sábado, 31 de marzo de 2012

La Sombra del Viento

“Un libro es un espejo, sólo podemos encontrar en él lo que ya llevamos dentro, al leer ponemos mente y alma, y esos bienes son cada día más escasos” – Beatriz (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

Cuando mi gurú literaria (y una de mis amigas más queridas y admiradas) Lesly me dice: “Hebert, ¡debes leer este libro!” Es que hay algo valioso a la vista. Sin embargo, nunca pensé que me iba encontrar con algo estupendo, una muestra de magnífica y enviciante literatura como “La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón (CRZ a partir de este momento).

                Parte de mi neurosis literaria consiste en leer la obra integra (sin incluir las cuestiones legales o los datos de impresión), así que me chuté todas las reseñas recopiladas al inicio de la publicación, de hecho, gracias a tantos comentarios tan desbordados, la odie antes de empezar a leer con el pensamiento “¡Pinche libro! Donde me salgas que no eres tan bueno ¡te voy a desechar de inmediato!”, afortunadamente merece todos esas alabanzas y aún más, ya que está entre los tres mejores que he leído en mi vida.

                Te encuentras con un estilo muy agradable y cómodo, el cual resulta sencillo y, al mismo tiempo, muy elegante. Desde el mismísimo inicio ya vas experimentando ese toque de melancólica nostalgia, misma que te van a ir dosificando a lo largo de la obra y que es de lo que más agradeces: esos momentos en que te conmueves y sueltas un “¡¡¡¡Aahhh!!!” acompañado con alguna lagrimilla, y es que CRZ es un genio auténtico para transmitir esos sentimientos que todos hemos experimentado, pero pocos saben cómo expresarlos y aún son menos los que lo pueden plasmar de forma tan magistral en una obra.

“A veces creemos que la gente son billetes de lotería: que están ahí para hacer realidad nuestras ilusiones absurdas” – Isaac Monfort (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

La manera de manejar la historia es soberbia, poco a poco van ingresando los personajes, los vas saboreando y te los vas imaginando, cada cual con su singular personalidad que resulta cautivadora. Del mismo modo se va armando la historia alrededor de este desmenuzamiento de caracteres. Es como si encontraras un hilito suelto y lo empiezas a jalar de a poco, y cada vez hay más y empieza a cambiar de color y textura. 

Esta historia es camaleónica y muy versátil, ya que encuentras de todo: misterio, amor, crueldad, amistad, suspenso, terror, venganza, honor, asco, frustración, desesperanza, tranquilidad, melancolía, ternura, comedia y demás. Imposible mantenerse indiferente ante superlativa obra. Un buen libro se califica por los intangibles que te proporciona, independientemente de la publicación física en sí, y de las ideas plasmadas en la obra, agradezco todos esos momentos que me hacían cerrar de golpe el libro, así me tomaba un momento para meditar lo ocurrido y retomaba la aventura.

Las historias de Julián Carax y Daniel Sempere son las principales que, sin darse uno cuenta, se van transformando en una sola, a través de coincidencias que resultan la delicia de todo lector. Sin embargo, hay decenas de historias que se van desarrollando a lo largo de las páginas, mismas que van complementando toda esa magia que este libro te regala: es como si fueras en un gran pasillo con un montón de puertas y, conforme vas avanzando, vas entrando a cada una, la recorres y regresas al corredor principal con un poco más de experiencia.

“Lo bese en la frente, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida” – Daniel Sempere (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                A esta altura voy a aclarar que no les voy a destripar NADA relevante dela obra, porque todos merecemos disfrutarla sin que algún imbécil nos diga qué pasa y, aún con ese detalle, las sensaciones y reflexiones que me provocaron bastan y sobran para este ensayo.

                Al inicio me fui identificando con todas las tonterías que cometió Daniel Sempere, y me sentía muy molesto, porque compartía esas estupideces que uno hace en nombre del amor (o lo que uno confunde con amor) y por las cuales uno empieza a recibir sus primeros maltratos sentimentales.

                Una cosa es tener talento para plasmar una historia de forma genial, pero algo muy distinto es tener la brillante inteligencia que demuestra CRZ a lo largo del texto: ¡es un filósofo moderno!, toda la historia está plagada de sabiduría de vida, de frases que rayan en lo soberbio. Gracias a todas esas ideas me tarde más en la lectura (hecho del cual no me quejo), primero al releerlas, segundo al saborearlas y tercero al transcribirlas para mis Frases del día.

“Lo difícil no es ganar dinero, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida” – Miquel Moliner (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Si hacemos memoria, muchas de nuestras relaciones más importantes se han dado por maquinaciones del destino, esas personas con las cuales no pensaríamos que algún día tendríamos tan estrecha relación y que hoy nos resultan vitales. De igual forma, en esta historia, unos se van conectando con otros que, en circunstancias normales, jamás se hubieran cruzado. Lo mágico de este libro es que expresa lo ordinario de forma extraordinaria, no hay ningún personaje inverosímil, todos son humanos de carne y hueso, pero brillantemente delineados y planteados que parecerían los mejores de cualquier novela (y probablemente lo sean).

                Para escribir este ensayo, he tenido que releer alguna partes del libro y, felizmente, me doy cuenta, que lo voy a tener que volver a leer en su totalidad, y es que los diálogos y situaciones toman un sentido totalmente distinto a la primera vez que los vives. Al ser una obra tan indescifrable, uno le va dando ciertos matices a algunas situaciones, cuando en realidad tenían otros distintos. Ese es otro hecho que agradecer a CRZ: te regala dos lecturas diferentes del mismo libro, algo que muy pocos tienen el talento para lograr.

                Nunca he estado en España, por lo tanto no conozco Barcelona, los que han estado ahí me dicen que es una ciudad mágica, llena de arte, con un saborcillo muy bohemio y agradable. Gracias a CRZ, me quedaron unas ganas inmensas de conocerla, por la forma en que describe su esencia, sus calles, sus plazas, sus cafés, sus lugares emblemáticos. Antes de este libro nunca había tenido a Barcelona en la mira de mis sitios a conocer, después de leerlo, está en la parte alta de la lista.

“Esa lucidez firme y tajante de los locos que se han librado de la hipocresía de atenerse a una realidad que no cuadra” – Nuria Monfort sobre Miquel Moliner (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Aunque TODOS los personajes son soberbios, incluidos los “malos”, tengo predilección por tres: Fermín Romero de Torres es una delicia de esta obra, creo que me la puedo imaginar sin cualquier otro carácter menos él, ese desparpajo para expresarse, esa leal malicia para maquinar sus planes, esa picardía para actuar, creo que no ha de haber lector que no se haya enamorado de tan carismático personaje y sus inseparables Sugus de limón. Miquel Moliner me regaló varios momentos de amistad, de gallardía, de lealtad, de integridad y de humanidad, es la personificación del amigo por excelencia, que te apoya en tus sueños e ideales y que es capaz de darte hasta la vida para que logres tus metas, y no es que sea alguien con poco amor propio, es que tiene un interior tan rico, basado en sus necesidades profundas (y baratas), que tiene mucho que darte si encuentra otra alma igual de excelsa a la suya.

Finalmente, aunque no menos importante, Nuria Monfort, la melancólica elegancia en el alma de esta mujer hace imposible que no te enamores de ella o, por lo menos, de sus valores e ideales. Su carta a Daniel me brindó varios momentos conmovedores, me hizo vibrar en otras tantas ocasiones y acabe lamentando su destino. Al ver a personajes como estos uno se pregunta “¿Dónde están las Nurias Monfort, los Miquels Moliner o los Fermínes Romero de Torres del mundo? ¿Acaso nuestra prostitución ha llegado a tal grado que ya no hay personas valiosas y auténticas en esta sociedad de mierda? ¿Ya no hay valores reales (y no poses moralistas) que respalden su existencia?”

