domingo, 29 de mayo de 2011

Infidelidad. . . . ¿Por naturaleza?

“Lo que teme un hombre cuando piensa en el matrimonio no es atarse a una mujer, sino separarse de todas las demás” (Ellen Rowland).

Se dice que el humano no es monógamo por naturaleza y, con el paso del tiempo, me resulta más evidente ese hecho. La infidelidad nace a partir de las restricciones que impone la moral, misma que nosotros mismos creamos a partir de la culpa. A lo largo de los años he visto más ejemplos de engaño y deslealtad que muestras de lealtad en las parejas. Tal vez me vea corto, pero más del 50% de las parejas presentan alguna infidelidad (ocasional o constante).
         
Sólo para aclarar, los casos que voy a mencionar son los que conozco (algunos más cercanos que otros) y como este ensayo no pretende ser una revista de chismes, voy a cuidar la identidad de los referenciados. A menos que sea necesario, trataré de no identificar quién es el hombre y quién la mujer (porque también hay bastantes deslealtades del lado femenino).

Una amiga afirmó categóricamente “es que todos los hombres son infieles”, yo me puse a analizar un ámbito que conozco desde hace once años: mi trabajo. Cheque la historia personal de cada hombre de mi departamento y el 80% de ellos han sido (o son) infieles a sus parejas, el 20% restante son fieles o muy discretos. Hice un ejercicio similar con las mujeres y encontré un 30% de incidencia, aunque las mujeres son más cuidadosas en estas cuestiones.

Después de analizar estas cifras me sentí un poco mal y me pregunte “¿Qué está mal en mí? Porque aquí todo el mundo se divierte menos yo”, pero después me dí cuenta que como no tengo novia a quién ponerle el cuerno, pues resulto poco atractivo.

En mi historial, no he tenido relaciones de largo plazo, por lo que no he tenido oportunidad de ser infiel aunque, en realidad, nunca me ha surgido esa necesidad. Durante los años siempre he visto muestras de infidelidad en TODOS los ámbitos que me he movido: familia, trabajo, escuela, baile, deporte, etc. Lo extraño sería que no lo hubiera. Tristemente, no he conocido un giro de mi vida en donde no existan engaños en las parejas; antes esto me enojaba y me entristecía, ahora me es indiferente porque comprendo que es parte de la naturaleza humana, ¿o me equivoco?

A diferencia de otros escritos, en donde analizo problemas socioculturales, en esta ocasión no puedo encontrar un patrón para la gente infiel: se presenta desde que nos relacionamos con otra persona, sin importar si tienen o no dinero, con estudios y sin estudios, creyentes y no creyentes, etcétera. Hubo un momento en donde pensé que los valores y la educación podrían ser una frontera para distinguir a los fieles de los que no lo son, pero tampoco es una garantía, ya que he conocido a gente que consideraba de alta moral y también incurrieron en engañar a su pareja.

Aunque nunca he sido infiel, no quiere decir que sea un excelente hombre necesariamente porque, en realidad, nunca he tenido una oportunidad de serlo por la misma brevedad de mis relaciones sentimentales. Pero algo que sí puedo constatar es que, durante el breve lapso de mi matrimonio, a pesar de ser de mis épocas más tristes en todos los ámbitos, fue cuando fui más atractivo para las mujeres. ¿Por qué? Por el simple anillito que me obligaban a usar. Me resulta impresionante como ese anillo es un imán de mujeres.

¿Por qué muchas mujeres buscan a un hombre casado? Creo que es cuestión de territorialidad, quieren arrebatar algo que no es suyo, por el simple hecho que es de otra, además de que, irónicamente, ha demostrado ser un hombre que no teme relacionarse a largo plazo. Afortunada, o desafortunadamente, yo soy medio ingenuo para captar señales femeninas, además de que mis principios me impedían ponerle el cuerno a mi entonces esposa (aunado a que ella nunca se apartaba de mi lado).

Pero, de haber seguido casado, en un matrimonio que no me era productivo ni positivo, me pregunto a mí mismo ¿hubiera caído a la tentación de tener un idilio con otra mujer? Debido a mi divorcio, esa sólo es una pregunta hipotética. . . . . para mí, pero para muchos es el pan de cada día. Alguien me comento en alguna ocasión: “Mira, pasas nueve ó más horas en el trabajo, todos los días. De pronto encuentras a una mujer que te entiende, es empática con tus problemas y, además, te consuela. Por otro lado, tienes una bruja en casa que, cuando llegas, sólo te grita, te exige, te minimiza y te recrimina sin escuchar razones ni entender tus problemas, pues es fácil caer con la otra”

“Los jóvenes quieren ser fieles y no lo son. Los viejos quieren ser infieles y no pueden". – El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)

Al igual que las religiones son las principales creadoras de ateos, las parejas celosas contribuyen mucho a propiciar infidelidades. Por ejemplo, atestigüe un caso en donde una persona atosigaba a su pareja constantemente con acusaciones de infidelidad, no había día en que no le recriminará sus deslealtades sentimentales. La parte acusada, que en realidad fue fiel durante muchos años, llego a su límite y pensó: “¿De qué sirve que me porte bien si siempre soy culpable de infidelidad? Ahora le voy a dar argumentos para que me fastidie con razón”. Obviamente es una postura muy comodina pero “la burra no era arisca, así la hicieron”, ¿cuántas personas fueron “empujadas” hacia eso? En teoría los valores y educación tendrían que ser suficientes pero, cuando uno tiene una relación tan estresante, es fácil olvidar nuestra esencia. Mi pregunta a todas esas parejas celosas es, si no confían en su pareja, ¿para qué permanecen a su lado? No lo entiendo.



 Otro hecho que me sorprende, es al doble moral que se maneja en el mundo de las infidelidades. En alguna ocasión, alguien me contó elocuentemente todas sus aventuras (¿por qué a mí? No lo sé). Al terminar yo le pregunte “Oye, ¿por qué no dejas a tu esposa?” y me contesto muy serio “No, porque a mi esposa y a mis hijos los quiero mucho”, a lo que yo pregunte “Bueno, ¿entonces por qué le estás poniendo el cuerno?” y me dijo “¡Ah! Porque hay muchas cosas que no puedo hacer con mi esposa porque la respeto mucho y las hago en otro lado”. Hoy en día me sigo riendo por estas razones tan incongruentes porque, en teoría, si uno se casa con alguien, no debería haber tabúes entre los esposos, ya que se supone que es la persona con la que más confianza tienes.

Siguiendo el mismo hilo, pero del otro lado, otro conocido me comento el caso de una de sus amantes. Ella le decía que le gustaba estar con él porque le podía hacer muchas cosas que no le hacía a su esposo. El amante le dijo que lo debería intentar, porque a los hombres nos gustan esas “caricias”, y que su esposo se lo iba a agradecer. Cuando la mujer intento dar esas caricias a su esposo, él la detuvo y la empezó a cuestionar “¿Por qué quieres hacer eso? ¿Dónde lo aprendiste? ¿A quién se lo haces?”, en verdad inverosímil. Me parece increíble que al casarse haya acciones prohibidas en el lecho marital, cuando uno eligió estar con esa pareja el resto de su vida (en principio).
            
Muchos dicen que sólo es sexual, sólo es físico, que en realidad se mantienen fieles a la pareja porque es a ella a la que siguen “amando”. ¡Por favor! Ese cuento se lo pueden creer ustedes, pero no pretendan que el mundo se lo trague (por lo menos yo no). Si su pareja no les es suficiente, no veo el por qué permanecer a su lado.

Alguna vez, en una plática entre mujeres escuche lo siguiente: “Mira, si el hombre te pide hacer algo y tú no quieres, él lo va acabar haciendo en otro lado”. Esto no es cierto sólo para el sexo sino para otras cuestiones de solidaridad, cariño, compañía, comida, detalles, etc. Porque la infidelidad tiene muchas maneras de empezar independientemente de los encuentros sexuales.

