miércoles, 28 de septiembre de 2011

Los colibríes

            Tamara es una gran amiga, la cual tuve la fortuna de conocer por cuestiones de trabajo y, aunque no hemos vuelto a vernos, seguimos teniendo contacto vía mail, a veces de manera trivial, a veces de manera profunda, pero siempre estamos en comunicación. Este Lunes me compartió un breve pasaje de su vida que me gusto mucho y, con su autorización previa, se los comparto a continuación:

Este sábado estaba comiendo en la terraza de tu casa, y tengo un bebedero para los Colibríes durante el verano. Los disfruto muchísimo, a veces hay 4 o 5 comiendo y tienen colores maravillosos. Hay uno que parece pingüino, con su corbatín negro y el pecho blanco. Hay uno rojo que esta gordito, más que el resto, otro anaranjado, les encanta jugar entre ellos, se persiguen, aproximan sus piquitos como en un beso, también los he visto jugando con sus alitas, como en un tierno empujoncito, me recuerda un poco mi niñez al jugar a “la traes” para salir corriendo. Hay uno que tiene un color azul rey ¡precioso!, él se para en la parte de arriba de el bebedero y deja que los demás coman primero, mientras el observa alrededor, después come él, mientras los otros lo esperan, para salir volando todos juntos cuando el termina.  ¡Me fascina su comportamiento!  Adoro los Colibríes, su libertad, su belleza.

Hace 3 semanas tuvimos una tormenta y el árbol de mi vecino, de aproximadamente 30 metros de altura, cayó en nuestra terraza, que es de madera.  El bebedero esta soportado por una “jota” invertida de herrería que se doblo con el impacto derribando el bebedero, sin romperlo.  Mi hijo salió para ver el daño y los colibríes volaban alrededor de su cabeza, tan cerca, que se asusto un poco y al mismo tiempo impresionado que se aproximaran tanto, como queriéndole notificar lo que él mismo ya había visto: su bebedero estaba en el suelo y no tenían comida.

Bueno, al finalizar mi comida mientras disfrutaba del paisaje, se me ocurrió tomar mi cámara y me acerque al bebedero medio metro de distancia para a ver si el Colibrí se acercaba.  Para mi sorpresa, no se intimido. ¡Tome aproximadamente 25 fotografías de mi Colibrí! Tengo tres años haciéndolo, pero es la primera vez que saco fotos.

            Tamara G. Rubio

sábado, 24 de septiembre de 2011

Diálogos con “Piti”

            Dentro de mi léxico diario utilizo la palabra “pachequear” y, las personas que no me conocen, han de pensar que soy un marihuano de primera. Afortunadamente nunca he probado alguna droga, sin embargo tengo la fortuna de pensar de forma extraña sin tener que inhalar algún psicotrópico. Felizmente he encontrado en mi camino amistades que pueden divagar con pensamientos excéntricamente congruentes (por lo menos para mi lógica) y nos denomino los “Pachecos naturales”, porque somos así de nacimiento, sin necesidad de nada para decir incoherencias que, en ocasiones, resultan brillantes.

            Una de esas personas es “Piti”, más adelante podrán leer el por qué de este sobrenombre. El caso es que recientemente tuve comunicación vía mail con él y salieron algunas ideas muy valiosas que me gustaría compartir con ustedes. Iba a titular este ensayo como “Diálogos en confianza”, pero como no quiero que Cristina Pacheco me demande, pues se quedo con el título actual.

            Voy a seccionar este dialogo por temas específicos, y voy a identificarnos con las letras P y H.

Sobre los “derechos” de los libros
P: Como sugerencia te recomiendo un libro muy delgadito del hermano del Chanclotas, sobre redacción (él no sabe que se lo robe y espero que por ti siga en la ignorancia) es muy práctico y ayuda mucho pues abunda en excelentes ejemplos que enriquecerán tu estilo

H: Mejor préstame el libro (y no le digo al Chanclotas que se lo robaste), porque esas obras pachecas ya no se encuentran.

P: Nos viene al dedillo el refrán de que "el león cree que todos son de su condición”, y por ello se me erizaron los pelos de la nuca cuando imagine que te lo prestaba y jamás lo volvería a ver, aunque te activara, buscara, cobrara, balconeara, y todo lo que terminara en ara...  Sin embargo, has tenido la gentileza de obsequiarme un par de libros - por cierto bastante mafufos - que versan sobre temas de ovnis y como nos sembraron en la tierra, los cuales son realmente una colección de tradiciones ya antes leídas por un servidor. Por ello te facilitare el libro con alegría y gran confianza, no por el temor de la amenaza de acusación con el Chanclotas, primero porque sé que no lo harías, segundo si lo supiera, ni le interesaría pues no lee, tercero ya ni lo voy a ver y, si lo encuentro fortuitamente, le lavo el cerebro con cualquier tema muy básico y con eso se llena o de plano le hago glorieta. Entonces para no alargarme con mi rollo, te lo presto desinteresadamente pero, ya de pasada, préstame uno que, desde tu punto de vista, valga la pena leer. Tú dices cuando nos damos el abrazo de Acatempan e intercambiamos libros. Quizá podríamos iniciar un club de lectores en el cual nos prestáramos libros, nos reuniéramos eventualmente y comentáramos los mismos, y todavía mas ambiciosos, ¡Compartir opiniones sobre nuestros textos!

H: Respecto a los libros, no te preocupes Piti, sé que eres igual de neurótico y/o paranoico que yo (incluso más), por eso mismo te dije que me lo prestaras, para estresarte un poco con la idea inicial de que lo perdieras. No es por ti, pero mis valores me impiden robar, ¿Soy tonto? Tal vez ¿estos valores me estorban más de lo que ayudan en el mundo actual? ¡Por supuesto! Y sin embargo son lo que soy y, aunque he intentado con vehemencia, no puedo deshacerme de ellos. Sabía que te iba a encantar el texto de pachequeces, sólo seres naturalmente mafufos como tú o yo valoran esas obras.

Sobre el libro del Chanclotas, no te preocupes, no lo quiero (por el momento), créeme que he crecido mucho con los comentarios que los lectores me hacen en el blog. Irónicamente las más ácidas críticas son las que más productivas me resultan para mejorar mi escritura y, a veces, hasta mi persona.

Ahora te la voy a devolver, porque conozco tus antecedentes, prefiero regalarte libros que prestártelos y, como los actuales me gustan mucho, prefiero no hacerlo por el bien de nuestra amistad y para perpetuar estos diálogos tan interesantes que sostenemos (tanto de manera escrita como en persona).

Lo del club de lectura me parece una excelente propuesta, pero me gustaría que estuviera mi comadre Les, porque así tengo testigos de que te preste el libro, además enriquecería bastante la plática.

P: El club de lectura /e intercambio de comentarios sigue en pie cuando quieras, Por cierto ¿cuando me regalas el siguiente libro? No importa el género (solo que no sea de texto de primaria) ¡Lo recibiré con gusto!

Y te aclaro, que haya tomado prestado sin avisar un libro ¡si es robar! Pero considera, el que lo tiene no lo lee, lo cual significa que se vuelve mostrenco y no permite que otros, que sí lo pueden aprovechar, se beneficien con su lectura; además el que pondere, estime y admire al que lo escribió, de veras reduce de manera drástica el sentimiento de culpa por el préstamo sin avisar, ahora pregúntate ¿el que escribe y publica un escrito lo hace para que quede olvidado en un oscuro armario? o ¿para que comunique su saber, sentir o trasmita su espíritu al que lo lee? También tengo principios y valores, ¡las obras no deben morir sin conocerse!

H: Pues, por el momento, no veo alguno que me plazca regalarte pero, te aseguro, que en cuanto tenga uno de tu estilo, te lo aparto. Me encanto tu manera de justificar tu robo, si lo ves desde la perspectiva del libro y del autor, tienes razón (aunque sigue siendo robo). Pero tu planteamiento es adecuado siguiendo la lógica que no todo lo legal es ético ni todo lo ético es legal.

P: Y aún trasciende a lo religioso: en el éxodo, cuando Dios les dio la tierra prometida a los judíos, una avanzada que fue a conocer el lugar, regreso con un gran racimo de uvas y mucha miel y, realmente, ¿a quien crees que pertenecía el lugar y sus productos? ¡Pos a los Filisteos! Pero no cuidaban el lugar y los Israelitas lo supieron aprovechar - Claro se los dio Dios - ¿y quien crees que me pone los libros enfrente? Pos el mismísimo Yahvé ¿quien contra él? ¡Nadie! Como puedes ver, cubro perfectamente el perfil de embaucador de libros (y a mucha honra). En fin, todo se resolverá con que en nuestra siguiente interacción personal ¡pos me cuides las manos!

H: No te voy a cuidar las manos Piti, si te considerara nocivo para mi persona, ya hubiera dejado el contacto contigo desde hace mucho tiempo.

