domingo, 31 de julio de 2011

Camino de Puebla a Veracruz

“Nunca regreses al lugar de tus viejas Alegrías” – Fernando Delgadillo

Exactamente ese sentimiento compartía con Delgadillo respecto a Veracruz y, felizmente, me equivoque. Tras 16 años de ausencia, estaba muy emocionado por regresar a mi lugar de nacimiento pero, al mismo tiempo, estaba muy asustado; la razón para ambas sensaciones era por todo lo que podía encontrar nuevo o que ya no existiera, y ya no fuera el mismo lugar de mis recuerdos. Afortunadamente resultó una visita muy productiva por diversas causas. Al recorrer las calles y lugares de mi infancia, todo seguía igual, fue como si las hubiera dejado de ver las vacaciones pasadas. Tal vez eso no sea bueno, “agua que no fluye se estanca”, una vida sana debe estar en constante evolución pero, para mi ego infantil, el hecho de que esos lugares no se atrevieran a cambiar en mi ausencia fue bastante reconfortante.

Naturalmente estoy hablando de las zonas no turísticas del puerto, porque la zona de Boca del Río es totalmente distinta, pero eso no me importó mucho, porque ahí sólo íbamos a comer Mariscos y hoy es la zona más “nice” de Veracruz.

            Por ser la primera vez que fui manejando, el viaje resulto entretenido. El tramo que más disfrute fue el de “Las Cumbres” que tanto respeto o miedo despierta entre los conductores, por la niebla, los baches, los camiones, las curvas e inclinaciones tan pronunciadas. Todo eso hizo el camino tan emocionante como si estuviera en un videojuego, ya que no veía nada, luego salía un bache, después un camión o cualquier otro imprevisto que resulta un reto como conductor y, por eso mismo, lo disfrute. Obviamente es divertido bajarlas y subirlas con la estabilidad y potencia de un New Beetle, porque no ha ser lo mismo con otro tipo de auto.

No niego que también sentí añoranza por el itinerario original que seguía con mis padres, ya que parábamos en Rinconada a comer picaditas, comprar quesos en La Joya, comer carnitas en Perote, estirar las piernas en Xalapa o respirar el ambiente tranquilo de Cárdel, y es que así era el camino familiar, que estaba lleno de puntos entrañables, pero esos fueron otros tiempos y ahora también disfrute mi viaje solitario. Conforme avanzaba en el camino y, paulatinamente, el panorama iba cambiando de árido a frondoso, el verde iba posesionándose del paisaje, mis venas se iban encendiendo y revitalizando al sentir nuevamente la expectativa infantil de llegar al lugar de mis amores.

Siempre disfruto mis visitas a Veracruz, ya que es como entrar a un cuento de Hadas, sin malicias, sin intenciones ocultas, en dónde simplemente podía ser yo. Obviamente ayuda mucho el hecho de que a mi familia materna y paterna les dio mucho gusto verme después de 16 años de ausencia en el Puerto. Sin importar lo que pase, la personalidad de Veracruz es única, por ejemplo el DF, al ser una megalopólis (como Tokyo o New York), pues hay muchas personalidades y culturas conviviendo ahí, pero yo comparo el lugar en dónde vivo (Puebla) y el de mi origen (Veracruz), y me parece increíble que 300 kilómetros puedan marcar una diferencia cultural tan marcada, y eso que estamos en el mismo país.

En Puebla las cosas son más sobrias, competitivas, productivas, lo cual es muy bueno en este mundo capitalista. En Veracruz las cosas son más cariñosas, más calidas, más inocentes (si cabe el término). Aunque los dos ámbitos son distintos, con partes positivas y negativas, eso mismo define la riqueza cultural de nuestra patria.

Así como la belleza está en los ojos de quien la mira, los manjares radican en el paladar que los degusta. A mi familia y, a las personas de los restaurantes, les llamaba la atención que, dentro de toda la variedad del menú (independientemente que sí comí mariscos), me decantaba por platillos simples como arroz con plátano, picaditas, frijolitos refritos con plátano macho o un rico mondongo y no pedí lentejas porque no las encontré en la Carta. Aunque eran platillos muy sencillos, me resultaban una auténtica delicia, porque no las había probado con esa sazón en años (nunca se igualará la de mi abuelita, pero las disfrute como no tienen idea). Creo que sí resulto curioso, o hasta conmovedor, que pidiera algo tan común con tanta ilusión.

En Puebla he forjado y perfeccionado una máscara de uraño y/o solitario que he usado durante muchos años. Por eso mismo me resultaba un poco chocante, aunque no tenía que ser así, la excesiva amabilidad que tenían mis familiares conmigo, pero después la experimente con el personal del hotel, del restaurante, del estacionamiento y, básicamente, todo jarocho con el que tuve contacto. Por algún momento pensé “Bueno ¡Ya! ¡Dejen de hostigarme y déjenme respirar!”, pero en este viaje de adulto, que resulto muy revelador, me dí cuenta que es parte de la cultura del lugar, esa inocencia, calidez, ternura, cercanía y amabilidad ya están implícitos en el Puerto, porque eso no podía ser pose todo el tiempo. Al vivir en un ámbito más reservado, a uno se le olvida en ocasiones ser humano, porque llegue a pensar “Algo quieren, no puede ser que todos sean tan amables conmigo”, pero uno debe aprender a relajarse y disfrutar del viaje.

            Durante la comida, mi tía me comentó: “Aunque no hablas como nosotros, tampoco hablas como poblano”. Sé que eso vino de la rivalidad que en Veracruz se siente por Puebla, porque es muy factible que sí hable como poblano. Pero después me conmovió al decir “Y tampoco eres un turista, porque tú siempre serás de acá”. Momentos así son regalos valiosos que no se pueden comprar con dinero. Obviamente estas frases estuvieron influenciadas por el cariño que me tienen y la nostalgia de no verme tantos años porque, aunque siempre veneraré mi lugar de origen, ya no me considero de ningún lado.

            Obviamente hay lugares que son muy padres para visitar y el vivir ahí es otra cosa, como corroboré en el pueblo que habite en mi adolescencia. Vivir en Veracruz ha de ser muy rico ya que uno lo ve en la alegría y desparpajo con el que la gente de acá se desenvuelve en una existencia alegre aunque no haya tanta riqueza económica como en Puebla. Tristemente me doy cuenta que soy una especie de adicto al estrés, no tanto como para mudarme al Distrito Federal, pero ya estoy adaptado a Puebla.

            Y aquí quiero comentar sobre la relación entre mi lugar de origen y mi lugar de residencia. A lo largo de mi vida, sólo he visto muestras de rivalidad entre ambas entidades, misma que me heredaron y seguí fervientemente casi toda mi vida. Ahora, con un poquito más de madurez, me doy cuenta que es una verdadera estupidez, sin importar los argumentos a favor o en contra. Ambas entidades son vecinas y van a seguir siéndolo el resto de la vida, y mutuamente se necesitan a pesar de esa rivalidad (como la hay a nivel país entre México y Estados Unidos). Ya no me decanto por ningún lado, porque ese pique es tonto y sin razón de ser. Las diferencias son buenas, porque hacen las relaciones más enriquecedoras. Ya deje de lado esa competencia sin sentido, porque siempre seré de Veracruz, pero vivo feliz en Puebla, y soy lo que soy gracias a ambas culturas.

Por eso mismo tengo una situación ideal, porque sé que tengo cerca un refugio al cual puedo llamar “Mi” Ciudad, que puedo visitar las veces que quiera con la seguridad que seré recibido con los brazos abiertos, mientras vivo en una ciudad (¿por qué no decirlo?) que también he aprendido a querer, a pesar de que no es el sitio favorito de mis familiares (tanto paternos como maternos), pero aquí están mis amigos, mi trabajo, mi casa y mi vida. Creo que aunque tuviera la posibilidad de vivir en el Puerto, no la tomaría porque mi país de las maravillas dejaría de existir para convertirse en mi casa, lo degradaría de mi lugar ideal a un lugar terrenal. Desde mi perspectiva, lo más triste que le puede pasar a alguien es vivir en sus sueños porque, de ser así, ¿A dónde vas a ir cuando duermas?

