viernes, 21 de marzo de 2014

Identidad, amor y clanes (Parte dos)

"No hay estupidez más grande que extrañar a alguien que (probablemente) ni piensa en ti pero, en ocasiones, uno no puede evitar pecar de estúpido" - Hebert Gutiérrez Morales

            Me había prometido ya no volver a tocar este tema pero, como le escribí a mi Musa en el penúltimo ensayo que le dedique: “parece que los humanos no estamos hechos para cumplir promesas, sino para romperlas”.


            ¿Por qué demonios estoy escribiendo esto? Es algo tan inexplicable como las lágrimas que estoy derramando en estos momentos, mismas que me hacían falta (que me hacen falta) lágrimas que anhelo con locura, que me han abandonado cuando más las necesito, lágrimas imperativas para desahogar todo eso que está dentro de mi pecho, todo el amor contenido que, si no logro soltar, se va a empezar a podrir en mi ser y me va a envenenar de manera mortal (Que es lo que merezco y deseo).

            Justo una semana después de que publiqué “La importancia de llorar”, mi Schatzie y yo retomamos el contacto y de ahí viví uno de los meses más maravillosos de mi existencia, porque lo pase a su lado, parecía que por fin iba a lograr esa anhelada relación pero, al final, no fue así y todo terminó.

            Ya han pasado casi dos meses desde la última vez que nos comunicamos: cuando nos despedimos. ¿Saben? Ya ni siquiera cuestiono el por qué no se dio, ésa última vez me quedaron claras muchas cosas, y ella tiene derecho a hacer las elecciones que mejor le parezcan. Respeto su decisión, comprendo sus razones, sé que no puedo obligar a nadie a sentir lo que no le nace y, a pesar de todo, la extraño, tanto que ni siquiera puedo describir mi dolor.

"I know someday you'll have a beautiful life,
I know you'll be a star in somebody else's sky, but why
Why, why can't it be, can't it be mine?" - from the song Black (Pearl Jam)

            He intentado de todo en estas semanas: terapias alternativas, terapias tradicionales, comprar, viajar, ver series, ver películas, meditar, platicar con amigos y todavía me faltan muchas otras acciones por hacer pero, al final, la sigo extrañando.


            Recientemente empecé a ver el anime de “Nana” mismo que me ha ayudado un poco a desahogar porque, a pesar de ser una historia ajena a mí, me identifico con muchos de los sentimientos ahí expresados y me están desenredando el embrollo que tengo en el pecho (en una ocasión futura escribiré sobre tan maravillosa animación).

            También he notado que me he enganchado a un par de cantantes jóvenes. Desde hace años no me interesa la música nueva o moderna pero, por alguna extraña razón, he quedado prendado de Lorde y Taylor Swift ¿Por qué? Tal vez porque me nutren de esa dulzura que recibía de mi Musa.

            Extraño esa voz que me deleitaba los oídos y me alegraba el alma, extraño esos hermosos ojos, los más bellos que he conocido y esa sonrisa tan perfecta que me hacía dar gracias por haber nacido. Sin embargo, la decisión era necesaria, porque al final la relación no era vista de la misma forma desde su perspectiva, a la larga sólo podíamos lastimarnos al esperar cosas distintas del vínculo. Sé que nuestras metas no compaginan pero, a pesar de todo ello, no impide que la extrañé con todo mi ser.


            ¿Por qué estoy continuando el escrito de “Identidad, amor y clanes”, mismo que escribí en el pleno apogeo de mi enamoramiento? Porque ahora todo ha cambiado y mi vida como la conocía ha terminado. De hecho lo sabía, desde el momento en que ella me fulminó con la mirada, sabía que ya nada iba a ser igual, y aun así me aventé al vacío sabiendo que podía ser el fin de todo. Y, a pesar de todo, me volvería a aventar.

“ - 'Esto también pasará' - dice la cabeza mientras el corazón llora inconsolablemente esperando que sea verdad y que no muera antes de tristeza" - Hebert Gutiérrez Morales.


            Cuando la vi por primera vez, no lo sabía, pero me robó el corazón, uno que creía ya no tener, uno que había dejado de latir con intensidad, uno que (silentemente) se había recuperado tras años de tranquilidad, uno que dejó de pertenecerme desde ese momento y uno que ya no me hace más falta. Por unos meses me sentí menos solo en el mundo, porque creía haber encontrado la cómplice perfecta para mis proyectos y yo quería ser el de ella para los suyos.

            Es redundante expresar que estoy sintiendo el mayor dolor de mi existencia, pero ahora el daño es mayor, la herida caló profundo esta vez, y es que ha triturado conceptos y anhelos que acarreaba desde mi niñez, principios que respiré cada día y que, de pronto, han dejado de tener sentido, al grado de entrar en una crisis existencial tamaño jumbo. Dicho agobio me tiene en estado de shock sentimental, tal vez para no derrumbarme al no saber qué demonios va a ser de mí de ahora en adelante.


            Me siento sin rumbo, desarraigado, sin interés en nada. Me está costando mucho escribir en lo que llevo del año, tampoco estoy leyendo a mi ritmo habitual y estoy cometiendo muchos errores que antes no me pasaban (me infraccionaron por pasarme un rojo que no vi, me compré zapatos más pequeños de mi talla, no asegure la puerta de salida de mi fraccionamiento y le dio un golpe al coche y muchas otras evidencias que muestran que no estoy enfocado ni interesado en nada).

