domingo, 30 de junio de 2013

Me quedo (Venciendo a la necedad)

            Mañana era el día. Había marcado este Lunes para entregar mis escritos de despedida e iniciar una nueva etapa en mi vida, dejando a la mujer que amo atrás. Pero, como se pueden imaginar por el título del escrito, no va a ser así.

            ¿Qué fue lo que pasó? Bueno, algo determinante fue lo de la invitación al helado que nunca llego, pero el saber que tenía la intención (y que me lo expresó con público presente) fue algo que empezó a destrozar mi necedad. ¿De dónde vino eso que me dijo con una hermosa sonrisa en los labios? Ese hecho se me clavó en la cabeza y no me lo pude sacar.

Hasta donde tenía entendido ella había sido algo ruda conmigo la última vez que la había dejado en su casa. Pero, al parecer, en verdad se sentía cansada y molesta, así que no debí tomar su reacción como determinante. Además debo recordar que a las mujeres no se les debe intentar comprender, sólo hay que quererlas.

            Aunado a ello, hace justo una semana, vi la maravillosa película llamada “My name is Khan” y ahí valió madres mi determinación. Ya comente con lujo de detalles dicha filmación y lo que me hizo sentir, así que sólo voy a agregar que entiendo por qué mi terapeuta insistió tanto en que la viera.

            En la sesión de dicho Lunes, Ana me decía que estaba algo triste por mi decisión de dejar atrás a la mujer que amo. Sé que no fue muy profesional el que me lo dijera, pero sé que me lo dijo como amiga, y me sentí muy conmovido por la autenticidad de su sentimiento, tal vez por ello accedí a ver la película.

            El pasado Martes llegue temprano a clase y, para mi fortuna, mi amada ya había llegado, así que nos pusimos a charlar mientras llegaban los demás. Amo platicar con ella, me siento tan bien estando a su lado que me alegro de haber tomado la decisión de quedarme.

            Después de algunas semanas de alejamiento, le ofrecí llevarla a casa y aceptó con una sonrisa ¿Sabrá que cada vez que me sonríe me da un regalo invaluable? Y así emprendimos el camino.

            ¡Cómo extrañaba llevarla a casa! En verdad me alegró la noche, a pesar de que había dormido poco el día anterior, en ningún momento sentí el cansancio. Fiel a nuestra costumbre, nos quedamos platicando frente a su casa pasada la media noche, y nos seguiríamos hasta el amanecer de no ser que su mamá nos interrumpe con una llamada o un mensaje de texto.

            Así que ahí lo tienen, pareciera que todo ha vuelto a la “normalidad”, pero no estoy dispuesto en convertirme en una versión tropicalizada de Kemal Basmaci, porque algo ha cambiado en mi interior.

            Este espacio que me tome fue como si en realidad me hubiese ido y ahora estoy reiniciando. La diferencia es que el sufrimiento y la angustia han desaparecido, ahora me siento tranquilo estando a su lado. Ya no siento esa necesidad imperiosa de verla a fuerzas ni lo más seguido posible. Si no la veo en una semana, está bien, si no tenemos contacto en Facebook, también está bien (aunque apenas hoy me regaló un “Like” después de un mes de no hacerlo). Ya no voy a forzar nada, lo que tenga que pasar, que pase.

            Tal vez suene feo, pero pareciera que se murió el enamoramiento para dejar paso a un amor más tranquilo, ese mismo que puedo mantener vedado. Sé que la amo, sé que no hay mujer que me guste más que ella y su mirada, sonrisa y voz me siguen fascinando como lo hicieron desde el primer día. Lo único que cambió fue la angustia que sentía constantemente al ver que no reaccionaba como yo quería, y me alegro de haber dejado ese lastre atrás.

            Me dí cuenta que daba igual que me fuera a que me quedara de una forma más tranquila pero, con una ventaja: quedándome ahora sí puedo cultivar de manera más serena una relación de amistad. Es como si hubiese caído en una especie de amnesia, sólo que en lugar de perder la memoria, se me escondió la intensidad de sentimientos, en espera del momento adecuado para mostrarse, teniendo en claro que dicha oportunidad no debe ser precipitada como las anteriores.

Creo que ya le voy agarrando la onda a su espacio, a su tiempo y a su estilo. No sé si al final sólo voy a ser su amigo o voy a terminar siendo su pareja. Tampoco sé si esto va a terminar a la semana o voy a verla el resto de mis amaneceres. Algo que he aprendido en estos días en los que me aleje, es que puedo vivir día a día.

            Ya no tengo miedo, ni a ella ni a no tenerla a mi lado. He comprendido que la vida sigue su curso, pero mi prioridad es que siga su curso al lado de ella, pero no a la fuerza. Creo que eso se lo debo de agradecer: ha extirpado el miedo en mí.

            Mientras no tenga novio o que me entere que alguien más le gusta, no pierdo nada estando a su lado, ya no puedo perder nada, sólo puedo ganar ¿qué? No lo sé, tal vez una amistad, tal vez un amor para toda la vida o tal vez algo distinto que no me vaya a agradar. El caso es que por primera vez, en meses, me siento tranquilo sin tener la idea en la cabeza de alejarme.

            Todo, absolutamente, todo lo que he escrito ha acontecido en mi interior, ella sólo ha visto un pequeño fragmento de lo que siento, pero ni se imagina toda la intensidad que provocó en mi interior con el simple hecho de existir.

            Ahora voy a abrir una nueva carpeta en mis archivos, una que se va a llamar “Ensayos nonatos” y es que ya son tres los que había escrito y que se van a quedar ahí, en espera de que un día sean leídos recordando estos días de incertidumbre y de cambios de decisión. ¿Por quién van a ser leídos? Obviamente por mí, sólo espero que no sea a solas.

            Tal vez ya es hora de escribir menos y actuar más, pero de manera inteligente. En verdad me encantaría que este fuese el último escrito de la serie “Na.Ni.” porque no quiero que el blog siga siendo una especie de novela “on line”. Obviamente cuando me acontezca algo importante debo escribir sobre ello, así que está por verse si vuelvo a redactar o no sobre este tema. Tengo la intención de dedicar menos energía a los escritos sobre ella y mejor dedicarla a que el asunto avance, aunque sea de a poco, pero que avance.

            De alguna manera, toda la fuerza que recupere al mentalizarme con mi partida, me ha ayudado horrores. Ahora tengo una postura más digna, más fuerte y más independiente. Al intentar despedirme auténticamente, de alguna manera deje atrás la etapa de enamoramiento solitario, porque queda pendiente el enamoramiento que voy a experimentar cuando seamos pareja.

