jueves, 30 de diciembre de 2010

Sin pelos en la lengua

“El Problema es que vivimos en una sociedad mustia que pone reglas que nadie sigue pero bajo las cuales todos son juzgados” - Hebert Gutiérrez Morales

sábado, 25 de diciembre de 2010

Mis vecinos


Mis vecinos se mudaron el pasado fin de semana aunque, en realidad, fue él quién acabó por irse ya que su mujer lo había hecho desde hace más de un mes.

Nunca crucé más allá de un saludo con ellos, no sabía si eran novios o esposos, no conocía sus nombres y, a decir verdad, no me interesaban pero, por alguna razón, su partida no me ha resultado indiferente y no tanto por ellos, sino por la situación en la que se fueron.

Llegaron hace seis meses, con una mudanza algo escandalosa, debido a los muchos amigos que los vinieron a ayudar en el proceso. Al pasar el tiempo, y con algunas sospechosas visitas, empecé a tener la hipótesis de que eran swingers, pero que se llevaban bien. También note que eran una pareja apasionada, basándome en los gemidos (por no decir alaridos) que dejaban escuchar cada noche. Finalmente, para completar el cuadro, tenían un par de perros que ocupaban el lugar de hijos putativos y, por todo lo mencionado, no percibía gran problema en dicha relación.

Cierta noche me costo trabajo conciliar el sueño porque tuvieron una pelea muy intensa, ambos gritaban, se oían manotazos y, en un momento (influenciado por un par de recuerdos de mi niñez) pensé que la violencia iba a escalar de nivel, pasando la barrera de lo verbal. El motivo de la disputa era una traición y/o presunta infidelidad por parte de él.

Hace poco más de un mes dejé de escuchar la voz de ella y sólo se le veía a él entrar y salir sin compañía alguna, y también note que su tono se dulcificó al hablar con los perros; supuse que su mujer estaría de viaje o algo por el estilo. Sin embargo, el Viernes pasado vino el camión de la mudanza y desde entonces no se ha escuchado nada en la casa de al lado. Obviamente mis vecinos no me eran vitales, lo que me “resonó” fue el recuerdo de mi divorcio.

El fin de mi matrimonio no fue especialmente doloroso ya que no había amor, todo el tiempo teníamos malos entendidos por la nula comunicación, momentos incómodos, diferencias de educación, etc. Sin embargo, fuimos afortunados porque nunca se pasó de la violencia verbal y no hubo faltas de respeto mayores (como infidelidades) pero, a fin de cuentas, nos divorciamos.

Dicha separación fue importante en mi vida pero no por mi ex-esposa, ya que ella no era la mujer que buscaba, sobre todo por las diferencias de fondo y forma tan grandes que había, fue importante por mí mismo y lo que se supone que debería ser.

Desde mi niñez recibí una educación fuertemente basada en casarme, tener hijos, una buena esposa, una bonita casa, un par de autos y un perro. Con ese paradigma viví durante mucho tiempo y era vital cumplirlo todo al pie de la letra, a tal grado que mi existencia no se justificaba sin matrimonio.


“Ese sueño es el peor que se puede tener en una relación que no funciona: el de esperar a que la otra persona llegue a querernos, o de que nosotros lleguemos a querer a la otra persona. Ese pensamiento es catastrófico, porque te aferras a una esperanza que en tu interior sabes positivamente ilusoria” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

Gracias a esa programación, me case a la primera oportunidad; sin embargo no lo hice por amor, sino porque era mi misión en la vida: Sentar cabeza, formar una bonita familia y hacer de mis engendros personas de bien para este mundo. Como pasaba el tiempo y no veía como alcanzar el objetivo, me desesperé y sólo era cuestión de tiempo que una mujer igualmente desesperada encontrara a este incauto y se casara con él, lo cual pasó hace siete largos años.

Por esos mismos valores me hubiera quedado a su lado si ella se hubiera embarazado, como en algún momento fue su maquiavélica intención. Esto es ridículo, ya que siempre critique a mis padres por mantenerse juntos y hacerse la vida imposible “por el bien de los niños” que en realidad resultaba más perjudicial de lo que beneficiaba mantener la pantomima de familia que teníamos.

