miércoles, 28 de enero de 2015

Festín de Cuervos (Canción de Fuego y Hielo Parte IV)

           “Nunca quise ver la mitad de las cosas que he visto, y nunca he visto la mitad de las cosas que quería ver”

            Sin duda el 2014 fue mi peor año en cuanto a lectura se refiere, por una razón sobre la cual ya escribí demasiado, mi nivel cayó a niveles paupérrimos. Por primera vez, desde que aprendí a leer, no he de haber llegado ni siquiera a la decena de libros en un año, cosa que me apena bastante. Uno de los que logre terminar, aunque no con la voracidad de los tres anteriores, fue la cuarta entrega de la Saga “Canción de Fuego y Hielo” llamada “Festín de Cuervos”.

            Un gran libro, de hecho, de no haber leído los tres anteriores, sin duda lo calificaría como magnífico pero, por desgracia, al conocer la excelencia que el Sr. Martín imprimió a los primeros tres, pues la competencia para este cuarto fue bestial e insuperable.

            “No sirve de nada hablar de los caminos que no tomamos”

            Y no es que el autor haya bajado su calidad literaria, siendo objetivo tal vez hasta la haya refinado más, el problema es que prescindió de sus tres caracteres más importantes, con sus respectivas historias: Daenerys, Tyrion y Jon Nieve.


             A pesar del hándicap tan grande que significa hacer a un lado a los pilares de tu argumento, hay que reconocerle al autor que sacó una obra sólida, misma que nos va preparando la escena para “atascarnos” de los omitidos en el quinto tomo (por lo menos eso espero, si no me voy a llevar un muy buen coraje).

            Tal vez no voy a escribir con la profundidad y longitud de las entregas anteriores, pero en esta cuarta hubo momentos que me cimbraron y que quiero compartirles, no sin antes advertirles que se vienen algunos Spoilers así que, si no lo han leído todavía, ya no continúe con ensayo. Bajo advertencia no hay engaño.

            “Siempre ha habido hombres con más facilidad para pronunciar juramentos que para mantenerlos”

            Al leer los primeros tres capítulos me dije: “¡Oh no! ¡Más personajes! ¿Qué acaso este hombre no tiene piedad de sus lectores?” Y es que a veces me llega a confundir de tantos que va agregando con cada oportunidad, aunque hay que reconocerle la magnífica imaginación con la que los define. Ahora entiendo por qué se va “despachando” a varios en cada libro, de lo contrario sería una locura, además de que resultaría imposible seguir tantos hilos en el argumento.

            De esos tres primeros capítulos me quede con la impresión de que el tío de Theon es un hombre de honor, a pesar de su fanatismo religioso y sus dogmas machistas. Que al hermano de Oberyn le faltan muchos huevos, los cuales le sobran a sus sobrinas, mismas quieren vengar la muerte de la Víbora, y del encuentro de aprendices de maestres no sé si esperar algo o si sólo fue un pretexto para ingresar personajes nuevos.

            “Nobles palabras, pero las palabras eran baratas. Los hechos ya eran más caros”

            Fue al terminar esos primeros tres capítulos que sentí que algo me faltaba “No ha salido Dany, Jon ni Tyrion” me dije;  así que hojee el resto del tomo para corroborar, con indignación, que no había ningún capítulo de ellos “¿Cómo? ¿Acaso está loco? ¿Por qué los sacó de la historia?” fue lo que pensé, pero conocí la razón de esta omisión al final del texto.

            Ahora, independientemente del mal sabor de boca anterior, reconozco el genio desmedido del autor, además de su flexibilidad. Esto me quedó muy claro al seguir narrando la historia a través de dos féminas que no había tocado de manera directa, como lo son Cersei y Brienne.

Por ejemplo, al leer el primer capítulo de la gemela Lannister, no voy a negar el gran gusto que sentí al ver cómo Tyrion habita en su cabeza, cómo la tiene aterrorizada y sometida a nivel psicológico, todo por una profecía que le hicieron a Cersei en donde le dijeron que el enano iba a ser el causante de su muerte y, honestamente, espero que así sea. Adicionalmente, en dicho capítulo, me sentí muy feliz por el enano al encontrar parte de su venganza con los asesinatos de su padre y Shae (aunque esta última, para mí, fue víctima de las circunstancias)

            “Demasiado idiota para aprender y demasiado idiota para rendirme”

            Cuando Brienne se encuentra con que Poddrick Payne, el otrora escudero de Tyrion, la anda siguiendo, no pude evitar conmoverme con la lealtad y fe ciega que el muchachito tiene con su ex-patrón al decirle, sollozando, a la Princesa de Tarth “Yo soy su escudero y, sin embargo, se fue sin mí”. No pude contener las lágrimas al sentir una empatía total por el Sr. Payne, mismo que ha sido el más fiel de todos los que han trabajado para el enano, llegando a profesarle una auténtico sentimiento de respeto, admiración y, ¿por qué no decirlo? Amor de hijo. Tal vez esta escena no sea vital para el argumento pero son estos momentos de intima sinceridad que hacen que una obra me sea valiosa como lector y humano.

            George R.R. Martín demuestra un realismo sobresaliente en la interacción que sostienen Arys Oakheart y Arianne Martell porque, podrán vivir en un mundo machista pero las decisiones finales son de las mujeres, porque los hombres tendemos a ser débiles ante la presencia femenina, en especial, frente de la que uno está enamorado. Este hecho me hace extrañarme de tantos siglos de dominio machista, ya que la predisposición antropológica del hombre es complacer a la mujer.

            “Sólo un imbécil formula amenazas que no está dispuesto a cumplir”
 
En Memoria de Sandor Clegane
            Me entristeció profundamente toda la narración de la muerte de Sandor Clegane, sobre todo cuando el Hermano mayor narró sus últimas horas, y de cómo encontraba la motivación en su existencia que, ciertamente, resultó descorazonador; pero tuvo la suficiente nobleza y congruencia para no buscar el perdón porque estaba consciente de la naturaleza de sus acciones y se manejaba de acuerdo a sus propios ideales. Descansa en Paz mi querido Sandor, admito que te odie muchas veces pero, con el paso de los capítulos, aprendí a respetarte y, por qué no admitirlo, hasta a quererte y comprenderte en tu manera tan única de ver el mundo.