            Ella sigue con su vida y yo con la mía,  eso es muy triste, tal vez sea sano, pero no deja de ser triste. Es extraño, creo que nunca he sabido quién soy realmente, creía saberlo a su lado, pero he vuelto a la ignorancia. Pero ahora tengo la sensación de que estoy dejando de ser yo y, o que es peor, no sé en qué demonios me estoy convirtiendo.


"Es triste ver cómo cada día que pasa estamos más lejos, pero es horripilante la tranquilidad con que estoy aceptándolo" - Hebert Gutiérrez Morales

            Antes de conocerla, había alcanzado un punto de mi vida en el que me volví soberbio, creí que tenía todo bajo control. Cuando me enamore tan inesperadamente, fui revolcado como lo hace una ola de mar, esa ilusión de tener todo bajo control se fue al demonio, fui pateado por la vida y de pronto no me quedo de otra que ser humilde tras terrible golpiza moral y ser más consciente que una cosa eran mis planes y otra muy distinta la realidad.

            ¿Alguna vez han estado tan cansados que ni siquiera pueden dormir? Sé que suena estúpido, pero sí me ha pasado. Pero nunca había estado tan triste que ni siquiera pueda llorar. Claro que a diario sacó algunas lagrimillas con su recuerdo, pero no desahogo todo lo que traigo dentro, que es bastante, y eso me tiene frustrado, porque no la puedo dejar ir, quiero dejarla ir, que encuentre lo que está buscando y sea muy feliz, ya no quiero aferrarme a su recuerdo y, sin embargo, me aferro.

            Ni siquiera un lugar tan lleno de distracciones como Las Vegas pudo arrancármela del alma, de vez en cuando veía o escuchaba algo que me la recordaba o algo que le hubiera gustado, o algo que me hubiera gustado comprarle (ya no podré ver nada relacionado con “Hello Kitty” sin que me ponga triste).

            La última noche en la ciudad del pecado soñé con ella. En mi sueño reíamos y bailábamos, con tanta felicidad y naturalidad que no quería despertar. El momento más feliz que he tenido en estos dos meses y ni siquiera estaba en este plano existencial. Muchas veces he anhelado no despertar, con que esta sola ocasión se hubiera cumplido, hubiese sido feliz, no me importaba si era un mundo irreal, si era uno en el que podía estar feliz junto a ella.


"El dolor de los sueños no cumplidos es inversamente proporcional a la ilusión con la cual los concebiste" - Hebert Gutiérrez Morales.

            Desde pequeño se me educó para tener una familia con una esposa, dos niños, un perro, dos coches junto a una casita rodeada de árboles y un sol resplandeciente. Esos famosos introyectos familiares que uno recibe como herencia social. Sin importar las decepciones sentimentales anteriores, siempre tenía esa esperanza y/o programación vigente en mi inconsciente, pero ya no más.


            En esta ocasión la herida fue profunda, porque la ilusión lo era aún más. Antes de conocerla, ya habían pasado años sin que me fijara en nadie, así que estaba relativamente tranquilo, sólo en espera de una mujer adecuada, no en espera de volverme a enamorar de manera tan brutal.

            Con ella llego el enamoramiento más salvaje, profundo y devastador que jamás haya experimentado, al grado de que estaba seguro que el resto de mis días debía pasarlos a su lado, porque me era vital estar con ella siempre que me fuera posible.


            De alguna forma, al despedirme de ella, murió una parte mía muy representativa: mi identidad. Ya no sé quién soy ni lo que debo querer y, lo peor, es que no me podría importar menos. Nunca antes había estado tan convencido de algo pero, al no lograrlo, las consecuencias desastrosas.

            Soy una persona difícil, y no me hago precisamente más amigable con el paso del tiempo, viendo mi historial tan escueto en relaciones sentimentales, las probabilidades de que me vuelva a relacionar escasean aún más, me atrevería a decir, inexistentes. Adicionalmente ya no me quedan muchas ganas de fijarme en alguien ¿Para qué? Con mi personalidad tan difícil ya es arduo el trabajo, si ahora le aumentamos la herida profunda que quedó, pareciera que debo mentalizarme en seguir mi camino como lo he sobrellevado hasta ahora: solo.


“Forgotten my way home, forgotten everything that I know
Every day a false start, and it burns my heart
I know
Everything you said was right, and I suppose
Everything is here forever, till it goes
You gave it all away, kept nothing for yourself
Just a picture on the shelf” – From the Song “Black Burning Heart” (Keane)

            Y me cuestiono “¿En verdad quiero una familia?”, en mi educación me dijeron que sí pero ¿Qué quiero yo? Los hechos y los boicots que me he hecho a lo largo de los años dan un mensaje distinto al que expreso con palabras. He llegado a pensar que en realidad no quiero una familia, sólo estoy repitiendo un patrón que me inculcaron desde pequeño.


            He perdido el interés por pagar mi casa antes del plazo, prefiero gastar el dinero en viajes, en conocer lo más que pueda del mundo, y es que ya no le encuentro caso a hacerme de un patrimonio ¿Para qué quiero dinero de viejo? Ni siquiera estoy seguro de llegar a mañana, prefiero gastármelo ahora que estoy en plenitud que ahorrarlo para un hipotético futuro que, tal vez, nunca llegue. Por primera vez ya no me importa el futuro, sin ella, nada más importa.

