viernes, 22 de noviembre de 2013

La pulsera que no llegue a entregar (el verdadero Adiós)

            Estaba tomando mi clase del Miércoles en Rumba Mía cuando, de repente, noté el anuncio de un evento salsero. Hay muchos de estos en la academia pero el que me llamó la atención tenía algo o, mejor dicho, alguien a quien reconocía: uno de los amigos de la mujer que me ha traído de un ala los pasados nueve meses.

            No lo niego, me sentí afectado por el poster y es que recordé que la última vez que nos vimos en persona mi Musa y yo, fue para pagarle un dinero a su amigo. Me pasé el resto de la clase ignorando el anuncio, pero el mal ya estaba hecho y no disfrute el baile, de hecho me la pase pensando que debo de cambiar de ritmo porque, mientras siga yendo a una escuela salsera, invariablemente voy a ver algo o alguien que me recuerde a mi amor frustrado.

            Durante estos nueve meses que he amado a esta mujer, algo definitivamente ha cambiado en mí: las horas de sueño. Entre salidas a bailar, desvelos escribiendo, platicando frente a su casa a media noche, chateando a la distancia, llorando en la soledad de mi casa e  inclusive corriendo a horas inapropiadas, mi organismo ha cambiado y ya son pocas las veces que duermo mis ocho horas.

            Sé que con el paso de las semanas, mi reloj biológico va a ir recuperándose y, eventualmente, volveré a mis hábitos nocturnos ñoños y aburridos. Por lo mientras duermo menos, tengo el sueño entrecortado y, sin querer queriendo, checo el Smartphone “sólo por si las dudas” me digo de manera inocente (y es que el mentado aparato lo compré para estar más cerca de ella). Es más, casi nunca oigo el despertador porque suelo levantarme mucho antes de la hora en que tendría que sonar.

            A pesar de esos pésimos hábitos de sueño, desde que me despedí de mi amada, he tenido sueños muy vívidos o, expresándome de mejor manera, recuerdo vívidamente mis sueños porque todos los días soñamos, pero no quiere decir que siempre nos acordemos.

            Lo curioso de estos sueños es que las protagonistas son distintas de mis amigas del trabajo, pero no vayan a pensar mal, ya que todos los sueños son escenas cotidianas con la peculiaridad de que siempre acabo siendo apapachado por ellas para mitigar mi dolor.

            En fin, el Jueves me levante temprano a correr, así que tome el chocolate que iba destinado a mi Musa para regalarlo a alguien más pero eso lo comentaré más adelante.

            A diferencia de hace 11 años, la otra ocasión en la que realmente me enamoré, ahora tengo una actividad que me ayuda mucho a reflexionar, como lo es el correr. A pesar de que había Luna llena, el cielo estaba nublado, así que mi corrida fue por caminos muy oscuros.

            Muchas veces me han dicho que es arriesgado correr en las madrugadas pero, siendo honestos, nunca he tenido miedo de que algo me pase y es que, creo, nunca he valorado mucho mi vida y, en estos días, creo que ese sentimiento se ha agudizado.

            Mientras corría por la oscuridad externa, anhelaba la interna “¿Dónde demonios quedó el Hebert oscuro?” Sé que suena estúpido, pero en verdad extraño mi parte más negativa y ácida, ésa que salía a enfocar todo el dolor interno a través de la amargura e ira que tenían que soportar los pobres seres que se cruzaban por mi camino. Por un lado, al ser exponencialmente más sarcástico, cínico, jodón y directo que en años anteriores, creo que esa parte de mí dejo de estar guardada y se integró a mi personalidad pública. Por el otro lado, creo que fui “vacunado” con una dosis de dulzura y amor por parte de mi amada, y ya no puedo volver a ser ese engendro de maldad que emergía cada vez que entraba en un proceso de duelo.

            Sé que debería sentirme agradecido pero, cuando estaba meditando sobre todo eso, más bien me sentía abandonado por mi mascara de crueldad, esa misma que me acompañó durante tantos dolores en el pasado.

            En fin, mientras me acercaba a la pirámide de Cholula, recordé que iba con un chocolate en la mano. Me entristecí al recordar que el mismo iba a ser para mi Musa pero, al despedirme de ella, tenía que empezar a sacrificar los últimos vestigios de mi amor no correspondido. Y es que siempre que podía le daba algún detallito: un chocolate, un helado, un ride, un llavero, alguna galantería o cualquier cosa que me permitiera consentirla. Eso sin contar que siempre le traía algo de los viajes que hice durante este año.

            Como parte de mis medidas del duelo está el regalar un chocolate alemán y una pulsera artesanal que la iba a dar la siguiente vez que nos viéramos, ocasión que nunca llegó. De haber sabido que la última vez que la ví fue esa que le di aventón a clase, la hubiera abrazado tan fuerte que nunca la hubiera dejado ir, pero así es la vida, muchas veces no sabes cuándo va a ser la última vez que vas a ver a alguien.

            Empecé a subir las escaleras de la pirámide, ví que estaba estacionada la bicicleta del señor que me da los buenos días, seguí avanzando y noté su suéter donde normalmente la deja pero, al ver el último tramo, ¡no lo vi! “¡Madres! ¿ahora qué hago?” Para lo dogmático que soy, ya tenía previsto entregar el chocolate y seguir mi camino pero, para mi tranquilidad, el señor empezó a bajar por las escaleras.

            “¡Buenos Días Jarocho!” me dijo con el clásico ánimo que le imprime el señor “¡Buenos Días!” le contesté “Tomé, le quiero regalar esto” mientras le entregaba el chocolate “¡Muchas gracias Jarocho!” decía mientras lo aceptaba tranquilamente. Como ni se inmutó, sólo me limite a decirle que estaba agradecido porque siempre me daba los buenos días y que eso me motivaba a seguir corriendo, pero venían más personas bajando y me ganó el pudor, así que hasta ahí deje mi discurso y me despedí.

            Estaba un poco frustrado, quería decirle lo útil que me resultó su saludo el Martes pasado, cómo me sentía, me hubiera encantado hablarle de la mujer que me tenía así, de lo maravillosa que es y de tantas y tantas cosas. Fu entonces cuando me hice consciente y concluí que estaba bien, que con haberle dado el chocolate y mi agradecimiento interno era suficiente, al final el señor nunca sabrá lo reconfortado que me hizo sentir dos días atrás en uno de mis momentos de dolor.

            Al avanzar en mi camino, me empecé a hacer consciente “¡Tienes que dejarla ir!” Sé que suena tonto, puesto que ya me había despedido pero, muy en el fondo, aún esperaba un último contacto. Pero eso es lo que me estaba hiriendo, el negarme a regresar a la normalidad, el negarme a dejar que pasen los días y que ella se vaya volviendo recuerdo y mis ilusiones a su lado guardarlos en el baúl de sueños rotos y desengaños. Es triste ¿saben? ¿Cómo puedo ser tan cínico para hacer eso? Y sin embargo, lo tenía que ser.

            Sin embargo, sí hubo el esperado último contacto.

            Los Jueves como con Camelia así que, mientras la esperaba, sonó el Whatssapp, el cual vi con toda tranquilidad y casi me da un paro cardíaco al ver que era mi amada. Me tomó desprevenido, así que necesitaba prepararme y fortalecerme sentimentalmente, además tenía una amiga neurótica que exige atención (aunque ahora a ella le tocó escucharme), así que le escribí a mi Musa que más tarde la atendía con toda calma y propiedad, lo cual aceptó.

