jueves, 22 de noviembre de 2012

Necesito ser inmortal

          “Las obras de los hombres y sus huesos son los únicos vestigios de su breve devenir” – tomado de la Canción “Primera Estrella de la Tarde” (Fernando Delgadillo)


            Le echo saldo a mi celular, mismo que dura dos meses, veo y digo “¡Uy!, se me caduca hasta Enero” Así que durante Noviembre y Diciembre vivo sin mayor preocupación. En un parpadeo llega Enero y tengo que recargar otra vez “¡Vaya! Me va a durar hasta Marzo”. Lo malo es que este ciclo pasa incesantemente, el cual atestiguo de manera tranquila y sin preocupaciones. De manera sigilosa pero implacable, el tiempo avanza, como un enemigo camuflado que acecha y actúa sin que te des cuenta pero ¿Qué crees? No está mimetizado, ya que actúa frente a tus narices.

            Cada año, pago por adelantado el servicio de Agua, de basura y el predial, y ahí me digo “¡Bueno! Hasta el otro año” pero, sin darme cuenta, pasa rápido y los tengo que volver a pagar. Sigo pagando de manera natural, ignorando el hecho de que ya pasaron 52 semanas más, tal vez cobardemente, pero opto por no preguntarme que hice los pasados 12 meses. Para todo lo que me cuestiono, nunca lo hago en fin de año.

            El mismo ciclo me pasa con la luz, la tarjeta de crédito, el gasto de mi madre, y sigue pasando el tiempo. Llegan las fiestas en la escuela de baile: Noche Mexicana, Noche de Brujas, La posada y ¡pum! Otra vez cambiamos de año. Sin darme cuenta ya voy a cumplir seis años en Rumba Mía. De hecho temo cerrar los ojos para no ver que sean siete, ocho o nueve.

            Lo mismo pasó en mi trabajo, entré en el 2000, después me dí cuenta que ya habían pasado tres años, luego habían pasado otros cinco y ya llevó más de 12 años laborando en esta maravillosa empresa, y tal vez pasen en un tris otros diez sin notarlo.

            Eso es lo cruel de la existencia. Simplemente te dedicas a navegar como si siempre hubiera un día más durante muchos años. Pasamos el tiempo como si tuviéramos pacto de inmortalidad, pero un día notas que ya te salió una arruga (afortunadamente aún no tengo), pero luego te salen un par de canas (de esas sí tengo), o cuando te das cuenta que ya no es tan fácil bajar de peso como antes.

“Los años nos roban poco a poco la vida. Uno no muere cuando le llega la hora. Uno va muriendo lentamente en su interior y, al final, se enfrenta a esa última liquidación. Nadie puede escapar. Todo el mundo debe de pagar por lo que recibe” – Haruki Murakami (1Q84)

Creo que de lo más triste es cuando notas que ya no perteneces a la generación joven, la que está de moda, la que está en boga. Te haces consciente de que ya tienes compañeros de trabajo que, cuando iniciaste en la vida laboral, estaban en primaria, y luego llegaran los que estaban en Kinder y, finalmente, los que aún no habían nacido.

Aunque todos sabemos esto, optamos por no cuestionarnos cómo llevamos nuestra existencia. ¿Esto es vida? ¿Realizar tu rutina diaria? ¿Tenemos otras opciones? ¿Por qué no las tomamos? ¿Por miedo a morir? ¿Por miedo al ridículo? No hay mayor ridículo que morir sin haber hecho nada. La rutina nos da la seguridad de tener una identidad, pero dicha seguridad tiene un precio alto. La rutina nos aletarga la facultad de pensar y cuestionarnos “Y si mañana me muero ¿De qué habrán servido todo este tiempo con una rutina?”

Pero no nos lo preguntamos, así que seguiremos pagando las mismas cuentas mes a mes, año a año, mediante una rutina incesante que sólo acaba cuando nos obligan o cuando nos morimos, ese será el único día que nos libremos de la rutina y seamos libres pero desconocemos hacia dónde vamos (si es que vamos a algún lado).

            Cuando uno es niño, y le cuentan TODO lo que uno puede hacer de grande, se anhela ser grande a la brevedad. De pronto te das cuenta que ya tienes cinco años y te parece una eternidad para cumplir seis. Ya ni mencionemos cuando cumplimos 10, porque pareciera que pasaron 50 años para llegar a cumplir la primera década.

            Sin darte cuenta empieza la montaña rusa emocional de la adolescencia y, aunque no eres consciente (Estás demasiado ocupado en irrelevancias para notarlo), el tiempo empieza a cobrar velocidad. Como todos nos la pasamos tan bien antes de los 20, pues ahora la adolescencia se ha prolongado hasta los 30.

            Casualmente a partir de los 20, ya ni mencionar los 30, uno empieza a notar que ya dejó de ser un niño y, peor aún, que ya está dejando de ser adolescente para convertirse en adulto (por lo menos fisiológicamente). Además te das cuenta de que los años que solían ser tan largos, ahora empiezan a acortarse; es como si alguien le quitara algunas semanas sin que nos diéramos cuenta. A partir de la tercer década ya parece que te quitan de a medio año, porque recién comienza uno y, en un simple parpadeo, ya se vive la psicosis navideña.

            Te haces consciente de que algo pasa para no tener noción del tiempo transcurrido.: En el concierto más reciente de U2 en México, le decía a mi amigo Luis: “¿Te acuerdas de la vez pasada? ¿Fue hace dos ó tres años, no?” cuando en realidad habían pasado cinco. Otro ejemplo, el año pasado le decía a mi amiga Lesly “Este año no fuimos al rafting, y ya pasaron dos años”, cuando en realidad habían pasado cuatro.

“La vida es lo que pasa mientras te la pasas haciendo planes” – John Lennon

            Cuando te acontecen estos casos, te preocupas y notas que cada año eres menos joven (por no decir más viejo). La neurosis llega a partir de los 30, cuando ves que esas ambiciones infantiles de crecer lo más pronto posible no eran tan buena idea después de todo “¿En qué demonios estaba pensando?” En nada, es simple naturaleza humana al estar constantemente inconforme con lo que se tiene en pro de lo que no se tiene.

