domingo, 21 de mayo de 2017

Sufriendo Roma (Roma: Parte 1 de 3)

El Coliseo Romano
            ¿Por qué Italia? Cuando regresé a México pude ver con claridad que era más una cuestión de presión social y de creencias culturales. A excepción de Asís, no había nada que en verdad me llamara de dicho país. A pesar de ello, Italia es de los países más visitados del mundo y, la teoría dicta, un destino que se debe visitar.

            Tenía claro que una semana iba a tomar como base Roma y la otra Florencia pero ¿cuál iba primero y cuál después? Al preguntar a mis amistades que ya habían estado ahí, la respuesta fue unánime: Cierra con la Toscana. Así que durante mi primera semana fui comprendiendo el por qué ese consejo fue sabio.
 
En el interior del Coliseo
            La previa

            No recuerdo la última vez que había tenido una rachita de trabajo tan intenso, tanto que el último día había quien me rogaba “llévame contigo” (los que ya estaban hasta la madre igual que yo) y los que me decían “Cancela tu viaje y no nos abandones” (Los que también ya estaban hasta la madre de trabajo Y además tenían que hacer el mío).

            Pero el viaje ya estaba pagado y, así me corrieran, no iba a dejar de ir a Italia. Eso sí, por el trabajo tan pesado, no tuve tiempo de sentir la emoción previa que me invade unos días antes. Lo que sí no varió fue la noche de insomnio del día anterior, en la cual sólo dormí tres horas (que es un logro).

            El vuelo
 
El Arco de Constantino
            Creo que hasta que abordé el avión me cayó el veinte que me iba a Italia. Estaba feliz porque volaba con KLM que era mi aerolínea favorita antes de conocer ANA, la cual está a otro nivel. Así que, aunque ya no esté en la cima, la holandesa está en un segundo lugar muy apreciado gracias a que da un servicio de primera.

            El sobrecargo que nos atendió fue en exceso amable y se mostró muy atento con los de su sección, la comida como siempre una delicia en KLM, y la sección de entretenimiento muy vasta.
 
El Foro Romano
            Lo único malo, como de costumbre, mis compatriotas. En esta ocasión la gran mayoría se portó bien (o no les puse atención), pero el sujeto al lado mío no sabía respetar espacios, así que constantemente estuve peleando por mi lugar y no dejarme que me agandayara el sujeto éste. Por eso, cuando vuelo internacional, desde o hacia México, ya ruego que no me toque un paisano, porque muchos suelen sacar el cobre.

            Hubo otro aspecto malo, pero no fue de la aerolínea, sino del aeropuerto, ya que el vuelo tardó más de una hora en despegar por problemas técnicos del lugar. Así que, una vez más, me tocaba correr en una conexión. Algo tiene Schipol que siempre tengo que pasarlo corriendo y, lo que veo de pasadita, se ve muy padre.
 
El Palatino
Supongo que tendré que esperar al día que visite exprofeso Holanda para conocer a detalle su aeropuerto. Por cierto, los holandeses muy amables, no sólo los de KLM, sino todos los del aeropuerto que, al saber que tenía justa la conexión, me dieron pases preferenciales para que no perdiera el vuelo.

            Llegando a Roma

            Ya en mi vuelo de conexión, antes de aterrizar en Roma, el piloto nos pasó encima del Vaticano y como dijo “Vatican City”, en automático se disparó la melodía del “Paradise City” de Guns n’ Roses, con la salvedad que la protagonista de la letra era la “Vatican City” y me reí bastante por dentro.
 
El Palatino
            Del Aeropuerto a Roma tome el tren y, en el trayecto de 30 minutos, pude ver parte de los suburbios romanos marginales mismos que, de primera impresión, se ven iguales que sus contrapartes en América, sin embargo, cuando ponía atención en pequeños detalles, aunque fuesen edificios viejos o casas de interés social, se veían diferentes, ya que tenían un toque clásico y elegante difícil de explicar.

Il Vittoriano
            Por cierto, desde Amsterdam vi a muchos japoneses, demasiado diría yo. Estoy acostumbrado a ver muchos chinos pero no tanto nipón, pero después recordé que era la “Golden Week” que son vacaciones generales para Japón y, por ende, el japo aprovecha para irse a conocer el mundo.

            Una vez en la estación Termini, caminé al hotel, mismo que estaba a unas cuadras de distancia. Aunque es de Trenes, esta enorme estación me recordó a la TAPO de la ciudad de México y, en menor medida, a la CAPU en Puebla. Y no porque se parecieran, sino por el ambiente tan feo que rodea a dichos sitios.
 
La Tumba del Soldado desconocido
            En mi país no me asusto por esos ambientes, pero al estar en un país extranjero, con las advertencias que me habían hecho sobre Italia, y con tanta gente sospechosa alrededor del sitio, pues no me sentía de todo tranquilo con mis maletas y la lap a la vista. Pero fue sólo un momento ya que, llegando al Hotel me sentí más tranquilo, y más porque el recepcionista (argentino) era muy amable.

            El hotel estaba en un edificio viejo pero cuidado y, honestamente, la relación calidad/precio/ubicación no pudo ser mejor, así que me di una estrellita por mi elección. Aunque también ayuda reservar seis meses antes, porque vi el precio normal del hospedaje y era como el triple de lo que pagué.
 
