domingo, 30 de diciembre de 2012

Toallitas húmedas y recolección de basura.


           En mi fraccionamiento la recolección de basura puede darse muy temprano (6:45am), así que algunos vecinos “prácticos” (o flojos) dejan sus desperdicios desde la noche anterior. El problema es que los perros callejeros llegan y esparcen la basura por todos lados, dando una escena deplorable frente  a nuestro fraccionamiento. Obviamente la situación no es la deseable, así que constantemente se les dice a los vecinos que saquen la basura temprano y no desde la noche.

¿Por qué les comento esto? Porque, aunque no fueron ellas, tengo unas vecinas bastante acomedidas que se ponen a barrer toda la basura frente al fraccionamiento, obviamente están molestas de recoger algo que ellas no provocaron. Les he comentado que no barran, que dejen todo tirado y que quedemos como unos cochinos debido a un par de imbéciles que no se pueden levantar temprano, pero su respuesta me dejo clara la situación: “No podemos dejar así, van a creer que todos somos unos cerdos”.

Personalmente, a mí me vale pepino quién crea que soy un cerdo, porque sé que no lo soy pero, para mis vecinas, sí es un tema vital. La imagen que ellas deben mantener es mucho más importante que la realidad en sí, la opinión de los demás tiene más peso que su amor propio. Por todo eso prefieren tragarse su frustración al barrer algo que ellas no provocaron, en lugar de aguantar “la pena” de que vean que son sucias (aunque en realidad no lo sean).

Esto me trae un recuerdo específico de mi infancia. Aclaro que este pasaje no mancha la imagen de mi madre, porque no pude tener una mejor, la cual me dio más de lo que cualquiera otra hubiera podido. Recientemente alguien me encargo unas toallitas húmedas en el Costco. Al verlas recordé a mi progenitora.

Cuando vivíamos en el DF, en nuestro camino a la escuela, ella usaba dichas toallitas para limpiarnos la cara con bastante ahínco, ¡Cómo odiaba esas toallitas! ¡En verdad me encabronaba que me estuviera limpiando con tanto interés!

            A pesar de que lo decía todos los días, mientras nos limpiaba, hasta ahora me hago consciente de la letanía que nos soltaba: “¡Miren nada más que caras tan sucias! ¿Qué van a decir de su madre, que es enfermera, cuando vean a sus hijos todos sucios?”

            Hasta ahora me cae el veinte que mi madre no estaba (tan) preocupada por nosotros, estaba preocupada por ella, por su nombre ante la sociedad y, sobretodo, por su imagen. Conscientemente ella estaba convencida que lo hacía por nosotros pero, inconscientemente, nos revelaba la verdad. Es chistoso, podemos aparentar preocupación por los demás cuando en realidad somos egoístas, porque tememos perder status Quo.

            Cuando eres niño no te importa si estás sucio, la ropa está rasgada o si nadie te va a invitar a cierta fiesta, todas esas son estupideces. Tanto a mí como al resto de niños nos valía gorro la imagen, el nombre o el status, porque lo importante era jugar, divertirse, comer y descansar. El problema era con las otras madres, las cuales se criticaban por la apariencia del niño, no por lo feliz que era. Vamos aprendiendo actitudes socialmente aceptadas gracias a las programaciones que los adultos nos van inculcando.

            Esa autenticidad y libertad de ser niño la añoro, misma que vas perdiendo mientras permites que te pongan las cadenas y tú mismo acabas asegurándolas, al someterte a estúpidas reglas, todo con tal de obtener la aceptación de los demás, aunque eso no nos haga felices.

            De niño eres libre, y no hay nada de malo en serlo, es más, te sale bastante natural, lo cual hace decir a los adultos “¡Oh sí! La frescura de los niños” ¿Y por qué chingados nos empecinamos en quitárselas y volverlos como nosotros? Tal vez por frustración, por envidia o por mezquindad. En realidad sí podemos ser libres y auténticos, sólo hay que estar conscientes que al serlo (estar con la cara sucia pero feliz) vamos a incomodar a muchos que tiene la cara limpia, pero el alma insatisfecha. Nosotros mismos hemos creado un sistema en el que nos aprisionamos unos a otros, todos nos quejamos amargamente, mientras que ayudamos a cerrar las rejas.

            ¿Voy a extirpar este comportamiento neurótico de la sociedad con este escrito? ¡Claro que no!, apenas logro que un puñado de gente me lea. Sólo quiero dejar una evidencia de lo que nos hemos hecho al vivir en una sociedad que depende de las apariencias en lugar de las autenticas esencias, así que luego no nos quejemos del mundo en que nos toca vivir lleno de gente falsa y traicionera.

            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Gabachos

Aunque ya había tenido mi primer contacto con Estados Unidos el año pasado, en un breve viaje de tres días, en esta ocasión tuve la posibilidad de captar más cosas que no percibí la vez pasada, además de que ahora fui solo y el tiempo fue mayor (una semana), así que espero dar una visión más completa que el escrito anterior. Voy a seccionar este ensayo en los tópicos más relevantes que experimente.

Introducción

Este texto no va a cambiar de ninguna manera la situación de los Gringos, ni la opresión que realizan al resto del mundo. A ellos tampoco les importa si los visito o lo dejo de hacer. ¿Por qué hago este análisis? Porque se inmiscuyen en los asuntos de todos los demás, ya que debemos ajustarnos a los estándares que nos dictan así que, por lo menos, tenemos el derecho de analizar su comportamiento.

Por otro lado, aunque me duela admitirlo, son el país más poderoso del planeta y, por ende, el más importante (nos guste o no, recalco), aunque eso no quiere decir que sea el mejor. Ellos se nos han impuesto como modelo a seguir, así que me parece coherente que les dedique este texto y los anteriores.

Es innegable que los muy malditos nos han empujado su “cultura” por todos lados, así que parte de nuestras programaciones giran en torno a lo que ellos hagan o dejen de hacer, ésa es la forma en que nos enajenan con sus productos, programas, música, películas y demás.

Todo esto genera una abierta animadversión hacia la nación Yankee, la cual es alimentada por ese amor vedado que, simultáneamente, les profesamos pero que no muchos se animan a admitir abiertamente.

Desarrollo

            Es una sensación distinta ver Estados Unidos desde el cielo a diferencia de México. Uno ve el paisaje urbano mexicano y de inmediato nota la asimetría, la falta de cuidado, la suciedad, el exceso de gris y el verde faltante, además de la contaminación omnipresente. Cuando uno sobrevuela Florida, se nota de inmediato la simetría, la limpieza, el verde y, en general, el cuidado que le ponen a sus hábitats los gabachos.

Esa impresión continuo al transitar por sus calles: todo limpio, todo pintado, todo ordenado, tal vez no el nivel de pulcritud y orden de Alemania, pero sí algo superior a lo que se ve en México. Ciertamente Stallone ha hecho mejores películas pero, al estar en Florida, me vino a la mente la película de “El Demoledor” (Demolition Man), en donde hay una sociedad exageradamente pulcra, pero de manera forzada y un mundo subterráneo en donde hay mayor libertad pero no tanta limpieza, esto comparando Estados Unidos con México.

Los Yankees respetan más las leyes (hablando domésticamente, algo que no pasa en su política internacional). Podrá ser por culpa, por paranoia o por pose, pero ese respeto que expresan al prójimo, a la naturaleza y a las leyes, se refleja en la calidad de vida que pueden alcanzar. Debo admitir que es un mejor lugar para vivir que mi propio país, aunque no creo que sea EL mejor lugar para vivir porque, por lo menos, hay una decena de países que tendrían prioridad antes que Gabacholandia, entre ellos Japón, Alemania, Finlandia, Australia, Canadá, Malasia, Nueva Zelanda y demás.

