martes, 28 de enero de 2014

La importancia de la necesidad

“El ser humano ha ido creando necesidades para encontrarle sentido a una vida que carece del mismo” -Hebert Gutiérrez Morales

Esto también pasará

“ - 'Esto también pasará' - dice la cabeza mientras el corazón llora inconsolablemente esperando que sea verdad y que no muera antes de tristeza" - Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 19 de enero de 2014

Aceptarlo y seguir con tu vida

"¿Qué hacer en ese triste momento en que te das cuenta que eres un pésimo ser humano? Aceptarlo y seguir con tu vida, no pierdas tiempo negando un hecho irrefutable." - Hebert Gutiérrez Morales.

Tal vez te haga feliz

“El hecho de que algo o alguien te haga inmensamente feliz, no necesariamente significa que sea bueno para ti” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 18 de enero de 2014

Razones y formas para dejar el Facebook

            “El Facebook es el McDonald’s de las Redes Sociales” – Alberto Orvañanos

            Todo empezó una madrugada en la que iba corriendo, por alguna razón, no me podía sacar el nombre de “Meraxes” de la cabeza, el nombre de uno de los dragones legendarios del Clan Targaryen (De la Saga de Juego de Tronos) se me había clavado en el inconsciente. Así que lo había decidido: iba a cambiar mi nickname en las redes sociales.
Para la mayoría de usuarios, así es la realidad

            En Twitter fue fácil y sin problemas, de hecho el porcentaje de usuarios que usan su verdadero nombre es mínimo. El problema vino al intentar cambiarlo en Facebook (FB, a partir de este momento). La red social del Sr. Zuckerberg no te deja cambiar de nombre, puedes usar sobrenombres alusivos como Paco o Pancho si te llamas Francisco, Chucho o Chuy si te llamas Jesús y opciones por el estilo, pero de eso a llamarte de una forma totalmente distinta ya no lo permiten. Dicha reforma entró recientemente, ya que tenía muchos conocidos que sí habían utilizado nombres ficticios. Lo más que te dejan hacer es ponerte un alías, pero adicional a tu nombre real.

            Mi indignación era grande, ¿Con qué pinche autoridad esta estúpida red social me impedía llamarme yo como quisiera? ¿Quién demonios le había dado poder sobre mi nombre? Si quiero llamarme Meraxes Targaryen o Juanito Pérez, es muy mi problema, decisión y, sobre todo, mi derecho, ya que es un simple sitio en Internet, no es como si fuera un organismo oficial y/o de gobierno. Al rato te van a pedir tu IFE, CURP o cualquier identificación oficial para registrarte en ella (y de manera voluntaria).

            Obviamente, la razón de no permitirte nombres ficticios es que el Gobierno de los Estados Unidos tiene acceso a la base de datos de FB, así que tienen una fuente valiosa de información que nosotros mismos les proporcionamos, de ahí que nos les convenga que cambie mi nombre real. Aunque, siendo honestos, el gobierno gabacho tiene acceso a nuestra información por muchos otros medios ¬_¬U.

            Ahí fue cuando vino la gota que derramó el vaso: tenía que dejar FB, ¿por qué? ¿Por capricho? ¿Por orgullo? ¿Por berrinche? ¿Por necio? Por todas esas razones, además de mi tranquilidad, mi privacidad y mi salud mental.

            Desde hace un par de años, cuando saque mi primer escrito sobre el FB, había intentado zafarme de dicha red social, siempre buscaba cómo, de hecho cerré mi cuenta en dos ocasiones, sólo para volverla a reactivar a las 24 horas. Cuando me iba de vacaciones, y me daba cuenta que estaba desintoxicado, me decía a mí mismo “Sólo es cuestión de desactivarla”, pero cuando entraba a hacerlo, veía la cantidad de notificaciones que tenía mismas que por curiosidad, morbo y narcisismo verificaba, así que toda mi intención de cerrar la cuenta se iba al demonio. Regresando a esas dos únicas ocasiones en que cerré mi cuenta, para posteriormente volverla a activar, me frustraron demasiado, por lo mismo, me hice una promesa: Si un día venía la tercera, sin duda, sería la definitiva.

            Cuando compre el mentado Smartphone, mis posibilidades de dejar dicha red social se esfumaron por completo, porque ahora era peor que antes: a cada rato me llegaban las notificaciones sobre si alguien había comentado una de mis fotos, había publicado en mi muro, me había etiquetado o hasta si alguien me había agregado.

            Sin duda el Smartphone es el medio perfecto para atarte a las redes sociales, y más una como FB, en donde tienes a la gran mayoría de tus conocidos como contactos o, por lo menos, a gente que te interesa.

            Pero ése es uno de los grandes problemas de FB: la falta de gente interesante, mismo que es reflejo de dos situaciones #1 Mucha de la gente interesante que conozco, casi no postea en FB o, de plano, ni siquiera están registrados en dicha red, y es que tienen mucho que hacer de sus vidas en lugar de andar husmeando en las de otros o promoviendo las suyas. #2 Seamos honestos, en el mundo real hay demasiada gente sosa, simple, corriente, estúpida y boba, así que si es difícil encontrar alguien interesante en la vida real, es mucho más difícil hacerlo en una red social.

            Sin embargo, justamente eso es lo terrorífico y maravilloso del FB: la oportunidad democrática que le brinda a todos de obtener sus cinco minutos de fama, aún sin tener que ser interesante, talentoso y ya no digamos inteligente, ya que todos tenemos acceso al triple veneno facebookiano que fácilmente crea adicción.