            He llegado a la conclusión que para estar a su lado, de manera irónica, no debo dedicarle una atención excesiva, no debo hostigarla ni asustarla. Dicen que el amor es como una mariposa, entre más intentas atraparla, más se aleja, pero que si te mantienes sereno, ella misma se acaba posando en tu hombro. Debo seguir con mi vida de manera normal, aprovechando las oportunidades que tenga para posicionarme con tiempo de calidad. Al alejarme es más factible que pueda acercarme.

            Honestamente, no sé qué tan buena idea sea el quedarme en lugar de despedirme, eso sólo lo dirá el paso del tiempo. Pero de algo estoy seguro, sin importar las circunstancias, soy muy feliz cuando la veo, y toda la felicidad que ella me regale durante el tiempo que dure, siempre la apreciaré en el fondo de mi corazón.

            Ahora, tenemos un helado pendiente. ;-)


            Hebert Gutiérrez Morales.

My name is Khan

            Honestamente, no la quería ver. Ana, mi terapeuta, había insistido en que lo hiciera, pero ya sabía que algo importante debía haber para tanto interés en que viviera (porque es toda una experiencia) dicha película.

            No quería verla porque ya había tomado una determinación respecto a mi situación sentimental, y no quería cambiarla algo que, tras el filme, efectivamente pasó. Tampoco me apetecía verla por ser una película de Bollywood, o sea, de la India y, lo acepto, ni la India ni China no son mis culturas favoritas, de hecho las considero más sucias y corruptas que México. Cuando deje el consultorio le dije a Angie, asistente de Ana: “Tendré que superar mis prejuicios raciales para verla, así que lo hago bajo protesta”

            ¡Pero qué estúpido me sentí de haber dicho eso! Conforme avanzaba la película más avergonzado me sentía, por todas las bofetadas con guante blanco que recibí. Y aprendí que hay una parte de mi persona que debo limpiar.

Ya me había comentado mi amigo Beto, que está por finalizar una estancia de dos años en la India, que las filmaciones de Bollywood son muy cándidas, con bailes, risas, héroes y finales felices. ¿Qué tienen de malo los finales felices? Absolutamente nada, sobre todo cuando es una obra que también muestra el lado oscuro de la humanidad, sin tratar de vendernos una situación ideal con gente irreal. Se muestra al mundo tal cual es y, a pesar de ello, se puede lograr una historia que vale mucho la pena.

Como siempre que hago con películas, la voy a comentar con lujo de detalle, así que la invito a verla antes de leer el presente escrito. El DVD está a la venta en MixUp por $144 mexican pesos y, supongo, también debería estar a la renta en Blockbuster. Así que, bajo advertencia no hay engaño: SPOILER ALERT!

            Es triste que Rizwan Khan (nuestro protagonista) sea alguien extraño, independientemente del síndrome de Asperger: un ser que dice la verdad siempre, mismo que está desadaptado a un mundo que vive de las mentiras o las apariencias. El que lo cateen en el aeropuerto de San Francisco, de manera injusta, hace que pierda su avión; desde ahí te das cuenta de la personalidad tan limpia de este hombre tan extraño. Cuando les recita a los de seguridad lo que le va a decir al presidente, uno se queda frío.

            Cuando empieza a escribir su diario, menciona que su síndrome le dificulta expresarse de manera hablada, pero sí lo puede hacer de manera escrita. Me sentí identificado y, por lo mismo, conmovido porque todo lo que expreso en texto se me dificulta hacerlo en vivo al mismo nivel de intimidad.

            La intolerancia es universal en la humanidad, por lo que no se limita a un grupo en particular, el propio Khan vivió mucha discriminación en su propio país, mucho bullying en su escuela, todo debido a ser el niño “raro”

            Aunque no sabían que le pasaba a su hijo, la mamá de Khan siempre supo cómo tratarlo: con el lenguaje del amor y la paciencia, idioma universal que siempre ayuda aunque no se sepa el problema que se está tratando. Esa misma lección de amor se la transmitió al anular prejuicios de que alguien es bueno o malo por tener alguna característica. Una lección que lo acompañó el resto de su vida.

            Pero la señora Khan no era perfecta. A veces, cuando se tiene a alguien con un handicap, lo normal es darle una atención mayor, así pasó con la mamá de Razwir (nuestro protagonista), lo cual afectó a Zakir (su hermano menor), acción que fracturó la relación del pequeño con su madre y hermano. Los padres deben recordar que, sin importar las diferencias de los hijos, hay que darles un trato de igualdad, y ahí recuerdo la actitud que mi madre tenía hacia nosotros y la valoro por ello.

            A pesar de sus limitaciones, es maravilloso cómo la honestidad de Khan acabó enamorando a Mandira, todo el proceso de cortejo es muy tierno, con las platicas, las salidas y demás. En especial me gustó cuando él explica el proceso de enamoramiento y de cómo, al escuchar su risa, cayó rendido a sus pies de manera inmediata.

            Me reí bastante cuando va a correr con la sudadera rosa al lado de Mandira, sólo porque es su color favorito, eso me recuerda todas las estupideces que uno está dispuesto a hacer para llamar la atención de la mujer de la que uno está enamorado y que, de no ser así, jamás haría uno bajo ninguna otra circunstancia.

            “¡Cásate conmigo! ¡Cásate conmigo! ¡Cásate conmigo!” le dice insistentemente Khan a Mandira, a lo que ella contesta juguetonamente “¡No! ¡No! ¡No!” hasta que accede que lo hará si le enseña algo de San Francisco que ella jamás haya visto. Esto nos da pasajes muy padres de la convivencia de Khan con Sameer (el hijo de Mandira) y de cómo él le va mostrando variados lugares para convencerla, pero siempre fracasa ya que ella los conoce todos.

            Esto nos lleva a la escena en la que llegan a la orilla de la bahía, lo que a ella le trae recuerdos de lo derrotada y abandonada que se sentía, y de cómo encontró fuerzas para salir adelante, que no iba a permitir quedarse así. La mirada de ternura que le dedica a Khan es muy tierna y conmovedora, una mirada que a cualquiera le gustaría recibir, por lo menos a mí me encantaría.

            Y esa búsqueda en la que Khan puso tanto ahínco nos lleva a la escena del amanecer sobre San Pancho, una postal hermosa, aún más bella por el interés y amor de Khan para lograr llegar a su amada. La reacción de Mandira y el que ella acabara pidiéndole a él que se casara dan una belleza de escena que provoca lágrimas obligatorias.

