sábado, 26 de mayo de 2012

Morbo


Voy manejando por el periférico cuando, de pronto, se detiene la circulación, “Un accidente”, lo primero que me viene a la mente. Conforme vamos avanzando a vuelta de rueda pienso “Ha de haber sido muy grave”. Pasados 20 minutos y con un magro avance de un par de kilómetros llego al accidente y ¡me indigno! El choque fue aparatoso pero no tan grave, los conductores están ilesos, parados junto a sus autos y flanqueados por un par de patrullas, ¿Por qué avanzamos tan lento entonces? Porque la totalidad de automovilistas bajan la velocidad para ver con atención el accidente, por mi parte, cuando llego al punto de desahogo vial acelero y dejo atrás tan penosa escena.

¡Veinte minutos perdidos por el morbo de la gente! Ante esta situación habrá quién justifique esta actitud argumentando “¿Qué tal si es uno de mis seres queridos?” Créanme que en el mundo actual hasta el que recoge la basura tiene celular y, de haber sido algún conocido, sin duda se hubieran enterado.

En México es fácil saber cuando un accidente ha ocurrido, sólo hace falta ver que hay una bola de mirones alrededor del mismo, los cuales nunca ayudan pero estorban ¡y bastante! Además incrementan el sufrimiento del desdichado(a) que vive la situación. Gente que no tiene nada mejor que hacer que comprobar la desgracia ajena, quieren ver si hay sangre, si hay muertos, si hay dolor o si hay alguna escena vergonzosa que puedan constatar y contar después, con lujo de detalles, a sus (igualmente morbosas) amistades.

Pero no sólo con desconocidos, cuando a alguien que conocemos le ocurre una desgracia, uno va con el afectado, en parte por un sentimiento de solidaridad pero, también, es por la morbosa curiosidad de saber cómo aconteció el hecho.

A pesar de que muchos somos sensibles a sangre, muertes, violencia y demás, eso no quita la gran cantidad de ociosos que atraen los accidentes o cualquier escena violenta, y si es real, el público es mayor.

Esa misma gente es la que disfruta con vídeos escandalosos de artistas, ya sea agrediendo a alguien, perdiendo el glamour o teniendo sexo. El morbo es una fuerza comercial imparable, por eso abundan las revistas amarillistas tanto policiacas como de espectáculos, porque es lo que la gente quiere ver: quién resbala, quién es infiel, quién sufre, quién está enfermo o a punto de morir, o si la abuelita de alguien vive en miseria.

Por lo mismo, en una ocasión en la empresa nos bloquearon las páginas de deportes en Internet, todo porque le habían disparado a un futbolista en la cabeza y todos estaban entrando insistentemente a ver qué pasó, no por qué les interesara su estado de salud, sino para saber el motivo y todo lo que rodeo el caso.

Por la misma razón los noticieros ofrecen tanta basura amarillista, admito que es importante informar sobre lo que pasa en el país, pero resulta de muy mal gusto que se explote la misma nota, desde (según ellos) distintas perspectivas, para seguir alimentando el morbo nacional. O, continuando con la TV, algún vídeo que muestra imágenes fuertes: la caja tonta ofrece lo que el público quiere, así que repite incontables veces dichas escenas para que los ociosos espectadores queden fascinados, grabando cada toma en su inconsciente y, enfermamente, disfrutar el espectáculo.

El éxito que tuvo en su momento el Big Brother fue por la ociosa necesidad de ver a unos completos desconocidos durante las 24 horas. Preferimos ver qué hacen los demás en vez de lo que hacemos nosotros, y somos capaces de sacrificar mucho tiempo de nuestra vida en irrelevantes tonterías.

Un fenómeno parecido pasa con el Facebook, el éxito de esta red social se basa en el morbo, por ver fotos de los demás, por tener a algunos amigos y muchos conocidos, por compartir, por sentirse aceptado si muchos ven tus post y por enterarte de cualquier tontería de los demás. Se crea una adicción por estar en esa red y obtener la mayor información ajena posible, aunque en la vida real no nos sirva de mucho saberla.

Hablando de esta red social, esporádicamente, publican imágenes de perros brutalmente maltratados o de humanos con malformaciones o torturas. Los que postean esas imágenes creen que están concientizando a sus contactos pero, al contrario, la gente lo ve por morbo, además tiene un efecto contraproducente: en su inconsciente les crea una idea de lo que podrían hacer si tuviesen la oportunidad. Esta situación no es productiva, porque los que estamos en contra de la violencia ya somos civilizados por esencia, así que no necesitamos esas evidencias que sólo nos estresan. Lo más que van a crear son odios y una inspiración malévola a los seres perversos que tienen la necesidad de hacer daño, sólo les da ideas nuevas para satisfacer sus instintos. Por eso no entiendo esta tontería de postear fotos que en nada contribuyen y hasta agravan el problema.

Tengo que agradecer el hecho de que soy muy sensible, ya que eso inhibe mi potencial morbosidad, cuando hay alguna lesión fuerte en el Fútbol Americano, opto por no ver ninguna repetición, porque esas imágenes me hacen sufrir y me acongojan el corazón. Sin embargo, la mayoría de los televidentes las ve con total atención, igual y expresan un “¡Uy! ¡Qué horror!” pero con las pupilas dilatas por la emoción de ver algo desagradable, por eso mismo, lo repiten innumerables veces. ¿Por qué les llama tanto la atención el sufrimiento ajeno?¿El dolor? En esta ocasión no tengo alguna teoría para tratar de entender algo tan penoso, en verdad no lo entiendo. Desconozco las ideas, experiencias, principios, educación, conceptos o ideales de los que gozan con la desgracia ajena porque, si no lo hicieran, no lo verían.

Recientemente recibí un correo con fotos inéditas de varios hechos históricos, era un mail con imágenes muy interesantes, pero había algunas que me hacían retorcerme del dolor y, al no poderlas eliminar, opte por borrar el mail en su totalidad. Dentro de las fotos había una de la muerte de la princesa Diana, literalmente su cadáver en el lugar del accidente (en un túnel de París). No soy de los que idolatran el recuerdo de dicha mujer, pero sí me pareció de muy mal gusto, irrespetuoso y hasta grotesco que se enviara esa escena. Lo curioso es que recibí dicho mail muchas veces, lo cual demuestra la fascinación de la gente por esas imágenes en donde, ni siquiera, una figura pública tan querida como lo fue la princesa de Gales es respetada.

¿Por qué demonios tenemos que inmiscuirnos en la desgracia ajena? No sólo con los famosos, sino con seres como nosotros. Muchos dirán que es por un interés en ayudar o consolar, ¡pero eso es mentira!, ya que casi todos lo hacen por disfrutar el espectáculo y son escasos los son solidarios, la mayoría son morbosos que se inmiscuyen en asuntos que no pueden, ni les interesa, resolver.

Las imágenes que pasan en noticieros (accidentes, niños hambrientos, trifulcas y demás) que ellos dicen “sensibilizar” al televidente porque quieren despertar la consciencia de la población pero, si eso fuese verdad, pasarían la nota, una imagen y listo, ¡pero no! Ellos lo pasan por rating, así que las repiten incesantemente porque es lo que la audiencia quiere ver, no por consciencia, sino porque disfrutan esas imágenes con placer enfermizo. Ven lo grotesco y desagradable con tanta hambre. Nunca compartiré el placer que les ocasiona flagelar sus ojos con el sufrimiento o vergüenza ajena.

Seguramente el que haya tanta gente interesada en los aspectos negativos debería traer algo bueno ¿cierto? Tal vez las personas noten lo efímera que es su felicidad o su tranquilidad, de lo afortunados que son al no tener esos problemas, al tener salud o tener suficientes recursos para una existencia tranquila, pero eso tampoco es real.

Por lo mismo muchos sufren a diario, porque se enfocan en lo negativo, en lo violento, en lo feo, en la muerte, en los accidentes, en las desgracias,  etc. Tal vez sea una fórmula muy sencilla pero, no por ello irreal: si te enfocas en lo negativo, tu diario acontecer así se tornará porque es lo que te gusta. Como cultura no podemos avanzar a un siguiente nivel y nos quedamos con nuestra pobre calidad de vida, porque nos enfocamos en lo negativo.

