sábado, 31 de mayo de 2014

Maleficent (Maléfica)

            A este paso el blog se va a convertir en uno cinematográfico, esto sin contar las películas viejas que ya vi y que sus reseñas las tengo en el tintero. Tampoco, a este mismo paso, van a salir pronto los escritos sobre Berlín, San Francisco y Nueva York.

            En fin, en teoría no voy a volver a ir al cine hasta Agosto y no creo que alguna de la películas que vengan me muevan tanto como para dedicarles un escrito, aunque nunca hay que decir nunca, porque no tenía presupuestado que “Maleficent” (Maléfica) me tocaran tan profundo como para andar escribiendo esto.

            Este ensayo es especial, no sólo porque me tocó muchas fibras, sino porque es el primero que le dedico a una película Disney, y vamos, sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero creí que me iba a estrenar con la versión original de “Alice in Wonderland” pero tendrá que esperar. Como siempre, cuando comento una película, las destripo todita. Así que le recomiendo, si aún no ve dicho filme, no siga leyendo.

            Cuando la vi anunciada, me llamó la atención “¿Disney haciendo una filmación sobre una villana?” eso ya era suficiente razón para animarse a verla, además de que los anuncios gigantescos en Times Square ayudan mucho a que tu inconsciente te obligue a verla (O_ó).

            Algo que me encantó de esta película es cómo redimen la imagen de Maléfica, de hecho inician diciendo “Esta es una historia que tal vez ustedes ya conocen” pero, como corroboramos después, toda historia tiene dos lados que ser contados y, normalmente, detrás de ciertos comportamientos, siempre hay alguna razón.

            Durante décadas vivimos con la creencia que Maléfica era mala “sólo porque sí”, pero cuando atestiguas cómo le rompen el corazón, cómo traicionan su confianza y como quieren invadir su reino, entonces entiendes su accionar. No era algo personal en contra de Aurora, ni algo tan trivial como que no la hayan invitado a una fiesta, había un trasfondo más complejo que simplemente ser mala “porque sí”.

            No siempre tenemos que entender por qué las personas son como son, pero sí saber que siempre hay algo detrás de ello. No siento que haya alguien que sea “malo” sin razón aparente, casi siempre hay una herida, una decepción y mucho sufrimiento detrás de ese comportamiento y, al no encontrar ayuda o apoyo para lidiar con el dolor, uno empieza a generarlo en los demás para tratar de equilibrar las cosas. Ése es un gran mensaje de esta filmación: puedes ver la máscara de una persona, pero pocas veces sabrás que hay detrás de ella y la historia que la tornó así.

            Para empezar enfocaron la obra a la perfección, porque no la hicieron tan rosa pero tampoco tan oscura, en realidad lograron un equilibrio perfecto entre ambos factores, porque así como hay momentos fuertes, crudos y crueles, como también hay momentos de belleza, inocencia y amor profundo.

            Sobresaliente la manera en cómo plantean algo ya conocido desde otra perspectiva y con una protagonista inusual, misma que era netamente villana en la versión original. Me gustó mucho que en ningún momento se exime a Maléfica de la oscuridad de sus actos, pero sí se humaniza al grado de comprender los motivos.

            Como hacen evidente en el argumento, la codicia humana echa a perder todo lo bueno en este mundo, esa necesidad de poder, dinero, influencia y demás cuestiones que enloquece a la gente, acaban por arruinar todo lo bello que puedes encontrar en esta vida. Es como leí alguna vez “Cuando el poder del amor sea mayor al amor por el poder, este mundo será totalmente distinto”.

            Maléfica le dio una lección al Reino vecino cuando, magníficamente cabe recalcar, defiende el Páramo, en una batalla breve pero excelentemente realizada con efectos especiales a la altura de tan buen filme. Lo irónico es que el agresor al final se hace la víctima (todo por haber sido aplastado de manera contundente) y ofrece su reino para quién “limpie su honor”. Lo cual le abre las puertas a la ambición de Stefan quien, cual criatura vil que es, va a traicionar el sentimiento más bello que había conocido Maléfica hasta ese momento: el amor por él.

            La actitud de Stefan es simplemente despreciable porque cambió lo más puro que hay por poder, codicia y su enorme egoísmo. Esto se reflejó en uno de los momentos cumbre: la traición que le propicia a Maleficent, una de las más ruines que se pueden cometer, porque ella lo amaba y él la utilizó sin miramientos y, lo que es peor, la mancilló profundamente en el alma al ultrajarla y mutilarla, mientras ella dormía plácidamente (gracias a la pócima que él le dio). Sin duda una acción ruin como pocas.

            Muchos dirán que tuvo la decencia de no matarla, mi lectura muy personal es que sí le tenía cierto aprecio, inclusive algo de cariño, pero no la mató por cobarde, porque en realidad, imaginando el dolor que le iba a significar a Maléfica su traición, lo más humano y piadoso que hubiera hecho por ella hubiese sido el matarla, pero no tuvo los pantalones para hacerlo.

            Ciertamente el dolor de las alas cercenadas y ausentes era insoportable pero, lo que más hería el alma a Maléfica era la inexplicable traición, el sentirse no sólo rechazada, sino utilizada, engañada y mancillada. Un cóctel de sentimientos que hace que el amor más puro se torne en el odio más violento e implacable.

            Maléfica se refugia en un castillo abandonado cercano, a rumiar su dolor, a tratar de entender lo inexplicable, a escoger el camino que debía seguir. Después de ser heridos en el alma, después de ser decepcionados o traicionados, si no tenemos la suficiente fortaleza o alguien cercano que la tenga y nos apoye, es fácil sucumbir ante el odio y la maldad. Dolor lo tenemos todos, pero cómo lidias con él es lo que dicta qué tan productiva o dañina puede ser tu existencia.

            Personalmente, no juzgo a Maleficent, comprendo a la perfección su accionar y sentir. Los que aman con más pasión también son los que más profunda toman la afrenta de la traición. Cuando se es inocente y empiezas a ver que el mundo no es el lugar ideal para tu limpieza de alma, es más, cuando debido a esa limpieza, se empiezan a aprovechar de ti, es fácil tornar tu existencia oscura, y empiezas a actuar como si la totalidad del mundo fuera como la mierda de personas que te dañó.

