martes, 29 de julio de 2014

Algo chueco en el mundo

"Sin que necesariamente pase algo malo, hay días en los que uno no se siente cómodo de manera inexplicable, como que hay algo chueco en el mundo. Mismos días en donde, con gusto, apretarías el botón "next" para saltarte al siguiente" - Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 23 de julio de 2014

Ni el propio dueño

“En el corazón humano, nadie puede imponer su voluntad, en ocasiones ni el propio dueño puede” – Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 21 de julio de 2014

Berlín: una Alemania distinta (Parte 1).

La Puerta de Brandemburgo
            München, Agosto 2011. Llego a un cruce peatonal, hay como veinte personas de cada lado en espera de cruzar, el verde está para los autos, sin embargo no hay ninguno a la vista. Me desesperó y me frustro pensando hacia mis adentros “¿Es en serio?” Así que esperamos pacientemente hasta que el semáforo nos indique que podamos pasar.

            Ejemplos como éste los constate durante esos siete días que pase en Alemania, así que ya estaba amoldado a su forma de pensar, por eso (y por cierto pudor) no me crucé la calle, por muy ridículo que fuera esperar aunque no se viera auto alguno, hecho que masacraba a mi sentido común.

            Sin embargo, ésa es la esencia de Alemania: respetar reglas, planear con tiempo, seguir con los planes acordados, respetar reglas, eficientar procesos, analizar con cuidado todas las posibles opciones, respetar reglas, asegurar resultados de calidad a largo plazo y, casi se me olvida, respetar reglas (¬_¬U).
Molino de Viento en Postdam

            Ese comportamiento no sólo lo vi en München, también era evidente en Stuttgart, Ulm, Füssen, Lindau o en Heidenheim an der Brenz. No pensé que dentro del país teutón hubiera un lugar diferente, un lugar con más calorcito, con más flexibilidad y con una personalidad distinta. También un lugar más “desordenado” (y lo entrecomillo porque sólo lo es para estándares alemanes) más libre y menos neurótico, en donde sí se cruzan una calle desierta aunque esté el alto peatonal (¡Aleluya!). Adicionalmente una ciudad tan interesante, alternativa, cultural, profunda y llena de cautivante historia. Todo lo mencionado se reúne en la capital del país: Berlín.

            Mi amiga Dani ya llevaba tres años viviendo ahí y, cada vez que venía a México era la misma cantaleta “¿Cuándo me vas a visitar?” a lo que le contestaba “Algún día”. Este último Diciembre me lanzó un ultimátum “Ya me voy a cambiar de ciudad, así que es tu última oportunidad mi chavo”. Todavía me hice del rogar un par de meses pero, al final, siguiendo con esta dinámica que tengo de conocer lugares nuevos, y escuchando todas las maravillas que me han dicho sobre la capital alemana, pues compré mi boleto y emprendí mi segunda aventura en tierras teutonas.

            La Expectativa previa a través del arte.

Gendarmenmarkt
            No estaba tan consciente de ello, pero en verdad anhelaba conocer Berlín, pero no fue desde que Dani se mudó ahí, de hecho mi anhelo ya se había forjado un par de décadas atrás.

            Como mencione en otro escrito, me hice fan de U2 con el disco “Achtung Baby!” y desde ahí empecé a desear conocer Berlín. De los tres vídeos de la canción “One”, mi favorito es el de los Búfalos corriendo pero, creo, el más conocido es el de los autos viejos, mientras los miembros de la banda están vestidos como mujer, mientras vemos cómo el papá de Bono está en distintas locaciones de la capital alemana.

            En ese entonces no sabía que las escenas pertenecían a zonas de Berlín, sólo me parecía una ciudad vieja pero con cierto aire de misticismo, aunque no me imaginaba que fuese una ciudad alemana.

            Años más tarde, en el disco “Zooropa” (tal vez el peor) de la misma banda irlandesa, la única canción que es una belleza es la de “Stay (Far away, so close)”, y el vídeo también se hizo en locaciones Berlinesas, al ser parte del Soundtrack de la película del mismo nombre de Wim Wenders. Ahí ya tenía un poco más de noción que era Alemania, y desde entonces aprendí a ver con cierto cariño y anhelo al Siegessaule, el muro de Berlín y a la puerta de Brandemburgo
Postdam

            Finalmente, otra obra que me empujaba a conocer la capital alemana fue el libro de Douglas Kennedy  “El momento que todo cambió” (del cual saqué dos escritos), y al estar en una edad más adulta, ahí sí me hice la promesa de conocer algún día Berlín. Así que sentí mucha emoción cuando estuve en Postdamerplatz, Alexanderplatz, en los restos del muro o en el Checkpoint Charlie, misma emoción que no hubiera sido igual si no hubiera leído el libro antes. Lo mismo me pasó cuando vi la puerta de Brandemburgo o el Siegelssaule, las lágrimas casi se me salen pero, de no haber sido por la expectativa previa que me plantó U2, tal vez el gusto no habría sido el mismo.

            Alemania a nivel de piso

            Algo que ya me resulta vital en cada viaje que emprendo es correr por el lugar que visito, es una manera más terrenal de sentirlo, una manera más callejera y real. Casi todos los días corrí por el Tiergarten, a excepción del primero que, al ser Domingo temprano, aproveche para correr por las calles intermedias entre Mehringdamm y el Postdamer Platz, para disfrutar de la ciudad mientras dormía, y gocé mucho su arquitectura, no la que iba a descubrir días después como la Puerta de Brandemburgo, el Palacio de Charlottesburgo o el Alte National Galerie; me refiero a la arquitectura cotidiana, a las casas “normales” ésas que la gente que ahí vive no valora pero que un extranjero sabe percibir la elegancia y la nostalgia que emana cada una de las estructuras.
Universidad Humboldt en Unten den Linden

Mientras iba fascinado por la clase y personalidad de las calles berlinesas, percibí un olor que recordé de la visita anterior, una esencia que no sé explicar qué es pero que en mi inconsciente sólo encuentra una definición “Huele a Alemania” y con ese pensamiento corrí muy feliz ése y todos los días siguientes. Estaba muy pletórico de regresar a tierras teutonas.

            Esta visita a Alemania resultó más enriquecedora al quedarme en un departamento en lugar de un hotel, porque me empapé un poco de las costumbres alemanas al momento de habitarla. Por ejemplo, al igual que en Japón, los alemanes acostumbran quitarse los zapatos para estar en casa, pero esta costumbre es por cuestiones prácticas ya que, cuando hay nieve, al dejarse el calzado resulta en que la casa se ensucia bastante. Así que se ha quedado la costumbre sin importar la época del año.

            Otra situación que me costó mucho trabajo adoptar, es el tomar agua de la llave, Dani me decía todo el tiempo que el agua era potable mientras me mostraba cómo la tomaba del grifo pero, para mi paradigma mexicano, tomarla de la llave era algo impensable (por lo menos lo es en donde vivo), pero al final cedí un poco y aprendí a beber de ahí.
Junto al lago Templin en Postdam

            Como sigo corroborando en cada oportunidad, primera vez sólo hay una. Ciertamente Berlín me fascinó, pero no al mismo grado que mi primera vez en Alemania hace ya tres años, en la cual estaba literalmente idiotizado por tantas cosas nuevas y diferentes (aunado a que era mi primera vez fuera de México).

