que, si no tenías cuidado, te iban a atropellar, mucho ruido, gritos, cláxones y un desorden tal que me empecé a enojar.
 
Arte en los túneles de Grand Central
            Luis lo atribuyó a que no habíamos comido y como uno de sus sueños era comerse un Hot-dog de cochecito en Manhattan, pues procedimos a cumplir uno de tantos sueños que traíamos en los pendientes. El mentado Hot-Dog nos salió en 10 dólares “¿Qué? ¡Diez dólares por un pinchurriento hotdog!” me parecía un robo, pero no dije nada porque mi amigo estaba comiéndoselo muy ilusionado. Por lo menos estaba bueno (pero no para diez dólares), seguramente lo de estos cochecitos sólo le venden a turistas ¬_¬.

            Pero también vi algo que, a excepción de Las Vegas, pensé que era inconcebible en Estados Unidos: basura en la calle. Eso era algo inaudito, el concepto que tengo de las ciudades gabachas es que pueden tener chiste o no, pueden resultar artificiales o no, incluso pueden ser amistosas o no pero una certeza que tengo es que son ciudades limpias, y Nueva York más que cualquier otra, debía cumplir con esa manda. Justo en ese momento extrañé a San Francisco, una ciudad tan bella y elegante en la que es inconcebible ver basura en la calle. “¿Acaso esto es Nueva York?” pregunté hacia mis adentros entre reclamo y decepción.
Encontrado en la esquina del Carnegie Hall

            Así que le pedí a Luis que fuéramos a Central Park, ahí me relajé un poco, aunque inclusive el hermoso parque (al cual ya le dediqué la primera parte de estos escritos), no estaba con esa aura que me enamoró los siguientes días. Por lo que acompañé a Luis a comprar unos tenis mientras decía a mis adentros “Esto no es todo Nueva York, sé que la humanidad es estúpida pero la manipulación mediática no puede ser tanta para que te vendan una farsa como una maravilla”, así que cenamos ligeramente antes de regresar al Hotel. “Mañana será otro día, empezamos con los recorridos, seguro será mejor” y con ese pensamiento me fui a dormir. Ciertamente, al día siguiente, la experiencia fue otra, gracias a la magia de Central Park, Domingo que ya describí en el escrito dedicado al Parque.

Museo Americano de Historia Natural

Nunca vi las películas de “Una noche en el Museo” (y ni pretendo verlas), pero es lo que en México más me mencionaban cuando les decía que iba a visitar el Museo de Historia Natural “¿Qué? ¿Se emocionan porque ahí se filmó una película?”

Entrada al Museo de Historia natural
Mi emoción era otra, de hecho venía desde pequeño. Cuando era niño, aunque vivía en el DF, todos los años íbamos a la Feria de Puebla (cosa que dejamos de hacer desde que nos mudamos a Puebla ?_?). Me gustaba la Feria pero, para mí, las actividades estrella eran ir al Planetario y al Museo de Historia Natural. En verdad esas visitas podían hacer mi año por lo mucho que las disfrutaba.

El Museo de Historia natural de Nueva York está a otro nivel por supuesto, es ENORME y las exposiciones son una maravilla. Tan sólo el vestíbulo es para quedarte con la boca abierta. La verdad lo recorrí como loco, posesionado, iba de una sala a otra con ese ímpetu infantil que tenía en los lugares antes mencionados, con la diferencia que ahora iba solo (Luis se había ido por su lado), así que podía ir al ritmo que quisiera y ver lo que quisiera (que lo vi TODO). Incluso entramos a una función de su planetario la cual estuvo muy chévere y complementó a la perfección la visita.


Por alguna razón que desconozco, a últimas fechas, los Tótems me llaman poderosamente la atención, por todo ese simbolismo e imponente presencia que te inspiran. La colección de fósiles es simplemente increíble, nunca había visto una tan completa. La recopilación de máscaras también es excepcional. Los Dioramas con las distintas culturas del mundo estaban genialmente montados. Y la sección de la evolución humana no tiene desperdicio, en verdad aprendí mucho en sus exposiciones.
 
Lobos que aún parecen estar vivos
Pero, para mí, lo principal era ver a los distintos animales disecados, en verdad reviví mi infancia, al sentir cómo recorría un Museo gigantesco, en el cual, sin importar cuánto caminara, me iba encontrando con muchos animales de alrededor del Orbe. Me alegró mucho de haber sentido eso una última vez ¿Por qué razón? Eso se los contaré cuando les comparta mi visita al Museo Field de Historia Natural en Chicago, por lo mientras quédense con que disfrute mucho esta visita al museo natural neoyorkino.

Dakota y Tianguis
           
            Después del Museo, visitamos el Edificio Dakota al cual, ilusamente, pensamos que nos iban a dejar pasar. No soy admirador de los Beatles, pero Luis sí, así que quería ver dónde había vivido John Lennon antes de morir aunque, por lo menos, sí vimos el lugar en donde lo asesinaron.
 