            Todo lo que pasa alrededor de la boda, desde el rechazo del hermano menor de Rizwan, debido a tener religiones distintas, la preparación, el evento, la interacción de los novios, el apoyo de la cuñada, el baile, los rostros de Mandira y Khan inundados de una felicidad profunda, TODA absolutamente toda la secuencia de la boda es una maravilla, que te deja con un sentimiento cálido en el pecho y una sonrisa en la cara. Mandira se ve guapísima, y el brillo que se ve en el rostro de Khan es conmovedor.

Ojalá a todos pudieran sacarnos una foto justo en el momento más feliz de nuestra vida, para ver cómo brillamos por la alegría, ese mismo brillo que se refleja en el rostro de él cuando la ve a ella. El inicio de la vida marital resulta en una escena cómica, además de momentos tiernos de cómo se van acoplando como familia.

            Algo remarcable en el filme es que se reconoce la intolerancia de todas las culturas involucradas: Estadounidenses, Hindues, Musulmanes, Negros, hispanos, etc. Para el resto del mundo, nos resulta muy fácil señalar la intolerancia y racismo de los demás, pero nos cuesta reconocer la propia. Personas como yo que por desconocer una cultura, nos dejarnos influenciar por los prejuicios que nos inculcan los medios de comunicación o por los odios de otros. Al final es estúpido que discriminemos a otro por su color de piel, idioma, cultura, gustos, tendencias, raza, creencias o aspecto.

            En reciprocidad por haberles dado su apoyo moral en la boda, Mandira va a visitar a su concuña, misma que sufrió un ataque por su forma de vestir. Zakir (el hermano de Rizwan) la deja pasar con un tierno “Pasa Cuñada”, mientras que su hermano espera en el coche. La escena en la que Zakir llora en los brazos de Rizwan es muy conmovedora. Tal vez sean escenas que no aporten mucho a la historia, pero que hacen a la película más rica y entrañable gracias a las mismas.

            El dolor de Mandira con la muerte de Sameer, no la puedo culpar al pedirle a Khan que se fuera, porque no ha de haber dolor más profundo que el de enterrar a un hijo. Aún así el pobre Khan, dentro de su inocencia, aunque no entiende el por qué, es empático con ella y sigue sus deseos, resulta conmovedor el amor con el cual le dice a Mandira “¡No te mueras!” cada vez que ella dice que quiere morir tras la partida de su pequeño.

            Condimentada por toda la ira expresada por Mandira cuando corre a Khan, la escena en la que él se va es desgarradora, es demasiado triste, en especial cuando dice “Cuando me fui, tenía un dolor en el pecho que no sabía qué era” se tomó una medicina pensando que era un malestar físico sin entender que lo que tenía roto era el corazón.

            Cuando Khan llega a un Motel para pasar la noche, resulta reconfortante que el administrador le ofrezca su cuarto por ser un compatriota, ese mismo tipo bonachón se torna fúrico cuando unos imbéciles le echan una piedra al ventanal, por lo que sale con su escopeta para defenderse. Debido a todo el griterío, Khan huye asustado, a pesar de que el administrador le dice que le va a dar posada y, al preguntarle su nombre el buen Rizwan contesta: “Mi nombre es Khan y no soy un terrorista”, con todo lo ocurrido, con todo lo que ya cargaba consigo, esta escena me destrozó el corazón y me saco (aún más) lágrimas.

            Su llegada al pueblo (ficticio) de Wilhelmina en Georgia, es una parte increíble de la película, desde que salva a “Pelo Gracioso” Joel y su interacción con Mamá Jenny, misma que le lava la ropa (mientras cómicamente usa uno de sus vestidos) y le da de comer en agradecimiento a la ayuda que le dio a su hijo. Todo esto mientras comparten el dolor de los hijos perdidos.

            Mención especial merece la misa que hicieron en honor a los caídos, cuando Rizwan pasa al altar para hablar de Sameer, todo lo que significaba para él, todo su dolor, todo lo que no pudo hacer por él. La mayoría lo dijo en su lengua materna y, aunque el resto de feligreses no entendían sus palabras, sí sentían la pena con la cual las estaba diciendo. Una escena intensa, tierna, triste, humana y, aunque acabas lleno de lágrimas, es una escena que agradeces en lo más profundo de tu ser.

Llega al punto en que Khan dice “Ya no puedo más Mamá Jenny” hasta alguien como él, incapaz de mostrar abiertamente sentimientos, acaba desmoronándose ante un dolor tan inmenso. Es cuando el pequeño Joel empieza a cantar, por su hermano muerto y por Sameer, y por todos los que se nos dejaron anticipadamente en este mundo sin sentido. La canción es hermosa porque, dentro de tanta tristeza, uno debe festejar la oportunidad que tuvimos de disfrutarlos en esta vida, además de lo afortunados que somos al mantenernos vivos para recordarlos.

Creo que todos los que hemos visto esta filmación nos sentimos indignados de que acusaran a Rizwan de terrorista, me encantó como reflejaron la psicosis gabacha con la palabra “Terrorista”, el pobre Khan no sabía lo que hacía al gritar “No soy terrorista” en medio de un mitin político. Y también evidencian el fanatismo y el miedo que prevalece en la grandes masas porque ¿quién en su sano juicio gritaría que es un terrorista frente a todos? Pero eso fue lo que oyeron unos cuantos zoquetes que estaban junto al bueno de Rizwan.

Los estudiantes que se interesaron en la injusticia contra Khan, fueron muy convincentes con el reportero que se negaba a tomar su caso, al hacerle notar todos los prejuicios que él enfrentó y las costumbres que tuvo que modificar tras los atentados del 11 de Septiembre del 2001.

Admito que lo que pasó el 11 de Septiembre nunca ha sido mi tema favorito, ni siquiera en el momento en que pasó. Me parece que es un hecho que siempre ha sido sobredimensionado y magnificado, sólo porque aconteció en territorio estadounidense. A diario, y en todas partes del mundo, mueren muchísimas más personas en condiciones tan o más dramáticas como las que fenecieron ese día.

Es de resaltar que en el argumento sólo se mencionan los atentados una sola vez, y no fue una película sobre ello, pero sí se trató de manera directa la nube de intolerancia y miedo se quedó en el ambiente desde entonces, sobre todo contra el pueblo árabe, en especial el musulmán.

Mientras Khan está en su búsqueda, Mandira lleva a cabo su propia cruzada para hacerle justicia a su hijo, motivada por todo ese amor de madre que los hombres jamás comprenderemos, sólo que ella encauzó su determinación a través del odio. Al igual que Mandira, muchos nos dejamos llevar con la ilusión de que el odio nos va a hacer fuertes pero, por fortuna, existen almas buenas como la de Rizwan Khan que nos demuestran que se logra mucho más con actos de amor que con muestras de odio.

