viernes, 27 de abril de 2012

Escuelas públicas y privadas

               «Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación».– Mark Twain

                Me considero alguien afortunado, ya que mi primera etapa escolar (Kinder, Primaria y Secundaria) la curse en instituciones de Gobierno. La Preparatoria, Universidad y Maestría las hice en escuelas privadas, tal vez no las más caras, pero de paga a fin de cuentas.

                Fue muy enriquecedor vivir ambas experiencias. En las públicas uno encuentra fácilmente camaradería, autenticidad reflejada en amistades más puras, en donde los intereses son menos. Sin embargo, también encuentras especímenes más “peligrosos”, nocivos y/o con calidad moral cuestionable. Pero eso también forma parte de la gracia de ir a instituciones de gobierno, porque uno aprende bastante de la selva urbana, en secundaria alguna vez escuche “Pareciera que nos entrenan para la guerra de Irak”. Ciertamente la vida en escuela pública puede ser más dura y salvaje pero, por lo mismo, más provechosa. Lo viví en carne propia con el bullying que recibí en la Secundaria, nunca más volví a experimentar algo parecido (dudo volver a sentir algo así hasta el final de mis días, y eso que ya estuve casado).

                Cuando ingrese a las instituciones de paga, note un ambiente extraño. A primera vista parece más civilizado, más educado y hasta refinado, una atmósfera muy “bonita”. Con el tiempo aprendes a detectar la falsedad atrás de esa fachada, conoces lo que son las poses, los intereses y las pretensiones. Es cuando factores como el dinero contribuyen fuertemente a tu atractivo o popularidad. Tal vez sea un ambiente menos hostil a primera vista, ya que físicamente eres respetado, así que es agradable ya no tener que cuidar el pellejo y vivir de manera tranquila. Sin embargo, la violencia moral y social es implacable por lo que toda esa tranquilidad que ganaste, la pierdes por mantener las apariencias y/o un Status Quo.

                No quiero caer en el error de generalizar. Obviamente hay gente fantoche en las escuelas públicas como gente salvaje en las privadas. Sin embargo, hay que admitir, que el medio para que estos especímenes proliferen cambia radicalmente de una a otra institución. Cada cual tiene una personalidad endémica (por llamarlo de alguna manera). Me alegra haber estado en ambos ambientes ya que enriqueció mi percepción de la realidad.

                Normalmente, aunque no siempre, las privadas suelen tener mejor nivel educativo que las públicas. Naturalmente ése es el punto central de la educación, por lo que elegiría una privada para mis (hipotéticos) hijos. Pero, si hacemos de lado ese hecho, podré ser llamado naco, mediocre y demás calificativos, optaría por una pública, ya que son más divertidas y reales en cuanto ambiente y enseñanzas de la vida real.

                Se aprende mucho en ambas instituciones: en una comprendes a los madrazos físicos y en otra a los madrazos psicológicos. El convivir con personas distintas (sin importar clase social, ideologías, religiones, equipos de fútbol, etc.) es muy productivo para tu bagaje cultural. Te enseñan más allá de los libros y el pizarrón, ya que casi nada de lo que vi en la carrera me sirve en el trabajo, pero mucha de la interacción que tuve sí me ayuda en la oficina. A veces no es tan importante la inteligencia cognitiva como la emocional, la cognitiva te la fomentan en las aulas, la emocional fuera de ellas pero aún dentro de la escuela.

                Tenía una amiga súper inteligente en VW, muy trabajadora, movida, lista, alegre, avispada entre otras tantas virtudes. A mí me consideran una persona de carácter difícil, pero ella me dejaba atrás y por mucho trecho. A pesar de que era la mejor de su grupo, se optó por recortarla, debido a su actitud tan independiente y tan poco adaptable al resto del equipo. Ella me lo confesaba, su rendimiento era superior al resto, sin embargo, no se adaptaba a ellos. Por lo tanto, por más “estrellita” que fuera, optaron por sacrificarla antes que a otros individuos con menor rendimiento pero mejor actitud grupal.

                Al igual que mi amiga, tenía el mismo error, afortunadamente en la empresa empecé a comprender la importancia del trabajo en equipo, algo que me negaba aprender a raíz de mi traumatizante experiencia en la Secundaria. Al final uno no puede trabajar solo todo el tiempo: se brinda y solicita apoyo, sin importar las capacidades individuales, porque todos necesitamos de todos. Esto lo aprendes en la escuela, aunque no precisamente en los libros de texto.

                Ahora que hago consciencia con este escrito, me parece que mis padres bien pudieron enviarme a escuela privada desde el mismo Jardín de niños. Desconozco por qué no lo hicieron y, honestamente, no me quejo. De haberme privado de esas experiencias tan jugosas, seguramente mi visión existencial estaría (aún más) sesgada.

                Las escuelas son una especie de laboratorio para la vida cotidiana. Hay personas que “brincamos” de la pública a la privada y, en automático, el status social cambia. En la pública era de los afortunados pero, al llegar a un ámbito más ostentoso, pase a ser de los Standard. Hoy en día eso me es irrelevante, pero en la adolescencia (en donde buscas la identidad con pasión) era algo muy importante. Aprendí mucho de esa dinámica social que nadie admite, pero que la mayoría aplica y que tanto odio: “Cuánto tienes, cuánto vales. Nada tienes, nada vales”.

                En mi último año de Preparatoria estaba consternado sobre la posibilidad de ir a una Universidad pública, me preocupaba bastante porque, para mi Status Quo, tenía que asistir a una privada (sin importar el nivel, sólo que fuera de paga). Obviamente no estaba preocupado por mi formación académica, sólo me interesaba la etiqueta social, la identidad que estaba adquiriendo y los círculos que pudiera frecuentar. Al paso de los años, estoy seguro que mi vida no hubiese sido tan distinta de no haber ido a una privada tal vez, si hubiese sido menos inmaduro, hasta una buena universidad pública hubiese escogido, para revivir mucho de ese ambiente que experimente en mis primeros años.

