miércoles, 30 de octubre de 2013

Aprendizajes en Cancún

            Además de aportar relajación y buenos momentos, si uno tiene suerte, las vacaciones también te pueden dar aprendizajes y reflexiones. Recientemente fui a Cancún con unas amistades y vaya que el viaje fue provechoso. Un destino por día, y cada día con su lección.

            Chichen Itzá

            Nuestro primer destino fue una de las siete maravillas del mundo moderno: Las Ruinas de Chiche Itzá. Ese día nos llovió a cántaros, por lo cual no pudimos disfrutar el asentamiento como se podría en días soleados.
Chichen Itza

            Antes de llegar a la zona arqueológica, pasamos a Valladolid, un pueblito acogedor y tranquilo que visitamos brevemente, con sol, y nos llevamos un buen sabor de boca (literalmente). Además de las artesanías tan bien hechas y baratas que compramos, la gastronomía yucateca es una auténtica delicia, sin duda alguna, la mejor que he probado en mi vida. Uno degusta los platillos y siente cada uno de los ingredientes, es casi imposible no ponerse feliz de probar estas delicias peninsulares.

            Pero, sobre cualquier otra cosa, lo que más me enamoro de Valladolid es el acento con el cual hablan los yucatecos. Su forma de hablar refleja una felicidad endémica, una inocencia que es difícil de encontrar en las grandes urbes, una ingenuidad y limpieza que te llenan el oído, ya que todo eso refleja ese acento tan cándido y especial de la gente de Yucatán.
           
Saliendo de Valladolid, nos empezó a llover, y estoy seguro que el clima influyó para no contemplara toda la majestuosidad de Chiche Itzá, ¿Por qué digo esto? Porque no me sentí más impresionado como con, por ejemplo, Teotihuacán. Tendría que volver otra vez, con mejor clima, para ver el por qué se le hace tanta alharaca a este lugar.
Valladolid

Obviamente las ruinas están en excelente estado, el Inah ha puesto especial atención en el mantenimiento o cuidado de este lugar. Una ventaja de la lluvia es que nos dieron baratísimas las artesanías, mismas que no se vendían tanto por la poca gente que fue por el clima, un auténtico robo (y eso que no dejé que bajaran aún más el precio), además de que eran hechos con maestría.

            Xenotes
            Al segundo día (tercero si contamos la llegada) de nuestras vacaciones, mis amigos se fueron a Playa del Carmen, mientras que yo me iba al Tour de cuatro cenotes denominado “Xenotes” (ya que es operado por la misma compañía de Xcaret, Xelha y Xplor).

            Este tour por los Cenotes del fuego, tierra, aire y agua, está muy entretenido e interesante, ya que te dan distintas informaciones sobre los mismos (orígenes, leyendas, significados rituales, ecosistema, etc). Además de que haces distintas actividades en cada uno de ellos (kayak, tirolesa, nado, rappel, etc). En este Tour éramos puros mexicanos y una familia venezolana, ningún gabacho a la vista, supongo que el Ecoturismo no es tan atractivo como ir a la playa, de compras o al antro.
K'aak (Cenote de Fuego)

A la hora de la (deliciosa) comida, me puse a platicar con el venezolano, mismo que había viajado por distintos lugares del mundo, y me dijo que no había conocido lugar tan rico como México, y es que se daba cuenta como cada estado tiene su identidad, su cocina, sus tradiciones, sus bailables, sus modismos, sus maneras de pensar y demás, dando como resultado varias culturas dentro de un solo país.

Él estaba fascinado por ese crisol de posibilidades que tiene nuestra tierra, algo que no había encontrado en ningún otro lugar de la veintena de países por los cuales había viajado. Eso es algo de lo que hablaba en mis conclusiones tras visitar Costa Rica, que uno se da cuenta lo rico y valioso que es México tras tener contra qué comparar.

Un logro personal muy significativo lo conseguí, inesperadamente, en este tour. Cuando visitamos el cenote del Agua, nos tocaba hacer una Tirolesa que terminaba en el agua. A lo largo de mi vida he tenido mucho miedo a clavarme de lugares altos (de hecho, aunque sé nadar, no sé clavarme por ese mismo miedo). Cuando llegamos a la orilla del Cenote, más a menos a unos cuatro metros de altura del agua, el guía nos preguntó “¿Nadie quiere aventarse un clavado?”
Ha (Cenote de Agua)

“¡No!” fue mi respuesta automática pero al ver la cara de incredulidad del guía preguntando “¿Nadie?” Un pensamiento surgió en mí “La vida es una y no me voy a morir” esto mientras ponía mi mente en blanco y me aventaba al agua.