El Panteón de Agripa
El recepcionista me recomendó una pequeña Pizzería delante del hotel y ahí fui a cenar. Cuando me comí la Pizza, similar a lo que me pasó con suburbios marginales, no encontraba gran diferencia con la de los Chipileños cerca de mi casa pero, conforme comía rebanadas, iba captando un saborcito distinto, agradable, marcado y muy delicioso. Los ingredientes de la cocina italiana me acababan de dar el primer golpe de placer.
 
La Plaza Navona
            Regresé a bañarme y a preparar el primer día, mismo que tenía que ser intenso.

            El Coliseo

            Por fortuna mi hotel estaba ubicado cerca de la gran mayoría de atracciones de Roma, así que me fui muy temprano al Coliseo, lo cual fue una excelente decisión. Aunque sospechaba lo que podía pasar al visitar las atracciones de una de las ciudades más turísticas del mundo EN DOMINGO, jamás imaginé la magnitud de ello.
 
La Fuente de Trevi
            Creo que jamás había visto tanta gente en un solo día ¡Puta madre! Sin importar al lugar que fuera estaba todo ¡hasta la madre! En la cola del Coliseo ya había unas 100 personas y eso que apenas eran 8:15AM. Lo bueno es que sabía que en el Palatino también podía comprar la entrada y ahí sólo había unas 30.

            El Coliseo no se me hizo la gran cosa, honestamente creo que es más la fama que le han hecho, ese carisma que se le ha creado como emblema de Roma que lo que es. Ciertamente es una estructura imponente pero, pasado el impacto inicial, nada del otro mundo.
 
Aquí se ve el gentío en la Plaza España
            De hecho me gustaron más el propio Palatino y el Foro Romano, tal vez porque no esperaba nada de dichos sitios, mientras que el Coliseo te lo promocionan tanto que es imposible no hacerse altas expectativas. Primero ataqué lo fuerte, o sea el Coliseo, antes de que se llenara más, ya después recorrí con calma el Foro Romano y el Palatino, que son más entretenidos e interesantes sobre la antigua Roma que su vecino más famoso (desde MI perspectiva, aclaro).
 
La Plaza del Poppolo
            Conforme pasaba el tiempo, hasta el Palatino y el Foro se estaban atiborrando, lo cual acrecentaba mi angustia ya que, por algo me gusta viajar en temporada baja: para evitar muchedumbres. El problema es que resulta que la temporada baja en Roma es en Verano, por el intenso calor (Eso me lo informó Alfredo, el recepcionista del Hotel), así que no iba a tener mi acostumbrada tranquilidad en este viaje e iba a tener que convivir con las multitudes que tanto me agobian ¬_¬U.

            Cuando termine de visitar los otros dos sitios y pase por fuera del Coliseo, la vista era aterradora: una fila de miles de personas en espera de entrar al monumento, y no exagero con el número, en verdad era un gentío incontable.
 
El Foro Romano
            Otros lugares emblemáticos

            Después de comer otra pizza entera (aquí no hay tamaños pequeños), fui a la Plaza Venecia, en específico al Monumento a Víctor Manuel, una construcción impresionante que no te deja indiferente, de hecho me impactó más que el propio Coliseo. Obvio es una construcción más moderna, pero no por ello pierde majestuosidad. Puedes subir e incluso tiene un mirador en la cima, pero la cola era de una hora y no iba a desperdiciar mi tiempo.

            Por cierto, en dicho monumento, se le monta guardia al Soldado desconocido, mismo que no me encantó, sobre todo después de ver la tumba de Arlington en Washington DC, en donde toda la solemnidad, disciplina y elegancia, te dejan sin aliento.
 
El Palatino
            Mis siguientes visitas fueron a la Plaza Navona, El Panteón de Agripa, la Fuente de Trevi y la Plaza España. Todos y, recalco, TODOS y cada uno de esos lugares estaban a reventar, en algo ridículo. Por ejemplo en la Fuente de Trevi, la gente no se podía ni mover, no se podía avanzar de lo atiborrada que estaba, era inaudito. En la Plaza España, no se podía subir por los escalones españoles ya que la muchedumbre los tenía invadidos, la cola para el Panteón de Agripa era muy larga pero, por fortuna, avanzó muy rápido.
 
Ya se me olvidó el nombre de esta fuente -_-
            Más que el cansancio físico, el lidiar con tanta multitud me agotó moralmente, tal vez por eso ya no disfrute el resto de lugares como la Plaza del Poppolo, el Campo de Flores, la Iglesia de San Ignacio de Loyola o la Iglesia de Luigi dei Francesco. Honestamente estaba harto y, por lo mismo, Roma no me había impresionado positivamente el primer día.

            Agobio del gentío
Y como estos frescos vi gran cantidad

            Compadecí a los Romanos que deben transitar por la zona centro, tarea que es imposible, y es son tantos turistas los que invaden la calle, por lo que los autos no pueden circular, y no me refiero a las calles que de por sí cierran en Domingo adrede, sino al resto de vías en donde la gente debería respetar los sitios y no los hacen.