Hay un dicho que dice que no dejamos de jugar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar, yo adaptaría esta frase y diría que envejecemos porque dejamos de emocionarnos. La lectura te va atrapando, en cada nuevo pasaje, cada nuevo personaje, cada nuevo pedazo de historia que vas descubriendo, cómo se va desmarañando la vida del enigmático  Julián Carax, experimentas una ansiedad bastante rica por saber “Y ahora ¿qué va a pasar?”, es muy contradictorio: por un lado quieres terminar tan pronto como sea posible pero, por el otro, quieres que tan maravillosa aventura sea eterna, todo por esa necesidad neurótica de mantener las cosas que nos gustan por el resto de los tiempos (Cuando TODO en esta vida tiene fecha de caducidad).

“El tiempo pasa más aprisa cuando más vacío está (uno). Las vidas sin significado pasan de largo como trenes que no paran en tu estación” – Nuria Monfort (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

Algo que comparte CRZ con mis autores favoritos es esa manera de describirte los ámbitos en que se desarrolla la acción, esa elegante forma de degustar una escena, las expresiones de esa gente sin nombre ni injerencia en la historia, las apariencias de los lugares en que cruzan los protagonistas, el clima que priva y las sensaciones que despiertan a quienes lo experimentan. Es como la vida misma, no se trata de estar lleno de momentos extraordinarios para que sea buena, sino encontrar lo maravilloso que cada momento rutinario de nuestra existencia tiene y que nos hemos vuelto ciegos para percibirlos o saborearlos.

                La historia, que a veces se torna de amor, en otras de suspenso, en otras de comedia y al final hasta parece telenovela de Telerisa, es ordinaria. Sin embargo, es la forma de contarla lo que la hace extraordinaria, son todos esos finos detalles que te van nutriendo y te hacen pedir más, esos matices que va adquiriendo una historia sencilla que la convierten en una historia sofisticada mas nunca pedante, porque la elegancia no es exclusiva de libros incomprensibles e inaccesibles al lector común. Me siento abrumado por lo virtuoso del autor para hacer una obra tan perfecta, que lo tiene todo, en donde no sobra ningún detalle ni tampoco echas de menos algo. Te da esa sensación de agradecimiento que alguien haya tenido ese genio para escribir algo así y también sentirte afortunado de leerlo.

                Culturalmente, por lo menos en Occidente, estamos acostumbrados a los finales felices (que nos predisponen a buscarlos mágicamente en nuestra propia existencia y eso nos torna infelices, pero ése es tema de otro ensayo). Ciertamente la obra tiene un final feliz pero no sé si yo estoy feliz con el mismo (que me supo algo comercial); como mencione más arriba parecía capítulo final de telenovela mexicana, en donde súbitamente todos son felices para siempre. Creo que es un buen final, aunque no a la altura del 99% de la obra, sin embargo no desmerece ni hace menos a tan fenomenal libro. Sin embargo, sí me fui con un sabor de boca súper dulce con la última escena, que es una calca de la primera y no hizo más que sacarme lágrimas de una nostálgica felicidad de haber vivido tan grata aventura y es que me sentí vinculado a todos estos maravillosos personajes que hicieron mi existencia muy dichosa a lo largo de 569 páginas.

“Recuérdame, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Nuria Monfort a Daniel Sempere (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Cuando leo grandes obras como ésta, les soy sincero, me siento ridículo con mis ensayos, veo a esta gente con talento tan dotado y me llego a preguntar “¿A qué estás jugando?”, afortunadamente no recibo dinero alguno, porque ahí sí me sentiría mal. Por lo mismo siempre agradezco a los que me leen y comentan porque soy un escritor amateur y me regalan algo de su tiempo. Pero también recibo una inspiración extraordinaria de estos genios de la literatura para, algún día, emularlos: ser capaz de despertar emociones tan intensas como las que ellos me regalan y por eso me esfuerzo para mejorar en mi estilo, autenticidad y contenido (si lo logro o no, eso no me corresponde a mí calificarlo).

                Al terminar de leer esta fenomenal obra me encontré en la disyuntiva sobre si quería seguir leyendo a CRZ: por un lado tenía esa ansiosa necesidad de conocer más de sus escritos pero, por el otro, temía llevarme una desilusión al ver que había disfrutado de su obra maestra y nunca volver a experimentar algo igual. Obviamente vi lo ridículo de este dilema y ahora estoy encaminado a conocer más libros de este talentoso autor, aún sin importarme que no vuelva a alcanzar el nivel de “La Sombra del Viento”, y es que una publicación así sólo se encuentra una vez en la vida.

                Hebert Gutiérrez Morales

viernes, 30 de marzo de 2012

Reciprocidad



“Si quieres lealtad, da libertad. Si quieres traición, da opresión. Si consigues lo contrario, seguramente estás con la persona equivocada” - Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 24 de marzo de 2012

Adele’s 21

            La primera vez que escuche a Adele fue un día que mi exjefa me dijo “Escucha”, y le dije, “Órale Mary, está chida la rola. ¿De qué año es?” Me llamó mucho la atención que me contestó “Es de este año”, porque lo tenía todo: ritmo, potencia, buena interpretación, sentimiento, frescura y muchas otras cualidades de las que carece la escena musical actual. A pesar de ello, no investigue más de esa chica, porque tal vez era un “garbanzo de a libra” y era factible que fuese la única canción buena que tuviera.

Cómo se pueden imaginar no soy admirador de la “música” contemporánea, ya que la gran mayoría es una auténtica basura: canciones huecas y plásticas, sin creatividad, sin vida, sin fuerza, sin chispa, sin profesionalismo y demás. Casi todas interpretadas por “artistas” artificiales, en donde la apariencia es más importante que el talento.

No veo TV, no oigo noticias ni leo el periódico, pero era notorio que Adele estaba teniendo éxito, por todos lados se hablaban maravillas de ella; pero eso tampoco me decía nada, ya que productos prefabricados (como Lady Caca, perdón, Gaga o Rihanna) también gozan de mucha popularidad y eso no quiere decir que tengan talento.

“De algún modo el mundo ha sobrevivido al nazismo, a la bomba atómica y a la música contemporánea” – Haruki Murakami (“1Q84”)

            Sin embargo, cuando empecé a recibir comentarios muy positivos de gente con gusto musical similar al mío, me llamó la atención, así que me lleve algunas sorpresas al investigarla: la primera es que era blanca, por su tono de voz juraba que era negra (lo mismo me pasó en su momento con Joss Stone), también me sorprendió su juventud (24 años) y que ya había tenido otro disco muy exitoso llamado “19” (el cual juro que voy a escuchar) finalmente, era lógico en que me gustara su música, ya que es inglesa y tengo una afición muy marcada por la música del Reino Unido.

Al escuchar el disco “21” me di cuenta que ella, y el equipo que la rodeo, lograron un equilibrio perfecto entre lo original y lo nostálgico. Encontrarme con una artista de verdad, con gran éxito basado en su talento y no en la mercadotecnia o en las fotos de sus nalgas, es algo muy refrescante. Les dejo mis comentarios sobre las once canciones de dicha obra:

“Rolling in the Deep” tiene una fuerza de interpretación impresionante, matizada con un estilo setentero bastante auténtico, el cual me hizo dudar que fuera música nueva cuando la escuche. Los coros acompañados con las palmas son excepcionales, la voz ronca es ideal para este tipo de canción con un saborcillo Country de muy buen gusto. La pasión mostrada, en los momentos adecuados, hace que la ames, aún sin saber absolutamente nada de su intérprete. La letra es genial, perfecta para la música, original pero no rebuscada y el mensaje queda claro.