            A pesar de todo, no dejo de trabajar ni de cuidarme, tal vez con la esperanza que esto puede ser útil en algún otro momento de mi existencia. Tal vez llegue el día en que le vuelva a encontrar sentido a la vida, por lo mientras pretendo como si lo tuviera.


Otro hecho ilógico es que sigo yendo a Rumba Mía, un lugar que me la recuerda invariablemente por la Salsa. Aunque ya no es como antes, porque ahora voy una vez a la semana y, a veces, no voy en varios días (y pensar que hace años iba a diario).

He notado que traigo muchos movimientos que ella me enseño, se me quedaron muchas facetas de su baile. En una ocasión alguien que la conoce me dijo “Se nota que tomaste clase con ella porque bailas con su estilo”, tuve que inventarme una llamada inesperada para salir un momento del salón para que no vieran mi evidente tristeza, y es que ese comentario me hizo muy feliz y muy miserable al mismo tiempo.


            Pero, por alguna extraña razón, no odio la Salsa. De hecho, ya no amo la salsa, supongo que sigo bailando por costumbre y por algo de identidad. Lo que me produce un auténtico sentimiento de aberración es la bachata, ésa sí la odio con todo mi corazón, porque me hace recordar mucho y me enoja tener que recordar.

"Resulta increíble cómo algo que antes amabas con pasión, ahora lo odias con intensidad, y todo por el mismo motivo: Te recuerda a una persona" - Hebert Gutiérrez Morales


            Pero me doy cuenta que sigo yendo a clase para ver a mis amigos, en estos días me reúno con la mayor cantidad de amistades posibles, pero no hablo del tema con ninguno de ellos, tal vez sólo quiero escuchar sobre sus problemas, así me enfoco en las desgracias de alguien más y olvidarme de mi vacua existencia. Tampoco lo toco porque no toleraría que alguien hiciera algún comentario negativo de ella, en verdad no podría soportarlo, no quiero que nadie la agreda por quedar bien conmigo, así sea en su ausencia y sólo sean palabras, porque ella es la mujer más buena que jamás haya conocido.


            Siguiendo con el baile, ¿por qué seguimos haciendo cosas que en el pasado nos hicieron felices pero que, desde hace tiempo, han dejado de hacerlo? Tal vez creemos que si seguimos repitiéndolas vamos a encontrar la alegría y el amor inicial que encontramos en ellas. Tal vez no nos atrevemos a dejarlo por la lealtad de la felicidad pasada que recibimos, lo cual es bastante estúpido y, sin embargo, lo seguimos haciendo.

            Así nos quedamos en lugares que ya no nos gustan, con personas que ya no nos llenan, en situaciones que ya no nos agradan y sólo nos lastiman. Todo por la creencia de tener una deuda impagable, todo porque no queremos perder lo que ya invertimos en esa situación, persona o lugar. Pero esa deuda ya ha quedado saldada ¿cuándo? Desde el momento en que dejamos de ser felices porque si el asunto fue de ganancia recíproca, entonces no hay deuda, porque seguramente algo bueno hicimos para ganárnoslo, y también nos ganamos el sufrimiento generado por nosotros mismos mientras no pongamos punto final.

            Por la experiencia previa que tuve (hace 12 años) sé que no se va a acabar el mundo, y eso es muy triste, sin embargo, eso no quiere decir que le encuentre sentido. Esta carencia de metas me da una libertad apabullante, tanto que no sé qué hacer con ella ni con mi vida.

“Si no te anula el sentido común y la lógica, entonces no califica como enamoramiento” – Hebert Gutiérrez Morales.

            Duele la decisión tomada, pero dolería más estar en una relación que no hubiera traído nada bueno a ambos. A pesar de ser una buena decisión, no puedo evitar el dolor de los sueños perdidos, de no volver a ver mi Schatzie y de dejar atrás todos mis anhelos.


            Continuaré con mi búsqueda de algo por lo cual vivir, seguiré viajando y buscando cualquier terapia o actividad que me dé herramientas para encontrar esa paz interna que perdí hace tiempo. Esto sólo se va a lograr cuando, por fin, la deje ir. ¿Triste no creen? Aunque te lastime a un nivel, es horrible dejar ir a alguien que te hizo tan feliz, la que más feliz te hizo.

            ¿No es acaso una crueldad encontrar a alguien que le da sentido a tu vida y no quedarte a su lado? Sé que es una estupidez poner tu vida en función a la aceptación de alguien, nadie más debería tener voz ni voto en las decisiones y, aunque sé que es una tontería, sigue doliendo su ausencia en mis días.

            Sé que no me ama, pero no puedo dejar de amarla. Sé que no piensa en mí, pero no puedo dejar de pensarla. Sé que ya me dejó ir, pero no puedo dejarla ir. Sé que soy un imbécil por escribir todo esto, y no puedo dejar de serlo. Ya no me importa si envejezco, si se acaba el mundo o mi propia existencia, todo dejo de tener sentido y lo peor es que fue por mi propia decisión. Pero no la puedo obligar a nada, la amo tanto que debo respetar sus decisiones y posturas, no puedo hacer que me quiera aunque me muera por ella. Ya no me importa escribir con coherencia o mantener una imagen, no me importa lo que nadie más pueda pensar de mí, ya todo ha dejado de importar.