Creo que los infieles son como los adictos a las drogas, alcohol, cigarro y demás, pero estos últimos tarde o temprano dejan de recibir las dosis acostumbradas de “gozo” de sus adicciones (sin importar la cantidad o calidad). La “ventaja” del infiel es que siempre tiene un abanico amplio de posibilidades para experimentar ese “gozo” de su adicción. De hecho conozco a una persona que siempre necesita tener dos parejas para ser feliz: la fija y la eventual. A veces la eventual pasa a ser fija, pero entra una nueva persona eventual, el caso es que siempre necesita dos para sentirse en plenitud


Obviamente, cuando se trata de ser infiel, todo el mundo tiene sus justificaciones (no razones). Hay una persona, que se considera muy justa, que defiende sus constantes infidelidades de la siguiente manera: Si TODOS en el mundo son infieles, pues yo tengo el mismo derecho de andar divirtiéndome. El problema de todo esto es que su pareja, de muchos años, sí le es fiel (hasta donde sé), así que ¿no es un argumento muy barato para poner el cuerno? ¿Que va a pasar cuando formalice su relación con su pareja? ¿Va a conformarse con un solo tipo de pareja cuando está acostumbrada a la variedad? ¿Va a entregarse a una vida matrimonial respetuosa y tranquila? La lógica me dice que no.

La infidelidad es una falta de respeto sin importar las circunstancias, pero no es lo mismo iniciar los engaños ya casados que hacerlo antes del matrimonio y ¡aún así casarse! ¿Para qué? Es obvio que esa pareja no te da lo que necesitas, ¿para qué perpetuar una falta de respeto con alguien que no ha hecho (aún) nada para merecerlo? Ahora, en esto de las infidelidades hay siempre tres lados responsables: la parte engañada, la que engaña y la que se entromete, esto no pertenece a un solo lado, todos tienen injerencia en el asunto.

Hablando de la parte engañada, me sorprende el nulo amor propio que muchas mujeres engañadas tienen. Conozco DOS casos idénticos, en donde la amante se embarazó, la esposa se entero, así que se armó un escándalo, al borde del divorcio. Sin embargo, las aguas volvieron a su cauce y no paso a mayores. La esposa lo perdonó y siguen en familia, su amante tuvo a su hijo y él feliz de la vida con sus dos mujeres y el hijo pequeño. Yo no encontraba lógica, pero otra mujer que dio un argumento (transcribo literal): “Es claro, ella es la esposa, y siempre va a estar en primer lugar, no le va a dejar su “trono” a la otra perra que siempre va a quedar en segundo lugar”. Yo sigo sin encontrar la lógica, porque si te faltan al respeto no hay compromiso pero, como es lógica femenina que no logro comprender, respeto el punto.

Sólo quiero complementar que aquí hay algo de prostitución . . . . de la esposa, ya que en ambos casos dejaron de trabajar (o nunca lo hicieron) y, como dependen de su esposo, sacrifican su dignidad por su bienestar (los hijos ya eran grandes, así que no pesaban como argumento). Hace algunas décadas ésa era la constante, la infidelidad era cosa sólo de hombres, porque él tenía la seguridad que su esposa iba a apechugar y a ignorar todo lo que hiciera fuera de casa, ya que él era el único sustento.

A final de cuentas el humano sigue siendo un animal regido por sus instintos, una parte importante de la infidelidad radica en la necesidad de conquistar. Puede sonar feo, pero no deja de ser cierto, cuando uno formaliza el vínculo, deja de existir la emoción de la conquista, por eso buscan nuevos “territorios que conquistar”. Muchas veces he visto hombres que tienen auténticas súper mujeres en todos los aspectos, que las engañan con cada cosa que apenas califica como mujer, pero no es por la persona en sí, es el hecho de acceder a otras féminas, es la aventura saltarse las reglas al hacer algo prohibido mediante el engaño a su esposa.


Lo prohibido también nos invita a tener idilios fuera de la relación, a los seres humanos nos encanta que nos prohíban algo porque, de inmediato se nos torna más deseable, nos encanta tentar al peligro y romper las reglas. Esto es válido tanto para el que engaña como para la amante, porque es prohibido pero, por eso, resulta más emocionante.

Aquí radica una verdad que las mujeres no quieren ver, ya que ellas siempre nos tachan a los hombres de que somos unos calenturientos, pirujos, picaflores, etc. Pero analicen un hecho: para que haya hombres infieles, debe de haber mujeres dispuestas a andar con alguien comprometido, así que la responsabilidad es compartida. Si las mujeres en verdad fueran solidarias con su “gremio”, siendo respetuosas entre ellas mismas, pues la cantidad de hombres infieles sería ínfima y no los grandes niveles que se ven hoy en día.

Si en nuestra naturaleza no radica la monogamia, y necesitamos estar copulando con distintas parejas para ser “felices”, pues me parece una verdadera estupidez embarcarnos de manera permanente en una relación que sólo nos limita y nos hace infelices aunque, aceptémoslo, seguramente no sería tan divertido ser infiel si no existiera el matrimonio. Tal vez el problema no es la infidelidad, sí lo es pretender algo que no podemos o no queremos ser, como el ser monógamos. Sólo por creencias o prejuicios tratamos de imponernos algo que no está en nosotros, en vez de aceptar libremente (y sin culpas) que nos gusta andar picando por todos lados.

En alguna ocasión leí un estudio que dice que los humanos que somos fieles, estamos más evolucionados, porque somos más conscientes y más voluntariosos. Tristemente somos pocos los que podemos encauzar nuestros instintos, para lograr una lealtad y respeto a la pareja; esto en vez de entregarnos a nuestros deseos cual animalitos. Tal vez sea cierto que la minoría de este mundo (20 ó 30%) seamos fieles por ser más evolucionados, eso es un consuelo porque, no vamos a negar que los otros “Neandertales”, que se dejan llevar por sus instintos, se divierten más.



Creo que todo radica en el respeto, para mí, el grado de respeto muestra el nivel de desarrollo de una persona, sin importar cuánto dinero posea o la formación académica que recibió. No digo que a uno no le pueda interesar alguien más, pero es preferible decir: “¿Sabes qué? Me gusta fulanita y prefiero romper el lazo contigo antes de ponerte el cuerno” y eso me resulta más congruente, valiente y positivo que actuar clandestina y/o cobardemente.
                                  
Hebert Gutiérrez Morales

miércoles, 25 de mayo de 2011

Resulta que sólo yo soy el dogmático (¿Y su nieve?)

            Mis amistades de mayor confianza siempre me han recalcado que soy un ser dogmático e intolerante, y tienen razón. Soy una persona que se compromete fielmente con sus ideales y lucha por ellos hasta el final. A veces eso resulta positivo (la mayoría) y, a veces, se torna negativo.

            Lo que me parece increíble es que, por la forma que habla la gente conmigo, pareciera que soy la única persona con estas características en el mundo (o por lo menos en sus respectivos mundos).

            Sin embargo también he notado que esas mismas personas tienen sus propios dogmas pero no son conscientes de ellos. Un ejemplo: hace unas semanas me dolía la panza, una amiga me pregunto qué había comido y, cuando le recite la letanía de TODO lo que me había engullido, sólo espero la palabra mágica (camarón) y hasta sus ojos se iluminaron y me interrumpió: “Ahí está ¡Fue el camarón! ¡Por eso estás mal!”. Mi amiga es alérgica al camarón (o eso dice ella), como para ella no es bueno el camarón ¿a todos nos tiene que hacer mal? ¿Acaso es doctora y su dictamen se fundamentó en estudios? No, sólo se basó en su experiencia y sacó su conclusión: Fue el camarón, fin de la discusión.