Debo reconocer que los estadounidenses son lo máximo al momento de montar un espectáculo. Me sorprende la logística tan cuidada y perfecta que tienen en los eventos masivos, como el partido entre los Miami Dolphins y los Seattle Seahawks. La afición de los Dolphins no es la más numerosa ni la más fiel, por lo cual no se llena el estadio, pero sí fueron bastantes personas con autos al partido. En el DF, con una cantidad de autos similar, me hubiera esperado una hora antes de subirme al coche y avanzar a vuelta de rueda, en Miami no: en menos de 20 minutos ya estaba en la pista de regreso a Orlando, ¡eso sí que es eficiencia!

A pesar de que manejan mejor que acá, algo que no resulta muy difícil de lograr, también presencie muestras de naquez en nuestros vecinos del norte, como personas que manejaban estúpidamente, vi a marranos que tiraban basura en vía pública. También ví mucha gente corriente y, al mismo tiempo, me doy cuenta que me estoy volviendo fresa: Entre a una tienda donde decía “Artículos baratos Disney”, y pensé “¡Perfecto! ¡Aquí voy a ahorrar en recuerditos!” pero, al entrar al lugar, note lo corrientes que estaban, así que me reproche a mí mismo “¡No! ¡Ni madres! ¡No puedo comprar estas porquerías!” No importaba que no fueran para mí, no podía comprar algo tan ordinario.

Civilidad

Me parece que mucha de la civilidad estadounidense está basada en el miedo de ser demandados, de ofender a alguien y que tome represalias legales en su contra. No siento que su comportamiento sea muy auténtico pero, por precaución, han aprendido a vivir en armonía, misma que es distinta a la que tienen en Alemania o en Japón, lugares en dónde la civilidad es más honesta. Tal vez los gringos han llevado la pose de civilidad durante tanto tiempo que acabó permeando en las generaciones actuales y, en verdad, ya se están volviendo civilizados.

            Artificial o no, ciertamente la civilidad gabacha es algo que me llamaba poderosamente la atención: en lugares públicos, si se levantaban por cualquier motivo, podían dejar sus pertenencias tranquilamente, esto porque hay un ambiente de seguridad muy palpable, por lo menos en los lugares por dónde andaba. Se podrá argumentar que en lugares “bien” aquí en México también se está seguro pero, personalmente, no me animaría a dejar mis pertenencias sin vigilancia tan tranquilamente, sin importar en qué lugar de México me encuentre y admito que tampoco lo hice en Estados Unidos (por mi paradigma mexicano).

            Otro aspecto que me llamó la atención es que uno pasa voluntariamente a las casetas de peaje, ya que muchos tienen el servicio prepagado. Obviamente detrás de ese comportamiento hay un miedo a recibir una multa mayor pero, a pesar de ese riesgo, en México muchos violarían la ley hasta el día que fueran descubiertos.

Resalta el trauma gringo con las demandas (tanto hacerlas como recibirlas), esto se nota en la sección amarilla: creo que no hay parte más extensa que la de los abogados, con una cantidad de anuncios y promociones impresionantes para demandar o defenderse, y sólo estoy hablando del directorio de Orlando, no me quiero imaginar lo que ha de ser en las grandes urbes. Esto también se hizo notorio al momento de conducir ya que, después de los de comida, los espectaculares de los abogados eran los más abundantes.

Hablando de Demandas, la civilidad desaparece cuando les preguntas algo que ignoran, ya que te contestan tajantemente “¡No lo sé!”, y creo que lo hacen para que, posteriormente, no los vayas a demandar por haberte dado información incorrecta. Claro que es mejor decir que uno desconoce algo a dar falsas indicaciones, pero creo que también hay formas más amigables de decir las cosas.

Viendo el comportamiento gabacho, no alcanzo a diferenciar si ellos son unos neuróticos exagerados con su supuesta civilidad, o los latinos somos unos cínicos desvergonzados, todo justificado en nuestra espontaneidad. Recordé a algunos amigos que viven en el extranjero, mismos que me dicen que prefieren vivir en lugares alejados de su tierra por la calidad de vida, la tranquilidad, la seguridad y el entorno en el cual se desenvuelve su familia. Independientemente de la falta de seguridad en los países latinos, mis amigos admiten que extrañan el sabor de nuestra cultura y que no se pueden emular en esos lugares ajenos a nosotros. No se puede tener todo en la vida.

            A pesar de ello, presencie faltas de respeto que pensé que eran exclusivas del tercer mundo, por ejemplo, personas metiéndose en las filas o, cuando nos indicaban que en una atracción no se podía usar el flash, había muchos a los que les valía y lo usaban. Serán el país más poderoso del planeta, pero eso no los exenta que también tienen gente infradesarrollada en su sociedad, aunque en un porcentaje mucho menor de lo que tenemos por acá, que es la mayoría, por cierto.

            Para acabar este apartado, nunca había visto una tienda de armas, y pase por algunas en mi estancia en Florida. No fue necesario entrar, el simple hecho de ver establecimientos tan grandes que vendieran armas, resultó impactante para alguien que no ha tenido contacto con ninguna real.

Compras

Me sorprende el lugar predominante que el comprar ocupa en sus vidas, aún más importante que el comer. Me decía un amigo, que vivó algunos años en Estados Unidos, que eso del Black Friday te pone en un estado desconocido, de hecho te vuelves un “Gringo honorario” o “Gringo temporal” porque la euforia por adquirir te invade y te pierdes en la masa compradora que ataca las tiendas en esos momentos.

No hay nadie en el mundo que los iguale en su deporte favorito: comprar, y es que parecen posesos, ya que consumen sin cansarse, sin preocuparse de cómo pagar, gastar para ellos están vital casi casi como respirar o comer. Esto lo corrobore en carne propia ya que llegue en el famoso “Viernes Negro” y es impresionante verlos gastar de manera tan obsesiva, casi me sentí mal de haber comprado tan “poco” (aunque para mis parámetros fue mucho).

¡Pinches Gringos! Por más que uno se resiste a comprar, es inevitable caer en las garras del capitalismo extremo en el cual viven. El sistema está basado en el consumo y la gente está programada para comprar, por lo cual resulta imposible no hacerlo. Por más que me contuve, las dos veces que he venido he acabado gastando mucho más de lo que tenía planeado, y es que aquí el comprar se puede ver como un deporte, un derecho, una obligación y, casi casi, una religión. Es una psicosis colectiva en la cual necesitas comprar para vivir y, por eso mismo, no me agradaría vivir allá porque hasta yo, que soy una persona tan austera en mis gustos o necesidades, me vi contagiado de esa euforia y me volví como ellos durante un par de horas.

Una evidencia grande del respeto, artificial o no, que se vive en este país era mi tarjeta de crédito. Cada vez que pagaba con la misma, llegaba una alerta a mi celular, algo que les llamaba la atención a los dependientes, así que les explicaba el mecanismo de protección. Para ellos era algo extraño, ya que no necesitan ningún aviso o autorización para compras grandes, además de que ellos compran bastante; obviamente hay fraudes, pero no a nivel de piso, más bien en altas esferas; y es que el ciudadano común tienen tanto miedo de una demanda, que están adoctrinados a portarse bien, lo cual se les reconoce, aunque sería más deseable que se portaran bien por educación y no por miedo. En México no existe el respeto, ni por educación ni por miedo, así que debemos estar protegidos ante cualquier atisbo de fraude, de ahí mis alertas.