Entrada al edificio Dakota (a donde no nos dejaron entrar -_-)

            Un par de calles detrás del Museo y del Edificio Dakota nos encontramos, inesperadamente, con un Tianguis callejero que abarcaba unas tres cuadras. Se veía parecido a los que tenemos en México pero, ya estando ahí, te das cuenta que en realidad era muy distinto, como que era más nice, más chic, incluso más cool (esteee . . . creo que ya me está haciendo efecto el estar viajando tanto a Estados Unidos -_-u).

Compramos algunas cosas en el Tianguis, y hasta comimos ahí. Aunque no era una visita planeada, de hecho no sabíamos de su existencia, fue una parada que en verdad disfrutamos, porque eso también es Nueva York, aunque no muy turístico, pero no por ello menos interesante.

Las Eras del Rock en Broadway

            Esa misma noche fuimos a Broadway a ver “Rock Ages” (Las Eras del Rock) en el Teatro Helen Hayes. Una obra muy espectacular, muy entretenida, con un público puntual y educado. Una experiencia muy padre.
 
Teatro Helen Hayes en donde disfrutamos "Rock Ages"
            Pero en esta visita Luis y yo nos dimos cuenta que somos muy incultos en esto del teatro (por no decir nacos): Estábamos muy entretenidos con la obra y vimos que “acabó” de manera muy espectacular, aplaudimos como locos y procedimos a retirarnos, pero había algo extraño: había gente saliendo pero la mitad de la audiencia estaba cómodamente sentada “¡Qué raro!” pensé. Al ir saliendo del recinto, nos dijeron amablemente “Si van a regresar, mantengan los boletos con ustedes”, Luis y yo nos echamos una mirada que expresaba lo mismo “¿Para qué vamos a regresar al teatro?”, así que nos detuvimos y vimos que los que salían del recinto estaban fumando tranquilamente, mientras que el resto de gente estaba haciendo cola para el baño o comprando algunas bebidas.
Skyline neoyorkino visto desde Ellis Island

            Resulta que lo que consideramos el final, sólo era el intermedio, así que no dijimos nada y tranquilamente regresamos a nuestros lugares para disfrutar de la segunda parte que estuvo aún más espectacular. Sí, lo sé, somos unos nacos ignorantes :’-(

            La Estatua de la Libertad

            Hay iconos que son inmediatamente reconocidos por cualquier persona del mundo occidentalizado: La Torre Eiffel en París, El Big Ben en Londres, el Coliseo en Roma, el Taj Mahal en India y el Golden Gate en San Francisco me vienen a la mente. Pero, posiblemente, la más famosa y promocionada de todas esas maravillas sea la Estatua de la Libertad, y es que dudo que alguna de las otras haya recibido la mitad de exposiciones que ésta ha cosechado mediáticamente a lo largo de la historia.
 
Bienvenidos a Ellis Island
            Fuimos en Lunes a visitarla, con la esperanza que hubiera poca gente y efectivamente había pocos visitantes . . . . para los estándares acostumbrados para este lugar porque, honestamente, había mucha gente, pero aun así pudimos caminar y disfrutar algo de la isla porque, según nos contaron, en temporada alta, es imposible siquiera caminar por la cantidad tan grande de personas que hay.

            Por fortuna ya iba preparado mentalmente sobre lo que iba a encontrar porque, ya me habían advertido, la Estatua no es tan grande como a uno se la plantean en las películas, y es verdad, de no haber ido avisado, me hubiera llevado una gran decepción al ver que, aunque es grande, es una fracción de la imagen que uno tiene clavado en el inconsciente.

Ellis Island

Parte de las exposiciones en Ellis Island
            Aunque la visita a la Estatus de la Libertas es un “must” y me gustó, la visita a Ellis Island me resultó mucho más interesante. Primero hay más que ver: exposiciones, documentos, historia y demás.

            Ellis Island es el equivalente a la Isla del Ángel en la bahía de San Francisco, ya que era la puerta de entrada a todos los migrantes que venían por el océano atlántico a la “Tierra Prometida”, o sea Estados Unidos. Si querías entrar a Gabacholandia, tenías que pasar antes por esta aduana.

            Las exposiciones eran realmente interesantes, mencionando los motivos que llevaban a tanta gente a dejar sus lugares de origen y arriesgarse en una tierra nueva llena de promesas, aunque muchos de ellos no lograron lo que se proponían.

            También se hablaba de la historia de Estados Unidos, del racismo, la esclavitud y la anexión de territorios. Obviamente me resultó especialmente interesante la historia de cómo se apañaron la mitad del territorio mexicano.

            Tenía presente lo que 10 días antes había leído en Sonoma, la versión Gringa de cómo fue que se anexaron gran parte de México. Según lo que dicen los gabachos, esas eran tierras abandonadas, maltratadas y de segunda categoría para el gobierno mexicano que fueron “rescatadas” por los buenos samaritanos y desinteresados gringos (¡Ajá!).
En esas embarcaciones llegamos a las Islas

            Al igual que en San Francisco, me dolió e indignó leer su versión de los hechos, sin embargo, al conocer ambas me da la impresión de tener una teoría más acorde a la realidad, producto de espejear ambas versiones.

            Y en algo sí tienen razón los Gabachos, al igual que todos los migrantes a los que siguen recibiendo (tanto legal como ilegalmente), al final son un refugio para todos los que dejaron sus hogares con sueños de mejorar pero, al mismo tiempo, huyendo de la triste realidad que sufrían en su país.

