miércoles, 31 de agosto de 2011

La Disposición

            Hace poco más de tres años, un Miércoles alrededor de las 10pm en la oficina, mi entonces jefa y yo estábamos vapuleados, destrozados, desmoralizados, desechos y al borde del llanto (cada cual lloro por su lado, por el pudor de no vernos sollozar mutuamente). Esa noche le hice una especie de promesa “Maribel, ya no quiero ser disponente, no puedo más con esto, es demasiado y ya no voy a vivirlo” Ésa ha sido de las escasas ocasiones (menos del 1% del tiempo) en que odie mi trabajo. Sin embargo casi siempre lo ame, reí, disfrute, me emocione con esa sensación de salvar al mundo (aunque no sea así, el sentimiento se agradece).

            Regresando a ese momento dramático, la razón era que teníamos un problema impresionantemente grande que significaba millones de Euros en autos perdidos y fletes extraordinarios y, lo peor es que, no encontrábamos una solución. Nos iban a correr, ¡Y ni siquiera era nuestra culpa! Creo que no queríamos regresar a casa, porque al otro día teníamos que volver, afrontando las consecuencias, así que te vas a dormir con la esperanza de no tener que enfrentar la realidad a la mañana siguiente.

“Aunque no sea tu culpa, es tu responsabilidad” – Modus Vivendi de los Disponentes.

            Sin embargo, algo que me ha enseñado la Disposición en innumerables ocasiones, es que entre más pronto ataques el problema, más rápido encuentras la solución. Ésa no fue ni la primera ni la última vez que afrontamos y resolvimos obstáculos que parecían imposibles y, de alguna manera, encontramos la fórmula como equipo. No tenemos de otra, por la naturaleza del puesto, el ser individualista te puede costar muy caro en todos los aspectos.

            Cuando alguien de nosotros tiene algún problema, la solidaridad no es algo que falte, porque si hay algo al alcance de nuestras manos, lo hacemos. Y si no hay nada que hacer, por lo menos empatizamos con ese colega, porque NADIE se libra de algún tema crítico en la Disposición, por más orden que haya en sus piezas, siempre hay factores externos que afectan nuestra tarea. Así que, tarde o temprano, alguno de nosotros va a andar corriendo, haciendo malabares para conseguir ese precioso material y evitar el paro de línea; y no son ocasiones únicas, porque la vida del Disponente está llena de emoción y peligro.

            Para los que no lo saben, tanto dentro y fuera de VW, un disponente es el que administra materiales para la línea de producción, simple ¿verdad? Mucha gente así lo cree y demerita nuestra labor pero, si en verdad fuera tan fácil, no estaríamos acá y no habría TANTAS personas con un paso fugaz por nuestro departamento, muchas de ellas salen huyendo hacia otros lados, con tal de no tener que soportar esta vida tan intensa. Para los locos que nos gusta la adrenalina, el estrés de este lugar resulta retador pero, eventualmente, te supera y necesitas entrarle con tu equipo, tu coordinador, tu jefe, tu gerente, tu director y con todos los que necesites para resolver el problema.

            Ingrese a la Disposición un seis de Junio del año 2000, mi intención nunca fue trabajar en Volkswagen, así que sólo venía por un par de años y, más de una década después, sigo siendo feliz aquí. Como me escribieron en el Facebook alguna vez: han sido el par de años más largo de mi vida. Todavía recuerdo la reacción que tuve aquel primer día: me asuste por la violencia con la que se hablaban y pensé “Están a punto de agarrarse a golpes”. Con el tiempo me di cuenta que esa agresividad era parte del lugar, y es provocada por toda la presión que casi siempre vivimos pero, aunque suene ridículo, normalmente no hay mala intención en nuestras expresiones (algún personaje por ahí no se salva, pero es la excepción que confirma la regla). Con el tiempo aprendí a amar todo ese sarcasmo, todo el humor, las risas, las bromas, los juegos y todas nuestras expresiones de originalidad. Tal vez, para la inmensa mayoría de empleados en VW, no es el mejor puesto ni el mejor ambiente pero, para mí, sí lo son.

            Desde que llegue, he visto la evolución del departamento y no recuerdo un año con un mal ambiente, ese lujo de tener buena vibra ya lo desearían en otros lados. Si nos preocupáramos por cuidar el glamour, las formas y los buenos modales nos volveríamos locos y no me refiero a la manera lúdica en la que ya lo estamos. Todos los días encauzamos esa energía en bromas, chistes y demás expresiones que nos relajan y nos ayudan a hacer mejor nuestra tarea; esas expresiones son parte de nuestra personalidad, y me alegro que tengamos un alto nivel de estrés porque no hay tiempo para hacer política (aunque ésa existe en todos lados) y, como la relevancia de ésta no es tan grande como en otros departamentos, nos podemos llevar mejor.

A veces siento que todos en la Disposición estamos locos, y así debe de ser porque, teniendo una labor tan ingrata, es increíble que seamos felices aquí. Esto es notorio con todos los chiflidos, la música, el escándalo, los gritos, las burlas y todas estas muestras de felicidad (neurótica, pero a fin de cuentas, felicidad) que tenemos. De vez en cuando alguien recupera la cordura, se da cuenta en el manicomio en el que trabajamos y emprende la huída laboral a otro lado. Somos quejumbrosos por la labor, y con justa razón, pero el ambiente que hacemos es muy especial (enfermo, dirían en otras áreas) en donde la camaradería y amistad no es extraña. Por eso me gusta estar en “la Dispo”, porque soy aceptado con mis excentricidades (incluyendo mi manera tan particular de pensar) y, por lo mismo, es como mi hogar.

          He visto otras áreas en donde son más tranquilos, civilizados, educados y respetuosos, pero ésa no es la personalidad de la Disposición, la cual se ha mantenido en todos los años que llevo trabajando en ella, tal vez por eso somos el “hijo feo” de la Logística pero tampoco pueden vivir sin nosotros, porque alguien tiene que hacer este trabajo sucio y no cualquiera puede (ni quiere) hacerlo o soportarlo.

          Admito que parecemos mercado, manicomio, zoológico o circo, porque aullamos (y es literal), nos gritamos en vez de marcar la extensión telefónica (a dos pasillos de distancia), corremos, nos estamos molestando y poniendo sobrenombres todo el tiempo (siempre en buena lid) sino también para reírnos con esa persona; porque eso nos caracteriza: al que fregamos, también se ríe, porque normalmente son bromas ingeniosas, además sabe que “el que se ríe se lleva” y los papeles se cambian con frecuencia. Afortunadamente casi todos nos llevamos bien y, al que no “juega”, se le respeta la decisión y no se le molesta, lo cual habla de nuestro civismo y educación (para que vean que no somos tan agresivos), porque no se trata de faltar al respeto a nadie.

«El trabajo es todo lo que se está obligado a hacer; el juego es lo que se hace sin estar obligado a ello».– Mark Twain

          No somos perfectos, ninguno lo es, dentro de nuestra fauna tenemos de todo: traumatizados, patanes, fresas, ególatras, acomplejados, risueños, reservados, bonachones, amargados, bobalicones, intelectualoides, antisociales, neuróticos, paranoicos y demás ejemplares. Me gusta percibirnos como gente virtuosa más que parias sociales, aunque sí tenemos a algunos personajes de dudosa reputación, pero son los menos. En realidad, estas personalidades psicóticas no le hacen daño a nadie. Nosotros mismos nos acoplamos, nos complementamos y nos contenemos los unos a los otros, y ése es el fuego, el combustible del motor que nos hace trabajar, el movernos, el divertirnos y sacar adelante esta actividad que no cualquiera se avienta a hacer.

          Siento que el poco reconocimiento que recibimos (las escasas veces que lo recibimos), refuerza nuestro masoquismo, por lo que nos acostumbramos al maltrato psicológico dentro y fuera de nuestra área. Y este homenaje que le estoy haciendo a mi departamento es por los buenos resultados que damos día a día., para reconocer desde dentro lo que muchas veces no se hace de fuera. A veces somos melodramáticos y exagerados, pero si vieran la cantidad de ataques, dudas y suspicacias de las que somos objeto, comprenderían más nuestra actitud y, aún así, somos un gran equipo. Esa esencia y carisma que tenemos no se modifica con los cambios de sistemas, de gerentes, de proyectos, de personal y de estructuras, siempre hacemos un buen trabajo.

Amo los fines de semana, porque tengo otras actividades, me pongo a leer, a escribir, a bailar, comidas con mi familia o amistades, etc. Pero NUNCA me molesta que llegue el Lunes, de hecho lo recibo con felicidad, porque vuelvo a ver a todos en la oficina y la diversión vuelve a comenzar. Creo que, durante más de once años, puedo contar con los dedos de una mano los días que no he querido ir a trabajar. Tenemos etapas muy inhumanas y muy pesadas (críticos y cambios de modelo), pero no deja de ser entretenido ir a molestar al resto de tus compañeros en Pro de desestresarnos mutuamente y hacer el día muy disfrutable. Me encanta que cada uno de nosotros tiene sus rituales personalizados con cada cual, yo mismo soy llamado de seis o siete maneras diferentes dentro de la misma Disposición, esto varía de uno a otro. Todas esas maneras de saludarse, de “agredirse” y, sobretodo, de apapacharse, son nuestras formas raras (pero auténticas): de apoyarnos y hacernos el día más ameno.

