domingo, 29 de septiembre de 2013

Solos

“A fin de cuentas, todos en esta vida estamos solos. Simplemente nos rodeamos de gente para tener la ilusión de lo contrario” – Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Lágrimas contradictorias

            Ayer estaba tumbado en mi Sofá, viendo el partido de los Delfines de Miami contra los Halcones de Atlanta. Aunque Miami estuvo abajo casi todo el encuentro, siempre se mantuvo a tiro de piedra.

            Normalmente me aviento los partidos de mis Delfines parado y mentando madres o gritando de alegría pero, en esta ocasión, estaba como muerto en vida, bastante desmotivado, y veía el juego porque no tenía nada mejor que hacer.

            ¿La razón de mi apatía? En la mañana ella me confirmó que no me puede ver más que como amigo. Debo reconocer que ha sido firme en su postura, lo malo es que uno se hace ilusiones basándose en las agradables charlas que tenemos.

            Más temprano le había escrito, esos ensayos que hacía públicos ahora son exclusivamente para ella, lo cual me llena más alma que cualquier otra cosa. De hecho se lo comente en ese mismo escrito “Soy feliz por tener la oportunidad de escribirte y que me leas. No sé cuánto tiempo dure esto, pero soy afortunado de tener esta oportunidad”.

            Al parecer el escrito, y mi ausencia de una semana en Cancún, le dieron la fuerza necesaria para dejarme ir.

            Volviendo al partido, en una remontada del último cuarto, los Delfines ganaron el encuentro. En esa última serie reaccione y me sentí vivo por unos breves momentos.

            Al final, cuando se consumó la victoria, mejorando su marca a 3-0 (algo que no pasaba desde el 2002) me puse a llorar. Pero no lloraba por el partido en sí, lo hacía porque estaba triste.

            Creo que la gran emoción del regreso de mis Delfines abrió mi corazón, pero no salió la alegría correspondiente, sino esa tristeza que estaba conteniendo desde la mañana, así que me puse a llorar como niño a gota gorda.

            Pero hubo un momento en el cual me detuve y me dije “¡No más sufrimiento!” y, recordando esa promesa que me había hecho, seque mis lágrimas y empecé a contenerme.


            Ya he llorado demasiado en lo que va del año, y ya no pienso derramar más lágrimas. He quedado con ella para, por lo menos, despedirnos en persona. Después de que eso suceda, me voy a permitir llorar a todo lo que dé, para desahogar todos mis estúpidos anhelos. Pero sólo será una vez y no más sufrimiento.

            Ella es una gran mujer, la mejor que he conocido, y se merecerá cada lagrima que le dedique. Por lo mismo que es tan maravillosa, sólo me queda aceptar su voluntad y dejarla ir, si no me puede aceptar como pareja, no puedo obligarla y aunque pudiera, no lo haría.

            Espero que esto pase pronto, porque tengo tantos temas por escribir pero, honestamente, me falta mucha voluntad para descargarlos en el blog, creo que mi energía vital no está en su estado óptimo, y tampoco se trata de escribir por escribir.

            He llorado muchas veces con mis Delfines, pero es la primera vez que me ayudan a desahogar una tristeza relacionada con el amor. Es la primera vez que una alegría me ayuda a encauzar una tristeza.

            Ya no más sufrimiento, soy fuerte y también voy a salir avante de esto, aunque sea lo que más me vaya a doler en la vida.


            Hebert Gutiérrez Morales

Vida cambiante

“A veces la vida es maravillosa, prácticamente perfecta. A veces es un bodrio, una auténtica mierda. Lo más saludable, en cada situación, es recordar el otro extremo para ser conscientes que todo va a cambiar” – Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Alcoholismo

            ADVERTENCIA: Sin duda alguna, la objetividad no va a ser mi fuerte en este escrito aunque, de todas formas, lo voy a intentar. No va a ser bonito leerlo, además de que va a traer una carga emocional fuerte. Lo siento, soy hijo de alcohólico y no voy a disimular mi animadversión con el tema por intentar agradar a alguien.

