domingo, 29 de enero de 2012

300

            Este Sábado estaba algo bajo de pilas, tal vez deprimido, todo por una semana sui géneris y, por lo mismo, algo desgastante; así que decidí suministrarme una dosis fuerte de adrenalina y para ello decidí ver “300”

“This is Sparta!” - Leónidas

Como mencione anteriormente, he sido amante de las historietas desde hace bastantes lustros, sobretodo las que son de alta calidad. Me parece que a partir de obras de arte, como las de Frank Miller (autor del Cómic en el cual se basó esta película), es que nació el concepto de Novela gráfica, para diferenciar a las obras normales de las de calidad excelsa.

No me queda duda que “300” es una película netamente para hombres, ya que es difícil que alguna fémina soporte tanta violencia, mujeres desnudas atractivas y sangre a morir (literalmente). Por eso mismo, mucha gente descalifica este filme, ciertamente no es apta para todo público (ni siquiera siendo adulto) pero, desde mi punto de vista, más potente e impactante que la violencia y mares de sangre, resulta el mensaje de lealtad, honor, justicia, libertad y heroísmo que todas las escenas duras en su conjunto, es más, éstas últimas son el condimento perfecto para realzar las cualidades de la obra.
          
“Espartanos, preparad el desayuno, y alimentaos bien, ¡porque esta noche cenaremos en el infierno!” – Leónidas

Cuando inicia “300” y se describe la niñez espartana, es una alegoría muy clara a lo que es la vida en sí (lo cual no significa que vayas matando lobos en cada esquina). Muchas veces nos quejamos de los problemas que nos acontecen pero, en realidad, no seríamos quienes somos si no hubiéramos enfrentado los mismos. Si sólo tuviéramos situaciones con resolución sencilla no nos forjaríamos un carácter ni obtendríamos madurez. Obviamente la niñez espartana de Leónidas es un caso extremo pero nos recuerda que el precio a saldar por la sabiduría y fortaleza personal, herramientas necesarias para el mundo, es alto y hay que tener el valor sufriente para pagarlo.

            La emoción de los espartanos al ver la superioridad de las hordas persas, escandalizó a su aliado arcadio al grado de preguntarles: “¿Acaso están locos? ¿Por qué sonríen ante tanta adversidad?” a lo que se le contesta con una explicación sobre una muerte hermosa (o relevante). Muchos deberíamos aprender a vivir de manera intensa, aunque sea brevemente, en lugar de tener una existencia larga pero aletargada.

“La Vida es una obra de Teatro. Lo que importa no es que dure mucho, sino que sea bien actuada” – Alejandro Jodorowsky

            Los espartanos no eran exitosos guerreros sólo por su bravura e inteligencia, sino el concepto de la Falange muestra que también eran solidarios y sabían trabajar en equipo. No cabían los egoísmos, ya que uno protegía al otro y no había lugar para éxitos individuales, o ganaban todos o perdían todos y ese mensaje de trabajo en equipo queda plenamente explicado con la falange espartana.

            Sin lugar a dudas el personaje de Leónidas ha de ser de los más memorables en la historia del cine y, lo mejor de todo, es que en realidad existió. Muchos podrían tacharlo de cruel al rechazar a Ephialtes de su ejército, sin embargo fue todo lo contrario. En realidad su actitud fue bastante generosa y respetuosa: por un lado no puso en riesgo a su ejército por una malentendida bondad hacia alguien que no embonaba y, por otro lado, su actitud hacia el jorobado fue leal, ya que lo pudo aceptar en su armada y dejarlo morir como carne de cañón, sin embargo el líder espartano mostró honorabilidad al no jugar con los sentimientos o ilusiones de otra persona.

            “¡Espartanos! ¡Tiren sus armas!” a lo que Leónidas contesta “¡Persas! ¡Vengan por ellas!” El film está llena de diálogos impresionantes, inteligentes y motivadores, la verdad es que me faltó poco para irme a comprar una disfraz de espartano, incluyendo la espada, lanza y escudo, listo para salir a combatir al lado de Stelios y Astinos (lo malo es que ya no tengo siete años para hacerlo sin sentirme ridículo  ¬_¬U).

            Leónidas nos da un claro ejemplo de lo que debe ser un líder, ya que siempre está peleando al frente de sus hordas, sin sentirse superior por ser el rey de Esparta, no está plácidamente sentado esperando que sus soldados hagan el trabajo sucio, él lo hace por sí mismo y les demuestra cómo hacerlo bien. No es necesario estar en un campo de batalla para demostrar auténtico liderazgo ya que, en cualquier ámbito de la vida, las palabras podrán convencer, pero la congruencia con las acciones arrastra a cualquiera.

“¡Espartano! Regresa con tu escudo...  o sobre él” - Reina Gorgo a Leónidas

            Una analogía interesante es la estrategia de defensa de las Termópilas, ya que se está seguro por todos lados, pero hay un pequeño resquicio que está desprotegido, el cual es más fácil defender con todos tus recursos. A nivel personal, mientras más completo e integral se encuentre uno como ser humano, podría enfocar sus fuerzas en las pocas debilidades restantes y lograr salir airosos, en lugar de estar dispersos por todos lados y ser apabullados alrededor.

            Los Éforos también son un ejemplo de lo que pasa en el mundo actual, ya que nos recuerda que las personas en el poder no toman siempre las mejores decisiones, en realidad anteponen sus propios intereses antes que el bien generalizado; esto a través de cualquier excusa y manipulando a la población para que crean que es por su bienestar.

            Jerjes es otro claro ejemplo de la egolatría humana, cuando nos embriagamos con cualquier tipo de poder, tendemos a sentirnos divinos. Ningún imperio, huelga decir que tampoco ningún humano, es eterno, invulnerable o imbatible. Es factible que Jerjes se sintiera un Dios por todo el poder que tenía pero desapareció al igual que el resto de los imperios y monarcas, (así como lo harán los actuales). No importan que tanto nos endiosemos ni lo superiores que nos creamos, al final todos tendremos el mismo fin.

            “Tienes muchos esclavos Jerjes… pero pocos soldados” - Leónidas.

            Esta última frase me trae a la cabeza que no es lo mismo respetar a alguien que tenerle miedo. Cuando uno es temido, la traición está asegurada en la primera oportunidad que se presente, ya que ese temor está estigmatizado con un gran odio. Cuando uno es respetado, puede estar seguro de la lealtad de sus seguidores, lo cual se evidencia con el hecho de que uno lo sigue hasta las últimas instancias de su trayecto.

            Me resonó especialmente el buen humor y sarcasmo de los espartanos, y es que me recuerda vivamente la buena vibra que tenemos en mi (todavía) departamento ya que, a pesar del trabajo tan ingrato, el sentimiento de compañerismo y diversión privan normalmente en el ambiente. Por más difícil e ingrata que sea una labor, al tener trabajo en equipo, humor, lealtad y compañerismo, se hace con un gusto impresionante y te aligera enormemente la carga.

            La codicia humana, que te lleva muchas veces a la traición o deslealtad, se refleja nítidamente en el comportamiento de Theron y de Ephialtes, dos caracteres que desconocen la lealtad o respeto y que se mueven por intereses propios, como cada vez es más común en la humanidad de hoy en día.

            En el caso de Ephialtes, además de codicia, también demuestra otra necesidad humana: el ser reconocido y/o aceptado. Es difícil definir dónde termina esa necesidad de aceptación y dónde comienza la codicia. En la pirámide de necesidades de Maslow se nos indica como base las fisiológicas y como cima las de realización, sin embargo, es difícil definirlas antes la variedad de caracteres de la humanidad, ya que a veces las de realización nos son tan importantes que las podemos percibir tan vitales como las fisiológicas.

            Aún más que la violencia humana en contra de sí mismo, es más detestable nuestra agresión hacia los animales pero, al ser sólo una película, reconozco que la escena cuando matan al rinoceronte Persa es lo máximo, una auténtica delicia por lo bien realizada que está. Y es que no sólo fue esta escena, la gran mayoría de las peleas son bastante artísticas por la excelente coreografía con la cual fueron montadas.

            “¡Mi brazo!” grita el mensajero Persa, a lo que el espartano que se lo cortó responde “¡Ya no es tuyo!”.

            Breve paréntesis en el comentario de este filme. A fin de cuentas en nuestros instintos, la violencia tiene un lugar muy alto (tan o hasta más potente que la lujuria), y esto ha sido omnipresente desde que el humano apareció sobre la faz de la tierra. Esta obra es prueba irrefutable del poco grado de evolución que hemos experimentado ya que, por lo menos para el público masculino, la emoción que despierta es innegable. La violencia debería ser desterrada y, sin embargo, pareciera que es un deseo utópico al ser parte de nuestra naturaleza. En el mundo cinematográfico yo identifico dos tipos de violencia: la “chida” o “cool” y la “cruel” o insensible (que me afecta bastante).

Por ejemplo, las películas de Quentin Tarantino, de Robert Rodríguez o las de la trilogía de Matrix las disfruto a tope, ya que resultan divertidamente entretenidas y no serían lo mismo sin tantas escenas sangrientas. Tal vez por el hecho de que son más fantásticas que reales y eso hace que mi mente no se estrese tanto al entender que es pura fantasía. Por otro lado, la violencia más psicológica y cotidiana, realmente me estremece al grado de voltear la cara o cerrar los ojos, por lo mismo que son más terrenales. Yo podría ver 100 veces en mi vida “300” pero no pretendo ver nunca más, por ejemplo, “El Cisne Negro”. Muchos dirán que la agresividad es la misma o hasta menos en el filme de Natalie Portman, pero para mí, al ser violencia más “al alcance de la mano”, más factible, más real, en verdad me estremece al punto de sacarme lágrimas del horror que experimento.