                ¿En realidad importa ir a una escuela de gobierno o a otra privada? Como ya mencione líneas arriba, si tuviera hijos, los mandaría a la mejor escuela disponible, por lo que sería una privada al alcance de mi presupuesto.  Sin embargo he constatado que la escuela es tan buena como uno le saque provecho. He visto gente valiosa, la cual ha crecido mucho profesionalmente, y que egresaron tanto de privadas como de Gobierno. Y también conozco casos que se quedaron en la mediocridad, saliendo de ambos ámbitos.

                La calidad personal no es determinada por la escuela (aunque una buena sí ayuda). Honestamente, tuve mejores opciones para mi  Carrera y mi maestría, pero les he sacado bastante provecho en mi trayectoria laboral. El monto que pagues no determina lo bueno que vas a ser, esto va ligado al compromiso personal de aprender en todos los aspectos posibles, porque uno cosecha exactamente lo que siembra.

                La educación en sí no se puede comprar, simplemente se mama desde la casa. Los valores que uno recibe en el hogar, como el respeto a los demás, la sencillez que tiene uno al saberse igual que el resto. Cuando se está consciente de que todos somos mortales, el dinero que uno tenga o deje de tener pasa a segundo término. Los principales responsables de que sus engendros tengan alta calidad moral son los tutores. La escuela enseña, los padres educan.

                Antes de finalizar, sé que a un nivel estoy romantizando, también sé que parte de lo que escribo trae una nostálgica subjetividad. Reconozco que la calidad de educación pública que recibí es muy superior a la que se imparte hoy en día. La formación de los alumnos es lo de menos cuando la mayoría de los maestros (no todos) tienen en mente temas económicos, políticos, sindicales, y tantos intereses ajenos al alumnado;  el resultado es la educación tan mala actual (y el tener malandrines y holgazanes como alumnos, tampoco ayuda mucho).

                Creo que, aunque fueron mis primeros años, me siento más identificado con el ambiente desenfadado y salvaje de escuela pública, con poses menos fuertes y camaradería más auténtica, por eso considero a las escuelas de Gobierno como mi Alma Máter.

Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 22 de abril de 2012

Mis Lentes (Parte II)


                “Can you see the beauty inside of me? What happened to the Beauty I had inside of me?” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

                Para los que quieran leer la primera parte, puede dar click aquí.

                Recientemente he hecho nuevas amistades, entre ellas una chica trece años menor, misma edad en la que empecé mi vida laboral. Ella posee muchas de mis cualidades, pero con una autenticidad y frescura más palpables por los años de diferencia.  Por lo mismo me da mucha ternura escucharla y, al mismo tiempo, algo de nostalgia. Recuerdo la manera que veía la vida, aquellos sueños, esa limpia inocencia que, espero, aún poseer. Al compartirme sus planes futuros,  me hace cuestionarme sobre los míos, los que justamente tenía a su edad y me pregunto, ya dado por perdido mi caso: “¿Qué será de ella?”

Trato de no poner entredicho sus planes, y no me atrevo a decirle que muchos delos que ingresan al mundo laboral tienen metas similares y, con el trajín de las jornadas, se van perdiendo mientras encuentran una vida cómoda y cotidiana que brinda un ingreso mensual asegurado. Casi nadie consigue sus sueños originales, conforme la vida nos va vapuleando, desistimos en silencio y nos quedamos con el “premio de consolación” así que, paulatinamente, tendemos a olvidar o almacenamos en una urna esos sueños infantiles y juveniles, que es cuando el sistema capitalista nos acaba de comprar.

La mayoría permitimos que el Sistema nos mate en vida al domesticarnos, se nos implanta la ilusión de que somos libres de tomar el camino que queramos cuando, en realidad, estos senderos ya están prefabricados, simplemente se nos va cambiando de versión año con año. Seguramente mis sueños eran utópicos, pero valía la pena intentar conseguirlos.

Me encantaría ver a alguien que se mantuviera firme en sus ideales, esos que adquirimos a temprana edad. Tal vez por la añoranza de los míos, quiero que alguien más cumpla sus sueños; así me refrescaría a memoria, no de manera cognitiva (que los tengo muy presentes), sino recordar el sentimiento con el que los planee: esa pasión, entrega e ilusión con la cual quería lograrlos sin importar los obstáculos.

“Tengo tanto que contarte, que he perdido y que no encuentro, y entre algunas de estas cosas la frescura con que idee mis planes la primera vez” – Fernando Delgadillo (de la canción “Carta a Francia”)

Tal vez me he vuelto un cínico, ya que mis planes actuales se reducen a tener una existencia plena y tranquila, teniendo como base mi trabajo en VW, con algunos cambios periódicos para darle algo de novedad a mi acontecer, lo cual es el camino que tenemos la gran mayoría de los que aquí laboramos.

Como mencione en aquel primer escrito que le dio origen a este blog, cuando te dejas esclavizar por cadenas de oro, vendes muy baratos los sueños, el ímpetu juvenil, la frescura, la espontaneidad  y, si te descuidas, los remanentes de tu mancillada inocencia. A pesar de que vivamos en un mundo capitalista, y gocemos ampliamente de sus “bondades” ¿Cuál es el costo? ¿No es muy caro pagar con sueños una efímera comodidad? A cambio recibimos artilugios innecesarios pero que estamos programados para anhelar, mismos que no contribuyen a una existencia sana, como sí lo hacían esas metas que tuvimos al inicio.

“You had so much to offer, why did you offer your soul?” – U2 (from the song “Crumbs from your Table”)

La que inspiro este ensayo constantemente recibe comentarios (me incluyo) como “Eres muy tierna”, “Eres muy inocente”, “Aún no sabes cómo funciona la vida” y demás frases que dicen entre líneas “Eres muy ilusa”. Procuraré abstenerme de ellos, sobretodo porque es un recordatorio de lo que pasó conmigo, y parte de porque no soy lo que debí haber sido, sin importar el mecanismo de defensa que desarrolle para cuidarme de la gente maliciosa.

