sábado, 31 de agosto de 2013

¡Mae! Pura Vida en Costa Rica (Primera Parte)

            Hasta hace tres meses no me pasaba por la mente ir a Costa Rica pero, por alguna razón, me surgió la inspiración y lancé la convocatoria a mis amistades. Algo que he aprendido es a escuchar a mi intuición, así que no cuestione razones y simplemente seguí a mis instintos para ir al país centroamericano. No me sorprendió que mi amigo Augusto fuese el único con el tiempo, dinero y condición física suficiente para emprender estos viajes, así que hice las reservaciones.
Cráter del volcán Póas

            Como me quedó muy largo el escrito, he decidido partirlo en dos ensayos más accesibles, sin algún orden en particular de temas.

Educación, Empleo y nivel de vida
           
            Cuando fuimos a las plantaciones de café, pasamos por una escuela primaria, le pregunte al guía si era su primer día de clases (al estar a mediados de Agosto). La respuesta me sorprendió, ya que el período vacacional “largo” se da en Enero y Febrero.

            El León piensa que todos son de su condición y como toda mi vida oí de las vacaciones de Verano, pensé que aplicaba el mismo calendario escolar en todo el mundo, pero en Costa Rica es distinto.
Aguas Termales Tabacón

La razón de que las vacaciones se den a inicios de año es que en esos meses se hace la cosecha del café, cultivo muy importante para los Ticos, es por ello que, en el pasado, hasta los niños ayudaban a sus familias con la cosecha, ya que no se les paga por jornada sino por el producto entregado, de ahí la necesidad de que toda la familia ayudara en el proceso.

            A pesar de ser capitalista, el gobierno tico ofrece transporte gratis a los estudiantes, así como el desayuno (por lo menos hasta nivel primaria). Un aspecto con toque socialista pero bien aceptado por la población.

Volcán El Arenal
            La duración y configuración de sus etapas escolares también varía un poco respecto a México. En Costa Rica van seis años a la primaria, después hacen cinco años de Secundaria/Preparatoria, para después echarse dos años de propedéutico, mismos que son optativos, para después iniciar con los cinco años de carrera. Este sistema está configurado así para que el estudiante salga más maduro y con mayor preparación para el mundo laboral.

            Pasando al tema de la vida cotidiana, vivir en Costa Rica es muy caro. Estuvimos verificando precios de productos similares (autos, comida, perecederos, ropa, etc.) y no encontramos nada que fuera más barato que en México, y estoy hablando de precios que veíamos fuera de las zonas turísticas porque en éstas, los precios eran aún mayores. Todos lo que ví estaban muy por arriba de lo que estamos acostumbrados en tierras aztecas.

            Me atrevería a decir que el costo de vida en Costa Rica se compara al de vivir en Estados Unidos, y no hay precisamente una infraestructura tan avanzada como la gabacha que avale esta equidad. Definitivamente hacer turismo en Costa Rica sale demasiado caro (hablando de relación calidad-precio) a comparación de México, Cuba e incluso los Estados Unidos. Obviamente no se compara a Alemania, cuyos costos son de los más caros del mundo.

Cañón del Río Pacuare
En la república centroamericana hay una tasa de desempleo del 18%. Pero hay una lectura más profunda de esta cifra: como buen latino, el Tico es orgulloso, ya que no acepta cualquier trabajo, al tener un buen nivel de estudios (Preparatoria). Por eso mismo, los empleos que no quieren los ticos, son ocupados por los Nicaragüenses, de los cuales hay 300000, tanto de forma legal como ilegal.

El día que fuimos al Valle de Orosi, un holandés radicado en México, que viaja por todo el mundo, nos dijo lo siguiente: “En todos los lugares donde he estado, siempre hay empleo; eso del desempleo es una mentira. Lo que hay es gente floja u orgullosa que no quiere trabajar en algo que considera indigno”

Clima y horario

            Al estar tan cerca del Ecuador, el concepto de Primavera, Verano, Otoño e Invierno son meramente anecdóticos para los Costarricenses. Sólo tienen dos estaciones en el año: la de lluvias y la seca (aunque en ésta también llueve), en una especie de Verano permanente con pequeñas variaciones. La Temporada seca dura de Diciembre a Abril y la Temporada de Lluvias dura de Mayo a Noviembre.

Lago Botos
            En Costa Rica Sale el sol aproximadamente a las 5:30 AM y se viene poniendo a las 6PM, ¿esto por qué? Ellos manejan nuestro horario de Invierno y no utilizan el horario de Verano ya que el sol sale y se pone a la misma hora durante todo el año, con pequeñas variaciones.

            Al no haber tantas variaciones en la hora en que amanece y atardece, estoy de acuerdo en que no tendría mucha utilidad aplicar el horario de Verano pero, desde mi punto de vista, se ahorraría gran cantidad de energía si adelantaran su horario una o dos horas, esto para aprovechar más la luz del sol en las tardes en lugar de usarla tan poco en las mañanas. Para la visión ecologista que tienen, me parecería lógica esta medida.

            Durante nuestros distintos Tours constate que tienen un clima muy variable, lo cual resulta increíble en un país tan pequeño. No era raro que en un mismo trayecto nos tocará un sol intenso para que, unos minutos después, nos tocara neblina, luego lluvia, luego viento y, al final, nuevamente sol. Muy curioso cómo se comporta el clima en este lugar.

Honestidad

Edificio de Correos y el del Banco Nacional (San José)
            Algo que debo reconocer ampliamente, es que el tico es un pueblo muy honesto y civilizado, lo cual constate claramente con tres ejemplos.

La tarde en que llegamos, fuimos a comer a un centro comercial cercano, la chica que nos sirvió, al terminar, nos dio unos códigos para pasar a pagar a caja, misma que estaba retirada de ahí. Obviamente pagamos pero noté que la del restaurante no salió a vigilarnos si lo hacíamos, es más, pudimos haber salido sin más y ni cuenta se hubiera dado. Eso me dio una gran impresión por la confianza que se nos tuvo.

            Otro ejemplo se presentó en el Catamarán que nos llevaba a Isla Tortuga. Íbamos en la parte baja de la embarcación, cuando unas señoras fueron a la parte alta, dejando sin vigilancia sus bolsos. Eso me ocasiono algo de estrés “¿Cómo se van y dejan ahí sus cosas sin más?” pero, para mi sorpresa, nadie reparó en ellos, es más, nadie hizo un amago por siquiera verlos, por lo que 30 minutos después las señoras regresaron como si nada por sus pertenencias. Ya quiero ver que en México dejes algo sin vigilancia por un solo momento.         

Carreta de bueyes más grande del mundo (Sarchi)
            El tercer ejemplo se presentó en las aguas termales del Tabacón. Se nos dieron toallas y lockers y se nos dijo “Si pierden la toalla, son $25USD de multa y si pierden la llave del locker, son $50USD”. Antes de pasar a cenar, nos cambiamos y empezamos a sacarle fotos al lugar; cuando estaba terminando con las últimas imágenes me dí cuenta que no traía la llave del locker conmigo. Mientras corría de regreso a los vestidores me recriminaba amargamente, ya que veía cómo iba a perder $50USD (merecidamente) por ser tan wey. Sin embargo, felizmente, la llave estaba en su mismo lugar, tras 20 minutos estando sola con una gran afluencia de gente. El alma me regresó al cuerpo y agradecí la honestidad de la gente tica (y los turistas).

            Tras haber conocido ya algunos países, he llegado a la triste conclusión que los mexicanos estamos muy maleados, ya que siempre tengo esa sensación de que cada país que visito, la gente es muy cándida, muy honesta e incluso inocentes. Y eso es algo que me hace sentir un poco triste por mi nación.