Mi puerto es una muestra Superlativa de lo que se vive en México, en donde la población en general no es especialmente rica (aunque el estado en sí lo sea), la gente es feliz, y eso impacta mucho en la calidad de vida. Tener mucho dinero no trae felicidad automática, misma que sí se siente en el ambiente porteño, con el clima, el mar, las sonrisas, la comida y el humor. Recordé entonces que la felicidad radica en uno mismo, en esos pequeños placeres que uno puede disfrutar, en vez de amargarse por todos aquellos que tal vez nunca lleguen.

Estas visitas son muy reconfortantes para alguien solitario, sobretodo porque desenchufe todas mis defensas, por los sentimientos tan honestos de los que soy merecedor, por el lugar que se me da, los abrazos, las miradas, los buenos deseos, la atención, la confianza y sinceridad que me prodigan. Lo note especialmente en las actitudes de mi tío y mi padre biológico, en todas esas anécdotas de mi niñez de las cuales no me acuerdo pero, al ver el brillo en sus ojos al relatarlas, comprendí que se las estaban contando a ellos mismos, como parte de su mitología personal, por lo que son romantizadas e idealizadas. Esto es característico de la humanidad en general, que suele recordar y ensalzar un pasado que perciben como “Los buenos Tiempos”. Escuchaba atentamente y, no lo niego, hasta fingía un interés profundo para intensificar el gozo que les provocaba contarme esas vivencias, porque eran importantes para ellos, aunque yo ni las recordara.

Esta experiencia me dejó en claro mi origen, al resonar con toda mi herencia no me queda duda que estaba diseñado para ser como ellos, aunque muchas personas de mi trabajo se rían sardónicamente, es la información genética que traigo y era el camino original que tenía. Sin embargo, también agradezco que el destino me sacara de ahí, porque hoy soy distinto a ellos (ni mejor ni peor), y me gusta serlo. Por un lado siempre tendré esa inocencia y limpieza de mis genes pero también he adquirido otras herramientas personales en Puebla, sin tomar todas sus características, sólo lo que me sirve para mejorar mi esencia jarocha (o por lo menos eso creo).

Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 23 de julio de 2011

Lost in Translation (Perdidos en Tokyo)

            Mi película favorita de todos los tiempos es una japonesa llamada “Love Letter”, de la cual escribiré en un futuro, no sé el orden del segundo y tercer lugar, pero sí los filmes que ocupan esas posiciones: “El Increíble Castillo Vagabundo” y, la que me ocupa en el ensayo actual, “Perdidos en Tokyo” (Lost in Translation, el título original).

            Me encanta la sencillez con la que fue planteado el filme, que sirve para tratar asuntos muy profundos y complejos, pero es necesario estar en la misma sintonía para captarlo. Por cierto, no hay mejor manera de iniciar una obra que viendo el trasero de Scarlett Johansson, un “fan service” que se agradece a la directoria de esta película (y a la misma Scarlett).

            La película tiene una sutil elegancia implícita en muchos de sus detalles que podrían ser omitidos pero que se agradecen como un gran complemento. Una de las grandes cualidades que Sofia Coppola tuvo con esta magnífica obra de arte, son los momentos de silencio tan bien logrados. Esas escenas en donde las palabras no son necesarias porque el sentimiento que priva es más elocuente que cualquier frase dicha. Esos momentos de soledad, de empatía, de tristeza, de ira, de nostalgia, de frustración, de cansancio y abandono que ningún dialogo puede igualar en impacto.

            Mucha gente se desespera con esos momentos callados, y es obvio, con la sociedad tan ruidosa en la que vivimos, el valor del silencio se va perdiendo con el paso del tiempo. He ahí otro aspecto maravilloso de esta obra: A pesar de estar más comunicados que nunca y de ser miles de millones, se evidencia la soledad que nos caracteriza en la actualidad, ubicando esas escenas tan profundas en una de las megalópolis más escandalosas del mundo: Tokyo (perdón que lo escriba así, pero es la nostalgia por mis clases de japonés).

            En alguna de las canciones de Fernando Delgadillo menciona que “Solo, no dan ganas de viajar”, y eso se refleja en las distintas visitas que Charlotte hace a varios lugares japoneses, tal vez sean lugares muy bellos, pero se disfruta más la experiencia cuando hay alguien a tu lado para compartirla.

            Parte de lo interesante en el personaje de Charlotte es como basta un simple cambio de ambiente para que se diera cuenta que estaba casada con un desconocido, es como dejar atrás todas las distracciones cotidianas para preguntarse “¿Qué demonios hago con esta persona?”, pero con las exigencias de la sociedad uno se conforma con lo que tiene, hasta que llega alguien más, tal vez no lo que estás esperando, sino lo que el destino depara para ti. Eso se demuestra en los detalles, cariño y respeto que Bob tiene hacia ella y que su esposo no, sólo es cuestión de estar en el mismo canal para fluir con la pareja correcta.

            Una de mis escenas predilectas, y vitales del filme, es cuando Charlotte se sienta frente a la ventana de su cuarto con la música exacta que refleja su sentir: el vacío en una relación que recién inicia, eso mismo que no debería ser pero existe en matrimonios que tampoco no deberían serlo. Es cuando te das cuenta de que cometiste un error, pero no tienes el valor de afrontarlo, en vez de resolverlo, prefieres vivir con él hasta la muerte. Ella sintió más fuerte esa certeza de que no debía vivir en esa relación justo en una ciudad en la cual no debía estar, en un momento de su vida en donde se sentía perdida, por carecer de un sentido de existencia. Esos momentos son invaluables, porque pueden significar un nuevo comienzo.

            También tenemos el matrimonio de Bob, después de 25 años de tediosa y fastidiosa rutina, en dónde sólo están juntos por los hijos. ¿Quién está peor? ¿Charlotte casada con un desconocido? O ¿Bob atado a alguien que ya no lo hace vibrar por la costumbre? Irónicamente, no es necesario estar a solas para sentirse solitario, en algún lado leí que no hay peor soledad que la que se experimenta cuando alguien está al lado (o rodeado de mucha gente).

            La relación de Bob y Charlotte evidencia los fútiles esfuerzos intentando ser alguien más para agradarle a una persona, cuando sólo se requiere un poco de buen humor y ser auténticos para que, eventualmente, alguien nos acepte como somos, sin la necesidad de actuar. Por cierto, un detalle interesante de la obra es que ninguno de los protagonistas le menciono al otro su nombre, y resulta curioso pero, a la vez, va con la personalidad de la misma.

            Regresando a esas personas que no aguantan los momentos de silencio, no entienden la belleza del momento, la armonía, el lenguaje corporal y todo lo que está rodeando esa escena callada. Cuando estas personas dicen “¡Maldita sea! ¡Qué hagan algo! Se la pasan mucho tiempo callados”, eso refleja el nivel de paz espiritual que manejan. Me sorprende como la directora se empapó de esa serenidad tan propia del arte japonés, el cual he disfrutado en los filmes, historietas, libros y animaciones niponas que he tenido oportunidad de conocer. Esos instantes tan elocuentes y sin diálogos le dan un toque de clase a la obra, algo que tampoco ya es muy común en un mundo donde queremos cosas espectaculares todo el tiempo. Coppola tiene un gran crédito, pero las actuaciones de Bill Murray y mi novia Scarlett Johansson son igualmente soberbias, lograron unas escenas estupendas que son como lienzos plasmados en celuloide

            Debido a la sociedad tan vertiginosa en la que vivimos, se ha atrofiado nuestra capacidad de contemplar algo calladamente, disfrutar los momentos solitarios, el interpretar las poses y los gestos, el leer que pasa alrededor de esa persona, ya no nos guiamos por lo que percibimos, presentimos o nos resuena, esto se refleja en los diálogos que los protagonistas tienen con sus parejas o Charlotte con su amiga, los cuales no les ponen atención y sólo se concentran en sí mismos: sólo queremos ser escuchados, pero no podemos escuchar.

“Nunca hay que regresar aquí, porque nunca sería igual de divertido” - Charlotte

            Otra obra de arte dentro de esta obra de arte, y que no dura más que unos cuantos segundos es cuando, en el pasillo del Karaoke, están solos Charlotte y Bob y ella recarga su cabeza en su hombro. Es un momento tan bonito, sin dialogo, tan íntimo, fraternal y romántico, esto es debido al entendimiento de sentimientos sin mediar palabra alguna, simplemente comparten ese instante juntos.