La “ilusa” en realidad tiene más claro de lo que se trata la vida, eso que al resto de vendidos olvidamos. Creemos nuestro paso por el planeta se trata de sacrificar sueños por una jaula de oro segura. Nacemos con una claridad impresionante, limpios de prejuicios, cuando sólo somos humanos y todavía no somos personas (que viene de la palabra Personaje). Vamos abandonando esa pasión inmaculada conforme envejecemos (y eso nada tiene que ver con la edad fisiológica). Tenemos la ilusión de que ser adulto significa el status de poseer; frecuentemente confundimos eso con el ser mejores humanos.

“The more you see the less you know, the less you find out as you go, I knew much more then than I do know” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

Para ser mejores de verdad, aún hay que tener sueños, principios, lealtades o valores, cuando aún nos importa lo que es correcto en lugar de lo que es adecuado; cuando lo ético es más importante que lo legal. Estoy avergonzado conmigo mismo, no con mi versión actual tan adaptada a este mundo, mi deuda es con aquel niño que se juró no olvidar los proyectos ni sueños, no olvidar todos sentimientos que lo hacen a uno percibir lo maravilloso de estar vivos. Tristemente muchos los fui descalificando como tonterías o ilusiones, y ni siquiera fui yo, pero permití que el resto lo hiciera. En un silencio cómplice permití que se me extirparan. Cuando te los quitan no duele tanto como cuando te sacan una muela pero, en momentos como éste, es cuando experimentas todo el dolor de manera retroactiva: te das cuenta de lo que solías ser y, sin saber cuándo, te preguntas “¿Cuándo permití que me cambiaran? ¿En qué momento deje de ser niño y me convertí en adulto? Ese mismo en que jure no convertirme”

“Ser joven es el primer mal, se quita con el tiempo si te haces de un lugar desde dónde dejes que todo siga igual” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

He alcanzado a proteger muchos de esos valores, ilusiones y sueños que me definieron como persona, los guarde celosamente en una caja fuerte bien resguardada en mi corazón, alma o esencia. Dudo que vuelvan a ver la luz pública, ya que son tesoros valiosos que no van a sobrevivir en este mundo perverso y corrupto, y no pienso perder ese último toque de autenticidad que aún me queda, ya que me nutre para ser un poco diferente, a pesar de ser una pequeña fracción de lo que alguna vez soñé, creí y jure realizar.

Gran parte de mi misantropía se basa en el poco respeto que tenemos por el mundo y hacia nosotros mismos. Sin embargo, el motivo más grande que tengo es eso que perdimos y que los animales aún conservan. El humano se cree superior al resto de animales debido a su vanagloriada consciencia o inteligencia, tachándolos de “salvajes” porque se dejan guiar por sus instintos y que carecen de sentimientos. Independientemente que soy muy escéptico y trato de ser objetivo, yo sí creo que los animales tienen inteligencia y emociones, a pesar de que los estudios demuestren lo contrario.

El caso es que nos creemos superiores cuando en realidad nos hemos disminuido gracias a esas sobrevaloradas características. Odio a la humanidad por coartarnos unos a otros esa limpieza animal y, peor aún, mantenemos el ciclo al truncar los sueños de las generaciones que vienen detrás. Así perpetuamos esta cadena de miseria y frustración.

No sé cómo sea en la actualidad, pero en mi niñez nunca me sentí frustrado (y no conocí a algún otro niño que lo estuviera). La frustración es otro invento humano, y surge al ponernos límites, al ponernos trabas, al ponernos prejuicios, cuando escuchamos tantos “no se puede” o “no se debe”, además de que se nos dan rutas predeterminadas a seguir.

Por eso valoro a mi amiga: por nutrirme de esa frescura que aún irradia; quiero guardar esa imagen por si, tristemente, acaba convertida en una autómata con visiones de autonomía como el resto de nosotros. Me llena de una cálida melancolía su limpieza de espíritu, por ser un recuerdo de lo que solía ser, y me sirve para limpiar esta alma poluta, la cual se ha ido contaminando en el camino, a pesar de que me prometí evitar que eso pasara.

“Time won’t leave me as I am, but time won’t take the boy out of this man” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

Por eso me gusta tanto leer historias de lo que debería ser la gente, en donde se muestran humanos con ideales, con autenticidad, con personalidad, lo cual no quiere decir que sean perfectos pero, a pesar de sus errores, siguen un camino que ellos decidieron. Lo que tanto admiro en la ficción ya no se encuentra con facilidad en la realidad y, tal vez, viva a través de los libros y de mis escritos, en una especie de tributo al ser que me plantee ser o que, probablemente, pueda ser si me atrevo a librarme de esta programación tatuada.

Muchas gracias a todas esas personas que no tienen miedo a ser ellas mismas, me recuerdan lo vital que es mantenerse fieles a su esencia e ideales. Eres libre cuando no tienes miedo, cuando aún no tienes precio ni nada que perder, esas almas que no se han llenado de ira o frustración, sin tener que haber vivido en una burbuja o una cueva toda su vida. Cuando te inculcan valores correctos y  vives de acuerdo a ellos, es fácil llevar una existencia limpia, y así debería ser siempre. Cuando encuentras algo más “útil”, acorde al mundo en que nos desenvolvemos, es cuando empezamos a cambiar.

“Si todo tiene un precio, ¿a dónde está el ideal que me  guiaron a creer y respetar?” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

Cuando confundimos valioso (sueños, ideales, valores, sentimientos, etc.) con caro (casa, coche, ropa, viajes, status, etc.) es cuando desviamos el camino. Hay muchos seres mezquinos que buscan una especie de revancha con el prójimo al pensar “Si no conseguí mis sueños, no veo porque alguien más deba de conseguir los suyos” ojalá que, como raza, empecemos a tener actitudes más leales y generosas con los que vienen detrás y evitar ese revanchismo a través de prejuicios y programaciones sociales que, eventualmente, los harán tan cuadrados y automatizados como los que tenemos la ilusión que somos libres.

