jueves, 30 de mayo de 2013

Crueldad

            Estamos en medio de una teleconferencia con Estados Unidos y Alemania, todo el mundo habla en inglés o alemán, oigo todo lo que dicen pero no estoy escuchado. En realidad tengo la vista fija hacia fuera de la oficina de mi jefa. No me preocupa poner mucha atención, porque aún no me toca participar y mi tema está muy claro.

            Mientras veo a la gente dirigirse a su lugar de trabajo, con actitud más firme de la que muchos en realidad tienen, me pongo a pensar “¡Pinche Paco! Si no hubiera quitado el nivel avanzado, esto nunca hubiera pasado” Un intento patético por querer encontrar culpables a mi situación actual aunque, ciertamente, de no haber dejado Rumba Mía, estoy seguro que nada de esto hubiera pasado.

            Veo las fotos que tiene mi jefa, y la envidio, ha forjado una familia muy bonita, plena y dulce. Sé que es feliz, pero tal vez no sepa lo afortunada que es. Sin darme cuenta, se me sale un lagrimilla, la cual limpio con disimulo, pero no hay riesgo, todos están concentrados en escuchar o contestar algo laboral.

            Se dice que el ambiente automotriz y, sobretodo, el alemán es algo rudo y cruel. Seguramente así es, y lo he sentido a lo largo de los años, pero uno se va a acostumbrando a esa filosofía alemana de separar lo laboral de lo personal, lo cual es muy saludable (tanto para el trabajo como para la persona). Creo que esa crueldad laboral no se compara a la que podemos alcanzar en las relaciones personales.

            A pesar de tener un historial en el cual he sido rechazado innumerables veces, también he tenido ocasiones en las que he tenido que rechazar.

            La primera que se me viene a la mente es Elizabeth. Cuando conocí a mi familia paterna, la esposa de mi papá de inmediato me quiso enjaretar a una sobrina que tenía en Chiapas. Elizabeth era el sueño de cualquier macho mexicano: educada, tierna, noble, dócil, servicial, con el máximo anhelo de ser ama de casa y consentirte en cada aspecto. No era mi máximo pero, al no tener atisbo alguno de relación, me pareció un buen partido para ir trabajándola.

            La verdad me sentía un poco agobiado con tantas atenciones y el exceso de miel. Era una buena mujer, con sentimientos muy nobles y una inocencia tan pura que me resultaba increíble que aún existiera gente así a su edad. Me contaba cómo su exnovio era tosco con ella, porque no la trataba con la delicadeza que ella anhelaba.

            Cuando mi camino se encontró con el de Harumi, era vital que la invitar a salir, sin embargo, mis principios indicaban que primero debía acabar el amago de relación con Elizabeth. Como ella vivía en Chiapas y yo en Puebla, el teléfono era la opción más rápida, barata y segura.

            Hable con la verdad, le dije que me interesaba otra chica, a la cual aún no había invitado a salir, pero que lo iba a hacer así que antes debía terminar con lo nuestro (aunque no sabía exactamente qué significaba “lo nuestro”).

            Casualmente mi hermana paterna se encontraba en ese momento con ella (ya que son primas), por lo que me contó sobre el llanto, el dolor y sufrimiento que le provoque. Mi hermana me regaño por la falta de tacto, que pude haber dicho las cosas de manera más amable y no ser tan directo. Sí me sentí un poco mal, pero como mi emoción era mayor, prefería entregarme a las posibles felicidades futuras en lugar de hundirme en remordimientos pasados.

            Brincando unos años más para acá. A pesar de no ser un súper galán, en clase de baile era invitado, con relativa frecuencia, por algunas de mis compañeras. Cuando era alguien que me agradaba o, por lo menos, me caía bien, era factible que aceptara pero, si notaba alguna otra intención, siempre ponía algún pretexto (normalmente inverosímil) para evitar la salida.

            En una ocasión salí con una chica bastante atractiva llamada Cristina, en verdad me sacó de onda porque a ese tipo de mujeres normalmente les sobran galanes pero, por alguna razón, salimos.

            Fuimos a cenar, platicamos muy a gusto y nos fuimos al cine en donde nos agarramos a los besos (nunca había hecho algo similar en toda mi adolescencia y lo vine a hacer hasta después de los 30). Había un punto en donde la cosa ya se estaba poniendo intensa, pero había algo que me detenía: los dos hijos que tenía a pesar de no llegar aún a los 25 años.

            Debido a mi historia personal, crecí con la creencia que a mi madre “le habían hecho el favor” de casarse, a pesar de tener un hijo de un matrimonio anterior, por lo que en mi vida adulta intente saldar esa deuda al casarme con una mujer en iguales circunstancias y, después de la separación, intenté relacionarme con otra en iguales condiciones.

            Prejuicioso o no, tenía la firme intención de no volverme a relacionar con una madre soltera, sé que muchas son excelentes partidos pero, recalco, desde mi historia personal, no es saludable que me enganche con alguna.

            El problema es que ya había acabado la película y estaba en un dilema: dejarme llevar por mis instintos animales o utilizar el escaso sentido común que me caracteriza. No sé si afortunada o desafortunadamente, pero tome la decisión con la cabeza correcta.

            Mezclando algunas verdades con mentiras me invente un cuento muy creíble que la iba a desmotivar: “Mira, en este momento, no busco algo serio, sólo quiero una pareja con la cual pasármela bien cada fin de semana y no nos tengamos atados a cada momento”

            Note la decepción en sus ojos, y es que en verdad no se había equivocado, ya que tengo todo el tipo de papá responsable (y si tengo la oportunidad de serlo, seguramente no habrá uno mejor que yo) además de alguien respetuoso e ideal para criar hijos ajenos. El hecho de que sea todo eso no quiere decir que quiera educar hijos ajenos (recalco, no porque sea malo, sólo por mis antecedentes).

            La deje en su casa y, unos días después, le avisaba que iba a borrar su celular porque no tenía caso mantenerlo. Nuevamente me faltó tacto, fui cruel y hasta grosero pero no me arrepiento del fondo, sólo de la forma. Si hubiera sido otro tipo de hombre, hubiera tomado lo que me daba y después me hubiera hecho el desentendido, pero mi esencia no es así. Preferí decirle algo doloroso a que nos hiciéramos un mal mayor en el futuro (y es que notaba el gran anhelo en sus ojos).