No niego que Gabacholandia es un mejor lugar para vivir que México pero, a pesar de ello, no viviría ahí; de hecho, al tercer día, ya estaba un poco harto de su “cultura” y sus dinámicas sociales, de cuidarme de todo y no ofender a nadie, de pagar impuestos que no te anuncian en el precio original y eso estresaba mi paradigma comercial (y es que en México ya te dan el precio con los impuestos incluidos).

Cultura Artificial

Sé que es un prejuicio mío pero, por alguna razón, no les creo tanta civilidad. Tal vez me equivoque, pero creo que todo esto es una vil pantalla de lo que son en realidad: una cultura artificial que no tiene base que la sustente. Siento que les falta autenticidad, por ejemplo, en mi país nos caracterizamos por las constantes faltas de respeto pero, en las pocas muestras de civilidad que se presentan, sabes que son auténticas, porque experimentas la calidez con la que son dadas.

Una analogía de lo que digo la presencie en el Animal Kingdom de Disney, en donde había reproducciones, de expresiones artísticas asiáticas y africanas, muy parecidas a las originales. Ciertamente todo eso se veía muy bonito, pero no dejaba de lado que eran artificiales, y así es como percibo a la cultura gringa: la apariencia es muy bonita, pero no hay nada detrás de ella.

La cultura gabacha es inexistente o, en el mejor de los casos, artificial o superficial. Es una falacia que se compone de parches de otros lados, es la tierra de los inmigrantes por excelencia; por lo mismo hay una mezcolanza de tradiciones externas que, desde mi punto de vista, no tiene bagaje suficiente que los respalde como una cultura en forma. Por eso mismo defienden fervientemente su “American Dream”, ya que es su única identidad, misma que ha sido forjada a base de madrazos, de ir sometiendo al resto del mundo y, por lo mismo, éste está resentido con los gringos (como en su momento fueron los Romanos, los vikingos, los ingleses y demás).

Algo que experimente mucho fue que la gente veía extrañada mi teléfono de tercer mundo, ese mismo con el cual saque cientos de fotos en mi estancia en Florida, me veían extrañados porque todos llevaban sus Smartphones. Siendo justos, también en México ya empiezo a recibir esas miradas de lástima, porque estoy posponiendo, la mayor cantidad de tiempo posible, caer en las garras de un Smartphone y volverme un Zombie funcional en la sociedad.

Los elegidos de Dios

Su programación de nación libre, y regente del planeta, está muy bien tatuada en el inconsciente colectivo, en verdad se sienten los salvadores del mundo. En el partido de los Dolphins en Miami, vi con sorpresa la reacción del público al aplaudirle apasionadamente a su ejercito, misma pasión que reflejan al cantar su himno nacional.

En Magic Kingdom entré al Show de los presidentes que ha tenido Estados Unidos, lo hice porque tenía la expectativa de que fuera cómico, de haber sabido que era serio, no habría entrado. Sin embargo, al final, agradecí dicha decisión porque me percate, en vivo, que se sienten el pueblo elegido de Dios, algo así como los Judíos y, por lo mismo, ambos pueblos son tan odiados a nivel mundial, (por eso y por la represión que hacen de los más débiles).

En dicha presentación vi que se sienten con el derecho legítimo de gobernar al mundo y formarlo de acuerdo a sus ideales e intereses. Veía que la gente está plenamente adoctrinada, había quien lloraba al ver a sus presidentes y sus “logros” a nivel nacional y mundial. Creo que ahí radica el problema: ellos en realidad se sienten divinos, y el resto del mundo se las compramos, por eso el repudio que se han ganado. Ya tengo listo un ensayo del Neoimperialismo, así que ahí ahondaré más sobre el tema.

No voy a culparlos por sentirse el pueblo elegido del destino porque así ha sido en cada momento de la historia, sin importar que fueran los Romanos, Españoles, Franceses, Ingleses, Alemanes y demás; es algo endémico de la humanidad el hecho de querer dominar al resto. El imperio reinante se ha sentido el elegido celestial, así que no es problema exclusivamente gabacho: en mi propio país hay quien siente que somos el ideal de la humanidad y, si pudieran, seguramente someterían al resto del mundo a sus deseos.

Ese complejo inherente al humano, por el momento, lo expresan los Gringos, en unos 10 ó 20 años podrían ser los Chinos, dentro de unos 50 es factible que sean los Hindúes y en 100 serían los Brasileños. Así que no es que los gabachos sean malos, sólo están desempeñando el papel que les tocó en esta época. El problema es que no sólo sienten estar adelante del resto, también sienten estar “encima” de nosotros, de ahí el complejo de superioridad Yankee.

Manejar y caminar

Hablando del manejo, creo que el sueño de todo conductor en México es hacerlo sin curvas, sin topes, sin baches, sin semáforos y sin ningún inconveniente, todo en línea recta y sin nada que te detenga. En Estados Unidos tuve esa oportunidad y es bastante aburrido. Por lo menos en Alemania uno tiene hermosos paisajes que te llenan la pupila y, en las autopistas, no hay límites de velocidad, así que manejar en caminos teutones es un deleite. En mi trayecto de Orlando a Miami ya había un punto, después de tanto tiempo de manejar en recta, en dónde sólo buscas una canción con la cual engancharte y que te haga el camino menos tedioso.

En ese mismo trayecto me dí cuenta que los gabachos están locos, ya que la única diferencia que encontré entre sus Speedways y sus Highways, es que en una se paga y en la otra no, ambas son a tres carriles y con los mismos límites de velocidad. Entonces ¿para qué demonios pagar cuota? Para mí, la Interestatal 95 me pareció mucho mejor que el Florida Turnpike, el cual es carísimo. Cuando me di cuenta de esto, me cambie de carretera a la brevedad para ya no seguir pagando sus cuotas tan altas.

No sé si sólo sea en Orlando, o sea un reflejo de todo Estados Unidos, pero la infraestructura no es muy amigable con el caminante. En teoría, Disney’s Hollywood Studios sólo me quedaba a cuatro kilómetros del Hotel, así que opte por irme caminando, lo cual los escandalizó en la Recepción. Argumente que mi destino estaba cerca, pero ellos respondieron apasionadamente “¡Pero es que debe ir en auto!”, recordé en qué país paranoico estaba y pregunte “¿Acaso está prohibido ir caminando?” a lo que respondieron negativamente y, con dicha información, dí por terminada la plática y continúe mi camino. Comprobé que el paradigma del personal de mi hotel estaba generalizado, porque no había banqueta alguna en mi trayecto (sólo pasto al lado del camino), porque a nadie le pasa por la cabeza que haya gente que quiera llegar a pie.

Por irme caminando recibí una mirada que nunca pensé recibir en el extranjero, aunque ya estoy acostumbrado en mi país, la de “¿Qué está haciendo ese wey? ¿Acaso está loco?”. No ví ningún camión de transporte público, los únicos eran los Shuttles particulares que iban a cada parque o los transportes escolares.

Un viejito, que se extraño de verme caminando, paró su auto para preguntarme qué demonios estaba haciendo, se lo explique y me empezó a regañar, así que lo tiré a loco y seguí con mi camino. Algo similar pasó con un taxista un par de kilómetros después, que “amablemente” se ofreció a llevarme, el buen samaritano desapareció cuando le mentí al decirle que no llevaba dinero.

Ambas personas me dijeron que me estaba poniendo en riesgo, a pesar de ir unos 10 metros alejado del camino, claro que ellos no tienen que saber que en México soy un corredor callejero, en un país en dónde uno sí se pone en riesgo. Más adelante comprendí el punto de vista de ambos conductores, al ver algo que está fuera de sus paradigmas, aunque no sea ilegal. Supongo que me vieron como un salvaje.
           