            Me gustó mucho el capítulo en el que se nos muestra la vida de Arya como “Gata”. La verdad esta cuarta entrega de la serie es interesante, el problema es que no les llega en calidad a las  tres primeras; a pesar de ello, el argumento y la forma de presentar la historia es remarcable. Volviendo con Arya, es muy vívido cómo te cuentan, y cómo acepta, que mató a Dareon. Pero lo que más impacta del capítulo es cuando se levanta ciega, lo que provoca incertidumbre sobre lo que va a pasar. Tal vez no es la misma emoción que sientes con los tres personajes faltantes mencionados, que le dan magia y fuerza, pero este texto tiene sus momentos memorables.

            Una muerte que no sé si sea cierta, conociendo al autor seguro sí, y que me llegó mucho es la de Davos Seaworth, el Caballero de la Cebolla. Me resulta curioso cómo el autor es generoso al dotar a seres poco agraciados físicamente (Tyrion, Davos o Brienne) con un alma virtuosa, honorable y leal como pocas, tanto en la Saga como en el mundo real, tal vez para compensarles por sus deficiencias físicas y hacerlos más entrañables para el lector. El problema es que te enganchas con ellos, Davos en este caso, y luego te los asesina :’-(

            “Una cosa era matar al enemigo y otra, muy distinta, deshonrarlo”

            Y continuando con asesinatos de personajes con gran nobleza, tampoco sé si es cierto que ahorcaron a Brienne, sin duda lo voy a averiguar más adelante (con lo sádico que es George R.R.Martin, no me sorprendería). Cierto o no, me pareció loable su lealtad hacia Jaime y la reciprocidad con la que le pagó por haberla protegido en su oportunidad. La Doncella de Tarth es sin duda uno de los caracteres más nobles y, si su muerte es cierta, será una pérdida que resentiré en lo profundo de mi corazón.

Pero me dolería aún más la muerte de Poddrick Payne, muchachito leal, valiente, auténtico y muy decente; en especial la conexión que tuvo con dos “monstruos” como Tyrion y Brienne pero Pod, con su pureza de alma, sabía ver la belleza en desdichados seres. Esa virtud es difícil de encontrar, no solo en el libro, sino en la humanidad misma.

            El momento en que encierran a Cersei resultaba tan patéticamente divertido que con mucho gusto lo hubiera releído con tal de volverlo a disfrutar pero, respetando su miseria, no lo hice. El hecho que la traten con tanto desprecio, así como ella hizo en cada oportunidad que tuvo, resulta tan poéticamente justo, que es imposible que no sonrías, a pesar de su desgracia. Aunque me caga la gente fanática, debo reconocer que este Gorrión Supremo se comporta de manera justa, sin privilegio alguno, como ya lo corroboró Cersei y los Kettlebak (además de los que faltan).

            “Cuando un hombre daba la espalda a la batalla y huía, dejaba de ser un hombre”

            Cuando leí el adelanto del quinto tomo, en el cual reaparece Tyrion, sentí mucha alegría de volver a saber del enano, fue casi como ver a un amigo después de muchos años. Y en ese único capítulo me encandile más que en el libro en general, lo cual demuestra que los tres personajes que faltaron son los que dan vida a la Saga entera.

Me emocioné tanto de saber que se proyecta una reunión entre Tyrion y Daenerys, que de inmediato quería empezar la quinta entrega, pero decidí esperar, y darme mi tiempo. “Danza de Dragones” es el último publicado hasta el momento y nadie sabe cuándo saldría la sexta entrega (ya no digamos la séptima), así que lo voy a empezar dentro de un par de semanas y trataré de disfrutarlo despacio, sin esa voracidad que te despiertan las historias de personajes tan carismáticos. Sin duda no lo lograré y me acabaré comiendo el libro de golpe pero, por lo menos, debo intentarlo.

            Sin contar el argumento, sin duda lo ideal hubiera sido que este tomo hubiera sido generado antes de las tres primeras entregas, así nos daría un acomodo óptimo de la historia, empezando de menor a mayor. Porque, no les voy a mentir, ésta es la parte menos emocionante de la saga, pero su lectura es necesaria para poder disfrutar lo que viene más adelante.

            Por lo menos eso espero.


            Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 25 de enero de 2015

Todos son copias

“Nadie es auténtico en este mundo de apariencias, al final todos son copia (o pretenden serlo) de alguien más, algunos genéricos y otros de alta calidad pero, al final del día, todos son una copia” – Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 23 de enero de 2015

El Estúpido “Deflate Gate”

ACTUALIZACIÓN: En esta liga pueden leer mis comentarios más recientes sobre este tema.

            Alguien me dijo una vez que tiendo a abordar los temas de moda en el blog pero, siendo sinceros, me caga escribir sobre ellos porque la gran mayoría son estúpidos, tendenciosos o cortinas de humo prefabricadas para cubrir un hecho más perverso. Aunque el tópico de este ensayo es algo totalmente irrelevante, por alguna razón, me está indignando bastante. Hay ocasiones en donde no puedo ignorar lo que siento así que, tenga o no importancia, debo escribir al respecto. Al final el blog nació para expresarme y, si tanta es la molestia, prácticamente es mi obligación redactar sobre ello.
            

            El pasado Martes cumplí 30 años de aficionado a la NFL, ya que empecé mi afición a este maravilloso deporte el Domingo 20 de Enero de 1985 con el Super Bowl XIX en el que mis amados Delfines de Miami cayeron ante los 49’s de San Francisco. Así que Domingo a Domingo, desde hace tres décadas, he vivido, amado, sufrido, llorado, gritado, reído, encabronado y hasta odiado este magnífico deporte (el mejor que ha existido, en mi no tan humilde opinión).

            Para mi desgracia, o fortuna, siempre he sido fanático fiel a los Miami Dolphins; ¿Por qué razón si han sido tan mediocres? A veces yo mismo me lo pregunto, pero mi fidelidad se mantiene firme con el equipo del sur de la Florida, tanto que ya hasta a partidos en vivo he ido las últimas cuatro temporadas.