            Este fenómeno nos pasa (o pasará) a todos, eventualmente nos damos cuenta de nuestra fecha de caducidad a través de la mortalidad, pero pocos nos hacemos conscientes de la gravedad del asunto. La vida se nos está yendo a través de nuestras manos y nosotros lo permitimos con una parsimoniosa tranquilidad y apatía, pensamos que aún nos queda mucho tiempo por delante cuando, tal vez, ya transcurrió más de la mitad de nuestra vida y ni siquiera llevamos el 10% de todos los planes que tenemos “para el futuro” (mismo que nunca llegará).

            Siempre vivimos en las expectativas futuras, pensando que lo mejor está por venir, que va a llegar el día en donde tendremos la felicidad absoluta, con tanta abundancia que sólo nos dedicaremos (ahora sí) a vivir, ya que tendremos todo el tiempo para pasar con los seres amados, para leer todos los libros que teníamos pendientes, conocer todos esos lugares maravillosos que veíamos a través de distintas pantallas, visitar a todos los que prometimos volver a ver y tener todas esas platicas pendientes para resolver malos entendidos.

            Como estamos en espera que lleguen esos “mejores días”, tenemos una actitud de reserva para esas épocas de bonanza “¿Para qué me desgasto? Mejor me espero a lo bueno” nos decimos de manera inconsciente.

            Poco a poco vamos muriendo, la vida se nos va como un reloj de arena, con un avanzar lento pero sin interrupción. Todos sabemos que vamos a fallecer “Pero no hoy” es la respuesta que nos damos, como si la vida tuviera una especie de pacto con nosotros para dejarnos realizar todos nuestros planes y ahora sí, cuando estemos viejitos y cansados, llevarnos a otro nivel existencial.

            Nadie acepta que estamos muriendo, por eso resulta tan impactante cuando alguien cercano parte de nuestro lado, aunque es obvio que todos tenemos que perecer, nadie espera que un ser cercano se vaya, eso les pasa a los demás, no a nosotros (aunque eso ya lo trate en este otro ensayo).

            No estoy descubriendo el hilo negro. Recientemente, mientras corría, me hice consciente de esta lenta muerte que estoy experimentando, porque los años se me están acabando y cada vez más rápido. Desde que empecé a escribir de manera constante, me dí cuenta que tengo tanto por redactar y cada vez dispongo de menos vida para hacerlo. Tengo demasiado por expresar y compartir de mi esencia al mundo.

“¿Quién se va a acordar en 100 años que esta mujer fue déspota conmigo? ¿Quién se va a acordar lo humillada que me sentí en un siglo? En ese tiempo nadie nos recordará siquiera a nosotras” – Douglas Kennedy (“El Momento en que todo cambió”)

            Por un lado pueden llamarlo egolatría, y tendrán razón, pero por otro lado es una necesidad (en mi caso) fisiológica, por lo básica y vital que me resulta. Todos los seres humanos tenemos la necesidad de transcender, aunque hay algunos que vienen meramente a sobrevivir y otro que sólo vienen a chingar.

            Hay un punto en donde debemos hacernos conscientes de lo efímera e insignificante de nuestra existencia, así que sólo nos queda el trascender. Muchos creen que la vida es tener mucho sexo, recolectar más dinero del que jamás podrán gastar, tener mucho poder para someter al prójimo, viajar por el mundo para conocer lugares, vivir al extremo a través de excesos y demás filosofías existenciales.

            Pareciera que todas esas actividades son una forma de pasar el tiempo en lo que nos llega la muerte. Tengo una conclusión muy personal: nuestro paso por el mundo no vale la pena si nadie te recuerda después de muerto, si no dejas una huella como evidencia de tu paso por este plano existencial. Mi propósito en la vida es trascender.

Muchos creen que la única forma de trascender es a través de los hijos, y no los culpo, porque son las expectativas que les heredaron. ¿Pero que tan lejos puedes llegar por este camino? Si bien te va, algún bisnieto mencionará alguna anécdota tuya, pero dudo que tu recuerdo pase a la siguiente generación. ¿Cuántos de nosotros saben siquiera cómo se llamaban sus tatarabuelos? ¿De dónde eran? ¿Cuál era su historia?

Dejar huella a través de tu árbol genealógico también tiene una fecha de caducidad porque, eventualmente, te van a olvidar. Obviamente viviste un poco más en el futuro, a través de parientes que, aunque no te conocieron, por respeto a sus antepasados, te mantuvieron vivo una generación más. En mi caso, tengo un par de recuerdos de mis bisabuelos maternos y, hasta eso, no son muy gratos; Si tengo hijos, dudo contarles algo de ellos. A mis abuelos los recuerdo perfectamente y, aunque los quise mucho, su existencia no me es vital hoy en día (casi todos ya están muertos), siendo generosos, recuerdo algo de ellos una vez cada cinco años.

¿A dónde voy con toda esta verborrea? No me quita el sueño tener o no estirpe, aunque no niego que me gustaría, tampoco es mi objetivo primordial. Tengo planes que debo seguir con o sin la llegada de engendros. Lo que sí necesito es escribir, quiero que la gente me ame o me odie, pero que no les sea indiferente. Debo sacar todo lo que sé, siento, pienso o he aprendido a lo largo de mi existencia. Todos esos puntos de vista que a veces me ganan simpatías y en otras me ganan odios, pero debo expresarlos TODOS (o por lo menos tantos como me sea posible).

Hay tantos temas sobre los cuales escribir, que dudo que me alcance el tiempo para abarcarlos todos, por eso debo aprovechar lo que me queda porque, al igual que los demás, no tengo la vida asegurada. No sé si mañana será mi último amanecer o atardecer, la última vez que vaya al trabajo, que lea un libro, que vea Fútbol americano, ver a mis padres, que vaya a correr, que entre al blog, ir a clase de Salsa, llegar a mi casa o dormir en mi cama. No sé cuándo serán las últimas veces de todo eso, pero van a pasar en algún momento. No se trata de pensar todo el tiempo en la muerte, porque la incertidumbre nos mataría y la inseguridad no nos dejaría vivir (irónicamente).