            De acuerdo a la cantidad o calidad de las afrentas, empiezas a perder fe en el mundo y guardas lo bello de tu ser “para mejor ocasión”, mientras creas una máscara de frialdad y crueldad más ad hoc para este mundo lleno de traición. Lo malo es que ya no ves quién te la hizo, sino quién te la pague. Aunque, en realidad, también buscas venganza sobre los que tanto te dañaron, pero no quieres que sufran lo mismo que tú, quieres que sufran inclusive más que tú.

La comprendo y empatizo perfectamente, porque me pasó lo mismo en épocas oscuras. Al percibir el mundo feo y oscuro, así tornas tu existencia. Con el tiempo aprendes que el mundo no está hecho para cumplir tus deseos (como ilusamente crees de niño), más bien es una oportunidad que depende de ti para que obtengas lo que anhelas, con un esfuerzo previo y a pesar de los obstáculos que te pongan o se presenten. No es que nunca te vayan a traicionar o a sufrir una decepción o derrota, se trata de saber cómo vas a reaccionar cuando se presenten porque, invariablemente, llegaran en diversas ocasiones a lo largo de tu vida.

La ceguera que le provocó el odio a Maléfica, la hizo ir sobre la hija de Stefan (Aurora) por lo mismo, al ver la desesperación de él, ella misma se regodea y lo hace suplicar por el bien de su hija, todo para cobrarse un poco el inmenso dolor y odio que ella carga.

Al final no es bueno combatir al fuego con más fuego, lo mismo pasa con el odio, ya que Maléfica actuó en consecuencia a la traición de Stefan, por eso se ensañó con él y, a su vez, la humillación que éste recibió de la Hada, hizo que creciera un nuevo odio, más grande y potente, por el ser que alguna vez pretendió amar.

El que Maléfica rodeara el páramo con una muralla de púas es una excelente analogía de lo que llega a pasar con las personas heridas: cierran su corazón. A pesar de que el Páramo es encantador, lo ha sellado con un exterior agresivo, lo mismo llega a pasar con los que a pesar de tener un corazón noble y puro, a causa de las decepciones, lo acaban blindando con una armadura que no invita a nadie a conocerlo. Uno lo hace pensando “Ya no van a entrar, ya no me van a lastimar otra vez” pero, lo que uno ignora es que, a la larga, esa venganza se torna hacía uno mismo.

Sin que ella lo sospechara siquiera, Maléfica empezó a ser enamorada por Aurora desde el momento en que la vio en la cuna de la cabaña donde la escondían. “Shuu, pequeña Bestia” le decía a lo que la pequeñuela contesta con una sonrisa. Después intenta asustarla al gruñirle, sólo obteniendo la extrañeza de la bebé. Nacemos sin prejuicios, por eso Aurora no se espantó debido a su alma limpia. Conforme vamos creciendo aprendemos límites y a temer. Como Aurora no tenía dichas limitaciones, sólo percibía la esencia buena de Maléfica (Esa que estaba escondida bajo su máscara de terror), y por eso reaccionó tan bien ante la Hada.

Una escena que me encantó es cuando, ante la ineptitud de sus madrinas, la pequeña Aurora está llorando de madrugada, así que ante la impotencia, Diaval le lleva un chupón de flor y empieza a mecer su cuna. Y Aurora lo recuerda porque, posteriormente, se pondrá a jugar con el cuervo y hasta hacerle cariñitos. La verdad es que escogieron a una Aurora con tanto ángel (Elle Fanning) que es imposible no quedar prendado de ella, sobre todo cuando sonreía, uno se engancha a esa hermosa sonrisa inevitablemente.

Por cierto, el personaje de Diaval es de los mejores, sin importar que sea secundario, le da un sabor y un toque de comedia sutil, nada escandaloso, al argumento que lo encuentras entrañable y básico para disfrutar de la película.

Una de tantas escenas conmovedoras es cuando una pequeña Aurora, de unos tres o cuatro años, se va acercando a Maléfica sin precaución alguna. Por más que la ahuyenta la Hada, acaba cediendo a la petición de la pequeña cuando le dice “¡Cárgame!” y cuando lo hace, se me inflamó el corazón por tanta ternura involuntaria.

Pero más tierno resulta cuando la pequeña empieza a explorar a su “Hada madrina”, le toca los cuernos, la vestimenta y los accesorios, ante una pasmada Maléfica que no sabe cómo reaccionar, sobre todo a ese sentimiento cálido que estaba surgiendo en su corazón y que desconocía.

Cuando acaba la niña de explorar a su benefactora, ésta la empieza a azuzar “Shu, aléjate pequeña bestia”, pero más por pose que por un auténtico rencor, ése que Maleficent poco a poco dejó atrás.

Por más traumas, enojos, venganzas, rabietas, decepciones, traiciones y demás que sufras, es difícil cambiar la esencia de las personas, al final vamos a seguir demostrandolo que somos. ¿Por qué menciono esto? Porque, a pesar de estar en su papel de mala, Maléfica seguía externando esa parte juguetona, como cuando les hace travesuras a las hadas protectoras, o cuando fastidia a Diaval, inclusive a los soldados del Rey, a los cuales pudo matar y no lo hizo, sólo se divirtió un rato con ellos. A pesar de toda la crueldad, la alegría en su ser se seguía manifestando.

Vemos cómo Maléfica va recuperando su dulzura, producto de ir siguiendo el desarrollo de Aurora. Y ahí es donde la pone a prueba “Vamos a ver qué pasa” dice Maleficent mientras la lleva al Páramo, en una muestra de confianza y hasta de cariño vedado.

Esta acción es como si Maléfica le abriera su hermoso corazón, para ver si la niña era capaz de valorar tanta belleza a diferencia de su padre, que terminó por dañarla. Con esto, Maléfica ha empezado a abrirse para, de nueva manera, amar. Al ver la reacción tan auténtica, tan limpia, tan entusiasmada y tan feliz, Maléfica terminó de enamorarse de Aurora (aunque aún no lo admitía).