“Rumor has it” es muy rica, con un toque picarón y un ritmo que te atrapa de inmediato, inevitable no mover el cuerpo o, por lo menos, tronar los dedos. Cuando escuchas algo retro bien logrado, en verdad lo agradeces, además de que es muy divertida. No es como las copias malas de muchos pseudoartistas que (ante la falta de creatividad) piensan que con remakes pueden triunfar.  Se podría decir que esta pista es muy juguetona y, nuevamente, la combinación de las palmas acompañando a los coros es grandiosa.

“Turning Tables” maneja un sentimiento muy sereno, nostálgico y romántico de inicio, después toma un ritmo plenamente ochentero que me dejo gran sabor de boca. Es sofisticada, de excelente hechura, ideal para producirte esa melancolía a la cual muchos estamos ligados. La letra es impactante, fuerte y muy reveladora sobre ese maltrato al que llegan las parejas después de tanto amarse. En verdad me conmovió, hasta se me salieron un par de lágrimas cuando dice “La próxima vez seré más valiente, la próxima vez me salvaré yo misma cuando el Trueno me llame . . . . . Me mantendré en mis dos pies”. Está tan bien lograda esta canción sobre separación, que la pone al nivel de “The Gift” de Annie Lennox (otra reina inglesa musical) o “Noche sin luciérnagas” de Fernando Delgadillo.

“Don’t you Remember” es un auténtico drama, se maneja un tono tierno pero fuerte, imposible mantenerse indiferente. Muestra esa incertidumbre que todos hemos experimentado en alguna relación (o intento de), expresada en frases como “O acaso he sido borrada completamente de tus recuerdos” ó “Entre más hago, menos sé” que forman parte de la desgarradora letra. Es chistoso, si no estás enamorado, puedes encontrarla agobiante, pero cuando se tiene roto el corazón es casi un hecho que se cae en lo plasmado en esta grabación.

“Set Fire to the Rain” es mi favorita, es simplemente perfecta: la música, el ritmo, la letra, el sentimiento y ese toque de inicios de los 90 (o finales de los 80) muy fino. Me encanta como repite las frases y los efectos que le ponen a la voz, con una especie de eco a las partes más fuertes, dan un resultado sobresaliente, perfectamente complementado con los cambios en el tono de voz. Se hizo un trabajo excepcional con todo el disco y, en especial, con esta canción. Me alegro que haya sido lanzada como sencillo, ya que es una verdadera lástima que joyas como ésta nunca vean la luz y sólo los seguidores la conozcan. Personalmente creo que debió ser el primer sencillo a promocionar.

“He won’t go”, por alguna extraña razón me recuerda un poco a Stevie Wonder en los años 80, sobretodo en el Soundtrack de “Woman in Red”. El sonido es bastante sofisticado sin ser chocante, bastante natural y suave para el oído. Sobre la letra, ¿Cuántas veces nos fijamos en alguien que, de antemano sabemos, no debemos acercarnos? Y, sin embargo, ahí vamos porque algo más fuerte nos obliga a tomar el riesgo. Me gusta cómo se intercala sentimiento de ella y él al final de la misma, le da un giro inesperado que se agradece.

“Take it all” es tenue pero aún llegadora, muy íntima. Sobre la letra, otra faceta del amor: ”Tómalo todo, no me importa que me dejes sin nada”, no es una postura muy sana pero a veces no se puede evitar. Es uno de esos casos en los te das cuenta de lo que está pasando, hasta te animas a reclamar y, sin embargo, amas tanto a la pareja que no puedes oponerte a sus deseos. Me encantó la parte del piano.

“I’ll be waiting” inicia con un piano sublime y elegante pero, a la vez, sencillo, bien se dice que menos es más. Después de una transición constante de pronto inicia con los coros de fuerza exacta y un ritmo muy familiar. Se puede interpretar como la despedida de una pareja, cuando alguno parte lejos o, simplemente, cuando se dan tiempo; es una muestra de optimismo de que el amor vencerá las barreras de la distancia, algo que muy pocos logran.

“One and Only” inicia con un blues muy agradable que va agarrando fuerza. Un disco en el que todas las canciones hablan de amor ya me hubiera aturdido y lo hubiera odiado (con la única excepción de estar enamorado), PERO la calidad en cada aspecto es tan extraordinaria que es imposible no hacerse fan de Adele.  En esta pista hay una parte que me caló “Nunca lo sabrás si no intentas perdonar tu pasado”. Nuevamente resalta el piano, justo antes de la parte de “Sé que no es fácil que tu corazón se rinda” es magnífico, necesario para no caer en la monotonía. “Nadie es perfecto, créeme, lo he aprendido”. ¡Híjole! En verdad que uno se pone a pensar en tomar riesgos.

“Lovesong” inicia muy serena y sencilla pero, por lo mismo, se aprecia la interpretación ad hoc al agradecimiento hacia el ser amado, el cual nos hace ser mejores por su simple existencia. Ese enamoramiento que nos hace percibir lo maravillosa que puede ser la vida, ya que todo lo vemos perfecto a nuestro alrededor. Es la grabación menos elaborada, así que la calidad de las otras diez la opaca pero, aun así, no tiene desperdicio.

“Someone like you” ¡Vaya canción! Auténtica obra de arte para cortarte las venas con galletas de animalitos. La letra va perfecta a la música e interpretación. Casi me la puedo imaginar escribiéndola entre lágrimas. Alguna vez leí en el Facebook “Quién sea que le haya roto el corazón a Adele la hizo una mujer millonaria”. Qué bueno que mi corazón está tranquilo porque, de lo contrario, ya la hubiera tomado como himno, ya que es imposible no engancharse. Hay partes impactantes como “Supongo que ella te da cosas que no te dí” ó “A veces se mantiene el amor pero a veces te lastima en su lugar” ó “Espero que veas mi cara para que te recuerde que para mí nunca terminó” ó “¿Quién iba a conocer el sabor de este (sentimiento) agridulce?” ¡Wow! Canción monstruosa  que espero, de todo corazón, no tener que identificarme con ella nunca porque moriría de tristeza.

Cada vez se hace más difícil encontrar discos tan buenos como “21” o artistas tan talentosas como Adele. Normalmente me encanta cuando alguno tiene una canción con un sentimiento real; en el caso de este disco TODAS las pistas poseen el tono exacto, cuidadas y procuradas con una calidad excelsa. Un disco así resulta aún más increíble considerando el mundo musical de plástico en el que estamos inmersos. Una verdadera joya que los amantes de la buena música deben poseer.

Hebert Gutiérrez Morales

viernes, 16 de marzo de 2012

¿727000 pesos?

                Tengo por costumbre, abonar más de mi saldo en la tarjeta de crédito, por eso mismo nunca he pagado intereses. Recientemente, al pagar y dejar un saldo a favor de $727 pesos, la grabación me indica “Su saldo a Favor es de $727000 pesos”. Tras verificarlo en un par de ocasiones, e inclusive dos días seguidos, confirme que el sistema se había equivocado y, de pronto, ¡tenía $727000 a mi disposición!

                TODOS en este mundo tenemos un precio, muchos dirán “Yo no, mis valores me respaldan”. Puede ser, es lo que decía antes del suceso con la tarjeta pero, hasta que ves las bondades de una oportunidad inesperada, comprendemos que hasta nuestros valores tienen un límite (sobretodo en un mundo tan materialista como este).

                Volviendo a la tarjeta, obviamente era un error del sistema, y ellos tendrían que corregirlo, sin embargo, empezó a nacer en mí un dilema “Si no lo corrigen ¿seré capaz de devolverlo?”. Se me educó para no tomar lo ajeno, y siempre he devuelto lo que no me pertenece así que, sin problemas puedo devolver $727, $7270 o hasta $72700 (estos con más trabajos, pero sé que lo haría), pero ¿$727000 pesos? Con esa cantidad saldaría mi crédito hipotecario y, con el sobrante, me iría a unas buenas vacaciones por Europa o Japón.