            Cuando regresan de esa noche se da otro de esos diálogos sin palabras, cuando él la deja en su cuarto y, con una mirada, le pregunta si quiere algo más, a lo que ella contesta que “No” con otro gesto igual de sutil y cariñoso, porque está muy cansada; Bob lo entiende y simplemente se va. Me impacta como este filme está plagado de estas escenas tan vivas, íntimas y tranquilas.

            Otra virtud de la creadora es captar esa característica de la cultura japonesa: hacer una historia sencilla de plantear y profunda en su desarrollo, y uno lo ve en la obra que, para el ojo más burdo puede no pasar nada cuando, en realidad y de manera implícita, están pasando tantas cosas tan intensas llamadas sentimientos en cada escena. Ahí radica la esencia del filme, porque no hay explosiones, diálogos ridículamente divertidos o agresivos, ni nada de lo que el cine occidental comercial nos enseña como atractivo. El mismo ritmo de la película te va adentrando, si agarras el hilo desde el inicio la disfrutas, obviamente teniendo esa tranquilidad interna. Si no se tiene eso en su ser, pues la vas a odiar.

            Justo después del rechazo que recibió Bob, le “nace” hablar con su esposa, pero no por ella, sino por la necesidad de compañía que no pudo tener con Charlotte, lo triste de esto es que la necesidad es lo que empuja a la comunicación en un matrimonio, más que los sentimientos que alguna vez los unieron y que hoy sólo une un papel e hijos.

Es sui géneris el modo de funcionar de esta sociedad, porque se nos van asignando roles, como el de una estrella en decadencia de Hollywood o una recién egresada, casada y frustrada, los cuales no tendrían nada que ver entre sí. Al sacar estas dos personalidades de su ámbito (Estados Unidos) y colocarlos en uno totalmente ajeno (Japón), dejan sus etiquetas atrás y pasan a ser simplemente un hombre y una mujer que comparten más que una nacionalidad, también lo hacen con ideas, sentimientos, frustraciones, excentricidades y demás. Sin importar la diferencia de más de 20 años, ni las máscaras ni las personalidades, lo único que resuena el tándem que forman. Y todo eso que conocieron uno del otro fue porque las barreras sociales no estaban ahí, muchas veces no nos atrevemos a conocer alguien diferente a nosotros por los límites sociales que no lo permiten.

            Esto demuestra que nadie es inalcanzable, sólo es un reflejo de una cultura que impide que ciertos grupos socialicen con otros, ya que la homogeneidad es lo que nuestra neurótica sociedad pretende (tanto en grupos definidos como en individuos). TODOS somos seres humanos (hasta yo), con las mismas necesidades de afecto, compañía, sinceridad, calidez, si nos damos cuenta de nuestra humanidad y de lo estúpidos que nos vemos al apoderarnos de una máscara como nuestra identidad, tal vez nos demos la oportunidad de ser más humanos y conocer otros seres con distinto rol pero parecidos en esencia.


            Las máscaras que impone la sociedad no son parte de la naturaleza, el ser gregarios sí. Todos tenemos ese sentimiento de convivir y compartir, no con otra PERSONA, sino con otro HUMANO, que es auténtico, no como el otro concepto que implica personajes. Si nuestra comunicación fuera de humano a humano y no de personaje a personaje, creo que otra realidad tendríamos en la actualidad.

“Tú vida, como la conoces, se acabó” – Bob Harris en referencia al nacimiento de los hijos.

            Otra de las escenas maestras es el dialogo que tienen en la cama, el cual resulta maravilloso y profundo, sobre la vida en sí, con temas tan importantes como el destino, autoconocimiento, el matrimonio y los hijos. Se maneja una filosofía existencial muy práctica y dicha con toda la honestidad posible. Me encanta la forma de acabar la plática, cuando Bob le agarra el pie a Charlotte y le dice “You are not hopeless”, en cierta manera me conmovió hasta los huesos.

            Una de las muchas escenas profundas es cuando ella va a Kyoto y ve una boda, la manera en que los observa muestra todas las preguntas que se está haciendo sobre su propia unión, cuando amarra su deseo al árbol, a la usanza del Tachibana, la manera en que va deambulando por el templo, contemplando la esencia japonesa como un testigo invisible de la vida cotidiana de este fascinante país.

            La interacción intercultural me hace reír mucho durante el filme, y es que los japoneses tienen una ridícula obsesión por la cultura gringa, la cual aceptan tal cual y sin trabas, a diferencia del resto de países que algo de oposición ponemos. Los nipones simplemente toman todo lo gringo como va y sin cuestionárselo (como lo demuestra el personaje Kelly, la actriz que fue a promocionar su película de acción). Personalmente creo que tuvo que ver la derrota en la segunda guerra mundial, lo cual se quedo muy grabado en el inconsciente colectivo nipón, el la única explicación que encuentro para que una cultura tan profunda este ávida de tanta basura cultural de nuestros vecinos del norte.

            Por otro lado tenemos a los estadounidenses tan acostumbrados a su “American Way of living” que les es incómodo desenvolverse en otra cultura, y más una tan especial y única como lo es la japonesa. Por eso mismo, para mí es una auténtica delicia los diálogos que tiene Bob Harris con distintos japoneses (los directores de los comerciales, el anciano en el hospital, en los restaurantes, etc). Lo disfrute porque, después de ocho años estudiando japonés, algo debía aprender. Hay que reconocer el acierto de Sofia Coppola de saber intercalar los momentos chuscos con los de reflexión y melancolía, ya que así se asimilan y acomodan mejor en nuestro ser.

            El hecho de que Bob cambiara su fecha de regreso nos muestra cómo una persona importante nos hace cambiar los planes, y así es la vida, porque uno hará todas las proyecciones que quiera pero no todas se llevan a cabo (algunas de manera feliz). Esa misma alegría provoco que él peleara con su esposa, todavía embriagado y confundido por esta felicidad recién encontrada con Charlotte; esto fue un ataque de sensatez en el que de dio cuenta de que puede elegir algo que le guste en vez de conformarse con lo que encontró. Esa misma pelea lo empujo a una soledad que, en ausencia de Charlotte, él desahogo con alguien más.

            Comprendo el sentimiento que empujo a Bob a acostarse con la cantante, pero entiendo aún más el sentimiento de traición que Charlotte experimentó. Y es que si él iba a cometer una infidelidad, la que tenía derecho era Charlotte misma, por todo lo que habían compartido en esos días y él actuó de manera desleal hacia esa relación que surgió entre ellos. Esto los llevo a una pelea, que no fue tal, en la que (nuevamente sin diálogos) demostraba claramente un mensaje de “Te quiero mucho pero, en este momento, no puedo estar feliz contigo porque me heriste” por parte de ella y él le respondía “Sé que estás enojada, pero no te puedo explicar lo mal que me siento”. La reconciliación en la evacuación del hotel fue muy tranquila y linda.

“Te extrañaré” – Charlotte

            Al momento de despedirse en el hotel, los ojos de Bob lo dicen todo: un anhelo, tristeza y ternura que le van rompiendo el corazón cuando la ve desaparecer en el elevador, mismos ojos en los cuales renace la esperanza cuando la encuentra en la calle. Él alcanza una Charlotte que va desorientada, caminando sola a través de un mundo lleno de personas que no le importan, ahí es cuando en realidad se despiden como querían hacerlo: un abrazo tierno, fuerte y cálido. Los dos besos que se dieron tienen un significado, el de la boca fue por la pareja que no se consumo; el de la mejilla fue dado con ternura por la fuerte amistad forjada únicamente en tres días.

            Tal vez ellos pudieron tener relaciones, para acabar con ese anhelo que fue naciendo de su amistad tan viva, lo cual hubiera sido la salida más fácil, ordinaria y, muchos piensan, hasta necesaria. Sin embargo, para el tenor de la historia, fue ideal el que no lo hicieran, porque todos aquellos momentos tan importantes que compartieron, habrían pasado a ser simples ornamentos para el acostón y, a fin de cuentas, hubiese sido lo único que recordarían: un “affair” en Japón, que hubiera acorrientado la historia y la experiencia de ambos. Lo que vivieron juntos es mucho más grande que una vil aventura, ya que toco niveles más íntimos.

