viernes, 28 de noviembre de 2014

lunes, 24 de noviembre de 2014

Miedo a vivir

“Nunca he tenido miedo de morir pero, sólo una bendita vez en mi mendiga existencia, me gustaría tener el valor de vivir” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Limpiando la “casa”

            Me siento a escribir esto y, de manera sorpresiva, me rehúso a hacerlo: “Ya no quiero escribir” me digo “¿Qué caso tiene?” me cuestiono. Como no sé qué responderme, voy al baño, me relajo, twitteo un rato, preparo el traje que me voy a poner el Lunes y encuentro qué responderme “Lo más probable es que no tenga caso, lo más seguro es que sea una pérdida de tiempo pero ¿tienes algo mejor que hacer?”. Como este fin de semana estoy libre, encuentro mi argumento “matón” y, no lo voy a negar, a regañadientes empiezo a teclear.

            Y dije que fue sorpresiva mi actitud a negarme a escribir porque tría un envión anímico muy importante. Hoy, después de no sé qué tanto tiempo, me puse a limpiar mi hogar. Nunca me había dado cuenta lo terapéutico que resulta asear tu morada. Adicionalmente me puse a lavar ropa y a escombrar, sacar cosas para regalar o para tirar; y ya encarrerados, hasta borrar números de mi celular con los que ya no tengo contacto (si ya no hablamos, es por algo).

            Mientras hacia la limpieza, llegó la analogía a mi ser: “También tienes que limpiar lo que estás cargando, también debes limpiar tu dolor. Tienes que dejarla ir”. Al recordar esto, ya tengo otra vez clara la función de este ensayo: Limpiar mi “casa” interna, sacar el dolor a través de los párrafos, tener espacio en mí, que esté pulcro y no con el polvo acumulado. Y no es necesario que ingrese nadie más por el momento, sólo quiero que esté limpio para mí.

            Así que, aclarada la utilidad de este escrito, procedo a desahogarme en este Diario personal público o, su nombre práctico, Blog.

            Es extraño, debería dolerme mucho, y creo que así es pero, convenientemente, se me “olvida”. Por fortuna mis días han estado tan ocupados que no tengo tiempo para pensar en mi duelo (Sólo estos breves momentos en que me permito reflexionar al respecto).

            Creo que, sin hacerlo de manera voluntaria, estoy difiriendo mi dolor a largo plazo. El trabajo (espero) debe estar más tranquilo para Enero o Febrero, que es cuando termina la NFL, entonces veré que tan dañado sigo, qué tanto he acomodado y qué tanto dolor me falta por trabajar. Pero ahora no me preocupo tanto, en un par de meses ya veré qué hago.

            “El problema es que usted piensa demasiado Herr Gutiérrez” solía decirme mi amada Musa, y vaya que tenía razón. Así que ahora procuro no pensar en demasía de hecho, si se puede, trato de no pensar en absoluto, en la medida de lo posible trato de mantenerme en piloto automático.

            En mi interior se están moviendo muchas cosas, situaciones que se están acomodando, personas y actividades que están saliendo y entrando de mi existencia. Y el hecho de que no me flagele tanto con los “hubiera” me está ayudando, porque si soy duro con los demás, no saben lo cruel y/o despiadado que puedo llegar a ser conmigo mismo.

            Tal vez, si sigo así, un día cicatrizará la herida.

            Sólo platico del tema abiertamente con tres personas: una es mi terapeuta, otra es Lesly (que es la mejor amiga que uno puede tener) y la tercera es otra amiga que está en su propio proceso de duelo amoroso, fuera de ellas no trato el tema con nadie y, hasta con ellas, lo hago de manera muy esporádica (a excepción de terapia, en donde es mi asunto principal).

            De hecho, la gran mayoría del tiempo sigo con mi vida normal, pretendo que estos recuerdos no son míos, que le pasaron a alguien más, como si los hubiera leído en un libro o visto en una película. Hago como si mi existencia no hubiera sufrido ningún cambio de dos años para acá, que nunca me crucé con la mirada más hermosa que jamás haya visto, que nunca conocí a la mujer más maravillosa de la existencia. Pretendo que todo está bien y a veces hasta me lo creo. Sólo espero que, con el tiempo, llegue a ser verdad y en lugar de fingirlo.

            Pero, por más que diga que estoy con una rutina normal, hay factores que me indican lo contrario. En la semana, y de manera fortuita, terminé comiendo con las mujeres de mi oficina (que son mayoría), y las muy montoneras se me fueron encima con recriminaciones de que he estado muy Grinch “Es natural porque se acerca la navidad” intenté defenderme, pero no se conformaron y me acusaron que ya no era dulce, ni tierno ni no sé qué tantas fantasías frustradas proyectadas en mi persona.

            Idealizaciones aparte, sé que tienen razón, ya no soy tan “lindo” como antes, la verdad no me nace, y no veo por qué serlo si no estoy de buenas. Tal vez siempre he sido un Monstruo, con la diferencia de que al estar con mi Schatzie, todo lo bueno en mí florecía de manera natural. Y ahora que ya no está, es factible que este regresando a mi verdadera esencia, una no tan bella.

            Dicen que lo más parecido a un Zombie son las personas con los corazones rotos, porque te vuelves un monstruo desalmado que sólo quiere dañar a lo demás, y no me gustaría llegar a esos extremos.

            Esa es la gran bendición/maldición de enamorarse intensamente porque, por lo general, no acaba bien: puedes terminar con el corazón y los sueños rotos, retirándote y buscando lo que te queda de dignidad o, si logras tu relación, con el tiempo se puede ir desgastando la magia y también terminas decepcionado de ya no estar con la persona que en un inicio te hacía ver estrellitas (no todas, aclaro, pero sí la mayoría de las que he visto).

            Y aun así soñamos, lo hacemos aunque nos prometamos no volverlo a hacer, aunque el dolor nos carcoma e intentemos blindarnos. Soñamos que podemos ser de ese breve porcentaje de gente que logra una relación estable y productiva, de esas que se nos clavan en el inconsciente gracias a los cuentos de hadas y a los clásicos finales Disney.

            Aunque el dolor sea muy profundo y la herida visible, cuando te enamoras, se te olvida todo y lo vuelves a intentar. Pero hay un hecho irrefutable y que, aunque lo conozco de manera teórica, en la práctica siempre se me olvida: No es lo mismo amar mucho que amar bien, desbordar todo lo que sientes no es inteligente y, casi siempre, logras el efecto contrario al pretendido, por esa falta de madurez y serenidad que juegan en tu contra.

