domingo, 18 de junio de 2017

Cinque Terre: ventajas y desventajas de ir en tour.

Vernazza desde las alturas
            Hubo lugares en Italia que me sorprendieron (muy pocos) otros que cumplieron con lo esperado y otros que me decepcionaron al quedarse muy debajo de lo planeado. Y justamente ése era el problema: las expectativas.

            Como ya deje claro, los más grandes chascos que me lleve en este viaje fueron Roma, Pistoya y el destino que voy a tratar en este escrito. Leí algunas reseñas que decían que Cinque Terre era la nueva joya del turismo italiano, una afirmación tan ridícula como que Pistoya era una Florencia pequeña. Y es que ambas son viles mentiras.
 
Manarola
            Cinque Terre PODRÍA ser un lugar maravilloso pero gracias al descuido de sus habitantes, no es así. Si las poblaciones se vieran como las promocionan, sin duda la sensación sería otra pero, al encontrarlas descuidadas, el efecto es contrario. Pero ya tocaré este tema al final.
           
            ¿Por qué un Tour a Cinque Terre?

            No me considero 100% viajero, porque tengo un 20% que a veces peca de turista, así que sólo soy un 80% viajero, ¿Cuándo soy uno u otro? No lo sé, supongo que según me nazca o me convenga la situación.
 
Graffitti en la estación de Riomaggiore
            Los tours los evito en la medida de lo posible, porque están diseñados 100% para turistas. Obviamente también hay tours (tipo Huasteca Potosina, Jalcomulco, Barrancas del Cobre o Islandia) que son de aventura y ahí casi no van los turistas, y esos tours sí me gustan.

            ¿Por qué contraté un tour para Cinque Terre? Antes de mi viaje el trabajo se puso muy pesado, así que no tuve tiempo para analizar la logística para dicho sitio que, al final, no era tan complicada pero de eso me di cuenta cuando ya estaba pagado, así que tampoco iba a perder mi dinero, además ya estaba preparado mentalmente (o con los prejuicios desenvainados, como prefieran leerlo) para lo que se venía.
 
Otro Graffitti muy artístico en Riomaggiore
            Los Tours no me gustan por dos razones: por la falta de libertad, al depender de un itinerario, y por el tipo de gente que normalmente va a ellos como gordos, viejitos, flojos y uno que otro viajero solo. Y no es necesario que me tachen de culero (ya que es obvio que lo soy), porque ya me llegará el tiempo en que sea un viejito gordo (flojo no lo creo), y seguramente habrá un sujeto mamón que se queje de mi condición física, así que déjenme ser ¬_¬.

            Las primeras dos Tierras
 
Riomaggiore
            Cinque Terre (o las Cinco Tierras) consta de cinco poblaciones a lo largo de la costa en la provincia de Spezzia, los pueblos son: Monterosso, Vernazza, Manarola, Riomaggiore y Corniglia, ésta última no la visitamos por el diseño del tour, ya que no daba tiempo. Aunque dudo que haya sido muy diferente al resto.

            Primero llegamos a Manarola que, según el guía, era el pueblito menos bonito de los cinco o, dejando la política de lado, el más feo. Ciertamente no sé por qué ponen este lugar tan desaliñado a la altura de los otros cuatro cuando, en el poco tiempo que estuvimos, no vi algo que valiera la pena.
 
Monterrosso
Si visitara el pueblo sin que me lo vendieran como parte de unas “hermosas poblaciones en la costa italiana”, diría “¡Mira qué bonito pueblito!”, pero como te lo venden tan alto, pues la decepción es casi automática.

Riomaggiore ya tenía un poquito más que ofrecer, más limpio y cuidado. Tenía algunos grafittis muy artísticos, la vista al mar era más agradable y cómoda. Fue el lugar en donde las casas estaban mejor cuidadas (sin estar como en las fotos) y los negocios estaban más vivos.
 
San Francisco y el hermano Lobo
De ahí tomamos un barco que nos llevaría a Monterosso. Al momento de embarcar me dio risa que la gente empezó a aperrarse los lugares en el techo, en la proa y en la popa, como ya tengo experiencia en estas embarcaciones, he aprendido es que mejor sentarte tranquilamente dentro del barco, ya a la hora de las fotos, sales tomas tus imágenes y te regresas, así te ahorras la asoleada, el mareo y el viento (¡Novatos!).