Personalmente, si en un filme hay violencia, debe estar justificada al contribuir a la calidad del producto final. Por otro lado, hay ocasiones en donde nos la podemos ahorrar perfectamente y no afectaría la calidad del filme. “300” es un excelente ejemplo de la primera afirmación y “El Cisne negro” de la segunda. Admito que la película de la bailarina de Ballet deja unos mensajes profundos y valiosos pero, por el simple hecho de las escenas tan grotescas, no la voy a volver a ver.

Volvamos al tema de este ensayo. La muerte de Astinos fue impactante y bien lograda, pero aún más intensa fue la reacción de su papá, el capitán Stelios, ya que se desató la rabia, frustración e incontenible ira de un padre que ve morir a su hijo, y es que no debe de haber algo peor que eso. De hecho tan impactante fue la reacción bestial de Stelios al matar a tantos persas de golpe, como lo fue contemplar sus lágrimas de auténtica miseria, acompañado de los gritos y llanto al ver que su engendro muerto.

“Nunca me he arrepentido de nada, y tampoco lo hago de la muerte de mi hijo por su país. De lo que sí me arrepiento es de no haberle dicho que era lo más importante en mi vida y que lo amaba con todo mi corazón” – Capitán Stelios

Sobre los aspectos técnicos, la banda sonora no será la mejor de la historia, pero cumple cabalmente para resaltar el sentido de cada escena. La fotografía fue excelente, ya que la estética del filme, que fue realizado 100% en fondo azules, creo un ambiente ad hoc para el argumento, ya que fue fiel al cómic al darle ese toque histórico y heroico que merece tal proeza.

“Los espartanos no retroceden ni se rinden. Ve y espárcelo por todo Grecia, para que busquen en su alma al conocer esta historia y, de pasó, busca tú en la tuya” Leónidas al líder desertor arcadio.

El sacrificio de la Reina Gorgo con Theron nos recuerda que las ratas siempre lo serán y nunca cambiarán su manera de ser y proceder, a pesar de sus promesas. Además también evidencia que, para la gran mayoría de los hombres, lo carnal también es una forma importante de ejercer el poder. Y, a pesar de todo, el emotivo discurso de la Reina ante la cámara de consejeros resultó maravilloso y estimulante.

La apasionada inconformidad de Dilios para dejar el campo de batalla sólo es igualada por la intensidad que tuvo para contar una historia heroica de la cual formo parte, incluyendo la escena en la cual deja a sus compañeros atrás.

“Cientos se retiran, un puñado se queda, y sólo uno volteo hacia atrás” – Dilios.



La actitud de Leónidas de pelear hasta el final tenía un claro significado: la inmortalidad, la cual se logra a través de vivir en los recuerdos de su nación y en las leyendas de la humanidad. Sabía que su historia iba a trascender más allá de su muerte. Si se hubiera rendido para simplemente sobrevivir, su nombre sería ignorado en nuestros días, porque los cobardes son abandonados en el desierto del olvido.

La cruel elegancia que muestra Leónidas al decirle al jorobado traidor: “¡Tú, Ephialtes, vive para siempre!”, ése fue el castigo más inhóspito al evidenciar la basura humana que era (hablando únicamente de su putrefacto interior), al ser despreciablemente patético en contra del pueblo que lo vio nacer.

“Más vale morir de pie que vivir de rodillas” – Emiliano Zapata.

El rey espartano fue capaz de sacrificar su orgullo para fingir que se hincaba ante Jerjes, pero fue por un bien mayor cuando permitió un ataque suicida sorpresa contra los persas como última alternativa de triunfo. Y, unas escenas más adelante, la muerte del capitán Stelios me sacó las lágrimas. Fue honorable, pasional, heroica y, aunque suene grotesco, hermosa.

A veces no todas las batallas perdidas son un fracaso, a veces el heroísmo, pasión, seriedad, profesionalismo o como quieran llamarlo, deja patente la valía de una persona o de un pueblo. Pareciera que en el mundo actual es más fácil pasarse el honor por el arco del triunfo que el hacer lo correcto, y claro, ahora se buscan los caminos más rápidos y provechosos en lugar de los más arduos pero loables.

“Mi Rey, es un honor morir a su lado” a lo que Leónidas le contesta a su soldado “Es un honor haber vivido al tuyo”

Puede ser que “300” sea una película excesivamente violenta, es factible que por lo mismo sea censurada, debido a las escenas fuertes y políticamente incorrectas. Sin embargo, el valor de este filme vas más allá de la violencia y derramamiento de sangre. Muchos sólo ven lo superficial e ignoran groseramente todo el sentimiento de honor, gloria, lealtad y valentía de ser humano que hay en esta obra. Todas esas escenas fuertes y crudas son necesarias para resaltar esta historia de 300 hombres que perecieron heroicamente, defendiendo un ideal de justicia y libertad, hace miles de años en la antigua Grecia. 

“Mi Reina. Mi Esposa. Mi amor” – últimas palabras de Leónidas antes de morir bajo una tormenta de flechas persas.

Es obvio que la historia fue romantizada, porque así de subjetivos son los que escriben los registros de la humanidad pero, lo que más inspira de este argumento es que se apega mucho a la realidad (en un 90% admiten los historiadores), y así notamos lo que podemos alcanzar como humanos, tanto para trascender como para corrompernos.

Parte de mi Misantropía se debe a que cada vez hay más Jerjes y menos Leónidas. Cada vez hay más gente como Theron y menos como Dilios. Los Ephialtes sobran y los Stelios escasean. Aunque la batalla de las Termópilas fue real, pareciese que la historia de “300” es pura ciencia ficción y no por el toque romántico e idealista que le imprimió Hollywood, sino por la prostitución constante y/o progresiva que sufre la humanidad actual. Nuestras faltas de respeto hacia nosotros mismos, nuestro planeta y todo lo que nos rodea me hacen percibir esta obra como una película de ficción, a pesar de que haya acontecido en la realidad.

“Él no quería canciones, monumentos ni leyendas, él sólo pidió una cosa: ‘Recuérdenos’” – Dilios citando a Leónidas frente a la Cámara del Consejo.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 21 de enero de 2012

Los Trabajópatas

            A lo largo de los años en mi trabajo, al momento de planear vacaciones, me he dado cuenta de una costumbre muy común: Cada persona tiene una cantidad de días de descanso anuales, muy poca gente (casi nadie) toma sus vacaciones en el año que les corresponde. Lo que sí es común, tristemente, es que muchos tengan el acumulado desde dos hasta cinco años de días de descanso que no han disfrutado.

            Con lo rico que es el idioma español, me llamaba la atención que no se hubiese acuñado un término para los “Workholics” así que, felizmente, ya encontré dicha palabra en castellano: Trabajópatas.

            Regresando al punto inicial. Muchas de estas personas no se toman sus días libres porque no saben qué demonios hacer en el mundo externo, ya que viven para y por el trabajo, viven para trabajar en vez de trabajar para vivir. ¿Cómo puedo afirmar esto tan contundentemente? Porque yo solía ser uno de ellos, pero de eso hablaremos al final de este escrito.

            Estos obsesos laborales les gusta ponerse en plan de víctimas, les gusta afirmar que tienen mucho trabajo y que “nadie más lo puede hacer”, por lo que se sienten indispensables, pero no saben que NADIE (en ningún ámbito de la vida, y mucho menos en el laboral) es indispensable. Podemos ser muy importantes en varios círculos, pero jamás insustituibles, y ése es un problema de ego que mucha gente padece(mos).

            Estas personas se consideran trabajadores eficientes, eficaces y leales, además perciben que el resto no son de la misma calidad que ellos, y tienen razón, pero no en el sentido que ellos creen. De acuerdo a Gayle Porter, especialista en este trastorno, el workahólico puede ser perjudicial para una empresa, ya que suele dedicar un tiempo prolongado a tareas irrelevantes. Las estadísticas arrojan que el trabajópata, no produce más que un empleado normal; simplemente calienta el asiento durante más horas (este párrafo se tomó del libro “Nietzsche para Estresados” de Allan Percy).

            Los Trabajópatas argumentan que tienen demasiadas actividades, porque sus superiores les sobrecargan de tareas, pero eso es tema de dos. Por un lado “¿A quién le dan pan qué llore?”, obviamente si un jefe ve que uno de sus colaboradores es feliz en la oficina, y ni chista cuando se le da más trabajo, pues va a ver cuánto más aguanta. Si el colaborador no se tiene el suficiente respeto y seguridad para poner un alto, sobretodo si están abusando de él, el jefe no se va a dar por enterado. Además, como les comentaré posteriormente, la voluntad de organizarse mejor radica en sí mismo, no esperemos que venga un jefe bondadoso a arreglarnos nuestra jornada laboral.

            Las consecuencias en el organismo son grandes para las personas obsesionadas con su trabajo, por un lado, al no tener tiempo para ellos, la actividad física no es la óptima, y menos si pasan mucho tiempo frente a un monitor. Si a eso aunamos que no tienen algún momento ni para comer, tienden a llenarse con muchas porquerías que venden las máquinas tragamonedas (o, como dicen los españoles, “Tragaperras”). Ya ni mencionar la salud mental, la cual se va cultivando con la diversidad de actividades en todos los ámbitos existenciales, y no sólo con el estrés del Trabajo (que va mermando inclementemente la calidad de vida).

