sábado, 26 de enero de 2013

Manganime


El manga y el Anime me fascinaron (y aún me gustan) porque te ayudan a experimentar la inocencia, la ilusión, la bondad, y demás sensaciones positivas que deberíamos tener siempre presentes hacia nosotros mismos y nuestro mundo, de ver lo que somos capaces, de todas las virtudes potenciales que tenemos y que no explotamos a su total capacidad.
Rurouni Kenshin

            La animación japonesa no es lo mismo que las caricaturas, aunque la gente sólo vea dibujos animados, el producto no está al mismo nivel. Las caricaturas, casi siempre provenientes de Estados Unidos, están enfocadas al público infantil y hechas de manera simple (algunas mejores que otras); la animación japonesa es más sofisticada, con recursos cinematográficos, con mayor producción en sus tomas y en la música, mismas que tienen un nivel artístico bastante alto.

            Comparar el anime con las caricaturas es como comparar a Peter Gabriel con Juan Gabriel: los dos son cantantes, los dos son compositores, los dos tienen Gabriel en su nombre, tiene muchos seguidores (uno más que el otro) y los dos son controvertidos. A pesar de que tienen todas esas cosas en común, no es lo mismo. El mismo efecto pasa entre las caricaturas y animación japonesa: tendrán cosas en común, pero no están al mismo nivel.

Hashire Meros” (¡Corre Melos!) que en Latinoamérica fue conocida como “El Héroe legendario” fue una animación que vi alrededor de los 7 años de edad, y que me marcó para siempre. Es la historia de dos amigos, recién conocidos, en dónde uno pone su vida ciegamente en manos del otro y recibe a cambio únicamente la promesa de que regresará a ser sacrificado. ¿Por qué debería regresar a morir? Su palabra y honor como ser humano, además de la gratitud de que confiaran en él. Esta historia me emocionó, me enojó, me alegró pero, sobretodo, me conmovió; y es que resalta las virtudes, cada vez más olvidadas, que la humanidad puede tener. Ese día corroboré que la animación japonesa definitivamente tenía esencia, y que no era como las caricaturas bobas que recibíamos del Gabacho.
Kamui Gaiden

            Desde la primera vez que ví Anime de calidad, sentí un cálida sensación en el pecho, algo así como cuando se fantasea con épocas buenas en donde el mundo era un buen lugar para vivir en compañía de gente decente, mismos que nunca fueron en el plano real. Eso que siento es el producto de lo que reflejan esas historias que me demuestran lo que pudimos ser, lo que pudimos alcanzar y que, en teoría, están en esos ideales que algunos aún tenemos y que la mayoría ya vendieron en pro de una vida más cómoda, sin la pesada carga que significa tener valores e ideales que respetar.

            Una de mis animaciones favoritas, y que no fue muy famosa, fue “Kamui, el ninja Desertor” (Kamui Gaiden), una animación de los años 70, con un argumento algo oscuro, que a veces te aterrorizaba y muchas veces te conmovía. Sentías admiración y, al mismo tiempo, lástima por el destino de Kamui. Cuando ví el final de dicha serie me puse a llorar como chamaco (aunado al hecho de que en realidad era un chamaco).

            Pero no es la única nostalgia que me provoca el manganime, de alguna forma que no puedo explicar, siento una pertenencia muy orgánica la cultura nipona, cuando experimento sus muestras artísticas, me viene a la mente una felicidad pasada, pero MUY pasada, tipo de vidas anteriores. Tengo la sospecha que en una existencia anterior estuve muy ligado a Japón, inclusive que fui parte de dicha tierra. Tal vez no físicamente pero energéticamente, corre sangre nipona por mi ser.

            Sólo un pequeño porcentaje del manga o anime son para el público infantil, en Japón no tienen reserva alguna al leer historietas o ver animaciones sin importar la edad, prejuicio que sí tenemos en Occidente en donde creemos que esas formas de expresión son exclusivas para niños. Obviamente las madres ponen el grito en el cielo cuando ven algo inapropiado para sus nenes, pero la culpa no es del manganime, es la ignorancia de los que compran, emiten y venden dichas obras como si fueran infantiles, cuando no lo son.

A pesar de ser una fantasía, un ideal o una utopía, pero en verdad quiere uno creer que es posible lo que estás viendo en un Anime, que es cierto que podemos alcanzar esos niveles de excelencia humana. Me encanta(ba) verlo porque me hacía sentir que también podía ser “bueno”, que no había necesidad de hacer mal en el mundo. Eso no quiere decir que no haya personajes o situaciones “malas”, porque sí los hay. Pero hay una diferencia con los “malos” a los que estamos acostumbrados.

            En la animación japonesa no hay un “malo porque sí”, al igual que el protagonista tampoco es “bueno” porque así nació. En el Manganime hay personajes con virtudes y defectos, tanto en los “malos” como en los “buenos”; es más, en ocasiones las razones de los “malos” resultan justas y las de los “buenos” no tan nobles. Se agradecen esos planteamientos inteligentes y honestos en los argumentos, donde no nos muestran seres humanos perfectos (sólo perfectibles), aunque sí nos muestra lo que podemos llegar a ser si somos congruentes entre nuestro accionar y pensar.

            No hay personajes impecables, como neuróticamente nos hicieron creer en los cuentos de nuestra infancia, se trata de cómo uno puede ser “productivo” (para no utilizar la palabra “bueno”), sin tener que ser ideal, es intentar ser la mejor versión de uno mismo, y ese sentimiento tan rico, tan confortable y tan gratificante lo siento con la animación japonesa.

Para todos los que creen que sólo son caricaturas, los invito a leer (o ver) obras como “Death Note” o “Monster”. Son historias increíblemente inteligentes con diálogos profundos y brillantes y no sólo a nivel historieta, incluyo en esta comparación a libros de autores reconocidos a nivel mundial. Ambos son thrillers detectivescos muy interesantes, con artistas que rayan en la genialidad.

            Otra obra de mis favoritas es “Mushishi”, en donde la naturaleza es la protagonista, además del papel del ser humano al cuidarla o destruirla. Aunque la obra se desarrolla en el Japón antiguo, tiene mensajes muy actuales, mismos en los que nos evidencian nuestro alejamiento de la madre naturaleza. Una animación conmovedora y que invita a una profunda reflexión, inteligentemente planteada, con mensajes implícitos (espiritual, ecológico, humanista, etc.) que disfrutas mucho al ver los capítulos por segunda o tercera vez.
Death Note

            Pero que una historia sea de chicas no quiere decir que es completamente rosa, por ejemplo “Nana” es una historia con un par de chicas de protagonistas y, aunque una de ellas es muy cursi, la historia derrama genialidad en su argumento, en sus diálogos, dilemas morales y comportamientos humanos. Otra historia de chicas pero con situaciones algo fuertes es “Shoujo Kakumei Utena”, en la cual se analiza de manera metafórica esa necesidad femenina de encontrar a su príncipe azul, pero no de la manera en que todo el mundo está acostumbrado (por cierto, los duelos de espadachines están de lujo en dicha serie).

            También hay obras que son inexplicables y difíciles de entender, como “Serial ExperimentsLain” o “Gasaraki”, así como hay otras que son muy gruesas y densas como es una de mis favoritas “Neon Genesis Evangelion”, en donde no se tocan el corazón al momento de expresar sus visiones de la vida, mucho menos para “suavizar” alguna batalla o alguna blasfemia.

            Ninguna de estas obras que les mencione tienen que ver con lo infantil, esos prejuicios que la gente tiene al emitir una opinión de algo que conoce sólo de manera limitada. Los japoneses tienen muy desarrollada esa habilidad de provocarnos nostalgia con sus obras y, como soy adicto a dicho sentimiento, me encantan. En su sociedad son muy reservados, pero han encontrado la manera de desahogar esa sensibilidad en sus expresiones artísticas, entre ellas el anime y el manga, aunque también desahogan otros sentimientos humanos ligados con la violencia, la lujuria, los dilemas morales, los traumas y demás expresiones humanas.