                Tal vez habrá quién me esté cuestionando por expresar esa idea y dirán “¡Claro que los devolvería!” Pero  ¿Qué tal si fueran Siete millones o 70 millones? Sé que $727000 me meterían en un enredo moral pero con Siete millones acabaría tomando el argumento de una amiga: “Hebert, ¡es un banco!, a ellos les sobra el dinero, no es cómo que se los quites a una viejita” y ahí entra la justificación para avalar algo mal hecho, misma que siempre encontramos para ser corruptos.

                “Es que no me alcanza para comprar esos discos tan caros” cuando adquieren piratería; “Es que es muy engorroso el pagar la multa” cuando damos mordida para que no nos infraccionen; “Es que no tengo tiempo para esperar tanto” cuando nos metemos a una fila;  “Es que es una causa justa” cuando se soborna a algún juez, abogado o notario;  “Es que el gobierno sólo se roba mi dinero” cuando evaden impuestos; “Es que son unos rateros por un servicio tan malo” cuando se roban el cable, la luz o el Internet, y así puedo continuar con miles de pretextos para que vean que los “malos” son los afectados y nosotros somos bien “buenos”, y es que tenemos una especie de síndrome de Robin Hood por hacer justicia con nuestra propia mano.

                Desde que se creo la sociedad y el concepto de dinero, la corrupción empezó a formar parte de la naturaleza humana, y no sólo en aspectos monetarios, hay muchos aspectos tangibles e intangibles que son capaces de obligarnos a botar nuestros valores por un beneficio lo suficientemente jugoso para “aguantarnos la pena”. Y es que nos podemos corromper con influencias, poder, favores sexuales y demás.

                Un ejemplo de esto es  la piratería, tema que debería ser exclusivo de las clases bajas pero que, tristemente, no lo es. A pesar de ser ilegal, puedo entender (mas nunca apoyar) que personas de escasos recursos, y pocas opciones de entretenimiento, adquieran piratería. Y es que el precio de un CD es el presupuesto con el cual comen en una semana. Y aquí entramos en cuestiones éticas: ¿Es culpa de la Firma musical la miseria del que compra piratería? ¡Claro que no! Pero, hablando de los niveles de pobreza referenciados ¿Creen que le importa a alguien que apenas tiene para comer?

                Ahora, entiendo ése caso, lo que no comprendo es la enorme cantidad, que sí tiene posibilidades para comprar música de manera legal y, sin embargo, adquieren piratería. Ésa sí es una actitud comodina, deshonesta, desvergonzada y desleal. He visto a muchos de mi nivel socioeconómico adquirir piratería, mismos que luego presumen de los productos de marca que usan o de los lugares tan exclusivos a los que asisten. Esa fantochez se agrava más con la piratería que compran, y claro, las justificaciones no se hacen esperar: “No voy a comprarme el disco por una canción”, “Es que la película está tan mala que no voy a ir al cine a verla” “Es que no tengo tiempo de ir al Mix Up a comprarla original” y todo lo que me puedan decir.

                Voy a ser honesto, NUNCA he comprado piratería, porque valoro mucho la música que me gusta, pero SÍ me han regalado música ilegal. ¿Eso me hace mejor ser humano? En definitiva no y ahí viene la justificación de típico mexicano: Hay dos casos en particular, la salsa y la música antigua, hay mucha Salsa de calidad que no se encuentra en México, así que cuando hay una canción buena nos la compartimos. Por otro lado, existe música vieja (o películas muy raras) que ya no se encuentran en ningún lado, así que cualquier copia (legal o ilegal) es muy apreciada. Obviamente cuando existe el disco o la película, las compro en E-bay con un amigo y asunto resuelto, pero no siempre es el caso. Ahora, sé que no todos van a pagar $500 por algo en E-bay cuando pueden pagar $80 y sin tiempos de espera o la incertidumbre de que si llega en buenas condiciones

                El asunto de la tarjeta sólo lo comenté con mis amistades cercanas, personas que considero a mi altura moral y, con algo de sorpresa, me di cuenta que nadie me dijo “Hebert, ese dinero no es tuyo, ¡Devuélvelo!”, al contrario, hubo quién ya hacia planes con el monto y me daban sugerencias de cómo gastarlo. Recalco, mis amistades son grandes seres humanos, pero creo que ninguno de nosotros ha visto esa cantidad  junta, de ahí que nos deslumbráramos con las posibilidades.

Al segundo día debí haber marcado al banco y hacerles ver su error, pero no lo hice. Por fortuna no me puse a despilfarrar como loco por la factibilidad de que se corrigiera esta situación. Tome una resolución: “Voy a esperarme a dos cierres de mes, si el dinero sigue ahí, decidiré qué hacer”. Fíjense que no dije “No es mío, mejor hablo y les reporto el error”, sólo me dí algo de tiempo para pensar y luego decidir. El dilema estaba fuerte.

                Todos criticamos y señalamos a los corruptos, los juzgamos como si fuesen seres tan aborrecibles, y tan fuera de la moral, que poco faltaría para lincharlos. Pero, estando en su posición, ¿Cuántos no hubieran tomado los millones de USD y huir con ellos? Es fácil juzgar cuando no tenemos la oportunidad enfrente, lo difícil es mantener la palabra cuando se tiene enfrente un chance tan grande.

“No es uno plenamente consciente de la codicia que se esconde en su corazón hasta que oye el dulce tintineo de la plata en el bolsillo” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

                En todos lados se cuecen habas, y no sólo de dinero vive el ser humano, también tenemos nuestro “corazoncito” y unos instintos irrefrenables que nos impulsan. A lo largo de los años me he enterado de casos de personas que se han ganado promociones “por su culitito esfuerzo”, que a fin de cuentas es una especie de prostitución (ya que das sexo a cambio de un beneficio) pero ¿son casos aislados? No lo creo. Lo malo es que para que se den siempre debe de haber alguien dispuesto a pagar el precio (otro caso más en donde los valores son vencidos por un bien mayor).

                A pesar de que soy duro con mi país, en esta ocasión debo de admitir que la corrupción no es exclusiva de nosotros (aunque somos grandes representantes de la misma), ya que en todo el mundo, en todos los ámbitos y a todos los niveles, siempre se han dado a conocer distintas ilegalidades, y ésa es la punta del iceberg, imagínense todo lo que se hace y nunca se sabe.

                Afortunadamente hay ejemplos que me inspiran y alimentan mi ilusa esperanza de que el mundo puede ser un lugar mejor. Tengo un recuerdo muy valioso que me regaló Lance Armstrong,  durante uno de los Tour de Francia que ganó, hubo una etapa de montaña en la cual iba fugado con su rival máximo: Jan Ullrich. Ambos iban descendiendo a toda velocidad cuando, de repente, el alemán se fue de lado y salió del camino. Esa etapa la estaba viendo en transmisión en vivo, así que grite hacia el monitor “¡Perfecto! ¡Ahora escápate Lance!”, sin embargo, y para mi pasmosa sorpresa, Armstrong se detuvo, espero a que se reincorporará su colega de profesión, le preguntó si estaba bien, y reanudaron el camino.

                Ése fue el recuerdo más bello que tengo del ciclismo (un deporte plagado de trampas y dopaje), la actitud del tejano fue totalmente leal, fue un caballero y me dio una lección muy valiosa de respeto y deportivismo. Es factible que él estuviera seguro de su superioridad porque, si se supiese inferior, creo que nadie lo hubiera culpado de escaparse y asegurarse la victoria, ¿Cuántos de nosotros hubiéramos esperado al rival en vez de aprovecharnos de la situación? Les soy honesto, yo no lo hubiera hecho.