            Tuvieron oportunidades para hacerlo, pero no avanzaron más porque, inconscientemente, aseguraron que su asunto quedará en lo idílico, platónico y, por ende, especial. Muchos lo calificaran de cursi e irreal, pero para ellos (y los que adoramos la película) pone a cada cual en un pedestal, ya que los ubica en una especie de cuento de hadas adulto moderno, pero sin el “y vivieron felices para siempre”. Simplemente, esos días que compartieron, son un tesoro aún más grande que las relaciones per se.

            Muchos se preguntan, en la escena final, qué fue lo que él le dijo al oído, después de abrazarla y antes de besarla. Personalmente no lo sé y no me importa, me quedo con el cariño, honestidad e intimidad tan profunda con que se lo dice. Lo vital fue la forma y no el fondo, ya que queda constatado el amor que creció en ambos.

            Lo maravilloso de la vida es que, cuando menos te lo esperas, te da sorpresas. Puedes ir a un lugar por cuestiones de trabajo y acabas encontrando un regalo existencial que de haberte mantenido en tu país, tal vez nunca lo hubieras recibido. Esa cultura extraña es el marco perfecto para encontrarte a ti mismo y tu camino, para recordar que hay mucho por vivir.

            Obviamente el final no es feliz en un inicio, pero después comprendes que tampoco es triste. Fue una tierna y profunda historia de amor que se mantendrá en el corazón de Bob Harris, en el de Charlotte y en el mío.

            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 16 de julio de 2011

Ni GLS ni homofóbico

            El término GLS (Gays, Lesbianas y Simpatizantes) es un adjetivo que se les da a ciertos antros de música electrónica que, en teoría, son de los mejores. Este término lo conocí en una comida con unos amigos, entre los cuales uno era gay y el otro conoce muchos aspectos de su mundo (sospechosamente, debo de agregar).

            Antes de continuar quiero aclarar, casi no menciono a las lesbianas en el ensayo, no porque no merezcan respeto sino porque a mí no me estresa su existencia, de hecho me caen muy bien, sobretodo cuando se besan (pero esas ya son perversiones mías que no voy a andar ventilando).

            Siempre ha existido la homosexualidad, ¿desde cuando? No lo sé, tal vez desde el inicio de la “civilización” (Que esperemos que algún día sea civilizada en sí y no sólo de título). Tal vez desde que tenemos “consciencia” (mismo comentario, ojala algún día lo seamos en realidad), porque cuando la consciencia se junta con los instintos viene la lujuria. El hecho es que ha existido desde las culturas antiguas hasta la actualidad y que va a seguir existiendo en el futuro. Tal vez no lo podamos aceptar del todo, pero sí podemos respetar a otros seres humanos.

            Lo chistoso es que, según mis teorías, los mismos “machos” fueron los que dieron nacimiento a los gays. Primero con tanta poligamia, se han de haber aburrido en algún momento de tantas mujeres y empezaron a probar cosas distintas (así como les pasa a varios artistas en la actualidad). Tal vez fueron una especie a mutación de la naturaleza (síp, como los X-Men). Otra actitud machista que fomento más homosexualidad fue el no considerar a las mujeres como seres humanos en la antigua Roma, dónde sólo se les consideraba como “herramientas” para procrear y el auténtico placer estaba en estar con alguien a tu altura, o sea, otro hombre. Qué irónico que el machismo haya fomentado la homosexualidad, para que los machos actuales vean en qué acaban sus actitudes homofóbicas.

            El caso es que la homosexualidad ha estado presente en la humanidad desde la formalización de las sociedades y, miles de años después no podemos superar prejuicios ligados a ésta. ¿Acaso nos hace mejores personas el señalarlos? Yo creo que no, al contrario.

            Volviendo a la comida a la que hice referencia al inicio del ensayo, uno de mis amigos para referirse a los heterosexuales dijo “gente normal”, obviamente nuestro amigo gay no se quedo callado y respingó: “¿Cómo que gente normal?”, así que después tuvo que corregir el comentario a “hetero” y no pasó a mayores. Minutos después mi amigo gay, el cual es muy afecto al entretenimiento audiovisual, me hizo el comentario: “Cuando vuelvas a ser ‘gente normal’ y tengas TV bla bla bla”.


            Este ejemplo que pongo deja en claro que los gays son gente normal, con iguales prejuicios y virtudes que los heterosexuales; y también me quedo claro que una gran mayoría de gente heterosexual considera a los gays “anormales”. El termino “gente normal” varía de individuo a individuo, personalmente, no creo que el ver o no TV, o el ser o no heterosexual, dicte si una alguien es normal o no; lo triste es que para mucha gente sí lo es.

      “You think the only People who are People, are the People who looks and thinks like you” – Pochahontas.

            Obviamente no es un tema cómodo, por ejemplo, el primer beso que ví entre hombres fue en la película “Escape en el Expreso de Medianoche” y fue algo bastante impactante, agresivo y grotesco para mi tierna mente de doce años. Pocas veces en mi vida he visto besos entre hombres, casi todas en la TV, y siempre son momentos bastante fuertes que confrontan los paradigmas con los cuales uno es educado (“Los hombres sólo se besan con mujeres”), por lo que ver un beso entre hombres no resulta muy grato para tus creencias y educación. Pero en fin, uno se tiene que ir “re-educando” ya que no lo van a dejar de hacer sólo para que no me estrese.

            Muchas personas argumentan que lo natural es que el hombre nació para acoplarse con una mujer y, hablando en términos de la madre naturaleza, pues eso es cierto: está el gallo con la gallina, el toro con la vaca, el perro con la perra, y todos los ejemplos que quieran poner. Sin embargo, también hay otro hecho innegable: los homosexuales han estado aquí desde hace miles de años y seguirán aquí mientras haya humanidad.

            Naturalmente a muchas personas no les agradaran, pero no se van a ir a otro lado ya que este planeta también es su hogar y tenemos que aprender a convivir con ellos como lo que son: otro ser humano con diferentes tendencias sexuales. ¿O qué? ¿L os vamos a meter en campos de concentración  debido a que van “en contra de la naturaleza”? ¿Los vamos a aniquilar? Ya lo había mencionado en otro ensayo, pero aplica, ¿Cuántos de nosotros traemos un Hitler en potencia en nuestro ser?

            Hace algunos años, la amiga más sui géneris (por no decir loca, en el buen sentido) que he tenido  llamada Flor, llego de buenas a primeras con la siguiente propuesta: “¡Vamos a un antro gay!” Casi escupo el agua que estaba bebiendo y le conteste “¿QUÉ? ¿Estás loca? No voy a ir a un Antro gay, ¡por que no soy uno! Además, ¿Qué van a pensar de mi? Bla bla bla”. Después de escuchar las innumerables razones por las que no iba a ir, ella me aniquilo con una sola frase: “Bueno, como yo sí estoy segura de mi sexualidad, no tengo miedo y sí voy a ir”. Finalmente fuimos al antro gay (¡Maldita psicología inversa!).

            El ir a ese lugar ha sido la experiencia antropológica más fuerte de mi vida, fue algo confrontante para mi educación, impactante, un ambiente inexplicable y que sólo se puede entender yendo ahí. Para ir más “seguros” fuimos con otros dos amigos (hombre y mujer), así quedaba claro que no buscábamos nada más que bailar. A pesar de ello, yo estaba MUY estresado, asustado, freakeado, intimidado, etc. Por lo que no me separaba de Flor ni un momento (lo cual no me molestaba en absoluto).

            La parte crítica de la visita fue la ida al baño, como había consumo mínimo, pues habíamos tomado refrescos los cuales, después de un par de horas, deben seguir su camino al mingitorio. A pesar de mis ruegos, Flor no me quiso acompañar al baño (¡Demonios!) y tuve que ir solo. Tristemente el antro estaba a reventar y, por desgracia, nos encontrábamos en la esquina opuesta al baño, así que emprendí mi cruzada hacia el sanitario con bastantes precauciones y mucho miedo.

            Creo que mi terror era notorio porque, en una escalera, alguien me apretó el trasero. Aún hoy en día, que algunos años han pasado, todavía me siento ultrajado y mancillado en mi honor al recordar ese triste pasaje de mi vida, pero tenía que seguir y llegue al baño. El ambiente en ese lugar era aún más impactante que lo que se vivía en el antro en sí, sólo me dije “No veas nada, no escuches nada, haz lo que tengas que hacer y lárgate”, de hecho bloquee las imágenes de mi memoria porque sólo recuerdo que hice lo que tenía que hacer y ni la manos me lave porque mi instinto de conservación me pedía huir de ese lugar tan pronto como fuera posible.