Lo Mejor: Monterosso

Monterosso fue en donde más tiempo nos dieron y que, felizmente, el que más disfrute. Para empezar había un templo franciscano en la cima de la colina (ya explique ampliamente mi cariño por San Francisco en el escrito de Asís), así que sus iglesias e imagines eran las únicas que auténticamente me producían emoción del arte sacro. El templo estaba sencillito pero bonito, además tenía cantos de monjes como música ambiental, lo cual te mejoraba la experiencia, te la hacía más espiritual.
 
Detalle del Cementerio
Un poco más arriba de la iglesia, siguiendo el sendero, había un cementerio bonito (palabra extraña para definir un Camposanto), ya que era diferente a lo que estaba acostumbrado y muy elegante (digno, no mamón) a pesar de pertenecer a un pueblo pequeño.

De alguna manera sentías una extraña tranquilidad allá arriba. Supongo que a los muertos les gusta que sus restos descansen en dicho lugar. Aunque tal vez la paz que ahí sentí fue motivada por el silencio que te deleitaba, a diferencia de la zona turística en la cual pululaba la gente.

De mi tour sólo otras cuatro personas (los que tenían pinta de viajeros) se tomaron la molestia de ir a la cima de este pequeño monte. Y ese tipo de cosas diferencian a los turistas que van en tours y a los viajeros que investigamos: esa hambre de conocer te da mayores recompensas, como lugares poco concurridos, mejores vistas o un momento de tranquilidad entre tanto gentío. En lugar de los flojos que se quedan en el pueblo y compran recuerdos. A mí también me gusta comprar recuerdos (ésa es mi parte turista), pero la primera prioridad es conocer.
 
Caminito junto al río
Monterosso me gustó porque tiene más cosas que ofrecer a diferencia de Riomaggiore (ya no digamos Manarola), además de que eran más baratas y había más variedad de tiendas, restaurantes, artesanías y atracciones como placitas, iglesias, callejones y oferta natural.

Camine hacia las afueras del pueblo y me encontré con un río que tenía un camino adyacente, mismo que te llevaba a una plantación de limones pero, al ir en Tour, tenía una hora específica para regresar, así que desistí de mi cruzada. Ese tipo de cosas es lo que uno gana al estar por su cuenta: las prioridades las pones tú, no te tienes que ajustar a lo que te dicta alguien más.

Es un acierto pasar más tiempo en Monterosso ya que es un pueblito rico para caminar y disfrutar mientras degustas un helado o una pizza (y había quienes lo hacían con vino o cerveza en mano).
 
Monterrosso
            Me gustó Monterrosso y quería comprar pasta y vino (principalmente) pero había tal cantidad de tiendas que no sabía en dónde hacerlo. Así que entre a una heladería solitaria por mi postre y, mientras le daba propina a la chica, “casualmente” le pregunte sobre el mejor lugar para adquirir productos locales. La chica me dio la indicación de un lugar nada vistoso pero, comparando con los otros, lo que compré en relación calidad-precio fue inmejorable. Me ahorre como 10 Euros por el que di de propina en la heladería. Con la edad y la experiencia uno se va haciendo más astuto. :-)
Vernazza desde el mar

Cerrando el Tour

Después nos fuimos a Vernazza, “el pueblo más bonito de las Cinco Tierras”, según el guía, aunque no me pareció mejor que Monterrosso. El pueblito está bonito y relativamente acogedor. Tal vez me faltó tiempo para conocerlo y ver qué tan cierta era la afirmación del guía.

La Iglesia frente al mar estaba mona, aunque me gustó más el templo franciscano de Monterosso. Lo que sí valió la pena de este pueblecito fue la vista desde lo alto del castillo local, que significó mi dosis diaria de escalones. Fui el único del Tour que se animó a subir, ya que la gente restante de mi grupo no lo hacía por hueva o esa falta de hambre por conocer más.
 
Vernazza
Aunque tuvo sus momentos buenos, al terminar de ver los pueblecitos me pregunte de manera retórica “¿Y esta es toda la ‘maravilla’ de Cinque Terre? En México tenemos muchos pueblos mágicos que seguro no reciben ni la quinta parte de la atención que este sitio recibe.”

A pesar de ello no me sentía TAN defraudado como con Roma o Pistoya, justamente porque había aprendido a aceptar lo poco bueno que hubiera en cada lugar. Técnicamente Cinque Terre fue mi tercer y última decepción del viaje pero ésta no resultó tan dramática al haber aceptado que Italia no es el país de ensueño que me habían prometido.
 