            Esta situación va más allá de la oficina, ya que es un círculo vicioso que abarca toda la existencia del individuo. Los amigos que haya hecho antes de esta etapa, lo irán dejando de lado paulatinamente, ya que no se aparece en reuniones o eventos y, cuando lo hace, sólo habla de trabajo sin nada más interesante que aportar, es obvio que vaya siendo relegado en el olvido. Por otro lado, sus “amigos” del trabajo le ofrecen un buen espejismo de amistad pero, normalmente, cuando dejan la organización (incluyendo al trabajópata) eventualmente se pierde el vínculo, el cual estaba basado en la convivencia diaria y no en una amistad auténtica (afortunadamente hay excepciones).

            Lo patético de la situación es que el individuo en cuestión piensa que lo hace por un bien mayor: el bienestar de la familia pero, vergonzosamente, hasta en eso está equivocado. Es verdad, y nadie lo niega, que para tener una buena vida en este mundo materialista, el dinero es necesario, pero no es la única variable en la ecuación. Siendo realistas, casi todos los workahólicos son empleados de confianza y, por lo general, casi ninguno recibe un pago por todas las horas adicionales que trabaja, así que el tema dinero queda descartado como motivo válido, ya que reciben el mismo dinero si salen a las 5pm que si salen a las 10pm.

            Al primer Trabajópata que conocí fue a mi papá putativo (o el segundo esposo de mi mamá). Por alguna razón, sus empleos siempre estaban lejos de dónde nosotros vivíamos, así que sólo lo veíamos los fines de semana. Al no convivir con él, pues era un desconocido en nuestras vidas y, como creía que seguía en la empresa, llegaba a ser un Gerente de la casa en vez de ser simplemente “Papá”. Debido a su actitud de capataz, nunca tuvimos una auténtica relación de padre e hijo, ya que la mayoría del tiempo nos llamaba la atención por algo y, por lo mismo, la situación siempre estaba muy tensa cuando él estaba en casa (y ya ni les cuento el suplicio que era tenerlo en vacaciones).

            Muchos Workahólicos caen en esos errores: primero, no saben distinguir la casa de su trabajo, así que consideran que su familia son como sus empleados y ésa no es una buena idea para fomentar unos lazos sentimentales sanos. Por eso mismo, el poco tiempo que se dan para convivir en familia, es un sufrimiento, más que una alegría, para ese hogar que se ha ido desarrollando, pero sin él (y lo pongo en masculino porque son contados los casos de mujeres adictas al trabajo que tengan hijos, normalmente ellas sí saben lo que es primordial).

            Ahora, antes de continuar, para todos aquellos que me están tachando de “mal hijo” “poco agradecido” “ingrato” y demás. Ciertamente agradezco que el esposo de mi mamá, del cual no soy hijo por sangre (mas si por educación), me haya mantenido y pagado una carrera universitaria (aunque ése fue el trato para que mi madre se haya casado con él). Sin embargo, ahora que llevó más de doce años trabajando (porque VW no fue mi primer empleo), en realidad no lo puedo absolver del todo. Aunque no nos faltó nada primordial en la casa, tampoco es como que hubiéramos vivido en la abundancia, así que no creo que hubiera cambiado mucho la situación familiar si él hubiera trabajado menos y convivido más con nosotros. Además es difícil para un niño fomentar lazos fuertes cuando, en vez de un padre, llegaba un Ogro a la casa. Recalcó, agradezco profunda y eternamente lo que me dio, pero no puedo fingir lo que no recibí: el trato amoroso de un papá.

            Así es señores trabajópatas, no sigan en su plan de víctimas, porque sus hijos no van a recordar si les dieron viajes o juguetes, esos son desechables y siempre habrá un modelo nuevo que opaque al que adquirieron. Pero hay muchos abrazos, consejos, apoyos, momentos de compresión, risas, preguntas, victorias, derrotas, decepciones y demás intangibles que no pueden comprar: ustedes deben de estar ahí para proporcionarlos y/o vivirlos.

            Platicando con el Pitirijas, él lo vivió en carne propia, trabajo tanta décadas para sacar a sus hijos adelante pero, cuando al fin dejo la empresa y llego a su casa, resulta que era un auténtico desconocido, además no tenía lugar ahí, porque todos en su familia ya habían hecho su vida, y no tenían tiempo ni voluntad para intentar construir algo que es más fácil desde la infancia, cuando el niño en realidad necesita la imagen paterna para un mejor desarrollo.

            Pero la tragedia del Workahólico no acaba ahí, no entiende que la empresa para la cual labora es un negocio, sin sentimientos, ni personalidad. Va a haber un día, por cualquier circunstancia, que el Trabajópata va a salir del trabajo (ya sea despido, jubilación, cierre de empresa pero jamás renuncia, porque sería como un suicidio para el desdichado). Y ése va a ser el día que se va a dar cuenta de todos los años de vida que invirtió ahí ¿y que reciben a cambio? Dinero en el mejor de los casos, sin importar la cantidad, ¿ese cheque vale toda la vida invertida? ¿Vale todas esas veces que no les dieron las “buenas noches” a sus retoños? ¿Paga todas esas reuniones con amigos a las que no llegaron? ¿Valió su divorcio? ¿Esos partidos de sus hijos que no vieron? ¿Las obras de sus hijas? ¿No ver una película en familia? ¿Cancelar unas vacaciones en la playa?

            Las empresas son negocios, no son instituciones de beneficencia, si le eres útil te emplean, si no, te dan una patada en el trasero. Normalmente la compañía no te pide que te quedes hasta tarde, sólo en ocasiones especiales. El que decidió quedarse más tiempo es uno mismo, el que regaló todas esas horas no es otro más que el propio Workahólico. Obviamente a la empresa no le molesta que se queden más horas ¿A usted le molestaría que, por el mismo precio, en lugar de una hora masaje le den una hora y media?

            Cuando se pasa tanto tiempo en el trabajo y tan poco en la casa es fácil perder la noción de lo que es importante en la vida. Así que uno piensa que el trabajo es su casa, hasta que te acaban sacando en contra de tu voluntad y cuando llegas a tu verdadero hogar, resulta que eres un desconocido.

“Aquél que no dispone de dos tercios de su vida es un esclavo” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Ahora, si de algo les sirve, les voy a compartir cómo fue que deje de ser un Trabajópata:

            Por vivencias que ya compartí en una ocasión anterior, mi vida social era en realidad muy limitada, por no decir inexistente. Por tal motivo encontraba en mi trabajo una realización ó satisfacción que no encontraba (ni me interesaba encontrar) en otros lados.

            Es verdad que siempre me ha gustado trabajar en Volkswagen, por lo mismo siempre lo he hecho lo mejor que he podido. Lo triste del asunto es cuando uno cae en la enajenación, y es que, mi jornada laboral diaria entre semana era de 15 horas (de las 7AM a 10PM), además de cinco horas los Sábados y otras cuatro en Domingo. A excepción de dos períodos (mi primera novia y mi fallido matrimonio) ése fue mi ritmo de vida durante los primeros siete años de mi trabajo en la empresa.

            Como pueden ver, no tenía vida social, vivía por y para el trabajo, y en realidad no me importaba que así fuera, porque era feliz (y auténticamente lo era). Pero, como dice Fritz Perls, “La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas”, así que esos días estaban por terminar (felizmente).

            En una ocasión se me pidió un reporte especial, el cual me llevó bastante tiempo y análisis, durante un Sábado, algo que para mí era común. El problema fue que el superior que me lo solicitó se alzó el cuello con mi esfuerzo y pareció que él lo hubiera hecho. Considerando que mi faceta laboral era la más importante de mi vida, se entiende que mi enojo e indignación fueran monumentales, estaba fúrico y con justa razón. Fue tal mi molestia que hable con el jefe de esa persona, pero no recibí ningún respaldo, así que mi malestar creció aún más por la injusticia de la cual fui víctima.

            Gracias a ello, me hice el firme propósito de ya no salir tarde. Claro que iba a hacer mi trabajo lo mejor que pudiera, pero de manera más eficiente. Lo triste es que esta determinación no fue motivada por un sentimiento de preocupación personal, sino uno de enojo, pero el resultado fue positivo de todas formas. Tarde tres meses en acoplar mi trabajo al horario oficial y desde hace casi cinco años salgo puntualmente a las 5pm (con sus contadas excepciones), además de ya no laborar los fines de semana.

            Afortunadamente, sin quererlo, el propio trabajo me curó de la obsesión que tenía por él. No fue algo que buscara, pero después me alegré y agradecí que así se hayan dado los hechos, porque me vi enormemente beneficiado a nivel personal, en mi salud física y hasta en mi faceta espiritual (que muchos confunden Religión con espiritualidad).

            En fin, no sé si algún día vuelva a estar en una relación y ni siquiera sé si en el futuro engendraré (me agradarían ambos casos pero no son imperativos), pero si lo hago sé que tendré tiempo para lo importante. Aunque no busque una vida fuera del trabajo, me alegro tenerla, y no tanto por una hipotética familia, sino por mi mismo. He pasado mucho tiempo aletargado y, de a poco, voy conociendo un amplio mundo que antes se reducía a mi oficina. La vida sólo es una como para invertirla en el trabajo y, al final, hay más cosas que sólo dinero en ella.