            ¿A qué viene toda esta introducción melosa y nostálgica? Para aclarar dos puntos. Número uno, NO SOY, ni seré, aficionado a los Patriotas. Y número dos, no soy analista deportivo, no vivo de esto y, seguramente, ni siquiera voy a ser tan objetivo como requiere el tema pero, me parece que, mis 30 años de aficionado fiel y férreo a este deporte, me dan el derecho a opinar sobre un tema que me ha fastidiado la última semana.
En el Estadio Ralph Wilson con Ponchorris

            A pesar de enfrentarlos dos veces al año, nunca me han caído mal los Patriotas ni Brady ni Bellicick (bueno, cuando le patean el trasero a mis Delfines, sí me caen mal). Muchos los critican por actuar como maquinita, haciendo todo lo posible por ganar, además de ser engreídos y no tener misericordia de sus rivales.

            Como breve paréntesis, me gustaría que mi equipo fuera malote y no tuviera misericordia de los rivales, así dejaríamos de regalar tantos juegos, y si no pregúntele a los aficionado de Green Bay si no les hubiera gustado que su equipo hubiera acabado con Seattle en la final de la Conferencia Nacional la semana pasada.
           
            De hecho nunca me ha caído mal ningún equipo de la AFC (mi conferencia), por lo cual he apoyado a todos y cada uno de ellos en los 30 Súper Tazones que me han tocado hasta el momento (y el de la siguiente semana será el 31 que he visto ininterrumpidamente). Y esto obviamente incluye a los Pats.

            Para mí, el tema de los balones desinflados en la final de la Conferencia Americana es tan estúpido e irrelevante como el tema del Bullying en Miami el año pasado. En donde todo el mundo se puso a señalar, diciendo pendejadas como “No hay peor vestidor que el de Miami”, “Richie Incognito es un maleante”, “Los Delfines deberían recibir una sanción” y tantas y tantas babosadas que con el tiempo fueron perdiendo interés.

            La situación con la NFL es que al ser la liga más grande e importante del mundo, los problemas que puedan surgir se magnifican a niveles insospechados. Además, si agregamos lo sensacionalistas y voraces que son los medios gringos, la formula está dada para exagerar cualquier temita que salga dentro del ámbito de la liga o sus agremiados.

            Conozco los antecedentes de Bellicick de ser mañoso e incluso tramposo, por lo cual es bastante odiado en la liga y sus alrededores, más de lo normal, porque el éxito de por sí atrae odio, pues alguien con tan poca “gracia” o empatía, es el villano ideal para detestar.

            No voy a disculpar ni justificar al Monje por sus pecados anteriores, mismos por los que, en su momento, fue sancionado y reprendido. “Ya pago su deuda con la sociedad” como suelen decir.

            Lo que me molesta es que, debido a sus antecedentes, casi todo el mundo está cayendo en la fácil postura de condenarlos y señalarlos como culpables seguros, sólo basándose en el pasado, sin un hecho concreto o evidencia irrefutable que indique que son responsables de una situación ridícula.

            Y vamos a ser claros, con balones desinflados, balones inflados, pelotas de playa o sin balones, los Patriotas arrollaron inmisericordemente a los Potros. Y vamos más lejos, el problema de los balones se detectó al medio tiempo, cuando el partido iba 17-7 favor New England. En la segunda mitad, jugando ya con balones en orden, el parcial fue 28-0 para los Pats, lo cual quiere decir que los desinflados en realidad no estaban beneficiando a Nueva Inglaterra.

            Tal vez sí hayan sido los Pats los que desinflaron los balones adrede, tal vez no. Lo que me parece despreciable es señalarlos desde ya, y sin evidencia contundente, como culpables. Voy a irme a un ejemplo extremo, Hitler es considerado el máximo genocida de la historia. Vamos a suponer que hubiera pagado sus crímenes con una condena y salido libre por buena conducta. Años después un vecino suyo es asesinado y él está entre los sospechosos y, sólo por sus antecedentes, la gente ya da por sentado que es el asesino.

NO puedes juzgarlo o condenarlo únicamente basándose en sus antecedentes, TODOS tenemos derecho a que se nos demuestre el hecho porque, en teoría, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario aunque, en la realidad, ocurre exactamente lo contrario, por lo menos en el juzgado de los medios de comunicación. El que uno haya demostrado que es capaz de hacer algo incorrecto no es un indicador infalible para decir que lo ha hecho nuevamente en el presente.

            No sé por qué me sigue sorprendiendo el tema, pero me llama la atención (o asquea) la voracidad de los medios de comunicación por vender morbo, inclusive los  lleva a desestimar uno de los más grandes hitos de su cultura artificial: El Super Bowl, una de sus máximas vacas sagradas. Pero, pensándolo bien, por eso se ensañan más, por ser la NFL, y por lo mismo me tienen bastante encabronado.

            Es una tontería, no lo niego, pero me es muy especial el Súper Tazón, y me emputa que por su circo mediático estén manchando estos días de expectativas en los que se deberían hablan de tendencias, jugadores, estrategias, costos de boletos, audiencias, aficionados y demás pero, 9 de cada 10 notas, hablan del puto “Deflate Gate”

            “¡Los balones!” “¡Tramposos!” “¡Descalifíquenlos!” es lo que se escucha, gente borrega que ni siquiera se pone a cuestionar un poco el tema y que se deja llevar por la ola de medios que están disfrutando con el acoso que están haciendo hacia el equipo de Massachusetts (y se están ensañando más debido a los antecedentes tanto de trampas como de éxito).

            ¿Quién fue? Pudieron ser los propios baloneros, los oficiales, los cadeneros o ¿por qué no? Inclusive los mismos Potros ¿A quién van a señalar? ¿Al equipo que perdió y contra el que nadie tiene nada en contra? O ¿A los Tramposos comprobados? ¿Al equipo que nadie quiere? ¿Al que arrolló sin misericordia a su rival? Son tantas las posibilidades que hay, pero la corte mediática ya dictaminó su sentencia: Fueron los cochinos Patriotas.

            ¿Por qué no se cuestiona a los árbitros? ¿Acaso ellos no tienen contacto con el balón en cada jugada? ¿Necesitaron medio partido para darse cuenta? D’Qwell Jackson, defensivo de Indy, cuando le interceptó a Brady en la primera mitad declaró que no sintió el balón desinflado. ¿Quién y cómo se dio cuenta? ¿En qué momento pasó que nadie lo notó?