“ Recuérdeme, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

Por todo eso, necesito escribir, trascender, ser inmortal a través de mis líneas, mis ideas, de mis ensayos o, por lo menos, necesito intentarlo. No puedo morir como si nada. Tal vez alguien derramará lágrimas por mí, aunque eso ya no me va a importar, porque en realidad esos llantos serán por planes inconclusos con mi persona y también porque los dejo abandonados en este mundo que, tarde o temprano, también los verá partir. Mucha gente llora porque se les recuerda que también van a morir algún día, aunque lo disfrazan como llanto por el difunto.

Escribir es mi oportunidad de dejar huella, es factible que a través de algún libro (es una posibilidad a la que no me cierro). La faceta de ser escritor ya la venía desarrollando, de manera inconsciente, desde hace años. Por causas fortuitas, y por recomendación de mi amigo Alex Flores inicie con este blog, el cual se ha vuelto muy importante para mí.

Y, tocando el tema, quiero aclarar algo, el hecho de que me exprese a través de un blog no me hace en automático un “Blogger” o “bloggero”. No soy un Blogger aunque tenga un blog. Aunque sea novato, amateur o un simple aspirante, me considero a mí mismo un escritor, y para serlo no es necesario tener libros publicados, ser famoso o ganar toneladas de dinero. No escribo por nada de eso, nunca lo he hecho por dinero, porque mi fin es mayor, es parte de una realización: quiero ser inmortal.

Tengo un buen trabajo que me asegura una existencia digna y estable. Este blog representa mi boleto de lotería para la inmortalidad. Tal vez me muera y todo se olvide, tal vez me lo cierren y todo el esfuerzo habrá sido en vano, o tal vez nadie lo vuelva a visitar, porque reconozco que los estoy acosando vía mail y vía Facebook para que lo visiten y lean todas las insensateces que escribo. Creo que el blog es el mejor chance, en este momento de mi vida, para lograr lo que quiero.

Si llega el día en que no tenga nada más sobre qué escribir, será el día que me muera porque cada vez surgen más y más temas y, por lo mismo, me desespero “¡Maldita sea! ¡Son demasiados!”. Me encantaría acabarlos todos y publicarlos de una vez (en el momento de escribir esta línea tengo 37 ensayos en proceso más otros 33 de un proyecto alterno) y así morir en paz si mañana me toca “colgar los tenis”.

            Necesito escribir todo lo que pueda lo más rápido posible, me he dado cuenta que, con el paso de los años, mi memoria y mi sagacidad mental no son lo que solían ser. Se me empiezan a olvidar las cosas, ya no recuerdo datos, hechos o nombres que antes mencionaba de inmediato. He notado también que he hecho cosas que luego olvido. Eso es una señal de urgencia para mí, porque no sé hasta dónde me vaya a alcanzar la vida o la memoria para hacerlo entonces, el tiempo para hacerlo es AHORA que aún gozo de la plenitud de mis facultades.

Intento ser disciplinado en mis tiempos libres, esto con el afán de acabar tantos ensayos como me sean posibles, aunque normalmente me da tiempo para finalizar dos por semana (uno para este blog y uno más para mi otro proyecto).

“Now I’m racing down a road I don’t recognize. I realize I’ve forgotten my way home 
Forgotten everything that I know 
Every day a false Start 
And It burns my heart” 
- Keane, from the Song “Black Burning Heart”



Esta necesidad se ha vuelto inherente a mi esencia, por lo mismo necesita un cauce de desahogo. No sé si logre mi objetivo de ser inmortal, aunque eso nadie lo ha de saber al momento de su muerte, ya que la inmortalidad inicia cuando lo terrenal termina.

Sólo espero que mucho tiempo después de mi partida, alguien lea estas líneas, que alguien se enoje con mis escritos, que otro por ahí se conmueva, sacar alguna sonrisa o que alguien diga “¡Qué interesante!” o “¡Cuánta razón tenía” o, en su defecto, “¡Qué tipo más loco!”. Lo que quieran se los acepto, menos la indiferencia o el olvido. Espero que después de mi muerte pueda seguir causando reacciones y sentimientos en personas que jamás conoceré y que, tal vez, aún no han nacido y, a pesar de ello, es factible que ellos me conozcan a través de mis escritos aún después de la muerte.

Ciertamente se nos enseña que la vida es nacer, crecer, procrear, envejecer y morir. Creo que soy bastante pretencioso por intentar que sea distinto, pero me niego a creer que el ciclo arriba mencionado es a lo máximo que aspiramos, por lo menos no en mi caso. No me resigno a morir y dejar de existir. Tal vez sea olvidado en 20 años, tal vez en 10 o a lo mejor un año después de mi fallecimiento nadie me recuerde, pero eso depende de cada cual, de las acciones propias y las expectativas que uno se proponga alcanzar. Existe la responsabilidad individual de hacer algo para vivir en la memoria o corazones de los que tuvieron algún contacto con nosotros.

"La inmortalidad es el recuerdo que uno deja".- Napoleón Bonaparte


¿Qué día es hoy? En realidad no importa demasiado, no interesa el día o la fecha actual, porque es un eslabón más en esa cadena monótona de días irrelevantes que nos conduce a una muerte segura.

Hebert Gutiérrez Morales

viernes, 16 de noviembre de 2012

We can’t Dance


            Hay ocasiones en las que compras un disco sin saber lo trascendental que te va a resultar. Hace más de 20 años era un adolescente estúpido, en búsqueda de una identidad (como la mayoría a esa edad), por eso seguía todo lo que la sociedad, mis amigos, la TV y todo el que me rodeara me dijera. Obviamente cometí muchas tonterías con las que ni siquiera estaba de acuerdo.

            En aquella época escuche un cassette que tenía un amigo. Independientemente que estaba en una edad demasiado influenciable, el grupo en verdad me gustaba, y me compre ese cassette  de un grupo que me era desconocido (o eso creía), así llego el día en que el majestuoso álbum “We Can’t dance”, de la histórica banda Genesis, entro a mi vida. Y desde hace más de dos décadas es una de mis obras predilectas.

            No cabe duda que la calidad trasciende el tiempo, y eso se demuestra con un producto excelso como está grabación, en donde tenemos la presentación más comercial de la banda inglesa pero, no por ello, dejaron de tener un talento impresionante.