            Este sentimiento adverso se incrementó con lo escandalosos y gandayas que son los italianos porque, efectivamente, son los mexicanos de Europa, ya que se meten en las filas, no te ofrecen disculpas y hasta se ofenden si les mencionas el hecho.
 
Mi cara de hartazgo al haber tanta puta gente
            ¡Ah! ¡Cómo extrañé Japón! Y es que en mi amada isla, sin importar si estaba en una Megaurbe o en un pueblito, la gente es mesurada, educada y silenciosa, porque la elegancia y/o de buen gusto que tienen. Pero ésa es justamente una de las funciones de viajar: conocer distintas realidades a la tuya y sacar tus conclusiones del mundo.

            Llegué temprano al hotel (7pm) porque ya no quería saber nada de nadie, sólo quería disfrutar de la tranquilidad de mi cuarto. Lo bueno que en el camino me compré el helado más delicioso que había probado en mi vida, así que ya llegué más feliz a mi base.
 
Arriba de los escalones españoles
            A pesar del dulce final, tenía una idea clara: iba a tener que adelantar uno de mis viajes a lejanos para el Lunes, ya que era festivo (Primero de Mayo) y no estaba dispuesto a otra dosis de gentío por segundo día consecutivo. Necesitaba descansar de Roma aunque sea un día.

            Para un día tan pesado, necesitaba premiarme, así que adelante uno de mis destinos Premium: Asís. Pero eso vendrá en otro escrito. Por lo mientras, para la segunda entrega de esta trilogía, pueden acceder a esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Otra Oportunidad (Roma: Parte 2 de 3)

La Fachada de la Basílica de San Pedro en El Vaticano
            Para leer la primera entrega sobre la capital italiana, pueden acceder a esta liga.

            Roma me resultaba tan intensa y cansada que traté de intercalar días con otros destinos y así reponer fuerzas para seguir recorriendo la capital italiana.

Así que, después de un día muy feliz en Asís, volví a darle otra oportunidad a Roma y, aunque me fue mejor que el primer día, no puedo decir que lo disfrute como lo esperado.

Take me down to the Vatican City where the grass is green . . .
Detalle dentro de la Basílica de San Pedro

            Mi primera parada del día fue en el Vaticano, al cual llegué en Metro, en una experiencia que nada tiene que pedirle a la ciudad de México en cuanto a (falta de) limpieza, orden y respeto. Aunque también hay que decir que era la hora pico (8AM).

Voy a separar mi visita del Vaticano (que disfrute mucho) de la de los Museos Vaticanos (que casi no disfrute). Es más, la del Vaticano la voy a dividir en puntos de lo completa que estuvo.
Muchas estatuas mamalonas

A)    La Basílica de San Pedro

            Entrando a la Basílica de San Pedro sólo pude decir “What the Fuck! ¡Esto es una mamada!” Aunque obviamente no lo dije en voz alta (no fuera alguien a escucharme). Pocas veces ve uno algo tan impresionante como el máximo templo católico, ya que es una construcción tan imponente, soberbia y con tanta opulencia que es imposible quedarse indiferente ante tal leviatán.
Vista desde dentro de la Cúpula

            Ahí es donde te das cuenta del increíble poder que llego a tener el Vaticano que, aunque aún es considerable, ya no es como lo era hasta hace un siglo. Y es que no me imagino construir algo así de brutal en nuestros días, sobre todo un templo de oración.

            Algo que me gustó de la Basílica de San Pedro es que te dejan sacar fotos en su interior, cosa que recordaba en otras iglesias, cuando me decían que no estaba permitido, y sólo pensaba: “Bitch, please! Si en el propio Vaticano me dejan sacar fotos, ¿cuál es tu argumento?”
La Plaza de San Pedro vista desde la cima de la Cúpula

            Es tan enorme la Basílica que dentro había misas en pequeñas capillas a las que, obviamente, no te dejaban entrar. Eso sí, los empleados dentro del Vaticano son firmes pero amables, además son poliglotas. De haber sabido que me la iba a pasar tan bien, hasta hubiera reservado el tour a la tumba de San Pedro pero, en su momento, no me pareció buena idea. Así que ni modo.

            Dentro tienen el “Museo del Tesoro”, una pequeña muestra de objetos históricos del Vaticano pero, siendo honestos, los 5 Euros no vale la pena pagarlos, ya que no van a ver cosas distintas a las que ven a lo largo de la Basílica. Obviamente, como yo no sabía eso, pagué los 5 Euros y lo comprobé por mí mismo. ¬_¬.
Las Estatuas encima de la Basílica

B)    La Cúpula de San Pedro

            Algo que, a primera vista, parece que no vale la pena, es subir a la Cúpula de San Pedro pero, a mí parecer, esta actividad sí es divertida. Tienes dos opciones para subir: los 551 escalones por los cuales pagas 6 Euros o, te ahorras unos 220 escalones con el elevador y pagas dos Euros adicionales (o sea 8 en total).