Esto resulta evidente en la escena de guerras de lodo, en la cual Maleficent se ve accidentalmente manchada, todos se quedan espantados, pero ella responde pícaramente y continúa el juego. Esta última escena, aunque sencilla, muestra una profundidad sentimental muy fuerte, sobre todo por lo antes vivido, y resulta muy conmovedora y, desde mi punto de vista, vital para la historia.

Paralelamente, mientras Maléfica queda prendada de su hija adoptiva, Stefan está tomando un rumbo oscuro, está obsesionado con cobrarse la afrenta o insulto que le propinó la Hada, se cuece en sus rencores y pierde la brújula de lo que hay que hacer (cuidar a su familia y del Reino), así que se ahoga en sus planes para propinarle un daño mayor a Maleficent.

Al final no lo supo (mejor para él) pero en su actitud tan rencorosamente tonta, Stefan se perdió los primeros 16 años de su hija, toda esa dulzura que disfrutó su archienemiga con la pequeña, él la desconoció y despreció por completo. Perdió 16 años de su vida para prepararse por un único día, mismo que iba a resultar mortal y que, al final, ni siquiera por su esfuerzo fue que se salvó su hija.

Él dirá que todo lo hizo por ella, lo cual resulta una mentira. Tal vez al inicio lo hizo por ella pero, al final, lo hizo por él mismo, por su orgullo y por su honor. Es exactamente lo mismo con muchos del mundo real, mismos que dicen hacer lo que hacen por sus seres queridos, cuando en realidad lo hacen por fines más egoístas.

A pesar de la ira, del odio, del sentimiento de traición y despecho, Maléfica no se cerró del todo al amor. Es por ello que, de manera imperceptible, la pureza de Aurora la empezó a invadir y a llenarle el corazón de esa cálida sensación que nos hace agradecer el estar vivos.

Sin darse cuenta, Maléfica fue sanando sus heridas, fue perdonando a la vida y a sí misma (por sus errores), al mismo tiempo que empezó a cuidar a Aurora, a guiarla, a consentirla y amarla de vuelta. El cariño de Maléfica por Aurora se debe a que la jovenzuela le recordó ese amor puro que ella sentía de pequeña y Maléfica pudo recordar que ella también era capaz de generarlo y darlo.

Mientras Aurora le comparte sus sueños, sus anhelos, su forma tan limpia de ver la vida, Maléfica se ve reflejada en la pequeña, empieza a sentir lo mismo que siente su protegida, lo mismo que ella sentía antes de conocer el dolor. A pesar de saber que el mundo no era tan bonito como lo percibía Aurora, a pesar de conocer la maldición, no podía evitar fascinarse con su hija adoptiva.

Su protectora le habla a Aurora de la maldad que hay en el mundo y que, eventualmente, conocerá; ésta le contesta que, con el apoyo de su “Hada Madrina”, no hay mal que la asuste. En momentos así, cuando vez tanta inocencia de la cual has perdido un gran trozo, cuando recuerdas que tuviste los mismos anhelos y sueños, empiezas a extrañar a tu “yo” del pasado, mismo que estaba lleno de magia y que aún no conocía lo ruin que el mundo puede ser y, en momentos así, te preguntas “¿Por qué no?”

Sólo que ahora sacas tus ilusiones con más precaución, aprendes a ignorar las heridas y los rencores y, por un ser tan limpio que te inspira tanta bondad, eres capaz de superar sentimientos negativos y atreverte nuevamente a soñar. Cuando encuentras a alguien que saca lo mejor de ti, es un momento mágico darte cuenta de cuánta bondad habitaba en tu ser y que habías olvidado.

Maléfica estaba más fascinada por las reacciones de Aurora que la misma chica, por volver a experimentar eso tras tantos años de rencor. Supongo que es lo que han de sentir muchos padres al ver la inocente alegría que llegan a experimentar sus hijos.

Hay un punto donde no puede negar lo que siente, es tan abrumador que se rinde finalmente al sentimiento y Maleficent se hace humilde, se hace buena, y es que ha encontrado algo más valioso que su venganza y que ella misma: su amor por Aurora. Es por ello que intenta deshacer el hechizo, retirar la maldición sobre su hija adoptiva, pero con resultados nulos.

A veces odiamos tanto que lo que hacemos ofuscados por la ira no tiene una solución fácil, es la perfecta analogía que pasa cuando Maléfica no puede romper su propio hechizo. La escena resulta tan bonita, tan enternecedora, tan descorazonadora y tan reveladora de cómo nuestras acciones, en ocasiones, no tienen vuelta atrás.

Es cuando nuestra violencia se vuelve contra nosotros. En su momento, Maleficent pensó que era una venganza contra Stefan pero, al final, fue a ella a la que le pesó más la maldición sobre Aurora que al propio padre. No sabemos qué vueltas da el destino ni tampoco sabemos si lo que es importante hoy lo seguirá siendo en el futuro, o cuales van a ser esas prioridades en los años por venir.

Al paso de los años cuidando a Aurora, Maléfica fue aprendiendo que puedes volver a amar, sin importar las heridas que hayas recibido en el pasado, puedes volver a sentirte vivo. Tal vez no se enamoró de manera romántica, pero encontró un amor aún más grande en la hija adoptiva que encontró, misma que la hizo sentir tan o más viva que cuando estaba con Stefan, con lo que Maléfica aprendió a ser humilde a través del amor.

Cuando Aurora y el príncipe se conocen resulta ser una escena magistralmente bien hecha, percibes el encantamiento a través de los escasos diálogos pero, principalmente, por el lenguaje corporal: miradas, gestos, posturas y demás acciones que revelan ese amor adolescente, ese amor a primera vista que resulta tan lindo y abrumador. Honestamente la dirección y la actuación a lo largo de la película, y remarcado en esta escena, fueron simplemente excepcionales.