Aunque no soy amigo de toda la gente en mi Gerencia, con la gran mayoría sí tengo muy buena relación. No podría estar en un área con un ambiente pesado y poco amigable, sin importar lo educados que sean, lo ordenados que trabajen, lo ligero de las funciones, las oportunidades de desarrollo profesional o lo bien que paguen. En ninguna de esas áreas la Disposición se caracteriza pero hay algo en que nadie nos gana: el buen humor. Para mí, el gusto de ir a la oficina es un aspecto muy importante, que no tiene precio y que ni siquiera, se puede imponer en un área; porque es algo que se da con la química de las personas y del departamento que conforman.

Ciertamente el dinero es importante en nuestro mundo, ¿pero acaso no lo es el ser feliz? Creo que la calidad de vida se mide en risas y la mía en la Dispo es alta, porque me estoy riendo la mayoría del tiempo, sin importar si estoy fregando a alguien o alguien me está molestando a mí (siempre en buena lid), y esas risas no las compra el dinero. Independientemente si me pagan bien o no, si tengo buenas prestaciones o no, o si estoy en una empresa de renombre (que sí lo estoy); todo eso no me importaría si no me divirtiera todos los días en mi trabajo.

          A veces siento que somos como chamacos, porque nos la pasamos jugando y los más chistoso de todo es que hacemos bien nuestra tarea mientras nos divertimos, y hemos aprendido a hacerla seriamente y, por eso mismo, con más gusto. Eso es tan valioso que cualquier organización lo quisiera en todo su personal; no quiere decir que no tengamos problemas pero, por el ambiente tan bueno, uno los resuelve con más eficiencia por el apoyo de los demás. Al igual que los otras gerencias somos como un “Pueblito”, así que cuando llega “Radio Pasillo” con los chismes, estos corren a una velocidad impresionante (peores que viejas argüenderas), pero es muy divertido porque tenemos de todo: cada loco con su tema por lo que el ambiente es muy rico y lo compensa todo.

“No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar” -Bernard Shaw

          Me siento MUY orgulloso de haber sido disponente, porque es algo que entiendes hasta que lo vives. Aunque muchos no nos den el valor que merecemos pero, hasta que hagan nuestro trabajo, tendrán la calidad moral de criticarlo; cuando traten con los problemas tan complejos y con procesos tan complicados, entonces podrán tacharnos de lo que quieran, mientras tanto no se los puedo permitir. Eso es lo triste de nuestro puesto, porque SIEMPRE vamos a ser culpables, hasta que se demuestre lo contrario y, lo que es peor, aunque se llegue a demostrar lo contrario, ¡lo seguimos siendo! Y es que esa culpabilidad ya viene implícita al puesto, usando términos religiosos, uno ya nace pecador y condenado sin siquiera aprender a caminar. Creo que por este simple hecho hay que admirar a los que realizamos esta labor, por toda la adversidad que uno tiene que afrontar.

          En verdad admiro a mis colegas que llevan más de 20 años disponiendo, con un aguante impresionante, auténticos súper hombres, por lo que estoy seguro de algo: el día que se mueran será de lo que sea, menos de un paro cardíaco. Y, hablando de la salud, también quiero reconocer a nuestros “soldados caídos”, los cuales resistieron todo lo que pudieron y, por enfermedades ocasionadas por el desgaste, tuvieron que salir prematuramente del departamento, antes de que les costara la vida (literal). A pesar de lo mucho que venero a nuestros veteranos, ya no puedo más, el desgaste moral acumulado durante más de una década es impresionante; lo podría seguir haciendo, pero ya no quiero, ni tampoco tengo la necesidad de demostrarle nada a nadie, además de que quiero hacer otras cosas.

          Cuando empecé a buscar otro puesto, en otras Gerencias, me fui dando cuenta que quería cambiar de actividades, pero no de oficina así que, felizmente, seguiré en este departamento que tanto quiero, aunque con otras funciones. Y es que el ambiente aquí es maravilloso, en verdad me encanta, me siento como en casa cuando vengo a trabajar. Obvio que no es perfecto pero, independientemente de todas las vejaciones que sufrimos, no creo que haya mejor lugar para trabajar (por lo menos para este masoquista)

          Hoy dejo de ser disponente, pero me mantengo en la Disposición. Muchos me critican porque debo cambiar de aires, que necesito conocer otras áreas para poder comparar o para poder crecer, tal vez tengan razón. Se me han presentado dos oportunidades serias de cambio: enuna yo no quise (por el ambiente) y en otra no se pudo. No me cierro al cambio, porque sé que algún día puedo encontrar algo que me haga salir de mi hogar en VW y, con dolor en mi corazón, tendré que partir. Pero hoy, que es lo único real que tenemos, estoy feliz de trabajar aquí.

          Aunque estoy algo triste por dejar de ser disponente, mi alegría es mayor. Ya no odiaré Junio ni Diciembre por los cambios de modelo, también podré contestar el teléfono de noche sin la neurótica pregunta “¿Habrá algún crítico?”. Definitivamente eso no lo voy a extrañar en absoluto, por eso dije “Ya no más, ¡gracias por liberarme!”

            No hay mayor satisfacción laboral que el ser feliz en tu puesto, afortunadamente lo fui, aunque no es mi primer trabajo, lo ame como si lo fuera. Mucha gente se queja de la Disposición (y con argumentos), pero las cosas buenas sobrepasan por mucho a las malas y por eso no me cambio de área. Seguramente hay lugares mucho mejores en VW, con cargas de trabajo más tranquilas, mejor organización, más respeto, trato humano de los altos mandos, menos exigencias y hasta mejor pagados. A pesar de lo ingrata que pueda resultar nuestra área, es muy divertida, a pesar del escaso reconocimiento que se recibe tanto dentro como fuera. Nosotros mismos nos reímos de nuestras desgracias y nos encargamos de pasar buenos momentos, porque el trabajo de por sí no es fácil como para estar amargándonos la vida.

            Hebert Gutiérrez Morales.

martes, 30 de agosto de 2011

El significado de la vida


“Ningún ser humano tiene la certeza del significado de la vida. Los que realmente la tienen son considerados locos o genios (si es que hay alguna diferencia entre unos y otros)” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 27 de agosto de 2011

El Policía Mundial

            Como la gran mayoría de los mexicanos, por no decir todos, desde muy pequeño aprendí a odiar a los Estadounidenses. No es una educación que te den de manera explicita en el hogar o en la escuela, esta animadversión está implícita a través de muchas formas. Ese rechazo vedado es igual de potente que el amor clandestino que tenemos por mucha de su “cultura”, que nadie va a admitir abiertamente, pero TODOS tenemos gustos, manías o adicciones a distintos “productos” Yankees.

            Antes de seguir con el tema, y hablando a título personal, me disgustan dos cosas de los gringos: Primero, esa manía de ser los protectores del mundo, el mesías que nadie espera, el policía mundial, ese rol autoasignado que me molestaba enormemente, ya que no percibía razón alguna para que hubiera un país más importante que el resto y, sin embargo lo había.

“Los Gringos tienen una tendencia mesiánica, se creen los elegidos de Dios para salvarnos. Por favor, a mí no me salven” – Tomado de History Channel

            En segundo lugar, y la que más me incomoda, al punto de enfurecerme e indignarme, es esa manía de nombrarse “Americanos”. ¿Americanos? Perdón, yo NUNCA los llamaré así, porque eso lo somos TODOS los que habitamos este hermoso continente, desde la punta de Alaska hasta la Patagonia, incluyendo al Caribe y Centroamérica. De igual manera me niego a llamarlos “Norteamericanos”, porque no son los únicos que merecen ese gentilicio, ya que Canadá y México también se ubican en Norteamérica. Como habemos otros que entramos en esa descripción, tampoco los voy a llamar así. Por eso mismo los llamo de las siguientes maneras: nuestros vecinos del norte (porque Canadá técnicamente no es nuestro vecino), Yankees, estadounidenses o, el favorito de todos, gringos.

            Tal era mi sentimiento antiyankee que, si no mal recuerdo, el martes once de septiembre del 2001, todos mis colegas de la oficina estaban consternados, viendo noticias, leyendo en Internet o escuchando radio para empaparse de lo que acontecía en Nueva York. Por mi parte, estaba tranquilamente trabajando, no estaba celebrando pero tampoco estaba afectado. Sólo uno de mis colegas se percató de mi actitud tan indiferente, por lo que me pregunto “¿Acaso no estás afectado por lo que está ocurriendo? O ¿Lo estás disfrutando?”  A lo que yo conteste “No sé por qué tanta alharaca, si los gringos hacen lo mismo en muchas otras partes del mundo. Para mí es lo mismo que se mueran 2000 árabes que 2000 gringos (que a fin de cuentas eran pocos Yankees y muchos inmigrantes)”. A pesar de que se van a cumplir 10 años de aquel suceso, en verdad no me siento afectado ni conmovido por el mismo, porque sus vidas no deben ser más valiosas que las de la gente que muere en África (por ejemplo).

            No me incomoda la historia previa en donde nos quitaron la mitad del país, las intervenciones políticas y militares, su incumbencia en nuestras decisiones nacionales y nuestra histórica sumisión ante ellos. Todo eso ya parte de nuestro modus vivendi, el cual nos ganamos a pulso; pero muchos no lo quieren aceptar y todavía están reclamando (ridículamente) que nos regresen Texas. Esto sirve como un ancla para perpetuar el odio hacia ellos y no aceptarlos de manera abierta. Como bien lo decía Porfirío Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

            Algo que también se nos enseña, inconscientemente, y que muchos niegan, es a amar las “cultura gringa”. Muchos argumentan “Eso no es cultura, porque no tienen una historia previa y rica en tradiciones que sustente el término”. Como bien dice mi “amigo” Gerardo (Coyac, ¿te puedo llamar amigo?), tal vez se deba acuñar otro término para la Cultura porque, en la definición que se encuentra en todos lados, dice que cultura es todo aquello que aceptan y hacen un grupo grande y significativo de personas.