La costa que abarca la Cinco Tierras (Cinque Terre)
Siguiendo esa actitud de tratar de encontrar lo bueno a las cosas, voy a intentar hacer lo mismo con el Tour. Y es que sé que me he quejado mucho de haber ido en tour (entre otras muchas cosas, porque no soy feliz si no me quejo a gusto) pero, para que no se diga que soy TAN amargado, voy a compartir lo positivo de este tipo de visitas.

Ventajas de ir en Tour

            Algo bueno que veo de ir en grupos organizados es que el guía te dice qué vale la pena, así como buenos tips. Obviamente esos mismos lugares los hubiera descubierto por mi cuenta con algo de investigación previa pero, como ya había reservado el tour, me relaje en cuanto este destino.
 
El Mar desde Manarola
            Otra cosa buena de ir con todo pagado es que no te debes de preocupar por dónde vas a comer ya que, normalmente, te llevan a un buen lugar y, como ya lo pagaste, no te tienes que preocupar si te ven la cara de turista y te cobren más.

            Al tener el itinerario definido, ya no te debes preocupar por la logística de los horarios de transporte, comprar boletos o entradas. Lo único que debes hacer es poner atención a las horas y lugares de encuentro.
 
Riomaggiore desde las alturas
            Y, algo que aprecié mucho después de tanto trajín de días previos es que descanse. No me preocupaba por trasbordar, por entradas, por el siguiente lugar al cual conocer. Como todo ya está predispuesto, sólo me dejaba llevar y, por un solo día, dejaba que cuidaran de mí en lugar de cuidarme a mí mismo todo el tiempo.

            Hasta eso no fue tan mal tour, ya que casi todos se portaron bien y no hubo tanta estupidez o tal vez, como no hubo tanta convivencia, no me di cuenta si el grado de estupidez estaba alto o bajo.
 
Monterrosso desde las alturas
            Hay una última ventaja que veo pero es tan extensa, y abarca al propio Cinque Terre, que lo voy a desarrollar en el siguiente (y último) punto de este escrito.

            Promociona tu tierra.

            SIEMPRE que salgo de viaje, me considero un representante de mi país, la imagen de México en el extranjero, si gustan verlo así, un embajador. Y es que sé que lo que proyecte de mí será la imagen de mi país y, como quiero mucho a México, intento dar lo mejor de mí y que lo vean los demás.
 
Monterrosso
            En Monterrosso me tocó comer con un trío de gabachos jubilados (dos mujeres y un hombre), mismos que venían de California. La plática estuvo tan fluida y tan a gusto que al final me dijeron “No sabía que en México hubiera gente como usted” lo cual me hizo feliz no por mí, porque igual no los volvía a ver, sino por mi país.

Gracias a esa impresión que se llevaron, estuvieron más dispuestos a escucharme hablar de los maravillosos lugares que tiene mi país (Chiapas, Barrancas del Cobre, Huasteca Potosina, Península de Yucatán, etc.). Me gustaba mostrarles las bondades que tenemos porque quiero que visiten mi tierra, aunque no sea yo el beneficiario directo.
 
Vernazza
Adicionalmente, es importante para mí que la gente sepa que en México podemos hablar idiomas, viajar al extranjero, conocer y adaptarnos a otros tipos de mentalidad, que no nos estamos matando a tiros en todos lados ni todo el tiempo, que somos profesionistas, que trabajamos en buenas  empresas y demás cosas buenas que tenemos como nación.

Sé que eso no va a cambiar los prejuicios que hay de México en el mundo pero, por lo menos, tres personas más en Estados Unidos saben que en país hay más tipos de personas de lo que ellos creían.
 
Monterrosso
Siempre se dice que lo importante es la esencia de algo y no las apariencias y estoy de acuerdo con ello. Sin embargo, una buena primera impresión también es importante para que la gente se abra a conocerte.

Esto me lleva a Cinque Terre.

            ¿Cuál es el problema que veo con Cinque Terre? Que te mientan. Porque te promocionan un lugar muy bello, casi mágico, con casitas cuidadas, pintorescas y pueblos impecables. Por eso, cuando llegas, el impacto de ver los pueblos descuidados es mayor al haberte prometido algo que no es verdad.
 
