viernes, 19 de diciembre de 2014

A dormir a dormir

"A dormir a dormir,
porque resuelve los males
físicos, psicológicos y sentimentales.
Y si no los resuelve, por lo menos,
te olvidas un rato de ellos.

A veces me voy a dormir
deseando no volver a despertar,
pero eso de todas formas va a pasar,
así que mejor hay que disfrutar
cada mañana despertar".

Hebert Gutierrez Morales.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tranquilidad propia

“Es mejor una tranquilidad que dependa de uno mismo que la más grande felicidad que depende de alguien más” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Jalcomulco Strikes back (Parte 1: El Sábado)

Sin duda alguna uno de mis lugares preferidos para visitar es el pueblito de Jalcomulco, en mi natal Veracruz. El año pasado me la había pasado tan bien haciendo Barranca Grande que me había propuesto hacerlo este Otoño otra vez, pero mis tres intentos de armar el grupo se fueron para abajo. Pero no me iba a quedar con los brazos cruzados, porque tengo la firme intención de hacer Rafting (por lo menos) una vez al año, así que armamos un paquete con dos descensos de Río (Antigua y Pescados) y una travesía por Cañón, pero Ponchorris se nos rajó al final porque él quería forzosamente Barranca, así que lo dejé sin recriminaciones y sólo nos fuimos Iván y yo.

Salimos a las 5AM del Sábado, porque recordé las dos primeras ocasiones en donde se nos hizo tarde, y preferí asegurar un camino tranquilo que uno lleno de estrés por no llegar a tiempo. Debido a los frentes fríos, y a la madrugada, el primer tramo del camino fue en exceso helado, llegamos a estar a medio grado debajo de Cero y el parabrisas se llenaba de escarcha. No niego que me preocupe un momento pero, por fortuna, en Perote la situación se normalizó y llegamos puntuales a nuestra cita en el Campamento de Raft México (que cuando llegamos aún se llamaba así).

Río Antigua

            En cuanto llegamos, nos preparamos y nos fuimos a nuestro primer descenso del viaje, en el Río Antigua. Esto resultó ideal, ya que Iván era novato, y Antigua es un Río más tranquilo que Pescados. Nuestro guía fue Gabriel y el kayakista fue el buen Dario, de los que comentaré más adelante.

Antigua lo hice hace un par de años, y ahora me encontré con la sorpresa de que habían puesto un columpio para aventarte al río de unos cuatro metros de altura. Es chistoso como antes no podía lanzarme de esa altura, pero ahora me aventé con una facilidad y tranquilidad que resultó bastante divertido (es impresionante cómo puedes cambiar en dos años).

En nuestro trayecto, dentro de toda la flora y fauna que nos iba indicando Gabriel hubo una que me impactó: una Garza parda. Nunca en mi vida había visto un pájaro tan bello, enigmático y elegante. Parecía la versión de un leopardo hecho ave, y me sentí afortunado de verla en su hábitat natural.

El Río estaba relativamente tranquilo, pero eso te da oportunidades a otras experiencias. Llegamos a un Rápido en donde Gabriel nos dijo “A este Rápido se pueden aventar, para que sepan lo que es caerse en uno”. Aunque me he caído en un par de ocasiones, no dejé pasar la oportunidad y, sin pensarlo dos veces, me lancé al Río.

El problema es que estaba tan emocionado que se me olvidó adoptar la pose de seguridad y el Rápido me dio una santa madriza que me hizo recordar que al Río hay que respetarlo, y como recordatorio me trague un buen de agua, además de que me di un madrazo en el glúteo izquierdo que me dolió por una semana. Todo por pinche atascado ¬_¬U. Cuando Iván vio la revolquiza que me llevé, se sintió aliviado por haberse quedado en la balsa en lugar de aventarse conmigo.

            Ya que estábamos encarrerados, y Gabriel vio que la coordinación y condiciones físicas de ambos estaba óptima, nos dio un plus y nos hacía pasar Rápidos en reversa o dando vueltas, lo cual fue en extremo divertido, con toda la confianza que te da alguien nacido en Jalcomulco y que lleva más de 18 año de guía, por lo cual conoce el Río a la perfección.

            Para cerrar este río con broche de oro, pasamos por las Puertas del Infierno (¡yeah!), un Rápido nivel 4 de mis favoritos y, con la guía precisa del buen Gabriel, lo superamos de manera espectacular. De hecho Iván se divirtió y grito de júbilo, a lo que le respondí: “Ya verás mañana en Pescados”

Cañóning en Tacotalpan

            Después de comer, de inmediato nos llevaron al pueblo cercano de Tacotalpan (no confundir con Tlacotalpan), en donde fuimos a hacer cañóning. Cuando estaba delineando nuestras actividades con el Tío Memo, quería los juegos del Canopy, pero él me recomendó el Cañóning. Como ya había visto algo de él en la promociones de Raft México, me animé y lo tomé, lo cual fue una excelente decisión.

            Vas descendiendo al interior de un cañón hermoso, donde la huella humana es prácticamente inexistente, por lo que el agua, las piedras y la naturaleza que te rodea te regalan un paisaje sin igual.

A diferencia de otras actividades, para hacer cañóning requieres de buena condición física por lo que, desde mi perspectiva, esto no es para cualquiera porque la bajada al cañón es bastante empinada, el caminar entre las rocas requiere mucha fuerza en las piernas y articulaciones flexibles.

Dentro del cañón las cosas se ponen muy divertidas, ya que saltas de grandes rocas a estanques, tienes que nadarlos, además de ir escalando y encontrar camino entre las piedras de rio.

Justamente entre esas enormes piedras seguí con mis pruebas de resistencia, y es que resbale con el musgo y me di un madrazo en el codo además de que me torcí el tobillo pero, como soy corredor, lo sobrelleve muy bien durante los días siguientes en los que me recuperé. Nuevamente este golpe fue producto de la emoción por el paisaje y mi ansiedad por avanzar, por lo que no me fije en las indicaciones de nuestros guías y, por creerme Indiana Jones, sufrí las consecuencias -_-.