            No hay ningún detalle que desmerezca en esta obra: la música es excelente, los arreglos son perfectos, las letras son profundas, la interpretaciones de Collins, Banks, Rutherford son inmejorables y, uno de mis aspectos favoritos, las imágenes del Booklet son auténticas obras de arte, tal vez no se exhiban en el Louvre, pero los bosquejos de Felicity Roma Bowers son de mis ilustraciones favoritas. Cada una complementa perfectamente la canción asignada y hasta la hace más personal.

            Este disco es muy especial por ser el último de estudio que la banda grabó con Phil Collins como vocalista, después vino uno doble en concierto y posteriormente el increíblemente subestimado “Calling All the Stations” pero con Ray Wilson como vocalista. Si no me hubiera enganchado con “We can’t dance”, no me hubiera hecho seguidor de Genesis, cuya historia descubrí algunos años después. A continuación les comparto lo que cada uno de los tracks significa para mí

            No Son of mine

            Gracias a esta canción me compre el disco en cuestión. Pero no es especial para mí por ese único motivo. Tengo dos papás, uno que me dio los genes y otro que pagó mi educación. Al biológico no lo conocí hasta que tuve 24 años, así que me crie con el que pagó mi educación. Me enteré que mi papá no lo era en la primaria, cuando una estúpida maestra me preguntó “¿Por qué tu papá se apellida Hernández y tú Gutiérrez?”.

            A partir de ese día me hice consciente de que era un niño distinto a los demás (de mi época). Aunque mi papá adoptivo me trataba igual que a mis hermanos, cargaba esa loza de que no lo era en realidad. Esta situación se manifestó en la adolescencia y empezamos a tener confrontaciones. Hoy en día no somos los más cercanos y, aunque le estaré siempre agradecido por lo que hizo por mí, no puedo dejar de resonar con esta canción. La letra habla de una situación distinta a la mía, pero el sentimiento que le pone Phil Collins a la interpretación, retumba totalmente con el sentimiento de abandono por un padre y falta de identificación con el otro.

            Jesus he knows me

            Hay dos canciones en todo el disco que son mis “menos favoritas”, y ésta es una de ellas. Sin embargo, eso no quiere decir que no tenga algo valioso, porque queda expuesto el sentido del humor de la banda, ya que la melodía tiene un ritmo pegajoso y el vídeo es divertido.

            Pero más importante que eso es el mensaje que transmite, en una clara y directa critica a todos esos pastores que se enriquecen con la fe ajena. La letra es muy clara y sin violencia, pero sí con un fino sarcasmo para evidenciar la codicia que exponen las religiones, sobretodo las judeocristianas. Aunque no sea mi favorita, es una canción muy valiosa, divertida y con un ritmo rico, muy inteligente en su planteamiento, con un mensaje sencillo pero directo.

            Driving the last Spike

            Hay dos canciones en este disco que, para mí, son obras inmortales de la historia de la música y la primera de ellas es ésta.

            A través de la sentida interpretación de Collins, acompañado excelsamente con la música de Banks y Rutherford, se nos cuenta la historia de un trabajador inglés que deja atrás su familia, su pueblo y su mundo para ganarse algo de plata en la colocación de las vías del tren. Podrá parecer una historia sosa o hasta aburrida, pero la manera en que está estructurada nos da una de las más heroicas que he escuchado.

            Cada vez que disfruto de esta belleza se me pone chinita la piel, es casi natural sentirse identificado con el protagonista y su travesía, sus sentimientos, frustraciones, miedos, expectativas, aventuras, y demás, lo cual nos da una historia más que humana.

            La música, además de la letra y la voz, son auténticas obras artísticas, con una potencia de interpretación única, que te llega a la medula de los huesos. De hecho no son pocas las ocasiones en las que se me han salido las lágrimas de la emoción al escuchar tan excelsa obra. Una de las mejores canciones que puedan existir.

            I can’t dance

            Hemos llegado a la siguiente canción “menos favorita” que tengo de este disco pero, al igual que hace dos tracks, también tiene algo que aportar. También es cómica, como se demuestra en la letra y en el vídeo, e igualmente es una crítica abierta a esas personas que se preocupan más por su apariencia, aunque por dentro estén vacías.

            Algo que en verdad me frustra es que “I can’t dance” y “Jesus he knows me” hayan sido sencillos lanzados de un disco tan maravilloso. Tal vez por lo mismo mucha gente se queda con la impresión de que esta alineación de Génesis es la más comercial, pero los que nos animamos a comprar esta grabación acabamos comprobando que la profundidad de la banda no sólo se mantiene, sino que se incrementó, producto de la madurez de sus integrantes. Lastima que fue el último de ellos juntos, pero fue un cierre excepcional para este trío.

            Never a time

            Otra belleza hecha canción, imposible no sentir algo en el pecho al escuchar esta hermosa melodía. El sentimiento tan auténtico con la cual está grabada se te cuela de inmediato en las venas. ¿Cuántas relaciones pasan por lo que se menciona en la letra? Hay nostalgia, hay amor, hay tristeza y muchos bellos recuerdos.

            En toda relación hay peleas y reconciliaciones, pero hay ocasiones en los que la reconciliación no llega y uno empieza a poner las cosas en perspectiva. A veces el orgullo crece más que el amor y ahí la relación se pierde y llega el triste momento del adiós, a menos que uno reaccione y vea que el amor era más importante que su ego.

            Se demuestra una tristeza única, no por la situación actual ya que, normalmente, ya no se soporta a quién tenemos al lado, sin embargo, precisamente ése sentimiento es el que nos inunda: que ya no nos importa como en un inicio. Como queda nada de un amor tan bello y poderoso en un inicio, lo mismo que da una sensación de derrota, frustración y nostalgia de dejar atrás algo que fue tan importante.

            Dreaming while you sleep

            Uno se ubica inmediatamente en una carretera, manejando de noche mientras cae la lluvia. No sé si le pase a todo el mundo, pero suelo tener sueños tan vividos que a veces pienso en la existencia de universos paralelos, de otras realidades a las que nos transportamos mientras dormimos. Pero el título de la obra oculta un significado un poco más macabro: un conductor, al quedarse dormido, atropella a una mujer, por lo que resulta muerta y él huye de la escena.