Eso sí te hacen advertencias sobre si tienes dolencias físicas para que no lo intentes. Y otra vez tuve que exclamar “Bitch, please!”, obviamente pagué la versión larga y disfrute subir los 551 escalones, que son pocas las personas que se atreven, casi todos pagan el elevador (¡los muy huevones!).
La Cúpula de San Pedro detrás mío

            En fin, la primera parada es para ver el Domo de la Basílica por dentro, el cual no se aprecia muy bien porque hay una reja que pusieron ahí para dificultarte la visión, ¡ah! Y también para evitar que la gente caiga. Pero, a pesar de ese detalle es una buena vista y además ciertos detalles se aprecian con mayor precisión desde arriba.

            La segunda parte es subir la cúpula por dentro y llegar a la cima, esto mediante unas escaleras muy estrechas. La parte más difícil de esta subida es el esfuerzo físico . . .  de los demás, ya que hay personas a las que no les funciona el desodorante y los tufos están bastantes potentes (estos europeos son unos apestosos :-/)
La Piedad

            Logísticamente no es muy cómodo el subir, ya que hay poco espacio, partes muy inclinadas y la misma escalera para subir es con la que bajas, así que si te toca un grupo de 30 personas subiendo, te vas a esperar un rato. Otra desventaja es que si uno va lento, atrasa a todos los de atrás, así que la presión social está buena, así que algunos, en los pocos espacios disponibles, tenían la decencia de hacerse a un lado y dejarnos pasar.

            Ya arriba tienes una buena vista de la plaza de San Pedro, así como del resto de Roma. Igual hay protecciones, pero hay suficiente espacio para sacar fotos relativamente limpias. Por la vista, y el ejercicio, vale la pena pagar la cuota.

            Ya bajando de la cúpula, todavía puedes sacar buenas fotos desde el techo de la Basílica, además hay baños, cafetería y una tienda de souvenirs (si el Vaticano no le pierde). Justo en esta última es que propicie una interacción beneficiosa para ambas partes.

C)    La hermana moreliana
Juan Pablo II

            Pasé a comprar los últimos recuerdos religiosos para mi madre misma que, por más que me ame, no me iba a perdonar nunca ir al Vaticano y no traerle sus souvenirs mochos.

            Así que mientras compraba, capté el acento de una de las monjas que atendían, y claramente era de México así que, al momento de pagar, me dirigí con ella ya que el famoso “Síndrome del Jamaicón Villegas” le pega fuerte a mis compatriotas (al resto del mundo le da algo parecido llamado “Homesick”), así que decidí mi buena acción del día y platicar con la señora.

            Ella también reconoció mi acento como de casa y me contó que era de Morelia, que ya llevaba 6 años viviendo en el Vaticano, que ama mucho a nuestro país sin importar los problemas que tenga y, en general, se mostró feliz de atender a un paisano.

Ángel madreado en el Museo
            La señora era muy noble y, de alguna manera me recordó a mi madre, incluso dejo de atender al resto de turistas mientras platicaba conmigo (lo bueno que sus compañeras la cubrían). Me preguntó si iba solo, a lo que le contesté afirmativamente y me dijo “Es mejor, porque eso de ir en Tour es molesto, porque siempre te traen corriendo”, a lo que le contesté “Si viniera en Tour, ya los hubiera matado” a lo que ambos nos reímos y me dijo “Eres muy bromista” pero le conteste “No es broma” y, tras un instante de silencio nos volvimos a reír (No sé si volvió a pensar que era broma o mejor ya no quiso comentar).

            Al final, aunque no era mi intención recibir algo a cambio, la Monja me regaló una medalla muy bonita de Juan Pablo II, “Para tu mamá” me dijo. Le agradecí mucho el detalle y ella también me agradeció platicar con ella un momento. Eso demuestra que lo cortés no quita lo valiente, porque aunque no comparto las creencias de la Monja (y ni falta me hizo aclararlo), pudimos tener una charla agradable.
En el Interior de los Museos Vaticanos

D)    Comentarios generales para el Vaticano
1.- Inmensas colas: Sé que es algo lógico, pero el sentido común es el menos común de los sentidos. Para este tipo de lugares, no hay como llegar temprano, en verdad hace una diferencia enorme. Llegué a las 8:15AM y la cola para ingresar esa de unas 30 personas. Al medio día la fila fácilmente alcanzaba las 1000 en espera. Cuando ingresé a la cúpula, a las 10AM, la fila de espera era de 10 personas. Al medio día la era de cientos de personas. Así que, si no quieren perder su valioso tiempo de vacaciones, madruguen y ataquen el día temprano (consejo válido para cualquier país).
Muchas Estatuas dentro del Museo
2.- Inmensas colas (parte 2): El Vaticano, y otras iglesias importantes en Roma, tienen un código de vestimenta, por lo cual no te dejan entrar con ropa “breve” o provocativa y, por una vez en la vida,  estoy de acuerdo con dicha medida ya que, aunque evitan los shorts y las minifaldas, están rebuenas las turistas que entran, no me imagino la distracción enseñando piel de más H_H.
3.- Atracciones: Si llegas temprano puedes ver tranquilo “La Piedad” o la estatua de Juan Pablo II, sin tantos tumultos, empujones o demás, y puedes disfrutar el resto del lugar relativamente en paz.
Luego no quieren que uno piense mal ¬_¬
4.- Ahórrate una fila: La Salida de los Museos Vaticanos te llevan directamente a la Basílica de San Pedro, así que si llegas temprano a los Museos, te habrás ahorrado la Fila del Vaticano, algo que no se puede hacer a la inversa.