            La otra vez en twitter encontré una idea que me encantó: “Sólo debes andar con alguien con quien te casarías porque, de lo contrario, sólo estás perdiendo tu tiempo”. Puedo decir que lo que pretendía alcanzar con mi Musa era una relación a largo plazo, obviamente casarnos era mi sueño.

De hecho, haciendo memoria, casi siempre he pretendido a mujeres con cualidades suficientes para querer casarme con ellas pero, irónicamente, la única que no cumplía con esas características fue con la que me casé. Sé que suena horrible, pero así fue, aunque sin ese matrimonio no sería quien soy hoy. No estoy exactamente feliz conmigo hoy mismo, pero sé que no habría crecido y aprendido tanto sin esa relación fallida. Eventualmente volveré a estar feliz con quien soy en la actualidad, pero ya me desvié del tema.

            Si todos tuviéramos esa actitud de salir sólo con personas con las que nos podríamos casar, en lugar de salir con lo primero medianamente aceptable que se nos presenta, motivados por ese miedo a estar solos, sin duda el dolor disminuiría en el mundo, y nos ahorraríamos muchas “alas cortadas” o sueños rotos de pobres ilusos que pretenden morder más de lo que pueden masticar.

            En otro orden de ideas, ayer estrenaron la primera parte de “El Sinsajo”, la tercera parte de la saga de Hunger Games y un recuerdo triste vino a mi mente. Hace unos meses estábamos en el cine, abrazados, y vimos los cortos de dicha película y le dije “¿Vamos a verla cuando salga?” y ella, con un tono entre juguetón y recriminador me decía “¡Me encantaría! Sólo espero que aún me hables en esas fechas” Obviamente le contesté que sí le iba a hablar, además de amarla para siempre, y la colme de apapachos.

            ¿Saben? Odio romper mis promesas, con cualquier persona, pero en especial, odio romper esta última, y me duele más por el comentario que ella hizo “si es que aún me hablas” Y no la podía culpar, ya nos habíamos separado un par de ocasiones (¿o ya iban tres?) ¿Quién la podía culpar por dudar de mí? Me siento terrible con dicho recuerdo pero, irónicamente, ahora debo de ver dicha película aunque sea sin ella ¿Por qué? No lo sé, pero creo que me haría daño si me niego a verla sólo por haber roto una promesa.

            Tal vez por ese historial de “reconciliaciones” es que mis (arriba mencionadas) confidentes me llegan a preguntar “¿Y no te ha contactado?” me resulta contraproducente cuando me cuestionan eso: primero viene un amago de pequeña sonrisa, con la simple idea de que volvamos a retomar el contacto, pero es un pensamiento muy breve porque, de inmediato, recuerdo que me dejó claro que no siente lo mismo que yo y mi tristeza interna vuelve a retomar su trono. Tendré que aprender a vivir con el remordimiento y la tristeza que yo mismo generé.

            Además de estos escritos, hay una herramienta que me está sirviendo para sacar el dolor de manera paulatina: la música. De vez en cuando encuentro canciones ya conocidas pero que, en el momento en que estoy, parecieran nuevas o, mejor dicho, les pongo una atención diferente y me llegan a lo más profundo del pecho.

            La versión en concierto de “Here comes the Flood” es una belleza que me caló hondo, el sentimiento con el cual la interpreta Peter Gabriel es magistral, una honestidad inigualable, una pureza inmensa que motivó que mis lágrimas brotaran y llorara junto al reproductor mientras duraba la melodía.

            Otra obra de arte que me taladró el corazón fue “Black” de Pearl Jam. Una canción tan sublime, tan real, tan potente, tan dolorosa, tan humana, tan triste, tan perfecta que ha quedado tatuada en mi inconsciente, la verdad es que no pude (ni intenté) evitar el cuantioso llanto que me provocó.

“I know someday you'll have a beautiful life,
I know you'll be a sun in somebody else's sky,
But why, why, why can't it be, can't it be mine?” from the song “Black” (Pearl Jam)

            Y así voy, me conecto con alguna canción, me desahogo mientras dura, me repongo y vuelvo a pretender que todo sigue normal.

            Regresando al ahora, se siente bien tener una casa limpia, espero volver a hacer el aseo con la frecuencia de antes. De igual forma se debe sentir volver a tener el alma limpia, obvio aún no llego a ese punto, pero hoy saqué un poquito de ese pesar y me siento un poquito mejor. Me consuela que estoy volviendo a agarrar ritmo de escritura, igual y vuelvo a la fluidez de antes e, incluso, volver a escribir en mi otro blog que lo tengo abandonado.

            Lo que sí extraño, y espero retomar pronto, es leer. Vaya que extraño leer pero, por el momento, no estoy fluyendo con las lecturas. Tengo muchas libros pendientes que quiero empezar, quiero olvidarme de mi y perderme en la historia de muchos otros personajes y vivir, a través de ellos, esos ideales de la humanidad que cada vez encuentro más difícil de encontrar en la realidad.

            Y también quiero recuperar esa hambre por viajar, mi jefa ya me pidió que planee mis vacaciones del próximo año pero, por más que busco a dónde ir, no más no hay nada que me llene el ojo como en su momento me apasionó el planear los viajes que realicé este año.

            Paulatinamente debo recuperar mi vida. Ya no puedo volver a ser el de antes, no después de conocerla, pero puedo volver a recuperar mi paz interna y tener una existencia plena (o por lo menos eso espero).

            Bueno, logré el objetivo de este escrito: sacar algo de lo que llevo dentro. Como exprese en el de “Apatía existencial”, ahora sólo me queda seguir escribiendo de otros temas (aunque no tenga sentido), para empujar éste y enterrarlo, y así reducir el número de potenciales lectores que se enteren de mi patética forma de reaccionar ante el amor de mi vida (aunque yo no sea el de ella).


            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 16 de noviembre de 2014

San Francisco: Un Estados Unidos elegante (Parte 1).

            Mi familia no viajaba mucho, de hecho mi mundo hasta los 25 años se componía del DF, Estado de México, Puebla y Veracruz, con alguna salida ocasional a Morelos o a Tlaxcala. Obviamente mi visión global era muy limitada, así que no tenía muchas esperanzas de conocer lugares lejanos dentro de mi país, ya no digamos el extranjero.
El Selfie obligado en el Golden Gate

            Sin embargo había una pequeña excepción.

            Como ya comente en este otro escrito, fui un niño extremadamente católico, por lo que uno de los modelos a seguir era el Santo que corresponde a mi fecha de nacimiento: San Francisco de Asís. De hecho, era tal mi identificación que hasta leí su biografía entera y aún tengo la intención de conocer la población de Asís en Italia (Eso de la programación católica sí que cala profundo ¬_¬U).