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 15 de enero de 2012

Bondades y vicios del Facebook

El año pasado fue uno en el que menos he leído, sólo detrás del año en que estuve casado, en el cual no leí nada. Esto me incomodó bastante, y ahí me dí cuenta de la gran cantidad de tiempo (no sólo de lectura) que me roba la cosa llamada Facebook.

Honestamente no entendía tanto tiempo perdido, hurgando entre tanta tontería buscando algo que valiera la pena, ahí hago un poco de consciencia y me digo a mí mismo “En este momento podrías estar leyendo algún libro interesante en vez de tanta basura vulgar”, y es verdad. Siempre tengo libros pendientes, sin contar los que me han recomendado, los cuales me pueden aportar algo inteligente en vez de conocer tanta información tan banal que no me concierne. Ese pensamiento ronda tanto por mi mente que permanentemente considero cerrar mi cuenta, sólo que nunca he encontrado un momento de valentía (o sensatez) para hacerlo.

Nada de lo que desarrollamos como humanidad es bueno o malo per se, ya que los que les damos un buen o un mal uso somos nosotros mismos, y un claro ejemplo de ello son las distintas redes sociales.

Desde hace mucho tiempo, me oponía a tener una cuenta en alguna red social (como aún me opongo a caer en muchas de las innovaciones actuales), y es porque tengo una creencia muy íntima de que, cada vez que me rindo a alguno de esos avances tecnológicos o cibernéticos, es a costa de una pequeña parte de mi naturaleza humana y, si lo analizan con calma, verán que no me equivoco. Sin embargo, al igual que pasó con los celulares, con las pantallas LCD o con la Lap Top, acabe sucumbiendo al fenómeno social llamado Facebook y, no lo puedo negar, se llega a tornar enviciante (por no decir enajenante).

La situación con este sitio es muy curiosa a nivel antropológico, y es que las personas siempre estamos en busca de reconocimiento externo en vez de la aceptación interna, y en esa necesidad existen muchos usuarios que postean lo que sea con tal de conseguir una aprobación cualquiera a través del famoso “Me Gusta” o el “Like it”. Personalmente intento compartir algo interesante, chistoso, relevante o que aporte, por lo mismo, encuentro patético poner comentarios como “Tengo sueño”, “Tengo hambre”, “Que hueva”, “Qué rico cene”, “Me asuste”, “Estoy aburrido(a)”, “Me siento mal”, “No quiero trabajar/estudiar” y demás irrelevancias. Creo que todos tenemos algo que compartir que valga la pena y no cualquier tontería que pasa por nuestra cabeza.

            Me llama mucho la atención esa vacuidad en lo que se publica en esta red social, ¿en realidad no tienen nada interesante que compartir? Antes de purgar mis contactos, llegue a tener 407, sin contar comerciales, menos del 10% de las publicaciones valen la pena (y me estoy viendo generoso). De ese 10% hay canciones, reflexiones, frases, chistes, ideas, comentarios sobre películas entre otras, el problema es que el otro 90% de los post es un auténtico desperdicio y me hacen preguntarme “¿Para esto me registre en este mundillo de mentiritas?”

            Al igual que todos, me siento muy bien cuando alguno de mis post tiene muchos “Me gusta” o hasta algún comentario, y no me siento tan bien si es ignorado, pero por lo menos no son vacíos. Es triste buscar reconocimiento a través de “nada”, que nos acepten por aportar Nada; esto es un reflejo de la educación actual, en donde los padres premian a los niños por Nada. Por ejemplo, antes eras reconocido por obtener sólo calificaciones excelentes y estar en el cuadro de honor (y a veces ni eso alcanzaba para que te reconocieran en casa, porque esa era tu “chamba”). Ahora los padres los premian generosamente ¡simplemente por pasar de año! No importa lo mediocres que sean las calificaciones, así que acostumbran a los engendros a ser gratificados por cualquier gracia que hagan, sin importar si son o no valiosas.

            Uno de los males de nuestra cultura es que la gente no lee, pero tampoco escribe, ya no digamos cartas (Que están prácticamente extintas), no escriben Mails personales, casi todos son re-envíos de chistes, cadenas, presentaciones de Power point y demás material despersonalizado. No sé si sea falta de voluntad, de interés o de capacidad, pero pocos tienen contacto individual con conocidos o amistades en lugares apartados. La ventaja del Facebook es que puedes compartir algunas fotos, algún sentimiento o algún pensamiento y está disponible para que muchos de los seres que te importan sepan lo que te pasa. Esto es un pretexto perfecto para estar en contacto con las personas, aunque sea a través de un “Me gusta”, lo cual es bueno, para seres queridos que están en las lejanías. Obviamente eso no es muy sano cuando se da entre personas que tienen contacto personal a diario y, peor aún, que viven bajo el mismo techo (lo cual resulta patético).

            El éxito del Facebook radica en dos fenómenos complementarios: el vouyerismo y la egolatría, los cuales se expresan al mismo tiempo. Como son nuestros cinco minutos de fama con los conocidos, somos muy dados a aceptar a personas que ni conocemos, tanto para estar de metiches en vidas que nunca hemos visto (ni nos importan) como para tener más público que esté viendo lo que pasa con nuestro acontecer (y que tampoco les importa), simplemente el morbo es mucho de lo que mueve a esta red social.

Cuando agregaba, o aceptaba, al alguien que no conozco en el Facebook, me preguntaba a mí mismo “¿Por qué hago esto?” Pareciera que el tener más contactos nos diera poder, atractivo o influencia, es como una regla no escrita que la persona que tiene 1000 “amigos” es mucho mejor que la que “sólo” tiene 100 y ya ni mencionemos a la que tiene 10. Pero de esos 1000 contactos ¿A cuántos les has dicho “Hola” en persona? ¿Con cuántos tienes interacción? ¿Cuántos de ellos sólo sirven como relleno para que tu número de “amigos” sea bastante superior a la realidad? 

            También tenemos el lado positivo de esta situación, porque llegas a conocer a “amigos de tus amigos” que resultan bastante interesantes, de hecho encuentras una que otra joya entre todo ese bonche de contactos que agregas porque sí. Sin hablar de mis amistades añejas, que tienen cuenta en Facebook, he encontrado contactos a través de esta red social que han resultado muy brillantes y, que de no haber ingresado en este mundo virtual no hubiera conocido. De igual forma, también me he llevado sorpresas agradables de gente que ya conocía, pero no a fondo, y me dí cuenta que compartimos muchas formas de ver la vida, y resulta ser de quién menos lo esperas. Es obvio que estoy hablando de los que comparten algo valioso porque es difícil conocer la esencia de otro a través de post simples como “Tengo hambre” “Tengo sueño” “Estoy feliz” o “Que rica comida”.

            Como ya lo había tratado en el ensayo de Pornografía y Sexualidad, el Facebook nos muestra otra manera de exhibicionismo, vean la cantidad de fotos provocativas (que los mismos usuarios se toman) las cuales se usan como imagen de presentación. Entiendo que es una manera de promocionarnos a través de nuestra apariencia; no es propiamente incorrecto, pero poco le falta. Con este hecho, ¿con que cara juzgan a la pornografía si con poca motivación se cae en lo mismo (y sin dinero de por medio)? Se podría considerar como un instinto humano el estarse mostrando, promoviendo o vendiendo ante otros.

            Siguiendo en el tema, también debo ser honesto y reconocer que esas fotos funcionan, me da mucha pena admitirlo, pero en su momento agregue a muchas de esas mujeres sólo por su foto provocativa. Obviamente no las conocía y, lo peor, ¡es que me aceptaban sin conocerme! Aunque, eso sí, checaba el resto de sus imágenes para ver si en verdad eran ellas y no estaban usando la imagen de alguien más para atraer “amigos” (que cache un par de casos así).

Alguna vez leía que una de mis otrora contactos se quejaba “¿Por qué sólo me agregan hombres feos?” Bueno, ignorando el hecho de la foto tan provocativa (y en ropa interior) que puso en su perfil, el problema no radica en que personas “feas” la agregaran, en realidad la pregunta sería “¿Por qué los aceptas?” Pareciera que el tener más contactos nos hiciera mejores personas, ya que somos más populares; es algo así como incrementar nuestras riquezas materiales o virtudes personales. Obviamente no es nada de esto, los aceptamos porque tenemos un cómplice más en este Vouyerismo que es tan vital en este medio electrónico.

            No se puede negar que es una forma de comunicación divertida y dinámica, es más fácil postear algo con una foto que escribir 20 mails de forma personal, además es “gratuita”, pero sólo en dinero, porque en tiempo es bastante cara y más sin consideramos lo poco que se consigue en calidad. Es una forma práctica de comunicarte con mucha gente simultáneamente, sin importar el lugar del planeta en que te encuentres. Lo ideal sería tener comunicación más personalizada e íntima con nuestros seres queridos pero, en este mundo tan “apurado” en el que vivimos, eso resulta casi imposible, sobre todo con la falta de voluntad y/o valores que caracteriza a esta generación, (pero ya escribiré de eso en un futuro próximo).

            Es bueno tener comunicación con personas que no has visto en años, incluso toda tu vida (por ejemplo tengo familiares que vine a conocer hasta que abrí mi cuenta en Facebook). Además de que es una forma de conocer a otros que estaban “olvidados” ó a los que tienes más cerca, aunque esto no siempre es agradable, y es que llegas a ver el bajo nivel de desarrollo de algunos y, personalmente, opto por borrarlos ya que no quiero verme contagiado por su estupidez. De igual forma habrá quién me haya borrado a mí, seguramente porque no les hayan gustado mis ideas, de hecho, podrán tacharme de lo que sea, pero no de contenidos u opiniones huecas o banales.