            Vamos a un ejemplo que ya he tocado en escritos anteriores. Ya explique cómo (tontamente) rechace la intentona de Harumi por recuperar el vínculo después de que se frustró mi viaje a Japón. Sólo voy a hacer comentarios complementarios: Primero, mi endémica impaciencia para ignorar la obviedad que sólo tenía que esperarla 8 meses, eso era algo tan claro pero que mi dolor y orgullo me cegaron. Por otro lado, yo era el apoyo moral más importante que tenía y, cuando acude a mí por única vez en la vida, ¿qué hice? Rechazara de manera soberbia.

            Mentiría si dijera que mi ego no se sintió bien cuando le escribí “Te pido por favor que me dejes en paz”, otra de mis victorias huecas, claro que se me sentí bien ¡pero al final perdí a la chica! (y muchas otras cosas más de paso). Ahí mi crueldad se me revirtió al doble con las consecuencias de mis actos. Lo malo de todo esto es que me parte el corazón imaginar la decepción que debió sentir al ver que toda esa lealtad que le jure se fue al demonio.

            ¿Por qué escribo todo esto? Ubiquémonos en el Martes pasado.

            Antes de ir a clase, sostuve un pequeño diálogo con mi bestia interna tipo “Por favor ¡Pórtate bien!”  Y ciertamente mi monstruo personal se comportó perfectamente en toda la clase, ya que en ningún momento salió algún pensamiento ridículo o mala interpretación de los hechos.

            Durante la clase vi a la que me roba el aliento muy plena, se veía como si se hubiese quitado un peso de encima. Recordé que ese día había posteado algo en el Facebook que decía “Es bonito cuando renacen tus sueños” o algo por el estilo, así que supuse que algo bueno le había pasado, ya que se le notaba corporalmente.

            Ya habían pasado tres clases en las que no le había dado Ride a casa, así que considere buen tiempo para ofrecerme.  “¿Te llevo?”, le pregunte, normalmente sus respuestas eran inmediatas, pero ahora me hizo una especie de mueca, lo pensó mucho y contestó algo forzada “Está bien”.

            Su reacción me extrañó bastante, por un momento pensé que me iba a rechazar, tal vez porque alguno de mis compañeros ya le había dicho o porque alguien iba a pasar por ella. En el camino le pregunte por qué dudó tanto y me dijo que “pensó” que nos teníamos que ir turnando. Según yo ya me tocaba llevarla pero, al parecer, para ella fue demasiado pronto

            Iba muy callada, le hice la observación que la sentí muy plena y de buen humor en clase, pero no estuvo de acuerdo y dijo que se sentía muy cansada. Eso también me llamó la atención, ¿Acaso estaba viendo visiones? Tenía un mes que no la veía tan vital y dice lo contrario, algo raro estaba pasando.

            En un intento de hacerle plática le pregunte cómo iban sus planes para irse a entrenar a Europa, ¿iba bien con su ahorro? Su respuesta, aunque educada, me pareció cortante: “Estoy ahorrando para muchas cosas”, lo cual interprete como “Ese es un tema que no te incumbe”, así que cambie de tópico.

Por más que intentaba platicar con ella y sus proyectos, la conversación simplemente no fluía, ya que contestaba con monosílabos o respuestas breves y vagas. “Ok, intentemos otra estrategia” me dije. Le comente del trabajo, mis proyectos, asuntos personales y demás. La comunicación fluyó un poco mejor, pero la verdad seguía muy escueta.

Llegamos a su casa, obviamente no hice amago alguno por intentar platicar, ni a ella se le vía la intención de quedarse, así que la ayude a bajar y nos despedimos deseándonos una buena noche.

De regreso a casa iba muy desconcertado “¿Por qué cambió conmigo?”. Me empecé a hacer consciente que el cambio de actitud había empezado cuando le dí el regalo del día del maestro.

No voy a negar que mi bestia interna y boicoteadora, misma que se había comportado hasta ese momento, tuvo sus expresiones clásicas y bien conocidas, tratando de convencerme de lo que, hasta el momento, parece obvio: Hay algo roto y no se ve que haya arreglo fácil.

Por fortuna, la siguiente semana no la voy a ver porque nos aviso que se la toma de descanso, aunado a eso, no voy a ir a la clase de hoy. Con esto voy a tener dos semanas para meditar la situación con calma y ver qué es lo más conveniente.

Sí me alegro de algo, en teoría ese mismo Martes iba a entregar mis escritos como despedida pero, viendo la actitud que tenía, hubiese sido una pésima idea. Tal vez estoy viendo cosas y en realidad estaba cansada, o tal vez trato de engañarme para no ver lo evidente. Afortunadamente tengo dos semanas libres para meditar.

No sé si calificar de cruel su accionar hacia mí. Hablando de mis propias acciones crueles, la de Harumi fue una estupidez mía, pero de las otras dos no me arrepiento del fondo (tal vez pude ser más sutil). Sé que herí a dos buenas mujeres, pero si no tenía ninguna intención seria con ellas, creo que mi crueldad fue muy “amorosa” (sé que suena ilógico, pero así lo siento), porque no les dí alas y fui honesto. ¿Es lo que me están aplicando ahora? ¿Una honestidad cruel que es por mi propio bien? ¿La he motivado desde mi insistencia?


Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cavilaciones con Cowboy Bebop (Yoko Kanno)

            Cowboy Bebop debe ser una de las mejores animaciones de la historia, por sus personajes, su argumento, su planteamiento, los diálogos y, sobre cualquier otra cosa, la excelsa música de mi compositora favorita: Yoko Kanno.

            Algún día voy a escribir sobre la maravillosa serie en sí, que tiene mucha tela de donde cortar, ahora sólo me voy a concentrar en la excepcional música. Al ser tantas canciones, sólo he tomado mis favoritas para comentar, pero con ésas bastan y sobran para demostrar la profunda calidad de cada grabación (voy en orden de trascendencia, dejando al final lo mejor)


            “Adiós” una palabra que en ocasiones da alivio, en otras provoca tristeza, pero es una que inevitablemente vamos a escuchar y a decir a lo largo de nuestras vidas.

