domingo, 29 de junio de 2014

Inocencia endémica mexicana

            (Miniprólogo: por alguna razón siento que no debo escribir esto pero algo más fuerte que yo me está obligando a hacerlo, así que voy a intentar ser breve)
Eso sí es triste

            21 de Junio de 1986, a mis nueve añitos nunca había llorado tanto. Estaba indignado y con una rabia tremenda porque Alemania nos había eliminado en penalties, me sentía muy impotente ante la decepción de un partido que “debimos” haber ganado. Ocho días después celebre la victoria argentina sobre los teutones como una venganza hacia mi selección.

            Cinco de Julio de 1994, con 17 años mi reacción resultó más violenta que la de ocho años atrás (México no participó en Italia 90 por el infame tema de los Cachirules). Nuevamente, estaba enojado por la derrota en un partido que “debimos” ganar ante Bulgaria, pero ahora el enemigo estaba en casa ¿Por qué Mejía Barón no había metido a Hermosillo y a Hugol para el tiempo extra? ¿Por qué insistía en dejar a un famélico Zague que ni al mundial debía haber ido? ¿Por qué se guardó los cambios? ¿Por qué no los metió para tirar los penalties? Mi furia la descargué escuchando el Heavy Metal más salvaje que tenía a mí disposición en ese momento.

            No quiero ser cruel y recordarles las eliminaciones (con mis respectivas reacciones) en Francia ’98 (otra vez contra Alemania), Corea-Japón 2002 (la tonta expulsión de Márquez ante los Gringos) ni de Alemania 2006 (el golazo de Maxi Rodríguez en tiempo extra).

            Para Sudáfrica 2010, ya había tomado la inteligente decisión de sacar al Soccer demi vida, pero sé que Argentina le puso un baile a México, así que me alegre de no haber visto ningún juego. Y no, por si se lo preguntaban, tampoco me subí al barco del triunfo cuando ganaron la medalla de Oro en Londres 2012. Cuando dejó algo atrás, ya no hay vuelta de hoja.

            Y se repite la historia una vez más.

            Al igual que el resto de partidos, no vi el de México contra Holanda. Tenía mucha ropa que lavar y mis prioridades ya no se manejan en base al Soccer. Sin embargo, a lo lejos, llegue a escuchar un grito apasionado de gol, así que supe que México había anotado.

            Después escuche mucho silencio mientras seguía lavando, lo cual era un indicativo que las cosas no iban bien para el equipo azteca. Lo siguiente que escuche fue un vecino del fraccionamiento de atrás poniendo música Heavy Metal a un volumen bastante alto, pero al no oír nada más (ni gritos de júbilo, ni porras ni aplausos), supe que México había perdido y recordé, por la música del vecino, mi reacción en el Mundial de Estados Unidos (mencionada al inicio de este ensayo).

            Como ya había terminado de lavar, le eché un vistazo al Twitter para ver los comentarios y ahí recordé que el mexicano es un pésimo perdedor: las expresiones de furia, impotencia, odio, insultos, ira, violencia, frustración, sufrimiento y demás hacían gala de cualquier mexicano, sin importar raza, edad, estatus social o educativo. Es esa actitud iracunda inherente a cada mexicano, esa que sale cuando siente que es víctima de alguna injustica (Sólo en el fútbol, aclaro porque, ante lo verdaderamente importante, la displicencia y apatía es tremenda)

            Y no los puedo culpar, porque yo me ponía así cada cuatro años, bueno en realidad me ponía así continuamente porque entre el Tri y el Cruz Azul, amargaban mi vida relativamente seguido.
A muchos se les acaba la vida

            Y aunque no he visto ninguna imagen del juego, déjenme les digo algo: Sí fue penalti, ¿Saben por qué? Porque así lo marcó el árbitro. Y si les gusta el fútbol, tienen que aceptarlo cómo es, no se pueden aceptar esos errores humanos sólo cuando son a favor y no cuando son en contra. Esto es producto de un deporte que se niega a evolucionar, si su dolor se los permite, pueden leer algunas propuestas para modernizarlo en este enlace llamado “Mejorando el fútbol soccer

            En fin, ciertamente el mexicano no sabe perder con elegancia porque tampoco sabe ganar con humildad, todo producto de esa inmadurez cultural que nos caracteriza. Así que ya me imagino los resúmenes, crucificando al árbitro, las pláticas en la oficina este Lunes mentando madres, la tensión en la casa de los pamboleros de corazón, en donde la esposa ni los niños se le pueden acercar al hombre porque pareciera que se le acabó el mundo.

            Salí a comer alrededor de las 3pm y la tristeza se sentía en el aire: pasaban menos coches, casi no había gente caminando y los negocios estaban semivacíos, todos viviendo su luto en casa o en algún bar con sus cuates.  Ahí me di cuenta que somos un país muy escandaloso ¿por qué? Porque hoy lo más estridente que capté fue el silencio fúnebre que reinaba en el ambiente, se notaba la ausencia de  todo ese ruido que hacemos como mexicanos.
Hay deportes más interesantes H_H

            Es más, el ambiente estaba tan triste y de cuasi luto, que en el restaurancito en el que como, me regalaron unos frijoles charros “cortesía de la casa” pero me los ofrecieron con sufrimiento en el rostro, y con la voz baja, como para que nadie se fuera a ofender. Me sentí tan apenado que deje más propina de la que acostumbro.

            Es lo malo de que el fútbol sea tan importante, porque nadie se pone así de triste cuando eliminan a la selección de Volley Ball ¿Cierto? Aunque espero que tengamos una selección de dicho deporte ¬_¬U la lógica me dice que sí. A veces medio reaccionan con el Basquetbol o con el Beisbol. Pero a casi todos les da igual si eliminan a los representantes nacionales de Boliche, Póker, natación, atletismo, matatena o de la competencia que gusten mencionar. Aunque, por lo menos, tampoco se cuelgan de los logros cuando alguien gana a nivel internacional, y eso es porque ni cobertura reciben de esos triunfos.

Ahora, el hecho de que ya no siga el mundial no quiere decir que no me ponga triste la derrota de México ante Holanda pero, para mi fortuna, no pasa de una pequeña decepción que se supera en un par de minutos, no como antes que sentía que el mundo se acababa.