            El año pasado ví, con unas amigas, la película “Flight” (El Vuelo) con Denzel Washington, misma que trata de un piloto aéreo alcohólico. Durante el filme me enoje e indigne bastante con las irresponsabilidades del personaje, todo producto de su vicio, mientras que mis amigas reaccionaban de manera distinta a la mía. Al final estuve feliz y dije “¡Sí! ¡Qué se pudra en la cárcel y pague por sus pecados!”. A mis amigas les sorprendió mi reacción tan pasional, y desde ahí empecé a gestionar el presente ensayo.

            Muchos justifican, sobretodo los que no se criaron con uno, que el alcohólico es un enfermo que merece comprensión y apoyo, y no lo niego pero, de eso a tratarlo como víctima, es algo en lo que estoy totalmente en desacuerdo.

            Obviamente el drogadicto, el neurótico, el comprador compulsivo, el fumador y demás también sufren de una enfermedad pero, bajo esa perspectiva fácilmente podemos justificar al violador, al asesino, al pedófilo, al misógino que golpea a su mujer y demás trastornos. Todos se justifican fácilmente bajo la etiqueta de “Enfermedad” y con eso somos dados a librarlos de la responsabilidad de sus decisiones y acciones.

            ODIO a los alcohólicos, los odio a todos sin excepción. El ver a alguien borracho me asusta y me repugna. Todo esto producto de criarme con un padrastro alcohólico, proveniente de una familia de borrachines en donde, adicionalmente, todos son corrientes y patéticos.

            Creo que todos tendremos material para quejarnos de nuestros padres, el que me crió (que es distinto al que me engendró) fue un borracho. Seguramente me pudo ir peor de haberme criado con un drogadicto o violador, no lo niego, pero también me pudo haber ido mejor de no haber tenido a un borracho misógino. Es verdad que los hijos somos ingratos, porque somos muy buenos para quejarnos y obviar lo bueno que sí recibimos, pero eso no quiere decir que un porcentaje de nuestros reclamos carezcan de veracidad y justicia.

            ¿Por qué me parecen patéticos los borrachos? Porque necesitan algo para escapar de la realidad, para hacerse los chistositos (o ponerse violentos), para expresar sin inhibiciones todo eso que no dirían en su sano juicio. Sin embargo, todo lo que expresen en ese estado es inútil: si es bueno pierde credibilidad al decirlo intoxicados, si es malo, uno lo toma peor porque lo dicen con una intención de herir que difícilmente igualan en sobriedad.

            Tal vez, en respuesta al padre alcohólico que tuve, intento ser todo lo insensato que puedo, que vean que soy capaz de decir tantas imprudencias de manera consciente, que no necesito de algún estimulante para expresarme con honestidad. Que vean que lo que digo es con intención y consciencia, que no necesito de la “ayuda” de alguna estúpida droga que me “motive” a decir idioteces. No necesito del pinche alcohol para hacerme el chistosito.

            El mismo alcoholismo contribuyó fuertemente a que mi vida social fuera muy limitada. Estúpidamente hay muchos, demasiados de hecho, que piensan que la única manera de divertirse o socializar es bajo los estímulos del alcohol. Con esa postura tan dogmática opte, por mi propia tranquilidad, a no salir mucho, lo cual acomoda a mi esencia tranquila, así que nunca me ha quitado el sueño (literalmente) salir a “parrandear”.

            De hecho, revisando a mis amistades, ninguno de mis verdaderos amigos se podría considerar alcohólico, casi todos beben, pero no son adictos. Creo que me costaría llevar una relación importante (ya sea amistad o pareja) con alguien alcohólico.

            Tengo la teoría de que los hijos de alcohólicos sólo pueden crecer con el mismo vicio o como abstemios empedernidos, porque cada cual escoge la manera de combatir (o aceptar) al demonio que se mudó a la familia con ese mal.