            El pueblo japonés, a pesar de su personalidad reservada, en cuestiones artísticas se desenvuelven espectacularmente. Son muy detallistas, cuidadosos, serios, dedicados y entregados a lo que hacen, y el manganime no es la excepción. Los Nipones desarrollan sus obras para diversos públicos (adultos, señoritas, amas de casa, jóvenes estudiantes, niños, hombres asalariados, deportistas, etc.), por lo que el porcentaje de obras infantiles es pequeño (no ha de llegar ni al 10%). La mayoría va dirigida a un público entre los 15 y 40 años de edad, con temas más complejos y adultos, lo cual no quiere decir precisamente pornografía, que también la hay en el ya famoso género conocido como Hentai.

¿Por qué llegan a México las animaciones espectaculares, violentas, picaras o controvertidas? Porque es lo que el público quiere ver, lo que vende, por eso se traen esas obras y se hacen famosas, pero hay una amplia gama de otras que no son tan conocidas, con una calidad superior y que, seguramente, saldrían a las dos semanas de la programación porque al televidente común no le interesa rascar en la profundidad de su ser, es mejor una buena pelea o escenas pícaras (por eso ven TV).

Las historietas y animaciones japonesas siempre van a superar a las occidentales, porque los nipones inician una historia, la desarrollan y la concluyen. Algo totalmente contrario a los Comics de Estados Unidos en donde Superman está vivo desde los años 30 o El Hombre Araña desde los años 60 y, por más que pasa el tiempo, nadie se anima a acabar su ciclo. Muchos dirán que es por negocio, pero la industria de la Historieta japonesa es la más grande del mundo, y sacando historias nuevas, literalmente, cada día. Obviamente nuestros vecinos del norte se han dado cuenta de esto desde hace años pero, en lugar de generar ideas propias, se han dedicado a plagiar ideas niponas (El Rey León es el más grande ejemplo de ello)
Slam Dunk

Creo fervientemente que al inicio de la vida laboral, uno debe empezar a forjar su futuro con ahorros o inversiones a largo plazo. Pero también creo que, por lo menos una vez, hay que satisfacer algún deseo grande que tuvo en su etapa de “Estudiambre”. Cuando empecé a trabajar en VW, en una ocasión me fui a una de las convenciones de historietas en la Ciudad de México. Normalmente, cuando iba a esos eventos, mi presupuesto era limitado, por lo que acababa sacrificando el dinero de la comida con tal de comprarme un CD o un DVD adicional. La primera vez que fui con un potencial financiero de asalariado soltero, me gaste la friolera de 1000 USD, el sueldo de un mes de aquel entonces, en pura mercancía. En mi viaje de retorno me debatía entre un sentimiento de culpa y otro de éxtasis, y me alegró mucho de haberlo hecho, porque todo lo que compre me dio una alegría profunda.

            De mis Soundtracks favoritos, muchos son de animación japonesa, por la calidad tan excelsa que tienen dichas obras, las cuales están hechas con toda la seriedad que muchos artistas comerciales no conocen. La música es una evidencia contundente de la gran calidad del Anime, debido al profesionalismo con que lo realizan. Hay tantas joyas musicales dentro de mi repertorio musical como “Mou Ichi do” de Macross II, o “Wanna be an Angel” de Macross Plus, “Kaze ga fuku hi” de Escaflowne o “Blue” de Cowboy Bebop, entre tantas y tantas canciones que tocan mis fibras más profundas y eso no lo logra una canción de una simple caricatura.

            Una de las grandes artistas, tanto por composición como por interpretación, es Yoko Kanno, y no sólo en el Anime, sino en el mundo musical en general, basta escuchar su amplia gama de obras con una calidad excelsa para corroborarlo. Por artistas como ésta, que se merece un ensayo para ella sola, el standard de la animación japonesa está muy por encima del resto del mundo. Los invito a conocer “Tell me what the rain knows” (siempre lloro con este vídeo) o “Paradiso”, de la banda sonora de Wolf’s Rain, “Road to the West” o “Space Lion”, del Soundtrack de Cowboy Bebop, y se darán cuenta la profundidad y sensibilidad con la que estas creaciones fueron concebidas.

            ¿Cómo no emocionarme al ver a Rina Inverse haciendo un Drag Slave? O ¿Ver una clavada del talentoso Hanamichi Sakuragi? O ¿Qué tal ver a Son Goku reencontrarse con su difunto abuelito? ¿Qué tal el heroísmo de Kenshin Himura? ¿Acaso no se emocionaban cuando metía gol Oozora Tsubasa (a.k.a. Oliver Atom)? ¿Tal vez lloraron con la gran novela que fue Candy Candy? Imposible no conmoverse con la última batalla de “Macross: Do you Remember Love?” Todos esos momentos que al volver a verlos me producen una gran nostalgia por los sueños de juventud dejados atrás y una alegría por toda esa ilusión con la que disfrutaba mis animaciones. Esa sensación de que el mundo es bueno debería ser permanente en cada corazón.

            Extraño esos días en dónde llegaba corriendo a la casa para ver y grabar mis capítulos de Dragon Ball, Sailor Moon o Rayearth, esa autenticidad de sentimientos que es más fácil creer en una animación que en muchos humanos. Muestras de valentía y humanidad que cada vez parecen más ficción en un mundo que le da más valor a lo superficial en lugar de lo interno. Animaciones que nos recuerdan esa esencia humana que, pareciera, estamos cada vez más dispuestos a extirpar de nuestro ser, como si el tener sentimientos nobles fuera una especie de lepra.

            La animación japonesa me ha sacado una cantidad impresionante de lágrimas pero ¿Cómo no conmoverse cuando “el Señor Pikoro” dio su vida para proteger la vida de Gohan (el hijo de su enemigo)? O ¿Cómo no vibrar con la primera vez que Goku se convirtió en Super Sayajin?, ¿Cómo no llorar con la muerte de las Sailor Scouts? O ¿Pueden contener el llanto cuando Heide se separó de su abuelito? ¿Qué tal cuando se murió el Señor Vitalis, dejando desamparado a un frágil Remi? Tantos y tantos recuerdos que, aunque no son míos, son bellos.

            Podré ser criticado, ya que uno debe de “ganarse” sus propias memorias, pero al igual que pasa con los libros, los programas, las películas o los espectáculos, también recibimos regalos intangibles con la animación. Si hay algo que me ha hecho reír a carcajadas, llorar a moco tendido, reflexionar sobre el sentido de la vida o emocionarme con tanta adrenalina en la venas, no puede ser nocivo para mí. El manganime está lleno de ideales que como humanidad, podríamos alcanzar, aunque cada vez nos alejemos más de ellos. Sin embargo me gusta creer, tal vez de manera ilusa, que algo de todo eso que me regalan los japoneses, radica en nuestro ser.

Ahora que ya no soy aficionado a la animación japonesa, me doy cuenta cómo me veían el resto de personas “normales”, o sea, las que no compartían mi afición. Tengo un contacto en el Facebook que está, literalmente, traumatizado con “Naruto” y todos sus post giran alrededor de dicha serie, sus fotos son alusivas a los personajes de dicha animación y, no dudo, sus temas de conversación deben andar por los mismos tópicos. Se me crispan los nervios de saber que yo era así de fanático (porque no hay otra palabra) y, seguramente, así lo era porque hasta me enorgullecía de mi fanatismo.

Hace unos meses tuve una cena con unos amigos, la más joven apenas está en esa etapa en la que uno se da cuenta que el trabajo ya no es como la escuela (aunque eso no significa que no deban ser divertidos). Hubo un punto en que la conversación llegó a nuestras animaciones favoritas, y ella se dejó ir con todos sus conocimientos de anime. Todos guardamos silencio mientras nos daba una muestra de su fanatismo/ilusiones. En otras circunstancias, porque suelo ser muy joditivo, me la hubiera comido viva por dejarse ir de boca (sí, lo admito, a veces soy un desgraciado) pero, debido al tema y al captar la ilusión con la que nos contaba sobre sus animaciones preferidas, opte por guardar silencio. Afortunadamente, a pesar de sus miradas de incredulidad, el resto de mis amigos también se abstuvieron de hacer algún comentario nocivo.