Honestamente se siente de la fregada mientras uno cae de tan alto pero, al salir a flote, una sonrisa invadía todo mi rostro y un orgullo enorme inflamaba mi pecho. Siempre tuve miedo de esos clavados altos y ahora me arriesgue sin pensarlo. Un salto similar logre en el Cenote del Fuego, y ahora fue más sencillo, a la primera que preguntaron me aventé con un gusto especial.

            Xcaret

Esta fue la segunda vez que visite Xcaret el cual, sin lugar a dudas, está diseñado para sorprender a los extranjeros pero, como mexicano, también te es atractivo. Al ser tan grande y tener tanto por hacer, ahora me dedique a visitar lugares que no había visto la vez anterior.
Ceremonia Maya

Dentro de ese deambular, ví a unos actores representados caminando hacia un túnel y, como no decía que no podía pasar, pues los seguí a ver a dónde iban. Llegamos a la parte de atrás de un escenario y los actores, amablemente, me dejaron pasar hacia las gradas y, así llegue al pueblo maya para ver un show inigualable.

Justo antes del famoso show nocturno de X-caret, me tocó esta representación de una ceremonia maya que me conmovió profundamente. No había diálogo alguno pero todas las danzas, los sonidos, los rituales, las representaciones, los gritos y la intención que impregnaron la ceremonia me calaron profundamente, no puedo expresar con palabras el por qué, sólo sentí algo cálido en el pecho y me sentí conmovido hasta las lágrimas.

Hablando del show nocturno, no me gustó que lo partieran en dos tandas, todo por la remodelación del escenario principal; pero no sólo lo partieron en dos, también recortaron su duración. Dicen que van a descansar dos años en lo que montan un nuevo espectáculo, a ver qué ponen en su lugar, porque el show nocturno de X-caret es una garantía de entretenimiento.
El Caballero Jaguar (Show Nocturno)

            Creo que lo que más me gusta de dicho espectáculo es la dignidad, fuerza e identidad que le impregnan. Obviamente tiene mucho que ver la producción que le meten, lo cual los hace más espectaculares. En la parte prehispánica, he leído que hemos romantizado mucho a nuestros ancestros, ya que se dice que eran igual de corrientes y salvajes que muchos de los mexicanos actuales. Aun así me sentí bien de que fueran representados tan dignamente.

            A pesar de ser un simple show, me indignó mucho la llegada de los conquistadores, por todo lo que significó la violación que hicieron hacia nuestra cultura y los traumas que aún persisten en la población actual. En el show embellecieron un poco ese encuentro cultural, lo cual tal vez sea bueno para el turista aunque, en realidad, es una inmunda falacia que todo haya sido tan bonito.

            Lo mismo pasó con los bailables folclóricos, a los que les metieron producción y algunas modificaciones para hacerlos más atractivos. Obviamente los originales son bonitos pero no ya no son tan llamativos en este mundo tan visual así que, con breves modificaciones (solos instrumentales o de baile, estrofas de más o cambios al vestuario, inclusive magnificar algunos fragmentos de la coreografía original), hacen que el bailable sea mucho mejor que el clásico conocido por todos y más atrayente para el espectador.
Veracruz  (La Bamba)

            Cuando salieron los bailables de Veracruz, no pude evitar conmoverme hasta las lágrimas, todo por el marcado orgullo que tengo por mi tierra natal. También me hice consciente que llevo tanto tiempo viviendo fuera de mi estado de origen, que he perdido el derecho a llamarme jarocho. Pero, si no puedo ser de Veracruz, prefiero ser de ningún otro lado, y eso lo tengo muy claro al estar feliz con la tierra en donde nací.

            Esto lo note cuando nos preguntaban de dónde veníamos y mis amigos contestaban “De Puebla” pero yo prefería quedarme callado, es más, cuando iba solo y me preguntaban de dónde venía, sin dudar respondía “De Veracruz”. Agradezco mucho la vida que me ha dado Puebla, mis amigos, mi trabajo y mi casa están ahí, pero no me considero de dicho lugar.

Xel-Ha

            El día que visitamos Xelha nos llovió tanto que inclusive no pudimos visitar Tulum, porque se inundó y ni pasar nos dejaron. Ciertamente hacía mucho viento y, para la zona, algo de frío y esto desató algo que me enervó bastante.
Xel-Ha

            Una de mis acompañantes se puso excesivamente quejumbrosa “Es que hace frío, es que hace viento, ya se me mojaron los pies, es que hay mucha cola, ¿cómo se pueden meter al agua con este clima? ¿A qué hora va a salir el sol? Es que hay mucha gente” y demás letanía que quejas que, en verdad, ya me tenían hasta la madre pero, en un acto loable para mi carácter, me contuve tanto como me fue posible, aunque tuve que desahogarme mediante el Facebook sin denunciar la identidad de la quejumbrosa. Me controle por el bienestar de las vacaciones y de la sana convivencia del grupo.