P: Gracias, me ayuda y es mucho mejor el factor sorpresa (es broma)

Sobre la libertad
P: El inicio de algo que he pensado hacer en mis tiempos libres, los cuales (aunque no lo creas) son muy cortos, debido a que actualmente me muevo única y exclusivamente por lo que me gusta y en cuanto aparece el mínimo matiz de responsabilidad... lo abandono con absoluta libertad, por ello casi nunca acabo algo. Ése es mi concepto de libertad, habrá que ver en que momento me lo coarta el hambre pero, por lo pronto, no me preocupo.

H: No lo sé, tal vez para ser humano haya que renunciar a la libertad; hay un libro muy interesante de Erich Fromm “El miedo a la libertad” y son muy pocos los humanos que les gusta ser libres. Yo sólo huyo al compromiso de pareja pero, en lo demás, soy felizmente domesticado

P: Mi criterio en relación a la Libertad está fundado en 40 años de levantarme temprano, estudiar y trabajar a la vez, sostenerme personalmente y después a una familia, luchas para sobrevivir en empresas en las que cada vez hay mayor competencia, aceptar hacer lo que, a veces, va contra nuestra ética o moral, e inclusive deformar nuestro ser personal en aras de sobrevivir en un empleo, perder algo de identidad vistiéndote, adaptándote, obedeciendo, alquilándote y a veces degradando tus propios valores ya que, eventualmente, hay que apechugar cuando te ves obligado a poner en una balanza tu orgullo, o ego, contra la seguridad de tu familia (por ejemplo, un regaño injusto del jefe). Por cierto, los jefes generalmente no sirven para nada, si no me crees ¡ve a tu alrededor!

H: Comprendo tu concepto de libertad y lo agobiado que te sentiste en 40 años, lo experimente unos cuantos meses y estoy totalmente traumatizado, así que no puedo asegurar volverme a relacionar, porque esa represión que las familias mexicanas aplican sobre nosotros es auténtico terrorismo moral.

Respecto al trabajo en empresas no tengo el valor moral para refutarte nada en absoluto, tienes la razón en TODO lo que escribes. Por eso mismo digo que nos prostituimos en estos trabajos, pero la gente es tan inculta que piensa que la prostitución sólo es sexual e ignoran (o quieren ignorar) que en el mundo actual hay muchas maneras de venderse, sólo que casi nadie quiere reconocerlas, para no ser tachado de “prostituto” o “prostituta”. A veces tienes una familia que justifique este sacrificio de dignidad pero, muchas veces, son la comodidad o rutina a la que uno se ha acostumbrado.

Sobre tomarse personal temas laborales
P: La gente puede gastar energía en perjudicar a otros, disfrazando de profesionalismo lo que a leguas se nota que es personal. Por eso hay consecuencias a su alrededor, y en su mismo ser, al hacer las cosas de manera indebida y abusar de un poder, que en realidad no tiene, con el afán de llenar un vacío en el ego, inconscientemente se perjudica a sí mismo.

A la larga esas actitudes se tergiversan como valores, y no lo son. Así, después de ganar una batalla, utilizando poder, energía y recursos, que pueden ser aprovechados en actividades mucho más constructivas, ese triunfo en realidad es un fracaso, pues uno daña su espíritu, su consciencia, su salud y hasta el cuerpo.

Es increíble cómo se arriesgan los resultados de una empresa, persona, ciudadpaís cuando se manejan las cosas por miedo, odio o negativamente. Se podrían lograr éxitos si se manejará con positivismo, alegría, cordialidad, compañerismo, lealtad, objetividad y todos los valores que ayudan al crecimiento del espíritu y de la persona o empresa.

Sobre la originalidad en los humanos
H: Los humanos somos seres de costumbres, ya que nos dan identidad y nos mantienen en nuestra zona de confort. Hay que caer muy bajo o elevarse demasiado para encontrar un motivo para cambiar y, como son raros esos seres, casi todos los humanos ya tenemos el camino fijo hasta el final de nuestros días.

P: Es el momento de modificar los intereses y buscar nuevos objetivos que cubran los vacíos existenciales que se presentan. Por ello, todo lo que en otro tiempo no pude hacer, ahora lo intento: leer, escribir, pintar, vestirme como mamarracho, dejarme crecer el pelo, hacer ejercicio, asistir a conciertos, andar en bici por el zócalo del DF, etc. Aún a costa de las críticas de quienes no ven que en eso que hago radica mi libertad y, con ello, mi felicidad. Solo te digo que alguien, a quien aprecio mucho, me dijo: "Piti, tu nuevo y principal objetivo es vivir el mayor tiempo posible, de la manera más sana posible y satisfacerte en todo, sin inhibiciones y cortapisas, con la única condición de que es esos actos NO perjudiques a tu prójimo". Y ¿sabes qué? Así lo estoy intentando hacer, pero es difícil No te imaginas cuánto pesa mi experiencia vivencial con tantos prejuicios y tabúes.

H: Por eso mismo encuentro muy nutritivo que empieces a ver por ti, sin importar la edad, como dice Jodorowsky “Si no es ahora ¿cuándo?”. Y no creo que te afecten (tanto) las miradas de los demás, recuerda que la Sociedad mexicana está acostumbrada a juzgar todo lo que es diferente a ellos pero, si todos fuéramos de acuerdo a lo que quiere la sociedad, seríamos inmensamente infelices o miserables (como muchos lo son). Si de algo te sirve, te admiro por ser cómo eres, tal vez no esté de acuerdo en todo, pero me alegra que hagas cosas distintas y pienses muy a tu manera, siendo lo más auténtico posible (a veces se logra, a veces no). La persona que te dio ese consejo es sabia, sin que tenga el placer (o disgusto) de conocerla. Respecto a los prejuicios y tabúes, si en algo te ayuda, no eres el único Piti, ten en cuenta que rara vez serás aceptado, mientras te aceptes, basta y sobra para tu salud mental y emocional.

Trabajar para dar nivel de vida a los hijos
P: Naturalmente sobre mi espalda hubo, casi siempre, la responsabilidad de llevar a feliz termino la gestión familiar; sólo el que tiene las vivencias sabe lo que significa sacrificar tiempo, y libertad, para lograrlo; y lo hice con alegría y amor, ¡pero muchos años! ¿Imagínate lo que me significó ver a mis hijos ya profesionales, autónomos y felices?  Pero, de pronto, ¡Ya no me necesitan!- por lo menos económicamente.

H: No sé lo que es estar de tu lado, en cuestión de lo que el padre sacrifica por el desarrollo de los hijos, pero sí sé lo que es estar del lado de tus hijos. Hoy en día mis papás (biológico y putativo) me buscan ¿Y para qué? Los necesitaba de niño, ahora (y perdón si me oigo rudo) no me son necesarios, porque ya tengo mi propia vida y no formaron un vínculo en mi niñez por lo cual me sienta obligado a convivir con ellos (como sí lo hay con mi madre que, aunque a veces me saque de quicio, no dejo de frecuentarla y ver por ella). ¿Es justo? Tal vez no lo sea pero ¿puedes culpar a tus hijos? Tal vez puedas o tal vez no pero, mafufadas aparte, así es y no lo puedes cambiar.

P: Necesito rumiar algunos días tus comentarios, porque ahí no puedo soltar palabras ligeras, aunque sí me has puesto a pensar.
H: Tal vez fui duro con mis palabras respecto a los padres, pero no creo haber mentido.
P: Sigo pensando

Sobre este ensayo
H: Ha sido una delicia leer tu mail Piti (y contestártelo también), me he reído a carcajadas (lo bueno es que ya están acostumbrados en la oficina y nadie me juzga); por eso te pido autorización para publicarlo, a modo de conversación en mi blog. Obviamente cuidando los detalles sobre el Chanclotas. Creo que mencionas muchos puntos existenciales que vale la pena compartir. Luego nos damos el abrazo de Acatempan.

P: Compartir nuestras conversaciones a terceros es para mí, como dijo mi antiguo jefe Echeverría (que en el infierno se este cociendo - sexto nivel, lado derecho, sección cabrones criminales -), no me resulta malo ni me resulta bueno, sino todo lo contrario.  No olvides que no perteneciendo a tu H empresa, ya estoy arriba de todo bien y todo mal; mis lazos con ella son como de quién en la época de los primeros cristianos besaban la cruz pa’ que con ella los mataran, pero eso es chivo brincado. Por todo eso ¡mándaselos! A ver si no se inquietan y retuercen como tlaconetes con sal en sus escritorios.

H: Sobre compartir nuestra comunicación a terceros, no te preocupes, lo voy acomodar, le doy formato y te lo envío para tu Vo. Bo. Antes de publicarlo, ¿te parece?

P: Está muy bien, favor de enviar con el pseudónimo del "Piti" en honor a mi cánida mascota, que en paz descanse, "Pitirijas " y nunca digas quien soy. Por cierto que tal si te envío mis cuentos y los montas en tu blo?, escribo “blo” porque mi nivel técnico me impide escribir blog.