            Ya no me impresionó ver tanta limpieza y orden aunque, a decir verdad, Berlín no es tan ordenado ni limpio como Bayern o Baden-Wüttemberg. Ya ví con naturalidad los Mercedes Benz como Taxis. También vi muchas mujeres guapas, pero ya no me quede embobado como la vez anterior (con una sola excepción), además de que Dani (que está muy guapa y estaba todo el tiempo conmigo) me hacía mosca y, sin querer, me las espantaba :’-(

            Tal vez no sea tan sorpresivo como la primera vez, pero también tiene sus ventajas ya haber conocido algo antes. Gracias a mi experiencia pasada, ahora la comida me supo mejor, porque no sentía la necesidad imperativa de compararla con la mexicana, debido a que ya sabía lo difícil que es igualar la de mi país. Y como ya no me embelesó toda la novedad alemana, siento, ahora pude percibir dicha cultura más real y me permitió enfocarme en detalles que no percibí la primera ocasión y que ahora me resultaron muy evidentes.

“El que convierte no se divierte”
Jardines de Charlottesburgo

            Es una frase que me dijeron cuando empecé a viajar al extranjero y, con el tiempo, he aprendido a aplicar y a corroborar su verdad, misma que es más válida en Berlín donde los precios son carísimos, y eso que es una ciudad “barata” para los estándares teutones.

            Admito que al inicio me era imposible no convertir los precios de Euros a pesos pero, como me decía Dani “No pienses los precios en pesos, piénsalos en Euros” y tenía razón porque, de lo contrario, no iba a gastar en nada porque todo iba a resultarme excesivamente caro (a excepción del exquisito chocolate).

            Aunque, en mi defensa, debo decir que ayuda a pensar en Euros cuando ganas en Euros, porque gastar en Euros y ganar en “mexican” pesos, resulta una diferencia enorme. Al final logre adaptarme y disfrutar mi vista pero, ciertamente, hacer turismo en Europa es mucho pero MUCHO más caro que en el continente Americano (incluidos los Estados Unidos).

Majestuosidad de Palacios y Jardines
Palacio de Sanssouci de Federico el Grande

            Creo que los europeos y los americanos compartimos algo: la fascinación por los tesoros históricos del otro. Por ejemplo cuando ellos vienen a México, lo primero que quieren ver son Pirámides y, cuando por fin las ven dicen “¡Wow! ¡Pirámides!” Mientras que nosotros contemplamos con cierta ternura porque para nosotros ya no son tan impactantes (a menos que sea tu primera vez en Palenque o Chichen Itzá, en donde te vuelves a sorprender).

            Lo mismo pasa con nosotros cuando vamos a Europa, y es que nos morimos por ver castillos y palacios de verdad así que, cuando por fin los vemos decimos “¡Wow! ¡Castillos!”, mientras que los europeos nos ven con cara de hueva porque para ellos es algo normal.

            Los castillos los disfrute hace tres años, cuando vi Neuschwanstein y Hochschwangau, y quede maravillado de dichos lugares. En Berlín y sus alrededores lo que hay son palacios, que también son majestuosos, elegantes e irreales.
Palacio de Charlottesburgo

            Empecemos por los palacios de Postdam, a las afueras de Berlín, mismos que están enclavados en zonas llenas de árboles y cuidadosamente mantenidas. Creo que un sueño generalizado en la niñez es vivir en un palacio y/o castillo, así que cuando ves uno de verdad, y contemplas lo imponente y majestuosa vida de los jerarcas de aquel entonces, no puedes evitar recordar tus sueños infantiles y decirle a tu niño interno “¡Mira qué bonito palacio! ¡Por fin vimos uno!”

            Cuando entramos al Palacio de Charlottenburgo, también es imposible no quedarse con la boca abierta, todos la decoración, el inmobiliario, las obras de arte, la historia de cada una de las recamaras, las cuestiones políticas que involucraban las decisiones, las promesas, las lealtades y demás. Te das cuenta que la vida de la aristocracia, dentro de toda la parafernalia, las poses, los banquetes y el glamour, tampoco era tan fácil con tantas cosas que cuidar y súbditos a los cuales guiar y mantener medianamente felices.

            Pero no son sólo los palacios, sino sus hermosos jardines. Debido a que apenas entraba la primavera de forma tímida, honestamente no pude disfrutar de toda la grandeza de los jardines de estos lugares, pero tan solo con ver las zonas verdes de Charlottenburgo y Sanssouci, me prometí que la próxima vez que venga a Berlín será en Verano, para contemplar la abrumadora belleza que dichas locaciones pueden ofrecer. Uno ve el diseño y la distribución de los jardines y ya está deseando que todo florezca para presenciar un espectáculo de la naturaleza con la ayuda de las manos humanas.
El Trabant de la RDA (Trabi pa' los cuates)

Inclusive el Reichstag (o el Parlamento) es un edificio impresionante e imponente que, obviamente, no es un palacio pero debido a sus dimensiones y diseño, te deja igual de impactado que los palacios antes mencionados.

¿Socialismo? Bitch, please!

            Aunque ya comenté ampliamente, en dos escritos anteriores, sobre algunos de los museos que visite en Berlín, no comenté todos. Uno de los que más me recomendaron fue el Museo de la República Democrática de Alemania (o el DDR Museum en alemán), que es uno de los más populares aunque para mí no fue tan maravilloso.

            Es un museo que nos muestra la vida en la antigua RDA, sus orígenes, sus ideologías, sus restricciones, su manera de vivir, vacaciones, escuela, deportes, política, economía y demás. ¿Por qué no me pareció la gran maravilla? Por dos razones: en primer lugar, muchas características de lo ahí mostrado eran perfectamente normales en el México de inicios de los 80’s (mi niñez), así que no me pareció tan curioso como para alguien que ha vivido toda su vida en un país desarrollado. Esa escasez de productos, de variedad, de calidad y de tantas cosas que hay en el primer mundo, la viví plenamente en mis primeros años de vida, así que no me asustó ni sentí empatía o lastima por los antiguos habitantes de la RDA.
Así estaba conformado el Muro del lado de la RDA

            Sin embargo, hubo otra razón poderosa para no asombrarme: mi visita a Cuba. Tuve la fortuna de ver el último bastión vigente del socialismo en vivo, y en condiciones mucho más extremas de lo que se vivía en la DDR, así que por ello no me asusté de lo que vi en dicho Museo.

            Para mi fortuna, mi visita no fue en vano ya que, justamente al final del recorrido, me llevé algo valioso. La parte final está dedicada a la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana ¡y me emocioné! Tenía trece años cuando cayó el Muro, por lo que aún recuerdo muchas imágenes y reportajes que vi en TV aunque, honestamente, me valía pepino qué pasaba en esos lejanos rincones (mocoso estúpido e ignorante a fin de cuentas).

Casi 25 años después, con un poco más de camino recorrido y un poco menos de inmadurez, entendiendo lo que representó para el pueblo alemán, ahora sí pude empatizar con el sentimiento tan profundo y catártico que significó para los teutones su reunificación tras tantos años de una separación tan agria. No sé cómo explicarlo, pero me sentí parte de ello y fui muy feliz, de manera retroactiva, por haberlo visto en directo a través de la TV. Me sentí más identificado con un pueblo que hasta llegue a odiar de pequeño y que ahora he aprendido a querer, respetar y admirar, como es Alemania.