Pero el dolor es un precio justo por deleitarte con lo que contemplas ahí abajo: ¡son postales hermosas! Estaba tan anonadado  que me terminé por enojarme conmigo mismo y me prometí comprarme una cámara contra el agua, porque han habido tantas imágenes en mis visitas a Jalcomulco que tengo grabadas en mi corazón, pero que también me gustaría volver a ver en imágenes externas (y compartirlas en el blog).

La escalada de regreso también está igual de empinada con cierto grado de dificultad. Esta actividad es relativamente corta (una hora) pero de una intensidad remarcable, por lo cual vale mucho la pena. A diferencia del Rafting, en donde el guía puede hacer toda la chamba sin importar la habilidad de los pasajeros (o por lo menos ésa es mi percepción) en el cañóning sí es necesario tu esfuerzo individual para salir adelante, y eso es muy reconfortante, porque sabes que lo lograste por ti, sin ayuda externa.

Temazcal

Entre muchas otras cosas, una de las ventajas de haber sido criado por mi madre es la posibilidad de conocer tendencias alternativas desde pequeño, como la santería, los hueseros, las adivinadoras, la brujería y el Temazcal. A pesar de que ella fue en exceso mocha, no dejó que se perdiera esa esencia jarocha que traemos de generaciones.

¿A qué viene todo esto? Desde que tengo uso de razón he hecho temazcal y siempre ha sido una experiencia muy grata. Pero, en esta ocasión me di cuenta de lo importante que es cada una de las partes que lo conforman, y me refiero tanto al guía como al grupo.

Antes de entrar al iglú, hice mi ofrenda y me dije hacia mis adentros lo que quería cambiar e, ilusamente, entré muy confiado a la que iba a ser la sesión de Temazcal más difícil que me ha tocado.

Honestamente no se veía que algo fuera a salir mal, entraron con nosotros una decena de personas que recién habían terminado su sesión de Yoga, lo cual me dio buena impresión porque, creía, que venían con una paz interna bastante profunda, pero las apariencias engañan y pronto me di cuenta de mi error.

            Al inicio de la primera puerta, ya había gente quejándose del calor, la oscuridad o el espacio reducido (y eso que nunca había estado en un iglú tan amplio). Nuestra guía quiso ser condescendiente y, como eran sus amigos, fue paciente y los empezó a tranquilizar para que no abandonaran esta experiencia.

            Hasta ahí todo en orden, creo que nunca he visto un ritual de estos en los que nadie se queje o le entre miedo. Pero la situación sólo empeoró. Ni siquiera terminamos las presentaciones y la primera puerta se tuvo que acortar porque no dejaban de quejarse.

            Como las quejas se incrementaban, la guía dejó a dos de ellas estar junto a la entrada (y con la puerta entreabierta), algo que nunca había visto y que, admito, me irritó bastante “Déjalas salir” fue lo que pensé. Cuando hay gente que simplemente no se tranquiliza, el guía los deja salir para que no interfieran con el trabajo de los demás. Y ahora entiendo el por qué, porque las quejas no disminuyeron, sino que se incrementaron.

            Para los que no han estado en un Temazcal, estar ahí dentro es una unidad muy fuerte, las esencias se funden en una sola y los sentimientos ahí vertidos se transfieren a los demás. Por eso los guías normalmente dejan salir a quienes no tienen la fortaleza necesaria para llevar el ritual a cabo, porque no van a lograr sacar algo de ahí, y su angustia va a interferir con el trabajo del resto.

            Y continuó la letanía de quejas hacia el ritual que, por lo menos para mí, requiere de un respeto que toda esa bola de latosos no tenía la mínima intención de dar. No sé cómo demonios hacían Yoga, ya que sus miedos y egos estaban a flor de piel y, lo que es peor, ni siquiera estaban dispuestos a someterlos: interrumpían los cantos, se les permitía salir para reingresar, el instructor de ellos ya se creía el guía del Temazcal, hacían dramas con que les faltaba el aire o con que se querían desmayar.

Como se podrán imaginar, yo ya estaba hasta la madre y por primera vez, en más de una docena de Temazcales que he hecho, me cansé y casi caigo desmayado. Ahí comprobé que la mente domina al cuerpo, y como no estaba en paz en la cabeza, casi colapso. Pensaba que como tenía muchos Temazcales a mis espaladas, ninguno me podría tumbar pero, al no haber paz en mi ser, mi resistencia no fue la misma.

Ya en la cuarta, y última, etapa del rito trate de tranquilizarme e ignorar a los que me rodeaban, ya que no podía comulgar con ellos, procedí a ignorarlos. Como ya no pude lograr mi objetivo inicial, tuve que hacer un esfuerzo para hacer un compromiso alterno para que esta ceremonia no fuese una sudada en vano: así que llegue a la conclusión de cerrar algunas amistades que estaban en el limbo (tema del cual ya escribí en otro ensayo anterior a estos).

Los Guias

            A excepción del Temazcal, en las otras tres actividades, tuvimos el honor y la fortuna de tener a dos de los mejores guías de Ecoturismo que he conocido en mi vida: Gabriel y Dario.

            A Dario siempre lo he admirado desde que lo conocí hace unos años, ya que es un tipo con una esencia congruente, te dice las verdades de manera asertiva, no te da por tu lado, pero intenta hacerte la experiencia agradable. Se nota que es un tipo de carácter fuerte pero, al mismo tiempo, se nota la lealtad y principios con los que se rige, además tiene un sentido del humor muy ocurrente. Sus pláticas son en exceso interesantes; por ejemplo, nos habló largo y tendido sobre cosmología Prehispánica. Ciertamente soy escéptico de muchas cosas sobrenaturales, pero Dario lo contó con tanta seguridad y con tanta congruencia que resulta difícil no creerle (por lo menos le creo mucho más que los cuentos católicos con los que fui criado).