Sobre nuestras contestaciones largas
P: Gracias por tu tiempo aplicado a leer este escrito
H: Debido a la novela que tuviste la amabilidad de escribirme, tengo que tomarme mi tiempo contestarte párrafo a párrafo.
P: Ojo por ojo y diente por diente significa equidad en la venganza, ¿porque has escrito un texto más grande que el mío?  Me comprometes a agrandar más el que estoy a punto de sorrajarte, pero no te voy a seguir el juego, solo te escribiré estas cortas palabras.
H: Pinche Piti, ¿ves lo que ocasionas con tus pergaminos? Tengo que encontrar una ventana grande de tiempo para poder contestarte, y por lo mismo me he tardado tanto en hacerlo.
P: Bueno, sin querer, me alargue. Saludos a todos los que tengan ojos y ¡hasta luego! (esto me lo robe de Borola, para que veas que por todos lados me pepeno lo que encuentro.)
H: Bueno, ahora mi respuesta fue más concisa.
P: ¡Qué bueno!
H: Un saludo y (si te bañaste) un abrazo.
P: Cuando me bañe te aviso pa’ lo del abrazo

“El Pitirijas” y Hebert Gutiérrez Morales.

Vergüenza

“El caerse no es vergüenza, sí lo es el quedarse tirado” – Hebert Gutiérrez Morales.

¿En qué momento?

¿En qué momento uno se vuelve lo que odia?
¿En que momento uno se vuelve “fresa”?
¿En que momento cambias de clase social?
¿En qué momento uno se vuelve “refinado” y deja de ser gente humilde?

            Jamás creí convertirme en una persona elitista, ya que me educaron exactamente para lo contrario. No me malentiendan, porque todos los días saludos a las personas de intendencia en la oficina, a las que nos sirven los alimentos en el comedor o le hago plática al que me despacha la gasolina, porque les tengo el respeto que todo ser humano merece. De igual forma, tengo amistades variadas: desde los humildes hasta los que viven en la abundancia económica, pero todos tienen en común su riqueza en valores y los trato con el mismo respeto e interés al platicar con ellos, sin importar sus cuentas bancarias.

            Aunque no es de mi total agrado, puedo comer en lugares muy finos y comportarme a la altura, como desenvolverme con naturalidad comiendo unos tacos en la calle, en donde me siento más cómodo y libre. De igual manera puedo hacer viajes largos en auto o en transporte público sin que me signifique mayor complicación. Por estos detalles me consideraba, hasta hace muy poco, una persona sencilla de clase media.

            Al manejar, y ver la actitud pedante de algunos que conducen buenos autos como Audi, Mercedes, Porsche, BMW, Jaguar y demás, me parecen totalmente estúpidos sus aires de superioridad sólo porque manejan un auto fino o porque tienen más recursos. Entonces, si tengo esa percepción, no entiendo por qué es tan importante que mi “prospecta” no tenga los mismos recursos que yo

            En dónde sí soy elitista, máscara que me sirve para ocultar mi miedo, es al momento de escoger mujer, basándome en los más estúpidos pretextos: “Es que no tiene los dientes parejos”, “Es que no lee tanto como yo”, “No tenemos los mismos valores”, “No ve la vida con mis ojos”, “Es que es más pedante (que yo)” y todas las excusas tontas que puedan imaginar para descalificar a una gran cantidad de mujeres, algunas de ellas MUY valiosas, y así perpetuar mi soledad.

            En su momento apliqué todos los argumentos a mi alcance, pero nunca había utilizado uno: el status social. Eso es algo que nunca creí que fuera a ser relevante para mí, hasta que llego el “día de la bestia” (no tiene nada que ver con este escrito, pero suena chido ¿no?). Recientemente me encontré con una gran chica, la cual está en condiciones similares a las que yo estaba hace diez años, así que no encontraba cómo descalificarla: sus situaciones familiar, personal, de valores y profesional son tan parecidas a las mías, de hace una década, que no había por dónde encontrarle un “Pero”, aunque mi inconsciente insistía en descalificarla, pero no quería ver que el “Status social” era la respuesta que me negaba a aceptar.

             “El ser civilizados no consiste en que todos seamos iguales, sino en comportarnos como si en verdad lo fuéramos” – Orhan Pamuk (El Museo de las Inocencia)

            Esta situación me da mucha pena, mucha vergüenza y mucho enojo, por eso mismo me exhibo aquí, en el blog, que uno de mis medios de expresión más importantes, además del que posee más público, para evidenciar lo bajo que puede caer uno. No puedo creer que algo tan trivial e inútil como es status económico esté pesando en mis decisiones. Tal vez ya me he maleado más de lo que me gustaría admitir.

            Volvamos un poco al pasado, a mis años en la Preparatoria. Durante un receso cualquiera, escuche una clasificación inconsciente en la sociedad (poblana) para relacionarse con otra persona y ahí les va esta grotesca, pero omnipresente, forma de pensar: Todos las personas tenemos una calificación entre el 1 y el 10 en rubros básicos como valores, formación y/o intelecto, belleza física, status económico o importancia social. Si una persona es un “7” físicamente, y guiándonos sólo por su apariencia, únicamente puede relacionarse con otro “7”, con un “8” si le va bien o con un “6” si le va mal, pero nunca fuera de esos límites. Para que ese “7” pueda relacionarse con un “10” del mismo rubro, tiene que ser un “10” en otro campo (como el económico), y así son las reglas que rigen las relaciones humanas.

            No sé si encontré dicha teoría más repugnante que inmoral, el caso es que me pareció una sarta de tonterías pero, hace poco más de un año, vi un programa en Discovery Channel (si no mal recuerdo “La Ciencia del amor”) en donde ratificaron esta teoría con varios experimentos y recibí un balde de agua fría. Efectivamente, el ser humano siempre busca el mejor ejemplar disponible y lo hace a través de todos los rubros posibles de examinar, TODOS calificamos el físico, el status, el intelecto, los valores y demás, y buscamos lo mejor que haya en el mercado; claro que algunos lo hacemos de manera más consciente que otros, pero nadie se salva de aplicar y recibir esta discriminación.

            Continuemos en la Preparatoria, un día estaba platicando con mi entonces mejor amigo, cuando él dijo algo totalmente superficial y ególatra, por lo que pregunte: “Oye Carlos, eso es muy snob, ¿no crees?” y su contestación me cimbró, como si me hubiera confesado que era gay: “Pues sí, porque yo soy fresa”. Me quede perplejo por el desparpajo con el cual lo dijo. Para mí, el ser fresa, era muy cuestionable para mi paradigma existencial, pero no dejamos de ser amigos por esa escena tan impactante en mi ser (dejamos de serlo por cuestión de mujeres). Lo triste es que hoy en día estoy cayendo en lo mismo.

¿Por qué hago tanto espectáculo por reconocerme como elitista? La gente que más me desagrada es pedante, mamona o creída, sólo detrás de la ignorante, así que lo peor que me puedo encontrar en la vida son a personas ignorantes y creídas. Lo malo de todo esto es que, de pronto, me doy cuenta que también soy pedante y elitista (por lo menos espero no ser tan ignorante).

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            En temas así adoro tener a mi mejor amiga, Yoghurt McCloud, para poder tener esas pláticas políticamente incorrectas, pero necesarias. Le pregunte: “Yoghurt, si encontraras al hombre de tu vida, con los valores que admiras, con las cualidades que necesitas y con el físico que te enloquece PERO estuviera sirviendo hamburguesas en el Burger King, ¿te relacionarías con él?” Ella lo pensó un momento y me dijo “No, porque la diferencia social acabaría pesando en la relación y sería más dolorosa la ruptura”.

            Y tiene razón, porque me hizo recordar algunas de las cosas que no funcionaron en mi fallido matrimonio gracias a esas diferencias: A ella le gustaban las películas de Pedro Infante, cuando a mí me gustaba el cine extranjero; a ella le gustaba leer revistas de espectáculos, cuando yo leía libros; deje de hacer ejercicio porque no estaba en su cultura; mis valores ecológicos y políticos eran fuertes y en ella eran inexistentes, además de todas las diferencias que ella pudiera expresar sobre mi persona. Ya viví lo que es estar en una “pareja dispareja” y no resulta muy divertido cuando uno de los dos carece de la tolerancia y civismo para convivir y/o ceder.

            Puedo decir: “Es que es una gran chica, con muchas cualidades y mucho que ofrecer PERO . . . ”A veces con razón, a veces con pretextos, pero me he vuelto especialista en anular relaciones que ni siquiera han empezado. Tal vez me haya vuelto cínico, pero he aprendido a identificar diferencias de fondo que me impiden relacionarme. No todos lo hacen, muchos hemos visto relaciones que, a todas luces, no deben de ser, pero es forzada por la necedad o anhelo del ente dominante en la misma y, a la larga, acaba en una dolorosa separación, precedida de una relación destructiva que jamás debió ser. Y vaya que sé del tema, me hubiera encantado terminar con mi matrimonio antes de que hubiera empezado, dos veces tuve esa oportunidad pero, por no mantenerme firme, nos acabamos lastimando aún más de lo que hubiéramos experimentado antes de consumar la unión.