            Tal vez esta identificación viene de mi nombre no oficial: cuando me bautizaron y el cura preguntó “¿Cómo se va a llamar el engendro?” le dieron mi nombre, a lo que el Sacerdote dijo “¿Qué pinche nombre es ése? ¡Ni madres! ¿En qué fecha nació la criatura?” Al decirle que fue el cuatro de Octubre el gandaya del Padre dijo “Ok, entonces se llamará Hebert Francisco”. ó_O
Vista de San Francisco desde Alcatraz

            Para mi fortuna, eso aconteció después del registro civil, así que el padrecito se la peló y oficialmente sólo me llamo Hebert. Sin embargo, debido al férreo yugo católico con el que fui educado, siempre me identifique con el nombre Francisco y con el ya mencionado Santo de Asís.

            En fin, después de este choro mareador, hereje y biográfico, creo que les ha quedado claro de dónde viene ese profundo sentimiento de conocer la urbe californiana sobre la bahía. Aunque el querer conocerla fue por anhelos infantiles, fue hasta la semana 18 del año pasado en que se consolidó la intención y, al final, el adulto en mí quedo muy, pero en verdad muy, fascinado por la mejor ciudad que he conocido en mis 38 años de existencia.
La Calle Lombard

Majestuosa Ciudad junto al mar
           
            San Francisco es como un cuadro de Edward Hopper, en donde se nos muestra ese Estados Unidos antiguo, elegante, inocente y puro. Esa sensación de nostalgia que me da ver un cuadro de Hopper lo experimente en muchas ocasiones en este lugar tan hermoso y profundo, con una personalidad única. Ese toque clásico que, supongo, alguna vez tuvo el país de las barras y las estrellas pero que ahora es sólo recuerdo de un pasado glorioso.
     
El buen Augusto y el Golden Gate detrás
      
Tal vez porque nací en una pero, me he dado cuenta, que amo las poblaciones que están junto al mar, siento una especie de libertad al experimentar la brisa marina sobre mí. San Francisco es una ciudad increíblemente ventosa, el viento sopla de manera constante y potente, a toda hora del día por lo que envidie a Augusto y su look rapado ya que, invariablemente, valía gorro que me peinara a diario, porque siempre acababa despeinado.

La ventaja de estar en una urbe tan excéntricamente libre, es que en realidad no importaba mucho el estado de mi cabello porque, sin importar fuera una maraña, aun así estaba mejor peinado que muchos otros, por lo que fue un tema que dejó de preocuparme. Así que cuando llegaba a la bahía, simplemente disfrutaba el olor del mar con una sonrisa en el rostro.
 
Mural callejero encontrado entre China Town y Little Italy
La magnificencia de San Francisco te agobia, te llena, te rebasa. Es increíble cómo puedes ver tantas facetas en un mismo lugar, con barrios bien definidos y tan distintos el uno del otro pero que viven en armonía y en perfecto equilibrio. Es algo imperdible de ver, no imaginaba que una ciudad tan diversa pueda coexistir tan bien, hasta que lo constatas en carne propia, captas su esencia, caminas por sus calles, convives con su gente, comes en sus restaurantes y te mimetizas a su ritmo. San Francisco es tan generoso y radiante que es inevitable no sentirte feliz por estar ahí.

Japanese Tea Garde

Es un lugar tan bonito que hasta parece que lo pusieron así para las visitantes. En México, cuando hay una visita importante, te esmeras en tener todo limpio y arreglado (y hablo a todos los niveles, desde casas hasta gobiernos, pasando por empresas, negocios, escuelas, locales, etc.). San Panchisco está tan bello que parece que lo acaban de limpiar, pintar, podar, retocar y embellecer sólo para que tú, como turista, te lleves una buena impresión.

¡Pero no! La ciudad es bella per se. Ves el amor propio de los San Franciscanos de tener su hogar en un estado impecable, porque lo quieren y ellos se quieren, por eso merecen vivir en “The City” como la llaman ellos (y vaya que lo afirman con razón).
Napa Valley

Clima

            Esta ciudad es tan cambiante como su clima, y es que puedes experimentar tantas versiones de San Francisco como diversas temperaturas a lo largo del mismo día. En la misma jornada podía amanecer fresco, luego se tornaba caluroso, pero había niebla, luego llovía para después brillar el sol de manera radiante, provocando un calor intenso y cerrar el día con un frío que te calaba hasta los huesos.
 
Atardecer con el Golden Gate de Marco
            Sea el clima que fuese, el tiempo que durase, lo hacía con intensidad, con actitud, muy ad hoc a la personalidad del lugar. Lo chistoso del asunto es que un clima tan intenso me daba una sensación de confort, me sentí bien cuando hacía frío (nostálgicamente bien sería lo correcto) y me sentía muy feliz cuando hacía calor. De igual forma, cuando soplaba el viento o nos empapaba la lluvia, me sentía muy a gusto con los elementos. Ese clima cambiante es parte del estilo de un lugar tan cautivador.

Choferes

He decidido que, en la medida de lo posible, ya no voy a rentar Auto en Estados Unidos, ya que los sistemas de transporte son muy eficientes, por lo menos en las grandes urbes. Como contratamos algunos tours, pues todo el tiempo andábamos bajo el cuidado de algún chofer, y vaya que no tocaron algunos muy pintorescos, de los cuales voy a resaltar a tres.
 
Viñedo en el Valle de Napa
Igor, un ruso muy ocurrente, que nos llevó a los bosques Muir y a Sausalito, además de regalarnos las mejores vistas del Golden Gate en un par de miradores. No he coincidido con muchos rusos en mi vida, pero éste es el primero que conozco con un humor muy prendido, muy latino, la verdad nos la pasamos de lujo, nos dio muchos tips de los lugares a donde íbamos, nos trató con respeto y nos hizo el día MUY divertido, nos puso canciones, nos hacía bromas en buena lid y siempre procuró que nos la pasáramos muy bien. Sin duda, Sausalito y los bosques Muir los disfrutas por ser lugares muy bellos, pero el que nos haya llevado Igor nos hizo la experiencia aún más placentera.
Haight-Ashbury

El que nos llevó a la Ruta del Vino, me parece que se llamaba George, lo recuerdo por ser el primer negro que me habla con una dicción perfecta: ¡le entendí todo! Era un señor grande (creo que ya rondaba los 70), pero estaba muy bien informado de los lugares a los que nos llevó. Lo que no me gustó es que, a diferencia de Igor, éste nos puso tarifa para la propina, algo que me pareció de mal gusto, independientemente del buen servicio que nos haya dado. Eso se da voluntariamente, el pedirlo demerita la buena voluntad o generosidad al darlo.