Pero no me entristece el fútbol en sí, sino es una especie de solidaridad con el aficionado mexicano, ése que me enternece con sus ilusiones mundialistas cada cuatro años, ése que me hace ver cómo me veía yo con tanto sufrimiento y reacciones. Ahora he aprendido a dedicar mi tristeza para eventos que en verdad lo ameritan: como la muerte de mi Osita o el amor de mi vida que no logre conquistar.

Para lo malicioso y gañán que puede ser el mexicano estándar, tratándose de Soccer, hay una inocencia casi infantil que embarga a la mayoría de la población nacional “ahora sí vamos a ser campeones” era un comentario generalizado hasta ayer. El Jueves hable con mi amigo Luis, gran conocedor y practicante del fútbol Soccer que cuenta con gran objetividad y madurez, mismas que no se hicieron presentes con su comentario “En la Final del 13 de Julio México le va a ganar a Brasil”

Algo que debo de reconocer es que nunca se le había presentado a México un mundial tan ad hoc para volver a jugar ese quinto partido (que ya se logró en México 86), es más, todo estaba puesto para que llegaran a jugar un séptimo juego pero por algo los grandes son grandes y los chicos chicos. Lo cual no quita que, a veces, los chicos le pueden ganar a los grandes.

Por las crónicas que leí, México jugó bien y ahí viene ese dicho tan tatuado en el inconsciente nacional “Se jugó como nunca y se perdió como siempre” ya es una especie de estigma, creencia o maldición que alguien debería hacer algo para que la borren de los dichos nacionales.

Y la vida sigue, es de las pocas ocasiones en que la gente se hace consciente que (sí, aunque les cagué que se los recuerde) sólo es un juego y no somos mejor o peor país por ello.

No sé si admirarte o compadecerte México, la misma ilusión te embarga cada cuatro años seguido por la misma decepción. Me alegro de haberme zafado de eso pero, al parecer, es tu droga y morirás con ella hasta el final de tus días.

Ahora sólo espero que un equipo americano, sin importar cuál, gane la Copa.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Desarrollo humano

“El Desarrollo del humano es inversamente proporcional a su grado de morbosidad” – Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 26 de junio de 2014

El diario de un corredor

            ¿Saben? Nunca tuve propiamente un diario, aunque siempre he escrito. Me gustaba escribir extensas cartas a revistas o a seres queridos (dice mi papá Antonio que tiene una carta de 13 cuartillas que alguna vez le escribí aunque, para ser honestos, no recuerdo haberlo hecho).

            También escribía en libretas escolares, muchas ideas que me nacían y que exigían ser plasmadas en papel, así que simplemente escribía sin noción de estilo o congruencia alguna (o sea, algo así como este blog ¬_¬U). A veces me salían ideas geniales, en otras unas pachequeces que me avergonzaba saber que estaban en mi cabeza.

            Por desgracia, ¿o fortuna?, la mayoría de dichos escritos se perdieron, entre mudanzas, limpiezas de la casa, arranques de frustración y demás vivencias, los escritos se fueron esfumando.

            Sólo queda una libreta de hace unos 8 años en la cual plasmaba muchas de las ideas que me surgían, se podría considerar como el papá del blog, de hecho de ahí saque un par de escritos para esta página y uno más para mi blog clandestino. Seguramente, en el futuro, cuando esté muerto y sea un escritor renombrado, esa libreta va a valer mucho, y más porque, a veces, servía como un diario.

            Hoy fue un día sin nada importante que contar, sólo pequeñas cosas que se fueron acumulando, me recuerda a una pista del Soundtrack de Card Captor Sakura que lleva por título “Días ordinarios pero felices” aunque, a decir verdad, el día no inició nada feliz, pero vamos a ponerlo en forma de diario, así desahogo uno de mis anhelos de infancia.

Mièrcoles 25 de Junio del 2014

            Querido Diario:

            El día empezó de la chingada. Ciertamente dormí muy rico en mi nuevo colchón (un lujo que ya merecía y una de las mejores inversiones que pude haber hecho). Pero me levante con malestar, tenía algunos pendientes que taladraban mi cabeza y el día anterior no me había resultado provechoso. Tal vez eso fue lo que más me influenció: no me gusta tener días improductivos aunque, tal  vez, fue un día malo y lo confundí con improductivo ¿o es al revés? Continúo antes de seguir pachequeando.

            Llegue estresado al trabajo después de lidiar con gente estúpida que maneja con miedo por la lluvia. Siempre me ha enojado la gente ignorante y pendeja que confunde precaución con miedo al momento de manejar. Como son unos simios al volante y saben de sus limitaciones, por eso manejan con miedo (¿se nota que estuvo intenso el enojo?)

            En la Teko con Alemania, ahora puse mucha atención, y es que Anna me va a dejar solo dos semanas y me voy a tener que hacer cargo de los temas con Wolfsburg, eso es dentro de 10 días, así que debo ponerme ducho desde ahora para que no me bailen los teutones. Y me doy cuenta que cuando pongo atención, en verdad no soy tan malo, es más, me atrevo a decir que tengo muy buen nivel de alemán (por algo me he ido dos veces a Alemania). Así que eso me tranquilizó un poco. ¡Que se vaya el tiempo que quiera Anna! Podré con el paquete (como ya lo he hecho antes).

            Es algo curioso, ¿por qué cuando me enojo me da hambre? Cuando acabe con mi manzana y mi sandía, aún estaba hambriento, así que Iván, Hans y yo fuimos a la tiendita a abastecer al departamento de Sandwiches, galletas, aguas, empanadas y demás porquerías (a veces creo que nos pagan para tragar).

            Después de zamparme mis galletas (integrales, eso sí, para sentirme menos gordo), ya estaba más tranquilo, pero todavía tenía un poco de mi molestia inicial, así que decidí que hoy no quería saludar a los de la Disposición, me sentía muy digno (o mamón) y no me nacía ir a mis antiguos territorios a saludar, sin embargo mis amigos tenían otros planes.

            Resulta que Camelia me regaló un cuernito con mantequilla y mermelada, con la condición de que fuera a su lugar por él y, al tratarse de comida, mi resistencia es nula, así que acabe yendo a donde no quería ir. Para acabarla de amolar, fue cumpleaños de Alex, y también me regaló un pedazo generoso de panqué.