Y ya que mencioné dichos museos, vamos con mi reseña de los mismos.

            Museos Vaticanos
Techos llenos de detalles

            De entrada, sí sirve reservar con antelación tu entrada, ya que la fila para ingresar era ENORME, casi tan grande como para ingresar al Vaticano a la misma hora. Esos cuatro Euros que pagué de más me ahorraron un par de horas de estar parado a lo menso. Aun así, recalco mi consejo de la sección anterior: si llegan temprano, aún sin reservación, disfrutaran los Museos a sus anchas ya que, aunque entre rápido, eso no quito que hubiera una multitud de gente ya dentro.
De los Frescos que sí valían la pena

            Los Museos Vaticanos están relativamente interesantes aunque como no soy fan del arte sacro, no me encantaron. Leía una reseña que entrar a la 1pm era buena hora porque, al ser el horario de comida, había menos gente pero, “Surprise Bitch!”,  dentro hay restaurantes, así que eso no iba a impedir que hubiera un putamadral de gente.

            Obviamente ese putamadral de gente no va a todos los museos, sólo van con el objetivo de ver la Capilla Sixtina y las Estancias de Rafael, que son las más famosas. Así que puedes ver la mitad de los museos (que son pequeñitos) con toda calma y la otra mitad sufrirlos al grado de pedir por una muerte fulminante mientras estás en esa vorágine de personas (obviamente la muerte fulminante la deseas para la multitud que te rodea).
Arte moderno

            Nunca he sido fan de los grupos guiados (a menos que en verdad sea necesario) y, en Roma, aprendí a odiarlos, porque llegan y atascan cualquier sala, restaurante, vagón de tren, negocio, atracción y cualquier lugar al que lleguen, son como una plaga. En los Museos Vaticanos pululaban, por lo que el resto de visitantes ya odiábamos a esos grupos.

            Justo por la multitud de gente es que la segunda parte de Museos es literalmente insufrible, ya que los pasas en secuencia para llegar a la mentada Capilla Sixtina. Juro que mi odio por la humanidad se potenció al máximo durante todo el trayecto hasta la atracción estrella de los Museos. De hecho estaba pensando “El Vaticano debería diseñar el sitio para que, después de la Capilla Sixtina, todos se vayan a chingar a su madre y no reingresen”

            Y miren que tuve buena visión porque, justamente, eso pasa: ves la capilla Sixtina y después ya no puedes reingresar a los Museos, lo cual me parece excelente idea. Del museo me gustaron algunas esculturas y una que otra pintura, pero nada en particular. Lo único que me llamó la atención, y hasta gusto me dio, fue ver algo de arte moderno (religioso de igual forma pero refrescante ver algo diferente), y es que el arte sacro es tan parecido que es difícil encontrar algo auténtico y original. Sobre las atracciones principales, voy a dedicar un breve comentario aparte.
Castel De Sant'Angelo por dentro

            El Tren del mame artístico

            No sé qué me molestó más de los Museos Vaticanos: tanta gente o la decepción de sus atracciones principales. Empecemos por “Las Estancias de Rafael”, mismas que no me parecieron tan espectaculares, en realidad sus obras me parecieron bastante estándar, nada del otro mundo, de hecho en Berlín vi una infinidad de pinturas con mucha más calidad que las de Rafael es más, en los días siguientes a lo largo de Italia, iba a ver obras de igual o mayor calidad artística.
Castel De Sant'Angelo por fuera

            Y lo mismo pasó con la Capilla Sixtina.

            Y sí, antes de que alguien lo diga, lo escribo yo primero: soy un ignorante, naco y falto de gusto artístico, seguramente esas son las razones de lo que voy a escribir, pero no me gustó “La Capilla Sixtina” o, corrijo, sí me gustó pero no al grado de lo que, en teoría, me debería de haber gustado.

            Según las reseñas es una de las grandes obras de la historia y, cuando entré a verla, mi reacción automática fue “¿Qué? ¿Esto es todo? ¿Por esto tanta faramalla?”. Está bonito y muy grande, sin duda resultó una tarea titánica en cuanto a paciencia, creatividad, recursos, técnica y demás pero, honestamente, no me parece una de las mejores obras, ya dejen de la humanidad, de las que he visto en MI vida.
Roma y el Río Tíber vistos desde el Castillo

            Esto es un ejemplo claro de que cuando la sociedad dicta que algo te debe de gustar, casi todos se lo compran y no tienen el criterio para decir lo que piensan. Así que si el Vaticano dice que es una de las más grandes obras de la historia, entonces la gente lo acepta sin más y lo repite a lo largo de los Siglos, así que uno recibe ese “hecho infalible” y lo promueve sin siquiera saber si es cierto.

            Me vale madre lo que diga el mundo, para mí la Capilla Sixtina es una obra estándar en cuanto a arte y talento, aunque no dejo de reconocer el trabajo que debió haber tomado. Por cierto, es el único lugar del Museo en donde no permiten tomar fotos, pero pueden verlas en Internet.
Puente de Sant'Angelo

            Tan sólo hablando de Roma, les puedo decir que vi obras con mayor calidad en la Galleria Borghese, los Museos Capitolinos o en la Galleria Pamphilj, que lo que vi en la Capilla Sixtina, y eso que tampoco fueron mis obras favoritas pero ahí sí me sorprendieron. De estos lugares hablaré en el tercer escrito sobre esta ciudad.