            Algo innegablemente positivo de esta red social, es cuando cumples años, es una sensación muy reconfortante que tantas personas te feliciten en tu muro. Cada año tengo algunas personas que olvidan mi Cumpleaños y, hay que admitir, que esta red social resulta muy conveniente para recordarte fechas importantes y felicitar a tus seres queridos. Así que el pasado fue mi aniversario en el que más felicitaciones recibí, y no sólo mediante el Facebook, ese día recibí muchas alegrías incluyendo llamadas, mails y de manera personal.

Entiendo que, para mucha gente, las redes sociales son una manera de trascender, lo mismo que para mí significa el blog, que tal vez no sea leído por muchos pero, por lo menos, el contenido está sustentado y razonado; seguramente muchas veces erró en mis opiniones, pero nadie las puede tachar de simples. Además tengo la ventaja que está abierto a TODO el público y no sólo a una cantidad de contactos limitados.

            Mi amiga Les me dijo que no era necesario que me dé de baja del Facebook ya que eventualmente, me pasará la moda y lo iré abandonado de manera paulatina, así que morirá en mi interior. Me sentía angustiado porque, a más de un año, veía lo contrario, ya que cada vez se incrementaba mi participación en él, lo cual no me gustaba.

            Sin embargo, recalco, la culpa no es de la red social, la situación fue consecuencia de mi comportamiento y falta de paz interior para controlar esa ansiedad que provoca el checarlo constantemente: ver si hay algo nuevo, si alguien escribió en mi muro, si ya la dieron “Me Gusta” a algún post, o si éste ha recibido comentarios. Nada que te produzca ansiedad debe ser bueno para ti y menos si no la sabes manejar, como ha sido mi caso. Pero huir nunca ha sido la solución a ningún problema, hay que encararlo y resolverlo. Una vez que pueda coexistir con el Facebook sin que me sea tan vital, ahí será el momento en el que pueda dejarlo sin drama alguno o, mejor aún, ni siquiera tendré que abandonarlo porque habrá pasado a ser irrelevante.

            Me imagino que algo así habría pasado con mucha gente cuando inventos como el teléfono, la televisión o el celular se popularizaron. Ciertamente muchos se habrán obsesionado con esos aparatos y el costo en tiempo y angustia habría sido mucho. Ya vencí a la TV en una ocasión, el teléfono (tanto fijo como celular) no me es vital, así que sólo es cuestión de tiempo para que el Facebook me resulte indiferente.

Hay quien dice que si no estás en Facebook, Twitter, Google+, LinkedIn y demás redes sociales no existes en este planeta. Tal vez tengan razón, no me sorprendería con lo retorcido que está el mundo en la actualidad, no es importante si te ven en carne y hueso, lo importante es si te leen en la pantalla. Deberíamos reflexionar, a muchos les aterra no existir en redes sociales y, creo, eso habla mucho de lo que llevamos dentro. A mí me importa que Facebook ya no exista en mí (y lo voy a lograr), ya ni menciono el resto de Redes existentes, porque no pretendo ni asomarme a ellas, ya tengo suficiente con la que tengo que lidiar en la actualidad.

            Tal vez en mi diario acontecer no conviva con 294 “amigos” (los que quedaron después de la purga), pero sí lo hago con muchos seres de carne y hueso, y con muchos de ellos elijo interactuar (con otras no hay remedio). Afortunadamente dentro de mis amistades, hay personas interesantes con las cuales tener comunicación profunda o, por lo menos, de calidad. Los temas que tratamos irremediablemente me interesan y no siento perder mi tiempo con ellas porque, de ser así, me retiro a la brevedad. La interacción humana puede resultar anticuada para estas épocas de interconectividad, y tal vez nací en un siglo que no me correspondía, porque encuentro ilógica esa locura en la que muchos caen por un medio que les exige mucho y les aporta poco.

            Alguien me dijo en alguna ocasión que Twitter es para la gente más inteligente, aunque otra persona me dijo que la única diferencia es que limitan tu estupidez a 140 caracteres. No conozco, ni quiero conocer, Twitter, porque creo que es la misma pérdida de tiempo que representa el Facebook, además de que implicaría comprarme un Smartphone para estar más sometido a estas redes sociales.

            No lo voy a negar, puedo ser igual de ególatra y vouyerista que la mayoría de los que lo componen. Sin embargo, también combato tanta banalidad con contenidos que valgan la pena. Mi intención de quedarme es brindar algo interesante aunque no tengo por qué creerme el salvador de nadie (mucho menos de una red social), si a la gente le gusta la basura, pues hay que dejarla con la basura.

            El Facebook es un claro reflejo de la humanidad actual en donde, un gran porcentaje de la misma, es dispensable y sólo unos cuantos individuos valen la pena. La evidencia radica en tanto contenido hueco que se postea, pero es que no pueden compartir algo que no tienen, porque la mayoría de la raza humana se puede considerar como “de relleno” o, en términos bélicos, “carne de cañón” (no se escandalicen con mis comentarios, recuerden que soy Misántropo certificado).

            Este mundillo de mentiritas sirve, literalmente, para perder el tiempo. Me di cuenta cuando veo bastantes publicaciones tipo “Estoy aburrido” “alguien coménteme algo” o, hubo una que me encanto: “Es como el Refrigerador, sabes que no hay nada pero de todas formas lo abres para ver si hay algo”.

            Este mundo virtual puede existir con o sin nosotros y, algo que debemos tener muy claro, nosotros también podemos existir sin él. Me he cuestionado seriamente si debo de irme ya, antes de hacerme adicto y ser como esas personas que ya no pueden vivir sin esta Red Social, ya que es muy fácil caer en esta adicción. Les recomiendo ampliamente el corto documental llamado “Farewell Facebook”, el cual es de un realizador Holandés. Aunque, a mi parecer, se queda un poco corto en todas las implicaciones de este mundillo de mentiritas, está bastante bien hecho por lo claro y conciso.

            Creo que ya hubiera cerrado mi cuenta desde hace mucho tiempo pero hay un motivo poderoso para no hacerlo: hay mucha gente valiosa con la cual es mi único medio de comunicación, ya que se nos facilita el tener contacto por esta red social.

            A fin de cuentas, el Facebook es un medio de comunicación, y al igual que el resto de ellos, puede ser de alta calidad o uno que propague porquería, y eso depende del uso que se le dé (Como el efecto GIGO: Entra basura, sale basura). Uno lo ve en distintos medios: Canales de TV basura y otros que valen la pena, publicaciones dispensables y otras muy interesantes; estaciones de radio totalmente superficiales y otras con contenido de alta calidad. En esta red social hay usuarios (los menos) que comparten algo valioso (no tiene que ser algo profundo necesariamente), y también tenemos a una gran mayoría que sólo postean porque sí. Sé que el ser humano tiene la necesidad de expresarse, como evidencia están las pinturas rupestres en cuevas que dejaron nuestros antepasados, pero si no hay nada bueno que decir, me parece que es mejor no decir nada.

“Es mejor mantener tu boca cerrada y dejar que la gente piense que eres tonto que abrirla y confirmarlo” – Mark Twain

A poco más de un año de haber iniciado este experimento del Facebook, ha resultado una experiencia diferente, innovadora y enriquecedora aunque, siendo honesto, ya estoy retornando a libros interesantes en vez de leer comentarios sin sentido. Prefiero invertir mi tiempo en algo que me deje satisfecho y no que me haga sentir frustrado diciendo “¡Maldita Sea! Ya perdí una hora viendo estas tonterías”.

Honestamente, otro hecho que pesa para no dejar este mundo de mentiritas, es la promoción que perdería para el blog. También admito que no me gustaría perder esa ilusión pasajera de que ser amado, poderoso, influyente, admirado y aceptado por los demás de acuerdo a los “Me gusta” que recibes. Sin embargo, si necesitamos la aceptación externa sobre la propia, entonces debe de haber algo malo en nuestro interior. En este punto volví a considerar cerrar la cuenta, pero sé que soy más fuerte que una página de Internet, por lo que he vencido mi incipiente adicción.

            En realidad, iba a utilizar el presente ensayo como despedida de esta red social, pero me retracte ya que, siendo objetivos, el vacío de los contenidos posteados no es culpa de esta red. Ciertamente hay gente interesante y valiosa en este mundo de mentiritas, pero en realidad son los menos (y ni si quiera llegan al 10% que mencione líneas arriba). En realidad es MUY poca la gente interesante o inteligente, no solo en el Facebook, sino en el mundo.

            A esos sabios seres que no han entrado al mundo de las redes sociales, les digo de manera honesta, ¡No lo hagan!, tienen una vida sin este accesorio virtual y, seguramente, tienen muchas actividades que atender como para perder su tiempo. Para mí ya fue muy tarde pero, por lo menos, tome acciones al respecto, al limitar mucha información basura y borrar más de un centenar de contactos. Con esto recuperé mucho de mi tiempo de lectura (que buena falta me hacia).

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 8 de enero de 2012

Roscas, humildad y esfínteres.

“Aprender requiere siempre una cuota de humildad” – Demián Bucay

            En los Juegos Olímpicos de Seúl 88, en la prueba de caminata de 50 km, observe cómo un marchista simplemente se detuvo a hacer sus necesidades fisiológicas frente a millones de espectadores que lo observábamos alrededor del mundo. Esa imagen me impactó por la tremenda necesidad que tuvo esa persona al grado de vencer el pudor y/o vergüenza de hacerlo en público. Hoy recordé ese pasaje de hace 24 años.