Ahora, para aclarar, ¿estoy criticando a estas dos personas? ¡Para nada! No creo que el tener ilusiones y emocionarse con algo tan rico como la historieta y animación japonesa sea motivo de vergüenza. El problema es que la sociedad tiene muchos prejuicios contra la gente que tiene ilusiones a edad avanzada (no se dice abiertamente, pero de facto así se califica). El hecho de que ya no sea fanático del maganime no quiere decir que se me haya olvidado todo lo que experimente en todos esos años de afición, mismos sentimientos que llego a recordar cuando veo alguno de mis animes viejos.

La historieta y animación japonesa son productos de alta calidad con los que algunas almas excelentes alcanzan a resonar debido a su autenticidad y profundidad. No son caricaturas vacías y burdas para niños bobos. Cuando uno supera prejuicios y las acepta como obras de arte, se encontrará con un tesoro artístico muy vasto, lleno de expresiones humanas de cualquier índole.

¿Por qué escribí que se me erizaba la piel sólo de imaginar mi época de fanático? Porque ya lo viví, fue una etapa muy padre de mi vida pero, a diferencia de lo que creía en esos años, no creo que hubiera sido una buena idea quedarme ahí para siempre. Respeto a todos los que se apasionan con el tema, yo mismo lo hice pero creo que ya no tendría la misma pasión que tuve desde los 7 hasta los 27 años (lo bueno es que ni cuenta me daba de cómo me veían los demás o, mejor dicho, no me importaba).
Neon Genesis Evangelion

Me enorgullezco de mi pasado Otaku y, aunque no vaya a ser un Otaku viejito, me dará mucho gusto que alguien de mi (hipotética) descendencia se haga aficionad@ a ello, y ahí estaré para escuchar la intensidad de sus emociones y todas las aventuras de sus personajes favoritos.

¿Por qué lo dejé? En realidad nunca lo he dejado, pero la intensidad de mi afición ha bajado de un 100% a un 5%. Aún me gusta pero ya no invierto el tiempo, dinero o interés de hace una década. Al único artista que pretendo seguir siempre es a Hayao Miyazaki (mismo del cual escribiré un ensayo futuro), ya que sus obras son la elite del Anime.

Creo que la vida va avanzando y las prioridades de uno también. Mohammad Ali dijo en alguna ocasión "Un hombre que ve el mundo a los 50 igual que a los 20, ha perdido 30 años de su vida". No digo que el Manga o el Anime hayan dejado de ser buenos, simplemente deje de ser el que era antes, aunque los sentimientos, sensaciones, recuerdos, enseñanzas y demás cosas positivas que viví con este maravilloso pasatiempo van a mantenerse vigentes hasta el día de mi muerte.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 19 de enero de 2013

Soledad

"Jamás hallé compañera más sociable que la soledad" - Henry David Thoreau

           Sábado 10 pm, llego del Costco y de la Gran Bodega, aprovecho para comprar las cosas grandes y con larga caducidad en el primero y los perecederos en la segunda. Sé que soy medio ecléctico al hacer mis compras, pero es un lujo que me puedo dar al decidir cómo y qué compro para mí.

            Llego y pongo el CD “How to Dismantle an Atomic Bomb” (a mi parecer el segundo mejor disco de U2), mientras empiezo a acomodar mis compras. Veo que la casa es un desorden, me doy cuenta que no la he limpiado en dos semanas. Normalmente ese hecho no me preocupa pero, como el Sábado siguiente tengo una reunión, me digo a mí mismo: “Ok, el Jueves lo tengo libre, ahí voy a limpiar”, así que no dejo que el tema me estrese.

            En momentos así me digo que algún día debería contratar a alguien que me haga la limpieza de manera regular pero, por el momento, no es necesario, ya que puedo hacerme cargo del aseo de mi hogar. Una ventaja de que casi nadie me visite es que puedo hacer la limpieza cuando quiera, según cómo me sienta y según acomode a mis actividades. Ese lujo no me lo podría dar con un chicotito que me estuviese fregando con la pulcritud del lugar. Mi casa no está sucia, básicamente porque sólo llego a dormir a ella, así que la limpieza resulta muy simple.

           Mientras voy cantando al unísono con Bono, acomodo mis leches, las lechugas, mis guantes para correr y es cuando recuerdo: “¡Ah! ¡Debo de meter la ropa que deje afuera para que se secará del sudor!”, y es que en la mañana de ese día me fui a correr a La Malinche.

          Al meter la ropa me he dado cuenta que no he parado desde las 5AM que me levante: me fui a correr, después de desayunar y bañarme, fui a un taller de Constelaciones familiares que duró todo el día y, al finalizar éste, aún me dio tiempo de hacer mis compras. Me doy cuenta que estoy muy cansado, pero debo de guardar las compras, porque mañana me toca lavar, lo haría hoy, pero no me apetece.

            Por fin he separado lo que es de la casa, lo que me tocaba llevar a casa de mi madre cuando la visité la semana siguiente y lo que era para la oficina. Ya no tengo tiempo, ni ganas, de hacerme de cenar, por lo mismo me compre un Yoghurt licuado de medio litro, el cual me sirve para llenar el estómago.

            Además de evidenciar lo caótica que puede ser mi vida con temas superficiales, ¿qué pretendo con esta introducción? Muchas personas sólo se enfocan en las desventajas de vivir solo, pero en realidad también tiene muchas ventajas, sobretodo en cuanto a libertades. De haber tenido una relación, hubiera sido difícil realizar todo lo que hice ese día, así que hubiera tenido que sacrificar mi fútbol americano para dedicarle algo de tiempo a alguien que necesita atención.

“La (des)ventaja de vivir solo tanto tiempo es que uno no es consciente de qué tan salvaje se vuelve en sus modales y/o manera de vivir” – Hebert Gutiérrez Morales

            Es muy útil estar solo porque puedo ordenar mi tiempo y mis actividades sobre el camino, sin tener que depender de alguien más. Por ejemplo, siempre llevo una bolsa de manta en el coche, por si un día tengo que pasar a comprar algo, así desviarme sin tener el compromiso de ver a alguien.

            Obviamente muchos me pueden argumentar que también es muy lindo llegar a casa con un “¡Papi!” o un “¡Bienvenido corazón!” con un abrazo que lo acompañe. Síp, eso ha de ser muy padre, nunca lo viví cuando estuve casado. Pero también hay ocasiones en las que los pueden recibir gritando, con algún problema que resolver, alguna pelea (eso sí lo viví en mi fallido matrimonio), algún malentendido y demás vicisitudes. No importa que llegues cansado y con planes propios, es muy factible que los mismos valgan queso y tengas que atender las prioridades de alguien más (una compostura, una tarea, una discusión, etc.)

             Es factible que algún día me guste hacer vida de familia pero, por lo mientras, aprovecho las ventajas de estar solo. Aprecio el ser dueño único de mis recursos, incluido el más precioso (el tiempo), sin nadie que interfiera. No todo es malo en la soledad ni todo es bueno en una relación sentimental. A veces no aprendemos a valorar lo que nos toca vivir.

           Antes del matrimonio, anhelaba la vida de casado pero, cuando finalmente lo logre, extrañaba con desesperación mi vida de soltero. Cuando aprendes a vivir plenamente lo que te toca en el momento, no lamentarás el cambio de status.
           
           He vivido solo por tanto tiempo que, cada día que pasa, se aleja paulatinamente la posibilidad de volver a vivir con alguien. Cuando vives por tu cuenta, te acostumbras tanto a tu espacio, a tu tiempo, a tus recursos, a tu libertad e independencia. Por lo mismo es difícil volver a una relación, sobretodo con lo restrictivas que resultan en México, con toda esa imposición, cosificación, control y restricción a la que se somete a la pareja ya que, pareciera, al estar en una relación tu estilo de vida debe de cambiar, y eso es algo que no me convence del todo, ya que no lo entiendo y, por ende, no acepto.