            Veneno #1 El Vouyerismo

            Esta red social ha demostrado algo que sospechaba desde hace años: el ser humano es vouyerista y morboso por naturaleza. Gracias al FB tenemos la posibilidad de ver todo lo que le pasa a nuestros conocidos: sus fotos, sus viajes, sus problemas, sus enfermedades, sus relaciones, su familia, sus películas favoritas, si tienen hambre, si van al baño, qué hacen en el trabajo y demás; obviamente todo lo que la “víctima” de nuestro acoso quiera compartir. Son pocos los que ponen restricciones a sus publicaciones, ya que la gran mayoría tiene abierto su muro y su información a todo público.

            Es algo impresionante, ya que en la vida real estoy seguro que casi nadie sería tan generoso con mucha de esa información PERO como está en una pantalla, en una plataforma tan brillante y “fancy” como lo es el FB, sentimos que nuestras vidas están siendo vistas en un medio masivo como la televisión, el periódico e inclusive por Radio. O sea, el FB nos enajena tanto que perdemos el sentido común, ése que nos hace dejar ciertas cosas privadas en la vida cotidiana pero que esta red nos incita a hacerlas públicas.

            Llegaron a haber días que perdía dos o tres horas en el FB (sin tenerlo en la oficina y antes del Smartphone), todo por leer estupidez y media de mucha gente sin gracia ni sesos. Gracias a tanta tontería fue que me surgió la idea de limpiar contactos que no valían la pena.

            Sin embargo, aún había mucha estupidez restante, y era de personas que apreciaba o que no debía borrar, ya que las represalias y rencores iban a ser intensos, así que descubrí que podía desactivar sus actualizaciones ¡y ahí mi vida fue maravillosa! No les miento, de 400 contactos que llegue a tener (y eso que borre a una cantidad similar), sólo leía las actualizaciones de unos 40. Sólo el 10% de mis contactos publicaban algo valioso y, mejor aún, lo hacían esporádicamente, sin esa necesidad de compartir algo diario (no fuera que perdieran público).

Para aniquilar por completo el veneno #1, también tuve que desactivar las actualizaciones de esas 40 personas, limpiarme de la adicción de conocer la vida ajena, así fueran cosas interesantes, si quería dejar FB, debía dejar de inmiscuirme en la vida de los demás, ¡y lo logré! Pero aún faltaba dos venenos más, en especial el segundo, que es el más fuerte (por lo menos para mí)

            Veneno #2 El Ego (Disfrazado de La Aceptación)

            El FB es una fuente ideal para todos esos que les gusta llamar la atención a través de sus desgracias: “¡Ay Abuelita! ¡Cómo te extraño! Desde que no estás siento que la vida no vale la pena” Una entrada así definitivamente es una invitación abierta a recibir la lástima ajena a través de la conmiseración propia. Obviamente no soy (tan) insensible como para censurar una publicación en dónde se rememore a la Abuelita fallecida, PERO hay manera más dignas, y hasta de buen gusto, para hacerlo. Por ejemplo: “Amigos, hoy quiero recordar a mi Abuelita, misma que partió hace dos años. La recuerdo mucho por la fortaleza que me dio, en especial cuando yo . . . .  bla bla bla”.

            Tal vez no sea tan atractivo para la bola de morbosos que están cazando algo del sufrimiento ajeno, pero sí es una manera de rendirle un homenaje lindo y digno a la difunta. El problema, como comente en otros ensayos, es que la gente no publica eso para rememorar a la abuela, sino para atraer la atención a través de las desgracias.

            “¡No! ¡Mi Dios querido! ¿Por qué a mí? ¿Qué te he hecho para que me abandonaras?” Fue una publicación real de uno de mis entonces contactos, naturalmente la cascada de comentarios se hicieron llegar, todos esos “Robin Hood” cibernéticos que están a la caza de alguien a quién apapachar en la desgracia. Me pregunto algo ¿No les da pena llamar la atención por algo negativo? ¿Tan pocas cosas buenas les pasan en la vida?

            Luego se quejan de que todo el mundo sabe su vida pero, como leí en esa misma red social, “Si quieres que se quede privado ¡No lo publiques en el FB!”. Creo que uno pasa tanto tiempo ahí que llega a asignarle una personalidad a la red social, como si fuera nuestra amiga y confidente, ésa que nos acepta sin importar lo que nos pase.

            Como comente párrafos arriba, ya no leía ninguna actualización en el FB, sólo iba, posteaba las frases del día con su respectiva imagen, además de algún ensayo o algún comentario. Ya no me interesaban las vidas ajenas, había dejado de ver lo que posteaba el resto, anule mi morbo por los demás. Pero me faltaba romper el segundo eslabón que me ataba a la red social: la necesidad de un público que te siga.

             No lo voy a negar, cada vez que checaba el Smartphone y veía que alguna de mis publicaciones recibía un “Like” o “Me gusta” me sentía bien, como si fuera mejor que los demás, como si fuese más amado por el resto. Esa sensación de falsa aceptación que te da una imagen virtual en una red intangible por personas que, a lo mejor, ni les interesas. Y eso, por más ridículo que suene, crea adicción. La aceptación ajena siempre crea adicción, sin importar la calidad de la misma.