Actualmente no descarto volverme a relacionar de manera seria y a largo plazo sin importar la etiqueta (matrimonio, amor libre, concubinato, etc.) pero por razones distintas, y más sanas, pero no por cumplir un rol asignado por las creencias religiosas de mis padres y la sociedad que, afortunadamente, ya no comparto desde hace mucho tiempo

Lo que me preocupa un poco es la educación de los hipotéticos retoños. En los últimos años he cuestionado fuertemente la formación recibida por mi madre, ya que tuve enseñanzas dignas de un cuento de hadas: respeta a tu prójimo, haz el bien sin mirar a quién, pon la otra mejilla, obedece las reglas y cuida a tus semejantes, todos somos iguales y tenemos los mismos derechos y demás sarta de tonterías que suenan muy bonitas pero que son viles falacias en el mundo real.

No culpo a mi progenitora ya que sólo cumplió su deber: inculcarme valores, buenas bases católicas, estructuras moralmente correctas, reglas justas para un mundo justo. Lo malo es que mi mamá no sabía que estaba plantando todas estas semillas en el terreno fértil de un niño totalmente crédulo y demasiado noble para su propio bien.

Hoy en día sigo teniendo dificultades al seguir jugando con reglas de fantasía en un mundo cruel y sin escrúpulos; de hecho, si algún día encuentro a otra crédula que quiera relacionarse conmigo, ¿qué voy a hacer si tenemos hijos? ¿Voy a tener el valor de formarlos de acuerdo a la realidad en que vivimos? Decirles que aún estando con pareja es factible que les pongan el cuerno; que los van a engañar si tienen la posibilidad; que pueden darle una práctica gratificación a un policía en lugar de pasar un largo proceso para pagar su multa; enseñarles que el bienestar personal es prioritario al beneficio general; que, si te es benéfico, puede mentir y demás situaciones que se viven día a día en este mundo de porquería en el que todos fingen que son decentes.

De acuerdo a mis principios tendría que inculcarles los valores correctos pero ¿para qué? ¿Para que se frustren igual que yo al ver que la verdad es otra? El sentido común me indicaría que los debería de formar de una manera más sensata y acorde a la realidad pero ¿si ésta es una mierda? ¿Los debo de educar ad hoc a ella?

No sé si este dilema lo tendrán todos los padres pero es difícil no hacer lo correcto (valores morales de fantasía) para hacer lo apropiado (Valores “modernos” acordes a la jungla que hemos creado).

“Afortunadamente” ni novia tengo y, al paso que voy, igual y nunca me tengo que preocupar por los hijos que no vendrán; sin embargo, escribir esto me hace tomar una postura más comprensiva con mi madre, a la cual le he reclamado la educación que me inculcó. ¿Qué más podía hacer ella? Muchos criticamos a nuestros padres por lo que hicieron o dejaron de hacer con nosotros pero, siendo honestos, es muy factible que sigamos sus mismos patrones de formación en el caso que engendremos.

Por el momento mis ex-vecinos han de estar cuestionando la validez de una institución como el matrimonio (si es que estaban casados) y ahora no les debe de importar lo que es educar a esos potenciales hijos que nunca llegaron. 

Hebert Gutiérrez Morales.
05/Dic/2010
Revisión: Genaro Becerra




Mis Lentes

         “La Juventud es un don valiosísimo. . . que no llegamos a apreciar hasta muchos años después, cuando empezamos a notar la progresiva falta de resistencia de nuestro cuerpo ante los excesos” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)


Técnicamente, aún soy joven (34 años), sin embargo lo mismo pueden decir personas en sus 40’s y en sus 50’s. Siempre hay quien clama: “Ser joven es una actitud”, “Viejos los cerros y reverdecen”, “La juventud se lleva en el alma” y demás dichos que ayudan a nuestro golpeado ego por no tener menos de treinta años.

Siendo honestos, y dichos aparte, si hay que poner una frontera entre la juventud y la adultez (ambas fisiológicas, por supuesto) son las tres décadas de vida. Antes de este limite nadie cuestiona tu juventud y después del mismo es cuando empiezas a defender dicho status y, con el tiempo, hasta añorarlo (aunque sea en secreto y escudado por las frases antes dichas).