            Tengo una relativa amistad con dos mujeres de carácter fuerte (que de conocerse entre sí se amarían o se odiarían a muerte), recientemente tuve conversaciones con ellas (aunque en realidad ellas sólo hablaron y yo escuchaba). Los temas eran diferentes pero la tónica era la misma: ellas estaban indignadas por un tema, me expusieron sus puntos de vista y prácticamente me exigían que les diera la razón. Yo, que conocía el otro lado de las respectivas historias, me límite a escuchar y dejar que se desahogaran pero, independientemente que una tuviera más razón que la otra ¿por qué me exigen que les dé un dictamen a favor? Ambas, en su respectiva oportunidad, me estuvieron acosando para que les dijera que ellas estaban en lo correcto (como si eso fuera a inclinar la situación a su favor).

Toda historia tiene, por lo menos, dos versiones, nadie puede exigir que se le dé la razón de buenas a primeras sin conocer todos los hechos, pero ellas sí (y así son en todos sus asuntos) ¿Ellas se reconocen como dogmáticas? ¡Por favor!, si les hiciera la pregunta, me arrancarían de cabeza por atreverme a dudar de su “ecuanimidad” y “objetividad”, además de que poseen la verdad universal (dentro de su manera de ver la vida). Recalco, ¿Y el intolerante soy yo?

            Otro ejemplo, una querida amiga me comento que, en los mails que les mando los ensayos, debería hacer mis introducciones más cortas: “De hecho deberías decirles ‘Gracias a los que me leen y los que no #%&$?!#’ ¿Para qué les das más explicaciones”. Tal vez tenga razón, porque yo tiendo a explicar mucho pero ¿cuántos de ustedes me leerían si tuviera una actitud tan pedante? Dudo que más de tres personas lo hicieran.

Obviamente mi amiga estaba un poco de malas, así como muchos de nosotros lo estamos, de ahí muchas respuestas violentas a los ensayos que he escrito con anterioridad pero ¿el estar de malas nos da derecho a perder la educación? ¿El hecho de que alguien opine diferente a nosotros nos da derecho a decirle que se calle? El sentido común me dicta que no (aunque sea el menos común de los sentidos).

            Yo estoy tratando de resolver mi dogmatismo e intolerancia mediante distintas formas: terapia, lecturas, talleres y estos mismos ensayos que me permiten intercambiar ideas con una gran variedad de personas que, semana a semana, me dan la oportunidad de conocer sus puntos de vista. Aunque la gran mayoría de los comentarios son positivos, también me he encontrado con gente que no le gusta lo que escribo y me lo hace saber.

            Lo que me encanta es que, algunas de esas personas, se apasionan tanto que me escriben: “Tú no deberías opinar de esto”, “Es irresponsable que escribas de este tema” “No voy a permitir que escribas eso” “Me parece increíble que opines así”, etc. (y conste que no los transcribí con la violencia que en realidad los recibí).

            Obviamente, ya respondí (educadamente) a esos mails en su respectiva oportunidad y, como lo aclare a cada uno de ellos: Yo NO poseo la verdad universal (aunque mi ego opine lo contrario); de hecho NADIE la posee. Lo que aquí escribo, simple y llanamente, es mi humilde opinión (a veces ni tan humilde, debo admitir); es lo que creo y lo que opino al respecto, así como cada uno de ustedes tiene su opinión respecto a los temas expuestos.

            Alguien podrá decir “Pues infórmate antes de escribir tan irresponsablemente”. Yo no me pongo escribir del Hockey sobre hielo (por ejemplo), porque carezco totalmente de conocimientos mínimos del tema, sólo sé que no me gusta y eso no es suficiente para hacer un ensayo (por lo menos no uno que valga la pena).

            Yo escribo de los temas que me interesan así que, aunque mi nivel de conocimiento no sea de experto, por lo menos sí es una opinión respaldada en lo que siento, veo, leo o escucho al respecto. Tal vez quieran que me ponga a preguntar a medio mundo lo que opina sobre el tema y hacer un artículo “objetivo”: ¿a qué hora? Yo trabajo y esto es un simple hobby/terapia de mi parte, la cual hago con toda la seriedad posible pero tampoco vivo de ello. Aunque debo de admitir que, aunque no reciba dinero por ello, las gratificaciones personales que me llevo son abundantes.

            Aún suponiendo que tuviera tiempo de recolectar opiniones, ¿a qué llegaría? Si nunca he logrado una aceptación del 100% de mis ensayos, ni siquiera de los más melosos, ¿cómo la voy a lograr en los temas más controversiales?

            En otras ocasiones me han dicho que, si yo no he experimentado algunas de las cosas sobre las cuales he escrito, entonces no debería opinar, porque no tengo derecho a hacerlo. ¿Por qué no tengo derecho a opinar? Vivo en una sociedad libre y puedo opinar lo que quiera. Nadie está diciendo que lo que escriba sea totalmente correcto o que sea cierto. Es factible que mis opiniones sean totalmente erróneas ¿Y qué? No soy ni el único, ni el primero ni el último que opinará erróneamente sobre algún tema que no ha experimentado (cuantos comentaristas y entrenadores de distintos deportes no lo practicaron profesionalmente).

            Me llaman la atención todos estos comentarios de “¡Tú no opines!” “¡Cállate!” sólo porque lo escrito difiere de lo que ellos creen. ¿Cuántos de nosotros hemos criticado a personas radicales? ¿A Dictadores o líderes políticos? Todos lo hacemos: la sociedad, las noticias, la comunidad mundial, etc. Pero ¿cuántos de nosotros somos iguales? ¿Cuántos tenemos un Hitler o un López Obrador en nuestro interior? Si tuviésemos la oportunidad, actuaríamos igual o peor que ellos pero, como no la tenemos, nos atrevemos a tacharlos desde nuestra postura de “santos inmaculados” y de seres 100% ecuánimes.

            Tristemente no son pocas las personas que me dicen “¡Tú no puedes opinar!” y ¿saben qué? Voy a seguir opinando, bien o mal, es mi derecho. También sé que voy a seguir recibiendo las expresiones de estas personas que están en desacuerdo con mis escritos y está bien, ¡porque también son libres! Aunque la diferencia radica en que yo no les digo que se callen.

            Aún así, son frecuentes los comentarios de lo que debería y no debería hacer en los ensayos. Tal vez podría hacerlo en busca de ser popular; si escribiera por popularidad mis escritos carecerían de valor (por lo menos para mí) porque no serían auténticos; si buscara poner lo que la gente quiere leer, lo único que lograría sería indiferencia, porque resultaría acartonado e igual a muchas otras personas. No puedo dejar de ser leal a mis principios, creencias, valores, ideales, educación y, resumiendo, a mí mismo. Yo he seguido un principio: Escribo para y por mí, además de que agradezco que ustedes tengan la gentileza de leerme y darme sus comentarios.

            Algo que aprendí hace tiempo es que, a parte de imposible, es muy cansado tratar de darle gusto a todo el mundo, porque cada cual tiene una manera particular de ver la vida y, ese es mi punto, lo que aquí escribo es MI manera PERSONAL de percibir la realidad.

            Les ofrezco una disculpa si no escribo cómo muchos de ustedes quisieran, pero no habito en sus mentes, sólo conozco mi manera de percibir la realidad,  la cual comparto con ustedes, y cuando me dan sus comentarios conozco sus respectivas maneras de vivirla.

            “Mal de muchos, consuelo de tontos” reza el dicho. El hecho de que haya más personas dogmáticas e intolerantes en el mundo, no me debe hacer feliz (bueno, sólo un poco, no lo puedo negar).Sé que debo de mejorar, soy consciente y estoy haciendo algo al respecto pero ¿Qué pasa con todas esas personas que sólo juzgan y no se analizan a sí mismas? ¿No se sentirán solitarias al vivir con la verdad universal en un mundo de simples mortales?

Hebert Gutiérrez Morales

domingo, 22 de mayo de 2011

Intolerancia

       "El nivel de desarrollo, tanto en individuos como en sociedades, es inversamente proporcional a los prejuicios que se tienen" – Hebert Gutiérrez Morales.