            Lo mejor de esta canción es la hora de los coros, Collins interpreta la batería y las letras con una potencia remarcable, eso mismo se refleja en los coros, que contrastan evidentemente con el carácter tranquilo de la canción. La historia que nos cuenta contrasta mucho con la música, porque al huir de la escena, el conductor es constantemente atormentado por su remordimiento. Además del mensaje explicito de la canción, para mí también tiene la metáfora de que el que no afronta sus responsabilidades va a ser atormentado el resto de su vida, por ellas seguirán ahí.

Desde mi perspectiva, también habla de los sueños en sí. Aunque sean producto de nuestro inconsciente, a fin de cuentas están basado en hechos reales, mensajes que nos queremos dar a nosotros mismos, somos prisioneros de nuestros inconscientes, y así nos mantendremos hasta que aprendamos a escucharnos y nos permitamos avanzar al resolver muchos asuntos, aquellos que nuestro otro yo sabe las respuestas.

            Tell me why

            Un fuerte mensaje de protesta contra el mundo consumista de la actualidad, un mundo cínico en donde unos tiran comida mientras hay gente muriendo de hambre, en donde las madres entierran a sus hijos debido a que no hemos aprendido a vivir en paz.

            Pareciera que no tenemos sentido común, o que estamos ciegos ante todo lo que pasa en este hermoso planeta, al cual destruimos con tanta crueldad. Nos hemos tornado recelosos con nuestros semejantes, somos dados a cuidar y valorar más a un Smartphone que a un congénere. Esa adulación de objetos inanimados se refleja también en las religiones, las cuales son más dadas a adorar símbolos o imágenes que a seres vivos que mueren a su alrededor.

            Nos hemos vuelto fríos, cada cual ve por su pellejo, en una especie de guerra que se libra a diario mientras hacemos como que somos muy civilizados, pretendiendo que es problema de alguien más y no nuestro porque “nosotros no lo provocamos”.

            Living forever

            Aunque este tema ya lo trate en otro escrito, la manera en que lo aborda Génesis es distinta. Creo que todos los humanos queremos vivir para siempre pero ¿Para qué? Casi todos somos dados en caer en la rutina, de hecho pareciera que tenemos esa inmortalidad de facto, porque no nos corre la vida, actuamos como si siempre hubiese un nuevo mañana que vivir.

            Si uno pone atención, muchas cosas parecen ser las mismas: las mismas mentiras en las noticias, la misma actitud de la gente, las mismas programaciones sociales. No nos damos cuenta del maravilloso regalo que es la vida y tenemos la ilusión que la vamos a tener por la eternidad para que, algún día, nos animemos a vivirla de verdad.

            Más que una vida eterna, necesitamos el valor de cambiar muchas cosas en el diario acontecer que llevamos, porque pareciera que siempre tenemos un mañana más, pero habrá una ocasión en la que no llegue el mismo. Si no tenemos ese cambio de actitud ¿Para qué queremos ser eternos? ¿Vale la pena vivir para siempre cuando en realidad no estamos cambiando nada? O, por lo menos, ¿Eres feliz?

            El cierre instrumental de esta canción no tiene pierde es más, para mí es la mejor parte de esta melodía, ya que tiene una personalidad muy suya que es una especie de espacio para que pienses lo que se te dijo en la letra. Es una música muy agradable y muy sofisticada, con una vitalidad que te acaba poniendo de buenas.

            Hold on my heart

            Hay dos canciones con las cuales me cortaba las venas de este disco, y la primera de ellas es ésta precisamente. En mi adolescencia me enamoraba muy fácil, y me iba de bruces, porque dejaba el sentimiento suelto y, aunque nunca fui correspondido, siempre me enganchaba con increíble pasión.

            Esta canción es una bella muestra de amistad que se le brinda al amigo que le han roto el corazón. Hay una empatía muy fuerte en la letra y la música. A todos nos han dañado sentimentalmente y hemos necesitado de un hombro sobre el cual llorar y desahogar nuestra humillación, alguien que nos dé un apapacho que nos ayude a reponer nuestra maltratada moral.

            Estas canciones intimas y honestas siempre son bien recibidas por los corazones rotos, en más de una ocasión Phil Collins me ayudó a desahogar mi frustración y tristeza por un mundo cruel que no sabía valorar lo que traía mi inocente alma.

            Way of the World

            Otra canción que trae una critica social muy bien escondida en una letra y música muy agradables. Si nos damos cuenta, nosotros mismos hemos ido creando la mayoría de los males que nos aquejan hoy en día, todo debido a esa actitud tan estúpida de diferenciarnos por una creencia, por un sistema político, por una nacionalidad, por una raza o por cualquier pretexto que tenemos para separarnos unos de otros.

            Lo que a veces se nos olvida es que todos estamos en un mismo mundo, y aunque a veces pareciera que los problemas que pasan en otras partes están muy alejadas de nosotros, tarde o temprano van a tener repercusiones en nuestro entorno.

            Cuando aprendamos a ser incluyentes en vez de excluyentes, la humanidad va a tener una oportunidad de mantenerse en este hermoso planeta, el cual no nos necesita para subsistir, pero nosotros a él sí lo necesitamos.

            Since I lost you

            La primera vez que escuche esta desgarradora canción, pensé que era acerca de un amor perdido y por lo mismo me identifique con la perdida de esa pareja. Pero los años me desmintieron esa versión, sólo para conocer que la perdida fue aún mayor de lo que cualquier amor de pareja pueda significar.

            Si no mal recuerdo, Conor Clapton (hijo de Eric) murió en 1991, de ese hecho nació la canción “Tears in Heaven” la cual es un clásico aún a más de 20 años de distancia.

            Cuando Collins se enteró de la pérdida de su amigo Clapton, le escribió esta canción y se la fue a cantar en persona. Eric Clapton le agradeció el gesto y también le cantó en exclusiva “Tears in Heaven”, de la cual Collins le dijo “Es una auténtica porquería”. El mismo Collins cuenta con gracia esta anécdota, y él mismo dice que es evidencia de que no sabe nada de música.

            Anécdotas aparte, a mi también me gusta más la canción de Génesis que la del mismo Clapton padre. Esta obra es una desgarradora muestra de lo que uno puede sentir al perder un hijo. Dicen que no puede haber mayor dolor en el mundo que cuando uno entierra a su niño, y me parece que Génesis captó perfectamente el sentimiento que se debe sufrir en dichas situaciones.