Finalmente, un chofer muy peculiar fue que nos llevó al Golden Gate, de éste no sabía el nombre porque era del transporte público. Al inicio parecía molesto, ya que hablaba muy fuerte y golpeado pero, con el paso de las paradas, nos dimos cuenta que ése era su estilo y que hacia su trabajo con alegría. En cada parada te iba diciendo las conexiones y lo que había de interesante en la misma. Tal vez a los SanPanchisqueños les resultara molesto pero, como visitante, agradeces toda esa información gratuita que te dan, un buen servicio al cliente.
Haight-Ashbury con Ben & Jerry's: Combinación perfecta

Haight Ashbury

            La intersección entre las calles Haight y Ashbury sirve de punto céntrico para uno de los barrios más mágicos, cautivadores, irreales e increíbles que haya visitado en mi vida: Haight-Ashbury.

            Este barrio es la zona Hipster/Hippie de San Pancho o, mejor dicho, es la zona más Hipster/Hippie de San Francisco, porque en sí la ciudad es muy diversa, a pesar de ser tan Occidental. Tal vez no al grado de Berlín pero, para ser Estados Unidos, SanFran es bastante alternativa.
Psicodelia en Haight-Ashbury

            En la primera tienda que entramos el incienso olía delicioso (me gusta pensar que era incienso esa fragancia tan embriagante), había tiendas psicodélicas, Vintage, cafecitos bohemios y una serie de personajes tan inverosímiles que nadie reparó en un tipo que iba caminando completamente desnudo por la calle, escuchando tranquilamente su música.

            Dentro de una ciudad con tanta personalidad, encontrar un lugar que resalta más como Haight-Ashbury es bastante remarcable. Tiene un toque fresa, hippioso, espiritual, hipsteriano, pacheco, rockero, punketo y demás. Definitivamente mucho de lo que ahí vendían no era de mi estilo, lo cual era una verdadera lástima porque encontré prendas maravillosas pero que, sabía, no iba a usar nunca así que, con todo el dolor de mi corazón, las devolví al gancho. Pero, precisamente por ser tan distinto, Haight-Ashbury me enamoró, siendo el único lugar al que regresamos una vez más de manera voluntaria por toda esa personalidad y originalidad que encuentras en cada paso.
Alcatraz visto desde el Pier 40

            Sin duda alguna, cuando vuelva a San Panchisco, Haight-Ashbury será uno de los sitios a los que no sólo regresaré, sino que me daré el mayor tiempo posible para recorrerlo a consciencia. No importa que no compres nada, el simple hecho de pasearte por sus distintos locales ya es una experiencia que vale la pena per se.

Indigentes

            Ya traté el tema del Socialismo y Capitalismo ampliamente en mi segundo ensayo sobre Cuba pero, algo innegable y a la vista, es que en dicha Isla NUNCA vi a un solo indigente. Cierto, TODOS están jodidos, pero un indigente ¡jamás!, tal vez el cubano era demasiado orgulloso para dar lástima o vergüenza como mendigar en la calle. Es cierto que te piden dinero, pero siempre buscan ganárselo de alguna forma.
Nuestra casa durante una semana

            En San Francisco vi más hindúes, chinos e indigentes que mexicanos, gays o hippies que, en teoría, iban a dominar el espectro de la ciudad. De los lugares que he visitado, tanto fuera como dentro de mi país, nunca había visitado un lugar con tanta gente mendigando en la calle, ni siquiera en Las Vegas. Eso sí es algo triste de San Panchisco, no conozco el motivo, pero es imposible que pases por una calle, algún parque, parada de autobús, cruce, puente y lugar que me mencionen sin que te encuentres a alguien pidiéndote dinero.

            Lo triste del asunto es que son tantos que fácilmente los empiezas a ignorar y a tomarlos como parte del paisaje (una actitud muy común dentro de estas sociedades capitalistas en la cuales vivimos). Pero hubo dos casos que no pude dejar pasar e ignorar como al resto.
La Isla del Ángel, una auténtica belleza

            Iba caminando a solas por los muelles, y noté que se aproximaban dos indigentes, pero uno de ellos vestía la playera del Boca Juniors, lo cual me llamó poderosamente la atención así que, cuando nos cruzamos, me enfoqué en su plática y ¡estaban hablando en español! Y con acento nativo, no con ése característico con el que hablan los que viven en Estados Unidos, no pude identificar el tono pero ciertamente eran de Sudamérica.

            No sé por qué, pero eso me puso triste. En mi inconsciente he aceptado que los gabachos se tiran al suelo y se rinden a la vida, por lo que prefieren ser indigentes y vivir de caridad en lugar de luchar. Y no sólo los gringos, en cualquier parte del mundo debe haber gente así. Pero, que un latino vaya a Estados Unidos a dar pena ajena, me deprimió y decepcionó bastante, me pareció triste en exceso. Ok, vas a pedir limosna, de acuerdo, ¿pero es necesario que vayas a otro país? ¿Duele tanto humillarte en tu tierra que prefieres hacerlo en un lugar en donde no te conocen? Si es tanta tu vergüenza ¿Por qué no te quedas y luchas? En fin, pedos míos y que el Señor ése con la camiseta del fútbol argentino sea feliz con sus decisiones.
El puente de la bahía que conecta con Oakland

            El otro caso se dio en Union Square. Íbamos caminando hacia el Hotel cuando vimos en la esquina a un Nito (para que no digan que abuso del término Negro) grande, fuerte, saludable y con la vestimenta aún en perfecto estado ¡mendigando! Esto me resultó chocante, después de ignorar tanto indigente andrajoso, mugroso y desamparado por tantos días, ver a alguien que aún muestra algo de limpieza y salud rebosante, resulta deprimente. “Creo que es un novato” le comenté a Augusto, atestiguamos el nacimiento de un indigente, alguien que ya se había rendido y que iniciaba su camino en esto de la mendigada. Eso también me entristeció un poco, no lo conocía ni nada, pero se veía bastante pleno como para encontrar trabajo en lugar de recurrir a la caridad.
 
Casa en la cima de Russian Hill
            Cada cual tiene sus límites y nos quebramos a distintas intensidades de problemas.

Estilo

            Si algo tiene esta ciudad es estilo. Y que conste que no está considerada dentro de las grandes capitales de la Moda, pero a los “San Francisqueños” parece no importarles demasiado. Pareciera que todos los habitantes de este lugar recibieron un adiestramiento tipo “vístete como quieras pero hazlo bien”.
Arte imponente en los muelles

            Para un lugar tan diverso hay algo que todos comparten, y es esa idea de estilo que todos respetan, tal vez no compartan el mismo género, pero sí se las compras, porque se ven exactamente como lo que quieren aparentar. Como que todos comprenden que hay una imagen que mantener de la ciudad y no desentonan con ella.