La vista al mar que tiene el buen San Francisco
            Para mí Cinque Terre podría ser un mejor lugar si la gente cuidara la apariencia de sus casas, que es parte del gran atractivo que te venden, si no pusieran a colgar su ropa interior en las fachadas (nadie quiere sacar las fotos de tus calzones en sus recuerdos).

            Obviamente la gente también tiene derecho a tener una vida normal, sólo que si la abundancia de tu población depende del turismo y de la imagen que des en general, tal vez deberían ser más conscientes de mantener lindas sus viviendas.
 
Callecita de Monterrosso
            Ahora, para mí no es un gran problema las casas con pintura desgastada o las sabanas secándose al sol porque me recordó la despreocupación con la cual vive la gente en los pueblitos de Veracruz. Con la salvedad que nadie promociona que visites dichos pueblos, mientras que en Cinque Terre te están vendiendo justamente esa imagen como parte mayor del atractivo turístico.

            Y no sólo las casas, sino el comportamiento de las personas. Cuando llegamos a Manarola, había un par de tipos peleándose verbalmente, con amplio uso de groserías. Lo malo es que lo hacían  justo frente a los Tours que íbamos llegando. Vuelvo a lo mismo: claro que tienen todo el derecho de pelearse pero, por el simple pudor (y respeto) de tener visitas en “tu casa”, pues te contienes un poco para cuidar la imagen de tu pueblo, misma por la cual te están visitando.

            ¿Recomendaría visitar Cinque Terre? Supongo que sí, porque ves algo diferente de Italia, ya nada de Iglesias, frescos, campanarios, plazas o ruinas romanas. La esencia de los pueblitos frente al mar es diferente que los otros sitios. Mi única recomendación sería que no se crean lo que ven en las fotos y se esperen unos pueblitos menos idealizados, más reales, más terrenales y más sencillos. Seguramente con esa visión los disfrutarán más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 17 de junio de 2017

Verona, la sorpresa inesperada

La Plaza de las Hierbas vista desde las alturas
            Todo el mundo me hablaba maravillas de Verona, sin embargo también lo hacían de Roma la cual no me encantó. Este destino lo tenía pendiendo de un hilo, ya que dependía en gran manera que avanzara en huequitos restantes a Florencia para liberarle un medio día, lo cual me alegró por un lado al conocer tan maravilloso lugar y, por el otro, me entristeció al no poder dedicarle más tiempo.

            Primeras impresiones

            Saliendo de la estación de tren vi que el centro histórico estaba a un par de kilómetros, mismos que caminé con gusto ya que me fui por el Corso Porta Nuova, una calle que no será propiamente un atractivo turístico como el resto de la ciudad, pero me sentí muy feliz de recorrerla y es que, sin razón alguna, me acordé de Omotesando en Tokio y eso me puso de muy buen humor. Se podría decir que ambas calles son relativamente parecidas y de ahí se me disparó el recuerdo de mi amado Japón.
 
Interior del Anfiteatro
            Llegué a la Plaza Bra y, tristemente, no había muchos Bras exhibiéndose (y me sé peores), pero lo que resalta a simple vista es la Arena Verona, un Anfiteatro de la época romana muy bien conservado, MUCHO mejor cuidado que el propio Coliseo en Roma.

Está en tan buenas condiciones que aún siguen presentando eventos en dicho lugar, incluso tiene gradas y toda la logística para eventos multitudinarios. Sin duda asistir a una función ahí debe ser especial, al sentarte en un auténtico lugar histórico a ver tu espectáculo, PERO como visitante, no es tan chido ver ahí las butacas, alfombras y escenarios. Aun así es bueno entrar y ver esta construcción tan bien cuidada.
 
Exterior del Anfiteatro
De ahí recorrí la calle Mazzini y ahí me di cuenta que Verona olía bien. No sé cómo explicarlo, pero la ciudad olía a limpio (además de que efectivamente estaba limpia). No es que las otras ciudades olieran mal (bueno Roma sí y Nápoles por supuesto), pero Verona me olía especialmente bien, a pesar de haber tanta gente. Como que olía a fresco.

La Casa de Julieta

Llegué a la Casa de Julieta misma que parecía un manicomio ya que estaba hasta la madre de gente, y no sólo es que estuvieran ahí, sino cómo se comportaban. Había algunos escribiendo en una pared (bastante desagradable por cierto) que, según la leyenda urbana, las parejas que ahí plasman sus nombres tendrán un amor eterno como el de Romeo y Julieta (o sea que van a valer verga jóvenes y así no morirá su amor, si se ponen a pensarlo con calma).
 