Les aseguro que en los países desarrollados no hay un frenesí tan marcado, como el nuestro, por lo negativo. Seguramente nadie se queda de mirón en un accidente y, si lo hacen, lo más seguro es que sea para ayudar (y no para estar de chismosos).

Por ese morbo es que las señoras mexicanas entablan sus “juegos de la miseria” en los cuales “gana” la que sea más desafortunada. Cuando platican dos señoras, normalmente que rebasan los 40, casi siempre termina la plática en una competencia enfermiza para ver cuál de las dos tiene más desgracias, más problemas, más sufrimientos o más maldiciones. Es un auténtico deporte entre las señoras de nuestro país. Eso pasa cuando te enfocas en lo malo: tratas de recibir reconocimiento a través de ello: “¡Pobrecita! ¡Cómo sufre!”.

No sabemos cómo recibir ni dar reconocimiento a través de los logros, por eso nos da pena tenerlos. El que los tiene se arriesga a que le digan que es creído, que es soberbio, que se le subió el éxito, que ya no es como solía ser y tantas estupideces retrogradas y tercermundistas que hemos perpetuado a lo largo de los siglos. No sé qué fue primero: si el morbo por lo negativo o el miedo a ser productivos. El mexicano promedio se siente más reconfortado con un “¡Pobre de ti! ¡Te las ves duras!” pero no puede recibir un “¡Muchas felicidades!” porque se sentirá un traidor hacia el resto de compatriotas jodidos.

Sé que es inconsciente pero alguna vez se han preguntado ¿Por qué necesitan constatar el sufrimiento ajeno? ¿Qué ganan? ¿Por qué lo gozan? Tal vez ahí radiquen mucho de nuestros problemas como país: ver el problema pero nunca resolverlo, ser espectadores pero nunca protagonistas.

Hebert Gutierrez Morales

domingo, 20 de mayo de 2012

Valores Light

En el mundo actual, tan obsesionado con los productos para bajar de peso, también se han puesto de moda los “valores Light”, y es que son tan ligeros que ni se sienten.

            Uno de los grandes placeres morbosos de cada generación es criticar a la siguiente, tal vez por sentirse relegados, tal vez por ya no ser la generación “cool” vigente o por esa simple necesidad humana de criticar a aquellos que se comportan diferente. El pretexto, siempre presente en este ciclo perpetuo, es la degradación de valores y la perdida de costumbres, lo cual daña la moral social. A pesar de ser un fenómeno cíclico (a nosotros mismos nos pasó), esta crítica tiene fundamentos irrevocables (como tal vez tuvieron las críticas de épocas pasadas).

Es un proceso natural, tenemos la resistencia humana a aceptar los cambios, eso mismo desata nostalgias por lo que solía estar de moda (cuando éramos la generación criticada). Como nuestros gustos ya no son los predominantes, tenemos ese inevitable sentimiento de ser desplazados. Por eso vemos a los que nos preceden como "descarriados", no los vemos con buenos ojos porque se atreven a avanzar con un ímpetu que ya no tenemos. Somos propensos a buscarles cualquier aspecto negativo, tal vez porque no podemos (o queremos) ver lo positivo.

Se nos olvida que nuestros tutores también clasificaron a nuestra generación como pérdida y sin sentido, e idealizamos tiempos de nuestra juventud en donde las cosas eran mejores.

Los valores van evolucionando o degradándose según el punto de vista. Por ejemplo, en la edad media si una mujer mostraba el tobillo era tachada de prostituta; hoy en día, donde las chicas muestran cada vez más piel, eso resulta ridículo y anticuado. Tal vez es la lejanía del tiempo lo cual hace evidente tal ridiculez, pero no resulta tan claro cuando es de una generación a otra. Esto se ve en la TV, ya que mucho de lo que se transmite en señal abierta, en mi niñez fácilmente podría ser considerado pornografía.

            El hecho es que siempre tenemos la percepción de una degradación de valores respecto a cómo fuimos educados, esto provocado por lo diferente que hace la nueva generación, para ellos es “bueno” para nosotros “malo”, en un ciclo sin fin.

La Moral de nuestro tiempo consiste en ajustarse al patrón de la época” – El Retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde).
           
Una vez aclarado el punto de por qué criticamos a las generaciones jóvenes, tomo plenamente mi papel de generación "vieja" e inicio con la crítica.

Los jóvenes actuales están muy dispersos, es obvio porque se educaron frente a una pantalla, están acostumbrados a que todo sea visual y espectacular. Los chamacos de ahora tienden mucho a interrumpir una conversación, están muy ansiosos para que sea su turno de hablar porque, en realidad, no están escuchando. Otro factor es que muchos son hijos únicos (algo que antes era muy raro), así que fueron muy mimados y traen una actitud de perdonavidas que ni ellos se soportan. No tienen paciencia, al ser parte de una vida en donde todo es rápido, no los lleves a un restaurante a la antigua, a esperar un rico plato, porque prefieren que los lleves al McDonald's a comer chatarra.
  
Me gusta ir a comer, esporádicamente, con algunos adolescentes amigos míos del ambiente salsero. Es raro, pero me ponen atención cuando hablo, ya que soy demasiado joven para ser su padre, pero demasiado viejo para ser su "brother". Puedo decir que muchos de sus defectos tienen gran participación de los padres. Ése es el problema de casarse y tener hijos sólo por complacer a la sociedad en vez de hacerlo de manera consciente y responsable. Estos chamacos son inteligentes y son nobles, si hubiesen tenido el correcto liderazgo serían mejores de lo que son (sufrirían muchos de los defectos endémicos de su generación, pero sólo los inevitables).

            La juventud actual ha perdido la capacidad de poner atención, debido a tanto entretenimiento generado en pantallas (celulares, Internet, cine, TV, video juegos, etc.) Un reflejo de este fenómeno es la música, las canciones populares son muy cortas y con vídeos espectaculares. La canciones antiguas tenían inicios o solos instrumentales prolongados, pero los chavos de ahora encuentran eso aburrido porque es “demasiado” largo, ellos quieren cosas rápidas y al grano; no cuentan con esa paciencia para degustar una obra de arte en silencio, no pueden estar mucho tiempo callados, porque están acostumbrados al ruido, espectáculo, luz, algo que los excite y les haga abrir las pupilas, de lo contrario se desesperan. No sé si está bien o está mal, lo puedo comparar contra mi generación y decir que está mal, pero estos muchachos van a calificarnos como anticuados. Simplemente son las diferencias que se van dando entre una y otra.

Me comentaba mi amiga Les, a la cual le debo el título de este ensayo, que veía un estudio que mostraba que la cantidad de jóvenes que quieren ser decoradores o cirujanos plásticos ha aumentado exponencialmente y me dijo “¿Qué es lo que aportan a la sociedad?” Y comprendo su pregunta, porque no estamos hablando que su interés sea hacer un mundo mejor, el interés es hacer dinero y darle valor a la apariencia, no al interior. Nunca han sido muchos los médicos que quieren irse a las zonas pobres para hacer su labor, y ahora son menos porque quieren algo “bonito” y que reditúe, como las cirugías plásticas de señoras vanidosas que se quieren respingar la nariz ¡ah! Y, tal vez, de alguien que haya tenido un accidente (“pero si lo podemos evitar, es mejor”).

            Tal vez para muchos no sea un valor, pero considero que es algo importante en la educación de los pequeños. Cuando era niño, mi hora para dormir eran las 8 pm, me gustase o no. A partir de las 10 años me dieron la oportunidad de dormirme a las 9 pm y, a partir de secundaria, empecé a dormirme a las 10 pm, misma hora que acostumbro a irme a la cama en la actualidad. Horarios que eran comunes con el resto de mis amigos.

            ¿Por qué menciono esto? Tal vez muchos no lo sepan pero los niños se desarrollan mientras duermen, así que la cantidad y calidad de horas de sueño son muy importantes. De igual forma adquieren una disciplina fisiológica, la cual les va a garantizar un rendimiento óptimo al momento de estar en la escuela (con una buena alimentación).

            Insisto, ¿por qué menciono esto? Muchos padres, en una libertad mal entendida, dejan que los niños estén despiertos a altas horas de la noche, viendo TV, interneteando o con los videojuegos. Esto trae varias consecuencias: no se quieren levantar a sus horas, hay que rogarles para desayunar o bañarse, por el mismo sueño, no ponen atención a sus clases y, finalmente, duermen una siesta en la tarde (en vez de hacer la tarea), la cual perpetua el círculo vicioso porque no se duermen a sus horas.