Creo que (otra vez) estoy pachequeando, voy a tratar de resumir: En San Francisco no vi a alguien mediocre en su atuendo, podrán ser pandrosos, elegantes, deportivos, relajados, cuadrados e incluso indigentes, pero todos se casan con su estilo y son fieles a él.
Sonoma

            Aunque sí había algo que el 80% de los que estábamos en San Francisco compartíamos: los lentes oscuros, a pesar de los breves momentos de lluvia o del viento que te calaba, el sol era algo casi omnipresente en la ciudad y, como van muy ad hoc a la misma, el usar lentes contra el sol es casi una obligación, lo cual te hace sentir más nice, muy chic, como más cool (¡y me encantó!)

            Pero va más allá de los atuendos, la urbe en sí tiene una esencia única pero, al mismo tiempo, muy variada. Ves un SanFran diferente en los muelles al que vez en el distrito financiero, el que ves en Misión Dolores o en el Golden Gate Park, parecieran ciudades distintas, pero son una sola. Además lo que percibes es tan real que no cuestionas, sólo disfrutas.
Las banderas que ha tenido California en su existencia

California y México

            En la Ruta del vino por el valle de Napa, nos detuvimos a comer en el pueblecito de Sonoma. Y ahí recibí un shock cultural contra una de las creencias más arcaicas que había arrastrado conmigo desde épocas escolares.

            No lo voy a negar, desde niño aprendí a odiar a Estados Unidos por habernos robado la mitad del territorio nacional (Texas, Arizona, Colorado, Nuevo México, California, Nevada y hasta Utah), y los detesté con pasión a lo largo de mi vida.
 
Símbolo de la República de California
            Durante nuestros tours por San Francisco y sus alrededores, tuve la oportunidad de leer algo de la “otra versión” de los hechos, algo que me resultó muy doloroso, pero que tenía que hacer.

            Aunque ahondaré más sobre este tópico en mi escrito de Nueva York, fue interesante leer la versión que los Gringos cuentan de cómo se anexaron la mitad de nuestro territorio.

            Algo que empecé a reflexionar en Las Vegas y terminé de aterrizar en San Panchisco es que, a pesar de la injusticia y mi enojo, lo mejor para esos territorios fue que Estados Unidos los tomara.
 
Vecinos del Pier 39 tomando el sol plácidamente
            Me purga escribir esto, pero no por ello deja de ser verdad: Sin el empuje y visión de los Estados Unidos, los lugares arriba mencionados, no estarían tan desarrollados, cuidados ni serían tan productivos si se hubieran quedado en el territorio mexicano.

            Más que estar enojado con los gabachos, mi furia ahora es contra mi cultura por tres razones:

1)      Por no ser los suficientemente osados para defender el territorio con todo lo que teníamos, hubiese sido preferible perder o ganar todo que sufrir la humillación de ser sobajados cediendo la mitad.
El Golden Gat visto desde Marin County
2)      Por valorar de manera retroactiva dichos territorios cuando, en dicha época, ni los pelábamos, en realidad eran tierras que a nadie le importaban.
3)      Porque seguimos con la misma actitud. Tenemos tanto por desarrollar y cuidar y seguimos siendo irresponsables con lo mucho que aún tenemos, y que no cuidamos ni apreciamos, pero seguimos anhelando lo que perdimos. Por ser una cultura conformista y segundona. Me enoja tener que alabar a los gringos, sobre todo con sus manías, ideologías y manipulaciones. Sin embargo, al final, demuestran que han logrado más que nosotros, y eso sí me da mucho coraje, porque nosotros tenemos todo para dar más y simplemente no nos ha importado.
(Hasta aquí mi berrinche ¬_¬, sigo con el escrito)

Sausalito y los bosques Muir

            Pasando el Golden Gate, nos encontramos con el Condado de Marín, el cual visitamos y tuvimos experiencias muy padres. Como ya comenté arriba, Igor nos llevó el mismo día a los bosques Muir y a Sausalito, dos de mis lugares favoritos de este viaje.
 
Los Secoyas del bosque Muir
            Los bosques Muir se componen de los Secoyas, aunque no los más gigantes, pero estos también eran imponentes, porque nunca había visto árboles tan grandes como los del bosque Muir. Un parque nacional muy bien cuidado, en el cual entras (casi) en automático en un estado de relajación y comunión con la naturaleza. Aunque es enorme, en teoría, con un par de horas tendrían suficiente para disfrutar de lo básico de esta belleza natural.

Después pasamos a Sausalito, un pueblito mágico y pequeño pero nada pobre, de hecho tiene una población muy pudiente. Si vivir en San Francisco es caro, comprar una propiedad en este pueblito es inclusive más oneroso.

            Pero hay una deliciosa dicotomía en este lugar, a pesar de estar conformado por gente rica, el ambiente que se respira en el mismo es en extremo relajado y natural, podrías pensar que estás en un buen barrio de clase media, de no ser por todos los botes en el muelle y coches de lujo que ves estacionados.
Sausalito

            Es más, para ser un lugar de gente adinerada, los precios en Sausalito eran muy baratos a comparación del resto de lugares en SanFran: los helados, souvenirs y la comida más barata los encontramos en Sausalito, algo que resultó en una agradable sorpresa.

            Sin duda un lugar utópico, en donde la gente puede estar podrida en dinero, pero no por ello son pedantes o maleducados, se notaba en el ambiente y era imposible no ponerte de buenas. Es más, una semana después, en Nueva York, me puse mi playera de Sausalito y, para mi sorpresa, cuatro personas en distintos lugares me la chulearon y me preguntaron si había estado ahí, porque ellos vivían ahí o lo visitaban frecuentemente. No me esperaba que un pueblito tan chiquito y, relativamente, desconocido causara tantas reacciones en una urbe como NY.
Coloridas Casas en Haight-Ashbury

Sausalito es, sin duda alguna, otro lugar obligado a visitar en los alrededores de San Pancho.

Y bueno, ya no voy a alargar más esta primera parte porque aún queda más por compartir. Pueden leer la siguiente entrega dándole click a este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 15 de noviembre de 2014

San Francisco: Un Estados Unidos elegante (Parte 2)

            Continuo por este recorrido puntual por tantas cosas que valen la pena en la urbe mágica conocida como San Francisco.
Su servidor sacando fotos desde la Isla del Ángel

La Isla del Ángel

            Otra de las cosas que incrementa la calidad de vida en San Francisco es la generosa variedad de lugares naturales que hay en su interior y alrededores.

            Cuando uno piensa en Islas en la Bahía, de inmediato se viene a la mente Alcatraz, lugar que me encantó (y del cual escribiré en la tercera entrega), pero la que más me fascinó fue la Isla del Ángel.
Playa en la Isla del Ángel

            No conocía dicho lugar pero, dentro de las investigaciones previas que hago antes de cada viaje, vi que muchos la recomendaban en Trip Advisor, así que reservamos un Tour para conocerla, y vaya que fue una excelente decisión.