           Desde mi adolescencia siempre he recibido críticas de los demás, por lo que me he ganado fama de intolerante y dogmático. No voy a negar parte de lo que soy, y estoy trabajando en ello, de hecho ahondaré más en mi tema en el siguiente ensayo. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que algunas de esas críticas tienen fundamentos, pero la gran mayoría se basan en que mis decisiones no son iguales a las del resto.

           Ahí está lo irónico del asunto, como no vivo conforme a lo que los demás esperan de mí, YO soy el intolerante, porque no me adapto a lo que la sociedad dicta. Sé que es un comportamiento inconsciente pero ¿no es ridículo que sólo haya un camino “correcto” para vivir?

Recientemente empecé a dejarme la barba, obviamente hay gente a la que no le gusta, a la que sí y a la que no le importa (como todo en la vida). No pretendo agradar a todos, pero hubo un par de mujeres que me exigieron vehementemente que me rasurara. Si ni novia tengo, pues menos voy a permitir que alguien más me diga que tengo o no tengo que hacer con mi cuerpo. Luego no se quejen de por qué no les duran los novios.

Yo mismo les digo a mis amigas del trabajo cuando me gusta o no su atuendo y, bromeando, les llego a decir que ya no se pongan tal o cual prenda, pero no exijo nada. Uno puede emitir su opinión sobre si le agrada o no algo, pero la otra persona es libre. Aunque fuese su novio o su papá, no puedo andar exigiendo sobre vestimenta, acciones o pensamiento de ellas.

¿Por qué tenemos (me incluyo) esa necesidad de juzgar si algo está bien o está mal? ¿Por qué no podemos tener esa paz espiritual, esa tranquilidad mental de aceptar las cosas simplemente como son? Siempre las vemos como “deberían” ser desde nuestra prejuiciosa perspectiva. Hay muchas cosas que simplemente son diferentes y no por eso están bien ni mal.

            En México nos ufanamos de que somos bien ecuánimes, que aceptamos a todos y, como ejemplo, no tenemos problemas con dos de los grupos más prejuiciados: los negros y los judíos. En realidad es fácil para nosotros, porque casi no tenemos negros ni judíos pero, como nos encanta seguir las “modas mundiales”, ¿seríamos igual de tolerantes si tuviéramos poblaciones representativas de ambos grupos en nuestro país? Sería algo interesante de observar. Por lo pronto, no tenemos cara para defendernos cuando se trata de los derechos humanos de los indígenas, porque ahí ya no somos tan ecuánimes ni tolerantes.

Hoy en día muchos se sientan en su pedestal de ecuanimidad y perfección para criticar a los Nazis, las guerras religiosas, la xenofobia, la crucifixión de Cristo y demás ejemplos penosos de la humanidad. Déjenme decirles que todo eso empezó por diferencias de opinión, ideas, creencias o raza y la intolerancia que eso desató. Aunque hoy nos creamos muy superiores y evolucionados, no hay gran diferencia entre nosotros y los humanos de hace 2000 años.

            Si no podemos aceptar que se piense diferente a lo que pensamos, ¿Qué pasará si además se ven diferente, tienen otras creencias, otras costumbres, otras ideologías políticas y demás maneras de moverse por la vida? No es necesario (ni posible) que aceptemos todo a nuestro alrededor, podemos tolerar y respetar sin tener que compartir lo que no nos gusta. Es un hecho que cada uno de nosotros cree poseer la verdad universal, porque consideramos que nuestras formas de percepción de la existencia son las más cercanas a como es la realidad. Esto es ridículo, porque hay casi 7000000000 maneras “mejores” de ver la vida y no todas pueden estar en lo correcto (es más factible que todas estén equivocadas).

            Dentro de las enseñanzas que profesan las religiones judeocristianas, hay una que dicta “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Al haber tantos practicantes de estas religiones, ¿por qué sigue habiendo tanto odio en todo el mundo? ¡Ah! Porque este dicho es “mañosamente” interpretado de la siguiente manera “Amarás a tu prójimo (cristiano, judío, blanco, negro, mexicano, gringo, europeo, asiático, rico, pobre, o lo que aplique) como a ti mismo”. Si una persona no piensa, se ve o cree en lo que nosotros creemos, entonces no lo consideramos nuestro igual y, de inmediato, ya le tenemos un prejuicio por no compartir con nosotros la “verdad universal”. A veces ni siquiera se les considera humanos (como tristemente se ven en tantos conflictos étnicos y religiosos a lo largo de nuestra historia sobre la faz de la tierra).

            Podemos explicar al mundo cómo vemos la vida, por qué la vemos así, nuestras razones que sustentan estos puntos de vista, pero no podemos obligar a nadie a compartir nuestra forma de vivir o de percibir la realidad. Podemos fundamentar todo lo que creemos de manera convincente pero no podemos hacer que otros crean lo que nosotros creemos, podemos dar razones, pero no obligar. No entiendo por qué tenemos esa necesidad de que los demás hagan, piensen, digan o vivan lo que nosotros hacemos, pensamos, decimos o vivimos

Cuando era niño me preguntaba “¿Qué le pasa a esos países locos que no están en la ONU?” hoy en día me doy cuenta que es su derecho y hasta aplaudo su valentía de no afiliarse a un organismo sólo porque el resto así lo quiere, nadie tiene por qué obligarlos. Terroristas aparte, se deben respetar a los individuos por lo que son, lógicamente no se les va a aceptar su daño a terceros. Y cuando menciono el daño a terceros no aplica “Es que sus creencias me son ofensivas”, ese es un problema propio pero muchos se justifican en él para agredir. Yo me refiero daños a terceros como físicos, económicos o un ataque moral directo (no sólo porque no me comparto sus ideas).

“Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos. Dejamos de ser agresores para convertirnos en defensores. La envidia, la codicia o el resentimiento que nos mueven quedan santificados, porque nos decimos que actuamos en defensa propia. El mal, la amenaza, siempre está en el otro. El primer paso para creer apasionadamente es el miedo. El miedo a perder nuestra identidad, nuestra vida, nuestra condición o nuestras creencias. El miedo es la pólvora y el miedo la mecha. El dogma, en último término, es sólo un fósforo prendido” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

No tenemos por qué matar, castigar o encarcelar a alguien distinto a nosotros. Como humanidad nos encanta juzgar como si fuésemos inmaculados pero NADIE lo es, todos tenemos errores y por lo mismo debemos ser tolerantes con los demás.

Cuando nos volvamos sensatos y aceptemos las diferencias que hay con el resto de la humanidad, es factible que nos seamos mejores seres humanos, algo de lo que necesita este planeta porque algo que sí hemos dado, y a manos llenas, es una cantidad impresionante de violencia generada por tanta intolerancia. No aprendemos, como humanidad, que la violencia sólo genera más violencia y ya es hora de romper ese círculo vicioso.

            No se trata de que todos pensemos igual, veamos la vida de la misma manera y tengamos las mismas costumbres, ya que eso es imposible debido a que todos somos distintos. Debemos de aprender a aceptar las diferencias de los demás, ya que nunca va a ver otra persona igual a nosotros (ni físicamente, ni en gustos, ni en creencias, ni demás características), pero como sólo tenemos un único planeta, pues debemos aprender a vivir unos con otros.

Hebert Gutiérrez Morales

miércoles, 18 de mayo de 2011

Evolución

"El caminar erguidos y la moral no figuran en la naturaleza humana, son cualidades aprendidas y desarrolladas por nosotros mismos; sólo que una fue aceptada de manera unánime y la otra de manera aparente" - Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 14 de mayo de 2011

U2 en el Azteca

            El pasado Miércoles once de Mayo no sólo fui a un Concierto de U2 en el estadio Azteca, de hecho viví a U2 en el mismo lugar, porque fue una experiencia total y única que llevaré siempre en mi mente y corazón.