            Podrán agradarnos o no los Estados Unidos pero hay que reconocerles que han sabido aprovechar los “desechos” del resto de naciones, encauzando todo el capital humano que reciben y sacándole provecho. Es por ello que hay tanta gente de diversas culturas tan agradecidas con este país: el más importante del planeta (aunque me duela admitirlo y me sienta sucio por escribir algo así), aunque eso no quiere decir que sea el mejor (supongo que ese título le podría pertenecer a un sitio tipo Finlandia, Canadá, Suiza o Japón).
Anuncio para comprar esclavos

            Esta visita me resonó durante el resto del viaje, sacando las reflexiones del siguiente apartado.

Ni de aquí ni de allá

            Encontramos gran cantidad de Latinos en nuestra visita, mismos que nos trataban muy bien, nos daban descuentos, consejos o, simplemente, nos hacían la plática. Mientras charlábamos con ellos me daba cuenta el gusto que sentían, tal vez por esa nostalgia de las tierras que habían dejado atrás hace tiempo.

            Nosotros éramos un recordatorio de casa, por eso recibíamos un trato especial de ellos, sobre todo cálido, algo poco común del neoyorkino estándar. Y es que, por lo menos en la ciudad en la que vivimos, ese trato cálido suele ser la excepción y no la regla.

            Pero, aunque se sentían felices de que les comentáramos algo de la cultura latina, era obvio que ya había dejado de ser su casa, porque ya estaban adaptados al estilo de vida de Estados Unidos.
Paletas de hielo mexicanas en el High Line Park

            En México siempre nos hacemos chaquetas mentales con los millones de mexicanos y chicanos que hay viviendo en territorio gabacho, y fantaseamos con frases como “Los estamos invadiendo de vuelta”,  “Estamos recuperando nuestro territorio” y demás ilusiones infantiles, pero no hay falacia más grande.

            Ciertamente, una gran parte de los latinos mantienen vivas sus costumbres, entre ellas el idioma, las celebraciones, la comida, las indumentarias e inclusive siguen apoyando a sus equipos deportivos de antaño. Pero, a pesar de ello, ya dejaron por completo las tierras que hace tiempo dejaron de ser suyas.

Expresiones artísticas en el Metro
            Mucho se critica a Estados Unidos que no tiene una cultura propia, que tiene una cultura muy artificial y/o superficial. Yo mismo digo que no tienen una cultura fuerte o profunda pero, por eso mismo, es un territorio ideal para que cada minoría haga florecer sus costumbres de manera segura y sin una fuerte influencia local que se los impida, de hecho, se fomenta para que enriquezca al país.

            Ciertamente los gringos, franceses, alemanes, japoneses y demás tierras que atraen millones de inmigrantes, manifiestas su preocupación por perder su identidad nacional pero, al final, no hay mucho que hacer, además de que el riesgo no es 100% real ¿Por qué? Porque los que dejan su país para instalarse ahí, normalmente, tienen la disposición de adaptarse a la nueva tierra a la que llegan.

            Para las primeras generaciones puede llegar a ser un poco traumatizante pero, conforme echan raíces y tienen hijos, la adaptación suele permear de manera profunda. Tal vez suene rudo e injusto, pero ya dejaron de ser 100% mexicanos (si es que alguien puede presumir de ello en este mundo globalizado) porque cada vez se integran más a un país que inmigrantes que les da tanto como lo que ellos aportan, dando una simbiosis bastante interesante.
 
Gutiérrez que emigraron a USA
            Por algo llegaron a Estados Unidos, por la misma razón que dejaron sus raíces en sus lugares de origen, por algo no regresan a ellos: Gratitud. Se sienten a gusto con lo que reciben en ese país y pagan agradecidos a través de su esfuerzo para mantenerlo grande. A fin de cuentas, resultó ser un lugar mejor del que dejaron (por lo menos para ellos).

            Y por eso han crecido las civilizaciones a lo largo de la historia: por los inmigrantes que han ido a fortalecerlas y enriquecerlas.

            Hasta aquí esta segunda entrega, si le dan click a este enlace accederán a la tercera parte de esta serie de escritos.

            Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 25 de mayo de 2015

sábado, 23 de mayo de 2015

Breve homenaje a San Martín Texmelucan

Es curioso como un lugar puede ser tan importante para uno sin nunca haber habitado en él, aunque sí viví en él porque experimenté muchas cosas en San Martín Texmelucan, Puebla. Lugar del que, con este homenaje, me despido (muy probablemente) para siempre, pero eso lo comentaré al final.
El Zócalo de San Martín Texmelucan

Como he tratado en otros escritos, después de pasar mi infancia en el monstruo que es la Ciudad de México, nos mudamos a un pueblo perdido de la civilización llamado San Matías Tlalancaleca. A pesar de habitar dicho pueblucho, mis padres tuvieron algo de sentido común y me mandaron a estudiar a un pueblo cercano más grande (o ciudad pequeña para que no se ofendan) en donde las escuelas eran mejores, y ahí nació mi relación con San Martín Texmelucan, lugar en donde pasé la mayoría de mi adolescencia, ya que ahí estudie la Secundaria y la Preparatoria.