Aunque a un nivel anhelaba volver a tener contacto con ella, honestamente, no esperaba que se fuese a dar. Ambos lo sabíamos, de hecho ella escribió “Sé que probablemente no debería estarte escribiendo” a lo que le conteste “No esperaba que escribieras pero, en realidad, me da mucho gusto que lo hicieras”.

            Pero, a diferencia de las películas, los libros, las novelas y tantas y tantas historias que nos hacen anhelar un final con un “Y fueron felices para siempre”, aquí no fue el caso, porque esto es la vida real.

            Nos despedimos.

            Ella entendió mis razones y yo entendí su postura. No hubo nada que recriminar, nada negativo que decir, sólo hubo buenos deseos, sentimientos auténticos, agradecimientos, algo de tristeza por la despedida pero, al final, así debía ser. Ambos teníamos una visión y expectativas diferentes de esta relación y, al final, alguien iba a salir lastimado.

            No voy a negar que se me salieron algunas lágrimas pero, a diferencia del sufrimiento de los últimos días, después de la despedida estuve muy sereno, muy calmado, no feliz, sólo tranquilo.

            De eso hablaba en mi escrito anterior, eso era lo que estaba esperando: a pesar de haberme despedido mediante una carta, faltaba una despedida directa, lo ideal hubiese sido en persona pero, me conozco, al verla me hubiera derretido y hubiera continuado con esta situación que no llevaba a nada.

            La tristeza de las separaciones es inversamente proporcional a la importancia de quien dejamos atrás, así que ésta tendría que ser la más triste y en una forma así lo fue, pero hubo algo distinto. Ambos, a nuestra manera, la pasamos muy bien en estos nueve meses, sin tener que ser novios, platicamos muchas horas y, por lo mismo, ya nos conocíamos: A ninguno de los dos nos gusta el sufrimiento, y por lo mismo nadie abrió la puerta al mismo, por eso optamos por una despedida madura sin dejar de ser tierna, cerrar de una manera positiva unos meses que jamás olvidaremos (por lo menos yo no).

            Mientras escribo esto, veo el último vestigio de mis sueños románticos: la pulsera. No es muy ostentosa, de hecho es sencilla, pero no le quita lo bonita. Cuando la vi, de inmediato pensé en mi Musa, aunque ya le había dado regalos más costosos, la pulsera me pareció ad hoc a su estilo y esencia. Por lo mismo no la puedo regalar a cualquier persona.

            Se la dí a alguien que supo toda la intención que traía ese regalo y que no se sintió ofendida porque le regale algo que no era para ella, alguien que entendió que se la dí como quien entrega algo muy valioso y que sé que la va a cuidar: Mi amiga Lesly, la cual me ha acompañado y apoyado en todo este proceso.

            Y con este pasaje, ahora sí, cierro esta etapa de mi vida. Ciertamente no tuvo un final feliz pero no por ello fue uno malo. Definitivamente ya no soy aquel Hebert que se levantó de su cama aquel lejano 14 de Febrero con una actitud de Grinch y que creía que ya nada importante podía pasarle, sin saber que ese día mi existencia iba a dar un vuelco inesperado al enamorarme de la mujer más maravillosa que jamás haya conocido.

            Tal vez no logré tener una relación romántica con mi Musa, pero lo intenté, vaya que lo intente. Pero, más importante que cualquier otra cosa: la amé, no me importaba que no sintiera lo mismo, tuve la oportunidad de amarla desde mi trinchera, desde mis anhelos, desde mis miedos, desde lo profundo de mi corazón y con una intensidad que había olvidado hace muchos años y que no pensé volver a experimentar.

            ¿Qué sigue en la vida? No lo sé y, honestamente, no me importa mucho. Me he dado cuenta que por más planes que haga uno, al final, vas a acabar en lugares inesperados guiado por caminos misteriosos.

            Muchas gracias mi querida Musa Na.Ni. siempre te recordaré.


            Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 19 de noviembre de 2013

Momentos de empatía y catarsis

            Martes y Jueves corro en la Madrugada, dentro de mi trayecto incluyo la pirámide de Cholula para meterle dificultad a mi ruta. Desde hace más de un año, cuando voy subiendo las escaleras, invariablemente me encuentro un señor oriundo del lugar, que se ve que ya está rondando los 50. Desde la primera vez que me lo encontré me daba los buenos días.

            Algo que me he dado cuenta mientras corro es que, cuando alguien (sin importar quién sea) me saluda o me da los buenos días, siempre acabo avanzando con más intensidad, tal vez por el hecho de que alguien se interesa lo suficiente para molestarse en notar mi presencia. Sin embargo, cuando un desconocido lo hace, resulta más especial, porque no tendría por qué hacerlo.

            Son esos contactos con desconocidos que son especiales, no sabes sus nombres, sus historias ni sus problemas, sólo comparten un momento de ejercicio en la madrugada y se expresan buenas vibras para el resto del día.

            Así que dos veces a la semana nos deseamos los “buenos días”. En una ocasión me dijo el susodicho señor“¡Buenos días Jarocho!” ¿Cómo supo que era de Veracruz? No lo sé, así que se lo pregunte y me dijo que se me notaba por la fisonomía. Eso me reconfortó bastante porque, aunque ya no viva en Veracruz, se me sigue notando que soy de ahí.

            Hoy me lo encontré y me dijo “¡Buenos días Jarocho!” y agregó “¿Estudias aquí?” Me sentí halagado porque me considerara tan joven como para ser estudiante, así que le dije “Nop, yo ya trabajo”, a lo que él contestó “¡Ah! Pero estudiaste aquí ¿cierto?” lo cual confirme, así que su siguiente pregunta fue “¿Y dónde trabajas? ¿En Volkswagen?”. Desconozco como este señor adivina tantas cosas mías pero me sentí halagado porque se interesara por mi vida.

            Este breve diálogo me cargó mucho las pilas y, cuando deje a mi amigo matinal unos escalones atrás, aprovechando que el lugar estaba desolado, me puse a llorar mientras corría. Sé que suena tonto, pero así fue ¿Por qué lloraba? Por toda la sensibilidad que traigo de haber dejado a mi amada atrás.

            Tal vez no tenga explicación mi comportamiento, pero voy a tratar de analizarlo: me siento algo chipil (sensible), y el que un desconocido sea amable conmigo me hace reconforta, siento bonito de que alguien se interese en mi vida. Simplemente me sentí bien de que el señor haya tenido una amabilidad hacia mi persona, y con lo sensible que estoy, fue entendible mi reacción.

            He decidido que este Jueves, cuando lo vuelva a ver, le voy a regalar un chocolate alemán, ese mismo que le estaba guardando a aquella mujer que tantos sueños me provocó, y le voy a agradecer al señor por saludarme cada vez, porque me hace sentir bien y le quedo a deber con una triste golosina. La próxima vez le voy a preguntar algo de su vida.

            Esos momentos de empatía que, normalmente, no valoro pero que ahora veo lo afortunado que soy. Eso me hizo recordar un episodio que pasó hace un mes en la oficina.