Mi amiga es una gran excepción en cuanto a su limpieza de alma. Tristemente, las generaciones actuales ya están compradas desde la infancia misma, ya que se preocupan por cuestiones materiales y le dan valor a lo caro, como cuando se preocupan por un nuevo Smartphone o una nueva consola. Es triste que te compren los sueños desde pequeño y te los catafixien por X-Box, Ipod, Wii, Iphone y no sé qué tanto aparatejo vaya surgiendo.

Es raro encontrarse con alguien que no sabe mentir cuando le conviene y, por lo mismo, decir la verdad porque es correcto, aunque no te ayude. Es casi impensable no actuar de acuerdo a intereses ocultos y mantenerse auténtico y honesto. Es bonito cuando se tiene esa calidez para abrazarte cuando a uno le nace o el valor para decir las cosas como se sienten, siempre cuidando no dañar al prójimo, porque la honestidad va de la mano con el respeto, mismo que cada vez avanza más en su extinción en una sociedad dónde no tiene lugar.

“Hay tanto que cambiar y nadie empieza, a muchos les da miedo comenzar. Sienten que alguien espera que se salgan de la fila, para poder ganarle su lugar hacia ninguna parte” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

Cuando vives en un mundo de autómatas, es fácil convertirse en uno, dejando en el olvido o aletargados los sueños que tuvimos y nos definieron las metas a seguir aunque, después, nos desviamos hacia otros callejones sin salida.

Hace mucho tiempo actuaba y decidía más sobre lo que yo quería, sin importar que fuera o no políticamente correcto y sin importar intereses ajenos. Hoy en día tomo mucho en cuenta esos intereses, beneficios y las posibles consecuencias. El miedo que nos da perder, status o identidad; mismo miedo del que carecía hace trece años y el mismo que te da cuando adquieres compromisos, cuando te debes de comportar de una forma para no perder beneficios, cuando antes eso no importaba.

“Cómo tengo miedo de perder los pasos, de extraviar en algún lado las promesas y los sueños. ¿Cuál será el mejor camino? Estoy seguro que me dirías que tome ‘Áquel’: el que me lleve más lejos” – Fernando Delgadillo (de la canción “Carta a Francia”)

Uno se desvive por madurar, a través de todas las experiencias posibles, y es bueno para desengañarte de muchos prejuicios y, aun así, siempre hay más que extirpar. Lo verdaderamente sabio es lograr el equilibrio entre madurez y frescura, porque a veces nos pasamos de “maduros” y nos tornamos rancios, con lo que perdemos nuestra dulzura natural de origen: maduremos mas no nos pudramos, ni confundamos madurar con olvidar.

Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 14 de abril de 2012

Los Juegos del Hambre (Hunger Games)

«De entre todas las criaturas los humanos son las más detestables, pues son las únicas que infligen dolor por entretenimiento, sabiendo que están causando dolor». – Mark Twain


            Con la edad, me he vuelto intolerante hacia muchas cosas, ya que aprendí a identificar las prioridades a través de mi personalidad. También se puede decir que me enfoco en lo ya conocido y me cierro a las cosas nuevas, fortaleciendo mis prejuicios.

            No quería ver “Los Juegos del Hambre”, ya que tenía la impresión (después de leer la sinopsis) que era un “Refrito” de la película ochentera “The Running Man” protagonizada por Arnold Schwarzenegger y María Conchita Alonso.

            No podía estar más equivocado.

            Hay una frase que me encanta de Robert Fisher “Cuando aprendas a aceptar, en vez de esperar, te llevaras menos decepciones” y me fascina que constantemente compruebo su veracidad. Obviamente no fui a verla por voluntad propia, de hecho, fui sonsacado por una amiga que se especializa en hacerme ver películas que no me atraen, así que no esperaba NADA del filme, y me alegro, porque eso me permitió disfrutar sin ninguna expectativa.

            Salí del cine con un gran sabor de boca, pero nada especial. Sin embargo, al día siguiente, no podía sacármela de la cabeza y, por alguna razón que no puedo clarificar, seguía conmovido, mantenía ese sentimiento de calidez en mi pecho y una idea “hambrienta” en mi cabeza, así que no había salida: tenía que dedicarle un escrito. Esto me hizo regresar dos días después y volverla a ver, algo que no había hecho en muchos años, y nuevamente me fascinó.

            Advierto que, a partir de este punto, vienen muchos “Spoilers” así que si no la han visto, háganlo y después pueden leer con calma este ensayo.

            Lo primero que me llamó la atención fue la protagonista (Jennifer Lawrence), muy bonita PERO no la Barbie estereotipada que Hollywood acostumbra. Me pareció una belleza más terrenal, muy distante a esas “Diosas de la perfección” tan lejanas de mi realidad, por lo que resultó fácil que me enganchara a ella.

            A pesar de ser una obra ficticia, no por ello deja de mostrar la realidad que vivimos. La primera analogía que capté de la historia es el sometimiento de los doce Distritos por parte del Capitolio, igual que pasa con círculos del poder que nos tienen bien adoctrinados en este mundo y aún agradecemos por su “generosidad”, sabemos que estamos jodidos pero ninguno de nosotros se atreve a oponer resistencia.

            Este adoctrinamiento se nota al momento de elegir Tributos, cuando todos los jóvenes utilizan sus mejores prendas y se presentan de manera impecable, ¡a pesar de que son elegidos para morir! Al igual que las mafias que gobiernan al mundo: Nos desgracian la existencia ¡Y estamos agradecidos y ávidos porque lo hagan! Ejemplos sobran: La creciente dependencia a los avances tecnológicos, las drogas, la Televisión, el Internet, el consumismo y demás. Todo eso NO es necesario para vivir y, viéndolo de manera fría, nos va reduciendo la calidad de vida con la dependencia que tenemos, misma que permite que nos controlen a su antojo.