            A pesar de todo lo escrito, no estoy justificado, mi actitud elitista porque no tiene razón de ser, es totalmente reprochable, ya que no es lo que me enseñaron y no es característico de la “buena persona” que formaron en mí, pero no lo puedo evitar.

“No sé si pido mucho, o me conformo con poco” – de la canción “Ayúdame Freud” (Ricardo Arjona)

            Es cierto que existen muchas variaciones pero, al final, la raza humana es una sola en general. Obviamente tenemos diferencias genéticas y nosotros las complementamos con otras características. Alguien alguna vez me decía, refiriéndose a las personas de clase social más sencilla: “Es que ellos no son como nosotros”. Sé que nos referimos al dinero, las escuelas, la educación, los viajes, los lugares que frecuentas para comer o comprar, las fiestas, y, en general, las posibilidades materiales. Estas situaciones marcan diferencias, pero se expresan como si eso nos hiciera mejores o peores seres humanos, y es porque la sociedad así lo dicta.

            Ese mismo alguien me dijo que “ellos”, aunque son distintos dentro de su humildad, llegan a alcanzar una felicidad más auténtica que la “nuestra”. De eso no estoy seguro porque, dentro de la constante insatisfacción humana, “ellos” también han de pensar que alcanzamos otro tipo de felicidad más completa por los recursos que tenemos. Eso de “ellos” y “nosotros” es tan estúpido, a pesar de que también ya me expreso de esa manera, porque seguimos siendo las mismas personas, ¿desde cuándo el valor de un ser humano radica en lo que tiene y no en lo que es? Esas cualidades intrínsecas, de nacimiento, de nuestros genes y nuestra formación. El hecho de que una persona tenga dinero no la hace mejor que una que no lo tenga o, por lo menos, así debería ser.

            Tal vez, de tanto convivir en este ambiente social elitista poblano, uno se acaba “contaminando” o acaba encontrándole sentido al mismo. Honestamente me siento muy apenado, me siento mal, me siento como alguien despreciable pero, a pesar de todo ello, no puedo librarme de esa percepción que me obstaculiza el avance con esta mujer.

“No busco la absolución . . . pero necesito confesarme” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

            Cada vez la voy conociendo más, y me enternece como se expresa conmigo de una manera tan limpia, sincera, noble, honesta y dulce; Hasta de indefensa podría calificarla, por el hecho de que no capto ninguna pose cuando platicamos, y todo eso me complica más está situación. Si por lo menos diera un paso en falso, hiciera algo incorrecto, algo que me permita agarrarme de ahí para descalificarla por completo, pero su actitud tan abierta sólo agranda mi suplicio y flagelación, ya que evidencia groseramente la falta de argumentos reales para dejarla atrás, como sí lo logre con todas las mujeres que tache en el pasado, aunque mis razones hayan sido intransigentes para anular algo que ni siquiera inicio.

            Tal vez, al no encontrar un argumento real, mi inconsciente ha sacado un argumento muy barato para invalidarla. Por la misma razón tan cuestionable, estoy atorado en mi mecanismo de defensa, mismo que me ha permitido estar solo durante muchos años. Pero he sido expuesto, estoy siendo encerrado en un callejón y me resisto a ceder, me resisto a creer que hay una posibilidad de relación, de ahí la medida desesperada de sacar el status económico como excusa. ¿Es tal mi miedo de no relacionarme que prefiero ir en contra de mis valores que darme una oportunidad de conocerla? Mi inconsciente, especialista en descalificar basándose en el miedo, se las está viendo negras en esta ocasión.

            He tenido la oportunidad de platicar con un par de mujeres de las que me rechazaron en el pasado y, al cuestionarles por qué no me aceptaron, ambas coincidieron (cada cual por su parte), que no se relacionaban conmigo por “ser demasiado bueno”; esto debido a mis ideales irreales, por lo que ellas necesitaban un hombre más “maleado” acorde a su forma de ver la vida. Aunque en su momento no entendí esa respuesta, hoy en día la comprendo a la perfección.

            Sin darme cuenta, me he maleado un “poco”, en ese afán de camuflajearme con el ambiente, al intentar jugar con las mismas reglas, me acabe maleando, que era lo que quería (“Ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede conceder”). Esta chica, que es de lo que ya no hay, cuando conozco sus sueños y proyectos, tan similares a los que yo tenía algunos años atrás, me hace entender a las mujeres que hice referencia en el párrafo anterior.

            Al ser una chica tan limpia y noble, me queda la percepción que “necesito” una mujer con más experiencia. Qué frustrante resulta esto, porque no aprovechar esta oportunidad sería una auténtica tontería, aunque no estoy seguro que sea lo que estoy buscando. Cualquiera que la conozca admitiría que es una gran mujer, pero no quiero relacionarme con ella sólo porque tiene mucho que ofrecer, por eso mismo me resulta difícil decidirme a abordarla o, de plano, huir cobardemente (como es mi costumbre).

            Cuando me divorcie, aprendí a identificar lo que no quiero en una pareja, seis años después, parece que aún no puedo identificar lo que sí quiero, empezando por el hecho de que ni siquiera sé si en verdad quiero relacionarme.

Uno de mis defectos, que pretendo superar, cuando me dejaba de interesar una mujer, simplemente ya no la buscaba y la dejaba en el olvido, aprovechándome de ese impedimento social de que una mujer le hable a un hombre que sigue arraigado en la sociedad poblana.

            También he recibido mi castigo por tanta soberbia, porque algunas de esas chicas desarrollan cualidades que posteriormente me atraen pero ya fueron atrapadas por otro hombre, con la consecuente frustración retroactiva de mi parte.

            La chica del presente ensayo me cae súper bien y pretendo quedarme cerca de ella, con la esperanza de que yo madure pronto y valore todo lo que ella es en lugar de ver lo que no tiene o le falta por desarrollar. Sólo espero que ese día llegue a la brevedad y que aún este libre o interesada, de lo contrario, se incrementara la lista de grandes mujeres que deje pasar por algún tonto prejuicio (aunque no los hay de otro tipo).

Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 17 de septiembre de 2011

Las promotoras del Machismo

            México, aunque queramos ver lo contrario, es un país discriminador y todos lo somos en distintas situaciones. La primera, y más grande, diferenciación que tenemos es respecto al género, porque hay un trato especial en este país en caso de que seas hombre y otro en caso de que seas mujer (ya después se complementan otras discriminaciones como la económica, la raza, el atuendo, la clase social y demás tonterías).

            Por lo general, las mujeres se quejan mucho de ese machismo, casi siempre poniéndose en plan de víctimas por dicha desigualdad. Tienen razón en quejarse, pero no en ponerse en plan de mártires porque, analizando bien las cosas, ¿Quién educa a esos machos? ¿Quién los busca? ¿Quién los promueve? ¿Quién los “consume”? La clave para que los machos dejen de existir radica en ellas.

Esto inicia desde el embarazo, el padre (y la madre sumisa) quieren un varón, esto para cumplir los sueños frustrados a través del hijo. Tal vez la mamá, por ser práctica, también quería que fuera niño para que se viese beneficiado en un mundo masculino en vez de perjudicada. Si era niña, claro que la querían, pero el padre no podía ocultar su desilusión y la madre tampoco, porque la compadecía de venir a un mundo de machos que, de manera lenta, se está reduciendo.

Hablando de ese tema, conozco un caso muy marcado, ya que su primer engendro fue una niña, la cual significo un embarazo de alto riesgo pero, como el padre forzosamente quería un niño, poco le importo el peligro de que su mujer se volviera a embarazar, de hecho tuvo un par de embarazos fallidos y, a pesar de ellos, lo volvieron a intentar y por fin consiguieron al tan querido varón. ¿Por qué poner en riesgo la vida de la madre? ¿Sólo por tener a un niño? ¿Tan poco le importa la vida de su esposa?

            Las que fomentan el machismo en este país son las mujeres, ya que perpetúan y promueven dicha cultura a través de sus acciones: las que se dejan sobajar, sin darse a respetar y en lugar de largarse se quedan y aguantan ese castigo que no deberían merecer. También tenemos que ellas mismas son las que educan a los hijos varones con las mismas actitudes machistas con las que ellas fueron sometidas y programadas. Con un poco más de sentido común, los podrían educar de manera distinta, así evitarían un macho menos en el futuro, ya que ni siquiera influye el padre porque, como buen macho, anda en otros asuntos o con amantes “La educación del niño depende de la mamá” tienen en sus cabezas prejuiciosas.

Pero no, en vez de cambiar el flujo de las cosas, educan un macho igual o peor que el padre. De igual forma, a las hijas se les empieza a adoctrinar desde temprana edad, porque a los hijos se les permite (y hasta fomenta) actitudes que en las niñas son fuertemente censuradas. Las restricciones que ellas reciben, ellos nunca las conocen: los hijos pueden llegar tarde y solos, las hijas deben llegar temprano y (de ser posible) con un chaperón; si empiezan de manera temprana su vida sexual, a los varones se les festeja pero las chicas no pueden siquiera besar al novio, ya que pueden ser tachadas de Putas (ya no hablemos de relaciones sexuales). Es ridículo que las mujeres permitan, promuevan y perpetúen el machismo, porque ellos en realidad son los más cobardes, ya que necesitan esa violencia y agresividad para expresar su valor.