            Una amiga de mi edad me aclaro que esto se debe a que los niños de ahora ya no tienen actividad física. En nuestra niñez después de hacer la tarea, jugabas toda la tarde  así que, al llegar la noche, llegabas muy cansado, sólo te bañabas y te ibas a la cama. Ahora los niños no hacen ejercicio, porque están pegados a una pantalla que les consume pocas calorías (pero sí algunas neuronas), así que no se sienten cansados y no se van a dormir, además de que esta falta de actividad también genera un grave problema de obesidad.

            Cuando uno es padre, no se le pregunta al niño si se quiere ir a la cama, bañarse, hacer la tarea o comer. El niño debe obedecer, sin embargo muchos tutores de la actualidad son dominados por sus engendros. Este comportamiento, además de las consecuencias ya mencionadas, los torna en adolescentes tiranos e insoportables, los cuales creen merecer todo y, lo que es peor, los padres sometidos lo dan a manos llenas, sólo para ser tratados como basura por “su majestad”.

            Este círculo vicioso no va a durar para siempre, eventualmente los hijos dejaran el nido y van a ser disciplinados por el mundo exterior. Muchos padres confunden el amor con la dejadez. Ninguno de nosotros nacimos sabiendo lo que queremos (algunos llevamos 35 años sin saberlo), en teoría los tutores saben lo más conveniente para el niño, ¿por qué son tan blandos o cobardes al evitar su responsabilidad? Creen que eso es amor, en realidad es lo contrario, la firmeza que evitan es el mejor camino para que sus hijos se adapten al mundo porque, de lo contrario, éste los va a disciplinar a su manera.

            Obviamente no puedo generalizar y atreverme a condenar que una generación es mejor que otra, ya que conozco jóvenes que valen mucho la pena, que usan el cerebro y tienen sentido común, algo que nunca ha sido el común denominador de la humanidad pero, con el paso del tiempo, se vuelve más difícil de encontrar. De igual forma, hay bastantes personas de mi camada y de las anteriores, por no decir que la gran mayoría, que son auténtica escoria humana, con unos valores morales inexistentes, con inteligencia nula, ya que sólo actúan de acuerdo a una programación social y no conforme a lo que podrían discernir.

            Estas camadas humanas son similares a las tendencias o modas ideológicas, ya que cada cual trae algo que la distingue del resto. A pesar de ello, gente de calidad y escoria humana, siempre va a haber en cada cultura, en cada país y en todas las edades.

            Los responsables de estos jóvenes son los padres, los cuales (mal)educaron a esta horda de principitos y princesitas que se creen merecedores de todo, y muchos de ellos no se dieron cuenta del daño que hicieron. Conocí a una pareja que luchó y trabajó para salir de la clase media baja, siempre basándose en el respeto, honestidad y sus valores bien forjados. Actualmente, viven en bonanza económica, por lo que les dieron a sus hijos educación en las mejores escuelas privadas, viajes al extranjero, buena ropa, autos y todo lo que ellos nunca experimentaron en su juventud.

            Sin embargo, aunque los papás son gente sencilla y muy sensata, los hijos resultaron ser huecos, superficiales, insensibles, pedantes, creyéndose dueños de todo ya que nunca les faltó nada. Obviamente la intención de los padres fue que no tuvieran sus carencias pero los echaron a perder. A veces el amor también se demuestra con pruebas que dejen enseñanza y madurez, no sólo al dar cosas materiales.

            Es difícil ser tutor de un pequeñuelo, es todo un arte “medirle el agua a los tamales” y saber cuándo ser estricto y cuándo ser cariñoso. A veces uno es cegado por el amor, esto impide ver el mal que se les está haciendo a los engendros, porque uno piensa que darles todo es bueno pero, al ver los resultados de adultos, uno se da cuenta que no fue la mejor idea. Obviamente el mal es mayor cuando estos “seres divinos” se dan cuenta que su status de “V.I.P.” sólo es válido en casa y en el mundo real se enfrentarán a personas de verdad, que están acostumbradas a tener hambre, expectativas, a ganarse las cosas y a competir fieramente por cualquier dádiva.

            Algo que se ha perdido es la reciprocidad y el reconocimiento hacia los padres. No todo el mundo tiene que compartir mi educación, lo acepto, pero cuando empecé a trabajar en automático di una aportación mensual a la casa, por el concepto de que vivía ahí sin que ellos tuvieran la obligación de mantenerme, tal vez no era suficiente para todo lo que me dieron, pero era lo más que podía dar de acuerdo a mis posibilidades. Esa aportación, que ha crecido conforme a mi salario, es en agradecimiento por todo lo que se hizo por mí con la formación y bases recibidas.

            Sé que muchos, cuando empiezan a laborar no dan dinero en sus casas, posiblemente porque no lo necesiten sus tutores, y está bien. Lo que me parece bastante desleal es que, a pesar de tener un ingreso fijo y continuar viviendo bajo el techo familiar, aún tengan la desfachatez de recibir dinero o beneficios de sus padres. Desde mi perspectiva eso es inaceptable pero los principales culpables de dicha situación son las mismas víctimas que promueven tanta desvergüenza por parte de sus victimarios.

            Esto que voy a mencionar está presente en todas las generaciones, pero he notado que está muy marcado en los chavos de ahora. Conozco unas personas que siempre me ven cara de Google, ya que sólo cuando necesitan algo vienen en mi búsqueda. Si no se les ofrece nada pueden pasar meses sin siquiera saludar. Algo que valoro mucho es la reciprocidad y, honestamente, a mí me daría mucha pena sólo buscar a alguien para pedirle favores. Tal vez sea un prejuicio, pero creo que la gente cínica se está multiplicando en esta generación, por lo mismo que se sienten celestiales.

“El modo más seguro de corromper a la juventud es enseñándole a admirar más a aquellos que opinan como ella que a los que opinan diferente” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Estos chamacos, imberbes e irrespetuosos, que los mismos padres están formando, ya no están educados (o hasta condicionados) para decir “Gracias” o decir “Por favor”. No son conscientes que hay millones como ellos en el planeta, por lo cual creen que sólo su tiempo, sus actividades, sus espacios y prioridades son las únicas que cuentan. En ningún momento sienten empatía o, por lo menos, algo de conciencia por los intereses ajenos.

La culpa es de los padres, que los tratan como si el mundo girara alrededor de ellos y, por lo mismo, su comportamiento es un resultado lógico de su educación. Aquí hay un amor malentendido por parte de los cobardes padres, ya que no quisieron tanto a los hijos como para decirles “NO” en el momento adecuado. Esa negativa que hubiera limitado tantos de los vicios conductuales que tienen estas personitas, mismos que están echando a perder a un par de generaciones, lo cual está acelerando el deterioro de este mundo en todo sus aspectos.

Antes de finalizar, los invito a leer otro enfoque del mismo tema, en este enlace, en algo que mi amigo Genaro Becerra ha llamado la “Cultura Light” o “Generación Light”

Hebert Gutierrez Morales

martes, 15 de mayo de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

Cuestión de perspectivas

           “No hay que subestimar nunca el modo en que la casualidad gobierna gran parte de la existencia humana, ni la forma en que el hecho de estar en determinado lugar, en determinado momento, puede cambiar la trayectoria de las cosas. No hay que subestimar nunca la manera en que todos somos rehenes de los ritmos aleatorios de la vida” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

Una mañana de Domingo me desperté, mas no me levante. Debido a un sueño extraño me puse a pachequear sobre la dirección que hubiera tomado mi vida si hubiese tomado decisiones distintas. Me di cuenta que, de haber modificado algunas insignificantes acciones, sería totalmente otro y ¿saben qué? No le cambiaría nada a mi existencia; ciertamente ha habido momentos malos, pero mucho de ellos traen recompensas bastante positivas a la larga. Así es una mera cuestión de perspectivas respecto a lo que es “bueno” y es “malo”, ya que cada cual lo vive de manera distinta.