            Todos odiamos a los gringos, pero nos encanta comer en Carl’s Jr (Lo amo), Burger King, Domino’s Pizza, KFC o en McDonald’s (me abstengo totalmente en éste último) a comprar una cajita feliz. ¿Qué tal los hot Dogs? O ¿Unas Donas en Krispy Kreme? No me van a decir que son mexicanos ¿verdad? Aunque uno lo quiera evitar, a veces es imposible no comprar en Walmart. También tenemos toda la gama de juguetes, caricaturas y series gringas son la delicia del televidente mexicano. A excepción del fútbol nacional, las ligas más seguidas en México son las de Estados Unidos (NFL, NBA, MLB y, tristemente debo mencionar, la MLS). ¿Qué tal la música? ¿Cuántos vídeos de los que vemos o canciones que escuchamos son de origen gringo?

            Personalmente mis adicciones más fuertes a la chatarra gringa son comprar en Costco (me encanta); no todas las películas pero admito que un gran porcentaje de los filmes que veo son gringos (y el resto de otros lados porque no me gusta el cine nacional). Aunque tengo un gusto inmensamente más grande por la animación e historieta japonesa, tampoco estoy exento de que me gusten los cómics gringos (especialmente los de Marvel). Un enorme porcentaje de la música que escucho es extranjera, pero no toda es de Estados Unidos. Amo el Fútbol americano, sé que es de las expresiones más gringas que puede haber, pero no puedo evitar desbordar mi pasión por la NFL y mis desgraciados e ingratos Delfines de Miami.

            Por lo menos admito que amo todo lo anterior, pero hay quienes lo disfrutan de manera oculta pero no lo aceptan, hasta lo niegan. Lo que no podemos ignorar es lo profundo que ha permeado la influencia gringa en México, a pesar de tener una cultura fuerte. Pero esa influencia no es exclusiva en nosotros, ya que debe de estar presente, en distintos niveles, por todo el mundo (mal de muchos, consuelo de tontos), pero también hay que admitir que nuestras vidas no serían tan gozosas sin todas esas porquerías que nos dan los gringos (por lo menos la mía no sería tan divertida sin mucha de su basura).

            Lo que me enorgullece de mi país es que, a pesar de ser el patio de atrás de los Estados Unidos y nos bombardean su cultura de forma inclemente, creo que tenemos una identidad muy bien definida, aún con esa gran influencia que tienen sobre nosotros. Por una vez nuestra necedad tenía que ser positiva ya que, independientemente de nuestro malinchismo, es increíble cómo mantenemos nuestra esencia sin cambios radicales contra una gran ola que ha arrasado con la identidad de otras naciones. Obviamente sí nos han influenciado, pero no al grado de otros países más lejanos como Japón o República Dominicana.

Deberían avergonzarse lo que critican a los gringos diciendo que el habitante promedio es Homero Simpson, yo me abstendría de hacer dicho comentario. Si son tan simples como dicho personaje y (todavía) son el país más importante del planeta, ¿cómo quedamos el resto de personas en el mundo? A mí me daría pena que Homero Simpson me está dominando, aunque ya no por mucho tiempo. Es verdad que no estoy de acuerdo que haya un país que rija al mundo, como lo han sido los Estados Unidos (hasta ahora); creo que hasta hace cinco años, nunca habría pasado por mi cabeza que el Imperio gringo se empezará a desmoronar, como está pasando frente a nuestros ojos.

Tal vez en mis sueños de adolescencia, la cual duro hasta los 28 años, hubiera estado feliz de vivir en estos días pero, por alguna razón, no me alegra que el imperio estadounidense se esté cayendo a pedazos. Obviamente esto no se va a dar de un año para otro, pero estamos presenciando el inicio del fin de una era importante de la humanidad.

 En realidad no me preocupa que los gringos dejen el poder mundial, lo que me consterna es el país que viene a tomar su lugar: China. No es una cultura que conozca mucho (ni que me interese conocer) y, tengo que admitir, que mis maestros japoneses me “heredaron” sus prejuicios contra los chinos. Dentro de toda la variedad de países que podrían guiar al mundo, China e India serían de mis últimas opciones.

Recalco que no conozco, ni pretendo conocer, estos países, y sé que muchas personas están enamoradas de sus respectivas culturas, pero no me incluyo en ese grupo. Para mí son peores que México en corrupción, suciedad, educación, faltas de respeto, por lo que son aún más machistas (y eso ya es decir mucho) así que, sin importar el dinero que puedan generar, sostengo que están peor que nosotros.

No puedo aceptar que un país peor que el nuestro lleve las riendas del mundo, y no me guió por lo económico, la calidad de las personas o países no se puede medir únicamente en dinero. Para mí el desarrollo se mide en educación, limpieza, respeto, orden, preparación, decencia y los valores de un país (o persona); honestamente dudo que los chinos nos superen en alguno de esos rubros de manera positiva porque son más sucios, corruptos e irrespetuosos que nosotros, por eso mismo no me checa que ellos sean los siguientes líderes del mundo.

Nunca creí expresar esto en toda mi vida, pero prefiero que los Gringos guíen al mundo y no los Chinos ni los Hindúes. Impensable para mí tomar una postura Pro-Yankee de forma tan abierta, imagínense que hasta odio a los Yankees de New York, sólo por el simple mote (y porque son odiosos, cabe aclarar). Obviamente, el hecho de que apoye a nuestros vecinos del norte, no cambiara el cauce futuro en el destino del mundo. Si cayó el imperio romano y la iglesia católica ya no es lo que era antes, ¿qué habría de perpetuar el dominio Yankee? Todo en la vida se presenta en ciclos porque nada es para siempre, por más poderoso y omnipotente que se vea un imperio en todo su esplendor, eventualmente va a caer. Creí que iba a estar eufórico si me tocaba ver caer el control Yankee, pero estoy preocupado porque vendría algo peor en su lugar.

Lo poético del asunto es que los estadounidenses fueron vencidos en su propio juego, por reducir costos y ser más productivos o competitivos, invirtieron tanto en economías emergentes. Los chinos, que son los piratas más grandes del mundo, fueron copiando todo lo que pudieron y lo fueron perfeccionando de manera paulatina, hasta el punto que los Estados Unidos ya no pudieron controlarlos y se les subieron a las barbas, y estamos en pleno proceso de transición en dónde los gringos, por más que se resistan, van a cederle el trono a los chinos.

Ahora, Estados Unidos no va a dejar de ser el país tan importante y enorme que es pero, ¿podrá adaptarse al nuevo orden mundial dónde ellos no son el mandamás? ¿Podrán soportar esas vejaciones e imposiciones que le hacían al resto de países para imponer su voluntad? ¿Podrán tomar su papel como país importante, pero no el policía del Mundo? No creo que dejar el poder sea tan difícil pero lo veo desde la perspectiva mexicana, que no sabe lo que es estar en la cima mundial, así que ¿podrá el ego yankee con tal degradación?

Aunque no me guste admitirlo, me parece que este rol del policía mundial es un mal necesario. Con maneras tan distintas de percibir la realidad, a veces se necesita que alguien ponga orden, tal vez no sea el más justo, pero es un orden a fin de cuentas. Como está la configuración del mundo, sin ese papel de líder mundial, se caerían en (aún más) guerras y una “anarquía mundial”. No me gusta ese rol de control, pero es necesario, a pesar que casi toda mi vida los estuve criticando por metiches, pero ahora reconozco que, a pesar de no ser popular, es útil.

Odio la frase “Malo por conocido que bueno por conocer”, prefiero la de “No sabes lo que tienes hasta que lo ves perdido”. No creo que todos los países harían la misma labor como la hacen los gringos, cuyas decisiones son constantemente criticadas por distintas entidades del planeta. Aún así ya tienen experiencia y, por lo mismo, no quiero que los chinos tomen ese papel, porque es un país al cual no le tengo confianza y me da muy mala espina. Ojalá pudiéramos elegir el país que la hiciera de líder o Policía Mundial, a mí me gustaría que fuera Japón o Alemania, lo cual nos demuestra lo cambiante que es nuestra humanidad: Si yo hubiera dicho tal cosa en 1944, hubiera sido linchado sin mayor contemplación.

La “buena noticia” para el resto del mundo es que los chinos no van a establecer un imperio tan duradero como el gringo, porque tienen un problema demográfico muy fuerte, y no me refiero a la cantidad de población tan grande, me refiero a que su mismo machismo ha configurado su población al grado de disminuir considerablemente el número de mujeres. El machismo chino es tan marcado, aunado a la época en donde sólo les dejaban tener un hijo, que por lo mismo mataban a las niñas recién nacidas hasta que tuvieran el varón que tanto deseaban. Esto ha traído como consecuencia actual que los hombres chinos no tengan con quién relacionarse, porque el número de hombres sobrepasará por mucho a las pocas mujeres, lo cual va a traer una disminución en su población muy dramática en las siguientes décadas.

Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. El ideal de la humanidad sería que todos los países del planeta tuvieran el mismo nivel de desarrollo y de madurez, como los Europeos que forjaron su Unión Europea, y aún así tienen problemas, pero con la variante que son suficientemente respetuosos y civilizados para encontrarles solución. La ventaja de Europa es que es un continente pequeño y es más fácil nivelar el desarrollo a nivel regional, además de que tienen muchas coincidencias culturales por tantos años de coexistencia. En un mundo tan amplio y tan diverso es difícil llegar a esa similitud de integración, de desarrollo, de cultura en general. Ahí es cuando queda constatado que el rol de los gringos es necesario, aunque no sea popular.