La estatua de Julieta
Pero ahí no acababa el mal gusto de los visitantes ya que la “atracción” principal es la estatua de Julieta o, mejor dicho, su seno derecho, ya que todo el mundo se muere por sacarse fotos con la pobre estatua y agarrarle el seno, hay incluso quien le agarra la vagina y demás estupideces que le hacen a la pobre figura.

Todo porque hay más leyendas urbanas que dictan que si le manoseas la chichi derecha vas a encontrar al amor de tu vida y, adicionalmente, vas a regresar a Verona (clásica actitud humana de creer primero en supersticiones que en la voluntad propia para lograr las cosas). De hecho me costó mucho trabajo sacarle foto a la estatua porque el acoso del que era objeto era impresionante.

Sobra decir que todo el lugar está pintarrajeado por adolescentes hormonales que creen en eso del amor eterno y entonces le escriben sus nombres, ponen los famosos candados, dejan cartas y vandalizan todo lo que está alrededor, incluso la tienda de enfrente (que ni las debe ni las teme). Supongo que para los que ahí trabajan (tiendas y el Museo de Julieta) debe ser un auténtico Pain in the Ass tener que vigilar a estos “delincuentes del amor” para que no rayoneen sus negocios.
 
La Plaza de las Hierbas
No entré al Museo porque, hasta donde investigué, no valía la pena y, honestamente, con tal multitud, tampoco se antojaba entrar. Lo que sí se me hizo un detalle inteligente de su parte, fue poner un pequeño balcón en donde las chavas suben soñadas (pagando su respectiva entrada obviamente) para que su “Romeo” le tome fotos y le declare su amor desde el patio.
 
Otra vista de la Piazza delle Erbe
Y ahí comprendí que Italia es tan popular por este tipo de mamadas. Sí, lo siento, ya tiene tiempo que regresé a mi estado natural de Grinch contra todo lo cursi y ridículo de la humanidad, que es bastante por cierto ¬_¬U.

La Plaza de las Hierbas

De ahí me fui a la Plaza de las Hierbas (Piazza delle Erbe) que está ahí al ladito, que me pareció una belleza, creo que fue lo que más disfrute de Verona. Ahí había un mercadito en donde te vendían recuerdos, comida, accesorios y demás chucherías. Me compre una rica Macedonia que degusté tranquilamente mientras deambulaba por la plaza y sus negocios.
 
Interior de la Catedral de Verona
Fue un momento padre y tranquilo, sólo duró como cinco minutos pero, por ese breve tiempo, pretendí que no tenía prisa por llegar a algún lado, ni que era turista ni que debía regresar a mi trabajo algún día.

Simplemente disfrute el momento y fui feliz al desconectarme de todo lo que me agobiaba (porque siempre tengo algo que me está estresando, de lo contrario no estoy satisfecho). La placita tiene un efecto relajante sobre las personas, sólo con ver a los que están ahí te das cuenta de ello. Creo que es de los pocos lugares en donde sentí esa “magia” que dicen que tiene Italia y que sólo experimenté en contados sitios.
 
El Río Adigio
El Duomo

Recorrí las callecitas hasta el Duomo mismo que no es una maravilla PERO, a diferencia de muchos otros templos, me encantó la actitud hacia los visitantes, porque sólo te cobran 2.50 Euros, te dejan sacar fotos y hasta guía auditiva te dan, la verdad que muy conscientes a comparación de otros lugares en donde te cobran las perlas de la Virgen.
 
Verona vista desde el Castillo de San Pedro
Dentro tenían unos frescos bellos y (¡por fin!) de un estilo diferente, lo cual me encantó ya que el 90% del arte sacro que vi en Italia era muy similar, así que resultaba refrescante ver obras con un toque distinto, aunque siguiera siendo religioso.

La Catedral es grande pero no la más grande que visite, aunque sí muy agradable, muy relajada y con pocos visitantes. Lo único malo es que estaban en mantenimiento, así que no pude sacar las fotos panorámicas que me hubiera gustado.
 
La hermosa Verona
El Puente de Piedra y el castillo de San Pedro

Salí del Duomo y seguí recorriendo las callecitas hacía el puente de Piedra, el cual es bello pero lo mejor del lugar son las vistas que obtienes de Verona junto al Río Adigio, mismas que resultan relajantes al ser tan hermosas.
 