            Como fue característico en los últimos nueve meses, estaba en uno de esos sube y baja emocionales, porque no me sentía correspondido en mis sentimientos. Así que decidí ir a ver a mi amiga Camelia, misma que me notó bajo de pilas y me pregunto qué pasaba “Cosas del corazón” le contesté a lo que me preguntó “¿Qué te hizo ahora esa pinche vieja?” lo cual me afectó bastante y le dije “¡No le digas así!”, pero estaba tan sensible que ya no le pude decir más y me retiré al baño a descargar mi tristeza.

            Pero no sólo me fui por sentirme agredido que le dijeran “pinche vieja” a la que creía el amor de mi vida y, sin duda, la mujer más valiosa e importante que he conocido, por lo que no aplicaba el insulto. Sin embargo, me sentí halagado por la preocupación de mi amiga por mi bienestar; tal vez su manera de expresarlo fue ruda pero, al final, su empatía me reconfortó bastante, y ese día la quise más.

            Volvamos al día de hoy.

            Iba manejando de camino al trabajo mientras escuchaba mi carpeta de Phil Collins. Empezó a sonar “You can’t hurry Love”, una tonada muy positiva y movida que me puso de buenas y me hizo pensar “¡Vamos Hebert! ¡Cabeza arriba! El amor no se puede forzar, ya vendrá el día en que encuentres a alguien que te acepte y quiera como eres”.

            Todo iba perfecto, el problema es que la siguiente canción que inició fue “You know what I mean” misma que cuando empezó a sonar pensé “¡Demonios! Esa canción es una crueldad . . . . . . ¡Vamos a escucharla!” ¿Por qué me hice eso? No lo sé, tal vez por esos instintos masoquistas y autodestructivos en los que uno incurre cuando está en duelo. Porque, por ridículo que suene, en ocasiones es muy rico revolcarse en esos charcos de sufrimiento.


            Pésima idea escuchar una melodía con sentimiento tan profundo y auténtico, sobretodo cuando dice: “Oh leave me alone with my heart. I’m putting the pieces together again. Just leave me alone with my dreams, I can do it without you. I wish I could write you a love song to show you the way I feel. Seems you don’t like to listen, Oh but like it or not, take what you’ve got and leave. You’ve taken everything else, you know what I mean”

            Fui un mar de lágrimas casi todo el camino restante. Sé que yo fui el que decidió irse, pero eso no quita todo el sentimiento que me invade el pecho y me estruja el alma.

            Comentaba ayer en terapia que no estoy soltando del todo en mi duelo, por alguna estúpida razón, me estoy conteniendo ¿Por qué? No lo sé, sólo es una sensación que me dice que aún no es momento de desahogar todo mi dolor ¿Para qué esperar? Tampoco lo sé. Tal vez estoy esperando algo que aún desconozco.

            A pesar de esta postura, llego a tener breves pasajes en que me invade el sentimiento y recuerdo lo que no quiero recordar. A veces tengo el anhelo de volverla a ver y a veces recuerdo por qué me fui.

            En fin, es algo con lo que tendré que lidiar algún tiempo. Apenas han pasado tres días y, con cada día que pasa, la situación se vuelve más fácil de llevar. No podré olvidarla, sólo aprenderé a vivir con su recuerdo.

            Por eso no me quería enamorar pero, en realidad, nadie pidió mi opinión. Al final, a nadie se la piden.

            Y así, sin querer, ella vuelve a inspirarme un escrito más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Después del amor

A veces, y sólo a veces, extraño la época en la que mi mayor preocupación era ahorrar para comprar historietas, y no me refiero a la infancia, la cual fue de mis épocas más felices. Me refiero a la Universidad y mis primeros años laborales. Me fui muy satisfecho y orgulloso el día que deje el nido materno, sin embargo, la vida se tornó distinta para mí: vivir solo fue el verdadero inicio de mi fase adulta. No me quejo, en verdad fue lo mejor que pude haber hecho pero, sólo a veces, uno extraña esos días en los que las cosas eran más sencillas y, por qué no decirlo, hasta era más fácil creer en los sueños y los milagros. Crecer en verdad apesta en ocasiones.

¿Por qué extraño justamente esa época? Porque fue antes de conocer el verdadero amor, digamos que era la época en la que aún tenía la mayoría de mi inocencia, de mis sueños intactos, todo eso a pesar de haber pasado por los años más oscuros de mi vida, porque ni siquiera entonces fui tan dañado como lo que vino después.

            Qué estúpida y cruel es la vida, ¿no creen? Lo digo porque es inhumano seguir respirando a pesar de dejar atrás a la mujer más maravillosa que has conocido, misma sin la cual no podía concebir que la vida continuara y ¿saben qué es lo peor? Que tristemente puede continuar sin ella.

            El hecho de que continúe vivo no quiere decir que tenga sentido estarlo, el problema es que estoy tan enajenado en mi existencia que mi egolatría no me deja otra opción que seguir adelante.

            ¿Qué caso tiene existir si no hay motivo para hacerlo? Pero ahí radica lo más cruel del asunto, creer (intrínseca e inconscientemente) que la existencia puede recuperar ese sentido. Por lo mientras debo sentirme afortunado de habitar en un mundo diseñado para distraernos, aunado a que mis actividades y lugares tienen escasas coincidencias con las de ella, así que las probabilidades de encontrarnos son prácticamente nulas.

            Sólo voy a pretender que tuve un sueño con algunos meses de duración, a pesar que me hizo feliz como nadie, también puedo pretender que fue un cuento que le pasó a alguien más y que me llego profundamente al corazón.

            Con ella accedí a las felicidades más grandes y, al mismo tiempo (cuando veía que no era correspondido) también a las más grandes tristezas. Sé que para grandes recompensas también se requieren grandes riesgos aunque, cuando no has accedido al gran premio, empiezas a dudar de que valga la pena emprender grandes riesgos.

            Como escribí en su  momento, yo no pretendía enamorarme, y no es un cliché, en verdad no quería volver a pasar por esto. Tal vez suene cínico o triste, pero sólo quería encontrar una mujer adecuada con la cual llevar una relación civilizada y tener una relación productiva.

            Eso es lo malo y lo bueno de enamorarse: nada se puede planear, todo sucede y dependerá de cómo vayas tomando las oportunidades que te vayan lanzando.

            ¿Les soy honesto? Me encantaría que hubiera un botón de desenchufe, algo que me apague definitivamente o, por lo menos, que me ponga en estado catatónico hasta que el dolor sane por sí mismo, pero creo que por eso son útiles los procesos de duelo: para que analicemos todo lo que pasó, lo que sentimos, en dónde la regamos y lo que debemos agradecer.

            Pero creo que sí tengo activado un mecanismo de defensa, ya que siento que estoy mucho en la cabeza y no estoy dejando que el corazón se desgañite al llorar toda mi tristeza, ¿la razón? Tal vez estoy esperando a asimilar (aún más) la situación y así, llegará el día, en que le dé rienda suelta a mis tristezas y las extirpe de mi cuerpo a través de mis lágrimas.

            A pesar de este final, en ningún momento me siento arrepentido por todo lo que pasó, es más, lo volvería a hacer a pesar de saber que éste es el desenlace, porque la felicidad que recibí fue única. Y tal vez por eso vale la pena enfrentar los grandes riesgos, tal vez no recibí el premio mayor (su amor) pero sí recibí recompensas menores que me supieron a gloria (todas las veces que salí con ella, las platicas que sostuvimos y cada oportunidad que tuve de consentirla, serán de mis más grandes tesoros hasta el día que muera).