            Debido a todo este escándalo me enteré que hay 36 balones en el juego: 12 que pone el equipo local, 12 el visitante y 12 para las jugadas de equipos especiales. Se dice que sólo los balones de los Pats eran los desinflados (11 de los 12). Y me cuestioné ¿Acaso los Pats sólo juegan con sus balones y los Potros con los propios? ¿Acaso no se revuelven? ¿Los baloneros llevan un estricto control de cuales son para el visitante y cuáles para el local? Después me enteré que, en teoría, sí llevan dicho control y cada equipo juega con sus balones, pero me cuesta mucho trabajo creer que no se mezclen a la largo del juego, considerando que hay jugadas por todos lados del campo y salen constantemente de lados indistintos. Pero como los expertos dicen que eso no ocurre, pues les creo.

            Como mencione al inicio, siempre voy con la AFC en cada Súper Tazón pero, en esta ocasión, voy a apoyar con todo lo que pueda (en intención y energía) a Nueva Inglaterra (sin dejar de ser Delfín obvio) ¿Por qué? Porque me indigna esta cacería de brujas que se ha iniciado en su contra, porque sé lo que se siente que todos los medios anden tras de tu equipo por una pendejada, porque todo el mundo está sacando sus traumas contra ellos por ser un equipo ganador, porque están siendo juzgados por pecados pasados y los están dando como culpables sin siquiera haber evidencias en su contra.
Para la gente estúpida que juzga sin evidencia

            Sobre todo para acallar a las pirañas mediáticas que lo último que les interesa es este maravilloso deporte, a ellos sólo les interesa vender. Pero lo peor es que la mayoría del público lo está consumiendo con avidez, sin cuestionar, simple y llanamente se lo tragan como verdades universales, por esa necesidad morbosa de saber si hay algo siniestro, algo oscuro, algo prohibido, algo sucio.

            Para mí hay gato encerrado, y se están aprovechando de los antecedentes para ponerle una trampa a Nueva Inglaterra. Porque esto de tener balones desinflados es algo muy obvio y detectable, casi de primaria. Viendo las tendencias de Bellicick, eso lo hubiera hecho en algún juego de temporada regular y no en un juego de Campeonato, ¿por qué jugarse el pellejo en instancia tan avanzadas y en donde los controles son mayores? Además carece de lógica que lo hicieran contra un rival que era claramente inferior, si no vean los resultados de los enfrentamientos entre Indy y los Pats desde que está Andrew Luck: siempre han perdido por tres anotaciones o más.

            Pero hay otro hecho que nadie se cuestiona. Al momento del Kick-off todos los balones estaban correctamente inflados. ¿En qué momento fueron desinflados los balones? ¿En la banca? ¿Con tantas cámaras filmando en todo momento? Debería haber algún filme que evidencie que desinflaron casi todos sus balones ¿no creen?

            Es verdad que la NFL es está diseñada para la Televisión, pero la voracidad de los medios ya está inmiscuyéndose mucho con la liga más importante del mundo y hasta está actuando en su contra. Esa necesidad de que todos quieren ser partícipes de ella está empezando a ser perjudicial. Tomo el caso de Adrián Peterson como ejemplo, mismo que disciplinó a su hijo con una vara. No voy a juzgar el hecho, pero tampoco voy a negar que en mi generación si te portabas mal te ganabas unas buenas nalgadas e incluso unos cinturonazos, y no pasaba a mayores.

Tal vez estuvo mal lo que hizo Peterson pero, como uno de los jugadores más populares de la liga, pareciera que mató al niño y hasta que sodomizó al resto de sus compañeritos. Entonces los voraces medios se fueron a la yugular del corredor de los Vikingos que hasta lo tuvieron que suspender de la temporada “mientras se investigaba el tema”. Un problema que se debe arreglar dentro del hogar o, si quieren, con las autoridades correspondientes, llego a niveles exagerados y el Sr. Peterson se perdió la temporada (y ya hasta de retiro habla) por la insaciabilidad de los medios al magnificar un tema totalmente irrelevante para su carrera profesional.

            Todo motivado por esa puta sociedad mustia que hemos perfeccionado con el paso del tiempo, en el que lo importante no es ser civilizado, sino aparentarlo. ¿Ustedes creen que en verdad les importa a los medios el bienestar del hijo de Peterson? ¡Claro que no! El caso sólo es vender la historia y el morbo que conlleva. Lo mismo pasa con los balones desinflados, a la mayoría de medios no les importa lo que ocurrió o si afecto al resultado del juego, lo que les importa es vender la historia y darle toques dramáticos (por eso piden sanciones y castigos sin que haya aún un veredicto).
Una evidencia de una sociedad mustia

            Por ahí leí que alguien decía “¡Qué malos actores son Brady y Bellicick! Se les nota que son culpables” a lo que yo pregunto ¿Alguna vez se han visto víctimas de acusaciones injustas y que casi nadie te cree? ¿Acaso no te sentirías afectado e indignado? ¿Qué es lo que quieren? ¿Qué se rían frente al público? Si ése fuera el caso de todas formas los criticarían “¡Pinches cínicos! Y todavía tienen la desfachatez de reírse ¡Deberían tener vergüenza!” Pinche público, nunca se le va a dejar feliz.

            Soy de la creencia que TODOS en este mundo somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Aunque Bellicick tiene cola que le pisen, ya fue castigado y disciplinado a su debido tiempo. Cualquiera pudo desinflar esos balones, pero me parece injusto que den por sentado que fueron los Pats, sólo porque son odiados y odiosos.

            Antes de finalizar quiero aclarar, no estoy diciendo que Brady o Bellicick son inocentes (total o parcialmente), lo único que me molesta es que sean condenados sin una averiguación previa. Si el resultado de dicha investigación es que ellos fueron responsables, pues que los castiguen como corresponda.

            Como aficionado de la NFL que amo a dicho deporte como pocas cosas en la vida, espero que ya se deje de hablar de este puto tema tan insignificante pero que se ha magnificado por el circo mediático. Y también espero que los Patriotas aplasten a los Seahawks el próximo Domingo Primero de Febrero.


            Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 20 de enero de 2015

Miseria y generosidad

            Una compañera de trabajo me comenta que su hijo ha empezado a coleccionar unos casquitos de NFL que vienen en el pan Bimbo, y me dice que tiene repetidos “¿No te interesan?” me los ofrece, obviamente sólo quería los de los Delfines de Miami, pero no los tenía, pero tenía de los Bills, así que pensé en Ponchorris y se los acepté “Son $12 pesos por los tres”

            Me llamó la atención que me los cobrara, sobre todo por el monto tan irrisorio (considerando el salario que esta mujer percibe), pero se los pagué momento. De todas formas se los regalé a Poncho sin mencionarle costo alguno, además me hubiera dado pena cobrarle por algo tan pequeño e insignificante. Sin embargo el hecho del cobro me llamó poderosamente la atención y me hizo recordar la miseria que yo mismo experimentaba.

            Como he comentado en otras ocasiones, la miseria estuvo presente en mi educación, todo porque el Dios de la casa era el dinero, así que era un bien muy preciado, llegando a límites de pelearnos por 5 pesos. Esa actitud me acompaño gran parte de mi existencia, cuando les llevaba la cuenta a los que me pedían dos, cinco o diez pesos, y no los dejaba en paz hasta que me pagaban el monto solicitado (ya ni hablemos de montos mayores, porque en verdad mordía).

            Eso no quiere decir que ahora me dedique a regalar mi dinero, sólo digamos que he aprendido a identificar a quien te pide una moneda sin malicia alguna y a los gandayas que siempre te piden y nunca se acuerdan, mismos que nunca “arrancan una flor de su jardín”.

            En fin, como ya expliqué en otro escrito, ya me he curado de esa programación tan mezquina y ahora estoy enfocado a invertir en experiencias en lugar de acumular dinero (más adelante retomaré este tema). Sin embargo, al ver la actitud de mi compañera de trabajo, veo que es algo muy arraigado en la educación de muchos y he visto caso extremos en mi trayecto laboral.

            En específico tengo dos exjefes que son mezquinos como pocos, a pesar de ganar mucho más que sus subordinados (o séase nosotros), siempre que podían se hacían mensos para no dar la cooperación de los pasteles de SU grupo de trabajo, misma situación cuando se encargaban tortas, tamales y cualquier cooperación grupal, así que siempre terminábamos absorbiendo la diferencia entre todos o al pobre desafortunado que le tocará organizar la comida. Inclusive uno de ellos llego a cobrarnos unas galletas que su esposa (ella sí era una Dama) nos horneo como regalo, y el muy gandaya, hijo de puta, de su esposo nos las cobro.

            Algo de lo que más me impresiona es que estos sujetos ni siquiera invierten en viajes porque, las pocas veces que han estado en el extranjero, son por temas de trabajo pero, por su cuenta, jamás han salido del país, es más, cuando salen de vacaciones lo hacen a lugares cercanos y económicos.

            Pero estos individuos no sólo eran mezquinos con su dinero, en general, les cuesta dar algo. Por ejemplo, en cuestión de aumentos o promociones NUNCA recibimos mis compañeros ni yo algo más allá de lo que la empresa da de cajón, y no estoy exagerando. Hasta que tuve otros jefes me enteré que podías recibir incrementos por un desempeño excepcional, nivelaciones si tu salario estaba muy bajo y otras formas de motivación que, con ellos, nunca se hicieron presentes. Esto daba como resultado que puestos similares de otras áreas tuvieran un ingreso mucho mayor a lo que se percibía en mi entonces grupo de trabajo.

            Ya no voy a ahondar en dichos personajes, porque podría llenar un ensayo con más ejemplos y actitudes míseras, pero sólo me pondrían de malas. Así que vamos a enfocarnos en mí para continuar con este análisis, para después cerrar con dos casos de generosidad inteligente.

Recientemente, en Palo Alto, con una simple acción me hicieron reflexionar sobre mucho del origen de la miseria que experimente durante muchos años. “¿Quieres estas galletas Hebert?” me ofreció Hans, mismas que no acepté debido a la mustia campaña que tenemos para bajar de peso en el área (y digo mustia porque, a la primera oportunidad, nos vamos a atiborrar de comida) “Ok, entonces las tiro” y antes de que completara el rápido movimiento al bote de basura, grite con desesperación “¡¡¡NNOOO!!!”

“No te atrevas Hans, dámelas, le voy a encontrar un hogar”, mismo que fue el Pokemón a los cinco minutos. Tanto Iván como Hans quedaron sorprendidos con mi reacción tan exagerada y, obviamente, me lo hicieron notar. “Es que me educaron para no desperdiciar la comida” les explique.

Mucha gente cree que la miseria se origina en la pobreza pero, en mi experiencia, no he visto gente más generosa que la de clase humilde misma que, a pesar de tener poco, normalmente no dudan en compartirlo. Personalmente, creo que la miseria surge en las clases sociales solventes, ya que te acostumbran a recibir más de lo que mereces o necesitas, y de ahí tu necesidad de tener/acumular más de lo que en verdad requieres.

Así pasaba con mi madre y la comida, tema del cual escribí ampliamente en otra ocasión, ya que ella siempre me chantajeaba con todos los niños del mundo que morían de inanición, y ahí aprendí a comer sin hambre, además de adquirir el fuerte dogma de que la comida no se desperdicia; creo que me sobran dedos de una mano para contar las veces que he dejado algo en el plato o tirado algo comestible a la basura (con su consecuente sentido de culpa).

Obviamente la intención de mi madre era noble: asegurarse que su chamaco se alimentara bien para crecer sano y fuerte. Lo que ella ignoraba es que tenía un pequeño engendro que había heredado la neurosis familiar, mismo que se lo tomó muy a pecho.

Ahora, no estoy sugiriendo que haya que desperdiciar comida (lo cual me sigue pareciendo un pecado mortal dentro de mis principios), sino enseñarles a los niños a medir sus necesidades y no pedir más de lo que requieren (tanto comida como lo demás), para que les sea más fácil desde pequeños y no tener que estarse reeducando en plena adultez, como es mi caso, en donde he aprendido a medirme a pesar de que mi estómago siempre pide más y, a veces, tiendo a complacerlo (ya no tanto como antes, eso sí)

Pero este fenómeno que experimenté no es tan raro en una Sociedad que te presiona a que anheles más aunque, en realidad, no lo necesites. Es como menciona Lou Marinoff: “Sin importar lo considerable de tu patrimonio, si alguien te pregunta si quieres más, la respuesta omnipresente será: ¡Por supuesto!”, así que desde que surgió el capitalismo el sentido común y la mesura pasaron a segundo término para dar paso a una insaciable codicia en la generalidad del mundo occidental (y no dudo que en el Oriental también).