            Me encantó el diálogo entre Katniss y Gale, cuando él le dice: “Imagínate que nadie viera los Juegos del Hambre, sin duda estos desaparecerían” y es muy cierto. Muchas personas se quejan de tanta violencia, tanta pornografía y, en general, tanta basura en los medios de comunicación, pero ¿saben qué? Mientras la gente la consuma, ¡va a proliferar! y lo mismo pasa con la comida chatarra, los políticos chatarra, la educación chatarra, personas chatarra y tantas banalidades inútiles que se producen en el artificial mundo humano: cuando se dejen de consumir, se dejaran de producir.

            Cuando Katniss se ofreció en lugar de Primrose como Tributo, y piden un aplauso para ella, me encantó la reacción de los demás: le hicieron una especie de saludo honorable en reconocimiento a su valentía y lealtad.

            El breve papel de Cinna (interpretado por Lenny Kravitz) fue sobresaliente, es alguien que te inspira confianza y mucho respeto. En la presentación de los Tributos queda patente que la apariencia es fundamental en un mundo tan visual, la actitud que tomes y lo que la gente percibe de ti. Como escribí en otra ocasión: “Verte bien no te hace un mejor o peor humano, pero sí invita a los demás a averiguar qué tipo de persona eres" y eso es muy cierto en un lugar en donde la apariencia es lo primero que se valora.

“No quiero que me cambien. No quiero ser una pieza más en su juego, Quiero demostrarles que no les pertenezco” – Peeta Mellark

Otro momento que me pareció sobresaliente es cuando Katniss le pide a Peeta que muestre su fuerza antes los Distritos 1 y 2, ya que “Te están viendo como comida”. No vivimos en un cuento de hadas, el humano es como cualquier animal: Cuando huele sangre, va tras de ella. Si alguien te percibe como carne de cañón, ¡estás perdido!

En las muestras de habilidades, cuando Katniss ensarta la manzana de la trompa del cerdo, también es un buen mensaje: Nadie te va a dar respeto de buenas a primeras, debes ganártelo y de manera decidida. Aunque no se diga abiertamente, la gente timorata da hueva, es la gente cabrona la que resulta interesante y atractiva (ojo, por gente cabrona me refiero a decidida y segura, no a gente desleal y/o traicionera)

Hablando un poco de la estética tan estrafalaria de los habitantes del Capitolio, es otra crítica al mundo actual, en donde la gente pudiente, en aras de mostrar su valía se adorna en exceso con tanta tontería que resultan ridículos (a veces en accesorios, a veces en poses). Haymitch y Cinna eran las excepciones, ya que estaban cuidados pero no perdían naturalidad en su apariencia. Menos es más: la naturalidad de los Tributos, al carecer de tanto artilugio, era más elegante y agradable que la parafernalia del resto, los cuales se veían mal al estar disfrazados de cosas que no eran.

Las clasificaciones de los Tributos (en donde Cato consiguió 10, Rue 7, Marvel 9, Thresh 10, Peeta 8 y Katniss 11) es otra muestra de que nos encanta calificar y clasificar a los demás entre mejores y peores, a pesar de que algunos seamos hábiles para ciertas cosas e inútiles para otras, nos encanta compararnos con el resto, ya que ganas o pierdes status.

Es innegable que todos somos iguales: sangramos, defecamos, comemos, dormimos, lloramos, reímos, etc. Sin embargo, aunque pocos lo admitirán abiertamente, somos muy dados a sentirnos “superiores a” o “inferiores a”, casi nunca decimos “soy igual a” o “parecido a”. ¿Por qué menciono esto? Oí comentarios que decían “¿Pero cómo los ricos juegan con los marginados?” Sin embargo, perfectamente alguien podría tomar indígenas de Oaxaca, Chiapas o Veracruz, ponerlos en una arena para que peleen hasta la muerte y nadie se escandalizaría “porque los espectadores no los consideran de la misma calidad humana que ellos” y el rating sería alto.

Otro personaje que me encantó fue el de Haymitch (interpretado por Woody Harrelson), al inicio no pasa de un simple borrachín en busca de una muerte etílica lenta, cansado de una existencia vacua. Sin embargo, se va convirtiendo en un gran mentor, lleno de la sabiduría del que se ha hundido en la porquería y entiende su funcionamiento, lo cual le sirve para orientar a sus pupilos y apoyarlos, aún a lo lejos.

            Es justamente a Haymitch quien atestiguó una de los momentos más reveladores pero disfrazado por un halo de irrelevancia: Una pareja le regala una espada de juguete a su hijo y éste, emocionado, juega a matar a su hermana, emulando los Juegos del Hambre y encontrando aprobación en la risa de los padres. Como espectador  percibes lo decadente de la escena pero, no tiene nada de ficticio porque, esa misma corrupción es la que se inculca a los infantes desde el inicio de la (mal llamada) Civilización.

“No se me permite apostar pero, en caso de que pudiera, lo haría por ti” – Cinna a Katniss

            Valentía no es carecer de miedo, sino enfrentarse a él. La escena entre Katniss y Cinna antes de que ingrese a la Arena, es magistral porque, aun sabiéndose capaz de sobrevivir, el enfrentarse a una posible muerte hace palpable el miedo de ella, de hecho no es necesario dialogo alguno, el evidente y vívido sentimiento de terror que la invade resulta conmovedor y empatizas con ella.

            La cuenta regresiva, cuando todos están en sus tubos de salida, resulta muy intensa y estresante. ¿Qué vas a hacer? ¿Huir o arriesgarte a que te maten por un kit de Superviviencia?  Todo esto mientras se ven los unos a los otros, una gran escena en verdad. En toda esa masacre, Clove le dio dos regalos a Katniss: evito su muerte y le proporcionó un cuchillo muy útil para sobrevivir y ¡todo por intentar matarla! No cabe duda que los obsequios de la vida vienen envueltos en las crisis.