En ocasiones, nos enfocamos tanto en nuestra sed de venganza, en la afrenta que nos hicieron que el objetivo principal se pierde y te entregas al sentimiento puro de odio y de cobrártelas, así que el conflicto en sí pasa a ser tu prioridad. Esto lo vimos claramente en Stefan: Maléfica pasó a ser su prioridad y Aurora, su hija, pasó a segundo término. Ejemplo claro cuando su hija regresa al Castillo y él, tras 16 años sin verla, lo más que le dedica es decirle que se veía igual que su madre y ordena, fríamente, que la encierren.

Es increíble cómo encontrar una razón para existir hace que superes incluso tus más grandes miedos o debilidades, esto queda constatado cuando Maléfica va avanzando por la barrera de púas de hierro que rodea el castillo, todo con tal de llevarle la salvación a su pequeña. Esta misma actitud se presentó cuando estaba bajo la red de hierro, rodeada por soldados: no se rindió, y siguió luchando, todo por proteger a su querida Aurora.

Anteriormente, Maléfica no se hubiera arriesgado a ello o, de haberlo hecho, hubiera encontrado fuerzas en el orgullo, en la venganza o en el odio, pero ahora sus motivos eran más fuertes y más importantes que ella misma, por eso sacó fuerza del corazón.

Más que la existencia del destino, que no la puedo negar, es increíble cómo los humanos nos programamos o sugestionamos con ciertas ideas, la mayoría de las veces negativas, esa programación neurolingüística que, generalmente, sabemos aplicar para fines no tan buenos. ¿Por qué menciono esto? Por el piquete de Aurora con la rueca.

Si ella no se hubiera enterado de la maldición, no se le hubiera metido esa idea en la mente y lo más probable es que nada hubiera pasado, PERO al saber de ella, la sugestión y/o enajenamiento fue profundo, al grado que ella misma se provocó el piquete de manera inconsciente.

Esa voz “malévola” dentro de la cabeza de Aurora, no era otra que la de ella misma repitiendo la idea de lo que NO debía hacer pero, como el inconsciente no reconoce la palabra “no”, pues lo que evitamos es lo que más acabamos haciendo. Todo se resume en esa actitud humana osada que nos dicta al interior “Sé que no lo debo de hacer, PERO hagámoslo de todas formas, a ver qué pasa”

Cuando Aurora pasa a ser la Bella Durmiente, Stefan se enoja con las hadas madrinas, pero no porque su hija esté en un sueño casi mortal, sino porque ha perdido el round contra su enemiga, y por eso se enfurece. No reacciona con amor o dolor a que su hija está hechizada, reacciona con furia por no haberle ganado a Maléfica.

Aurora pasó de ser el motivo principal a un vil pretexto, como un accesorio o justificación en su batalla contra Maleficent, su principal objeto de deseo con el fin de lograr su venganza tonta.

Eso es muy común en los humanos, en ocasiones nos enfocamos tanto en conseguir algo que, en teoría nos va a hacer inmensamente felices, que nos perdemos y enajenarnos. Inclusive llegamos a ignorar otras opciones más a la mano, que son más fáciles e igual de productivas para nuestra plenitud. Es lo que le pasó a Stefan, mismo que perdió a su esposa, a su reino, a su hija y la vida misma.

Me encantó el mensaje que dieron cuando el Príncipe besó a la Bella Durmiente y ésta no despertó. Claro que fue amor a primera vista, pero ése puede ser tan efímero que no siempre es real.

Momentos antes Maléfica le dijo a Diaval “Te lo dije” al referirse a que el verdadero Amor no existía, pensamiento que también compartía un amargado Stefan. Lo que no sabía Maléfica es que ya le habían enseñado el verdadero amor.

El verdadero amor, el que perdura, es el mismo que se forjó a través de los años, como el que Maléfica sentía por Aurora, a quién prácticamente amó desde la cuna y su sentimiento era tan grande y auténtico que fue su beso de amor madre-hija el que la despertó.

Ojo, no pongo en tela de juicio el amor del príncipe, inclusive puede a llegar a ser tan grande como el de Maleficent pero, como vimos en el caso de Stefan, no hay garantía de que así acabe la historia.

Por cierto el breve, pero sentido, discurso que le da Maléfica a su protegida mientras dormía es de lo más bello que uno puede escuchar, no tanto por las palabras (que también fueron significativas), sino por el sentimiento tan profundo con el cual fueron dichas, con el amor y arrepentimiento tan grande que el dolor es inimaginable por parte de la Hada arrepentida. Maravilloso momento.

Al final de la batalla, Maléfica entendió el círculo vicioso de venganza y odio que había creado con Stefan, por lo que le puso un alto, porque entendió que eso los estaba matando a ambos, “Se acabó” le dijo a su antes amado. Cuando uno está en esas dinámicas enfermizas que no tienen fin, es sano decir “Aunque soy parte de esto, ya no lo quiero, ya tuve suficiente, reconozco mi parte y doy por terminada la afrenta”

 Sin embargo, Stefan no lo entendió porque la venganza se había convertido en su razón para existir y, al final, por estar tan enfocado en su cruzada, acabó perdiendo todo, inclusive la vida, pasando por su cordura. Acabó en una pose de “mueres o muero”, porque en su obsesionada mente no cabía una realidad en donde pudiera coexistir en paz con su otrora amada.

Y es que Maléfica encontró algo más valioso que su odio y su herido ego: el amor auténtico de Aurora, ése mismo que por derecho le correspondía a Stefan, pero éste no supo distinguir las auténticas prioridades y, al final, eligió a su venganza, mismo que terminó por matarlo.

El que Maléfica cediera su reino a favor de Aurora es un claro mensaje de cómo Maleficent renunció abiertamente a su ego en favor de su amor, porque Aurora le es más importante que el ser llamada Reina. Es el recordar cómo nacimos siendo puro amor y el ego vino después. El ego lo vas adquiriendo con las afrentas, las traiciones, las decepciones, los miedos y demás cosas que no podemos evitar, pero sí podemos ver cómo nos van definiendo.