En muchas partes de México, cuando alguien muere en un accidente en la carretera, normalmente se pone una ofrenda en el lugar de la muerte. Me extrañó que aquí también hacen lo mismo, pero con una pequeña variante, ya que ponen un mensaje que dice: “Conduzca con cuidado”. Esto me impactó, porque están dejando al muerto atrás (Actitud muy productiva) y se enfocan a los vivos aunque no sean sus familiares, a diferencia de lo que acontece en estos lares.

Aunque al final fueron 10 kms de ida y 10 de regreso los que camine aquel día (sin contar el parque en sí), mi decisión fue la acertada, ya que el Hollywood Studios fue el parque más corto que me eche, por lo que acabe alrededor de las 2pm, y demostré que en Orlando se puede llegar caminando al parque y aún pasársela bien (qué bueno que no lo hice con ninguno de los otros, porque hubiera acabado molido)

Gente

Hablando de mujeres, me doy cuenta que tengo tatuada esa programación que tenemos la mayoría de hombres mexicanos en la cual privilegiamos el gusto por las rubias sobre el resto. Mis ojos estuvieron muy felices de ver güeras por todos lados, la verdad estuve extasiado del festín visual que me lleve. Aunque en realidad eso es muy humano, ya que tendemos a preferir lo que menos hay en nuestros lugares de origen.

A diferencia de lo que pasó el año pasado en Miami, en dónde el 90% del tiempo hable en español, en Orlando sí tuve la oportunidad de practicar un poco más mi inglés, y me dio mucho gusto que me comunique muy bien con casi todo el mundo pero, me encontré con un chofer del hotel al cual no le entendía ni papa, así que me puse a platicar con él y acabe descubriendo que era cubano y me dije “¡Por supuesto! Si apenas entiendo lo que dicen en español, pues es obvio que no les entienda hablando inglés”

            Estados Unidos es el país de los excesos: es donde más gente obesa he visto, con un sobrepeso monstruoso pero, por otro lado, también es donde más mujeres atractivas he admirado. También vi gente excesivamente grande, floja, mamada, grotesca, desagradable, con tatuajes por todos lados ó los senos más grandes, los traseros más pronunciados y la gente más prolija.

            En general, siento que las personalidades de nuestros vecinos del norte tienden a ser muy artificiales. Por ejemplo, independientemente de que me guste o no, tanto en Cuba como en Alemania, la gente muestra una manera de vivir muy ad hoc a su cultura, es raro que algo salga de lugar, pero en Estados Unidos hay un revoltijo cultural de todos lados.

Es como en los Parques de Disney, en donde hacen reproducciones distintivas de varios lugares, los cuales se ven muy bien, pero no dejan de ser viles copias y, por lo tanto, nunca serán tan buenos como los originales. Ejemplo claro: Taco Bell, ellos creen que eso es comida mexicana, lo cual es una auténtica aberración porque lo que sirven ahí es incomible, por lo menos para mí.
            
No voy a negar que el mexicano está bastante maleado y, es factible, que la siguiente observación esté influenciada por dicho hecho. Gran parte de los estadounidenses son bastante sosos: eso de que el standard es Homero Simpson es cierto, lo cual es ofensivo para el  resto del mundo, ya que somos dominados por un pueblo bobo, habrá quien diga sin malicia, pero eso no lo creo.

Conclusiones

Hay algo de lo cual me he dado cuenta: cada vez que salgo al extranjero, aprendo a valorar más mi país. No estoy disculpando la cantidad enorme de falencias que tenemos como cultura, mismas que he evidenciado en varios escritos y que lo seguiré haciendo sin cesar, pero estos viajes me ayudan a valorar todas las virtudes que doy por sentadas; ésas mismas que se vuelven invisibles porque uno está acostumbrado a tenerlas presentes todo el tiempo, pero que se vuelven muy visibles cuando no las tienes a la mano y tienes contra qué comparar.

Estados Unidos es un bonito lugar para visitar pero, por lo menos para mí, no para vivir. A pesar de todo el narcotráfico, inseguridad, corrupción, contaminación, ignorancia, gandayismo y demás, YO vivo mejor en México SOLO. Sin embargo, en caso de que tuviera una familia por la cual preocuparme, y si tuviera la posibilidad, optaría por vivir en Estados Unidos.

Este año hice viajes muy interesantes: fui al último resquicio del comunismo, lo cual contrasta profundamente con el pináculo del consumismo, ése mismo que rebosa de artificialidad, al contrario de un reino de naturaleza como lo fue Jalcomulco. Siempre preferiré ir a los rápidos y, tal vez, a Cuba en lugar de Estados Unidos, pero gracias a que visito Gringolandia, con toda su superficialidad extrema, puedo valorar la belleza de Jalcomulco o la sencillez de la vida cubana.

Tal vez la cultura gringa no esté tan mal después de todo, en realidad yo he de estar tan adaptado a un país nefasto, como el nuestro, que ya sé como solventar las carencias, mañas, errores, faltas de respeto y demás muestras de infradesarrollo con las que lidiamos a diario. Tal vez, al vivir en un ámbito tan subdesarrollado me permite sentirme superior a los demás, y es por ello, que me quedaría a vivir en esta tierra. Todo esto es una simple teoría, la cual resulta altamente factible de ser cierta.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 15 de diciembre de 2012

¡Está pelón!


            En mi adolescencia siempre quise tener el pelo largo pero permanentemente había un motivo que lo impedía: reglas en la escuela, parecía Globtrotter, falta de paciencia o extrema incomodidad al tenerlo tan chino. Por todo eso, eventualmente, acababa cortándomelo, pero siempre se mantuvo constante dicho anhelo.

            El deseo de tener la mata larga era por mi admiración a distintos músicos, sobretodo cuando hacían el “head-banging”, en alguna parte salvaje de una canción o algún solo de guitarra soberbio. Quería tener la melena para ser como Slash, y sacudirla como él en vídeos como “Don’t cry”, “Estranged” o “November Rain” (por cierto, si alguien sabe cómo murió la novia de Axl en ese vídeo, que me lo explique por favor).

Pero nunca  recibí una influencia tan perdurable como la primera vez que vi a Bono en un concierto en el Estadio Azteca en Febrero del 2006. Después de esa ocasión, salí con la firme intención de dejarme el cabello largo, sin excusa alguna, lo cual quedó perfecto cuando inicie con mis clases de salsa un año después, ya que ese look era idóneo para el ambiente salsero, además de que había empezado a correr y a bajar de peso, por lo que deje de ser un gordito con mata larga y mi estética mejoró bastante hasta tener la mejor apariencia que he tenido en mi vida.
Mi nuevo look

            Gracias a la mata larga empecé a desarrollar mi propio estilo, mis movimientos y adornos personalizados al momento de bailar una rica salsuca. Por lo mismo en Rumba Mía me ganaba el grito de “¡Chinos! ¡Chinos! ¡Chinos!” así que mientras bailaba, sacudía la mata y me sentía muy bien de tener algo que me diferenciara del resto de mis compañeros y amigos.

            Hacía mis adentros sabía que no podía tener por tiempo indefinido el cabello largo, estaba consciente que el día que me cortara la greña sería cuando mi amor por la salsa se acabara. Como ya escribí en otro ensayo, no existe el amor eterno, y el susodicho día llego: la pasión por la salsa murió, así que era libre de cortarme el cabello cuando quisiera.

            Raparse es fácil, uno se sienta y deja que la estilista haga su trabajo. El problema es enfrentar las reacciones de todos los demás, en especial de las mujeres. Al ver lo que sentí al cortarme el pelo largo, para el hombre es muy fácil andar sin cabello pero, para una mujer es muy duro. De hecho, para las féminas resulta difícil traer el pelo cortito; de esa proyección procede la intensidad de sus reacciones cuando me rapo. En cuanto a los hombres, en realidad nos vale pepino el corte de pelo ajeno (y a veces el propio).