Los años de adolescencia suelen ser determinantes pero, típico en mí, los míos cayeron en los extremos en San Martín, ya que los seis que estudie ahí se dividen en tres de los peores (la Secundaria) y tres de los mejores (la Prepa).

Como odiaba el pueblo en el que habitaba, trataba de pasar todo el tiempo posible en Texmelucan, mismo que representaba el escape a la realidad que tenía. Inclusive, era tal mi frustración por vivir en Tlalancaleca que muchas veces soñaba “¿Por qué no nos mudamos a San Martín?” pensando que mi existencia no sería tan miserable.
Así me sentía en Tlalancaleca

No tengo muchos recuerdos de Tlalancaleca, porque me enclaustraba mucho en casa y evitaba el contacto con los lugareños, de hecho la mayoría de mis recuerdos de aquella época proceden de Texmelucan.

Para empezar, algo que marcaba mucho mi rutina eran los Martes, día en que se monta uno de los tianguis más grandes de América Latina en San Martín Texmelucan, por lo que el flujo de personas a nivel regional (e incluso nacional) crecía exponencialmente. Durante muchos años me debía tomar tiempo adicional en Martes y salir media hora más temprano, porque el tráfico se incrementaba, los camiones estaban llenos y las calles estaban a reventar (ya cuando iba en la Universidad sacaron el Tianguis de la ciudad y el caos disminuyó un poquito).

Ir a San Martín en día de Tianguis era un martirio, llegar a la escuela o regresar a casa era un logro impresionante por tanta gente que había y la nula civilidad que reinaba. Era tal el estrés que llegué a odiar los Martes, porque mi calidad de vida se veía gravemente afectada. Desde que me mude a Puebla, esos días volvieron a ser como cualquier otro pero, durante muchos años, fue un día que me ponía de malas.
El Tianguis de los Martes

Pero, sí había algo de los Martes que me gustaba: La Lucha Libre. Por algunos años hubo función en el, entonces, auditorio municipal (cuando la presidencia aún estaba en el Centro). ¡Ah! Cómo me encantaban las Luchas, e iban los gladiadores famosos del momento: El Volador, Lizmark, Rayo de Jalisco Jr., Máscara Sagrada, El Vampiro Canadiense, Conan, el Perro Aguayo, Pierroth, Pirata Morgan, Satánico, Octagón, Atlantis, Fuerza Guerrera, los Hermanos Dinamita, los Brazos y demás héroes de mi pubertad.

Cada semana estaba ahí viendo los lances desde la tercer cuerda, zampándome un par de cemitas, usando las máscaras de mis héroes y gritando como desesperado para que los técnicos le ganaran a los rudos (si todavía fuera fan, no dudo que hoy apoyaría a los Rudos). Felizmente mi papá Antonio también nos llevaba al DF a la Arena México y a la Arena Coliseo a ver funciones estelares, pero las de San Martín siempre estarán en mi corazón por sentir más cercano el espectáculo.

Aunque en Tlalancaleca se tenían las fiestas del pueblo, con sus correspondientes Ferias, ir a la de San Martín resultaba más padre, mismas a las que iba con mis compañeros en fin de semana o saliendo de clase. Y, ahora que lo pienso, tal vez no fuera especial por la Feria en sí, sino por el hecho de ir con gente de mi edad.
Eso era Carlos para mí

Antes de que existieran las grandes cadenas nacionales (como Cinemex o Cinépolis) era normal que las salas de cine fueran independientes y muy locales. En San Martin mi cine por excelencia era el Latino Plus, en el que disfrute películas como Batman (de Tim Burton o Michael Keaton) o el Rey León. Esta sala estaba en la calle Libertad, era chiquita y sin nada espectacular, pero que resultaba cómoda para ver los filmes del momento. Dicho cine dejó de funcionar hace un par de décadas y ahora hay una especie de Ferretería o Refaccionara grandota.

También, en mis últimos meses de católico, recuerdo que iba a la Iglesia que está sobre la misma avenida Libertad. Me gustaba porque tenía toques franciscanos (ya expliqué mi identificación con Francisco de Asís) pero, lo que más me gustaba, sin duda eran los muéganos que vendían a la salida de Misa, mismos que eran mi postre predilecto cada Domingo.

Mi dicotomía con San Martín es que fue el lugar en que aprendí que no todo el mundo es bueno, con el Bullying que sufrí en Secundaria, época en la que perdí la alegría por vivir. Pero, años después, la recuperé, en la prepa, en gran parte a la ayuda del que, por tres años, fue mi mejor amigo: Carlos, al cual le debo un escrito por todo lo que hizo por mí.
Convento Franciscano al que iba

En los años de Prepa, San Martín se convirtió en el lugar que tuve mis primeras fiestas como adolescente así como mis primeras (y únicas) borracheras. Como terminaban tarde, y ya no había camiones de regreso al pueblo, me daban asilo en casa de Carlos, lugar en que han de haber creído que era un alcohólico de primera.

