domingo, 29 de marzo de 2015

Huir

“No ha de haber hecho más patético que cancelar o cambiar tus planes con tal de evitar ver a esa persona: ser tan cobarde como para afrontarla” – Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 23 de marzo de 2015

La insoportable levedad del ser

“Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (Este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (Este deseo se produce en relación con una única mujer)”

            Pareciera que era el único que no lo había leído. Cada vez que le comentaba a alguien de la obra en cuestión me decía “¡Uy sí!, lo leí hace muchos años” es lo que comúnmente escuchaba “¿Y por qué demonios había tardado yo tanto en hacerlo?” me cuestioné. Aunque, en realidad, lo hice por azares del destino.

            En mis viajes suelo llevar uno o dos libros para los ratos de tranquilidad y/o en las noches. Para Chihuahua lleve un par: el primero, “Después del Terremoto” (aunque el título original sea “Todos los hijos de Dios bailan”), es una recopilación de cuentos de Haruki Murakami en el cual, muy a su estilo, disfrutas de una narración atractiva que sería perfecta de no tener finales tan abiertos o tan mediocres. Éste lo acabé rápido porque el autor japonés me resulta muy fácil de digerir.

            El segundo lo recibí en mi pasado cumpleaños aunque no recordaba quién me lo había regalado: mi mejor amiga (Lesly) o la que pudo serlo y ya no lo es (Camelia). Honestamente, cuando me lo dieron, no me hacía mucha ilusión, por eso lo había relegado para “algún día” leerlo pero, como se veía breve, y necesitaba retomar ritmo de lectura, me llevé “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera.

 “El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ése es el motivo por el cual el hombre no pude ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir”

            Cuando llevaba una cuarta parte del libro, empecé a comprender por qué me lo habían regalado. No voy a comentar propiamente la historia, en realidad voy a resaltar lo que sentí con algunas situaciones, y voy a destripar mucho así que, si pretenden leerlo, mejor no sigan con este escrito. Voy a seccionar el texto por personajes y/o sus relaciones.

Sabina con Teresa y Tomás

La relación de Tomás con Sabina me pareció la más honesta y productiva de toda la historia, porque se hablaban con la verdad, ninguno esperaba más del otro y por lo mismo se complementaban a la perfección, dándose la libertad que requerían. De alguna manera fueron la pareja perfecta, sin tener que estar atados de manera formal. Fueron el ejemplo ideal de amor, ése que se da de manera desinteresada, que se deja crecer en libertad y que no se enjaula para asegurar su exclusividad.

“La coquetería es una promesa de coito sin garantía”

El encuentro semierótico que tuvieron Sabina y Teresa me pareció uno de los momentos más remarcables del argumento porque, aunque no pasó nada, las intenciones se reflejaron de manera clara, además de que fueron casuales. Ambas tenían algo en común, sin contar su amor por Tomás, y era esa necesidad de libertad, de trascender, de buscar nuevas fronteras. Ese encuentro lésbico, que casi se dio, las hubiera ayudado a avanzar más en su búsqueda personal. Lo remarcable del asunto es cómo el autor puede brindarnos una escena muy sensual sin tener que ser sexual, lo que sirve como evidencia que aún se pueden lograr pasajes eróticos sin tener que ser vulgares o explícitos.

Cuando Sabina se entera de la muerte en un accidente de Tomás y Teresa, mi tristeza fue patente, aunque aún faltaba mucho por leer. Sabina había sido leal con ambos y, de alguna forma, su partida la dejaba más sola en el mundo, a pesar de tener tanto tiempo sin contactarlos, el hecho de saber que ya no iba a volver a verlos fue un duro golpe.

Teresa

            La historia de Teresa con su madre, en donde como hija se da cuenta que ha adoptado las ideologías maternas, y que sigue controlada a la distancia a través de sus traumas, en una situación muy real. La educación que recibimos nos suele acompañar el resto de nuestros días, para bien o para mal, y esto no suele cambiar aunque nos mudemos lejos o aunque mueran los que nos educaron. Así que Teresa entró en una lucha encarnizada para rebelarse contra sus programaciones, para subir de nivel, para alcanzar esa grandeza que anhelaba pero que su progenitora la había prohibido siquiera ver.

“Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la que han sido construidos, perecen ellos también”

Después de tantos años, ya habitando en la provincia, Teresa define su relación con Tomás de manera tan honesta que no puedes evitar amarla, además de una consciencia de lo tontos que solemos ser al momento de vincularnos y cómo van mutando las intenciones originales para convertirse en una relación totalmente distinta a la que alguna vez imaginamos. Todo por esas estúpidas creencias que existe un único tipo de amor, ése que nos promocionan en cuentos, en películas, en series, en novelas y demás.

Teresa entendió que cada pareja debe encontrar su propia forma de amor, la que les acomode, aunque la sociedad no entienda. Lo importante es que los que conforman esa relación amorosa estén felices con ella. Me parece que por eso hay tantas relaciones fallidas: por la necesidad de buscar un solo tipo de amor, un estándar que nos acomode a todos, mismo que no existe. Cuando no encontramos ese tipo único e infalible de cariño, empiezan a pesarnos los comentarios externos (que siempre los hay) sobre lo que “debería” ser y no es. Es triste cuando es más importante la opinión ajena y lo que pensamos en lugar de confiar en lo que sentimos, en nuestros instintos. ¿Qué importa si la relación en la que estamos no es bien vista por los demás cuando nos hace felices?

Tomás

            Me encanta cómo Tomás expresa, de manera tan clara, esa situación en la que uno siente cosas por alguien aún en contra de su voluntad. Teresa ingresó a su vida y él no esperaba quedar prendado de ella. Eso a veces pasa porque, sin la intención de buscar una relación, en ocasiones las coincidencias se acaban dando y te ponen en el camino de alguien improbable y, a partir de entonces, ya nada vuelve a ser lo mismo.

            Cuando Tomás tiene que renunciar a su carrera por no desdecirse de un artículo que escribió, me ocasionó una sensación agridulce. Por un lado no lo entendía, se retractara o no, en nada iba a cambiar la situación del país, sin embargo, sí ponía en grave riesgo ejercer su pasión como médico. Por el otro, al ver esas risas que lo justificaban o lo condenaban, entró un poco de su ego y, al mismo tiempo, esa necesidad de hacer “lo correcto”.

“Esta gente le sonreía con una sonrisa especial que, hasta entonces, desconocía: con la tímida sonrisa de aprobación del conspirador. Es la sonrisa de dos hombres que se encuentran por casualidad en un burdel; les da un poco de vergüenza y al mismo tiempo se alegran de que la vergüenza sea mutua; surge entre ellos una especie de fraternidad que los une”

Ciertamente acabó con su carrera y en nada cambio la situación pero, sin proponérselo, Tomás tuvo una ganancia doble: por un lado se dio cuenta que su existencia podía ser incluso más feliz limpiando cristales que de médico, librándose de la “misión” que creía tener. Además, el no retractarse le ganó el respeto de su hijo, aunque aquí la ganancia fue para el engendro porque Tomás nunca se mostró muy entusiasmado de conocer al chamaco.

Tomás fue mi héroe al analizar los tipos de mujeriegos y su necesidad de estar con distintas féminas; esto podrá parecer, de primera impresión, algo despreciable pero, en particular, lo encontré brillantemente planteado. Aunque lo que hace Tomás es moralmente incorrecto, me impacta internamente por lo difícil que me ha resultado acercarme a las mujeres de manera romántica o sexual. Por lo que expresó, admiro a Tomás y, por qué no admitirlo, hasta lo envidio, por la facilidad con que logra su cometido.

Sabina

“MUJER: ser mujer era para Sabina un Sino que no había elegido. Aquello que no ha ido elegido por nosotros no podemos considerarlo como un mérito ni como un fracaso. Sabina opina que hay que tener una relación correcta con el Sino que nos ha caído en suerte. Rebelarse contra el hecho de haber nacido mujer le parece igual de necio que enorgullecerse de ello”

            Me fascinó leer a Sabina, y es que resoné con la mayoría de sus ideas, sentimientos, conceptos, opiniones y valores por lo que me sentí profundamente identificado. Su manera de ver las cosas me parece tan lógica y sencilla que me enamoré de ella. Sabía lo que quería, también estaba consciente del mundo en el cual habitaba, además de que tenía bien identificadas sus fortalezas y debilidades, por lo que tenía claro qué quería y qué no.

Es impactante esa necesidad de ir traicionando a los demás, que era su forma de avanzar, de trascender, de dejar atrás lastres que le impedían continuar con su evolución. Sabina no se andaba con sentimentalismos vacuos, con poses sociales que le hicieran quedar bien ante los demás. Gran parte de su existencia la pasó complaciendo a alguien más (sus padres, su exesposo, el socialismo y demás), por ello aprendió a poner sus prioridades primero, porque entendió que la vida es breve, por lo cual quiere experimentar lo que la hace feliz y dejar atrás lo que no.