Si quieren mejores prospectos, actúen de manera congruente para conseguirlos. Ahí recae su responsabilidad en este asunto: como compañeras de trabajo, madres, amigas, hijas y, principalmente, como pareja. El Macho no va a cambiar su actitud, él no tiene nada que ganar y todo que perder si lo hace, porque consigue muchas hembras. Lo mismo pasa con las tabacaleras o la Coca Cola, que ofrecen un producto “basura”, totalmente nocivo para la salud y, a pesar de que la gente lo sabe, lo consumen en cantidades industriales; ¿Quién es culpable? ¿El ofertante o el consumidor? Lo mismo pasa con los hombres, si quieren unos de calidad moral alta, con los cuales se puedan relacionar de manera seria y sana, entonces empiecen a fomentarlos y a “consumirlos”. Si siguen consumiendo los “sujetos basura” que existen, pues siguen fomentando su “producción”, mientras haya demanda de ellos, seguirá habiendo oferta de los mismos.

Pero no me malentiendan, no se relacionen desde posturas improductivas como feminista intransigente, madre neurótica o esposa celosa, el exigir respeto no significa ponerse en una actitud castrante (literalmente), porque con eso no van a lograr nada. Por experiencia propia les puedo asegurar que esa actitud restrictiva fomenta más el machismo. No se trata de que una parte sobaje a la otra, porque muchas feministas creen que se debe someter al hombre como éste lo ha hecho con ellas a lo largo de la historia. Me parece que una convivencia en pareja sana no es que una parte domine a la otra. Si quieren respeto, denlo, tienen que ser emocionalmente inteligentes, si no obtienen eso que dan, busquen en otro lado.

La violencia sólo genera más violencia, si ya están en una relación poco productiva, dónde no se puede dialogar, dónde no se hacen concesiones ni acciones positivas, pues tengan un poco de amor propio y abandonen ese lastre que sólo complica sus vidas. Aunque no lo crean, hay muchos hombres en el mundo, tal vez sus prejuicios y miedos las lleguen a cegar, pero saben que por lo menos hay uno que se adecue a su educación pero, mientras no dejen al mandril que tienen por pareja (con perdón de los pobres mandriles) por miedo a “Qué tal si no encuentro otro”, pues entonces no se quejen de que tienen un macho, porque a fin de cuentas es lo que merecen por la cobardía de no buscar a alguien más.

Y hablando de amor propio, por favor, no sean ingenuas. Si en la intimidad permiten que se les fotografíe o se les filme, entonces aténganse a las consecuencias. Ese material no va a ser exclusivamente para ese individuo ya que, normalmente, lo va a usar como “premio de cacería” y va a presumir con cuanto sujeto se cruce en su camino. Tristemente, y sin advertencia alguna, muchos machos me han mostrado sus “trofeos” y me pregunto: “¿Acaso estas pobres ilusas piensan que, en realidad, les sacan fotos para guardar un bello recuerdo?” Cualquiera que las retrate, es un hecho, va a compartir esas imágenes con otros congéneres. Así que arréglense bien cuando las graben o fotografíen desnudas o en ropa interior, porque esta patética muestra de machismo es más común de lo que podrían creer.

Créanme que no llego con alguien y le digo “Oye, ¿no tienes fotos que mostrarme?”, estos sujetos las enseñan a cualquiera, sin necesidad de ser su amigo, creo que hasta al de intendencia se las han de enseñar. Ellos hacen esto para reafirmar su hombría, o lo que ellos creen que es eso. Cuidado con la calidad o calaña de personas con las que se relacionan. No puede haber amor si no hay respeto, así de simple. El que las ame o (por lo menos) las quiera, no necesita fotografiarlas “para recordarlas”, un verdadero hombre no necesita pruebas de sus conquistas, por lo mismo no las anda divulgando. ¿Para qué les sacan fotos? ¿Acaso no tienen buena memoria? ¿Ya dan por hecho que no tendrán otro encuentro con ustedes? Quien realmente te quiere no te obliga a hacer nada, y eso lo saben porque al momento de fotografiarlas o grabarlas, dudo que alguna se sienta cómoda (a menos que sea actriz porno).

Pero tengo noticias para ustedes mujeres: Sí existen tipos decentes, que fueron educados por madres sensatas y que son demasiado buenos para su propio bien, pero ellos no son atractivos para ustedes, ya que sólo son utilizados como un hombro sobre el cual llorar y un pobre imbécil al cual pedirle ayuda cuando su macho no las apoya, y esa gandayez de su parte acaba echando a perder a esos buenos tipos.

Y ustedes los conocen muy bien, son esos “chicos lindos”, que les brindan su empatía, las escuchan, las apoyan y las entienden en los sentimientos que expresan, además lo hacen de manera auténtica, lo cual es apreciado por ustedes. Sin embargo, nunca los consideran como auténticas opciones porque, si pretenden pasar al siguiente nivel, no los aceptan, con las siguientes razones: “Es que eres un buen hombre” “Es que eres como mi hermano” “Es que eres mi amigo” “Es que no te veo con esos ojos”

Pero al momento de relacionarse, ¿A quién no ven ni como hermano, ni amigo, ni “buen hombre” ni tantas otras excusas tontas? ¡Ajá! ¡Adivinaron!, a esos sujetos que posteriormente llamaran desgraciados, infelices, perros y demás. Y, recalco, ¿quién decidió relacionarse con ese tipo de personas?

Pero eso sí, luego regresan con sus amigos con “Necesito un favor” “Sólo puedo confiar en ti” “Ándale, sé que tú puedes”. La naturaleza de dichos hombres es solidaria o empática, pero es indignante que sólo cuando necesitan algo vayan a tocar su puerta y, cuando no es así, ni de saludarlos se acuerdan. Lo malo es que muchos se dan cuenta y aprenden a cambiar, para mal.

Basándose en la experiencia, esos tipos decentes notan que ellas quieren otra cosa, porque al brindar apoyo, escucha y empatía, no se quedan con la chica, y si se muestran groseros, rudos y altaneros, consiguen muchas. Recalco ¿de quién es la culpa? Ya hay hombres con buena educación y ¿los buscan? Las mujeres dicen que esos tipos les dan “hueva”, así que recuerden esa respuesta la próxima vez que quieran quejarse del macho con el cual se relacionaron. Cada cual es libre de escoger la pareja que más les convenga pero, como dicen en el mercado, “Si no compra, no magulle”, saben cuando alguien tiene interés en ustedes, así que si no pueden ser reciprocas dejen de faltarles al respeto y permitan que alguien más sí los aproveche.

Ese comportamiento femenino hace que proliferen los “malos” hombres, bien dicen que la burra no era arisca, así la hicieron. La evidencia muestra que el “malo” es el que tiene éxito con las hembras, por eso es común que tenga más de una. ¿Para qué ser uno “bueno”? Ellos nunca se quedan con la chica, no resultan interesantes para ellas. No voy a negar que también pase a la inversa, en donde las “malas” mujeres resultan más interesantes que las “buenas”, la diferencia radica en que los varones no hacemos tanta alharaca por esta situación, como sí lo hacen casi todas las féminas al expresar que ya no hay buenos partidos.

No nos quejemos y aprendamos a aceptar lo que merecemos, lo que nos hemos ganado, lo que hemos perpetuado a través de generaciones, en dónde se aprende a valorar o, mejor dicho, a desear lo malo y a despreciar lo bueno.

Muchas de ustedes no entienden esa necesidad que tienen por un hombre, eso es debido a la programación antropológica de ser contenidas, de ser apapachadas y soportadas por un varón, hasta la mujer más poderosa del planeta tiene esa necesidad fisiológica, me atrevería a afirmar. Aunque sea un instinto básico, también tienen esa vanagloriada inteligencia del ser humano, así que utilícenla al momento de escoger pareja, para que no sean manipuladas y más que ser contenidas sean sometidas.

Uno sabe cuando eso pasa, esa vocecita interna que le dice a uno cuando hay algo mal, podrán intentar engañar a los demás pero no se pueden hacerlo con ustedes mismas, y saben perfectamente cuando hay algo mal en su relación; peor aún, si algo no funciona y no pueden hablar de ello con su hombre, entonces hay algo roto, porque problemas siempre hay, pero no debe haberlos tan grandes como para no tratarlos en pareja. Si tienen un macho intransigente, que no quiere hablar de los problemas, ya no digamos resolverlos ¿para qué seguir ahí? ¿Necesitan más pruebas? Hay algo peor que una mujer que es sobajada, y es la que se somete a sí misma ante un varón por esa necesidad antropológica de tener a alguien que las contenga.