Con mi mejor amigo aprendí inglés, gracias a las clases privadas que nos daba Laura, hermana mayor de una de nuestras compañeras. Laura era maestra novata, con mucha habilidad para enseñar y, por lo mismo, acabé hablando muy bien inglés, ¡ah! Y también acabé prendado de ella (aunque era 8 años mayor que yo).

Y es que no podía pasar mi adolescencia sin chicas que me quitaran el sueño, mujeres que me encantaron en mis años mozos como Isela, Lisseth, Adriana o la ya mencionada Laura, mismas con las que nunca logré nada, pero con las que me ilusioné en sus respectivas épocas.
Así es la vida

De igual forma, me acuerdo un par de chicas dos años menores (lindas hermanas de dos de mis compañeros de clase), mismas que estaban muy interesadas en mí, aunque nunca entendí por qué, pero por respeto (y algo de miedo) nunca les hice caso. Tal vez suene tonto pero no creí correcto salir con las hermanitas de mis amigos (y tampoco quería que me golpearan por ello) ¬_¬U.

Hubo muchas personas que, sin ser amistades, podía platicar ávidamente de algún tema como lo hacía con el peluquero con el cual iba cada dos meses, el del puesto de revistas con el que adquiría mis comics, el de la veterinaria con el que compraba el alimento de los perros o el encargado de la alberca en donde aprendí a nadar.

Y ya que lo menciono, en San Martín hice una de mis mejores inversiones al aprender a nadar, actividad que me da mucha alegría y profunda paz interna que valoro bastante hasta el día de hoy. Pasando a otro deporte, aunque nunca fui bueno, me la pase esos seis años jugando basquetbol, con muchos momentos penosos pero, el que más recuerdo, es el más glorioso que he tenido hasta el día de hoy (deportivamente hablando) con los otrora Vampiros.
El escudo de mi Preparatoria

Y es que en Prepa, siempre me la pasaba en bolita con mis cuates, e íbamos a echarnos una pizza, a atascarnos una de las Tortas Tony, unos tacos, unos hot dogs o, cuando había poco dinero, preparábamos palomitas y veíamos alguna película en casa de alguno de ellos.

En el último año de Prepa, empezamos a viajar a Puebla solos, a veces por tareas para la clase de arte y en otras ocasiones a investigar sobre las universidades en que queríamos estudiar. En esos viajes nos sentíamos grandes, poderosos e independientes por ir sin maestros (chamacos ilusos e ignorantes a fin de cuentas).

A partir de que entré a la Universidad Interamericana en Puebla, San Martín me dejó de resultar tan básico, cada vez se volvía más un lugar de paso, pero no por ello dejaba de ser relevante.
Unos llegan y otros se van

Por ejemplo, en las madrugadas era un gusto encontrarme a mis amigos de prepa en el camión a Puebla, mismos con los que platicaba todo el trayecto sobre cómo iban en su nueva escuela (nadie de la prepa me siguió a la Universidad), así como nos enterábamos de los chismes de los demás. Lo mismo pasaba en el camino de regreso, siempre me sentí feliz de platicar con algún conocido en el camión, convivíamos como los chiquillos pueblerinos que éramos, que estudiaban en la gran ciudad y que se acompañaban de regreso a casa, en medio de conversaciones sin sentido pero que significaban mucho en aquel entonces.

            Creo que lo último relevante que tuve en San Martín fueron mis primeras prácticas profesionales, mismas que hice en “Agua Purificada San Martín” (Aunque cuando estuve ahí se llamaba “Los Volcanes”). De hecho, al terminar la carrera, busque trabajo en dos empresas locales: una de levaduras y otra de frenos automotrices, en la primera no quise y en la segunda no me aceptaron. Y me alegro de no haber quedado ahí, para que mis fronteras se incrementaran un poco y dejar atrás a San Martín. Estuve muy cerca de perpetuar dicho lugar en mi vida pero, por fortuna, acabé por dejarlo atrás; y no digo “por fortuna” porque sea un mal lugar, simplemente mi época ahí ya había llegado a su fin.

            Desde que me mudé a Puebla, San Martín dejó de ser importante, ni siquiera se volvió un lugar de paso, en realidad se volvió un obstáculo molesto que debía sortear para visitar a mi madre.
Secundaria Alfonso Briseño Ríos (la odie en verdad)

            En los últimos años, en los breves momentos que iba de pasada, llegaba a ver a los “fresitas” del pueblo, los que se creen dueños del mismo, y es que son fáciles de identificar con su actitud de perdona vidas a los que sólo les falta decir “Este es mi territorio y se chingan”, montados en sus coches o sus motos. Ahora me rio pero, no puedo negar que en Prepa o Secundaria anhelaba ser como ellos y sentirme dueño del pueblo.

            Ahora que los veo me parecen ridículos, obvio porque mi mundo ya no está ahí y me vale un soberano pepino lo que pase o deje de pasar con dicho lugar. Y no sólo me parecen ridículos por sus actitudes superficiales, sino porque percibo claramente las fronteras de la pequeña población en la cual se mueven. Pero, recalco, no los puedo criticar tan ácidamente, porque también hubo un punto en donde anhelaba quedarme dentro de los límites texmeluquenses.