Muchos la tacharan de cobarde, y tal vez tengan razón, por no afrontar sus problemas y huir, pero la esencia de Sabina es tan elegante que le desagrada desgastarse en peleas que en nada van a cambiar su decisión, por lo cual opta con llevarse toda la responsabilidad de la ruptura o traición, y seguir avanzando en su trayecto.

“Pero si traicionamos a B, por cuya causa habíamos traicionado a A, de eso no se desprende que nos reconciliemos con A. La primera traición es irreparable. Produce una reacción en cadena de nuevas traiciones, cada una de las cuales nos distancia más y más del lugar de la traición original”

La traición era el modus vivendi de Sabina, su camino para seguir de acuerdo a sus valores e ideales. Por lo que se mantenía fiel a sus principios, sus reglas y su manera tan única percibir el mundo en búsqueda de esa utópica felicidad que, aunque sabía inalcanzable, le satisfacía buscarla de todas formas.

Cuando Sabina checaba los Pros y los Contras de los hombres débiles y fuertes, me pareció sublime su manera de desmenuzar las características de ambos, además de que expresa de manera soberbia la racionalización femenina, ésa que pocas veces entendemos los hombres. Con la lógica de Sabina, el descalificar a sus potenciales pretendientes era muy natural ya que, conforme a su punto de vista, no iban de acuerdo a su estilo de vida. Esto me recordó a la madre de Teresa y sus nueve pretendientes. Ciertamente la señora fue más burda y no tan brillante como Sabina (por eso el destino tan opuesto de cada una). Con Sabina es remarcable cómo se muestra esa forma tan ilógica como sencilla que tienen las mujeres de racionalizar las cosas, analizar a los hombres y no perdonarles sus fallas.

Franz y Sabina

“La palabra ‘compasión’ o ‘piedad’ produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho que ver con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad”

            Al entrar en escena Franz mi primera pregunta fue “Bueno, ¿y este tipo qué tiene que ver en la historia?”. Y mi desagrado continuó al ver su interacción con Sabina, lo cual no me dejó duda que ella, tarde o temprano, lo iba a abandonar (como efectivamente sucedió). De hecho mi duda principal era “¿Cómo demonios inició una relación entre seres tan diferentes?” Superando la aversión inicial, empecé a empatizar con él, a comprender su desgracia y la necesidad de estar con Sabina.

            El autor hace un trabajo excepcional al dar definiciones del mismo concepto desde la perspectiva de cada cual. Resulta delicioso cómo un mismo hecho o situación significa algo totalmente distinto para dos personas que conforman una misma pareja, y de ahí lo inverosímil que ambos estuvieran juntos.

Cuando Sabina reflexiona sobre la fuerza física de Franz, misma que no usa para arreglar su vida, por lo que prefiere ser “lindo” con los demás; fue un momento en particular que me afectó profundamente, de hecho fue un golpe duro y certero a mi psique.

“¿Es que no hay más que un paso de lo ridículo a lo excitante?”

Tras el abandono de Sabina, aunque Franz encontró una amante tranquila que lo idolatraba y que lo hacía sentir muy bien, seguía teniendo en un pedestal a su “Diosa”. Esto en particular me acabó de deprimir, porque me vi plenamente identificado con él (de ahí mi rechazo inicial, porque lo que te choca te checa). Y es que sabía plenamente lo que sentía por su Diosa, y no es choro, en verdad lo sé. Por lo mismo las palabras de Sabina (sobre la hueva que le daba Franz, a pesar de todas sus atenciones) se me clavaban en el pecho, con toda la potencia con las que las expresaba, con toda la intención, que parecía que me las estaba diciendo a mí, pero no Sabina precisamente.

Superado el enojo inicial con Franz, comprendí su anhelo por la libertad y, por lo mismo, estaba con Sabina, y ella estaba con él en esa necesidad de pertenecer sin tener que ser domada. Pero Franz cometió un error porque, al enamorarse de las alas de libertad de Sabina, intentó cortárselas al procurar establecer una relación exclusiva con ella. Por ello, el instinto de conservación de Sabina la hizo huir.