            Al final, me estresó tanto que empecé a hacer consciencia de que también soy muy quejumbroso, lo cual me ayudó a tranquilizarme y enfocarme en mi situación. Es muy molesto que alguien a tu alrededor se esté quejando constantemente, así que me hice la firme intención de corregir o atenuar esa actitud mía tanto por mi bien como por el de la gente a mi alrededor.

            Y fue ahí cuando les dije “Sí, está lloviendo, pero ya estamos aquí: podemos optar quejarnos o intentar disfrutar nuestra estancia”, así que deambulamos un rato por el parque para posteriormente separarnos y cada cual irse por su lado. Me metí al río, e hice todas las actividades posibles, me la pase muy bien y me di cuenta que, a pesar de la lluvia, Xel-Ha es un lugar hermoso y, sin duda, con sol su belleza ha de ser aún más imponente.
El agua clara de Xel-Ha

Algo que corroboré en este viaje es que, de tanto vivir solo, necesito mi propio espacio y tiempo. Por ejemplo, en mis viajes a Costa Rica y a Cuba, mismos que hice con mi amigo Augusto, no era raro que cada cual tomara su rumbo y turisteara a solas, para después reunirnos y comentar lo que vimos.

            Creo que esto sacó un poco de onda a mis acompañantes en este viaje, mismos que son más gregarios, porque había puntos en dónde les decía “Bueno, sigan su camino, que yo me voy por acá”. He aprendido a estar conmigo mismo bastante bien, por lo cual valoro mucho mi espacio personal, lo cual es maravilloso porque no tengo la necesidad de soportar cosas o actividades con las cuales no estoy a gusto, porque no requiero de la validación externa.

X-Plor

            X-plor es el parque que más disfrute, tal vez por el hecho de que fui solo y pude seguir mi propio ritmo. Este parque es muy físico, lo cual evidenciaba la condición de muchos de sus visitantes. Esto lo noté en los ríos subterráneos, en donde era un solo camino y, si te encontrabas a alguien más lento, tenías que ir a su paso, lo cual me desesperaba.
El concepto cavernario de X-plor

            Pero, gracias a ello, me sentí agradecido por mi cuerpo y condición física, esto me resultó evidente al ver el ritmo, potencia o intensidad con las que hacía las distintas actividades, y no es por compararme con otros, simplemente es agradecer lo privilegiado que soy, y disfrutar los frutos de mis cuidados que, a la larga, podría repercutir en una vejez digna.

            Constaté con tristeza la falta de condición física del mexicano, en muchas actividades resultaba evidente la diferencia entre los extranjeros y los nacionales, y había actividades que no eran tan intensas pero que los locales parecían agotados. Ése es uno de los grandes problemas que tenemos como país: la faltade cultura física.

            Lo que más disfrute del viaje fueron las enormes tirolesas. Son dos circuitos: uno de 2100 metros y otros de 1400, con tiros de 300 metros en promedio ¡Cómo gocé al aventarme como Tarzán de estación a estación!

            Pareciera que fue en otra vida, pero no fue hace tanto en que le tenía pavor a las alturas, eso lo recordé mientras subía al tiro más grande, que tenía unos 800 metros de largo y 45 de alto. No recuerdo en qué momento perdí ese miedo, pero el hacerme consciente de ello hizo que disfrutará más mi vuelo sobre el parque, y hasta más me impulsaba para ir más rápido, con una gran satisfacción en el pecho y una sonrisa que abarcaba toda mi cara. El problema es que ya no me voy a conformar con tirolesas pequeñas, ahora voy a querer Tirolesas de por lo menos 300 metros de largo.
X-plor

            Muchos dicen que la gente no cambia, ¡pero sí se puede! Siempre y cuando quieras. Hace cinco años me hubiera resultado impensable subirme a una tirolesa, aventarme al agua de 4 metros de altura o subir a los juegos de Six Flags ¡pero ya lo hice! Los juegos mecánicos no lo disfrute mucho, pero me subí y no me morí (aunque sí lo sufrí) o, como comente párrafos arriba, cuando me avente a los Cenotes, fue una experiencia intensa pero, al final, me sentí muy feliz de haberlo hecho.