            La otra vez escuche algo que me hizo mucho sentido: “Quédate con quien te ame más que tú” Obviamente esa persona debe gustarte pero no a niveles de perder la cabeza, así puedes ir dosificando tu cariño y disfrutar de su amor. ¡Qué triste! ¿No creen? Y es que, si te quedas con alguien por el cual estás perdidamente enamorado, eventualmente acabarás sufriendo, porque lo que esa persona haga o deje de hacer tendrá gran repercusión en tu estado de ánimo. Es una teoría muy patética, sin embargo, creo que le empiezo a encontrar lógica.

            La desventaja es que soy bastante necio, y siempre quiero quedarme con quien me enloquece, lo malo es que no encuentro una respuesta similar a mi intención sentimental.

            Siendo fríos, en verdad tengo una vida sencilla, producto de la planeación tan estricta que hago de todo. Obviamente enfrento problemas pero, cuando no son sentimentales, también los resuelvo con relativa facilidad. Soy afortunado y, sin embargo, no estoy conforme ¿Acaso aspiro a una relación para que mi vida pase de sencilla a perfecta? ¿Alguien me puede culpar por anhelarlo?

            Me preguntaba, junto con mi amiga Camelia, cuántas personas terminan con su verdadero amor. Concluimos que el porcentaje es pequeño. Me parece que como una parte ama más que la otra (cuando hay amor), el desborde de impetuosos sentimientos puede ahuyentar a la que su intensidad es más moderada o, por otro lado, se puede embriagar de poder y someter al que se malbarata entendiendo que el amor es anular como ser en pos de otro (hecho lamentable en la que muchos incurren).

            Uno no puede seguir en una situación en dónde no hay equilibrio porque se siente anulado, agobiado, manipulado o tantas situaciones que atentan contra la dignidad. Por lo mismo muchos se acaban relacionando con alguien “adecuado”, tal vez no los haga enloquecer, pero saben que están más seguros y más conscientes de lo que pasa alrededor. Ciertamente no será la mejor decisión, pero sí la más segura. Y que triste es un mundo en donde privilegiamos la seguridad sobre el riesgo de una felicidad mayor, pero también con peligros mayores.

            A inicios de este amago de relación, le comentaba a Hans (mi vecino de cubículo): “Si esto se da, van a conocer a la versión más buena, más bonita, más óptima, más productiva y más irreal de Hebert. Pero si no se da, corran por sus vidas aldeanos, porque van a conocer a la versión más ruin, más oscura y más malévola que puedan ver mía”.

            Sin embargo, platicando recientemente con mi amiga Lesly, le compartía con frustración que no sé dónde demonios ha quedado mi maldad, mi sarcasmo y mi violencia. Juraba que el “Hebert malo” venía a quedarse un buen rato si mi relación no se daba pero, de alguna manera, la mujer que ahora dejo atrás anuló mucho de ese odio, mucha de esa violencia, mucha de esa maldad y casi toda mi crueldad. Sé que está bien que ya no tenga todo eso negativo en mi ser, dice Les que es una señal de que estoy madurando.

Debería sentirme bien pero, me da pena admitirlo, me siento algo vacío y abandonado sin esos aspectos negativos que antes me dieron tanta identidad. Debo generar algo parecido a mi parte oscura, porque necesito retomar la fuerza que tenía en mis escritos y, en general, en mi vida.

En algo sí he crecido con esta situación, ya que me he vuelto más observador con mis sentimientos y reacciones. Claro que la sigo regando, pero ya no tanto como antes, porque he logrado evitar muchas metidas de pata (ojalá fueran todas, pero no soy infalible)

¿Encontraré alguna vez a quién busco? Algo que ya aprendí es que no debo buscarla, porque la vida te coloca en tu camino a quién debes conocer. Creo que todas las mujeres a las que he pretendido me han dicho que soy un “hombre valioso” ¿En verdad lo seré? ¿O será algo que me dicen para que me sienta mejor? ¿Acaso soy tan valioso que nadie se anima a quedarse a mi lado? ¿O será que no soy tan valioso como expresan de dientes para afuera?

“Ese miedo tonto de acabar viejo y sin pareja, te hace elegir con la cabeza lo que es del corazón” dicta una canción de Arjona y tiene mucha razón. Pero eso no me preocupa porque, a lo largo de los años, he tenido muchas posibilidades de relacionarme pero, como no me interesan, he mantenido mi soltería por mucho tiempo. Al final, siempre pretendo relacionarme desde el corazón, el problema es que éste tiene un pésimo tino y nunca se fija en la mujer que nos ame en el mismo sentido e intensidad.

A veces quisiera ponerme a llorar como niño, cerrar los ojos, tomar posición fetal y derramar lágrimas en espera que el mundo se detenga o se apiade de uno en espera de que pase el duelo. De pronto, al abrirlos, te das cuenta que la vida continua, que no te está esperando. Es como un tren, se irá un vagón pero viene otro, obviamente puedes dejar pasar muchos pero, eventualmente, te vas a tener que volver a subir.

¿Entonces? ¿Qué te queda? No puedes quedarte todo el tiempo ahí. Cual niño sollozante, guiado por el brazo de su madre, vas llorando mientras sigues avanzando por esta existencia cruel a la cual no le interesa si tu mundo se acabó, porque ella no tiene por qué esperarte ¿Quién demonios te crees para que te esté esperando? Eso es lo terrible de no morirse o que el mundo no se acabe cuando dejas atrás al amor de tu vida.

Qué terrible es despedirte del motivo de tu existencia, dejar atrás la razón más importante y auténtica que tengo para sonreír. Lo bueno es que tengo distractores como la NFL, misma que me va a servir para idiotizarme un rato y enfocarme en cosas banales en un intento de olvidar mi dolor.

En estos días de duelo, llego a ver alguna chica atractiva pero, antes de fantasear con abordarla, surge una pregunta automática “¿Para qué?” No quiero adoptar una postura dramática o de víctima pero, viendo mis historial me pregunto “¿Vale la pena hacer el esfuerzo? En realidad, no”. Todo es un conjunto de mi soledad, mis miedos y mis malas experiencias, creo que voy a continuar solo otra buena cantidad de años, si no es que todos los que me restan, porque no me interesa buscar a nadie. Además de que ya me di cuenta que no soy bueno para relacionarme, y siempre salgo muy vapuleado, por lo que ya debería dejar de intentarlo.

“¿Y el amor qué? – preguntó Tyrion. – Cuando el sol se pone, no hay vela que pueda reemplazarlo – contestó Loras” – George R.R. Martín (“Tormenta de Espadas”)

Tal vez desde el inicio sabía que esto no podía ser posible, que no era merecedor de tanta felicidad y es algo que debo de trabajar, porque no puedo creer que me odie tanto a mí mismo. Tampoco me debería sorprender este final, de hecho ya debería estar acostumbrado a ello. Pero por una vez, sólo por una vez,  quería pensar que las cosas podrían ser distintas pero, también debería recordar que las cosas siempre son iguales.

Ahí es cuando me doy cuenta que soy igual de patético que los homínidos a los que crítico ácidamente: acabo teniendo fe, debilidades y anhelos en un amor eterno. Acabo teniendo esperanza, ésa que he intentado extirpar de mi ser con ahínco y, cuando estaba a punto de lograrlo, regresa con el más grande sueño que jamás me haya pasado.