            Esta canción no es la más triste ni la más alegre para decir despedirse, ciertamente muestra agradecimiento, un toque muy personal e íntimo en el que se reconoce todo lo compartido y sin el menor dejo de reclamo.

            En ocasiones uno se tiene que ir, sin importar todo lo pasado. No siempre hay explicación, porque las despedidas simplemente pasan. Y no es que haya desaparecido el afecto, pero a veces es un acto de amor el retirarse a tiempo.

            Memory

            Esta melodía de una cajita musical es tierna, pero no voy a hablar tanto de ella, sino de lo que representa. En la serie, suena mientras Spike va dejando atrás unos recuerdos tristes en un episodio que resultó muy tierno.

            Recuerdos, a veces maravillosos, a veces desgarradores, pero creo que forman parte de nuestros tesoros personales. Todas las remembranzas que tengo son valiosas experiencias o bonitas vivencias.

            A la mujer que me roba el aliento le agradezco todos estos recuerdos que me ha dado, la mayoría de manera involuntaria. Siempre atesoraré conmigo las preciosas sonrisas, las cautivadoras miradas y cada una de las palabras dichas con su hermosa voz.

            Todos estos escritos que le he dedicado (y los que faltan), formarán parte de mis recuerdos y me acompañaran, sin importar lo que venga en el futuro.


            Elm es una maravilla, es la expresión musical universal perfecta, ¿Por qué? Porque no requiere de letra, con simples sonido vocales se puede expresar un sentir a cualquier humano de este planeta.

            ¿Qué siento con Elm? Siento paz, siento empatía, siento felicidad, siento que siento. Hemos diseñado un mundo lleno de distracciones y a veces se nos olvida que cosas tan sencillas (como esta melodía) pueden ocasionarnos algo sin tener que ser espectaculares. Es como música antigua, sin muchos adornos, sin ser pretenciosa, sólo se muestra tal cual y, gracias a esa sencillez, es que es grande.

            Ave María

            Como ya he constatado en pasados escritos, desde hace más de 20 años deje la religión para volverme ateo y, posteriormente, agnóstico. Sin embargo, dejando a un lado las cuestiones religiosas, esta versión del Ave María es simplemente hermosa. La intensidad con la cual es interpretada le llega a uno a las venas sin importar las creencias o no creencias que ejerza.
           
Con mayoría de población católica en este país, es natural y obvio que la mujer que me gusta pertenezca a dicha religión. ¿Qué voy a hacer si un día me acepta y me cuestiona por los temas teológicos?

Bueno, el hecho de que no comparta una creencia no quiere decir que no la pueda respetar. Además, algo que debo de agradecer es que mi educación católica me dio muchos valores que aún hoy conservo (acompañados también de muchos dogmas que he ido limpiando con los años).


¿Para qué nos sirve este mundo de apariencias? ¿Por qué no decir las cosas a la primera? ¿Qué va a pasar por decir lo que sentimos o pensamos?

“We couldn't say them, So now we just pray them, Words that we couldn't say” ¿Qué tiene de malo decirle que la amo? Parece que mucho, le dije que me interesa y desde ahí se complicó todo.

“Sometimes baby We make mistakes. Dark and hazy, Prices we pay. I sit here on my shelf Just talking to myself.   Words that we couldn't say” Así que solo me queda sentarme frente a mi Lap y escribir todo lo que siento, todas esas palabras que no puedo decirle de frente con la esperanza de que, algún día, se enteré de mi sentir.

“Someday maybe We'll make it right. Until that day Long endless nights” Esperando que algún día proceda con inteligencia, seguiré con mis noches de insomnio, escribiéndole algo o cavilando sobre mis errores y masacrándome con incontables Por qués.


            Sin respuesta, en muchas ocasiones el silencio es la respuesta más fuerte de todas. En la primera estrofa dice “Now you know the man I am, Can you forgive me?”, no es necesario decir mentiras para aparentar algo más, sólo dejamos de decir lo que sentimos, o actuamos cómo se supone que deberíamos. Tal vez nos mata un amor por dentro que no podemos decir para no echar a perder todo (y a veces, sin decirlo, echamos a perder todo).

            De ahí pasamos a la parte dónde dice “With every lie that I lived, Part of me would fade. Into this empty shadow I've become, And now I feel so numb. I no longer know myself, But I still know you” Es increíble cómo el idolatrar a alguien va haciendo que nos perdamos en el vacío, ya no ponemos atención a lo que pasa con nosotros, sólo nos fijamos en cada detalle del ser que justifica nuestra existencia.

            Por eso, cuando uno llama y no hay respuesta de la amada, la vida deja de tener sentido, vemos pasar el pasado ante nuestros ojos, mismo que ignoramos porque sólo vemos su rostro. Sin importar todo lo que escriba, nadie sabe todo lo que significa para mí.
           

            “Is it right or ist it wrong? And is it here that I belong?” ¿Estoy haciendo bien al quedarme o me estoy equivocando? Ciertamente la incertidumbre me ha ido desgastando a última fechas, y ya estoy haciendo algo o me voy a consumir a este ritmo.

La semana pasada estaba nadando (¡Como me ha hecho bien nadar!) y de pronto empezó a llover, lo cual no impidió que siguiera con mi meta fijada, PERO al ver el primer trueno me tuve que detener, ni siquiera yo puedo ser tan imprudente para nadar con tal riesgo.

“Walk in the Rain, in the Rain, I walk in the Rain” . . . . .

            Por lo que entre a los vestidores, me bañé y cambie. Estaba lloviendo fuerte, por lo que muchos estaban en espera que amainara para ir a sus autos. A mí no me importó y me puse a caminar bajo la lluvia, de alguna manera ya estaba mojado y no tenía ganas de esperar junto a desconocidos, ya quería llegar a mi casa a relajarme.

“If there is a hell I'm sure this is how it smells. Wish this were a dream, but no, it isn't” El infierno de la incertidumbre es horrible.

            De esta canción hay algo que me enoja de manera profunda, cuando dice “Why do I feel so alone? For some Reason, I feel, I’m home” resueno profundamente con el sentimiento de la frase (y de toda la canción). Tantos años he estado solo que, al estarlo, ya me siento como si fuese mi hogar.