            Y ése era un problema grave: con lo ególatra y narcisista que puedo llegar a ser, ¿Cómo demonios iba a superar esa adicción de aceptación que te crea el FB? Como muchas de las soluciones a mis problemas, encontré la respuesta corriendo.

            Iba pensando alguna forma para dejar el FB pero seguir compartiendo mis frases diarias, obviamente ya tenía mi lista de distribución de mail, pero el correo electrónico ya no es tan popular ni útil como lo era hace 10 años. Ahora hay medios más instantáneos, eficientes y atractivos para comunicarse: Whatssapp, Twitter, Skype, Blogs . . . . y ahí se me prendió el foco . . . . ¡Un blog!

            Ya tengo este mismo blog, en donde comparto mis ensayos y mis frases, pero podía abrir otro, destinado exclusivamente a las frases que comparto día a día con la gente que aprecio. Así podía postear la frase con la imagen acostumbrada sin tener que atarme a una red social ¡Eureka! Así que puse manos a la obra y abrí el blog de frases, mismo que pueden leer diariamente en esta liga.

            Había encontrado mi placebo, ya había roto dos eslabones de mi cadena facebookinana, ya sólo era cuestión de mentalizarme y llevarme lo valioso que había encontrado en dicha red social, o sea el tercer y último veneno.

Veneno #3 Contacto con tus seres queridos

            Para muchos es la trampa más difícil de superar y por lo mismo tienen abiertas sus cuentas aunque no posteen nada: Tus seres queridos. Para mí, que soy tan solitario e incluso ermitaño, es la más fácil de dejar atrás, aunque no quiere decir que deje de importarme.

            De hecho, cuando estás cerrando tu cuenta, el mismo FB hace un último intento para detenerte, mostrándote las fotos de tus contactos con los que más frecuencia interactúas y una frase que dice “Todos estos fulanitos te van a extrañar” ¡Vil chantaje emocional cibernético!

            Algo que debo reconocerle a FB, es que retome el contacto con mucha gente de mi pasado que, de otra manera, no hubiera encontrado, además de que me dio la oportunidad de conocer a personas que valen mucho la pena y que, sin esta red social, jamás hubiera tenido el chance de contactar.

            Así que empecé con la tarea de barrer con mis contactos eligiendo, consciente y fríamente, a los que valen la pena, son interesantes o, por lo menos, que significan algo para mí. Todos los que ya tenía su mail o su Whatssapp, no me preocupaban, ya que tenía manera de localizarlos. Para los pocos que me faltaban, les escribí directamente pidiéndole sus datos para mantener el contacto.

            A la mayoría no le pareció que dejara FB, ya que es un medio de comunicación más cómodo, atractivo y hasta amigable, pero por eso se hace más adictivo. Sé que el nivel de comunicación que voy a tener con cada uno de ellos se va a disminuir a porcentajes mínimos, incluso es factible que se pierda, pero eso será por decisión bilateral, y prefiero eso a mantener una “amistad” artificial sustentada por la adicción que crea esta red social. Y, una vez logrado eso: ¡Cerré mi cuenta! :-)

            Soy la segunda persona que conozco que ha cerrado su cuenta de manera definitiva, algo para lo cual se necesita una fuerza de voluntad endemoniada aunado a un ataque simultaneo de sentido común y amor propio. La primera persona que conocí que lo logró es mi querido amigo (conocido a través de FB) Enrique Von Quin, del cual me tomo la libertad de compartir su opinión sobre esta red social:

            Las redes “sociales” tienen un pequeño defecto, y es el de desvirtuar el concepto de ser sociales. Eso lo somos por naturaleza y hemos aprendido a comunicarnos a base de señales, guiños e inclusive hasta olores. Un proceso que ha tomado cientos de miles de años y que ahora Mr. Fuckerberg quiere reducir a “Like” mientras se nos mete en las entrañas y ¡nos explota cuales viles e ignorantes mulas de carga! Más dignidad tienen las pobres, ¡pues no tienen opción!

           Me molesta y me irrita ser parte de un experimento comercial llevado a cabo por un frívolo imbécil como Fuckerberg. No soy una ratita de laboratorio para que analicen mis reacciones y me “testeen” a ver qué prefiero. No soy un consumidor estúpido al que tienen que martillar constantemente para que se compre un par de zapatos negros. Tampoco soy insensible, y de eso se agarra este cabrón para hacernos adictos a su medio de falsa comunicación. Sabe que el que no es estúpido es sensible y volverá a FB o lo que sea por el cariño que le tiene a su gente. ¡Una explotación psicológica a niveles muy bajos!

         FB consumía una enorme parte de mi día, energía que hoy día invierto en mis proyectos y gente querida. Prefiero irme al parque a morirme de risa con mi hija que a pasarme la tarde discutiendo con algún “erudito” de FB

Esta contestación de mi amigo Enrique, surgió a raíz de un mail en donde comentaba que había perdido contacto con casi la totalidad de personas con las que se comunicaba en el FB, y eso potenció mi decisión.

Me dí cuenta que el FB ha prostituido nuestra comunicación y el concepto de amistad. Podrás ignorar a alguien en la calle para que, por la noche, le postees en su muro “¡Hey! ¡Te vi en la calle! ¡Qué bien te ves!”. Nos está haciendo incapaces de interactuar socialmente de manera personalizada, el FB se ha vuelto el obligatorio intermediario para tener contacto con alguien. De hecho uno lo ve en muchas “conversaciones”, cuando personas que están reunidas físicamente PERO llevan a cabo su plática a través de la red (divertido, no lo niego, pero no por ello deja de ser patético).