Y no está mal poseer, la pregunta es “¿Para qué?” Porque muchos tienen por el simple hecho de poseer sin gastar ni un céntimo en su bienestar o en el de los demás. Pero lo contrario tampoco es deseable, como gastar lo que no tienes en lo que crees merecer. Se trata de un equilibrio.

Por muchos años me dedique a acumular sin razón ni motivo, teniendo una existencia mezquina y pobre a nivel personal. Es hasta que aprendo a invertir el dinero en mí, que empiezo a experimentar la verdadera riqueza: ya no llevo un control estricto (centavo por centavo) de todos mis ingresos y egresos; casi todos los días como en Restaurant; si me gusta algo (lo que sea) me lo compro, así como procuro viajar mucho. A pesar de todo esto, aún hay gente que califica mi existencia de austera. (no estoy de acuerdo, pero todavía hay quien me percibe así).

Ahora, no estoy diciendo que mi manera de vivir sea el ideal, porque baso muchos de mis lujos en mis fortalezas: Soy muy mesurado, así que sé que nunca voy a desorbitarme en gastos que estén más allá de mis posibilidades; no soy alguien “fancy”, así que los restaurantes en donde como no son elegantes pero la comida es muy buena; y para los viajes que hago trato siempre de encontrar buenas ofertas. Se trata de gastar inteligentemente no simplemente tirar el dinero. No se trata de acumular a lo menso, ni gastar lo que no tienes, se trata de invertir en ti, de acuerdo al momento de vida que experimentas.

¿Acaso yo soy un ejemplo de equilibrio? ¡Claro que no! Aún tengo muchas manías y creencias que superar, porque puedo ser muy generoso, pero sólo con los que me interesan y/o quiero, porque los demás difícilmente me sacaran un céntimo (a menos que me agarren muy de buenas). Tal vez nunca logre el equilibrio óptimo, pero sé que cada día que pasa estoy más equilibrado de lo que jamás había estado.

Pero ahora les voy a hablar de dos ejemplos que están más equilibrados que yo, y que son modelos a seguir para mí: mi amigo Beto y mi jefa actual.

            Algo que se me quedó muy grabado en la celebración de las bodas de plata de Beto es que no nos pidió regalo, en su lugar nos dio un sobre en el cual pusiéramos el monto que nos naciera. Los sobres cerrados se le entregaron, en ese mismo momento, al director de un orfanato, el cual recibió la donación con mucho agradecimiento y decencia.

            “¿Por qué no pidieron regalos Beto?” le pregunte un par de días después “Porque no necesitamos nada más Hebert” fue lo que tranquilamente me contestó. Beto y Ari tienen una buena vida sin ser millonarios, tienen una buena casa y salen de vacaciones cuando pueden, tanto dentro como fuera del país. Son muy generosos y se brindan con gusto, y lo veo cuando me invitan a comer, en donde no me piden ni exigen nada a cambio (aunque siempre encuentro la forma de compensarles, porque no me sentiría tan bien de sólo recibir).

¿Beto gana más dinero que los personajes mencionados al inicio? Para nada, en realidad percibe menos que ellos. De hecho Beto es la única fuente de ingresos de su hogar y, aun así, tiene una vida más rica (en todos los aspectos) que mis exjefes arriba mencionados. La que sí tiene un ingreso similar a esos sujetos es mi actual jefa pero, al igual que Beto, ella es muy generosa al momento de dar.

Cuando llegue mi área actual, hace ya tres años, me empecé a llevar muchas sorpresas, sobre todo con el trato de la Gerente hacia su grupo. Para empezar, en tu cumpleaños, ella te invita a comer; en las cooperaciones siempre aporta una parte muy superior a la que le toca; a veces, de la nada, tiene detalles con todo el grupo (como traernos un recuerdito de su viaje o comprarnos tamales), además de que en fin de año nos realiza una comida tan rica como abundante en su hogar, en donde nos da unos regalos muy buenos a cada cual (somos 15 en el grupo), y para esto no nos pide ni un centavo, todo lo pone de su bolsa.

Pero no sólo es a nivel ambiente, en cuestiones laborales hay reglas muy claras para dar incrementos, nada se basa en su criterio, sino en cifras claras. Aquí no hay eso de “No hay presupuesto chavos, así que confórmense con el incremento general”, en esta área se premia a quién más se esfuerza.

De hecho, cuando llegué al departamento, recuerdo que me dijo “Hebert, ¡ganas muy poco!” algo que me sorprendió, porque sabía que mi salario era “normal” en mi área anterior, así que mi jefa hizo gestiones para “nivelarme” al resto de su grupo. “Si haces un trabajo similar a mi equipo, es justo que tengas un ingreso similar a ellos” me argumentó.

Ahí me di cuenta que mi jefa es generosa por naturaleza porque no tenía ningún motivo para ver por mi situación, como de hecho hacen los otros individuos. Pero ella se esforzó y se peleó por mi caso. Lo mismo pasa con nosotros como grupo: si ella quisiera, se limitaría a dar su cooperación en cada comida y pagar su parte en un Restaurante en la comida de fin de año (como a veces hacían mis exjefes), pero no va con ella, porque cuando uno aprende a ser generoso, lo es en todos los aspectos y, normalmente, la vida es generosa contigo de vuelta.

Si con nosotros es dadivosa ¿se imaginan con su familia? Pues lo es aún más. Su casa está hermosa, hacen buenos viajes (en México y el extranjero), no escatiman en educación, ropa o comida y, en general, tratan de obtener el mejor valor por su dinero.

¿Acaso mi jefa está endeudada? Para nada, una cosa es ser generoso y otra es tener una mala administración, porque ella sabe ponderar lo que valen las cosas y, aunque siempre busca lo mejor, tampoco va a pagar precios ridículos por algo que no lo vale.

Aunque esto parezca una porra para mi jefa (que la tiene bien merecida), la intención de esta sección no es quedar bien con ella (porque ni siquiera lee el blog), sólo es para tomarla como ejemplo.