            Es chistoso, no sentía mi cabello como una carga, al contrario, me gustaba mucho; sin embargo, al contemplarme pelón, de alguna manera, sentí como si me hubiese quitado un peso de encima. Es algo extraño esta liviandad que siento, muy liberadora, sobretodo si consideramos que antes pensaba que mi identidad y atractivo dependían de mi melena. El separarte de algo que alguna vez fue tan importante te devuelve algo de independencia, recuerdas que no necesitas de nada ni de nadie para vivir y entre menos apegos tengamos, mayor será la plenitud que experimentemos.

            Admiro mucho la cultura japonesa, de la cual adopte la costumbre de raparme como un ritual. En la época de los Shogunes, un Samurai se rapaba cuando quería romper sus lazos con el pasado; esto simbolizaba que cortaba las raíces que lo ataban de tajo. Después de dejar su cabellera atrás, iniciaba una nueva etapa en su vida, en la cual crecen nuevas raíces. He adoptado este ritual desde hace años y, por lo mismo, cuando viene un cambio significativo, opto por cortar las raíces con el pasado y pasar a una nueva etapa. Esta es la cuarta vez que me rapo, a continuación explico brevemente las tres anteriores:

            Trabajo
            Llevaba un año trabajando en VW y, como seguía siendo eventual, había decidido irme en un par de meses. En esa época fui a conocer a mi familia paterna en Minatitlán. Además de que a todos les daba gusto verme, se asombraban del lugar en dónde trabajaba. Lo mismo sucedió cuando visite a mi familia materna en Veracruz y, finalmente, cuando regrese a mi casa, note que para mis papás y hermanos era igual de importante que trabajara en la empresa alemana.

            Pero ya había tomado una determinación y, normalmente, con lo obstinado que soy, me resulta difícil desdecirme, por otro lado, para toda mi familia era muy importante que trabajara aquí. Ahí fue cuando me enteré, por clases de japonés, sobre el significado de raparse para los Samurái, así que me pareció una solución ad hoc para mi situación.

            ¿Por qué me rape entonces? Por contradecir mis principios, por prostituirme al darle gusto a mi familia en lugar de ver por mi prioridad, la cual era ser reconocido con un contrato permanente en la empresa. Felizmente, cuatro meses después, firme dicho documento, así que al final, mi sacrificio rindió frutos. Además hubo un “bonus”, porque estando pelón fue que conocí a mi primera novia.

            Novia
            Ya trate en otro escrito la relación que tuve con mi primer amor, así que les comparto el pasaje referente a la rapada.

Después de despedirme de ella aquella mañana de Septiembre, conduje sin orden alguno por los lugares que me traían nuestros recuerdos más bellos, así que llegue a las afueras del Aeropuerto de Huejotzingo, un lugar tranquilo y silencioso, al cual fuimos alguna vez a platicar libremente. Ahí llore amargamente por la partida de aquella mujer. Cuando se me acabaron las lágrimas, mas no la tristeza, tomé la determinación de raparme, ya que iniciaba una nueva etapa en mi vida, al estar alejado de ella.

            Recuerdo con especial cariño, esa segunda vez que me rape. Me parece que tenía los ojos rojos de tanto llorar (y lo que me faltaba). La amable estilista, a la que le encargue tan ingrato trabajo, me preguntaba toda angustiada “¿Seguro joven que quiere que lo rape? Es que su cabello está muy bonito y usted se ve muy triste” ante tal muestra de empatía trate de ser lo más frío que me fue posible y le dije en tono sobrio: “Sí, por favor, ¡rápeme!” a lo que ella seguía oponiéndose “¿Pero está seguro? ¿No lo quiere pensar de nuevo?”
Ahora esto es tiempo pasado

Obviamente la señorita no sabía que estaba tratando con un necio profesional, así que me mantuve firme hasta que vencí toda su amabilidad y, con un dejo de tristeza en sus ojos, procedió con la agria tarea. Aunque en ese momento estaba demasiado triste y centrado en mi dolor, de manera retroactiva, me sentí muy agradecido con la tierna preocupación que aquella señorita mostró ante mi estado emocional, sin saber lo que me pasaba, supo captar bien el sentimiento tan profundo que llevaba en mi ser.

            Relación nociva
            Contrario a lo que se pudiera pensar, la tercera ocasión que me rape no tuvo que ver con mi divorcio porque, aunque fue importante, no lo considere tan relevante como para estar pelón. Sin embargo, después de separados, empecé a cortejar a una mujer que me atraía mucho pero con la cual no era buena idea relacionarme.

            Fueron un par de años frecuentándola, mismos en los que no me decía que sí, pero tampoco me decía que no y yo, que aún no había aprendido a darme a respetar, soportaba toda esa incertidumbre. Hubo muchas cosas que aguante en silencio, esto debido a mis fuertes sentimientos por ella. Sin embargo, no hay mal que duré 100 años ni cuerpo que los aguante, así que llegó el día en que tomé la decisión de terminar con esa situación que me estaba envenenado la vida.

            La última vez que tuvimos una cita en dicho período, me rapé y así asistí a verla, ella no se mostró muy entusiasta con mi look (y ésa era la intención). Me comporte natural, para que no hubiera nada que mostrara que había tomado la determinación final. Como ya me había dado cuenta que no podía librarme de ella, y tampoco veía que ella quisiera dejarme ir, busqué ayuda profesional y empecé a ir a terapia psicológica (que resultó ser de las decisiones más provechosas que he tomado).

            No voy a decir que fue de la noche a la mañana, pero eventualmente pude terminar con ese amago de relación que nada bueno me dejaba y que, en realidad, me dañaba bastante por el poco respeto que me tenía (tanto ella como yo). Gracias a esa decisión aprendí a quererme más y a no caer en esas dinámicas neuróticas.

            Hasta ahí los antecedentes, sin embargo, esta cuarta ocasión era especial: por primera vez iba dejar atrás una tupida melena, misma que era constantemente chuleada, así que me parecía un crimen que la misma acabará en la basura de alguna peluquería o estética unisex. En esta ocasión quería que mi sacrificio estético tuviera algún otro beneficiario además de mis ideales tan excéntricos.

            Tristemente, corroboré el por qué somos un país tercermundista, hable a cinco instituciones distintas en Puebla, para donarles mi cabello, en todas recibí excusas para no recibirlo: Tenemos suficiente para tres años, no estamos en campaña, no hay quién le dé informes y demás justificaciones que mataron mi buena intención, por lo que regale el cabello a la estilista que me rapó para que le hiciera extensiones a sus clientas.

            Cuando escribí los ensayos de “El amor acaba”, ese mismo día supe que no debía llegar al 21 de Diciembre del 2012 con la cabellera sobre los hombros, así que determine que hoy (15 de Diciembre) éste era el último de mi greña, por lo menos en esta versión.

            Fueron más de seis años con el cabello largo y, no lo voy a negar, disfruté mi melena al máximo: lo hice al bailar, en el trabajo, después de bañarme, en conciertos, al escuchar música, y demás. No me gustaba que me la tocaran, pero sí que llamara la atención. En especial me gustaba cuando corría con lluvia y volaba a mis espaldas, o cuando salía de la alberca y parecía comercial de shampoo. Obviamente disfrute mucho haciendo el head banging con canciones poderosas o haciendo mis remates salseros con la mata reluciente. Todo eso siempre lo quise y, cuando lo tuve, disfrute al máximo esos beneficios implícitos que te da el tener el cabello largo.