En una especie de codicia, uno no quiere dejar a sus 400 “amigos”, porque sabe que dejando FB, está dejando casi a todos atrás ¿y saben qué? ¡Me alegro! Si no hay la voluntad suficiente para mantener el contacto con nadie, es mejor dejar de tenerlo que mantenerlo de forma artificial a través de una red social. Tal vez a muchos les dé hueva checar su mail (muchos ya me lo han dicho), pero si en algo les intereso, sé que será un pequeño esfuerzo que harán esporádicamente, así como a mí me interesa mandarles un par de frases al día que les diga “¡Hey! ¡Aquí estoy! No necesito leerte a diario ni que me leas, pero seguimos teniendo contacto”

No necesito 400 “amistades”, me conformo con tener 40 personas reales con la cuales puedo echarme un café, ver la expresión que tienen cuando me cuentan algo, sentir un abrazo cuando es necesario o ver la reacción que tienen cuando comparten algo personal conmigo, no que lo andan compartiendo con 2478 “amigos”, a ver quién da la respuesta ganadora.

Así como las verdaderas amistades, mismas que no se basan exclusivamente en una convivencia diaria, creo que se nos ha olvidado que podemos mantener una relación con alguien más sin tener que contactarnos todos los días. Sin embargo el FB nos ha dejado la imagen en el inconsciente de que es indispensable para nuestra comunicación.

Como ejemplo de ello, tengo dos amigos mexicanos que viven en Europa (un hombre y una mujer), con ellos también me comunicaba por FB. En estas vacaciones navideñas vinieron y, al reunirme con cada cual por separado, la queja fue la misma “¡Hebert! ¡Cerraste FB! ¿Ahora cómo nos vamos a comunicar?” Me resultó curioso su reclamo, porque la comunicación era a través del inbox, ya que la interacción a través de publicaciones o comentarios era prácticamente nula, así que mi respuesta fue la misma: “Bueno, para que no pierdas la costumbre, abres el inbox, me escribes el mensaje, lo seleccionas, lo cortas, abres tu mail y me lo mandas en un correo ¿Cómo ves?” Sé que suena lógica mi propuesta, además de un tanto sarcástica (Que lo fue de hecho), pero eso ejemplifica cómo el FB se ha posicionado en nuestro inconsciente como un medio infalible e indispensable de comunicación.

Sabía que superada la segunda semana sin FB, la resolución iba a ser definitiva. Tras tres semanas sin la mentada red social, las reacciones que he recibido al respecto se reducen a dos tipos: las primeras de personas que me quieren mucho y tienen la amabilidad y gentileza de decirme que el FB ya no es lo mismo sin mí, que por favor regrese porque mis posts eran interesantes. Seguramente hay parte de verdad en sus palabras y también hay algo de amor para inflarme el ego (que lo logran cabalmente) pero, a pesar de tanto amor, no pretendo regresar.

La segunda reacción es de los que, con un tono especial dicen “Con que dejaste FB . . . . mmmhhh . . . . ya veo” Conozco ese tonito, el cual significa “Crees que dejaste FB pero acabarás volviendo” y no los culpo por creer eso. En un viaje a Estados Unidos, llegue a ver un documental en donde cifras demuestran que de todos los que cierran su cuenta, el 99% acaban reabriéndola en dos semanas o menos. Son pocos los que logran salir de esta red social, a la cual es fácil acceder pero muy difícil abandonar.

Como ya iba encarrerado con el cierre del FB, estuve a punto de cerrar Twitter, sin embargo, éste lo encuentro interesante e impersonal. La mayoría de contactos que tengo en Twitter no los conozco ni me interesa conocerlos, por lo mismo sólo tengo a gente interesante o, por lo menos, que me hace reír (o sea, nada de compromisos). Además mi relación con el Twitter es más sana, ya que la información corre de manera tan constante que es imposible checarla toda, por lo que, cuando tengo algún tiempecillo muerto, le llego a echar un ojito y reírme un rato. Algo que con el FB era imposible.

Ojo, no estoy diciendo que Twitter no tenga nada de malo, sin duda ha de tener muchos de los vicios de FB pero, hablando exclusivamente de mi caso, Twitter me resulta inofensivo porque no tengo ningún apego a él. Es como la frase con la que abrí este ensayo: Aunque el FB y el McDonald’s sean los más populares y nocivos de sus ramos, no quiere decir que sus respectivas competencias no sean igual de dañinas.

            No lo voy a negar, por tres años me divertí mucho en FB, conocí a personas interesantes entre tanta basura humana que pulula en la red (y en el mundo en general). Tampoco puedo negar que yo mismo caí en muchas de las actitudes que critique párrafos arriba y, como me hice consciente de ello, por dos años enteros siempre tuve la idea de dejar dicha red social, ¡hasta que lo conseguí!

            Sin duda, mi salida para el Facebook y el Sr. Zuckerberg es insignificante, tan sólo uno de los cientos de millones de usuarios que tiene y, tristemente, cada día aumentan más y más. Pero para mi vida, que es la que me interesa, dejar el Facebook sí significa una mejora considerable en la cantidad y calidad de tiempo que recupero para otras actividades que me son más provechosas.