            Extranjeros en Berlín
Puerta del Medievo (Neues Museum)

            Resulta increíble pero platique muy poco en alemán (sólo “small talk”), es más en una semana normal de trabajo hablo más alemán de lo que hable en la capital europea, otro ejemplo, creo que conversé más en alemán en San Francisco y Nueva York que en la capital alemana, porque platique con algunos turistas germanos en dichos lugares a diferencia de la propia Berlín.

            En primer lugar porque me la pase todo el tiempo hablando español con Dani pero hubo un par de días que me quede solo e inclusive ahí, por más que intentaba hablar alemán, la gente me respondía en inglés. Y es que en Berlín hay una gran cantidad de extranjeros y como no me veo muy ario que digamos, la gente daba por sentado que era foráneo y, en una actitud muy amable, me hablaban en el idioma que creían me parecía más cómodo, algunos hasta en español me contestaban (supongo que mi acento latino está muy marcado ¬_¬U).

            Esta situación me frustró un poco porque en mi visita anterior al sur del país, TODOS me hablaron en alemán por lo que incrementé mi nivel bastante y hasta mi pronunciación perfeccione, algo que ahora no se dio :’-(

            La comida a través de los barrios.

Entrada al Altes Museum

            Dani también puso mucho énfasis en que conociera algunos de los barrios más significativos de Berlín. Obviamente Unten den Linden lo transitamos casi a diario al igual que el Postdamer Platz, pero hubo otros lugares igual de interesantes.

            Por ejemplo, cerca del Gendarmenmarkt, había unas edificaciones muy bellas, las calles con aire comercial viejo muy acogedor, además de la tienda más grande de chocolate que jamás se imaginarían: un auténtico paraíso :’-)

            En Mehringdamm nos comimos la que, en teoría, es de las mejores Curry Wurst de Berlín. Debo admitir que la Curry Wurst no me sorprendió bastante (y no hablo de la de Mehringdamm, sino del platillo en sí, mismo que probé en otras dos ocasiones). En realidad fue como comer una salchicha con chile piquín, nada del otro mundo.

            También en Mehringdamm, que es un barrio bastante agradable, clasemediero pero muy bonito, con un ambiente relajado y hasta bohemio, nos echamos un capuchino delicioso, junto con unos pasteles exquisitos. Sin embargo, lo que más disfrute de dicho lugar fueron las meseras, en verdad me costaba ponerle atención a la plática con Dani, porque quede embobado con las chicas tan atractivas que nos atendieron O_O.

East Galerie

Kreuzberg es la zona en donde abundan los turcos, lo cual noté de inmediato cuando llegamos, porque pensé que me habían trasladado al DF al ver tanta mugre, caos, ruido, desorden y basura en las calles. En ese lugar comimos unas hamburguesas deliciosas, además de que me llevó a una especie de Cafecito-bar alternativo muy ad hoc al ambiente berlinés. Pero hay otra sección de Kreuzberg más fresa, más cuidada y más elegante, en la cual comimos una pizza muy rica y nos la pasamos muy a gusto Dani, David (su esposo) y yo.

También me llevo a un llamado Beach-bar cerca de East Galerie, una zona en verdad alternativa, con mucho Reggae, mucho punketo, darketo, hippioso y demás fauna urbana. Ahí no comimos nada, pero tan sólo de percibir los olores raros de lo que estaban fumando junto al río, tuvimos para justificar la visita. Honestamente me di cuenta de mi freses, al no sentirme tan a gusto en dicho lugar, sobre todo al sentir que no era tan seguro (que al final sí lo fue)
Pecera gigante en Hotel Radisson

En Alenxanderplatz, una de las zonas más comerciales, populares y turísticas de la ciudad, por fin probé el tan afamado Donner Kebab. No está mal, no me fascinó y no creo volverlo a probar, pero ya sé a qué sabe este platillo que es tan aclamado en Europa y, sobre todo, en Alemania (aunque aún sigo sin explicarme la razón de ello).

Entre el Alexanderplatz y el Lust Garten, está un hotel Radisson, mismo que muestra una pecera enorme, sin duda una de las más grandes del mundo (ojo, no confundir con un Acuario). Se veía padre la pecera pero no estaba dispuesto a pagar 20 Euros para pasar a través de ella, así que nos conformamos con verla por fuera.

            Otra sección popular y comercial es Ku’Damm, por la cual pasamos un rato pero en realidad no me intereso mucho verla. Además, para hacer Shopping, como Estados Unidos no hay dos, ciertamente, los precios no iban a estar igual de baratos. Cerca de ahí, en el Gedächnisse Kirche, nos comimos una crepas muy ricas y no tan caras.
 
¡Albricias! Un día soleado en Berlín ó_O
            Y en la zona de Postdamer Platz (nuestra base de operación), Dani me llevo al restaurante de un escritor judío en donde comí un delicioso Schnitzel (creo que lo mejor que degusté en todo el viaje), también compramos pan delicioso y en la última noche, con David, nos tomamos un café muy rico.

            La visita a Berlín fue de las más interesantes, profundas y nutritivas de mi vida, por lo cual me veo en la necesidad de cortar este escrito en tres pedazos. En la siguiente entrega develaré por qué los alemanes aman comer papas, por qué están obsesionados con el clima, su relación con el consumismo entre otros temas. En el siguiente link pueden acceder a la segunda parte.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Berlín: una Alemania distinta (Parte 2).

            Continuemos con la segunda parte de las observaciones recopiladas en este viaje a Berlín, sin duda, uno de los lugares más interesantes que debe haber en el planeta.
La Puerta de Brandemburgo versión Postdam

Postdam y por qué los alemanes aman las papas

            Postdam no forma propiamente parte de Berlín, de hecho ya es otro estado, pero está tan cerca de la capital alemana, que es una obligación ir a un lugar tan bonito e irreal. Además de los palacios y los jardines, que de por sí ya son una razón suficiente para visitarlo, también tenemos la ciudad en sí que es algo salido de cuentos de hadas.

            De entrada el puente por el cual llegas era utilizado para el intercambio de espías entre las dos Alemanias, mismo que cruza sobre el bello lago de Templin, también tienen su puerta de Brandemburgo, no tan espectacular como la de Berlín, pero con su peculiar encanto al estilo del lugar.

            Pero mi zona favorita de Postdam, sin duda alguna, es el barrio holandés. Ves las casitas, las calles, los negocios, la estética del lugar y de cómo las personas se visten ad hoc a él. Te sientes dentro de un mundo de fantasía, esos que sólo contemplas en películas o cuentos y que nunca creías que podría existir un lugar así en la realidad y en estos tiempos.
Fortaleza en el barrio Holandés de Postdam

            Fue en Postdam en donde me enteré por qué los alemanes aman las papas y el por qué es básico este tubérculo para su dieta. Dentro de todo lo que se nos contó sobre Federico el Grande hubo dos cosas que me llamaron la atención: primero que fuese enterrado sin grandes ceremonias y juntos a sus perros (por deseo propio) en el palacio de Sanssouci, misma tumba donde la gente le pone papas como ofrenda ¿Por qué? Ahí viene la segunda razón.

Resulta que en el siglo XVIII hubo una hambruna impresionante en Alemania, en donde los cultivos no se daban y la gente moría de inanición, ahí fue en donde Federico el Grande tomo una decisión que marcaría al pueblo alemán de por vida.