                Ahora, una cosa es aprovechar una situación fortuita y otra hacer trampa artera, como el excandidato presidencial Roberto Madrazo cuando corrió el Marathón de Berlín y, para vergüenza nacional, encontraron que atajó el camino para terminar en mejor tiempo y con mejor posición (tenía que ser del PRI). Alguien decía una vez, y sin ningún remordimiento, “Pena no es hacer trampa, pena es que te cachen”, parece ser que está idea está tatuada en el inconsciente mexicano, el cual siempre busca un atajo, una tranza o cualquier oportunidad para sacar ventaja de la situación (luego no nos quejemos de los prejuicios hacia nosotros en el extranjero).

                Nadie me ha ofrecido en mi vida drogas, ni dinero por hacer algo ilegal o inmoral, tal vez sea mi lenguaje corporal que no les da señales de que sea alguien corruptible; gracias a un hecho fortuito me hice consciente que no eran tan excelente ser humano como pensé en algún momento, como lo demuestra el hecho de que nunca hable para corregir la situación con mi repentina fortuna.

                Afortunadamente, mi “suplicio” acabo al siguiente Lunes, ya que mi saldo volvió a la normalidad y con ello mi salud mental y moral. No voy a negar que me sentí un poco “pobre” por “perder” $727000 pesos, pero también sentí una extraña felicidad por no tener que caer en algo que, históricamente, he despreciado en mi vida. Espero, de todo corazón, no tener que verme en un dilema como estos nuevamente, ya que me gustaría morirme con la idea de que soy una excelente persona.

                Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 10 de marzo de 2012

Políticamente incorrecto

            Es impresionante, y me asquea, la “clase política” que tenemos en este país (que Clase es justamente lo que les falta). Claro que tenemos los políticos, y el país, ad hoc a nuestra corrupta cultura. En increíble cómo esta gentuza juega con las esperanzas del pueblo año tras año, campaña tras campaña pero, más notorio resulta, la ignorancia grosera del elector, que sigue creyendo en sujetos que nunca cumplen lo prometido.

Somos un país fácilmente manipulable, por ejemplo, en el 2000, tuvimos una muestra de la necedad de Fox, cuando quería un debate de inmediato con su ya famoso “¡Hoy, hoy, hoy!”. Pudo ser su acabose, pero fue inteligentemente adaptado por su equipo para sacar la campaña de “¡México ya!”, y así nos olvidamos de su obstinación y lo tomamos como alguien muy decidido (luego recordamos, durante su mandato, que era muy testarudo). Cuando éste ganó la presidencia, dejando atrás más de siete décadas de Prigobierno creímos que, en automático, nos íbamos a convertir en país de primer mundo, ya que todos nuestros problemas se iban a arreglar de manera mágica, lo cual resulta tan ridículo como encontrar una pareja y esperar ser feliz todo el tiempo y sin esfuerzo. Ese es uno de los problemas que tenemos: la irresponsabilidad, queremos que alguien más venga a resolvernos los problemas, pero no queremos mover un dedo en la solución (aunque sea para nuestro beneficio).

Siempre ponemos nuestras inmaduras esperanzas en los políticos, para que resuelvan muchos de los problemas que, tanto ellos como nosotros, hemos generado. Pero ¿qué creen? Normalmente el que es electo, no resuelve nada y, tristemente, es más fácil que se agrave en vez de que se atenúe la problemática en cuestión; así que, más que ayudar, ¡estorban!
             
La inseguridad, corrupción, contaminación, pobreza, baja educación, desempleo y demás situaciones ampliamente conocidas, no se van a resolver de la noche a la mañana, porque han tomado siglos y generaciones perpetuarlas. Pero tenemos la postura clásica, inmadura e ilusa del mexicano: somos excelentes para señalar problemas pero ciegos para reconocer nuestra responsabilidad. Nos cuesta tomar una actitud productiva, porque concebimos tan grandes los problemas que “no tenemos vela en el entierro”, lo malo es que la gran mayoría piensa eso, dando por entendido que alguien más debe tomar las riendas del asunto. Nos corresponde resolver los problemas del país que habitamos, ya que somos los afectados o beneficiados por la situación del mismo.

           «Lector, imagine que usted fuera un idiota. E imagine que fuera un miembro del Congreso. Pero eso es redundante».– Mark Twain

Considero que se debería modificar la ley electoral e implementar las segundas vueltas. No es posible que se gobierne la nación, un estado o un simple municipio con el 30% del apoyo popular, eso sólo agudiza la desunión que nos caracteriza al momento de guiar las riendas de una entidad. Por lo mismo, sólo necesitamos tres partidos: el de derecha (PAN), el de izquierda (PRD) y el de centro (PRI), todos los demás sólo estorban, no sirven para nada y son parásitos del presupuesto.

Hablando de dinero, no sé si seamos los únicos estúpidos del mundo que mantienen, con el erario público, a los partidos políticos. En otros países, sólo reciben financiamiento de sus militantes, simpatizantes o sorteos pero nunca con dinero público; mismo que es necesario en otros rubros en vez de mantener a una bola de inútiles que no sirven a la nación, más que para hacer política improductiva.

Una evidencia de nuestra falta de civilidad, civismo o escasa educación política es cuando gana cualquier bando. En México andamos cortos de vista, no vemos más allá de nuestras propias narices, siempre nos quedamos en las campañas políticas e ignoramos lo realmente importante: el desarrollo del país y su población. En otros lares, cuando alguien pierde se toma una actitud madura, actuando como oposición responsable, cuestionando cuando es necesario, y trabajando con el gobierno en turno por el bien del país, que es mi patrón a fin de cuentas y para el cual trabajo.

Para los políticos mexicanos el país es lo de menos, lo importante son los partidos de los cuales provienen, ni siquiera los votantes que los eligieron. Cada cual trabaja por sus intereses, sin importar que sean nocivos para la nación: “No te voy a dejar trabajar para que te luzcas ante el electorado; no me importa a quien me lleve en las espuelas, voy a hacerte quedar mal, sin importar que nuestro subdesarrollo se agudice, con tal de evidenciar tu incapacidad de gobernar y me elijan de regreso”

Vote por el presidente actual (no lo defiendo ni lo ataco), y me queda claro que no es aliado de los narcotraficantes con los que está combatiendo; admito que puede estar aliado con otro cártel, lo cual no me extrañaría con la sucia historia nacional. El hecho es que está combatiendo al crimen o, por lo menos, a una fracción del mismo. Ilusamente creía que ya no me podía sorprender de la idiotez que puede alcanzar el elector mexicano sin embargo, veo con tristeza, me equivoque: muchos están pensando votar por el PRI, sin importar su asqueroso historial, por el simple hecho de que (suponen) van a acabar las balaceras y, lo peor, no porque vayan a controlar a los delincuentes, sino porque se van a asociar con ellos y van a hacerse de la vista gorda, con una tajada de por medio, mientras la droga fluye tranquilamente.

Es una postura indignante y vergonzosa, y no me refiero a los políticos, porque la gran mayoría son gentuza despreciable y sin escrúpulos; sino a la actitud de los que prefieren que el crimen funcione tranquilamente, con tal de que no haya balaceras. A ver qué pasa cuando sus hijos caigan en la drogadicción, o sean secuestrados, o trabajen en el narcomenudeo, ahí sí van a preguntar “¿Pero qué está haciendo el gobierno?” cuando la pregunta correcta es “¿Qué hicimos nosotros al momento de elegir?”