            Al igual que algunos de ustedes, la infeliz e ingrata de Flor se estaba riendo a carcajadas cuando le conté mi historia pero, ¡Oh justicia divina!, a media burla alguien pasó y le pellizco su llamativo trasero. Ahora yo me reía mientras ella soltaba su letanía al aire “No es posible, ya no hay respeto en este mundo, ni en un bar gay puede estar tranquila una mujer”

Nunca he sido promotor de los homosexuales pero ya no estoy en su contra, sólo sé que son seres humanos como el resto y tienen los mismos derechos de existir tranquilamente como todas las otras personas. Uno puede tener opiniones a favor o en contra pero, no por ello, uno va a dejar de respetarlos.

Uno de mis mejores amigos es gay, y es un tipazo lleno de virtudes, dentro de la que destacan su personalidad, carisma, buen humor, inteligencia, buen gusto para disfrutar detalles y (como buen gay) para la estética en general. Su novio, que ahora también lo considero entre mis amistades, es una de las personas más respetuosas, civilizadas, cultas y tranquilas que haya conocido en mi vida, un auténtico caballero.

            Así como tengo amigos gay, tengo otros tantos con los que tengo diferencias grandes: tengo unos muy buenos que le van al América, que son súper religiosos, tengo otros con creencias políticas totalmente contrarias a las mías, hasta tengo algunos muy queridos que ni siquiera leen mis ensayos, en fin, tengo muchas amistades con las cuales tengo MUCHAS diferencias, pero no por eso vamos a dejar nuestra amistad, al contrario, gracias a esas diferencias la relación se enriquece más al tener puntos de vista interesantes en cada tema. Tengo esa diferencia con mis amigos gay, pero no por ello dejan de tener una calidad moral alta y son mucho mejores seres humanos que bastantes heterosexuales que conozco.

"En sí, la homosexualidad está tan limitada como la heterosexualidad: lo ideal sería ser capaz de amar a una mujer o a un hombre, a cualquier ser humano, sin sentir miedo, inhibición u obligación." - Simone de Beauvoir

            Además tiene sus ventajas tener amigos gays porque, si te llevas pesado con ellos, les puedes hacer todas las bromas de gays, ¡Y no se pueden defender!, claro yo también me tengo que aguantar cuando hacen bromas sobre mi escasa vida social. Pero el precio es justo para todas las risas que me provocan estas bromas, además que son en  buena lid, nunca con la intención de lastimar, sólo queremos reírnos sardónicamente el uno del otro. ¿Por qué les cuento esto? Porque entiendo que los gays no quieren un trato especial, ellos quieren que se les trate como cualquier otra persona, por eso hago bromas pesadas como lo hago con mis mejores amigos.

            Ahora, a pesar de que ya no soy homofóbico, a pesar de todo esto que he escrito, a pesar de mis amistades y hasta familiares que son gays, aún tengo un prejuicio (¿o valor?, no sé como identificarlo) que aún no puedo dejar atrás. Pueden casarse, vivir juntos y tener todos los derechos de los heterosexuales pero, personalmente, no me cuadra que una pareja del mismo sexo críe a un niño, sobretodo una conformada por hombres.

            Sé que este punto puede descalificar todo lo escrito, pero tengo que ser honesto al momento de escribir. No tengo estudios, no tengo hechos, no tengo experiencias ni nada sobre qué soportar mi rechazo a que parejas de gays críen a niños, sólo tengo mi propio sentido común. Sobre este tema, platique con mi amigo gay y él me daba una opinión bastante válida: “Si el que te críen parejas heterosexuales asegura tener una educación de primera y evitara los problemas psicológicos que se sufren en la infancia, estoy de acuerdo en que nos descalifiquen. Sin embargo la violencia familiar, las violaciones, alcoholismo, drogadicción, neurosis y demás vejaciones se han dado con la educación de parejas de heterosexuales”.

El argumento de mi amigo es muy válido, pero aún así no votaría a favor de este tema. Lo más a lo que podría llegar es a abstenerme en mi voto. Espero en un futuro poder superar este prejuicio, porque la calidad humana de las personas no debe de variar en función a sus preferencias sexuales, ya que hay personas excelentes y basura de gente tanto gays como heterosexuales.

Cada vez me convenzo más que la raza humana es intolerante por naturaleza (con algunas pequeñas excepciones que confirman la regla). Claro que eso me molesta, pero no tanto como el que nos vendamos como personas ecuánimes que somos bien “open mind” hasta que algo no nos gusta, que no necesariamente nos tenga que afectar. Guste o no, la homosexualidad ha existido desde siempre, y resulta que el resto de la humanidad nos comportamos de manera estúpida al no respetarlos (ya no digamos aceptarlos). Es tan ridículo como discriminar a alguien por su color de piel, ideas políticas, su religión, su nacionalidad y hasta por sus gustos deportivos.

Muchas personas dicen que los homosexuales no deberían existir, que la naturaleza por eso creo al hombre como complemento de la mujer (y viceversa), y así DEBERÍA ser, como deberían ser tantas cosas: que los humanos cuidáramos la naturaleza de la cual provenimos, como que no debería haber hambre en el mundo cuando hay suficiente comida para todos, como nuestra vanagloriada consciencia y evolución deberían ser suficientes para que ya no hubiera guerras, como debería estar erradicada la violencia y dejar de matarnos entre nosotros. Son tantos hechos utópicos que deberían ser  PERO NO SON. No importa si la homosexualidad debería ser o no, el único hecho es que existe, y no porque no debería ser, los vamos a asesinar porque, si vamos a exterminar todo lo que no debería ser, deberíamos empezar por cada uno de nosotros que somos tan nocivos para este hermoso planeta., porque es antinatural y no debería ser (pero ese tema lo trataré en otro ensayo).

Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 10 de julio de 2011

From Genesis to Revelation

            No sé qué tienen los artistas y agrupaciones británicas que resuenan mucho conmigo y acaban enamorándome; capto su sentimentalismo, su autenticidad, la seriedad con la que hacen su música y la honestidad con la que la interpretan: U2, Keane, Annie Lennox, Sting, Elton John, The Cranberries, Snow Patrol (que apenas voy conociendo) o hasta Coldplay (que, aunque no son mis favoritos, acepto su valía). Es chistoso, pero no soy fan de los dos grupos más famosos de la Gran Bretaña: The Beatles y The Rolling Stones, obviamente reconozco su calidad y trayectoria, hay algunas canciones que me gustan, pero hasta ahí.

            Dentro de estos artistas hay uno que me ocupa en esta ocasión: From Genesis to Revelation se llamaban al inicio y hoy simplemente se les conoce como Genesis a secas. Los conozco desde hace unos 20 años, en la que fue su versión más “popera”; pero ése fue el hilo que empecé a jalar y hoy, que ya tengo todas su obras, disfruto mucho de su música a pesar de lo antiguas que puedan ser las canciones. Y con ello he ido conociendo a una de las agrupaciones más grandiosas en la historia musical.

            Gracias a la gentileza de mi amigo Alex Serna, puede conocer TODA la impresionante obra de esta grandiosa Banda. Es asombroso ver la variedad de matices por los que ha pasado esta agrupación tan única, tan rica y tan llena de excelencia. Sus inicios, con Peter Gabriel, tenían un sonido más ácido, más alternativo y conceptual; cuando él dejó al grupo e inicio la era Phil Collins, vino una época de transición en dónde eran las canciones estilo Gabriel pero cantadas por Collins, hasta que le dieron el control creativo a él y vino un boom comercial que ofendió a muchos de sus seguidores originales, pero atrajo a millones más. Finalizando con “Calling all the stations”, que fue el único disco que hicieron con Ray Wilson como vocalista, el cual es un trabajo de altísima calidad en donde se encuentran el Genesis del pasado con el del presente a través de una voz que recuerda fielmente a Gabriel.