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 21 de agosto de 2011

Sexualidad y Pornografía

            Por lo general, las mujeres tienen una necesidad patológica de comprar ropa o zapatos, actitud que los varones encontramos irracional. De igual manera ellas encuentran chocante la necesidad de los hombres de ir a lugares de Stripers, Prostíbulos o ver Pornografía. Nunca he ido un table dance o contratado una prostituta aunque, no podía ser perfecto, sí veo material porno de manera esporádica, nada que ver con las cantidades industriales que requería en mi adolescencia o al inicio de mi adultez.

TODOS los hombres de este mundo ven, o han visto, pornografía (el que lo niegue es un gran mentiroso). Actualmente no la busco, ella llega sola vía mail o, cuando veía TV, al cambiar canales a ciertas horas la encontraba; así que, para qué negarlo, la observo, aunque sea un par de minutos.

Aclaro que nada tiene que ver si uno está soltero o comprometido, si es joven o si es viejo, todos los hombres la vemos, aunque sí varía la cantidad de acuerdo a la edad o status sentimental. Sé que voy a sonar como el resto de ellos pero, debo aclararle a las féminas: no consumimos porno porque se les encuentre poco atractivas o no se les quiera, se ve como parte de una idiosincrasia que nadie en específico nos enseña, pero que todos aprendemos.

            ¿Para qué nació la pornografía? Para satisfacer una necesidad primitiva de un ser muy visual como es el humano varón; las mujeres, al ser más quinestésicas, no son tan adeptas a verla con gusto y, cuando lo llegan a hacer, es más por curiosidad que por necesidad.

            Pero, ¿en verdad el hombre “necesita” ver pornografía? Personalmente no necesito verla, pero no me disgusta hacerlo, creo que es la respuesta más honesta que les puedo dar. Ahora, a un nivel global, creo que el morbo masculino es enorme, porque la industria pornográfica es tan imponente que sigue siendo rentable a pesar del infinito material gratis que uno puede encontrar en la red.

 “Cuando la sexualidad sea vista con naturalidad, el morbo será inexistente” – Adriana Gutiérrez

            El morbo, esa sensación que todos conocemos, que todos experimentamos pero que nadie admite. Si la sexualidad está implícita a nuestra naturaleza y es parte de unos instintos que son más fuertes que nuestra consciencia, ¿por qué nos negamos a aceptarla?

Al igual que el morbo, todo el mundo ejerce la sexualidad (en variadas formas), porque es inherente al vivir, pero nadie habla de ella abiertamente. Porque el pudor, que priva en las sociedades latinas, nunca permitirá a una mujer abiertamente: “Ayer tuve unas relaciones riquísimas y hoy quiero repetirlas otra vez”. Aunque, la mujer que se atreva a decir esto, este casada y se refiera a las relaciones que tuvo con su esposo, irremediablemente será tachada de libertina, vulgar y hasta puta. ¿Por qué? ¿Acaso no está bien que tenga relaciones satisfactorias con su esposo? ¿Qué eso no es parte de un matrimonio sano?

Esta contradicción pasa en todo el mundo, voy a tomar el ejemplo de una cultura que conozco bien aunque nunca la haya visitado: Japón. El pueblo nipón es de los pueblos más respetuosos y discretos del mundo, lo cual raya en una autocensura para expresar muchos sentimientos que en otros países es natural expresar (enojo, celos, alegría, soberbia y demás). No tengo que mencionar que NADIE en Japón habla de sexo abiertamente, tal vez los hombres lo hagan en un bar con unas copas encima.

Pero la sexualidad sigue ahí y debe encontrar una válvula de escape. En una ocasión próxima voy a escribir sobre el manga y el anime, pero hoy voy a mencionar una pequeña parte de ello: el Hentai. A los japoneses también les gusta ver porno, pero ellos son más sofisticados o excéntricos porque, además de lo convencional, también la tienen en historietas o animaciones. Durante mis años de aficionado al Manganime, también compre mucho Hentai (además de lo que baje del Internet); al igual que la pornografía convencional, hay de distintas intensidades: desde el de buen gusto hasta las cosas más grotescas que se puedan imaginar (y las que no puedan imaginarse, ¡también!). Para ser un pueblo tan respetuoso, uno encuentra increíble que puedan crear obras tan explicitas y, algunas, hasta de mal gusto.

Pero los nipones también son humanos (con ojos más pequeños, pero humanos a fin de cuentas). Aunque el morbo no es parte de nuestra configuración al nacer, sí lo es de la sociedad, y se nos enseña de las más distintas maneras. ¿Qué pasa cuando un niño de tres años rasca su pene en público? De inmediato es recriminado por la madre por “estar haciendo cochinadas”, el niño lo hacía de la manera más limpia y natural, porque no ve nada de malo en rascarse si le pica. El regaño de la madre tiene un doble resultado sobre el infante: por un lado aprende que eso es “malo” y, de manera inconsciente, también ha descubierto el gozo de hacerlo de manera clandestina.

A las personas sólo nos basta que nos prohíban algo para que, de inmediato, se vuelva deseado, y eso pasa exactamente con la pornografía: al ser tan censurada por la Sociedad de tan buenas costumbres (¡sobretodo!), adquiere un atractivo impresionante para el público consumidor. Todo esto empieza con actitudes de censura como impedir tocarnos nuestros genitales (en público, por lo menos). Si se enseñara que el cuerpo humano es natural y bello dejaríamos de verlo con morbo.

“La pornografía está en los ojos de quién la mira” – Frase adaptada

La violencia, de ningún tipo, nunca ha resuelto un problema. La intolerancia nunca da resultados, el cerrarse y decir que algo es “malo” y punto, tampoco resuelve nada. Las cosas no son malas Per se, el uso de que hacemos de ellas determina su calidad moral. El ofendernos cómo si en algo nos hubieran dañado es ridículo, esta “ofensa” la toman muchas personas para sentar el precedente que son personas de “bien”, para que no los vuelvan a “insultar” con la pornografía. Eso no sirve.

Para muchos padres, tutores o parejas es fácil tomar una postura de indignación, porque no saben cómo abordar el tema; no tienen idea de cómo explicar la belleza del cuerpo humano, así que lo tratan como tema tabú y, en automático, el morbo se emparenta con el mismo. El no hablar de un tema no lo resuelve, al contrario, va fortaleciéndose con el paso del tiempo. La pornografía va a existir mientras haya intolerancia y una actitud de secrecía al respecto, el hacer como que no existe no resuelve el tema de su alto consumo. No intenten desaparecerla, porque entre más se haga, más fuerte se hace, ¿Qué tal si intentamos establecer un ambiente de confianza y comunicación? Eso sí es muy difícil de encontrar en nuestra (mal llamada) civilización.

Yo empecé joven con la pornografía: mi primer contacto lo tuve alrededor de los 10 años. Cuando observe fotos con mujeres desnudas, algo en mi interior despertó, fue como un llamado de la selva porque mi corazón empezó a latir a ritmos que nunca había sentido (ni siquiera cuando jugaba), esto fue por un doble sentimiento: la emoción de algo nuevo y el sentir la adrenalina en mi cuerpo por saber que estaba haciendo algo que no “debía”. Esa emoción de hacer algo por primera vez que es irrepetible, ya que no importa que después viera imágenes o películas aún más provocativas o atractivas, nunca volví a sentir ese latir tan potente y ese olor a prohibido que ha sido de lo más intenso que he experimentado en mi vida.

Ahí está la clave del asunto: la emoción de lo prohibido. Por eso la pornografía será inmortal mientra exista esta sociedad. Irónicamente la única manera de acabar con ella, será que la sexualidad se acepte como otra función fisiológica: como comer, dormir, orinar y demás. ¿Saben cuando va a pasar eso? Síp, adivinaron, no vamos a estar vivos si algún día pasa, tal vez tampoco lo estén nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni ningún otro ser humano, porque hemos creado un mecanismo neurótico de opresión en donde lo que nos da satisfacción debe de ser malo. Lo chistoso es que ese mismo mecanismo hace más disfrutable la experiencia.

La Sociedad es mustia con la pornografía (entre muchas otras cosas) porque todos la critican o censuran pero cada vez vemos prendas más provocativas y “breves”, así que se enseña más piel, ya ni mencionar todo lo que se transmite en TV abierta, cada vez es más sexual el asunto. ¿Me molesta está situación? ¡Claro que no! Me encanta que enseñen más, lo que me enoja es la doble moral que manejamos ya que por un lado criticamos y, por el otro, consumimos. ¿Por qué no podemos ser congruentes? ¿Qué hay de malo en nuestro cuerpo? Ni el cuerpo humano, ni la sexualidad son es el problema, sí lo es la prostitución que se hace de ambos o sus imágenes, la cual no existiría si los aceptáramos tal cual son, como parte de nuestra existencia diaria. 

Otro de mis momentos más emocionantes fue cuando compre mi primera Playboy (me la autoregale para mi cumpleaños número doce). Uno de mis compañeros de Secundaria llevo la famosa revista del conejito a la clase, y sólo alcance a ver la portada por el inmenso tumulto que se formo a su alrededor por mis compañeros, y los de salones vecinos. Inicialmente me frustre por no poder ver ese grial sagrado en la adolescencia de cualquier muchacho, así que tuve que iniciar mi cruzada para conseguir mi propio tesoro (como un pequeño Indiana Jones).