Una de las cuatro fuentes
            Siguiendo con mi desprecio por la Capilla Sixtina, seguramente me le caí de chiquito a mi madre y me pegué en la cabeza (créanme, se lo he preguntado y siempre lo ha negado (Estoy seguro que miente)), porque no es normal que a alguien no le gusten los Beatles y que además ese mismo alguien se atreva a desacreditar una de las (en teoría) obras de arte más maravillosas de la humanidad. En fin, lo siento, crucifíqueme por atreverme a tener mis propios gustos.

Cerrando el día

            La ventaja de terminar rápido mi día en el Vaticano (Que empezó bien y termino no tan bien) es que me quedaba tiempo e hice otras visitas rápidas.

A)    Castillo de Sant’Angelo
Sólo fui a él porque me sobraba tiempo y me quedaba de paso pero, ciertamente, con el Castillo de Sant’Angelo tienes suficiente con la foto externa y ya estás. También tiene unas buenas vistas desde sus miradores, además que una que otra postal interna que está padre pero, en general, no vale la pena entrar.
Interior de la Basílica de Santa María la Mayor

B)    Santa María della Concezione dei Capuccini
Una Iglesia que en teoría debería ser muy sencilla, y de hecho lo es, pero su museo y las criptas, están muy bien cuidadas y producidas. La máxima atracción de este lugar son las criptas hechas de los huesos de los monjes difuntos, lo cual es un espectáculo algo tétrico. Lo único malo es que no te dejan tomar fotos, pero vale la pena entrar para ver algo diferente dentro de la misma religión
Fachada de Santa María la Mayor

C)    La “Plaza” de las Cuatro Fuentes
Entrecomillo lo de “Plaza” porque en realidad no lo es, en realidad es un cruce vial y en cada esquina hay unas fuentes muy bonitas y artísticas. El problema es que es un mal lugar para disfrutarlas ya que no hay mucho espacio para tomar fotos y los italianos manejan de forma muy agresiva, así que arriesgas tu vida para sacar esas fotos. Es una lástima que dichas fuentes no estén en una plaza bien puesta, para que la gente las disfrute mejor.
Otro detallito de Santa María la Mayor

D)    La Basílica de Santa María la Mayor.
Una de las cuatro basílicas importantes de Roma (en donde la más importante es la de San Pedro). Está enorme y tiene una que otra obra de arte que te llama la atención. Puedes tomar fotos, incluso con flash y no está muy concurrida.

            Como pueden intuir, en mis comentarios resumidos de estos lugares, no estaba encantado con Roma, ya que me volví a engentar y así no disfrutas mucho la visita. Por eso mismo me daba mis breaks, me compraba algún helado mientras me relajaba antes de ir al siguiente sitio a enfrentar a la siguiente muchedumbre. Así que en el tercer escrito, que pueden leer en esta liga, cierro Roma para enfocarme en lugares diferentes, sobre todo en lugares que disfrute más.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Haciendo las paces con Roma (Roma Parte 3 de 3).

Loba Luperca amamantando a Rómulo y a Remo
            Pueden acceder a la segunda entrega de esta trilogía en esta liga.

            Después de haber entendido que Roma no iba a cumplir mis expectativas, por más que me esforzara, trate de adoptar una actitud más relajada en mi último día en la capital italiana, sin esperar nada y tratando de encontrar lo bueno de las cosas: actitud que funcionó, porque fue el día en que más disfruté en dicha ciudad.

            La Galleria Borghese

            Por más que quieras ser relajado, es difícil no hacerse expectativas con este sitio por tres razones: #1 Necesitas hacer reservación para entrar #2 Tu visita no puede durar más de dos horas y #3 no puedes pasar más de media hora en su Pinacoteca. Con todas estas restricciones es inevitable preguntarte “¿Pues qué chingados tienen ahí para ponerse tan mamones?”
La Galería Broghese

            Al ingresar te llevas un primer madrazo de arte, ya que la sala de recepción está tapizada de frescos, además de que tiene una buena cantidad de esculturas. Y es que como la sala es muy grande, mayor es el impacto que te causa (y eso iba a ser nada con lo que me iba a encontrar en Florencia o en Venecia).

            Más o menos es lo mismo con el resto de las salas, mismas que son más chicas pero no por ello menos espectaculares. La verdad esta Galería se siente más elegante, más exclusiva y, aunque son los mismos grupos que visitan el resto de lugares, como que la mística de este sitio los hace comportarse de manera más educada.
Ese Fresco ocupaba todo el techo

            Ventajas de entrar recién abierto el lugar es que me adelante a todos y tuve muchas salas para mí solito y sacar fotos tranquilo pero, conforme avanzaban los minutos, el sitio se empezaba a llenar y, cuando salí, ya había una buena cantidad de gente.