Los hombres están muy cómodos porque, en realidad, tienen que invertir poco para conseguir una buena ganancia, por otro lado, ellas invierten mucho en sí mismas para ver si consiguen algo o, por lo menos, no pierdan tanto. ¿A quién le dan pan que llore? Ellos no van a cambiar por si mismos, ya que tienen casi todos los derechos y pocas obligaciones. Cuando las mujeres dejen de buscar machos, y estos empiecen a quedarse solos, tendrán que cambiar y/o eventualmente se tendrán que extinguir.

Muchas de ustedes no quieren dejar a su hombre por todo lo invertido en esa relación: tiempo, dinero, esfuerzo, ceremonias, sentimientos, estatus social, amistades mutuas. Tal vez piensan, de manera tonta, que un día va a cambiar y les redituara toda su paciencia pero eso nunca va a pasar. Si ya perdieron tanto en el pasado, ¿acaso no sale más caro sacrificar el resto de su vida junto a alguien que la hace infelices en vez de arriesgar a encontrar a alguien mejor?

En este país a las féminas se les educa con la idea de que sólo son alguien si cumplen con los siguientes requisitos: A) Tienen una pareja B) Se tienen que atar a él (por lo menos ya no es obligatorio el casarse) C) Tienen, por lo menos, un hijo con ese hombre. Si alguna “loca” se atreve a no ser dominada por un varón, siempre será mal vista y censurada por la sociedad, sin importar que tenga una carrera exitosa o esté llena de otras cualidades, el hecho de no cumplir con los requisitos antes mencionados es un pecado mortal en nuestra suciedad, perdón, sociedad.

Obviamente el prójimo siempre nos va a estar juzgando, pero nunca será tan grande la crítica que recibe una esposa sometida abiertamente por la pareja, al grado de denigrarla a través de todas las vejaciones machistas conocidas, que la que va a recibir una soltera, esas críticas excesivas que recibe una mujer emancipada e independiente. La mexicana estándar tiene la preocupación de “¿Quién me va a proteger? ¿Quién me va a cuidar? ¿Quién va a ver por mí?” y eso es muy estúpido, porque ni mujeres ni hombres requieren de NADIE que los cuide pero, ésa se ha vuelto una necesidad cultural de la naturaleza mexicana, heredada a través de las generaciones. Me dicen que las europeas son distintas y anhelo, de todo corazón, que algún día la mexicana llegue a ser como su contraparte del viejo continente.

El día que dejemos de valorar a las personas por si están casadas o no, por si tienen hijos o no y otras ideas preconcebidas, ése será el día que se acabe el machismo en el país. También será el día que dejemos de hacer diferenciaciones de sexo y no hablo de la igualdad de género, como el ejemplo que me aporto mi amiga Ari: “Si tengo diez puestos libres, no debo contratar a cinco hombres y cinco mujeres. Yo debo contratar a los diez mejores candidatos para el puesto, sin importar el género”. Cuando dejemos de darle valor al sexo y empecemos a otorgarlo al humano y sus cualidades, habremos dado un paso adelante. No es justo discriminar o privilegiar a alguien por sus genitales, ya que hay gente capaz y no tanto en ambos lados.

Por eso mismo es recurrente caer en el otro lado de la moneda, y ahora hay casos en donde se privilegia a mujeres, sólo por serlo, en situaciones en dónde los hombres son castigados sin más, por ser el “sexo fuerte”. Privilegiar o discriminar a alguien por su género, su apellido, su raza y demás es una práctica vergonzosa que deberíamos extirpar de nuestra mente, pero tardaremos algunas generaciones en hacerlo.

Es chistoso, pero al leer informaciones en donde se resalta el papel femenino compruebo que el machismo sigue vigente. El día que deje de ver que, de las 100 empresas más importantes de México, 52 de ellas tienen una fémina al mando, será el día que habremos superado algunos prejuicios. Si no hay nada de malo en nuestra sociedad, ¿para qué remarcar que ellas siguen “avanzando”? Lo mismo cuando se le da especial cobertura al elegir a una gobernadora, una rectora y, no vayamos más lejos, cuando hay alguna conductora de taxi o de Microbús, también lo hacemos notar.

Al vivir en un mundo de machos, esas notas sobre ellas resaltan; pero tampoco se trata de darles un trato especial a las féminas sólo por serlo. Estoy de acuerdo en que hay que darles las mismas bases y oportunidades para desarrollarse, pero el regalarles algo por el simple hecho de ser mujeres tampoco es respetarlas, ya que eso refleja un desprecio y/o menos precio por su capacidad, es como decirles “Tontas, les damos esta oportunidad porque somos dadivosos”. Cuando la mujer y el hombre dejen de ser discriminados o privilegiados por su género, y sólo se ganen las cosas por su capacidad o habilidad, será el día que habremos alcanzado la igualdad, y el machismo y el feminismo habrán desaparecido, ya que ambos son aberraciones, una más vieja que la otra, pero ambas son auténticas vergüenzas de la humanidad.

Cuando ella se dé cuenta que es tan valiosa como él, y recalco que no lo es ni más ni menos, sino su igual, a pesar de las diferencias fisiológicas; es el mismo día que acepte que no necesita un hombre para ser validada o certificada como mujer; el mismo día que acepte que no necesita casarse ni tener hijos para darle sentido a su vida; ese mismo día será cuando ella se dignifique en este país, y sólo depende de sí mismas, porque son las más ácidas detractoras de su mismo género, y las promotoras más grandes del machismo. La mexicana es la más grande misógina, por ser enemiga de ella misma, y el principal obstáculo para su desarrollo.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Sentimientos

           En este ensayo no pretendo hablar de toda la gama se sentimientos que experimentamos en nuestra existencia, porque cada cual podría escribir una enciclopedia personalizada de cómo percibe la vida a través de sus vivencias y lo que ellas les provocaron en el alma, sólo quiero compartirles algunos de los que he identificado recientemente y que tienen un trasfondo que me gustaría que conocieran.

            De toda la gama de sentimientos y/o sensaciones que tenemos los humanos, personalmente, la que más odio es la incertidumbre: esa sensación de que no puedes hacer nada y que estás en manos de alguien o algo más, me enerva a tope, sin importar que hayas hecho tu máximo esfuerzo o no, ya no está en tus manos. Cuando tu destino, bienestar o algo que simplemente quieres no depende de ti es muy frustrante. Tal vez sea neurosis de mi parte pero no puedo evitar ese malestar, porque no me gusta que mi destino lo decida alguien más.

            Sinceramente, prefiero saber lo malo o lo bueno a la brevedad, sin sorpresas, que es algo que nunca me ha agradado, sin importar que la mayoría de las veces sean agradables y unas cuantas desagradables, por mi misma rigidez, no me gustan los imprevistos de cualquier índole.
           
            Tal vez no sea popular por escribir lo siguiente, hasta de tonto podría ser tachado, pero tampoco les voy a mentir; por alguna razón, el sentimiento que más disfruto es la nostalgia. Es chistoso porque eso significa una felicidad que ya pasó, es probable que no sea una actitud muy sana de mi parte, al vivir en el pasado que ya murió, pero no puedo dejar de degustarla. El recordar aquellas bellas ocasiones que ame aunque, la nostalgia misma te hace ver, ese mismo momento no lo percibiste con la importancia con la que lo haces ahora, tal vez por idealización o por romanticismo, pero no lo gozaste tanto como lo haces hoy.

            Con el paso del tiempo, y las experiencias acumuladas, les vas dando el justo valor (o las vas idealizando), aquellas vivencias, tiempos, personas, situaciones, relaciones, amistades, lugares, películas, programas, música y demás partes de nuestro pasado que nos dan una identidad actual. Gozo y disfruto la nostalgia, aunque sé que el único tiempo real que tenemos para vivir es el ahora, pero no por ello dejo de paladear mis anhelos por aquello que ya fue y que nunca volverá a ser.

            A lo largo de los años, tal vez de manera cínica o fría, aunque sinceramente creo que es práctico (aunque otros digan pragmático), he querido anular el sentimiento de esperanza (otros lo llaman fe). Muchos dirán que está implícito en el existir humano, pero no comparto esa idea, para mí esa sensación es la prima hermana bonita de la incertidumbre, y por eso también intento eliminarla de mi ser. El hecho de anhelar algo que está más allá de nosotros, es porque uno no está en control de la situación, o no es el responsable que eso se logre, por lo que dependemos de alguien o algo más.

            Desde pequeño me educaron con mucha fe y mucha esperanza pero, al ir creciendo y madurando, me dí cuenta que entre menos esperanza albergaba, menor era la desilusión por el resultado de alguien más. También aprendí que es más sano que esa esperanza radique en uno mismo, en tus capacidades y habilidades para resolver la situación, y así tendrás una existencia más tranquila.

“Cuando aprendas a aceptar en vez de esperar, te llevarás menos decepciones” – Robert Fisher (“El Caballero de la armadura oxidada”)

            No sé si esto haga mi existencia más feliz pero sí la hace más tranquila y serena. Como dice Eckhardt Tolle en “El Poder del Ahora”, muchos buscan por la vida una felicidad eterna, sin saber que es un sentimiento efímero y eso mismo les ocasiona frustración cuando termina. Si nos dedicáramos a buscar la paz en vez de la sobrevalorada felicidad, disfrutaríamos más los momentos de alegría y todas las demás sensaciones de nuestro paso por el planeta.