            El estar pelón también acarrea ventajas que no todo el mundo aprecia, para empezar dejas atrás todo ese tiempo invertido en desenredar el cabello, además de esperar a que se seque; en época de calor duermes más fresco sin una maraña en la cabeza que te acalora. A la hora de arreglarte, no te tienes que peinar, simplemente sales sin problema alguno, además de ahorras un chorro en shampoo, gel y demás aditamentos. Y ahora, cuando barra, se me va a facilitar limpiar la casa sin tanto cabello que acarrear. Además, cada vez que me rapo corroboro que nunca en mi vida voy a padecer de alopecia, porque tengo todo el cuero cabelludo tupido por todas partes.

            Todas las veces que me he rapado he tenido miedo pero, en esta ocasión el sentimiento fue más intenso. Esto influido porque ahora estoy más grande, ya tenía muchos años que no lo hacía, nunca me lo había cortado teniéndolo tan largo, además de las clásicas miradas y cuestionamientos que vienen cada vez que lo hago, esos que esconden juicios por hacer algo que, se considera, de gente poco común. Y ahí radica una gran parte del por qué lo hice: cuando te haces dependiente de algo irrelevante, va siendo hora de acabar con dicho vínculo.

            Ayer en la noche, me dio una especie de ataque de tristeza, ya que hoy estaba planeada la rapada. Recordé que también tenía algo de nostalgia al partir del nido materno, aunque no tanta como en esta ocasión; así que el estar triste no quiere decir que uno esté actuando mal, en realidad es un anhelo por dejar una etapa de vida atrás, no porque sea mala, sino para que pasemos a algo mejor.

            Además de que ya no temía por mi identidad salsera, he estado haciendo cambios personales que, me parece, son muy positivos para mi plenitud. He experimentado, sin duda alguna, los mejores seis años de mi vida que, casualmente, fueron acompañados por la melena larga. Sin embargo, tengo la idea que lo mejor puede venir y este rape que me he aplicado es el punto de inicio para ello, es el momento de cerrar este ciclo de vida para iniciar otro.

            Aunque nos estrese lo desconocido, la vida está hecha de cambios y debemos seguir a ese ritmo. Un cambio puede ser bueno si se sabe aprovechar. De entrada tengo un cambio de look radical, sé que a muchas no les gustará (porque a los hombres les resulta indiferente) pero a mí sí me gusta y me cae bien.

            Este pequeño sacrificio fue más significativo que las tres veces anteriores, pero ahora entiendo plenamente esa pequeña muerte que experimentaban los Samurais, al raparse, en el Japón antiguo. El dejar atrás parte de una identidad es una muerte simbólica, lo cual es más intenso cuando hay un profundo aprecio. Tememos a la muerte porque dejamos atrás nuestro cuerpo, vida, posesiones, relaciones, ego, reputación, identidad y demás. Estamos muy apegados a la vida, sin importar el choro que uno se eche de “estar listo para morir”, es un paso trascendental que desconocemos cómo manejar.

            Mi intención es volverme a dejar crecer la greña, porque me gusta tener el pelo largo, pero ya era hora de que esta melena se fuera para hacerle lugar a una nueva. Sé que esto suena pacheco o fumado (mis lectores asiduos ya deberían estar acostumbrados) pero esa nueva mata pertenecerá a un nuevo Hebert.

            Finalmente ¿Voy a raparme durante el resto de mi vida cada vez que experimente algo trascendental? ¿Acaso voy a ser un viejito pelón por el hecho de que haya nacido su primer nieto? Siempre que me rapo me digo que es la última vez, lo cual no ha sido cierto. Desconozco si voy a seguir con esta costumbre tan excéntrica de mi parte o vaya a “madurar” y dejar de hacerlo, pero sí sé que voy a hacer lo que sea necesario para que mi alma esté tranquila.

            Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Féminas

“El día en que finalmente aprenda a entender a las mujeres, o le encuentre lógica a su accionar, será el día en que la vida deje de ser interesante, porque resultara demasiado sencilla” - Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un Grinch en Orlando

El origen de todo
            Me encantaban las películas de Disney, las cuales devoraba con gusto, al ser parte integral de mi niñez. A pesar de ello, nunca tuve la ilusión de conocer Disneyland o Disneyworld, ¿por qué? Tal vez estaba muy consciente, a mi edad, de que eso estaba más allá de las posibilidades económicas de mi familia; aunque no éramos pobres, un viaje al extranjero era inimaginable en mi infancia.

            Recientemente se fueron acomodando las cosas para viajar a Orlando y, aún así, no puedo decir que fui con gran ilusión. Sin embargo, sentía que tenía que hacer este viaje y  no me arrepiento porque, como suele suceder, esa falta de expectativas me hizo más placentera la experiencia.

            Los Parques son MUY extensos, si quisiera comentarlos en su totalidad, tendría que escribir un ensayo entero para cada cual, y eso es algo que no pienso hacer. En vez de eso, voy a hacer breves comentarios de lo que ví y sentí en cada visita.

Animal Kingdom
Unos amigos que me encontré en Disney

            Al igual que muchos, sentí que este parque iba a resultar como un tipo de Zoológico y, aunque ciertamente hay partes que sí lo son, hay muchas otras atracciones que involucran animales sin tener que ser un Zoológico o un circo.

            Me gustó mucho el enfoque ecológico de este lugar, hay muchos tips y exposiciones de lo que uno puede hacer, en su propia casa, para ayudar al planeta. Las reproducciones del arte asiático y africano estuvieron muy bien logradas.

            En especial adoré el Show “It’s Tough to be a Bug” de la película “A Bug’s life” Un show 4D muy entretenido y muy divertido. Es uno de tantos espectáculos diseñados para que lo disfrutes al máximo sin importar la edad.
Un mensaje muy valioso que encontré en Animal Kingdom

            Otro show que me llamó la atención fue el musical de “Buscando a Nemo”, personalmente odio los musicales, sin embargo, este espectáculo estuvo tan bien logrado, con una excelente producción, que quede fascinado. Ahí empecé a sospechar que le ponen algo al agua en los Parques, porque muchas cosas que, en teoría, no me gustan, las disfrute gracias a la “Magia Disney” (insisto en que hay peyote en el agua de los bebederos).

Este viaje a Orlando fue un vaivén entre mi niñez y mi adultez, por un lado me volvía niño al estar en las distintas atracciones, pero volvía a ser adulto al ver shortsitos, falditas, mallas, escotes, pantalones pegaditos, ombligueras y demás distracciones femeninas que impedían a mi alma mantenerse pura de pensamientos perversos, así que mi parte adulta también estuvo bastante feliz.
Buda y Krishna bebés dentro de "Expedition Everest"

Honestamente no me iba a subir a los juegos, PERO hubo dos factores que me convencieron de hacerlo: en primer lugar ver a chamaquitos tan emocionados en la fila representaban un golpe directo a mi orgullo. En segundo lugar el comentario que me compartió mi jefa, que vino meses atrás, de parte de su pequeñuela de 9 años: “Mamá, ¡esto es Disney! Nada malo puede pasar”

Obviamente el comentario de la niña iba enfocado a la magia del lugar y las ilusiones que despertaba en ella, pero le encontré una lógica más adulta “¡Claro! ¡Es Disney! No se pueden meter en megabroncas porque algo salga mal ¡Y menos en el país de las demandas!” Así que me subí con toda tranquilidad porque sé que Emporios así cuidan mucho su imagen, más por intereses económicos que la seguridad del usuario.