            ¿Sabes lo que es sentirse miserablemente rico mi querido Diario? Pues así me sentía con tanto carbohidrato de excelente calidad en mi poder. Apenas me había comido mis galletas, mi fruta y además había desayunado muy bien, y todavía tenía más carbohidratos que consumir ¡Malditos Carbohidratos! ¡Los odio pero cómo los amo! Sabiamente decidí guardarlos para la Perra . . . . . la perra hambre de las 5pm.

            Ya que había ido por la Dispo, salude a las chicas de mi antiguo pasillo, o sea mis “exchicas”, normalmente platico un poco con alguna de ellas, a veces con Alma, otras con Mayra, pero hoy le tocó a Laura, misma que está esperando su segunda bebé, la primera se llama Camila.

            Me contó que ya sabe que va a ser niña y que le van a poner Roberta “¿Roberta? Laura ¿Sabes el bullying a que estás exponiendo a tu hija? ¡No mames! Le vas a arruinar la vida” Eso me salió del corazón y sin pensar. Laura normalmente es muy explosiva, y por poco menos de eso me hubiera mandado a chingar a mi madre pero, supongo, las hormonas la traían muy de buenas y me explico que su madre y suegra también se oponían al nombre pero que a ella y César (Su esposo) les valía pepino y le iban a poner Roberta (pobre niña).

            Ya más tranquilo, acepté que no tengo vela en el entierro, personalmente no le podría ese nombre a una hija mía pero, al final, es de ellos y que hagan lo que mejor les parezca “Deberías combinarlo con otro nombre, aunque sea para ‘taparlo’ tantito, algo así como Miriam Roberta” fue mi último intento por el bien de esa niña, a lo que Laura contestó con una sonrisa y me dijo alegremente “Me gusta el nombre de Miriam”. Laura nunca me ha escuchado, ni a mí ni a nadie, por eso la quiero pero, espero, que por lo menos considere lo del segundo nombre porque, en mi muy personal opinión, no creo que sea buena idea el nombre de Roberta para una niña (y más en una cultura tan joditiva como la mexicana).


            Llego la hora de la comida y tenía ganas de unos tacos, así que ahora fui con mis vecinos de cubículo al “Taco Chino” ;-) a degustar unos manjares endémicos mexicanos. Pedí un taco de chipotle relleno de queso, junto con papas, quesillo y aguacate, además de salsa verde (una delicia).

Aunque (sin albur) exprimieron el chile, la verdad estaba muy grasoso y, con lo bruto que suelo ser a veces para comer, me manché la corbata. No me considero alguien (tan) superficial ni materialista, además no es la primera vez que agarró una corbata como babero, pero ahora sí me enojó mi descuido al mancharla, y es que está muy bonita mi corbata. De hecho desde que la escogí, un día antes, ya estaba feliz con mi elección. En verdad me enojó ser tan descuidado -_-.

Volviendo a la comida, encontré el complemento perfecto para mi taco: una sidra sin alcohol de Zacatlán de las manzanas (otra auténtica delicia) que tornó mi comida en un auténtico banquete lleno de sabor.

Aunque probé la sidra alemana en mi primer viaje a tierras teutonas (2011), me remonté a la vez anterior que la había ingerido dicha bebida: hace unos veinte años en casa de mi madre. Creo que fue la última vez que la complací con cenar en Navidad, ciertamente seguimos conviviendo cada año, pero aquella fue la última vez que cenamos realmente en 24 de Diciembre, sin festejo alguno, sin la parafernalia acostumbrada, simplemente cenamos de manera rica pero sobria y después nos fuimos a dormir.

Admito que yo fui el Grinch que mató la navidad en mi familia, o tal vez ya estaba muerta, y sólo hice notar lo obvio. Sin embargo, la sidra que me tomé hoy trajo ese recuerdo en particular y, por alguna extraña razón, extrañé esa época, y extrañé a mi familia rota. Supongo que ya estoy envejeciendo para estar sintiendo estas cosas.

Extrañamente, tenía ganas de bailar, algo que no experimentaba en mucho tiempo, así que le escribí a mi Sensei Salero (Paco) a ver si iba a dar clase hoy, a lo que tristemente me dijo que no “Es que nos estamos preparando para el Euroson de este fin de semana”. Para mí fue triste, ya son pocas las veces que tengo intención real debailar y cuando por fin tengo auténticas ganas, me sale con su mamá a dar la vuelta de que “Hoy no porque tenemos ensayo”.


            Paco me invito a ir al congreso salsero a lo que le tuve que contestar “En otra época tal vez, pero las prioridades de uno cambian con el tiempo” y me comprendió a la perfección. Me parece increíble que me iba con ellos de viaje a congresos internacionales de varios días y a cuanto evento salsero se nos atravesaba. Hoy, a duras penas, llego a ir una hora a la semana a tomar clase, cuando antes iba tres horas diarias de Lunes a Domingo. La vida lo va cambiando a uno quiéralo o no. Espero que les vaya bien a los de mi escuela (Rumba Mía), mi corazón y mis pensamientos estarán con ellos a la distancia.

Y ahora que digo que uno va cambiando, me parece increíble que gran parte de mi existencia era alguien que ya tenía planeados los siguientes 10 años de su vida, algo tétrico que hoy me parece irreal. Honestamente hoy lo más que alcanzo a ver del futuro es hasta mi próximo viaje y no más.

Así que lo más que veo es hasta Diciembre, porque en próximos meses tengo un viaje para ver a mis Delfines de Miami (pero ya no de locales), también voy a aventarme otra aventura haciendo Rápidos en Barranca Grande allá por Noviembre y, dependiendo las circunstancias, es factible que vaya a Veracruz a fin de año, creo que necesito regresar a mi tierra a cargarme de energía jarocha, misma que tengo muy desgastada.

Después de eso, seguiré planeando viajes porque, me da la impresión, al planearlos no me puedo morir, porque soy tan necio que no puedo dejar que se desperdicie un viaje que ya está planeado y pagado. Si lo quieres ver así mi querido diario, es una manera de asegurar mi inmortalidad.