La unión entre los Distritos 1 y 2 para matar a la “Chica en llamas”, que había ganado mucha atención, también nos demuestra otra faceta humana: basta que uno brille para que el resto quiera tumbarte. Es cuando el resplandor propio molesta a almas mezquinas que no pueden soportarlo.

            Hay ocasiones en donde un “¡Gracias!” con auténtica gratitud dice más que un discurso completo. Esto paso cuando la protagonista recibió el ungüento para curar su herida en la pierna, la intensidad que nos regala en una única palabra te transmite su profundo agradecimiento.

            He oído algunos comentarios que dicen “¿Pero cómo podrías matar de buenas a primeras a tu semejante?” En realidad eso no me escandalizó, ya que tengo la seguridad que en una situación de matar o morir, cualquier ser humano es capaz de asesinar a otro, sin importar género, origen o edad. No puedo decir que así era nuestra naturaleza en un inicio porque (supongo) sólo matábamos para alimentarnos o defendernos. Sin embargo, desde el comienzo de la mal llamada “Civilización” y el concepto de “Poder”, es cuando el homínido ha tornado su esencia violenta y, aunque algunos quieran creer lo contrario, no hemos cambiado en milenios.

            La breve vínculo entre Rue y Katniss es muy tierno y un bálsamo en un ambiente en dónde te debes cuidar de todos. Tener una amistad verdadera en un mundo de apariencias es invaluable. La manera en la que la pequeña la ayudo, el alimento que recibió como agradecimiento, los cuidados y cariños mutuos propiciaron, en un momento fugaz, una atmosfera muy bonita de profunda amistad fraternal.
Rue: Mi hija adoptiva

            Agradezco haber ido a solas la segunda vez, ya que pude llorar a mis anchas la muerte de Rue. Esta chiquilla robó mi corazón con su candidez, sus expresiones tan dulces y tiernas, tal vez por eso mismo (y por su físico) la llegue a tomar como mi hija inconscientemente. Por eso me dolió de sobremanera su asesinato.

            Y sólo el inicio, porque la reacción de Katniss, la canción de despedida que le regala, las flores como ofrenda y su llanto tan devastador. Todo esto culmina con el mensaje tan profundo que envía la Señorita Everdeen a los del Distrito 11, con su saludo tan honorable, respetuoso y sentido; mismo que provocó la respuesta que ella, aunque no lo ve, sabe que está recibiendo. Para mí, todo este pasaje (la amistad de ambas, la muerte de Rue y su ceremonia luctuosa) es lo más intenso de todo el filme y, a pesar del triste final, mi parte favorita de la película.

            Cuando se reencuentran los del Distrito Doce hay dos hechos que me llamaron la atención: Primero, la cara de Katniss cuando recibe la sopa y lee el mensaje, ¡es maravillosa! Segundo, a pesar de que ella aprecia a Peeta, mas no lo ama, entiende y recuerda el consejo de Haymitch, así que empieza a fingir un amor en vías de salvarse como equipo y, de paso, darle ánimos de sobrevivir su compañero. Es triste, pero cierto, en la vida hay ocasiones en la que debes pretender ser alguien o sentir algo para salir avante, hasta almas auténticas como la de ella caen en esa trampa de la sociedad humana. Sin embargo, tarde o temprano, tendrás que pagar la factura de estas acciones.

            “En esta ocasión te voy a dejar vivir #12, por Rue” - Thresh

            El hecho de que metieran a los animales predadores o, antes, cuando iniciaron el incendio para regresar a Katniss, sólo deja patente lo que pasa en el mundo. La mayoría dicen que actúan por un bien común, cuando en realidad lo hacen para satisfacer fines propios, sin importar que eso no sea generalizado o éticamente correcto. Un claro ejemplo de esto se ven en los círculos del poder: en el discurso dicen que ven por tus intereses, pero las acciones dicen algo muy distinto.

            El dialogo final de Cato demuestra que él entendió, aunque sea al final, la manipulación del párrafo anterior: “Ya estoy muerto, era así desde el comienzo, ¿cierto?” Al entender que él no era el elegido para ganar, sino la pareja del Distrito 12, fue que no mató a Peeta, de alguna manera él quería contribuir a ese “Final feliz”.

Cuando les anuncian que restituyen la regla de un solo ganador es un momento de tensión: “¿Qué van a hacer? ¿Se van a atacar el uno al otro?” es lo que pensaba. La inteligencia de la Srita. Everdeen, con algo de influencia de Gale, sale a relucir y los evidencia al amagar con dejarlos sin ganador. Ciertamente si ella hubiera matado a Peeta, todos la hubieran festejado y el juego se hubiese perpetuado. Si se hubieran quedado sin ganador el juego se hubiera fastidiado, y por eso mismo los detuvieron: no porque valoraran sus vidas, sino para que no echaran a perder su entretenimiento. A veces basta la acción valiente (e inteligente) de un individuo, en el momento oportuno, para evidenciar la corrupción de todo un sistema.

La Esperanza es lo único más fuerte que el miedo” – Presidente Snow

Y continuando con el entretenimiento, en vez de echarles en la cara lo decadente de su sociedad y de sus Juegos, Katniss tuvo que continuar la farsa del amor a Peeta para justificar sus acciones y salvar (temporalmente) el pellejo. A todo el mundo le gustan las historias de amor, pero a nadie le gusta que le digan verdades en su cara.

Aunque queramos mantener que la sociedad actual no está tan degradada como la del filme, ¿Qué opinan del gran auge que tienen eventos violentos que nos dan entretenimiento? Por ejemplo las peleas de la UFC, el Box, las peleas de Gallos, las corridas de Toros, las peleas de Perros, los Vídeos Snuff y otras tantas actividades clandestinas que no son tan conocidas. Creemos que somos mejores que esa historia pero en realidad, si todavía hubiera peleas con gladiadores y leones en el Coliseo Romano, estoy seguro que tendrían gran éxito.