Eso en verdad me enoja, porque hay algo en mi interior que se ha propuesto a mantenerme solo, y ya va siendo hora de trabajarlo para que no me impida estar al lado de la mujer que amo. ¿Acaso no puedo visualizarme a su lado? En verdad quiero estar con ella con todo mi corazón, el problema es que ya la he regado demasiado y no quiero que me acabe alucinando.


            A veces una simple llamada hace la diferencia.  Sólo me ha llamado en tres ocasiones y en cada una de ellas fui inmensamente feliz.

 La primera fue en la presentación que tuvo con una coreografía que había montado. La grabe y espere afuera, porque después íbamos a ir a bailar, como no salía (y no contestaba mis llamadas) pensé que se había adelantado, así que partí. Cuando estaba a punto de llegar, sonó el teléfono ¡era ella! La habían retenido más de lo programado y apenas habían salido, así que mentí diciéndole que recién me había ido y regresé por ella y una amiga.

La segunda vez fue el siguiente Miércoles, tras habernos visto el Domingo (baile social), Lunes y Martes (clase de reposición y clase normal), en verdad la extrañaba mucho a media semana.

Creo que la atraje con el pensamiento porque, por la tarde, sonó mi teléfono ¡y era ella!, así que me salí de junta (argumentando una llamada urgente) y atendí al teléfono. Al inicio no me contestaba pero, tras unos ruiditos dijo “Bueno”. Resulta que su celular no estaba bloqueado y se marcó sólo. En realidad no platicamos mucho en aquella ocasión, simples saludos de cortesía “¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día?” y cosas así. Nunca una llamada accidental me había hecho tan feliz.

La tercera vez fue cuando fuimos al cine, el cual ha sido uno de los momentos más maravillosos de toda mi existencia, pero de ese día tan maravilloso y, al mismo tiempo, tan terrible ya escribí en un ensayo anterior.


¡Wow! El Sax en esta canción lo es todo, la interpretación, las notas, la intimidad, el sentimiento, todo lo que transmite sin una sola palabra. Amo este tipo de música, es cuando toda mi sensibilidad simplemente fluye, no hay letra que seguir ni idea que interpretar, sólo sentir lo que la música te provoca.

 Tenemos un ambiente nostálgico e íntimo, una profundidad de sentimientos muy auténtica, dejamos la mente atrás y resonamos con la melodía, dejar de juzgar y que fluya todo lo que somos y no lo que nos dicen que debemos ser. Es una melodía libre, valiente y que, a través de su desnudez, nos muestra todo su poderío, no por notas fuertes o violentas, sólo a través de su honestidad y pasión, dentro de esa serenidad tan orgánica que es imposible no percibirla (por lo menos para mí).

La melodía ideal para compartir un momento de intimidad con la pareja, un momento de silencio, de verse a los ojos, de escuchar su respiración y saber que, sin tener que tocarse, están integrándose a un nivel superior al físico.

Empieza tranquila, va creciendo en intensidad para que, al aproximarse al final, empiece a desaparecer como un susurro en el viento


Esta es la auténtica definición de obra de arte.

Otra vez nos deleitamos con el Saxofón tan virtuoso, con una tranquilidad impresionante, tomándose su tiempo para degustar la situación, para ir pavimentando el camino de lo que va a ser el resto de la melodía, preparándonos y tranquilizándonos para este viaje tan trascendental como la vida misma.

Para mí la canción se divide en tres grandes tramos, la primera, la del Sax que nos va preparando, en la segunda empiezan los coros estilo tribal.

Cuando empiezan los coros, de alguna manera, te sientes feliz, te sientes un poco triste, te sientes vivo, no sabes si bailar tranquilamente o sentarte a degustar la música mientras meces tu cabeza. Entonces llega la tercera parte, en donde el Sax y los coros empiezan un diálogo musical y se entrelazan para dar una canción magistral.

Sé que me estoy viendo soberbio al intentar explicar una obra tan profunda. La música tiene esencia orgánica, sin remanentes de artificialidad, a pesar de que los instrumentos lo sean, la creación obtenida es algo único. Así debería ser la música, algo que no se pueda explicar, sólo tomar el sentimiento y disfrutarlo con plenitud.


Mi color favorito siempre ha sido el azul, ¿será por eso que amo esta obra? ¿O será que siempre que la escucho la depresión me invade al sentir cabalmente todo lo que expresa?

¿Qué se puede decir acerca de esta maravilla musical? Es una de esas canciones que para mí dejó de serlo, en realidad es como una especie de himno, algo muy personal e íntimo. Es de esas ocasiones en la que dices “¡Qué bueno que alguien la escribió! Porque yo la tenía que escribir y no sabía cómo!” Al escucharla me digo a mí mismo “¡Maldición! ¡Ésa es mi canción! ¡Ése es mi sentir!”

            “Ask myself what is all for? And you know the funny thing about it? I couldn’t answer. No, I couldn’t answer” Esa parte siempre me destroza, y lo hace porque es plenamente cierto. Sólo dos veces en mi vida le he encontrado sentido a la misma. Ya eche a perder la primera, por lo que no puedo permitirme desperdiciar la segunda. Si me vuelvo a quedar sin respuestas ¿Cómo demonios sería tan cínico para llamar a esto vida?

            “Things have turned a deeper shade of blue. And images that might be real
May be illusion, Keep flashing off and on” ¿Qué es real en este mundo?
Estamos tan adaptados a las apariencias que ya no sabes qué puede ser producto de tu imaginación. A veces uno cree ver sentimientos en otra persona para acabar desengañándose.

“Don't wake me from the dream. It's really everything it seemed. I'm so free. No black and white in the blue” ¡Qué bonito es vivir un sueño! En ocasiones dura toda una vida o una sola noche. Lo realmente maravilloso sería que nadie nos despertara y nos permitieran vivir en él, aunque la realidad fuese distinta. ¿Quién quiere vivir en la realidad si ha vivido el sueño más maravilloso?

“Everything is clearer now, Life is just a dream you know That's never ending. I'm ascending”


Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 28 de mayo de 2013

Monstruos

            El pasado Domingo, cual cazador moderno, fui en busca de comida. La única diferencia con los cazadores de la época de las cavernas es que iba armado con un pedazo de papel al cual llamamos dinero y que nos facilita mucho las transacciones.