En fin, salí a las cinco en punto, ya que no podía bailar, entonces me iba a correr, necesitaba hacer ejercicio y sacar de mi ser el mal humor que me invadía desde la mañana y correr fue lo primero que me pasó por la cabeza.

Al tercer kilometro me dí cuenta de algo: perfectamente me hubiera dado tiempo de ir a nadar, a pesar del clima nublado, me daba tiempo de llegar a la alberca y nadar antes de que la cerraran.

No he nadado en las últimas dos semanas, debido a que ha llovido cada tarde desde hace quince días, algo que ya empieza a resultar molesto. Vamos, no le tengo miedo a nadar con lluvia pero, al ser alberca al aire libre, los encargados la están cerrando temprano por cuestiones de seguridad (“No nos vayamos a mojar” ¬_¬) Supongo que es para que no nos caiga un rayo (ayer cayeron unos muy cerca de la zona), y por lo mismo no he podido nadar, lo cual me tiene algo triste y frustrado, porque me da un equilibrio muy profundo que necesito de manera urgente.

Pero ya no había remedio, ya no tenía la opción de nadar, así que continúe mi corrida. Corrí lento, creo que iba más absorto en mis pensamientos a lo acostumbrado, fue cuando una persona, en un Beetle amarillo, me grito “¡Duro Hebert! ¡Con fuerza! ¡Ánimo!” No alcance a ver a mi animador, pero me sacó una sonrisa y lo salude a la distancia. Me gusta mucho cuando la gente me saluda cuando corro, tanto conocidos como desconocidos, es algo simple pero que me hace feliz.

Eso me hizo recordar que alguien del departamento de al lado me hizo platica en el baño en la mañana “Oye, ¿tú corres por el Humboldt verdad? Algunas veces te veo cuando voy a dejar a mis hijos” Era un sujeto que nunca había visto y me resultaba curioso que me abordara cuando nunca habíamos cruzado palabra. En fin, de todas formas me hizo sentir bien y platicamos un rato. Me gusta que me identifiquen al correr y que la gente me lo haga notar: “Oye, te vi corriendo la otra vez”, lo cual me pasa con mucha frecuencia y, aunque no los reconozca, siempre saludo con ánimos e inconscientemente, me acaban motivando.

Durante mi trayecto escuche muchas canciones de Michael Jackson, y es que hoy se cumplieron cinco años de su muerte. De hecho tengo un escrito pendiente para el Rey del Pop, pero creo que lo voy a sacar por Agosto, después de que vea el Show del Cirque Du Soleil que va a la ciudad de México. Dentro de todas las canciones que oí a lo largo del día, escuche mi favorita: “Man in the Mirror”, a pesar de que la he gozado un ciento de veces, me sigue conmoviendo la autenticidad del sentimiento con la cual la canta.

Ya pasados 20 de los 25 kilómetros pactados, dentro del cielo cerrado totalmente por las nubes, dando un gris oscuro bastante férreo, a lo lejos alcance a vislumbrar un horizonte hermoso. Todo el mundo ama los atardeceres, pero no es la única opción con que nos maravilla la naturaleza.

Dentro del cielo nublado, a lo lejos, ví unos huequitos azul claro que atraparon mi atención y no pude dejar de observarlos mientras corría por una calle tranquila. Me sentí profundamente conmovido por el azul tan limpio y puro, tan tierno me atrevería a decir. Sin razón aparente me sentí profundamente triste, con una mezcla de sentimientos de frustración, melancolía y derrota.

¿Por qué me sentía así? Por alguna razón recordé mi infancia y toda la inocencia y sueños que tenía, cuando no conocía el dolor ni las decepciones que uno va a cumulando a lo largo de la vida. Ciertamente también vas acumulando alegrías, pero ya no eres el mismo. Ese ser inocente poco a poco va quedando en el pasado y se transforma, todo eso que pudiste haber sido lo vas desarrollando con lo que puedes, con lo que tienes o con lo que te dejan.

Pero ya no volverás a ser aquel pequeñín lleno de sueños y esperanzas. Claro, aún puedes tenerlas, pero ya no con la ilusión y la potencia con la cual las concebiste en un inicio. ¿Cómo decirlo? Para avanzar por la vida te debes endurecer un poco así como aprender a mancharte, no es posible un avance si no pagas el peaje que te exige el mundo: tu inocencia, tu limpieza, tu pureza.

¿Quieres crecer? ¿Quieres madurar? Paga el precio. Es triste, y es más triste porque tengo buena memoria y recuerdo perfectamente lo que sentía y lo que soñaba en cada etapa de mi vida. De ahí ese pequeño ataque de depresión disfrazada de melancolía que me provocó el ver ese azul claro entre tanto gris: era una analogía perfecta de la parte inocente que nos queda, y que aún se nota de manera hermosa, entre una mayoría dura y gruesa que desarrollamos como armadura para movernos en el cruel mundo actual.

Y seguí mi camino.

            Justo antes de llegar a la casa, hay una reja que se cierra a las 6pm pero, a pesar de que eran las 8:20pm ¡estaba abierta! Y fui feliz por ese pequeño detalle, mismo que me ahorra como 300mts, lo cual no es mucho pero, al ser al final del trayecto de 25 kilómetros, sientes que es la gloria. Son esas pequeñas sorpresas que recibes del Universo, mismas que no serán relevantes pero, al momento, te regalan una alegría que invariablemente te hacen sonreír y estar agradecido.

            En los últimos 100 metros escuche la razón por la cual estaba abierta la reja: se oía la voz de niños jugando dentro del Colegio Humboldt y, por las expresiones de júbilo, eran menores a los 8 años. ¿Qué hacían niños jugando en la escuela tan tarde? No lo sé, pero no es raro que organicen actividades nocturnas, además los gritos y risas de los infantes sonaban tan animados y tan auténticos que, raro en mí, me pusieron de buenas.

            Ahí me di cuenta que soy feliz de ser vecino de esta escuela: organizan actividades, tienen limpia y cuidada la zona, además de la seguridad privada que indirectamente nos beneficia y son unos vecinos muy civilizados y respetuosos. Además de que, a veces, me regalan sonrisas como la que recibí con las risas infantiles de hoy.