"No se puede acabar con el dominio de los tontos, porque son tantos, y sus votos cuentan tanto como los nuestros"– Albert Einstein

Los Mexicanos carecemos de memoria histórica; eso mismo, aunado a nuestra pasividad pasmosa, hace que los políticos se sirvan con la cuchara grande. Por ejemplo, es increíble que el PRI, que se eternizó en el poder por más de 70 años, siga siendo favorito para ganar las siguientes elecciones, sin importar todos los fraudes y robos que caracterizaron a la mayoría de sus administraciones. También resulta insultante como el hampón de Manuel Bartlett, se vuelva a postular como senador, sin importar su negro historial o que el exGober Precioso se considere para el posible gabinete de Peña Nieto.

"Sólo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad. A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos." – Benjamin Franklin

Admito que estaba considerando votar por Marcelo Ebrard, ya que daba por sentado que el PRD no iba a lanzar al Peje, debido al espectáculo tan patético que dio tras las elecciones del 2006 (con la toma de Reforma y esa comedia del “Presidente Legítimo”) pero, para sorpresa mía, vuelven a postular al mencionado Peje. En verdad no puedo creer el gran cinismo de los políticos ni la escasa memoria del elector.

Volviendo a Peña Nieto, al ser tan manipulable el votante mexicano, no tengo la menor duda de dos cosas respeto a las pifias arteras que ha realizado en reciente tiempo: En primer lugar se van a olvidar, debido a la memoria inexistente que tiene el elector azteca. Por otro lado, con la poderosa maquinaria de Televisa respaldándole, no tardaran en salir cumbias, slogans, o algo que lo posicione en el inconsciente colectivo tipo “Pues no es tan malo, Peña Nieto es como nosotros, el pueblo, ¡No lee y es ignorante!”.

Admito mi error cuando reenvié muchos chistes sobre este sujeto, porque en realidad contribuí a su campaña. Bien dicen que no hay publicidad mala y, con un movimiento inteligente de su equipo, pueden aprovechar toda esta euforia de chistes que están circulando sobre él para su beneficio.

Volvamos al Pueblo, para el gran nivel de abstencionismo que existe, es ridícula la cantidad de personas que se quejan. Históricamente se alcanza un 50% de participación ciudadana en cada elección, pero al momento de quejarse me parece que casi alcanzamos el 100%. Todos se quejan, pero sólo somos un 30% de los que cumplimos con el pago de impuestos. Somos buenos para exigir nuestros derechos, pero nos hacemos los desentendidos al momento de cumplir con las obligaciones.

Alguna vez escuche una propuesta electoral muy buena, ojalá se pudiera llevar a cabo: todos los registrados en el padrón electoral deberían votar y, en caso de no hacerlo, podrían A) Pagar lo que cuesta su voto (alrededor de 50 pesos), a la tercera falta similar, viene una multa mayor o cárcel por un día ó B) Sacarte del padrón. Ya que es un desperdicio impresionante de papel en gente desobligada, por lo que sería excelente hacer el voto obligatorio. Que cada cual vote por quién quiera, pero que lo haga, porque es su obligación y derecho.

Otra propuesta que me pareció muy productiva es la de cuadrar todas las elecciones para que sólo se lleven a cabo cada tres años (tanto a nivel federal, estatal y municipal), y reducir las campañas a dos meses o menos; con esta medida se ahorraría tiempo, dinero y esfuerzo. Para nuestros políticos es más importante una buena campaña que un buen desempeño en el poder, así que hay que reducirles distracciones; si las elecciones fuesen cada trienio, los funcionarios se enfocarían (ideal e ilusamente) a trabajar en lugar de preocuparse por su próximo puesto, por lo menos tendrían que trabajar durante 30 meses continuos antes de fijar su atención en campañas las cuales, al estar tan dispersas por todo el país, acontecen cada año.

Una muestra del poco respeto que nos tienen, con nuestra complicidad, está en la demagógica pavimentación de calles. Por un lado se hacen acuerdos fraudulentos con los contratistas, cada cual se lleva su tajada y todo por un trabajo de mala calidad (adrede). Obviamente, con lo que se “sangró” el presupuesto de la obra, algo bien hecho no es posible, pero esta situación es una gran ventaja para el político porque, al llegar la época de lluvias, aparecen los baches; ahí es donde aparece el “consciente” Gobierno (municipal, estatal o federal) y van a “hacernos el favor” de tapar lo baches y todavía, estúpidos de nosotros, damos las gracias.

No debemos agradecer porque las calles son parchadas, debemos exigirlas bien hechas desde el comienzo, sin embargo, seguimos en el circulo vicioso de hacer malos trabajos, parchar, y nuestro agradecimiento porque “ahora sí están trabajando”, sin importarnos que esos baches echan a perder nuestras llantas, las cuales nadie paga más que el mismo automovilista.

Seguimos evidenciando nuestro tercermundismo, algo generalizado es que las obras se multiplican justo antes de la época electoral, y para muestra basta ver a Puebla, en donde hay más de 10 obras en proceso por toda la ciudad (sólo las que yo he visto), la cual la convierten en un caos pero, pasando las elecciones, vamos a ver cuántas obras se realizan (que serán pocas, porque es factible que se la pasen tranzando).

Pero este problema tiene otros niveles y es que, aunque los nacionalistas se enojen, México no es un país Independiente (y dudo que sea siquiera Autónomo), nuestros Gobernantes responden a intereses mayores. El próximo presidente será uno que les guste a nuestros vecinos del norte en anuencia con los círculos del poder que controlan este país.

La primera elección fraudulenta que recuerdo fue la de Salinas con Cuauhtemoc Cárdenas (todo México lo supo; hasta yo, en mi niñez, lo sabía cabalmente). También tengo claro el recuerdo de la “sospechosa” desaparición de escena del “Jefe Diego” cuando aventajaba claramente a Zedillo (hay quien dice que lo “invitaron” a bajarle de intensidad a su campaña). Y aunque vote por Calderón, empiezo a creer, que en realidad ganó el Peje hace seis años (por margen cerrado, eso nadie lo niega).

Muchos dirán que es imposible que los gabachos (a quienes no les latía el Peje) hayan metido mano en las urnas. Ellos no tienen que involucrarse directamente en la elección, sólo hay que dar ciertas órdenes a personas en específico y las cosas se harán o qué ¿ya se les olvido en qué país vivimos? ¿Se les ha olvidado el Ranking que tenemos entre las sociedades corruptas a nivel mundial? Bien dicen que aquí no hay imposibles, se logra todo lo que ustedes quieran, teniendo suficiente dinero o buenas influencias.

"La política y la suerte de la raza humana son formadas por hombres sin ideas y sin grandeza. Aquellos que tienen grandeza dentro de sí mismos no hacen la política." – Albert Camus


Estados Unidos presume de ser la democracia perfecta, pero no es necesario ser anciano para recordar uno de los más grandes fraudes electorales de la humanidad, y fue en el proceso que disputaron George Bush y Al Gore. Recuerdo todo el escándalo en esas votaciones, las cuales se centraron en Florida como estado determinante para definir al presidente. Al Gore tenía más votos y, por ende, era el Presidente electo pero, por alguna extraña razón, continuaban los recuentos y verificaciones. Al ver esta actitud, que mostraba claramente que no querían darle la victoria, Gore optó por hacerse a un lado (no sé si voluntariamente o lo “invitaron” a recapacitar), así que George Bush quedó como presidente.

Si los gabachos son capaces de tan alevoso fraude en su propia tierra y con su misma “democracia perfecta” (en la cual Gore tuvo más votos que Bush, pero su sistema electoral privilegió al segundo porque ganó más Estados, en teoría) ¿Qué les impide meterse en países bananeros como el nuestro? Aún más si nos consideran de su propiedad, ya que hemos sido su patio trasero desde hace un par de Siglos.