            Se me antojaban unos tacos que están a unos 800 metros de mi casa pero, al llegar, ví que tenían suficiente gente como para desanimarme, así que opte por caminar unos 400 metros más hasta un restaurante en donde me gusta la comida corrida.

            En esta ocasión no me gustó el menú, así que seguí de largo a otro negocio de tacos árabes, pero no me agradó que la dueña estuviera en la entrada platicando con sus empleados, como que no quería “interrumpirlos” en su plática, así que seguí de largo y regresé sobre mis pasos.

            Tenía dos opciones: regresar al puesto de tacos original o comer atún en casa. Al visualizar el negocio de regreso note que había un poco menos de gente, pero seguía habiendo demasiada a mi parecer y, como no quería compartir la mesa con nadie ¡seguí de largo!

            “¡No puede ser Hebert! ¡No mames! ¿Acaso estás wey?” a lo que me contesté “No quiero esperar a que me sirvan y no quiero compartir mesa con nadie” a lo que me revertí “¿Y acaso es mejor comer atún?” pregunta a la que ya sabía la respuesta al no detener mi trayecto a la casa. Y así fluyó el diálogo en el cual me daba argumentos sin validez pero suficientes para sustentar mi decisión. Afortunadamente en casa tenía latas de pechuga de pollo y otras de verduras, así que no fueron tan escuetos mis alimentos.

            Otra vivencia, hace unas tres semanas tuve el pesaje final de la quiniela para bajar de peso con mis amigos de la Disposición. A pesar de que había reducido 8kilos, quedé en segundo lugar, mismo que acepte con resignación. El premio que me correspondía era un Buffet en el Pampas, cortesía de mi amiga Camelia.

            Ante el poco interés del resto de los integrantes, se pretendió cambiar el lugar y el día por uno más cómodo y barato, hecho que activo mi “Diva’s mode” y me puse digno, argumentando que no era lo acordado y que si querían ahorrarse dinero, mejor que lo dijeran de manera directa.

            Esto último ofendió a Camelia, ya que le correspondía pagarme, así que optó por darme el dinero de lo que costaba el buffete de Espadas, el cual tome con toda tranquilidad mientras ella, que esperaba una reacción más sensata de mi parte, se iba furiosa mentándome la madre (literal).

            Unos días después, Camelia y yo arreglamos nuestras diferencias y volvimos a ser los amigos que siempre hemos sido; claro está que me dijo cómo se sintió con mi desplante y lo injusto que fui, hecho que no negué y ofrecí las correspondientes disculpas.

            En un momento sigo con las anécdotas para documentar este escrito, sólo quiero hacer un paréntesis para plantear una pregunta: ¿Saben lo desgastante y frustrante que es vivir con el enemigo en casa? Porque me doy cuenta de lo infantil de mi comportamiento en estos y los siguientes ejemplos y, lo que es peor, lo disfruto a pesar de saber que estoy comportándome como un imbécil. Bueno continuemos con más casos de mi malentendida dignidad.

            La siguiente semana cumpliré trece años trabajando en VW, sin embargo no es mi primer empleo, ya que trabaje un año en Herramientas Stanley (hoy Black and Decker). Mi objetivo al entrar a dicha empresa era claro: obtener el año de experiencia que te piden en todas las vacantes y largarme a buscar una mejor empresa.

            Durante ese año, y fiel a mi esencia, trabaje con toda la seriedad y profesionalismo posible, dando todo lo que estaba en mí para demostrar mi valía, y era feliz, no lo voy a negar.

            Una semana antes de mi programada renuncia, me empezaba a cuestionar la validez de mi plan, pero entonces corrieron injustamente (y sin previo aviso) a uno de mis amigos, así que la bestia interna se fortaleció y reafirmó mi postura, así que al cumplir mi año renuncie de forma natural.

            Mis jefes (que no eran los que me habían contratado originalmente), me dieron un sermón de la seriedad, del profesionalismo, del respeto y demás falsedades viniendo de su boca y sólo se callaron cuando les repliqué: “Claro, la misma seriedad, profesionalismo y respeto con el cual corrieron a Humberto sin previo aviso ¿cierto?”. Inmaduro o no, ésa contestación aún me sigue llenando de orgullo, seguramente mi renuncia no resultó vital para la empresa, por ser un simple asistente administrativo de almacén, pero en mi pequeño e inexperto mundo, creí que le hacía un poco de justicia a mi amigo.

            Como he comentado en ocasiones anteriores, siempre viví con la creencia que esta desmedida soberbia se había generado en respuesta al bullying que sufrí en secundaria pero, en realidad, parece que este monstruo nació conmigo.

            Mis padres tenían mucha ilusión de enseñarme a andar en bici y en patines. Recuerdo con dolor ese día, porque mi paciencia sólo dio para un día, aterrice tantas veces en mi trasero que explote (algo raro en un niño tan cándido como fui) y mande al demonio la mentada bicicleta nueva con los patines tan bonitos.

            A pesar de la insistencia paterna, me monte en mi macho y cuando me pongo de necio es casi imposible convencerme de lo contrario. Así que la bici y los patines esperaron a que mis hermanos menores los disfrutaran.

            Hoy en día, cuando alguien se entera que no sé andar en bicicleta o en patines, se sorprenden, y casi todos me dicen que soy la única persona que conocen que no sabe andar en bici lo cual, estúpidamente, me causa una especie de orgullo retorcido. ¿Por qué? Les contesto que he podido tener una buena vida sin la mentada bicicleta, y así ha sido, sólo la vez que visite Alemania ha sido la única que me ha hecho falta la bici.

En fin, el caso es que tengo una seria deficiencia de humildad, por lo mismo, me he sentido orgulloso (muy orgulloso, cabe recalcar) de mi Autosuficiencia desde edades muy tempranas. Como comente en otro escrito, de hecho era común que me echará trabajos grupales en la Universidad con tal de no acarrear con gente inútil.

Este monstruo orgulloso y soberbio se ha ido afianzando con el paso de los años en mi inconsciente, sabedor de que normalmente me alineó a sus deseos y ordenes, por lo que mi parte humana y positiva, muchas veces ha trabajado de buena gana en conjunto.