Cuando Khan sale de la cárcel y capta el olor de Mándira, la empieza a buscar mediante su fragancia, hasta que la encuentra ¡pero no se le acerca! Sólo se queda contemplándola, embelesado por la visión de su amada, y la deja partir diciendo “No te puedo ver ahora Mándira, porque no he cumplido mi promesa pero, inexplicablemente, al verte el dolor en mi pecho desapareció”. Khan tendrá diálogos sencillos, inocentes y simples, pero en todos conlleva esa intención profunda de los sentimientos auténticos, mismos que resuenan con los tuyos y te ves tocado por el alma de Rizwan.

Nadie puede culpar a Khan por interrumpir su búsqueda para ir a ayudar a sus amigos de Wilhemina pero, de cualquier manera, le ofrece una disculpa a la distancia (Tanto física como temporal) a Mandira, diciéndole que tiene que ir a ayudar a sus amigos. Al llegar a la zona del desastre, resalta la sinceridad y agradecimiento con el que Mamá Jenny le dice “Muchas gracias por venir Rizwan, pero debes irte, aquí no hay nada que puedas hacer, esto no lo puedes reparar”

Pero Khan se queda, y empieza ayudar, su ejemplo arrastra a más personas a ayudar al pueblo. A uno le impacta que son los propios musulmanes quienes ayudan al pueblecillo de gente negra, minorías que no tendrían mucho contacto en Estados Unidos pero que el ejemplo tan ilustre de Khan acaba motivando para que ayuden a otro ser humano, sin importar sus características, sólo importa que son humanos en desgracia.

El amor inmenso de Khan desenredó y acabó resolviendo el asesinato de Sameer, algo que no logró Mandira con toda la pelea en que se enfrascó. Eso mismo le hizo ver su vecina y amiga “No te hundas en el odio de tu perdida y aprovecha todo el amor que tienes en Khan”, el mensaje de una amiga auténtica.

Personas buenas y malas hay en todos lados, como se demostró cuando Khan es agredido por uno de los suyos, justo antes de reencontrarse con Mandira. Todos los humanos tenemos un porcentaje de bondad y otro de maldad en nuestro ser, no podemos polarizar que cierta gente es totalmente buena y otra totalmente mala, nadie posee la verdad ni la bondad universal, siempre nos movemos por nuestros propios intereses, lo malo es que acabamos confundiéndolos con verdades universales, esas mismas que no existen en el mundo humano.

La película fue lo suficientemente elegante para no señalar a un solo culpable o a un solo afectado, sólo nos muestra de manera sutil, que la intolerancia es una condición humana, misma de la que nos debemos hacer conscientes para que no salgan muestras instintivas de agresión hacia los que nos son distintos.

La escena de Obama es reconfortante, ver que Rizwan por fin le dice “Mi nombre es Khan y no soy un terrorista” te hace sentir una sensación de triunfo en tu pecho, sin importar que sea una historia ficticia. Pero cuando Obama dice “Todos estamos en este planeta por un breve tiempo y me siento muy honrado de que el mío en este mundo coincida con el de Rizwan Khan” es una línea muy bonita.

Sabía que por algo Ana quería que viera esta película, de hecho le mande el siguiente mensaje “¡Es una crueldad que me hayas hecho ver una película tan bella! No es justo, porque el acabar bañado en lágrimas masacró toda mi determinación a alejarme de ella” La película fue el empujoncito que necesitaba para dejar atrás mi orgullo y no alejarme de la mujer que amo.

Algo que aprendí del filme es que el mundo va a devolverte mucho de lo que tú le des, si tu das amor, es probable que no lo recibas de inmediato y en la misma medida de vuelta pero, a la larga vas a recibir cosas más positivas que el que da odio esperando recibir un tesoro como recompensa.

Cada acto de odio, intolerancia o violencia en el mundo, va a generar más de lo mismo. Si somos más comprensivos, maduros, civilizados y tolerantes, en general tendremos un mejor mundo. Y debo empezar por mí mismo, para evitar comentarios racistas, aunque lo haga de juego, siguen siendo violentos hacia culturas que desconozco en su totalidad.

La historia de Khan me ha dejado en ridículo. Él vivía en un país distinto, en el cual era discriminado, con un síndrome que lo limitaba, andando en lugares desconocidos, sin dinero y sin conocidos, en una búsqueda improbable, al final logró lo que buscaba, siempre teniendo su amor como motivador, todo lo hizo por la persona más importante de su vida. Y yo, con todas mis ventajas, lo único que pasaba por mi cabeza era huir por unas pequeñas derrotas.

Al ser escritor, me enganchó mucho la forma en que Khan llevaba su bitácora para Mandira, como iba registrando todas sus experiencias, sentimientos, miedos, recuerdos y demás vivencias para que su amada se enterara de la aventura aunque, en realidad, era una forma en que él se sentía acompañado de ella, al escribirle, se sentía cerca de ella, y sé exactamente lo que eso significa.

Khan escribía con toda certeza hacia Mandira porque no tenía ápice de duda de que iba a lograr su objetivo e iba a estar de vuelta con su amada. Eso es algo que Khan también me enseñó: a visualizar mi objetivo de manera determinante y no darme por vencido a las primeras de cambio.

Todos hemos experimentado cosas negativas, algunos más que otros, pero no podemos vivir en el dolor o en el odio. A pesar de perder a Sameer, al final, Mandira comprendió que no podía tener vivo a su hijo a través de algo negativo. De por sí ya se perdió una vida como para echar a perder otra que tiene aún mucho por experimentar.

No podemos lamentarnos el resto de nuestra existencia por lo que salió mal. Obviamente toda pérdida debe pasar por un proceso de duelo pero también debemos aprender a seguir avanzando, porque la vida no sólo se compone de momentos malos, también puede haber muchos momentos buenos, incluso ser la mayoría, pero eso solo depende de nuestra actitud.

Dentro de todo lo que me tocó la película, hubo algo que me dio un dolor de estómago: recordé a todas las mujeres que me decían que no andaban conmigo por ser un “buen tipo, dulce y lindo”. Ya no sé si lo sigo siendo, porque fueron tantas veces que me propuse ser menos bueno o más malo, todo para dejar de ser “lindo”.

Aunque el argumento está algo idealizado, se requiere mucho valor en este mundo para ser alguien bueno e íntegro. Ser malo es muy fácil, y tratar de imponerse a los demás a través de la violencia es el camino más sencillo. A veces confundimos imponer miedo con imponer respeto, a veces confundimos ser interesante con ser malo, también confundimos ser bueno con ser bobo. Lo que se nos olvida es la importancia de ser leales a nuestros principios y valores.