También nos dio una plática bien interesante sobre la marihuana, las razones por las que fue prohibida (que nada tuvo que ver la salud de la población), lo intereses que movía, sus funciones, los mitos alrededor de ella y cómo se está dando su proceso de legalización (porque también hay intereses ocultos en ello).

Dentro del cañón, le compartió a Iván cómo era un empleado asalariado y, por azares del destino, acabó por renunciar a todo y se volcó en una vida más rica a nivel espiritual y en armonía con la naturaleza. Aunque gana mucho menos dinero que su etapa anterior, ha encontrado una existencia más placentera al dejar aquel mundo materialista atrás. Recalco, admiro la valentía y congruencia de Dario, espero tener el valor de emularlo en el futuro.

A Gabriel lo conocí el año pasado en Barranca Grande, y confirmo lo que escribí de él en aquel entonces. A pesar de la fuerza que demuestra tanto física como personalmente, es alguien muy sensible, me llama la atención cómo puede mostrarse fuerte y amable al mismo tiempo.

Se nota que su vida no ha sido fácil, pero él no ha permitido que eso le amargue el corazón (eso también debo aprenderlo). Gabriel es un orgulloso “Jalcomulqueño”, por lo que está muy enterado de su entorno. Durante cada una de las excursiones nos dio una cantidad enorme de información muy interesante sobre el pueblo, la fauna y flora del río, las costumbres, su gastronomía, la historia y los cambios del Río, la resistencia contra la presa, etc.

            Además Gabriel es alguien bien generoso, no sólo con su información, sino con su persona, cualquier cosa que pudiera darnos un “plus” al día, nos la daba o la expresaba, incluso, amablemente, nos invitó a comer a su casa la próxima vez que vayamos.

            Gabriel tiene un ángel enorme para contarte las cosas, tal vez no sea tan llamativo al expresarse como lo es Dario, pero él mismo tiene su propio carisma para platicarte. Aunque el tema de las plantas es más del dominio de Iván, también me tenía fascinado con todo lo que nos compartía, y eso que soy neófito en esto de la herbolaria y sus cualidades.

            En fin, este viaje no hubiese sido tan provechoso, divertido o interesante si no hubiésemos tenido la fortuna de tener este lujo de Guías a nuestro lado.

            Y así acabó nuestro primer día de actividades en este fin de semana intenso, en el siguiente ensayo platicaremos de las intensas vivencias del Domingo (y vaya que lo fueron). Pueden leer la segunda parte en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales

Jalcomulco Strikes back (Parte 2: El Domingo)

            Continuamos con el segundo día de nuestra estancia en el pueblo mágico de Jalcomulco, en el hermoso estado de Veracruz.

Río Pescados

            Después de una noche reparadora de sueño (acabamos molidos el Sábado) y tras un excelente desayuno nos enfilamos a la actividad estrella del viaje: El Río Pescados. Como ya comenté en alguno de los otros escritos sobre Jalcomulco, este tramo llamado “Pescados” forma parte del Río Antigua pero, como son dos trayectos distintos para hacer Rafting, se les diferenció por el nombre.

            Sin duda alguna Pescados es mucho más divertido e intenso que Antigua, además el grado de dificultad se incrementa bastante, ya que en Antigua sólo hay un par de Rápidos clase 4, y en Pescados conté (por lo menos) unos cinco, todos los demás son clase 3.

            Además de ser más intenso, el Río Pescados es incluso más bello que Antigua. Los paisajes que ahí presenciamos también eran dignos de postal, con tanta naturaleza a nuestro alrededor que, en los momentos de tranquilidad, entrabas en profunda relajación. Ésa es una ventaja de hacer Rafting en Jalcomulco: combinas en el mismo trayecto la tranquilidad espiritual que te brinda en convivir con la naturaleza y la adrenalina que experimentas al avanzar por los Rápidos.

            En el trayecto Gabriel nos enseñó una cueva artificial que una nutria tomo como madriguera, también nos fue indicando cómo ha ido cambiando el cauce del río por los derrumbes, las trampas con las cuales pescan los lugareños, paredes en donde hacer Rappel y tantas cosas que el viaje de horas se te hace breve.
           
            En el Rápido estrella de esta Sección (La Bruja Blanca), Memo iba delante de nosotros con unos alemanes. Supongo que los teutones se sorprendieron de ver tan impresionante Rápido y, a pesar de la heroica labor de Memo, no pudieron con la corriente y se volcaron.

            Nosotros íbamos detrás de ellos, para nuestra fortuna, ya estábamos acoplados a la perfección con Gabriel y con su exacta guía, pudimos superar a La Bruja Blanca. Pero ahora debíamos rescatar a la otra embarcación. Dario auxilió a Memo y a dos germanos, pero tres más estaban varados al otro lado del Rápido.

            Memo subió a nuestra balsa y volvimos a atacar a la Bruja Blanca, pero ahora no salimos tan ilesos. Atacamos el Rápido de lado, debíamos remar más rápido que la corriente y, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos, me había caído en el Rápido: me había chupado la Bruja Blanca ó_O.

De no ser porque Dario me lo contó más tarde, no hubiera sabido cómo explicar mi caída. Resulta que íbamos remando con fuerza cuando, en el momento exacto en que metí el remo al agua, al lado contrario, una ola levantó la balsa, así que el movimiento me hizo caer sin que me diera siquiera cuenta: En un momento estaba remando y, cuando abrí los ojos, ya estaba sumergido.