En la casa leíamos muchas revistas de diversa índole, así que no fue difícil convencer a mi madre que me dejara ir por las revistas del mes, algo que ella tomo muy bien por el hijo tan acomedido que tenía (¡ajá!). Cuando llegue al puesto de revistas, empecé a comprar todo el encargo: “Me da el Selecciones, la Vanidades, el Contenido, el Tele guía, el Proceso, la Cosmopolitan y la revista de la esquina” a lo que el infeliz vendedor pregunto “¿Cuál? ¿LA PLAYBOY?”; a mí se me subieron los colores al rostro porque al lado había una señora comprando revistas así que, con toda la dignidad (o cinismo) que pude conteste: “SÍ, ¡ESA! ¡Y rápido que tengo prisa!”. Ventajas, para un puberto de 12 años, de vivir en un país como el nuestro, en donde las reglas y el sentido común no se respetan, y así puede comprar su primera Playboy.

Al no haber comunicación entre padres e hijos sobre la sexualidad, ¿dónde se informan los niños? En la calle o con sus amiguitos, y esa es una de las razones para comprar esas revistas. Sin embargo, a pesar de recibir esa educación, vamos a ver pornografía (porque es emocionante), pero con una perspectiva distinta, porque yo no creo que todas las mujeres quieren ser tratadas como objetos sexuales en espera de ser sometidas por el hombre, cuando muchos sí lo creen. Mi madre es maestra de enfermería y siempre tuvo un dialogo abierto sobre la sexualidad con nosotros desde muy pequeños, de hecho nunca hicimos una pregunta sobre la misma porque ella ya nos había platicado del tema con mucha antelación.

Por esta misma educación, me resultaba increíble que mis compañeros de la Preparatoria me preguntaran sobre sexo, porque sus padres nunca lo habían hecho. Para mí ver porno es mero entretenimiento, no educación, es algo así como la lucha libre, dónde sé que todo es montado y nada es real pero, no por ello, deja de ser entretenida. Es triste que muchas personas crean en la veracidad de la pornografía (o de las luchas), y todo porque en casa nadie tuvo el valor ni el amor de hablarles con la verdad y los dejaron a la deriva para que se educaran como pudieran.

A excepción de la adolescencia, en donde las hormonas están a tope, la pornografía en exceso cansa. Esto lo comprobé cuando hace unos años contrate SKY y, de promoción, te abrían los canales para adultos. Obviamente mi emoción era grande por tener material de buena calidad de forma ilimitada, así que pase una buena cantidad de tiempo viendo los cuatro canales porno que me dieron gratis el primer mes.

Pero nada es para siempre y esa emoción inicial se convirtió en costumbre, de hecho llego un punto en donde ya desayunaba viendo los canales pero, más que hacerlo con lascividad, los veía con ojo analítico: “¡Vaya! ¿No les dolerá hacer esas posturas?” o “¿En verdad fingirán? Porque me parece muy real” o “¿Qué pasara si sus padres las llegaran a ver? ¿Quién estaría más avergonzado? ¿El padre al admitir con la hija que ve pornografía? O ¿La hija que hace esas películas? Tal vez por eso nadie diga nada”.

El caso es que después de la costumbre vino el tedio y hable al SKY para que me desactivaran esos canales, que llegue a odiar, e increíblemente me dijeron “No se puede señor Gutiérrez, se debe acabar el mes completo para que los desactivemos y apenas lleva quince días” ¡Maldita sea! ¡Hasta para la pornografía hay reglas burocráticas insensatas! Esto nos sirve de evidencia que también es vulnerable a la rutina, pero se mantiene vigente gracias al morbo causado por su continua censura.

Censura = Morbo

Me parece estúpida la cantidad de tiempo que, principalmente, las madres le dedican a la preparación de una fiesta infantil (varias horas semanales, desde meses antes) “por amor” al pequeño engendro y no pueden dedicarle media hora (ni ellas ni los padres) a platicar con el retoño sobre sexualidad. Lo triste es que la fiesta se la va a calificar la sociedad y nadie le va a reconocer la plática con el niño (si la recibe, tal vez él lo haga en el futuro). Pueden dar toda una semana de tiempo para un evento fatuo, pero no pueden dedicar un poco de tiempo para algo que resultará provechoso en el futuro de su crío. Es cierto que hay toda una industria detrás de la pornografía, pero no sería lo poderosa que es sin la censura de la “buena sociedad”, que le da el poder del morbo y con eso la hace invencible.

Hace un par de años, revisando mi antiguo cuarto en casa de mi madre, encontré una colección de revistas hentai que eran de propiedad compartida entre mi hermano y yo. Casi suelto el grito al encontrarlas tan a la vista, ¿las habría visto mi madre? ¡Claro! Con lo metiches que son las madres en este país, sin duda las vio, lo que me intrigo es que no dijera nada y que las dejara en su lugar (tan a la vista). Como ambos ya habíamos dejado el nido hace mucho años, le mande un SMS a mi hermano para avisarle que ese “tesoro de la adolescencia” iba a ser donado a alguien más y él acepto. No tengo que mencionar que el “alma necesitada” (mayor de edad, aclaro) a quien se lo regale se sintió muy agradecido con tan valioso obsequio.

Lo que me llamo la atención de este episodio fue la actitud de respeto de mi madre, al ser material pornográfico, no lo tiro y lo dejo en su lugar (ojalá también hubiera respetado mis figuras de acción de los Transformers en vez de regalarlas). ¿Será que las mujeres en general aceptan que ver porno es parte del entretenimiento masculino? Entonces ¿por qué se molestan cuando la vemos? ¿Es algo similar cuando nos dicen que “no” cuando sus acciones dicen que “sí”? ¿Es el pudor que les impide decir que sí a la primera o que les impide aceptar que veamos pornografía?

En fin, al igual que yo, todos los hombres tienen sus anécdotas con la pornografía, así que ¡ya dejen de juzgarme como pervertido sexual! De igual manera que las religiones son las principales fomentadoras de Ateos, las promotoras de las buenas costumbres (casi todas ellas personas mustias), son las principales promotoras de la pornografía. El problema no es que exista este tipo de “Arte”, sí lo es la cantidad industrial que se produce y consume. Si dejáramos al lado nuestras poses de “gente decente” (que para mí ese concepto es mucho más profundo que ver o no cuerpos desnudos) y fuésemos más congruentes con nuestros deseos y necesidades, revistas como Playboy o Penthouse no serían tan populares como lo son. La censura no es el camino para resolver este “problema”, sí lo es la comunicación.

No estoy diciendo que se quiten las clasificaciones, pero si pido ecuanimidad y algo de criterio cuando a un niño se le encuentra una revista para adultos ya que, en vez de hablar con él al respecto, se le castiga con saña y esa actitud no resuelve nada. La censura no es el camino, la comunicación, confianza y el sentido común ofrecerían más frutos y provocarían menores heridas morales, traumas y, definitivamente, se disminuiría el morbo ocasionado de hacer algo prohibido.

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 13 de agosto de 2011

Mein erstes Mal in Deutschland

            Antes de trabajar en Volkswagen, Alemania no figuraba entre mis países favoritos, los conocía por la música clásica y los autos pero en realidad me caían mal, sobretodo por las derrotas en los mundiales de México 86 y Francia 98. Qué vueltas da la vida ahora, que conocí esa cultura en carne propia, no me la puedo sacar de la cabeza ni del corazón.

Nunca he sido una persona muy viajera pero, al ser mi primera vez en el extranjero, me dí cuenta que el salir de tu país ilustra mucho. Adquieres una perspectiva distinta de la realidad, reconoces la valía de lo que tienes en tu tierra, pero también conoces lo que tienen otros países y quieres para el tuyo o, por lo menos, adquieres metas por las cuales esforzarte para mejorar tu lugar de origen. Al sólo conocer los aspectos de tu cultura, tienes unas ideas fijas de lo que es “bueno” y lo que es “malo” pero, al visitar otros lugares del mundo, ves que hay muchas más posibilidades, y lo que creías como absoluto sólo lo es en tu realidad local.

Alpsee (Füssen)
            Desde el primer momento que llegue a Deutschland me encantó por todo el orden, la limpieza, la naturaleza, las mujeres, las casas, etc. Por primera vez en mi vida ví un río limpio y ¡hasta cisnes había en él! (me emoción fue grande al ver que eran reales); toda está alegría creció al manejar entre pueblitos dignos de la historia de “Heidi, la niña de las montañas”, tan irreales con casas increíblemente bonitas y bien arregladas, así que no pude contener el impulso de sacar fotos sin sentido (como turista japonés). Esta sensación de que todo está cuidado y limpio creo que sólo la voy a volver a tener cuando conozca Japón.

            Cuando has vivido en el mismo huso horario desde hace 34 años, con un reloj biológico muy bien definido para las horas de comer, dormir y demás actividades fisiológicas, pues el Jet Lag es algo desconcertante de experimentar, porque ves que es de día y tu cuerpo te dice que debes dormir o al revés, la noche se respira y tu organismo te pide seguir trabajando, lo mismo cuando corría y mi estomago pedía comida. Es fin, es un descontrol enfadoso para alguien tan dogmático, hasta en sus funciones vitales, como yo.

            Aunque lo estudie en la primaria, por primera vez experimente la diferencia entre el Primer y el Tercer mundo (ahora llamadas economías emergentes), y eso se nota en los pequeños detalles. No me lleve música en USB, porque me advirtieron en Alemania está muy penada la piratería, y como no iba a llevar todos mis CDs para comprobar que de ahí los copie, opté por no llevar nada. Por casualidad traía una canción de MP3 en la Lap pero, cuando intenté escucharla, la red del Hotel me lo impidió, y me pidió la licencia para poder escucharla. Traducción: aquí no se andan con jaladas, cuando dicen que algo está prohibido es porque lo está.