Otra cosa admire de Khan: el destino nunca fue justo con él pero no se detenía a lamentarse por ello. Nació con una especie de autismo y en toda la película nunca se queja de ello, no expresó temor por vivir en otro país, no hizo una escena cuando perdió injustamente el vuelo en San Francisco, no se quejó de la reacción visceral de Mandira, no mencionó lo ridículo de la prueba de amor que ella le pidió, ni se lamentó por quedarse sin dinero, ni nada de lo que le pasó fue motivo de queja para el buen Rizwan.

Él siempre siguió adelante, sin cuestionarse “¿Por qué a mí?” por lo que aprovecho el tiempo para resolver su situación y actuar de manera honesta para lograrlo. El destino le dio ciertas herramientas, tal vez menos de las que uno normalmente recibe, y con ellas se dedicó a construir algo maravilloso.

Hablando de mi caso, a veces se presentan pequeñas pruebas en la vida y, en lugar de resolverlas, nos ponemos a lamentarnos por nuestra suerte, y es que “somos tan buenos que es injusto que esta desgracias nos pase precisamente a nosotros”. A veces es fácil olvidar todo lo que tenemos a favor, y nos damos cuenta cuando vemos que alguien más limitado tiene un corazón enorme para conseguir lo que quiere, sin tanto lloriqueo ni victimez.

            Ame esta película y les recomiendo ampliamente verla.


            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 29 de junio de 2013

El Ermitaño que quiere ser domesticado

Hace unos días, en la oficina, estaba algo tenso, y llego Gaby a preguntarme sobre algún tema. Mientras buscaba en la PC, de pronto, me empezó a dar un masaje en los hombros y, ante la sorpresa, se me salió una pequeña expresión gutural, así que preguntó “¿No te gusta?” a lo que le respondí “Sí me gusta, lo que pasa es que no estoy muy familiarizado al contacto humano”. No estoy acostumbrado a que me toquen, no sólo de manera física, sino de manera sentimental.

            Hasta hace unos años, era común que pasara mis fines de semana sin ningún tipo de contacto humano, sólo éramos mis libros y yo, sin nadie que interrumpiera nuestra paz. Vino una época extraña en donde los fines de semana dejaron de pertenecerme, siempre tenía actividades que realizar en Sábado y/o en Domingo, alguna reunión, evento, fiesta o cualquier pretexto para integrarme al mundo gregario humano. Aunque anhelaba mis fines de semana exclusivos, también me agradaba convivir con otros congéneres.

            Desde hace un mes, han regresado mis fines de semana exclusivos y, aunque me sentí un poco extraño al inicio, volví a recordar por qué me gustaba mucho estar solo y monopolizar mi tiempo.

            No tengo un gran apego por la vida, mis únicos intereses verdaderos son leer y escribir. Correr y nadar son actividades a las que les he agarrado mucho gusto, aunque en el fondo las hago por vanidad. Sé que suena ridículo, si no me interesa tanto la vida, ¿por qué habría de interesarme mi aspecto? Es algo que he aprendido sobre este mundo visual, materialista y superficial: Como te ven te tratan, lo cual es muy útil para lograr objetivos.

            Habrá quien afirme que me gusta viajar, lo cual es cierto, pero en realidad me he venido obligando a hacerlo, ya que es una manera excelente de aprender. Por eso contraté un tiempo compartido, para obligarme a conocer otros lugares; de no haberlo hecho, no tendría la necesidad de visitarlos.

Me recuerdo como un niño muy sociable, como no podía ser de otra manera al tener mis orígenes en dos familias jarochas muy cálidas y dicharacheras. Pero ahora tiendo a aislarme.

            Muestra del desapego por la vida es mi jardín trasero, en donde crecen hierbas silvestres libremente. Desde que me mude he tenido la intención de traer un jardinero para dejar el lugar bonito pero, ciertamente, no ha sido algo tan vital como para que le dedique tiempo. De igual forma, he querido cambiar las cortinas de la casa (las que dejó el antiguo dueño), pero como me son funcionales y no me afecta que estén viejas, pues ahí siguen. Creo que estoy esperando a que me obliguen a poner bonito el jardín y cambiar las cortinas.

            Veo fríamente mi casa: es bonita pero no le pongo mucho interés a su cuidado. Creo que hago la limpieza necesaria, desde mi perspectiva, pero sé que una fémina de inmediato me crucificaría por el cuidado tan despreocupado que le dedico a mi hogar: no tengo cuadros, no tengo recuerditos ni adornitos que embellezcan mi morada, porque no los siento necesarios. Siempre me he zafado de manera práctica al decir “Mejor no arreglo nada para que, el día que llegue una mujer pueda hacer y deshacer a su gusto” La pregunta es ¿algún día habitará la susodicha en mi hogar?

            De alguna manera vivo en automático, un autómata si quieren verlo así, pero no tan desarraigado como para suicidarme. Como mencione en otro escrito, los suicidas tiene un valor impresionante, porque se requieren muchos huevos para quitarse la vida, por lo que he de ser demasiado cobarde para acabar con mi existencia por propia mano.

Además, siento una esperanza, esa misma de que algo va a cambiar, esa misma que nos embrutece con anhelos futuros y que me hace sentirme tonto por depender de algo que no sé si pasará o no, algo que le crítico a la humanidad y que también me afecta. Al final, me guste o no, también soy un vil homínido, como el resto.

            Esa espera por alguien que me haga tomarle cierto aprecio a respirar, lo cual está mal, porque debo lograrlo por mí mismo, aunque ya me guste la lectura y mis ensayos. Tengo buen trabajo, buena vida y potencial endemoniado. Estoy consciente que no he alcanzado mi máximo, puedo conseguir muchísimo más de lo que actualmente tengo y soy, pero no quiero caer en esa dinámica que te consume al sentir que necesitas más a toda costa, acabando en algo que no es vida: tal vez lleno de posesiones materiales y un status alto, con un nivel opulento pero con un alma vacía, carente de paz y sentido.

            ¿Cuándo me convertí en un Ermitaño? Tengo muchas teorías: cuando pedía que me encerraran en casa para no convivir con la familia de mi papá adoptivo, cuando nos mudamos a un pueblo que aprendí a odiar con toda mi alma, cuando el bullying recibido en Secundaria dejo heridas morales que me marcaron o, tal vez, tras un matrimonio que no debió ser y que me dejó serias dudas sobre la existencia de mi supuesto criterio.

Mis capacidades sociales no están del todo invalidadas, porque convivo con bastantes personas a lo largo de la semana. Considerando que era un niño tan tierno, sociable y lindo para pasar a ser un adolescente uraño, pues es fácil señalar la época más oscura de mi vida (La secundaria), tema sobre el cual ya escribí largo y tendido.