¿Saben? Siempre hay que tenerle respeto al Río, pero ciertamente no es lo mismo la primera vez que caes a la cuarta. Sabía que estaba en el agua, pero no me desesperé, no perdí la calma. Intenté ir hacia arriba y sentí que algo me rebotaba “¡Madres! ¡Balsa!” volví a intentarlo dos veces y seguía estando debajo de la embarcación.

¿Por qué no me desesperé? Honestamente no lo sé, tal vez sabía que estaba con los mejores y que, eventualmente, me iban a rescatar. Estaba extrañado porque, normalmente, si caes en La Bruja Blanca, debes hacerte bolita y dejar que te saque disparado para salir a la superficie unos 20 metros adelante.

Pero el quedarme debajo de la Balsa fue una suerte, en mi cuarto intento por fin salí a la superficie y lo primero que vi fue la cara de Gabriel mientras me agarraba del chaleco salvavidas y con mucha técnica me devolvió a la balsa en un solo movimiento.

            A Iván le sorprendió mucho mi caída. Dice que en un momento iba remando a mi ritmo y que, de pronto, dejó de verme. Asustado preguntó “¿Dónde está mi amigo?” pero sólo recibió como respuesta un firme grito “¡Rémale!” del buen Gabriel. Entiendo a Iván, cuando cae uno de tus amigos de la balsa, te preocupas y dejas de remar porque lo quieres rescatar. Por fortuna los guías se mantienen enfocados y te centran para que no pierdas la concentración, porque también corres el riesgo de caer si te distraes.

            Recién recuperé el aliento, y aún con los ojos desorbitados, lo primero que dije fue “Sé que suena masoquista, pero eso fue divertido”. Claro que cuando te caes a un Rápido no es divertido . . . en un inicio. Resulta divertido después de que te rescatan y, ya en la balsa, disfrutas el momento que acabas de superar.

            Ahí me di cuenta que, paulatinamente, mi necesidad de adrenalina se está incrementando, empiezo a disfrutar cosas que antes me atemorizaban o, si no disfrutarlas, me atemorizan menos. Y también comprendí que para obtener un nivel alto de gozo es necesario un nivel equivalente de riesgo.

Cada año invito a mucha gente a hacer Rafting y la respuesta es casi nula, todo por el miedo que le tienen al Río pero, como escribí en otra ocasión, confío más en el Río que en un juego mecánico o que en las personas. Si respetas al Río y juegas con sus reglas, te vas a pasar un momento fenomenal, además con guías tan experimentados y hábiles, es casi imposible que te pase algo, CASI, porque nunca hay que confiarse, pero no vamos a dejar que el miedo al Río nos impida vivir de las experiencias más maravillosas que puedes sentir o, por lo menos, que he vivido

Lo chistoso es que la gente quiere una emoción real, pero con toda la seguridad que no les puede pasar nada, y eso NO existe. Las cosas que valen la pena conllevan un riesgo, es como querer iniciar una relación con la garantía de que siempre va a funcionar sin problema alguno, o que te contraten con la seguridad que nunca te van a despedir, o iniciar un negocio con la certeza de que va a ser 100% exitoso y de manera fácil, pero nada de eso existe.

Obvio hay muchas maneras de divertirse en el mundo que son muy seguras pero, casi puedo asegurar, la calidad del gozo no va a ser superlativa como la de remar con todas tus fuerzas para vencer a un Rápido clase 4 (o clase 5 como los que viví en Barranca Grande el año pasado) y sentir la satisfacción de que le ganaste esa batalla al Río.

Todo el viaje fue una maravilla, pero esa simple caída al Río hizo mi fin de semana.

El MOAR

            Como siempre, la atención y servicio del campamento son de lo mejor: la comida deliciosa, las camas muy ricas (y cómo no, con la chinga que te llevas, caes redondito), y todo el mundo procurándonos para que nos la pasáramos de lo mejor, que nada nos hiciera falta.

Mención aparte merece el buen Mariano, atento y servicial como siempre, con él tuve breves pláticas para saber que había sido de los otros guías que he conocido a lo largo de mis viajes con Raft México, y así me fue contando de la vida de Christian (guía argentino con el que me tocó hace un par de años), Shaná, Nova y su pareja (¿Pitirico?), Carlos, Chai, Toño y tantos otros guías que nos han acompañado en tantas experiencias tan enriquecedoras en Jalco.
           
El tour de Regreso

            Para mí, el viaje a Jalcomulco se prolonga hasta en el viaje de regreso, mismo que es una travesía muy entretenida y comercial. Primero pasamos al pueblo a comprar recuerdos: playeras, pulseras, artesanías, imanes, etc.
            

            Antes de llegar a Coatepec, compramos una miel deliciosa y muy barata en un lugar que amablemente nos recomendó Mariano. Ya en Coatepec llevamos un café que olía exquisito y a un precio muy por debajo de lo que normalmente encuentras en Puebla por un café con esa calidad, esto gracias a la recomendación de Dario, que vive ahí.

            En la Joya llevamos unos quesos deliciosos y también vimos una cantidad impresionante de gente comprando sus árboles de navidad, porque ahí cerca había un vivero en donde los vendían muy baratos, o eso supongo por la enrome cantidad de autos que llevaban su árbol en el techo.

            Lo que sí le quedé a deber a Iván fue la vista de la laguna de Alchichica, porque ya era tarde y la noche no nos permitió verla, pero él se dio por bien servido al ver la vía de los pantanos en nuestro camino hacia San José Chiapa.

            La plática de regreso fue muy profunda y enriquecedora. Supongo que el vivir experiencias tan intensas en un par de días, hacen que bajes mucho tus defensas y no te tomes tan en serio las cosas, lo cual facilita hablar de manera tan auténtica y sin tapujos. Así, cuando llegas finalmente a casa, te invade esa maravillosa sensación de estar molido físicamente pero con el alma rebosante de tanta alegría.