            En los años 90 conocí a Genesis a través del Álbum “We can’t dance”, yo era ajeno a todas las críticas de sus antiguos seguidores, las cuales tenían a la agrupación muy devaluada. Para mí ese disco es magnifico, sólo basta escuchar el auténtico heroísmo obrero en “Driving the last Spike” o la profundidad, serenidad, complicidad e intimidad de “Fading Lights”, las cuales son auténticas obras de arte con ejecuciones instrumentales excelsas. Aún ahora, que ya conozco toda la obra de Genesis, sigue siendo mi disco favorito de la banda, tal vez sea comercial, pero no hueco, porque la música, las letras y la interpretación no tienen comparación. Tal vez la razón de que sea mi CD predilecto son los sentimientos que tengo ligados a sus melodías. Eso sí, neófito o no, hay dos canciones en ese álbum que son chistosas (“I can´t dance”  y “Jesus, he knows me”) pero que, desde entonces, sabía que no figuraban entre sus mejores.

            Ese mismo disco me motivo a conocer más la obra de Phil Collins (romántica y fresa), por ser más popular y, posteriormente, conocí la obra de Peter Gabriel (experimental y/o alternativa), ambos como solistas. Es raro, pero no me anime a conocer más de la obras de Genesis en sí, porque me entere que había una época Gabriel y me dije: “¿Genesis con Peter Gabriel? Eso debe ser medio oscuro, pacheco y poco atractivo” y por eso no busque nada de ellos en aquellos años, y me alegro porque, es factible, que no lo hubiese valorado ni apreciado como lo hago ahora.

            Revisando toda la discografía de la agrupación y, sin saberlo, me encontré con una agradable sorpresa: Genesis me dio mi primera canción favorita en inglés (alrededor de los cinco o seis años). Aún recuerdo el día, era un Domingo en la noche, regresábamos de nuestro fin de semana al DF, y mi papá sintonizó Universal Stereo, en dónde normalmente programan música en inglés clásica, entonces pasaron “In the Wilderness” y me cautivó. No le entendía nada (aún no hablaba inglés), pero ahí detonó mi gusto por la música anglosajona, por lo que les preguntaba a mis papás “¿Qué dicen?”, pero sólo pudieron decirme el Coro “Music, all I hear is Music”, y lo repetía como loquito desquiciado, porque me puso muy de buenas esa melodía.

            Al pasar los años, cuando llegaba a escucharla, me causaba mucha alegría y, a la vez, melancolía por el momento en  que conocí la música en inglés. Casualmente nunca me enteré de quién la cantaba. Entonces, al hallarla en la obra de Genesis mi alegría fue triple: primero por encontrarla, segundo porque ya poseía “mi” canción y finalmente por enterarme que mi bautizo musical fue con Genesis y eso es algo de lo que me siento muy feliz, porque ya conocía a esta banda desde pequeño, pero no lo sabía.

Me sorprende la evolución tan rica de Genesis, por ejemplo “That’s me”, de finales de los 60, tiene una tonada totalmente intransigente, tan in your face que resulta muy instintiva y básica, difícilmente uno no puede evitar sentirse afectado por ese sentimiento tan auténtico. Obviamente la banda fue cambiando con el paso de los años, pero ese sonido de sus inicios me resulta muy llamativo, ciertamente era muy parecido a otros artistas de esos años, pero ya tenían ese sello distintivo que hasta hoy sigue caracterizándolos.

El deleite con Genesis es que siempre le es fiel a su personalidad, sin importar si es la época alternativa de Peter Gabriel o la fresa de Phil Collins, la esencia del grupo sigue en su música. Obviamente se nota la diferencia de estilos en los vocalistas, los cuales le imprimen su toque o, mejor dicho, Genesis les da su toque a los cantantes porque no es lo mismo cuando cantan en solitario que cuando lo hacen con la banda. De hecho, por la misma identidad de la agrupación, me ha tocado escuchar canciones, como “It’s gonna get better”, en dónde me cuesta diferenciar si canta Gabriel o Collins.

Es un grupo muy versátil,  se nota en la tonada tipo Plaza Sésamo de “Image Blown Out”, te pueden partir el corazón con “Not about us”, llamar a tu lado primitivo con “Congo” o “The Brazilian”, un sentimiento de nostalgia impresionante con “Since I’ve lost you” (Escrita al difunto hijo de Eric Clapton) o “Never a Time”, la melosidad hecha canción en “Your own special way”, la fuerza que tiene “Calling All the Stations” o embelesarte con “Supper’s Ready” que es una maravilla. Cada melodía tiene un sentimiento muy bien definido y es sorprendente que una sola banda tenga tantas formas de expresarse.

Siempre defenderé la alineación de Phil Collins, Mike Rutherford y Tony Banks, pero también aceptó que la alineación original, liderada por Peter Gabriel, es la que más creatividad y personalidad tienen al momento de componer e interpretar su música, con una gran calidad. La época de Phil Collins es distinta, ni mejor ni peor, sólo diferente.

Por ejemplo, “Duchess” tiene una primera mitad instrumental que te adentra en tu ser de manera profunda, es una clara muestra de cómo la música no necesita de letra para tocar tu esencia. La segunda parte, que ya es cantada, también es una auténtica delicia que complementa a la perfección la primera y trae un ritmo con el que no puedes evitar resonar, para terminar en la misma tónica con la que inicio, con un ritmo muy instintivo y sincronizado con los latidos del corazón.

La excelsa interpretación instrumental de Genesis está constatada a través de sus Solos, aunado al sentimiento que le imprimen los tres vocalistas que han tenido, las letras tan ricas y diversas de sus obras, en definitiva, es una agrupación que no tiene pierde. Es una verdadera lastima que no hayan lanzado algo nuevo en un buen rato, aunque con la rica discografía que tienen, hay más que suficiente para disfrutarlos. Espero que la salud de Phil Collins alcance para que algún día regrese a México con Genesis, al igual que Peter Gabriel, que él sí viene más seguido, y así poder disfrutar de sus conciertos.

Del disco de éxitos, ya conocía la versión 1999 de “The Carpet Crawlers” y me parecía muy padre con Collins y Gabriel en las voces. Después de escuchar toda la obra, con la melodía original y en concierto, de contemplar toda su evolución musical, volví a escuchar la nueva versión y me conmoví. Es fascinante ver como una canción que sólo me gustaba ahora me sacaba lágrimas a montones, es padrísima, pero más por lo que significaba que Peter Gabriel se reintegrara a la banda, aunque sea por una sola ocasión, me movió mucho. Entendí lo que debieron sentir millones de fanáticos fieles al grupo cuando vivieron ese momento tan vital, tan feliz, tan melancólico y bello.

Para todos los que se preguntan qué hubiese sido de Genesis si Peter Gabriel hubiera seguido en la Banda; creo que él es un artista tan ecléctico, tan conceptual, tan sui géneris y tan él mismo, que hubiera abandonado a la agrupación tarde o temprano. Por lo mismo estuvo bien que la dejara en el momento en que lo hizo, él y otros músicos de gran talento, mismos cambios que le hicieron bien al grupo, porque fue madurando. Lo noto en los dos discos más cercanos que tuve (“We can’t dance” y “Calling All the Stations”) en donde, a pesar de ser dos vocalistas distintos, se nota un desarrollo musical muy interesante, que dudo que se hubiera alcanzado con Gabriel, y no por falta de calidad, sino por su tendencia experimental que hubiera impedido avanzar por un solo sendero.

La música de Peter Gabriel tiene mucha fibra y profundidad, pero él va probando nuevas cosas en cada disco, con excelencia hay que reconocer, pero muy a su manera, pero no necesariamente a la de Genesis. Aunque de ahí salió Peter, la esencia de la banda fue distinta desde su partida, por eso cada cual creció por su lado, para ganancia del mundo musical. Phil Collins no es tan alocado como su antecesor, por eso mismo fue fomentando una madurez en el grupo. 

Tal vez  la banda sería un monstruo musical si hubiesen continuado todos los miembros originales, tal vez no, pero es innegable que cada disco de Genesis es distinto, con auténticas joyas musicales, a mí me gustan mucho los dos de los 90’s, pero no dejo de avalar la valía del resto, y tuvieron que pasar por todo lo que pasaron para alcanzar ese crecimiento musical. A pesar de los cambios bruscos que ha sufrido, agradezco que su historia haya sido así porque, de lo contrario, tal vez no me gustarían tanto como hoy en día.