Algo perdí, o guarde, en ese tiempo que me aísle y dificulté la convivencia. Guarde mi corazón y mis sentimientos más puros, junto con mis actitudes gregarias en una cajita; misma que guarde en espera de mejores tiempos para ejercerlas. El problema es que olvide dónde dejé esa cajita, y vaya que en estos últimos meses me ha hecho falta recuperarla para volverme a sentir humano y que pertenezco a esta raza que desprecio.

Este camino que he escogido puedo seguirlo hasta la muerte. Más que en un Ermitaño, me he convertido en una especie de Zombie. Puedo ver todo lo que le acontece al resto y me es intrascendente o los juzgo por encontrarle sentido a una vida que carece del mismo; por ello, me consideraré superior aunque, en realidad, los envidio, porque también quiero estar con alguien que me haga levantarme con gusto  a diario. La vida carece de sentido porque, al final, todos vamos a morir y todo lo que hagamos va a valer pepino. Pero quiero experimentar un poco de ese engaño y creer que estoy vivo y que no sólo existo.

            A pesar que no me importa mucho mi bienestar corporal, al exigirle mucho a mi cuerpo, he logrado una salud envidiable. No le temo a la muerte, mientras no sea dolorosa, no habrá problema. Si tuviera alguien por quién vivir, seguramente sí  temería fenecer pero, por lo mientras, lo tomo como parte de un ciclo natural. No soy temerario, sólo me falta de aprecio por la vida, por lo fácil que me ha resultado; porque soy consciente que hay quienes sí han tenido una existencia difícil. Tal vez de ahí viene la falta de aprecio, por la falta de dificultad.

Muchos se sorprenden de la excelente salud de la cual gozo, y de los pocos cuidados que me confiero para conseguirla. No lavo frutas ni verduras, no hago caso de campañas de vacunación, no me da miedo comerme algo que cayó al suelo o del plato de alguien más, si aparece algo extraño en mi cuerpo (alguna bolita de grasa, algún síntoma extraño, alguna fiebre o resfriado) normalmente lo ignoro argumentando “Mi cuerpo se encargará de ello” y así suele suceder.

            Me enorgullezco de no pertenecer a esa psicosis colectiva que te hace ir al doctor por una simple gripa, una fiebre o diarrea. Seguramente, para esas personas está bien ir al médico, porque aprecian vivir y, por lo mismo, se preocupan por estar bien. Lo irónico es que al no preocuparme, poseo mejor salud que la gran mayoría, en especial de los que se la viven con medicinas y en el consultorio.

            Tal vez me odio mucho o tengo una alta autoestima. ¿Por qué menciono esto? Desde hace un par de años he ido incrementando las distancias que corro de manera paulatina (ya me echó hasta 30kms de un solo jalón) Hace unas semanas, mientras iba en mi ruta, sentí un dolor inusual en el pecho, pero no me alarme y seguí mi camino hasta que desapareció. He experimentado dolores internos en el pecho o en algún brazo y, simplemente, dejo que desaparezcan.

            ¿Acaso fui al doctor? ¡Nop! ¿Acaso soy un irresponsable con mi salud? ¡Sip! ¿Acaso me importa mi vida? No lo sé. El no temer a la muerte no quiere decir que busque la adrenalina como loco ya que me considero alguien muy tranquilo. Esto que voy a escribir está mal, pero no deja de ser cierto: Si tuviese una relación de pareja con la mujer que amo, sin duda hubiese ido a revisarme para que se hicieran todos los análisis necesarios y asegurarme que no había nada malo.

¿Soy negligente? Seguramente ¿Me pueden culpar? ¿Quién? Incluso con mis amistades más cercanas tengo una distancia saludable. Cuando uno necesita del otro, nos hablamos, pasamos tiempo de calidad juntos y me vuelvo a alejar. La única vez que tuve un amigo con el cual pasaba casi todo el tiempo fue en la Prepa y, por cuestión de mujeres, no acabó muy bien la cosa. Años después aclaramos los malos entendidos pero la amistad ya estaba perdida.

            Tengo un cuerpo noble, que siempre ha reaccionado notablemente a los pocos cuidados que le doy. Obviamente me ejercito constantemente y, trato, de cuidar mi alimentación, pero de medicinas, doctores y cuidados extraordinarios, estoy alejado por completo. ¿Acaso mi soberbia llega a tanto que desdeño hasta alguna enfermedad mortal que pueda afectarme? La respuesta es obvia.

            No recuerdo si lo comenté en este blog o en el otro, así que perdón si repito, muchos se admiran que desde hace más de dos décadas me baño con agua fría, sin importar el lugar o la época del año, hecho al cual estoy más que acostumbrado. Recientemente me dí cuenta que dejé el agua caliente porque no “merecía” ser apapachado, el agua fría representaba la disciplina y dureza que necesitaba para enfrentar a un mundo que no había cumplido con mis expectativas y que se mostraba cruel y frío, a comparación de los cuentos de hadas que me habían programado a creer.

            El agua fría también me ha dado argumentos perfectos para prolongar mi soledad, ya que a todas las mujeres que conozco le gusta bañarse con “agua para pelar pollos”, o sea, hirviendo. Adicionalmente, nadie se queda a visitarme porque no toleran bañarse fríamente.

            Así que ahí lo tienen, me baño con agua fría porque soy estricto conmigo y porque me ayuda a perpetuar mi soledad. Estoy feliz con mi disciplina porque me permite alcanzar la mayoría de mis objetivos además, cuando es necesario, también puedo llegar a congelar mis sentimientos y tener atole en las venas. El típico extremista que habita en mí: o soy todo corazón o soy todo cabeza, no hay puntos medios.

            Me he desarraigado tan bien, que no me interesan mis familias paterna ni materna como en mi niñez y juventud. Estratégicamente vivo alejado de ellos, y no solo en distancia, sino de manera emocional. A la que más quiero, mi hermana paterna, la veo muy poco y, aunque la amo con toda mi alma, cada cual hace su vida sin ver al otro durante años, traducción: ella puede vivir sin mí y yo sin ella.

            El aislamiento me ha servido para que lo que le pase a la familias Gutiérrez o Morales, no me afecte. Tal vez sea despreciable esto que escribo, pero simplemente es una forma de demostrar que padezco “El Dilema del Puercoespín”

Los puercoespines viven comunalmente en sus madrigueras, en Invierno tienen mucho frío, así que se juntan unos con otros para transmitirse calor corporal. El problema con esto es que, debido a las púas, tienden a lastimarse, ese dolor que se infligen los hace separarse. Sin embargo, el frío vuelve a hacer mella y no tienen de otra que volverse a flagelar para sobrevivir.