Para mí ir a Jalco siempre son las mejores vacaciones en la relación calidad, cantidad y precio. Y es que, cuando regresas, tienes la sensación de haber estado fuera una semana entera, cuando en realidad fueron un par de días vividos a tope, y traes la sensación de haber hecho mucho en poco tiempo y, lo mejor, en un ambiente sano y muy divertido.

Y este par de ensayos son la muestra, a pesar de ya haber ido años consecutivos, siempre encuentro vivencias nuevas y enriquecedoras. Originalmente no tenía la intención de escribir nada “¿Qué novedad puede ocurrirme?”, pero siempre me llevo algo nuevo de mi visita anual a este tranquilo pueblo junto al Río.

Además la oferta de ecoturismo en Jalcomulco es tan amplia que puedes pasarte tranquilamente una semana sin repetir actividad, hay tanto por hacer y conocer que puedes pasarte las mejores vacaciones a un precio verdaderamente económico para todo lo que vas a atesorar en experiencias.

Cambio de administración.

Justo en el fin de semana de nuestro viaje, me enteré que el MOAR estaba cambiando de administración, aunque con caras conocidas: Paz y Memo ahora son los responsables del campamento, mismo que les va a ser rentado por los dueños de Raft México.

Obviamente, como todo el mundo en Jalcomulco, Paz y Memo fueron en exceso amables con nosotros, procurándonos y tratándonos lo mejor posible en cada oportunidad, y eso ha sido siempre, no sólo ahora que son los administradores.

Tal vez porque llegamos justo en el fin de semana en que se dio el cambio, pero no pude negar que se respiraba cierta incertidumbre en el ambiente, y tampoco puedo ocultarlo, yo mismo me preocupe, porque siempre que vengo al MOAR me la pasó de lujo, y no quería que nada fuera a cambiar.


Platicando con Memo me dijo: “Vas a ver que lo vamos a poner bien bonito”, algo que no me hizo mucho click “Ya está bonito así como está” fue lo que pensé. A pesar de mi mamonería endémica, para instalaciones vacacionales no soy tan exigente. Me gusta ambiente hippioso/ecologista que maneja el campamento, con las cabañas rústicas, los pisos y muebles de madera que están en buen estado pero se nota que no son nuevos, un lugar con un toque nostálgico pero funcional.

Si quisiera un hotel de lujo iría a Cancún o Los Cabos, pero los ambientes de esos lugares se prestan para instalaciones así, no Jalcomulco. Jalco es un refugio de esos lugares bonitos y populares, una opción alternativa para divertirte más en comunión con la naturaleza.

En las habitaciones no hay TV, ¡y no la necesitas! Hay tanta vida en el pueblo y sus alrededores que no necesitas la caja tonta, es más, ni te pesa que no haya señal de celular o Internet.

Para mí este tipo de instalaciones, muy ad hoc a la esencia del pueblo, atrae al tipo de gente correcta, ésa que busca estar en contacto con el planeta y su yo interno, que no sólo quiere destinos “bonitos” y lujosos que disfrutar. Jalcomulco es bonito, y lo es más por ese ambiente real que se respira, nada artificial, todo muy ligado a la naturaleza.

            Pero, al parecer, el mercado se va moviendo a otro lado, y ésta fue una decisión de negocios por parte de los dueños, así que no tienen por qué pedirme mi opinión al respecto pero, de todas formas, la doy.

            Al final, por naturaleza humana, todo cambio produce estrés y tal vez me estoy dejando llevar por ello. Ya veré, cuando regrese el siguiente Otoño, cómo les ha ido a Paz y a Memo, igual y me llevo una gran sorpresa (espero que así sea).

            Sin duda alguna, mientras tenga la salud, tiempo y el dinero, regresaré a mi cita anual con Jalcomulco, un pueblito que ofrece mucha alegría a un precio barato, porque todo lo que recibes es mucho más valioso de lo que pagas: Experiencias en las que vale la pena invertir. Literalmente, Jalcomulco te regala VIDA, te sientes VIVO, y no hay nada más valioso que ello.


            Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Involucionando

            Ayer estaba en la tercera y, espero, última fiesta decembrina del trabajo. Mientras me tomaba un descanso de la pista, veía cómo la gente bailaba “La Tortura”. ¿Saben? Cuando ya llevas tantos años tomando clases, lo analizas con distintos ojos, y me gusta ver a la gente bailar, es una experiencia antropológica muy interesante: ves quién en verdad se divierte, identificas quién está sufriendo, a quién le importa que lo vean, quién está nervioso, quién quiere algo con su pareja, quién está bailando a la fuerza y demás. Es un tema interesante y, tal vez, algún día me aviente a escribir un ensayo sobre ello, pero no hoy. Mientras observaba a la gente bailar, vino una pregunta a mi mente “¿Por qué?”

A veces me pregunto “¿Por qué?” Y no es que ignore la razón (ella fue muy clara al respecto). Entiendo a nivel cognitivo pero no a nivel emocional, y no es que sea el súper partidazo que toda mujer quisiera tener (aunque me defiendo). Mi corazón no acaba de entender cómo no estamos al lado de la mujer más maravillosa que hemos conocido aunque, ciertamente, no significaba lo mismo para ella.

¿Por qué no vivimos en un mundo en el cual, cuando encuentras al amor de tu vida, seas tú en automático el amor de su vida? “¿Por qué?” Es la pregunta constante dentro de mi ser, cuya razón conozco, pero no acabo de entender. “¿Por qué?”

Todavía recuerdo cómo era mi existencia hace un par de años aunque haya dejado de ser dicho individuo. Algunos dirán que soy mejor, otros que soy peor, pero ciertamente ya no el mismo de antes, ni siquiera sé si extraño lo que era antes de conocerla. Lo que sí anhelo es la tranquilidad que respiraba antes de que todo esto pasara; no me arrepiento de nada porque en verdad fui muy feliz pero, me doy cuenta que no sabía la rutina tranquila que tenía, es factible que fuera aburrida y sin sentido pero, sin saberlo, era feliz en mi ignorancia.