El alma de Maléfica era pura, después se envenenó con la traición de Stefan pero, para su fortuna, éste mismo le regaló el motivo para salvar su espíritu. Y es que, aunque Stefan no la hubiese traicionado, Maleficent nunca hubiera sido tan sabía ni tan consciente como lo fue al conocer a Aurora.

Al final, Aurora no tuvo el chance de salvar a su padre pero, sin proponérselo, salvó el alma de Maléfica, al agobiarla con una dosis inmensa de amor puro. Maléfica acabo sucumbiendo a dicho amor mientras Stefan sucumbió a la codicia, a la venganza y al ego.

Me encanta que Disney evolucione y tome esta postura de “humanizar” a sus personajes, que no son buenos o malos “porque sí, porque así nací, porque es mi destino”. Cada persona tiene su historia y, antes de juzgar, hay de tratar de ser empáticos y conocer los motivos de cada cual.

La película inició con una leyenda, de que ambos reinos iban a ser unificados por un gran héroe o por un gran villano. Cierra el relato de una vieja Aurora admitiendo que Maléfica fue ambos para el Reino. Este mensaje me encantó, porque nadie puede ser bueno todo el tiempo ni tampoco malo pero, dentro de las distintas tonalidades de grises, sí podemos ser productivos sin dejar de ser humanos, sin la necesidad de ser perfectos, con la posibilidad de ser reales.

Y ése es el mayor mensaje de esta filmación, porque puedes hacer grandes cosas sin tener que ser alguien impecable e increíble, solamente siendo fiel a tus principios y sentimientos puedes llegar por el camino correcto. Todos tenemos derecho a errar, a equivocar el camino, e incluso a dejarnos consumir por nuestros miedos y odios pero, al final, siempre tendremos la oportunidad de redimirnos, de encontrar caminos alternos para sanar el daño que nos hayan o que hayamos hecho.


Hebert Gutiérrez Morales

viernes, 30 de mayo de 2014

Descorazonador

"Resulta descorazonador que algo que alguna vez te lleno de alegrías e ilusiones ahora te llene de tristezas y pesar" - Hebert Gutiérrez Morales

jueves, 29 de mayo de 2014

Las calaveritas sorientes

Mi amiga Manuela y mi corbata de Calveritas
Los protagonistas del diálogo
Llega Manuela a saludarme, le llama la atención mi corbata de calaveritas sonrientes y me dice:

M: ¿Escoges el atuendo de acuerdo a tu estado de ánimo?

H: Nop, lo pongo desde la noche anterior

M: Pero ¿Cómo puedes saber tu estado de ánimo una noche antes?

H: Fácil, soy Hombre

A lo que sólo siguió la carcajada honesta de Manuela antes de responderme

M: Tienes razón, ojalá yo también fuese Hombre.

;-)

domingo, 25 de mayo de 2014

X-Men: Days of Future Past (Días de un futuro pasado)

            Vaya, con lo atrasado que voy en mis escritos y, de manera sorpresiva, me encuentro escribiendo sobre esta película que recién acabo de ver, la maravilla conocida como “X-Men: Days of Future Past” (“X-Men: Días de un futuro pasado”). Pero me alegra tener este motivo para escribir porque, según mi (no tan) humilde opinión, son los ensayos que mejor me quedan porque son los que más disfruto.

            Como siempre que escribo sobre películas, les advierto que la vean antes porque destripo sin cuidado todo lo que me llamó la atención del filme. Y, como es común con mis héroes, también les advierto que mi cuestionable objetividad se va a tornar aún menos creíble, dada mi gran afición por los Mutantes de Marvel.

            Una vez expresadas las debidas advertencias, comienzo con una queja. Como me gusta iniciar en orden cronológico, voy a comentar algo que ya quería expresar desde hace tiempo y que se dio antes del inicio de la película.

            Extraño los días cuando uno se sentaba libremente en la sala de cine, privilegiando a los que llegaban temprano con los mejores lugares. Esta cuestión de justicia cinéfila se vio anulada y prostituida una vez que Cinépolis te numera los asientos y te coarta esa libertad.

            Pero vamos, como normalmente voy en horarios poco concurridos, dicha situación no suele ser un problema para mí, al ver las funciones en salas prácticamente vacías. SIN EMBARGO, ayer me pregunte ¿Dónde quedó la etiqueta cinéfila al momento de seleccionar lugares?

            Así como cuando uno va a los mingitorios, si ve uno ocupado, pues educadamente vas y dejas uno vacío entre ti y el otro usuario, esto para respetar su espacio personal. ¿A qué viene todo esto? Me explico.

            Al llegar a la sala, vi a otros sujetos que iban solos, uno de ellos estaba sentado una fila frente a mí. De pronto veo que llega una pareja y se van a sentar justo al lado de él, sin dejar ni un espacio libre, lo cual me pareció poco cortés (sí, lo sé, mi lógica está algo retorcida). Al minuto llegan dos chicas, se meten en mi hilera, ¡y se sientan justo a mi lado!

            ¿Perdón? Habiendo tantos lugares vacíos en la sala ¿Se tenían que venir a sentar justo junto a mí? ¿Acaso era mucho pedir, por lo menos, un lugar libre para respetar mi espacio vital? Sé que debería ir a Cinemex en lugar de Cinépolis, ya que ahí no numeran lugares y aún eres libre de escoger tu asiento sin restricciones, lo malo es que los más cercanos, y que hasta descuento me hacen, son los de Cinépolis (así que ya escogí mi veneno)

En fin, paranoias aparte, no pasó a mayores, no resultaron molestas las muchachas y el detalle no me impidió disfrutar de este gran filme, sólo quería desahogar mi parte paranoide antes de iniciar a comentar propiamente el film (gracias por servirme de terapeutas ¬_¬U).

            Ok, ahora sí.

            ¿Cómo sé que esta entrega de la saga de los X-Men es buena? Por las altas expectativas que tenía con ella. De hecho tenía el recuerdo reciente de X-Men:First Class, así que esperaba algo igual o mejor que dicha entrega y, felizmente, no me decepcionaron, y eso ya se ha vuelto difícil porque, a últimas fechas, me he vuelto un mamón de primera. Bryan Singer ha demostrado ser el director ideal para las películas de los Hombres X

            Ciertamente hubo muchos cambios respecto al Cómic, en donde Kitty Pride es la que hace viajar su consciencia al pasado, además el asesinato original se daba en la Casa Blanca, Mystique sólo era la asesina, pero nada tenían que ver sus genes con los Centinelas y, según recuerdo, no iban sobre Trask sino sobre el Senador Kelly.