Me estrene en los juegos Disney con el “Expedition Everest”, una montaña rusa muy entretenida aunque, lo que más me gustó de dicha atracción, fue toda la exposición del Yeti o Pie Grande que tienen mientras haces fila.
Subirse al Bote "Liberty" es muy padre

Magic Kingdom

            Al entrar a cada parque de Disney, lo primero que me venía a la mente es “¡Pero qué bonito está este lugar!”, y es que parece recién salido de algún cuento de hadas o que uno se acabó metiendo en alguna de sus tantas películas. Me sorprendió que el ambiente de Magic Kingdom haya apagado el modo Grinch que constantemente traigo prendido, y es que la magia que tiene este lugar hace que veas las cosas bonitas y llenas de ilusión.

Por ejemplo, en la calle principal, me detuve a contemplar a un cuarteto que cantaba villancicos. Aunque odio la Navidad, debo admitir que estos sujetos tenían tanta gracia, armonía y personalidad, que era imposible seguirse de largo sin disfrutar algo de su genialidad, de hecho me conmovieron, me sacaron bastantes sonrisas y se me lleno el pecho de una sensación cálida . . . . así de que antes que fuera permanente, ¡seguí mi camino! Definitivamente existe magia en este lugar porque es algo único que una canción navideña me saque una sonrisa.

            El primero de mis sueños infantiles que se cumplió fue el visitar la casa de la Familia Robinson, ésa misma que tenían en un gran árbol de una isla abandonada. Creo que los adultos disfrutábamos más recorrer este lugar a diferencia de los pequeños, que preferían visitar alguna otra atracción más emocionante. Lo mismo pasó con la Isla de Tom Sawyer. Y ahí me acordé algo que me dijo mi amigo Beto sobre Disney: “Es como los senos femeninos: los disfrutan tanto chicos como grandes” y definitivamente tenía razón.

            Hay muchas atracciones, como el Tiki Room, que maneja ese toque clásico de las obras Disney, con canciones y estética de las caricaturas pasadas, las cuales son muy bonitas, mismas con las cuales me crie. No demerito las obras actuales de la empresa, porque también son muy buenas y ya son otros tiempos, pero agradezco mucho que en los parques se haya cuidado el toque Retro, ése que se mantiene intacto para muchos que no venimos en nuestra infancia y que, cuando finalmente llegamos, retrocedemos en el tiempo para disfrutarlo como si tuviésemos 30 años menos. ¡Maldita sea! En verdad agradecí ese detalle, porque me permitió sacar a pasear a mi niño interno por varios días, lo cual resultó reconfortante, bonito y hasta tierno.

Para una persona de condición física estándar, visitar un solo parque representa una jornada intensa, ya no digamos el echarse uno diario por cinco días. Lo bueno es que gozo de muy buena condición, por lo cual pude acabar la totalidad de los parques que visite y con tiempo de sobra. Sin embargo, durante todas mis jornadas, era común ver gente sentada con un marcado cansancio, sobándose los pies o, de plano, rentando cochecitos para gente incapacitada  así recorrer los parques de forma cómoda sin desgastarse. Comprendo, y respeto, a las personas cansadas, las cuales se intentaron recorrer todo el parque, pero a los flojonazos que rentaban cochecitos para no cansarse, la verdad me guardo mi opinión sobre semejantes holgazanes.
El Castillo antes de los fuegos artificiales

Pasando las 4pm ya veía a muchas personas entrando a cualquier atracción libre, sin importar cuál fuera, con tal de que pudieran sentarse. A partir de las 6pm, la entrada a la mayoría de los juegos era bastante ágil, y es que muchos ya se habían ido o, simplemente, estaban sentados esperando los espectáculos nocturnos.

            Aunque la atracción estrella de Tomorrowland era el famoso “Space Mountain”, disfrute más las de Buzz lightyear, en dónde le ibas disparando a Aliens y haciendo muchos puntos, o el “Tomorrowland Speedway” en donde iba conduciendo un cochecito en un circuito de carreras. Esas atracciones las disfrute desde mi parte infantil, porque siempre anhele ese tipo de juegos, y ahora dicho anhelo ha sido satisfecho.

            Al presenciar el espectáculo de fuegos artificiales en Magic Kingdom, con el Castillo Disney como marco, vinieron a mi mente todos esos sueños, toda esa inocencia, todos esos planes, la totalidad de mis deseos infantiles. Disney es un imperio insaciable con toques malévolos, como suelen serlo todos los imperios que, al igual que la cultura gringa, trabajan mucho en una imagen impecable hacia dentro y hacia afuera. Sin embargo, el imperio Disney creo que va a durar más que el imperio gabacho en sí, porque ellos tienen de su parte las ilusiones infantiles que, hasta un Grinch como yo, agradece profundamente, porque es un regalo invaluable, aunque provenga de un imperio: sentirse como un niño lleno de ilusiones es algo que no tiene precio.

Hollywood Studios

            Invariablemente, en cada parque, acaba haciendo la siguiente reflexión: “Es un día laboral en todo el mundo, finales de Noviembre, ¿De dónde demonios sale tanto chamaco? ¿Todos ellos están faltando a la escuela?” No me quiero imaginar lo lleno que están estos lugares en épocas de vacaciones escolares, seguramente es la locura.

En Hollywood Studios hay una exposición muy interesante y completa de la vida y obra del creador de todo esto: Walt Disney. Durante la misma exposición llegue al punto en donde empezaron a hacer películas de la vida natural, y ahí recordé las mismas con mucho cariño; creo que sus filmes sobre animales me gustaban más que los propios dibujos animados, ya que los seres de carne y hueso me conmovían más que los basados en trazos.

Por cierto, sé que es algo improbable, pero no deberían permitir la entrada a los niños pequeños a la película sobre la vida de Walt Disney, y es que me toco uno atrás que preguntaba por todo y además se estaba aburriendo, no entendía por qué tenían que ver esta película “tan aburrida”, considerando el lugar mágico en el que estábamos. Eso me recordó la ignorancia que todos vivimos en edades tempranas, y no es que uno deje de ser ignorante, sólo que vamos ignorando menos conforme vamos creciendo.
Roy Disney anunciando la muerte de su hermano

Me doy cuenta que mi generación, cuando éramos pequeños, sabía quién era Walt Disney, el creador de tantas maravillas, para las generaciones actuales sólo es una marca, una serie de dibujos animados, un canal o un lugar a visitar, y es que no les interesa conocer sobre el fundador de ese emporio actual.

            Creo que el sueño de Walt Disney, como normalmente son los proyectos humanos, nació como una idea loable y auténtica. Tristemente, para que una idea se quede en ese grado de pureza, debe de crecer hasta cierto nivel porque, si lo hace en exceso, el capitalismo desmedido se va a encargar de hacerla un negocio rentable, sin tener cuidado de a quién se lleve en el camino. Cuando uno empieza a sentir el poder, de inmediato, los principios pasan a segundo término y dicho poder empieza a ser primordial y enviciante. Por eso mismo Disney es el imperio que actualmente es.

            Lo que más disfrute en este parque fue el Show 4D de los Muppets, simplemente me encantó. Es impresionante como unas marionetas, con mucha creatividad, te pueden dar espectáculos que siempre me han deleitado desde que tengo uso de razón. De igual forma me encantó el “Star Tours” de Star Wars, un simulador 3D que te hace viajar en una de las naves de La Resistencia y te encuentras con muchos personajes en tu travesía.

Este mismo año, recién regrese de mi viaje a Cuba, fui con unos amigos a Six Flags, a subirme a todos los juegos fuertes. En su momento lamente dicho viaje pero, estando en Orlando, lo aprecie bastante, porque cada vez que veía una atracción fuerte (como el Rock n’ Roller Coaster de Aerosmith o la Torre del Terror) me decía a mí mismo “No se ve tan fuerte como el Superman o el Batman” y con esa certeza en mente me subía con más confianza.