A pesar de que toda mi infancia transcurrió en la Ciudad de México, comprobé que las expectativas o el mundo de una persona se pueden adaptar fácilmente a cualquier cambio brusco (sea negativo o positivo). Mi adolescencia transcurrió en un pueblo olvidado. En aquél entonces mi máximo referente era otro el pueblo (hoy pequeña ciudad) en dónde estudie Prepa y Secundaria: San Martín Texmelucan. Ése era el mundo “cool” o “nice” porque ahí estaban mis compañeros, los cines, los restaurantes y los eventos sociales importantes. En mi último año de Preparatoria, en la clase de Arte, nos enviaban a Puebla a hacer investigaciones sobre las Iglesias. Me fascinaban esos viajes a la gran ciudad pero, consideraba, ese ambiente estaba fuera de mi alcance.

            A partir de la Universidad, mi punto de referencia se volvió precisamente Puebla (en donde actualmente vivo); hoy en día, cuando paso por San Martín, me doy cuenta de la estrechez de mi visión adolescente y como idealizaba dicha población. Sin embargo, sigo viendo a gente que se siente la dueña del lugar, como si fuese su reino y se consideran lo más chévere de la existencia. Al ver estas actitudes me río bastante, y no por ellos, sino por mí al pensar que ése era el máximo que podía alcanzar.

            ¿Qué tan grande es tu mundo? Eso depende de qué tan grandes son tus sueños, metas, perspectivas o expectativas. Este mismo efecto se presentó cuando fui a Alemania ya que, sobra decir, me hizo ver a mi país con otros ojos, lo mismo cuando fui a Estados Unidos. Es muy interesante cómo los lugares en dónde vives, los sitios a los cuales viajas, la gente con la cual te relacionas hace que evolucione tu manera de ver el mundo. Bien dicen que el viajar ilustra.

            En otro ejemplo, cuando mis padres conocieron mi primera casa, la cual ha sido la más pequeña de las que he tenido, dijeron: “¡Vaya! Es más grande que la que teníamos en el DF”. Esta afirmación me impactó porque, en mis recuerdos infantiles, esa casa era enorme (Casi una mansión), claro que es distinto verla de niño que en edad adulta. Sólo por ese momento me surgió la necesidad de ir a visitarla, idea que deseche de inmediato, porque desmitificaría un lugar en el cual transcurrieron muchas de mis vivencias más representativas y recuerdos más queridos.

            De hecho ya viví algo así, cuando regrese a Veracruz después de quince años, vi esa casa en la cual pasaba mis veranos y no era lo que recordaba, tal vez porque la vi sin romanticismos ni ilusiones, tal vez la vi como siempre había sido y de ahí vino una pequeña decepción. ¿De qué depende la realidad? De la manera de verla de cada cual, por tal motivo calificar de “bueno” o “malo” es totalmente subjetivo, ¿según quién? ¿Quién lo califica? ¿Quién se ve beneficiado o afectado?

Todo es cuestión de perspectivas, les aseguro que no es lo mismo ver en ratón en el campo a verlo dentro de su casa; seguimos siendo las mismas personas y sigue siendo el mismo ratón, pero las características y el ambiente que nos rodea hace que nuestra reacción cambie. Otro ejemplo, la canción de “Kite” (U2) para mí habla de la relación de un padre con su hijo que va creciendo y dejando el nido; sin embargo, para mi papá, la canción habla de un padre que va muriendo y se despide de su hijo. La canción es la misma, pero la interpretación es distinta de acuerdo a las personas.

            Ahora vamos con un caso más nacional como el Teletón y redondeo de Centavos: todos se quejan porque es una artimaña de grandes empresas para evadir impuestos pero, al final, es por una buena causa. OK ¡quéjense! Pero ¿qué más hacen? ¿Acaso van a destinar ese dinero a algo mejor? Al final se hace algo bueno. Debemos acostumbrarnos que en este mundo, cada vez más cínico, es muy difícil ver que alguien (sobretodo las grandes empresas) haga algo bueno sin sacar algún beneficio, pero creo que es preferible que hagan algo provechoso con ganancia a que no hagan nada.

Hitler, al perder la segunda guerra mundial, mantendrá una imagen como uno de los peores seres humanos de todos los tiempos. Sin embargo, si preguntan a alemanes mayores de 70 años, la percepción que tienen de dicho personaje es otra, ya que lo consideraron vital para el desarrollo teutón, porque su influencia fue decisiva para su infraestructura. Lo malo para Adolf es que la historia la escriben los ganadores. Además, si él no hubiera existido, seguramente no estaría trabajando en donde lo hago, ya que fue muy importante en la historia de Volkswagen.

Y ya que toque el trabajo, en la Universidad tenía una manera particular de percibir la realidad (más extrema que la actual, aunque no lo crean) pero, cuando entre a Volkswagen mi manera de ver la vida evolucionó. Independientemente de la bola de fantoches de la cual estamos infestados, debo de reconocer que trabajar acá te da una especie de Status social (lo quieras o no). Ese hace que muchos busquemos nuestra pareja dentro de la empresa. Por ejemplo, aunque sea un hecho censurable, a una chica que conocía de años atrás, sólo la invite a salir hasta que ingresó a la compañía. Fue como si se volviera más atractiva por pertenecer al status social VW.

            Conscientemente, no por estar en un lugar o fuera de él, uno no deja de ser valioso o farsante, uno no deja atrás su esencia por cuestiones externas. Sin embargo, cuando alguien sale de Planta, es como si muriera para el resto, porque ya no es lo mismo, es como un “apestado” y se va perdiendo la comunicación. Mantengo muchas amistades que alguna vez laboraron acá, y lo hago porque son personas valiosas, ya que esto es un simple trabajo, del cual te pueden echar cualquier día, pero los individuos que valen la pena, hay que mantenerlos al alcance. Si esto pasa con un lugar laboral, imagínense lo que pasa si vas o no a ciertos restaurantes, a ciertos antros, centros comerciales, lugares para vacacionar, ya que eres reconocido o denigrado por todos esos lugares que no determinan quién eres (aunque para la perspectiva de los demás sí lo es).

            Regresemos a puntos más personales, durante mucho tiempo exprese que mi matrimonio fue un error fatal. Ciertamente fue algo que no debió pasar, pero también fue muy provechoso para mí, tanto que estoy seguro que no correría, ni bailaría ni siquiera escribiría (no de manera pública) sin ese acontecimiento.

            Gracias a que me case, salí de la hogar materno (en dónde vivía muy cómodo), sin ese hecho es probable que seguiría estando ahí, lo cual no creo que fuera muy sano. Inconscientemente escogí a la mujer inadecuada para repetir un patrón familiar, para llenar el requisito de casarme a fuerzas pero, al no ser la correcta, también me asegure que acabaría divorciado. Mate dos pájaros de un tiro, sin proponérmelo: salir de casa y quitarme una programación social. Debido a esa experiencia cambie de camino, toque fondo y salí impulsado en una dirección inesperada pero que resulto más provechosa para mi felicidad. No sería quién soy ahora si no me hubiese casado y debo estar agradecido por lo que aprendí y obtuve.

“Nuestras carencias son nuestros mejores maestros, pero siempre mostramos ingratitud hacia los buenos maestros” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Los mejores regalos de la vida no vienen siempre en el envoltorio más bonito. Los primeros siete años de mi vida en Volkswagen se caracterizaron por mi obsesión por el trabajo: De Lunes a Viernes trabajaba de 7AM a 10 PM, los Sábados iba de 3PM a 8PM y los Domingos “sólo” de 8AM a 12 PM (porque debía descansar “un poco”). Obviamente mi vida social era nula, la existencia del sol para mí era una leyenda y, principalmente, no recibía una paga adicional por todas esas horas extra.

            Sin entrar en detalles, hubo un día en que un jefe actúo de una manera que me sentí traicionado, utilizado y denigrado. Fue tal mi enojo que reporte dicha situación un nivel más arriba pero tampoco recibí el apoyo esperado. Me furia era tal que me hice una promesa “Ya no voy a salir tarde por esta bola de %&$#!?” y así lo hice, no fue un proceso de un día para otro, fue algo paulatino, ya que mis actividades estaban planificadas para 15 horas (de mi parte, porque nadie me lo pidió así).