Otra muestra de su repertorio, en “Second Home by Sea” la parte fuerte recae más en el sólo instrumental y la letra le sirve como accesorio para adornarla. Ésa es otra virtud de Genesis,  ya que puede alternar la importancia de una canción entre lo cantado y lo instrumental, y el resultado siempre es notable.

También hay quien dice, los que llegaron a verlos en su tiempo, que desde la salida de Peter Gabriel, Genesis dejó de ser un circo, que los disfraces y puestas en escena quedaron atrás para ser más maduros. Ya sea más comerciales o más maduros, creo que las etapas de Genesis hablan de una evolución muy interesante, habrá a quién le guste y a quién no, pero creo que el resultado es muy positivo para todos los que disfrutamos de la buena música. Me parece que pasaron de una música muy conceptual y alternativa (época Gabriel) a una más madura o comercial (época Collins), sin perder el sello de calidad en la interpretación y la de sus obras.

Ya que saboreé toda su historia, comprendo porque muchos seguidores dejaron a la banda cuando Peter Gabriel se fue, y comprendo el sentimiento de prostitución que sintieron al ver como Phil Collins le iba imprimiendo su sello. Me considero afortunado de haber conocido a Genesis en su etapa fresa porque no hubo chance que me decepcionaran, al conocerlos después, los pude disfrutar doblemente, porque me encantan las melodías fresas, por las que me cautivaron, y las obras alternativas que los forjaron.

Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 4 de julio de 2011

Culpable

“Nadie es culpable de nacer pobre o ignorante, sí lo es de permanecer así” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 3 de julio de 2011

X Men: First Class

            Como buen Nerd, tengo que admitir que no soy el más objetivo al momento de evaluar los filmes de Superhéroes, especialmente con Marvel, que son mis favoritos porque cuando los veo sale mi niño puro, noble y fantasioso a disfrutar al mismo nivel que cualquier otro mocoso que esté en la sala. Estas películas cumplen el sueño dorado de ver a mis héroes representados en carne y hueso a través de la pantalla grande. Al igual que los niños, mediante estas proyecciones me siento con superpoderes, que es uno de los anhelos más profundos de cualquier humano (por lo menos de los más fantasiosos).

            Obviamente no me pongo a gritar a medio filme: “¡Ve por ellos Spidey!” o “¡Dales con todo Thor!”, aunque ganas no me faltan pero me vería ridículo (así que sólo lo hago hacia mis adentros) y es que no puedo evitar emocionarme cuando entran mis héroes en acción. Es por eso que disfruto mucho estas películas sin importar mucho su calidad aunque hay que reconocer que, generalmente, están muy bien realizadas. He admirado mucho a los Hombres X desde mi niñez, al grado de sentirme identificado con ellos (al igual que con el Hombre Araña).

            Sin embargo, y dejando aficiones a un lado, tengo que reconocer que “X Men: First Class” es una obra muy recomendable, de hecho su calidad rebasó a mi fanatismo por lo hijos del átomo. Ya sabía que me iba a gustar (estaba decidido de antemano), aún si hubiera sido el bodrio más despreciable en la historia del cine, me hubiese gustado por ser los Hombres X pero, felizmente, resulto ser todo lo contrario. Tiene muchos aspectos interesantes a analizar, los cuales no son tan explícitos como los súper poderes o las batallas, pero ahí están de manera implícita; esos mismos mensajes que me dejaron un agradable sabor de boca al terminar de verla.

            Independientemente de todo lo que a continuación voy a escribir, la obra me gustó por la combinación tan exacta de buen humor, momentos conmovedores, momentos profundos, acción, heroísmo, intriga y demás. Está muy bien nivelada, no hay un momento de desperdicio y por eso hay que verla. No voy a escribir sobre los efectos especiales, la producción, las batallas, el maquillaje o demás tópicos más comerciales, que también disfrute, escribo sobre todo lo que me llamó la atención y me resonó.

            Cualquiera puede disfrutar este filme, pero a los admiradores de largo tiempo de los Hombres X nos resulta muy placentero porque uno siempre ve al Profesor Xavier, a parte de calvo, como una persona ecuánime, serena, inteligente, todo un estratega; pero en esta obra es muy refrescante verlo como un joven normal: divirtiéndose, flirteando con mujeres, bebiendo alcohol estúpidamente y gritando. Es un plus que honestamente no esperaba y que agradezco mucho.

            Hubo dos interacciones entre Xavier y Magneto que me conmovieron profundamente. La primera cuando se conocen, Erik quería sacar el submarino de Sebastian Shaw, aún a costa de su vida, pero Charles se lo impidió para que no muriera. En su diálogo, cuando Magneto se da cuenta que Xavier es Mutante le dice “Creía que estaba solo” a lo que Xavier le contesta un par de veces “No estás solo”, con un sentimiento tan adecuado, alegre, tierno, fraternal, auténtico, limpio y profundo que me conmovió al grado de sacarme un par de lágrimas. Tal vez esto va más apegado a mi propia historia que a la de ellos porque, a mí manera, me siento mutante en este mundo y por eso mismo la frase me tocó el corazón, porque no estoy solo.

            La otra parte que me fascinó entre Charles y Erik, es cuando el segundo intenta mover una antena gigante por orden del primero pero no puede. Erik le dice que él activa su poder mediante la ira, así que Charles le enseña, a través de su recuerdo más bello, que también puede activarlo con la serenidad. Esto es muy Zen, muy oriental y también muy cierto: uno debe fusionarse con sus sentidos y su esencia para lograr grandes cosas y superar barreras que con la ira normalmente no podemos. A veces siento que valoramos demasiado lo que el enojo nos empuja a lograr, cuando podemos hacer lo mismo (o aún más) con la serenidad, y con menos daño a nuestro ser. Ojala aprendamos a valorar más los pasajes de tranquilidad y felicidad en vez de recordar con tanta pasión nuestras fallas o derrotas. Veneremos lo que sí somos y tenemos en vez de desear lo que no somos y, creemos, que nos hace falta. Seamos humanos plenos e íntegros en vez de frustrados.

            Otro detalle que se agradece, a pesar de ser un filme 100% Hollywood, es que se respeten los idiomas originales de los lugares en donde acontece la acción, ya sea alemán, francés, español o ruso. Este tipo de detalles condimenta perfectamente la calidad de la obra. Y es que son ridículas esas películas en las que andan por todo el mundo y resulta que el inglés es hablado por todos tan natural y como lengua materna.

            Normalmente en los Cómics, Mystique (Raven para los amigos) es representada como cruel, fría, calculadora y desgraciada pero, por primera vez, ví lo trágico de existir con su poder: ella puede adoptar cualquier apariencia pero la suya no es aceptada. Puedes camuflarte todo lo que quieras, pero sólo haces que los demás rechacen lo que en realidad eres, esto es una parodia a la sociedad humana de cualquier época. Por eso mismo Magneto le exige ser como ella es en vez de pretender ser alguien más, que se acepte para que en verdad pueda ser bella. Tal vez no sea lo que todo el mundo desea ver, pero sí va a ser aceptada por personas especiales como ella. Me impacto cuando él le dice “¿Te das cuenta que debes utilizar la mitad de tu poder para fingir algo que no eres?”; esto es un fiel reflejo de la realidad, porque siempre estamos más preocupados por lo que los demás piensen de nosotros que nuestra propia opinión, y por eso estamos más enfocados en lo el resto quiere vernos u oírnos a lo que en realidad queremos, por eso estamos a medio gas de lo que en verdad podríamos ser (de esto ya hable en mi ensayo anterior). Como Mystique no se acepta como es, pues los demás menos.

            Algo muy doloroso fue cuando Beast le dice a ella: “Tú eres bella así como estás pero, cuando eres azul, no” y tampoco me sorprende mucho ya que “Como te ven, te tratan”, ya que la sociedad se guía primero por lo que hay afuera y no por lo que hay dentro (ver más detalles en el ensayo “Mis Corbatas”). Hank recibió algo de justicia divina por sus prejuicios, mismos que empujaron a Raven hacia Magneto. Ella encontró más de lo que buscaba: aceptación por sí misma, gracias a él que le dice “Yo no quiero estar con alguien que no se acepta, sólo quiero estar con la verdadera”.