Al final, un buen ingreso no te asegura una existencia de lujos, el dinero per se no trae la prosperidad, sí lo hace una buena administración. No se trata de gastar irresponsablemente, porque también es estúpido caer en esa postura (y si algo me cagan son “Los ricos de tres días”), pero es ser lo suficientemente inteligente para sacar lo mejor de la vida y darte una existencia “lujosa” sin que tengas que ser millonario.

Es cuando entiendo que hay personas tan pobres que sólo tienen dinero, porque no lo transforman en algo que enriquezca su alma, sólo se preocupan por tener más ceros en su cuenta bancaria, y eso les infla el ego, pero no trae un beneficio real a su alma o sus seres queridos.

Se dice que les niegas a los demás lo que te niegas a ti mismo, una actitud mezquina hacia los demás refleja lo mismo hacia ti. Como, también, ya comente antes, desde que me volví más generoso conmigo y los demás, tengo la sensación que mis recursos rinden más y tengo una vida mucho mejor y con más abundancia que cuando cuidaba cada centavo.

En fin, espero que la compañera que mencioné al inicio de este escrito utilice esos doce pesos para algo productivo pero, sobre todo, espero que su hijo no aprenda esas mañas mezquinas porque a uno le cuesta “deseducarse” de esas cosas, cuando uno tiene la fortuna de hacerlo, porque hay otros que se mueren en esa dinámica y eso sí es triste.


            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 18 de enero de 2015

Reglas para el juego de la Vida

            Como mencione en otro escrito, cuando adquirí mi lap top, me hice adicto a sus juegos, sobre todo al Solitario Spider, al de Corazones, al Solitario Convencional y al Ajedrez. Mientras gozaba y sufría con dichos programas, me fui dando cuenta que en ellos hay muchas enseñanzas que deberían resultar obvias pero, en la civilización actual, el sentido común es el menos común de los sentidos.

            Aunque ya tiene casi medio año que (por salud mental) desinstalé dichos juegos, logré recopilar muchos apuntes de lo que fui aprendiendo y quiero compartirlos para que mi sacrificio en tiempo, estrés y horas de sueño no hay sido en vano.

Regla 1 – La ofensiva te da el control
            En el ajedrez, noté que mi porcentaje de victorias es ínfimo cuando inicio con una actitud defensiva, lo cual se revierte cuando inicio atacando a mi contrario, porque es más fácil que asuma el control del tablero y acabe acuartelando al Rey.

Regla 2 – Sacrificios necesarios
            En ocasiones, es necesario sacrificar a un peón a cambio, aparentemente, de nada pero sirve para asegurarte una posición ventajosa unas jugadas adelante. Si fuésemos serenos, aprenderíamos a ver que algunas derrotas nos aseguran posicionarnos para el triunfo final, que no es necesario ganar todas las batallas para lograr el botín y que vale lo mismo una victoria sin errores que la que tuvo algunos reveses: al final ambas cuentan igual.

En la vida solemos ser aprensivos con nuestros “peones”, como se dice económicamente, cuidamos los centavos mientras desperdiciamos los pesos. A veces es necesario tener la suficiente tranquilidad espiritual para hacer pequeños sacrificios en pos de ganancias futuras mayores.

Regla 3 - Flexibilidad
            Tomando ahora el ámbito del Solitario Spider, al ser tan dogmático, me gusta acomodar las cartas de un mismo palo en forma descendente, por lo mismo me desagrada mezclar figuras en una misma columna, pero esa estrategia casi siempre me lleva a la derrota. Debemos aprender a tomar caminos que, aunque no nos gusten, sabemos que a la larga nos van a ser más provechosos que aquellos que nos indican nuestros prejuicios.

            Muchas veces basamos nuestras decisiones en como “debería” ser la vida, y esa inocencia (o necedad) nos puede traer muchos problemas. El mundo es como es, no se va a adaptar a nuestras expectativas, así que debemos aprender a jugar con sus reglas y superar nuestros dogmas o creencias para, al final, avanzar, crecer o evolucionar.

“Hay un punto en la vida en la que no sabes lo que estás sacrificando: prejuicios o valores. Sin embargo es el precio a pagar para seguir avanzando” – Hebert Gutiérrez Morales

Regla y Contraregla 4 – Paciencia y Decisión
            En el Solitario Clásico, no siempre que tengas el chance de bajar una carta del maso a la mesa se debe de hacer. En ocasiones es más productivo no dejarse llevar por el momento y tener algo de paciencia; si siempre nos vamos con la primera oportunidad que se presenta, es factible que dejemos pasar alguna mejor, así que hay que serenarse y saber darnos tiempo y recordar lo que valemos. Hay que aprender a dejar pasar cartas que sólo nos traen beneficios marginales en espera de la óptima que nos trae una gran ganancia personal.

            Pero también hay veces en donde la situación contraria es igualmente válida.

            De vez en cuando pareciera que todas la cartas están dadas para que llegue una sola y se destrabe todo el juego, a veces sale y a veces no, por lo que no puedes estar esperanzado a que llegue, tienes que jugar con lo que tienes y tomar decisiones basadas en tu situación presente, no en lo que podrías tener (o ser).

Si tomas decisiones oportunas, es factible que también resultes exitoso, tal vez no por el camino fácil de haber llegado la carta ideal, pero lo valoras más por el trabajo y empeño que pusiste para lograrlo. Obvio, no lo puedo negar, es muy padre cuando llega la carta (o situación) única que te faltaba y tener un resultado abrumadoramente positivo, pero no siempre viene.

            ¿Cómo diferencias cuándo esperar la carta indicada y cuándo irse por el camino laborioso? Supongo que la experiencia y la intuición son las que te van dictando cómo actuar en cada situación, cuándo es prudente esperar o cuándo se te está pasando el tiempo para actuar.

Regla 5 - Arriesga
            En ocasiones hay que transitar caminos distintos a los que estás acostumbrado, incluso hay que tomar rutas (o decisiones) que normalmente nunca tomarías pero, curiosamente, es justamente lo que necesitabas para salir adelante. Si te empecinas en lo que conoces a la perfección, ciertamente lograrás los resultados que ya conoces (y a veces ni eso) en lugar de arriesgarte a una ganancia considerablemente mayor.