            El viaje de ida fue entretenido porque mi amigo Luis y yo siempre tenemos mucho de qué platicar, además de que nos sirvió para conocer algunas de las nuevas vialidades del DF y, personalmente, reafirmar mi idea de esta Megalópolis: Aunque no pienso a volver a vivir ahí, es una ciudad que me encanta visitar por todo lo que te ofrece.

            Llegamos temprano y nos dio tiempo para adquirir playeras y artículos tanto oficiales como “genéricos” aunque, los vendedores de estos últimos, tuvieron que recoger sus puestos ante la llegada de la Autoridad (traducción, no se habían “mochado” con su cuota y por eso les recogieron los puestos). Antes de entrar al recinto nos echamos nuestros tacos bien grasosos, pero bien sabrosos, los míos fueron de pechuga con papas y papas con chorizo. Una vez adentro, nos recibieron las edecanes de Nextel, las cuales no podré olvidar: Es increíble que existan mujeres tan increíblemente atractivas, y en el mismo plano existencial que nosotros, y ahí mismo me pregunte ¿No las podrán contratar en mi Gerencia? Son chicas que siempre tendré en mi mente (Especialmente en esas noches de soledad).

            Antes de entrar salude a Gabriel, y una vez adentro a Jan y Jorge, tres colegas de trabajo que cada cual fue por su lado y, al saludarnos nos trasmitíamos la buena vibra de estar ahí, disfrutando con U2 y no en la oficina trabajando horas extras. Antes de que iniciaran los abridores, el inmueble estaba a tres cuartos de su capacidad y yo me sentía un poco incómodo porque pensé “¡Qué pena con Bono y los muchachos si esto no se llena!”

            Los Teloneros fueron un grupo mixto británico (porque parece que son escoceses pero con integrantes irlandeses) llamado “Snow Patrol”, del cual no había escuchado nada pero del que me lleve una grata sorpresa: ¡Qué bárbaros! ¡Son excelentes! Tienen un estilo muy suyo y que me recuerda a mi adorado “Keane”, no precisamente en lo musical, sino en la honestidad, personalidad, limpieza, esencia y corazón que le ponen a su música. Me dio mucho gusto saber que hay bandas “nuevas” que pueden hacer música de calidad, siendo auténticos y sin tener que valerse de poses o escándalos para llamar la atención (como la gran mayoría del panorama musical actual).

            Si el grupo principal no hubiese sido U2, creo que le hubiéramos pedido a “Snow Patrol” que regresara al escenario. Al acabar su presentación, me dí cuenta que el lugar ya estaba casi lleno, y ya sólo estábamos en espera de U2, mientras aguantábamos una incipiente lluvia. Pasó una hora y nos empezamos a impacientar, intentamos hacer la ola pero, unos zoquetes a medio estadio, siempre nos la mataban. Empezamos a chiflar y de ahí oí un comentario que me encantó “¡Pinche Bono! ¡Ni que fuera de chocolate! No le va a pasar nada si se moja”. Entonces, para apaciguarnos un poco, nos pusieron el “Cielito Lindo” y nos pusimos a cantar (al igual que la mayoría, yo sólo me sabía la estrofa principal).

            Finalmente salió U2 y enloquecimos, ciertamente no fue una salida monumental, porque sólo salieron del túnel mientras todos les aplaudíamos, pero eso no importaba porque ya estaban a punto de deleitarnos. E iniciaron con “Even Better than the Real Thing” y todos nos prendimos. Como me comentó posteriormente Jorge, en la oficina, estábamos emocionados por el inicio  de la presentación pero había un detalle que se agradece: Se veía como U2 estaba interpretando con todo lo que tenía, nos estaba respetando como sus fanáticos y se estaban entregando a nosotros, por lo que les retribuimos con lo mismo: entrega total.

            Ya encarrerados, nos prendió aún más con “Until the end of the World” que es una canción que me encanta, con un solo de guitarra espectacular de The Edge, además de “Magnificent” que es la canción que más me gusta de su último disco. Quiero mencionar que, durante toda la noche, sus interpretaciones eran impecables, con una calidad igual o, inclusive, mucho mejor que sus grabaciones de estudio, y no era para menos, estamos hablando de la banda más importante del planeta y tal vez, en un futuro, sea considerada la mejor banda de todos los tiempos.

Aunque “Stuck in a Moment” no es de mis favoritas, no puedo negar que fue una ocasión muy padre del show, porque la interpretaron de manera acústica y le imprimieron tanto sentimiento que resultaba imposible no engancharse. Otro gran momento fue cuando, después de unas palabras de Bono, todo el público cantó la primera estrofa completa de “I Still haven’t found what I’m looking for”, hasta la piel se me puso (aún más) chinita.

            Dentro de la presentación, tuvimos una oportunidad única, porque estamos acostumbrados a que Bono nos deleite con su canto pero, como un día antes había sido su cumpleaños, todos nosotros le cantamos el Happy Birthday (con la complicidad de The Edge). Se siente padre que uno como fan participe en un detalle a su grupo favorito, aun siendo algo tan “insignificante” como cantarle en su cumpleaños, aunque no creo que pase desapercibido que lo hagan 120000 almas al mismo tiempo.

            Algo que me encanto de este concierto es que estuvo lleno de detalles para nosotros, hubo un espacio en dónde subieron a una chica al escenario a leer un pensamiento de Nezahualcóyotl y el mismo Bono lo repitió en español. Otro momento especial, de hecho me sacó lágrimas, fue cuando cantaron “Miss Sarajevo”, Bono cantó la parte del fallecido Luciano Pavarotti. Personalmente no esperaba mucho de su interpretación en esa parte pero, me conmovió la pasión, la fuerza y la profundidad con la que se entregó; me emocione tanto que, mientras escribo esta línea, se me han vuelto a salir las lágrimas sólo de acordarme del sentimiento de la interpretación.

 “City of Blinding Lights” fue de mis canciones más esperadas y más disfrutadas, pocas veces en mi vida he cantado algo con todas mis fuerzas y todo mi ser, como si mi existencia dependiera de ello, se me acabó la voz cantándola, pero lo volvería a hacer las veces que fuera necesario. Lo malo es que, por la inclinación de las gradas, no pude brincar todo lo alto que me hubiese gustado durante la canción porque, tal vez, unos cuantos hubiésemos acabado en el hospital.

            “Mysterious Ways” es una canción especial para mí, aunque no de mis favoritas. No me encanta, pero fue con la cual conocí a U2 hace 20 años y, desde entonces, soy su fan incondicional. Cuando escucho esa canción en vivo, inevitablemente recuerdo mi época de chamaco cuando empecé a conocer a esta maravillosa banda.

            Tengo que mencionar que el show que traen para esta gira es algo imponente además, como fanático, se agradece mucho, porque invirtieron bastante dinero en un escenario que permite a TODO el público disfrutar del Show, sin importar lo lejos que se encuentre; el espectáculo de luces es muy variado, lo cual complementa perfectamente a  la pantalla, una auténtica maravilla, la cual tiene una nitidez estupenda y es bastante versátil, como lo pudimos ver cuando se expandió para la interpretación de “Discotheque”.

            Ese mismo escenario nos hizo que los dos “Encores” fueran bastante entretenidos, el primero fue un mensaje conmovedor (de un señor de raza negra que no logre identificar) que nos decía la importancia de ayudar a los niños de África, porque a fin de cuentas todos somos una sola humanidad y un solo ente. Obviamente, con esa entrada, la canción a tocar era “ONE”. Por cierto, a mí siempre me gustó más el vídeo de los Búfalos que el de los Autos en Berlín, pero es cuestión de gustos. El segundo Encore fue de unos extraterrestres bastante simpáticos.

            Obviamente todos enloquecimos con las interpretaciones de clásicos como “Pride (In the name of Love)”, “Where the streets have no name” “Sunday, Bloody Sunday” “Beautiful Day” “Elevation” o “With or without you”, que eran obligados en la velada y que todo la fanaticada cantó a coro con Bono. Por cierto, durante algunas canciones, ponían imágenes de la banda de hace más de 25 años y, de alguna manera, resulta catártico ver cómo uno va creciendo con una banda durante tanto tiempo.