Como cada Seis de Enero, trago Rosca como si fuese mi última comida antes de morir (o sea bastante). Obviamente eso me produce culpa (de la que somos expertos en el mundo Occidental), así que salí a correr mis acostumbrados 21 km. Para quemar algo de lo ingerido. Durante el trayecto mi estomago reaccionó ¡Y me dio Diarrea!

No podía hacer en la calle, porque iba por el área de Zavaleta y Camino Real a Cholula (al ser Viernes en la noche estaba muy concurrido). Con lo orgulloso que suelo ser, tuve que tragarme mi ego y humildemente abogar a la buena voluntad de las personas, esto cuando les pedía el baño prestado de cualquier negocio que se me atravesó en el trayecto.

Los primeros tres se negaron, no los puedo culpar, en la época que vivimos y siendo de noche, creo que tampoco le prestaría mi sanitario a cualquier extraño greñudo, pandroso y sudado al cual nunca había visto aparecerse en mi negocio.

Llegue a donde suelo hacer mi tintorería en donde el viejecito que trabaja ahí, aunque no me recordaba, amablemente accedió a prestarme su baño. Sentí que la gloria regresaba a mí, volvía a ser ese tipo grandioso e invulnerable que suelo creerme. Aunque el señor no quiso ninguna gratificación, al día siguiente pase a darle algo de dinero (aunque me costó que lo aceptara). En la educación que recibí se me inculcó ser agradecido con la gente amable y más aún con los que no tienen por qué serlo.

Volvamos al momento en que salí del negocio tras mi angustia inicial, ahí se me abrieron dos opciones: cortar camino para llegar sano y salvo a casa (no fuera a ser que recayera en el trayecto) o seguir mi ruta planeada, de la cual faltaba poco más de la mitad. En un ataque de soberbia, opté por la segunda, y ahí cave mi tumba.

“La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Durante un par de kilómetros más seguí corriendo como si nada, sintiéndome renacido y agradecido con aquel viejecillo, mientras decidía en mi cabeza de que forma podía compensarlo. De pronto, ¡Pum! Empezaron los retortijones de nuevo y, en ese preciso instante me dí cuenta del error, volví a recordar lo mortal y frágil que era, volví a ser consciente que no soy divino ni invulnerable, aunque me duela, soy un simple humano, igual que el resto de población que normalmente descalifico por no correr tanto como yo, por no administrarse como lo hago, por no bañase con agua fría como es mi costumbre desde hace 20 años, por ser tan inconscientes hacia la naturaleza y demás espejismos que me hacen perder el suelo y creerme superior.

"Las cosas de las que uno está totalmente seguro nunca son ciertas". – El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)
  
En ese nuevo trayecto angustiante me vi tentado a hacerme algunas promesas, motivadas por la situación tan desesperada: "Voy a comer menos", "Voy a ponerme a dieta", "Voy a ser humilde" y demás pero, dentro de mi suplicio, tuve un rayo de sensatez y concluí que nada de eso es válido mientras se sufre. Los compromisos se hacen en momentos de calma, porque hacerlos con euforia o desesperación los invalida por completo; por eso mismo no me hago ningún propósito de año nuevo (me parece un motivo muy barato), simplemente me propongo madurar en cualquier oportunidad.

En mi situación desesperada ningún Taxi se cruzó en mi camino, ningún callejón, terreno baldío o lugar abandonado me encontré en donde (tragándome mi vergüenza) clandestinamente pudiera acabar con mi suplicio, no encontré ningún oasis en el desierto de la desesperación. Con más pena que antes (no sé que me dolía más, si los esfínteres o mi orgullo), volví a corroborar que la precaución que prevalece hoy en día supera con mucho a la posible bondad con excusas tan ridículas como "No tengo baño", "Es que no tiene agua joven" o "Es que está cerrado y no tengo la llave", así que pasó lo inevitable, ya que todo en esta vida tiene un límite, hasta la resistencia que puedas oponer a tu colon.

No voy a exagerar al decir que ha sido el momento más vergonzoso de mi vida, pero sí está entre los primeros lugares. ¿Qué hice? Ya no quedaba mucho, más que correr lo más rápido que pudiera, impulsado por mi dolor y por mi redescubierta humildad. Afortunadamente era de noche, así que mi angustia por ver mi pants manchados (a pesar de que son negros) disminuía al saber que la oscuridad era mi cómplice. (Lo que seguía manchado, además de mi ropa interior, era mi pisoteado orgullo).

Así que corrí rápido, evitando lugares iluminados y procurando no cruzarme con la gente, aunque no los conocía, no quería que captaran algún olor. Ya no me importó llegar a parajes solitarios en donde pudiera desahogarme, ya no tenía caso, así que seguí corriendo sin parar y sin importarme lo que hiciera mi cuerpo de manera interna (que lo siguió haciendo).

Durante el camino me fui dando cuenta de muchas tonterías en las que incurro (al igual que el resto de la humanidad, pero ellos no me importaban en esos momentos). Como damos por sentado muchas cosas y, cuando de pronto nos faltan, es ahí que nos volvemos humildes y las valoramos en verdad. ¿Por qué pretender superioridad? Al final todos necesitamos alimento, un techo, agua, un abrazo o un amigo, sin importar el físico, el status social o la inteligencia. ¿De qué nos sirve el ego? ¿Por qué tememos que nos vean desnudos? ¿Acaso el cuerpo humano no es bello? Cualquier cuerpo es bello, sólo que nos dejamos guiar por prejuicios que nos dictan que sólo unos cuantos estilos corporales son atractivos, por eso nos avergonzamos y nos vestimos para tapar nuestras “vergüenzas”.

Siguiendo en la misma tónica, ¿Por qué no expresamos lo que en realidad pensamos? Acaso por no hacer públicas esas ideas ¿las dejamos de pensar? O ¿dejamos de creer en ello? No sólo nos las callamos sino, lo que es peor, repetimos las políticamente correctas que nos asegure el agrado de los demás, lo cual evidencia lo prostituidos que estamos la mayoría de humanos.

También, mientra corría frenéticamente, valoré mi casa, mi palacio personal, mi reino del cual soy soberano y súbdito simultáneamente. Ya quería llegar a esa tierra prometida, ese santuario inmaculado en el cual no debo dar ninguna explicación en dónde, además de la ropa, puedo despojarme de las máscaras de uso diario en este mundo de apariencias. Quería alcanzar a ese lugar, en dónde no tenía que relatar nada de lo ocurrido, en donde nadie se reiría pero, al mismo tiempo, nadie me apapacharía, pero lo importante era llegar, a como diera lugar, aunque me dolieran las piernas, aunque no tanto como el debilitado ego.

Durante el camino quise llorar, pero no pude, me preguntaba a mí mismo "¿Por qué quieres llorar?" y me contestaba "¡Por lo que pasó!" pero, otra parte mía me contesto "¿Y qué pasó? ¿Acaso te moriste? ¿Perdiste algún miembro? ¿Ya no puedes ver? ¿Se murió alguien que amas?". Es raro que lo diga, pero en ese momento agradecí que me tocara vivir esta experiencia. Me ayudó a ver las cosas de otra perspectiva o, mejor dicho, a darle la importancia exacta a lo que es la vida. Alguna vez leí (me parece que en "El poder del Ahora" de Eckhardt Tolle), que a veces se nos olvida que nosotros no somos nuestro ego, a veces nuestro orgullo es lastimado y creemos que nosotros somos los afectados. Cuando nos damos cuenta que el orgullo, ego, soberbia o como quieran llamarlo es un simple fantasma, creado por nosotros mismos, por esos roles que vamos adoptando en una sociedad que ve siempre lo que aparentas y pocas veces lo que eres.

           "La mentira mayor es el ego..." – Alejandro Jodorowsky

Sólo hizo falta un poco de adversidad para que me diera cuenta de lo que en realidad es vital. Ese día comentaba, en la oficina, que hay muchas cosas que no como porque me desagrada su sabor. ¡Qué afortunado y, al mismo tiempo, qué tonto soy! Tengo suerte, porque tengo suficiente para darme el lujo de rechazar alimentos que no me gustan, eso mismo me ha embrutecido, ¿Cuánta gente no tiene opción? A veces ni siquiera tienen para comer. Pero eso sí, el hecho de que alguien me ofrezca pavo hace que me ofenda como si me hubieran mentado la madre.

Aunque no tengo problema con ello, muchas personas me critican por bañarme con agua fría. Cuando me estaba duchando me preguntaba, "En mi situación ¿Qué harían ellos si no tienen gas? ¿Se van a quedar así?" Tal vez era lo glorioso del momento, pero hasta me pareció que el agua que lavaba mi manchado cuerpo estaba cálida y cristalina. En verdad agradecí el simple hecho de poder bañarme, tal vez fue la ducha que más disfrute en mi existencia.

          Como buen humano, por no decir ordinario, sé que este momento de lucidez se puede perder por la mañana, cuando tenga todo a la mano y lo vuelva a dar todo por sentado: la comida, la luz, mi familia, mis perras, el agua, bailar, mi casa, mi trabajo, mi cama, el auto, la gasolina, mis amigos, el Internet, el dinero y la simple posibilidad de estar vivo.

A veces no es necesario que se muera un ser querido para que nos hagamos conscientes de lo efímeros que somos, a veces sólo falta un poco de suerte para recordarte que el mundo no funciona alrededor tuyo.