Ecología y Civilidad

Cráter Volcán Irazú
            Históricamente, Centroamérica ha sido un polvorín a lo largo de las décadas; por eso mismo resulta impresionante que Costa Rica haya sido el primer país en abolir el Ejército, además de que también lo hicieron con la esclavitud mucho antes que muchas otras potencias en su momento. Por lo mismo, es natural que los ticos estén muy orgullosos de su democracia y paz social, y hacen bien, considerando el historial de la zona en la cual se encuentran. El Tico suele ser muy respetuoso y civilizado con el prójimo y su ambiente.

Tal vez porque en México es un aspecto que resalta a la vista, pero siempre acabo fijándome en los perros callejeros, mismos que fueron contados los que llegue a ver (tal vez tres en toda una semana), por ende nunca ví un animal atropellado, ni heces fecales a la intemperie.

            También tienen límites establecidos de velocidad, los cuales son respetados, así que nunca ví a un cafre yendo a velocidades groseras (aunque con sus caminos y el tráfico, tampoco hay mucho chance de acelerar). En general manejan en orden aunque, no voy a negar, que también caché a algunos rebasando por la derecha.

Plantación de Café Doka
            A pesar de que nos tocó estar en un par de congestionamientos de tráfico, en ningún momento oí una mentada de madre, ningún claxon agresivo que estresara el ambiente. De hecho la gente sí respeta el uno a uno y te cede el paso sin que eso sea una ofensa a su amor propio.

            Algo que debo reconocerle al 100% de los ticos con los que tuvimos contacto, es el compromiso ecológico que demuestran a diario. No vi basura en las calles o caminos (sólo un poco en el centro de San José), todo el tiempo están con acciones ecológicas para que no contamines la naturaleza ni dañes sus ecosistemas.

Infraestructura
           
Otros datos que me sorprendieron gratamente es que tienen 98% de cobertura eléctrica y el 100% de Agua Potable. Sus caminos no estarán muy avanzados pero están en buenas condiciones, no vi baches y muy pocos topes (Muertos, les llaman allá)

            Algo que me resultó increíble es que San José es una ciudad pequeña (del tamaño de Veracruz) pero tiene un tráfico endemoniado tipo Ciudad de México. Además de la gran cantidad de gente que trabaja en la capital y que vive en las inmediaciones, el tema de infraestructura tampoco ayuda a hacer más fluido el transitar ahí. Se ve que los temas de infraestructura y logística para resolver el tráfico, no es un algo prioritario para ellos.
Embajada mexicana en San José

Contaminación mexicana

            Cuando llegamos al Lago Botos, lo primero que nos dijeron fue “Ustedes son mexicanos” lo cual me sorprendió, y es que dicen que se no nota el acento de inmediato. Esto me frustró un poco, en primera porque uno cree que en la zona centro del país no tenemos un acento tan marcado (lo cual es una vil falacia), pero después entendí por qué reconocían tan fácil nuestra manera de hablar.

            Mientras nos transportaban a los distintos destinos, un gran porcentaje de música era de origen mexicano, otro gran porcentaje eran Salsas, Merengues y Bachatas y un pequeño porcentaje de música en inglés, pero en ningún momento escuchamos música tica. Le preguntamos sobre esto a una jovenzuela en Isla Tortuga y nos dijo que adoran la música mexicana y que la música tica no era buena, por eso no tenía gran difusión.

Cascada en La Paz
            Y no es de extrañarse, ya que Telerisa y TV Olmeca tienen una gran presencia en el país centroamericano, por lo que ellos consumen de manera ávida todas las taranovelas (Actuales y viejitas) que se han visto en México, además del resto de la programación idiotizante que ambas televisoras aplican por acá. Eso sí que es triste.

            De hecho, cuando se enteraban que éramos mexicanos, muchas veces mencionaban la TV Mexicana, pero creo que les decepcionaban que, más que sentirnos halagados, nos sintiéramos apenados de que nos conocieran por la TV abierta. De hecho les parecía extraño que no viéramos Televisa o TV Azteca, ya que las consideramos una porquería estupidizadora, cosa que les extrañaba, ya que ellos son muy afines a la programación de acá.

            Es más, en San José llegue a ver una promoción en la que el principal premio era conocer los estudios de TV Azteca. O sea ¿Viajas a México para conocer TV Olmeca? A mí me parecería que sería mejor ir a una Playa (que buena falta les haría conocer algunas de las nuestras) y no a conocer un estudio de TV.
Río Pacuare

            Hasta ahora la mayoría de mis opiniones sobre la nación Centroamericana han sido positivas, pero en la segunda parte de este tema el asunto va a estar más nivelado porque también tengo algunas críticas sobre lo que ví y viví; además de las conclusiones de este viaje.

            Este ensayo continuará . . . . . ¬_¬U


Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 26 de agosto de 2013

Doblemente jodidos

“El problema radica en que hemos creado un mundo que nos exige ser perfectos y nos juzga por ser felices. Por lo mismo estamos doblemente jodidos porque, inevitablemente, acabamos frustrados y con un sentimiento de culpa insoportable.” – Hebert Gutiérrez Morales

martes, 20 de agosto de 2013

La Miseria de acumular (Parte II: todo lo demás)

satis divitiarum nihil amplius velle
Bastante riqueza es no desear más. Quintiliano

            A lo largo de los años en mi trabajo, al momento de planear vacaciones, me he dado cuenta de una costumbre muy común. Cada cual tiene cierta cantidad de días anuales, pocos somos los que los tomamos en el periodo correspondiente. Lo que sí es común, tristemente, es que se tengan muchos días acumulados de años pasados que no han disfrutado.

            Pareciera que el acumular tantos fuese un signo de abundancia, aunque en realidad es algo tonto. De nada sirve que tengan demasiados, al grado que algunos se sienten felices de decir: Sí, ¡Tengo 60 días por tomar! Los cuales puedo disfrutar cuándo quiera”. El problema es que no lo hacen, es más, me ha tocado ver a muchos que salen del departamento o la empresa y nunca los usaron. De nada sirve tenerlos acumulados si no los disfrutas.

            Mi papá adoptivo estaba constantemente en el trabajo, sólo nos veía los fines de semana (los cuales eran un suplicio por su mal carácter). Me constaba que era un apasionado de su labor porque era tema omnipresente en sus monólogos disfrazados de conversaciones pero, hasta donde recuerdo, mi infancia no se caracterizó por lujos, de hecho muchos de mis amiguitos (cuyos padres sí conocía porque estaban a buena hora en sus casas) tenían más comodidades que nosotros, ¿de qué sirvió tanto trabajo si acabas alejado de tu familia?

            Muchos se enfocan durante años al dinero, sin estar conscientes de dicho comportamiento pero, irónicamente, no mejoran en nada su posición económica. Lo triste es que sacrificaron salud, bienestar, convivencia familiar, vacaciones, horas de sueño, ejercicio, películas, fiestas y demás oportunidades gozosas que no volverán jamás. Al final el dinero obtenido en ese período no se refleja en una mejora a largo plazo ni en el bienestar propio ni de los seres queridos.

            Tenía un profesor en la Universidad, el cual trabajó para Coca Cola, que nos comentaba: “Ganaba montones de dinero, viajaba a todas partes del país y me trataban como Rey pero ¿De qué me servían tantos billetes si no tenía tiempo para gastármelo? Nunca tenía un fin de semana libre y rara vez algún día festivo, ¡pero mi ego estaba feliz porque era importante! Aunque no tuviera libertad para vivir mi vida

            Con estas actitudes no es de sorprenderse que las esposas, rodeadas de lujos pero sin atención “personalizada” se busquen un amante o que los hijos no sientan ningún arraigo al padre pero, si no convivieron con ellos ¿Cómo demonios quieren que haya un vínculo? Eso pasa cuando regalas tu vida a cambio de dinero.

"Lo difícil no es ganar dinero, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida" - Carlos Ruiz Zafón ("La Sombra del Viento")

             La miseria o prosperidad radica en la actitud que uno asume. Muchos se preocupan al pensar “¿Y si un día no llega a haber suficiente?” y ahí se acentúa su miseria y acumulan neuróticamente para el día que no llegue a haber (aunque nunca llegue), sin importar que tengas recursos sobrados para salir adelante, pero puede más su actitud miedosa y timorata que los hace preocuparse por un peligro ínfimo y descuidan las bondades de lo que en realidad tienen.

            Era un fiel ejemplo de esa actitud, hasta que la cambie de manera paulatina. Ya no me preocupo por si llega a haber, lo cual no quiere decir que sea un despilfarrador. Como mi postura ante la prosperidad ha cambiado, casualmente, siempre hay sin que haga algo en especial para cuidarme, sin tener que ser rico, tengo poco más de lo suficiente para ser feliz.

            Hay quienes requieren rodearse de objetos caros con los que ocultan o disfrazan su miseria personal. Accesorios llamativos que captan la atención de gente igualmente superflua que prefieren ignorar su pobreza mental, moral o espiritual.

            Como sociedad capitalista, estamos condicionados a buscar la felicidad a través de poseer sin límites, ignorando el hecho que el vacío que tenemos no se llena con cosas materiales (aunque ése fue otro ensayo). Alguna vez leí que invertir en experiencias es mejor que hacerlo en cosas tangibles, porque queda una mayor satisfacción en el interior que las que le dejan las posesiones en sí.

Durante muchos años me preocupaba exclusivamente por el dinero pero, gracias a distintas vivencias y terapias, me ido enfocando más a mi bienestar y experiencias: ahora me cuido más, viajo y priorizo mis actividades lúdicas sin tener que preocuparme por el dinero que cuesten o dejen de costar.

            Antes ahorraba mucho, al grado de comprarme mi primera casa relativamente rápido, pero no me sentía feliz, ni pleno ni nada de nada, era como un requisito más a cumplir, además de que ¡necesitaba más dinero! (no fuera a perder mi status). Cuando cambias el enfoque de las cosas, la situación económica no da un cambio tan drástico como te imaginabas. Cuando la prioridad es la paz y felicidad, disfrutando la vida y tomando al dinero como medio de vivirla (no como meta), tu realidad cambia. Ya no ahorro tanto, ahora invierto (en mi casa y en mí), con la diferencia de que ahora sí me siento feliz con lo que hago de mis días.

            Cuando disfrutas lo que haces, el dinero (de alguna manera) llega solo y hasta me siento más próspero que cuando estaba enfocado en él. Antes cuidaba peso a peso y sentía un estado de precariedad económica constante, hoy que ya no tengo un control tan estricto, nunca me he sentido apretado (aun pagando mi crédito hipotecario). De hecho puedo irme tranquilamente de viaje o irme con mis amigos a lugares cercanos de fin de semana, me compró más libros o me consiento más, incluso compre la Lap Top en la que estoy escribiendo esto, algo que antes hubiese sido impensable.

            ¿Acaso me volví el Rey Midas? ¿Contrate a Og Mandino? ¿Le hice caso a Robert Kiyozaki? No creo haberme convertido en mejor administrador, simplemente cambie la actitud miserable y mezquina enfocada exclusivamente al dinero. Muchos no están de acuerdo con lo escrito y ciertamente me dicen “Es que puedes gastar más” “Es que eres un pinche codo” y demás estupideces. Nunca se le puede dar gusto a todos, no entienden que,  afortunadamente, tengo placeres muy baratos. No requiero de los grandes lujos, que mis detractores sí; me siento cómodo leyendo, escribiendo, nadando, corriendo, viendo películas, bailando o comiendo con mis amigos en lugares sencillos pero con buen ambiente.

“Es bueno ser humilde, mas no mísero” – Augusto Reynoso

            Me alegro que me haya tocado a mí ser yo, porque no necesito ir a un restaurante carísimo, ver el cine en salas VIP, ni ir a tiendas exclusivas para andar con ropa de marca, ni requiero con extrema urgencia los aparatos de última tecnología, todo porque la contaminación del mundo capitalista se redujo en mí considerablemente.

            Esa miseria se extiende a otros aspectos de la vida cotidiana. Por ejemplo, si tengo números en mi celular que no he contactado en más de un año, opto por avisarles y borrarlos, costumbre que ha sido fuertemente censurada por mis conocidos, porque me dicen que “algún día” podría necesitar de esas personas. Es factible que en alguna ocasión me sea de utilidad tener ese número pero, honestamente, me daría pena hablar con alguien después de mucho tiempo sólo para pedirle un favor. Me parece sana, práctica y auténtica mi postura: Si no ha habido interés de ninguna de las dos partes por mantener una relación, ¿para qué mantener el número?

En el Facebook, ¿Cuántas personas tienen miles de contactos que ni conocen? ¿Por qué lo hacen? Por el simple hecho de “poseer” más, los cuales los hacen mejores que los que tenemos menos.

            El agobio de poseer siempre más acaba permeando en todos los niveles. Originalmente  el blog nació como una necesidad personal de expresarme, sin importar quiénes fuesen los lectores. Sin embargo, a fuerza de compartirlo, fue creciendo en la cantidad de seguidores y, felizmente, a muchos les mueve lo que escribo (aunque no todos los comentarios sean positivos).

            En las elecciones presidenciales pasadas, con los ensayos que escribí al respecto, las visitas diarias al blog se duplicaron, ya que era el tema de moda. No niego que hubo un punto en dónde me emocione y decía “¡Sí! ¡Más lecturas! ¡Más lecturas!”. Justamente en esas fechas, compartí el escrito sobre mis perras con una chica que perdió a la suya tiempo atrás, y su contestación fue tan bonita, admitiendo que le había sacado lágrimas, que recordé las prioridades.

Claro que me encanta tener más de 67000 visitas hasta la fecha y me emociono que me lean de distintos lados, pero es más importante alguien que me expresa su sentir (ya sea para mentarme la madre o para decirme que la conmoví a las lágrimas) que 100 visitas de desconocidos (lo bueno que las mentadas de madre son las menos).

            Con este ejemplo quiero dar a entender que las cuestiones de placer también se tornan en cuestiones de poseer. Esto lo inicie por y para mí, no por los lectores (que me halaga que lo sean), sin embargo caí en esa manía de checar a cada rato cuántas visitas había tenido: si al final de la semana había “cubierto la cuota” me ponía muy feliz o, de lo contrario, me frustraba tener pocas visitas.

El blog no era para eso, aunque sean pocos los lectores, lo importante es que piensen y sientan algo, que se lleven algo de mis ideas. Sin darnos cuenta nos volvemos codiciosos (hasta con las míseras visitas de un blog amateur). Me hice consciente de la ambición de lecturas me carcomía en lugar de sentir la felicidad por escribir, dejé de promocionar el blog vía mail y volví a ser feliz escribiendo lo que quería y cuando quería, si alguien más lo leía, ya era una ganancia adicional, no la prioridad.

            Pasando a temas de ropa, personalmente creo tener demasiada (aunque la totalidad sólo ocupa la mitad del closet), pero me desengaño cuando mis amistades ven mis armarios, invariablemente, dicen: “Lo que yo haría con todo este espacio que tienes”, lo cual me da a entender que, en realidad, tengo pocas prendas (o mejor dicho, no tengo exceso de ellas).

            He conocido personas con una cantidad obscena de ropa, con tal de decirles que en tenían más prendas en ese momento que la que jamás voy a usar en toda mi vida. Pero muchas databan de su adolescencia y ahí las tienen sin regalarlas o tirarlas ¿Para qué? Dudo que las vayan a volver a utilizar, pero son tan mezquinas que no las regalan.

            ¿Cómo mantengo un nivel óptimo de ropa? Cuando renuevo mi guardarropa en Enero, si traigo 10 prendas nuevas, deben de salir otras 10 del armario, y es que tengo la cantidad suficiente para no parecer retrato, teniendo variedad,  pero para no ahogarme en ropa. Toda la que tengo la uso, algunas más o algunas menos, así se me facilita identificar (Al final del año) lo que tengo que regalar. No entiendo a los que guardan prendas que tienen años sin usar, ¡pero ahí las están! ¿Por qué no darlas para que alguien las aproveche? ¿Para qué ocupar espacio con algo que no va a volver a usarse?

            Alguna vez recibí una presentación en la que explicaban el principio de la prosperidad a través de los espacios. Hay tanta gente que acarrea tantas cosas (tanto emocionales como materiales), que es imposible que algo nuevo entre a su vida, ya que no hay espacio para ello. Lo grave del asunto es que cuando compran ropa nueva, la apretujan contra la ropa vieja, ¡Y ya tienes más! Tal vez sólo un pequeño porcentaje te sirva, pero eres feliz porque tienes más que antes y, en automático, eres “mejor” que antes.

            ¿Cuántas cosas viejas tenemos arrumbadas? ¿Por qué no las sacamos? Porque puede llegar el día en que puedan ser útiles, sin importar que lleve años ocupando espacio y sin ser utilizada. Al escribir esto, me di cuenta que también tenía algunas cajas con artículos sin usarse y procedí a tirarlos (Aclarando que no siempre la época en la que escribo los ensayos es la misma en la que los publico). Creo que es muy del capitalismo que juntemos cosas que no necesitamos, por simple codicia, desde sentimientos hasta posesiones, lo cual significa más un lastre que un apoyo.

            También hay gente tan mísera que sólo sabe hablar de su dinero y lo que han obtenido con él: “Es que me compre esta camisa que me costó carísima”, “Este teléfono nadie más lo tiene”, “Ayer me gaste $3000 en una peda con mis cuates” o “Esta noche ceno con mi novia en un lugar súper exclusivo y súper caro”. Honestamente, no me atrevo a preguntar “Oye ¿No te pasa nada bueno que no tenga que ver con dinero?” Porque quedaría pasmado, porque sé que la respuesta sería un “no” rotundo, a ese nivel de enajenación está su programación.

            Para estos el mundo y la felicidad son iguales al dinero. Me da mucha flojera “hablar” con dichos individuos, en primera porque sólo escucho, ya que están muy interesados en hacerte saber lo mucho que valen por todo su dinero. Además no tiene caso hablar de una idea, un sentimiento, una experiencia, una sonrisa o conceptos que no tienen que ver con lo material. Con esto su pobreza está demostrada y es la peor de todas: la espiritual, personal o sentimental, ya que no pueden concebir la vida sin dinero.


            De igual forma conozco a otros que desde hace lustros buscan la prosperidad a través de cartas, embrujos, de buscar tesoros enterrados en el patio de atrás, de tratar de ganarse la lotería (aunque nunca compran boleto). Si todo ese esfuerzo lo invirtieran en su bienestar en lugar de atenerse a que el destino les conceda la prosperidad, les aseguro que tendrían una mejor calidad de vida, teniendo o no dinero. Irónicamente invierten en tanta tontería que su miseria se torna más crónica. De hecho, estas personas a las cuales hago referencia, ahora son más míseras que cuando empezaron a buscar dinero con tanto ahínco.

ille dolet vere qui sine teste dolet
Siente verdadero dolor el que lo sufre sin testigos. Marcial

Hay gente tan mísera que está acostumbrada a llamar la atención mediante sus desgracias. He conocido personas cuyo tema de conversación gira únicamente alrededor de sus males: de lo infelices que son, de las enfermedades que sufren, del dinero que les hace falta y de lo mala que es la vida. Cuando les tengo la suficiente confianza me he atrevido a preguntarles “Oye ¿Acaso no pasa nada bueno en tu vida?”. Obviamente mi pregunta los deja fríos (con esa intención la planteé), ya que los hace conscientes de su enfoque en lo malo que les pasa.

            Muchos se adhieren a lo malo, disfrutan viviendo en ese plano existencial, entonces su paso por esta realidad se vuelve un sufrimiento crónico, un infierno en vida en el cual se revuelcan y disfrutan recibiendo la lastima de los demás.

            Como país también se refleja ampliamente la miseria. La cultura mexicana es una claro reflejo de la ideología de “Come cuando hay”, porque siempre nos apañamos los beneficios a corto plazo, sacrificando los de largo plazo aunque sean mayores. Esa falta de serenidad y/o paciencia nos ha sido muy costosa, la mentalidad de satisfacernos ahorita sin ver más allá hace que merezcamos cabalmente lo que tenemos como sociedad.

            Esa actitud tan irrespetuosa de agandayarte lo que encuentras sin siquiera preguntar de quién es o que tus valores te hagan ver que no es tuyo, lo tomas en lugar de buscar al dueño. Por eso merecemos el país que tenemos. Por eso esta nación está en miseria colectiva, porque nosotros mismos la propiciamos. Las elecciones pasadas fueron un ejemplo perfecto, porque no pudimos aguantar 18 ó 24 años para consolidar el proyecto panista, así que optamos por tirar todo y tomar los “espejitos” que prometió el PRI, aprovechándose de la inexistente memoria que tiene un país infradesarrollado como lo es México.

“La distinción que encontramos en el infortunio (como si sentirse feliz fuera un signo de vulgaridad, de falta de ambición) es tan grande, que si decimos a una persona ‘¡Pero qué feliz es usted!’, por lo general protesta” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Es chistoso pero la mayoría de la gente hace más escándalo por los problemas que por las bondades de la vida, porque no aprendemos a valorar todo lo bueno que tenemos, pero somos expertos en quejarnos por todo aquello que nos hace falta.

            Recientemente recordaba a mi abuelita materna, y me doy cuenta que siempre la conocí muy austera, sin lujos ni una vida pretenciosa. Era muy digna, su casa estaba limpia y arreglada, la cocina siempre me parecía llena y siempre había algo rico que comer, nunca platos ostentosos pero ricos en sazón y amor. Ahora me doy cuenta que mi abuela nunca tuvo mucho dinero, tal vez el suficiente para subsistir, pero NUNCA fue mísera. Y al recordar eso, la imagen de la madre de mi madre crece aún más en mis recuerdos, ya que habrá sido muy sencilla pero, tal vez sin que ella se diera cuenta, llevo una existencia muy sabia.

“¡Qué angustia de ya no tener más angustia! ¡Qué horror estar contento y asumir tu vida! ¡Qué espanto haber sido curado! Antes fastidiaba a todo el mundo y se ocupaban de mí. Hoy no fastidio a nadie y nadie se ocupa de mí. Nadie me ve y ¡Qué angustioso es no ser visto!” – Alejandro Jodorowsky.

            De hecho yo gozó de una vida bien lujosa, casi nadie ha de disfrutar de lo que disfruto y es que necesito tan poco, me doy bastante más de lo que necesito. Desde esa perspectiva, llevo una existencia súper próspera; para lograr eso hay que tener la suficiente tranquilidad interior para necesitar poco, pero en este mundo capitalista nos programan para lo contrario: para que tengamos necesidades materiales insaciables . . . . y ése es el inicio de cualquier miseria.


            Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 8 de agosto de 2013

La Miseria de acumular (Parte I: El dinero)

            Aclaro, al hablar de miseria no me refiero a los que carecen de dinero, al contrario: me refiero a los que sólo piensan, viven, actúan y respiran en función al él. Y lo sé porque me educaron así.

            Desde niño tenía muy claro que el Dios Todopoderoso que regía nuestros destinos era el Dinero, ya que la presencia o ausencia del mismo dictaminaba lo “felices” o “enojados” que estaban mis papás, si éramos “buena” o “mala” familia, la mayoría de las pláticas se centraban en él y la totalidad de las peleas también eran originadas por él.

            No era de extrañar que mi “Abuelastro” expresara abiertamente a todos sus nietos (incluyéndome aunque, en realidad, no lo era) “¿Cuánto tienes? Tanto vales. ¿Nada tienes? ¡Nada vales!” Eso permeó en su linaje, incluido mi papá adoptivo y, al mismo tiempo, acabó marcando a toda mi familia.

            Los que viven únicamente para tener plata, es lo que obtendrán al final de sus días: sólo dinero. Sin embargo, al final de sus vidas se quejan de la falta de vínculos fuertes de amistad, familiares o sentimentales; a veces se dan cuenta al final y algunos ni siquiera entonces.

            De igual manera pasa con los que entre más posesiones y status tienen, necesitan aún más para saciar su inagotable voracidad. El problema es que las cosas te empiezan a poseer en lugar de ser al revés. Entre más grande es tu casa, el coche es más lujoso, las ropas son de marca reconocida y asistes a lugares más exclusivos, aumenta el estrés de mantener ese nivel, tienes que invertir para que nadie venga a dañarte o a quitártelo. Empiezas a contratar distintos seguros, a proteger tu casa y servicios de seguridad, inclusive guardaespaldas; debes tener cuidado en dónde te estaciones y aumentan los lugares por dónde no debes pasar para evitar riesgos.

            Obviamente muchas de esas acciones son para la población en general, sobre todo con los niveles de criminalidad que hay pero, entre más posees, menor es tu tranquilidad en un país como el nuestro en el cual tus preocupaciones crecen de acuerdo a tu status, lo que acaba afectando tu calidad de vida.

            El año pasado, en Cuba, constate que la felicidad puede existir sin el dinero, ya que, generalmente,  el cubano es pobre materialmente pero rico en su interior, esto a comparación del resto del mundo, incluidas las potencias económicas. Aunque tampoco voy a negar que el caribeño busca sacarte alguna moneda con desesperación porque TODOS necesitamos dicho recurso para subsistir con algo de dignidad y es que, tristemente, no podemos sobrevivir sólo de amor y amistad.

maxima egestas avaritia
La avaricia es la mayor pobreza

            El Isleño tiene que aprender a ser feliz con poco, porque no tiene elección, pero también evidencia la enajenación del capitalismo que nos dice que “Dinero = Felicidad”. Existen lugares que han sufrido guerras, desgracias naturales o humanas que les significa la ruina y, sin embargo, salen adelante. Pareciera que algo horrible nos va a pasar sin el dinero pero no me imagino que podría ser peor que la muerte para que nos comportemos de manera tan paranoica. El capitalismo extremo nos trunca la dignidad de sabernos capaces de salir adelante, y es que tenemos tatuado el miedo mediante un condicionamiento.

            Hace un año, antes del viaje a la isla, iba a ir con unos amigos en condiciones similares a las mías: solteros sin familia que mantener. Al final no fueron porque estaban endeudados. No niego que me molesté, esto debido a mis finanzas sanas (a pesar de un crédito hipotecario que pago puntualmente) y que ellos tuvieran tantas deudas sin tener una familia a la cual proveer.

            Su situación era un efecto claro del capitalismo que tenemos tatuado: vive para consumir sin importar que no tengas con qué pagar o ni siquiera necesites lo que estás comprando. Ambos estaban pagando tarjetas de crédito. ¿Qué va a pasar si un día se casan? La miseria se genera desde antes, porque si de soltero ya vives apretado por las deudas, no me los imagino con vida familiar. Eso pasa cuando habitas en una sociedad en la que existes para comprar, para gastar y mantener un status.

            Cuando no tienes control de tus gastos las cosas te poseen a ti; cuando tienes que despilfarrar para no perder un Status Quo, es obvio que tu diario acontecer no sea tan divertido, eso sin mencionar cuando tienes que pagar colegiaturas y demás gastos que trae el engendrar, donde los compromisos se multiplican pero no así los ingresos.

En mi visita a Orlando, gaste más de lo previsto así que, durante tres semanas me ví bastante limitado económicamente, sensación que me desagradó en absoluto pero, por lo menos, sabía que tenía un límite. No me imagino a los que viven así todo el tiempo, la verdad es que ningún lujo puede sustituir la tranquilidad de tenderte sobre tu almohada sin pendientes.

            A nadie le gusta perder su trabajo pero, al ver la situación antes mencionada, para algunos en realidad sería el fin del mundo por el embrollo financiero que se metieron, esto por no tener tranquilidad ni independencia en su ser y ser una simple marioneta del sistema consumista en el cual respiramos.

            Cada cual es responsable de sí mismo, por lo que debe aprender a administrarse y saber que cualquier cosa puede cambiar, nada se mantiene constante. Personalmente estaba igual de dogmatizado que el resto (y tal vez aún lo esté), así que he logrado reducirle de intensidad a ese anhelo material que regía mis días.

           “Mientras se trabaja, uno no le mira a la vida los ojos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

            Nadie puede tener una misma fuente de ingresos indefinidamente, por lo cual sería prudente tener una actitud más responsable con las finanzas personales (más aún si hay familia de por medio). Mis ahorros de dos años se fueron repentinamente en un fraude, todo producto de la codicia.

Me hice consciente que eso lo pude invertir en viajes, arreglos para mi casa, fiestas, comida y demás. Por el deseo de tener más me quede con menos. Comprendí lo efímero de lo material porque se puede ir con pasmosa facilidad con una enfermedad, un accidente, una extorsión, un despido, un desastre natural, un fraude, un robo y tantas otras circunstancias.

            Obvio hay que ahorrar porque siempre es necesario estar “blindado” contra cualquier contratiempo además de tener cubiertas las necesidades básicas. Muchos gastan en lujos, se sienten celestiales para no verse afectados por los imponderables que nos afectan al resto pero, cuando llegan los imprevistos, se las ven muy negras. Muchos confunden vivir seguros y plenos con hacerlo rodeado de cosas banas.

            Ahora, ¡claro que hay que cuidar nuestras posesiones! Porque nos han costado trabajo, tengo protecciones en mi casa porque soy consciente de dónde vivo pero no es cómo si solo le diera importancia sólo a lo material. Ahora que he invertido más en mí (porque sólo hay vida para disfrutar), me siento más pleno y feliz que hace 10 años.

            “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre” reza el dicho, hay que ser previsor con el largo plazo, pero no enajenarse con esa idea porque nadie tiene comprado el mañana. La neurosis que hemos desarrollado como raza nos hace lamentarnos de nuestro pasado con arrepentimientos, anhelos y nostalgias que nos atan a él, por otro lado vivimos esperanzados y asustados por un futuro que nunca va a llegar. Por estos motivos acabamos descuidando el único tiempo real que tenemos para existir: Ahora. Podremos lamentarnos por lo que dejamos ir o estar a la expectativa de lo que va a llegar, pero no sabemos invertir lo que tenemos ahora, siempre lo usamos para recuperar lo pasado o asegurar el futuro pero rara vez lo utilizamos provechosamente en el presente y en nosotros.

            Como exprese en su momento, no estoy loco para vivir en el socialismo, pero tampoco es muy sano vivir en el capitalismo voraz que respiramos día a día. ¿A dónde nos dirigimos con este enfoque exclusivo a lo material? Los jóvenes actuales son un reflejo fiel de lo que hemos hecho como sociedad, sé que sueno como viejito achacoso moralista, pero esta dinámica nos ha traído muchos divorcios, la degeneración social y el condicionamiento a poseer, de siempre tener lo mejor (sin importar que se merezca o no), también permea en la personalidad, en las relaciones, en la familia, con los amigos y demás que nos hacen ser cínicos.

            Esa codicia, esa miseria de acumular, esa necesidad de adquirir sin importar que sea necesario ¡Necesito mucho! ¡Necesito mucho ¡Necesito mucho! ¿Para qué? La mayoría no sabrá dar una razón de fondo, porque casi nunca se ponen a analizar este comportamiento consumista, que es tanto una programación social como una neurosis. Cuando ya tienes tanto empiezan las preocupaciones, porque ya no puedes permitirte tener menos (al contrario) y entre buscas más, también debes cuidar todo lo que lograste antes (aunque en realidad ya no te importe el objeto en sí, sólo te satisface tenerlo).

           “En Occidente pierden la salud y la vida por conseguir dinero todo para que, al final de la vida, se gasten su dinero tratando de recuperar la salud” – Dalai Lama.

            ¡Nadie quiere tener menos! ¡Siempre queremos tener más! Como decía Lou Marinoff: “No importa que nada nos haga falta, si alguien nos pregunta si queremos más, vamos a responder ¡Por supuesto!” Esa dinámica agobiante e incesante nos impide disfrutar lo que tenemos a la mano por cuidar lo del pasado y anhelar lo del futuro, y ahí despilfarramos el tiempo que nos queda de vida, lo único que en realidad es nuestro.

            Cuando empecé a salir a mi hora de la oficina, recibía cometarios, aunque ya no tantos como al inicio, de que me quedara más tiempo y buscara un desarrollo dentro de la empresa. Claro que me gustaría pero, en este momento de mi vida, disfruto mucho mis actividades fuera del trabajo, las cuales tendría que sacrificar para cursos, estudios, proyectos y demás. ¿Para qué? ¿Más dinero? ¡No lo necesito! No soy rico (hablando materialmente), tengo una hipoteca que saldar, tengo compromisos económicos que pagar mensualmente, pero no estoy con la soga al cuello.

            Me gusta mi vida actual y, tal vez, si cambia radicalmente en el futuro (con una pareja o una familia), tendría que buscar más recursos. He aprendido que se puede lograr una buena vida sin necesitar más dinero (cuando se tiene a una mujer inteligente y se educa a la familia de manera sensata). Tengo la firme intención de no volverme a relacionar con una mujer con una visión financiera tan radicalmente distante a la mía, sólo lo haría con una que se interese en un crecimiento personal además del económico.

            No es obligatorio el convertirse en cerdos capitalistas por vivir en una sociedad consumista. Es una ventaja que tenemos contra los cubanos, mismos que no tienen opción contra el socialismo y nosotros sí podemos elegir escalones intermedios en nuestro sistema. Se puede tener una vida tan sana como quieras (tanto corporal como espiritualmente) en el mundo occidental. No voy a clases de Yoga, no aplico el Feng Shui ni soy seguidor del Reiki pero, al igual que hago con la política o con mis creencias, ejerzo mi espiritualidad a mi manera, forma y ritmo.

            Aún no llego a dónde quiero estar pero voy por buen camino y, felizmente, no me ha faltado el dinero, porque intento equilibrar mis facetas personal y laboral (que disfruto mucho). Cada Lunes me levanto con ganas y llegó feliz a la oficina, lo cual aporta mucho a la calidad de vida, misma que no da el dinero per se. El que disfruta su trabajo es rico. ¿Cuántos realizan una labor que los hace miserables sólo por un sueldo?

            Admito que escogí mi ingeniería por dinero, pero soy feliz: acabe en una gran empresa con la carrera adecuada y eso aporta mucho a mi estabilidad. No me imagino a esas pobres almas que, aún ganando mucho dinero, son infelices con lo que hacen; peor aún, que carecen del valor, por compromisos familiares, de cambiar de camino ya que no quieren perder su seguridad financiera (aunque su existencia sea un suplicio).

            Desperdicie gran parte de mis años sólo buscando dinero porque sí, felizmente reaccione y me siento más afortunado por ello que triste por el tiempo perdido, es mucho más a comparación de los que nunca lo notan. No es lo mismo ser rico que ser próspero, la gente tiende a creer que la riqueza material trae consigo la prosperidad personal o espiritual. Hay mucha gente tan pobre y miserable que sólo tienen dinero y es hasta el final de sus vidas que se dan cuenta y lo lamentan.

           “Rico es aquel que tiene los placeres más baratos” – Henry David Thoreau

El dinero no es importante per se, es importante tener suficiente para cubrir las necesidades básicas, obteniendo la posibilidad de desarrollarte en otras facetas personales, de alcanzar otros objetivos que te hagan valorar tu vida, para eso sirve el dinero: para olvidarte de lo básico y ocuparte de necesidades más elevadas.

El que busque dinero como fin, y no como un camino para llegar a metas valiosas, está destinado a una existencia miserable porque nunca tendrá suficiente para cubrir su ambición, sin importar los millones de dólares o Euros que pueda tener, siempre se sentirá pobre por no tener lo que anhela. En eso radica la riqueza: no ser millonario, pero tener una vida plena en la manera que la percibes y experimentas; tener lo suficiente para algún lujo esporádico, y disfrutarlo, a diferencia de muchos que están rodeados por lujos y su alma se siente pobre.


Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 3 de agosto de 2013

Máscaras (Lectura 2: La pacheca)

El término “Persona” nació en la antigua Grecia, palabra que mutó del original “Personae” que se utilizaba para identificar a los que actuaban en representaciones teatrales. O sea, el término “Persona” viene de “Personaje” y de eso está llenos el mundo: de (falsas) personas pero no precisamente de humanos (auténticos).

Desde que los humanos inventamos el concepto de Sociedad, ese mismo día debió nacer el concepto de mentiras. Tristemente, para funcionar en este mundo, las mentiras (de todo calibre) son necesarias. En la manera de expresar tus ideas, la gente se puede sentir ofendida así que, a veces, no conviene decir la verdad porque no trae nada productivo, por lo que decimos verdades a medias o hechos reales pero rodeados de falsedades. Dependemos tanto de la mentira que (por lo menos) este país no puede funcionar sin ellas, y diseñamos máscaras para poder funcionar correctamente en sociedad.

Por alguna estúpida razón, se ha perpetuado una enseñanza que no se dice abiertamente pero que todos aprendemos a aplicar: decir la verdad es malo, decir lo que sientes o piensas de manera auténtica puede resultarte perjudicial. Ser tú no es siempre una buena idea, de hecho casi nunca lo es. Se nos ha enseñado, de manera silenciosa pero efectiva, que mentir es la manera más segura de transitar por la sociedad y de acercarte al “éxito”.

No recuerdo exactamente la situación, pero hubo una vez en la que mis padres se enojaron fuertemente conmigo por algo que no debía decir ante cierta persona. Mi lógica infantil no entendía los intereses políticos ocultos del mundo adulto y pregunte indignado “Pero ¿qué tiene de malo? ¡Es cierto!”. Aunque tampoco recuerdo la ridícula explicación que recibí pero, a partir de entonces, aprendí que no siempre decir la verdad está bien porque así funciona la sociedad.

Lo más probable es que esté loco, pero creo que esas máscaras nos ayudan a darle sentido a una vida que carece del mismo, porque nos la hace más interesante. De ser cierta esta afirmación, resulta triste porque nos hemos corrompido como raza, a fin de cuentas, la vida tiene algún sentido con o sin máscaras, pero la opción sana y lógica debería ser sin posturas artifíciales. Sin embargo casi nadie (en realidad nadie) se arriesga a tener una existencia sin máscaras, ya que es demasiado peligroso sobrevivir sin ellas en la actualidad.

“¿Tiene usted miedo a morir?” La respuesta se demoró. Aomame negó con la cabeza. “Comparado con el miedo que tengo a vivir siendo yo misma, no” – Haruki Murakami (1Q84)

Sin personajes que interpretar enloqueceríamos. He tenido la “fortuna” de percibirme sin roles en momentos de soledad, en dónde me he visto como realmente soy, no lo que uno cree ser o lo que los demás nos dicen que somos o para lo que nos educaron ser. Te ves sin protección alguna, simplemente contemplando tus defectos y virtudes sin calificación alguna. A pesar de que me considero un ser humano productivo, al verme sin máscaras me he deprimido por ver en lo que me he convertido. Es ahí cuando el personaje retoma el control, en un “ataque de instinto de conservación” y es que si me mantuviera en ese estado por mucho tiempo enloquecería en una de dos posibles formas: perdiendo los estribos o atreverme a vivir sin poses.

El riesgo es demasiado, ni siquiera con las amistades más íntimas uno puede prescindir de los roles que vamos asumiendo, es verdad que bajo la intensidad y uso personajes bastante relajados y muy cercanos a mi verdadera esencia pero uno pasa tanto tiempo interpretando un rol que el humano dentro de nosotros acaba siendo un desconocido. Creo que la única vía de desahogo para nuestro verdadero ser es a través de los sueños, en dónde nuestro inconsciente nos dice lo que en realidad somos o podemos ser.

Para vivir sin máscaras uno debe tener un amor propio natural impresionantemente desarrollado o simplemente ser un animal al cual no le importen las poses sociales.

“El que puede vivir fuera de sociedad o es un Dios o es una Bestia” -Aristóteles

Muchos no entenderán lo que digo cuando menciono esos períodos sin máscaras, es factible que estén convencidos de que ellos son auténticos cuando se lo proponen. Sólo me entenderán a los que les ha pasado, aquellos que han bajado tanto la guardia para darse el lujo de quitarse, aunque sea un momento, esa careta que mostramos ante la sociedad. En esas pocas ocasiones que he salido de mi psique para contemplarme tal cual soy he intentado, con toda mi fuerza, quedarme en ese estado. No me importa enloquecer, pero quiero ver qué se siente vivir así, sin embargo, al igual que el respirar, nuestro cerebro está programado para funcionar con roles y, ante la ausencia de alguno, de inmediato te pone el primero a la mano.

Explico la sensación de salir de mi cuerpo y verme tal cual de manera gráfica: estoy viendo una película, a solas en la sala; de pronto volteo y me veo a mí mismo como espectador. Me doy cuenta que al mismo tiempo me veo dentro de la pantalla, lo cual resulta muy impactante; tienes la dicotomía de estar en dos lados al mismo tiempo (tu esencia real y el personaje que interpretas), te das cuenta de lo falso que eres, que todo es ficticio, que no eres ni el espectador ni la pantalla. Estas divido entre el actor y el espectador, sin animarte por completo a concentrar tu esencia en un sólo ente.

Deberíamos ser totalmente auténticos, pero acabamos en una zona gris (la máscara) con la cual acabamos identificándonos y adoptando como nuestra “verdadera” personalidad. Con esa decisión que tomamos, la parte auténtica, que todos tenemos pero que pocos desarrollan (porque nadie te va a permitir salirte del “Guion”)

Caminar no es parte de nuestra naturaleza, es un comportamiento aprendido que hemos ido desarrollando, lo mismo con las máscaras, sin las cuales no podemos funcionar en la actualidad. Por más que lo intente, es imposible mantenerme más de tres segundos con una consciencia desnuda, ya que de inmediato entra un rol a mi cabeza. La primeras dos veces que lo experimente, llore con profunda tristeza; conforme ha pasado el tiempo he ido madurando, lo cual no quiere decir que encuentre dicho estado atractivo o agradable, pero quiero experimentarlo antes de morir, quiero ver que se siente sólo ser humano en lugar de actuar un personaje, esas poses (grotescas o tiernas) que nos sirven para desempeñarnos en la sociedad.

Me frustra no poder mantener ese estado de consciencia o nulidad de máscaras, el instinto de conservación o un mecanismo de defensa me hacen regresar al estado “normal”, pareciera que el mantenerse sin personajes es tan peligroso para nuestra psique como dejar de respirar para el cuerpo. De hecho el mecanismo de adoptar una máscara ya es inconsciente y se activa como cuando respiramos, por más que uno lo intente es imposible dejar los roles atrás. Obvio no nacimos así, sino que fuimos aprendiéndolo a lo largo de años de condicionamiento y programación.

"El caminar erguidos y la moral no figuran en la naturaleza humana, son cualidades aprendidas y desarrolladas por nosotros mismos; sólo que una fue aceptada de manera unánime y la otra de manera aparente" - Hebert Gutiérrez Morales

Vivimos en el país (si no es que el Mundo) de la gente incongruente y mustia. Sólo nos gusta ver la espiga en el ojo ajeno e ignoramos la viga en el propio (que bien que la vemos pero pretendemos que es invisible), no encanta fantasear que somos perfectos y que nuestras acciones no son dañinas, sólo las de los demás (aunque sean exactamente las mismas), como que tenemos una especie de “fuero celestial”, las nuestras no contaminan, no afectan, no dañan, no hieren, etc.

            Pero ¿Qué deberíamos hacer? Podríamos decir “Síp, la verdad es que le hablo bonito a las mujeres cuando sólo me las quiero echar ya que me importan un bledo sus sentimientos” ó “Me estoy casando porque siento la presión de toda mi familia, amistades y sociedad en general, cuando en realidad son tan feliz a solas” o “Vengo a Misa porque me obligan y porque ‘debo’ tener religión, no creo en esto que leo, pero no quiero que me tachen de alguien malo (aunque mis acciones lo sean)” o “Me encanta juzgar a las personas a través de sus defectos, porque así me distraigo y me olvido de los míos”.

Si todos fuésemos honestos, ya no digo congruentes, es posible que fuera impactante pero creo que sería más sano, sin embargo nadie lo hace y, cuando llegas a hacerlo, la gente se escandaliza como si anduvieras desnudo por la calle (aunque sólo sea desnudo de máscaras). Somos víctimas y verdugos del sistema restrictivo que hemos perfeccionado a lo largo de los años.

Hay quien piensa que soy dogmático, necio, vil, cruel, deshumanizado, cínico y demás linduras. Por otro lado también hay quien piensa que soy bondadoso, comprensivo, solidario, generoso, leal, honorable, etcétera. Es factible que ambas partes estén simultáneamente en lo correcto y en un error. El problema de las máscaras es que puede ser que yo sea todo eso que mencione o tal vez no. Se nos olvida cuando éramos auténticos (o sea en la infancia primera), época que está enterrada en años y años de condicionamientos sociales, prejuicios, posturas, ideologías, lealtades y demás. Creo que dejamos de saber qué somos y qué no somos, esto por tantos años de ejercer y/o actuar estos roles que nos hemos diseñado de acuerdo a los designios de la sociedad.

Para que una máscara sea creíble, debe estar basada en una parte real nuestra. Por ejemplo, me encantaría tener una máscara de mujeriego pero, como no está en mi esencia, no me queda (sólo me conformo con estar con la mujer que amo algún día).

No voy a hablar por los demás, porque desconozco sus motivaciones y vivencias. Por mi parte resulto patético, dejando a un lado mi acostumbrada soberbia, por todas las cualidades que llevo en mí; sólo porque un par de ocasiones he sido sacudido por la vida, opte por una máscara para proteger mi esencia de recibir más daño, pero también de recibir más amor. He cometido una de las peores vilezas que un humano puede cometer: no he vivido.

"Hubiera dado el mundo por haber tenido valor para decir la verdad, para vivir la verdad." – Oscar Wilde

Claro que actúo muy bien al dar a entender una vida plena y en equilibrio, pero no es cierto. Las escasas personas (a lo más tres) que han tenido la oportunidad de conocerme a profundidad, saben que muestro muy poco de lo que en verdad soy y, por lo mismo, he desarrollado muy poco de lo que en realidad soy.

Es ridículo optar por una máscara que muestra muy poco de mi esencia, la cual se conforma con las migajas que recolecta, en lugar de atreverme a ser quien puedo ser. Aunque eso enoje al resto, a pesar del riesgo y dolor latente, el cual resulta insignificante contra las potenciales satisfacciones.

Por eso mismo me gusta estar a solas, porque no tengo necesidad alguna de usar una máscara pública, sólo uso la de origen, la que se parece a algo auténtico pero no lo es del todo. Cuando no estoy solo, y dependiendo de quién me acompañe, siempre voy a interpretar un personaje, algunos más atractivos que otros, algunos más positivos que el resto, pero siempre con una careta que proteja mi desnudez personal.

Me he forjado una faz basada en el ego y para proteger lo limpio que quedaba de mi alma. A una altura de mi vida me di cuenta que la gente no es buena por naturaleza, como se me había inculcado con tanto énfasis; en realidad la gran mayoría se mueven por intereses egoístas. Por eso, en un acto de superviviencia o de instinto de conservación, desarrolle personajes parecidos a los que usan los demás para proteger lo auténtico que quedaba de mi ser.

El problema es identificarse tanto con el personaje que acaba siéndolo en realidad, aunque uno sabe que queda un pedazo de alma pura y auténtica. Es triste que a uno se le va olvidando que queda ese oasis de integridad entre un desierto de falsedad por lo que ya no es tan fácil sacarlo a relucir con facilidad.

Esta ridícula sociedad no ha corrompido tanto que nos hemos vuelto unos mitómanos profesionales. Desconozco el porcentaje del tiempo en que decimos la verdad y la que mentimos. No dudo que haya personas con el porcentaje mayor del lado de las falacias. También he encontrado, como dos en toda mi vida, esos seres extraños que siempre dicen la verdad, lo cual no siempre es conveniente en este mundo basado en mentiras.

"Hay pocas razones para decir la verdad, pero para mentir el número es infinito" - Carlos Ruiz Zafón ("La Sombra del Viento")

Eso demuestra una falta tremenda de amor propio, como no te valoras a ti mismo, tienes que valerte de un personaje ficticio para parecer medianamente interesante.

Me levanto de la cama y me pregunto “¿Quién eres?” Hebert es un nombre, una etiqueta asignada por alguien más, un nombre con el cual me identifico pero que no soy yo, un nombre que me asignaron al nacer para identificarme con mi padre biológico.

Me siento feliz porque cada vez son más las ocasiones en las que puedo percibirme fuera de la máscara, sólo por breves instantes ya que mi psique no soporta más. Me hago consciente que todo el mundo tiene una imagen de mí, unas expectativas y unos prejuicios hacia mi persona, mismos que acabo comprando y adoptando. Nadie de ellos sabe quién soy y, lo que es peor, a veces ni si quiera yo mismo sé quién demonios puedo ser.

Todos nos vamos formando una identidad alrededor de las opiniones ajenas de nosotros, por lo que nuestra aportación es ínfima, siempre por la necesidad enfermiza de cumplir con los deseos, anhelos o exigencias de alguien más, de lo que “deberíamos” ser, son escasas las ocasiones en la que tenemos un ataque de valentía o autenticidad, para atrevernos a hacer lo que en realidad queremos.

Desde el segundo o tercer año de vida nos van diseñando unas facetas que nos abandonaran hasta el día de nuestra muerte (y a veces ni ese día nos dejan descansar). Lo malo de vivir en sociedad es que hemos hecho vitales a las máscaras, es nuestra protección para poder funcionar en un mundo basado en apariencias y mentiras.

“Nadie dice lo que quiere decir. Eso es algo importante que te enseña la vida. Todo iría mejor si más gente lo aprendiera” - John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

Al igual que el Ego, que es la base de las mismas, no es que las máscaras sean malas, el problema es el abuso que ejercemos sobre ellas (o ellas sobre nosotros), al grado que creemos ser la máscara, respiramos la máscara y dejamos atrás nuestro lado auténtico, mismo que nos da miedo, que no da vergüenza y bastante pudor. Por eso generamos versiones genéricas de autenticidad, un personaje diseñado para decirle al mundo “¿Ven? A diferencia de ustedes yo sí soy de verdad?” ¿En serio? ¿Alguien en verdad podría ser auténtico al 100% en este mundo de poses y apariencias?

No presumo de ser honesto ni auténtico, sólo estoy empezando a hacerme consciente de mis máscaras, en espera de que algún día encuentre algo de verdad en mi ser y no algo que haya sido instalado por alguien más. Tengo una infinidad de personajes: el dramático, el sarcástico, el ecologista, el misántropo y demás roles que me identifican ante el mundo.

Pero dichos roles no son del todo falsos, a veces son magnificaciones de características que ya tenemos, sólo que las adornamos con accesorios que van a llamar la atención de los demás, porque para eso tenemos máscaras: para buscar la atención ajena, para sentirnos vivos a través de sus miradas.

Por eso han proliferado los medios de promoción a últimos años (el mail, el Facebook, el Twitter, el What’s app, los blogs, el YouTube y demás), por esa necesidad de promovernos, de buscar que la atención externa confirme nuestra efímera existencia en este mundo falso, ¿Para qué? No lo sé, desconozco de donde viene esa necesidad endémica que la gente nos vea, tal vez porque nosotros mismos no somos capaces de hacerlo, con eso de que ignoramos nuestra esencia auténtica, pretendemos que los demás la capten a través de las pistas que damos con las máscaras.

No debe de haber un acto más grande de amor, valentía, honestidad o intimidad que mostrarse sin máscaras ante alguien más. El problema es que lo que se han atrevido a mostrarse así, normalmente, son consideradas locos y encerrados en un manicomio. Y es que dentro de los roles están las buenas costumbres, la educación, la moral y las acciones políticamente correctas, todos esos convencionalismos sociales que nos permiten vivir de manera “civilizada”.

“En estas calles hay tanta gente que tiene el alma manchada de sangre, que ya no se atreven ni a recordar y, cuando lo hacen, se mienten a sí mismos porque no se pueden mirar al espejo” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

Tal vez por ello la gente tiene miedo de dejar sus personajes de lado porque, en teoría, sin esos roles seríamos una especie de salvajes, por lo que nos tornaríamos peligrosos. Y optamos por todas esas facetas artificiales que permitimos que nos diseñen, para interactuar “pacíficamente” entre nosotros.

El exceso de máscaras acaba afectando nuestra dignidad y dañando severamente nuestro amor propio, porque siempre queremos aparentar ser más guapos, más ricos, más felices, más interesantes, más inteligentes, cultos, decentes, morales, sanos, divertidos de lo que en realidad somos, y demás características “deseables” por la “reputada” sociedad. Al actuar algo que no somos le manda un mensaje a la autoestima de “Como no eres valiosa, tengo que ponerme este disfraz para que no pasemos vergüenzas”

El aceptar nuestras limitaciones o defectos no quiere decir que nos tengamos que conformar, el aceptar que no somos perfectos nos da una dignidad impresionante. Las máscaras son dañinas por exigirnos perfección con algo que (en teoría) “deberíamos” ser. De a poco, y de manera diaria, nuestra psique va siendo mermada y mancillada por esos mensajes diarios pero constantes de que nunca somos lo suficientemente buenos para un mundo que aparenta ser perfecto, por eso mismo nos la creemos cuando somos señalados. Por eso mismo enloqueceríamos sin máscaras.


Hebert Gutiérrez Morales.