            A pesar de los cambios contra la historieta, la película no tiene desperdicio alguno, inclusive es mejor que el cómic (obviamente la historia luce más en la pantalla, con producción millonaria y en época más moderna). Aunque se respetó la esencia del argumento.

            Y por fin aparecieron los Sentinels (Centinelas) en papel protagónico y están MUY bien hechos, totalmente distintos a los del Cómic, pero muy adaptables (como fue el modelo Nimrod, del cómic).

La primera batalla con la que abre la película es muy buena, me emocione al ir reconociendo a Bishop, Shadowcat, Iceman, Colossus, Warpath y Sunspot (mmhh . . . creo que empiezo a explicarme por qué no tengo novia -_-). A la que no reconocí hasta que mencionaron su nombre fue a Blink, y es que ya no me familiaricé mucho con ella antes de dejar de comprar regularmente los cómics, ¡pero fue una de mis favoritas!

            La verdad quede prendado de ella, tanto por su apariencia como por la creatividad para utilizar sus poderes. Creo que es la primera vez que me atrae una actriz china, en verdad ame a Blink en las pocas escenas que tuvo. Es por eso que cuando la mataron en la primera batalla (y también en la última) me resultó muy doloroso.

            El otro personaje que literalmente ame fue Quicksilver, mismo que se mostró con una desfachatez encantadora, un cinismo cautivador y una actitud despreocupada. La verdad es que el hijo de Magneto se pudo haber llevado la película de haber tenido una mayor participación. Aunque sí resultó toda una sorpresa porque en el comic normalmente tiene un genio muy explosivo y no goza del mejor humor en el universo Marvel, así que esta versión de Pietro Maximoff sin duda me gustó más.

Los breves momentos que tuvo el vástago de Erik resultaron en exceso emocionantes y divertidos, en especial cuando salva a sus compañeros de la balacera en el Pentágono (escena excelsamente realizada y muy graciosa, en especial con sus muecas y la música de fondo). El buen Pietro no sabía que estaba rescatando a su papá porque, de haberlo sabido, dudo que hubiera cooperado de tan buena gana.

Me alegra que vamos a ver más de él en la siguiente película (X-Men: Apocalypse) y espero que su contraparte adulta mantenga esa personalidad en la secuela de los Avengers (de la cual se vio un avance al final de Capitán América y el Soldado del Invierno).

Ciertamente el papel de Mystique incrementó su importancia en esta entrega, desde cómo ayuda a los mutantes a huir en Vietnam (incluyendo una breve aparición de Havok) hasta cuando ingresa a la oficina de Trask y se pone a llorar por el asesinato de sus otrora amigos (casi todos los de la entrega anterior). Mystique no es la “mala” de la película, simplemente está viendo por el bienestar de su especie, sobre todo ante la amenaza que se cierne sobre ellos. Está justo entre la mitad de Xavier y Magneto, y no sólo sentimental sino ideológicamente.

El diálogo/pelea en el avión entre Charles y Erik es muy emotiva, empezando por las recriminaciones de Xavier a Magneto, lo que provocó  la reacción tan pasional de Erik (que casi les cuesta el avión) en la que Magneto se la devolvió a Xavier: “Tú fuiste el que nos abandonó, ¡abandonaste a tu raza!” ¡Wow! Bien hizo Charles en quedarse callado, porque Erik tenía razón, él había sido cobarde y le dio la espalda a los suyos por su estúpida depresión.

Después de la tormenta vino la calma, los diálogos subsecuentes no fueron tan pasionales pero no por ello dejaron de tener importancia, como el que sostuvieron Magneto y Wolverine sobre sus peleas y su tendencia a sobrevivir, o la charla previa a jugar ajedrez entre Xavier y Magneto, misma que sirvió para limar asperezas y unificar (temporalmente) objetivos.

La pelea en París entre los Mutantes fue muy buena, tal vez no la mejor de la filmación pero la manera en la que la ambientaron, al puro estilo setentero, hace memorable dicha secuencia. Ahora, no quiere decir que la acción no haya valido la pena, fue muy buena escena, PERO hubo otras que la superaron, y esto es debido a la gran calidad y cuidado con la que hicieron este filme. Además, la forma en que lo presentaron sirvió para dar a conocer a los Mutantes de manera pública al mundo.

Tal vez en una escena/diálogo no muy relevante, pero que me encantó, fue la interacción entre Raven y la enfermera francesa “Imagínate verte al espejo a diario y encontrarte con tan monstruoso exterior” a lo que Mystique responde “Sí, puedo imaginarlo”, lo cual nos demuestra una Raven más madura respecto a su apariencia, esto a comparación de la película anterior.

Sin duda las secuencias de acción son maravillosas pero a mí me llenaron más los diálogos, mismos que lograron equilibrar a la perfección el aspecto histriónico y el aspecto físico de manera sobresaliente.

Comento esto porque vinieron tres diálogos muy importantes para la trama. Primero cuando Logan convence a Charles de que asuma la responsabilidad de sus poderes, a pesar del dolor que esto le ocasiona, a lo que Xavier empieza a tomar esa actitud madura que le conocemos y deja a un lado el falso alivio para asumir sus poderes y utilizar a Cerebro.

El segundo diálogo es cuando Wolverine se reconoce como el menos indicado para guiar a Xavier, pero le empieza a comentar como el mismo Charles lo guio a él en sus momentos de perdición y dolor, y le sirve de pretexto para que rasque en su mente y encuentre las respuestas que busca, primero a través del dolor de Wolverine y después de su propia historia.