Cancún

            Desde el inicio tenía claro que, un día antes del vuelo de regreso, no iba a hacer nada en especial, mi intención era quedarme en las cercanías del hotel para reponerme de cinco días seguidos de intensa actividad. Como a diario teníamos algo que hacer, siempre salíamos temprano, lo cual me tenía algo presionado con mis horarios de corrida, pero ese día libre que me dí, me fui a correr por la playa sin restricción alguna de tiempo.

            Correr en la playa es un auténtico placer, es tan rico, refrescante y relajante que no siento cansancio alguno, por la delicia y lujo que representa correr a la orilla del mar. El gozo es mayor cuando uno se encuentra con una playa tan limpia, tan suave, tan clara y tan bella como la de Cancún, la mejor que he visitado junto con Varadero.
Atardecer nublado en Cancún

            No cabe duda que el conocimiento es poder, así como no importan todas las cualidades que tengas si no tienes la técnica necesaria para explotarlas. Esto lo corroboré mientras corría a la orilla del mar.

            El lugar óptimo para correr en la playa es justo donde las olas besan la arena, ahí el terreno es suficientemente firme para soportarte y no tan húmedo ni suelto para detenerte. Así que iba tranquilamente trotando en mi camino cuando, de pronto, me rebasó un gabacho a una buena velocidad, el problema es que lo hacía por la arena suelta, lo cual resulta bastante cansado.

            Eventualmente lo acabe rebasando con mi paso de tortuga, ya que se había detenido a descansar. No pasó ni un minuto, cuando me volvió a rebasar, lo cual no me importó porque, nuevamente, lo volví a rebasar con mi trote lento pero constante.
Life is lost in dreaming, dreaming is lost in becoming

            Después de esa segunda vez, creo que le llamé la atención, así que intentó seguirme el ritmo, pero fue por poco tiempo, ya que se desesperó y otra vez me rebasó con su paso rápido. Y, nuevamente se repitió lo ya mencionado.

            Otra vez me siguió, tratando de ver qué hacía diferente que él, porque no me cansaba y él sí (si me hubiera preguntado directamente se lo hubiera dicho gustoso). Lo malo es que me seguía por la arena suelta o por el agua, lo cual lo rendía invariablemente.

            Me resultó muy curioso, porque si hubiese sido un poco más observador, se hubiera dado cuenta por dónde estaba corriendo. A veces  tenemos hechos tan evidentes frente a nuestras narices que, por desesperación, no notamos. Seguramente si él hubiera tenido ese conocimiento, sin duda me hubiera rebasado y ya no lo hubiera vuelto a ver pero, al final, termine mi camino y ya no me volvió a pasar, todo porque se cansó por andar corriendo por la arena suelta.
Iguana que me hacía compañía junto a la alberca

Generales

Tras una semana de convivir con otras tres personas note que, al vivir tanto tiempo sólo, uno se vuelve muy salvaje con sus modales y hábitos. Cuando te toca convivir con otros homínidos, es cuando recuerdas tu educación y empiezas a confrontar valores y creencias. Es cuando uno debe apechugar para lograr una convivencia sana y civilizada (como cuando me contuve en Xelha).

Cancún es caro para los mexicanos pero, cuando ya has conocido otras partes del mundo, cuando ves lo que se te ofrece, todas las experiencias, todas las posibilidades, todo el sabor y lo que pagas por ello, en realidad Cancún es muy barato.

Algo de lo que me gustó de este lugar es la lealtad mostrada hacia el turismo nacional, con precios más bajos, promociones y tratos especiales a los connacionales. Entendiendo que no tenemos el mismo poder adquisitivo que el turista extranjero, por lo que se agradece el gesto.
Paseo en Río en X-caret

            Después de cinco días de comer como desesperados, había una palabra que no quería volver a ver a mi regreso a Puebla: Buffet. No sé qué clase de pervertido creo el dicho concepto, pero es algo inhumano y antinatural que te den tanta comida que te permita dar rienda suelta a esos instintos insaciables de la sociedadcapitalista y/o consumista que no nos pone límites “¡Come todo lo que puedas ahora que hay! Puede ser que no haya mañana” es el pensamiento inconsciente que nos invade a los tragones como yo. Es horrible. Obviamente el problema es mío por no poder controlar mis instintos, por eso trato de evitar los Buffets.

Corroboro lo dicho  en mi viaje a Costa Rica: en México hay lugares más ricos, más baratos e interesantes que el país tico. Mejor comida, más abundante, más posibilidades, mejor calidad, mejor servicio y sin diferencia de precio o de lo ofertado.