Ahora sé más cosas y mi situación es diferente así que, cuando me tranquilice y esté sereno, tal vez esa tranquilidad sea un poco más madura y un poco más triste, incluso más consciente o amargada. Lo único cierto es que desde aquel 14 de Febrero del 2013 (día en que irrumpió en mi mundo con toda su perfección), mi existencia como la conocía se acabó por completo y ya nada volvió a ser igual.

Leo mis escritos antes de conocerla y es curioso, sé que soy yo el que escribía pero me parece que era alguien más quien se expresaba, por eso digo que he cambiado. No entiendo como antes podía leer un par de libros por mes y escribir un par de ensayos a la semana, aunado a todas las actividades que normalmente hago. Ahora me siento vacío, con esfuerzo saco un escrito cada quince días o cada mes, sin contar que tengo abandonado el blog clandestino y de los libros ya ni hablemos: nunca había pasado tanto tiempo sin leer desde que aprendí a hacerlo.


Es increíble cómo el conocer a alguien te cambia todo de un solo golpe, incluida tu esencia. Cuando la ví por primera vez murió un Hebert que vivió hasta los 36 años y poco más de cuatro meses y renací como alguien distinto, el problema es que la razón de ese renacimiento ya no está a mi lado aunque, a decir verdad, nunca lo estuvo. Ella tenía otros planes y no le era tan vital como ella lo era para mí, lo cual podría parecer injusto, pero no lo es. Ella es libre y no tiene por qué atender mis anhelos románticos.

No necesito decir que ya no pretendo enamorarme, eso es un hecho, por más ridículo que suene (los que me conocen saben lo cabeza dura que puedo resultar). Y lo voy a intentar como la vez anterior: cerrarme, blindarme y bloquear cualquier puerta a mi corazón porque ya no quiero enamorarme, ya no quiero perder las consciencia y el control de mis sentimientos y pensamientos.

Sé que puedo durar mucho con esta postura hermética, reducir en lo posible el contacto humano para aislarme como solía hacerlo hace años. ¿Cuánto puedo durar en mi berrinche? Posiblemente hasta mi muerte (ojalá) o tal vez hasta que (tontamente) vuelva a creer en el amor, porque uno puede decir “Ya no me voy a enamorar” o “Enamorarse es una decisión” o “Pinche Mundo, muéranse todos” pero algo que he aprendido es que el enamorarse NO es una decisión, eso simplemente te pasa, lo quieras o no. Y a pesar de que sé que es inútil tratar de resistirme, lo voy a intentar con la esperanza de lograr mi cruzada.


            Hace un par de semanas viaje a Jalcomulco y, en un Rápido de los más difíciles (La Bruja Blanca), caí al Río. Cuando me rescataron, me sentí diferente, además de agradecido de que me hayan salvado, me sentí más ligero, como que parte de mi dolor se quedó en el Río, se quemó en el temascal o lo abandone en el cañón. El caso es que en Jalcomulco fui feliz un par de días y estuve tranquilo, porque me ayudó a sanar un poco.

En Jalco llegué a la conclusión que debía empezar a cambiar cosas, dejar lastres atrás que hicieran más ligero el avanzar, por eso decidí cerrar amistades que ya estaban desahuciadas, pero faltaba el cierre necesario, porque ya no quería cargar con pendientes. De por sí ya tengo las manos llenas lidiando con mi dolor sentimental como para andar cargando pequeñas piedritas que ya no voy a rescatar.

Cerré tres amistades: una que murió en mi viaje a Cancún del año pasado, otra con la que alguna vez fue mi mejor amiga por muchos años y la tercera con una con la cual me identifiqué mucho en el último par de años pero que, al ser tan parecidos en lo explosivo, era cuestión de tiempo para que nuestros orgullos terminarán alejándonos.


Así como mi Schatzie, uno no puede amarrar personas para que estén todo el tiempo a tu lado, así que lo mejor es dejar fluir, dejar que avancen en su camino y agradecer el tiempo que compartimos, sin tratar de aferrarnos ni obligarles a que se queden.

Se podría decir que me estoy quedando sin amigas, cosa que no me preocupa, porque aún tengo algunas otras y de calibre grueso, representadas por Lesly, a la cual quiero y admiro porque, a pesar de todas mis tonterías, ideas radicales, decisiones estúpidas y demás, nunca me da por mi lado, me da su opinión honesta y, lo más importante de todo, me respeta en lo que hago, así me monte en mis berrinches, me apoya en todo momento aunque no esté de acuerdo (algo que aprecio cómo no tienen idea).

Cerrando el tema de Jalcomulco (del cual escribiré un ensayo completo pronto), cuando pasé al pueblo a comprar pulseritas a mis amigas restantes, fue inevitable recordar la pulsera que no llegué a entregar. Ya debería estar habituado a tantas situaciones que me van a traer de vuelta los recuerdos de mi Musa, y ése es el precio por tener recuerdos felices que no se concretaron en nada: bonitas memorias que te lastiman de manera profunda, es irónico porque entre más grande la alegría que viviste, mayor la tristeza que te genera.


Estoy sufriendo una especie de regresión, y no me importa, de hecho creo que estoy anhelando el regreso de esos tiempos en los que me aislé bastante, en donde no me importaba relacionarme, y está bien, porque cada vez me importa menos la gente, por eso cerré esas tres amistades, para ya no cargar con esos pendientes en mi espalda y ser más libre.

Sé que uno no puede ser un hongo, que necesitas convivir con otros pero ¡no me importa! Si pude renunciar a la persona que significaba mi vida, ¿creen que me afecta renunciar a tres amigas que en su momento fueron muy importantes? ¡Para nada! Con que tenga un puñado de amistades reales y leales (que las tengo) me es más que suficiente.