            Fading Lights

            Y dejo para el final una de las mejores canciones en la historia, no sé si de la humanidad o de Genesis pero sí de la mía: La maravilla conocida como “Fading Lights”

            Desde la primera vez que la escuche me enamoro, y cada vez que la pongo me gusta aún más, no sé si estoy madurando, pero sí sé que no me estoy haciendo más joven y la poca o mucha experiencia que voy acumulando me hace apreciar más esta obra de arte.

            La canción es simplemente perfecta. Primero inicia con una tranquilidad e intimidad inigualables, la letra es muy bella con una interpretación maravillosa de Collins. Pero, en esta ocasión, la parte instrumental es la auténtica protagonista de esta excelsa obra. Uno cree que todas las canciones deben tener letra para poder experimentar algo, pero aquí tenemos una muestra de que no siempre debe ser así.

            La potencia de la interpretación es remarcable, de hecho me gusta escucharla totalmente a oscuras, para gozarla a un nivel orgánico, porque me siento muy vivo cuando escucho esta magnífica pieza de genialidad. De hecho no sólo hago “Guitarrita de aire” con ella, también acabo haciendo “batería de aire” y “teclados de aire”. Y me encanta, porque siempre acabo muy emocionado por escucharla. Por un lado empezaste muy tranquilo, luego acelera a una vitalidad impresionante, para cerrar con una belleza y ternura que te llegan al fondo del alma.

            De hecho esta canción fue la que me provoco el deseo de escribir sobre este maravilloso álbum. Era un Miércoles en la Tarde, me tocaba nadar, pero me sentía algo enfermo así que, por una vez en la vida, me dio un ataque de sentido común y decidí descansar ese día. Seguramente estaba muy sensible porque, mientras la escuchaba, en mi interior surgía una idea: “Quiero que pongan esta canción el día de mi funeral, si es que aún hay humanidad que la escuche (ojalá no)”, y con ese pensamiento, surgió una catarsis en mi ser al llegar la conclusión de la misma, ¡y me puse a llorar como bebé!

            Las lágrimas no dejaban de brotar, estaba muy conmovido, triste, feliz, nostálgico, eufórico, asustado y todos los sentimientos que me puedan mencionar. Mi pecho estaba a reventar, y la única manera de desahogarlo era a través de los lagrimales. No sé cómo explicarlo, pero me sentí feliz de estar vivo y a la vez deseaba que llegara la muerte, no porque me quisiera suicidar, sino para ver qué fue lo que aprendí de la vida.

            Me cimbre cuando me enteré que Tony Banks escribió esta bellísima canción con el sentimiento que iba a ser la última de la banda y así lo fue, por lo menos con esta alineación.

            Este último dato lo encontré en otro escrito que analiza el álbum. Es otro punto de vista pero creo que resulta enriquecedor ya que analiza cada canción desde una perspectiva distinta (al final hasta me sacó unas lagrimillas). Está en inglés y lo pueden leer en este enlace.

            No soy critico de música, ni siquiera conozco todos los géneros que existen, pero este disco, por la perfección con la cual fue hecho, debería ser considerado como uno de los mejores de la historia humana, por lo menos así lo considero yo, al grado que agradezco profundamente haber nacido en esta época por haberme cruzado con él y que haya marcado mi vida.

            Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Esperanzas

“Si la solución de tus problemas radica más en esperanzas que en acciones propias, hay que considerarla como causa pérdida. No podemos depender de esperanzas” – Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Manejando sin sentido . . . . común


            Creo que nuestra falta de cultura vial es un fiel reflejo del estado que tenemos como país, ya que se evidencian nuestra falta de valores, ignorancia, gandayismo, violencia y demás males de este pueblo.

            Aunque ya escribí un ensayo completito sobre la violencia al volante, creo que no fue suficiente para evidenciar la enorme cantidad de faltas al respeto que experimentamos todos los que tenemos la desgracia de manejar en este país, producto de la ignorancia con la que conducen la mayoría. Por lo mismo tenemos dos tipos de conductores: los que son tan hábiles que pueden manejar en cualquier parte del mundo, producto de evadir las estupideces de tantos simios (con perdón de los otros primates) que se atreven a conducir, estos mismos son el otro tipo de conductor y que, por desgracia, representan a la mayoría del padrón de automovilistas.

Me parece perfectamente viable que en México cambiemos la conducción de izquierda a derecha y no tendríamos ningún problema en adaptarnos. Es impresionante la cantidad de gente que maneja a velocidades lentas por los carriles de media y alta, mientras que hay muchos orates que les encanta rebasar por la derecha y hasta por los acotamientos. Personalmente manejo tranquilo, es raro que rebase los 100km/hr en vías de alta velocidad, por lo mismo trato de ir en los carriles de baja o de media, a menos que encuentre a alguien que maneje aún más lento, así que los rebaso por el de alta.

            Pero, no toda la responsabilidad de este hecho radica en los conductores ignorantes: normalmente los carriles más transitados son los de baja y los de media y, debido al uso y a la falta de mantenimiento, son los que en peores condiciones están, por eso la gente tiende a circular por las mejores zonas, ya que hay baches que te pueden costar una llanta y no hay nadie que te la vaya a pagar.

Pero hay otra variante en este tema en el periférico de Puebla, abundan las salidas a la izquierda (o sea los carriles de alta) y, lo que es aún peor, las incorporaciones en los mismos carriles de alta. Eso en verdad no tiene madre, por un lado es un peligro incorporarse a bajas velocidades justo en el carril en que más veloces van los autos. En el caso de las salidas, como muchos conductores gandayas no ceden el paso, hay muchos otros que optan circular por el de alta un par de kilómetros antes de su salida, obvio que ambos están mal y uno se pregunta qué fue primero ¿los gandayas que no ceden el paso o los que circulan lento hacia su salida?

            Decía un maestro de Preparatoria que los topes son un monumento a la ignorancia de los conductores. No entiendo a la gente encargada de los señalamientos, por ejemplo te señalan un tope sin pintar, pero te ponen el letrero de “Tope” justo al lado del mismo (cuando bien te va, porque ya nadie pone dichas señales). ¿Acaso es tan difícil poner un letrero a 100 metros que indique que viene el tope? O por lo menos que los pinten.