            Al final pude identificar el sentimiento que lleve conmigo la primera vez, era la incertidumbre de Katniss por su evidente amor por Gale y por el creciente cariño por Peeta, a pesar de que éste no entiende que muchas acciones fueron en pro de salvarles y ella no sabe cómo decirle la verdad. Ese punto que llega cuando, por más buena que sea la mentira, debes encarar la realidad.

            Me hubiera dado por bien servido si la historia hubiera acabado ahí, pero me he enterado que es parte una trilogía de libros, lo cual me despierta un sentimiento agridulce: por un lado puedo seguir disfrutando de las aventuras y fortaleza de Katniss y compañía pero, al mismo tiempo, eso es lo que me entristece, ya que existe la posibilidad que se prostituya una buena historia en pro de un mayor éxito económico.

            Al enterarme que va a haber continuación, entendí el ademán final del presidente Snow, ya que a las personas del poder no les gusta perder en su juego, y menos si los evidencian en el camino, así que vienen por venganza cual bestia herida.

            Voy a leer los libros, aunque me gustaría esperar hasta ver todas las películas, ya que las quiero disfrutar antes de ver que la historia escrita es superior (como suele suceder).

            Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 8 de abril de 2012

¿Adicto yo?

“Un hombre ha de tener vicios, a ser posible de categoría, o cuando llega a la vejez no tiene de qué redimirse” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

            Este fin de semana largo (cuatro días), tenía muchos planes: ver tres películas, escribir tres ensayos (no necesariamente éste), leer un par de libros, además de realizar mis rutinas físicas, lavar la ropa y los quehaceres de la casa. Sólo cumplí cabalmente el ejercicio, el lavado de ropa y los quehaceres, ya que no ví ninguna película, apenas termine un libro pequeño y (si tengo suerte) acabaré este ensayo en la tarde del Domingo. ¿La razón? Solitario Spider.

¿Quién no tiene vicios en esta vida? Muchos podrán argumentar “No, yo soy muy religioso”, el fanatismo es una de las peores adicciones. Alguien podrá decir que es muy culto, ¿Qué tal esas personas que se adentran tanto en sus actividades culturales que se alejan (aunque no los culpo) del resto de la humanidad? Otros serán muy deportistas y cuidaran mucho su físico, pero la vigorexia es una adicción en sí misma. A fin de cuentas TODOS tenemos vicios, algunos más dañinos que otros, pero parece que es algo inherente a la naturaleza humana ACTUAL.

¿Por qué recalco lo de actual? Por el origen mismo de estos vicios, en este mundo tan vertiginoso, buscamos con tanto anhelo nuestra razón de existir a través del placer, y si es ilimitado mejor. Cuando encontramos algo que nos gusta, no tenemos la paz interior para disfrutarlo en su momento y punto; al contrario, queremos repetir y, de ser posible, incrementar ese placer recibido en aras de hacer nuestra existencia felizmente placentera. Ése es un problema de raíz que tenemos como humanidad: estamos en busca de la felicidad sin comprender que ésta es efímera, cuando deberíamos buscar la paz interna que es algo más constante (si les interesa más el tema les recomiendo ampliamente “El Poder del Ahora” de Eckhardt Tolle).

Cuando me compre mi Lap Top (hace casi dos meses), venían algunos juegos instalados, entre ellos mi perdición: Solitario Spider. Es un juego de cartas como el Solitario clásico pero más complejo, divertido y, tristemente, adictivo. Al inicio no lo pelaba mucho, pero al jugarlo me encantó, domine fácilmente el nivel principiante y, actualmente, estoy en búsqueda de romper mi récord en nivel Intermedio antes de pasar al avanzado (se me escurre la baba de sólo pensarlo).

Algo que aprendí en una clase de mercadotecnia: es difícil igualar la experiencia de la primera vez (sea un helado, un viaje, un platillo, una droga, etc.), por lo que constantemente  incrementamos la dosis en busca de esa satisfacción inicial, la cual NUNCA se va lograr (a menos que borraran nuestra memoria sensorial).

Las personas tenemos la capacidad de volvernos adictos a cualquier cosa. En una ocasión conocí a alguien que DEBÍA comprar ropa nueva para asistir a alguna fiesta, no importaba el dinero, era capaz de incrementar sus deudas por asistir a los festejos con atuendo nuevo. Su guardarropa tenía más piezas de las que jamás tendré en toda mi vida (aun suponiendo que llegue a viejo). Alguna vez intente hacerle ver que tenía demasiada ropa (y zapatos) así que perfectamente podía dejar de comprar prendas nuevas y saldar sus deudas, por respeto al público, voy a resumir su respuesta a “¡No quiero!”

Pero ¿quién soy yo para juzgar? ¿Acaso no eche a perder mi fin de semana por un maldito juego? “¡Otro juego!” en lo que estaba el centrifugado en la lavadora “¡Un juego más!” en lo que se guardaban archivos a mi USB, “¡El último y ya!” antes de dormir, no importaba que sólo tuviera un minuto libre, era razón suficiente para iniciar una nueva sesión. Tal vez el motivo sea distinto (ropa, dinero, comida, electrónicos, autos, sexo, etc.) pero el anhelo es el mismo: “¡Necesito más!”

"Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos" - Confucio

Tristemente no es la primera vez que he caído en estas conductas obsesivas. Por ejemplo, mi gula puede llegar a niveles sobrehumanos ya que puedo comprarme una cubeta de cuatro litros de Yoghurt “para todo el mes” (me digo ingenuamente) y en un rato comérmelo todo. Los carbohidratos también son mi perdición, puedo consumirlos con singular alegría y sin sentir culpa alguna (sólo en ese momento). Además ya tenía mi historial con los vídeo juegos, y por lo mismo no tengo consola alguna, porque sé que mis horas de sueño se reducirían de ocho a cuatro en automático por esa necesidad mía de “avanzar de nivel mientras venzo a la maquina”

Tal vez soy un exagerado, ya que no tengo ninguna de las adicciones más nocivas del mundo: alcohol, tabaco y droga. Una vez probé el cigarro y me pareció detestable, no entendía cómo las personas podían consumirlo. Sobre la droga, tal vez tengo apariencia muy ñoña, porque nunca me han ofrecido alguna y sobre el alcohol, tengo una pequeña historia.