            Cuando cerraron con “Moment of Surrender”, con una visión imperdible del estadio iluminado en su totalidad por celulares, me dí cuenta que no tocaron “Bullet in Blue Sky” y eso me llamó la atención. Yo sabía que tocaban esa canción como signo de protesta en todos sus conciertos desde hace varios años pero, ahora ya no la tocaron. ¿Será que ya dejaron de protestar? ¿Se dieron cuenta que no vale la pena? O ¿encontraron otras maneras de hacer presión al “Sistema”? Ojala alguien pueda aclararme la razón.

            Personalmente yo tengo clasificadas las canciones de U2 en tres grupos: Las íntimas, que son canciones que me llegan al fondo del alma y que, por una u otra razón, me conmueven en lo más profundo de mi ser (por ejemplo “Kite”, “Promenade”, “Who’s gonna ride your wild horses?”, “October”, “Mothers of the Disappeared”, etc.). El segundo grupo sería las canciones que me encantan (como lo son “All I want is you” “Electrical Storm” “Mofo” “Stay (Far away, so close)” entre muchas otras). Y en el tercer grupo están las canciones que sólo me gustan a secas (“The Fly” “Mysterious Ways” “Zooropa”, etc.) y dos abominaciones que no alcanzan siquiera clasificación como son “Numb” y “Lemon”, de las cuales me reservo mis comentarios.

            ¿Por qué hago está aclaración? Porque hubo algunas canciones del tercer grupo que también disfrute mucho y cante con todas mis fuerzas, entre ellas “Walk on”, “I will Follow”, “Get on your Boots” ó “Vértigo”. Ahí me dí cuenta que, en esa noche, me daba igual las canciones que tocaran, aún así, me hubieran deleitado igualmente, todo por la energía, el profesionalismo, la pasión y entrega que U2 demostró a toda hora. Es muy padre ser parte de un sentimiento, afición o experiencia simultáneamente con decenas de miles de personas que comparten tu gusto por un grupo y su música

La forma de tocar la batería de Larry Mullen Jr. Es simplemente espectacular y no dudo que esté entre los tres mejores bateristas del mundo. El Bajo de Adam Clayton es muy importante porque, aunque no luce como los otros tres integrantes, es el que les “pavimenta” el camino para que ellos transiten confiados. “The Edge” es un auténtico lujo tocando la guitarra, con un estilo inconfundible e inimitable. Obviamente Bono es que más brilla y el que más halagos se lleva, lo cual me recuerda la razón de por qué lo eligieron como cantante al formar la banda (palabras de Larry Mullen jr.): “No era el que mejor cantaba, pero tenía una personalidad y carisma que era imposible no elegirlo”. Qué bueno que Bono es el cantante de U2 porque, con el tiempo, fue perfeccionando su canto, pero ese carisma le ha valido gran parte del éxito a la banda.

Si a mí me preguntaran, cambiaría la mitad de las canciones que escuche en la noche por algunas de mis más íntimas, pero también soy consciente que no era un concierto para mí, sino para 120000 personas, así que era obvio que tenían que cantar cierto tipo de canciones. Aún así, estoy agradecido con U2 por obsequiarme una experiencia que llevaré siempre conmigo. Hace cinco años, con la gira “Vértigo” me fui muy feliz del mismo coloso de Santa Úrsula, pero la satisfacción que me lleve ahora no tiene comparación.

Gracias a U2 por su seriedad, originalidad, dedicación, sencillez y por todo lo que nos dan con su música tan única.

            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 7 de mayo de 2011

Pachequeando se llega a Roma

¿En qué consiste tener una buena vida? ¿Hay una regla para conseguirla? Muchos podrán decir que a través de una buena educación y unos valores firmes, bueno ¿Cuánta gente valiosa vive “inmerecidamente” mal? Y ¿Cuánta “basura humana” vive “inmerecidamente” bien? Otros podrán decir que mediante los estudios y la formación académica, bueno no tengo que recordar la cantidad de profesionistas que trabajan de taxistas (trabajo digno, pero no fue para lo que estudiaron) o que de los hombres más ricos del mundo, hay bastantes que dejaron su formación académica (aunque el tener dinero no significa forzosamente ser feliz).

¿Acaso consiste en vivir en un país desarrollado? Pues Estados Unidos es (todavía) el país más rico del mundo y, sin embargo, hay muchas personas ahí que desearían las comodidades que un modesto Ingeniero (como yo) lleva en una economía emergente, como lo es México. Algunos fanáticos podrán decir que la fe y las creencias, pero si se fijan los seres más creyentes son, en general, los más fregados e influenciables.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Honestamente, no lo sé.


Yo sólo me pregunto, ¿acaso no es posible que TODOS podamos llevar una existencia decente? Ojo, no digo que todos seamos millonarios, yo no lo soy y creo que vivo bien. Claro que el hecho de que somos casi 7000000000 de seres humanos (puse el número a propósito porque resulta más impactante) influye la baja calidad de vida, y lo más triste del asunto es que la gente menos desarrollada es la que más contribuye al crecimiento de esa cifra.

Sé que suena ridículo, pero a veces creo que la suerte tiene mucho que ver en los caminos que cursamos. Yo de pequeño me quejaba de que mi existencia era más “difícil” que las de mis amiguitos: a mí no me hacían regalos por sacar buenas calificaciones, mientras que a ellos les obsequiaban maravillosos juguetes sólo por pasar de año (y mediocremente, debo añadir). Aparte de todos mis deberes en el hogar y académicos, para ganarme mi mesada, debía hacer actividades adicionales (como ser ayudante de mi papá o lavar el coche).

A mí nunca me dieron videojuegos, porque me “idiotizaban” o una “avalancha” porque era peligrosa, así que tuve que ahorrar de mi dinero para adquirir mi Avalancha y mis videojuegos y, ¿saben qué? Los disfrute como nunca nada disfrute en mi niñez/juventud, porque me los había comprado yo, con mi dinero y con el esfuerzo que hice para ahorrar ese dinero en vez de gastármelo en otras tonterías.

Debo reconocerle a mis papás que aunque no me los dieron, no me impidieron comprármelos, porque yo era libre de hacerlo y me dieron esa facultad y responsabilidad desde pequeño, tal vez no era su intención, pero me dieron un regalo mucho más valioso que cualquiera que pudo recibir mis amigos en su infancia: Disciplina. Hay un dicho que me encanta de Confucio “Cría a tus hijos con un poco de hambre y con un poco de frío” y vaya que tiene razón.

Conozco a jóvenes de la actualidad que fueron educados y mimados por sus progenitores, que les prodigaron todo lo que les fue posible: viajes, ropa, educación privada, autos, juguetes, relojes, celulares, etc. No voy a decir que son malos chicos pero los noto con una desventaja contra mí a esa edad: no saben ganarse las cosas.

Tengo otras amistades aún más jóvenes y, me resulta increíble que, a pesar de que viven en situaciones “precarias”, les compran sus Smartphones valuados en más de 500 USD. ¿De quién es la culpa? ¿Del niño mimado o del tutor solapador? En esta ocasión, el dedo acusador se dirige al progenitor, ya que si se le dice al joven “No hay”, en verdad no hay dinero, pero ¿qué hacen? Privilegian su capricho sobre la necesidad familiar.

Por eso mismo, estos niños se frustran al llegar al mundo real (fuera del alcance de papi), porque fueron mimados y de pronto encuentran algún obstáculo y pareciera que se les acaba el mundo. Pero, para suerte de ellos, el mismo mundo los va a “reeducar” y, como están jóvenes aún, están aprendiendo que la vida real es distinta. Por su bien, ojala se reeduquen al respecto.