            El único tachecito que les podría poner es que no te dejan entrar a sus jardines mismos que, desde las ventanas, se ve que están muy bonitos y me hubiera encantado pasearme por ellos.
Los Jardínes que no me dejaron ver

            La Galería la terminé en menos de una hora y es que, aunque me gusta el arte, no soy de los que se queda embobado con las obras, si me gusta la contemplo un rato, le sacó foto y continuo, si no, simplemente sigo de largo. Incluso los del museo me vieron feo “¿Cómo se atreve este imbécil a salir antes de sus dos horas?” parece que decían con la mirada, pero tampoco me iba a quedar para tenerlos felices y no se ofendieran (si me hubieran dejado entrar a los jardines, igual y si me tomaba las dos horas).
Un lugar en extremo elegante y de muy buen gusto

            Pero no me iba a quedar con las ganas de la naturaleza, así que me fui de regreso por la vía larga y disfrutando el enorme parque que en el que está situada la Galleria (y que se llama Villa Borghese) que aunque no estaba tan bonito como sus jardines privados, disfrute de manera profunda para darme un respiro de días tan ajetreados. Así que veía con un gusto especial a la gente corriendo, caminando o paseando a sus perros, mientras me dirigía al metro que me llevaba a mi siguiente destino.
Llegando a los Museos Capitolinos

            Los Museos Capitolinos

            Al igual que la Galleria Borghese, aunque sin tanto mame, estos museos resultaron muy agradables y con una amplia colección que se comparte entre dos edificios.

            Aquí volvieron a hacerse presentes los escandalosos grupos guiados, mismos que daban mucha lata al alzar la voz, usar el flash o tocar esculturas. Por eso, cuando veía que una sala estaba invadida por estas multitudes, daba vuelta y regresaba unos minutos después (para evitarme corajes)
Muchas salas impresionantes dentro del Museo

            Este par de museos tienen una buena cantidad de pinturas y esculturas, algunas impresionantemente grandes. Además te da una vista privilegiada del Foro Romano, para que tomes algunas buenas fotos.

            Los museos están amplios pero no se me hizo una visita cansada, y eso que andas subiendo y bajando escaleras, así como pasando de cuarto a cuarto, pero eso me gusta porque me da la sensación de estar en alguna especie de laberinto.
Transportado al pasado dentro del propio Museo

            Tres iglesias diversas

            Roma es la ciudad ideal para el turismo mocho, ya que tiene una cantidad impresionante de Iglesias, de todos tamaños y sabores. La primera que visité este día fue la de Santa María en Aracoeli, justo junto a los Museos Capitolinos. Lo más vistoso de este lugar son las enormes e incontables escaleras que tienes que subir para llegar a ella.
Interior de Santa María Aracoeli

El diseño exterior es bastante sencillo y dentro la decoración es agradable. Tal vez nada del otro mundo, pero aquí resaltan las tumbas en el suelo con lápidas con las formas de sus difuntos, algo que no veía desde hace muchos años. Algunas de las tumbas son tan antiguas que ya no se ven los rasgos ni los nombres de quienes ahí yacen.

            La segunda la encontré cerca de la Fuente de las Tortugas, en plaza Matei. La encontré por casualidad: una Iglesia ENORME que no aparecía en los mapas como algo turístico y/o digno de visitar. Pero la fachada era tan grande que no pude evitar entrar.
La Fuente de las Tortugas

            No había nadie dentro de ella, supongo que los que ahí laboran están en las oficinas, acostumbrados a que nadie los visite. Ciertamente la Iglesia estaba muy bonita, además tenía un anuncio de un Jesús negro en la entrada, lo cual me llamó mucho la atención. La verdad me gustó esa breve visita que ni a cinco minutos llegó, pero el sitio me encantó por esa autenticidad y dignidad que muestran debido a que no es una iglesia famosa o promocionada.
Llegando a los Museos Capitolinos

            La tercera que visite ya fue más tarde y se conoce como la Basílica de San Clemente, cerca del Coliseo. La razón de esta visita era conocer unas excavaciones arqueológicas que tienen debajo de la Iglesia pero, para mi mala fortuna, aunque la el templo atiende hasta las 7pm, el acceso a las excavaciones se cierra a las 5:30pm, así que ya no pude visitarlas.

Pero algo que me llamó la atención de este tercer sitio: a pesar de tener el título de “Basílica” y ser famosa por sus excavaciones, es la Iglesia más fea y descuidada de las que estuve en Italia (y miren que fueron varias). Y lo más irónico del asunto es que no te dejaban tomar fotos ¡Qué desfachatez! Honestamente estaba tan cucho el lugar que, aunque hubieran dejado tomarlas, dudo que alguien hubiera tomado alguna imagen de un sitio tan triste. Ahí se agrandó más mi reconocimiento a la Iglesia anónima que visite horas antes.
Otro Fresco dentro de los Capitolinos

            Pero hubo una cuarta Iglesia que visité esta jornada, pero ésa la voy a  tocar en otro apartado.
           
            La Galería Pamphilj

La había puesto como una de mis últimas prioridades pero, como andaba por la zona y avance muy bien en mi lista, me permití conocer dicha galería, y vaya que fue una excelente elección.
Iniciando la Galería

            En primer lugar me encantó porque habíamos poquitos visitantes, y eso ya era una maravilla, porque podías disfrutar con calma las salas y las obras. En segundo lugar la producción y cuidado del lugar eran impecables (con excepción de una única sala), así que tenías la sensación de estar en un lugar de otra categoría. Incluso te daban las guías de audio ya incluidas en el precio de la entrada (que los $12 Euros me parecían justos).
Un lugar bello y elegante

            Las obras y las salas estaban excelentemente cuidadas, la decoración y los frescos del lugar eran soberbios, además el jardín de la entrada le da una vista tan agradable que te invita a pasar.