            En Prepa, empecé a tomar en las fiestas, de hecho me emborrachaba hasta las manitas, y nunca llegaba a casa (no le podía hacer eso a mi madre: lidiar con otro borracho). Me sentía muy popular, muy graciosito, la gente me festejaba mis borracheras, cuando compraba alguna botella, se las mostraba a todos y ellos movían la cabeza en son de desaprobación, pero con una sonrisa cómplice que te festejaba la “gracia”

            La sexta y última vez que me emborrache, me dio la única cruda que he experimentado en mi vida. Así que me dirigí a casa con el peor dolor de cabeza que haya sentido. Al llegar, encontré a mi papá inconsciente, rodeado de botellas y en un estado deplorable. El efecto fue devastador en mi psique “¡Ya no! Y ¡Yo no!” me dije y desde ahí me la pase más de 15 años sin probar gota de alcohol.

            Con ese pasaje me hice consciente que la sociedad misma es cómplice en esta enfermedad, hay muchos que te festejan el vicio, tal vez no de manera abierta, pero sí de manera vedada. Eres aceptado si le invitas o le aceptas una copa a un amigo, a tu jefe o inclusive a un desconocido. Todo esto empieza en la adolescencia, en donde buscas aceptación externa, aunado a hacer algo prohibido, la motivación es total para emborracharte, fumar o drogarte, todo con el afán de parecer malo y ser aceptado/admirado/temido por el resto de tus compañeros.

            Lo que más odio del alcohol es que aceleró la desmitificación de mi papá. Ver al que se supone que es tu mentor y tu guía en un estado tan deplorable, tirado en el suelo de la casa o de la calle resulta impactante para el pedestal que lo tienes desde la infancia. Es un espectáculo deprimente, chocante, patético, fastidioso, horrible pero, de alguna forma extraña, enternecedor (aunque no de manera positiva). Es una imagen que no vas a olvidar el resto de tu vida y es cuando aprendes a odiar al alcohol.

            Dentro mis traumas, también aprendí a despreciar los grupos de Al-Anon, Alateen y a los Alcohólicos Anónimos. ¿Por qué? No pongo en tela de juicio la función para la cual fueron creados: apoyo y orientación moral del adicto y su familia para superar la “enfermedad”. Pero YO personalmente, los odio por el ambiente tan triste, tan deprimente, tan extraño que priva en dichos lugares.

            Fui a reuniones de dichos grupos y siempre lo mismo: Escuchar a la “víctima” plantear su caso y conmiserarse de su propia desgracia, mientras que todos ponen cara de pena (pareciera velorio) y le dan por su lado al orador. Para mí, y recalco PARA MÍ, esa dinámica es patética y enfermiza. Voy, les expreso cuánto sufro, me revuelco en mi miseria, en mi mierda personal, y sé que con ello voy a recibir la atención y el cariño de mi público.

            Muchos de los que ahí se expresan no están realmente arrepentidos de lo que han vivido, al contrario, lo usan y lo disfrutan para recibir la atención externa y sentirse importantes para alguien. ¿Y en qué me baso para afirmarlo tan categóricamente? En que recaen fácilmente en el vicio (no todos, pero sí muchos).

            El vivir con un alcohólico te afecta a varios niveles, de entrada tu amor propio, porque uno siempre vive con la incertidumbre de cuándo se va a emborrachar y cómo demonios se va a comportar cuando esté ebrio. Como ya comente más arriba, tu sociabilidad ya no es la misma, ya no vas con gusto a fiestas o reuniones porque, si hay alcohol, es seguro que tu borrachín termine en estado inconveniente y te haga shows ante los demás (igual y te acostumbras a los espectáculos dentro de casa, pero hacerlos en casa ajena es muy bochornoso). La integración familiar es otro tema que te acaba dañando, cuando todos los demás están en una dinámica y hay un ente interno que no le interesa el bienestar del resto, es difícil hacer equipo, especialmente si no puedes expulsar al cáncer del núcleo familiar. A fin de cuentas todo se resume en tu tranquilidad, cuando vives con un adicto, sabes que pasas a segundo término, porque él va a hacer o gastar lo que sea necesario para satisfacer su necesidad de autodestruirse, sin importarle lo que a ti te afecte.