No me quejo de llevar años sin nadie a mi lado, porque tengo el control total de mi tiempo, de mi dinero, de mis actividades y de mi espacio. Hace más de un año fui a la boda de una amiga, era el único que no llevaba pareja en la mesa y, casualmente, todas las mujeres eran amigas de la novia que llevaban a sus respectivos hombres (a los cuales les valía pepino el evento). Cuando me retire después de la comida, note la mirada suplicante o envidiosa de todos mis congéneres al ver con anhelo que me iba y ellos se debían quedar en una fiesta en la que se estaban aburriendo, y que sus mujeres les obligaban a soportar.

Como todo en la vida, la soledad tiene sus ventajas y desventajas, lo triste es que las ventajas de tener pareja no acaban de convencerme para sacrificar todas las que tengo al estar soltero, sobretodo porque tampoco entiendo el motivo de tener que sacrificarlas. Tengo la convicción que las ventajas de tener pareja deberían ser complementarias y no excluyentes con las de ser soltero (como pasa en México).

“Estaba solo, y no hacia otra cosa que encontrarse a sí mismo. Entonces, gozó de su soledad, y pensó muy buenas cosas durante horas enteras” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

En realidad, como ya he mencionado en otro ensayo, no tengo la experiencia ni el feeling y, honestamente, a estas alturas de mi vida no es mi prioridad máxima entender el “juego” del relacionarse. Admito que no soy asertivo, pero en las relaciones mexicanas, la asertividad es lo último que cuenta por esa dinámica neurótica que, realmente, me da tanta hueva jugar, porque me desgasta y de malas me pone, en dónde buscas a la mujer, y ella se hace la interesante, en dónde le vuelves a rogar y se sigue cotizando. Normalmente he carecido de la paciencia, interés o perseverancia para seguir hasta el final.

Sé que, como muchos me dicen, si habláramos con la verdad no sería tan divertido ni interesante, porque es parte de los condicionamientos y programaciones humanas, a los que nos gusta jugar al cazador y la presa, al gato y al ratón y demás dinámicas psicológicas que no acabo de entender, por más que me digan que así funciona la sociedad, no las entiendo. Aunque así funcione el sistema, no creo que todos los individuos podamos funcionar en él. Conforme pasa el tiempo, y sin mi “entrenamiento” en la adolescencia, que resiento en la edad adulta, parece difícil volver a relacionarme, ya no digamos vivir con alguien.

Hay una explicación del por qué a unos se nos facilita más el estar solos que a otros y eso radica en la capacidad de generar dopamina. A los que la generamos en proporciones generosas no requerimos estar forzosamente con alguien para sentirnos plenos o “felices”. Por otro lado, los que generan menos dopamina, requieren rodearse de personas para sentirse mejor y hasta aceptados, porque requieren ese calor humano para nutrirse.

Una ventaja fisiológica y mental de vivir sólo es que se evidencia el poder de la mente; ya que es difícil que uno se enferme, esto porque nos programamos mentalmente para no caer ante los virus, porque ¿quién demonios te va a cuidar? Esto lo he corroborado con muchas otras personas en mis condiciones, ya que es extraño que nos enfermemos, y menos de gravedad. A lo más que llegamos son a gripitas que son una simple molestia que en un par de días quedan resueltas.

Una desventaja de vivir sólo es que cuando debes levantarte temprano, y no quieres hacerlo, no hay a quién decirle “¡No me quiero levantar!” Porque no hay quién te escuche, ni quien te pele, ni quién te obligue a hacerlo, así que piensas “¿Para qué me hago menso? ¡De todas formas me tengo que parar!”

Tal vez demerito o sublimo la soledad porque, afortunadamente, tengo muchas personas que me escuchan, tengo medios mediante los cuales expresarme y normalmente se me brinda mucha atención, por eso no siento esa angustia que experimentan los demás por ser escuchados.

Creo que todos necesitamos que nos pongan atención, no exagero cuando digo que mucha gente se me acerca para que la escuche, no tanto por lo que me tienen que decir, sino por esa necesidad de expresarse. Creo que es una manera de confirmar que existen, como alguien escucha sus pensamientos, comprenden con tranquilidad que no son invisibles en este insensible mundo.

“No era una sensación de victoria pero, por lo menos, lo hacía sentir menos sólo en el mundo” - John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

Hoy en día las personas tienden a estar más distraídas, por lo que se torna un lujo que alguien te brinde su atención, sin estar atendiendo sus redes sociales, hablando por teléfono o viendo alguna otra pantalla cercana. Me llama la atención, para lo intolerante que suelo ser, la paciencia que demuestro al escuchar a tanta gente, tal vez por eso soy apreciado, no por mis cualidades personales, sino porque soy de los pocos que les brinda respeto para escucharlos con calma (y vaya que hay algunos que me sacan de quicio).

Admito que no siempre lo hago con gusto (a veces escucho tonterías que me hacen cuestionar por qué pierdo mi tiempo) pero, al final, me siento halagado porque me confían sus preocupaciones, además de que parte de la dignidad de la vida es que alguien te considere lo suficientemente importante para obsequiarte algo de su tiempo (como hacen conmigo todos los que leen estas pachequeces que escribo). Ahí me doy cuenta que la función de este blog ha cambiado, ya que inicialmente era para expresar lo que siento, ahora también es importante que alguien me lea (aunque no comparta mi opinión).

            Eso de la soledad es totalmente relativo porque convivo con mucha gente durante mucho tiempo pero, por el simple hecho de no tener pareja, los demás te califican como que estás solo. En realidad, para ser 100% solitario, uno tendría que volverse un ermitaño y vivir en su cueva.

            Ciertamente paso más tiempo a solas que con el resto de la humanidad, pero tampoco soy un ser aislado. Tengo mucho contacto nutritivo con alguna gente que encuentro personalmente positiva.

            A pesar de que aprecio mucho mi soledad, por cambios hechos en mi vida, cada vez tengo más actividades sociales, de hecho ya es raro el fin de semana que tengo totalmente libre cuando antes era la regla y no la excepción. Ahora, tanto entre semana como en fin de semana, siempre ando comiendo con alguien, viendo alguna película o echándome algún cafecín, yendo a una comida o a una fiesta. Pero, afortunadamente, por los niveles de dopamina que genero, no necesito convivir tanto tiempo, ya que me engento con relativa facilidad al estar rodeado de una multitud, así que sólo estoy un par de horas en las reuniones y, a la primera oportunidad, me largó tan rápido como me sea posible.

           Esta actitud me hace merecedor de críticas, ya que a muchos les gusta quedarse hasta la madrugada echando desmadre y contando chismes. No necesito tanta exposición con la gente, mi personalidad es más de pequeñas reuniones con amistades, con un poco de baile y mucha plática, pero no me gustan reuniones mayores a 20 personas, cantidad que ya me resulta muy grande.

           En mi niñez y juventud practique algunos deportes de conjuntos (Fútbol y Basquetbol), nunca fui bueno, pero me divertía practicarlos. A partir de la universidad me enfoque en las actividades en solitario como la bici fija y la natación, y ya en edad adulta, gracias a mis perras, empecé a correr. Sin darme cuenta mi esencia me ha llevado a practicar esos deportes solitarios, a excepción del baile que siempre se disfruta más en pareja. No niego que correr acompañado también es divertido, cuando lo hace con alguien de tu nivel o que te hace aumentar el mismo. Pero no tengo problemas en hacer muchas actividades solo, como comprar, ir al cine o irme de vacaciones, porque en mi esencia no hay una necesidad apremiante de que alguien me acompañe.