            Mientras abría la puerta de la casa me di cuenta que, en realidad, tengo una buena vida y estoy muy feliz con ella, creo que no siempre la valoro como debería pero, ciertamente, soy muy afortunado en casi todos los aspectos. Y, como regalo final me enteré, en el grupo de Whatsapp de la oficina que ¡mañana hay pastel! En lo dicho, parece que nos pagan por comer pero soy feliz con estos dulces detalles.


            Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 20 de junio de 2014

Eeee ¡PUTO! (dedicado a la FIFA)

            Vaya, dos escritos seguidos sobre el mundial, algo no anda bien con el mundo o, mejor dicho, con mi cabeza. Lo que me consuela es que ambos no hablan directamente del fútbol, sino lo que gira alrededor. Creo que estoy tomando una postura más de antropólogo del soccer: un visor más que un aficionado, aunque a veces me asalta la esencia de ese antiguo autómata pambolero que enterré hace años. En fin, me estoy enfocando más en aspectos culturales humanos que el juego en sí.

Hasta Obama se sintió ofendido
            Pero más que la cultura humana, ahora voy a hablar de la cultura mexicana. Ha quedado claro, en bastantes ensayos, que soy un crítico ácido con las actitudes nocivas, improductivas, gañanes, nacas o poco elegantes que dañan al país y su desarrollo. Me encantaría ver muchas de las acciones civilizadas y desarrolladas, del primer mundo en México, para ser un mejor lugar para vivir con ciudadanos a la altura.

            Ahora, a pesar de todo ello, hay aspectos que por más corrientes que puedan resultar, no puedo censurar, es más, son parte de mí y hasta siento la obligación de defenderlos. Por lo que, al final, parece que sí soy mexicano.
Hasta Ratzinger lo usa

            A media semana, después del empate de México con Brasil, empezaron a rondar noticias sobre una posible sanción al conjunto azteca, incluso se habló de descalificarlo, debido a que su afición insultaba al portero contrario al decirle “¡Puto!”

            Empecemos con una aclaración, en México no hay respeto por nada ni por nadie, no estoy diciéndolo como halago, de hecho ésa es la razón por la cual no hemos desarrollado todo el potencial como país. A pesar de ello, el grito no es un ataque personal contra ningún individuo o grupo de ellos, es más la expresión juguetona de desahogo y provocadora que un afán de insultar a alguien (a excepción del portero rival)

            El mexicano tiene esa cualidad que siempre le he admirado y la cual intento emular (y tal vez deberían copiarla en muchas partes del mundo), ante cualquier situación, ya sea favorable o desfavorable, sabe divertirse. Sólo que el humor nacional es muy “llevado”, inclusive pesado pero, por ridículo que se escuche, inofensivo.

La opinión de Blatter
            Ciertamente la palabra Puto tiene connotaciones homofóbicas, pero éste no es el caso del grito emitido por la afición azteca. En el caló mexicano la palabra Puto también significa “Cobarde”, ejemplos sobran: “¡Órale! No seas Puto y llégale a Juanita”, “El muy Puto huyó”, “Aviéntate del Bungee, ¿o acaso eres Puto?” Es más, estoy seguro que los mismos gays mexicanos no se sienten aludidos cada vez que alguien saca de meta y se emite el grito “eeeeeeeeeee ¡PUTO!”.

A mí no me ofendió la imagen H_H
            Ante esta actitud mustia de la FIFA, los organizadores del mundial y medios de comunicación extranjeros, han salido propuestas alternativas, como que la gente grite “eeeee ¡México!” ¿En serio? Como se notan que no nos conocen como mexicanos. Es más, creo que el gobierno se ofendió más de la foto de Thalia tapando su desnudez con la bandera que por el grito en el Mundial, aunque, la verdad, a mí no me ofende en nada la foto de Thalía (carita de pervertido ==> H_H)

Si la FIFA quiere esto, que espere sentada
            Habrá quien diga también “Bueno, si le quieren decir cobarde al portero ¿Por qué no lo dicen así?” A ver ¿Creen que tiene el mismo impacto decir “eeeeee ¡COBARDE!”  a decir “eeeeee ¡PUTO!” No tiene el mismo efecto ni fuerza ¿cierto?

            Lo que es peor, con todo este tema, la afición mexicana no va a cambiar, al contrario. Yo no me considero (tan) lacra como el mexicano promedio, y al leer los distintos reportes me indigne de que se metieran con nuestra identidad y cultura, al grado que de buena gana iría al estadio y gritaría con toda mi fuerza “eeeeee ¡PUTO!” Ahora, conociendo la naturaleza del mexicano, ¿en verdad creen que se van a contener?

Siento romperte el corazón Pluto
            Tal vez no lo entiendan, pero para la afición mexicana el gritar “eeee ¡PUTO!” es casi tan importante como cantar el Cielito Lindo o gritar el “¡Sí se puede!” inclusive, me atrevo a afirmar, es más importante que cantar el himno nacional.

            Me enoja ver notas mustias como la de que ESPN va a quitar el sonido ambiental cada vez que despeje el portero rival bajo el argumento que “No sabíamos qué decía la afición” ¡No mamen! Ahora resulta que creían que decían ¡Pluto! Ó ¡Bruto! Ó ¡Luto! O lo que ellos argumenten en su mustia defensa. Eso sólo va a ocasionar que caiga el rating de las transmisiones de dicho canal (se los firmo con sangre)

Fue demasiado para el Meta brasileño
            Recuerdo que en el Mundial de Alemania 2006, el último que me tocó como aficionado y del cual ví la totalidad de partidos, el grito de “¡Puto!” fue tan popular que lo empezaron a adaptar otras aficiones cuyo idioma no era el español, ¿La razón? Porque es divertido, es una manera de participar en el juego, de hacer sentir tu voz como aficionado. Cuando un extranjero te pregunta lo que significa y se lo explicas, su primera reacción es una carcajada, porque es un detalle ocurrente, porque el mexicano es creativo.