"A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia"– Arthur Schopenhauer

            Honestamente no iba a compartir esto con nadie, por cuestión de ego y orgullo pero, ¿Saben qué? Pase por todo esto ¡Y no se acabo el mundo! A pesar de la posible vergüenza, a pesar del pudor, a pesar del dolor inicial, de la angustia, a pesar de mi mismo.

            Nietzsche decía "Lo que no me mata, me fortalece" y, en momentos así, lo comprendes por completo. Sé que siempre tengo puesta la máscara de soberbia y autonomía, pero hoy he recordado que el que más poderoso se percibe es el más vulnerable de todos, sin embargo, el que es más humilde (sin proponérselo) es el más cercano a tener el verdadero poder: el conocimiento de sí mismo y de la vida y, a pesar de ello, no le interesa ser poderoso.

             Me siento un poco enclenque (sensación extraña para alguien que pesa más de 80 kilos), tal vez sea por la doble deshidratada: la de la corrida y la de la diarrea. Mientras escribo esto, hago visitas a mi sanitario y me pongo a llorar sin lágrimas (no han de salir por la tremenda deshidratación), es extraño llorar sin lágrimas, un poco frustrante diría yo, ahora veo la utilidad de las mismas: hacen el llanto un poco más "placentero".

            ¿Por qué lloro? Por agradecimiento, por tener mi propio baño, por tener papel sanitario, por tener la tranquilidad de hacer mis necesidades con discreción, sin la angustia de buscar un lugar solitario o a alguien bondadoso que me facilite uno. También lloro por tener agua limpia que beber y hasta por el Peptobismol que me acabo de tomar.

“La Vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” – Fritz Perls.

            Me siento débil y hasta demacrado, si por mi hubiera sido me hubiera acostado después de bañarme, pero debía escribir todo esto, debía dejar constancia de este momento de humildad para que, cuando mi Soberbia se recupere, mi esencia recuerde quién manda a quién, quién es el verdadero jefe.

            Sí, me hice en los pantalones, ¿Y qué? Los voy a lavar al igual que hice con mi cuerpo. Esta experiencia "vergonzosa" me recuerda que el valor de una persona está más allá de su exterior, porque no valgo menos por lo que pase, de hecho creo que pasó exactamente lo contrario.

            Hebert Gutiérrez Morales
            Seis de Enero del 2012

PD Creo que mañana voy a comprarme unos pants color café (sólo por si acaso)

miércoles, 4 de enero de 2012

Rumba Mía Dance Company


Mi vida no sólo es el baile, ya que tengo muchas otras actividades e intereses, pero no sería igual si no tuviera la Salsa entre mis pasatiempos, definitivamente mi existir sería menos divertido y un poco gris. Mi existencia, como la conozco hoy en día, no podría ser concebida sin el hecho de haber entrado a Rumba Mía, porque no sólo me enseñaron a bailar, de alguna manera, también me enseñan a vivir.

No es un secreto que la mayoría de hombres que entran a clases de baile es para ligar chicas. Tal vez no haya ligado a ninguna, pero agradezco haber entrado por esa razón ya que, por las que me mantengo hoy en día, son totalmente distintas por las cuales llegue. Es cierto que obtengo mucha información nueva sobre el baile, pero sobretodo vengo por el ambiente, por mis amigos y la gran familia que me significa Rumba Mía. Entré por las mujeres y acabe encontrando un segundo hogar, lo cual resulto ser una sorpresa muy agradable.

Esta escuela es un verdadero lujo, ya que todo el tiempo están en búsqueda de innovar en pro de satisfacernos como clientes, así nos ofrecen algo nuevo o cambian algo conocido para hacer nuestra estancia más rica, divertida e interesante. Nos organizan fiestas, con o sin motivo en particular, nos dan cursos especiales, siempre con nuevos pasos, coreografías tanto planeadas como espontáneas, técnicas de movimiento corporal; si hay más hombres que mujeres, o viceversa, nos enseñan a “robar” a la pareja, bailar con dos mujeres o improvisan coreos en dónde, no importa que estemos disparejos, siempre nos divertimos

El alto compromiso de todos los maestros queda constatado en ofrecer clases de alta calidad para los alumnos y, honestamente, no lo valoramos. Si Rumba Mía se encontrará en otra parte de México, y ya no digamos en otro país, sería un exitazo y con amplio reconocimiento. Yo sí los valoro, y por eso mismo escribo este ensayo, porque reconozco la calidad y toda la alegría que me dan en cada visita (ya sea clases, talleres o fiestas). Me honra el compromiso que tienen con nosotros, lo cual se refleja en las incontables horas de felicidad, no sólo con el baile, sino con todas esas amistades del mundo salsero, las cuales me resultan muy queridas e importantes.

           Creo que pocas personas “externas”, del ambiente salsero, me han visto bailar a mi verdadero potencial, obvio no soy un profesional, pero algo he aprendido después de casi cinco años. Cuando voy a fiestas “externas”, me doy cuenta que estoy acostumbrado a las de Rumba Mía, en dónde predomina la Salsa, además de que nos ponen bachata, merengue, danzón y cumbia. Es chévere cuando te la pasas bailando, con suficiente espacio y con distintas parejas, por eso, cuando voy a otras fiestas, definitivamente extraño las de mi escuela, porque todos bailan bien, es muy divertido y muy relajado, sin preocuparte de quién te ve o si no te ven en absoluto. Gracias a este tipo de sensaciones, corroboro que se han convertido en parte de mi familia.

Adoro a mis colegas de trabajo y, aunque nos llevamos excelentemente, ha habido ocasiones en donde han surgido momentos incómodos, producto del ámbito en que laboramos. Por eso me gustan tanto las clases de baile, ya que te encuentras en una actividad divertida per se, y es muy reconfortante verte dos o tres veces por semana con amistades para disfrutar de una actividad en la que nos juntamos de manera voluntaria.

Es común que el mundo salsero se pueda tornar un poco pesado, perverso o agresivo, pero no en Rumba Mía. Tanto en clases como en fiestas mantenemos un ambiente muy sano (habrá quien nos tache de ñoños), pero el baile se disfruta más así, sin mensajes dobles e hipocresía, de la cual no puede estar del todo exenta la academia, pero por lo menos se respiran aires más auténticos y amigables; y es que casi todos estamos en el mismo canal de divertirnos, siempre en broma y muy ameno, hasta para señalar los errores se hace con gracia y en buena lid.

No hay regaños a nadie ni se evidencia al que lo hace mal. Cuando se nos pide retroalimentación, las cosas se dicen abiertamente, porque no se quiere dañar a ninguna persona, aunque eso no impide que después del comentario venga un “¡¡¡uuuuhhhhh!!!” entre provocativo y juguetón; y es que el negocio de la Academia son todas esas sonrisas que nos provocan,  y por eso mismo pagas con gusto y hasta con un sentimiento de deuda, porque el monto es insignificante comparado con toda la alegría recibida. Los cinco años de felicidad que he gozado no se pueden medir en dinero, el sentimiento puramente fraternal no se compra.

Sin importar que estuviera ya en avanzado, me quedaba a clases de niveles básico e intermedio, esto lo hacía para repasar las bases ya que, para cualquier actividad, el dominio de lo básico te permite especializarte posteriormente. Sin embargo, también lo hacía porque recuerdo bien a todas aquellas compañeras con más experiencia que me guiaron cuando yo era neófito en esto del baile. El hecho de que posteriormente guiara a compañeras de niveles básicos era mi forma de agradecer a aquellas mujeres que tanto me ayudaron en mis inicios.

Tal vez eso contribuyó, sin querer, a otra gran vivencia que les debo a Rumba Mía, que es la oportunidad de dar clases. Es algo muy bonito, y un tanto extraño, que te digan “Profe”, me estremece de manera positiva, un sentimiento que nunca había experimentado y que, de alguna manera, es muy gratificante.

Para mí dar clases, dando tips de técnica, de postura, de interpretación y demás es algo muy importante, es retribuir un poco de lo mucho que he recibido a lo largo de un lustro. Trato de hacerlo lo mejor posible, para que reciban todo lo bueno que yo recibí; ciertamente es una responsabilidad muy grande y, al mismo tiempo, muy bonita. Aunque no soy el mejor bailador y me falta experiencia como maestro, no les quede duda que doy lo mejor para que la gente aprenda a bailar y, sobretodo, se divierta.

Por las enseñanzas de este lugar he mejorado mucho como bailador (que no es lo mismo que bailarín), sin embargo no es lo más valioso que he recibido. Ahí me he disfrazado de Monstruo, de Diablo, de Luchador, de Viejito, de Marioneta, de Pachuco y otros tantos personajes, ya sea en coreografías, Halloween, Pastorelas y demás, las cuales han sido muy divertidas. La Salsa es muy importante en mi vida, pero más lo es Rumba Mía en sí, por la amistad, las risas, el buen humor y la buena vibra que se respira en diversas reuniones, platicas, fiestas, eventos, viajes y tantas actividades que me llenan de recuerdos tan agradables por los cuales vale la pena vivir.

El sentimiento que tengo con la academia es tan limpio y auténtico es el único lugar en el que voy a una Noche mexicana, a una noche de Brujas y a una Posada. En ningún otro lado hago eso porque, como he expresado en mis distintos escritos, no soy de las personas a las que les gusta gritar “¡Viva México!”o decir “¡Feliz Navidad!” (y tampoco lo hago en Rumba Mía). Pero el ambiente en este lugar es tan honesto, amigable, cálido y real que no tengo empacho en convivir con ellos.