Al ingresar a la Preparatoria intente recuperar el tiempo perdido e integrarme a mis compañeros, por eso asistí a todas las fiestas y, pensando que era lo “cool”, me emborrachaba hasta las manitas. Esto paso unas seis ocasiones y siempre me quedaba en casa de un amigo a dormir, así que nunca me vieron briago en casa. La última vez me dio una resaca espantosa y así me encamine a mi hogar. Mi papá es alcohólico y, al llegar a la sala, lo ví en un estado deplorable y ahí me hizo “click” el asunto: No quería acabar en esa misma situación.

Durante los siguientes 18 años no tome gota de alcohol, por ese pavor a volverme alcohólico (el cual es enorme cuando eres hijo de uno). Ahora, el miedo nunca ha sido la respuesta a nada. “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre” se dice que todo en exceso es nocivo para la salud, el secreto está en ser suficientemente consciente y maduro para no caer en la trampa de la adicción y encontrar el equilibrio.

            «Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé como 100 veces».– Mark Twain

 Tendrá ya tres años que, en reuniones con mis amigos, he aprendido a tomar una o dos copas ligeras, porque ahora sé que eso no me va a volver adicto. Sin embargo ya estoy acostumbrado que en mi vida no haya lugar para el alcohol;  tal vez dos veces al año logren agarrarme de buenas, si la ocasión lo amerita, para tomarme una copa.

A inicios del Siglo pasado, el alcohol era prohibido en los Estados Unidos, pero hoy en día es legal y cualquiera lo puede consumir incluso menores de edad (no queramos tapar el sol con un dedo). Antes era nocivo para la salud y ahora ¿ya no lo es? ¿Daña menos nuestro cuerpo? ¿Cuál es la diferencia entre antes y ahora? ¿Por qué se legalizó? ¿En verdad se preocupan por nuestra salud? O ¿Es Cuestión de negocios?

En el asunto de las adicciones, como en casi todo lo que nos rodea, somos mustios: tanto el tabaco como el alcohol, que son más letales que la marihuana o el peyote, son drogas legales y nadie hace escándalo porque se vendan en cualquier esquina. Pero aquí el bienestar es lo de menos, lo que importa es el dinero. Por el lado del alcohol y el Tabaco hay Industrias muy poderosas en ambos ramos y con un poder económico enorme en los países en donde se comercializan (o sea, casi todo el mundo), así que no importa el daño que le pueden hacer al cuerpo, esas sí son legales y no hay problema con ellas.

Soy de la idea que se debería legalizar la marihuana, a fin de reducir los problemas de narcotráfico, pero eso nunca va a pasar en América (todos los países del continente, no sólo nuestros vecinos del norte que se creen los únicos Americanos): Los narcotraficantes no quieren que sus productos se legalicen, porque perderían el negocio, además cuentan con el apoyo de los Políticos y funcionarios que tienen comprados en distintos gobiernos para que se “faciliten” sus actividades.

En cuanto al cigarro, no me digan que esos anuncios agresivos que ponen en las cajetillas van a hacer desistir a los fumadores, a ellos no les importa si dice “Tu Alma me pertenece si te los fumas, Atte. El Diablo”, Ellos son adictos y no les interesan los mensajes, sólo quieren desahogar su angustia y librarse por un momento de los problemas que los aquejan (o por lo menos tomar el Placebo que les da sensación de confort). ¡Ah! Pero las tabacaleras tan buenas nos advierten que nos están matando.

Si colocamos nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos en manos de un gobierno, de alguna Institución o de la Sociedad entonces ¡Estamos fregados! Cada cual es responsable de su propia Salud y la de sus hijos, a través de una sólida educación. No tomo alcohol, no fumo, nunca he probado droga alguna y ¿eso se lo debo al gobierno? ¡Claro que no! Se lo debo a la educación materna recibida respecto a estos temas.

La educación y/o valores en el seno familiar es lo que nos debe de preocupar y no ver que si el gobierno está haciendo algo por matar a los narcotraficantes y quemar los sembradíos.  Los hijos van a encontrar droga sin problemas, yo mismo podría encontrarla fácilmente si me lo propusiera. El caso no es acabar con la oferta de Droga, sino evitar que sus respectivos engendros no se vuelvan potenciales consumidores.

            El problema de las adicciones no es del mundo, los gobiernos o la sociedad, es de cada individuo, al ser responsable de su vida y decisiones. Si alguien está en drogas, ¿alguien le puso una pistola para hacerlo? ¿Los amenazaron para que se fumaran un cigarro? ¿Los golpearon para que se emborracharan? Creo que ya sabemos la respuesta.

            «Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño».– Mark Twain

Una vez que uno conoce lo prohibido, no hay manera de evitar que uno lo consiga. ¿Soy un santo por no consumir drogas aunque pueda conseguirla? Nop, simplemente no lo hago porque no la necesito. Pero esta actitud no fue de gratis, ya que no necesito probarla para saber que representa más costos que beneficios. Aclaro que en ningún momento fui amenazado ni satanizado respecto al tema, sólo se habló conmigo en un ámbito de confianza y respeto.

Finalmente, y regresando a mi situación, a pesar de mi formación, no lo voy a negar, tengo miedo que si, algún día, pruebo alguna droga o contrato algún “sexo servicio” me vaya a gustar y encandilarme a esos caminos de perdición, prueba de que me falta mucho por aprender, madurar y tranquilizar mi alma. Mientras pienso en eso, voy a echarme otro jueguito del Solitario Spider (Espero ahora sí romper mi récord ¬_¬U).

            Hebert Gutiérrez Morales