"Esos días en los que sientes el alma enferma y que, al no haber medicina que la cure, sólo te queda pretender que le encuentras sentido a una vida que carece del mismo" - Hebert Gutiérrez Morales.

            ¿Por qué no me mato si mi dolor es tan insoportable? Por cobarde, esa misma cobardía que me hacen estar alejado de mi Musa. Todos los recuerdos felices se clavan en mi pecho y entre más lindos, más me lastiman; entre más feliz fui, más miserable me siento. Y me siento terrible, porque ella me hizo inmensamente feliz, y ni siquiera pude pagarle tanta alegría, me hizo sentir el más afortunado, y yo sólo le signifique molestias.


            Por ella fui el mejor ser humano que me fue posible, la mejor versión de mí mismo que pude ofertar . . . y no fue suficiente. Muchas personas me repiten que tengo muchas cualidades, que soy un ser humano de valor. Pongo en tela de juicio todas esas opiniones positivas sobre mí, si no fui capaz de convencerla de estar a mi lado ¿En verdad seré tan valioso? Si no la pude convencer de estar juntos, en realidad no he de ser tan valioso como dice el resto.

            A veces, y solo a veces, desearía regresar a ese juego tonto que teníamos en el que nos despedíamos para después, con cualquier tonto pretexto, volver a iniciar el juego del coqueteo. Justo entonces es cuándo recuerdo por qué termine este amago de relación, porque prefiero estar triste pero por una certeza, que estar en el sube y baja emocional que intercalaba felicidad y tristeza, con altas dosis de incertidumbre, y mucho sufrimiento, todo por ilusiones falsas que me creaba al instante. Por eso prefiero una paz en la miseria a una pseudofelicidad que me esté destrozando a cada rato.


            Ya solo me queda dejar de autoconmiserarme (después de este escrito, obvio) y limpiar mi alma porque, sea lo que venga en el futuro, no puedo cargar con esto que puede terminar por envenenar mi esencia. Todo lo bueno y lo malo ya pasó y por algo sigo vivo.

“Siempre privilegiaré la paz y tranquilidad interna que la misma felicidad” – Hebert Gutiérrez Morales.

            Pero ya no le tengo miedo a nada ¿A qué le puedo temer? Esa es la verdadera libertad, que ya nada te importe. Es un terrible regalo: ahora puedo ser y hacer lo que quiera pero ya no tengo la única razón que me daba valor para hacerlo, porque hacía lo que fuera por ella, pero esos días ya han pasado.


            No es el sentimiento más feliz pero, sin duda, no ha de haber sensación más liberadora que perder toda esperanza. Cuando careces de ésta, nada te ata, nada te quita la respiración, ya no esperas nada de nadie, sabes que no hay remedio alguno y que las cosas son como son, las has aprendido a aceptar. Ciertamente te resignas y, al mismo tiempo, eres libre, y es que ya no hay nada que te haga desear una felicidad futura o un proyecto que anhelabas.

            Es una libertad triste, ser libre de hacer lo que quieras, lo que desees, ya no te debes cuidar de nada ni de nadie, ya no debes cuidar tu imagen o tus palabras, ya no te cuidas de decepcionar a nadie, porque ya no hay nada que cuidar. La esperanza es una adicción humana: por el anhelo de realizar nuestros sueños, por eso mismo somos libres cuando no lo logramos y perdemos todo.


            ¡Qué cruel es la vida! No te debería permitir conocer a una persona tan maravillosa si no vas a quedarte con ella. O, por lo menos, seres tan vacuos y tan egoístas como yo, no deberíamos tener acceso a esos ángeles, porque no tenemos derecho de estar a su lado.

            Lo único que deseaba era tener un hogar a su lado al cual regresar, no quería más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La paz interna

“Siempre privilegiaré la paz y tranquilidad interna que la misma felicidad” – Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 18 de marzo de 2014

La mustia apariencia del Nito



            Ya me da hueva hacer estas advertencias pero, debido a la naturaleza del tema a tratar, es necesaria.
Advertencia: Este escrito es meramente mi opinión, en base a lo que he visto en mi país en comparación con otros lugares, también basándome en lo que he leído, visto, experimentado y demás. Esto no es un medio de comunicación respetado o masivo, es un simple blog, créame que intentaré ser objetivo, pero tal vez no lo logre. Puede ser que usted interprete este escrito como racista, elitista, excluyente, xenofóbico y demás sandeces pero, si sabe leer entre líneas y tiene un poco de seso, se podrá dar cuenta que este ensayo es totalmente contrario a eso.

            Los Estados Unidos tienen una influencia cultural muy fuerte alrededor del mundo, por lo que no es de extrañar que en México estemos altamente contaminados por ellos. A pesar de ello, creo que nunca habíamos adoptado algo con lo que no estuviéramos de acuerdo, por esa razón nunca ha tenido éxito un Taco Bell, ni vemos la NHL, ni celebramos Thanksgiving, ni construimos casas de madera, entre otros aspectos muy comunes en el gabacho.

            Uno de esos aspectos era el racismo o, mejor dicho, fingir una postura civilizada contra el racismo. El Racismo es algo que está presente en todo el mundo, lo cual no quiere decir que sea correcto: Los japoneses ven con desprecio al resto de asiáticos, a los alemanes no les agradan los turcos, en España hay constantes insultos racistas contra los africanos, en Costa Rica no son bien vistos los nicaragüenses y demás ejemplos encontrados en cada esquina del planeta.