En resumidas cuentas, no necesariamente quien sea más popular entre los mexicanos va a ser presidente. Por ejemplo, las encuestas son perfectamente manipulables, ya ni digamos los noticieros o los “renombrados” analistas políticos. Todos estamos bien programados por los medios, como la campaña de desprestigio a la que fue sometido el Peje hace seis años. Tal vez no era tan malo, pero lo hicieron ver como el próximo Hitler, y muchos nos asustamos (y ni así justifico su actitud posterior).

Va a quedar el (o la) presidente que asegure los términos en los cuales hemos vivido tantas décadas: Algunos muy privilegiados, una pequeña clase media y una gran cantidad en la pobreza, lo cual mantiene la mano de obra barata, el sometimiento del pueblo y que no se eleve nuestro nivel de vida; con el estancamiento social resultante, el vecino pudiente puede continuar cínicamente con nuestra explotación.

Tomemos una situación descabellada para evidenciar la situación: supongamos que gana el Peje, a pesar de todo el aparato montado para evitarlo. ¿En verdad creen que los gabachos van a permitir otro Hugo Chávez jalándoles las barbas en el patio trasero? Hasta el Peje se tendría que cuadrar ante “El Patrón”. Aquí nada va a cambiar sin importar quién gane.

En realidad no importa por quién votemos, porque nuestra (manipulada) voluntad no será respetada. Tal vez deberíamos dejar de poner tanta atención a las elecciones y preocuparnos por el país que hemos formado. Nuestro problema de fondo es cultural y, mientras no mejoremos, vamos a seguir siendo manejados por cualquier ente con dinero o poder. Tenemos bien merecida la situación que vivimos, por todo ese desinterés o irresponsabilidad que nos caracteriza como nación.

A pesar de que no tiene mucho caso votar, lo haré puntualmente, al igual que seguiré pagando mis impuestos, respetando señales de tráfico, no tirando basura en la calle y demás deberes ciudadanos. Si todos cumpliéramos nuestras obligaciones y no sólo exigiéramos nuestros derechos, TAL VEZ otra sería nuestra realidad. Sin embargo estamos distraídos con tantas tonterías: telenovelas, noticias, Facebook, Fútbol, chistes, juegos, religión y demás artimañas inteligentemente planteadas para enajenarnos.

Deberíamos poner atención en lo que realmente cuenta como el sistema educativo, el ser más civilizados, el tener una cultura ecológica, aumentar nuestra calidad de vida, preocuparnos por nuestro retiro, reducir la violencia, leer entre líneas, es más, tener lectura de calidad (y no sólo el TV y Novelas). Si queremos ser de primer mundo, y algún día lo podríamos ser, deberíamos empezar a comportarnos como tales. Si nos seguimos comportando como República Banana, pues perpetuáremos nuestra membresía en el Tercer Mundo.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 3 de marzo de 2012

Iro Iro Na

                En japonés la frase arriba mencionada significa “varios” y la he tomado para este escrito. Tengo algunas vivencias que tal vez no sean las más impactantes de mi paso por este mundo, sin embargo, en su momento fueron muy importantes y me gustaría plasmarlas en esta ocasión.

                ¿Qué tienen en común estos tres pasajes? Que son parte de mi pasado, que ayudaron a definir mi personalidad actual y que no alcanzan por sí solas para sacar un escrito para cada cual, así que los comento brevemente en este ensayo único. Van en orden cronológico inverso.

                La Clon

                Durante mi preparatoria tome clases de inglés particulares con la hermana mayor de una de mis, entonces, amigas. A pesar de ser ocho años mayor, me enamore perdidamente de mi maestra la cual, obviamente, me mando al carajo con mis intenciones románticas.

                A pesar de su rechazo, seguí enamorado de ella un par de años más, a tal grado que me inscribí en la misma Universidad que ella (no me pregunten el motivo, no le pidan lógica a las decisiones de un adolescente enamorado).

                Mientras me desembarazaba de aquel amor frustrado (uno más a la lista) me propuse terminar lo más pronto posible mi carrera y, durante los primeros dos años me vi libre de aspectos románticos mientras le adelantaba un semestre al resto mis compañeros.

                Cuando inicie mi tercer año en la Universidad, empecé a convivir con personas que habían iniciado antes. Un buen día casi me da un paro cardíaco: ¡me había encontrado con mi otrora maestra de inglés! Después de mi shock inicial me di cuenta que había algo raro, porque estaba un poco más bajita y no estaba tan delgada, entonces me tranquilice un poco, ya que no era ella, simplemente era una mujer con un parecido extraordinario.

                Sobra decir que esa fémina me intrigaba, nunca cruce palabra con ella, pero siempre me le quedaba mirando fijamente. Me llamaba profundamente la atención su parecido con mi amor frustrado y, de alguna forma, el verla me hacía feliz, era como continuar mi idilio platónico con un placebo de muy buena calidad.

                Sin embargo, algo pasó, ya que ella ¡también me empezó a ver! Y entre en pánico, “Eso no es parte del guión” decía hacia mis adentros, el  plan era contemplara a la distancia hasta terminar la universidad y dejarla en un bonito recuerdo, el que también me viera resultaba estresante (mmmhhh….. ahora entiendo el por qué de mi escasa vida sentimental).

                Finalmente, en mi último semestre, nos tocó una clase en común, por lo cual estaba simultáneamente feliz y nervioso, ya que la iba a tener más cerca. Así que constantemente nos “cachamos” viéndonos el uno al otro y, abruptamente, desviábamos la mirada.

                Supongo que se cansó de tantas muestras de interés sin nada de acción, así que un día se sentó en la banca que tenía frente a mí. Nunca la había tenido tan cerca y esa tensión era insoportable pero, al mismo tiempo, la estaba disfrutando. De pronto, sin aviso previo, se volvió hacia mí  de manera muy decidida y ¡me iba a decir algo!; ese movimiento fue muy impactante para mí y puse unos ojos tan desorbitados que le asustaron toda la valentía y se volvió hacia el frente.

                Aquella fue la vez que más cerca que estuvimos de tener una comunicación no visual pero nunca se concretó. La última vez que la vi, unos meses después,  fue cuando estaba atendiendo algunos asuntos de mi titulación, ella no me vió pero yo sí la ví luciendo orgullosamente su pancita de embarazada.

                Ahora que recuerdo toda esta situación me da mucha gracia, no sólo por mi comportamiento patético al no corresponder el interés que me mostraba una bella mujer. Lo más chistoso de todo es que ella me empezó a gustar por su parecido con alguien más pero, con sus miradas tan intensas y el paso del tiempo, me acabo gustando por ella misma.

                Por lo menos no me fui en blanco en la Universidad en cuanto a estrés amoroso.

                Domino

                A pesar de ser canófilo, hay una mancha en mi historial de amor hacia dichos animales, pero también fue una que al final me hizo ser más consciente de la importancia de estos seres en mi vida.

En el pueblo en el que pase mi adolescencia, teníamos un terreno muy grande para que nuestros tres perros corrieran libremente. El gusto les duró poco porque, debido a problemas financieros, en la casa pusimos una papelería.

                Los clientes tenían que atravesar los 50 metros del terreno para acceder al negocio (el cual marchó bien los primeros años), por lo mismo teníamos la reja abierta y no sólo entraban personas, también entraban perros callejeros. Uno de ellos fue “Domino”. Se le nombró así porque era blanco con algunas manchas negras, así que tuvo la fortuna de ser “bautizado” por el mundo humano, a pesar de ser de la calle.