Regresando a mi caso, a partir de la Preparatoria empecé a ir a escuelas privadas, eso quiere decir que me eche algunos años en educación pública y fueron muy provechosos. Alguna vez escuche que ir a escuelas públicas es como entrenarte para la guerra de Vietnam (en esa época, ahora sería Irak o Libia), pero ese entrenamiento con otros niños reales, fue oro molido para mí.

Fue hasta la Prepa cuando supe y sentí la distinción de clases, cuando uno es más por la ropa que viste, los zapatos que calza o los lugares en que vacaciona; no lo voy a negar, yo también pretendí ser más de lo que era, por no quedarme atrás en esa lucha de poder implícita. Pero, para los menores de 18 años que me llegan a leer, les puedo decir: el mundo adulto no es como en la Preparatoria. Obviamente la gente sigue blufeando, pero en la escuela presumes lo que te dan tus “Papis” y en la sociedad adulta sólo puedes presumir lo que te ganas tu mismo (aunque tristemente hay algunos que siguen bajo el cobijo de sus “papis” o que blufean lo que no pueden costear).

Por muchos años yo culpe a mis papás por todo lo que no fui y todo lo que no recibí, pero ya no más.

Por decisiones y traumas míos, he tenido experiencia sentimental austera, por no decir pobre, pero es un tema que estoy trabajando y que, afortunadamente, hay bases sólidas sobre las cuales construir. Aparte de eso, sólo tengo agradecimiento para mis padres, aunque en su momento me queje de todo lo que no me daban, ahora apreció todo lo que me enseñaron y que hacen de mí (considero) un hombre productivo. Uno se va dando cuenta cómo funciona esta vida con el paso de los años, justamente al no darme todo lo que yo quería, me enseñaron a ganármelo por mí mismo y evitaron que fuera un inútil vividor.

Nadie nace sabiendo ser padre, uno va aprendiendo en el camino de lo que le enseñaron (otros “inexpertos”) y lo que tienen por sentido común. Muchas veces obviamos todo lo que ellos nos enseñaron durante nuestra formación, lo damos por sentado, como si hubiese sido su obligación y lo pasamos por alto. Pero no les perdonamos todo lo que no fueron, todo lo que no nos dieron, además de que nos acordamos claramente de sus defectos y carencias. Eso no somos capaces de olvidarlo (perdonarlo, jamás, porque sistemicamente a nosotros como hijos nunca nos va a corresponder “perdonar” a nuestros padres porque no tenemos NADA que perdonar).

Es injusto que le demos más peso e importancia a lo que nunca fue que a lo que en realidad es, porque esa formación que recibimos se demuestra día a día. Somos lo que somos en gran medida a lo que nuestros progenitores hicieron (bien o mal). Si los resultados son positivos, pues les debemos mucho; por otro lado, si somos narcotraficantes, violadores, asesinos, ladrones y demás, entonces sí podríamos reclamarles, aunque no del todo, porque nosotros también tenemos mucha responsabilidad en esa realidad.

Sólo para aclarar, no digo que la educación que recibí sea la ideal para todos los casos, ahí está lo maravilloso del asunto: esto de educar hijos es un verdadero arte, ya que uno trabaja con los elementos que recibe. Yo, por ejemplo, no mandaría a mis (hipotéticos) hijos a escuelas de gobierno, y no porque no quiera que se “ensucien” (ya que son muy dignas), sino porque la calidad de la enseñanza pública de la actualidad está a años luz de la que yo recibí. Pero sí tendría que ver, de qué otra manera, los haría conscientes de que no son “seres divinos”, porque son de carne y hueso como cualquier otro humano en este planeta.

             Retomando el inicio, no sé cómo se consigue una buena vida, y tal vez sí es suerte. Yo tuve la suerte de tener la educación que recibí de mi madre (principalmente), de mi padre putativo (en menor medida) y de mi padre biológico (por los genes). Y por eso honro todo lo bueno y malo que he vivido hasta el momento porque, aunque no ha sido un camino 100% feliz, creo que es la ruta que necesitaba seguir para darme cuenta de lo que hoy me resulta claro.

            «Cuando tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años».– Mark Twain

Dedicado a mi mamá, a mis papás y a todos los tutores que, tal vez, no reciban el reconocimiento por el trabajo que están haciendo y, sin embargo, lo hacen.

Hebert Gutiérrez Morales.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Sabor

"La necesidad es la sal de la vida: si tienes poca es insípida (sin chiste); si tienes mucha, es salada (y desagradable)" - Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 1 de mayo de 2011

El matrimonio del futuro

           ¿Por qué nos negamos tan a menudo en confiar en nuestros instintos y en lugar de eso hacemos un esfuerzo por aceptar situaciones que son defectuosas y hasta imposibles?” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)


            No es un secreto que, en los últimos años, se ha incrementado exponencialmente el número de divorcios. Obviamente las causas son muchas: falta de comunicación, poco conocimiento mutuo, falta de honestidad, diferencias de valores, faltas de respeto, incongruencia de metas, etc.

            Adicional a éstas, y todas las razones que me mencionen, hay un hecho muy evidente y que tiene que ver con el matrimonio en sí: el compromiso. Cuando ambos empiezan su unión, no hay nada legal que los vincule, no hay una “institución” que avale su amor, no hay nada de por medio que “legalice” sus sentimientos, sólo eso: lo que siente el uno por el otro, la lealtad y cariño que cada parte tiene hacia la otra persona, esas ganas de querer estar con quien nos hace tan cursimente felices.

            ¿Qué pasa cuando se casan? ¿Por qué él deja de tener detalles? ¿Por qué ella se deja de arreglar? ¿Por qué él empieza a estar panzón? ¿Por qué ella deja de ser dulce? ¿Dónde quedo la tolerancia inicial? La razón principal es que la lealtad ya no radica de uno hacia otro (“¿Para qué? Ya no es necesario”), ahora el compromiso habita totalmente en el mentado papelito que avala que el uno le pertenece al otro “legalmente” y ese otro ya se fregó, porque (en teoría) no puede estar con alguien más.

Personalmente, creo que antes de casarse todas las parejas deberían vivir uno o dos años bajo el mismo techo, pero hay un problema: Nuestra conservadora sociedad (por no decir mustia). El vivir juntos antes del casamiento es mal visto, “¿Cómo te vas a mudar con un hombre antes de casarte?” acusándola (prácticamente) de prostituta por la “intachable” sociedad, que tan buenas costumbres muestra.

Tengo la certeza que mis propuestas son propositivas y dan soluciones para que todo el mundo (incluyendo a la bendita sociedad) esté tranquilo. Así que empecemos.

AL CASARSE, los trámites son los mismos, con las siguientes modificaciones: es un acta con duración de un año, con bienes separados y sin derecho a tener hijos, si los tienen pasa a ser permanente (por lo menos tanto como lo es ahora). Durante ese año la pareja tiene la oportunidad de conocerse, de convivir, de comprobar si le arden los ojos con las flatulencias del otro, de saber si le apestan los pies, de ver si presiona el tubo del dentrífico por en medio o por la base, si ronca, conocer su manera de administrar las finanzas maritales, si deja el asiento del WC arriba o abajo, si deja el baño lleno de pelo después de ducharse y demás detalles insignificantes que toman mucha relevancia cuando uno no está acostumbrado a ellos.

Tienen todo un año para adaptarse a ese cambio o, en dado caso, para que se les baje la “calentura” y darse cuenta que, en realidad, no conocían (ni amaban) tanto a esa persona como para permitirle tantas cosas. Al concluir el año, pueden ir a renovar o, de lo contrario, la unión caduca y ambos son libres. Ojo, aquí no hay divorcio, simplemente se acaba un contrato a un año y se anula dicho casamiento. Tal vez decidan seguir viviendo juntos, ya que se dan cuenta de que no necesitan un documento que avale su vínculo (a fin de cuentas nuestras leyes también protegen el concubinato).

Pero, vamos a suponer, que a pesar de todas las flatulencias, cabellos en el lavabo, ronquidos y asientos del WC orinados, ellos deciden renovar el acta, pues pasamos a la siguiente etapa.