            Obvio Puebla no es la megaurbe cosmopolita que está a la vanguardia internacional, porque la gente de aquí también suele estar limitada a sus fronteras. Pero aquí he encontrado las posibilidades de salir del estado, del país y hasta del continente para ampliar mi visión del mundo, y darle a Puebla su importancia y lugar exacto, ya que tengo contra qué comparar a nivel internacional.

Esa consciencia me ayuda mucho para poner las cosas en perspectiva y no creerme mucho por mi trabajo, status social o posibilidades que tengo para viajar. De haberme quedado en San Martín, nada de esto hubiera pasado y sería (aún) más ignorante por mis autoimpuestos límites.

            Pero San Martín también tiene su importancia ya que sin todo lo que experimenté en él, no sería quien soy. Y, aunque ya no es importante, alguna vez lo fue. Y aquí viene la razón de este homenaje: a menos que pase algo extraordinario, ya no tendré que pasar por dicho lugar el resto de mi vida.

            En Semana Santa fui a visitar museos al DF en coche, y me di cuenta que había una salida recién abierta en la autopista cerca del pueblo en donde vive mi madre, atajo que me permitiría saltarme todos las poblaciones/obstáculos que me echaba por el camino normal.
El Mercado de San Martín

            Este hecho lo corroboré con mi progenitora y, desde este pasado día de las madres, he estrenado dicho camino, que es más rápido y me ahorra el pasar por San Martín y demás poblados en el camino.

            Aunque pago $30 pesos más, no me importa, porque el trayecto es directo y eficiente. De hecho, la primera vez que lo tomé sentí una alegría impresionante pero, cuando pasé a la altura de San Martín, sentí una especie de nostalgia retroactiva que me obligó a despedirme con este escrito.

            Es lo menos que puedo hacer por un lugar que me dio una luz de esperanza, de un mundo mejor, un ideal a alcanzar para no hundirme en el pueblo miserable en el cual vivía. Me brindó los años más oscuros, pero me los compensó con los más brillantes de mi juventud, por lo que ese lugar resultó vital para mi existencia.

            Algún día, cuando mi madre ya no habite en Tlalancaleca, dejaré de ir a ese lugar y (probablemente) también le haga un escrito a ese pueblucho tan despreciable. En lo que llega ese día, hoy le hago este escrito a esa otra población que fue muy importante sin haberla habitado nunca.

            Gracias por todo San Martín Texmelucan.


            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 17 de mayo de 2015

Corriendo a solas por la vida

“Corriendo voy en el camino solitario, perdido en mis cavilaciones; de pronto siento que alguien va corriendo detrás de mí. Al darme cuenta que es el eco de mis propios latidos me tranquilizo. Podría voltear para comprobarlo pero sé que no tiene mucho sentido porque, normalmente, suelo ir solo en mi camino” – Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 14 de mayo de 2015

El Estúpido ‘Deflate Gate’ (Parte 2)

            Ok, ok, prometo ya no decir que me desagrada escribir sobre temas de moda, pero es que soy de los que tienen que expresarse cuando piensan algo. Adicionalmente, había tratado esto hace unos meses, así que no podía dejar así el asunto, ahora que el escándalo (mal manejado, por cierto) del “Deflate Gate” ha pasado a otra etapa. No digo que ha terminado porque a este circo mediático aún le faltan muchos actos y, lo admito, este tipo de escritos contribuyen mucho a ello (mil disculpas).

            Voy a compartir, con breves observaciones, las lecturas o consecuencias que veo tras la supuesta conclusión del “Deflate Gate

            Suposiciones

No puedes juzgar a nadie sobre la base de suposiciones. El reporte del investigador Wells menciona que es más “probable” que Tom Brady supiera de los balones desinflados en vez de ignorarlo.

Ese “probable” no indica una seguridad. Si el señor Wells tiene evidencias, que las dé y que asegure categóricamente que el mariscal de campo de Nueva Inglaterra sabía de la situación. Pero ese “probable” es muy cómodo y seguro para el investigador, porque así no se compromete con algo de lo cual, sin duda alguna, no puede meter las manos al fuego (y por una conclusión tan pitera le pagaron millones de dólares).

            Astucia de la NFL

En el comunicado de Troy Vincent (en su tiempo, gran defensivo profundo de los maravillosos Miami Dolphins) se lee algo así “Se indica que es probable que estuvieras involucrado en el tema. Pero el hecho de que no quisieras cooperar al negar el acceso a tus registros de llamadas y de mensajes, es una acción que va en detrimento de la integridad de la liga”.

Por un lado, el que nada debe, nada teme. El hecho de que Brady no mostrara los registros para limpiar su nombre dice mucho. Desde mi perspectiva, si los daba, iban a encontrarlo culpable y lo iban a suspender todo un año, al negarse sólo pueden castigarlo por no cooperar y su castigo es menor por ello (fue bien asesorado el señor Bündchen).

Y eso justamente hizo la liga: Te castigo porque no compartiste la información solicitada más que por tu supuesta participación. Para mí, esto maniata a Brady para apelar (aunque de todas formas lo ya lo hizo), porque el castigo es por obstruir la investigación, no por el problema en sí.