            La Isla del Ángel es un lugar rebosante de historia y naturaleza: fue la puerta de entrada para inmigrantes por el pacífico, fungió como fuerte para los españoles, así como en la guerra civil estadounidense, también fue base de misiles nucleares en la guerra fría, entre otras funciones que tuvo.
Alcatraz y San Francisco vistos desde la Isla del Ángel

Aunque sus lugares históricos son en extremo interesantes, los senderos para caminar, correr o andar en bici eran excepcionales, una delicia para los amantes de la naturaleza. También podías hacer un picnic o simplemente echarte a la sombra de un árbol. Nada de basura, todo bien cuidado pero dejando que flora y fauna se explayaran, había momentos en los que podías sentirte como en una isla totalmente virgen y silvestre.

Ame la isla del Ángel, sin duda mi corazón latió con mucha intensidad mientras estuvimos en esta ínsula justo detrás de Alcatraz. Cuando visite este hermoso lugar o los bosques Muir, pensé con asombro e indignación “Es increíble cómo ellos cuidan la naturaleza, la respetan, la valoran y la promueven, mientras que nosotros destruimos lo que nos queda, y eso que tenemos más”.
El Golden Gate visto desde la Isla del Ángel

Para mi tristeza no todos valoraban el tesoro natural que tenían en esta región porque, en ambos lugares, llegue a escuchar a gabachos estúpidos que decían “¡Qué lugar tan aburrido! ¡Mejor vámonos de compras al Pier 39 o a Union Square!”. Triste que no valoren tesoros naturales tan bellos y majestuosos.

Transporte

            Algo que me llamó la atención es la cantidad de Taxis, ¡porque casi no hay! y es obvio, el sistema de Transporte en San Francisco es eficiente como pocos. Augusto y yo tuvimos a bien comprar un pase que nos daba transporte público ilimitado y ¡vaya que le sacamos provecho! Llegábamos a cualquier lado súper rápido y súper cómodos, ya fuera en camión, Tranvía o Metro. Ése es otro toque que hace a San Francisco diferente: los Tranvías.
Los icónicos Tranvías de San Francisco

            Y no sólo me refiero a los Tranvías clásicos que son icónicos de SanFran, el Tranvía en sí es un medio muy socorrido en la ciudad, y muy eficiente. Nos comentaron que los tranvías que “retiran” de otros lugares, son acondicionados e instalados en el sistema de transporte público, así que ves vagones de distintos estilos, pero todos funcionando de manera impecable y cumpliendo sus rutas y sus tiempos. Tal vez no a los niveles de eficiencia del transporte público en Berlín, pero la diferencia no era mucha.

            Pero tampoco es de a gratis que tanta gente use el transporte, y es que los estacionamientos en San Pancho son obscenamente caros, así como tener autos (California es de los estados más estrictos con las emisiones y los seguros, además de la que más impuestos tiene para los automovilistas).
Hermosas casas estilo victoriano

            En realidad el MUNI (el sistema de transporte más utilizado y grande de San Pancho, el otro es el BART), es tan eficiente (en tiempo, dinero y esfuerzo) que tener un coche te limita horrores. Porque debes buscar dónde estacionarte cerca de tu destino, mismo que es muy caro, así que debes correr para tardar lo menos posible y no pagar una pequeña fortuna en el Parking. Es chistoso, porque en México necesitas coche para tener libertad de movimiento, caso contrario a San Pancho, en donde te limita.

Condición Física
El Sol sobre la bahía

            A pesar de la calidad de transporte público, la gente en San Francisco camina mucho, y se nota en su fisonomía, condición y trajín: ¡Pero qué bárbaros! ¡Caminan súper rápido! Eso es algo que me hizo notar que casi no vi gente obesa en este viaje, la gran mayoría estaba en forma o, por lo menos, se notaba que es esforzaban por cuidarse.

            Además, con tanta calle inclinada, uno desarrolla una condición física tremenda, aunado a que el ritmo de vida es vertiginoso. Veías las piernas de las personas y se notaba el ejercicio físico que normalmente hacían.
El Valle de Napa

            Tal vez no sean tan neuróticos con la elegancia de sus prendas, al haber estilos tan diversos, pero algo que sí note es el cuidado que le ponen a su salud física. Esto lo veías en la cantidad impresionante de gente que vimos corriendo, a toda hora y en todo lugar, y soy literal A TODAS HORAS Y EN TODOS LADOS, siempre encontramos a alguien corriendo, nunca había visto un lugar con tantos corredores. Salía en las madrugadas a correr (para que nos rindiera más el día) y había bastante gente trotando, y así durante el día, hasta el la noche, cuando regresábamos al hotel, había muchos corriendo.
Japanese Tea Garden

Pero no sólo en la actividad física se ve el cuidado de los “Panchisqueños”, también se nota por la enorme cantidad (y calidad) de lugares en donde vendían comida saludable: ensaladas, comida orgánica, restaurantes vegetarianos, veganos, etc. Obvio también había muchos locales de comida no sana, pero la cantidad de locales sanos era considerable. En realidad era cuestión de voluntad y podías comer sano todos los días (obviamente nosotros NO tomamos esa opción, pero era bueno saber que había comida saludable ¬_¬U)

Aunque no fue necesario comer sano. Este lugar tiene un ritmo tan propio que si no estás en forma es porque no quieres ¿Por qué lo menciono? Porque en todos mis viajes anteriores a Estados Unidos, siempre subía un par de kilos, a pesar de caminar mucho y correr a diario; en SanFran hasta baje un par. Obvio también caminamos bastante (Augusto me odio a más no poder por ello), pero no cuidamos la alimentación. No sé cómo explicarlo, es la ciudad en sí, es muy física.
Haight- Ashbury

Se puede argumentar que es el stress, y habrá parte de razón, pero no sentía la tensión del clásico estrés citadino. Era un estrés de “Debo llegar a mi cita” pero no de manera obsesiva, sino muy ubicado (otra vez estoy pachequeando). El caso es que la ciudad te obliga a caminar, te guste o no y eso es padre, por lo menos para mí que me encanta hacerlo.

Sociedad Consumista

            Creo que ni siquiera la NFL es tan popular como el deporte número uno en Estados Unidos: Comprar.
El Pier 39

            Juro, por la esencia de mi difunta Osita, que en verdad no iba a comprar nada en este viaje, sólo los Souvenirs de rigor, pero nada más. Por si las dudas, y conociendo los antecedentes consumistas cada vez que viajo al Gabacho, lleve un dinero adicional por si hacía falta ¡Y me lo gaste!