            Después de tres meses lo logre: empecé a salir a las 5pm y deje de ir los fines de semana. Al tener tiempo libre, tuve espacio para mí e inicie con distintas actividades que hoy me son muy satisfactorias. Agradezco mucho la acción de mi entonces Jefe, porque gracias a eso cambié para bien, y obtuve una vida fuera de la oficina (aunque su intención nunca haya sido esa, el resultado fue muy positivo). Bien dicen que la vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas.

            Va una de respeto, recientemente he incluido en mi ruta para correr a la pirámide de Cholula. Me llama mucho la atención un letrero que reza “Por favor tenga respeto por el recinto” (obviamente refiriéndose a la Iglesia que edificaron en la cima de la pirámide). Me dio tanta risa por lo irónico que resulta: Los españoles que llegaron, no respetaron el recinto de los nativos, por lo que mancillaron su construcción con una Iglesia en la cima, entonces ¿dónde quedó el respeto? ¿Con qué cara lo piden para su recinto? Ese mismo que es una evidencia clara de la gran falta de respeto de los españoles hacia los indígenas.

            “Oficialmente” este año cumplí una década en Volkswagen. Honestamente para mí fue irrelevante, y no porque no me guste trabajar aquí, al contrario; precisamente porque amó trabajar ahí es que llevo una cuenta distinta a la oficial. Empecé a laborar en la misma desde el Seis de Junio del año 2000, así que en realidad voy a cumplir doce años laborando en esta gran Firma pero, para efectos legales de la misma, me dieron un puesto fijo a partir de Enero del 2002. Sin embargo yo me comprometí y estrese desde mi primer día, sin importar que fuese fijo o eventual, por lo que no puedo borrar año y medio de mi vida laboral como si no hubieran existido.

“Si te acercas demasiado a un cuadro, sólo verás manchas de colores. Si te alejas demasiado, no podrás ver los detalles” – Rube (de la serie “Dead like me”)

            Los sonidos de la naturaleza son excelentes para arrullar a alguien, dentro de mis favoritos están el croar de las ranas, el soplar del viento, el sonido de los grillos o la lluvia golpeteando contra mi ventana; sin embargo, creo que hay mucho de citadino en mi ser, ya que también hay ruidos humanos que me relajan y me adormecen. El sonido de un tren a la lejanía, o los frenos de un camión en una carretera distante, me relajan, tranquilizan y hasta me despiertan una especie de melancolía.

            Para muchos esto que acabo de escribir es incomprensible, pero estos sonidos están ligados a una ocasión en la cual visitamos a mi papá en Toluca y nos quedamos a dormir en su casa. Aquella vez todo era muy nuevo y desconcertante para mí, pero me sentía bien porque estaba rodeado por mi familia. Aquella noche que pasamos en la ciudad choricera fue memorable, aunque no hicimos nada especial, ese nexo familiar resultó muy importante en mi psique, en la cual se me quedo grabado el sonido de un camión a lo lejos frenando en alguna carretera. Habrá sonidos, sabores, lugares y distintas vivencias que para muchas personas son vitales aunque para el resto de la humanidad sean ridículas, pero cada cual tiene sus propias razones y serán respetables.


           Un ejemplo escolar. Siempre fui un ñoño que sólo obtenía 9 y 10 en mis materias por lo que, cuando llegaba a sacar un 8, me preocupaba bastante. Sin embargo, creo que la calificación que más me enorgullece de toda mi vida estudiantil, fueron los 6 con los cuales aprobé los cálculos integral, diferencial y ecuaciones diferenciales. Esas calificaciones fueron las que más trabajo me costaron, las que más me hicieron sufrir y desvelarme. No me importa que sean mis calificaciones más bajas de por vida ya que por alguna razón, eran las únicas materias que la Universidad permitía aprobar con 6.

            Durante mucho tiempo criticaba la postura de algunas mujeres interesadas en los recursos económicos del hombre. Esa postura mía se suavizó el día que la esposa de un amigo me aclaró el punto: “Obvio no vas a vivir sólo de amor. Claro que la mujer se fija en las posibilidades económicas del hombre, porque hay que ver con qué va a mantener a los hijos, por más que lo ames, no te vas a relacionar con un muerto de hambre que te va a arrastrar a su mísera antes que prosperar”. Palabras duras, cierto, pero también muy honestas y hasta sensatas.

            Todavía recuerdo el día que me dieron la Lap Top en mi anterior departamento: estaba fúrico. No quería tenerla porque me iban a dejar trabajo para la casa (y no podía negarme). Sin embargo, sin este hecho, mi blog no existiría, y mis escritos se mantendrían en privado. Gracias a que tuve la Lap, pude escribir muchos de mis ensayos en casa y compartirlos con todos ustedes. Resulta curioso que algo que rechace desde el primer momento, me hubiera resultado tan productivo a nivel personal.

            El día que me quitaron la Lap, porque me cambie de Departamento, también fue para mi bienestar, aunque en un inicio no me agradaba la idea. Como ya se me había creado una necesidad, compre una propia y contrate Internet de manera limitada. Con esta acción ahora puedo escribir todos los días y, beneficio adicional, mi tiempo en el Facebook se ha reducido considerablemente, así que también he recuperado mucho tiempo de lectura. La vida tiene caminos misteriosos, lo que en un momento nos fastidiaba la existencia, a la larga, nos resulta bastante productivo.

“Puede que la vida no sea más que la consecuencia de una mera cadena de acontecimientos ilógicos y, en ciertos casos, extremadamente chapuceros” – Haruki Murakami (1Q84)
  
            El año pasado mi hermano me regalo un par de tenis por mi cumpleaños, aunque no lo crean yo estaba indignado por dicho regalo y me explico: como correr es una de mis actividades más vitales, cada año compro calzado de acuerdo a mis necesidades. Que alguien más me diera un par era una especie de insulto para mí y, sin embargo, los acepte (porque eran de mi hermano) Lo chistoso del asunto es que cuando empecé a usarlos, me dí cuenta que eran excelentes, a tal grado que ha sido el mejor calzado para correr que he tenido. Cuando llega algo diferente o inesperado, tenemos una resistencia natural al cambio, tachándolo como “malo” pero, cuando les damos la oportunidad, a veces descubrimos que era mucho mejor de lo que teníamos antes.

Ya para acabar, cuando tenía 20 años me dije a mí mismo “¡Wow! Ahora sí estoy maduro, ya sé lo que es la vida y nadie me puede enseñar nada que ya sepa”. A los 25 pensé “Pero que estúpido estaba a los 20 años, ¡no sabía nada! No tenía ni idea de lo que se trataba este asunto de vivir. Lo bueno es que ahora sí puedo andar por el mundo sin problema alguno”. Lo mismo pasó a los 30. Hoy, a mis 35, optó por no hacer aseveraciones tan contundentes, ya que soy consciente que uno no acaba de aprender, ya que hay mucho camino por recorrer, problemas que afrontar, gente por conocer y lugares que visitar. Conforme pasa el tiempo te vas dando cuenta que todos esos dogmas que creías irrefutables en realidad no lo eran, pero es necesario que vayas viviendo distintas experiencias para comprenderlo.

Hebert Gutierrez Morales

viernes, 4 de mayo de 2012

Love Letter


            Hace unos diez años, antes de abandonarme a los brazos de Morfeo, revise si había algo interesante en la TV y, al llegar a un canal de películas llamado Golden Choice, ví a una chica japonesa desahogando toda su pena a través de gritos y lágrimas hacia una montaña. Me pareció un momento tan conmovedor e importante que me dejó consternado: “¿Qué pasa? ¿Por qué llora esta chica? ¿Por qué le grita a una montaña? ¿Por qué me llegó su sentimiento al corazón?”

            La ventaja de los canales Golden Choice es que van con un desfase de dos horas, entonces, en el canal siguiente, estaba iniciando ese mismo filme llamado “Love Letter”. En ese momento no lo sabía, pero esa estupenda obra de arte iba a resultar mi película favorita en todo lo que llevo de vida.
Afiche de la Película

“Love Letter” está llena de elegancia, de sentimientos, de autenticidad, de amor, de tristeza, de vida y de muerte. Elementos perfectamente equilibrados que nos regalan algo inigualable. No requirió de gran presupuesto para darle luz, sólo se valió de un argumento ingenioso y muy humano, con una historia inverosímil pero ambientada en la vida cotidiana de cualquiera, donde una simple coincidencia desata una gran historia de amor, aunque uno de los involucrados esté ausente, el sentimiento que despertó lo van desenterrando sus dos amadas: la de secundaria (por la cual tenía un interés clandestino) y su prometida.