Obviamente la papa ya era conocida en Europa, pero no formaba parte de la dieta alemana pero, ante la escasez de alimento y de la resistencia del tubérculo ante climas inhóspitos, Federico ordena que se empiece a plantar y a consumir la papa para salvar a su nación (en aquel entonces Prusia) de morir de hambre.
Tumba de Federico el Grande con sus perros

Con el paso de los años, las cosechas se volvieron a dar pero algo había cambiado: la papa había llegado para quedarse en la dieta alemana. Creo que más que las guerras, que el arte o la historia social que haya podido dar Federico el Grande, su más grande aportación a Alemania fue la papa, y es por eso que se le dejan las mismas en su tumba.

Al conocer la trágica historia de Federico el Grande, de su sensibilidad, de su aversión por el poder o de los conflictos, además de su amor por los animales, me hizo sentir pesar de manera retroactiva por su muerte. Muchas anhelan el poder y no lo tienen y hay otros que deben ejercerlo sin quererlo. Tal vez fue “Grande” por lo mismo el buen Federico: porque hizo un papel enorme por su pueblo, preocupándose por su bienestar en lugar del propio.

Tarjeta de Crédito y consumismo.

Antes del viaje le comenté a Dani la cantidad de Euros en efectivo que iba a llevar, pero ella me recomendó llevar más, así que le hice caso y después entendí la razón de dicha recomendación.
El Río Spree

Exceptuando Cuba, por obvias razones, esta es la primera vez que viajo y prácticamente no use la tarjeta de Crédito. Berlín es una de las ciudades más importantes a nivel mundial, además de ser la capital de una de las economías más potentes del planeta, sin embargo, es casi imposible encontrar un lugar en donde te acepten tarjeta de crédito. Es más, en un pequeño supermercado, pensé que la iba a poder usar sin problemas pero, también por primera vez en mi vida, encontré un lugar en donde ¡no aceptan Visa! (OMG!)

            Al inicio me indigne pero después comprendí el origen de todo esto: la idiosincrasia alemana. El teutón es muy disciplinado con sus gastos por lo mismo, si necesita algo, ahorra e invierte en la mejor opción entre calidad y precio. En Alemania no existe y, conociéndolos, ni existirán esas mamadas de “Llévatelo ahora y paga a 18 meses sin intereses con tu tarjeta de crédito” Para el germano, y para mí, esas son estupideces: si vas a comprarte algo es porque tienes el dinero en el momento, de lo contrario no te lo compras (exceptuando casos especiales como casas y coches, donde el monto justifica el crédito).

            Y por ese mismo motivo, la tarjeta de crédito no es vital para el alemán, porque no la necesita. Un reflejo de la disciplina y, ¿por qué no decirlo?, también de la cuadradez del germano pero, al final, es una postura sana en cuanto a economía y consumismo.
Sección Original del Muro de Berlín

            Hablando de consumismo, a diferencia de mis otros tres viajes del primer semestre (Las Vegas, San Francisco y New York) en Berlín casi no compré nada, en verdad me dedique a turistear de lo lindo, esto debido a dos razones: La primera es que, a pesar de ser una ciudad tan popular, la mercadotecnia y oferta de productos no es ni la décima parte de lo que encuentras en cualquier ciudad Gabacha, así que tampoco hay mucho que comprar o alguna tontería que te inspire a adquirir porquerías que no necesitas (ad hoc a la ideología teutona).

            Por otro lado, el costo de la vida en Alemania es increíblemente CARO, en verdad es algo obsceno. Me decían que Nueva York y San Francisco eran caros pero éstas las visite después de la capital alemana y me parecieron en extremo baratas a comparación de Berlín. Como la vida es TAN cara en tierras teutonas, en verdad a uno no le inspira atascarse de porquerías o souvenirs para el recuerdo y, por todo ello, las tarjetas de crédito no son tan populares.

            Tal vez los teutones no usan tarjeta de crédito por esa autosuficiencia, por esa educación tan congruente y disciplinada que les dicta que sólo compran lo que pueden pagar en ese momento. Por eso saldan en efectivo, como muestra de sus posibilidades, de no tener que acceder a un crédito innecesario. Misma actitud hace que no sea necesario para los negocios aceptarla (mejor para ellos que reciben en dinero líquido y no tener que financiar al banco ni al cliente).
Puente sobre el lago Templin (Postdam)

Socialismo más Capitalismo

            Como mencione en el apartado de la tarjeta de crédito, a pesar de ser una de las máximas potencias económicas mundiales, Alemania no está inmerso en ese Capitalismo obsceno que ves en Estados Unidos, inclusive en México está más marcado que en las tierras Teutonas. ¿Por qué? Me parece que los alemanes han sido lo suficientemente sabios para adaptar algunas ideas socialistas a su sistema capitalista, dando un buen equilibrio para la calidad de vida (que no es lo mismo que nivel de vida, pero de eso hablaré en el tercer escrito de esta serie).

            Y me baso en detalles como el transporte público asequible, en los programas de seguridad social, seguros de desempleo, apoyo para padres con hijos recién nacidos, el trato preferencial a los ancianos, el apoyo para las mascotas, en impuestos adicionales a los que más tienen, en donde el que más gana más paga y, lo más importante, TODOS pagan sus impuestos, no como en mi país donde somos pocos los que lo hacemos. Ciertamente es un país caro, con impuestos bastante altos pero, al final, ves cómo tus contribuciones se reflejan en acciones concretas que mejoran a la comunidad, muchas de ellas en infraestructura que beneficia a todos  y no acaban invertidas en el patrimonio del algún político corrupto (como sucede con la mayoría en América Latina).

            En Alemania sí hay una consciencia social y no ese egoísmo endémico que hace que vea por mí, sin importar el derecho ajeno. Porque después de dos guerras mundiales, saben que la única forma productiva de salir adelante es el trabajo en equipo como sociedad o país, y no que salgan adelante pocos basándose en la miseria del resto.
Biblioteca de la Universidad Humboldt

            Y por esa misma actitud de respeto y responsabilidad social es que en Alemania no hay WalMarts, obvio los gabachos intentaron abrir uno con sus políticas neoimperialistas y neoesclavistas pero, debido a las férreas leyes laborales germanas, el modelo de WalMart no era viable y, por lo mismo, no ves grandes supermercados en tierras teutonas. Los alemanes no permiten los horarios tan castigados que WalMart le aplica a sus empleados, ni tampoco permite esa política de precios tan desleal que deben amortiguar los proveedores para que WalMart presuma sus precios bajos (que pocas veces lo son en realidad). La ley alemana se aplica sobre las bases de la lealtad, lo ético y lo justo, por lo menos mucho más que en Estados Unidos y en México.

            El Clima

            Me llamaba la atención, en la oficina, las primeras veces que hablaba a Alemania de parte del Trabajo, que siempre me preguntaban por el clima “¡Qué gente tan extraña!” pensaba yo “¿Por qué quieren saber del clima si todo el tiempo estamos soleados?”. De igual forma, la vez pasada que visité al país teutón, fue en una de las dos semanas reales que tienen de Verano y todo el mundo estaba en éxtasis (no exagero) de que tenían una semana completa de sol.

            Fue hasta esta segunda visita que comprendí el por qué los germanos le ponen tanta importancia al clima: y es que es algo vital para su calidad de vida. En la mayor parte de México, la mayoría del tiempo, es irrelevante el clima, porque tenemos uno muy benigno y constante, con cambios leves entre las estaciones. ¿Y por qué digo que son leves? Porque en Alemania sí que hay climas extremosos.
El Reichstag (El Parlamento)

            La mayoría de los mexicanos, me incluyó, no conocemos la nieve (a menos que sea de limón), así que tampoco sabemos lo que es experimentar una nevada a temperaturas de -25º y con un factor térmico de -30º, eso es algo que, por más que nos imaginemos, nunca podremos saber la magnitud del asunto y, por fortuna, yo aún no lo sé, pero los amigos de Dani vaya que sí lo sabían y me lo supieron expresar con claridad.