            Tal vez no esté bien, pero el mexicano es grosero por naturaleza, hay unos que basan su comunicación en puras groserías y habemos otros que las usamos sólo como recurso pero todos, y ahora sí lo afirmo con categoría, TODOS los mexicanos hemos dicho groserías y no sólo una, porque en un país como éste es imposible no desahogarte con mala palabra de vez en cuando al haber tantas razones para emitirlas. Es más, la palabra “Puto” es básica en mi léxico diario, y la utilizo para ciertas personas o situaciones que en verdad lo ameritan que, tristemente, son muchas y variadas a lo largo del día.
Una explicación soberbia

            FIFA podrá descalificar a México, podrá sancionarlo y podría hasta desafiliarlo (que no va a hacer ninguna de las últimas dos por ser una de las selecciones más rentables que tiene) y ni así va a lograr que la afición se calle algo que considera su derecho: gritarle Puto al portero rival. Es un gusto que no tiene igual, y lo afirmó así porque mis últimos años de pambolero todavía me tocó ejercer dicho grito y la verdad es muy divertido hacerlo.

Ahora resulta que no sabían
            Ahí está el punto, el mexicano lo hace por divertirse, no por ofender a nadie más que no sea el equipo rival. Pero, ahora que se han ofendido, es como echarle leña al fuego, porque lo van a decir con más ganas y, de ser posible lo van a hacer con más intensidad y en cualquier oportunidad.
 
            Para cerrar este punto, y por si quieren leer más sobre el tema, ya opine a profundidad de esta tendencia mustia de mostrarse civilizados ante situaciones que no lo ameritan en el enlace “La Mustia apariencia del Nito” y también expresé mi postura ante los gays en la liga “Ni GLS ni homofóbico”.

            Pasión positiva en las tribunas.
Otra explicación

            Recalco lo que expresé en el anterior escrito: no estoy viendo ningún partido, para empezar no tengo servicio de TV (lo activo en Septiembre por la NFL) y tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo.

            Sin embargo, sobre todo cuando voy a comer, he tenido la oportunidad de ver algunos pasajes y hace dos días ví algo que me conmovió mucho. En el previo del partido entre Chile y España se tocaron los himnos nacionales y ¡Qué barbaros los chilenos!

            Como es natural, me he cimbrado con mi himno nacional en algunas ocasiones; la única otra ocasión en la que me sorprendió un himno extranjero fue en mi primer partido de NFL. Pero ahora vi a los chilenos interpretar su himno y se me enchinó (aún más) la piel.

            Vi la pasión, la ilusión y  el amor que expresaban tanto aficionados como jugadores y me sentí muy conmovido, y creo que ése sentimiento lo compartió el entrenador chileno, porque vi cómo se le salían las lagrimillas de la emoción.

Igualito al Grinch
            Es ridículo cómo uno ve esas muestras de patriotismo en una cancha de fútbol y no las puede ver en el acontecer diario de un país (aunque tengo entendido que Chile es un ejemplo en Latinoamérica de civilidad). Ignorando el hecho del marco en el que se dio, la verdad es un espectáculo muy bonito ver a la gente demostrar una devoción tan profunda por su país.

            Memo Ochoa


            Admito que soy fácil y barato, por lo que me dejé comprar con una cemita de milanesa y quesillo, refresco y botana gratis (patrocinadas por nuestro Gerente) para ver el primer tiempo entre México y Brasil ¬_¬U, y como es la tradición mexicana dicta que “A la gorra, ni quien le corra”, me eche los primeros 45 minutos del encuentro.

            Aunque no vi la totalidad del partido, resaltó la actuación del portero Guillermo Ochoa, lo cual para mí no fue sorpresa alguna, porque recuerdo perfectamente sus cagadas, perdón, sus atajadas en innumerables ocasiones cuando jugaba el América contra el Cruz Azul.

            Ya no ví el segundo tiempo, pero leí que la actuación del arquero fue sobresaliente, dando por resultado una cantidad de Memes muy divertidos y que hicieron mi tarde de tantas risas que recolecte.
 
            En un país que casi siempre le ha tocado bailar con la más fea, en donde los gobernantes y los poderosos usualmente han traicionado al pueblo, es un ámbito en donde el hambre por héroes es grande, Memo Ochoa es recibido con laureles. Así que, por lo menos hasta el próximo juego, Paco Memo ha hecho gritar, ilusionarse y reír a todo un país. Y le agradezco por las risas que me ocasionó, aunque no por los gritos, pero eso viene en la siguiente sección.

            Gritos de angustia.
Justo el Meme que buscaba

            Me acabé mi cemita (más media de mi jefa) y ya no encontraba razón para echarme los otros 45 minutos, así que regresé a mi lugar a trabajar, sin embargo eso no fue impedimento para que experimentara el dolor que despertó el juego.

            Como ya explique en este otro enlace, una de las razones para dejar de seguir el fútbol soccer fue la angustia que me generaba, encontrando muy pocas satisfacciones que compensaran tanto sufrimiento.

            Esto lo recordé al escuchar los gritos apasionados y sufridos que se emitían las mujeres de nuestra sala de juntas “¡¡¡Aayyy Nooo!!!” “¡Aaahhh!!” “¡Oohhhh!!” y demás expresiones guturales que me hacían pensar que alguien estaba siendo violada en dicho lugar.

Así los trajo todo el partido
            Es más, sólo de escuchar los gritos me causaba una aprensión tremenda, me sentía preocupado y angustiado, y fue cuando recordé “Si a mí me vale madre el fútbol, ¿Por qué me estoy preocupado?” Y a partir de ahí no me deje afectar por tanta expresión que denotaba sufrimiento.

            Cuando termino el cotejo, me sorprendió que el marcador fuese empate a cero “Por los gritos pensé que habían quedado 7-5” fue lo que les dije, y comprendí que el fútbol proporciona alegrías intensas y los dolores más terribles para los aficionados del mismo. Supongo que yo me pongo igual cuando juegan los Delfines de Miami.

            Por lo menos ya no sufro con el Soccer.

Victorias Americanas

            Ya para cerrar este reporte antropológico futbolero, no puedo negar que me alegra que sigan ganando la mayoría de equipos americanos, con la excepción de Honduras y Ecuador (que perdieron y que se enfrentan entre sí), la mayoría de los equipos del continente han sacado sendos triunfos.