            Nostálgica forma de iniciar: en el cementerio, recordando el segundo aniversario de la muerte de Fujii, todo esto bajo el cobijo de la nieve que estará presente en momentos trascendentales del filme. A cualquiera le encanta ver el cuarto de quien le gusta, en especial si no está presente para conocer tranquilamente un poco de su intimidad; sin embargo ha de ser especial cuando ese alguien ya no está, así que le reconocemos a través de sus libros, sus pinturas, sus discos y todas las pertenencias impregnadas de su esencia que nos hace reavivar su memoria. Espero nunca tener que experimentar algo tan melancólicamente agridulce.
Hiroko al inicio de la película

La banda sonora realizada por Remedios es una de los mejores en la historia del cine, es la belleza hecha música, la transmisión de los sentimientos expresados en la película están excelsamente plasmados. Es maravillosa, íntima, profunda, auténtica, sensible y tierna; me embelesa la perfección de las melodías, me resulta increíble que exista algo tan sublime y, al mismo tiempo, agradezco que alguien lo haya creado. Cada momento está perfectamente musicalizado, ad hoc a la trama, se matiza la escena y te facilita sentir lo que experimenta el personaje. El CD me salió más caro que la película en sí, pero nunca dude en adquirir esta obra de arte tan soberbia.

            Volviendo a la recamara de Fujii, al ver el anuario de secundaria surge una loca idea, ésas que el amor normalmente inspira: Hiroko anota la dirección de su difunto prometido con el fin de mandarle una carta, al cielo dirán unos, o simplemente una misiva catártica para librarse de aquella despedida que nunca se alcanzó a consumar.
Hiroko anotando la dirección del anuario

            Esa primera carta, tan sencilla y tan clara, viene cargada con mucho sentimiento pero, al recibirla de una chica desconocida, se torna inexplicable. Y ahí entra la ñoñez japonesa (por eso me siento identificado con ellos), así que la respuesta de Itsuki a Hiroko también es bastante simple y, a la vez, con algo de humor.

            A veces, en nuestro egoísta anhelo, hacemos cosas intentando revivir un amor y/o a una persona; si inesperadamente recibimos una respuesta o un atisbo positivo, de pronto somos un poco más felices, porque reconforta levemente ese luto o dolor que cargamos de lo que alguna vez fue y que nunca más volverá a ser. Nos encanta vivir en el pasado, disfrutar nuevamente de esa alegría e idealizar tales días como los más felices de nuestra existencia, así que fantaseamos con épocas en que éramos más buenos y el mundo era mejor. Un placer culposo del que casi nadie está exento.

            Cuando se enteran, Akiba y Hiroko, que han estado contactando a otra persona con el nombre de Fujii Itsuki, a través de una respuesta agresiva, resulta una escena muy conmovedora, y más triste resulta la reacción de Hiroko, al darse cuenta que su amor sigue difunto y, a pesar de ello, le tomó cierta simpatía a esta chica que, sin quererlo, la ayudó a tener una ligera esperanza de que su prometido había burlado a la muerte para responderle las cartas que le enviaba al cielo. Es cuando Akiba se sincera y le cuenta lo sorprendido que estaba que su amigo Fujii haya sido tan lanzado al invitar a salir a Hiroko, ya que él era muy tímido. Ese valor inesperado se aclarará conforme avanza la historia, pero Akiba se pregunta, frente a Hiroko “¿Por qué no te invite a salir primero?” pero así es la vida: se nos presentan muchas oportunidades, algunas las tomamos y otras las dejamos ir, y sólo después conoceremos las consecuencias de nuestras decisiones.

Algo que me encanta en las expresiones artísticas japonesas es una elegancia sencilla, misma que se refleja en una escena tan insignificante como lo es la llegada del avión a Ootaru. De igual forma, al llegar a la casa del amigo de Akiba, nos encontramos con una contemplativa Hiroko, fascinada con la nieve, y esta escena resulta más rica con el camarógrafo siguiéndola e imitándola en sus movimientos. Así fue hecha la obra, detalles que le dan un toque “casero” que son perfectos para el sentido íntimo del filme.

Un aspecto que amo del cine nipón, es el humor impregnado en casi todas sus historias, sin importar de qué índole sean. Por ejemplo la interacción de Itsuki con el cartero es genial, cuando ella lo manda al demonio con su invitación al cine. También se refleja en sus jetas hilarantes, esos gestos tan (involuntariamente) cómicos son algo agradable de ese pueblo, ya que son expresiones inocentes de su limpieza cultural, creo que las mejores caras son las que hace Itsuki a lo largo de la historia: como cuando la engañan para dejarla en el hospital, cual niña chiquita (a pesar de ya tener 24 años), su reacción, sus gestos y su frustración son una delicia de escena. :-)

“Cuando la gente muere es muy fácil de olvidar” – Madre de Fujii

Es admirable cómo se puede hacer un deja vú tan vívido, simplemente poniendo los elementos correctos para revivir la muerte del padre de Itsuki, mientras ella espera en el mismo sitio en qué ocurrió. Inesperado y conmovedor momento, en especial por la reacción de ella, en esa añorante necesidad por su ausente padre. Eso nos da entrada a la parte principal de la historia, cuando recuerda los días de Secundaria en donde conoció a otro chico con el mismo nombre y apellido, encuentro que iba a afectar su vida y la de otra mujer diez años después. (Nota: En todo el ensayo me refiero al hombre cuando escribo “Fujii” e “Itsuki” para la mujer)
Itsuki en el Hospital

No lejos de ahí, la reacción de Akiba, con su pequeño triunfo moral es muy divertida, sobretodo con esa expresión de “Te lo dije” sin mediar frase alguna “Tenía que haber una explicación lógica para que recibieras respuestas del cielo” pero, como ama a Hiroko, tuvo que callarse para no herirla. A veces son alegrías pequeñas que nos dan satisfacciones enormes, tal vez no muy relevantes pero, a fin de cuentas, alegrías.

Cuando Hiroko le escribe a Itsuki, sentada frente a su casa, sobre su fallecido prometido y al final se arrepiente y sólo le dice “que no lo ve desde hace mucho tiempo” es algo magistral. Sabiendo escoger las palabras adecuadas, el ámbito oportuno, la bella música y las expresiones exactas dan como resultado una de tantas escenas inolvidables y conmovedoras de las que está plagada esta obra de arte.

El creador de esta gran película, Shunji Iwai, hace un trabajo soberbio con la misma; ejemplo de esto es cuando las dos protagonistas se cruzan de frente sin verse en un par de ocasiones. Es parte de la clase y mística que caracteriza al filme. ¿Por qué no le dijo Hiroko a Itsuki que su prometido murió hace dos años? “Porque no la quería preocupar” fue su respuesta, y entiendo su postura: no es necesario compartir tristezas con alguien desconocida, sobretodo a una que ya importunaste con tus “Cartas al cielo”

La muerte no es bonita” – Hiroko Watanabe

            La segunda vez que ellas se encuentran, cuando Itsuki va a depositar su carta y se cruzan por la calle en un momento hermoso, enmarcado en un ambiente cotidiano. Hiroko llama a Isuki por su nombre y ésta se detiene, ambas se ven pero ninguna habla. Es una escena plenamente artística, desde el seguimiento y continuidad que se le da a Itsuki en su bicicleta, la música, la gente y, de pronto, se detiene el tiempo. En cualquier otro filme este pasaje valdría toda la obra pero,  por fortuna, “Love Letter” está plagada de momentos de buen gusto, de mucha clase, de íntimos sentimientos. Dicha escena, mientras se va llenando de gente, sirve de introducción para leer la respuesta de Itsuki, en donde rememora que había un chico en su clase con su mismo nombre y apellido.
El momento en que se ven de frente Itsuki y Hiroko

            Las películas japonesas que me enamoran como espectador son sutiles, profundas y sensibles. Una historia cotidiana se vuelve una extraordinaria, debido a la forma magistral de plasmar momentos rutinarios y hacerlos relevantes. Toman una postura tipo “Días ordinarios pero felices” que dominan con maestría, reflejado en convertir un relato cualquiera, mediante momentos de buen gusto, en algo único e inolvidable; exprimen todos esos aspectos humanos que, pareciera, hemos olvidado. No es necesario vivir aventuras increíbles para descubrir lo maravilloso de la vida.