            Aquí, por más frío que haga o más lluvia que caiga, no afecta gran cosa nuestras actividades: podemos hacer deporte, salir al cine, comprar la despensa o visitar a los amigos con pequeñas dificultades. Realidad totalmente distinta a la alemana.

            Cuando te enfrentas a una nevada como las que les comenté un par de párrafos arriba, por más ropa térmica que te pongas, por más abrigos megacalientes que uses, por más que te prepares, el límite ha sido superado, el frío te cala hasta las huesos y, cuando debes salir a la calle, sólo vas de la estación del metro al negocio y de regreso a la estación para estar el menor tiempo posible a la intemperie y evitar congelarte. Nada de dar paseos, nada de visitar a los amigos, nada de ir de compras, no te dan ganas de hacer nada, sólo de quedarte en casa y, por más acogedora que sea tu morada, el hecho de no salir algunos meses del año, te acaba deprimiendo, y más si no ves ni sientes el sol durante largo tiempo.
El Monumento a los Judíos caídos

Michael, el último practicante que tuvo mi área, llegó el pasado Diciembre a Puebla y en sus primeros días me dijo: “Creo que en mi vida nunca había sentido tanto frío como en México”. Obvio esto es una exageración, considerando el clima que priva en Alemania, pero hay un trasfondo atrás de esta afirmación, porque no es la primera vez que escucho algo así de algún extranjero venido de climas fríos.

            A un nivel, y sólo a un nivel, los mexicanos soportamos más frío que los alemanes, ¿Por qué? Por las instalaciones que cuentan por allá. Al sufrir los climas tan extremos que se viven en Europa, todas las construcciones deben contar con instalaciones de calefacción, y no porque sea ley, sino por sentido común, ya que las temperaturas que alcanzan son realmente obscenas (hasta -25º C como ya comenté).

            A excepción de algunos estados del Norte, en México carecemos de estas instalaciones de calefacción, además de que la ropa térmica no es algo común (aunque sí la encuentras), así que los mexicans soportamos el frío “a lo macho” y, aunque no son temperaturas tan extremas, acabamos resistiendo más que el alemán promedio.
El Berliner Dom y la Fernsehturm

            Esto lo vi un día cerca del Berliner Dom en que la mayoría de la gente iba abrigada y yo en playera, lo que ocasionaba que se me quedaran viendo extrañados, claro que en México también me distingo por mi resistencia al frío. En la gran mayoría de mi país, el invierno es muy benigno, así que sólo tenemos que soportar un invierno verdadero durante un par de semanas (justo el mismo tiempo que dura el verano de verdad en Alemania: Dos semanas)

            Estuve en Berlín del 29 de Marzo al 6 de Abril, fechas en las que ya tenemos un calor muy marcado en mi país pero en la capital alemana, tras más de 20 años sin utilizarlo, un par de días tuve que ponerme una chamarra (ligera pero, al final, tuve que usarla -_-). Para los alemanes el clima que me tocó fue de los más benignos que les puede tocar, mientras que yo tenía un par de décadas sin sentir tanto pinche frío.

            Al final comprendí, el clima también es parte de la calidad y nivel de vida que gozamos en México, tener un clima benigno contribuye fuertemente a la realización y felicidad de tu población, sin importar cuánto dinero tengas, nunca vas a poder comprar el calor solar. Y el ejemplo claro de lo que digo es Cuba, en donde tienen carencias materiales impresionantes pero sin duda el país más feliz que he conocido.
La Konzerthaus Berlin en Gendarmenmarkt

No se ve en México

            Algo que me encantó y me dejó muy sorprendido fueron las mascotas alemanas. Obviamente no hay perros callejeros, todos los canes están bien cuidados, bañados, alimentados, educados y demás. Son tan limpios, y sus dueños tan responsables, que los perros tienen el mismo derecho a entrar a distintos lugares con sus amos, ya sea una cafetería, un restaurante, el súper mercado, el metro o el Autobús. Esto en México sería inconcebible, y la culpa no es de los animalitos, sino de los negligentes amos que, en su mayoría, no se interesan por el bienestar ni educación de sus mascotas.

            Otro hecho que me impactó fue el ver a niños de primaria viajando solos por la calle, en el metro o en el autobús, con toda confianza y seguridad. Los niños se ven independientes y el ambiente a su alrededor es tan natural como se trata a cualquier adulto. Eso era algo común en mi niñez pero, en la época actual, no visualizo a un pequeño viajando solo  hacia la escuela, y es que son tantos riesgos potenciales que enfrenta (ser atropellado, secuestrado, que le vendan drogas, que se acerquen malas influencias) que ya no creo que haya niños, por lo menos en las ciudades, que vayan solos a la escuela, ya no digamos ir solos en el metro o autobús.

            Y ya que toque el tema de los infantes y de que son tratados como adultos, no cabe duda que la personalidad y la cultura uno lo va heredando desde niveles genéticos. En México, cuando ves a un pequeño, generalmente te platican, te hacen caras y quieren interactuar contigo, sonriéndote de forma natural y desinhibida, en Alemania es un poco distinto. Lo ejemplifico con un niño de un año o año y medio que nos encontramos camino a Charlottenburgo: Dani le hacía caras, intentaba hablar con él, y el chamaco la ignoraba, le volteaba la cabeza y se negaba a interactuar con ella, por más fiestas que le hacía mi amiga, el niño se mantenía en una pose orgullosa y flemática. Algo así era con el resto de niños con los que nos cruzamos, unos pequeños adultos que se comportaban demasiado serios para la edad que tenían.
Versión alemana del escudo mexicano en Unten den Linden

            Algo que me hizo notar Dani, y que me había pasado desapercibido es una costumbre entre muchas mujeres alemanas mayores de cuarenta años, mismas que tienden a usar el pelo muy cortito y a vestir de forma neutra e inclusive masculina. Es como si nada más tuvieran derecho a ser femeninas hasta sus 30’s y, a partir de la cuarta década, muere su parte femenina y pasan a ser una administradora enfocada en cuestiones prácticas, ya no a cuestiones personales o de estética.

            Otra cosa que me resultó notoria, pero hasta que regrese a casa, fue la contaminación auditiva a la que estamos expuestos de manera constante. Para ser una gran urbe y la capital del país, Berlín no es ni por mucho, lo escandalosa que puede ser Puebla (que tampoco se compara a la Ciudad de México). Tras una semana en Berlín, me di cuenta que los mexicanos somos demasiado escandalosos, y sin motivo alguno: gritamos, tocamos el claxon, chiflamos y demás maneras de hacer ruido de manera excesiva e injustificada, lo cual hace que el estrés cotidiano se disparé bastante y la calidad de vida disminuya.

            Algo irónico y curioso, es que en nuestro camino a Postdam, ya en los suburbios de Berlín, nos encontramos con un lugar llamado “Mexikosplatz” o “Plaza México” o “Lugar Mexicano”, que es de los lugares más fresas y exclusivos de la zona. Las casas, las calles, la pulcritud, el cuidado, los jardines, los autos, la gente y demás, denotaban una elegancia muy evidente. Me llamó mucho la atención que un lugar tan exclusivo de Berlín demuestre muchas características que le hacen falta al lugar del cual toma el nombre.
La Isla de los Museos (Museeninsel)

            Museos

            Aunque ya escribí largo y tendido sobre el Arte en Berlín, sólo quiero comentar brevemente sobre otros de sus Museos. De los 364 museos que tiene la ciudad, casi para conocer uno diario en un año, “sólo” pude visitar diez en la semana en la que estuve (no visite más porque también tenía muchos otros lugares que conocer).