            En especial me dieron mucho gusto las victorias de Chile, Uruguay y Costa Rica sobre los campeones mundiales España, Inglaterra e Italia, respectivamente. Como comente en el escrito anterior, espero que a los equipos americanos les vaya bien (sip, inclusive a los gringos). Además, tengo entendido, que las tres victorias fueron con garra e inteligencia.
La que más gusto me dio fue la del equipo Tico ya que, en el papel, era la víctima de su grupo, integrado por tres campeones mundiales y, al final, ya le ganó a dos de ellos, eliminando al otro sin haber jugado con él.

            Tal vez ya no siga al Soccer pero, creo que más por costumbre y programación, siempre me dará un gusto natural que un equipo americano se corone (sorry a mis lectores europeos, los respeto y, por los mismo, no les voy a mentir). No me importa quién, pero espero que gane un equipo americano.

Gran idea
            En fin, espero ya no escribir sobre este mundial pero, al vivir en un ambiente eufórico en donde no se habla de otra cosa, creo que va a ser poco probable. Mismo ambiente que va a bajar cuando eliminen a México, como es un movimiento natural que viene cada cuatro años, mismo que duele más después de la ilusión que les despierta a los demás.

            “No seas tan pinche pesimista Hebert ¿No ves que ahora sí vamos a ser campeones del mundo?” Es la respuesta que sé que voy a recibir y misma que ya me cansé de escuchar cada cuatro años.

            En fin, el mexicano vive perpetuamente de esperanzas inalcanzables, es el mismo sentimiento que experimento en Diciembre cuando me digo “Bueno, si los Delfines ganan los últimos cuatro y los Patriotas los pierden, podemos pasar a Playoffs” ¬_¬. Así que, por empatía a sus sueños guajiros, los dejo ilusionarse y me quedo con la amargura y pesimismo para otra ocasión.


            Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 19 de junio de 2014

Aunque es mentira

"A veces me gusta imaginar que piensas en mí. Al final sé que es mentira pero, de cualquier manera, es una mentira que me hace feliz" - Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 16 de junio de 2014

La máxima miseria

“La máxima miseria no la sufre quién no tiene dinero, sino quién vive exclusivamente para él” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 15 de junio de 2014

El fútbol y la estupidez humana

            Vaya, yo que había estado echando la hueva este fin de semana, sin ánimo de escribir nada y sólo dedicándome a leer el cuarto tomo de “Juego de Tronos” o a depurar a los que sigo en Twitter (que hay mucha mierda que he ido limpiando), no pensé escribir nada hasta la otra semana. Sin embargo, un grito lejano festejando un gol, que obviamente no es de México, me hizo recopilar toda una serie de pensamientos que he tenido en estos días que han transcurrido del Mundial (por eso me eché este ensayo tan rápido)

            No voy a hablar propiamente de la estupidez que genera el fútbol, porque de eso ya escribí ampliamente en mis primeros escritos. Voy a hablar de la estupidez endémica humana y cómo el fútbol ha sacado a relucir algunos ejemplos, sin que tenga que seguir ningún partido de esta Copa del Mundo de Soccer.

            A ver, ¿Por dónde empezar? Creo que voy a empezar por mí. Cierto, ya no me gusta el fútbol, ya no sigo los partidos y me vale pepino lo que pase, eso a un nivel. A otro nivel, no puedo negar que me gustó que ganara México y que muchos equipos americanos hayan empezado con el pie derecho porque, quiera o no uno, este evento es tan grande que uno se acaba enterando de lo que pasa aunque no quiera, y más en un país tan villamelón como el mío, en donde todos son futboleros cuando les conviene.

            Ok, aclarado el punto. Una cosa es que deje de apoyar a mi país, y otra muy distinta que apoye a otro, se me hace algo ilógico, contranatura, muy estúpido y de muy mal gusto, sobre todo si no tienes ningún lazo especial con esa otra nación.

            ¿Por qué menciono esto? El miércoles, un día antes de la inauguración, ví a un tipo que, por cierto, me cae MUY mal (no lo voy a negar) con todo el atuendo de la selección alemana: gorra, rompevientos, pants y el jersey oficial de los teutones. El tipo soñado, pero creo que yo he de tener más genes alemanes que él (y los que me conocen físicamente ya saben lo ridícula que es esta afirmación).

            Ambos trabajamos en una empresa alemana, misma a la cual le estoy muy agradecido y, por lo mismo, he empezado a valorar a la cultura teutona, tanto en su forma de trabajar como en aspectos positivos de dicho país, y también a conocer los malos y entenderlos; por lo mismo he visitado esa tierra en dos ocasiones (de muchas más, estoy seguro) y me han encantado dichas visitas por la riqueza personal que me han generado, es más, espero tener algún día la oportunidad de trabajar ahí un par de años para empaparme más de su cultura.

            A pesar de todo ello, no me pondría un jersey de Alemania, y en un partido entre los Teutones y un equipo del continente americano, siempre voy a apoyar a los de mi lado del charco (al que sea y más adelante voy a explicar la razón). Una cosa es estar agradecido con una empresa y aprender a apreciar su cultura y otra muy distinta vender tus valores y personalidad. Además los alemanes son una selección tan potente y disciplinada que no necesita el apoyo de alemanes genéricos “wannabe”.

            Podría entender un poco más esta situación si el tipo en cuestión viviera en Alemania, criando una familia, desarrollando una calidad de vida para ellos y que todo lo logrado sea gracias a que está en dicha tierra, pero aun así sólo comprendería su empatía a dicha nación, inclusive su apoyo, pero no a ponerse el jersey de otro país (a menos que te nacionalices).

            Sé que es una pendejada, pero ponerte el jersey de otra nación se me hace de tan mal gusto como una especie de traición a la nación (recalco, sé que es una pendejada, admito mi pecado).

            Esto sólo lo veo a nivel países, a mí no me da ni me quita que alguien se ponga el Jersey del Barcelona, del Real Madrid, de la Juventus, del Manchester United o hasta del Comunicaciones del Guatemala. Los clubes son cosa distinta, porque hay unos cuyo impacto es a nivel mundial. Además, yo no tendría calidad moral para criticar a esos que se ponen camisetas de los clubes, porque a mí me encanta vestir ropa de mis amados Delfines de Miami.

            Pero, creo, una cosa es vestir el jersey del club de tu preferencia y otra muy distinta el ponerte el jersey de la nación a la que pertenece el mismo, chulo me vería yo gritando “U-S-A! U-S-A! U-S-A!” con la casaca gringa cuando debuten en el mundial, me daría pena ajena, es más pediría que acabaran con mi vida por piedad.