            Eventualmente Hiroko, por las fotos del anuario, nota que su parecido con Itsuki fue la razón por la que Fujii la invito a salir con mucha decisión; resultan conmovedores sus celos por alguien que feneció hace dos años, celos y frustración de ver que ese parecido fue la razón de su relación “No lo podría perdonar si ese fue el motivo” decía con justa razón la pobre Hiroko. A pesar de todo, se traga su orgullo, ya que más grande resulta su necesidad de conocer una época desconocida de su amor muerto, además Itsuki no es culpable de las acciones de Fujii. Así que le pide que le comparta esos recuerdos, porque ella quiere conocer ese pasado tan enigmático de su ausente amor.

            La presentación del primer día de clases es muy bonita, muy artística, muy estética, muy linda, muy refrescante y a la vez melancólica, otra escena perfecta. Esta entrada nos guía al bochornoso momento en donde se entera toda la clase que tenían a un hombre y a una mujer con el mismo nombre: Fujii Itsuki. Este hecho, estando en secundaria, sin importar la cultura en la que pase, siempre será una loza bastante pesada de cargar, sobretodo en el ambiente escolar. Por eso mismo eligen a la “Pareja Fujii Itsuki” como representantes del salón, lo cual resulta patéticamente cómico. Para equilibrar, la primera escena de ambos en la librería es muy bella y muy tierna: mientras ella le habla, él está leyendo junto a la ventana, con la cortina volando y reflejando los rayos del sol y, por un instante, desaparece. Bella escena que resulto profética.
Fujii en la Biblioteca

            “El Fujii que vive en tu memoria, obviamente no fue el que yo conocí pero al mismo tiempo es el mismo. Hay tantos lugares y tiempos donde él estuvo y probablemente conozca sólo una porción de él.” – Hiroko Watanabe

            Mientras Hiroko dice la frase anterior, vemos en cámara a Itsuki en el jardín divirtiéndose con su abuelo. Ese tipo de detalles caracterizan a esta película: oyes un dialogo mientras disfrutas de una escena distinta y, aunque no tengan nada que ver, se complementan a la perfección por la estética y sentimiento que manejan.

            Aunque no es relevante para la historia, un momento hilarante es cuando tres chicas abordan a un chico, todo porque una de ellas quiere con él pero éste ni contesta, ganándose la respuesta fúrica de una de ellas, es algo tan cómico. Estos detallitos que no aportan ni quitan a la historia, hacen que la experiencia sea aún más agradable. Como Oikawa Nanase, que es un personaje sin mucha relevancia pero que aporta mucha vida con sus escasas participaciones. Mujer excéntrica que le da un toque refrescante a la ñoñez habitual japonesa.

            “Los chicos son muy egoístas ¿no crees? Pero las chicas somos aún más egoístas” – Oikawa Nanase

            Cuando los Fujii Itsuki se encuentran en el estacionamiento de bicicletas, para aclarar el asunto del examen cambiado, resulta una breve comedia con algo de ternura: Uno checando su examen a expensas de la otra pobre que perdió toda la tarde gracias a él. Otra escena hilarante es cuando ambos se encuentran en bicicleta y él le pone una bolsa de papas a ella en la cabeza, en represalia de estar de alcahueta de Nanase. Mientras pasa esa escena viene la pregunta honesta de Itsuki a Hiroko: “Disculpa la pregunta pero ¿Qué demonios viste en él?”. Una persona va cambiando con los años: se puede ser alguien en la secundaria y ser distinto en su época adulta, por eso es muy enriquecedor conocer las distintas facetas de una persona.

            “¿Qué tal si vamos a la montaña a platicar con él?” Akiba a Hiroko

            Después de contarle lo acontecido en el Undoukai (reunión deportiva) Hiroko le pide a Itsuki que le saque fotos de la pista en dónde él corrió. Ese amor tan grande que te hace querer saber cada detalle del pasado de esa persona que ya no está en este plano existencial. Aspectos que nos hacen mantenerlos en vida en nuestros corazones.

            Las escenas en donde Itsuki va sacando fotos de su vieja escuela son enternecedoramente dulces: la pista, las gradas, el salón de clases y los pasillos, hasta que se encuentra con su profesora de aquella época. Cuando Itsuki conoce a las alumnas actuales en la librería, éstas se sorprenden cuando saben que se llama “Fujii Itsuki”, porque han encontrado 87 libros con ese nombre. La melancolía, tanto para ella como para el espectador, representa una mirada al pasado: recordar esos años de escuela y ver que, sin importar el motivo, para las chicas actuales resulta importante tu nombre, aunque sea por juego; pero para Itsuki, y para mí también, resultó conmovedor.

            Esto nos lleva al momento en que Itsuki descubre la verdad que su amiga por correspondencia le había ocultado: La maestra le revela que su tocayo murió hace dos años. Punto vital en la historia, es hermoso y a la vez descorazonador. Itsuki por fin se entera de la razón de todas estas cartas, de la necesidad de Hiroko por descubrir a ese hombre que sólo ella conoció hace diez años, y la importancia que toma para una desconocida. Ahí me hice consciente de lo importantes que son nuestros recuerdos, a veces nos son irrelevantes pero para otros pueden ser oro molido.
Una joven Itsuki deslizándose en la nieve

            Con el sensible arte de Remedios hecho música, nos conectamos a la travesía que hacen Akiba y Hiroko a la montaña en donde murió Fujii: escena que nos vuelve a brindar el soberbio cuidado, profesionalismo y amor con el cual fue hecho este filme, con la música y la nieve en perfecto equilibrio que nos remarca lo trascendente del viaje para que Hiroko deje descansar en paz a Fujii. Acto seguido nos volteamos a ver a una joven Itsuki, corriendo por la nieve y, de manera estética, se desliza a través de la misma melodiosamente, con una elegancia y sensibilidad que te hace consciente de lo hermosa que es la vida y se te hincha el corazón por lo cálido y bonito de este momento.

            Al final de la escena anterior la joven Itsuki se encuentra con una libélula muerta sobre la nieve, recordándonos que somos tan frágiles y efímeros como ese insecto, así como pasó con su papá que murió de neumonía, fue el día de su entierro en el cual encontró a ese pequeño animalito muerto y luego te parte el alma cuando pregunta “Mamá, ¿Por qué se tenía que morir papá?”.
Pequeña Itsuki contemplando a la libélula

            Regresando a la montaña, Hiroko se empieza a acobardar, lo cual resulta humanamente comprensible: dejar el pasado atrás no resulta fácil, los recuerdos y sentimientos que nos hicieron felices en el pasado tendemos a atesorarlos en lo más profundo de nuestro corazón “No puedo seguir, él se va a enojar”, pero Akiba la convence porque, a fin de cuentas, la vida se trata de avanzar; de lo contrario, nos iríamos con nuestros muertos pero, por alguna razón, nos quedamos para seguir viviendo, seguir sintiendo y mantenerlos vivos a través de nuestros recuerdos.

            Mientras tanto, en Outaru, Itsuki no sabe cómo escribirle a Hiroko que ya se enteró que Fujii está muerto y quiere compartirle que su papá murió por un resfriado mal atendido, es cuando se desmaya por la alta fiebre (que tampoco fue cuidada), tratando de emular la muerte de su padre de manera inconsciente. Al discutir la madre y abuelo de Itsuki sobre qué hacer, nos enteramos de cómo murió el padre de ésta, y nos deja ver que somos capaces de lo que sea para salvar a un ser amado que está en peligro, “Aunque me cueste la vida llegaremos al hospital” dice el abuelo mientras carga a su nieta en un esfuerzo monumental para salvarla.

            Volviendo a la montaña, mientras cenan Kaji, Hiroko y Akiba, platican sobre el fallecido Fujii; cuando Kaji pregunta “¿Por qué ya no escalas?” resulta conmovedora la forma en que Akiba contesta “Es que tengo miedo”, algo que requiere mucho valor de admitir frente a la mujer que amas y uno de tus excolegas escaladores: Todos le tememos a algo en esta vida. Después del diálogo anterior, Kaji se pone a cantar la misma melodía que Akiba a lo largo del filme y Hiroko pregunta por qué siempre esa canción, entonces le explican que cuando Fujii cayó a esa barranca, no lo podían ver, pero fue lo que cantó hasta el momento de su muerte.