Se podía considerar que Franz tenía una vida “perfecta”, pero él sabía (inconscientemente) que no era libre, que estaba atrapado en una jaula de oro, por eso anhelaba estar junto a Sabina, con su vida imperfecta pero, dentro de la misma, con una libertad que Franz nunca había conocido. Obviamente si se le preguntaba a Sabina, ella no era del todo libre pero, a los ojos de su amante, era la libertad personificada y, por lo mismo, su devoción era tal que la llamaba su “Diosa”.

“El amor, cuando se hace público, aumenta de peso, se convierte en una carga”

Del libro en general

Hubo un punto del argumento (cuando Sabina expresa la hueva que le da Franz) en que opté por dejar de leer, ya había tenido demasiado y me fui a dormir. Pero antes le escribí a Les, para comentarle un poco del libro y para resolver mi duda de quién me lo había dado. Me dijo que nunca me regalaría algo de Kundera porque, aunque le gusta cómo escribe, uno siempre acaba deprimido. Efectivamente, aunque el autor escribe de manera soberbia, el sentimiento de tristeza o depresión está muy presente. Y tal vez por ello me encantó, porque frecuentemente me inclino por los sentimientos nostálgicos.

 “Lo que sólo ocurre una vez es como si nunca hubiera ocurrido”

Personalmente me sorprendió cómo pude identificarme con cada uno de los cuatro protagonistas: esa necesidad de tener su espacio y libertad de Tomás además del miedo que tiene a las mujeres pero, al mismo tiempo, la necesidad que siente por las mismas; en el caso de Teresa, el librarse de las creencias y dogmas familiares, el rebelarse contra su destino y forjarse uno propio mediante sus ideas, y ser algo diferente a lo que la educaron ser. Con Sabina, esa manera distinta de pensar, esa búsqueda de la verdad y tratar de ser auténtica y guiarse en sus valores, sin que los comparta nadie más, aunque tenga que ser diferente e ir contracorriente. En el caso de Franz, esa necesidad de librarse de esa “vida perfecta” que lo agobia y que no lo satisface. Es increíble como el autor te presenta cuatro caracteres tan distintos y, al mismo tiempo, tan universales, ya que te puedes reflejar con aspectos de los cuatro. Como escribió Kundera “Estos personajes no nacieron de papás, sólo nacieron de momentos que definieron a cada cual”.

“Pero es precisamente el débil que tiene que ser fuerte y saber marcharse cuando el fuerte es demasiado débil para ser capaz de hacerle daño al débil”

No voy a mentir, cuando el autor empezó a explicar su concepto de la levedad del ser al inicio del texto, mis esperanzas de que fuera interesante fueron nulas, sobre todo porque parecía que el tema lo obsesionaba demasiado. Me quedó más claro su concepto cuando lo “bajo” a los hechos, por ejemplo, Tomás la alcanzó cuando Teresa lo dejó en Suiza, por lo que se sintió libre y sin compromisos; paralelamente, Teresa sintió lo mismo al llegar a Praga “¡Perfecto! No dependo de nadie y por fin puedo ser yo misma, sin importar lo que sea”. En el caso de Sabina, cuando deja toda su vida al huir de Franz, por lo que ya no le queda nada y, aunque triste, también se siente más ligera, ciertamente ya no hay nada que la detenga pero, al mismo tiempo, tampoco tiene nada por qué vivir. Finalmente, cuando Franz deja su vida perfecta (con esposa e hija incluidas) con todas sus poses y apariencias, lo liberó para ser lo que quisiera aunque, ilusamente, pensaba que iba a ser al lado de Sabina pero, también ella, le dio su libertad.

Uno de los grandes méritos del autor esa la capacidad de adentrarse en los sentimientos, pensamientos, sensaciones, reflexiones, creencias y valores de cada personaje que, siendo tan distintos es sobresaliente lo bien definidos que los presenta. Pero resalta más la interacción entre ellos y esa maravillosa cualidad de contarte la misma historia desde la perspectiva de cada cual y, aunque sean los mismos hechos, es sorprendente como el sentido cambia de acuerdo a quien lo cuenta. Eso enriquece mucho la obra, te da una delicia de lectura, que disfrutas profundamente.

Me encantó el capítulo en el que te van delineando los finales de cada cual. Sobre todo cómo te explican los distintos enfoques: desde el ojo público, desde los del ser amado, por los que los rodean y por sí mismos. Cada final fue definido de manera poética, aún dentro de la “desgracia” que pudiera marcarlos.