Debería sentirme afortunado porque TODOS los proyectos que me he propuesto los he logrado, a excepción de encontrar a la mujer de mi vida y, conforme pasa el tiempo, empiezo a dudar de que ésta exista la susodicha.

El grito de guerra de los Greyjoy dicta que “No puede morir lo que está muerto”, ¿qué me puede dar miedo en la vida cuando ya no estoy en ella? oficialmente inicia mi duelo, ese mismo que he ido dosificando desde hace unas semanas para no recibirlo de golpe. Tal vez me he vuelto más cínico porque, a pesar de no tener una verdadera razón para seguir existiendo, sigo vivo, y eso trae muchas posibilidades en el futuro, ¿cuáles? No lo sé, tal vez no venga nada más intenso que esto o tal vez venga algo mejor.

No importa que tenga una vida sencilla, en estos momentos no me siento propiamente vivo, soy un simple ente que va por el mundo en busca de algo que justifique mi presencia en el mismo, lo cual es una postura bastante estúpida, porque debo valer por y para mí mismo. A pesar de lo que dicta el sentido común, me siento muerto en vida. Sé que debe de haber alguna razón para seguir adelante aunque, por el momento, no encuentro algo que mencionar.

Por lo mientras todo ha dejado de tener sentido, no es la primera vez que me pasa. Algo que he aprendido de las ocasiones anteriores es que he vuelto a encontrar, tarde o temprano, un sentido para seguir. En dado caso que ya no vuelva a hallar algo por qué seguir viviendo, por lo menos me habrá quedado esto que ella me regaló: el sentimiento de sentirme bueno, por ser afortunado por haberla encontrado. Sólo por eso habrá valido la pena haber pasado por esta vida.

Al haberme despedido, tal vez haya cometido el error más estúpido de mi vida, aunque no hay que subestimarme, porque soy especialista en cometer estupideces enormes. Sólo el tiempo me confirmará si cometí una tontería o, tal vez, no.

Con este ensayo cierro oficialmente la serie de escritos “Na. Ni.” que constó de 61 escritos: 30 públicos y el resto entregados única y directamente a ella.


Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Cultura artificial

            He escrito tanto sobre los Estados Unidos que ya me parece chocante volver a hacerlo pero, al parecer, cada vez que viajo al Gabacho, siempre vienen experiencias nuevas, cosas que no percibí las ocasiones anteriores y que tengo que expresar. Este ensayo va a ser más breve que los anteriores que tratan el mismo tema, porque el resto de puntos ya los he tratado en esos mismos sobre el país más poderoso e imperialista del mundo.

            En México es fácil encontrar un jugo de naranja fresco y recién hecho con relativa facilidad en cualquier esquina. En Estados Unidos, por otro lado, es tal la paranoia de que las cosas sean antisépticas, pasteurizadas y seguras, que nadie se atrevería a tomar un jugo hecho en la calle, aunque los conservadores y saborizantes que tienen sus bebidas artificiales sean más nocivos que los bichos que uno pueda captar por los jugos callejeros.

            Eso es parte del encanto de vivir en México: la espontaneidad y sencillez con las que hacemos las cosas. En Estados Unidos hay tantas cosas prefabricadas que te da la impresión de no encontrar nada auténtico, original o hecho a mano. En mi país, aunque se ha ido perdiendo paulatinamente, aún tenemos el privilegio de encontrar muchas cosas artesanales, hechas a tu medida y al momento, únicas e irrepetibles, no algo producido en serie y para el público en general.

            Estados Unidos siempre será un lugar vistoso y bonito para visitar, repleto de mercancías y lugares llamativos y muy atractivos para el mundo occidental (por ello los visito cada año), al fin que nos han moldeado a su estilo de vida con el bombardeo cultural que nos hacen a través de sus películas, música, programas, deportes, juegos, entretenimiento, ideologías, anhelos y demás.
En el Sun Life Stadium, hogar de los Miami Dolphins

            Sin embargo, no me imagino vivir en este lugar tan falto de identidad o sustancia. No me malinterpreten, claro que hay distintas personalidades o vertientes culturales (como debe ser en el país con más inmigrantes en el planeta) pero, me da la impresión, que también están muy limitados, muy diseñados, como que los lineamientos que se han autoimpuesto, ha mermado mucho sus libertades individuales, la posibilidad de pensar o expresarse de manera libre, lo cual resulta irónico en una tierra que presume de ello como su máximo estandarte ante el resto del mundo.

            En México tienes todo el abanico de posibilidades para escoger lo que te plazca. Obviamente esa libertad tiene sus desventajas, ya que muchas veces se torna en libertinaje y terminamos en un lugar en donde debes extremar precauciones para que no “te coman el mandado”.

            Ahí recordé a dos amistades que vivieron muchos años en Gabacholandia. El primero lo hizo por seis años, debido a cuestiones de trabajo pero, a la primera oportunidad que tuvo, se regresó sin chistar. Debido al período tan largo que estuvo ahí, le pregunté si no le parecía la mejor opción para criar a sus hijos, ya que es más ordenado, respetuoso y avanzado. “No” respondió sin dudar “México es el lugar en donde quiero criar a mi descendencia” sorprendido por su seguridad le pregunté “¿Por qué?” a lo que contestó “Es que el sabor de la comida, la gente, el clima y todo, tanto lo bueno y lo malo que tenemos, no se compra con dinero, es algo que no puedes igualar por más que bonito, civilizado y estructurado que este un país”.
Ocean Drive en Miami Beach

            La otra persona es una mexicana que se casó con un estadounidense, tuvieron hijos allá y vivieron más de ocho años en ese país. Cuando se divorciaron, mi amiga se regresó de inmediato con sus hijos, a pesar de tener años sin trabajar ni algún ingreso seguro en México. De igual forma, le pregunté por qué no se quedó allá para criar a sus hijos en un ambiente más cuidado y civilizado. Su respuesta fue: “¡Ni pensarlo! Quiero que crezcan en esta cultura y se enriquezcan con algo más que dólares, que entiendan que hay cosas más valiosas que consumir como desesperados y que sientan todo lo bueno y lo malo que esta gente tiene por brindarles”

            Algo que he corroborado cuando he visitado otros países, es que la comida mexicana no tiene igual. Pero, no sólo es la elaboración, es el sabor en sí. La comida de nuestros vecinos del norte ciertamente es llamativa y saben vendértela para que se te antoje pero, al final, tiene un sabor estándar y sin chiste, además de que al gringo le gusta comer por cantidad, no por calidad. Sin embargo, esa misma comida es un factor para un problema grave que tenemos como país.

            En México hay obesidad por una falta de cultura de ejercicio, por la apatía endémica y por la comida grasosa. En Estados Unidos están gordos y monstruosos por la cantidad de comida que consumen y los transgénicos y hormonas de los que están impregnados sus platillos, de hecho uno lo siente en la digestión tras unos días de ingerir sus alimentos (y que conste que tengo muy buena digestión).
Una patrulla muy peculiar ¬_¬U

            Por eso los gringos están grandes a lo bruto, y uno lo ven en la cantidad de gente enorme que transita por las calles. En México por supuesto que también hay muchos gordos, pero menos monstruosos o artificiales, como que son más compactos y menos bofos. Al final, tanto el gordo gringo como el mexicano, van a morir más rápido (muy probablemente) por esa obesidad, sin importar el origen pero, me parece, no es lo mismo engordar en México que en Estados Unidos, por lo menos aquí engordamos con comida rica (tonto consuelo, cabe mencionar).