“Nuestra civilización consiste en millones de seres viviendo juntos, en poco espacio, en total soledad” - Henry David Thoreau

            Ciertamente, si tuviera todo el tiempo libre que tenía antes, mismo que ahora me absorben muchos de mis compromisos sociales, tendría más tiempo para escribir, pero, resulta igualmente cierto, que tendría menos temas sobre los cuales hacerlo. Todo en la vida trae ventajas y desventajas

            No sé si soy solitario por ser asocial o soy asocial por ser solitario. De vez en cuando me invitan a bares o a Antros, mismas que normalmente rechazo, ya que no me emociona mucho el estar rodeado de gente ruidosa, borracha y fumadora, además de que estresan muy fácil mi esencia tranquila.

Con el paso del tiempo, cada vez es menos vital el relacionarme. No sé que tan natural sea, pero ya estoy más que adaptado a vivir solo, a mantener un contacto superficial con el resto de la humanidad.

           Creo que es como un síndrome simultáneo de superioridad e inferioridad, el no necesitar a nadie y que nadie me necesite a mí resulta placentero y doloroso al mismo tiempo, por eso procuro el contacto humano suficiente para recibir algo de calidez sin tener que comprometerme. Sé que mi postura no es muy productiva que digamos pero, por alguna razón, ya me acostumbre a ello.

          ¿Pretendo volverme a relacionar? Tal vez. Honestamente no me quita el sueño pero tampoco descarto la opción por completo. Conforme más pasa el tiempo el aislamiento va creciendo, además no ayuda que uno se va haciendo más selectivo con el tiempo aunque no precisamente más atractivo.

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 13 de enero de 2013

El gusto de hacer las cosas.


Cuando me cambie de área, me llamó la atención que varios me preguntaron “¿Cuánto te van a aumentar por cambiarte de departamento?” Dicha idea nunca pasó por mi cabeza, ya que el motivo de mi cambio fue el aprender cosas nuevas. ¿Por qué siempre debe de haber alguna razón material para actuar de cierta manera? ¿Cuándo perdimos la capacidad de valorar las ganancias intangibles? No es necesario algo tangible que justifique nuestras acciones.

Soy de los afortunados a los que les gusta su trabajo y todavía me pagan por hacerlo. Pero también debemos tener algunas actividades que no nos reditúen alguna ganancia económica por lo que damos pero, la satisfacción que uno recibe del dar, es algo con un valor intrínseco muy alto.

Durante unos meses recibí una oportunidad maravillosa en Rumba Mía: dar clases de baile. Eso fue algo que me dio un gusto enorme sin importar que no me pagaran, ya luego me compensaron al exentarme de pagar mensualidad. Para mí no era importante recibir un pago o no, ni que yo pagara o dejara de pagar mi mensualidad. Lo que en verdad me llenaba era esa oportunidad de devolver un poco de lo que había recibido en dicha institución, y por lo mismo me sentía muy a gusto dando clases.

Sin importar que fuesen tres horas de mi tiempo, la satisfacción de enseñar a bailar me daba la creencia de que hacia un pequeño bien al planeta (no tengo una explicación al respecto, sólo tenía dicha sensación). Esas satisfacciones no tienen precio.

No digo que diario, pero ya son varias las peticiones que he recibido para escribir ensayos sobre algún tema en particular, sobretodo en situaciones que son vitales para los solicitantes. Mi respuesta es que no puedo escribir al respecto porque no estoy en sus zapatos y no puedo captar la situación como ellos, ya que escribo sobre lo que a mí me pasa, veo, siento, percibo o me es importante.

De igual manera, y aquí sí son más los mensajes, hay quien me dice que debería mandar mis escritos a algún periódico, revista u otra publicación ad hoc para que los mismos tengan más difusión. Obvio que mi ego dice “¡Sí! ¡Hazlo! Porque necesitamos más lecturas ¡Más lecturas! ¡Más poder mediático para conquistar al mundo!” . . . . . .  ejem . . . . . . Afortunadamente he aprendido a controlar, esporádicamente, a mi ego.

Estas dos situaciones se complementan y anulan a la perfección: hay una misma razón para no escribir sobre ideas de alguien más (que no me interesan) ni para tocar a las puertas de ninguna publicación seria: Escribo porque me gusta. Claro que también me gusta tener muchas visitas en el blog, y soy más feliz al recibir comentarios (tanto buenos como malos), porque quiere decir que me leen.

¿Por qué escribo con gusto? Quiero que mis ideas queden plasmadas y disponibles para quién le interese leerlas; puedo exponer lo que quiera de la manera que me plazca y eso se llama libertad, uno de los bienes más extraños para la humanidad, la cual acostumbra vivir en esquemas diseñados y/o predeterminados. Mi gusto no tiene un precio, de ninguna índole, porque el primer y principal beneficiario soy yo mismo.

Recuerdo que, cuando escribí cada una de mis tesis (Licenciatura y Maestría) era algo que en verdad odiaba con todo mi ser. Muchos se podrán imaginar que, al tener facilidad para plasmar mis ideas de forma escrita, la tesis debió ser algo simple, pero se equivocan. Al igual que la mayoría, me costó mucho trabajo terminarlas. Y esto es un claro ejemplo que, aunque se tengan aptitudes para algo, no quiere decir que el resultado sea automático, y eso resalta más mi gusto para escribir en el blog.

Es factible que, si fuese un mercenario que escribe por dinero, tal vez ya no me gustara tanto escribir. Cuando haces las cosas porque te llenan (y no precisamente de dinero) estamos hablando de otro nivel de necesidades que va más allá de lo económico.

No escribo para algún medio impreso establecido, porque sigo encontrando fallas que, gracias a los que me las hacen notar, voy resolviendo. Aprovecho para hacer una invitación a expresarme si hay algún error en mis escritos (de índole informativa, de estilo, gramatical, ortográfica u otras), obviamente no me refiero a mis ideas, las cuales podemos debatir pero, a menos que reciba un argumento inteligente, contundente y con bases, no creo cambiarlas.

No son pocos los que no están de acuerdo con lo que escribo, y no por mis opiniones o mis vivencias, sino por la honestidad con la que las expreso. Me dicen “¿Qué pretendes con eso? ¡Así no vas a encontrar mujer!”, “¿Dónde queda el misterio de descubrirte?” ó “Te crees perfecto al señalarnos nuestros errores ¡Eres ególatra y pedante!” entre otras. En general, el descontento que les provoca mi “desnudez”, es la potencial vulnerabilidad que demuestro, y les pregunto ¿En qué les afecta? En el caso del egocentrismo, no voy a negar lo obvio, pero para que mis escritos les calen profundo es que hubo algo que les movió, de lo contrario no hubiera habido reacción alguna.

No escribo para relacionarme, ni para promocionarme, ni para causar lastima, ni para demostrar superioridad, ni para tantas cosas que mis críticos no aprueban. La única explicación que les puedo dar es que quiero expresarme, así como hay quien baila, pinta, canta, esculpe o toca algún instrumento: es un medio para saber que existo. Sólo escribo, si quieren verlo así, porque es una necesidad que ha surgido en mí, una válvula de escape, una oportunidad de expresión o como terapia.

Si empezara a escribir para encontrar pareja, para ser popular, para ganar dinero, para dar una imagen más “poderosa” o para tantas cosas que la gente pretende que sea, no lo haría con gusto es más, para terminar pronto, no escribiría. Y, para hacer más evidente mi argumento que no hago esto por plata, si se fijan, no hay ningún anuncio comercial en mi blog.

Creo que hemos perdido el gusto de hacer las cosas por el simple placer de hacerlas, siempre debemos hacerlo en busca de algún provecho, ¿qué tal satisfacción interna? ¿Les incomoda que me abra tan fácilmente? Bueno, creo que deberían analizar esa molestia interna que les ocasiona, porque no tengo ningún problema con mis escritos.
           
Agradezco el interés de todos los que me hacen estas observaciones porque sé que, a su manera, se preocupan por mi bienestar. Y les puedo decir: No se preocupen por mí, sé que el camino que voy trazando no es el que ustedes esperan, pero es MI camino y, bien o mal, el único que va a ver los resultados soy yo. Aunque no lo crean, soy adulto y estoy consciente de lo que hago y no necesito que nadie me cuide (ni a mis padres se los permito).