Comparto el dilema de los puercoespines, ya que no me gusta ser lastimado, por lo cual corro el riesgo de morir congelado, ya que si no me involucro para que nadie me importe, sé que tampoco le voy a importar a nadie. Por lo efímero de la vida, el máximo anhelo de muchos seres es vivir a través de los recuerdos de los demás: por eso tienen hijos, en un intento por trascender, en lugar de hacer algo valioso por lo cual seas recordado por quien que no comparta lazos sanguíneos.

Por ese mismo desarraigo, me choca que cualquiera me pregunte qué voy a hacer en mi fin de semana o cómo estuvo el que recién pasó, de igual forma me purga que me pregunten cómo estoy. Sé que lo hacen como vil convención social, porque en realidad a pocos les interesa saber cómo estoy, mientras que el resto quieren pasar como civilizados preguntándole como está a alguien que no les interesa.

Si no me importa qué van a hacer en su tarde, no entiendo por qué es importante que sepan qué demonios voy a hacer en mi tiempo libre. Por mi pueden irse a picar los ojos, desplumar pollos o tragar sin pudor. Intento, no siempre lo logro, dejar de hacer esas preguntas, pero debo de utilizarlas para librarme de los que insisten en utilizarlas como medio de “socializar”, para no tener que entrar en una conversación profunda con quien no me interesa. MUY pocas personas en realidad me importan para interesarme por lo que hacen, sienten o piensan; de hecho hay una en especial de la cual me interesa TODO lo que hace.

Vivo aislado tanto de la Sociedad y la humanidad, por lo que tengo una facilidad pasmosa (creo que los que lo han experimentado, lo podrán constatar) para desconectarme de quien sea, así sea mi mejor amiga, con sólo desearlo, me alejo sin problemas, sin remordimientos ni la necesidad urgente de verla, y es que siempre tengo mucha gente a la cual acudir. Sé que esto no es para presumirse, en realidad me debería dar vergüenza, pero esto demuestra que (en realidad) no dependo de nadie.

Dicha frialdad impresionante con la cual me puedo alejar es un reflejo del profundo egocentrismo que he alcanzado. Sé que eso es deseable (no depender de nadie), pero el exceso en el que he caído puede ser antinatura, porque es como si me dejaran de importar, lo cual no es correcto, tal vez sea desleal o de mala educación.

Debería sentirme mal por la capacidad de ser frío y cruel pero, tristemente, no siento remordimiento alguno, lo que es peor, hasta orgulloso estoy de la capacidad para extirpar y someter mis sentimientos, y alejarme sin importarme nada ni nadie. No sé de donde viene esto: de un amor propio profundo o un odio artero por mi ser.

Esta misma actitud ha acrecentado mi Misantropía, honestamente, sí quería que se acabara el mundo el pasado 21 de Diciembre, aunque hacia mis adentros sabía que era una estupidez infantil y sensacionalista, sin alguna razón de peso para sustentarlo, pero quería que todo acabara. ¿Por qué? Tal vez por carecer del valor para acabar con mi propia existencia o por la egolatría de no morir solo. Recuerdo que a Lesly le enojaba tanto el ahínco con el cual deseaba el fin de la humanidad, que poco le faltó para mentarme la madre, aunque lo que me dijo fue más hiriente (y me lo había ganado)

Ahora que me enamore y recordé lo importante que puede ser una persona para uno, el que alguien desee la muerte de un ser querido es indignante, por eso entendí mejor la furia de mi amiga. A raíz de mi enamoramiento, cambié mi postura respecto al fin de la humanidad: “Qué bueno que no se acabó el mundo, porque ella no se murió y tuve la dicha de conocerla”

Por la identificación que tengo con la soledad, cada vez que me gusta una mujer, me invade la angustia. La soledad no ha de ser deseable pero, al final del día, es una tranquilidad emocional y serenidad espiritual que se han vuelto un lujo en este caótico mundo tan violento a todos los niveles. Tampoco ayuda el ver a tantas parejas que se provocan dolor a diestra y siniestra. Esas mismas que, supongo, también han de conocer un tipo de felicidad que desconozco.

Para los que han leído los pasados escritos, saben que me he boicoteado constantemente con la mujer que amo. Aunque ya lo trate en otro texto, esa orgullosa bestia interna me es fiel, ya que sigue mis creencias y mis miedos al pie de la letra. ¿Cómo voy a convivir con otra persona tras tantos años en soledad? Esta segunda vez que me  enamore noto que desde el primer escrito, estaba mentalizado para que no se diera la relación. Es triste que esta reacción o mecanismo de defensa esté tan fuerte en pro de mantener mi Status Quo de soledad perpetua, estoy tan identificado que me da miedo dejar esa identidad, por eso tanto stress que me he provocado desde que la conocí: todo por no querer dejar las bondades de estar solo.

Ya no quiero ser Ermitaño, es muy padre sentirme superior por vivir en la sociedad sin ser parte de ella, por tener mi espacio que si quiero lo comparto y si no, pues no. Dentro de mí hay un niño herido y decepcionado que es auténticamente sociable y que le encantaría salir a jugar. Creo que algún día me encantaría que alguien me “obligue” a bañarme con agua caliente nuevamente.

Aclaro, me gusta mi soledad, me resulta muy fácil vivir por mi cuenta. Lo difícil, para mí, es vivir en pareja, y es algo que quiero aprender a hacer. No por el anhelo de estar con alguien sólo porque sí. Sino por la posibilidad de ser un mejor humano al verme reflejado en los ojos de alguien que también me ame.

Aunque sea difícil, y me aterre, de alguna manera me quiero integrar a la humanidad, ya quiero amar y ser amado (sin importar que se me claven las espinas de los otros puercoespines). El amor no debe ser dependencia, pero sí debe haber cierto grado de apoyo, sentir que tu vida es importante por el hecho de amar a alguien, ese nivel de empatía, conexión o relación, es algo que me gustaría experimentar de manera sana, constante y, de preferencia, hasta el final de mis días. Es algo que me da miedo vivir y, al mismo tiempo, anhelo hacerlo.

No es casualidad que sea tan llorón con series, películas o libros, por esa necesidad de sentir, de que algo me importe, que mi corazón se inunde de algo cálido, por lo mismo lloro cuando veo una historia externa a mí, porque me reflejo en ella. Me gustaría que me conectaran al mundo, sé que no debo esperar que alguien más lo haga por mí, pero sería muy lindo si así fuese.

Quiero ser importante para ella y que ella lo sea para mí, quiero compartir mis días con esa persona que me resulta vital y yo a ella. Ahora comprendo más al Zorrito del Principito, y comparto el anhelo de ser domesticado, pero no por cualquiera.