            Obviamente, entre tanto Museo no se puede asegurar que todos te resulten interesantes o sean de alta calidad. Por ejemplo estaba el Museo del Currywurst o el del Trabi que, en definitiva, no me interesaba conocer. Por otro lado, había otros que, sin duda, han de haber sido muy interesantes pero que, para mis prioridades, preferí no visitar como fue el caso del Museo de la Historia Judía, el de Los Ramones, el del Cine Alemán o el Museo de los Putos, y no estoy siendo despectivo, ¡así se llama! (Schwul Museum).

            Trate de seleccionar los mejores de acuerdo a mis intereses, no todos valieron la pena, algunos porque prometían más de lo que eran, otros porque no mostraban todo lo que podían. De igual forma, había otros de los que recibí más de lo que esperaba y fueron una grata sorpresa.
El Neues Museum (El Museo Nuevo)

            Mis favoritos fueron el Museo del Muro en Check Point Charlie, La Alte National Galerie y La Topografía del Terror (Topographie des Terrors), sin embargo hubo algunos otros que también tuvieron lo suyo como el DDR Museum (que ya comenté) o el Museo de la Stasi.

            Por ejemplo el Museo Humboldt de historia natural, tiene unos fósiles imponentes a la entrada, una sección muy interesante de las especies extintas, así como a la evolución y mutación (aunque por debajo del de Nueva York pero, en ese momento, no lo sabía), además de una sección enorme de animales en frascos llenos de formol. Pero como la mitad del museo estaba en mantenimiento, me fui con una sensación de frustración y decepción al ver tan poquito de un lugar que prometía más.

            Dos Museos que son muy populares e importantes son el Neues Museum y el Pergamón (parte de la Isla de los Museos), mismos que tienen exposiciones impresionantes sobre la antigua Grecia, Mesopotamia y Egipto. En lo personal esas culturas no me resultan especialmente interesantes así que no supe apreciar todo lo que estos museos te ofrecen (y que conste que los recorrí en su totalidad).
Interior del Museo Pergamón

            Nazismo

Un museo que sí me cautivó fue la Topografía del Terror, aunque sólo consta de fotos y paneles (y uno que otro material audiovisual), está tan bien estructurada que te lleva a esos días y a los orígenes del Nazismo.

            Berlín tiene opciones variadas para conocer lo que significó la Segunda Guerra Mundial, hay un tour llamado “El Tercer Reich”, hay una visita al campo de concentración de Sachsen-Hausen y la ya mencionada exposición “Topographie des Terrors”.

Museo Humboldt de Historia Natural
            Creo que como extranjero que visita una ciudad tan emblemática y con tanta historia como Berlín, es casi imposible no preguntar sobre el Nazismo, sobre la Gestapo, sobre las SS, e inclusive preguntar sobre el Muro, las dos Alemanias y la reunificación.

            Lo curioso del asunto es que los alemanes no hablan tan a gusto ni tan abiertamente del tema del Nazismo, a pesar de ser parte de su historia y de que no fueron ellos (sino sus ancestros) los que formaron parte de dicho movimiento. Este tema me resulta tan interesante que ya lo desahogué en otro momento.

            Hasta aquí esta segunda entrega. En la tercera hablaré un poco del Tiergarten, el baile, el transporte y mis conclusiones sobre donde viviría: Si en México o en Alemania. Pueden leer la tercera entrega en esta liga.

            Hebert Gutiérrez Morales.

Berlín: una Alemania distinta (Parte 3).

            Tercer y última entrega sobre este maravilloso viaje a Berlín, una ciudad con tantas posibilidades que, con gusto, me hubiera quedado dos semanas y sin duda todos los días hubiera visto algo distinto.
El Siegelssaule (O Columna de la Victoria)

            Corriendo por el Tiergarten

            Como ya comenté en la primera entrega de esta trilogía, a excepción del primer día, a diario iba a correr al Tiergarten. Una zona verde enorme que se ubica detrás de la Puerta de Brandemburgo y que contiene al Siegelssaule (La columna de la victoria) y el Reichstag (El parlamento) como sus puntos de interés más icónicos.

            Le agarré mucho cariño a ese parque, mismo que está dividido en cuatro secciones y está pletórico de monumentos, estatuas, laguitos, puentes, caminitos, árboles, ardillas, gente corriendo, en bici o paseando a sus perros. Mis corridas tomaban más tiempo de lo normal porque siempre encontraba algo que capturaba mi atención y me detenía a contemplarlo con detenimiento, ya fuese un monumento, una estatua, un paraje bello, un amo jugando con su perro o cualquier otra expresión artística.

Y ahí recordé algo que me quedó claro desde la visita anterior: En verdad Alemania no tiene los recursos naturales que tenemos en México pero, sin duda alguna, lo “poco” que tienen, lo tienen muy bien cuidado, por lo que luce más a diferencia de nuestra abundancia toda descuidada.
La distribución del Tiergarten

            Que un lugar como el Tiergarten, tan cuidado, tan verde, tan limpio, tan elegante y tan interesante este enclavado en el centro de una gran Metrópoli es una muestra de civilidad y desarrollo, y me encantaría que algún día en México mostremos esa educación y respeto no sólo por nuestros parques, sino con la naturaleza en general y hacia nosotros mismos.

Baile

            Algo en lo que me di cuenta en que Berlín no es como el resto de Alemania es el baile. Dani me llevó a bailar a un lugar tropical y vaya sorpresa que me lleve. No lo voy a negar, pensé que iba a ser como el tuerto en tierra de ciegos, que iba a ser como un mesías en tierras desoladas y note lo equivocado que estaba.

            Hay que reconocerles a los teutones es que son muy dedicados y/o disciplinados en todo lo que se proponen. Al lugar que fuimos todos bailaban Salsa y bailaban bien, producto de las clases que tomaban porque (Casi) todos bailaban con el mismo estilo pero, para mi sorpresa, lo hacían de manera fluida. Ciertamente había latinos que se notaba que lo bailaban con naturalidad y desde los genes, aplicándole esa picardía que los sajones nunca van a tener (por más clases que tomen).
La Torre de TV en Alexanderplatz

            Así que Dani y yo bailamos tranquilos, perdiéndonos entre la gente y sin llamar la atención porque la gran mayoría de ellos bailaba muy a gusto y sin preocuparse de nada más. Tal vez no con el mismo sabor que los países de sangre caliente, pero sin duda los teutones estaban disfrutando de poder bailar libremente.

Transporte

            La vez pasada que vine a tierras teutonas, tuve la fortuna que la empresa me pagó un auto, así que pude experimentar lo que es manejar en un país tan educado y civilizado, tema del cual escribí ampliamente en esta liga.