La Fachada de Santa Anastasia
El puente te lleva directo a un caminito empinado por el cual subes hacia el Castillo de San Pedro, mismo que no estaba abierto pero la vista de Verona desde arriba ya vale la pena.

Esto sin contar que el camino tiene su propio encanto con casitas muy bonitas, árboles, y uno que otro restaurant. Allá arriba se está tan tranquilo que la visión de la ciudad la gozas en silencio con el aire meciéndote el cabello.
 
Uno de los Jorobados
Ya de regreso en el centro histórico, y para no perder tiempo, me comí una Pizza “al taglio” (por rebanada) en un puestecito, misma que estaba deliciosa ya que sus ingredientes sabían diferentes. Aunque cabe la posibilidad de que, otra vez, haya sido el hambre que me hizo disfrutarla más.

Santa Anastasia

Mi siguiente punto fue la Iglesia de Santa Anastasia, que también resultó ser una visita muy cómoda y diferente al resto de templos. Para empezar te reciben dos columnas de agua bendita que tenían como base a dos jorobados, mismo toque que nunca me había imaginado encontrar en un templo. Las estatuas están muy bien hechas y, aunque el aspecto de los jorobados no era bello, estaban muy bien detallados.

Al igual que el Duomo, los Frescos de esta Iglesia tenían un estilo diferente a lo normal en Italia, más burdo pero más real, sin tanta idealización, como más “democráticos”, más del pueblo, sin tanta faramalla y, para los que no entienden, no tan mamones pues.
 
El famoso Pisanello
Por otro lado, también tenían de los frescos “Bonitos” pero, a pesar de ello, seguían siendo diferentes a lo que normalmente encontraba, con un estilo más agradable (¿O sólo será que por ser diferentes me gustaron?)

La atracción principal de este sitio era un fresco llamado “El Pisanello” en honor a su artista, y que representa el pasaje entre San Jorge y la Princesa sin embargo, a pesar de ser la atracción principal ¡No lo encontraba! Lo cual me frustraba. Es más, casi me voy sin verlo hasta que, al llegar a la salida, vi un poster con su ubicación y me regresé a presenciarlo (estaba muy alto, por eso no se ve tan fácil). El fresco está bonito pero ya está algo dañado, sin embargo aún se nota algo de su majestuosidad original.
 
Verona desde la Torre dei Lamberti
Al final salí satisfecho, por el arte y estilo del lugar, además también eran muy conscientes con la entrada, ya que también te cobran 2.50 Euros por entrar.

Galleria de Arte Moderno (en la Torre dei Lamberti)

Volví a la Plaza de las Hierbas, con la misión de subir a “la torre del día”, en esta ocasión era la Torre dei Lamberti, misma que en su base tiene a La Galería de Arte Moderno de Verona.
 
Estatua de Dante en la Piazza dei Signori
Aunque también había arte sacro, no era el típico que estaba acostumbrado de encontrar, así que el estilo diferente que exponían lo aprecié como visitante. Bueno, por el hecho de ver algo diferente, incluso agradecí ver las clásicas rayitas, manchitas y demás mamadas sin sentido de las cuales me quejo sobre el “arte” moderno; obvio no por ello les debía sacar fotos, pero por una vez me gustó verlos.
 
Arche Scaligere
Pero las obras que más valoré de dicho museo fueron las pinturas “normales”: paisajes, retratos, escenas cotidianas y cualquier otro tema que no tuviera que ver con la religión. Ese arte que en Italia parece escasear, ya que la mayoría se centra en la Iglesia Católica y sus creencias.

Después del museo, fui a mi dosis diaria de escalones al subir a la enorme Torre dei Lamberti que, no sé si por el cansancio acumulado, pero fue la que más me pesó subir, y bueno, después de casi dos semanas caminando, creo que no se me podía echar nada en cara.
 
Arco de la Costa con la supuesta costilla del Diablo
Ya arriba se me olvidó el cansancio, y es que ya se me había hecho una costumbre llegar a los puntos más altos de cada sitio que visitaba para sacar mis fotos panorámicas. De pronto no valía la pena una visita si no veía la ciudad desde las alturas y, haciendo memoria, siempre me subí a torres, campanarios, miradores y cúpulas cada vez que se me presentaba la oportunidad.
 