Franz

Cuando Franz le confiesa que le es infiel a su esposa, la nula reacción de ésta resulta perturbadora, sobre todo para un Franz que se esmeró en cuidarla y no darle preocupación alguna: “¿Dónde quedó esa mujer dependiente de mí?” es lo que se preguntaba con extrañeza. Todos acabamos por contarnos cuentos sobre las relaciones que tenemos con nuestro entorno. Él se dio cuenta al mantenerse atado a una mujer durante años, todo por la creencia que no podía vivir sin él, cuando pudo estar solo y feliz desde mucho antes, en lugar de perder su tiempo junto a la que lo hacía miserable.

Tal vez no al lado de su Diosa, pero Franz encontró algo de felicidad idílica al lado de su estudiante de lentes grandes. Empezó a recibir ese amor que lo idolatraba y comprendió un poco más a Sabina, con la diferencia que él, por su vida y su carácter, se sentía agradecido con la chica y se dejaba querer.

“¡Qué indefenso está el hombre ante los elogios!”

Franz iba a todos esos actos revolucionarios por Sabina (de manera errónea, porque a ella le enojaban). Pero él lo hacía para que su Diosa supiera que todavía existía, porque ella, aunque había partido muchos años atrás, se había quedado con el corazón de Franz.

El final de Franz fue el más desdichado porque, con su muerte, su mujer recibió todas las condolencias y se llevó todo el “reconocimiento” de haber aguantado sus aventuras. La impotencia de Franz es palpable, ya que no pudo hacer nada por impedir la injusticia de que la que lo había hecho miserable fuera reconocida mientras que la que lo había querido como nadie (su estudiante) fuese ignorada.

Teresa y Karenin

“Ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso sólo lo sabe hacer un animal, porque no ha sido expulsado del Paraíso. El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución”

Creo que, al final, mi personaje favorito fue Teresa ¿Por qué? Por esa misantropía que acabó desarrollando, que ya traía de nacimiento pero que, con el paso del tiempo, se dio cuenta que era parte de su esencia. Me encantó cuando le dice a Tomás “Estoy agradecida que no quisieras tener hijos”, cuando vio la crueldad de unos mocosos hacia una pequeña ave.

Pero su misantropía nació en un amor, el más profundo que jamás experimentó, el que le profesaba a Karenin. Es excepcional cómo Kundera conecta el sentimiento de Teresa con un episodio muy conmovedor que tuvo Nietzsche con un caballo que estaba siendo azotado por su cochero (ese pasaje me marcó hondamente).

Las conclusiones de Teresa sobre el amor entre humanos, el de humanos y perros, con sus diferencias, son simplemente maravillosas, muy lúcidas y excepcionalmente honestas. Fue el capítulo que más disfrute: todo lo que Karenin le significaba a la pareja y, en especial, a Teresa, porque sacó lo mejor de ella, lo más auténtico, lo más real, lo más puro y lo más brillante del personaje (y de todo el argumento, desde mi muy particular punto de vista).

“Los perros no tienen muchas ventajas con respecto a las personas, pero hay una que vale la pena destacar: en su caso, la eutanasia no está prohibida por la ley; los animales tienen derecho a una muerte caritativa. Pero la aceptación de ese principio no era suficiente para eliminar la angustiosa inseguridad: ¿Cómo reconocer el momento en que el sufrimiento es ya inútil? ¿Cómo determinar el momento en que ya no vale la pena vivir?”

“La sonrisa de Karenin” fue el capítulo de cierre, el que viví con más intensidad y, aunque lo sufrí con incontables lágrimas, mi favorito. El amor que le he tenido a cada una de mis mascotas salió a la luz, por eso conecte a la perfección con Teresa, sentí exactamente lo que ella cuando expresaba su dolor, los comentarios de personas inconscientes que ignoran el profundo amor que un animal te puede profesar y despertar.

El amor inmensurable de Teresa por Karenin, que casi nunca recordaba que en realidad era hembra,  hizo que su muerte me doliera en el alma. Iba en el avión de regreso al DF llorando copiosamente porque recordé todo el dolor que he sentido cuando una de esas bolas de pelos deja mi existencia, llevándose con ellas una parte de mi corazón, así como se la llevó Karenin, aunque haya sido un perro ficticio.

Teresa y Tomás.