            Es por eso que ya no disfrutas fiestas ni vacaciones, cuando ves la primera copa o la primera botella aparecer, ya sabes que valió madre; te empiezas a mentalizar del espectáculo patético que está por venir, en donde tu ser amado deja la mascara de decencia atrás y empieza a sacar todos sus traumas de forma abierta e insensata. Lo peor del asunto es que el alcohólico no se acuerda (o dice no acordarse) pero tú sí tienes muy presente el dolor, la vergüenza, la ira, la rabia y demás sentimientos negativos que te provocan las acciones que hizo durante su embriaguez.

            Otro show igual de patético que los grupos de Alcohólicos Anónimos son las promesas para dejar de tomar, mismas que cada borrachín hace en la Iglesia de su preferencia. Las dos o tres primeras veces lo acompañas con la esperanza que sus creencias sean suficientemente fuertes para ayudarlo a dejar el vicio. Las ocasiones subsecuentes ya lo ves como un circo, una acción ridícula que sirve para perpetuar el engaño de que el borracho está preocupado por su salud, su familia y su vida.

            El problema con las promesas es que, cuando cedes a la tentación, no piensas “¡Chin! ¡Me tome una copita! Bueno, no se acaba el mundo, voy a seguir con mi compromiso” ¡¡¡NNNOOO!!! Ahí es donde la mente convenenciera del alcohólico dice “Pues ya da igual una copita que toda la botella ¡A chupar!” Así que resultan contraproducentes dichas promesas, porque incrementan el placer de ingerir alcohol al sumarle la culpa (gozosa a nivel inconsciente) de romper un compromiso con “Dios”

            Pero luego vienen los ataques de remordimiento y tienes que chutarte el choro de “Voy a cambiar, ya no voy a tomar, les ofrezco disculpas por todo el daño que les he hecho .bla bla bla” casi se ponen a llorar como María Magdalena y, de nuevo, les crees el teatrito las primeras veces y piensas “¡Vaya! Por fin hizo consciencia, ahora sí todo va a ser diferente” pero, con el tiempo, aprendes a ser un poco cínico y hasta cruel cuando te vienen con la misma letanía, y creo que la actitud que uno toma es justificada, por todo el mal que te han inflingido y por jugar con tus ilusiones de que todo va a cambiar.

            Pero la enfermedad no sólo te afecta cuando se está briago. Cuando mi papá estaba largos períodos de tiempo sin ingerir alcohol, su endémico mal humor se potencializaba y hasta nosotros mismos decíamos “Mejor que ya se emborrache, porque está insoportable sin su vicio”, creo que nos caía mejor borracho que con ese humor de la chingada.

            La cuestión de respeto es otra que acaba afectándote, ¿Cómo puedes respetar a alguien que se destruye de manera constante? ¿Cómo vas a respetar y querer a alguien auténticamente que te dice que no hay para cierto juguete o dulce que quieres cuando ves las fortunas que tira al momento de embriagarse? ¿Cómo puedes darle su lugar como mentor cuando lo ves tirado en el suelo en un estado deplorable? La verdad es muy difícil respetar o querer a un alcohólico.

            Honestamente estoy traumatizado, veo a un borracho y, en automático, surgen mis defensas y busco la primera oportunidad para alejarme de él (casi siempre es un “él” pocas veces es “ella”). De hecho, al escribir esto, estoy recordando tantos y tantos pasajes que lamenté por vivir junto a un alcohólico y me alegro de que haya pasado esa etapa de mi vida.

            El día que él dejó la casa me sentí muy ofendido, no porque la dejara, sino porque no lo hizo antes, ya se iba cuando ya estaba trabajando en VW y sabía que pronto iba a dejar el nido materno: Ya para qué se iba, ya todo el daño estaba hecho.

            Sí, ya sé, he ido a terapia y ha salido el tema como problema periférico a otros que he tratado. Hoy en día puedo tomar una copita en ocasiones muy, pero en verdad MUY, especiales y la dejo de lado, porque nunca aceptaré al alcohol como algo “bueno”, siempre le voy a tener un prejucio que me haga odiarlo. Por lo mismo, hay algo de lo que no quiero librarme: de mi enseñanza que el alcoholismo destruye familias e individuos.