            No sé, si conocen a alguien que haya viajado a Estados Unidos y que haya logrado no gastar o, se las dejo más fácil, si conocen a alguien que sólo gastó lo que tenía presupuestado, por favor, pásenme el contacto, quiero saber cómo demonios le hace para controlarse O_ó.
Puerta de entrada a Japan Town

            Y que conste que en mis otros viajes no me pasa: llámese Alemania, Costa Rica, Cuba o el interior de México, en ningún lugar me dan esos pinches ataques de consumismo que sólo me dan en Estados Unidos.

            Cada día le decía a Augusto “Se acabó, ¡ya no voy a comprar nada más!” para que esa misma noche regresara con alguna nueva porquería que se me había cruzado en la jornada. Mi amigo, aunque no al mismo nivel, también se vio seducido por la variedad y precios porque más de tres veces le escuche decir “Con esto ya cerré mis compras”, sólo para adquirir otra chunche al día siguiente.
 
Así está cañón mantener la línea ó_O
            Y es que entras al Pier 39 y hay demasiadas cosas bonitas, creativas o llamativas (aunque muchas inútiles) que es imposible que no te cautive algo. Lo mismo en la calle Market, en China Town o en la zona de Union Square, la cantidad y variedad de los negocios te acaban seduciendo para que acabes adquiriendo algo.

            Hay tanto por comprar: mercancías inútiles, otras muy ocurrentes, inclusive cómicas  muchas con precios irrisorios, pero te la presentan de forma tan irresistible que es imposible negarse. Es más, muchas veces me decía “No puede ser, no necesito esto ¡pero está tan barato y bonito que me sentiría mal si no me lo llevo!”. En fin, creo que soy administrado y tengo cierto grado de auto control, no quiero imaginar el efecto que este país tiene en esas personas que son consumistas en México.

Civilidad y tolerancia
 
Vista nocturna del puente de la Bahía

No importa cuántas veces visite el primer mundo, creo que nunca me voy a acostumbrar a que el peatón tenga la preferencia y no el coche, caso contrario de lo que pasa en la cultura irrespetuosa en la que vivo, en la que uno debe salvaguardar su vida en todo momento.

Siempre que salía a correr me encontraba con la penosa situación de que me esperaba a que pasara el coche cuando, al mismo tiempo, él se detenía a esperarme a mí “¡Ah sí! ¡Chingao! ¡Tengo la preferencia aquí!” es lo que pensaba cuando retomaba mi paso. Y digo penosa porque pude haber sido eficiente, mantenido mi paso y evitarle un enfrenón al automovilista, pero aun así se detenían y me cedían el paso. Hasta ganas tenía de decirles “Sorry, I’m mexican”, pero ya era demasiada pena como para andar quemando a mi país en público.
 
Lombard Street
            Además de los muchos corredores, la bicicleta es un medio de transporte muy socorrido en esta ciudad, y hay una cultura de respeto hacia los ciclistas, inclusive van en las calles, en medio de los autos, y se les trata como si fuera otro vehículo motorizado, le dan su espacio, no les echan lámina, y el ciclista corresponde al utilizar carriles de baja velocidad y marcando sus vueltas.

            Pero no sólo eran civilizados, sino ampliamente tolerantes y respetuosos, lo ves en la reacción nula al ver parejas homosexuales, gente con indumentaria bastante agresiva para la vista (Sorry, los tatuajes y los piercings me son ampliamente desagradables) y de todas las clases de vestimentas tanto religiosas como culturales de lo más llamativas. Obvio notabas la mirada disimulada de la gente, pero NADIE hacía algún comentario o alusión grosera, todos disimulaban perfectamente indiferencia. Tal vez no lo acepten del todo pero han aprendido a respetar y ése es un gran logro.
 
Hermosas postales por doquier
Gente Feliz, ciudad feliz

A estas alturas ya debería resultar obvio pero, aclaro, seguramente este comentario es altamente subjetivo ya que quede enamorado de San Panchisco (en realidad todo el blog es subjetivo, así que está de más esta aclaración).

Tal vez no al nivel de Las Vegas, pero SanFran me dio una grata sorpresa con la amabilidad de su gente. En restaurantes, en hoteles, en tiendas, en el Bus y en cualquier lugar en donde estábamos, la gente siempre se mostraba amable y dispuesta a ayudar. Eso era algo que no me esperaba en una ciudad tan “nice” y donde, uno supone, las personas están ocupadas y en sus asuntos.
 
Vinaterias en Napa
Tengo la impresión que la gente en San Francisco es feliz, y esa felicidad se refleja en el cuidado que le ponen a su hogar. A la gente le importa que las calles estén limpias, las casas impecables, los autos en orden, las mascotas cuidadas y los parques radiantes.

Y no sólo es lo material, también son civilizados, te responden las dudas, te dan indicaciones, te ceden el paso, respetan al prójimo y a la naturaleza, un comportamiento que se refleja en la urbe más linda que he conocido, y se refleja en el amor que sus habitantes le brindan. Además esa actitud demuestra su interés en que también conozcas y disfrutes de su ciudad, son generosos y están orgullosos de ella.
 
Escena clásica de los muelles
San Panchisco resulta doblemente bello cuando te enteras las dificultades por las que ha pasado, porque ha sido seriamente dañado por terremotos e incendios, dejándolo literalmente en escombros y cenizas ¿qué hizo la gente al respecto? Pues reconstruirlo y dejarlo lindo nuevamente, comprometiéndose con su hogar y tratándolo como tal, no abandonándolo porque “ya no está bonito”.
Vista saliendo del túnel de los baños Suthro

Eso me resonó mucho de regreso, porque ellos no esperaron a que alguien viniera a ponerles presentable la ciudad, ellos mismos la hicieron bonita y, con ayuda del gobierno, es más fácil mantenerla así.

Me entristece al ver la actitud mexicana que tenemos en situaciones similares, en donde no nos importa lo que afecte a los demás mientras no nos afecte a nosotros o, peor aún, aunque nos afecte a nosotros no hacemos nada porque beneficiaría a los demás “¿Por qué lo voy a arreglar yo? No lo descompuse, no fue mi culpa” es muy común escuchar al momento de encontrar soluciones que nos atañen a todos.
Mi Sombra bajando de Russian Hill

Queremos que alguien venga a limpiarnos la ciudad, la deje bonita, haga que todos lo demás respeten las reglas y ¡ahora sí! Estamos listos para comportarnos con civilidad y respeto. El cambio empieza por uno mismo y, tristemente, sigo corroborando las razones de por qué mi país está como está. Por lo menos, con cada viaje, ya no es el mismo impacto inicial de la primera vez que fui al primer mundo y me alegro, porque no podría con tanta depresión cultural y dejaría de viajar.