            Algo que me sorprende es que la ropa sea más barata en el Gabacho que en México pero eso ha de ser por el volumen de consumo. Como en Estados Unidos hay mayor poder adquisitivo, los productores venden más unidades y sacan sus ganancias por la cantidad tan grande que facturan. En México debe ser más caro, porque la base consumidora es menor así que, para obtener un margen de ganancia redituable, hay que vender más alto (que los que se sienten clase “nice” tontamente paga con gusto por sentirse privilegiados).

            Muchos buscan incesantemente el “American Dream” pero, desde mi perspectiva, no se compara al “Mexican Dream” porque aquí, en teoría, puedes hacer lo que quieras. Dentro de Estados Unidos puedes percibir el respeto y la limpieza por las reglas bajo las cuales puedes ser ridículamente demandado. Sus reglas no son tan estrictas como las alemanas, pero esa falta de sentido común hace que prive una paranoia que prefieres portarte bien antes de ofender a alguien. A fuerza de tantos años de reglas estrictamente aplicadas, es el que gringo promedio va mejorando su comportamiento con el prójimo.
Amanecer en Miami Beach

            Esa es la (des)ventaja del “Mexican Dream”, que te abre todas las posibilidades, pero también lo hace con el resto, así que no sólo debes ver por ti, sino que debes estar atento que nadie más te venga a fastidiar. Pero, al final, eres más libre que los países civilizados, una libertad de expresarte, de ser tú mismo, de pensar y decir lo que se te dé la gana. Obvio que esto tiene sus ventajas y desventajas, porque al seguir el caminito predeterminado que te marcan en el primer mundo, aseguras una vida tranquila y civilizada. Cuando te dejan a tu libre albedrío, puedes obtener una vida tan interesante y productiva como tú quieras construir (y cuidar que los demás no te vengan a joder).

            Otro aspecto que me resaltó en esta ocasión es la diferencia del trato entre las aerolíneas mexicanas y las gabachas. Cuando vuelo por las mexicanas (Aeroméxico, Interjet, Volaris e inclusive Magnicharters) el trato de las azafatas y lo que te dan a bordo es mucho mejor que lo que recibes en Aerolíneas gabachas. Obviamente ambas hacen su trabajo, pero la diferencia radica en los detalles, porque en las mexicanas sientes una calidez que no se puede enseñar en ninguna capacitación, eso se trae en la sangre.

            Por ejemplo, en la misma ruta (Miami-Ciudad de México), en la aerolínea gabacha te dan una bolsita de papas y un refresco pequeño, en cambio, en Aeroméxico nos dieron un desayuno completo con jugo, café, yoghurt, galletitas, un refresco, un sándwich y una botana; es más, si quieres unas papitas u otra bebida, te la dan con gusto, cuando los gringos te lo cobran de inmediato (ambos en clase turista). Obviamente eso le cuesta más a la aerolínea mexicana, pero lo agradeces más como pasajero para que, en ocasiones futuras, escojas a la mexicana antes que a la gringa.
The Clevelander, un antro al típico estilo gabacho

            Esa calidez no es exclusiva de las aerolíneas, también en las personas. En Estados Unidos son educados, pero no esperes un trato auténticamente cálido o amigable por la generalidad de la gente, como sí lo recibes desde el sur del Río Bravo y hasta la Patagonia. Hasta eso es artificial en el gabacho: el cariño con los visitantes. Y no digo que no se amen o sean cariñosos entre ellos (porque seguramente lo son), hablo de la hospitalidad hacia el extranjero de la cual carecen. Aunque, viéndolo desde su perspectiva, podría ser entendible su actitud con tantos inmigrantes, legales e ilegales, que reciben día a día.

            Obvio en México también tenemos máscaras sociales, pero expresamos más fácilmente (a nuestra manera) cuando alguien te cae bien o cuando te caga. Es como el jugo de naranja en nuestras calles o el jugo bonafina que te sirven en el Deny’s, es lo mismo con el trato con nosotros. Lo latinos no tenemos tantas actitudes prefabricadas como los gabachos, ni tantas fiestas prefabricadas, ni tantos modos de comportarse prefabricados, ni tantos modales prefabricados.

            Los gringos me recuerdan a la Interestatal 95 de Florida: todo derecho, muy ordenado, sin curvas, sin subidas, sin bajadas, sin túneles, es un camino muy fácil y agradable, pero sin chiste. A diferencia de las carreteras que tenemos en México, con curvas, rectas, baches, subidas, bajadas, perros, piedras, ramas, imbéciles rebasando por la derecha y demás, ciertamente es más difícil, no es lo óptimo pero, cuando sorteas todo, fue una experiencia más divertida que un camino fácil y prefabricado como el que han diseñado los gringos.
Con razón quieren tanto a su ejército

            Ya para finalizar. ¿Cuál es país es mejor? Por mi texto, podrían decir que México, pero no es así. También tenemos mucha cola que nos pisen, como he expresado en ocasiones anteriores. Obviamente mi punto de vista está sesgado al haberme criado en esta cultura, ya que un gabacho va a ver a su país como lo más maravilloso del Universo (y de hecho así lo creen) y a México como su patio trasero (que eso también es verdad).

            Somos diferentes y, de acuerdo a nuestra cultura, cada cual le da valor a distintas cosas. Yo no sé si México sea peor o mejor, sólo quiero decir que, aunque muchas veces miento madres por lo mismo, me siento muy feliz de haber nacido en este país tan sui géneris.


            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Macross Plus

            Recientemente vi los cuatro capítulos de Macross Plus que, personalmente, me gustan más que la edición que los hicieron película, independientemente de los cambios y animaciones adicionales que le pusieron, para mí, la historia original es la de los OVAs.

            Casi sin darme cuenta, ya van a cumplirse 20 años del lanzamiento de esta animación, en mis años universitarios, en mi apogeo como Otaku, que posteriormente me llevo a aprender japonés y ahí a conocer a mi primera novia . . . . . y ya me estoy dejando llevar por la nostalgia.

            Obviamente la animación ha avanzado horrores hoy en día pero, en su momento, Macross Plus fue muy innovadora y todo un trancazo para los aficionados al manganime de mis años mozos.

            El comienzo en sí es algo remarcable, la escena en la que Myung Fan Lon está cantando la mítica “Voices” frente a los molinos de viento, con su minifalda coqueta y su gorrita de beisbol, una postal que personalmente me encanta. Yen la siguiente secuencia podemos ver a Guld Goa Bowman y a Isamu Dyson encarrerándose para volar el Aeroplano que pilotea Isamu. Una escena linda que, sin dialogo o explicación alguna, nos deja clara la profunda e íntima amistad entre nuestros tres protagonistas.

            Creo que todos admiramos a Isamu pero, convivir con alguien así en la vida real, no ha de ser nada sencillo. Es la viva encarnación de la libertad, de la insubordinación, de seguir sus ideales aunque lo metan en problemas. Hay una parte que me encanta cuando Myung le dice que siempre ha sido “Tonto e imprudente” a lo que él contesta con mucha certeza y seguridad “No se puede ser imprudente e inteligente”.