            Eso es algo que valoro de tantos años de vivir en esa situación: la tranquilidad. No saben cómo valoro y procuro mi tranquilidad personal y espiritual, prefiero una vida solitaria y en paz que una tormentosa que me haga la vida imposible. Por eso mismo, cuando me relaciono, trato de rodearme de gente positiva y pacifica. Inclusive estoy saliendo con una mujer (que me trae loco) que comparte esa forma de ver la vida tan pacífica y civilizada.

            Ya para cerrar, personalmente me vale un reverendo pepino si los alcohólicos quieren destruir su salud, su economía y sus relaciones sociales pero, ojalá, tuvieran algo de respeto para irse al infierno ellos solitos, en lugar de arrastrar a sus seres queridos con ellos. Eso sí es no tener madre.


            Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡Mae! Pura Vida en Costa Rica (Segunda Parte)

Continuemos con mis puntos de vista de lo que observe en la semana que me pase en Costa Rica.

 “Ternuritas” o “Bitch, Please!”
Valle de Orosi

            Esta sección fue la primera que definí de ambos escritos. Una de las ventajas de vivir en un país tan rico y tan grande como México, es que tenemos de todo pero no nos damos cuenta de ello, hasta que encuentras contra qué comparar, y ahí comprendes que todo en esta vida es relativo. Quede fascinado con la candidez o gran amor propio que tienen los ticos al momento de percibir su país.

            Cuando fuimos al Volcán Irazú, el guía nos dijo “Vamos a subir a más de 3400 metros, mejor tápense que va a hacer frío” Ese día íbamos puros mexicanos que vivíamos en zonas altas (Querétaro, Puebla y el DF) así que en realidad su “frío” fue algo que encontramos muy agradable para el calor que habíamos experimentado hasta el momento.

            En una de las excursiones nos dijeron: “Prepárense para el cambio de altura, ya que vamos a bajar de 1100 a 400 metros”, pensé que el guía se estaba haciendo el chistosito, pero después vi que lo decía en serio, así que tuve que fingir mi sonrisa para no ofenderlo al poner en duda la seriedad de su advertencia.
Lago Arenal

            O, cuando fuimos al Volcán Poas, se nos dijo que la carretera estaba en mal estado por un “gran” temblor de 5 o 6 grados Richter y lo primero que me vino a la mente fue “¿6 Grados? ¿En serio?” En México debemos tener un par de terremotos de esos cada mes, y ellos hasta cerraron un santuario de aves un par de años por los graves daños que había dejado dicho terremoto.

            Antes del viaje se nos envió una guía de puntos a seguir para nuestra seguridad, cuando leí todas las recomendaciones me dije “Le quieren enseñar al panadero a hacer pan. En México somos los reyes de la inseguridad, así que dominamos esos puntos a la perfección”

            El mercado de Artesanías de San José, todo el mundo te lo recomienda pero, cuando lo conoces, te das cuenta que es un simple pasaje, no entiendo por qué se llaman “Mercado”. Es más, los mercados de artesanías de Varadero (Cuba) eran mucho más extensos que los de Costa Rica, ya no digamos los de México.
Callecita en San José

            Cuando íbamos en alguna de nuestras excursiones, todas las veces los guias nos decían que nos preparáramos, porque íbamos a ir “hasta” la costa Este de Costa Rica o “hasta” la costa Pacífico, cuando de costa a costa debe de haber unos 120 kilómetros (la distancia entre Puebla y el DF). O luego nos decían, al recogernos en San José “Ahora vamos a ir ‘hasta’ Alajuela” y resulta que Alajuela está a 16 kilómetros de San José y yo me preguntaba “¿Cómo que ‘hasta’?” Definitivamente los ticos tienen un gran concepto de su país (y está bien).

            Supongo que los alemanes nos han de ver de la misma forma cuando hablamos de los fríos invernales y han de poner la misma expresión que yo puse con muchas de las expresiones ticas.

            Comida
Augusto y su servidor en el Río Pacuare

            Algo que he aprendido con los viajes es que va a ser difícil que encuentre un lugar en donde tenga una oferta gastronómica tan rica como la mexicana, ya que sólo debe haber dos o tres culturas en el mundo que nos igualen o superen en dicho rubro.