          Las redes sociales llevan la ironía en su nombre, porque en realidad no tienen mucho de sociales. El humano siempre ha sido gregario por naturaleza pero las redes sociales han prostituido ese sentimiento de sociabilidad ¿Por qué? Por si no estás en ellas pareciera que no existes, que a nadie le interesas, que eres menos importante. Sin embargo, se nos ha olvidado que esa importancia radica en nosotros mismos, por lo que somos y pensamos, no por nuestra imagen en una red social, sin embargo, algunas personas necesitan imperiosamente el parapeto de estos mundillos para valorarse, porque la aceptación propia es inexistente, por lo que requieren la externa, por más falsa que sea.

            Como siempre, el FB no es malo por sí mismo, nada de creación humana es bueno o malo per se, en realidad es el uso que le damos a las mismas cosas los que las hace productivas o improductivas. Desafortunadamente nunca logré ese equilibrio ni uso productivo del FB, no podía racionar mi tiempo ni mi atención a dicha red social, por lo mismo me hice adicto. Y esa es la trampa del FB, que se aprovecha de esa propensión humana a las adicciones y nos explota por esa necesidad de sentirnos amados, queridos o simplemente aceptados. Pero eso sólo nos lo dará el trabajo personal, no el espejismo de una red social.

            Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 16 de enero de 2014

La Mafia eclesiástica

“Soy espiritual y, por ende, desconozco a la Iglesia, la cual es una de las mayores mafias” – Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 12 de enero de 2014

Libertad

Advertencia: Le recomiendo ampliamente no leer este ensayo, es redundante, rollero, fumado, rebuscado y hasta aburrido. ¿Por qué lo publico entonces? Porque ya me cansé de intentar agradar a los demás, porque no tengo la intención de invertirle más tiempo cuando no encuentro la manera de afinarlo y hacerlo más atractivo. Simplemente quiero desahogarme. Si a pesar de esta advertencia, usted decide leerlo, me conmueve su lealtad, su curiosidad o morbosidad. Si lo aburro a lo largo del texto (algo muy factible) y quiere llevarse algo valioso del mismo, sólo lea las frases repartidas entre los párrafos y le recomiendo la última parte del ensayo. Así que, bajo advertencia, no hay engaño.

            Alguna vez tuve una amiga, a la cual quise mucho; una vez me reto en el Costco: “¿A qué no pateas uno de los conos de vialidad?” y le respondí “¿Cómo crees? No puedo patear esos conos, ¡no está bien!”, así que ella ¡Pateo uno! Casi se me sale el corazón pero, acto seguido, lo levantó y no pasó nada. Después de que se me bajó el susto, comprendí lo limitado que me tenían mis dogmas conocidos como “educación”. Aunque nadie puede corroborar su existencia, esto demuestra lo bien amaestrados que estamos por ese famoso Sistema manejado por los círculos de poder.

            ¿Quién quiere ser libre? ¡La libertad es terrible y pavorosa! Tener la posibilidad de hacer lo que quieras sin nada o nadie que te detenga (o te retenga), sin tener por qué o por quién preocuparte, sin ningún sitio al cual regresar. Siempre clamamos por ella pero, en realidad, no la queremos, porque siempre deseamos un sitio al cual regresar, alguien de quién depender y que también dependan de nosotros.

“Las convicciones son prisiones” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Esa es otra tonta idea que nos han heredado y que nos permite vivir en un espejismo que nos hace la existencia más placentera. Creo que vivimos en una ilusión pero, como estamos en el mismo barco, todos la damos como real y nadie la cuestiona. La exigencia que hacemos por la libertad, sólo es un juego neurótico, el cual realizamos para satisfacer a nuestro inconsciente, para que vea que peleamos por esa panacea aunque, en realidad, tenemos miedo de conseguirla.

            Nos reprochamos porque podríamos tener una vida mejor y rechazamos a los que cínica o mediocremente han aceptado su mediana existencia, pero ¿Quién está peor? Los locos que luchan por una utopía inexistente o lo vencidos que han aceptado las bondades de la bendita Medianía (como decía Aristóteles, si no mal recuerdo).

            Somos seres comunes y corrientes (algunos más corrientes que comunes) y tenemos aires de grandeza que están más allá de nuestro entendimiento y nuestros méritos. ¿Para qué peleamos con los demás, o con nosotros mismos, por algo que en realidad no queremos alcanzar? ¿Por qué despreciamos una vida que nos da tanto, con sus ventajas y desventajas? ¿Por qué no la aceptamos y vivimos en paz? No la aceptamos tal cual porque, irónicamente, llegaríamos a ese utópico paraíso y nos volveríamos locos al vivir en él, porque es más de lo que podríamos manejar, ya que estaríamos libres de ataduras.

            ¿Por qué no comemos rata? ¿Por qué no comemos Perro? En China la comen y no les hace daño. ¿Por qué podemos comer Res si en India no pueden? Hay muchas restricciones culturales que damos como certezas universales y nunca cuestionamos. Todos somos humanos diferenciados por el lugar de nacimiento y la cultura en la que fuimos criados. Otro ejemplo, se dice que la mujer latina debe ser celosa, lo cual va acorde a su naturaleza pasional, así que díganme, ¿Conocen alguna mujer latina que no sea celosa? Yo no.

Tal vez porque tengan que cumplir su programación de “celosas”, así como yo debo cumplir con mi programación de “hombre bueno”, y me pregunto a mí mismo “¿Acaso no puedo ser malo, un desgraciado, un hijo de puta?”.