            Isamu sabe quién es, y eso es un gran logro en la civilización, tan llena de reglas de cómo debes verte, sentir, pensar, expresarte, comportarte y demás limitaciones para la originalidad y frescura que traemos desde niños, mismas que le sobran al teniente Dyson.

Él ama volar, y no le importa renunciar a promociones porque, como él mismo dice “Si te promueven mucho, ya hay un punto en el que no te dejan volar”, así que para él no es importante la reputación, el nivel o el título, sólo quiere volar, sin importarle lo demás, una actitud que es más necesaria en este mundo mercenario en donde, pareciera, todo se debe hacer con una razón de por medio.

Guld es todo lo contrario a Isamu, ya que es precavido, meticuloso, correcto, inexpresivo y hasta rígido. La personalidad de este mestizo de humano y Zentraedi es más común en este mundo de normas, tanto escritas como no escritas, por lo que resulta obvio que tenga constantes fricciones con el alma libre del teniente Dyson, mismo que es el único que logra sacarlo de sus casillas y lo obliga a actuar (en varias ocasiones) de manera visceral.

De igual forma, vemos cómo Guld es rencoroso y grosero desde la llegada de Isamu, algo que resulta notorio dada la profunda amistad que los unía siete años atrás y que, obviamente, se va develando conforme avanza el argumento.

Para mí, la personalidad de Myung está muy por debajo de sus compañeros de triángulo amoroso, tal vez en claro reflejo de una cultura machista como la japonesa. Claro que ella tiene sus episodios de valentía pero, en general, la señorita Fan Lon es la clásica doncella que tiene que ser rescatada por uno de sus príncipes. La única vez que la vi de forma auténtica es cuando escapa con Isamu del hospital y éste la lleva al bosque para platicar. Obviamente, al final, cuando lucha por su vida con Sharon Apple, también se muestra decidida pero, supongo que, todos actuaríamos así si estamos en peligro de muerte.

A pesar de haber nacido de Myung, de no ser humana y ser un programa de inteligencia artificial, siento que Sharon Apple tiene más personalidad que su progenitora. Su lógica es muy simple: ella ama a Isamu, a éste le gusta vivir al máximo a través del vuelo, así que ella lo quiere hacer feliz. Claro que si uno que lleva toda una vida manejando emociones, pues no hay que pedirle mucha coherencia a una máquina que recién los ha conocido, y más cuando es uno tan intenso como el amor.

No voy a comentar todo la historia, sólo momentos que a mí me parecen relevantes. De entrada, me encanta el ingenio de los japoneses para ubicar una historia de Macross sin la necesidad de una guerra, así que el escenario de un campo de pruebas para un nuevo proyecto es el ideal para enfrentar a dos amigos de la juventud.

Algo que admiro, profundamente, de Isamu es la desfachaez y naturalidad con la que aborda a Lucy, la operadora en tierra cuando él vuela. Definitivamente ésta es una pareja más ad hoc a la personalidad del teniente Dyson pero, para su desgracia, su corazón ya estaba ocupado, aunque no lo sabía en el momento que invitó a salir a la rubia chica.

El reencuentro del trío en el mirador de la colina, esa misma en la que tenemos la escena de apertura, resulta un poco estresante. Me llama la atención cómo le afecta a Myung la llegada de Isamu, desde ahí sabía su inconsciente, mas no ella, que lo seguía amando. Así que se toma un momento pare rehacerse y darle la cara a su amor de preparatoria que viene acompañado de despampanante güera (Lucy). La pelea ahora me parece innecesaria pero, si es la primera vez que la ves, definitivamente te intriga la historia que hay detrás de tanta animadversión.

Los conciertos de Sharon Apple, sin duda alguna, son de lo mejor que hay en los cuatro capítulos y que conste que toda la historia es remarcable. Las maravillosas canciones de Youko Kanno lucen más con la presentación tan espectacular que les da Sharon Apple. Aunque es una animación, uno no puede sentirse atrapado por la excepcional música de la mejor compositora que he escuchado en mi vida (Si alguien sabe si ya se confirmó que ella es el alter ego Gabriela Robin, ¿me dice por favor?)

Un proyecto que tengo es escribir sobre mis canciones favoritas de esta maravillosa artista (aunque ya me eché dos ensayos de sus obras: Cowboy Bebop y Wolf Rain) que, cabe mencionar, se lució con canciones como “Information High”, “Wanna be an Angel”, “After in the Dark”, “National Anthem of Macross”, “Santi U”, “The Borderline” “A Sai Ën” y, claro, “Voices”. Los discos de este Anime han sido de mis mejores inversiones en cuestiones musicales y es que Youko Kanno siempre es una garantía en creatividad, sentimiento e interpretación.

Las peleas de las Valquirias siempre son emocionantes, y así resultaron las que protagonizaron Guld e Isamu en sus respectivas naves. Quedó demostrado que el teniente Dyson es mejor piloto que el mestizo Zentraedi al irlo superando en las pruebas a pesar de tener un avión inferior.

Volviendo al triángulo amoroso. PARA MÍ, con toda mi educación, traumas, prejuicios, dogmas, creencias y demás, cuando Myung pasa la noche con Guld me parece el momento más desleal de la historia. Ya sé que estaba agradecida con él por salvarla del incendio que clandestinamente provocó Sharon, que no había relación oficial con Isamu, y que éste seguramente se estaba dando a Lucy.

PERO PARA MÍ, si amas a alguien, no puedes andar pasando la noche con otra persona. Además, en defensa de Isamu, nunca pasaron alguna escena con Lucy que diera a entender algo más ;-) Obviamente mis cavilaciones pertenecen a un mundo idealizado para el cual me formaron y que nunca ha existido -_-

Uno de los mejores momentos de la historia es cuando no hay nada de acción, pero hay un dialogo muy significativo. Esto pasa cuando Isamu y Myung van al bosque. Sin tener que sacar algún tema profundo o relevante, ambos tienen un diálogo que demuestra cuánto se quieren, cuánto se conocen y cuánto se importan. La plática duró poco ya que el teniente Dyson salió tras el vuelo de un ave gigante, hecho que nos demuestra el gran amor que tiene por volar (y que se refleja en su cara de emoción al ir siguiéndola en la moto).

La escena cuando regresan al hospital, también es muy significativa, no tanto por la pelea que protagonizan, y que resalta la imprudencia de Isamu al pelear estando convaleciente, y la furia celosa de Guld al ignorar dicho hecho. Lo relevante es cuando Myung les confiesa que es la que hace funcionar a Sharon Apple, que renunció a su sueño de juventud (Cantar) y que ellos deberían “madurar”. La respuesta del teniente Dyson es directa, simple y excepcional: “Ya deja de lamentarte, una vida sin dolor no es vida”, esto mientras se larga indignado ante la cobardía que la señorita Fan Lon ha demostrado ante la vida. Aquí Lucy hace su aportación más importante al argumento, al decirle a Myung que Isamu siempre supo que la voz de Sharon era de ella, hecho que la acaba de destrozar y deja botado a Guld que estaba presto a llevarla de vuelta.