Bodensee (Lindau)
            Otro detalle que muestra desarrollo, cuando fui al Súper mercado, te cobran la bolsa, lo cual me parece perfecto para ayudar al ambiente, si quieres muchas bolsas (plástico, papel o tela), pues te va a costar; tampoco hay “cerillitos”, de por sí ni tienen niños, ¿quién la va a andar haciendo de “embolsador”? Por lo mismo en Deutschland no hay servicios inútiles: no van a encontrar “viene – vienes”, encargados de baño, cerillitos, lava coches, limpiaparabrisas y demás “trabajos” que en México resultan tan necesarios por la falta de puestos reales. Por ejemplo, aunque a nadie le disgusta un ingreso extra, los meseros no toman a mal que no les des propina, porque están bien pagados y tienen prestaciones de ley.

Muchos dirán que los alemanes pagan muchos impuestos (hasta el 50% de su salario), PERO se ve en la infraestructura del país: iluminación perfecta, calles limpias y en excelente estado, sin casetas de cobro, sin inseguridad, el cuidado a la naturaleza, el sistema de salud envidiable, el sistema educacional de alto nivel, el equipo policíaco, los servicios públicos en general. En México pagamos menos impuestos, los pocos que lo hacemos, pero aún hay que pagar escuela privada, hospital privado, seguridad privada, clases particulares de lo que sea, casetas de peaje y demás. Esto es culpa de dos entes: el gobierno corrupto y la población desobligada, uno roba lo poco que recauda y la otra no cumple con sus obligaciones, cada país tiene el gobierno que merece.

            Admito que la comida alemana no me fascino, tiene lo suyo pero nada que me encantara tanto como para olvidar el sazón mexicano. Y es que la comida teutona es seca, le falta más sabor, más salsa, más chiste si quieren verlo así. Claro que es rica, pero no es lo mismo que la nuestra. Además los Deutsches no saben lo que es algo ligero: pedí una ensalada para cenar y recibí una llena de papas, pollo asado y unas cuantas verduras, en verdad está difícil mantener la línea con esta dieta. Creo que éste fue el único aspecto que me daba un sentimiento de nostalgia, porque no podía comer a gusto debido a la angustia de engordar. Obviamente seguía engullendo con singular alegría, pero no lo disfrutaba a mis anchas por la engordada que estaba dando.

Heidenheim an der Brenz
Debido a lo anterior, estaba intrigado en cómo le hacen para mantenerse en forma, no vi tanta gente obesa como en México (lo cual no es difícil, ya que somos el segundo lugar mundial en obesidad). Pensaba que los alemanes tengan una dieta secreta o un metabolismo impresionante, ya que están en buena forma para todas las grasas, carbohidratos y alcohol que consumen, sobre todo las alemanas, las cuales están muy bien formadas (no pude evitar darme cuenta). Después averigüe que hay una cultura deportiva muy arraigada, la gente corre mucho y anda en bicicleta, además de que caminan muy rápido. Yo camino rápido para la media mexicana, pero en tierras teutonas mi paso era normal y, por un momento, sentí que había encontrado mi lugar en el mundo. Y hablando de bicicletas, en München había tantas cosas por ver y ya estaba algo cansado por tanto trajín, que pensé en rentar una bicicleta (que las había) pero, por primera vez en mi vida, lamente el no saber andar en bici (¡Demonios!).

A pesar de todo lo experimentado, de por fin vivir lo que es el primer mundo y tener otra perspectiva de la vida, también valore a mi país. No es el mejor, pero México es un buen país, con los recursos que tenemos podríamos ser el mejor pero, honestamente, con la actitud que nos caracteriza dudo que alguna vez desarrollemos todo nuestro potencial. Dentro de nuestros tesoros está la comida, la gente (que la tenemos valiosa y nociva), el clima, la pasión, los recursos naturales, el ambiente y demás. Con los pocos alemanes que tuve una plática larga, me hablaron maravillas de mi país (playas, comida, cultura, etc.). Tristemente, muchas de esas cosas buenas que tenemos son porque las heredamos, no porque las hayamos forjado nosotros, al contrario, están ahí a pesar de nosotros.

       Yo no entendía por qué lo deutsches le dan tanta importancia al clima, y es que en México disfrutamos de uno maravilloso la mayoría de las veces, pero es que en Alemania pasan meses (literal) sin ver o sentir el sol. Tuve suerte que en mi estadía tuviera cuatro días soleados y me parecía comiquísimo que la gente hiciera tanta alharaca por lo mismo, estaban de buen humor, salían a pasear o acampar, hablaban al radio y expresaban su felicidad. Obviamente una semana es muy poco para entenderlos pero puedo imaginar su necesidad de sol después de tanto tiempo de no sentirlo.

Hochschwangau
       En Alemania aprendí a valorar la fruta, la cual es de importación y, por ende, MUY cara. En promedio yo consumo un kilo diario de fruta, porque está muy barata en México y valore la riqueza natural de nuestro país, Deutschland también tiene muchos recursos naturales, pero no con nuestra variedad. En general, la vida alemana es demasiado costosa, sé que ganan más pero, en comparación, tengo la impresión que el costo de vida es demasiado alto, por eso mismo los alemanes cuidan mucho sus cosas y no desperdician nada.


Por un momento intente imaginar cómo sería nuestro México si tuviéramos el amoroso cuidado que los teutones tienen por su país, dicha idea me estremeció pero, no pude visualizarlo. Lo irónico del asunto es que la riqueza natural es nuestra propia perdición, dudo que haya un país tan rico en recursos naturales como el nuestro pero, por eso mismo, despilfarramos de manera tan irresponsable lo que tenemos, y aún nos queda mucha riqueza. Los alemanes no tienen tantos recursos ni variedad como la nuestra, al igual que los japoneses, pero estas dos culturas han aprendido a cuidar lo que tienen, y lo hacen de manera envidiable, por eso sus países lucen más que el nuestro con una calidad de vida sin comparación.

            En una de mis corridas por Heidenheim an der Brenz, vi que la población tiene Empresas grandes; aunque no entre a ninguna de ellas (porque mi proveedor estaba en otra población), me resonó la limpieza que tenían dichas instalaciones, sin contaminación alguna, de hecho atrás de las empresas sólo había bosque, y no se veía que hubiera daños a la naturaleza. Ese compromiso con el medio ambiente de los alemanes ha suavizado un poco mi posición de misantropía, porque he visto que si hay humanos que pueden coexistir con la naturaleza.

Río Donau (frontera entre Ulm y Neu Ulm)
A veces la condición humana es muy sui géneris, como mexicanos tenemos tanta libertad que caemos en el libertinaje, al grado de no respetar nada de nuestro país ni cultura; por otro lado, los alemanes han avanzando tanto respetando las reglas que, siento, llega un punto en donde son cuadrados en su accionar y pensar. A pesar de esta diferencia tan marcada, creo que los alemanes están mejor que nosotros, aunque deberían aprender a “soltarse el pelo” y, ojala, algún día nosotros aprendamos a RESPETAR, que es el principal problema que tenemos en este país: las constantes faltas de respeto hacía todo lo que nos rodea.

       Como buen salsero, me gusta llamar la atención pero, en esta ocasión, sí hubo algunos momentos que me incomodaron por las excesivas miradas de las que era objeto. Tal vez no reciban muchas personas de mis características, aunque las miradas eran distintas de acuerdo al lugar: en los pueblitos eran como de extrañeza y hasta con miedo; en las grandes ciudades (como Stuttgart o München) me veían de manera más curiosa y amigable. Cuando comente esto en mi Hotel me dijeron que era normal, ya que en las pequeñas poblaciones de Deutschland aún hay muchos prejuicios que en las grandes ciudades ya fueron superados. Y es que Alemania hay una cantidad impresionante de extranjeros, durante mi estancia no sólo hable en alemán, también practique mi inglés, español y hasta desempolve mi japonés (Hontou desuyo!)

       Ahora, algo que no apruebo, pero que en cierta manera comprendo, es el prejuicio a los Turcos. Cuando veo este país tan limpio, tan organizado, tan ordenado y tan cuidado, también me indignaría que lleguen personas de otro lado con desorganización, suciedad, irresponsabilidad, corrupción y demás aspectos dañinos para el país; y peor aún, veo que estás personas llenan de hijos al país mientras que yo no tengo ninguno, por lo que el comportamiento que se va a propagar es el dañino y no el responsable. Por eso entiendo que lo valioso de este país haga que se generen sentimientos agresivos hacia los turcos, aunque la violencia nunca será la solución. Seguramente en Estados Unidos ven igual a nuestros paisanos porque, debemos reconocer, que los que entran ilegalmente por allá no son los especimenes más finos de nuestra sociedad.

München
       Sobre la misma idea, reconozco que son muy respetuosos, pero en los vuelos de ida y de regreso, note que el personal de Lufthansa al momento de atender o dirigirse a los pasajeros, les daban preferencia a los alemanes sobre los mexicanos, y no era casualidad, sin importar en cuál de los tres asientos hubiera un alemán o un mexicano, siempre iban primero por el alemán y al final al mexicano. No sé si esto sólo pase en la aerolínea o en todo el país pero si me pareció elitista y, un poco, racista.

Después de ver los ejemplos alemán y japonés, cada vez estoy más convencido que la única manera que nuestro país cambie es que TODO México sufra una catástrofe que nos deje en ruinas (como lo estaban Alemania y Japón en 1945). Me sorprende como países más pequeños sin los recursos y ventajas naturales que tenemos, salieron adelante a niveles que no creo que alcancemos. Necesitamos que destruya TODO para hacer las cosas bien y cuando digo todo me refiero sobre todo a compadrazgos, Instituciones, favoritismos, estructuras de poder corruptas (tanto en la sociedad como en el gobierno) y demás aspectos que nos frenan. Si destruimos todo eso y hacemos las cosas como TODOS sabemos que deben ser, tal vez algún día rebasemos a Alemania y a Japón.