NFL mustia

Como gran parte de la humanidad y sus instituciones, la NFL es mustia, y adopta cierta moral de acuerdo a sus intereses. Seamos honestos, esa bendita investigación que hizo el Sr. Wells no era para tres meses. Perfectamente la hubieran terminado antes del Súper Tazón y hubieran podido suspender a Brady entonces.

PERO a la liga no le convenía echar a perder su máximo espectáculo (un partido excelente y bastante emocionante, por cierto). Por eso se tomaron su tiempo y, si tenían que castigar a Brady, sería ya sin consecuencias comerciales, ¡ah! Y también las deportivas (aunque en segundo término).

El castigo

            A pesar de un resultado tan ambiguo en la investigación, los medios empezaron a hacer presión, considerando las suspensiones recientes a distintos jugadores por situaciones políticamente incorrectas, empezaron a presionar a la NFL para castigar sobre la base de un reporte sin hechos contundentes.

            Ahora, con o sin evidencias contundentes, si castigaron a los Patriotas lo tienen bien merecido, pero no por la supuesta trampa, sino por weyes, por dejarse cachar. ¿Por qué digo esto? Porque ya he leído varias declaraciones que indican trampas similares en la liga (a nivel grupal e individual) pero nadie hizo un escándalo ¿Por qué? Porque nadie los vio, y lo que no se ve, no pasa ¿De qué te sirve que todos lo hagan cuando el único acusado eres tú? ¿Por qué sólo sorprendieron a los Pats en el supuesto delito? Hay quien argumenta una cacería de brujas, pero me da hueva tocar ese tema, así que vamos al siguiente punto.

            ¿Por qué lo hicieron?

            Esta pregunta es la de los 64 millones. Quedó evidencia que los Patriotas eran muy superiores a los Potros en la final de la Conferencia Americana (que acabó en una planchada categoría a los de Indianápolis). De hecho, cuando repusieron los balones correctamente inflados, la diferencia fue incluso mayor.

            Si se sabían tan superiores, ¿para qué arriesgarte a todo este circo mediático? En verdad resulta una situación bastante estúpida e ilógica a la que le doy dos posibles lecturas: 1) No se sabían tan superiores y quisieron aprovechar cualquier oportunidad ó 2) En verdad “algo” pasó y se desinflaron solitos los balones (casualmente del lado de New England).

            Apelación

            Como ya mencioné arriba, encuentro difícil que le reduzcan el castigo a Brady (ya no digamos exonerarlo del mismo). Sin embargo, el sindicato de jugadores ya contrato al abogado némesis de la liga y, con la falta de pruebas, empiezo a creer que es factible que le reduzcan el castigo a dos juegos.

            Esto sería ideal para que la liga pueda decir “Yo ya lo castigué, pero el intermediario dictaminó reducirle la sentencia”, así que pasaríamos de una posible suspensión de una temporada entera a dos partidos ¿Qué son un par de partidos? Para un equipo que ha ganado la división de manera casi automática como los Patriotas, honestamente, nada. Lo cual me lleva al siguiente punto.

            Campeones de la AFC Este

Con todo y suspensión de cuatro juegos, Nueva Inglaterra va a seguir siendo campeón de la División Este de la Americana mientras estén Brady y Bellichik. El Monje ya llevo a su equipo a una temporada de 11-5 con un Matt Cassel, un QB del montón.

Así que Bellichik sólo va a adaptar el plan de juego y habrá muchos pases pantalla, corridas y rutas a las alas cerradas para no ponerle presión al sustituto de Brady en esos cuatro partidos y a ganarlo con estrategia y plan de juego. Y no ha de haber nadie mejor para esto que el entrenador de Nueva Inglaterra. Lo cual me lleva al siguiente punto.

No descuenten a Garoppolo

El único beneficiado de toda esta situación en la organización de Nueva Inglaterra es el Mariscal de Campo sustituto: Jimmy Garoppolo, mismo que fue seleccionado el año pasado y, en las pocas oportunidades que tuvo, dio muestras de ser un buen Quarterback. Ahora una cosa son unas jugadas en partidos ya definidos y otra muy distinta ganar una batalla de 60 minutos contra un equipo hambriento de triunfo.

Pero, como mencioné arriba, el coach es excelente y, adaptando el plan de juego a las características de su Quarterback de segundo año, no tengo duda que van a salir con una foja de 2-2 e inclusive 3-1 en los partidos que no cuenten con su mariscal titular porque, además del plan de juego, tienen un envión emocional adicional, mismo que viene en el siguiente punto.

“El mundo contra nosotros, nosotros contra el mundo”


Un día después de que se anunció la suspensión de Brady, se empezaron a ver las muestras de apoyo: una manifestación en las oficinas de la NFL para quitarle el castigo y señalar un complot en contra de los campeones, las ventas de la mercancía del #12 de los Patriotas se dispararon en cuestión de horas, inclusive los aficionados en Boston empezaron a organizarse para hacer su “vaquita” y pagar el millón de dólares que la NFL le impuso como multa al equipo.

Tanto los aficionados, la organización y el equipo de los Patriotas se sienten agraviados con toda esta situación, cosa que saben encauzar muy bien en motivación, y al sentirse los parias perseguidos por el resto de la liga, no me queda duda que el partido inaugural contra Pittsburgh lo deben ganar sí o sí, sin importar el Mariscal de campo en los controles. Es más, hasta con Mark Sánchez bajo centro ganarían ese partido (sip, así de grande es la motivación).