Hoy pague mis primeros lentes. Sé que desde niños hasta ancianos usan gafas, pero para mí fue un paso importante y muy fuerte. Desde hace tiempo me habían dicho, al renovar la licencia de conducir, que necesitaba anteojos; “afortunadamente” la mayoría de nuestros funcionarios carecen de sentido común y me expidieron la renovación a pesar de no tener una visión al 100%.

El hacerme el examen de la vista fue algo muy violento moralmente, muchos dirán que fue maduro pero, personalmente, fue el primer paso para abandonar la juventud. Ciertamente es sensato preocuparse por la salud propia, empezar a abrigarse, a cuidar la alimentación, a no desvelarse, etc. ¿Acaso eso hacen los jovenzuelos? Pareciera que la invulnerabilidad es una característica de los jóvenes (o por lo menos se actúa como si en verdad uno lo fuera).

           «Dentro de veinte años, estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste». – Mark Twain

           Me baño con agua fría, llevo mi cuerpo a límite al ejercitarme, no me abrigo ante el frío ni me quejo ante el calor y me esfuerzo por hacer muchas otras cosas para convencerme a mí mismo (y de paso a mi entorno) que aún soy invulnerable, que aún soy joven y que el tiempo no pasa por mí, pero mi vista no se dio por enterada.

Obviamente no estoy ciego, mi graduación va a ser muy leve pero, si no empiezo a usar anteojos, va a avanzar. Podré estar loco pero, tampoco estoy menso como para desgastar un recurso “no renovable” y tan preciado como mi vista. Sensato, ¿cierto? Adulto, ¿verdad? Lo que más me entristeció es que con las gafas de prueba veía más nítido que sin ellas, un auténtico golpe bajo a mi amor propio.

¿En qué momento se va la juventud? Mientras la disfrutas y/o presumes ¿En qué momento empiezas a dejar atrás los sueños? Cuando empiezas a disfrutar tus “cadenas de oro” que te vinculan al trabajo (entre mejor remuneración, menor resistencia).


             "¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha." – Benjamín Franklin

Tal vez me duele más porque mi juventud fue bastante pacifica (“aburrida” sería un término más honesto) pero como mi esencia es bastante tranquila, tampoco hago un gran drama, ya que soy consciente que he “vivido” mi vida como he querido y, por eso mismo, añoro mi difunta juventud.

En los procesos de Luto se dice que no lloramos por los que se fueron, en realidad lo hacemos por nosotros mismos que hemos quedado atrás y esta frase queda perfecta a mi situación: Mi juventud se ha ido y me ha dejado abandonado en esta vida sin sentido.


No es el primer cambio de etapa en mi vida pero, de aquí en adelante, van a ser más difíciles de asimilar. La niñez la disfrute mucho y me molesto un poco ser puberto (mas no me entristeció), la adolescencia fue un drama constante y hormonal de inseguridades por lo que tampoco me dolió dejarla cuando pase al “Adulto joven” pero, ahora que simplemente soy Adulto (a secas), ya no me gusto mucho el cambio, tal vez porque es el inicio del camino de bajada.


           “En el fondo nunca hemos sido los de antes, sólo recordamos lo que nunca sucedió” – Carlos Ruiz Zafón (“El Prisionero del Cielo”)

Ciertamente voy a seguir disfrutando que muchas personas se dirijan a mí por “Joven” porque a mi ego le ayudara pero, para los que conocen las nieves que venden en el malecón de Veracruz, el hecho de que a uno lo llamen “Güero” no lo vuelve a uno Rubio, ¿cierto?.


Obviamente escribí esto para mí, para expresar lo que me pasa dentro, para desahogar ese sentimiento que me tenía al borde del llanto cuando pague mis lentes, que fue cuando me hice consciente de mi mortalidad como ser humano pero, ya que lo externe, tal vez alguien más se sienta identificado o, a los menores de 30, los haga valorar aún más el momento actual de sus vidas.

Tal vez sea tiempo de empezar a bañarme con agua caliente. . . .


           “Sabía que iba a pasar algún día. Pero como la mayoría de las cosas que sabes que en algún momento sucederán y te causarán aflicción, no te paras a pensar demasiado en su inevitabilidad” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

Hebert Gutiérrez Morales (a.k.a. Megane kun)
19 de Noviembre de 2010