            Si veo lo que gaste y lo que recibí entre Cancún y el país Tico, no hay tal comparación. En Costa Rica gaste 50% más de lo que pague en Cancún y, definitivamente, sólo habré gozado el 50% de lo que viví en la Riviera Maya: La comida, las actividades, la relajación, la calidad de los servicios y lo que quieran mencionarme, en todo fue superior Cancún.
Bailable típico de Oaxaca (Show noctunro X-caret)

            Obviamente Cancún es nuestro centro vacacional más importante y Costa Rica no tiene la misma infraestructura o proyección internacional. En poco tiempo me toca ir a Chiapas, que seguramente tampoco tiene la misma infraestructura, pero estoy seguro también lo voy a disfrutar a lo grande. Definitivamente en México somos agraciados por la diversidad y calidad de destinos para hacer turismo.


lunes, 28 de octubre de 2013

El escenario de la vida

“Cualquier actor de la vida, por más mediocre que sea, vale más que el mejor de los críticos, el cual no tiene el valor de subir a escena” – Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 25 de octubre de 2013

Barranca Grande

Me he hecho el propósito de regresar a Jalcomulco cada año a hacer Rápidos pero, en esta ocasión, quería algo más allá de los tramos de “Antigua” y “Pescados”, ahora quería el premio mayor: “Barranca Grande”

No soy un experto, apenas he hecho Rápidos cinco veces, pero desde el año pasado tenía el gusanito de hacer “Barranca Grande” que es un trazo de 48 kilómetros hasta conectarse con “Pescados”, totalizando 62 kilómetros hasta Jalcomulco.
Tramo del Río Pescados

En esta ocasión fui solo, ya que nadie pudo o quiso acompañarme, pero eso no me iba a detener por dos razones: primero porque no me asusta viajar a solas, lo he hecho en ocasiones anteriores y lo seguiré haciendo de ser necesario. Por otro lado, necesitaba hacer “Barranca Grande” este mismo año, ya que existe un riesgo que pronto ya no sea posible (más adelante comentaré al respecto).

Mi visita fue pospuesta una semana ya que, por las intensas lluvias, el nivel del río estaba demasiado alto, por lo cual no era seguro (ni permitido) hacer rafting en ese tramo hasta que bajara el agua a un nivel aceptable. Ese retraso me entristeció un poco pero me repuse y fui con mucho gusto una semana después.

            En esta aventura me tocó un grupo de 10 triatletas, gente muy divertida pero, como no suelo ser tan abierto de buenas a primeras, tarde en acercarme a ellos. Una peculiaridad con esta situación es que no acostumbro estar con puras personas que tienen una resistencia física mayor a la mía, y así fue porque casi todos habían hecho el Iron Man (y con tiempos impresionantes)
            

            El trayecto del campamento de Raft México al lugar de inicio de nuestra aventura fueron unos 90 minutos, mismos que no se hacen pesados por los pueblecillos y paisajes naturales por los que uno pasa. Al ver el agua cristalina proveniente del Pico de Orizaba, no pude evitar emocionarme: era la primera vez que veía un río limpio en México, una auténtica belleza, y aún ignoraba que me faltaba mucho por contemplar.

            Desde el inicio de Barranca Grande, uno no tiene tiempo de nada, ya que comenzamos con una serie de Rápidos nivel tres que, fácilmente, duraron media hora, uno tras otro, sin descanso, pero muy divertido. De hecho el río te da pocos momentos de tranquilidad, ya que los rápidos son continuos y constantes, lo cual hace una delicia de trayecto.

            Carlos, uno de nuestros guías, nos comentaba que el nivel de agua era el óptimo, ya que estaba perfecto para disfrutar los rápidos, mismos que eran muy técnicos, sin mucho margen de error. Y vaya que lo comprobamos porque todos, a excepción de dos, nos acabamos cayendo al río.

            Sip, este año volví a visitar el río pero, en esta ocasión, no caí en pánico ni sentí morir. En un rápido quedamos atrapados en una piedra, por lo que la balsa quedó de lado, primero intente agarrarme de la cuerda y me quede a nada de alcanzarla, después Carlos me dirigió su remo, pero también me quede a nada de tomarlo, así que visite el río con todas sus piedras. Como ya tenía experiencia, no luche contra él, así que no me revolcó tanto, me puse en posición de seguridad y espere a ser rescatado, algo que pasó relativamente rápido.

            Eso es algo que me llamó la atención, aunque casi todos caímos (alguno en dos o en tres ocasiones) nadie se asustó ni se traumatizó como para no seguir remando, reflejo de gente acostumbrada a emociones fuertes (ellos se han aventado del paracaídas, del bungee y demás actividades extremas).