            En México el racismo/elitismo histórico ha sido contra los indígenas y/o la gente de pocos recursos, en donde se demuestra que el comportamiento del mexicano estándar se torna grosero y bastante desleal. Cada país tiene sus traumas, sus enseñanzas, sus defectos, sus miedos, etc. Si algo NO habíamos heredado de los gringos eran sus prejuicios raciales . . . . hasta ahora.

            Tenía mucho tiempo que no comía un “Negrito” (pastelillo relleno y cubierto de chocolate de la marca Bimbo), el cual consumía desde mi más tierna infancia (o sea, hace unos 30 años) y nunca había tenido alguna connotación negativa, es más, el nombre era lógico al ser un pan relleno de chocolate y estar muy sabroso (aduciendo al sabor que normalmente encontramos en la cultura negra). Por alguna razón, alguien con mucho tiempo libre, y cochambre en la mente, encontró el nombre inapropiado y decidieron renombrarlo como “Nito”.

            Mi primera reacción fue de extrañeza “¿Eh? ¿Qué clase de tontería es esta?”, después vino el enojo “¿A quién se le ocurrió cambiar un nombre icónico? ¿Están estúpidos?” luego de incredulidad “¡No puede ser! ¿En verdad lo cambiaron por lo que pienso que lo están cambiando?” Ahora resulta que comerse dicho pastelillo era racista “Me voy a echar un negrito”, como si hubiera ramas mexicanas del Kukuxklan, una idea tan absurda como el cambio de nombre a “Nito”, para quedar bien con los escasos negros del país. Luego decidí desahogar todo lo que pensé y sentí en estas líneas, mismas que sé que no van a resolver nada pero, por lo menos, me dejan el alma en paz al expresar lo que veo en este tema.

            México debe ser uno de los países más racistas, sin embargo, contra los negros es casi imperceptible ¡porque no  tenemos! Sólo el 0.4% de nuestra población es negra (incluidos algunos de mis ancestros), lo cual no quiere decir que no sean importantes o tengan menos derechos pero, dicho sin pelos en la lengua, no son un grupo tan representativo como para discriminarlos. De hecho, cuando te llegas a encontrar con uno en la calle, más que ocasionarte un sentimiento de animadversión, te causa uno de curiosidad “¡Mira! ¡Un negrito! ¡Tómame una foto con él!”. Tal vez no sea lo óptimo pero, por lo menos, la reacción es de cariño, curiosidad y hasta amistosa.

            Uno de los aspectos que nos han heredado los gabachos es su status de belleza, sólo basta ver los comerciales: gente con facciones anglosajonas, güeritos, con ojo y cabello claro. Las personas con esas características no son abundantes en este país, sin embargo, es el ideal de belleza que se ha instalado en nuestro inconsciente gracias al bombardeo mediático de nuestro vecino del norte. Pero ello no significaba que tuviéramos algún problema contra la gente de raza negra.

La realidad mexicana en una imagen
            Esto está tan tatuado en el inconsciente que si uno observa con atención, en México es difícil encontrar a una persona con facciones europeas en algún puesto poco deseable y viceversa, es difícil encontrar a alguien con facciones indígenas en algún rol de importancia relevante. La regla general es que la gente guapa, blanca y facciones occidentales es privilegiada mientras que los de facciones autóctonas son víctimas de prejuicios vedados en el trato. Pero, a pesar de este hecho recalco, eso no afectaba a la escasa población negra del país.


“En México casi todos los burgueses son blancos y casi todos los blancos son burgueses” – Carlos Monsiváis.

            Es más, vayamos más allá, en México hay una especie de odio vedado endémico hacia los estadounidenses (por ello los llamamos despectivamente gringos) pero, por lo que he visto, ese rechazo es principalmente contra el caucásico, ya que al ver a un gabacho de raza negra, pesa más nuestra reacción curiosa hacia esa raza que el desagrado por su nacionalidad.

            Aclaro, no quiero decir que en México no hay racismo contra los negros. Recalco que hemos de ser uno de los países más racistas del mundo, en donde discriminamos a todo lo que se mueve, donde somos buenos para quejarnos del trato que nuestros inmigrantes reciben en Estados Unidos cuando nosotros somos aún más crueles con los centroamericanos. Lo que quiero decir es que el racismo contra los negros es considerablemente menor del que experimentan indígenas, gringos, españoles, centroamericanos, argentinos, gays, nacos y demás grupos sociales. En este país es casi imposible que no recibas, por lo menos alguna vez, una muestra de discriminación (y recalco, no es que esté bien, pero es un hecho irrefutable).


            Una actitud tonta de la humanidad es arreglar algo que no está roto. Hasta donde sé, nadie se sentía ofendido por el nombre del ex “Negrito” aunque claro, como casi no hay “afromexicanos”, pues no había muchos a quienes preguntar. Les aseguro que nadie había visto nada malo en el nombre “Negrito” pero, ahora que lo cambiaron, han demostrado que algo hicieron mal y que se arrepienten tras tantos años, algo totalmente tonto, además dicen que no hagas cosas buenas que parezcan malas.