Siguen los ataques de llanto pero, para mi fortuna, se presentan más espaciados y cada vez duran menos, porque los puedo controlar más rápido. Por momentos siento que me derrumbo pero me obligo a reponerme de inmediato ¿Para qué? No lo sé, tal vez tengo miedo que se suelte toda mi tristeza, por lo mientras es el patrón que estoy siguiendo y que siento que me sirve, por eso no dejo que mi depresión se desborde.


No me ayudan las fiestas de fin de año del trabajo ya que, las tres, se realizaron en un lugar muy cerca de donde vive mi Musa, así que seguí esa ruta que tantas veces maneje con alegría, porque me dirigía a su casa, ya sea para dejarla o pasar por ella, para ser inmensamente feliz así fueran por cinco minutos que la pudiera ver.

Pasé por el negocio de su papá, y recordé lo que me compartía sobre él, todos esos pasajes de su infancia que atesoraré por siempre y, por más que me quise hacer fuerte, fue inútil, y los recuerdos se derramaron a través de los lagrimales. Ya ni siquiera tiene caso preguntarle a la vida por qué es injusta, porque no lo es, ya que me regaló esa oportunidad de estar con ella y ser feliz de manera breve, pero somos ambiciosos, queremos prolongar esa perfección el resto de nuestros días, mantener aquello que nos hace dichosos hasta la muerte, ignorando que la otra persona tiene sus propios planes.

Y ya que mencioné los convivios prenavideños, admito que el maldito Diciembre me pone de malas, e impulsa al Grinch que soy todo el año pero, especialmente en este mes, me pongo insoportable. Producto de ello es mi irritabilidad, mi orgullo y esa necesidad de cambiar algo en mi vida ¿para bien? No lo sé, pero estoy tratando de “limpiarme” de lo que, considero, ya no es funcional en mí.


Tal vez los demás no lo entiendan, pero mi manera de defenderlos del Grinch amargado que soy es aislarme, y así reducir el contacto a lo meramente indispensable. Para muchos esta postura mía no es muy productiva, pero así funciono: necesito espacio a solas, lidiar con mi amargura, tratar de sanar mis heridas, enfocar mi dolor sin dañar a terceros y tratar de encontrar algún motivo que me haga seguir adelante.

En el escrito pasado comenté lo que va a significar ir a ver “El Sinsajo” sin mi Musa, dolor que aumenta cada vez que alguien me la recomienda. En una de ésas, Lesly me preguntó “¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine?”, adivinó la respuesta al ver la tristeza que se reflejaba en mi mirada al recordar esa última ocasión.

Efectivamente, la última vez que fui al cine fue con mi Schatzie, en mi cumpleaños (hace más de dos meses), vimos “Maze Runner” versión doblada (la única persona por la cual soporto ver una película doblada era mi amada Musa). Este recuerdo me deprimió bastante  porque, inesperadamente, me dio mucho miedo ir, siento que si voy sin ella es como traición (muy tonto de mi parte ¿no creen?) además me da pánico encontrármela y, peor aún, acompañada de otro hombre (eso destrozaría mi alma). Es una auténtica pena que me haya dado cuenta de esto, porque ahora debo vencer este otro miedo.


Como dice mi terapeuta, es algo que disfruto mucho y que hago bastante seguido (por lo menos una vez cada dos semanas), así que nada se gana si dejo de ir. Eventualmente tengo que volver al cine, y me debo apurar porque ya se me junto “El Hobbit” en cartelera, pero va a ser un momento muy triste volver ahí sin ella.

Y ya que mencioné la terapia, Ana (mi terapeuta) y yo bromeábamos en consulta sobre mi estilo de vida, y me dijo “Ya verás que algún día vas a encontrar a una mujer con tu perfil” y deje de reír. No me sentía ofendido, en realidad me entristeció, porque no es la primera que me dice algo así “Vas a encontrar a alguien como tú”. Sé que la gente intenta animarme, aún sin saber que estoy de duelo, pero en realidad me acaban hiriendo con su buena voluntad.

Tal vez en algún momento del pasado me hubiera encantado estar con alguien como yo pero, desde que encontré a mi Musa, eso cambió. Era la persona perfecta para mí, sin importar las diferencias, por ello no me hubiera importado ir a ceremonias católicas (religión que detesto con todo mi ser), o ir a reuniones familiares (por eso tengo una sana distancia con mi propia familia), festejar navidad (que ya saben mi opinión al respecto) y lo haría feliz porque sé que a ella le hacía feliz, y su felicidad era la mía. Así como me desvelaba con gusto (como tantas veces lo hice a su lado) a pesar de ser alguien diurno que acostumbra irse a dormir temprano.


No quiero a alguien como yo, porque ya había encontrado a quien me hacía hacer cosas por gusto, por ella y por mí, porque estar a su lado  era mi máxima alegría ¿Cómo chingados no iba a hacer todo aquello por la mujer que amo? Con tal de compartir momentos de su existencia.

No quiero a nadie como yo, porque ya había encontrado con quién compartir el resto de mis días, diferente a mí y, por eso mismo, simplemente perfecta. No me importaban sus diferencias pero, al parecer, a ella sí le importaban las mías y así, por más que duela, no más no hay hacía dónde hacerse.

Por más que la quiera, por más que la idolatre y por más que sufra por su amor algo que he aprendido, y de la manera difícil, por más ganas que uno le eche a una relación (o amago de ella), si el compromiso no es parejo, está destinada al fracaso. Y por eso me aleje, porque no podía embarcarnos a los dos en una relación en la cual ella no creía y, al final, sólo podía terminar en algo negativo o destructivo.

¿Por qué sigo escribiendo sobre ella? Porque tengo la ligera esperanza de que lea lo que escribo, nunca fue muy afecta a leer el blog, aunque siempre leía lo que le mandaba y me respondía pero, debido a sus ocupaciones, no tenía mucho tiempo para hacerlo. Sé que me estoy engañando porque aunque escriba mucho sobre ella, no va a leer nada de ello y aun así sigo haciéndolo.