            Algo que no busco propiamente o, por lo menos, no conscientemente pero, cuando se da, la disfruto de manera profunda es la pertenencia. El palpar que alguien comparte o entiende el mundo desde tu punto de vista. Eso lo he vivido de muchas maneras, pero una de las más intensas fue cuando, en la final de la Copa Libertadores entre Cruz Azul y Boca Juniors, entre a un estadio Azteca repleto de seguidores de la Máquina, esa sensación de que esas 100000 almas compartían un amor o una afición que yo mismo llevaba en las venas. Eso mismo pasa en conciertos enormes como el de U2 en la misma locación. Ese calor en tu pecho al sentir que no estás solo en el mundo y que hay muchos como tú (por lo menos en algo en particular), ese mismo sentimiento que experimentaba en las convenciones de Cómics y animación, en donde me encontraba a otros freaks como yo.

            Ahora, más maduro, también disfruto ciertas reuniones con amistades que, aunque son distintas a mí, compartimos ese respeto y madurez para platicar de distintos temas, sin que nadie se ofenda o agreda al otro, porque siento que compartimos valores y bases de vida que ya no son tan fáciles de forjar, y menos de identificar, como lo era anteriormente. Para un ser gregario, como lo es el humano, eso es muy importante, aún para los especimenes más solitarios, como su servidor.

            Hoy mismo experimente algo que no había vivido tan nítidamente con anterioridad: mientras manejaba hacia la casa viendo el atardecer en las montañas, regresando de una boda, me sentí extraño, porque reafirme que mi soledad me encanta pero que también me gustaría encontrar a alguien que comparta mis gustos más sui géneris, como deleitarse con la banda sonora de “Wolf’s Rain”, la cual iba escuchando en el auto, y que es una auténtica maravilla pero, tristemente, es completamente desconocida por el 99% de la gente que conozco.

No sentía nostalgia ni anhelo alguno, era como una especie de gusto por compartir y compartirse con alguien, pero sin la necesidad de anularse en una pareja opresiva, tal vez estoy loco y este divagando (que no es extraño en mí), pero fue un sentimiento puro y tranquilo, sin ninguna carga negativa, más bien con una serenidad que, cuando se alcanza, desearías estar así toda la vida.

Hay una especie de sentimiento entre temeridad, desapego y apatía que, por el momento, no puedo definir mejor; es algo muy interesante y hasta peligroso porque puede desembocar en algún sociopata. Sin embargo, a veces, es necesario sentir eso para dejar atrás miedos, creencias, lealtades, enseñanzas, prejuicios y demás lastres existenciales, y así atreverse a hacer otras cosas que antes, por miedo, vergüenza o pudor, era impensable realizar. A veces eso mismo lo empuja a uno a hacer algo nuevo, porque ya no le importa lo que pueda pasar, quién se pueda enterar o lo que puedan decir y sólo lo haces. No sé si sea políticamente correcto, pero estaría bien experimentar esa sensación de vez en cuando para darle una pequeña revolución a nuestras vidas.

Habemos muchas personas que somos demasiado prudentes a la hora de “vivir”, tampoco hay que ser un temerario que se arriesga en todo momento, pero no hay que ser cobarde y pusilánime e ir siempre por el camino seguro. De vez en cuando se deben tomar riesgos, inteligentemente, porque si uno no los toma ¿para qué vino a esta vida? ¿Qué va a aportar a esta existencia? ¿Qué va a aprender de este mundo? Y estas preguntas no las hago al aire, ya que me las hago a mí mismo.

Aunque no soy padre ni algún líder oficial de alguna organización, creo que de lo que más me llena en este mundo es la sensación de responsabilidad, de liderazgo y de “adultez” que guía a los demás. Ese sentimiento de saber que eres observado con respeto, y hasta admiración, es de lo más satisfactorio que uno puede tener en su vida, porque le estás sirviendo de ejemplo a alguien y, por lo mismo, te comprometes más con tu accionar. Eso es algo que no se compra, se gana.

Cuando alguien te admira es algo tan enriquecedor y halagador que resulta invaluable. A pesar de no tener hijos, tengo la fortuna de experimentarlo con amistades y familiares que me regalan todo su cariño, admiración, afecto y respeto, lo cual me da mucho más de lo que ellos perciben que yo les doy. Uno nunca debería buscar el reconocimiento ajeno, sólo el propio, pero cuando uno es reconocido por los demás, sobretodo por los seres que te importan, la recompensa es grande e intangible. Cuando te haces consciente que puedes ser un ejemplo a seguir para alguien, es una forma de trascender.


            Todo ser humano tiene necesidad de trascender en su existencia, mucho lo hacen a través de sus hijos, pero no es la única manera que hay. Habrá quién trascienda en la historia de la humanidad, habrá quién lo haga con un solo individuo, habrá quién será recordado por todos los tiempos y habrá quién será recordado por sólo un momento, hay quien lo hace en su familia, en su país, en su comunidad o en su trabajo. Honestamente creo que esa es una función implícita de nuestro existir: superar las barreras de nuestra mortalidad y vivir a través de alguien o algo más.

            No sé si en el futuro habrá engendros míos presentes, sólo espero que alguien, después de mi muerte tenga algún recuerdo mío y sonría o, sólo por un momento, me extrañe. Todo ser humano debe encontrar cómo satisfacer esa necesidad básica de dejar algo bueno o productivo en alguien más. Esa es la única forma que podemos vivir después de la muerte: a través de los recuerdos de otro ser humano. Si uno no logra aquello, no habrá valido la pena su paso por este planeta, porque el mundo fue el mismo antes y después de su muerte, por lo menos hay que cambiar el mundo de alguien más.

            Y tal vez eso mismo me motiva a escribir, para dejar una pequeña huella de mi paso por la vida, para dejar por escrito mi manera de percibirla, para compartir con conocidos y desconocidos, lo que creo como correcto y denunciar lo que veo mal, para dejar evidencia de que estuve aquí. Sé que no tendré los millones de visitas pero no me importa, con los comentarios que recibo (en el blog, vía mail o en persona) creo que por lo menos no les soy indiferente, aunque sea los hago enojar de vez en cuando (y eso que aún no toco un tema que me ando reservando por ahí y sé que voy a levantar mucha polémica).

En fin, podría escribir y escribir de distintas sensaciones que tengo en mi vida, pero no es necesario prolongar este ensayo. Sólo quería compartir esto que siento y que no siempre se anima uno a expresar.

            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 4 de septiembre de 2011

NFL

Durante los últimos meses, que no vi Televisión, fui muy feliz porque tuve mucho tiempo para leer, para escribir, ir al cine, para correr, bailar, internetear, salir a tomar un café, nadar (cuando la lluvia lo permitía) y otras actividades que hasta tiempo me hacia falta, así que no extrañe en algún momento algún programa, pero nada en esta vida es para siempre.

Ayer me han vuelto a instalar el SKY, lo cual significa una derrota moral y material en mi lucha contra la Televisión. ¿Cuál fue el motivo de dicha claudicación? ¿Qué es tan poderoso que me hace traicionar mis ideales y principios contra la caja Tonta? ¿Por qué pongo en riesgo mi valioso tiempo con esta distracción electrónica? Ciertamente hay una razón más fuerte que yo, como lo había advertido al final de aquel ensayo, y es la omnipotente National Football League (o NFL, la liga deportiva más importante y lucrativa del planeta).

La primera vez que tuve contacto con la NFL fue justamente el Domingo 20 de Enero de 1985, con el Súper Tazón XIX entre los 49’s de San Francisco y mis amados Delfines de Miami. Íbamos en el auto y mi papá puso el partido en la Radio, ahí inicio mi relación con el Fútbol Americano y desde entonces (a más de 26 años de distancia) es un idilio que no ha terminado en mi vida.

Desconocía por qué era tan importante lo que escuchábamos pero, por la emoción del cronista, me dí cuenta que era un evento grande y, como quería ser parte de eso, tome partido por uno de los dos equipos: Los Miami Dolphins. ¿Por qué ellos? Porque los delfines están entre mis animales favoritos, porque mi mamá se llama Marina y el Mariscal de Campo de los cetáceos se llamaba Daniel Constantino Marino y porque no me imaginaba a un número (49) como mascota de un equipo (¿A quién se le ocurre tal cosa?). Lamentablemente perdieron “mis” Delfines y, como ya los había adoptado como mi equipo, también inicio una cadena de lustros de un sufrimiento que disfruto año con año, producto de mi fanatismo por dicha organización. 

Desde pequeño me empecé a ilustrar en las reglas y los aspectos técnicos del fútbol americano, sobre todo con los comentaristas de aquel entonces, ya que mi papá lo conocía pero no estaba muy adentrado. La NFL ha sido la única liga, en toda mi vida, de la que puedo seguir todos sus encuentros con interés, así sea uno entre los dos peores equipos, siempre veré gustoso un partido sobre el emparrillado, sin importar que juegue o no mi amado equipo, es más, a veces disfruto más cuando no juegan los Delfines, porque no estoy en una montaña rusa de emociones que me desgasta enormemente.