“Los mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer” fue una frase desafortunada que el expresidente Vicente Fox dijo en Estados Unidos, y fue acribillado mediáticamente por ello en dicho país, pero acá no causó el mismo furor, tal vez porque no vimos nada malo en sus palabras, sólo una verdad. Tal vez estamos tan cegados que no vimos la connotación negativa de “ni siquiera los negros” llevaba, tal vez porque se puso a nuestros paisanos en un escalón debajo de los Afroamericanos, y nadie se ofendió aquí por ello (o somos más tolerantes o estamos más acostumbrados al maltrato)

            Siguiendo esta tendencia del “Nito”, al rato van a hacer que Memín Pingüin sea güero. Recuerdo perfectamente cuando los gabachos acusaron de comic racista a “Memin Pigüin” todo porque el protagonista era negro y pasaba muchas vicisitudes, ¿Acaso no lo era la Familia Burrón? ¿Lágrimas y risas? ¿El Pantera? ¿El Santos contra la tetona Mendoza? Todos ellos son historietas en donde los protagonistas se las ven negras ;-) pero sólo que quejan de Pingüin por ser negro, ignorando los aspectos positivos que llegaba a exaltar y sólo tomando los negativos (como si en la vida sólo hubiera seres humanos con aspectos positivos).


            Pero en fin, nunca vimos a Memín Pingüin como un Cómic racista, hasta que los gringos se quejaron de ello, pero sólo era su perspectiva, no la nuestra; sin embargo, la opinión gabacha nos pega mucho. Desde nuestra perspectiva Memín Pingüin era el clásico héroe mexicano que, a pesar de las adversidades, salía adelante. ¿Qué de racista tiene ello? ¿Acaso los negros no tienen problemas?

            Bajo esa visión, entonces ningún caucásico, latino, asiático, indígena y ningún humano en general va a desempeñar un papel “inferior”, porque de inmediato será tachado de racista o elitista y vamos a acabar en que nadie interprete ningún papel “negativo” para no afectar a alguien. Ya no va a haber malos, víctimas, secuaces y demás, no vaya a ser que unos se sientan agredidos y, en automático, la contraparte se va a sentir superior. O tal vez hacer a todos los involucrados (buenos y malos) de una misma raza para que nadie se vea afectado pero, al final, también sería tachada de racista porque no incluye a las otras etnias. ¡No mamen! Ahora resulta que el mundo es un lugar ideal para plasmarlo así en las series.

            Esas acciones sólo demuestran una postura tipo “Vamos a demostrar que todos somos iguales, aunque no lo creamos, a través de acciones que no aportan nada pero que hacen parecer que somos más civilizados y tolerantes”.

            Aunque esta idea la compartí en este otro ensayo, vale la pena repetirla porque vine muy al caso. Lou Marinoff explica muy bien la diferencia entre vergüenza y culpa y nos da dos ejemplos culturales muy interesantes.

            En los Estados Unidos les dan privilegios y dádivas a las minorías (Sobre todo a los negros) por el sentimiento de culpa que les ocasiona el haberlos esclavizado. Lo toman como una deuda que los atormenta y por ello intentan enmendar “su” falta a través de becas especiales, escuelas exclusivas, programas de apoyo y demás ventajas para los negros.

            Sin embargo, los beneficiados no se sienten agradecidos al respecto, ya que toman esto como limosna, no con un sentimiento auténtico, y lo insulta. Los negros están resentidos con los blancos porque sus muestras de “compensación” lo hacen desde un lugar de superioridad como diciendo  “Somos blancos generosos que les damos a ustedes los negros que tienen poco”. Y de ahí el por qué lo negros no son tan abiertos para aceptar a los blancos en sus círculos exclusivos.

            Ahora, tomemos a los teutones. A pesar de la masacre judía realizada en la segunda guerra mundial por parte de los Nazis, no vemos que haya ayudas especiales, universidades exclusivas o leyes que privilegien a los judíos en Alemania. Obvio los germanos se sienten muy mal respecto a lo que pasó pero sólo sienten vergüenza mas no culpa, porque ellos entienden que fue otra época y no tienen una necesidad de insultar a los semitas con dádivas que no va a resarcir lo acontecido.

            Esa actitud es la que se debe tomar: “Estoy consciente de lo malo que pasó y te respeto tanto que te voy a tratar con la justicia que mereces, no insultando tu dignidad al intentar compensarte por algo que jamás podrá ser resuelto de manera retroactiva”.

            Y ya que toque el régimen Nazi, recientemente me compré “Mi Lucha” (Mein Kampf) de Adolf Hitler, misma que no estaba en librerías grandes, así que la tuve que conseguir en lugares alternativos. Resulta que cuando caminaba con él por la calle, la gente me miraba feo ¿Acaso no ven el color del cual soy? ¿Será que con el juego de luz mi piel morena se ve güera, mi cabello rizado se ve rubio y mis ojos cafés se tornan azules?

            ¿Por qué lo compre? Porque si se quitan la cuestión racista, resulta que las ideas de Hitler eran muy progresistas y una alternativa viable al capitalismo obsceno que nos consume en la actualidad. También quiero saber por qué los alemanes que vivieron bajo su mandato le tienen buena estima por haber impulsado el desarrollo germano antes de la guerra. Y también quiero conocer lo que pensaba porque el que no conoce su historia se arriesga a repetirla ¿Creen que por ocultar las ideas hitlerianas van a desaparecer por completo? Al contrario, entre más secretismo haya al respecto, mayor será la curiosidad de la gente por conocerlas y, no duden, que sea más factible que alguna célula de neonazismo empiece a desarrollarse nuevamente (como de hecho ya existen alrededor del mundo), y su devoción va a ser mayor al tomarlo como un culto que está siendo prohibido.