            Algo inconcebible es ponerlos justo antes o después de un semáforo, ¿entonces para qué demonios está dicho aparato? Eso sólo entorpece la circulación. Y otro aspecto, aunque es fortuito, son los baches después de un tope, algo increíble que sólo se puede ver en Repúblicas Banana como nuestro querido México.

            Recientemente se me poncho una llanta, así que la lleve al talachero y me cobro $35 pesos, lo cual salió más barato que comprar una nueva de $800. Ahí pensé “¡Wow! ¡Qué barato es este país!” Pero ahí me dí cuenta que la situación está mal, porque mi llanta nunca se debería de ponchar debido a baches o tornillos, en realidad si fuésemos educados y honestos, no existirían los baches porque las calles estarían bien hechas y la gente sería lo suficientemente limpia para que no hubiera tornillo en la calle. Claro que uno puede argumentar que sale barato parchar una llanta en México pero ¿Cuántas veces creen que por las mismas razones se ponchan llantas en el primer mundo? ¡Nunca! ¿Qué sale más barato? ¿Una educación que dé frutos a largo plazo? Ó ¿Servicios baratos para “parchar” los valores ausentes de una cultura?

            Algo que no es fortuito, pero que refleja una falta de planeación endemoniada son los semáforos que en lugar de hacer más fluido el tráfico, lo entorpece. Hay vías en las que fluye perfectamente y hay suficiente tiempo o espacio para que se incorporen los de vía alternas. Hay semáforos que son una falta de respeto al bienestar de la mayoría, como los que se colocan en salidas de Fraccionamientos fresas, en los cuales entran o salen una cantidad infima de autos, pero la duración del siga es exactamente la misma, sin importar que la vía pública traiga una afluencia de automovilistas 50 veces mayor a la del fraccionamiento.

            Otro hecho increíble y desvergonzado es tener “viene viene” en los estacionamientos: si ya estoy pagando un estacionamiento, me parece un cinismo descarado que te pidan una moneda al echarte aguas al momento de salir, como si te hubiera cuidado el coche. Entonces ¿para qué carajo estoy pagando una tarifa por hora?

            Me llama mucho la atención que no haya más mexicanos como pilotos profesionales, al ver todo lo que cuidas al manejar aquí, debemos de tener de los mejores conductores en el mundo: cuidas la distancia, misma que es utilizada por gandayas que se te meten, cuidas los que te rebasan a la derecha, cuidas que no se te crucen patones o perros, debes ver que no vengan baches que te fastidien una llanta, debes cuidarte de los imbéciles que no saben manejar (que son como el 80%) de los que te echan lámina, de los que no ponen direccionales, de las mamás fúricas que van por sus hijos a la escuela, de las motos que se meten por todos lados (sin importar que ellos son los que se arriesgan), de los que se pasan los altos, de los microbuseros y taxistas que manejan como cafres o  que obstaculizan la circulación por “cazar” pasaje, y demás pruebas que podrían dar un excelente vídeojuego, mismo que viven muchos a diario.

            Otra falta de consciencia es cuando ves la luz roja a 100 metros y, gente tonta, acelera para llegar primero al alto, así que tienen que frenar para no chocar con el de enfrente, acción que sólo trae un desgaste estúpido en frenos, motor y llantas. ¿Para qué acelerar a lo menso? ¿Acaso no ven el rojo? ¿Qué ganan acelerando? Sería mejor desacelerar de a poco para que el auto llegue al alto tranquilamente con la pura inercia.

            En México solemos confundir lo cómodo con lo legal, y es que anteponemos nuestros intereses antes que la ley. Por lo mismo somos dados a meternos en sentido contrario argumentando “sólo es un tramito”, pasarnos el rojo pensando “al fin que nadie está pasando”, estacionarse en lugares para incapacitados porque “sólo me voy a tardar un ratito”, y demás faltas a la ley. Todas esas acciones nos resultaran prácticas, pero no por ello dejan de ser ilegales.

            Algo triste es ver a demasiada gente circulando con la llanta de refacción “forever and ever”. A algunos se las robaron y a otros simplemente se les poncho, el caso es que no resuelven la situación (comprar una nueva o llevar la ponchada con el talachero). Muchos argumentan que no tienen dinero, porque son muy caras, lo cual quiere decir que están manejando un auto más allá de sus posibilidades, así que no creo que sea buena idea que tengan un coche porque, al circular con la de refacción que sólo es para emergencias, están poniendo en riesgo su vida y las de los demás; en especial esos que tienen una llanta de carretilla como refacción y aún así se atreven a rodarla a las altas velocidades que acostumbran.

            Ya que mencione el robo de llantas, una autentica deslealtad es comprarlas con los mismos que te las robaron. Muchos argumentan “Es que en la agencia valen $4000 y en los otros lugares valen la mitad o menos”. Comprendo la situación económica pero no la comparto de manera moral. Algo que no entendemos, y por lo cual nunca vamos a ser de primer mundo, es que mientras sigamos comprándolas a los ladrones, sólo perpetuamos el círculo, además de que es una deslealtad entre nosotros.

            En mi vida me han robado tres veces una llanta y, aunque me salga más caro, siempre la compro en la agencia. Sé que soy afortunado por poder hacerlo pero, aunque no pudiera, no compraría con los mismos ladrones, mis principios y valores me lo impedirían. Cuando aprendamos a tener vergüenza y educación como sociedad, será el día que merezcamos un mejor país pero, como no las tenemos, por eso mismo merecemos éste tan irrespetuoso y sui géneris.

            ¿A que a todos nos ha pasado esta? Vas manejando a una velocidad considerable, sin tener que ser un bólido desenfrenado, a la distancia ves un auto que podría incorporare a tu carril pero, ingenuamente, piensas: “No lo va a hacer, hay espacio pero debe ver que voy a alta velocidad” pero, contrario a todo respeto y lógica ¡Se mete a tu carril!, lo que provoca que frenes bruscamente ya que, obviamente, su velocidad es mínima a comparación de la tuya. Aunque ya escribí sobre varias faltas de respeto, ésta en particular me enoja bastante, por ser un acto desleal y bastante estúpido, ¿por qué no se pueden esperar a que pases? Cuando llevas una buena velocidad, es común que, la vía está relativamente libre y, casi siempre, traes espacio detrás de ti. En verdad que estas acciones son sinónimo de gente sin educación ni inteligencia.