Por cierto, si usted tiene contacto conmigo y de pronto viene ilusamente a abrazarme, a menos que sea algo que yo le permita normalmente, tenga cuidado. Una cosa es que haya decidido cambiar y otra que vaya a dejar mi máscara de dureza de la noche a la mañana. Tengo mis tiempos y mis procesos y esto puede ser tardado. Lo importante es que ya tengo la voluntad de cambiar, ahora veremos cuánto tiempo toma.


Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 25 de junio de 2013

Creer y Saber

“El humano quiere creer más que saber, pretendiendo entender algo que está más allá de su nivel de consciencia.” – Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 21 de junio de 2013

Desconectándose

“Vuelo herido y no sé adonde ir
con la rabia cansada de andar
me han pedido que olvide todo
. . . . 
. . . .
Otra vida y volver a empezar 
. . . .
. . . .
que si muero me mates de amor” – Nada Particular (Miguel Bosé)


            Esta canción de Bosé siempre me ha encantado. El sentimiento con la que la interpreta me ha calado en lo más profundo de mi ser, especialmente en estos días.

            No entiendo, puedo contenerme muy bien al ver a mi amada en persona pero, por alguna extraña razón, ver sus actualizaciones en Facebook me duele. Es algo que no encuentro lógico, pero que es real.

            Esa sensación me hizo reprocharme el esperar más tiempo para entregar mi despedida, “¿Qué caso tiene esperar? ¿De todos formas ya te vas?” pero recordé que el timing es vital en cualquier situación, y ya expuse mis motivos para despedirme hasta fin de mes.

            Esta semana hable con una mujer que tenía tiempo sin ver. En realidad fue un monologo, pero no hay problema con ello porque tengo experiencia, y paciencia, para tratar con gente egocentrista (tal vez por serlo yo también). Al escuchar cuántas “chachas” iba a necesitar para que atendiera a sus futuros hijos, los viajes que iba a hacer y los mimos que requería para ser feliz, me sentí triste.

            ¿De dónde venia mi tristeza? Por dos hechos: primero porque, me apena decirlo, en algún momento considere a dicha fémina para iniciar una relación la cual, afortunadamente, nunca se dio. Pero lo que más me entristeció fue darme cuenta que éste es el tipo de mujeres que prolifera entre los 20 y 30 años en Puebla, no digo que sean todas pero sí bastantes.

            Mi tristeza se hizo mayor al darme cuenta lo sui géneris que es la que me trae loco. “¿Tan pocas son y tú dejándola atrás?” A pesar de este pensamiento mi sentido común, o mi orgullo, no cambiaba de opinión: “Estamos en un callejón sin salida, no tiene caso quedarnos”.
           
Mi terapeuta me prestó una película llamada “My name is Khan”, la cual insiste en que vea antes de entregar mi despedida, y por lo mismo me da miedo. Algo que tengo claro es que quiero acabar con el sufrimiento, y temo que dicho filme me pueda afectar a un nivel que me haga cambiar de opinión.

Estoy desconectado en clase, desconecto el corazón para evitar sentir. Si me permitiera hacerlo, volvería a caer y me sumergiría en su hermosa voz. En su presencia pretendo ser nadie, algo sin sentimientos ni personalidad. Simplemente voy, bailo y me retiro. Trato de interactuar lo menos posible y evito perderme en su mirada.

A pesar de ello, bailamos el Martes, y me sonrió con tanta alegría que casi me hace llorar . . . . pero aguante (no sé si sentirme bien o sentirme idiota por ello) aunque sí le sonreí de vuelta (porque es algo que no puedo evitar: sonreírle). Pero no baje defensas, no puedo crearme sufrimiento otra vez.

Con cada clase siento que me voy alejando un poco más. Cada día voy recuperando algo de esa fuerza que tenía hace unos meses y cada día vivo de a poco mi tristeza. Estoy viviendo pequeños duelos diarios, visualizando cómo van a ser mis días después de ella. Aún falta el duelo grande, pero estos pequeños me van preparando el camino.

Hablando de mujeres a las que en su momento pretendí, dos días después de platicar con la otra chica, casualmente, platique con la madre soltera de la que conté en otro escrito. Me compartió muchos de sus planes pero, en realidad, sólo fingía ponerle atención, porque estaba analizando en lo que se había convertido.

Qué triste es ver a alguien que en su momento percibiste tan atractiva en un estado deplorable a comparación de cómo la conociste. Ella ha cometido algunos errores que la han ido mermando y ya no es lo que solía ser, y no habló sólo a nivel físico, sino en cada aspecto de su ser.

De vez en cuando me lanza una que otra indirecta en que deberíamos intentarlo otra vez, algo que rechazo de manera juguetona y cada cual sigue su camino. Por algo pasan las cosas, en su momento me lamente mucho porque lo nuestro no se diera pero, viendo nuestros presentes, agradezco que así haya sido.

Pero es más triste que esa mujer que hace años considere como un gran partido, hoy vea el engaño que me autorecetaba. Obvio tiene sus cualidades pero, ahora que la veo de manera fría, no era lo que creía que era.

¿Y si ahora sufro tanto por alguien a quién luego no voy a valorar de la misma manera? Sé que a mi amada la tengo idealizada, que estoy perdido en el sentimiento que me provoca; a pesar de mi subjetividad, no creo estar tan desviado de lo reales que son todas sus cualidades.

Ayer, en clase, mi amada dijo algo que no esperaba “Hoy estuve a punto de marcarte para comernos un helado”. Es impresionante cómo una frase te puede hacer tan feliz y tan miserable al mismo tiempo. ¿Por qué me dijo eso? ¿En verdad tenía la intención de hacerlo? ¿Por qué no lo hizo? Si me estoy despidiendo ¿Por qué me hizo tan estúpidamente feliz su afirmación? Y, con esta felicidad en mi pecho ¿Por qué me quiero alejar?

No lo voy a negar, me hizo dudar bastante, empecé a barajar nuevamente las posibilidades y replanteamientos sobre la situación. Tal vez por eso me decía al inicio de la semana “¡Vete ya!” y tal vez, por eso mismo,  me propuse tres semanas de prorroga porque, conociendo lo obstinado que soy, sólo el tiempo tiende a suavizarme.

En fin, hasta ahora sigo en mi propósito de despedirme aunque admito que ya no estoy tan firme como antes. Me queda una semana, en teoría la última, y tengo miedo. Mi temor es variado, tengo miedo de despedirme y tengo miedo de quedarme, tengo miedo de caer nuevamente en el embrujo de su mirada y tengo pavor de no volver a hacerlo. Tengo miedo, pero algo debo de hacer, porque no quiero regresar al flagelamiento sentimental que me he impuesto en los últimos meses.


Hebert Gutiérrez Morales.