            La Cocina costarricense no es la excepción, con platillos muy sencillos, incluso algunos de los que podemos encontrar en México. La base de su alimentación es el Gallo Pinto, traducción, arroz con frijoles, el cual acostumbran en el desayuno y en la comida. Su platillo más famoso, y que todo el mundo te recomienda, es el “Casado” que es el arroz con frijoles acompañado de una carne y algunas guarniciones. También tienen tamales, empanadas, quesadillas y demás fritangas aunque ellos no comen chile, por lo menos no a nuestro nivel.

            Costa Rica es el primer exportador mundial de piña ¡y vaya qué piña! En mi vida no había probado una más rica y más dulce como la que probé en la nación tica, una auténtica delicia. De igual forma el café es delicioso, aunque no creo que nos superen, ya que en Veracruz he probado también excelentes cafés.

            Físico
Jardín Botánico Lankester

            Algo de lo que sí me lleve una decepción fue que se me prometió que iba a deleitarme la vista con ticas hermosas y exuberantes por todos lados, sin embargo, mi sensación fue como si continuara en Puebla, ya que no hubo algo extraordinario para escribir a casa. No es como cuando estuve en Cuba o como cuando voy a Florida, que ahí sí me siento como niño en dulcería.

            En temas de obesidad, en realidad vi a muy pocos costarricenses obesos, casi ninguno. Eso habla bien de un país que, consciente o inconscientemente, cuida su alimentación y su salud, además de que es difícil superar al primer lugar mundial de obesidad, como lo es mi país.

            Gran Autoestima

            Algo que debo admirarle al pueblo tico es la gran Autoestima que se tienen, el problema es que uno puede sentirse un poco timado.
Aguas Termales El Tabacón

            Cuando fuimos a Isla Tortuga, se nos vendió como un viaje de mucho caché a una playa con una certificación Listón Azul por lo especial que resultaba. Sí fuimos a una playa en una Isla, sí fuimos en una embarcación y si nos estuvieron atendiendo bien, PERO no coincidía lo vendido en la publicidad con lo que experimentamos.

            Por ejemplo, su famosa playa “Listón Azul” efectivamente estaba en una isla, pero la calidad de la playa era como Mocambo, ya ni hablemos de playas al nivel de Cancún o de Varadero. Pero, a pesar de ello, los ticos que iban con nosotros estaban soñados con su playa exclusiva, aunque eso no disminuyó la decepción que Augusto y yo teníamos.

            Otro detalle fueron los rápidos que hicimos en el Río Pacuaré, mismo que nos vendieron como Nivel 3-4 cuando, en realidad, nunca sentí un rápido nivel 4, sentí algunos nivel 3 y muchos de nivel 2. Sé que esto tiene que ver con que ya he hecho cinco veces Rafting, pero no me gustó que me vendieran algo que, al final, no fue verdad.
Interior de la Iglesia en Cartago

            Al parecer los Ticos se dan sus clasificaciones a sí mismos, lo digo por lo del “Listón Azul” en su Isla Tortuga o por el nivel de dificultad de sus rápidos. Juro que en Jalcomulco el nivel es mucho mayor y no te los andan presumiendo como lo hacen los ticos.

            Pero eso debemos aprender los mexicanos: la autoestima. Para lo poco que tienen en Costa Rica, se sienten soñados, cuando en México tenemos mucho más, pero siempre nos andamos menospreciándonos. Si vieran la pasión con la que todo el mundo te recomienda comer un casado, hasta ilusiones te haces, mismas que se desmoronan cuando ves el platillo tan sencillo que te sirven.

            Como mexicanos no respetamos ni valoramos nada, lo cual se refleja nuestra realidad y nivel de vida. Debemos aprender a los Ticos que cuidan y valoran lo poco que tienen.