Por lo mientras cada cual es libre de darle la lectura que quiera a mis textos: que soy un ególatra y pedante, que soy un tipo sensible, que soy un manipulador, o alguien honesto, tal vez alguien valiente o hasta que soy alguien con problemas y en busca de ayuda y atención (todas estas versiones me han llegado en diversas opiniones de algunos de ustedes).

¿Por qué no aceptar que me gusta escribir y que no estoy en busca de algo más que mi propia satisfacción? Creo que los que hacen algo por gusto, y nada más, entenderán a lo que me refiero. El hecho que haga esto como un hobby, no quiere decir que lo tomo a la ligera y no lo haga lo mejor posible, por lo mismo le dedico un mínimo de doce horas a cada ensayo (aunque algunos me llegan a salir de un sólo golpe) porque me lo tomo en serio.

           Admito que los acoso constantemente con mi blog, y les ofrezco una disculpa por ello. Hay momentos, como me pasó hace rato con otro escrito, en que recuerdo por qué lo hago: Por mí. Me encanta cuando acabo un ensayo y me digo a mí mismo “¡Buen trabajo!”. Es ese sentimiento de saber que has hecho algo especial y así será sin importar que lo lean o no; claro que ahí entra el ego, y quieres compartirlo con la mayor cantidad de personas posibles. Pero, sin importar que nadie los lea, me siento orgulloso de todos y cada uno de mis textos ¡Amo ser escritor! :-)

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 6 de enero de 2013

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos)

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de una mente sin recuerdos!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.
- Alexander Pope

No acostumbro ver filmes empezados, ni siquiera por unos cuantos minutos, soy tan dogmático que acostumbro verlos de inicio a fin. En verdad debo encontrarme con algo extraordinario, con lo cual resuene, para que me anime a ver una película a medias. En una ocasión me encontré con un diálogo brutalmente honesto e intimo en pantalla, sentimentalmente vasto, en una escena que transmitía una nostalgia impresionante pero con un profundo sentimiento de amor y, a la vez, con la angustia de una despedida que no querían darse, pero que era inevitable. Tuve mucha suerte de conocer “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” en su escena más trascendental y, desde entonces, quede enganchado a esta maravillosa obra.

Así que me anime a verla desde el inicio y, percibes que, se trata de una película diferente. De entrada tomas una historia “empezada”: Ves a un sujeto ordinario y cobarde, con una vida trazada por una rutina inmaculada y, por ende, aburrida. De pronto, hace algo impensable: falta al trabajo para ir a un lugar llamado Montauk, sin motivo o razón aparente, pero él sabe que debe de ir ahí.

El monólogo que sostiene Joel (Jim Carrey) en esta primera secuencia de la película, es imperdible, muy honesto y deliciosamente directo, analizando el fenómeno de San Valentín, las relaciones de pareja y su patética existencia de una manera cautivante.

Hay un motivo personal para que esta película me encante y esté dentro de mi Top Ten de todos los tiempos. De manera breve, sostuve una relación con una mujer “sui géneris”, un alma libre de prejuicios y con ideas muy propias, contrarias a las ideas correctas con las que suelo (¿o solía?) desenvolverme. Al igual que Joel, en mis pocas relaciones sentimentales, siempre he sido alguien tranquilo, civilizado y complaciente: ese punto resuena mucho en mí. Esta película la ví hace algunos años, cuando estaba viviendo un momento distinto al actual, en el cual entendía a la perfección el sentir de Joel, algo que no me enorgullece admitir.

Basados en esa vivencia, se puede explicar el por qué este filme es especial para mí, PERO mi gusto va más allá, ya que me enamore de los diálogos, del argumento, de la manera de contar una historia y compartir sentimientos, esa química que irradian Joel y Clementine (Kate Winslet), misma que trasciende la pantalla.

Aunque mi esencia no es así, ¡me encanta la personalidad de Clementine! Adoro esa excentricidad tan llamativa y, por qué no decirlo, hasta violenta. Características que la hacen, de una forma inexplicable, muy atractiva. La primera interacción que tienen en el tren los protagonistas, me corrobora que las féminas son las que nos escogen a nosotros, pero nos dejan creer que nosotros fuimos los “Cazadores exitosos”, obviamente no todas tienen el estilo tan abierto y directo de Clementine, pero al final la que dice “Sí” o “No” suele ser la mujer.

La angustia o expectativa que muestra Joel antes de telefonear a Clementine resulta enternecedora. Pequeñas torturas que son muy satisfactorias en el momento en que te contestan la llamada. Esto nos lleva a su “primera” cita en el río congelado, sacando a Joel de su zona de confort, enseñándole que en la vida hay muchas cosas más allá de las rutinas y paradigmas. Ambos se complementan perfectamente: ella le ayuda a salir del tedio y él es un catalizador para toda esa energía, le ayuda a ralentizar el paso y tomarse el tiempo de oler las rosas. Volviendo al picnic que tuvieron en el hielo, echados de espaldas, viendo las estrellas y diciendo tonterías, la escena se complementa de manera hermosa con la música de fondo, esa que refleja perfectamente la intimidad del momento compartido.

Toda parece ir de maravilla, crees que le vas agarrando la onda pero, cuando llega Patrick (Elijah Wood) y le pregunta a Joel si “puede hacer algo por él”, resulta tan desconcertante que inevitablemente te preguntas “¿qué demonios está pasando?”. Obviamente todo irá tomando sentido conforme avance (¿o retroceda?) el argumento.

Lo relatado hasta este punto representa sólo la introducción de la historia, justo ahí empiezan los créditos iniciales, en una especie de probadita de lo que va a pasar más adelante. Todo se empieza a complicar porque, en la siguiente escena, vemos a un Joel llorando amargamente mientras maneja, lamentándose por algo que desconocemos, ¿Qué acaso no estaba iniciando una relación prometedora con Clementine? ¿Por qué demonios llora? ¿Qué carajos está pasando aquí?

Amo estas películas extrañas, las que no siguen los cánones establecidos de lo que debe ser un filme exitoso. Obviamente la primera vez me parecía que todo era incomprensible y manejado de manera muy pacheca. Cuando la vuelves a ver, ya es distinto, porque analizas y conectas cada evento con el resto del argumento. Entre la primera y segunda vez, recibes experiencias distintas y profundas.

¿Cuántas veces, tras un desencanto significativo, quisiéramos borrar a alguien de nuestros recuerdos? Esta historia nos muestra lo que pasaría si eso fuera posible: suena tentador pero, al final, nos damos cuenta que no era tan buena idea como pensamos.

Joel ha sido borrado de la vida de Clementine, “¿Cómo demonios no va a ser feliz conmigo? Si soy la persona más agradable con la que ha salido” dice él. Tiene razón en eso pero, mucho creemos que ser agradable es lo mejor que se puede ofrecer cuando, en ocasiones, resulta una verdadera monserga. No quiere decir que todos nos convirtamos en unos hijos de la fregada, pero la pasión es un elemento necesario para el éxito de toda relación, de lo contrario deja de ser interesante.

Joel recolecta todos los objetos que le significan algún recuerdo o vivencia de su amada, ahí te das cuenta cuando una relación sentimental se expande en tu vida, cada vez ocupa más lugar. Cada objeto tiene una carga sentimental de lo que ella significa. La tristeza e impotencia que Joel siente al sentirse borrado es totalmente entendible. Si alguien te extirpara de su vida, es cuando entra el ego, ya que eres ninguneado, como que no vales lo suficiente para ser recordado.

Es notable como este hipotético negocio de borrar recuerdos, llamado Lacuna, tiene mayor demanda en Navidad, Año nuevo y San Valentín. Fechas en que la gente tiende a deprimirse más, todo por las estúpidas programaciones que dictan que debes pasarla en pareja el 14 de Febrero o en Familia el 24 de Diciembre. Eso también se debe a la irracional euforia que se respira en Diciembre y a la profunda depresión que experimentan en Enero (bueno, también aporta el hecho de que están gastados).