            Ahora, antes de que una señora gorda y amargada me salga con que ando promoviendo las ideas Nazis, no me malentiendan, no digo que haya que promover las ideas del Tercer Reich, pero tampoco habría que esconderlas porque resulta contraproducente.

            Pero regresemos al acoso. Creo que la oficina en la que trabajo es un buen parámetro del ambiente laboral que se vive en México. Todo el tiempo estamos haciendo chistes de negros, flacos, chaparros, gays, gordos, alemanes, gringos, españoles, mujeres, hombres y, la mayoría de las veces, unos de otros. Sin embargo, no llevan dolo, lo hacemos para reírnos en el momento, sin el afán de afectar a nadie presente y, si lo hacemos, es porque así de pesado nos llevamos, en ningún momento nuestra intención es lastimar a alguien. Sabemos quiénes son susceptibles, y los respetamos, no nos metemos con ellos y evitamos las bromas que les puedan molestar.

            Esto me lleva al famoso Bullying (En la escuela) o Mobbing (en el trabajo), ya he escrito tres ensayos al respecto pero hubo un caso que recientemente llamó mi atención. En Octubre pasado aconteció todo un escándalo en la NFL en particular, y para mi tristeza, en el vestidor de los Delfines de Miami.
Para mí, el contexto de este mensaje es normal entre amigos.

            Jonathan Martin (un mastodonte de 1.95mts y 145 kilos) huyó del equipo argumentando acoso por parte de sus compañeros de equipo (otros mastodontes de igual envergadura). Esta historia atrajo la atención de todos los medios, pero no porque estuvieran preocupados por el Tackle ofensivo, sino por ese afán de explotar el morbo y vender. La NFL hasta puso a un investigador independiente, mientras el equipo suspendía al principal sospechoso e instigador (Richie Incognito).

            Durante la investigación salió a la luz que le hacían bromas sexuales sobre su hermana y su madre, además de que se utilizaba la “palabra con N”. ¿La palabra con “N”? ¿Cuál? ¿Nigger? ¿Negro? ¿Negrito? ¿Nito? ¡No me chinguen! Lo que descubrió la famosa investigación no es el hilo negro, y todo el mundo lo sabe: Desde nivel aficionado hasta el profesional, en todos los equipos deportivos masculinos (y supongo que en algunos femeninos) esas bromas pesadas, esos insultos, esos chistes, esos tratos son comunes. Ahora resulta que el vestidor de mis amados Dolphins es único en el mundo en ello, y es el peor de la historia.

            Esa misma actitud mustia hizo que se magnificara el tema ¿Bullying a un mastodonte de 145 kilos? ¡Por Dios! ¡Qué le suelte un madrazo y verán si lo siguen acosando! Yo mismo sufrí Bullying ¡pero en secundaria! Y cuando empecé con los golpes, se acabó el acoso. Y sobre que le digan “nigger” ¿En serio? ¿Alguien regula la comunicación entre hombres? ¿Saben cuántas veces nos mentamos la madre, nos insultamos, hacemos bromas sexuales que involucran familia, o sobre nuestras preferencias? Ahora resulta que le dijeron negro y se ofendió, cuando entre los negros todo el tiempo se andan diciendo “Nigger”; esto es tan estúpido que al rato van a prohibir que dejen de decirse “Niggers” entre ellos mismos y hasta de racistas los van a tachar ¬_¬U.
El Chivo expiatorio de una investigación mustia

            Y esa mamada de “Es que usaban la palabra con ‘N’ para referirse a él” ¿Es broma? ¿La palabra con ‘N’? ¿Acaso estamos en la Inquisición para prohibir palabras? ¿El hecho de que no la mencionen quiere decir que va a desaparecer? ¿Acaso todos la vamos a olvidar? ¿Qué sigue? ¿La palabra con ‘P’? ¿Para pendejo o para puto? ¿Eso nos hace mejores? ¿El pensarlo pero no decirlo?

            Pero vamos a analizar el Bullying actual desde otra perspectiva. Hace unas semanas estaba escuchando “Heaven” de Bryan Adams y al experimentar esa cálida nostalgia en el pecho le dije a Hans, mi vecino de cubículo: “Con esta canción ¿no te da la impresión de que nuestra época era más tranquila? Como que la sociedad no estaba tan corrupta ni tan violenta. Como que en los 80’s había más inocencia, respeto y lealtad entre nosotros” con lo que estuvo de acuerdo.

            Según esta opinión, hace 30 años el mundo era más inocente, iba a una velocidad más lenta, como que tenías el tiempo para hacer las cosas con calma y  relacionarte de manera profunda. No existía esa impaciencia actual de conseguir la mayor cantidad posible en el menor tiempo, algo que determina a estos días en donde todo corre a una velocidad vertiginosa (y cada vez más).

            No me quejo, de hecho lo disfruto, pero me llama la atención que vídeos musicales actuales de Shakira, Rihanna o Beyoncé, en mi infancia fácilmente hubieran sido considerados pornográficos, y ahora no sólo los pasan a cualquier hora, sino que los puedes ver las veces que quieras en Internet.