“Cada uno de ellos había creado un infierno para el otro, pese a que se querían. El hecho de que se quisieran demostraba que el error no residía en ellos, en su comportamiento o en la inestabilidad de sentimientos, sino en que no congeniaban”

            El amor de Teresa y Tomás, de alguna extraña manera, me conmovió de principio a fin. Cada cual buscaba en el otro algo que no le podía dar y, sin embargo, eran felices en esta frustración compartida porque, a pesar de ello, recibían mucho más de lo que jamás hubieran imaginado. Ciertamente se lastimaban, por lo que cada cual le creaba un infierno al otro pero, al terminar el día, resultaba ser una relación más bonita que dañina. Obvio eran una pareja enfermiza pero, en los hechos finales, fueron más felices que miserables por haberse encontrado.

Una escena que muestra claramente su relación obsesiva, pero que tampoco le quita la bonita, es cuando Teresa va corriendo, semidesnuda y somnolienta, tras un Tomás que jugaba con ella y le decía “¡Ya me voy!” a lo que ella le contestaba “¡No te vayas!”, pero él insistía y empezó a correr fuera de su apartamento, lo que ocasiona que ella vaya tras él, lo alcance y lo regrese de la mano a la casa. Ciertamente la escena es algo intensa, obsesiva o psicótica pero, a su manera, también es un momento muy enternecedor.

“Hacer el amor les producía placer pero no les daba consuelo”

Otro ejemplo que resulta tanto enfermo como tierno es cuando Tomás encuentra la felicidad con su mujer ideal en sueños, pero fue capaz de abandonarla por el profundo amor que le tiene a Teresa. Cualquier lo tacharía de loco, por dejar una relación perfecta por retomar una con tantos bemoles. Personalmente encuentro la relación de Tomás y Teresa muy linda porque, sin importar el daño que se puedan hacer, su amor es más grande que las heridas que reciben del otro y, por lo mismo, se mantienen juntos a pesar del mal que se infringen simultáneamente.

Desde que se mudaron al pueblo, el accionar de Teresa se volvió muy congruente. Durante el argumento “traicionó” muchas veces a Tomás aprovechándose de la postura privilegiada que tenía en su corazón, aunque éste tampoco fue del todo leal con sus infidelidades carnales. Pero, sin importar lo obsesivo de la relación, su amor era tan real e intenso, que sientes envidia por ellos, porque es mucho más de lo que la mayoría normalmente alcanza.

“No había oído nunca un relato más torturado que aquél. Apretó a Teresa contra su pecho, sintió su cuerpo que temblaba y le pareció que era incapaz de soportar su amor”

Las cavilaciones tan honestas de Teresa sobre el amor y lo que había entre Tomás y ella, no te pueden dejar de fascinar, tal vez no todo lo descubierto haya sido lindo, pero sí es remarcable la desnudez con la cual expresa sus opiniones, sin maquillaje, sin adornos, sólo la simple y llana verdad.

Me entristeció la muerte de Tomás y Teresa porque eran interesantes, reales y entrañables, sobre todo en un mundo en donde cada vez hay más gente vacía, situaciones artificiales y obras desechables. Cuando se muere gente o personajes interesantes, sin importar que sean reales o ficticios, no puedes dejar de lamentarlo.

“Sentía ahora la misma extraña felicidad y la misma extraña tristeza que en aquella ocasión. Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza”

Aunque desde media obra sabes de su muerte en un accidente automovilístico, y más adelante te dan detalles sobre la lápida de Tomás, me gustó cómo el autor terminó la historia, con un pasaje feliz de la pareja protagonista (Tomás y Teresa). Sin duda Lesly tenía razón, es una historia con un toque deprimente pero, dentro de todo, es una historia muy valiosa, con muchos elementos que te hacen pensar, que te hacen sentir y que te hacen poner muchos de los hechos que das como sentados en perspectiva. Reflexiones honestas que te llenaban la cabeza y te empezabas a cuestionar más sobre tu propia existencia.


Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 17 de marzo de 2015

El tiempo pasa

“Hay dos maneras que se te vaya el tiempo: una cuando eres tan feliz que no te importa el paso del mismo y otra cuando estás tan clavado en tu rutina que no te das cuenta de su incesante correr. Al final tienes menos tiempo de vida, pero es diferente el haberlo gozado en lugar de sólo desperdiciarlo” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 8 de marzo de 2015

Aprender a aceptar

“Una de las cosas más difíciles para un humano es aprender a aceptar aquello que no puede entender y, aunque no encuentre lógica en ello, debe hacerlo porque, en ocasiones, es sano aceptar aún sin comprender ” – Hebert Gutiérrez Morales.