            En esta oportunidad pude apreciar otra faceta de moverte en Alemania: el sistema de transporte público. Tanto el metro como los camiones son súper eficientes, puntuales, limpios, ordenados y seguros. Nada de arrancones, nada de cazar pasaje, nada de meterse en el camino ni de estar increpando al resto de conductores. En verdad el sistema de transporte es muy bueno y muy barato.
Busto egipcio en el Neues Museum

            Con un sistema de transporte así en verdad no requieres auto para vivir en Berlín porque fácilmente llegas a cualquier punto de forma rápida. Así que, los que quieren tener auto, les cuesta bastante, ya que pagas por estacionar tu coche (aún en vía pública), la gasolina es súper cara, los mantenimientos onerosos así como la licencia de manejo y sus respectivos cursos para obtenerla. Y me parece cordial, ya que el que posee coche contamina más y quiere decir que tiene más ingresos, así que es normal que pague más, sobre todo al ser un lujo porque con cualquier combinación de Tren, Autobús o Metro, llegas rápidamente a tu destino.

            Y, al final, esto incrementa el nivel de vida, ya que al haber menos autos, hay menos tráfico y menos contaminación, menos estrés y un mayor sentimiento de pertenencia al haber un sistema tan democrático de transporte que la mayoría comparte, un concepto bien aplicado del Socialismo.

            Pero los pasajeros también se comportan a la altura, por el increíble respeto que muestran, y no me refiero a las reglas básicas de civilidad al respetar los lugares de discapacitados, dejar que salgan antes de entrar o no bloquear las entradas o salidas; me refiero a que en el Metro no hay puestos de chequeo para el boleto. Es increíble pero sólo entras al metro ¡y ya!
Postdam

            Obviamente hay inspectores, vestidos de civil, que te checan esporádica y aleatoriamente el ticket, pero es poco probable que alguien te cheque por lo que, en teoría, podrías viajar gratis todo el tiempo (y no dudo que haya quien lo haga de vez en cuando) pero, en general, el alemán paga su abono y cumple con las especificaciones del mismo. Algo característico de un pueblo disciplinado, respetuoso y afecto a las reglas.

La Ciudad en eterna Reconstrucción

            Un hecho que me parece lógico, y se nota a simple vista, es que tras la reunificación, había muchas mejoras que hacerle a la parte oriental de Berlín, esto para tener una ciudad más equilibrada e, inclusive, estética.

            Sin embargo, a casi 25 años de la reunificación, ¡Berlín sigue en reconstrucción! Era algo en verdad irrisorio, lugar por donde pasábamos había una calle, una fachada, una edificación, una instalación o lo que se les ocurra que estaba siendo remozado, construido, modificado e inclusive demolido. Es más, en el edificio de Dani había trabajos de mantenimiento que ya llevaban muchos meses en proceso.
Alte National Galrie

            Esto hablaría de una preocupación constante del gobierno alemán por tener la ciudad en orden. El problema no radica en ello, sino en los tiempos. Por ejemplo, el nuevo aeropuerto internacional de Berlín ha visto pospuesta su apertura con algunos años de retraso, un castillo frente al Berliner Dom también lleva atrasos en sus tiempos, e inclusive el museo Humboldt de Historia natural iba atrasado en su reconstrucción, por lo que la mitad de sus instalaciones no estaban disponibles para su visita.

            Esto te molesta como turista, encontrando exposiciones cerradas, museos a media capacidad o de plano cerrados. Así que, como cuestiono en México cuando veo obras inconclusas de maneras simultaneas: ¿No sería más productivo empezar pocas obras y dedicarles más recursos para acabarlas pronto? Esto lo veo más provechoso que iniciar muchas y esparcir los recursos entre ellas (el que mucho abarca, poco aprieta).

Volar con mexicanos

            Entre más viajo, hay algo que cada vez me parece más evidente: la marcada diferencia en vuelos en donde hay mayoría de mexicanos contra los que llevan mayoría de otras nacionalidades.
Fuente de Poseidón en Alexanderplatz

            Por ejemplo, en mis vuelos de (ida) París a Berlín y de (regreso) Berlín a Ámsterdam, la gente era educada, respetaban los señalamientos de la tripulación, cedían el paso, no se metían en la fila ni se paraban antes de lo indicado, y mantenían la civilidad en todo momento.

            En los vuelos entre México y París así como el Ámsterdam-México, ¿qué les puedo decir? Una romería tal cual, hasta pena me daba. Gente gritando, parándose en todo momento, no respetando señalamientos, niños llorando, personas cambiando de lugar, agandayándose lugares de equipaje, gente problemática y armándola de jamón, los que se meten en la fila, los que son reprendidos por la tripulación. Es cuando el Folclore mexicano sale a relucir, tanto para bien como para mal. Y no me pueden decir que fue cosa de un solo vuelo, porque ya llevo algunos al extranjero y esta tendencia es constante y clara.

KLM

            De todas las aerolíneas con las que he volado, sin duda alguna, KLM es la mejor (y no, no me están pagando para hacerles un comercial).
Palacio en Postdam en donde se firmó la división alemana

Y que conste que ni salimos a tiempo de Ámsterdam ni llegamos a tiempo al DF pero el trato, el entretenimiento a bordo, la calidez, la comida, la atención en todo momento y todos y cada uno de los detalles, KLM es muy superior al resto de Aerolíneas con las que he viajado, sólo seguida de cerca por Aeroméxico que también se esmeran bastante. Tal vez sea cara respecto a otras, pero vale la pena, además es más barata que, por ejemplo, Lufthansa y la diferencia en el servicio sí es notoria.

Cuando viajen a Europa y ven que la diferencia para tomar KLM es un poquito más cara, no lo duden y escojan esta aerolínea holandesa, en verdad lo agradecerán. Es más, me trataron tan bien que eso ha hecho que los Países Bajos ganaran puntos en mi ranking de países próximos a visitar.

México

            Como comente en la conclusión de otro escrito. En mis primeros viajes era una obligación comparar a mi país, concluyendo si era mejor o peor que el recién visitado. Con el tiempo, simplemente aprendí a estar agradecido con la oportunidad que tengo de conocer distintos lugares y sus culturas, porque eso me enriquece a nivel personal.
El Hotel Adlon en Unten den Linden

            Sin embargo, en los viajes de este año he experimentado algo nuevo, sin importar si el lugar que visite es “mejor” o “peor” que el mío, ahora me da mucho gusto regresar a mi tierra.

            Obviamente en los países desarrollados ves muchas cosas que quieres para tu país y a veces es imposible no juzgar o comparar. Por eso mismo, al inicio, había cosas de mi cultura que consideraba absolutamente buenas o absolutamente malas respecto al primer mundo.

He aprendido que en el mundo no hay nada absoluto y he aprendido a ver de forma más real los lugares que visito y mi propia tierra. Y no porque mi país sea el mejor lugar del mundo, sino porque me gusta vivir aquí de acuerdo a mis características, mi personalidad y circunstancias de este momento de mi vida, tal vez en el futuro encuentre un lugar más ad hoc a mi esencia.
La Mascota de Berlín

Y eso no quiere decir que voy a dejar de mentar madres sobre lo malo que aquí pasa, es tanto mi derecho como mi obligación, pero tampoco quiere decir que no valore lo bueno en él. Viajar también ayuda a desmitificar el extranjero, al ver que en todos lados tienen cola que les pisen y también ahí se cuecen habas. Sin importar si es el país más avanzado o el más jodido, en todos los lugares hay cosas buenas, cosas malas, gente imbécil y gente muy interesante.

He aprendido que es importante honrar las bondades de cualquier lugar, situación o persona, y no sólo enfocarse en lo malo. Y eso es algo que me puede ayudar a ser más objetivo y dejar de idealizar o condenar algo de manera extrema.