            Sin embargo, en un país tan malinchista como México, en el cual muchos buscan(mos) una identidad que nos distinga del resto pero no tanto como para dejar de pertenecer, los ejemplos de “villamelonez” (con Z porque estoy sustantivando un concepto que no creo que exista, así que perdón) extranjera se presentan en cada oportunidad.

            Hubieran visto el fervor con que unos “Españoles” región 4 festejaron el único gol de España en la violada que les propino Holanda. A mí me llamó la atención, pero me acordé que estamos en Puebla y resulta que muchos presumen de tener sangre española por las venas.

            Se me hace algo tan patético escuchar algo así como “Es que me apellido Pérez, ¡ah! Pero no creas que soy cualquier Pérez, porque mis bisabuelos vinieron de Zaragoza, así que mi ascendencia es más pura” ¿Más pura? ¿De dónde proviene? ¿De Carlos IV? ¡No mamen!

            Para empezar, más del 95% de los apellidos en México provienen de España, inclusive mi bisabuelo materno era español y no ando de mamador como otros, y a menos que tu tío sea el recién abdicado Juan Carlos, tu apellido es tan común como el de cualquier hijo de vecino. Otra cosa, tal vez tus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos hayan venido del extranjero pero tú ya no lo eres, eres mexicano y, si no te gusta, ve y saca el pasaporte comunitario al que tengas derecho, pero deja de estar de mamador y tomar pose de “español wannabe” y gritar con fervor lo goles de España.

            Ya hasta de malas me puse con tanta estupidez y/o pendejez humana.

            En fin, cambio un poco de tema.

            La primera vez que escuche la frase “América para los americanos” fue justamente cuando Argentina se coronó en el Mundial de México 86. Ahí me enteré que en los Mundiales que se habían llevado a cabo en este continente, sólo habían ganado los oriundos de este lado del charco, y sólo Brasil había ganado en Europa (si no mal recuerdo en Suecia 58). Hace cuatro años España fue el único otro equipo en coronarse fuera de su continente, ya que Brasil lo volvió a lograr en Corea-Japón 2002.

Antes de continuar, ya sé que son demasiados datos futboleros para alguien que ahora desprecia el Soccer pero el hecho de que ya no lo siga no quiere decir que se me olvide todo lo que aprendí en tantos años de fanatismo. Lo mismo pasa con la religión católica en dónde, muy a mi pesar, acabo ilustrando a muchos “católicos de sociedad” que no tienen ni puta idea de la religión que están profesando.

            Con el paso del tiempo me enteré que dicha frase la había dicho el presidente gringo James Monroe y por “América” se refería a Estados Unidos y por “Americanos” se refería a los gabachos y desde entonces los gringos nos hacen el favor de vivir en su continente ¬_¬U.

            Bueno, sarcasmos aparte, esa postura de “América para los americanos” se me quedó muy grabada en el inconsciente (ya ven que los gringos no son los únicos amaestrados) y desde entonces, en cada mundial y en juegos olímpicos, cada representación del continente americano se llevaba mi empatía, pero ojo, eso no quiere decir que me pusiera sus playeras al momento de las competencias. Y creo que es una actitud generalizada en el continente, en donde nos apoyamos entre nosotros cuando nuestras representaciones han sido eliminadas. Sé que es tonto, porque eso no nos hace ni mejores ni peores, sólo llámenlo un poco de solidaridad americana.

            Sin embargo, creo que también hay límites.

            Entre tanta nota mundialista, me llamó la atención la de un fanático salvadoreño que había asistido a los últimos siete mundiales (incluido éste). Hasta ahí todo bien, aunque el último mundial al que fue el Salvador fue, si no mal recuerdo, España 82. Lo curioso del asunto es que el Salvadoreño iba específicamente a apoyar al equipo argentino.

            ¿Qué? Ok, entiendo que tu equipo no va a estar en un Mundial dentro de muchos años y tal vez no te alcance la vida para volver a verlo en una copa del Mundo. Entiendo que te encante el Fútbol y que vivir el ambiente mundialista te enajene y ahorres para vivirlo cada cuatro años, pero ¿por qué específicamente a Argentina? Todavía lo encontraría más lógico si apoyara a Estados Unidos, país en donde ha hecho su vida (y no dudo que ya tenga la nacionalidad)

Me he enterado de casos de personas que van al Mundial en busca de los mejores partidos o, que comparten mi pensar, y van en busca de los partidos de selecciones afines, pero eso es muy distinto de apoyar únicamente a un país que no es el tuyo, de hacer una megainversión (o megagasto, según la perspectiva) para ver una selección que no es la tuya, a mí me parece muy tonto, pero cada cual su dinero y sus gustos.

            Y creo que no le voy a seguir, porque voy a sacar los temas que salen cada cuatro años, de los mexicanos que venden la casa, el negocio, el coche o cualquier cosa con tal de hacer el viaje, que ponen en jaque el futuro y el de su familia para acabar desilusionados (como cada cuatro años).

Esos mismos mexicanos que ya se están haciendo chaquetas mentales con que le van a ganar al anfitrión en su cancha, sólo por haberle ganado a un mediocre equipo como Camerún. Por una victoria cerrada ya piensan que van a ser campeones mundiales, pero en fin, no los puedo criticar porque yo caía en las mismas actitudes cada Mundial, pero un día me canse de tanto sufrimiento y los mande a la verga.

Mucho de ese sufrimiento me lo regaló el Cruz Azul y, aunque ya tiene años que no lo apoyo, eso no quiere decir que me voy a poner la playera de otro equipo de Soccer (sin importar cuál sea), porque en mí todavía hay algo que en este mundo cada vez escasea más: lealtad.

En fin, cada cual sus traumas, yo he escrito desde los míos y nadie tiene que compartir mis puntos de vista o mis ideas al respecto. Pero es el cristal con el cual identifico las estupideces que ocasiona cada mundial (y las que faltan por vivir porque apenas van cuatro días). Por lo mientras regreso a mi lectura que me da más satisfacciones que las que me daba el Fútbol (y me hace enojar menos).


Hebert Gutiérrez Morales.