            Algo que no se presenta todo el tiempo, pero que sí lo he visto con relativa frecuencia son los babosos que manejan sin luces en la madrugada o en la noche. Es indignante esta práctica, ¿en qué demonios están pensando para circular sin los faros delanteros y/o las luces traseras? Esto es una invitación a un accidente fatal, y no sólo arriesgan su vida, sino la de los demás.

            Hablando de luces, hay sujetos que abusan de las altas, unos porque no les enseñaron a utilizarlas y otros porque son unos auténticos patanes que las usan para agredir a otros automovilistas. Sin justificar a nadie, aquí entra otra variable a la ecuación, porque también hay otro tipo de conductor ignorante que circula en los carriles de alta a una velocidad baja. Cuando te encuentras con estos zoquetes, la técnica está en echarles las altas una sola vez para que se cambien de carril y te dejen pasar.

Nuestra falta de educación y respeto normalmente dan dos variables: el necio que se siente herido en el ego porque alguien le echo las altas, así que se queda en el carril de alta como si fuese el dueño legítimo; por otro lado, tenemos al simio que no tiene la suficiente paciencia y delicadeza para echar las luces una vez, y las deja todo el tiempo, echando el carro y tratando de amedrentar al de enfrente. Ambas actitudes dan como resultado a un imbécil que no se quita y a otro que se va detrás echando las altas. ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? Algo innegable es que ambos son primitivos.

Esto me lleva a otro tipo de tontería de la cual fui participe en alguna ocasión. El primer auto que tuve para uso propio fue un Jetta TDI que rente en el trabajo: una maravilla que reunía potencia y rendimiento, además de comodidad y diseño, sin duda alguna el mejor auto que he manejado en México (lo debí comprar en lugar de casarme T_T). Como era la primera vez que manejaba, estaba eufórico, cual vil adolescente, transitando sin ningún miedo a 160kms/hr a diario en la autopista (y a veces hasta 180).

En una ocasión me topé con un New Beetle Turbo que se “atrevió” a echarme las altas, ¡a pesar de que iba a mis acostumbrados 160! Me las echo con tal prepotencia, que me hice a un lado para que pasara, me incorpore nuevamente ¡y se las eché de regreso! Y ahí inicio una carrera implacable entre echarnos las luces, rebasarnos, cerrarnos uno al otro y demás estupideces en una carrerita a más de 200km/hr. Afortunadamente llegue a mi desviación y terminó (para mi frustración) la carrerita, me sentía muy emocionado pero, después, cuando me hice consciente de la estupidez que había hecho, me sentí muy apenado conmigo mismo.

Hoy en día llego a ver, tanto en la Autopista como en el periférico, a otros babosos que están enfrascados en carreras similares. Al verlos desde afuera, uno se da cuenta de la imprudencia de manejar tan rápido y hacer maniobras tan peligrosas. Aún me da pena admitir lo que hice y, afortunadamente, no se ha vuelto a repetir, porque he aprendido dejar pasar a los orates prepotentes antes de enfrascarme en una práctica que me puede costar bastante.

Además de los paisajes, el respeto y la cultura, creo que lo que más anhelo de mi visita a Alemania es el hecho de que TODOS los camiones circulan en los carriles de baja (eso sí, a 100km/hr.), y es que tienen prohibido circular en lo de alta. Eso no aplica en mi país. No voy a decir que a diario, pero sí veo frecuentemente a transportes de carga que van a altas velocidades rebasando en los carriles de alta al resto de automovilistas, lo cual me parece una imprudencia que nos pone en riesgo a los demás, porque dichos camiones, a lo más, deberían circular en el de en medio o en el de baja, pero jamás en los de alta.

¿Cuánta gente circula sin una licencia de manejo, sin una llanta de refacción o sin un seguro contra accidentes? Tristemente son muchos. México es la tierra del mañana, un país irresponsable por excelencia en donde esperamos que alguien más se encargue de los problemas, no nosotros. Sin embargo, cuando son nuestros propios problemas, ¿no deberíamos tener algo de consciencia? Entiendo que lo de la llanta de refacción y lo de la licencia, eventualmente uno paga el precio de tremenda omisión, pero los que no tienen madre son los que circulan imprudentemente sin tener un seguro contra accidentes, así que si uno tiene la desgracia de chocar contra ellos, el suplicio va más allá de la colisión, porque hay que ver cómo te pagan las composturas.

Producto de esa misma irresponsabilidad, son muchos los cobardes que se dan a la fuga después de haber chocado a otro auto o, peor aún, de haber atropellado a un peatón. Esa actitud tan desleal es la misma que nos tiene estancados como país, porque nadie toma la responsabilidad de sus actos, pero esa misma gente carece del derecho de quejarse el día que ellos sean las víctimas de la prepotencia e irresponsabilidad de otros (todo en esta vida se acaba pagando).

Algo que se presenta en vías rápidas, con tráfico intenso pero avanzando a una buena velocidad (digamos unos 90km/hr), noto que a muchos de los que tengo adelante se les prenden continuamente los luces traseras, producto de que frenan de manera constante: La gente no sabe guardar su distancia, por lo mismo hay tantos accidentes por alcance, al no prever un posible choque ni fijarse qué pasa con los autos de adelante, es que hay tanta colisión. El conducir no consiste solamente en saber arrancar el coche y meter las velocidades, hay muchos aspectos que pueden ser pequeños pero que a la larga resultan vitales para la seguridad propia y de los demás.

En fin, podría seguir con varios ejemplos como que la gente no usa las direccionales, se estaciona de manera irrespetuosa e inhabilita más de un lugar, las mordidas, los que manejan transporte público, el nulo respeto al peatón, el abuso del claxón, los que no afinan su coche y demás muestras de un país incivilizado y corriente, pero ya no me quiero seguir enojando, así que creo que es necesario acabar este ensayo por el bien de mi hígado.

Hebert Gutiérrez Morales