            Pero el detalle que más me encantó de este sitio fueron las pinturas: ¡Por fin! Un tipo de pinturas que no eran arte sacro, por fin algo de paisajes, de gente normal que no son santos ni muestran escenas bíblicas. Agradecí ese cambio de estilo después de contemplar cientos y cientos de obras dedicadas a la religión. Así que por eso amé brevemente a esta galería, ya que me dio un respiro artístico.
        
¡Por fin otro tipo de Arte!
   
Así que salí muy feliz y renovado de este sitio, recordando que cada cual debe hacerse su propio criterio ya que, dentro de las investigaciones previas que había hecho, se decía que esta visita era cara y la podías omitir para privilegiar otros lugares más importantes o valiosos. Por fortuna me animé a darle una oportunidad y fue una excelente apuesta.

            Ahora vamos con la contraparte.

            El Mercado Trajano (Museo del Foro Imperial)
El Mercado Trajano

            Dentro de esas investigaciones previas que había hecho, también me recomendaban este sitio por resultar en exceso interesante, ya que podías ver la vida en los antiguos Foros romanos.

            Para mí, el sitio resultó medianamente interesante, pero no un “must” en este viaje, a tal grado que no pasaba nada si me ahorraba la visita. Ciertamente te da algunas vistas interesantes, además de que algunas estructuras están bien cuidadas, pero al visitar el Foro Romano (que está justo enfrente) tienes suficiente y este lugar sale sobrando.
Llegando a San P. en Vincoli

            Esta entrada sí se me hizo cara para lo que es (13 Euros) y no vale la pena. Por eso es bueno hacer investigaciones previas pero no sólo basarse en ellas y también seguir tu instinto y ver qué es lo que tú quieres.

            Iglesia de San Pedro en Vincóli

            Esta fue la cuarta y última iglesia que visite este día y aunque fue una visita breve (porque no me gusta pasar mucho tiempo en las Iglesias), la verdad es de las que más disfruté, todo por tres detalles.

            Primero, para llegar a ella desde la calle Cavour, subes unas escaleras y pasas por un túnel que está cubierto de enredaderas que te regala una vista muy bella del lugar y eso ya te pone de buenas.

            En segundo lugar, la Iglesia es bastante relajada, para empezar su fachada parece un edificio normal, nunca te imaginas que hay un templo ahí dentro, o sea nada de ornamentos sin fin que presumir. Dentro te dejan tomar fotos sin que nadie te esté fregando, incluso te dejaban pasar a tomar fotos a la urna en donde estaban los restos del patrono del lugar y nadie la hacía de jamón, y eso que tenían misa en una capilla de al lado.
El "Moisés" de Miguel Ángel

            Y en tercer lugar por las obras dentro: Primero estaba el Moisés de Miguel Ángel, una escultura muy bonita y relativamente imponente, misma que se ilumina si le das una limosna. Lo chido es que la luz te dura un rato, así que con la limosna de uno, no beneficiamos muchos.

            Pero además dentro encontré dos obras con calaveras ¡EN LA IGESIA!  Es algo tan irreal que disfrute sacándoles fotos porque no es algo que encuentres todos los días. La verdad las imágenes podrán ser consideradas macabras para muchos, pero a mí me encantaron. Por eso me gustó mucho esta Iglesia y fue de mis favoritas en Roma.

            Cerrando Roma

            Y así regresé con una sonrisa al hotel, por fin había tenido un buen día de principio a fin en esta ciudad que no va con mi esencia pero, finalmente, logramos compaginar. Aún me quedaban dos días completos de la primera semana, pero ya no planeaba pasarlos dentro de Roma, así que oficialmente había acabado con mi itinerario en dicha ciudad. Y es que, sinceramente, ya no hubiera podido pasar otro día en la capital italiana.
Fui feliz al encontrar esto

            Después de mi tiempo en Roma, voy a decir una barbaridad, lo cual no les debe sorprender de un sujeto que menosprecia a los Beatles y la Capilla Sixtina pero, PARA MÍ, Roma está sobrevalorada. Es más lo que promete que lo que cumple, es más la fama que tiene que la esencia que en realidad es. Para mí es más marketing que hechos. Obviamente es mi opinión, tal vez sea mi esencia, pero Roma no me encantó.

            Más bien creo que es producto de este carisma prefabricado que se le da a ciertas ciudades tipo Londres, BerlínNueva York o Tokio que, dicho sea de paso, estas cuatro ciudades ya las conocí en un tiempo similar al de Roma y en cada cual, a su manera, me la pase muy bien, algo que no pasó en la capital Italiana.

            El mal sabor en la capital afectó algunas de mis percepciones futuras pero, al final, la Toscana acabó de limpiar toda esa energía negativa que me había generado Roma, pero ya vendrán dichos escritos.


            Hebert Gutiérrez Morales.