            Sin embargo, el río merecía mucho respeto, para ser un grupo tan atlético y con guías tan experimentados, nunca había visto que hubiera tantos caídos y tan seguidos. Ahí me dí cuenta que Barranca Grande es para gente que en verdad le gusta esto del Rafting.
Tramo del Río La Antigua

            En los breves momentos de tranquilidad que teníamos, quedaba embobado por los paisajes: una belleza sin igual. Toda la vegetación, el agua, la barranca, las cascadas, los animales, todo era un espectáculo natural que te embelesaba. Ahí tomé la decisión de comprar una cámara acuática porque recientemente he perdido muchas fotos porque mi cámara no es resistente al agua.

Este año vine a Barranca Grande por el riesgo de que construyan una presa, misma que mataría al Río Antigua pero, después de haber visto tanta belleza natural, aunque no vuelva a hacer Rápidos, es un ecosistema que merece ser protegido de la incesante voracidad humana. Además hay muchas poblaciones que viven a la orilla del Río que se verían gravemente afectadas.

            El tramo del Sábado fue largo, aproximadamente remamos unos 42 kilómetros en seis horas, lo cual fue algo cansado, eso sin contar lo que uno debe pelear contra ciertos rápidos que son muy intensos.

            Hubo un punto, en donde otra lancha se quedó atorada entre dos rocas, así que le pegamos de frente y salimos volando tanto de nuestra lancha como de la siguiente. En esta ocasión tenía claro que no quería que el río me volviera a “masajear” con sus piedras y, con toda mi fuerza de voluntad, me aferre a la cuerda.

            Así que quedamos atorados y colgados de la balsa mis dos guías y yo, porque los otros dos tripulantes cayeron al río para ser rescatados más adelante. Mientras  tanto, estábamos solos y sin ayuda. Chai y Carlos actuaron rápido y con valentía, Chai amarró una cuerda a la balsa, aventó la otra punta a la orilla e intrépidamente se aventó al río, se pegó unos santos madrazos en las piedras pero, con mucho esfuerzo, logramos desatorarnos para seguir adelante.

            Cada balsa vivió sus propias aventuras, algunos se estrellaron contra alguna pared y salían volando hacia la corriente, pasamos troncos cambiando de posición dentro de la embarcación, otros se volcaban con una “almohada” de agua, otros nos atorábamos en piedras o surfeábamos olas. En realidad el porcentaje de caídas fue bajo para todos los rincones emocionantes que tienen estos excelentes rápidos de tan magnifico nivel. La corriente estaba bastante fuerte, tanto que arrancó una pulsera de identificación del coach de los triatletas, misma que llevaba con él muchos años, y a mí me robó un Carlos V que tenía en el bolsillo, mismo que estaba sellado con velcro pero, a pesar de ello, mi chocolate desapareció :’-(

            Durante la pausa de comida, misma que hicimos en un pequeño paraje a medio camino, nuestro Kayakista (Gabriel), me comentaba que ha hecho Rafting en algunos ríos del mundo, y que Barranca Grande sin duda es uno de los mejores, tanto por el nivel de los rápidos como por los hermosos paisajes, mismos que como mexicanos no sabemos apreciar al desconocer su existencia.

            Le comenté que un par de meses antes baje el Río Pacuaré y que me parecía inferior a Barranca Grande, pero dice que en estos meses es mejor para visitarlo, porque me tocó el nivel bajo del Río. Hablando de Costa Rica, también me comentó que había un río precioso e imponente en la nación tica, mismo que fue asesinado al hacer una presa. Por ello, Gabriel es uno de los grandes detractores de la presa en Barranca Grande y es un activista dinámico en el movimiento que une a los 45 pueblos que están junto al río.

            El viaje fue muy divertido y, sin duda alguna, los guías de Raft México son los mejores, ya que cada cual, con su respectiva personalidad, te hace el viaje muy ameno. Por ejemplo Chai, uno de los dos guías en mi balsa, es un tipo muy jovial lleno de vida y buen humor, además de ser muy desinhibido al momento de expresar su alegría por navegar por el río.
Rafting hace dos meses en Río Pacuaré (Costa Rica)

            Carlos, mi otro guía, un sujeto tranquilo, educado, con amplio conocimiento del Río, natural de Jalcomulco, mismo del cual está muy orgulloso y te infunde mucha confianza como guía y persona.

            A Toño lo conocí al llegar al MOARR, y me lleve una gran impresión con él, porque te expresa una serenidad imponente al platicar con él, carece de cualquier dejo de estrés en la voz, la tranquilidad espiritual que emana se contagia y te sientes muy a gusto en su presencia.

            Esto me hace pensar, como comente en uno de los escritos anteriores sobre Jalcomulco, que la calidad de vida que uno adquiere en esta población es invaluable, tal vez no haya muchas cosas materiales pero, precisamente por ello, es que las personas se encuentran a sí mismas y aprender a vivir en paz con su entorno. Este pueblo jarocho es un claro ejemplo que no se necesitan de excesivas posesiones materiales para ser feliz.