Eso me encantó de Disney: el nivel de vértigo en sus juegos es el exacto, ya que sientes la adrenalina en tu cuerpo sin tener que llegar a límites desagradables, de hecho disfrute todas las atracciones como chamaco, porque en ningún momento sentí morirme del susto. Los más fuertes (como Mission: Space, Expedition Everest, Space Mountain, Rock n’ Roller Coaster o la Torre del Terror) casi llegan a ese límite, pero no hubo nada que no pudiera soportar y al final, ¡hasta me quería subir otra vez!

EPCOT

En este parque hay dos temas principales: los avances tecnológicos y las exposiciones culturales de distintos países. En el aspecto tecnológico, te dan distintos Tours sobre los avances de la humanidad, nuevas técnicas de cultivo, avances para casas ecológicas o prevención contra eventos de la naturaleza.
Juego interactivo antes de pasar al "Soarin'"

Dentro de las atracciones me gustó mucho “Soarin’”, en la cual vas conociendo el estado de California vía aérea; “El Circulo de la vida”, en donde se nos concientiza del daño que hacemos al planeta; “Mission: Space”, en donde simulan un viaje espacial a Marte en donde el vértigo está fuerte;  además de las atracciones de distintos personajes como Timón, Pumba, Nemo, Figment, Phineas y Ferb o el Capitán EO.

En Epcot me sentí un poco molesto con la sección de México, a diferencia de las exposiciones de Noruega, Japón, Alemania, Francia ó Canadá, a nosotros se nos dio un toque cómico, en donde no se nos hizo justicia como cultura. Por ejemplo, en las secciones de Noruega y Canadá, ví filmaciones que me hubiesen hecho llorar del orgullo de haber pertenecido a esas culturas, pero en México sólo nos pasaron secciones de la película de “Los Tres amigos” que estelariza el pato Donald, y es que así nos ven los gringos: como un chiste.

Se le puso mucho énfasis en los sombreros, los zarapes, las artesanías y demás aspectos folklóricos del país, porque eso es lo que les interesa a los extranjeros. Y no podemos pedir algo distinto, cuando nosotros mismos andamos con los sombrerotes cuando vamos por el mundo (lo he visto tanto en la TV como en los aeropuertos). Por otro lado, ¿les vamos a enseñar que nosotros también somos occidentales? Cuando nuestros aspectos “modernos” son una simple versión tropicalizada de lo que son ellos, es obvio que tenemos que irnos por nuestros aspectos clásicos.
La sección canadiense de Epcot me encantó

Un gusto que me di en Epcot fue entrar a las secciones de Japón y Alemania y hablarles a las dependientas en japonés y alemán (respectivamente); éstas mismas se sorprendían de que alguien hablara su idioma, y más que fuera un mexicano. Esto me hizo sentir orgulloso y, creo, contribuí a disipar un poco esa imagen de chiste que tenemos en el parque.

Para venir a Orlando con familia hay que tener un buen de ahorros, por ejemplo, viajando a solas, midiéndome en los gastos, sin dejarme llevar por la variedad de mercancía tan bonita, ni por la comida cara, me salió en una lana porque todo está carísimo en los parques (y en Estados Unidos en general), no me imagino venir con chamacos pedinches, hambrientos, programados, consumistas y mimados, ¡Uf!

Hablando de familia, al parecer me veía muy paternal porque, cada vez que tenía un dialogo relativamente prolongado con alguien, de inmediato asumían que tenía esposa e hijos. Claro que ha de ser raro ver a un hombre sólo en Orlando, porque en las tiendas, los restaurantes, los parques y demás me lo decían. Me pregunte “¿Acaso no parezco un hombre solteramente feliz?” lo que aún no me queda claro es si me sentí preocupado o reconfortado que tanta gente me viera como un hombre de familia.
Show de tambores japoneses en Epcot

Epcot fue el último parque de Disney que recorrí y, al ver su mapa, pensé que me lo iba a echar rápido pero, al terminar la jornada, me dí cuenta que es casi tan intenso como Magic Kingdom, y es que acabe molido en este maravilloso lugar.

Universal’s Islands of Adventure

Al final de mis vacaciones, sólo me quedaba un día para visitar uno de los parque de Universal. Al consultar a los que ya habían ido, opte por ir al “Universal’s Island of Adventures”, lo cual fue una excelente elección.

Definitivamente Universal tiene mejores juegos que los de Disney, está muy bonito, son igual de gandayas en cuanto a los precios, porque también está bien caro, además de tener mejores tiendas y productos.
El Castillo de Harry Potter

Una recomendación es que lleven impermeable porque hay tres juegos en donde acabas empapado: “Popeye and Bluto’s Blige Rat Barges”, “Dudley Do-Right Ripsaw Falls” y “Jurassic Park River Adventure”, pero las tres atracciones valen mucho la pena por la diversión es extrema y bien vale la mojada.

Al estar dentro de la zona urbana, los parques de Universal están un poco más compactos, porque el “Island of Adventure” lo acabe bien temprano a comparación de los de Disney. Para muchos eso será una ventaja, ya que no acaban molidos de los pies.

Me sorprendió lo bien montado que está el castillo de Harry Potter con toda su villa, aunque nunca ví las películas ni leí los libros, quede fascinado con el realismo con lo que todo está hecho. Me divertí cañón dentro del castillo al hacer el “Harry Potter and the Forbidden Journey”, en el cual te montas en una escoba voladora y acompañas a Harry y sus amigos en sus aventuras. Cabe mencionar que la mercancía del lugar está padrisíma, ya que está muy bien hecha, casi casi parece que salieron de la película.
Mi héroe favorito

Una de las atracciones que más disfrute fue “The amazing Adventures of Spiderman”, en la cual pude columpiarme con mi héroe y ver de cerca cómo derrota a sus villanos clásicos. Una atracción que vale mucho la pena y de las pocas a las que era obligatorio subirme dos veces.

Objetivamente, los parques de Universal son mejores que los de Disney, siempre preferiré Harry Potter o los Súper Héroes de Marvel (que ya les pertenece al emporio Disney) que los personajes del imperio de Mickey Mouse PERO, me duele reconocerlo, en los parques Disney sientes una magia en el ambiente de la cual carece Universal.

Ciertamente Universal ya lo disfrutan más los grandes que los pequeños, aunque también hay muchos juegos para los chiquitines. Siendo fríos, Universal tiene mejores instalaciones pero, sentimentalmente, Disney tiene magia y eso no tiene competencia.
El buen Wolvie

Venir a Orlando a solas fue una decisión impulsiva, ya que el viaje me resultó mucho más caro que si hubiera venido acompañado. Sin embargo, también estaba harto de esperar, ya que el viaje lo iba a hacer desde inicios de Septiembre y, como siempre recibí largas de los potenciales interesados, lo acabe haciendo hasta finales de Noviembre (y eso porque me decidí, de lo contrario, seguiría esperando a que alguien se animara). Sin embargo fue una buena decisión venir solo, ya que las atracciones de este lugar en Florida Central se pueden disfrutar tanto individualmente como en grupo, sin importar la edad.

En fin, este viaje a Orlando ha sido de los más divertidos que he tenido en mi vida. Sinceramente pensé que esta iba a ser una ocasión única pero, al ver lo que me divertí, las expansiones futuras y lo bien que me la pasé, tengo la firme intención de regresar en un par de años.

El Bosquejo original del Castillo de Disney
Por cierto, haciendo alusión al título de este ensayo, también ví muchas cosas que criticar pero fueron tantas, que esas las tocaré en otro escrito, aunque más enfocado a la cultura estadounidense que a los parques en sí; así que voy a respetar toda la magia destilada en este texto.

Hebert Gutiérrez Morales.