Y el mejor diálogo de toda la película, a mí gusto, fue el que Charles Xavier (versión 1973) sostuvo con Charles Xavier (versión 2023). El diálogo fue breve pero muy sustancioso y extremadamente conmovedor, por lo que mis lágrimas corrieron generosamente (y hubieran salido más, pero estaban las chicas de al lado que no saben respetar la etiqueta de los cines ¬_¬).

Me encanta la madurez que asume el Xavier viejo con su versión joven “El hecho de que alguien haya desviado el camino no quiere decir que no puede retomarlo” en respuesta a la frustración del joven quien está desesperado por no recuperar sus poderes al nivel anterior.

Además es fascinante cuando le dice que no es que sea incapaz, simplemente tiene miedo, por el dolor. “Pero cuando aceptamos y arropamos ese miedo, cuando lo dominamos a pesar del dolor, eso nos hace más fuertes”, ahí me estaba triturando un diálogo que parecía dirigido a mí (y por eso más profundamente me llegaba).

Y para cerrar tan magnífica plática le dice “El súper poder que necesitas para salir adelante está presente en cada ser humano: Esperanza” ¡Madres! Ahí me acabó de matar Charles Xavier, me sentí cucaracha, me di pena a mí mismo. Su discurso fue tan bonito, honesto y conmovedor que no pude contener más las lágrimas, la sabiduría y/o madurez expresadas le dieron una bofetada a mi soberbio ser.

Esperanza, una bonita palabra, un idílico sueño, un concepto que he tratado de extirpar de mi ser desde hace años pero, tarde o temprano, vuelve a resurgir en mi persona. Al final soy un simple humano con aires de grandeza que pretende alcanzarla por caminos distintos a los que me convendría transitar. He sido tan soberbio, egoísta y arrogante como el Xavier de 1973, por eso recibí las palabras de la versión 2023 tan directa y dolorosamente.

Creo que ahí radica la grandeza de los X-Men, que saben aprovechar esa vena de incomprensión que sentimos cada humano sobre la faz de la tierra, ese sentimiento de no ser aceptados como somos, esos miedos y dolores que te causa tratar adaptarte a un mundo que quiere que seas distinto para poder aceptarte; esa traición que muchos comenten al contrariar su esencia con tal de encajar en un mundo que nunca te dejará de fastidiar por ser diferente. Ahora entiendo por qué siempre me han fascinado los X-Men, mis segundos héroes favoritos (detrás de Spider-Man, obviamente).

Otra maravilla de escena es el diálogo que Charles sostiene con Raven a la distancia, valiéndose de cada pasajero disponible alrededor de ella. La dirección en esta escena fue genial, así como la forma en que Jenniffer Lawrence la actuó. Aunque aún no acabo el texto, me pongo de pie y aplaudo a todos los que se involucraron en la película porque inclusive las actuaciones, mismas que no son tan básicas en un filme de acción y/o de súper héroes, fueron de alta calidad.

Hay un punto en el que Hank les dice a Logan y Xavier que las cosas tienen que suceder como tienen que suceder y que, tal vez, su destino sea ser masacrados por los Centinelas, pero ahí es donde Xavier recuerda sus palabras de su contraparte futura y se niega a tomar un destino predeterminado sin haber luchado antes por él ¡Bravo por Xavier! Te admiro y sé que puedo emular en esa valentía que anhelo poseer.

Mientras se trasladan a Washington, Logan le pide a Xavier que no desista de su sueño, que haga todo lo posible para juntar a los X-Men, incluidos a Storm, Cyclops y Jean, ya que es importante para cada uno de ellos. Tal vez Wolverine no sea el personaje más sensible de la saga de los X-Men ni este su diálogo más profundo, pero sí fue lo bastante convincente para que Charles dijera: “Haré mi mejor esfuerzo” a lo que Wolverine responde “Con eso me basta”.

Desde la película pasada me había quedado claro que Magneto no es un villano, sino un idealista, alguien comprometido con los suyos que hará lo necesario para hacerse de su lugar en el mundo, ése mismo del cual lo quieren extirpar.

Dicho en otras palabras, y confirmando lo que exprese en el escrito pasado, Magneto es mi héroe y, si fuese mutante, sin duda estaría de su lado. Entendí su postura de intentar matar a Mystique por el bien de su raza (y no lo niega ante ella, a pesar de que podía ser herido). Es alguien congruente, que actúa de acuerdo a sus valores e ideales, con tácticas más directas que las de Xavier y lo admiro por ello. Usa su mente brillante para infiltrarse en los Centinelas y planear el timing necesario su espectacular entrada: llevándose un estadio de por medio. La verdad es que el poder de Magneto se incrementó bastante desde la entrega pasada.

Y antes de seguir, también quiero reconocer los momentos de comedia que fueron magistralmente insertados en la historia. Esos mismos que se aprecian profundamente sobre todo al ser una película de acción, saltándonos la parte de Quicksilver (que fue una magnifica por sí sola) y remarcando que no hubo cameo de Stan Lee, reí cuando Xavier le dio un puñetazo a Magneto justo después de admitir que estaba contra la violencia, también me sacó una sonrisa cuando Wolverine pasa por el detector de metales y se extraña de que no haya reacción (tantos años con el adamantio lo acostumbro a lo contrario), o Bestia preguntándole a Logan si sobrevive en el futuro (y recibe un “no” sincero) o al inicio, cuando Xavier le pide paciencia con su versión pasada y Wolverine admite que no es ésa su mejor virtud. En fin, personalmente, siempre valoraré los momentos cómicos en estas películas, me hacen la experiencia más deliciosa.

Mientras tanto, en el futuro, se da la batalla máxima contra los Centinelas, docenas de ellos, de hecho la escena en la que llegan te pone la carne de gallina. Pelea épica que te emociona hasta el fondo de tu ser. Son tantas las muestras de heroísmo que te agobia tanta valentía por parte de los mutantes. Desde las demostraciones tan imponentes como las de Storm y Magneto, que entre los dos acabaron con una buena parte de los robots, hasta las más pequeñas pero eficientes, como la coordinación que tiene Blink con Coloso, Bishop o Warpath.