Siguiendo con el equipo de Raft México, Gabriel (el Kayakista y hermano de Carlos) es alguien muy propio, serio pero, al mismo tiempo, amigable. No al nivel de Toño, pero Gabriel también refleja una paz y tranquilidad impresionantes en su ser y en todo lo que expresa, pero con una fuerza más notoria. Gabriel ha viajado por muchos países y participado en distintos eventos de Kayak y Rafting a nivel mundial, además de estar certificado internacionalmente. Todo un lujo con el te sientes protegido en el río.

Y finalizamos con el ultra conocido y popular “Tío” Memo, una presencia constante en el campamento de Raft México. Como siempre, diversión en cada momento con Memo pero, continuamente, estaba al tanto de cada detalle y comprometido para que la pasáramos bien pero, sobre todo, seguros.

            Llegamos todos húmedos y cansados al campamento junto al Río, para secarnos, cenar, platicar y descansar en espera del cierre de esta aventura. El primer día recorrimos poco más de 42 kilómetros, y nos faltaban otros 18 aproximadamente, incluyendo el tramo del río “Pescados”, así que debíamos reponer fuerzas para el cierre de tan maravilloso trayecto.
El Centro de Jalcomulco

En la noche empecé a platicar más con mis acompañantes. Me dí cuenta que la gente que hace deporte suele ser positiva, con un carácter muy abierto y desenfadado. Eso nos haca falta más en este país: hacer deporte.

Aunque llevábamos Sleeping bag, optamos por dormir en catres viejos pero limpios que había en el campamento y que amablemente nos ofrecieron. Honestamente no estaba para ponerme exquisito: estaba todo madreado por la revolquiza que me puso el río cuando caí, la golpiza fue en gran parte del cuerpo, así que cualquier lugar era bueno para dormir.

Ahí recordé que la necesidad es el mejor condimento para lugares y cosas por lo que, en mi estado físico, el catre que me tocó me pareció la cama más rica que había tenido y dormí profundamente, hasta que me levante a media noche al baño y oí algo que me preocupó: estaba lloviendo copiosamente.

Normalmente me gusta la lluvia nocturna, pero mi sentimiento en esta ocasión no era cómodo, algo me preocupaba y no sabía qué; con esa sensación regrese a mi lecho y fácilmente concilie el sueño por el cansancio acumulado.

Al levantarme, a pesar de que me bañe en repelente contra insectos, comprobé que a los mosquitos en la actualidad les vale madres lo que te eches, porque nos masacraron sin piedad, supongo que han ido mutando contra las sustancias de los repelentes (y eso me preocupa porque pronto voy a Chiapas).

Cuando salí a ver el río comprendí la razón de mi preocupación: el nivel había subido de manera impresionante, además de que lo cristalino del agua fue sustituido por el café de la tierra revuelta. Había llovido bastante río arriba, por lo que la corriente había crecido súbitamente en la noche.

Aún recordaba que me habían pospuesto el viaje de una semana atrás por el nivel del río así que, de manera inocente, me guarde mis comentarios sobre la corriente, como si nadie más se fuese a dar cuenta.

Obviamente nuestros guías conocen al río de mucho tiempo y, muy a mi pesar, se dieron cuenta de lo crecido del nivel. Como dejó de llover en cuanto amaneció, esperamos un rato a que bajara el agua a algo más navegable y reiniciamos nuestro camino.

El río estaba muy bravo, los rápidos clase 4 que pasamos se habían convertido en 4+ e inclusive clase 5, de hecho evitamos el único clase 5 natural que había en el río porque estaba en extremo peligroso.

La verdad fue muy divertido hacer los Rápidos clase 4+ y clase 5, porque la habilidad de nuestros guías y nuestra condición física hicieron un gran tándem para salir adelante. Otra vez estuvimos a punto de voltearnos en una piedra pero, hábilmente, Carlos nos sacó avante y nos emocionamos de haber superado el obstáculo en las condiciones extremas en las que estábamos.

Ya habíamos avanzado los primeros cuatro kilómetros sin contratiempos graves, la corriente estaba muy rápida, pero nuestra habilidad se había incrementado horrores a comparación del día anterior.

La balsa de Memo, nuestro líder y guía más experimentado, iba delante nuestro y la de Toño atrás. Iba concentrado en remar fuerte, como nos pedía Carlos cuando volteé al frente y ví algo que me sorprendió: La balsa de Memo estaba sola, todos habían caído al río en un rápido enorme . . . y nosotros íbamos directamente hacía ahí.