            Incongruencia ecológica
Vista de Islotes desde Isla Tortuga

            Así como reconozco su gran consciencia ecológica, también hay que remarcar que les falta mucho por hacer. Por ejemplo, vi bastantes sanitarios antiguos, esos que tienen 10 litros por descarga, lo cual es una barbaridad de desperdicio, en México ya es raro ver  uno de esos, porque cada vez más son los de menos capacidad.

            Por la misma falta de infraestructura, vi muchos lavamanos manuales en lugares turísticos, sin sensores, lo cual se presta a las fugas de agua, que alguien no lo cierre bien o que la deje abierta arteramente.

            Algo que sí me ofendía era la totalidad de los conductores de los tours: no importaba si estábamos parados 5, 10, 15 minutos e inclusive media hora, siempre tenían encendido el motor del autobús, lo cual resultaba en un desperdicio obsceno de combustible y, por ende, de contaminación al ambiente.
Reserva natural La Paz

            Otro hecho que noté es que, al tirar recipientes de Pet o de cartón, no lo aplastan antes de desecharlo, esto para reducir las emisiones contaminantes de la basura. No digo que en México sea muy difundida esta acción, pero sí la empiezo a ver con más frecuencia.

            Y recalco, si adelantaran su horario, habría más ahorro de energía.

            Conclusión sobre mí y Costa Rica

            “Cuando aprendas a aceptar, en vez de esperar, te llevarás menos decepciones” – Robert Fisher (“El Caballero de la Armadura Oxidada”)

            A título personal, y viviendo en un país tan rico como el mío, no creo que valga la pena regresar a Costa Rica, ¿por qué? Porque es demasiado caro lo que ofrece cuando aquí tenemos estados como Chiapas, Quintana Roo o Veracruz que ofrecen lo mismo, e inclusive más, a un menor precio y más cercano.
Su servidor en el Volcán Irazú

            Claro que uno podrá siempre estar de mamador y presumir que conociste Costa Rica, que sonará más exótico que decir que fuiste a Chiapas. Seguramente para un Europeo o un Gabacho, conocer Costa Rica sería maravilloso pero como mexicano no lo es tanto.

            Conclusión personal

            La primera vez que salí al extranjero fui a Alemania. Cuando regresé me sentí asqueado del desmadre que es mi país tras haber probado el primer mundo, y sin embargo empecé a ver a México de manera distinta.

            La segunda vez que salí fue a Estados Unidos que, aunque es de primer mundo, me hizo ver cosas y actitudes que no me parecieron del todo. Obviamente he valorado mucho mis experiencias en Gabacholandia y, aunque es superior en muchos aspectos, empecé a querer a mi país un poquito más. Y eso pasa cada vez que voy a Estados Unidos que, al parecer, será el país que más visite en mi vida.
Plantación de Café Doka

            El tercer país extranjero que conocí fue Cuba. Me encantó la Isla pero, sin duda alguna, cuando regresé a México me sentí muy afortunado de tenerlo como mi patria y valore todo lo que acá tenemos y ya quisieran en otros lugares.

            No voy a negar que para el penúltimo día en Costa Rica, ya me quería regresar a mi casa y, aunque parece que le tire con todo a los Ticos, en realidad estoy muy agradecido. En esta cuarta ocasión me siento muy afortunado, ya no de vivir en México (que tenemos cosas buenas y malas) sino de tener la maravillosa oportunidad de viajar, de ver otros lugares y conocer otras culturas, de ver otras realidades y espejear contra la mía, para ver qué puedo mejorar y qué demonios estoy haciendo bien.

            Ni Cuba, Ni Costa Rica, ni Alemania, no Estados Unidos son mejores o peores que México, simplemente son distintos y es bueno conocer dichos lugares para aprender y enriquecerme como persona.
La fachada de este hotel en San José me encantó

            ¿Qué nuevo país voy a conocer el siguiente año? Aún no lo sé, tal vez deba esperar que la oportunidad, o inspiración, llegue y planificar el viaje para conocer una nueva tierra, esa que me haga crecer un poquito más y que me permita expandir mis horizontes.

            Gracias por todo lo que me enseñaste Costa Rica. No creo volver, pero recordaré todo lo que aprendí en esos siete días.


            Hebert Gutiérrez Morales.