Aunque queramos, no se puede tener todo en la vida, mientras estaba en las ciudades alemanas, se me antojaban unas quesadillas (por ejemplo) pero, honestamente, no puedes tener ciudades como München o Stuttgart coexistiendo con un puesto de antojitos como los que tenemos en México. También hay que aceptar que muchas de las cosas buenas que tenemos, no son factibles en entornos más civilizados. No me resigno a que mi país se quede en el subdesarrollo pero, sí acepto, que muchas cosas de nuestra cultura no serían permitidas en Alemania. Y ahí recordé el ambiente tan ruidoso y alegre que tenemos en la oficina, dudo que los ambientes de trabajo en Alemania sean tan divertidos como el que tenemos en México, pero no sería posible tenerlo por todo ese respeto que tienen por el espacio ajeno (y eso me quitaría el 80% de mis alegrías en la oficina).

Neuschwanstein
No todo es bueno en Alemania, aunque no fui al cine, sé que es muy caro y además todas las películas están dobladas, en la televisión también. Eso sería horrible para mi entretenimiento, que mucho de él viene en idiomas extranjeros. De hecho, en cuestión de reglas, son excesivamente estrictos; aunque no quebrante alguna, ya son varias noches que tengo pesadillas en las que rompo reglas en Alemania y soy castigado, así que comprendo el sentimiento de libertad que en México experimentan los alemanes.

Eso sí, encontré algo en que les “ganamos” a los teutones: estamos más avanzados en precauciones contra nuevos fraudes, extorsiones, clonación de tarjetas de crédito, secuestros, robos y demás. Dudo que los alemanes tengan tantos mails circulando para prevenir las nuevas formas en que alguien nos puede perjudicar la vida. Y aquí pregunto, ¿qué prefieren? ¿Reglas estrictas? Ó ¿estar al tanto de las nuevas tácticas de los delincuentes? En Alemania se quejan del extremo control del gobierno y sociedad, a mí me gustaría quejarme de lo mismo en vez de hacerlo por fraudes en mi contra.

Podrán decir que soy injusto por comparar un país desarrollado con otro en vías de desarrollo (o economía emergente). No estoy haciendo comparaciones en cuestión dinero, esto es cuestión de educación, respeto y compromiso, estos aspectos a todos los niveles: con uno mismo, con su familia, con el prójimo y con el país mismo. Ellos se comprometen y se esfuerzan por tener el mejor país del mundo (no sé si lo logren, pero en verdad se esfuerzan). Alemania no hubiera salido adelante sin el compromiso de su gente, sin importar que tan generoso hubiese sido el apoyo internacional después de la segunda guerra mundial. El nivel de desarrollo va más allá del dinero, muchas veces pensamos que las personas que más dinero tienen son mejores y eso no es cierto (tanto en personas como en culturas). Mientras nosotros no tengamos compromiso, respeto y educación, vamos a seguir como estamos o, si es posible, hasta peor.

Ulmer Münster
En general, lo que más extrañe de mi tierra fue el sabor, y no sólo me refiero a la comida, sino a la gente, al baile, al ritmo, al barullo, al humor y todo lo que trae esa sangre caliente que tenemos. Esa calidez que nos caracteriza y que les falta a los Deutches no es tan fácil de conseguir y ahí mismo me enoje más con mi país, mi cultura y mis raíces, ya que los alemanes la tienen más difícil que nosotros. ¿A qué me refiero? El aprender a ser flexibles, a reír y a ser espontáneos es algo muy difícil y, a veces, no basta toda una vida para emularlo ya que se trae en los genes.

Es más fácil aprender a ser ordenado, respetuoso, seguir las reglas y actuar correctamente. Nuestra meta de mejora es mucho más fácil que la de los teutones, es factible que nunca bailen una salsa con el sabor, cache, cadencia y sabrosura con la que lo hacemos nosotros, tampoco es factible que logren ese juego de palabras tan versátil que tenemos, o el humor con el que nos expresamos; o tal vez les lleve muchas generaciones, con una importante inyección de gente latina, para que desarrollen el “sabor alemán”.

Si cada uno de nosotros empezáramos por nuestro ser, nuestra familia y nuestro entorno, a la larga lograríamos una sociedad más respetuosa, ordenada y limpia. Me indigna y enfurece el poco amor y respeto que tenemos por nuestra tierra, porque es muy fácil el tener un país de primer mundo y, sin embargo, no lo tenemos. No son pocos los extranjeros (sobretodo japoneses y alemanes), cuyas naciones de origen son un ejemplo a seguir, que me dicen que a pesar de todo: los baches, la contaminación, la corrupción, la delincuencia, los topes, la suciedad, la desorganización y todo lo que quieran agregar, prefieren vivir en México a hacerlo en sus países de origen. ¿Se dan cuenta de todo lo que ofrece nuestro país?  A pesar de todo es un buen lugar para vivir, ¿por qué somos mediocres y nos conformamos? ¿Por qué no mejorar y resolver la porquería en la que vivimos?

Sinceramente, no sé si estar agradecido o arrepentido de haber ido a Alemania, porque algo en mí cambio, no puedo identificar si algo nuevo nació o algo viejo murió pero, definitivamente, ya no puedo percibir la vida igual. Algo que ya sabía y corrobore, es que cada país o persona tiene exactamente lo que merece, ya sea en gobierno, ya sea en ambiente, ya sea en calidad de vida. No todo en Alemania en bueno y no todo en México es malo, ambos tienen aspectos positivos y negativos, pero tampoco voy a tapar el sol con un dedo: los alemanes han hecho mucho más y están más comprometidos con su bienestar nacional, cultural y social. A nosotros, de acuerdo a las evidencias, parece que no nos interesa ese bienestar en lo absoluto.

Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Los que se van

            Ayer el cielo lloraba a cántaros y una parte de mí lo acompañaba, este lamento empezó desde la semana pasada; cuando llegue de Alemania, me recibieron con la terrible noticia de que una de las dos amigas más queridas que tengo perdió a su bebé. Ella significa mucho para mí porque la respeto, quiero, admiro, me es muy importante por ser mi confidente y, además, suele ponerme en mi lugar.

            ¿Hay algo más trágico que perder un hijo? No importa si es nonato, recién nacido, de diez años, de 40 años, la edad es irrelevante. No me puedo imaginar el dolor que siente mi amiga y su esposo (que también es un gran tipo, además de ser un buen amigo). Me siento impotente al no poder hacer nada más que respetar su dolor y su necesidad de soledad en este momento tan amargo, por lo que necesitan distancia para sanar su herida, que normalmente no sanan, sólo quedan cubiertas por un manto de resignación.

“Los muertos nunca acuden a su propio entierro” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

            No es la primera vez que me entero de que alguien pierde a su hijo, pero es la primera vez que en verdad me afecta, por ser alguien tan vital para mí. A pesar de ser misántropo, NUNCA he deseado la muerte de alguien en particular, mucho menos de alguien tan importante para dos amigos que tanto quiero.

            Otra razón para el llanto nocturno celeste fue la muerte de Laysha, la perra (por no decir hija), de mi amiga Ana. Cómo lo mencione en el ensayo de mis perras, siento más afinidad con los canes que con los seres humanos, y es que no existe uno malo en el mundo (por lo menos no por su voluntad), ya que son seres nobles y tan puros que el día que los humanos no tengamos defectos, será porque nos habremos convertido en perros.

Laysha
            Todavía no me queda claro si fue una Huskie o una Alaska, eso nunca importó para quererla y menos importa ahora que ha partido. No tenia una gota de malicia en sus venas, con todos se llevaba bien y, por lo mismo, todo el mundo la quería y apapachaba. Laysha siempre tenía una muestra de cariño para el que estuviera dispuesto a aceptarla. Era tan noble que, estoy seguro, se aferró a los últimos momentos de su existencia pero no por ella, sino porque no quería dejar a su familia con el dolor de su ausencia.

            Siempre la saludaba y me despedía de ella pero, el Lunes pasado tenía prisa y, aunque estaba tumbada por la enfermedad que la aquejaba, no me despedí de ella. Pensé que la siguiente vez la iba a ver como cada semana, la iba a acariciar y me iba a llenar de todo el infinito cariño que me daba cada vez que me veía. Ayer en la noche, antes de que el cielo se cayera a cántaros, en un claro llanto por los que se fueron y los que se irán, recibí el mensaje de que Laysha había partido y con ella ese generoso amor que me daba en cada encuentro.

           «El arte de vivir consiste en conseguir que hasta los sepultureros lamenten tu muerte».– Mark Twain

            Dos seres pequeños e indefensos, distintos pero a la vez muy importantes para mí, aunque no fueran “míos”, se fueron. Uno se pregunta ¿por qué ellos? Habiendo tantos seres nocivos para este planeta, ¿Por qué Joaquín? ¿Por qué Laysha? No lo sé. No creo en Dios, o por lo que creo que es, es como si no creyera en ese concepto, así que no tengo, ni necesito, a quién preguntarle. Para mí será más fácil y rápido aceptarlos como hechos de vida, más que a los padres que se quedaron huérfanos; porque no sólo los hijos se quedan huérfanos cuando mueren sus padres: no debe haber peor orfandad que la de padres, o amos, que son abandonados por sus pequeños seres dependientes.

            No todas las partidas son de este plano existencial, algunas son del país. Tengo dos amigos que parten al extranjero en las próximas semanas. Una amiga no quiere, pero no tiene opción, porque su familia es más importante.