“Técnicamente es un daño cerebral, pero no se preocupe, es el mismo efecto que el que se experimenta con una resaca cualquiera, no hay nada que temer” es lo que le dicen a Joel antes de iniciar el procedimiento. Es increíble el nivel de desesperación que somos capaces de experimentar, al permitir un daño cerebral, con tal de librarnos del dolor. Cuando inicia el borrado de recuerdos, captas la angustia, pareciera buena idea borrar a alguien pero, el tiempo que compartiste con ella te va cambiando. Por más mala que haya sido la relación, siempre queda algo productivo, aunque no lo vemos en el momento, sólo percibimos el dolor.

La última pelea que escenificaron Joel y Clementine nos recuerda que, tristemente, hay un punto que alcanzan muchas relaciones, en las que sólo logran lastimarse. Ese daño se hace con plena intención “No lo hice a propósito” dice Joel, pero sí fue con intención, normalmente decimos y hacemos cosas con plena conciencia. Nos sentimos dañados y queremos que la otra parte sufra tanto o más que nosotros. Por eso hacemos y decimos lo más hiriente que se nos ocurre; ahí debería haber algo de sensatez y, por el amor que hubo, alguien debe decir “Prefiero irme a seguirte dañando” pero, al sentirnos víctimas, no queremos irnos sin que la pareja experimente el mismo daño (o más de ser posible) que el que nos infringió. Por esa estúpida actitud nos quedamos, a ver quién aguanta más dolor antes de partir, por lo menos hasta que estemos “a mano” pero, con esa actitud, nunca creemos que el otro ha tenido suficiente.

“Hablar todo el tiempo no es precisamente comunicarse” le dice Joel a Clementine, cuando ella le echa en cara que él no confía en ella, cuando ella es un libro abierto y le cuenta todo y él no le cuenta nada. Se debe amar a una persona por lo que es, no por lo que esperas que sea. No midas a tu pareja con tus propios estándares, si la conociste de una manera acéptala y, si no puedes soportar algo, es mejor no relacionarse para no dañarse. Nunca hay que engancharse con alguien esperando que cambie.

Sin embargo, el enojo de Clementine es comprensible: si uno se relaciona a un nivel íntimo, lo natural es bajar la guardia, eso quiere decir que se confía plenamente en quien está a nuestro lado. Si uno no comparte, resulta un poco difícil confiar en la sinceridad de la relación y los sentimientos involucrados.

      “Los adultos son una mezcla de tristezas y fobias” maravillosa frase que dice Mary (Kirsten Dunst), aunque suene a cliché o a frase pretenciosa, en realidad acaba siendo muy cierta. Los adultos de este mundo moderno somos un claro reflejo de esa frase, todo por actuar dentro de los lineamientos que la “intachable” sociedad nos marca, aunque vaya en contra de nuestra propia felicidad.

Clementine le confiesa a Joel que se sentía fea en su niñez, y se desahogaba con una muñeca a la que nombro igual que ella, resultando un momento bonito, auténtico y tierno. La profunda intimidad expresada es inigualable, por lo que Joel suplica que le permitan mantener ese recuerdo, súplica que es ignorada. “Ya no quiero esto, por favor, ¡deténganlo!” con un marco patéticamente cómico: su desesperanza es contrastada con el twist que se están echando Stan (Mark Ruffalo) y Mary (bien pachecos), en una escena genial. Joel le dice a Clementine “¡Tenemos que huir! ¡Vamos!”. Cuando termina una relación, se tiene presente lo negativo que se acumuló al final, lo cual es injusto, porque obviamos lo bueno que hubo para que dicho vinculo existiera.

Durante todo el argumento, los diálogos que sostienen Clementine y Joel, mientras van borrando los recuerdos, son invaluables. Al revivir las escenas, las líneas originales se entremezclan con la desesperación de Joel por impedir que lo despojen de sus valiosas vivencias. Un argumento muy raro pero, al mismo tiempo, muy interesante. “¡Esto no hubiera pasado si tú no me hubieras borrado!” a lo que Clementine contesta “¡Perdón! Ya me conoces, ¡soy muy impulsiva!”, resultando un dialogo muy divertido.

Cuando huyen, por primera vez, a un recuerdo infantil de Joel, es una auténtica joya, una obra de arte que nos muestra a un pequeño Joel cantando una canción de lluvia mientras cacha las gotas, jugando con su bicicleta y brincando charcos. Una escena tan breve como linda, simplemente maravillosa. La otra escena de la niñez también fue magistral, mostrando la humillación, la inocencia, el anhelo, la frustración, la empatía y demás. Cuando el pequeño Joel es obligado a matar a la paloma, el sentimiento de que te obligan a hacer algo me trajo un recuerdo similar propio: en la primaria, nuestros compañeros nos obligaron a otro niño y a mí a pelearnos, así que tuve que golpearlo contra mi voluntad ¡y ambos acabamos llorando!

Me sentía mal de haberlo golpeado, me sentía asustado, conmovido y avergonzado. Fue un momento patético ya que, tanto a él como a mí, nos estaban consolando las niñas. Por eso me enganchó la escena de la paloma. Esos terribles momentos en los que vas perdiendo la inocencia pero, desgraciadamente, son necesarios. “¡Mira! ¿Te gusta mi sombrero?” comentarios jocosos que agrega Clementine, tal vez no aporten nada a la historia, pero hacen que la experiencia sea más entrañable.

Podremos borrar los recuerdos pero no los sentimientos, la química no se puede extirpar, lo que siente el cuerpo a nivel celular está más allá de nuestra influencia, esto se demuestra en la atracción que Mary siente hacia Howard, a pesar de que ya le habían borrado sus recuerdos, pero el jalón sigue ahí, así como pasó con Joel y Clementine, que terminaron re-encontrándose a pesar de que les borraron la memoria.

Las personas estamos destinadas a ciertos encuentros, no sólo sentimentales, sino de todo tipo. Más que coincidencia o el destino, me parece, que lo que determina esto es nuestra personalidad. Hay personas que ni sabes cómo se llaman y, por alguna razón, te caen mal; de igual forma hay quien te cae bien sin que lo conozcas, otro ejemplo es el famoso amor a primera vista. Todo recae en nuestra energía, química, ambiente, cultura, educación, pasado y todo lo que forma parte de nosotros, porque se dice que en esta vida no existen las casualidades, sólo lo inevitable (parafraseando a Yuuko Ichihara).

Cuando Mary se entera de que también le borraron sus recuerdos, uno puede sentir su desolación, el sentimiento de abandono Stan no lo puede mitigar al ofrecerle un ride, el cual ella rechaza. Ella necesita caminar a solas por la madrugada citadina, en donde no le importa si algo le puede pasar, porque la vida dejo de tener sentido, ¿qué somos y para qué estamos aquí? Si cualquiera puede jugar con nuestros sentimientos y hacerlos trizas, ¿tiene alguna trascendencia que nuestro paso por este mundo?

De los tantos diálogos maravillosos de los protagonistas, el de la librería es remarcable. Una conversación abierta que toda pareja debería tener “Yo pensé que me podías salvar”, “Tenía que marcar mi terreno” y demás verdades. Honestidad que, por alguna tonta razón, se vuelve selectiva al convertirse en pareja; en teoría, no decimos las cosas abiertamente para que prevalezca el Status Quo de la relación pero, paradójicamente, pasa exactamente lo contrario cuando dejamos de ser honestos. Pareciera que al ser demasiado auténticos vamos a propiciar que la pareja huya. Clementine le dice en la librería “Recuérdame, ¡haz tu mejor esfuerzo! Tal vez lo podamos intentar otra vez”

Volviendo a Mary, es perturbador cuando escucha la grabación de ella misma antes de que le borraran la memoria. Ahí es donde uno se da cuenta de la verdadera naturaleza de esta idea de borrar recuerdos, al inicio parece una excelente pero, al ver estos ejemplos, nos damos cuenta de lo aberrante que resulta contra la naturaleza humana. Por algo tenemos vidas y cometemos errores. Como dicta el trillado dicho “No hay mal que por bien no venga”, por algo pasan las cosas.