“En ningún lado soy nada de nadie” – Buda

            A finales del 2011 tuve una dosis de libertad, y entré en crisis existencial. Me pase, por primera más en más de una década, una semana sin trabajar, cuando el resto de la empresa lo hacia a ritmo normal, así que el mundo seguía funcionando sin mí. El día antes de regresar a la oficina, me deprimí. A todo se acostumbra uno, menos a no comer; en esa semana me adapte a una vida distinta a mi acontecer diario.

            Es tonto pero levantarme diario a las 6AM, ponerme el traje, arreglarme, manejar, estacionarme, prender mi máquina, checar los mails e iniciar con mis actividades diarias, era la rutina que me daba identidad. Siempre me sentí feliz de ir a trabajar (con una que otra excepción), pero aquel último día de mis vacaciones, me sentía auténticamente triste de ir a la empresa, por regresar a esa vida que, pareciera, había dejado atrás hace muchos años, cuando sólo habían pasado siete días.

            Deje de encontrarle sentido a mis actividades, a mi trabajo y, por qué no decirlo, empecé a cuestionar mi vida entera. Sólo bastaron unos días de desprogramación para darme cuenta de mi verdadero existir. Ahí radicó mi depresión porque supe que, al retomar mi rutina normal, iba a volver a encontrarle sentido y volvería a la vida automatizada que tanto me acomoda. Relativamente, fui libre por un momento, pero ese instante no iba a durar para siempre. Tal vez mi depresión radicaba en que no tengo a dónde refugiarme, porque no he generado algo hacia dónde dirigirme el día que ya no me necesiten aquí.

            Sin embargo, la tristeza de aquella ocasión también fue por la libertad misma. Me dí cuenta que tengo algo de libertad al no tener sitio a donde regresar ni tener a alguien con quien regresar. Lo irónico es que, por tanto tiempo he protegido mi soledad que se ha tornado en una prisión para mí, ya que también me da identidad. Descubrí que no soy ni mi trabajo, ni el baile, ni el correr, ni el escribir ya que mi esencia tiene posibilidades infinitas pero estoy atrapado en mis mundos actuales, por lo que no me animo a explorarlos.

            Alguna vez leí una novela en donde el maestro de Sigmund Freud, Josef Breuer, trató a Nietzsche para resolver todos sus traumas y demás problemas. Dentro de esa novela, el Señor Breuer se despierta un día sin ataduras: sin identidad, sin familia, sin responsabilidades, sin vínculos y nada de lo que le daba identidad o arraigo.

"Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso" - William Wallace (Braveheart)

            Él era libre de hacer con su vida lo que quisiera, casos similares los constate al leer “El Psicoanalista” de John Katzenbach o al ver la Película “The Dark Knight Rises”. Es entonces que uno se da cuenta que, a excepción del momento en que nacemos, en realidad dejamos de ser libres conforme más adaptados estamos a la sociedad. Conforme vamos creciendo, se nos van asignado roles, mismos que nos forjan una identidad, o varias, para movernos por la sociedad humana.

            Se nos asignan círculos a los cuales pertenecer, creencias a las cuales seguir, un camino que transitar. Casi nadie cuestiona, y se toma como algo predeterminado, un guion a seguir. A veces nos creemos libres, pero tenemos demasiadas lealtades o apegos a los cuales debemos ser fieles: un trabajo, una familia, una religión, un equipo de fútbol, un país, una ideología política y a todo lo que diga la sociedad que está permitido decir o pensar.

            Tenemos tantos guías que nos saturamos de información: lo que dicen los medios, lo que esperan tus familiares, lo que te exigen tus amigos y lo que te educaron a alcanzar, lo que ves en el cine, lo que lees en libros y tanto en qué basarte que, en realidad, es muy fácil vivir porque casi todo lo deciden por uno.

            Regresando al tema de dejar atrás tu existencia actual, con todo lo bueno y malo que eso implica, y empezar en otro lugar de cero, donde nadie te conozca y no tengan expectativas sobre ti o tu accionar. De los tres casos que mencione arriba, ninguno dejó su status por voluntad propia, pero acabaron aceptando de buena gana su nuevo rol. Ha de ser maravilloso pero, al mismo tiempo, pavoroso

            Los que se atrevan a ser padres deberían tener un trabajo emocional bastante avanzado para darse cuenta que su niñez ya pasó, y ahora ellos son los papás. Es increíble cómo gente que, por ejemplo, tuvo el deseo frustrado de ser doctor, obligue a sus engendros a estudiar medicina, sin darles la oportunidad de elegir por ellos mismos. Esto sin importar que al niño le den nauseas la sangre u, otro ejemplo, no querían casarse con cierta persona pero, como es la hija del amigo, pues lo obligaron.

“¿Cómo puedo ser libre? Pierde todas las esperanzas y lo serás” – Alejandro Jodorowsky

            Hay muchos progenitores que no se dan cuenta todo el mal que les pueden hacer a los hijos con traumas, frustraciones o expectativas, todo eso que no pudieron alcanzar en su propio tiempo y quieren que los vástagos lo cumplan por ellos. A veces hasta se agobia al niño y éste acaba haciendo cualquier estupidez con tal de dejar el yugo familiar.

            ¿Imagínense librarse de sus lazos familiares, laborales, de amistad, de pareja, de las aprensiones, de los traumas, de tu educación, de tus valores y de todos los roles que desempeñas en la sociedad? Todo esto nos aprisiona en la identidad, el Status Quo, en las comodidades, en el status social y todas esas cadenas que nos parecen tan cómodas pero que nos quitan ese libre albedrío. Por eso nos debemos de comportar conforme a lo hecho previamente, conforme a lo logrado, conforme a lo recorrido, y no podemos salirnos de ese camino.