           Extrañaré su sonrisa y chispa, la cual comparte sin restricciones y que ilumina cualquier lugar al que llegue, tampoco es mezquina al momento de regalar un abrazo, un detalle o unas palabras de cariño o de humor que nos hacen reír. Aunque está triste, se va a Alemania, en donde no tendrá problema alguno para adaptarse a esa vida tan civilizada, aunque tal vez se sienta un poco frustrada por no poder dar todo ese amor que está acostumbrada a dar al por mayor, por la calidez que hay en México, pero es obvio que es más importante por lo que se va.

           “Nunca conoces tus verdaderos sentimientos hacia una persona hasta que deja de estar en tu vida” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

Por otro lado, mi mejor amigo entre los hombres, también parte por un par de años, tal vez sea de las tres personas con la que más he convivido en el último lustro. Dos años se pasan rápido pero, cualquiera que conozca a Beto, sabe que uno lo extraña desde la primera semana de ausencia. Es una persona tan virtuosa y positiva que si la humanidad tuviera la mitad de sus cualidades, sería inimaginable el paraíso en el que viviríamos, por lo difícil que es encontrar a un humano con ese calibre.

No voy a ocultar mi preocupación porque se va a un país, considero, peor que el nuestro, él está consciente y lo afronta con esa valentía que le envidio y, es factible, que por eso sea su amigo: por todo lo que le admiro y quiero aprender de él. A veces la hace de mi amigo y a veces la hace de mi padre, pero es innegable el lazo tan fuerte que no se va a romper ni en dos ni en veinte años. Sé que cuando regrese vamos a retomar nuestra amistad como si sólo se hubiese ido un par de semanas.

No me preocupa Beto en sí, porque estoy seguro que será bien recibido, admirado y querido como en todos los lugares del mundo dónde él ha vivido. La diferencia es que antes ni lo conocía y ahora veo partir a un amigo auténtico y fiel, por eso no me preocupa él, pero si todas las diferencias culturales que pueda sufrir allá. Y a pesar de todo ello, cuenta con mi apoyo, y sabe que estoy con él, ya sea en presencia o a la distancia.

           Obviamente estas partidas no se comparan a las muertes de Joaquín o de Laysha, pero también son importantes para mí. Es triste por ese hueco que dejan con su partida, y por la alegría que me dan con su amistad, pero no todo se puede elegir en la vida y hay cuestiones que nos llevan lejos de nuestra tierra. Por el momento la partida de ambos es triste pero también es un paso en este camino de vida que nadie tiene definido y que siempre trae sorpresas.

            Todos estos hechos me golpearon y me recuerdan que cada día que pasa es un paso más a ese destino del cual nadie puede escapar, porque a fin de cuentas somos efímeros como una flor o una sonrisa, sólo que con un poco más de duración. Me resulta evidente mi estupidez por “vivir” como si tuviera el mañana comprado, al dar por hecho que siempre habrá otro amanecer y que seguiré con mi estable existencia.

“Al dejar este mundo nuestros recuerdos y anhelos no se pierden, sino que pasan a ser los recuerdos y anhelos de los que vienen a ocupar nuestro lugar” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

            Es difícil encontrarle lo positivo a la muerte, y no hay por qué hacerlo, simplemente pasa, sin alguna razón, sólo pasa, y a todos sin excepción, en varias etapas, con distintas personas y en diversas situaciones. En esta ocasión las pérdidas no eran mías pero, como le duelen a mis seres queridos, me duele a mí. Suena a pretexto, pero creo que por eso mismo no entablo alguna relación de pareja, tal vez para minimizar el dolor obligatorio que tenemos que experimentar en esta vida, sé que el costo es alto, porque me estoy privando de mucho amor y cariño.

            Admiro a esas personas que se atreven a enfrentar el sufrimiento por la posibilidad de tener gozos aún más grandes. Me parte el alma visualizar a mis amigos deshaciéndose de las cosas de Joaquín, enterrando a Laysha o empacando para partir. No sé que decisiones tomarán los que perdieron algo tan valioso, no sé si se atrevan a embarazarse otra vez o no; no sé si Ana volverá a tener otra perra o no; sólo puedo soportar y aceptar las decisiones que tomen. ¿Quién los puede culpar si ya no quieren sufrir? Por lo menos yo no tengo el valor moral de hacerlo. Lo único que me queda es guardar silencio y brindarme para lo que necesiten.

Alguna vez leí que no hay que preguntar por qué terminó, sino agradecer que pasó (algún autor Sudamericano del que se me escapa el nombre). El dolor está muy presente y las heridas abiertas, así que ahora no lo podrán ver así, sólo les deseo una pronta resignación, que vivan su luto y lo dejen ir, porque lo peor que le puede pasar a un ser humano es tener una existencia miserable a causa del sufrimiento. ¿Cuánto tiempo? No lo sé, cada cual es distinto a la hora de manejar los duelos, ojala fuese rápido para que avancen en sus vidas. Me encantaría tomar algo de sus cargas ya que, me he cuidado tanto de ello que, seguramente estoy fortalecido para aguantar.

¿Por qué escribo esto? Porque el blog se ha vuelto un medio de expresión muy importante para mí, no sé si les sirva de algo este escrito a ellos, pero sí me sirve escribir, no sé si ellos sientan algo al leerlo, o siquiera si lo vayan a leer, pero es mi manera de demostrar mi duelo, mi solidaridad, el hecho de que me importa lo que les pasa. Para muchas personas puedo parecer frío, cruel, cínico y hasta sádico, y tienen razón: lo soy . . . . . con los seres que no me importan. Sin embargo hay personas que me han demostrado su valía a través de su calidad moral y, cuando los encuentro, no puedo evitar sentir empatía por sus alegrías, sus éxitos, sus fracasos, sus pérdidas y demás eventos vitales que les pase. Por eso mismo me refugio en mi soledad porque esa empatía me cala profundo y por eso mi círculo de amigos es escaso, porque me importa lo que les pasa.

Creo que si fuese posible, todos tendríamos siempre a nuestros seres queridos cerca; todos nos mudaríamos al mismo tiempo y viviríamos las mismas alegrías y tristezas, para perpetuar nuestros lazos. También la muerte resultaría más fácil si todos partiéramos el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar, para evitarnos sufrimientos. Sin embargo no se puede.

La vida es una cadena de nacimientos y muertes, y me refiero a relaciones, amores, odios, etapas, trabajos, familias, creencias, lealtades y muchas cosas más que vienen y se van todo el tiempo. Son bellos los nacimientos y nadie le agrada las muertes, pero no puede haber unos sin otras en el ciclo interminable de vida.

¿Quién sigue o qué sigue en esta cadena? En realidad no interesa, si vamos a preocuparnos por nuestra siguiente pérdida, vamos a dejar de disfrutar lo que tenemos, somos o vivimos en la actualidad. Nuestra inconsciencia se evidencia porque siempre nos sorprendemos cuando algo acaba, lo cual sabíamos de antemano. Héctor Lavoe así lo cantaba en “Todo tiene su final”. No entiendo por qué los humanos nos negamos a aceptar el fin porque, aunque sabemos que nunca será así, creemos que todo es para siempre, o por lo menos así vivimos.

“Cuando alguien muere aprendemos más sobre la vida de lo que sabemos sobre el fallecido” – John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

La consciencia de lo efímero en los momentos de duelo, ésa que sólo nos dura poco tiempo, me encantaría tenerla siempre pero en unos días volveré a retomar mi modo de vida “inmortal” de ser humano. Me encantaría ser sabio y maduro para aceptar los hechos de vida y para superar miedos, así me arriesgaría más al sufrimiento con el fin de experimentar más alegrías. Por eso tenemos pérdidas en nuestra existencia, para recordarnos que debes disfrutar la misma todo lo que puedas porque puede acabar en cualquier momento. En la vida siempre hay algo bueno, por lo menos la misma vida que es algo increíble y envidiable sino pregúntenselo, si pudieran, a todos aquellos que ya se adelantaron.

Adiós Joaquín, tal vez nunca supiste lo deseada que era tu llegada y lo querido que fuiste por tus padres y sus familias, pero también habíamos muchas otras personas que no estábamos relacionados contigo y que te queríamos aún antes de que nacieras.

Adiós Laysha, a pesar de que ya tenías una familia que te cobijaba, habíamos muchos que recibíamos tu cariño y afecto ilimitado, tu chispa y tu amor nos harán falta. Al conocerte uno no se explica cómo puede haber seres “humanos” en el mundo que maltraten a los animales. ¡Qué bueno que te conocí Laysha!

Adiós amiga anónima, vive tu sufrimiento un momento pero no cierres tu corazón a todo lo bueno que viene, a fin de cuentas siempre tendrás un lugar a dónde regresar, pero recuerda que te vas porque hay algo más importante para ti y tu felicidad. Agradezco el tiempo que conviví contigo y la oportunidad tan maravillosa de haberte conocido.

Adiós Beto, ya extraño nuestro cafecito diario entre nueve y diez de la mañana, cuando platicábamos y nos poníamos al día de nuestras vidas, cuando escuchábamos con respeto nuestros puntos de vista de los cuales, muchas veces, diferíamos del todo. Extrañaré que me cuentes tus historias del pasado y tus planes para el futuro, al igual que me compartas tus confidencias y que escuches las mías. Te voy a extrañar mucho.

Finalmente, ninguno de estos cuatro seres pidió permiso para ingresar a mi vida, así que tampoco lo necesitan para retirare de ella, pero agradezco que hayan estado ahí por breve o larga que haya sido su estancia.

“Recuérdame, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

Hebert Gutiérrez Morales.