Justamente por esa esperanza es que me debo obligar a dejar de escribirle, ya no debo dañarme y aceptar que ya no hay vuelta atrás, debo seguir adelante aunque sea triste y ya no perder mi tiempo y mi energía, porque ya no va a volver. Hace unas semanas, justo después de publicar “Limpiando la casa”, me preparé para ver a mis amados Delfines, cuando de pronto vino un pensamiento desde lo más hondo: “Ya no va a volver”.

Fue tan limpio, tan directo, tan profundo, tan honesto, tan tranquilo y tan auténtico que ni tiempo tuve de resistirme, no pude siquiera cuestionarlo. Lo más que logré hacer fue contenerme, no me quedaba de otra que aceptarlo como un hecho innegable, por eso no me resistí pero tampoco me deje desbordar.

Sin duda uno de mis momentos más tristes, y que lo tengo guardado esperando que, con el paso de los meses, pueda sacarlo de forma paulatina. Antes, cada vez que nos separábamos, siempre quedaba ese resquicio de que podíamos vernos de nuevo, ahora es diferente. Ahora, en donde antes había esperanza, hay un vacío.

Y está bien ¿Saben? Ahora soy libre. No quiere decir que vaya a perseguir a muchas mujeres, de hecho por el momento es lo que menos me interesa, pero ese vacío existencial también es una oportunidad de llenarlo con algo

Lo he aceptado y es triste pero, al mismo tiempo, liberador. El saber que ya no va a regresar me destroza el alma, pero también me da la tranquilidad de ya no vivir con la incertidumbre del “y si nos volvemos a ver”

El no esperar nada te da una libertad tranquilizadora que reduce la angustia al saber que ya no hay solución. Obvio que sigue el dolor, sólo que lo estoy postergando para después, para cuando esté fuerte y poder lidiar con él.

Ya sólo queda mantenerme ocupado y enfocado, ¿en qué? No lo sé. De entrada en el trabajo y en el siguiente viaje (al parecer a la Huasteca Potosina). Le comentaba a una amiga, que también está viviendo su duelo sentimental, que tengo miedo a los días libres decembrinos porque voy a tener mucho tiempo para pensar, porque me he estado haciendo menso con el dolor, no he querido procesarlo del todo, así que sólo me mantengo distraído, pero tal vez sea necesario dejarlo salir porque el pensar demasiado en la situación, trae demasiado sufrimiento.

Corriendo llegué a una conclusión: debo releer todos y cada uno de los casi 80 escritos que le he dedicado, tanto publicados, como privados e inclusive un par de mails entre nosotros. ¿Para qué? Para revivir todo, para exorcizarlo, para llorarlo, para entender que ya pasó, que fueron otros tiempos y yo era otra persona, para entender que ya no hay más que hacer.


¿Y saben qué? Tengo pavor ¿Por qué? Porque va a ser muy doloroso, leer toda esta odisea, todos los sueños, anhelos, miedos, incertidumbres, ilusiones, alegrías y tantas cosas que pasaron, que fielmente trate de reflejar en cada escrito, además los privados fueron exclusivos para ella, en un lenguaje más íntimo, más directo e inclusive más romántico ¿Cómo demonios voy a soportar eso sin desmoronarme? En verdad no puedo.

Pero además hay otra razón. Aunque sé que ya no va a volver, no la quiero dejar ir, suena estúpido ¿verdad? Y suena así porque lo es. ¿Por qué no la quiero dejar ir? No lo sé, tal vez me siento acompañado por su esencia, tal vez estoy enamorado de esa imposibilidad de relacionarnos, tal vez estoy siéndole fiel a una relación que nunca existió, ¡y eso en verdad es idiota! ¿Cómo se le puede ser fiel o infiel a algo que nunca existió? ¿Cómo puedo ser tan iluso? ¿Cómo puedo ser tan imbécil? Y, sin embargo, lo soy, y tengo bien merecido todo esto que está pasando.

Sé que algún día voy a leer todos esos escritos de golpe, estoy consciente de todo lo que voy a sufrir y las lágrimas que justamente voy a derramar, pero no hoy. No los quiero leer hoy, ni mañana, ni la siguiente semana ¿Cuándo lo haré? No lo sé, no creo que sea pronto, ni quiero que lo sea. Tal vez, algún día, sin darme cuenta, empiece a leerlos sin tanto miedo, tal vez.


Algún día cerraré por completo el tema de mi amada Musa y podré seguir adelante. Sé que eventualmente voy a llorar con algún recuerdo o ponerme triste con alguna canción, pero es algo a lo que debo acostumbrarme, ya que será parte de mí el resto de mis días, porque un amor así no se olvida, sólo aprendes a vivir sin esa maravillosa sonrisa que te hacía ver que este mundo es una oportunidad inigualable para ser feliz (aunque sea por breves momentos).

Puede que inclusive siga escribiendo estos ensayos sin sentido que sirven para focalizar mi duelo pero, en la medida de lo posible, intentaré que este sea de los últimos al respecto, necesito cerrar la saga “Na.Ni.” que me ha acompañado durante casi dos años.

¿Qué viene adelante? Honestamente no lo sé ni me importa, sólo sé que debo limpiar mi interior para hacer espacio a lo nuevo y, mientras llega, me voy a dedicar a viajar tanto como pueda y a experimentar a pesar de mi miedo patológico a vivir. Sé que este mundo no tiene sentido, pero mientras estoy en él, algo debo de hacer con mi existencia, y si es productivo, mejor.

Tal vez no me vuelva a enamorar, tal vez sí; o incluso, es muy probable, que muera enamorado de ella.


Hebert Gutiérrez Morales.