            Sé que ya estoy hablando como esos viejitos cascarrabias que idealizan el pasado en detrimento del presente pero, considero, aún no estoy tan viejo como para caer en dicha práctica, y creo que mi visión aún es relativamente objetiva al respecto. En el mundo actual hay más violencia, más sexo, más entretenimiento, más diversión, más posibilidades y más de todo, un exceso que acaba por enloquecernos al anhelarlas todas o, por lo menos, mucho más de lo que podemos tener.

            Ese mismo vértigo aplica al acoso, el Bullying siempre ha existido y (aunque intentemos acciones mustias y superficiales) siempre existirá. La diferencia es que los niños de ahora son más inquietos, más movidos, más igualados, más agresivos, más ingeniosos y tienen un mayor número de herramientas y libertades a su alcance con la cual interactuar con el prójimo . . . .tanto positiva como negativamente.

            En mi infancia, el Bullying iniciaba propiamente en Secundaria, hoy en día inicia desde kínder. Antes la broma se quedaba en la intimidad del salón, ahora la graban y humillan al afectado en las redes sociales, incrementando el mal hecho a la víctima de manera exponencial, por lo que ahora es más violento y desleal.

            Pero algo no ha cambiado, la única forma de acabar con el bullying es defenderse, tardé en aprenderlo pero una vez que empecé a responder (Tanto palabras como golpes) deje de sufrir el acoso. Es un hecho de la vida, todos deberíamos ser civilizados pero, por desgracia, hay muchos que son como animalitos, así que hay aprender a tratarlos como tales.

            Aún en la actualidad, siendo ya adulto, he tenido que cambiarme de nombre un par de veces (y ponerme pendejo) antes de que pretendan iniciar el mobbing conmigo. Y es que, como comenté arriba, con los que me llevo, lo hago pesado pero con los que no, no les permito ni una mala palabra, todo es cuestión de aprender a delimitar a tiempo y claramente. Los que hacen mobbing o bullying son cobardes y no se meten con los que se defienden.

            Ahora, uno pude expresar o recibir insultos de todo tipo, y llevar una relación amistosa leal, y hay ambientes en los que hay mucha educación aparente, en la que no se dice ni una sandez, pero que el agobio y/o acoso moral es insoportable. Sin decir groserías uno puede ser muy cruel, así que prohibiendo malas palabras no se va a resolver el problema.

            Como todos los problemas sociales, sólo hay una solución a largo plazo: la educación recibida en los hogares. Mientras tanto, acciones mustias como el “Nito” pueden ser útiles a la larga. Recientemente en Puebla se ha implementado la fotomulta, para todos los que exceden el límite de velocidad, medida que no fue muy popular entre los conductores pero, al final, nadie nos pidió opinión.

Al inicio las quejas por los límites tan bajos o las multan tan onerosas no se hicieron esperar pero, con el paso del tiempo, la gente se ha empezado a acostumbrar y ya no se ve a tanto desquiciado desahogando sus traumas de piloto de Fórmula 1 frustrado a través de las calles. La medida fue efectiva, ya que al haber menos velocidad, los riesgos para conductores y peatones disminuyen. Obviamente no se adoptó la medida de manera convencida, pero el resultado se logró. Es factible que en dos o tres generaciones, los conductores ya no manejen tan rápido y sean más conscientes, por lo mientras, esta generación se ve limitada porque ya les dolió el bolsillo de pagar infracciones altas.

            Todo radica en la sinceridad de los actos. Es como cuando veo que un conductor de transporte público (en México) se detiene antes de la luz preventiva, uno podría decir “¡Vaya! Es alguien civilizado que respeta el semáforo”, pero luego notas que va lento adrede para cazar pasaje, es cuando te das cuenta que su acción, aunque correcta, no tuvo un trasfondo auténtico de respeto. No es lo mismo actuar correctamente por un sentimiento leal que hacerlo porque así conviene a intereses propios.

            De igual forma, no es lo mismo hacer cambios, leyes o ventajas para minorías por un auténtico sentimiento de justicia, respeto e igualdad de derechos a hacer las mismas acciones porque me hacen ver bien ante la sociedad.

            Tal vez, y sólo tal vez, el “Negrito” y el Memín Pingüin son expresiones de una cultura muy adaptada al racismo, una cultura chapada a la antigua en donde no se discriminaba de manera abierta o violenta a los afromexicanos pero sí se hacía de manera silente. Tal vez el “Nito” sea un paso forzado para cambiar eso, para darle un respeto (forzado, recalco) a un grupo étnico casi inexistente en el país, en una muestra de respeto hacia las minorías. Tal vez así sea o tal vez, como he querido decir en el texto, sólo sea una actitud mustia para dar una apariencia civilizada. Si al final esta acción da resultados positivos con las generaciones futuras, habrá sido positiva aunque su origen haya sido falso.

           “El ser civilizados no consiste en que todos seamos iguales, sino en comportarnos como si en verdad lo fuéramos” – Orhan Pamuk (“El Museo de la inocencia”)

            Al final, que el “Negrito” le cediera su lugar al “Nito” va a resultar provechoso, tal vez no para los que consumimos el “Negrito” pero, conforme vayamos quedando atrás, las generaciones que vienen sólo conocerán al “Nito” y de a poco se irá erradicando esa visión curiosa de la gente de raza negra y puede ser que (en algún siglo) se les trate con respeto en este país (Algo poco probable en una tierra en donde no existe un respeto auténtico hacia nada).

            Hebert Gutiérrez Morales.