Algo de lo que me he librado, en casi todos los deportes, es esa pasión irracional que sus fanáticos sienten por lo que pase o deje de pasar dentro o fuera de la cancha. He aprendido a no enojarme a tal grado de abandonar a algunos equipos que antes hacían mi vida miserable por tanta decepción; así que puedo ver casi cualquier evento deportivo sin perder la compostura. Desgraciadamente hay un “casi” y ése suplicio para mi salud mental y emocional son los ya mencionados y malparidos Delfines de Miami (o Miami Dolphins).

Tristemente, en el fútbol americano, soy irracionalmente apasionado como cualquier otro fanático pambolero o de cualquier otro deporte. Al tener el equipo que tengo me pongo estúpidamente feliz cuando ganan, sobretodo un encuentro apretado pero, de igual manera, me torno fúrico, irracional, salvaje, frustrado y enojado cuando pierden un partido, sobretodo uno reñido. Cuando dejan ir la victoria me digo a mi mismo: “Ahora sí se van a la ch*ngd&, ya no los voy a seguir apoyando, p$nch# equipo mediocre, hijos de su &%#”!/” y así me la paso TODA la semana, mentando madres y maldiciendo todo lo que se pueda maldecir (y lo que no, ¡también!).

Pero, justo antes de que empiece la siguiente jornada, vuelve ese amor tan injusto (porque en verdad no se lo merecen) sobretodo la ilusión y devoción, que sólo estaban a la espera del arranque del encuentro, para tomar su lugar en mi corazón. Ese mismo autoengaño que me hace plantear escenarios irreales para que mi equipo clasifique a la Postemporada, pero eso mismo hace que me duela más cuando pierden. Sin embargo, aún estando eliminados, sin importar que sea el último partido de la temporada y van con una marca de tres ganados y doce perdidos, ¡Yo quiero que ganen! Esas victorias para mí son muy importantes, a pesar de que no recibo nada tangible, y que ellos ni siquiera saben que existo y me hacen sufrir.

¿Por qué me gusta tanto la NFL? Creo que son muchos factores, en primera el contacto físico, a fin de cuentas, los seres humanos seguimos siendo animales instintivos, y la violencia no acaba de desaparecer de nuestros genes. Al tener tantos impactos, tienes la posibilidad de festejar jugada a jugada sin la necesidad de que anoten. Otro motivo que me captura es la estrategia, no creo que haya otro deporte que maneje tantos esquemas en todos los aspectos del mismo, eso lo ves al analizar cómo cambia el juego si modificas el rol de un solo jugador a la defensiva (por ejemplo). Las estadísticas es otro rubro que, como ingeniero, me fascina; y es que los gringos llevan el control de todos los aspectos posibles de este juego (algunos bastante ridículos) y te sirven de guía para ver que puede pasar en el siguiente encuentro o por qué se dio el resultado final en el anterior.

Esa alegría que siento al ver la NFL y, sobre todas las cosas, a mis Delfines de Miami, cuando ganan me dan una emoción tan grande que me hacen ridículamente feliz. Tal vez por eso no llegan al Súper Tazón nuevamente, porque es factible que no pueda lidiar con tanta alegría o tanta tristeza. Sin embargo me gustaría arriesgarme un día a ver qué pasa así si son campeones, y espero que eso se dé antes de que muera o que se acabe el mundo (el 21 de Diciembre del 2012).

Como buen fanático, de cualquier índole, también debo tener un Némesis al cual odiar, y esos son los p%&#¡ Dallas Cowboys (ó p$#”%& Vaqueros de Dallas), los cuales me caen súper mal y, admito, también me dan muchas alegrías . . . . . . cuando pierden. Así que hay jornadas en donde tengo doble alegría o tengo doble enojo. ¿Por qué ellos? ¿Por qué no los New England Patriots o los New York Jets? Tal vez porque Dallas es de los equipos con más seguidores en México (después de los Pittsburgh Steleers) y porque me gusta ir contracorriente. Este año se enfrentan mis Delfines contra esos =&#$s Vaqueros, en día de Acción de Gracias, así que esa fecha ya lo tengo pedida en el trabajo para vivir una de mis máximas experiencias deportivas (y les vamos a partir  . . . . . el pavo en su estadio)

También tengo una afición general con la Conferencia Americana, en donde se encuentra mi equipo, por lo mismo, no me agradan los de la Conferencia nacional (en donde están los Vaqueros). Es por eso que, tanto en el Súper Tazón como en los partidos interconferencias, siempre voy a apoyar a los equipos de la Conferencia Americana.

Personalmente no me hace falta la TV para vivir, recién acabo de pasar medio año sin verla pero, con el Fútbol Americano, ha llegado la  época del año en que puedo pasarme poco más de 10 horas continuas, los Domingos, frente al televisor viendo únicamente NFL. Alrededor de la octava hora me pregunto “¿Esto está bien? ¿Debería sentirme culpable?” pero después me vuelvo a preguntar “¿Eres feliz?” y me respondo a mí mismo “¡Sí! ¡En exceso!”, entonces concluyo que no puede estar mal algo que me hace tan dichoso.

Afortunadamente en México tenemos una amplia cobertura de dicho deporte, pero no todas son de alta calidad. Los mejores, para mí gusto, son los de ESPN porque tienen amplio conocimiento y resultan muy agradables e interesantes al momento de narrar o analizar. En segundo lugar vienen los de Televisa, con una longeva tradición y mucha seriedad al hacer su trabajo, porque también proporcionan estadísticas confiables y comentarios fundamentados. Los de Fox Sports son mediocres, porque tienen un par de elementos buenos y bastantes malos, además me parece una falta de respeto que ellos, que viven de eso, tengan fallas lamentables en el conocimiento de reglas o de jugadores, además de que son MUY tendenciosos. Finalmente, los peores, son los de TV Azteca, porque son ignorantes, pretenciosos, mercenarios y hasta sus bromas son malas, es una pena verlos después de los años de gloria que tenían con José Roberto Espinoza a la cabeza (cuya muerte me puso triste hace unos años).

Por la dicha que recibo, me encantaría que la temporada de la NFL fuera más larga o que hubiera Futbol Americano todo el año; pero en esos momentos me viene a la memoria la enorme prostitución que ha sufrido el Fútbol Soccer en los últimos 20 años. Durante mi niñez recuerdo que había un par de meses en Verano y algo similar en Invierno sin nada de Fútbol, por lo que a uno le iba creciendo la necesidad de verlo nuevamente con ánimo o anhelo. Hoy en día TODO el tiempo hay Soccer, no importa la época del año, no importa el clima, no importan las festividades ni las vacaciones, siempre hay torneos locales, regionales, continentales o mundiales de fútbol de todas las categorías habidas y por haber. Esa misma sobreexposición, y la falta de alegrías, acabaron ahuyentándome del mismo.

Analizándolo desde esa perspectiva, es perfecto que la temporada de NFL sólo dure cinco meses, porque los siete meses restantes a uno le crece el anhelo de volver a disfrutar esas jugadas espectaculares, esos juegos de estrategia y todas esas agallas que se deben poner en cada partido para ganar. Esa misma necesidad de verlo hace que siga la temporada baja con las selecciones de Draft, las contrataciones en la agencia libre, de nuevos entrenadores o coordinadores, además de la proyección de los expertos para la siguiente temporada con todos esos cambios. Por todo eso, cuando llega la patada inicial de una nueva temporada, el gusto es enorme por la expectativa previa.

Algo parecido pasa con las relaciones personales, por lo que el Soccer y el Americano sirven de perfectos ejemplos. Hay relaciones en donde todo el tiempo se está hostigando y/o agobiando a la pareja al punto de no dejarla respirar ni vivir ni existir como ente individual, parte de lo que me harto del Soccer. Por otro lado, si uno se da su espacio, se deja extrañar, se deja valorar a través de una distancia sana, entonces da mucho gusto, y hasta algarabía, el volver a encontrarse.

Y viéndolo desde esa perspectiva de pareja, los Delfines de Miami son como una mala mujer porque juegan con mi salud emocional y psicológica, me hacen sentir mal y me maltratan, pero no me dejan “morir” porque siempre hay una esperanza, así que no me dejan ir y yo no los puedo dejar, ni quiero hacerlo.

En fin, mi amor por el fútbol americano es grande e irracional, lo admito y sé que no es bueno cegarse por algo tan intrascendente como lo es un simple juego (que en realidad no es tan simple), pero no lo puedo evitar. Por todo ese sentimiento es que volví a contratar la TV, a pesar de lo nociva que es; afortunadamente contrate un servicio que puedo anular en el momento que quiera y, al día siguiente del Super Bowl, lo cancelaré de inmediato para volver a mi tranquila existencia sin TV, aunque algo triste sin NFL . . . .  pero sólo por siete meses. J

            Hebert Gutiérrez Morales.