La PRIMERA RENOVACIÓN es únicamente por dos años con las mismas condiciones que el anterior (al tener hijos se vuelve “perpetuo”). ¿Por qué no hacerlo definitivo de una vez? Varios divorciados no me dejaran mentir, muchos de los problemas inician después de un primer año de auténtica Luna de Miel, hay muchas personas que son capaces de mantener una máscara durante un año, pero ya está más difícil mantener un personaje por tres.

La ventaja de estos contratos es que, aunque existe un papelito de por medio, saben que no es indefinido, así que lo que debe unirlos es el vínculo en sí y el interés que cada cual le ponga al éxito del mismo. Cuando se dan cuenta de la actuación de la otra parte pueden decir: “¡Ah! Ya me dí cuenta que no eras quién creía, pero no voy a permanecer a tu lado para siempre, porque este contrato va a terminar y no lo voy a renovar”.

Ahí radica la ventaja de mi propuesta: uno puede ir conociendo a su pareja de manera leal y no de la manera de “Ya te fregaste, porque ya firmaste”. ¿Acaso en nuestras empresas firmamos y no nos corren porque es indefinido? ¡Claro que no! Debemos de mantener un nivel óptimo para que el contrato no se acabe, algo similar se pretende implementar con estas ideas.

Después de tres años ya se debería tener una idea más definida de la vida juntos y del otro ser con la que la están compartiendo, así que uno puede optar por decirle “Ya no soporto tus patas apestosas ni a los nacos de tu familia” o decirle “Querida, a pesar de tu mamá y de tu psicosis por controlarme, quiero pasar al siguiente nivel contigo”. Así que, bajo riesgo propio, pasamos a la siguiente etapa.

En la SEGUNDA RENOVACIÓN, que dura cinco años, ya estamos hablando de que al final de ésta ya se tendrían ocho años de unión. Hace algún tiempo se hablaba de las crisis de entre los cinco y ocho años, aunque hoy en día ya se hablan de las crisis de entre los cinco y los ocho meses. En fin, el caso es que después de tanto tiempo hay quien, repentinamente, se da cuenta de que vive con un auténtico desconocido, así que éste es el último chance de salir “limpio” del casamiento, pero si están firmando dicha acta es que ya están percibiendo algo en la otra parte.

Ya quedaron muy atrás las cursilerías del enamoramiento, la espectacular boda, la Luna de Miel, la emoción de conocerse y las expectativas de iniciar una nueva existencia en pareja. A estas alturas ya saben lo que es vivir juntos, de qué pie cojean, su manera de pensar, la familia de la que vienen y sus tradiciones; ya no sólo conocen el lado bonito de las citas en el noviazgo, también han aprendido a conocer el lado feo del otro.

La gran posibilidad que brinda todo esto es que, para llegar a este punto, uno no coloco el compromiso íntegramente en el contrato, sino que debió esforzarse por mantener a su esposo/a contento/a para que quisiera llegar a estas alturas con una/o. Es distinto cuando uno está comprometido por voluntad propia y no obligado por un documento legal. El acta firmada no hace que uno quiera más o quiera menos a otro ser. Tristemente, para mucha gente, el papelito es indispensable para tener una relación seria.

Volviendo al tema, después del contrato de cinco años, y ya ocho de casados, ha llegado la última oportunidad antes del paso definitivo: EL ÚLTIMO CONTRATO. Si después de estos tres trámites, los esposos llegan a renovar, ¡Caray! ¡Qué gusto! Es más, ni se les cobra la perpetuación del mismo, y es que después de ocho años viviendo juntos ya es difícil que alguien no tenga una idea de querer o no permanecer al lado de su pareja; o una de dos: están muy enfermos y enfrascados en una dinámica co-dependiente, o en verdad congenian y se quieren de una manera auténtica.

Al firmar el último contrato se reconocen los ocho años anteriores entre los derechos y obligaciones de ambos, ya definirían si quieren bienes separados o mancomunados y, si así lo desean, ya podrán tener hijos. Ya sé que casi nadie se quiere esperar ocho años en tener hijos pero, como ya pudieron leer, son libres de tenerlos con la premisa de que el acta cambia de temporal a indefinida.

En el sistema actual, mucha gente es infeliz estando casada pero no quieren, no pueden o no los dejan divorciarse, pero es distinto cuando tienes que ir a renovar. Una cosa es que no te dejen divorciarte y otra que te obliguen a renovar, porque tienes a la mano una opción de libertad y así acabar con tu suplicio. Ya si te obligan a renovar, pues estarás hundido en el hoyo que tu mismo (o misma) cavaste pero, aún así, serán menos los casos de matrimonios infelices.

            Como nadie experimenta en cabeza ajena, este sistema te brinda la oportunidad de saber lo que es estar casado, y ya sabrás la magnitud de lo que es este estado, y ponderarás si puedes lidiar o no con la situación.

          “También el concubinato ha sido corrompido: por el matrimonio.” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Una de las grandes ventajas que veo en esto es todo el sufrimiento que uno se ahorra con el proceso legal de separación ya que, aunque seguiría existiendo, uno tuvo tres chances para dejar que se anulara el contrato, esto sin mayor daño como los que puede traer un divorcio (moral, existencial, social, legal, económico y psicológico).
            ¿Qué pretendo con todas estas propuestas? Quiero restarle poder al acta y restituirlo a la pareja en sí, al vínculo y a los supuestos sentimientos que los unieron en primer lugar. Quiero dignificar algo que ha sido muy prostituido como lo es el casarse. Aunque, ciertamente, los papelitos no serían necesarios en este mundo si todos manejáramos un nivel de consciencia  y honestidad para tomar las relaciones tal cual son (ya sean viles acostones de una noche hasta uniones a largo plazo).

            Vamos a respetar una unión y dejar de jugar “a la casita”, vamos a ser responsables y dejar atrás esa actitud de que “Ya firmó, ya se chingó”. El acta no es una factura de Compra-venta. Pero, como no vivimos en una Utopía y estamos muy lejos de ese nivel de consciencia colectiva, estoy proponiendo una solución intermedia entre el famoso papelito y el compromiso entre dos personas.

            Me adelanto a los que me van a criticar de “solapador” con la gente inmadura que sólo se casa por calentura y, por eso mismo, debe pagar las consecuencias de sus actos. Tomando esta actitud, ¿se está reduciendo o aumentando el número de divorcios? Estoy totalmente de acuerdo que una buena educación da bases sólidas para que una unión tenga mayores posibilidades de éxito, pero hoy en día hay muchos otros factores que no existían cuando se instituyó el matrimonio hace mucho tiempo.
                                                                     
            Como las cifras demuestran que cada vez somos menos responsables para relacionarnos de manera seria, pues creo que es saludable adaptar las instituciones a la época actual para ser más prácticos y reducir sufrimientos. Es como querer tener el desarrollo tecnológico actual pero con el mismo tren a base de carbón, ¡es ilógico! Si evolucionamos en tantos aspectos de nuestras vidas, ¿por qué omitir esto? ¿Por tradición? ¿Por qué así “debe” ser? ¿Según quién? ¿Para que no se enoje quién?

            Las leyes de hace más de 100 años ya no son tan útiles en la época actual, no digo que este “bien” o este “mal”, simplemente es un hecho innegable: hemos cambiado y, por eso mismo, los vínculos actuales no son como los de nuestros abuelos o bisabuelos, aunque las generaciones más antiguas les guste idealizar esas épocas

            Finalmente, toda esta idea es a nivel legal, las uniones de tipo religioso son tema aparte, porque es más factible que evolucionen nuestras leyes a que lo hagan las religiones. Tal vez me estoy adelantando 50 años o tal vez nunca se lleve a cabo pero, por lo menos, ya compartí mi idea y tal vez llegue a alguien que pueda hacer algo al respecto en algún lado.


Hebert Gutiérrez Morales.