Lo cual no quiere decir que me siente y acepte las cosas tal cual, por lo que a través de acciones personales, quiero que mi país sea más desarrollado (en todos los aspectos). Tal vez nunca lo llegue a ser, pero por lo menos por mí no habrá quedado.

Recorriendo las Calles-Colinas
 
La Calle Lombard
Ya sé que redundo mucho, uno de mis más grandes defectos como escritor, pero algo que disfrute horrores de San Pancho fueron sus calles, las AMÉ profundamente. Las amé como corredor y como turista. Sólo por recorrer nuevamente esas vías tan empinadas, elegantes, diferentes, limpias y originales, volvería a dicho lugar.

Cada vez que encuentro una calle empinada, surge en mí una sonrisa infantil y la necesidad de subirla hasta la cima. Ahora imaginen el gozo constante de estar en una ciudad repleta de ellas, es un auténtico sueño.
 
Al fondo se ve la Torre Coit, desde Lombard Street
Pero también resulta espectacular verlas desde la Isla del Ángel o desde Alcatraz: estás perfectamente alineadas, con una simetría que nunca había admirado en ningún otro lugar.

Creo que la calle más empinada que encontré fue la de Taylor, con una inclinación bastante pronunciada. Esta la recorrí tanto caminando como corriendo, y cada vez la disfrute con alegría en el alma. Como la mayoría de SanFran, las casas están lindas y las calles cuidadas, con muchos árboles y muy tranquilas.
La Calle Taylor

Obviamente visitamos la calle más famosa de San Panchisco: Lombard, misma que tiene una parte en donde la calle se quiebra de manera caprichosa, casi artística. Esta sección es irreal, de ensueño, las jardineras complementan a la perfección un paraíso urbano digno de la imaginación del más creativo de los niños. Lombard es mágica, sientes un gusto enorme por simplemente recorrerla por las laterales. Por los autos que la transitan, el paso por la calle está restringido a peatones y ciclistas pero, en las madrugadas que corría, me la eché tres veces, y cada una de ellas, fui feliz por dos razones: una por recorrer algo que a otras horas no se podía y la otra por recorrer algo tan mágico y especial.
Casa en la Cima de Russian Hill

California Street es otra calle icónica de San Francisco, una postal de las más conocidas es ver al Tranvía pasando por esta calle, que es enorme, muy comercial y con una personalidad muy propia.

Fueron muchas las calles por las que pasábamos y cada una ya la tomábamos de manera familiar cuando anunciaba la parada el transporte público: Sutter, Polk, Vallejo, Stockton, Market, Sacramento y demás. Esa es otra característica de San Francisco: te hace sentir como en casa con ese ambiente tan natural y despreocupado que hasta de las calles te enamoras.

Barrios
 
China Town
Así como su gente, los barrios de San Pancho son tan diversos como definidos, y cada uno de ellos te regala una sensación distinta, como si visitaras distintas culturas dentro de una misma ciudad.
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Uno de los barrios más conocidos es China Town, el cual está bonito, interesante y lleno de negocios chinos. Conocerlo me quitó un pendiente de encima: ¡Por fin conocía un auténtico China Town! Porque los que me tocó ver en Cuba y Costa Rica, sólo se limitaban a la entrada, un par de negocios y nada más. El de San Francisco sí está bastante amplio, concurrido y vistoso.

Aunque no estaba tan limpio y reluciente como el resto de la ciudad, todavía  me daba la impresión que estaba muy limpio para ser como China, lugar en el que nunca he estado (ni me interesa conocer) pero que tengo muy claro que es tan sucio (o más) como mi país.
Catedral en el centro de Little Italy

Ese presentimiento se cumplió cuando pasamos por la sección más “auténtica” de China Town: la calle Stockton. Ahí sí te sientes como en China, con la mugre, personas gritonas, los olores “incómodos”, la gente caminando debajo de la acera, un caos muy habitual en el DF pero que resulta chocante para una ciudad tan civilizada como San Pancho pero, irónicamente, eso contribuye al ambiente tan único y especial del lugar.

La otra cara de la moneda la tenemos en Japantown, mismo que estaba limpio, cuidado, todo ordenado y en armonía. Tal vez no sea tan grande ni tan llamativo como su contraparte china pero, sin duda, Japantown también tiene su encanto.
Japan Town

Otro de los barrios endémicos de este lugar es Little Italy, el cual colinda palmo a palmo con Chinatown. Por el estilo de las casas en San Pancho, la arquitectura de la pequeña Italia no resalta mucho, no quiere decir que no fuera bella, sólo que la diferencia era poca contra el estilo general de las casas en SanFran. Aun así, gracias a los negocios (sobre todo de pizzerías y pastas), uno podía ver claramente cuando estaba en esta sección de la ciudad. Muy agradable Little Italy, los restaurancitos despedían olores que te hacían salivar y, en general, un parte bella y tranquila.

El último de los barrios “temáticos” de San Pancho (los que visitamos, porque había muchos más) fue Misión Dolores, el barrio latino (predominantemente mexicano) de la ciudad. Era como estar en una zona bonita de alguna urbe mexicana, al igual que el resto de SanFran, limpia y con el toque mexicano en las casas, negocios y vestimentas.
Puerta de entrada a China Town

Pero también había barrios menos “foráneos” y más “clásicos” de la ciudad, por llamarlos de alguna manera.

Russian Hill fue otra belleza que combina lo urbano y lo verde de manera excepcional. Las casas hermosas, los jardines muy cuidados, las escaleras entre las jardineras te hacen sentir un gozo infantil de recorrer como un laberinto, y la vista desde la cima era un regalo maravilloso.
Cathedral Grace en Nob Hill

El simple hecho de estar en Nob Hill ya es un regalo en sí. Obviamente lo que más resalta es la Cathedral Grace, que mucha gente dice que les recuerda a Notre Dame en París pero como no he estado en la ciudad Luz, pues no me atrevo a confirmar dicha percepción, aunque sí está muy bonita la construcción. Pero no sólo es la Iglesia, enfrente tiene un parquecito nada especial, de hecho está pequeño, pero es de esos lugares en donde te sientes muy a gusto sin tener que hacer nada propiamente, simplemente por estar ahí, dando gracias por estar en un lugar tan agradable y lleno de vida, con niños jugando y parejas platicando y disfrutando el momento.

Y hasta aquí esta segunda entrega del viaje a SanFran, en la tercera y última entrega comento los puntos faltantes, como los famosos Golden Gate y Alcatraz, además de las conclusiones del viaje. Esta tercera entrega la pueden leer en este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales