lunes, 29 de julio de 2013

Máscaras (Lectura 1: La políticamente correcta)

Recibo mucha retroalimentación de estos escritos, algunos vía Blog o Facebook, pero la mayoría son via mail o de manera personal. Uno de estos últimos fue el detonante para el presente escrito hace ya más de dos años.

Durante una comida, mi amigo El Chaparro (conocido en los bajos mundos como “La Perra”), criticó mi estilo, diciendo que le gustaba pero el que ahí escribía no era yo. Obviamente para que me dirija a alguien como “La Perra”, quiere decir que tengo una comunicación “algo” inhumana con dicho individuo pero ¿cómo demonios se puede ser humano con una perra como él?

Me defendí alegando que el que escribe soy yo aunque, como era su punto de vista contra el mío, no lo pude convencer. Analizando posteriormente mis textos, no me cabe la menor duda: el que escribe soy yo, o por lo menos uno de mis “yos”.Recordé mis clases de alemán, en donde me decían que el idioma escrito no es el mismo que el hablado por lo que, tal vez, hable de una manera y escriba de otra.

Constantemente soy juzgado, todo el mundo tiene expectativas de cómo debería proceder ante diversas circunstancias (atuendo, forma de relacionarme, forma de correr,  finanzas, trabajo, etc.). Hay ocasiones en las que me siento apachurrado por la falta de aceptación pero, después de un tiempo, me repongo y sigo siendo el mismo de siempre (aunque eso no signifique que esté en lo correcto). No creo ser falso al escribir, sólo es otra de mis facetas y no necesito “escribirlo sin parar como si estuviera haciéndome una chaqueta hasta venirme” como me retó la Perra que escribiera (servido YFB).

Nuestra persona se compone de la imagen que tenemos de nosotros mismos y además de la que cada ser externo nos percibe. Estoy seguro que mis compañeros de trabajo no han visto facetas mías que les resultan muy familiares a los del mundo salsero y estos no conocen características mías que sólo conoce mi familia. Los humanos adoptamos distintas máscaras a lo largo de nuestra vida, de acuerdo al entorno en que nos desenvolvemos, las circunstancias y las conveniencias.

           “La conducta humana está condicionada en función a la opinión de la mayoría, no por la verdad” – Hebert Gutiérrez Morales.

Y ahí radica la necesidad de las máscaras: ser aceptados. Tratar de llenar las expectativas ajenas y propias de lo que deberíamos ser, sin importar que nuestra esencia sea distinta. Tememos ser rechazados, todos queremos ser amados, queremos ser “buenos” y populares. A nadie le gusta ser un paria de la “reputada” Sociedad.

Muchas veces, de manera tonta, he intentado cambiar mi esencia porque mis cualidades no son valoradas en el ambiente en dónde vivo. Como comente en “La época más oscura de mi vida”, al compartirme tan desinteresadamente con el mundo, recibí muchas reacciones violentas, por lo que entendí que no hay que darle rosas a los cerdos. Esos reveses morales por un entorno al cual no estaba acostumbrado, me hicieron desarrollar máscaras para adaptarme al medio: tengo una de crueldad, otra de frivolidad, otra de indiferencia y frialdad.

Con el uso de las máscaras voy “certificando” la valía de las personas y les permito conocer mi esencia, así me abro de manera segura, porque sé que no se van a aprovechar. Es factible que esté traumatizado desde la Secundaria, pero este accionar me ha resultado muy útil y provechoso, lo malo es que luego se me olvida quitarme el personaje cuando estoy en ambientes seguros.


Me parece increíble que dichas máscaras me hayan hecho popular, porque son características que la gente crítica pero que les resultan muy atractivas. Me han sido tan útiles y productivas que me han valido la admiración y respeto en una sociedad que admira al cruel y que desprecia al noble; sin embargo no respeto a esos individuos, porque han demostrado que una pose tan cuestionable es más valiosa que una nobleza auténtica.

            “¿Por qué ocultamos algunas cosas a los demás? ¿Será porque, en el fondo, todos tenemos el mismo miedo básico: el temor a que finalmente nos descubran?” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

¿Somos falsos? Es factible, ya que resaltamos partes de nuestra personalidad según nuestros intereses que, a fin de cuentas, es parte de nuestra esencia. Obviamente hay ocasiones en que tomamos prestados algunos roles y ahí se puede hacer evidente nuestra falsedad. ¿Acaso no podemos ser 100% auténticos? Creo que sí: en momentos de soledad, sin nadie alrededor que nos juzgue (las mascotas no cuentan, ya que nos aceptan tal cual).

La mayoría cree que soy esas facetas, pero se dan cuenta del error cuando leen algo mío (no discrimino a quien quiera leerme), porque les parece increíble que pueda escribir los mermeladazos que llego a publicar. Me preguntan a quién se los copio, ya que les resulta extraño o desconocido lo que comparto en el blog. No conciben que pueda tener cosas buenas, se dejan engañar por las cosas malas que utilizo para protegerme. ¿De quién me protejo? De todos aquellos que no tienen belleza en su alma, por lo que destruyen la ajena.


¿Soy fantoche? No lo sé. No niego las etapas en que la máscara se ha apoderando de mi, pero ya no me preocupo: Aprendí a diferenciar la esencia de las máscaras, éstas sólo maximizan aspectos que sí tengo, pero usados como defensa de mi esencia, no como ofensiva. Lo auténtico sólo lo comparto mis verdaderos amigos, esos en los que también existen esas virtudes y manejamos una calidad moral alta para la sociedad (ojo, no somos mochos, sólo tratamos de hacer lo correcto); mismos a quien quiero, valoro y mantengo al alcance para poder ser yo mismo cuando he abusado de los personajes que he moldeado

Una amiga me pregunto una vez: “¿Dónde quedo ese Hebert bondadoso al que todos queríamos y que era amable?” naturalmente estaba pachequeando, como lo hace la gente al idealizar el pasado, así que le recordé: “Creo que te refieres al Hebert al que a todos daba hueva y se aprovechaban de él, ¿verdad?” Le recordé que, cuando nos vemos fuera del trabajo, ha visto mi auténtico ser; así le quedo claro. Al igual que ella, muchos piensan que soy la máscara por el prolongado tiempo que la uso.

           “Era un lugar en donde la gente intentaba no mostrar indecisión, y se unió al desfile de personas decididas y resueltas con esa pétrea expresión urbana que parecía servirles de armadura frente a los demás, de modo que todos los que viajaban eran como una pequeña isla emocional, anclada interiormente, que no iba a la deriva flotando, sino que se movía de modo constante en una corriente diferenciada y reconocible. Él, por otro lado, carecía de rumbo pero disimulaba” - John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

Alguien más me dijo en la oficina: “Es que eres más agradable de manera escrita que en persona”, pero también ha tenido oportunidad de platicar conmigo de manera tranquila y también ha visto algo de mi parte auténtica.

Todavía hay muchas personas valiosas por conocer y espero tener el tiempo para que conozcan mi realidad, aunque no sea tan atractiva como las mascaras crueles con las que me desenvuelvo en mi vida cotidiana.

Deje de ver “Los Simpson” desde hace muchos años, todo porque los actores de doblaje originales cambiaron y ya no fue lo mismo. Recuerdo el capítulo en que un motivador le dijo a todo Springfield que debían ser auténticos como Bart y hacer lo que les viniera en gana. Obviamente el pueblo se volvió un auténtico caos. Es difícil o, mejor dicho, imposible ser auténtico todo el tiempo; las únicos seres humanos 100% honestos y reales son los bebés, pero eso lo van “resolviendo” los padres, la sociedad, los familiares y demás entes corruptos con los que el infante tiene contacto, porque los empiezan a moldear, a uniformar a prejuiciar y a prepararlos a ser como el resto de acuerdo a los cánones establecidos y políticamente “correctos”.

Aunque sea imposible ser auténtico todo el tiempo, eso no justifica que seamos falsos permanentemente. Siempre hay ocasiones en donde hay que comportarse de una manera de acuerdo al lugar y tiempo en el que estamos, por así convenir a nuestros intereses, pero no es sano usar mascaras constantemente, por nuestra salud personal y espiritual, debe haber momentos en donde descansemos, bajemos la guardia y sólo seamos nosotros mismos sin forzar a comportamientos fingidos. Diariamente debemos tener un espacio para sólo ser nosotros, tomar esa bocanada de aire fresco después de estar tanto tiempo en un ambiente viciado como lo es la sociedad y sus ceremonias.

Tengo muchos medios para expresar mi autenticidad, como mis verdaderos amigos, mi terapeuta, mis clases de salsa y este mismo blog que me permite expresarme sin trabas.

           “Las personas vivimos tanto de grandes y pequeñas mentiras como del aire. Si fuésemos capaces de ver sin tapujos la realidad del mundo y nosotros mismos durante un solo día, del amanecer al atardecer, nos quitaríamos la vida o perderíamos la razón” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

Uno debe ser leal a sus principios y ajustar las mascaras de tal manera que no nos sean agresivas.  Controlo a mi máscara y no al revés, no temo desnudarme en este blog, ni en este texto ni en los anteriores porque, a fin de cuentas, nadie a quién no quiera verá mi verdadero ser en persona, si no pasan mi escrutinio o reglas, sólo se encontraran con alguna de mis mascaras de protección y tendrán que conformarse al sólo conocerme realmente de manera escrita.
           
Ya son algunos los que me han dicho que mi faceta escrita es distinta a la que muestro en el trabajo pero, también es cierto que lo que muestro al escribir (siento yo) es de lo más auténtico que tengo en mi ser. Lo mostrado en mis ensayos a muy pocas personas les permito verlo “en vivo”, tal vez por el ambiente en el que viví, además de que en el trabajo no se puede bajar la guardia pero, les puedo decir que en clase de Salsa soy totalmente distinto de cómo soy en la oficina.

De ahí vienen las mascaras, y es que uno las va formando de acuerdo al ambiente en donde se desarrolla. Por eso mismo el blog es muy sui géneris para mí, a pesar de que está abierto a todo el público y me “desnudo” ante todo el mundo, también es una manera de abrirme a nadie que no sea yo mismo. Escribo para mí, lo que siento en el momento, las ideas que tengo que expresar y lo que quiero que se sepa por el mayor número de consciencias posible. No se lo estoy contando a nadie de manera directa, hay quienes me leen y hay quienes me envían sus comentarios.

Es maravillosa esta posibilidad que te brinda el Internet: uno se puede abrir totalmente al no sentir el contacto directo y expresarse tal como es; también está el otro lado, el de las personas que, al no ser vistas, pretenden ser lo que quisieran ser y que, tal vez, nunca serán.

Muchos me han dicho que les llama la atención la forma en que escribo. Hay quién me recomienda que no sea tan honesto, tan abierto, tan íntimo o tan exhibicionista (como mejor me perciban). Es factible que tengan razón, pero hay un motivo para escribir así, el cual me resulta muy útil, mostrar mi alma, ser, pensamientos o esencia, y es que destruyo las imágenes preconcebidas que tienen mías.

           “Nos inventamos un personaje ideal que posamos como meta, y nos agitamos toda la vida tratando de convertirlo en nuestra máscara.” – Alejandro Jodorowsky

No me interesa construir o mantener una imagen con nadie, si me van a querer, odiar, aceptar, rechazar, criticar o alabar va a ser por lo que soy o pienso, y no por lo que creen, o quieren, que piense o sea. Llego a molestar a algunos y agradar a otros (también lo recibo en la retroalimentación) pero, por lo menos, esas opiniones son por mi auténtico ser.

Por eso mismo les suelto escritos llenos de miel como “Dori y Osa” o “Doña Marina”, y luego les suelto otros bastante ácidos como el de “De niño mocho a adulto ateo” o “El amor acaba”, y es que quiero destruir imágenes preconcebidas, que me conozcan por todas mis ideas y no sólo por las que les agraden u odien, porque soy todo lo que mis escritos reflejan, tanto bueno como malo.

Durante una cena, coincidimos con un grupo de universitarios, dentro de ellos había una chica bastante atractiva pero muy polluela, y en ella se fijo uno de nuestros practicantes, así que se empezó a aplicar. Le empezó a echar el choro “Trabajo en Volkswagen, somos una gran empresa, y yo me quede con su puesto, el cual me ocasiona mucho estrés y bla bla bla”.

Normalmente lo hubiera desmentido de buenas a primera con un “¡No manches! ¡Pero sólo estás haciendo prácticas! Y sólo te faltan dos semanas para seguir tu camino” pero estaba tan pasmado por la seguridad o cinismo con el cual se expresaba, así que opte por dejarlo con su mentira, a ver hasta dónde llegaba, a fin de cuentas la chica era foránea, iba con sus amigos y se regresaba al siguiente día.

           “La negación va acompañada de la suposición de que es sólo una mentira de conveniencia para ser adaptada en algún momento posterior, cuando se ha negociado una verdad aceptable” - John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

Pero este muchacho, que recién rebasaba de la veintena de años, no se pone a pensar en que si quisiera frecuentarla, ¿acaso iba a seguir con la mentira que trabajaba en VW? ¿Durante cuánto tiempo estás dispuesto a sostener esa falacia y las que sean necesarias para mantenerla?

Recuerdo que durante toda la adolescencia y gran parte de mi adultez, también caía en esas actitudes mitómanas, con tal de parecer más interesante o menos burdo. Ésa es una ventaja de pasar de los 30 años, porque se reduce considerablemente la necesidad de pretender ser algo que no eres o, por lo menos, ése es mi caso y el de muchos de mis amigos.

Por lo mismo, veía con el deleite que tiene un investigador al ver el comportamiento de ratones, cómo el muchacho éste se sentía soñado de decir que trabajaba en una gran empresa, mientras captaba la fascinación de una muchachita ilusa que se tragaba todas sus mentiras. Lo que más me sorprendía era la sangre fría para mentir tan alegremente en mi presencia, sabiendo que en cualquier momento lo podía desmentir. Me apena admitir que igualmente actúe con la misma fantochería en muchas ocasiones cuando era más joven.

Me sorprende cómo las personas compran totalmente las máscaras que he diseñado ya que afirman, de manera categórica, que soy o no soy de cierta manera. Nuestra personalidad está compuesta por cuatro partes: la que nosotros y los demás vemos, la que los demás ven de nosotros mismos pero no nosotros, la que nosotros sí vemos y que los demás no, y lo que ni no nosotros ni los demás perciben. A excepción de la última, nuestra imagen también debe de estar formada por opiniones propias y de los demás.

           “Todo el mundo tiene algo que prefiere no revelar. Por eso nunca llegamos a conocer verdaderamente a nadie, ni siquiera a los que tenemos más cerca” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

La mayoría de los que están alrededor mío creen que soy de cierta forma, se dejan engañar por las etiquetas que me impongo y las máscaras que vendo. Sólo un número mínimo se da cuenta del engaño y ha aprendido a visualizar mi auténtica esencia. Algunos lo saben porque me conocen de otras épocas, así que no se dejan timar por esta máscara que diseñe poco más de un lustro atrás.

En realidad no me debería preocupar que la mayoría me clasifique de alguna manera, lo que me está preocupando es cuando yo mismo me la empiezo a creer, esos momentos en los que disfruto tanto al personaje que me vuelvo demasiado cínico, cuando me torno imprudente e impertinente, momentos en los que me digo a mí mismo “Hebert, ¡tú no eres así! ¡Es un simple personaje!” o tal vez es lo que quiero venderme porque el gozo que siento interpretando el personaje es auténtico.

Pero voy a dejar algo para la segunda entrega de este tema, versión que va a ser más radical y, creo yo, profunda.


Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 23 de julio de 2013

Salvaje

“La (des)ventaja de vivir solo tanto tiempo es que uno no es consciente de qué tan salvaje se vuelve en sus modales y/o manera de vivir” – Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 20 de julio de 2013

El costo de la vida

“This life is lived in perfect symmetry
What I do 

That will be done to me “ – From the song Perfect Symmetry (Keane)



        A diferencia de lo que muchos podrían creer con el título, este ensayo no habla precisamente de dinero. Hay muchas formas de pagar por algo además de la monetaria: en tiempo, en paciencia, en especie, en solidaridad, en atención y, a fin de cuentas, todo lo que hacemos nos cuesta vida en sí.

          Estábamos platicando, en la oficina, Hans y yo sobre nuestras aventuras escolares. Las mías muy ñoñas y las de él muy intensas. Al ver todo lo que había experimentado mi amigo, por primera vez en 36 años, me dí cuenta de algo: He tenido tanta precaución en mi vida que me he privado de vivirla.

          Siempre he sido un ñoñazo lo cual, como explique en otro ensayo, me ha causado mucho orgullo. Por eso mismo nunca baje de nueve en mi trayectoria escolar (a excepción de la Secundaria) pero ¿valió la pena?

          Veo que Hans y yo tenemos un puesto similar hoy en día, la única diferencia es que le saque un punto de promedio en la carrera. ¿Qué tanto valió ese punto? ¿Acaso soy jefe? No ¿Acaso hago más dinero? No ¿Acaso soy más feliz? Mi felicidad no tiene nada que ver con el promedio que saque en la escuela.

         Me dí cuenta que pude salir con calificaciones más bajas (y aún aceptables), pero hubiera ganado más en experiencia, me hubiera sumergido más en la vida. ¿Qué hice en lugar de ello? Encerrarme en mis libros y alejarme del mundo.

         Mi vecino de cubículo notó un poco mi frustración y, en un intento por consolarme, me dijo “Cada cual tuvo que seguir el camino que le tocó y algo tenías que aprender en el tuyo”

Me educaron para asegurar un patrimonio, el resto no era importante. Nunca fuimos una familia viajera, siempre estábamos enfocados a los bienes de largo plazo, preparándonos para el futuro y dejando pasar el presente. Bien pudimos ser la Familia Stark con el pensamiento “Se acerca el Invierno”.

Siempre disfruté el cuento de “La Hormiga y la Cigarra” en donde al final la trabajadora ardua y disciplinada tenía un final justo sobre la despreocupada e irresponsable cigarra. Si hoy me preguntan seguiría optando por ser la hormiga en lugar de la hambrienta cigarra, pero mi postura ya no está totalmente de acuerdo con la hormiga ni condena terminantemente a la cigarra.


Obviamente mis prioridades eran distintas y mi inmadurez más grande, así como mi desmedida (aunque mal enfocada) ambición. Siendo honestos, las decisiones que tome en el pasado me han traído hasta donde estoy hoy, y estoy feliz. Tal vez estuve en lugares que no me hicieron mucho bien, pero ya no estoy en ellos.

Felizmente veo que estoy dando mis primeros pasos para aprender a vivir. ¿Por qué lo digo? Estoy planeando algunos viajes para los siguientes meses, la cantidad de ellos le llamó la atención a una amiga y me preguntó sorprendida “Hebert, ¿cuánto estás gastando?”

Para alguien que siempre había sido tan mesurado con sus gastos, me sorprendió dicha pregunta, porque nunca la había escuchado, estaba más acostumbrado a que me dijeran “Hebert, ¿Para qué quieres el dinero? ¡Gástalo!”

¿Por qué estoy gastando mucho en viajes este año? ¿De dónde está saliendo el dinero? Cuando he pagado la hipoteca de una casa, normalmente direcciono todos mis ingresos para terminar lo más pronto posible.

En esta ocasión, a diferencia de mi comportamiento clásico, no me importa atrasarme un año de mi plan original para finiquitar mi hipoteca en cinco, porque el viajar y conocer otros lares se ha vuelto más importante que pagar mi casa lo más pronto posible.

Es factible que pudiera acabar de pagar mi hogar un año antes ¿Y qué ganaría? ¿Eso en qué repercute? Tal vez ahorre dinero de los intereses ¿Lo ahorrado me va a hacer feliz? ¿Me va a compensar las experiencias que voy a tener en mis viajes? Además, conociéndome, al acabar de pagar la casa, me embarcaría en otro proyecto, así que no habría una ganancia real, sólo apresurarme para asegurar un patrimonio para mi futuro.


Pero ¿si no llega el planeado futuro? ¿Me voy a sentir feliz por haberme apresurado en mis planes? ¿Cuánta vida habré dejado pasar por priorizar metas económicas?

Alguna vez leí que es mejor gastar en experiencias en lugar de cosas materiales, porque las segundas las acabas reemplazando y la satisfacción que te dan va desapareciendo. Las primeras se quedan contigo el resto de tu vida.

"Nunca es demasiado alto el precio que se debe pagar por cualquier sensación" – El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

No me malentiendan, no me voy a volver un desplifarrador irresponsable de la noche a la mañana (porque no está en mi naturaleza) pero ya estoy dejando atrás esa actitud timorata y cobarde de vivir con tantas precauciones. Tal vez aún no lo esté logrando al 100%, pero voy por buen camino.

¿Cuánto estoy gastando en viajes? No lo sé, ni me importa, no me estoy endeudando y es algo que puedo pagar además, por una vez en la vida, quiero disfrutar y divertirme sin importar tanto cuánto cueste. Igual y es mi última oportunidad para hacerlo, porque uno no sabe qué va a pasar en el futuro, y no es necesario morir para ya no vivir esto. A veces nuestras circunstancias o las del entorno cambian y ya no es posible hacer lo que antes podíamos.

“Oh boy, you oughta leave this town
Get out while you can
The meter's running down “– From the song Perfect Symmetry (Keane)


Si mi yo de hace unos años me viera el día de hoy, se horrorizaría por todo lo que estoy “gastando” y me sentiría orgulloso de corregirme al decir “No es un gasto, es una inversión”.


Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 18 de julio de 2013

¿Un tercio de nuestra vida?

La vida es como dormir: si tienes un colchón y almohadas demasiado suaves, puede ser que te acostumbres y hasta lo agradezcas pero, a la larga, te va a hacer mal (sobre todo con problemas de columna o el cuello). Por otro lado, si la cama es demasiado dura nunca podrás descansar correctamente; tal vez te adaptes pero no quiere decir que estés logrando el objetivo de descansar.

Al igual que la cama, la vida debe estar equilibrada, ni ser dura ni ser endeble, sino lo suficientemente firme para descansar y reponerte. Siguiendo con la analogía, si sigues en un colchón viejo y dañado cuyas deficiencias no te dejan dormir (como resortes sueltos), es imposible reponerte. Lo que aquí aplica es resolver el problema (sacando los resortes sueltos) o cambiar la situación y seguir adelante (con el cambio del colchón). Sobre esto último, dentro de nuestro diario devenir, hay problemas de fondo que nos hacen “menos felices” pero, aunque nos molesten mucho, por alguna extraña razón no resolvemos ni cambiamos nada.

Cuando se encuentra el valor de resolver ese problema, la paz alcanzada es invaluable y hasta te preguntas “¿Por qué no lo hice antes?” Muchos consideran que el objetivo existencial es no tener problemas, algo tan tonto como pensar que la mejor almohada que puedes tener es la más suave. Si llegas a conseguir una vida fácil, sin problemas, o tu almohada súper suave, te darás cuenta de que no era tan bueno como ingenuamente pensabas, ya que es imposible descansar sobre una superficie extrasuave como no tiene sentido salir al mundo sin retos que resolver.

Lo mismo pasa con el colchón o las bases, si no lo rotas periódicamente, te vas a hartar de tu lugar eventualmente, y no descasas ni disfrutas las noches como antes. Es necesario darle variedad a la vida, porque es fácil acostumbrarse a la rutina, porque nos da identidad y comodidad, mismas que confundimos con felicidad o plenitud.

Pachequeces aparte, durante uno de mis ataques de insomnio (que este año ya he de haber impuesto récord) al lado escucho la TV a todo volumen y gente moviéndose de un lado al otro hasta entrada la madrugada. También oigo la bomba hidráulica de otros vecinos que se bañan alrededor de la medianoche. A lo lejos escucho el portón eléctrico como va recibiendo a los que llegan de como a las 3AM (y eso que es Martes). Del otro lado, se escucha la amena plática de otros habitantes de mifraccionamiento.

Lo que más llama mi atención son las voces infantiles gritando tan tarde. Recuerdo que a esa edad (en primaria) mi hora de dormir eran las ocho de la noche, la única vez que se me permitía llegar a medianoche era en Año Nuevo pero, en los restantes 364 días, eran contadas las veces que me dejaban llegar siquiera a las 9pm.

Seguramente mi mamá era una exagerada, hasta secundaria empecé a dormir más tarde y ya en la Prepa se fijó mi hora religiosa de ir a la cama: las 10pm. Sé que los tiempos cambian, pero eso no quiere decir forzosamente que sea para bien.

Así como hay gente que no comparte mi gusto por dormirme a las 10pm, tampoco entiendo a los que les gusta hacerlo de madrugada. Mal hago en juzgar como “mala” su actitud, aunque ellos tampoco deberían juzgar mi postura.

Este comportamiento es producto de la fisiología propia y la educación. Como ya mencioné, en la niñez mi hora de dormir eran las 8pm porque me debía levantar a las 6am. Nunca opuse resistencia alguna, debido a mi ñoñez, aunque también me gustaba dormirme temprano; nunca fui afecto a hacerlo tarde.

Adicionalmente a la fisiología, si no se es disciplinado con la educación de los niños, se va a ser difícil que adquieran hábitos necesarios para llevar una existencia ordenada. Conozco gente que afirma no poder dormir temprano, por lo que se acuestan a las 2AM a diario. Ese ritmo me aterroriza, no sé cómo le hacen para levantarse con la energía necesaria para trabajar. Personalmente ya hubiese acabado molido.

Me tocó vivir el caso cercano de una niña. La dejaban todos los días dormirse hasta medianoche, por lo que no se quería levantar para la escuela. Se dormía durante clase y sus calificaciones eran mediocres. Al llegar a casa de los abuelos, después de comer, la dejaban echarse una siesta de dos horas (“Es que llega muy cansada”), así que en la noche no tenía sueño y se reiniciaba el círculo vicioso.

Esto tenía una repercusión impresionante en su calidad de vida. De entrada se quedó chaparrita en sugeneración (aún considerando que sus padres no son precisamente gigantes). Y es que los niños crecen cuando duermen, si hay deficiencias en el sueño, eso va a repercutir forzosamente en su estatura.

Además del bajo rendimiento académico, tenía problemas sociales al no estar lo alerta que se requería en la escuela. Al no poner atención, no entendía muy bien las tareas. Finalmente, la siestecita que se echaba después de comer, le traía sobrepeso.

Por esta falta de disciplina en la educación, uno de cada tres mexicanos sufre algún trastorno del sueño, lo cual nos ubica también en los primeros lugares a nivel mundial. Pero no es de extrañar, los problemas del sueño y la obesidad van de la mano. Dormir poco ocasiona sueño, cenar mucho dificulta la digestión y, por ende, el sueño.

El dormir tarde es un reflejo de la vida desorganizada (y hasta irresponsable, me atrevo a calificar) que suele tener el mexicano. Se duermen tarde, no se quieren levantar y llegan demorados; esto fomenta la impuntualidad y, ya sea en la escuela o en el trabajo, falta de atención.

La Televisión también contribuye. Es toda una tradición tener la caja tonta en las recámaras, porque muchos acostumbran verla antes de dormir o, incluso, hacerlo con ella prendida. La luz de las pantallas tienen muy excitadas las pupilas, por lo cual es muy difícil conciliar el sueño con nuestros sentidos (a un nivel) alterados.

Por eso se recomienda que, antes de dormir, se haga una actividad relajante, leer, meditar, tomar un baño o cualquier cosa que a uno lo tranquilice. Habrá quien argumente que lo relaja ver TV, lo cual encuentro difícil de creer con las noticias, novelas y demás programas violentos o morbosos.

Odio desvelarme por esa especie de cruda por descansar poco, algo desagradable y profundo, sobre todo porque mi cuerpo es100% diurno (es casi imposible que duerma de día), mi organismo encuentra antinatural pernoctar con sol y vivir en la oscuridad ¿Por qué a la gente moderna le gusta desvelarse? ¿Por qué no se pueden divertir de día?

Cuando llego a organizar alguna reunión, la programo en la comida para que a la hora de la cena ya esté tranquilo, porque todos se fueron en paz, y a buena hora, a sus casas; así puedo dormir temprano y, además, me habré divertido bastante. Pero pareciera, que en este caótico y movido mundo, es un pecado dormir antes de 12AM.

En el ensayo en el que analizo el primer lugar mundial en obesidad de México, toque brevemente el punto de la falta de sueño. Además de los malos hábitos alimenticios y la escasa cultura física, el hecho de dormir poco también contribuye.

Como voy a explicar más adelante, además de descansar, el cuerpo recibe mantenimiento mientras dormimos. Si el tiempo de regeneración es poco, no estamos en condiciones corporales óptimas, lo cual no deja débiles.

Al no haber regenerado energías, el cuerpo requiere compensarla de algún lado, por lo que buscamos calorías adicionales pero, a diferencia del ejercicio, éstas sólo se consumen por algo de glucosa para que medio funcionemos, no para quemarlas con actividad física extraordinaria, así que se tiende a engordar con escasas horas de sueño.

            En otra ocasión, me estaba preparando para dormir cuando, a lo lejos, escuche sirenas. Tal vez de policía, de ambulancia o de bomberos, en realidad no me importaba el origen del sonido, sólo sabía que me hacía más confortable meterme a la cama. Encuentro irracional que haya tanta gente divirtiéndose por la noche, y no me refiero a los eventos sociales grandes, sino a todos los que “a fuerzas” deben salir cada fin de semana de antro. Prefiero ser alguien aburrido y dormirme temprano que ser el motivo de esas sirenas que escucho antes de dormir.

Soy alguien extraño en este país, por lo menos en esta ciudad, en donde a la mayoría les gusta irse a la cama hasta muy tarde. Cada vez se duerme menos o, por lo menos, ya no se hace tan temprano como se solía tan solo un par de décadas atrás.

Ahí extraño mi semana en Alemania, un país ñoño en donde casi todos se van a la cama temprano en días laborables o, aunque no son mis favoritos, podría anhelar la vida en los pueblecillos, en donde la mayoría son diurnos y saben la valía de dormir a buena hora.

Los pueblos pequeños, tan distantes de las grandes ciudades, tienen ritmos más sencillos y tranquilos, por lo que no tienen que quemar ese exceso de energía hasta entrada la noche. Misma tranquilidad les deja valorar una buena sesión de descanso para iniciar el día lleno de energía y alargarlo desde la mañana, no en la noche.

El cuerpo necesita de mantenimiento. Alguna vez vi un documental donde explicaban los procesos internos que se realizan mientras dormimos, idealmente de 10pm a 6am (casualmente mi horario para pernoctar). Es obvio que si no se duerme lo que requiere el cuerpo, los procesos de mantenimiento no son tan eficientes, al no realizarse como deberían.

Hace unos meses fui a ver “Veintidós Veintidós” de Odín Dupeyrón, y me sorprendió la cantidad de muchachitas que (por la vestimenta, facciones y corporalidad) debían rondar entre los 18 y 22 años, con unas líneas de expresión MUY marcadas, mismas que se deberían notar en la segunda mitad de sus treintas, y no al inicio de sus veintes. Es muy triste ver lo que resulta el dormir poco y el maquillarse mucho.

El dormir temprano favorece mucho a mi esencia tranquila. No me gustan los lugares “bonitos”, “nice” o de moda, honestamente me purgan bastante. Relaciono los mismos con gente falsa, lo cual no quiere decir que TODOS los que asisten a ellos lo sean pero, ciertamente, en esos lugares pulula la gente hueca, por el imán de “popularidad” que representan.

Podré ser descalificado, pero prefiero los lugares más tranquilos, sencillos o de bajo perfil y, de preferencia, diurnos, que un lugar de moda. Literalmente, no me quita el sueño asistir a sitios populares, de hecho me siento bastante incómodo cuando no puedo zafarme de ir a alguno.

¿Cómo es que alguien ñoño y diurno puede autonombrarse salsero? Para empezar no estoy tan inmiscuido en el mundo de la Salsa, por lo menos no con la pasión y compromiso de los primeros cuatro años. Mis amigos del medio siempre lo tuvieron claro al ver que casi no salía con ellos; iba más a las fiestas de Rumba Mía que a algún antrillo salsero de moda.

Me considero un salsero de clase, y no porque baile con mucha elegancia, sino porque me gusta bailar EN la clase, nunca en los Antros. A los dos congresos de Salsa a los cuales asistí, aprovechaba el tiempo de las presentaciones coreográficas para descansar, porque no me interesaban en lo absoluto. Así bajaba fresco y descansado a la hora del bailongo y no me ponía de malas por la desvelada. En dichos congresos, me divertía más en los talleres, el relajo y el ambiente de hermandad en sí, las desveladas nunca fueron mi hit. Soy en ejemplo vivo de que se puede disfrutar del baile sin tener que ser tan reventado o ser afín a la vida nocturna.

Otra cosa por la cual evito los antros “nice” son los borrachos. Esto afecta mi sociabilidad y es que ODIO  a los ebrios, como voy a plasmarlo a más detalle en otro escrito. En la noche y en los lugares “bonitos” abundan los alcohólicos así que, para asegurar mi paz, los evito a toda costa.

El que se duerma tan poco en la actualidad, es producto de un mundo diseñado para distraernos: muchas luces y muchos ruidos enemigos del descanso, como si el dormir fuese una pérdida de tiempo, un pecado, algo aburrido o malo. Hemos desvalorado mucho el tiempo tan importante que significa descansar con calidad y en cantidad necesaria.

Para mis estándares, he dormido poco en este año; ocho horas seguidas se han vuelto un auténtico lujo para mí. Lo llego a lograr pero sólo son en un par de ocasiones por semana, cuando antes era la norma. Hay muchas razones: ataques de insomnio, pinches vecinos locos que están despiertos hasta las 2 ó 3 AM con la TV encendida y haciendo todo tipo de escándalo (los muy hijos de la chingada). El Twitter y el Facebook también son ladrones de tiempo, mismos que me dilatan la pupilas y hacen que me cueste trabajo conciliar el sueño. Los juegos de mi PC son letales, por más que intento desinstalarlos, no más no encuentro cómo.

Pero no todo es malo, muchos de mis ataques de insomnio se deben a que estoy enamorado, por lo que me pongo a escribir en la madrugada ensayos que no pueden esperar hasta al otro día. Además me encantan las pláticas a medianoche o salir a bailar con ella, ahí doy con gusto todas las horas de sueño posible, porque la felicidad que me regala me basta y sobra para desenvolverme en el día, a pesar de la falta de sueño.

Muchos podrían tomar esto para descalificar todo lo escrito pero ¿Acaso todos los que se desvelan están enamorados? Honestamente lo dudo. Muchos ya lo hacen por estilo de vida, en mi caso es por un motivo superior. Por amor se ha ido modificando mi reloj biológico.

Las veces que he despertado en lugares con poca “civilización”, como Jalcomulco o Varadero, son recuerdos muy gratos. Que en la cama te arrulle el sonido de los insectos, el croar de las ranas o el canto de los grillos es algo totalmente relajante. Al despertar es lo mismo, el canto de las aves y el despertar de los insectos es una forma maravillosa de recibir un nuevo día. Todo esto sin los ruidos de la artificial civilización, así te levantas sin estrés que causa el escándalo humano, sino con el sonido limpio y orgánico de la naturaleza.

El dormir, bien y suficiente, es parte de una calidad de vida, tal vez muchos no lo entiendan así, pero para mí es algo importante. No sé si vaya a volver a dormir ocho horas de manera constante, aunque si es el precio de estar junto a mi amada, dormiré menos con gusto lo que me reste de vida.

Creo que ya casi nadie duerme un tercio de su vida, ya han de andar en porcentajes de un 28% e inclusive un 25% debido al ritmo vital actual. ¿Eso está bien? Ellos argumentan que sí porque “van a dormir mucho el día que mueran” creo que para entonces ya no va a importar.

Sé que no seré popular por esto pero, en ocasiones, llego a decirme a mí mismo al meterme entre las cobijas: “Cómo deseo dormir profundamente y no despertar jamás. Adentrarme en el mundo onírico y soñar sin cesar, arrullado en los brazos de Morfeo”. Sé que, si eso fuese posible, uno acabaría muerto en un par de días pero ¿Imagínense lo maravilloso que ha de ser morir dormido? Uno rara vez puede elegir cómo fenecer, ojala que cuando me llegue la hora sea mientras estoy sumergido en los sueños. Tal vez por ello lo estoy decretando cada vez que digo “Quiero dormir y no despertar jamás”.


Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 14 de julio de 2013

Un país de gordos

            Estábamos Hans, el Chaparro y yo platicando en la oficina, contándonos algunos chistes de gordos. De pronto Hans nos interrumpió y no pregunto a ambos: “¿Acaso ustedes fueron gordos?” A lo que contestamos afirmativamente, y es que nos hizo ver que nos reíamos con una intensidad inusitada.

            Me hice consciente que si gran parte de tu vida fuiste gordo, el sobrepeso siempre va a ser un tema relevante para tu vida. El tema de mi gordura ya lo trate en un escrito anterior pero esta semana me enteré de algo que me puso un poco triste: México ha sobrepasado a los Estados Unidos como el primer lugar en obesidad general (ya lo éramos en obesidad infantil).

            Y vamos, no es que haya tanta diferencia entre ser primero y segundo lugar en un ranking tan nefasto, pero siempre hay cambios de números que a uno le impactan. Por ejemplo, el día que rebasamos los siete mil millones de homínidos en el planeta, también me sentí un poco deprimido.

            Hay quien argumenta que desbancamos a los gabachos porque Michelle Obama ha promovido el que se coma saludablemente pero las cifras indican que nuestros vecinos del norte no han bajado de peso, sino que nosotros hemos subido. El 70% de la población mexicana tiene sobrepeso y casi el 33% están obesos (Estados Unidos casi alcanza el 32%). Recién leí que cuando nací (1976) el porcentaje de población mexicana con obesidad sólo era del 16%.

            Personalmente, y me siento orgulloso de decirlo, es la primera vez que no estoy en dicha estadística ya que, datos certificados de mi nutrióloga, por segunda vez en mi vida estoy en mi peso, algo que me tiene muy feliz (no en vano baje 10 kilos en tres meses). Pero dejando mi logro aparte, me gustaría analizar el por qué estamos en el primer mundial de obesidad, ya que esto no ha sido gratuito.

            Antes de comenzar, quiero aclarar: NO soy un experto ni investigador, sólo voy a escribir de lo que he visto, leído, oído y vivido en mis 36 años en este país. Esto es un ensayo, no pretende ser un estudio o una tesina. Sólo es mi opinión sobre los hechos que han originado este problema. ¡Ah! Y otra aclaración, perdón que generalice pero al ser el 70% de la población con sobrepeso, es más fácil hablar por la mayoría.

            Coca Cola

            Empecemos por lo obvio. Se dice que en cualquier poblado de México uno siempre va a encontrar al PRI, a la Iglesia Católica, a Televisa y a Coca Cola. Somos el primer consumidor per cápita de Coca Cola en el Mundo. A estas alturas voy a obviar todas las consecuencias negativas que tiene el beber ese veneno negro, sólo quiero recalcar la alta cantidad de azúcar que la bebida conlleva.

            Por fortuna, mi madre nos acostumbró al agua de fruta, así que los Refrescos no figuran en mi dieta normal. Obviamente hay ocasiones en donde no hay nada más que tomar, así que el refresco es obligatorio. El problema es que mi caso es sui géneris, ya que la mayoría de las mesas mexicanas siempre tiene su Coca cola familiar a la hora de la comida (e incluso a la hora del desayuno y la cena). El consumo de la bebida negra afecta proporcionalmente al bajo consumo de agua simple.

            Son pocos los mexicanos que consumen agua simple, a mí me cuesta trabajo, no se me inculcó desde pequeño, así que me he ido obligando con los años. El agua simple ayuda a mantener el organismo en buenas condiciones, incluida la digestión e hidratación.

            La Coca Cola, dentro de sus tantos efectos nocivos, produce adicción por tanta azúcar, así que entre más tomas, más la necesitas. Cabe señalar que no hidrata igual, así que el individuo tiende a estar sediento. El problema es que la sed se llega a confundir con el hambre. Traducción: ingerir Coca Cola también promueve la voracidad.

            Escasa Cultura Deportiva

            En otro ensayo comenté que ya no me interesaba ver los Juegos Olímpicos, sin embargo llegue a escuchar los resultados del medallero de Londres 2012 y me llamó la atención algo que voy a ejemplificar.

            México quedó en el lugar 39 con siete medallas: una de oro, tres de plata y tres de bronce. Voy a tomar del lugar 34 al lugar 45 para hacer mi comparación:

Pais                 Medallas         Población        Habitantes por medalla
Noruega          4                      5,033,675        1,258,419
Canadá           18                    33,476,688      1,859,816
Suecia             8                      9,514,406        1,189,301
Colombia        8                      47,121,089      5,890,136
Georgia           7                      4,594,000        656,286
México            7                      118,419,000    16,917,000
Irlanda             5                      4,581,269        916,254
Argentina        4                      40,117,096      10,029,274
Eslovenia        4                      2,047,000        511,750
Serbia              4                      8,958,538        2,239,635
Túnez              3                      10,175,014      3,391,672

            Como pueden ver la diferencia de medallas per cápita es simplemente ridícula entre México y los países que quedaron cerca en el medallero (y eso que estos Juegos fueron muy buenos para la delegación azteca). Obviamente si metemos a las potencias sería más humillante, pero me llama la atención que países en condiciones precarias (que no incluí), como Cuba o Corea del Norte, nos superan ampliamente, tanto en medallas individuales como en per cápita.


            La cultura física mexicana es casi nula, y eso ha sido desde siempre, pero se ha ido agravando con el paso de los años. El mexicano no hace deportes, le encanta verlos, analizarlos, ir a gritar al estadio, comprar el periódico y chutarse toda la sección de deportes, hipotecar su casa para largarse al mundial, ir a gritar al Ángel de la Independencia y decir orgullosamente “Ganamos” cada vez que el Tricolor gana contra algún mediocre equipo de Concacaf.

            La disciplina es algo que no le va al mexicano, no sabe esperar por un bien mayor a largo plazo, siempre toma la satisfacción inmediata, sin importar que sea ínfima a comparación de los resultados a largo plazo.

            Tomemos por ejemplo su bendito Fútbol soccer. Sin duda alguna es el deporte más popular en México (para nuestra desgracia). Muchas personas forman parte de ligas amateurs. Dejando a un lado el nivel de juego (que sobra decir que es menos que mediocre), enfoquemos al finalizar el partido. Acabando el mismo, sin importar el resultado, el equipo va a echarse unas buenas memelas acompañados por unas chelas.


Suponiendo que hayan quemado unas 600 calorías en el juego, ya las recuperaron (y hasta de más) con este “desayuno deportivo”. Eso sin contar la botana y cervezas que se van a echar cuando vean por la tarde el partido del América o de las Chivas. Pero eso sí, según ellos, son bien deportistas.

Pero vamos a tomar un deporte menos popular: la natación.

Procuro ir a nadar un par de veces por semana, según lo permita el clima porque lo hago al aire libre. Somos pocos los que vamos realmente a nadar de manera seria (sin tener que ser profesionales). Hay mucha gente que va a la alberca a jugar, a chacotear, a socializar o, según ellos, a ejercitarse. Alguna vez, mientras salía del agua, escuchaba a unos muchachos decir “¡No manches! Ahora sí me cansé, ¿Qué onda? ¿Vamos a echarnos unos tacos?”

Lo que más me sorprendió es que dicho grupito sólo se la pasó jugando y platicando en la alberca, y no precisamente se ejercitaron. Es verdad que estar en el agua cansa, pero es distinto cansarse que ejercitarse.

Ahora, mismo escenario, distintos protagonistas. En la empresa tenemos muchos practicantes alemanes, algunos de los cuales también van a la misma alberca. La diferencia es abismal. Para empezar, los teutones van a lo que van y se ponen a nadar de manera seria y, lo que más me sorprende es su técnica. No sé cómo le hacen pero, con una excepción, todos los que he visto nadar lo hacen de una manera fenomenal, con una técnica muy limpia y una potencia envidiable. Ahí es donde uno ve la diferencia de culturas deportivas entre un país avanzado y otro que no lo está.

Pantallas asesinas

            En México en promedio se ven cuatro horas de TV al día y se lee MEDIO libro al año (ni siquiera uno). Los expertos dicen que los niños no deberían pasar más de dos horas frente a la pantalla pero, como siempre, aquí la realidad es distinta.

            El problema de la TV ya venía desde mi niñez pero no veía tanta porque no había cable, así que salía a jugar con mis amiguitos. En la actualidad las distracciones se han incrementado.

            Ya no sólo es la TV, ahora están lo Vídeo juegos, el Internet, las Tabletas y los Smartphones. Con tantas distracciones los niños ya no tienen tiempo ni deseos de salir a jugar, ya no digamos para hacer su tarea.

            Pero no es el simple hecho de ver la TV, es comer frente a ella, y no sólo a la hora de la comida, sino andar botaneando para disfrutar más de los programas de “Telerisa” y “TV Olmeca”. Sin cultura física, idiotizados por pantallas y, para colmo, sin niveles de lectura, es obvio que estemos como estamos.

            Malos hábitos alimenticios

            Hay un dicho que reza “Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo”. No sé de dónde sea este dicho pero, definitivamente, no es mexicano, porque es totalmente contrario a lo que se hace en la actualidad.

            Nuevamente debo agradecer a la educación de mi madre, ya que nunca salíamos de la casa sin desayunar, quisiéramos o no, porque ella sabía que es la comida más importante del día.

            La gran mayoría en la oficina llega sin desayunar. Esto ocasiona un problema, porque el desayuno es importante por ser la primera comida del día, el cuerpo necesita combustible para funcionar. Si el cuerpo no recibe alimento, de inmediato baja el consumo de energía, por lo que se reduce la quema de calorías y se alenta el metabolismo en espera de que llegue el preciado alimento.

            No sólo es el no desayunar a tiempo, además de que hacen esperar al organismo, luego le zampan una torta de tamal con un champurrado, por lo que pasamos de la miseria a la abundancia. Súbitamente el estómago recibe una cantidad ingente de calorías que no es fácil de digerir, así que sigue sin funcionar de manera óptima.

            Además, al estar tan ávido de combustible, si lo primero que recibe es grasa y carbohidratos, es obvio que eso será lo primero que absorba, lo cual no ayuda al sobrepeso acumulado.

            Inclusive hay quien no desayuna propiamente, ya que se la pasan botaneando toda la mañana, o se compran un café con galletas para llegar a la hora de la comida “para, ahora sí, comer bien”.

            Pero no sólo es el desayuno, saltémonos la hora de la comida para llegar a la cena. Producto de un día de trabajo, más una mala alimentación, al llegar la noche el mexicano tiene mucha hambre, así que no le vengan con jaladas de comer verdura o atún, ya que lo único que quiere es algo sustancioso, algo que tenga carne y/o harinas (si vienen juntos, ¡mejor!). Así que los puestos de cemitas, tortas, hamburguesas, tacos, pizzas, quesadillas, memelas y demás delicias pululan en las noches ¿Por qué? Porque es la hora en que más clientela hay.


            El problema de cenar pesado es que no le damos tiempo al estómago para que procese todo el alimento. Por lo mismo, al ir a la cama, hay mucho bolo alimenticio que no va  a ser desintegrado de manera correcta, mismo que se acumulara en las llantitas del abdomen o en las chaparreras de los muslos. Y esto va conectado con el problema del desayuno, como se cenó pesado, no hay tanta necesidad de alimento al despertar . . . . y el ciclo se prolonga un día más.

            Inclusive la desinformación afecta bastante. He conocido a muchos que creen que cenar fruta es muy saludable, pero no saben que es casi tan nocivo como echarse unos tacos. La fruta tiene una azúcar llamada fructuosa, misma que es una excelente fuente de energía. Por ello, la hora ideal para consumirla es antes de mediodía. Si uno la cena, esa fructuosa se va a quedar en el organismo, ya que no hay actividad suficiente para que sea quemada, lo cual ocasiona que se incremente la grasa. Uno debe cenar verduras, no fruta.

            Dormir poco

            Además de los problemas del peso, México es uno de los países con más trastornos del sueño a nivel mundial. Aproximadamente el 33% de la población sufre alguno de los padecimientos que le impiden dormir bien. En un escrito próximo voy a tratar este tema, así que no me voy a prolongar mucho.

El dormir poco es producto de cenar pesado y estresarse por ver TV. Al no descansar lo que debe, el cuerpo se torna débil. Al no haber repuesto las fuerzas, exige recuperarlas a como dé lugar, o sea, nos da hambre y comemos para compensar la falta de energía, pero ingiriendo más carga calórica de la que requiere el organismo realmente.

            La Comida

            Mi practicante alemán dice que nuestra comida es grasosa, y tiene razón, pero ése no es el principal motivo del sobrepeso. La cocina mexicana ya era grasosa desde sus inicios, y no habíamos sufrido tanto sobrepeso. De hecho se ha ido haciendo menos grasienta con el tiempo. Antes se freía todo con manteca de cerdo (una delicia brutalmente engordante) y ahora cada vez se utiliza menos.

            El problema que tenemos fue la invasión de la comida rápida de nuestros vecinos del norte. Por un lado tenemos opciones rápidas en su preparación y en su consumo y, por el otro, con “alimentos” que engordan más que la cocina mexicana. O sea, comemos más rápido, lo cual nos permite comer más y con mayor carga calórica (traducción: estamos jodidos por todos lados).

            Paulatinamente dejamos de consumir arroz, frijoles y maíz para que vaya creciendo el consumo de otros productos, por ejemplo, las sopas de vasito (Maruchan, Nissin y demás). No tengo los datos a la mano, pero no me extrañaría que México fuera de los principales consumidores de estas sopitas en el mundo, mismas que no aportan nada más que calorías extras y casi ningún nutriente.

            Pero no sólo son las sopas instantáneas, son los hot dogs, las hamburguesas, las pizzas, las donas y demás. Obviamente los tacos, las memelas, las cemitas, los tamales, las quesadillas y el pan de dulce tampoco son muy “light” que digamos pero, casualmente, fue con la entrada de productos gabachos que empezó el engorde masivo de la población.

            Comer por angustia

            Desde hace cinco años deje de ver o escuchar noticias, y mi calidad de vida se ha incrementado notoriamente. Antes temía por mi estabilidad económica, la estabilidad financiera o social del país, que nos estamos acabando al mundo y que si la selección iba a no a calificar al mundial (que parece que ahora sí van a faltar). En cambio prefiero ocuparme de lo que está a mi alcance en lugar de preocuparme por lo que no lo está.

            ¿Por qué menciono esto? Porque al mexicano le encanta ver los Noticieros, las telenovelas, el Fútbol, los programas de concursos, los vídeos más morbosos, las películas más violentas y todo programa que traiga una pizca de sufrimiento.

            Si aunamos a que el mexicano ve la TV comiendo, y la angustia nos induce a tragar más, no es de extrañar que en un país con corrupción, narcotráfico, contaminación, manifestaciones, robos, extorsiones, deporte mediocre, desempleo y demás, uno acabe comiendo de más frente a la pantalla.

            Salidas Fáciles

            El mexicano, por lo general, carece de disciplina, por eso vive endeudado, por la falta de planeación, por eso hace las cosas al último momento, por eso es informal y llega tarde además de no entregar los trabajos a tiempo.


            Esa falta de respeto no es sólo hacia el prójimo, sino hacia sí mismo. TODOS sabemos que el camino para mantenerse en forma es una alimentación balanceada y actividad física, pero muy pocos lo llevamos a cabo (aunque en realidad, yo también odio llevar una dieta).

            Pero, fiel a su costumbre, el mexicano quiere una salida fácil, así que adquiere todo tipo de chingaderas y pseudomedicinas para bajar de peso. Sólo basta poner un comercial en TV que te muestre a un tipo que perdió 8 kilos en dos meses y de inmediato compraras la basura que te estén vendiendo.

            Muchas de ellas, en el caso de los pseudomedicamentos, pueden dar resultado al inicio, pero el cuerpo se acaba acostumbrando a la sustancia y llega el religioso rebote, incluso recuperando más de lo que se había perdido.

            Hay otras máquinas para ejercitarse que puede que funcionen pero, debido a la falta de cultura física ya comentada, dichos aparatos se quedan acumulando polvo o de toalleros.

            Ahora, que si eres de la “High Society”, te puedes pagar una liposucción o un engrapado de estómago pero, con lo honrados que son muchos doctores, uno se acaba enterando de lo mal que quedan los artistas que han contratado dichas operaciones.

            Creencias y Aspectos culturales

            Como la mayoría de la población está en sobrepeso, y el mexicano se burla de sus desgracias, abundan los chistes a favor y en contra de los gorditos. Personalmente no me preocupa que haya chistes que se mofen de la obesidad ¿pero que haya los que la defiendan? Eso me parece deplorable.


            Esos chistes son reflejo de personas que opinan “Gordito pero feliz” “Esta llantita es la muestra de mi felicidad y abundancia” “Para que tengas carne de dónde agarrar” y demás comentarios para justificar, e incluso celebrar, su obesidad.

            Pero no se conforman con justificar su gordura, también critican a los que están en forma al decir “pinches anoréxicas” o, en el caso de los hombres, “Son gays”. No estoy defendiendo al otro lado del espectro, porque encuentro igual de repulsivo ser obeso que ser anoréxico, lo que me ofende es esa justificación de que si estoy gordito, está mal que tú estés en forma.

            Para seguir con el tema cultural, el mexicano socializa mientras come (o bebe), así sea fuera de sus horas de comida. De hecho un compañero de recién ingreso en el área un día que quejó porque había subido de peso y me dijo, con algo de frustración, “¡No manches! Parece que nos pagan por comer!” Y es que ciertamente aprovechamos cualquier ocasión para tragar pastel, tamales, tortas, pizza, donas y lo que se nos antoje.

            Conclusiones

            México es el país de las ironías por excelencia. Somos el país con población más obesa y, al mismo tiempo, somos uno de los que mayor desnutrición infantil presenta. Por “fortuna” la misma ha disminuido del 54% en los años 70 a un 25% en la actualidad. Aún así resulta indignante que seamos tan obesos y, al mismo tiempo, padezcamos de desnutrición. Sólo en México.

            Ciertamente este escrito no va a cambiar nada, sólo quería comentar un hecho que me indignó. Pero veo algo de luz al final del túnel; desde mi muy particular punto de vista, no podemos caer más bajo ¿Por qué? Por la generación “Y” (la que viene atrás de la mía (la “X”).

            No es que dicha generación sea más sensata, ¡para nada!, pero sí son más vanidosos. Así que, por una cuestión estética, es factible que acabemos aminorando un problema de salud. Y no los voy a criticar, porque baje de peso por las mismas razones.


            Tal vez se lea el texto como que estoy juzgando, y tendrán razón, pero me mordí la lengua en algunos párrafos, porque a lo largo de mi vida he incurrido en muchas de esas prácticas, sólo que he ido reeducándome con el tiempo, tal vez no en todo, pero sí en algo. Depende de cada persona que quiera adelgazar lograrlo, y no esperar que el gobierno nos ponga un programa para hacerlo.

            Si llegaron hasta este párrafo, los felicito, son ustedes lectores muy pacientes. Ahora, si me disculpan, tengo que ver dónde deje mis “Fatburners” ¬_¬U


            Hebert Gutiérrez Morales.