Empiezas a odiar un poco menos a Guld cuando va a despedirse de Myung, que va a partir de Edén a la Tierra, encuentro al cual no fue Isamu por un arranque de celos de Lucy. En dicha despedida, el teniente Bowman se muestra caballeroso y comprensivo, además de que le da su “amuleto de la suerte” a la señorita Fan Lon, que resulta ser su grabación de la prepa de “Voices”. Al escucharse siete años después, Myung rompe en lágrimas, seguramente dándose asco por haber renunciado a sus sueños de manera tan fácil y pusilánime.

Me conmovió cuando Lucy va a despedirse de Isamu, admitiendo que no le dijo nada de la partida de Myung y diciéndole a su amado “No le perteneces a nadie” mientras sale corriendo para que éste no la vea llorar. El personaje de Lucy es de mero reparto pero le tengo un cariño especial (tal vez porque la seiyuu fue Megumi Hayashibara).

El diálogo que sostienen Isamu y Yang, en la intentona de fugarse a la Tierra, es genial, y es que el diseñador no va a permitir que le roben “su” avión así como así, por lo que quiere ser participe en esta misión suicida. De ahí su desesperación al gritarle que el YF-19 no le pertenecía al teniente Dyson mismo que, a pesar de ser un cabeza dura (como comprobó Yang), entiende y acepta el hecho.

La entrada a la atmósfera terrestre, evitando los sistemas de seguridad, resulta una escena muy emocionante. Desde la primera vez que la ví, se me quedó muy grabada así que, cuando llego a poner el coche en punto muerto para aprovechar las pendientes, me siento como Isamu entrando a la Tierra ¬_¬

El primer dialogo que tiene Sharon es con su “madre”, y me encanta porque le da claridad a ese embrollo sentimental que trae Myung dentro: “Amo a Guld, pero amo mucho más a Isamu”. Creo que nuestra protagonista estaba más afectada de esta revelación que por el hecho de que la tenían prisionera.

En la ceremonia, cuando tocan el himno nacional de Macross, me siento tan bien que a veces pienso “¿Por qué no fue ese mi himno nacional? ¿Por qué no viví en la Ciudad Macross?” Y es que resulta tan solemne, elegante, profundo y sentimental que cada vez que lo oigo estoy a punto de ponerme de pie y llevar la mano a mi corazón ó_O

La pelea que sostienen Guld e Isamu en la Tierra es genial, en especial por todas las recriminaciones de lo que pasó en la escuela: las veces que se hicieron trampa, cuántas veces se compraron el lunch y detalles sin importancia pero que, en el fragor de la batalla, son muy relevantes.

Al final de dicha pelea, con toda la adrenalina, por fin se le desbloquean los recuerdos a Guld y se da cuenta de su arranque de furia al encontrar a Isamu y Myung juntos después de la presentación de ella. Por fin se da cuenta qué él fue el que originó que su amistad se distanciara, que él fue el responsable de terminar tan bella relación.

Guld empieza a hacer estas reflexiones con la carga moral de haber matado a su amigo, o por lo menos eso cree porque, a un lado, ve la sombra del YF-19, mientras planeaba por encima de él, y así huyó de una muerte segura. El diálogo subsecuente es muy reconfortante, un dialogo viril, pero también con mucho cariño y amistad reencontrada tras siete años de separación.

¿Cuántos de nosotros, al igual que Guld nos contamos las historias que más nos convienen? Muchos acomodamos los hechos o los recuerdos a nuestro favor, poniéndonos en el plan de víctimas y condenando a los demás. Se requiere de gran valor para afrontar las consecuencias de los actos propios, pero no hay otra manera de resolverlos. Es por eso que Guld se siente devastado pero, gracias a la actitud desenfadada de Isamu, es que pronto encuentra la redención. Momento que dura poco ya que ahora tienen que combatir a Sharon y al Ghost X-9 que viene en su búsqueda.

Otra analogía muy interesante es como Sharon los tiene a todos idiotizados. Obviamente era efecto del chip que le pusieron para completarla, pero también es un reflejo de la sociedad actual, misma que se deja dogmatizar a la primera oportunidad, ya sea a través de religiones, artistas, deportes, medios de comunicación, productos tecnológicos y cualquier motivo que sea suficientemente atractivo para perder la voluntad propia y dejarte llevar por el rebaño. Aunque, siendo honestos, la música de Youko Kanno resulta una delicia que fácilmente te captura.

Las respectivas batallas de Isamu y Guld son intensas, pero el mestizo de Zentraedi se da cuenta que su oponente es demasiado para él, así que sólo le queda un ataque suicida para acabar con el Ghost X-9. Pero antes de ello sostiene un diálogo muy padre con su amigo de la infancia, diciéndole que le hubiera gustado que se tomaran una cerveza para platicar de los viejos tiempos; esto lo oye Myung, misma que se siente gratamente sorprendida que dos hombres que se peleaban contantemente, de pronto, se lleven tan bien.

Este ambiente tan cordial, cálido y ameno es lo que hace más dramática la muerte de Guld, misma que sentimos profundamente Myung, Isamu y yo (que no pude evitar que brotaran las lágrimas debido a la honorable muerte del Teniente Bowman). Así que al teniente Dyson no le queda de otra que honrar la muerte de su amigo y acabar con Sharon.

Obviamente no explican cómo es que Myung puede escuchar a Isamu y viceversa, pero resultó muy significativo que fuera “Voices” la canción que despertara a Isamu de la hipnosis en la que lo puso Sharon Apple (de una forma muy íntima, es más, me encantaría que me hipnotizaran así H_H).

Al final, la cara de decepción de Sharon es enternecedora. Ella recién se había enamorado, y sólo quería darle a su amado lo más preciado para él: emoción al límite. Sin embargo, no entiende por qué su amado acaba con ella, a pesar de sus esfuerzos por hacerlo feliz (Pobre Sharon, lo más que te puedo decir es “Bienvenida al club” -_-).

Ya para cerrar la película, más que las caras de los protagonistas que se aman (Myung e Isamu), me enternece más el mensaje final “Dedicado a todos ustedes . . . . nuestros futuros pioneros” y es que al inicio de la serie sólo decía “Dedicada a todos los Pioneros”. Recuerdo que la primera vez que ví dicho mensaje, me estremecí, me estaban dedicando una película y me estaban incitando a ser un pionero del nuevo mundo. Fueron palabras muy sencillas, pero me sentí directamente aludido y comprometido por las mismas.

Macross Plus es una obra genialmente concebida y realizada, que no desmerece ningún detalle. Absolutamente todo fue hecho con gran calidad: los diseños, el argumento, la música, los Mechas, los personajes, las situaciones, las animaciones y cualquier detalle que me mencionen, fue cuidado al máximo en esta serie de cuatro capítulos.

Ciertamente la película nos da otros minutos de animación, en compensación de los que quitan de los capítulos pero, personalmente, prefiero estos últimos ¿Por qué? Tal vez por el hecho de que fueron los primeros que ví, porque me da una sensación confortable ver los créditos de cada episodio, porque tengo la ilusión de que son muchas entregas aunque sólo sean cuatro. No lo sé en realidad.

Lo que sí sé es que la sensación de calidez en el pecho que me queda, tras ver dicha obra, es muy palpable y estoy agradecido por ello. Macross siempre será de mis sagas favoritas y, dentro de ella, siempre tendrán un lugar especial en mi corazón “Macross: Ai, oboete imasu ka?”, “Macross II: Lovers again” y, la maravillosa, “Macross Plus”.


Hebert Gutiérrez, Morales.