 Regla 6 – Lo importante es el cierre no el inicio
            No te desesperes si empiezas perdiendo el juego porque, a la larga, lo importante no es cómo se inicia, sino cómo se termina. Así que tampoco te emociones o te confíes si iniciaste bien, porque puede acabar totalmente distinto, así que mantente enfocado hasta el final.

Regla y Contraregla 7 – Perseverancia y Humildad
            Aunque ya estés en la última carta, en tu última opción y estés a punto de ser eliminado, nunca renuncies. Aférrate a tu última posibilidad mientras siga vigente, porque nunca hay nada seguro y no sabes las sorpresas que te puedes llevar si perseveras en tu intención. De igual forma, nunca sabes cuando la otra parte está a punto de ceder y, al rendirte antes, acabas perdiendo de todas formas. Es mejor que te derroten, pero no la dejes fácil, nunca te rindas.

            Pero aquí también hay una contra-regla

            Es de sabios identificar cuando has llegado a una situación que no puedes ganar y no empecinarse en un juego que sigues perdiendo, porque en ocasiones se pierde mucho más que la partida en sí: se pierde la dignidad, la tranquilidad, el respeto o la confianza y cosas más valiosas que un simple juego.

El secreto de esta regla y contraregla consiste en el monto de la pérdida. El saber perder e identificar hasta dónde uno puede solventar las pérdidas. Siempre habrás más oportunidades adelante, pero hay momentos en los que, por más que lo intentes, no son para ti.

Regla 8 - Serenidad
            Tus probabilidades de ganar se reducen drásticamente cuando no estás en tu centro, cuando no estás tranquilo, cuando te dejas llevar por la ira, la desesperación o frustración lo más factible es que pierdas, y así pasa con la vida: “El que se enoja, pierde”.

            Si vas a hacer las cosas con prisa, mejor no las hagas, porque es preferible no hacerlas que hacerlas mal, porque además del mal resultado, en el caso de la vida, vas a tener que trabajar doble para corregirlo y/o hacerlo bien. Si se hacen las cosas debe ser enfocado y concentrado en tiempo, alma y corazón, así sea en algo trascendental o en algo tan trivial como un juego.

Regla 9 - Inteligencia
            Cuando tienes una ventaja considerable, no tienes por qué arriesgar, que los riesgos los tomen los demás, ellos son los urgidos, no tú. Cuando ellos arriesguen, estás en posición de aprovechar esa desesperación a tu favor.

Regla 10 - Enfócate
            No te engolosines, en ocasiones las posibilidades son tan vastas que puedes perder la dirección, y te pones a despilfarrar oportunidades sin ton ni son. Y es que la codicia te gana y empiezas a guiarte sin razonar. Hay que aprender a ser sereno porque, aún en la abundancia (o sobre todo en ella), uno debe tomarse su tiempo al momento de elegir y visualizar todo el panorama. A veces la riqueza te hace desperdiciar las opciones más provechosas por tomar las menos correctas y, de a poco, se va perdiendo nuestro capital (y no sólo me refiero al económico). Recuerda que ninguna riqueza es eterna, por eso hay que aprender a administrarla.

Regla 11 – No eres infalible
            En el vuelo de regreso de San Francisco, Augusto vio que venía muy entretenido jugando el Sudoku, así que me pidió que le enseñara a jugarlo, a lo cual accedí gustoso. Un rato después, me voltee a ver cómo lo estaba resolviendo y me lleve una sorpresa al notar que su lógica era totalmente distinta que la mía, así que adopté su estilo y lo complementé con el mío y me dio como resultado una forma aún más eficiente y divertida de resolver los acertijos.

            En los juegos, como en la vida, siempre hay más de una forma de resolver los problemas y siempre podemos aprender de los demás, inclusive de los neófitos en el tema porque su ventaja es que vienen “limpios” de prejuicios o creencias y pueden ver el panorama con un punto de vista distinto e innovador. Ver las cosas diferentes y que te cambien o enriquezcan el paradigma no tiene precio.

Regla 12 – La ganancia no siempre se refleja en las victorias
            Jugar sin miedo no quiere decir que te tornes irresponsable o juegues sin idea despilfarrando todo, aprende a jugar con confianza. De todas formas, al final, el juego (como la vida) se va a acabar y lo importante no es que tanto hayas ganado o perdido, sino lo bien que hayas jugado con lo que tenías en cada momento. Y es que muchos acabaran con menos que otros, pero eso no quiere decir que fueron derrotados porque siempre se pierde más al no jugar que al perder jugando, porque tiene más el que se lleva una experiencia productiva de este mundo que el que se queda con ganancias ridículas por nunca arriesgar.

Regla 13 – Es un simple juego, con el mismo final para todos.
            Al final he aprendido que, tanto en los juegos como en la vida, no pasa nada si pierdes porque es un simple juego del cual no vamos a salir con vida pero, mientras estemos aquí, siempre habrá más oportunidades, tal vez no en el juego que acabas de perder, pero sí en otros igual o más interesantes.

En esta sociedad materialista se nos enseña a acumular sin control, y creemos que ése es el sentido de la existencia. Al final del camino no llega a ser tan importante cuántas veces ganaste, sino lo bien que jugaste, cuánto te divertiste y todo lo que aprendiste.

Nos tomamos tan a pecho los juegos y se nos olvida que son para gozar, de igual forma nos tomamos tan en serio la vida como si fuésemos a estar siempre en ella. Por eso es necesario que el miedo a perder o morir no nos impida divertirnos o aprender, y para ello hay que arriesgar. A veces te saldrá la jugada, a veces no, pero siempre aprendes algo.

Conclusión personal
            Estas reglas son fáciles de identificar en un juego porque son simple sentido común, sin embargo, uno llega a enajenarse, se te nubla la visión y te enfrascas en una dinámica enfermiza, que se te olvidan fácilmente. A lo largo de los años he aprendido a aplicar algunas de ellas, aunque hay otras que aún me dan dolor de cabeza y todavía no encuentro la forma de aplicarlas a mi existencia de manera permanente.

            Supongo que todo es cuestión de experiencia e inteligencia, es por eso que, en mi caso, con el paso de los años empiezo a ver claramente las analogías entre el juego y la vida. Y eso es lo triste del asunto porque, como dice Ernesto Sabato, “Cuando empezamos a aprender este difícil oficio de vivir ya tenemos que morirnos


            Hebert Gutiérrez Morales.