            Nadie nos da la opción de irnos por otro lado, un ejemplo exagerado, aunque toda la vida hayamos comido helado de fresa, podemos comer de pistache. El problema es que todos se van a escandalizar con ese hecho: el heladero, nuestros parientes, nuestros amigos y los demás comensales, “¡Tú siempre comes helado de fresa! ¿Por qué te atreves a comerte uno de pistache?” y no puedes contestar “Porque quiero”, siempre debes aludir otras razones como “Estoy enfermo”, “Estoy deprimido”, “Estoy confundido” o cualquier otro argumento que evidencie que no eres tú en esos momentos, pero nunca aceptaran que lo hiciste el cambio radical por voluntad propia y en tus cinco sentidos.

            Tener una crisis existencial en la cual desconoces quién eres es algo brutal, duro y violento, sin embargo, es necesario que todos tengamos una así. No somos la identidad que se nos ha asignado, podemos elegir lo que queramos ser, desde nuestra mejor versión hasta la más patética, pero siempre que la hayamos escogido nosotros mismos será aceptable. No dependemos de los demás ni en lo que, se supone, deberíamos ser. Ojalá algún día pueda hacerlo, pero ahora no me puedo incluir, son pocos los valientes que se avientan al precipicio de la incertidumbre.

            Personalmente sé que podría correr un maratón, tengo la capacidad física para hacerlo pero reconozco que me asusta no tener la capacidad mental de soportarlo, me asusta verme derrotado pero lo más triste del asunto es ni siquiera intentarlo, tal vez estoy en espera que llegue alguien y me diga “Te quito esta limitante y es más, no sólo correrás 42kms, ¡correrás 100kms!” hay humanos que pueden correr Ultramaratones de 100kms y ¿acaso son de otros planetas? Creo que no. A veces nuestra jaula es tan grande (toda una cultura) que nos da la impresión de ser libres, lo cual nos impide captar nuestras limitaciones.

“La demencia es algo raro en los individuos, pero en los grupos, los partidos, los pueblos, las épocas constituye la regla.” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            El romper paradigmas, los cuales nos han dado a mamar desde infantes y que han sido tatuados en nuestra piel, es tan difícil como lastimar a nuestra madre, y es que estás despreciando los “tesoros” que ellos te dieron al educarte. La libertad se trata de elección, personal no externa, pero no elegir dentro de los límites que se nos han impuesto. No sé si he logrado explicar la idea que tengo en mi cabeza, porque menos del 1% de la humanidad lo ha logrado, y es que es terrorífico elegir por uno mismo. Todos nos engañamos que somos libres para escoger lo que queramos pero, en realidad, estamos acotados por nuestra formación previa.

            Una semana antes de salir de vacaciones, mismas que me provocaron la crisis existencial antes mencionada, me capturó la preocupación de ser vulnerable, me dí cuenta que si me corrían del trabajo no tenía otra fuente de ingresos que me diera estabilidad y certidumbre, por lo que mi preocupación era grande y auténtica. Al regresar de esa semana mi postura cambio para decirme a mí mismo “Ya no quiero trabajar”, pero mi amigo Alex me regresó a la realidad al decirme “Mejor agradece que tienes trabajo sobre el cual quejarte”. Gracias a eso valore mi trabajo y llegue con una excelente actitud el Lunes. Sólo bastó una semana para que uno cambie su manera de percibir la realidad, un simple cambio de rutina puede cambiar tu vida entera.

            ¿Recuerdan cómo han cambiado sus percepciones de acuerdo a la edad o los intereses?, cuando viajan al extranjero pasa lo mismo: ven muchas cosas que podrían cambiar y, cuando regresan, la rutina los reabsorbe y vuelven a su dinámica anterior. El ámbito es muy poderoso en nuestro inconsciente, con algunos cambios nos daríamos cuenta de lo autónomos y libres que podemos llegar a ser. Podíamos ser soberanos de lo que somos, de lo que pensamos, de lo que decimos y lo que sentimos y casi nadie puede presumir de ello.

            Ni siquiera tenemos libertad en todo eso que se supone que debemos ser, sentir o creer. Tal vez no tengas frío en algún momento, pero ves que todos se tapan como si estuviera nevando y si te atreves a ser diferente (al no tener frío, al no estar acalorado, al no estar asustado o consternado, al no tener su fe o cualquier otro estado generalizado), eres criticado y cuestionado: “¿Qué te pasa? ¡Tápate!” “Oye, pero tú debes creer en mi Dios ¡Créelo!” y demás dogmas absurdos.

Hay tantas cosas que no tienes derecho a decidir por ti mismo, porque serás tachado de anormal, así que te coartan la libertad. Si no se tiene la suficiente personalidad, optas por fingir que te congelas cuando los demás tienen frío o en ser el más devoto, para que te dejen de tratar como extraño por no tener miedo cuando los demás están atemorizados. El ser libre es distinto a lo aceptado, está “mal” ser libre, sin importar que sea positivo para el individuo. Esta programación se va dando desde la infancia, cuando se te dan las reglas para ser el perfecto autómata bípedo que sigue las creencias populares y acalla las potenciales ideas originales que tenga en su ser.

‎           "Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno" - Quino.