            Es aquel monstruo estructurado y dogmático que quiere que las cosas salgan exactamente como quiere y que todos reaccionen de la manera que prevé. Recuerdo que un profesor alguna vez me dijo “El día que tenga su Universidad, hará lo que su regalada gana se le pegue, mientras llega ese día, se amuela y va a hacer lo que le diga”. Como recuerdo ese momento, tanto por la fuerza con la que me le dijo, por el mensaje y, sobretodo, ¡porque no me dejo hacer lo que yo quería! ¬_¬U

Pero sería injusto señalar sólo lo negativo de este querido monstruo (porque, a pesar de todo, lo he aprendido a querer). Gracias a esta bestia interna (que muchos llaman ser inferior) he obtenido muchos logros en este mundo tan cruel y despiadado, enfocado a objetivos materiales. Así que en cuestión laboral y material no me puedo quejar, ya que mi ser superior e inferior trabajan perfectamente en conjunto para mi desarrollo profesional.

El problema con el monstruo soberbio es que, de alguna estúpida manera, siempre se las arregla para obtener victorias morales huecas en las que me mantengo muy digno, aunque los “perdedores” se la pasen muy bien en mi ausencia. Mal haría en contar la cantidad de eventos que rechacé cuando por dentro quería ir, pero no me lo permitía mi tonto orgullo.

            Mi ser inferior me ha programado toda la vida para hacerme sentir valioso en mi soledad, me ha hecho creer que estar solo el resto de mi vida es lo deseable (y así he vivido muchos años). No niego que he disfrutado mi soledad, el problema radica a la hora de relacionarme.

            Afortunadamente, mi ser superior siempre me ha dado una irracional certeza de que, pase lo que pase y de alguna manera, voy a acabar mis días lado de la mujer adecuada.

Recientemente me han puesto una prueba en la oficina que me va ayudar a trabajar esto. Mi jefa me asignó un proyecto al lado de la compañera de trabajo que más me fastidia, aunque su comportamiento no sea a propósito.

¿Por qué me fastidia esta fémina? Porque es dogmática, intolerante, cree que sólo ella tiene la razón, quiere hacer las cosas a su manera y los demás no están a su altura. ¿Les suena conocido?

Al parecer es una calca mía, de ahí viene mi repulsión. Lo peor del asunto es que, aunque la desprecio, ella me aprecia de manera honesta, y eso me hace más difícil la situación, porque cuando el odio es reciproco, es más fácil llevar una guerra. Pero eso es una fortuna, ya que eso me indica que debo ceder, y debo aprender a trabajar con alguien tan complicado como yo. Tal vez así llegue a entender a las pobres almas que se atreven a confrontarme (ñaca, ñaca. Perdón por la risa macabra, pero es que quedaba ad hoc a la última línea).

Pero, si he sido así 36 años, ¿por qué ahora estoy escribiendo todo esto si, en el fondo, me ha dado tantas satisfacciones (huecas, pero satisfacciones a fin de cuentas)? Fue necesario que conociera a una maravillosa mujer que ha envalentonado a mi ser superior para darle batalla al inferior, por una vez he encontrado un argumento suficientemente poderoso para vencer mi orgullo o, por lo menos, aprender a domarlo.

No voy a negar que desde que alcancé la resolución del Sábado pasado, me había sentido más tranquilo. Y es que, de alguna manera, me había rendido a mi bestia interna, dándole el placer de retirarme y, posiblemente, dejar a la mujer de mi vida en el camino. ¿Qué cambió este Lunes?

Siempre he agradecido el tiempo que he invertido en terapia. Gracias a la guía de Ana hemos vencido creencias familiares, personales, hemos revalorizado mi amor propio, superado introyectos infantiles y lealtades energéticas, además de que hemos mejorado mi manera de relacionarme con el mundo, de canalizar mis virtudes, hemos ido domando a muchos monstruos internos pero ahora sí tenemos un trabuco enfrente.

En la sesión de este Lunes, Ana logró hacerme ver muchas cosas de mi postura. Creo que ahora habló más el cariño que me tiene que la terapeuta, ya que su fervor por convencerme me conmovió en verdad, y es que ella capta lo especial que me resulta esta mujer. Por primera vez no sé si estoy haciendo lo correcto al seguir sus consejos pero, basándome en las vivencias pasadas, voy a confiar en su experiencia como psicóloga y como mujer.

Al final de la terapia me sentí un poco horrorizado por lo que el monstruo ha hecho en mi psique. Ana me dijo “Hebert, atrévete a enamorar a la mujer que tanto amas (en lugar de huir)” a lo que le conteste “¿Sabes lo que siento cuando me dices eso Ana? Como si le dijeras a un niño con polio y en silla de ruedas que corra el maratón

Ahí fue cuando Ana evidenció lo nociva que ha resultado esta parte soberbia: “No Hebert, una cosa es que seas inexperto y otra que seas incapaz. No eres un niño con polio, eres un niño que está aprendiendo a caminar”. Ahí me sentí profundamente afectado, me daba cuenta de todo el mal que me he hecho, de todas las creencias que me he contado y todo el amor del cual me he privado por el tonto orgullo.

Es estúpido que este ser inferior me hace sentir superior por mantenerme lisiado, por poder vivir sin lo que los demás necesitan, el que me quiere hacer creer que soy una especie de raza superior que puede vivir sin amor.

            Y gracias a este monstruo, me he provocado tanto sufrimiento en los últimos días, esa maravillosa mujer a la cual amo en secreto (bueno, ni tan secreto) no ha hecho nada para que yo me flagele tanto pero, al estar ante las puertas de algo tan maravilloso, mi monstruo ha entrado en pánico y no quiere perder su identidad.

            Y hablando de identidades, le comentaba a Ana que sé que podría andar en bici, gracias al baile he adquirido un control maravilloso de mi equilibrio corporal, así que no tengo duda de que podría andar en bici fácilmente. Pero mi respuesta honesta es “Tengo miedo de perder mi identidad” y creo que ése es suficiente motivo para intentar andar en bici y empezar a cambiar algunas actitudes de raíz.

            En fin, una vez más,  me veo en la conocida postura de aguantar. Me siento feliz de que voy a estar más tiempo viendo a mi amada, la mejor mujer que haya conocido, pero no niego que me asusta un poco volver a enfrentarme a la bestia que tanto me flagela con el sufrimiento. Sé que no puedo extirparla, porque es parte de mi ser, en terapia vamos a trabajarla, mientras tanto sólo me queda decirle “Mira, si no me quieres ayudar ¿por lo menos podrías callarte? En verdad estoy en algo importante aquí y, te pido de todo corazón, ayúdame en esto”. Hebert, invocando a todas las partes de mi ser, ayúdame a lograr esto.