El escudo de la ciudad
Varios

Baje de la Torre y ahí al lado está la Piazza dei Signori, misma en la que se encuentra una estatua muy  padre de Dante Alighieri. Ahí cerca se encuentra el Arco de la Costa de la cual cuelga un hueso que se decía que era la costilla del diablo aunque, en realidad, sólo era el diente de una ballena.

Una cuadra más al fondo se encuentra el Arche Scaligere, que es un grupo de cinco tumbas de la familia con dicho apellido (Scaligere), mismos que están delimitados por una reja pero, al ser tan grandes, la vista vale la pena.

Ahí al ladito se encuentra la supuesta Casa de Romeo, misma que no estaba abierta al público pero, al igual que la casa de su amada, estaba vandalizada por adolescentes hormanales.

Regresé a Piazza Bra y me saqué foto a una cabezota estilo estatua romana que usaban para obras de teatro, misma que estaba al lado del Anfiteatro. Y es que, aunque no fuera real, la estética que le daba al sitio era una maravilla.
 
Entrando a donde se encuentra la famosa Tumba
La Tumba de Julieta

Aclarando un punto con la casa de Julieta, la casa de Romeo y la tumba de Julieta. Los personajes de William Shakespeare son ficticios, SIN EMBARGO, de acuerdo a los registros históricos, las Familias Capuleto y Montesco sí existieron en Verona y, de acuerdo a otras fuentes no tan confiables, sí existieron realmente Romeo Capuleto y Julieta Montesco.
 
Algunos frescos dentro del lugar bien conservados
Personalmente creo que, para fines turísticos, se certifica la veracidad de dichos personajes a través de dichas historias, esto para seguir explotando una de las historias más populares del mundo. Y está comprobado que al humano le encanta creer, sin importar lo inverosímil del hecho (Santa Claus, la Democracia, Pie Grande, el Amor, las Sirenas, Dios, el chupacabras y demás ejemplos que nadie ha visto pero que a todos les gusta creer).
 
El sarcófago en cuestión
En fin, a pesar de ello fui a la nombrada última morada de Julieta, más por curiosidad que por un auténtico anhelo de conocer la tumba de dicho personaje, y es que reconozco que nunca he leído la historia y, sinceramente, no me interesa leerla.

La tumba no está tan cerca del Centro histórico y, ya estando ahí, no vale tanto la pena entrar. Hay algunas pinturas que están chidas y la supuesta tumba de Julieta podría ser de la hija del vecino, pero vamos a creerles que es de ella (para validar mis 5 Euros de entrada ¬_¬). Además había un bonito jardín y algunas estatuas que no tienen nada que ver con Julieta pero que están padres.

Arrivederci Verona

Caminando de regreso a la estación de trenes, escogí un camino menos transitado, común de hecho, esto adrede para disfrutar un poco más de Verona a solas, tal vez no fuera por una calle con atractivo turístico, pero esa vía tranquila fue el cierre perfecto para un sitio del cual no esperaba mucho y resultó ser una sorpresa agradable.
 
Dos chiquillas platicando en el jardín
Ya me habían dicho que entre más al norte, Italia se torna más bella, más civilizada e incluso más entrañable, y los que me dijeron eso tenían razón. No es casualidad que los frescos en Verona fueran distintos al resto de Italia, sino que había otros detallitos diferentes. 

Por ejemplo, creo que fue el primer sitio en donde la Piazza del Duomo no era el centro principal de la ciudad. Tampoco volvía ver una avenida como Corso Porta Nuova, y creo que las entradas en este sitio fueron las más baratas que me encontré. Y ahí recordé que un día antes, en Pisa, me encontré con los precios más caros y pocas atracciones fuera de la Torre.
 
El Castillo de San Pedro visto desde el Puente de Piedra
La relación Calidad-Precio de Verona fue insuperable, además de la gran cantidad de sitios interesantes y de buen gusto que hay que visitar. Me sentía feliz de haber ido a una ciudad que originalmente no estaba planeada.

Me di cuenta que justamente el estándar de Verona es el que me esperaba para toda Italia pero, tristemente, en este país es más fácil encontrar lugares como Roma, Pistoya, Pisa, Cinque Terre o Lucca en lugar de las maravillas tipo Florencia, Verona, Siena, Venecia o Asís, mismas que no se dan en macetas.


Hebert Gutiérrez Morales.