De hecho, tampoco me caracterizo por viajar mucho, y con ellos me fui dos veces a Acapulco, a algún día de Campo u otras actividades grupales, a pesar de ser tan solitario. Es más, me gusta dormir mis ocho horas ya que detesto desvelarme, sin embargo, con ellos salgo eventualmente de antro. Antes me daba mucha pena ser visto por cualquier audiencia, en este lugar he tenido presentaciones públicas, y lo hago gracias a ellos. Por eso mismo, cuando un lugar te motiva a hacer tantas cosas que no acostumbrabas, y con mucho gusto, quiere decir que es muy especial.
Yo soy el que está bailando atrás, no se confundan

            No voy a mentir, también hay ocasiones en donde he sufrido en clase por dos situaciones en particular: La primera es cuando no me sale algún paso y me ciclo, por ende me bloqueo. Debido a mi frustración, optó por dejar ese movimiento de lado y lo dejo en el olvido. La otra situación es cuando bailo con alguna mujer que pierde el suelo y se cree lo máximo, misma que nos pone caras y baila con desgano. A mí me dan risa, porque apenas empiezan a despuntar y ya se marearon por ese logro. Si conocieran a las profesionales que bailan excelente y son tan sencillas, les daría una pena enorme su pose tan ridícula. Por eso prefiero sacar a alguna chica que tenga una excelente actitud aunque no baile tan bien, que hacerlo con una que lo haga excelente pero que siente que el mundo no la merece (a esas chicas, normalmente las evito).

Muestra de ese compromiso por darnos un servicio de calidad, en la misma academia, he tomado talleres con algunos de los mejores de México como Carlos Carmona, Jorge y Lupita, Joel y Erika, Machito Ruiz y David Zepeda (actual Campeón mundial de parejas), además de que en alguna ocasión nos trajeron a Juan Betanzos para clases de Jazz. Esto demuestra su sencillez y falta de egoísmo, porque nos permiten crecer y dejan que los profesionales nos enseñen toda la técnica posible, además de que todos ellos son gente muy sencilla y se nota por la buena relación que tienen con Paco y Pily (los dueños de la academia), ya que se refleja el gusto con el cual lo hacen.

Tanto los alumnos más antiguos, así como las que abandonaron la Academia hace algunos años, me dicen que antes de que yo llegara el nivel era mayor, que las clases eran más intensas y hasta los alumnos tenían mayores aptitudes para el baile. Desconozco el grado de certeza de lo que me dicen, ya que no tengo cómo comparar algo que no viví, aunque en realidad no me importa. La totalidad de alumnos trabajamos y/o estudiamos, por lo que nadie va a ser profesional en esta academia, simplemente queremos divertirnos.

En el ISO9000 te piden identificar tus valores, objetivos, visón y tu misión, además de escribir lo que haces y hacer lo que escribes. Obviamente la academia existe para enseñarnos a bailar y hacerlo lo mejor posible (lo cual se cumple) pero, sobretodo, la misión de Rumba Mía es proporcionar alegría tanto a alumnos como maestros, y se logra cabalmente. A fin de cuentas, eso es lo que en realidad importa en la vida, la cantidad de momentos felices e inolvidables que hayas experimentado en ella.

¿Cuál es el objetivo de Rumba Mía? Como ya mencione, no es generar bailarines profesionales, aunque mis maestros ya tienen nivel para eso, pero todos tenemos actividades en las cuales sustentarnos. Aunque se cobre una mensualidad, no es un negocio, es un hobby de sus dueños que, afortunadamente, nos brinda mucha felicidad a otras personas, que heredamos este pasatiempo del baile.

Ciertamente muchos han salido de aquí para brillar en otros lugares y logran ser profesionales, ¡y qué bueno! Pero, no me queda duda, llevaran el recuerdo de sus inicios. Obviamente ellos tienen todo el crédito por lo que avanzaron posteriormente, pero Rumba Mía tendrá una pequeña parte de lo que ellos lograron como bailarines.

Conozco un par de academias en Puebla que tienen mucho mejor nivel que nosotros, sin discusión. Se tienen otras metas, como salir a distintos congresos, entrar a concursos y hacerse de un nombre, y es una decisión respetable, porque cada cual debe fijarse sus propios objetivos. Sin embargo, conozco a personas de esos lugares que se estresan bastante y, lo que es peor, pagan para que los angustien. Entiendo que los hagan mejores bailarines y eleven su nivel; si van a ser profesionales y vivir de eso, ¡perfecto! Esfuércense al máximo pero, si no es así, ¿vale la pena el maltrato moral?

Afortunadamente tengo un buen trabajo en una excelente empresa, así que puedo bailar por mera diversión, lo cual consigo en cada visita a Rumba Mía. En este rubro reconozco ampliamente a Paco, porque nos plantea concursos internos durante clase (alguna coreografía, Lady’s time, paso en pareja, Foot work o movimiento corporal). Es cierto que los premios son sencillos y, personalmente, no me resultan importantes, pero es un placer competir con mucha alegría y en buena lid, dando lo mejor de ti.

Y lo agradeces, porque no tienen por qué premiarnos, sobretodo con una mensualidad tan barata, ni por qué quebrarse la cabeza en plantear concursos y, sin embargo, lo hace con gusto y eso nos impulsa. Tanto los ganadores como los no ganadores son aplaudidos y motivados, porque no existe una competencia destructiva, nadie se encela del otro por bailar “mejor” o más “bonito”. Los de más experiencia apoyamos a los de menos y, a pesar de los años, ¡nos seguimos equivocando!

Una de las razones para sentirme tan a gusto es todo el tiempo y dedicación que Paco y Pily le invierten a nuestro aprendizaje y entretenimiento, hecho que se engrandece más al considerar que sacan una ganancia económica muy magra. Por ello me siento más agradecido, porque lo hacen por amor al arte más que por dinero, es un hobby que les llena mucho y, cuando encuentro a personas así, no me queda más que admirarlos. Me siento halagado por todo el tiempo, energía, dinero e interés que le dan a la academia, que se refleja en la seriedad, el buen humor y el amor que le ponen a las clases y a su buen funcionamiento.

“Deberíamos considerar un día perdido a aquél en el que no hemos bailado ni una sola vez” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Rumba Mía es una escuela de buen humor, lo cual es muy útil para afrontar el mundo. Sin importar lo que venga más tarde, estoy seguro que los años que me restan, voy a estar eternamente agradecido con todos los que la conformamos (dueños, maestros y alumnos), porque me dieron un nicho muy importante: mi familia salsera. Mi camino dio un giro cuando ingrese a la escuela aquel cinco de Febrero del 2007, porque mi calidad de vida se elevó por la cantidad de risas, emociones, amistades, fraternidad y demás bellas experiencias que me han dado y, espero, seguirá dando este magnífico lugar que he aprendido a llamar “mi hogar”.

A pesar de ser una gran familia, todo el tiempo vamos cambiando de integrantes, aunque habemos algunos que ya llevamos más tiempo, eso no importa al momento de acoger a alguien nuevo, porque a todos se nos trata con respeto, calidez y fraternidad.

La gran mayoría se va, algunos de ellos regresan, pero siempre llega gente nueva y con cada uno llega una nueva posibilidad de enseñar el camino de la felicidad que brinda la Salsa. Algún día también me iré, eventualmente, desconozco las circunstancias o cuándo vaya a pasar, pero cuando pase, partiré inmensamente agradecido, y es que no tengo cómo pagar toda la satisfacción, momentos felices, pasión, enseñanza, gallardía, filosofía de vida, camaradería y amistad que he experimentado ahí a lo largo de los años. Me los seguiré encontrando a todos en diversos eventos salseros y nos volveremos a dar un abrazo fraternal y platicaremos como si recién nos hubiésemos visto ayer, y es que todos compartimos un mismo lenguaje, el cual es muy lindo de comunicar: bailar

Si quiero tanto a mi academia, ¿por qué digo que un día la puedo dejar? Uno no sabe qué vueltas da la vida. Durante mi clase de japonés, en la cual estuve ocho años, juraba y perjuraba que me iba a mantener ahí por siempre, sin embargo, apareció la Salsa y desplazó mi amor por el dicho idioma. De igual forma con mi afición por la historieta y animación japonesa, la cual creía mantener hasta mi vejez y, aunque aún me gusta, ya no es la pasión que expresaba en alguna época. Uno no puede dar nada por sentado, situaciones que uno piensa que jamás dejará, las abandonamos por otras que jamás habían pasado por nuestra cabeza. La ventaja de la Salsa es que tiene una aplicación y gusto más universal que mis aficiones orientales (que resultan más exóticas), pero he aprendido que “Todo tiene su final, nada dura para siempre” como decía el inmortal Héctor Lavoe.

Este ensayo se queda corto al agradecer todo lo que he recibido. He crecido como ser humano, y no exagero, por todos los traumas que deje atrás gracias al baile, a tal grado que la Salsa pasa a segundo término. Aunque entré por el baile y las mujeres, acabe encontrando (inesperadamente) a una familia salsera, con la cual siempre me divierto, tanto en momentos buenos como en los pocos malos que nos ha tocado vivir. Han sido muchos años de felicidad que he recibido, además de todo el aprendizaje obtenido, no sólo en el baile, sino las lecciones de vida, de amistad y de buen humor. Esta institución me cambió la vida cabalmente, conforme al slogan de la academia: “Haz del baile parte de tu vida con Rumba Mía”

Hebert Gutiérrez Morales.