            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 26 de mayo de 2013

Fin de semana de luna llena

            Mi fin de semana se puede resumir en seis momentos que están ligados a seis sentimientos. Creo que la Luna llena hizo de las suyas conmigo (sobre todo con la vivencia final).

            Momento gregario

            Ayer fui con mi amiga Moni a ver “El Reino Secreto” (“Epic” en su título original). La película me encantó, más que por el argumento (que es sobresaliente), por ciertas frases que me llegaron al alma, en especial una.

            “Nadie está solo . . . . ni siquiera él”, siempre escucho frases que me dicen que no estoy solo o que nadie lo está, algo se activa en mi interior y me siento profundamente conmovido. Me gustaría creer que eso es cierto, y muchas veces así lo siento pero, al final del día, acabo solo.

            Alguna vez lo platique en terapia, el problema que tengo cuando convivo mucho tiempo con alguien, y me la paso muy bien,  es que al despedirnos me siento triste. Tal vez por eso cuido tanto mi soledad, para no embarcarme en momentos cálidos que luego me pueden hacer falta.

¿Cuándo dejaré de padecer “El dilema del Puercoespín”? El día que abandone la seguridad de mi isla de soledad, me integre por completo a la sociedad e “inclusive yo” deje de estar solo. Como dicen en la película “Todos somos hojas únicas, pero estamos conectados al mismo árbol”, lo que interpreto como “Todos somos seres únicos, pero estamos conectados por la misma vida”.

Momento Snob

Cómo me siento viejo cuando recuerdo cosas que pasaron 15 ó 20 años atrás, pero en fin. Hace dos décadas, si la memoria no me falla, se abrió el primer Sam’s Club (¿o acaso era Price Club?) en Puebla, ubicado en La Noria. Recuerdo que mi papá nos llevaba a comprar cosas “bonitas” y, de paso, freseábamos un poco y nos sentíamos de la High Society (cosa que nunca fuimos, pero a nadie le hacíamos daño con fresear un par de horas). Afortunadamente mis papás nos hicieron muy sensatos, así que las visitas al mercado eran mucho más frecuentes que las esporádicas visitas al Sam’s.

Poco después de que empecé a trabajar en VW (año 2000) abrieron Costco en Puebla y al año siguiente me hice socio. Definitivamente soy una persona muy curiosa porque me encanta comprar en dicha tienda, pero lo hago en horas en que no va mucha gente, ésa que no me agrada por ser “demasiado nice para este mundo”.

¿Por qué comento todo esto? Después de la película, acompañe a Moni a comprar unas galletas al Sam’s de Plaza San Diego. Tenía como seis años que no me paraba en un Sam’s y me resultó extraño. En mis recuerdos el lugar era algo así como Costco pero ahora me resultaba menos “nice”.

Hace un par de años comente ampliamente este tema: aunque en esencia sigo siendo sencillo, ya me he cachado con ciertas actitudes mamonas que normalmente me torturan pero que he aprendido a aceptar.

El caso es que no me sentí a gusto en el Sam’s, creo que soy “totalmente Costco”, en definitiva no soy gente “nice” pero me gusta ir ahí a comprar ciertos productos. Me siento mal por escribir esto pero Sam’s no me gusta por no ser bonito como Costco (por favor, si alguien me ve en la calle, no dude en darme un buen zape).

Momento empático

Ayer por la noche, leí un par de capítulos de “Choque de Reyes” la siguiente entrega de la Saga de Juego de Tronos. Así que leí uno de Tyrion (mi personaje favorito) y otro de Arya (que me cae muy bien).

Tyrion es exquisito en su lenguaje, en sus modales, en su sarcasmo, en su inteligencia, en su astucia y en casi todo su ser, en verdad que fue compensado en exceso por el autor debido al físico tan patético.

En el capítulo que leí, Tyrion tenía una charla genial con Varys (la araña e informante de la Corte). Primero hablaron por el asesinato de una prostituta y su hija, la cual era bastarda del difunto Rey. A Tyrion le molestó bastante el hecho ya que todo el amor carnal que había recibido había sido por parte de meretrices, así que les tenía un afecto especial. Así que Tyrion mando desaparecer al asesino de la prostituta, en un acto de justicia fría; fue cuando empezó a extrañar a Shea, su propia “asistente” y anhelar su presencia.

El diálogo entre Varys y Tyrion fue una maravilla, llegando al punto en que el Enano le dice “Lord Varys, por extraño que parezca, os estoy tomando cariño. Aún es posible que os mate, pero lo lamentaré de verdad” a lo que Varys responde con gracia “Consideraré eso como un cumplido”

Después de la plática, Tyrion sostiene un diálogo con Bronn (su mercenario y guardaespaldas), sobre el hecho de asesinar bebes indefensos. Bronn da una respuesta que satisface a Tyrion y así se describió su sentir: “Tenía ganas de reír. Tenía ganas de llorar. Sobre todo, tenía ganas de estar con Shea”

Esta última línea me llego a lo más profundo del corazón. Tyrion es un humano como cualquiera, sin importar la calidad moral de sus acciones, tiene sentimientos. Sabe que es enano y está feo, sabe que es despreciado en todos lados (incluido su propio clan), sabe que su única forma de acceder a una mujer es a través del dinero, pero acepta su vida.

Dentro de su existencia ha encontrado momentos felices, momentos en que no cuestiona esa breve plenitud que encuentra y simplemente la disfruta. Él esta consciente de su hándicap, está consciente del estigma que carga, ¿Acaso se lamenta por ello? ¡No! Simplemente juega con las cartas que le tocaron y hace un trabajo soberbio. ¡Amo a Tyrion! Lo admiro con devoción y quiero ver qué es de su vida a lo largo de la saga.

Momento de felicidad retroactiva

Al levantarme hoy ví algo que me ocasionó una felicidad instantánea: el cielo estaba nublado. Mi felicidad era mayor porque me tocaba salir a correr, y no hay nada mejor que hacerlo con un techo de nubes e inclusive con lluvia.