Vacaciones Intensas

            Pero también hay otro aspecto por el cual me gusta regresar a mi país, y es que me gusta hacer mis vacaciones intensas, en donde lo último que hago es descansar, todo por ese afán de conocer lo más posible del lugar que visito, y el caso berlinés no fue distinto.
Estatuas en el Tiergarten, al fondo el Siegelssaule

            Creo que ha sido de los viajes en donde más he caminado, de los más cansados y también de los más enriquecedores. El problema es que ese ritmo intenso es agotador (supongo que Dani dijo “¡Por fin!” cuando me dejó en el aeropuerto), sobre todo si lo llevas fuera de tu cultura.

            El regresar a tu rutina te fortalece, obviamente sigues trabajando y retomas tu ritmo de vida normal, lo cual hace que te recuperes, como que la rutina mental disminuye el estrés. El hecho de regresar a lo que conoces, a tu zona de confort, es renovador.

            Tal vez no sea tan notorio, pero detalles como dormir en tu cama, bañarte en tu ducha, comer tu comida, estar en tu zona horaria, experimentar tu clima, convivir con tus compañeros de todos los días e inclusive hablar en tu lengua materna, es más importante de lo que crees.
El Gedächniss Kirche

            Y ésa es otra ventaja de viajar: valorar tus actividad cotidiana y todo lo que forma parte de ella, darte cuenta de lo afortunado que eres por tener la vida que tienes, inclusive esos pequeños detalles que crees insignificantes y, es hasta que no los tienes que en realidad, te das cuenta de que tan importantes son. El viajar te da la posibilidad de ver tu existencia con ojos distintos y darle el valor que raramente le das.

Nivel de vida contra calidad de vida

            En México siempre nos referimos a países desarrollados como países ricos, pero creo que deberíamos sacarnos ese concepto de la cabeza. Si quieres tener vida de rico, es más fácil dártela aquí que en Alemania, a menos que seas asquerosamente millonario pero, en esos casos, no importa mucho en dónde vivas.

            Tengo una sensación de Déja Vú que este tema ya lo toque en otro escrito pero, ustedes disculparan, ya llevo tantos que me da hueva buscar si lo hice y dónde lo escribí, así que continuo.
Monumento a los Soldados Rusos en el Tiergarten

            En México tenemos nivel de vida o sea que tienes acceso a servicios y mercancías baratas, si perteneces a la clase media puedes pagar para que te laven el coche, te limpien la casa, te planchen la ropa, pagues barato al cine y demás. Traducción, con un buen ingreso, vives muy bien y hasta con lujos.

            Es claro que esa bonanza que gozamos una minoría está basada sobre la miseria de la mayoría, personas que viven con ingresos irrisorios y, por tal motivo, hay exceso de oferta, y sus trabajos son pagados de manera barata. Me parece que no alcanza el 10% de la población que supera la barrera de los 10mil pesos mensuales (unos 770USD). Así está conformada la sociedad mexicana, en donde un puñado tiene casi todo el pastel, unos poquitos tenemos algo y la gran mayoría no tiene casi nada. Y luego nos quejamos de los problemas sociales con tremenda y obscena desigualdad aunque, como ya trate en este otro escrito, es un tema del cual todos somos víctimas y verdugos.

            Tal vez Alemania sea un país rico, pero no lo son los alemanes, por lo menos no a primera vista. Viendo el costo de los víveres, de la vivienda, de los servicios, de la gasolina y de prácticamente cualquier aspecto de la vida cotidiana teutona, el alemán promedio lleva una existencia austera, misma que no permite los lujos que nos damos en México. De ahí que sean considerados como tacaños, pero es parte de su cultura analizar la mejor relación costo beneficio para maximizar su inversión.
Interior de la Cúpula del Reichstag

            En el país germano la situación está más equilibrada, obvio hay ricos, pero no son obscenamente ricos (tipo Carlos Slim) y también hay pobres pero, el porcentaje es nimio a comparación del tercer mundo en donde es la mayoría de sus respectivas poblaciones. Ahora sí que la mayoría de la población alemana se sitúa en una clase media austera pero más justa y sana.

            Obvio hay una contraparte por la cual no se vacía Alemania y se vienen todos a México (aunque sí tenemos bastantes): la calidad de vida. En el país teutón, a pesar de la creciente tasa de desempleo, no hay miseria, casi es necesario que seas un auténtico holgazán para que no tengas trabajo y tengas que vivir del seguro social. No hay una marcada diferencia entre clases sociales además, los impuestos se reflejan claramente en infraestructura, servicios, seguridad social y demás aspectos que benefician a la población en general.

            En México tendrás más recursos que gastar en lujos, pero también tienes que pagar seguridad privada, sistema de salud privado, educación privada, seguros privados y demás servicios particulares porque los públicos son tan deficientes que no puedes arriesgarte a confiar en ellos, porque te acaba saliendo más caro el caldo de las albóndigas.
Parque en Postdam

            Al final, ¿qué escoges? ¿Nivel de vida o calidad de vida? ¿Qué es mejor? ¿La riqueza de unos basada en la pobreza de muchos o que todos tengan una vida austera? Por lo mientras no me molesta tener una rica y abundante comida por tres Euros, comprarme kilos y kilos de frutas variadas con cinco Euros, que me laven por coche por tres Euros, que me planchen una docena de piezas de ropa (algo que en verdad me da mucha flojera) por cinco Euros, el mantenimiento de mi bici fija por 20 Euros e inclusive, si quisiera, que me hicieran la limpieza de la casa por 10 Euros. Obvio, de vez en cuando debo pagar por una llanta arruinada por un bache (aunque no haya sido mi culpa) o a veces pagar por un espejo o llanta robada.

Alemania es un gran país y Berlín una ciudad maravillosa en la que cualquiera quisiera vivir. A pesar de ello, para mis condiciones físicas, sociales, económicas y culturales, y en este momento de mi vida, el mejor lugar para vivir que encuentro es México. Es algo chocante, casi increíble, pero es una conclusión que confirmo con cada viaje que realizo. Y no porque mi país sea mejor o peor que Alemania, digamos que me acomoda mejor en estos momentos. Seguramente si tuviera hijos o mi condiciones fuesen otras, sin duda escogería Alemania siempre.
 
Atardecer en la Puerta de Brandemburgo
Todo depende de la persona, recuerdo que la mayoría de mis maestros japoneses optaban por quedarse a vivir en México, algo que me llamaba poderosamente la atención “Si tienen un país, limpio, seguro, moderno, ordenado, civilizado y educado ¿Para qué venir a vivir a este caos?” les cuestionaba y, básicamente, palabras más palabras menos, me argumentaban el bajo costo de vida, la libertad y la calidez de la gente. De igual manera, hay muchos alemanes que han optado a quedarse a vivir aquí y no regresar a su país a excepción de sus vacaciones, las razones son el clima, la comida y la libertad.

Obvio también tengo sus contrapartes, amigos mexicanos que se han ido a vivir a Japón por la seguridad, el desarrollo, la educación y la limpieza, o a Alemania por la educación, la seguridad, el desarrollo o el empleo. Las prioridades son distintas en cada persona y no es obligatorio que tu mejor opción para vivir sea en dónde naciste.

Para concluir, si un día pueden, visiten Berlín, como harán corroborado en estos tres escritos, es un lugar en verdad interesante, un crisol de culturas que se complementan a la perfección en una de las ciudades más alternativas y con esencia del mundo.


Hebert Gutiérrez Morales.