                “Domino” llego siendo un cachorro que, como buen ejemplar de la raza “Streeter”, empezó a buscar sustento por sí mismo desde temprana edad y fue entonces cuando llegó a nuestra casa. Al inicio intentamos ahuyentarlo pero, supongo, percibió alguna buena vibra en nosotros y se negaba a irse, así que mi madre empezó a darle las sobras, ya que nuestros perros siempre han comido sus respectivas croquetas.

                El can en cuestión era tímido, por no decir cobarde, y en realidad sólo venía a ser alimentado y en las noches se iba a dormir a la calle. A mí me empezó a enojar esa actitud y le empecé a tomar cierta antipatía al animal.

                En aquel entonces estaba experimentando los peores años en mi vida y no andaba con una actitud muy generosa que digamos, así que agarre al pobre animal como fuente de desahogo. Afortunadamente mi nivel de malicia nunca fue suficiente como para lastimarlo, siempre lo corría, lo amenazaba y hasta intentaba aventarle piedras pero, para fortuna de “Domino” y de mi consciencia, mi puntería siempre ha sido mala y nunca logre atinarle.

                Sin embargo, nunca importó todo lo que intentará, siempre regresaba, y mi madre siempre lo alimentaba. Un día le conseguimos una casa que lo adoptara, pero sólo cambio el lugar en donde dormía, porque todo el día se lo pasaba en la nuestra. Ni si quiera mis perros (Princesa, Poncho o Mota) le hacían nada, algo tenía ese perro que le caía bien a todos . . . . menos a mí.

                Ahora entiendo que mi animadversión hacia ese pobre animal era un reflejo de lo que odiaba de mi ser en aquel entonces: Era cobarde y pusilánime, me daba lastima a mí mismo y (tal vez) a los demás, era una caricatura de la cual abusaban en Secundaria y todo eso lo veía reflejado en el pobre “Domino”.

                Pasados los años, cerramos la papelería (por exceso de ventas) y, con ello, el acceso a “Domino” se cerró para siempre. Mi madre aún le daba algunas sobras pero el animal entendió que ya no había lugar para él en algo que, supongo, consideraba su hogar. Por lo mismo empezó a visitarnos menos y a estar más en su “otra” casa.

                Un par de años después me enteré que murió “Domino”, atropellado por algún imbécil. Debido a mi historial ríspido con él, fingí indiferencia, pero mi consciencia no me dejaba en paz, por todo lo que fastidie al pobre, sin embargo había algo más en mi corazón: tristeza. Era increíble, en verdad fue un ser importante para mí, y ahora no podía hacérselo saber.

                Sirva este escrito de homenaje para un perro que nunca fue mío, tal vez el único can al que nunca le di una caricia pero que fue muy importante, ya que me sirvió de desahogo para frustraciones de las cuales nunca fue culpable. Su único pecado fue el ser callejero y tener un alma demasiado noble para su propio bien.

                Perdóname “Domino”, fui ignorante y egoísta, tal vez sea tarde pero, agradezco que hayas entrado en mi vida para darme una lección de humanidad muchacho, fue más de lo que yo jamás pude haberte dado.

                Claudia

                A ella la conocí en el Kinder y, a pesar de tener pocos recuerdos de esa época, tengo uno muy claro: Claudia me encantaba, y así fue durante nueve años, hasta finalizar la primaria. Recuerdo con claridad que sus ojos miel me idiotizaban, su cabello negro y lacio me enloquecía y, aunque no me gustan las pecas, su sonriente cara pecosa era mi razón para ir con gusto a la escuela.

                Al terminar el preescolar, ambos entramos a primarias distintas pero, afortunadamente, nuestras madres trabajaban en el mismo lugar (Escuela de Enfermería y Obstetricia del IPN), así que era muy dichoso porque podía a verla a diario para jugar juntos después de la escuela.

                Obviamente no éramos los únicos, porque había alrededor de otros seis niños y niñas con los que jugábamos, durante la tarde, hasta que nuestras madres terminaban eltrabajo. Ahora soy consciente que sólo eran tres horas, que hoy en día se me van volando pero, cuando uno es niño, ese tiempo es infinito, para mí eran como ocho horas de las actuales (y me siento feliz por ello).

                Felizmente no había Internet, celulares ni vídeojuegos portátiles, así que sólo nos quedaba jugar usando nuestra imaginación para entretenernos. Así que no pude tener mejor infancia que la que me tocó con una tecnología muy austera.

                Creo que Claudia siempre supo que me gustaba, ya que siempre he sido muy obvio al momento de reflejar mis sentimientos, así que era difícil pasar por alto esa cara de imbécil que pongo cuando alguien me atrapa. Felizmente, ella nunca cambio su trato conmigo ya que ¡nos conocíamos desde el Kinder! (cuando estás en primaria, conocer a alguien desde el Jardín de niños representa toda una vida).

                Tal vez sí me tenía afecto por todas esas aventuras infantiles que vivimos: alguna vez encontramos una camada de cachorros de una perra callejera (de ahí adopté a “Princesa”), hacíamos fonomímicas de las canciones de Timbiriche, escudriñábamos cada rincón de la Escuela de Enfermería , atrapábamos “Caras de niño” y los poníamos a pelear con arañas,  platicábamos de lo que queríamos ser de grandes, cantábamos las canciones “prohibidas” (porque decían groserías) de los Hombres G y, obviamente, jugábamos sin cesar hasta la hora que las progenitoras pasaban a buscarnos para partir a casa.

                Cada año se integraban o partían nuevos niños a nuestra pandilla, ya que unos llegaban del preescolar y otros partían a la secundaria. ¿Por qué nuestro grupo estaba conformado únicamente por gente de primaria? En realidad lo desconozco, pero era feliz porque Claudia y yo éramos de la misma “generación” y eso era especial para mí, porque era el que la conocía de más tempo.

                Alguna vez la invitaron a grabar un programa de opinión para niños del Canal 11 del IPN, mientras el resto de nosotros estábamos en el público. Es una lástima que no supiera grabar en esa época, porque vi dicha emisión las tres veces que la transmitieron (antes los recursos de dicho canal estaban más limitados, así que repetían mucho la programación). Recuerdo que cada vez que veía el programa quedaba como hipnotizado cuando ella hablaba, su voz me encantaba y sólo me enamore más de ella.

                Para nuestro sexto y último año de primaria, mis padres me dijeron que al terminar dicho curso dejábamos la ciudad y con ello mi amor de primaria.  Ese último año se creó en el IPN algo que, hoy en día, es la salvación de los padres: el curso de verano. Anteriormente mis vacaciones me las pasaba íntegramente en Veracruz, pero ese año mi mamá optó por meterme a dicho curso y, felizmente, Claudia también estaba ahí.

                Creo  que ese fue el verano más feliz de mi vida, salimos de excursión, montamos bailables, pintamos, jugamos, vimos películas y tuvimos muchas actividades al aire libre. A pesar de vernos a diario durante años, en esa ocasión me sentí más cercano a ella, fui feliz como pocas veces y, efectivamente, me enamoraba cada vez más profundo. Al final de ese curso ella me dio una cartita de despedida, muy bonita y muy importante para mí. Recalco, Claudia sabía que moría por ella y, a pesar de ello, siguió siendo mi amiga.

                Le di las gracias y nunca más la volví a ver ya que, una semana después, nos mudamos.

                En aspectos del amor nunca he sido muy audaz y, sobra decir, de niño lo era aún menos, así que nunca le dije lo que sentía, pero agradezco haber sido un amigo importante para aquella primera niña que me hizo sentir algo especial en mi pecho y que, además de todo, me trato con cariño y camaradería que, aún en el presente, atesoro en mis recuerdos.

                Gracias Claudia por ser aquella luz que iluminó mis primeros años de vida, siempre habrá un lugar en mi corazón para ti.

                Hebert Gutiérrez Morales.