Además de ocultar al sol ¿Por qué me gusta correr con este clima? Me encanta la humedad que prevalece. Tal vez no está bien de la cabeza por escribir esto, pero en verdad amo sudar. Pero hay otra razón.

La alta humedad me recuerda a Veracruz, siempre que hay mucha humedad en el ambiente, me pongo de buenas. Sostengo que prefiero el clima frío que el cálido, pero eso no quiere decir que el clima húmedo no lo ame también.

Cuando siento la humedad en mi piel, es como estar en casa, en ese constante anhelo por el mar, por los días de mi niñez en el playón jarocho, en esa vacaciones familiares que eran muy sencillas pero que para mí eran de una felicidad máxima, el lujo de andar con chanclas en la calle y todo el tiempo de shorts, de ir al Chedraui (cuando sólo existía en Veracruz) y sentir que hacíamos cosas distintas pero parecidas a nuestra vida cotidiana en el DF.

Tal vez nunca vuelva a vivir a la orilla del mar (aunque nunca se conocen las vueltas que da la vida), pero cada vez que visite el mar o que haya un día húmedo en el cual correr, mi alma siempre será feliz de sentir toda esa nostalgia que perpetuamente siento por el Atlántico.

Momento de envidia

Desde hace un par de años, he incorporado a la pirámide de Cholula en mi ruta, la cual subo y bajo en par de ocasiones. Cuando ya iba de salida, ví a una mujer que le gritaba a alguien, pero no alcanzaba a ver a quién.

De pronto, de entre las hierbas, salió un pequeño perro (creo que era Schnauzer) corriendo a toda velocidad, como si el alma se le fuera en ello y con una alegría desbordante que se contagiaba con tan solo verlo.

Baje un poco el ritmo para ver con calma la escena, ella le hablaba y lo chuleaba mientras el canino llegaba con toda su buena vibra y felicidad. Aunque ya han pasado casi tres años de la mudanza de Osa y Dori, creo que hoy las volví a extrañar con intensidad.

Desde que mi madre se regresó a Veracruz, a mis perras las cuida una familia mexicojaponesa que las trata de maravilla. Cada mes paso a visitarlas, les llevo su alimento y demás accesorios y me quedo un rato con ellas. Nunca en mi vida las había visto tan cuidadas ni tan felices, ni siquiera cuando me dedicaba en cuerpo y alma a ellas.

Definitivamente los japoneses son una cultura más serena, y eso ha permeado en Osa y Dori, a las que se les ve plenas. Me hace feliz que ellas estén bien y, no lo niego, también me pone un poco triste, porque ya han dejado de ser “mías”, y eso me hace un poquito menos feliz, porque ellas fueron mi sostén emocional durante algunos años.

Por eso envidie un poco a la señora del Schnauzer, porque no sé si sepa el gran tesoro que es el tener una pequeña alma que te idolatra como su Dios personal y no duda en darte todo su ser con tal de que seas feliz.

Osa y Dori van a cumplir 10 años en Septiembre y Octubre (respectivamente), por lo que su tiempo en este planeta se va acortando. Aunque ya no sean propiamente mías, las voy a visitar y hacerme cargo de sus gastos hasta el día de su muerte, sólo hasta que eso pase, podrá surgir en mi cabeza volver a tener mascota, mientras tanto tendré que conformarme con el amor de mis peludas a la distancia.

Momento de catarsis

Al ser Domingo en la mañana, el flujo de autos es leve en Camino Real. Iba pasando frente a la UMAD cuando de pronto un sonido cálido e inesperado llego a mis oídos y mi corazón.

“¡Una flauta!” me dije “¿Dónde está sonando esa flauta?” voltee a todos lados hasta que localice el origen del hermoso sonido: en la otra acera iba caminando un viejecillo, con aspecto bastante deplorable y con muchos más años encima de los que seguramente tiene.

El señor iba cargando sus pertenencias en un costal a la espalda o, mejor dicho, en la joroba, porque caminaba muy encorvado. Me pareció que tenía orígenes indígenas por sus ropas o tal vez era un campesino perdido en la ciudad.

A pesar de su aspecto tan poco pleno, la melodía que tocaba era indescriptible, era algo muy bello, creo que nunca en mi vida había escuchado algo tan auténtico, tan hermoso y tan profundo.

La flauta no era la gran cosa, me parece que estaba hecha de caña, pero el señor la hacía sonar magistralmente. Me dí cuenta que no era el único en notar este concierto íntimo: frente a mí venía caminando una chica que también se volteó a escuchar al viejecillo.

No recuerdo en qué iba pensando (bueno, sí lo recuerdo, porque mis pensamientos han sido monotemáticos en los últimos tres meses), el caso es que iba distraído, traía las defensas psicológicas bajas al ir con mis constantes cavilaciones ¡y ahí entró la melodía como cuchillo en mantequilla!

Era algo increíble, era bastante sencilla, pero el sentimiento con que interpretaba el anciano era soberbio. Transmitía una especie de alegría vital combinada con una nostalgia profunda, todo estaba matizado con una inocencia infantil pero, al mismo tiempo, parecía que estaba llena de una sabiduría milenaria.

Sé que nada de lo escrito tiene sentido, pero hay cosas que la cabeza no puede explicar, sólo se pueden sentir, y la melodía del señor me caló profundamente y las lágrimas empezaron a brotar. No sabía por qué estaba llorando, por mí, por ella, por el futuro, por el pasado, por todo y por nada. Tal vez me estaba afectando la luna llena, lo único que sabía era que la melodía me estaba conmoviendo en lo más profundo de mi alma.

Por primera vez lamente correr sin dinero, así que no tenía nada que darle al señor: él me había dado tanto y yo no tenía nada para agradecerle. Así que sólo se me ocurrió cruzar la calle y decirle “¡Muchas gracias!” y seguir mi camino en lo que las lágrimas seguían fluyendo.

El señor siguió tocando, y a lo lejos lo seguí escuchando y el sentimiento en mi corazón seguía vigente. No sé qué pasó o por qué pasó todo esto, pero en verdad me siento muy agradecido por haber estado ahí en el momento preciso para vivirlo y sentirlo.

Esos breves momentos en los que agradeces estar vivo para experimentarlos.


Hebert Gutiérrez Morales.