“¡Madres! ¿Dónde está Memo y su equipo?” pensé mientras, al mismo tiempo, empezaba a prepararme, con el resto de mi balsa, para atacar el rápido que los había tumbado. Aún tenía el recuerdo del día anterior, en donde chocamos con la balsa de Toño y habíamos salido volando. Ahora íbamos directo a la de Memo, pero no iba a caer de nuevo, me lo prometí; además, como estaba el río, no tenía ni tantitas ganas de nadarlo.


Como lo preví, chocamos con la balsa de Memo y poco faltó para que nos volcáramos pero, en un excepcional trabajo de Carlos y de Chai, nos coordinaron a la perfección, remamos como energúmenos, como si la vida se nos fuera en ello y resistimos contracorriente, justo en frente de la roca que había volcado a nuestros compañeros. Resistimos un buen rato hasta que Carlos nos pudo sacar de esa trampa.

Estábamos tan concentrados en no ser volcados que no ví en que momento nos pasó la lancha de Toño, pero ellos ya estaban rescatando a los primeros miembros del equipo de Memo.
El Moarr de Raft México en Jalcomulco

Ahí empezó el rescate de los caídos. Remamos para recoger a los que estaban a las orillas agarrados de ramas de los árboles. De pronto, a lo lejos, vimos cómo Gabriel colapsó en su Kayak mientras intentaba rescatar la lancha.

Afortunadamente no perdimos el control ni la tranquilidad, Carlos nos guío con decisión, salvamos a Memo y a dos de su equipo y empezamos a perseguir su balsa a toda velocidad, mientras que el equipo de Toño se encargaba de rescatar a Gabriel y a los otros dos miembros del equipo de Memo.

Remamos como nunca lo había hecho, con impresionante intensidad, pasamos más Rápidos a toda velocidad, ya ni sentíamos su fuerza por la premura que teníamos por alcanzar la lancha. Memo iba al frente y nos iba guiando con decisión, mientras que Carlos nos iba dando el curso adecuado.

Fue cansado pero recuperamos todo: gente, lancha, kayak y remos, todo gracias a un trabajo de equipo excepcional. Estábamos como a 500 metros del inicio oficial de la sección “Pescados” cuando Memo tomó una decisión poco popular pero necesaria: terminar con el trayecto 13 kilómetros antes de lo programado.

Obviamente a nadie le gustó el sorpresivo final pero el rescate había dejado muy desgastados a todos por lo que, si había otra caída de igual magnitud, iba a ser más difícil y peligroso, además de que venían rápidos (aún) más fuertes. Esto demuestra que al Río hay que tenerle respeto ya que si guías como Memo y Gabriel, con 19 y 17 años de experiencia respectivamente, sufrieron contra la corriente crecida, pues nosotros debíamos ser más humildes y aceptar la decisión que, al final, fue por nuestro bien.

            A pesar de ello estábamos algo apachurrados y un poco deprimidos, porque nos divertimos bastante y nadie esperaba que la diversión acabara antes de lo previsto. A la hora de la comida, ya bañados, cambiados y repuestos, el ánimo mejoro y empezamos a compartir y recordar experiencias del recorrido.
Al inicio del trayecto

            Uno de los que más me hicieron reír fue de la balsa de Toño, mismo que es muy tranquilo y se expresa con toda propiedad pero, al aproximarse al rápido en el que colapsó la barca de Memo, grito con desesperación a su equipo “¡Ahora sí! ¡Remen con huevos!” algo que los impresionó porque fue la primera y única grosería que le escucharon y, por lo mismo, todos se pusieron a remar como locos para no caer.

            Aunque mi enojo y frustración bajo hasta la noche, ya de regreso en casa, al final me quedé con un gran sabor de boca porque, posiblemente, ésta ha sido la aventura más intensa y divertida que he tenido en mi vida y, si la suerte me sonríe, sé que la siguiente ocasión puede estar aún mejor.


Cada vez que le cuento de esta aventura a alguien, y ven mi emoción por volver al siguiente año, irremediablemente me dicen que estoy loco, pero no espero que entiendan. Sólo cuando uno va a Barranca Grande y lo vive, siente el compañerismo, la aventura, el buen ambiente, las risas, la camaradería, la adversidad, el sentimiento de ser héroe, el luchar contra el río y domarlo, es cuando se puede entender mi satisfacción. Cuando experimentas esto, sabes que vale la pena regresar cada año a Barranca Grande y disfrutar con el equipo de Raft México.

De esas ocasiones en donde uno agradece estar vivo y poder experimentar estos pasajes tan intensos y reconfortantes.


Hebert Gutiérrez Morales.