Si en la vida sólo hubiera momentos buenos, ésta carecería de sentido y nos acabaríamos matándonos unos a otros por la monotonía. Se tienen momentos difíciles, ya que es la única manera de avanzar y de crecer; si no tenemos algo malo contra qué comparar, nunca valoraríamos lo bueno que nos pasa. Sin los errores no hay aciertos posibles, ni tampoco habría aprendizaje o experiencias algunas.

“Fue cuando te vi en la playa por primera vez, con esa sudadera que llegue a conocer tan bien, tanto que inclusive aprendí a odiarla” Joel a Clementine.

No todos los diálogos son brillantes, pero sí son muchos los que son geniales y valen la película por sí solos. “¡Qué bueno! ¡Al fin alguien como yo que no sabe interactuar” la honestidad de Clementine fulminó a Joel por primera vez, ésa cualidad cada vez es más atractiva, porque empieza a escasear en la sociedad actual. Ella toma una pieza de pollo de su plato, y él narra lo que sintió en ese momento hacia ella “Era algo muy íntimo, como si ya fuésemos amantes”, el toque entre vivirlo y explicarlo es algo extrañamente bello, es como un diario pero en vivo.

“Creo que tu nombre es mágico” Joel a Clementine

Tal vez exista, pero nunca he visto otro filme con esas características. Sin la necesidad de efectos especiales sofisticados, sólo con un argumento diferente y con mucha creatividad, se pueden hacer historias extraordinarias. No son necesarios los “Remakes” o “Refritos” que han estado tan de moda en los últimos años, simplemente hay que atreverse a sacar ideas originales.

“Este es el momento Joel. Va a desaparecer” le dice Clementine. “Lo sé” contesta él, a lo que ella pregunta “¿Qué hacemos?” y él simplemente responde “Disfrutarlo”. Ambos van caminando a la orilla de una frígida playa en una escena breve, pero que refleja una comunicación muy profunda sin la necesidad de utilizar palabra alguna, todo mediante la música, la interacción y el lenguaje corporal. La casa que allanan, mientras platican de los vinos y de la antigua novia de Joel, se empieza a derrumbar, al mismo ritmo que sus últimos recuerdos se empiezan a esfumar.

“Debería irme” le dice Joel, a lo que ella contesta “¡Pues vete!”, y con tristeza Joel confirma “Eso fue lo que hice”, mientras partía pensaba que esa mujer estaba loca pero, de igual forma, la encontraba apasionante. “Ojalá te hubieras quedado” y él, con una expresión muy enternecedora que me llegó al alma responde “Me hubiera encantado quedarme”. ¿Cuántos ‘hubieras’ hay en nuestras vidas? Demasiados.

“Ojalá me hubiera quedado, en verdad”, en ese momento es imposible contener las lágrimas, esto al sentir su anhelo, su nostalgia, el amor sincero que expresa con todo su ser. “Regrese para ver si estabas, pero ya te habías ido” le dice ella, mientras le pregunta “¿Por qué te fuiste?” y él dice “Me sentí como un niño asustado”. Tenía miedo, y supuso que ella lo sabía, pero en vez de eso notó el desdén cuando le dijo “¡Pues vete!”.

“¿Joel? ¿Qué tal si ahora regresas y te despides?” él accede y se despiden con un beso, mientras él le dice “Te amo”, pero ese “Te amo” no tiene nada de cotidiano ni de ordinario, está lleno de ternura y del sentimiento más auténtico que cualquier humano pueda expresar. La profundidad con la que fue dicho supera con creces cualquier otra expresión escandalosa de amor. “Búscame en Montauk” le susurra ella al oído.

Todo el diálogo en la casa de la playa en una belleza, no tiene ninguna frase sobresaliente, pero el sentimiento tan auténtico, tan amoroso y tan triste lo convierten en el momento cumbre del filme. Al partir Joel vienen una secuencia de imágenes que complementan a la perfección la profunda nostalgia de la escena, y te sirve como espacio para digerir toda la intensidad que acabas de experimentar, toda la belleza, todo el arte, esos momentos en los que los humanos podemos ser sublimes.

Es remarcable cómo puedes adaptar el primer encuentro de una relación para que sea una bella despedida. Al contarte la historia de reversa, inicias por lo más feo y terminas con lo más bello. No es necesario que exista una compañía que borre los recuerdos, tristemente, muchas relaciones terminan en la indiferencia, y eso es peor que borrar los recuerdos, porque el ya no importarle a alguien es más grave que pelearse. Cuando terminan de borrar su memoria, regresamos a la escena inicial y, ahora, todo cobra sentido.

En otro lado, Mary parte de Lacuna, y Stan la alcanza, se despiden y él le dice que siempre le ha gustado. No todas las despedidas deben ser dramáticas o llamativas, hay algunas que son más intensas con una mirada, con un silencio o con una simple postura. Parte es despecho femenino pero, por otro lado, tuvo mucho de dignidad el que Mary les enviara a todos los pacientes sus recuerdos. Al final nuestras vivencias acarrean la responsabilidad de nuestros actos, no podemos borrar nuestros errores, pero sí podemos aceptarlos y seguir adelante. Si no aceptas tu responsabilidad, ésta te seguirá fastidiando tu presente y tu futuro.

Después de haberse re-encontrado todo se echa a perder cuando ambos escuchan las respectivas grabaciones del por qué se separaron, escenas dolorosas pero necesarias. Ahí se determina el futuro de la relación ya que, a pesar de decirse sus verdades, optan por seguir juntos, y así deberían ser las parejas, que quieren serlo a pesar de sus defectos, lo cual es mucho mejor que basarlo todo en una serie de bellas mentiras.

Desde pequeños se nos dice que seamos nosotros mismos, naturales, que no intentemos ser alguien más. Obviamente uno siempre quiere dar la mejor versión de sí mismo, a veces hasta una versión que no somos. A pesar de ser un consejo sabio, pocos pueden o quieren seguirlo. No es necesario decir las verdades a rajatabla, pero se puede llegar a ser honesto y auténtico en una relación, sin pretender ser perfectos, simplemente siendo reales. Errores los tenemos todos, pero se debe tener la madurez de aceptar a la persona tal cual es y no esperar que sea alguien más.

Cuando pretendemos que todo sea perfecto desde un inicio, ahí mismo comienzan los problemas con una relación que jamás colmará nuestras expectativas. Al inicio hay mucha euforia e idealización, y queremos que ese nivel de intensidad se mantenga, como todo en la vida, las relaciones deben de evolucionar, y uno tiene que avanzar al mismo ritmo porque, como decía Confucio, agua que no fluye, se estanca. Normalmente te echan en cara “Es que cambiaste”, y claro que uno cambia, pero uno no lo hace como la otra parte espera. Todos tenemos anhelos sobre lo que queremos en una pareja, pero nadie está obligado a cumplírnoslos.

En los créditos suena una canción muy reflexiva que dice “Todos tenemos que aprender algún día”, algunos tienen la suerte, o madurez, de aprender a la primera; otros somos más necios que aprendemos después de algunos fracasos similares y hay otros que siguen en esa búsqueda infructífera de que alguien colme sus irreales expectativas.

Las personas se encuentran por algún motivo. Joel no quería ir a esa fiesta en la playa porque no iba Naomi, su entonces novia. Acabó yendo para conocer a Clementine. No sabemos qué nos depara la vida a la vuelta de la esquina, ignoramos el día que vamos a morir, a encontrar el amor de nuestra vida o cuando nuestra existencia dé un vuelco repentino.

No podemos vivir en nuestras memorias, pero sí son una parte importante de la vida, ya que nos recuerdan el pasado y, si no lo conocemos, es difícil determinar hacia dónde queremos ir. No importan si los recuerdos salen como esperábamos, al final, son parte integral de nosotros, y siempre habrá que honrarlos porque nos traerán una sonrisa o una experiencia.

Hebert Gutiérrez Morales.