            La situación de Beast, Angel o la ya comentada Mystique, nos deja claro que la aceptación propia es más importante que las de los demás. Como ya escribí hace una semana, al aceptarse uno seremos aceptados por personas que valgan la pena ya que es inútil intentar ser aceptado por seres que no valen un cacahuate. Ese punto de aceptación personal es muy importante en el argumento y, me parece, que se plasmó así a propósito, para dar el mensaje a la humanidad de no ser como los demás, sino ser como nosotros mismos podemos ser.

            Aunque no descubren el hilo negro, una parte que me encantó fue la parte en donde explican la convivencia de Neanderthal con el Homo Sapiens, al inicio los segundos eran minoría, pero después vino esta lucha en donde el más apto sobrevivió (o sea nosotros). Todo es parte de la evolución, es un ciclo de vida interminable (como en el Rey León), no es que uno fuera bueno y el otro malo, todo se reducía a supervivencia: El Homo Sapiens tenía que sobrevivir o extinguirse, y sobrevivió. El mensaje que tomo es que debemos seguir evolucionando individualmente para avanzar y no extinguirnos.

            Cuando están reclutando mutantes, me encanto el Cameo de Wolverine, el cual los despacha con su actitud de “¡Váyanse al demonio!”. Aunque me encanta este personaje, me alegro que no apareciera en esta ocasión porque hubiera robado mucha atención. Por otro lado, el Cameo que ya era una obligación, y extrañe mucho, fue el de Stan “The Man” Lee, el cual acostumbra aparecer en casi todas las películas de Marvel, pero ahora me quede con la ganas de reírme con su aparición.

            Havok es otra analogía interesante a analizar. Muchas veces tenemos mucho ímpetu, energía, recursos o ganas que no sabemos enfocar para lograr resultados. El caso de Alex Summers fue crecimiento personal más el accesorio de Henry “Hank” McCoy, y nos enseña la importancia de enfocarnos en conseguir lo que queremos en vez de estar tan dispersos y dar bandazos en otros lados. Esto es parte de la serenidad que se ha ido perdiendo en este mundo tan caótico, lo cual hace que el sentimiento de “comerse el mundo a puños” ya no se queda en la adolescencia, sino que va trascendiendo las generaciones pero recuerden que “El que mucho abarca, poco aprieta”.

            El planteamiento me gustó mucho, y eso se demuestra en los métodos de Xavier y Magneto, no se le dio siempre la razón al bonachón Charles, si no que también se demostró que las formas de Erik Lensherr también son productivas. Esto se vio cuando sometieron a Emma Frost para develar los planes de Sebastian Shaw. No se puede ser suave siempre, hay ocasiones en que uno de ser duro, por no decir un auténtico desgraciado para lograr avanzar. Si sólo hubieran seguido el accionar de Xavier no hubiesen logrado nada. Habemos personas que nos pasamos de suaves y hay otras que se pasan de desgraciadas, lo inteligente es saber actuar de acuerdo al momento, lo cual es útil en la vida: saber cuándo ser diplomáticos y saber cuándo hay que ser intransigentes por el bien de la situación, lo difícil es identificarlos.

            Aviso, inicio de comentario Freak: El escuchar el “Tovarisch” en una historia de los X Men, me dio la nostálgica necesidad de que apareciera Colossus en el filme o hasta que Omega Red fuera parte de los malos, pero no todo se puede. Termina comentario Freak, gracias por su paciencia.

            No sé si sea el único, pero la manera en que Magneto acaba con Sebastian Shaw me pareció tan justa, exacta y hasta poética, fue una buena forma de finiquitar ese tema. A pesar de ello, no puedes odiarlo, porque se lleva la película, a pesar de Xavier, Banshee, Havok, Mystique o Beast también son personajes muy interesantes.

            Aunque ya lo sabía desde los cómics, en la pantalla plasmaron muy bien la profunda amistad, cariño y respeto que desarrollaron Xavier y Magneto, una relación tan íntima entre seres tan diferentes siempre es muy nutritiva para ambos. Esas amistades me encantan (yo tengo un par), porque esas mismas diferencias hacen que respetes más a la otra parte, no dejas de quererlo por ser diferente, al contrario. Es por eso que cuando uno encuentra a un ser de calidad, independientemente de las diferencias, es necesario encontrar la forma de vincularse con esa persona, ya que nos traerá mucho crecimiento. La amistad de Erik y Charles es muy valiosa porque son unos tipazos aunque tengan distintos métodos para alcanzar el mismo objetivo.

            Regresando con Mystique, y para recalcar lo versátil del argumento, ella le hace ver a Xavier que él no la entiende, ya que no vive lo que ella, porque él sigue pareciendo humano a pesar de su mutación, y ella no. No juzguemos o despreciemos la situación de alguien más, cuando no sabemos lo que es calzar sus zapatos.

            Algo que queda muy claro en el argumento es que todo homínido sea mutante, humano, rey, mendigo, negro, blanco, etc. Tiene la necesidad de trascender. La razón para existir de Magneto era matar a Shaw, estoy seguro que si lo hubiera logrado, después no hubiera encontrado otro objetivo de vida pero, gracias a Xavier, conoció otros mutantes y fue gestándose otra meta paralela mientras conseguía la anterior. Igual con Xavier que investigaba las mutaciones fue moldeando su meta idílica de una coexistencia pacifica entre humanos y mutantes. Irónicamente, en esta vida sin sentido todos necesitamos algo que perseguir: un sueño, una meta u objetivo que haga congruente nuestra existencia.

            He seguido a los X Men por más de 25 años (unas veces más cerca que otras), y he sido fiel creyente de sus enseñanzas y los ideales de Xavier para un mundo pacífico en donde humanos y mutantes puedan convivir en paz, ese mismo mundo que los odia y que han jurado proteger, PERO el ver este filme me ha abierto los ojos ya que, recalco, Magneto se lo lleva la obra sobradamente.

            El papel de Magneto es el más interesante de todo el reparto, se le hizo justicia a su caracterología, porque él no es un villano, él sólo quiere lo mejor para su raza no busca el poder por el poder mismo, su causa es justa pero sin la postura de “poner la otra mejilla” que tiene Xavier. Magneto es tan completo, tan complejo y tan humano que es el más real de todos los personajes, por eso mismo no lo puedes odiar, independientemente que al final separe su camino del de Xavier. Entiendo y justifico perfectamente sus motivos tanto que, por primera vez en mi vida, estoy de su lado y, si fuese Mutante, sería parte de sus Acólitos; y es que el sueño de Xavier es una Utopía muy bella, pero Magneto tiene razón: La humildad no tiene esperanza de mejorar.

            Un claro ejemplo de ello es la cobardía característica de la humanidad, la cual se demuestra en la actitud de exterminar lo que es distinto a nosotros antes de intentar comprenderlo. El miedo humano fue capaz de unir a dos archienemigos para acabar con los mutantes; el mismo que alimenta a las religiones o a las ideologías políticas, el que nos une contra lo distinto, para cuidar a la “buena sociedad”, el pavor tan mezquino, tan miserable, tan pusilánime del ser humano queda tan bien reflejado en la historia por lo que, honestamente, yo sí quería que Magneto les regresará todos sus misiles a los militares que tan alevosamente habían lanzado. Todo esto a pesar que los Mutantes los habían salvado pero, al verse inferiores, prefirieron acabar con ellos sin importar que tuvieran o no intenciones hostiles, por eso reza el dicho “El León piensa que todos son de su condición”.

            No sólo en esta ocasión, siempre he percibido la historia de los X Men como muy real, no por los mutantes, sino por la actitud humana hacia todo lo que es distinto: homosexuales, indígenas, negros, judíos, incapacitados y demás minorías. Las personas siempre minimizamos, despreciamos y tratamos de aniquilar todo lo que es distinto a las mayorías debido al miedo y la ignorancia. Ahí entra lo heroico de los Hombres X, que ahora entiendo que es demasiado romántico, porque protegen a un mundo que les teme y les odia, lo cual es muy noble pero utópico, por eso la postura de Magneto es más congruente y creíble. El ideal de Xavier es imposible, porque busca la aceptación y respeto de una raza que es intolerante por naturaleza, Magneto no la está pidiendo, porque se la va a ganar a pulso. Eso deberíamos aprender de él, sin la violencia, pero sí con la decisión y firmeza que dice “No estoy pidiendo tu aceptación, sólo el respeto que merezco como cualquier otro ser vivo”.

            Hebert Gutiérrez Morales