            Creo que las aspiraciones de auténtica libertad para el ser humano son bonitas fantasías, las cuales nunca alcanzaremos fehacientemente. Pareciera que estamos destinados a tener algo que nos identifique, no sé si motivado por nuestra mortalidad. Tal vez sólo nos quede dejar algo que rebase nuestra muerte, algo que nos dé la sensación de inmortalidad, de que aportamos algo y que no fuimos un ente insignificante más en la historia de este planeta (que a fin de cuentas es lo que TODOS somos).

            Otro aspecto que nos coarta la libertad es nuestra apariencia. El cómo nos vestimos, cómo nos arreglamos, el cómo nos perciben los demás, nuestra estética y nuestro estilo. Todos ellos son tiranos que no nos dejan en paz y que todo el tiempo nos están incomodando. No somos libres de intentar ponernos otra cosa que, en teoría, no va con nosotros. Son como las relaciones que nos esclavizan a pesar de ser nocivas, aunque ya escribí de eso en otro ensayo.

Creo que al ser humanos, en automático, estamos atados a distintas creencias y lealtades, sobre lo que debemos creer, sentir, odiar y venerar. Creo que nunca conoceremos la auténtica libertad (como los animales, y tal vez, ni ellos lo sepan), porque siempre habrá ideas, convicciones, prejuicios y pasiones que acabaran por identificarnos y darle un cauce "lógico" a nuestras vidas.

Muchos nos quejamos de nuestra rutina pero, en el fondo la amamos porque, de lo contrario, ya la hubiéramos modificado desde hace mucho tiempo. El pertenecer a un clan, a un grupo, a una empresa y demás nos da seguridad; todo esto debido a la necesidad humana de ser gregario.

El haberme sacado de mi rutina por una semana entera resultó letal para mi rutina y muy beneficioso para mi vida y poder ver más allá de lo cotidiano. Me di cuenta que dicha rutina no es mi existencia. A pesar de mi misantropía, no puedo extirpar ese sentimiento gregario tan confortable para el humano, pero sí me sentí a gusto por mi individualidad, por ser capaz de estar solo conmigo mismo sin necesidad de nadie, pero ¿eso es vida?

"Encontré la libertad. Perder toda esperanza era la libertad". – Tomado de la película Fight Club

Todos en el mundo hacemos como si fuésemos independientes y con personalidad, sin darnos cuenta que sólo vamos cambiando dentro de los límites permitidos que el Sistema nos impone con cierta ropa, cierta música, cierto tipo de casa o de autos, ciertos programas, películas o ideas. Tal vez algunos parezcamos más radicales u otros parezcamos más domados, pero a fin de cuentas todos estamos dentro de la misma jaula. Muchos juegan a que son más libres que otros mediante viajes, compras, experiencias exclusivas pero, al final, todos estamos atrapados en la rutina propia y personal.

            Perdemos nuestra esencia humana por todos esos roles que heredamos o adquirimos, tomamos máscaras socialmente aceptadas y renunciamos a la libertad de simplemente SER. Uno siempre tiene la elección de cambiar de rumbo, de ir contra las expectativas que los demás nos han tatuado (y que hemos aceptado). Los que hacen esto son considerados locos y, tal vez lo estén, porque están renunciando a un ancla existencial y lógica, están renunciando a la “congruencia” de este mundo (por más incongruente que sea).

Esa bendita rutina que nos fortalece en el Sistema y que acaba con una potencial libertad que nadie quiere, porque nos asigna nuestros roles o papeles, de los cuales nos podremos quejar pero casi nunca nos desharemos de ellos, porque podríamos entrar en crisis al desconocer quiénes somos y para qué estamos acá. Si toda tu vida te han dicho que eres verde, recibes un shock el día te digan que eres rojo.


            Nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros problemas, nuestras enfermedades, nuestras posesiones, nuestros status, nuestras creencias, nuestros atuendos, nuestras máscaras, nuestros pasatiempos y demás, TODO nos da identidad en este mundo, nos da un bonito traje para recorrerlo sin problemas. Sólo requerí un breve período de aislamiento para darme cuenta que nada de eso soy yo y, lo que es peor, que no sabía quién o qué es lo que era, si es que soy algo conciso. No sé si esto le pase a todos, supongo que no porque son pocos los que se atreven a desenchufarse por completo, tal vez por miedo a darse cuenta de lo que descubrí. Me parece que el ser humano tiende a enajenarse con lo que sea con tal de no pensar en su existencia, y como se sabe incapaz de lidiar con ello, mejor lo evade a cómo dé lugar.

Creo que el mundo actual se ha dedicado a anular el individualismo que todos podemos desarrollar y hemos pasado a ser una caricatura humana, un autómata programado para creer que es auténtico, cuando eso dejamos de serlo hace muchos siglos, con acciones como el matrimonio (en donde nos autoflagelamos con una "institución" que no tiene razón de ser), con la revolución industrial (en donde aprendimos a faltarnos al respeto para venerar al Dios más grande de la existencia humana: el dinero), las religiones (que son mercenarias de esa Esperanza innata que el humano necesita ejercer) o los avances tecnológicos (que es un medio para enajenarnos y separarnos aún más de la naturaleza, por lo cual la destruimos con mayor facilidad). El "ser" humano es una paradoja, porque dejo de SER desde hace mucho tiempo, ahora sólo es el producto humano (y lo hicieron frente a nuestras narices, con nuestro consentimiento y complicidad).


Hebert Gutiérrez Morales.