Viendo la fuerza de los Centinelas, sabes que no pueden ganar pero, inspirados un poco por el discurso de Xavier, por un momento piensas lo contrario . . . . hasta que empiezan a caer los Mutantes, empezando con Tormenta que fue acuchillada, Coloso que fue destrozado al igual que Sunspot y Warpath. Blink, una de mis favoritas, hizo todo lo posible y utilizando un poder no ofensivo, despliega toda su creatividad para defenderse pero, al final, también muere dolorosamente.

Ya sólo quedan Iceman y Magneto para defender a Shadowcat y Xavier, quienes protegen el cuerpo de Wolverine. Bobby hace lo que puede pero, de igual forma, muere heroicamente. Magneto se despide de su gran amigo Xavier, a pesar de todo lo que han pasado, de todo lo que han luchado, en el fondo se quieren mucho, y lo captas en ese apretón de manos tan íntimo como triste, justo antes de que Magneto feneciera.

Cada muerte te duele, tanto por heroica como por empática, sin importar que el enemigo sea superior, los mutantes hacen todo por proteger su objetivo, una clase de valentía que se va perdiendo en un mundo real, en donde todo tiene un precio y los valores valen menos. Por eso, aunque sean ficción, siempre me sentiré muy apegado a los X-Men, por recordarme todo aquello que podemos ser como humanidad y que, tristemente, cada vez nos alejamos más de ello.

Simultáneamente, volviendo a 1973, Magneto ha dejado claro su poder y da un discurso muy inspirador a sus congéneres mutantes “Ya no se escondan, salgan a tomar su lugar en el mundo”, mientras muchos de ellos escuchan y entienden la postura del amo del magnetismo.

Irónicamente, la que originó toda esta saga es la misma que la va a acabar resolviendo: Raven a.k.a. Mystique. De no ser por su acción al transformarse en el presidente, de no ser porque abrió los ojos justo en el último momento, se hubieran fastidiado las realidades mutantes, tanto la pasada como la futura. Al final se dio cuenta que su visión estaba tan nublada por la venganza como la del propio Magneto y ahí entró en acción.

Al final Mystique logra evitar la producción en serie de los Sentinels, como era su objetivo en un inicio, pero logró algo más: el reconocimiento de que hay mutantes tanto buenos como malos, al igual que humanos, ante las cámaras de TV. Justo la que más se resistió a seguir los ideales de Xavier, fue la que más contribuyó a ello. Y, aunque no de la manera violenta que pretendía, al final obtuvo su objetivo, pero de una forma más productiva tanto para ella como para su raza.

Pasando a Xavier, en un gesto más de amistad que de justicia, deja partir a su amigo, en lugar de que lo atrapen. Sabe que los humanos no serían justos con él y prefiere lidiar con Magneto en el futuro a que lo encarcelen indefinidamente.

Logan se despierta en un futuro utópico, en donde ve a los alumnos ser felices y plenos en la escuela de Xavier, viendo amigos alguna vez muertos e inclusive a su difunto amor: Jean. Cuando se acerca a ella, uno no puede evitar emocionarse pero, como él mismo dijo entre comedia y frustración “Hay cosas que nunca cambian” mientras se encuentra con que ella aún está al lado de Cyclops.

Muy bonito final, en el que Xavier le va a explicar a Wolverine todo el cambio que se dio gracias a sus acciones en el pasado, todo esto mientras vemos cómo fue rescatado de morir ahogado por Mystique (disfrazada de Stryker) lo que va a dar paso al proyecto Arma X en donde Logan va a adquirir su esqueleto de Adamantio.

Pero, como se ha hecho costumbre, hay un pequeño avance al final de los créditos, y ahora sí nos la aplicaron, porque está HASTA EL FINAL de los créditos, y no de la primera parte como usualmente hacían.

Vemos a los seguidores de Apocalypse, mientras a lo lejos vemos a sus cuatro jinetes, esto en un adelanto de lo que veremos en el 2016 (los que lleguen o lleguemos) en la secuela “X-Men: Apocalypse”, misma que la va a tener muy difícil, por el alto Standard que están manejando las películas de los X-Men en sus más recientes entregas.

Como casi siempre, al tratase de Súper héroes, mi niño interno quedó muy feliz con esta película, pero también quedo satisfecho el adulto. Marvel ha hecho un gran trabajo al imprimirle ese factor humano a sus argumentos, un toque de realismo que lo agradeces mucho al sentirte más cercano a las historias.

Algo que también es de reconocer en este filme es que en realidad no hay “malos”, ni siquiera Bolivar Trask, porque él mismo admite que no odia a los Mutantes, al contrario, que los admira. Pero, al igual que Magneto, tiene que ver por la preservación de su raza, y hace lo que él cree conveniente para su objetivo. En la vida hay muchas personas que se contraponen a tus objetivos, pero no porque te odien o sean “malos”, sino porque hay tanta diversidad de formas de pensar, que siempre vas a encontrar a alguien que busca exactamente algo distinto, y no por ello es “malo”.

Vemos a héroes con sentimientos y defectos humanos y que, a pesar de ello, siguen peleando. Y ahí confirman lo que dijo Xavier: “El principal poder de la humanidad es la Esperanza”. De fantasía o no, estos filmes te motivan, te hacen sentir inspirado para hacer tu máximo esfuerzo con o sin súper poderes porque, al final, la batalla que libres está acorde a tus posibilidades y sólo depende de ti la sensación después de ella.

No digo que sólo de ti depende ganarla, pero hasta una derrota es fácilmente aceptable cuando sabes que hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para evitarla, como nos lo demostraron los Mutantes en la última pelea con los Centinelas del futuro, a pesar de saberse inferiores y condenados, no dejaron de luchar en ningún momento y murieron con la frente en alto.

Por eso amo a los X-Men porque, más allá de sus poderes, son más humanos que muchos de nosotros. Porque se arriesgan ante un mundo que no los acepta y, a pesar de ello, siguen fieles a sus valores.

Seguiré peleando para ser como los X-Men: fiel a mis valores, aprender a no rendirme y, sobre todo, aprender a tener esperanza y reconocerme como humano.


Hebert Gutiérrez Morales.