            Al estar en un ambiente tan honesto, Hiroko se anima a contarles que Fujii nunca le pidió matrimonio, ya que la llevo a un lugar solitario y estuvo dos horas sin decir palabra, paralizado por el terror, por lo que le causó pena y ella se lo pidió a él, a lo que contestó “Okay”, y Akiba comenta “Sí, ésa era su manera de ser”.

            “Él me dio muchos bellos recuerdos, y aun así pido más de él; lo estoy acosando y le sigo pidiendo más aún después de muerto. Soy una chica egoísta” – Hiroko Watanabe

            Akiba despierta a Hiroko para que contemple el bello amanecer, pero cuando le dice que la montaña que contempla es en dónde murió Fujii, la escena y el semblante cambian para dar paso a uno de los pasajes más bonitos, más conmovedores, más tiernos, más representativos de todas las películas que he visto en mi vida.
           
            “Da una buena mirada, porque Itsuki está ahí” - Akiba
Akiba gritando a la Montaña

            Akiba le empieza a preguntar a su amigo muerto que si sigue cantando, que si no tiene frío ahí, también le dice que ya le quitó a Hiroko a lo que el mismo se contesta “De acuerdo”. Akiba anima a Hiroko que desahogue todos sus reclamos, todas sus frustraciones y todo lo que siente (en lugar de escribir cartas al cielo). Una Hiroko timorata avanza con dificultad a través de la nieve, tan pequeña como es pero impulsada por ese amor contenido por dos largos años de luto, y va por respuestas hacia una montaña que no está dispuesta a contestar. Corre hacia ésta y empieza a preguntar:

            “Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!” – Hiroko Watanabe
"Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!"

            “¿Estás bien? ¡Yo estoy bien!” Es lo que decía esa primera carta que le envío unos meses atrás a lo otra Fujii Itsuki, mientras en el hospital de Outaru, ésta repite simultáneamente las mismas líneas que Hiroko grita a la montaña con tanto sentimiento y pasión “Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!” Esto pasa ininterrumpidamente hasta que Hiroko se desploma entre lágrimas ya que, por fin, se ha desprendido de ese anhelo de desahogarse con su difunto prometido y seguir adelante. Mi primer contacto con la historia fue esta escena, pero eso no me impide llorar a montones cada vez que la veo aunque, la primera vez que la ví completa, mis lágrimas estuvieron a punto de agotarse.

            Itsuki recuerda la muerte de su padre y se la empieza a relatar a Hiroko, pero más que darle a entender que ya sabía que Fujii estaba muerto, fue para relatarle la última vez que le vio en su vida, cuando éste le fue a pedir un favor y, sin saberlo ella, también fue a despedirse a su manera. Le pide regresar un libro, “¡Regrésalo tú!” le respondió Itsuki, pero él le dijo que no podía y por eso se lo pedía. Él quería decirle que se iba, pero no tenía el valor para expresarlo, así que sólo le da las condolencias por la muerte de su padre. Ella no sabía que ese libro contenía su despedida, misma que se hubiera mantenido en el olvido de no haber pasado toda esta magnífica historia que tuvo enterradas muchas muestras de amor clandestino por diez años.
La última vez que apareció Fujii

            “Ésa fue la última vez que lo vi” – Itsuki Fujii

            Cuando regresa Itsuki a clase, encuentra un florero en su lugar, como muestra de la simpatía de sus compañeros ¡y ella lo rompe! Fue una forma de emular el comportamiento de Fujii, y también da a entender que la vida sigue, no se detiene por una muerte o una partida, y está enojada por eso. A pesar de mudanzas, a pesar de muertes, a pesar de cambios, nos duele, enoja y entristece aceptarlo, pero al final lo hacemos (por las buenas o por las malas), sin cambios la vida carecería de sentido.
Itsuki regresando el libro a la Biblioteca

            Ella devuelve el libro “Recuerdos de los días perdidos” a la biblioteca mientras añora ese compañero al que se vio vinculada tres años por una coincidencia pero, a fin de cuentas, fue un importante lazo que lo convirtió en alguien digno de recordar. Hiroko entiende al final y le devuelve todas las cartas y fotos diciéndole “Gracias por compartirme esto pero, en realidad, todos los recuerdos son tuyos”. A pesar de que Hiroko conoció parte del pasado de los dos Fujii Itsuki, no le pertenecían a ella, así que acepta lo que a ella le tocó vivir con el suyo y sigue adelante.

            Hiroko fue la primera en darse cuenta de que Fujii estaba enamorado de Itsuki, por eso mismo él escribía el nombre de ella en las tarjetas de los libros y no el de él, como creía Itsuki; esto era para hacerle notar su amor. Esos sentimientos que tuvieron la fortuna de ser descubiertos, aún después de la muerte. Muchos de ellos que se mantienen ocultos, muchas veces no los decimos pero, no pierden intensidad por el hecho de no expresarlos, a veces hasta aumenta su potencia. ¿Por qué no merecen salir esos sentimientos ocultos? Por el miedo al rechazo, no tanto a la humillación, sino a saber que no se es correspondido, ese era el caso en esta película, pero fueron bien aceptados, aunque haya sido una década después.
Itsuki antes de la última carta

            Antes del bello final, viene una escena tierna, en la que el abuelo le comenta a Itsuki que el día que ella nació plantó un árbol y, en su honor, lo nombró igual que ella “Itsuki”. Así que ella, de manera tierna e infantil empieza a buscar su árbol con la guía del anciano y es muy bonito ver cómo se emociona al encontrarlo. Y ahí inicia la última misiva de Itsuki a Hiroko, una que fue escrita pero jamás enviada.

            Las niñas de la biblioteca visitan a Itsuki y le prestan ese libro que significó el último contacto entre los dos Fujii Itsuki, ella lo reconoce y se aguanta la impresión, sobretodo por las niñas que tiene en frente. Ellas le dicen “Ve atrás de la tarjeta” y al hacerlo ve su retrato y entiende todo y confirma las sospechas de Hiroko: Cada “Fujii Itsuki” escrito en las tarjetas de los libros era el de ella y no el de él. Tristemente no pudo desahogar todo ese sentimiento que le originó este descubrimiento (nuevamente por las niñas) y se puso a escribir esa misiva que, como bien dice ella, “Esta carta no te la voy a enviar”.

            ¿De qué se trata “Love Letter”? Muchos dirán que de un amor de secundaria, y tal vez sea cierto, pero no me puedo imaginar lo impactante que es descubrir dicho amor diez años después, darte cuenta que todo lo que pasó fue en nombre de un sentimiento que jamás fue expresado, además debe ser aún más fuerte saber que esa persona murió un par de años atrás. Esta historia de amor se hubiera mantenido oculta de no ser porque alguien tuvo la inocencia de mandar una “Carta al cielo”.

            También habrá quien diga que es una historia ridícula, por no decir cursi, tal vez ilógica y fantasiosa y puede ser que tengan razón pero, para mí, es una obra de arte y del corazón. No digo que sea la mejor de la historia porque sería bastante pretencioso, pero sí voy a decir que es la mejor película de MI historia, ya que no he vuelto a sentir algo así con ninguna otra. Es una obra que hace resonar algo profundo en mi ser. Obviamente he llorado a morir con otros filmes, pero esta película tiene un toque tan especial que no he vuelto a encontrar, por eso es perfecta para ser mi favorita y me siento muy afortunado de haberla encontrado.
El inicio de la película

            Por lo menos para mí, es una obra de culto; muchos podrán encontrarla aburrida o inverosímil, sé que no todos tendrán oportunidad de verla y, aunque lo hagan, sé que no todos experimentarán lo mismo que yo. Por eso mismo, cada cual en este mundo debe tener su filme favorito, y no necesariamente debe ser una que hayan visto millones de personas, ni siquiera debe ser de tu propio país o de Hollywood, simplemente llega el día en que la película te encuentra a ti y no sabes que estás a punto de contemplar la mejor historia que has conocido en tu vida.

            Hebert Gutiérrez Morales.