Y es que, además de los castigos de la liga, está la exagerada reacción de la afición del resto de equipos, como menciono en el siguiente apartado.

            Sin logros propios, gozo la desgracia ajena.

            Recibí una imagen de grandes QBs de la historia pero sin títulos, argumentando “Sin anillos de Super Bowl pero nunca hicimos trampa” y, honestamente, ¡No mamen! Como aficionado Delfín, soy el primero en admitir que es una lástima que un Mariscal tan prolífico como Dan Marino no haya ganado ningún título, lo mismo puede decirse de Dan Fouts, Jim Kelly, Frank Tarkenton entre otros.

            Pero no por ello voy a atacar los títulos de otros Quarterbacks y ponerlos bajo tela de juicio por un escándalo que ni siquiera ha sido comprobado por completo (aunque la sospecha indique que su culpabilidad es muy probable).

            Me parece muy miserable y mediocre el regodearse con la desgracia ajena y, peor aún, ensalzar la falta de éxitos propios. Que tengas que atacar a otros por no tener logros que presumir es patético. Eso habla de equipos, aficiones o gente con visión muy pequeña y prejuicios grandes. Lo cual me lleva al siguiente tema.

            Animadversión exagerada.

            Me sorprende la reacción tan apasionada del resto de aficionados que, para mí, constata una envidia guarecida en la justicia. Ahora, no puedo negar que los Patriotas son bastante odiosos y, en consecuencia, no son el equipo más popular (o sea, son bien mamones), hecho que ayuda al regocijo de la gente.

            Incluso llegan a límites de mencionar las jugadas de hombres inelegibles, las que mandó Bellichik en la ronda Divisional contra Baltimore, como ilegales cuando eran perfectamente válidas (a partir de la temporada 2015 ya no lo serán), pero ahí se demuestra que la gente se deja cegar por la ira, el odio y el prejuicio, en lugar de reconocer el genio del Monje al momento de llamar esas formaciones.

            Bueno, hasta mencionan la situación de Aarón Hernández para calificar la calidad moral del equipo, comentarios que indican la ignorancia de quien los emite, y que en su puta vida han visto un juego completo de americano (que no sea el Súper Bowl), ya ni se diga entender el juego.

            Pero, como bien se dice: hay que evitar hablar de política, religión o fútbol (americano), porque la gente se apasiona en exceso. Así es el deporte y, seguramente, también soy igual de irracional cuando le tiro a esos Vaqueros de Mierda hijos de su chingada madre ¬_¬

            ¿Legado manchado? ¡No manchen!

Pero de las estupideces más grandes que he leído en estos últimos días es la gente que clama ponerle asteriscos a los logros de los Patriotas, poniendo en tela de juicio todos sus títulos.

A ver, ni por el “Spygate” ni el “Deflategate”, ni porque Tom Brady este casado con Gisele Bündchen es que Nueva Inglaterra ha ganado cuatro Súper Tazones en una década. Han sido superiores en esos años, han tenido planes de juegos geniales, sacándole provecho a cartuchos quemados, y obteniendo gemas en novatos reclutados y no reclutados.

¿Qué se vive un ambiente militar en lugar de uno familiar? ¡Perfecto! Esto es un negocio, no una reunión fraterna. ¿Qué Bellichick y Brady son antipáticos? Honestamente, preferiría que odiaran a mi equipo con cuatro campeonatos en lugar de ser el equipo sin campeonatos pero que a todos agrada.

Es una auténtica pendejada poner en tela de juicio la calidad y superioridad de este equipo, su coach y mariscal por escándalos acumulados. Obvio, tampoco es de aplaudirse las trampas (demostradas o no demostradas)  en las que han estado involucrados, pero no es razón para descalificar sus logros acumulados. Recalco, eso sólo demuestra la pequeñez de la gente que los juzga.

El detalle chusco

            Algo clásico son los memes o bromas con cada noticia de moda. Debo admitir que una me hizo reír bastante y que leí en Twitter: “Así que los Patriots van a empezar la campaña sin un Quarterback titular ¿y qué? Los Cafés de Cleveland lo hacen cada año” :-)

            Para cerrar

            Aunque no lo parezca, este escrito no se trata de defender a los Patriotas y a Tom Brady (aunque así parezca), se trata de justicia. Se trata de juzgar con evidencias, no con suposiciones. Si hicieron mal, que los castiguen y será justo, pero que no queden tantos cabos sueltos, tantas preguntas en el aire y sentimientos de injusticia latentes. Para los que no les quedó claro, soy aficionado a Delfines, los amo a muerte, pero no por ello me dejo cegar y subirme a la ola de animadversión que ataca a los Pats.

            Finalmente, les dejo un par de notas que me parecieron excelentes, de dos de mis analistas preferidos de NFL: “Investigación de Ted Wells deja más dudas que respuestas” de  Raúl Allegre y “Caso Brady: La NFL no podía ganar” de Sebastián Martínez Christensen. Dos opiniones muy interesantes respecto a este tema.


            Hebert Gutiérrez Morales.